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Un cronista argentino recorre la segunda república española y escribe. Periodismo y literatura en las aguafuertes españolas de Roberto Arlt

Alonso Peláez, Iván Luis

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    ________________________ UNIVERSIDAD DE SEVILLA FACULTAD DE FILOLOGÍA DEPARTAMENTO DE LITERATURA ESPAÑOLA E HISPANOAMERICANA PROGRAMA DE DOCTORADO EN ESTUDIOS FILOLÓGICOS _______________________ TESIS DOCTORAL UN CRONISTA ARGENTINO RECORRE LA SEGUNDA REPÚBLICA ESPAÑOLA Y ESCRIBE. PERIODISMO Y LITERATURA EN LAS AGUAFUERTES ESPAÑOLAS DE ROBERTO ARLT PRESENTADA POR IVÁN LUIS ALONSO PELÁEZ BAJO LA DIRECCIÓN DE LA DRA. Dª TRINIDAD BARRERA LÓPEZ SEVILLA, JUNIO DE 2016 1 ÍNDICE Introducción Roberto Arlt, España y las historias de esta historia 1) Antes y después de España. Un punto de inflexión en la obra de Roberto Arlt 1.1) Arlt y la literatura como lugar común de la vida 1.2) De la angustia al color 2) Recorrido y recepción editorial de las Aguafuertes españolas 2.1) De las páginas de El Mundo al libro de 1936 2.1.1) La edición de 1936: Aguafue rtes españolas. 1ª. Parte 2.1.2) Para una deconstrucción de la edición de 1936 2.1.3) Las costuras de una edición 2.1.3.1)Inventario 3) Roberto Arlt: periodista literario en la España republicana 3.1) Una reubicación del autor a través de la crónica 3.2) Arlt, Hispanoamérica y la crónica 4) La mirada social y económica en las Aguafuertes españolas 4.1) Tradición, ruptura y crisis en la Segunda República 4.2) La mujer en las Aguafuertes españolas: radiografía de la Segunda República 5 14 15 25 47 48 55 58 68 73 101 102 112 131 132 138 2 4.3) Campesinos y tenencia de la tierra: una recurrencia arltiana 4.3.1) Arlt, el problema agrario y las fuentes de documentación 4.3.2) Blas Infante y el interés de Arlt por el problema agrario 4.4) España en el contexto de la Gran Depresión 5) La impronta política de las Aguafuertes españolas 5.1) Entre el recuerdo de Octubre y el triunfo del Frente Popular 5.2) La República cambia de manos: alternancia democrática o involución fascista 5.3) Un año antes… Asturias en la Revolución de Octubre de 1934 5.4) El nacionalismo vasco o la sorprendente nota discordante 5.5) Madrid: una despedida agridulce de la España republicana Conclusiones Para una reivindicación de las Aguafuertes españolas Bibliografía 151 171 181 192 211 212 223 233 258 271 322 328 3 ―Mi estimado amigo ―le respondo a mi interlocutor, parroquiano del mismo café donde suelo refugiarme todas la tardes―: todo lo que usted me dice se encuentra en el tomo 10, página 320 de la Enciclopedia Espasa. Mis lectores, en la Argentina, esperan otra cosa. Están hartos de tarjetas postales bonitamente iluminadas. Hábleme usted de lo que hay de humano en este lugar, de lo triste y de lo alegre; del sufrir de las gentes. Allá en la Argentina, que es un pedazo de España, quieren saber de estas cosas. Roberto Arlt. “A Madrid, a pedir trabajo”. El Mundo, Buenos Aires, 16 de abril de 1935. 4 INTRODUCCIÓN 5 R OBERTO A RLT , E SPAÑA Y LAS HISTORIAS DE ESTA HISTORIA Todas las historias tienen tras de sí otras historias. Se trata de una suerte de condición “metahistórica” que es inherente a la propia vida: la eterna preocupación humana por conocer el origen de las cosas. La historia que narramos en el siguiente volumen contiene aún muchos hilos de los que se podrían tirar para conocer mejor un momento clave, pero no exhaustivamente estudiado, de la vida de un autor que la crítica no duda en calificar hoy como precursor de la literatura urbana contemporánea: el argentino Roberto Arlt (Buenos Aires, 1900 – 1942). Desde el primer instante que emprendimos esta investigación no ambicionamos atar todos los cabos sueltos, pero sí al menos revelar un trozo generoso de la madeja para que futuros trabajos, tanto nuestros como ajenos, puedan recoger el testigo y profundizar sobre los quince meses que el escritor, periodista y dramaturgo porteño se alejó de las babilónicas calles de Buenos Aires para internarse en las ciudades y pueblos de una España muy particular, la que por segunda vez intentaba dar un paso adelante para abandonar el inmovilismo del Antiguo Régimen y ensayar un modelo de sociedad más abierta, plural, igualitaria y, en pocas palabras, democrática; la España de la Segunda República, que inició su andadura con la proclamación popular del 14 de abril de 1931. No ahondaremos ahora, en estas líneas introductorias, sobre la vida de Roberto Arlt; ni tampoco en la forma como el viaje a España influyó en el devenir de su obra futura, ya que ese es el objeto del primer capítulo de esta investigación. Daremos en todo caso algunas pinceladas que sirvan como contexto para entender el diseño de nuestro trabajo. En el mes de febrero de 1935 el escritor y periodista porteño, que en aquel momento representaba una de las firmas más reconocidas del diario El Mundo, fundado en 1928 y desaparecido en 6 1967 1 , se embarca en el Puerto de Buenos Aires con destino a Cádiz a bordo del buque Cabo Santo Tomé de la naviera sevillana Ybarra. El viaje significaba la recompensa que el director del tabloide, Carlos Muzio-Sáenz Peña, le otorgaba a uno de los más cotizados, populares y prolíficos de sus redactores, el mismo que gracias a la publicación de su columna Aguafuertes porteñas se había convertido en una de las señas de identidad del periódico. Pero también el viaje era una forma de inyectar oxígeno a la imaginación de Arlt y ampliar su horizonte temático, que empezaba a agotarse después de más seis años tallando en papel, con el ácido de su fina ironía, los entuertos y personajes de la capital argentina. Como apunta Rita Gnutzmann, para Arlt “el viaje a España y al norte africano supuso sobre todo inspiración y ambientación, un cambio de enfoque que se nota tanto en su periodismo como en sus cuentos” 2 . Pero la travesía no era en absoluto un obsequio de turismo, sino que el redactor se marchaba con una clara obligación a cuestas: seguir enviando desde el otro lado de Atlántico sus crónicas periodísticas a El Mundo, que tendrían que versar sobre aquello que iba observando, preguntando, investigando y viviendo en España (y luego también en Marruecos). La investigadora argentina Sylvia Saítta, que no sólo ha sido una de las principales estudiosas de la obra periodística de Arlt, sino también su biógrafa, ha insistido en varios de sus trabajos en la idea de que el autor fue a Europa en calidad de corresponsal; no como el clásico intelectual americano que acudía al viejo mundo a cumplir el ritual iniciático de la bohemia, sino como un profesional asalariado del Periodismo que debía justificar su jornal, y la inversión económica que representaba el viaje, con su trabajo arduo y cotidiano. Utilizando una terminología más cercana a 1 Roberto Arlt forma parte de la nómina de redactores de El Mundo desde su fundación. 2 GNUTZMANN, Rita. Los cuentos marroquíes de El criador de gorilas. Fragmentos: Revista de Língua e Literatura Estrangeiras, 2007, vol. 32., p. 92. 7 nuestra época, Arlt no se embarcó como un escritor, sino como un auténtico “enviado especial” del diario El Mundo para cubrir los acontecimientos de aquella convulsa España republicana. Cuando Arlt regresa a Buenos Aires en mayo de 1936, quince meses después, se habían publicado en El Mundo más de doscientas crónicas con contenido relacionado con su viaje a España y Marruecos. Haciendo un cálculo apresurado, podemos concluir que envió desde España cerca de cuatro notas semanales. Sólo con este promedio entendemos la magnitud de su proyecto y comprendemos que Arlt no viajó por ocio, bohemia o turismo. Este nutrido corpus de crónicas conforman lo que a grandes rasgos podemos denominar las Aguafuertes españolas 3 ; y su lectura e interpretación, a través de la confluencia de las miradas de la Literatura, el Periodismo y la Historia, representan el objeto de esta investigación que presentamos como Tesis doctoral. Aclarada la dimensión de su viaje, conviene remarcar que no existe a día de hoy un volumen crítico que de forma exclusiva se haya abocado a explorar o interpretar la totalidad de las crónicas publicadas por Arlt en El Mundo durante los quince meses que vivió en España y en menor medida Marruecos. Ciertamente, sí se cuenta en la bibliografía con artículos en revistas académicas y capítulos de libros que han tratado las Aguafuertes españolas, con mención especial al trabajo de investigadoras como Sylvia Saítta, Laura Juárez o Rita Gnutzmann, pero no un libro que de forma exhaustiva se haya dedicado a reunir, ordenar y sistematizar el conocimiento generado hasta el momento sobre el viaje de Arlt a España. Nuestro trabajo surge también con esa intención: presentar un estado del arte que agrupe en un solo volumen las principales reflexiones que se han 3 A los efectos de este trabajo, y en relación con la producción de Arlt en España, los términos "aguafuerte", "crónica", "nota" e incluso “artículo” serán utilizados de forma indistinta y con sinónimo significado. 14 1 ANTES Y DESPUÉS DE ESPAÑA: UN PUNTO DE INFLEXIÓN EN LA OBRA DE ROBERTO ARLT 15 1.1) A RLT Y LA L ITERATURA COMO LUGAR COMÚN DE LA VIDA El hecho de que la crítica hiciera con frecuencia una lectura biográfica de la obra de Roberto Arlt es seguramente la razón por la cual existen tantas referencias y detalles sobre la vida de este escritor y periodista que nació con el siglo XX, en el mes de abril de 1900, en un caserón ubicado en el número 677 de la entonces calle La Piedad, hoy Bartolomé Mitre, en el bonaerense barrio de San Nicolás. No obstante, ya se han encargado los diferentes biógrafos de reiterar que fue el barrio de San José de Flores, al cual se mudaron sus padres al poco tiempo de su nacimiento, especialmente la casa de la calle Méndez de Andés 2138, el que dejó huella en su imaginario y en su fisionomía literaria, sobre todo en su primera novela, El juguete rabioso (1926). Una muestra temprana de esta lectura “biograficista” es la reseña que hace Cayetano Córdova Iturburu en la Gaceta Literaria de Madrid, en el año 1931, cuando el autor es apenas un joven novelista y cronista que empieza a acariciar el reconocimiento gracias a la publicación de su novela Los siete locos (1929) y sus crónicas periodísticas o Aguafuertes 4 porteñas en el diario El Mundo: Nacido en Buenos Aires en el año 1900, de madre genovesa y padre alemán del norte, esta doble corriente de su sangre explica, tal vez, la duplicidad de una idiosincrasia en que la violencia pasional y las preocupaciones espirituales de sentido religioso prevalecen en la formación de su fisonomía. […] La 4 Aunque resulte ya un lugar común mencionarlo, vale la pena recordar que Arlt bautizó como “aguafuertes” a la mayoría de sus crónicas periodísticas. La explicación más inmediata es acudir al símil con la modalidad de grabado que lleva ese mismo nombre. En la técnica artística, lo que marca y define los trazos en las láminas metálicas empleadas es el ácido nítrico que corroe los surcos a los que previamente el artista quito el barniz o la cera protectora con un estilete. La comparación fácil es apuntar que en las crónicas de Arlt el lugar del ácido nítrico lo ocupa su característica ironía y humor, nunca mejor dicho, ácido. Sobre esta relación se podrían ensayar –y se han ensayadomuchas comparaciones, como por ejemplo pensar en una posible inspiración en los famosos “Caprichos” de Francisco de Goya. Muchos de los artículos del periodista porteño, al igual que los grabados o aguafuertes del célebre pintor aragonés, indagan en cierto costumbrismo grotesco para mostrar y criticar los vicios humanos. Dentro de todas sus colecciones de crónicas o “aguafuertes” las más reconocidas, numerosas y sin duda las que le otorgaron mayor reconocimiento fueron las “porteñas”. 16 ciudad y el hombre alcanzan en su obra, por primera vez entre nosotros, rigurosa identificación con la realidad. En “El juguete rabioso”, su primera novela, el panorama de ciertos barrios de Buenos Aires puede contemplarse, por fin, limpio de lo pintoresco convencional y de lo suburbano epidérmico en que se ha detenido, sin ahondar, tanta literatura. 5 Casi todo en la biografía de Arlt ha sido motivo de polémica, desde su fecha de nacimiento hasta incluso su nombre. En dos de las principales biografías sobre el autor, la primera editada por Raúl Larra en 1950 6 y la publicada por la investigadora Sylvia Saítta 7 en el año 2000, apuntan que según su partida de nacimiento llegó al mundo el 26 de abril de 1900 a las once de la noche, y recibió por nombre sencillamente Roberto Arlt, y no Roberto Godofredo Christophersen Arlt, como él mismo dijo llamarse en las “Autobiografías humorísticas” de la revista Don Goyo 8 . Pero el 2 de abril del año 2000 se avivó nuevamente la discusión, ya que su hija, Mirta Arlt 9 , aseguró 5 CÓRDOVA ITURBURU, Cayetano. “Un novelista argentino: Roberto Arlt”. La Gaceta Literaria, Madrid, número 100, marzo de 1931, p. 3. 6 Su título es Roberto Arlt el torturado. La edición que manejamos para este trabajo es una de la Editorial Ameghino del año 1998. No obstante, sabemos por el prólogo de Jorge Lafforgue a esta edición que el texto de Larra ha sufrido importantes modificaciones y añadiduras a los largo de los años. Aunque no es el tema de este texto, apuntamos que la biografía de Larra ha sido objeto de innumerable polémicas, básicamente por el enfoque victimista que se advierte desde su título, y también por su intencionalidad de adjudicarle a Arlt una militancia comunista sin fisuras, aspecto que no agradó ni siquiera a muchos comunistas de la época. Al respecto resulta interesante la lectura del pequeño artículo “Arlt y los comunistas”, publicado bajo la firma de Juan José Gorini en el número 2, mayo de 1954, del la revista Contorno, dirigida por Ismael y David Viñas. Sabemos que este número, dedicado exclusivamente a Arlt constituyó uno de los primeros ejercicios críticos de rescate de su obra. Apunta el citado artículo: “El señor Larra afirma enfáticamente ‘¡Arlt es nuestro!’. Y se equivoca, y su equivocación puede traer aparejada lo que los abogados llaman posesión treintañal. […] si bien Arlt pudo estar, adherir momentáneamente a determinadas declaraciones de las que participaba el comunismo, nunca, jamás, pudo ser de ellos, uno de ellos. Porque su espíritu demoníaco, agresivo, violento, pecador, no se hubiera conciliado (como no se concilia ninguna de sus obras) con la seguridad satisfecha y progresista del comunismo. Porque en realidad a él no le importaba modificar el mundo, hacerlo mejor, sino describirlo, paladearlo. Y entenderlo. Y aun amarlo con todas sus impurezas”. 7 SAÍTTA, Sylvia. El Escritor en el bosque de Ladrillos. Una biografía de Roberto Arlt. Buenos Aires: Sudamericana, 2000. 8 Ibíd., p 23. 9 Mirta Arlt nació el 25 de enero de 1923 en Córdoba, Argentina, fruto del turbulento matrimonio de Arlt con Carmen Antinucci. Falleció en fecha reciente, el 17 que justamente ese día se celebraba el centenario del nacimiento de su padre; y que más allá de lo que certificaran los documentos oficiales, la verdadera fecha del alumbramiento había sido el 2 de abril de 1900 10 . Por otra parte, en otra de las biografías sobre el autor, la que publicó Omar Borré en el año 2000 11 , asegura que Arlt nació el 7 de abril de 1900, curiosamente también a las once de la noche, aunque no fue hasta el día 26 de abril cuando lo anotaron en el Registro Civil de Buenos Aires como Roberto Godofredo Christophersen Arlt 12 ; inspirado el segundo nombre en la lectura que la madre del escritor había hecho de la obra La Jerusalén liberada de Torcuato Tasso. Sugiere Saítta que esta confusión en cuanto al nombre pudo venir de la propia madre de Arlt, muy religiosa y admiradora de las ciencias ocultas. “[…] Tal vez, su padre ignoró el pedido de su mujer de llamarlo Roberto Godofredo Christophersen cuando fue a inscribirlo […]. O tal vez, fue el primer paso en la construcción de su propio mito” 13 . Pero precisamente no termina allí el mito. El 27 de julio de 2011 Saítta publica en el diario argentino Clarín un artículo en el que comenta un nuevo hallazgo 14 ; se trata de la partida de bautismo del escritor en la Parroquia de Nuestra Señora de Balvanera, y conviene no confundir este nuevo documento con el 12 de noviembre de 2014, a los 91 años. Por su longeva vida y su dedicación a la investigación literaria, sobre todo al teatro, representó unos de los testimonios de primera mano más importantes sobre la vida de Roberto Arlt. Es conocido que a pesar del distanciamiento de Arlt con su esposa, la relación con su hija fue muy estrecha, cómplice, hasta el punto de que el autor entregaba algunos originales a su hija para que se los corrigiera y diera su opinión. 10 PELLET LASTRA, Ramiro. Polémica por el centenario de Roberto Arlt. [En línea] La Nación. [Fecha de consulta: 14 de febrero de 2015]. Disponible en: http://www.lanacion.com.ar/11419-polemica-por-el-centenario-de-roberto-arlt 11 BORRÉ, Omar. Roberto Arlt. Su vida y su obra. Buenos Aires: Planeta, 2000. 12 Borré ya había comentado este dato en una obra anterior en colaboración con la propia hija del autor: ARLT Mirta y BORRÉ, Omar. Para leer a Roberto Arlt. Buenos Aires: Torres Agüero Editor, 1985. 13 SAÍTTA, Sylvia. El Escritor en el bosque de Ladrillos. Una biografía de Roberto Arlt, op. cit. p. 14 14 SAÍTTA, Sylvia. El nombre secreto de Roberto Arlt: hallaron su partida de bautismo. [En línea] Clarín. [Fecha de consulta: 15 de febrero de 2015]. Disponible en:http://www.clarin.com/sociedad/secreto-Roberto-Arlt-hallaron- bautismo_0_524947605.html 18 mencionado anteriormente, es decir, su inscripción en el Registro Civil. Vale la pena reproducir las palabras de Saítta: […] Gracias a esos felices encuentros azarosos que a veces tenemos los investigadores, Roberto Alfredo Colimodio Galloso, miembro del Centro de Estudios Genealógicos e Históricos de Rosario, encontró la partida de bautismo […] en la que el nombre de Roberto Arlt nos abre, a críticos y biógrafos, un nuevo interrogante. Allí, para sorpresa de todos, el nombre de pila es Roberto Emilio Gofredo. Sencillo es afirmar que el “Gofredo” es una errata de Godofredo y que entonces, Arlt estaba en lo cierto cuando afirmaba llamarse como se llamaba – y así aparece mencionado en su partida de casamiento con Carmen Antinucci, del 31 de mayo de 1921, también encontrada por Colimodio Galloso–; más difícil es explicar, ya no la ausencia del Christophersen, sino la aparición de un Emilio que no mereció, por parte de Arlt, ninguna mención posterior. Creo que la aparición de esta partida de bautismo abre una nueva línea de interpretación de la biografía de Arlt, porque la inestabilidad del nombre propio deja de ser una de las estrategias con las cuales el escritor construyó su fábula de origen para dar cuenta, en cambio, de la inestabilidad del punto de partida contra el cual inmigrantes e hijos pudieron y supieron construir una identidad. 15 Siguiendo la pista de la lectura biográfica, todos los que han comentado su vida han dado a conocer datos que ya hoy en día resultan casi lugares comunes, como por ejemplo su infancia de penurias económicas y disputas familiares. Sus padres, el alemán Karl Arlt, desertor del ejército y oriundo de la provincia de Posen, en aquel momento perteneciente al Reino de Prusia y desde el fin de la Segunda Guerra Mundial reintegrada a Polonia, y la triestina Ekatherine Iobstraibitzer, fueron uno de los tantos jóvenes matrimonios europeos que a finales del siglo XIX llegaron a la pujante Buenos Aires en la búsqueda de prosperidad económica. Explica David Maldavsky que entre 1881 y 1900 llegaron a Argentina cerca del millón y medio de inmigrantes, la mayoría de ellos procedentes del sudoeste de Europa. Añade además que para estos grupos “el objetivo de su vida en la Argentina era fundamentalmente de tipo 15 Ibíd. 19 económico, es decir, ‘hacer la América’ […]” 16 . Dentro de ese conjunto se encontraban claramente los padres de Arlt. Se sabe que el padre tenía ciertos conocimientos de oficios artesanos como el soplado de vidrio o la elaboración de curiosas tarjetas postales acorde con la corriente Art Nouveau de la época. Estuvo empleado en la teneduría de libros de algunas empresas alemanas y también buscó sustento en trabajos agrícolas en plantaciones yerbateras en Misiones y Corrientes, situación que lo mantuvo alejado del hogar por largas temporadas. No obstante estos empeños, la bonanza económica no llegó nunca. Los biógrafos no han esclarecido completamente las razones, quizás el duro e inflexible carácter del padre, o la naturaleza rebelde del hijo; lo cierto es que la relación entre ambos rozó incluso la crueldad, representada probablemente en esos castigos que el personaje de Erdosain recibía de su progenitor cuando era niño y que recuerda y relata a Hipólita agazapado en la oscuridad de la noche. A propósito relata Larra la siguiente anécdota: Cuando fallece el progenitor, Roberto se queda dormido en el velorio; alguien lo despierta, reprochándole su acto. Y entonces el muchacho, arrastrando las palabras como le es peculiar, contesta: “¿Y si mi padre era un hijo de puta en vida, por qué no va a serlo después de muerto?” 17 La mala situación familiar promueve la salida temprana de Arlt del hogar, lo cual, sumado a su escueto paso por el sistema escolar oficial, que abandona en el quinto grado luego de haber sido expulsado de varias escuelas del barrio de Flores, ayudará a moldear una personalidad irreverente que marcará buena parte de su producción. A imagen y semejanza de su personaje Silvio Astier, se 16 MALDAVSKY, David. Las crisis en la narrativa de Roberto Arlt. Buenos Aires: Educa, 1968, pp. 107 – 108. 17 LARRA, Raúl. Roberto Arlt, el torturado. Buenos Aires: Ameghino, 1998, p. 41. 20 siente presionado por su madre a emplearse en cualquier oficio que ayudara en algo al sostenimiento del hogar. De esa forma se desempeñó en los trabajos más variopintos: dependiente de librearía, corredor o vendedor de papel para envolver, hojalatero, vulcanizador y aprendiz de mecánico, entre otros. Los primeros contactos con la Literatura los tiene a través de lecturas desordenadas que mezclaban desde los más conocidos autores de folletines, pasando por cuadernos esotéricos y ocultistas, hasta los ejemplares que el dramaturgo Rodolfo González Pacheco había donado a la librería anarquista del barrio. Saítta también menciona en su biografía que Arlt frecuentaba varias librerías y tertulias literarias que se desarrollaban en Flores por aquellos años, en una de las cuales conoció a Conrado Nalé Roxlo (1898 – 1971), quien no sólo fue su entrañable amigo hasta el final de sus días, sino que además lo ayudó en los inicios de su carrera literaria y periodística. Nalé Roxlo no sólo dio cobijo a Arlt, incluso en forma de desayunos y comidas, en los tiempos duros de la adolescencia, sino que promovió su primera colaboración seria en el mundo del periodismo profesional. Como explica Saítta, en octubre de 1925 Nalé Roxlo dirigía la revista Don Goyo, una nueva publicación quincenal humorística de la Editorial Haynes; y como era previsible, entre la nómina de redactores se iba a encontrar su amigo Roberto Arlt, quien desde enero de 1926 hasta febrero de 1927 publicaría un total de veintidós notas en la publicación 18 . De Don Goyo pasa brevemente por Última Hora, y de allí a Crítica, donde se encarga de la crónica policial y de sucesos, situación que, como se verá más adelante, sirvió como inspiración en algunas de sus obras. Pero antes de estas experiencias propiamente profesionales, ocurrieron otros hechos de relevancia en su vida, como por ejemplo sus primeras publicaciones en revistas y 18 SAÍTTA, Sylvia. El Escritor en el bosque de Ladrillos. Una biografía de Roberto Arlt, op. cit. p. 37. 21 periódicos medianamente formales. Fue por ejemplo el caso de la edición, gracias a la mediación de Juan José de Soiza Reilly, del cuento “Jehová” el 24 de junio de 1918 en la Revista Popular; o la publicación de Las ciencias ocultas en la ciudad de Buenos Aires, el 28 de enero de 1920, en el número 63 de Tribuna Libre, obra fundacional que utilizará el autor como carta de presentación para sus futuros proyectos. Al respecto explica Saítta: Este primer texto funciona como el banco de pruebas de su apuesta literaria; en él, Arlt utiliza discursos ajenos, comprobando la enorme productividad ficcional de la apropiación y la mezcla. Excluido de otros círculos de iniciación más prestigiosos, la sociedad teosófica le ofrece un modelo de sociedad cerrada y un espacio de educación intelectual. Porque Las ciencias ocultas en la ciudad de Buenos Aires es también una autobiografía ficcional, en la que Arlt narra una experiencia personal y exhibe una privación cultural y una ausencia de formación intelectual que legitime su literatura. 19 Desde mediados de 1920 hasta principios de 1924 vive en la ciudad de Córdoba, a donde se desplaza para cumplir con el servicio militar. Coinciden los biógrafos en afirmar que no es una época de su vida de la que se sepan muchos detalles. Se sabe que conoció en el intermedio de una función de cine a Carmen Antinucci, su primera esposa. Como explica Borré en su biografía, Arlt supo muy poco tiempo después del matrimonio la razón por la cual la familia de Antinucci había mostrado tan buena disposición hacia la boda y facilidades como una suculenta dote de veinticinco mil pesos de la época: Carmen sufría de tuberculosis. Reproduce Borré las palabras de Arlt: “nunca me dijeron que era una tuberculosa, me lo ocultaron para poder casarla […]” 20 . Y agrega además: Carmen, en esos primeros años, estuvo entrando y saliendo con macabra regularidad del hospital de Santa María, en Cosquín. Roberto la asistía cuantas veces le era posible. Los Antinucci se hicieron cargo de algunos gastos de la enferma y la situación 19 Ibíd. pp. 21-22. 20 BORRÉ, Omar. Roberto Arlt. Su vida y su obra, op. cit. p. 88. 22 familiar comenzó a empeorar a la vista de los despropósitos del futuro escritor que no tenía trabajo y consumía, paulatinamente, los bienes de la dote en irrisorias propuestas comerciales. […] El malestar de la familia Antinucci se manifestó en cierta indiferencia hacia el escritor. Roberto comenzó a odiarlos, hasta tal punto que en un cuento de 1922. “La tía Pepa” o “El gato cocido”, describe a su suegra y a parte de la familia implicados en un acto de crueldad hacia un gato […] 21 En este período nace su hija Mirta y el escritor dirige por un tiempo un pequeño periódico; aunque finalmente en 1925 abandona el oscurantismo que habían representado los años en Córdoba y regresa junto a su familia a Buenos Aires. Pero la relación con su mujer nunca llegó a ser buena. De hecho, esa situación se convirtió en uno de los temas que frecuentó en sus obras literarias de forma frontal o secundaria: la hipocresía en las relaciones de pareja dentro de la moral pequeño burguesa, la sexualidad de la mujer y las relaciones sexuales en general como actos sucios e impuros, las viles suegras que no tenían escrúpulos en torcer sus convicciones y utilizar a sus hijas como mercancías sexuales para “cazar” a sus yernos, e incluso cierta misoginia al observar al matrimonio como cárcel coartadora de los sueños del hombre, donde la mujer es una embaucadora que despliega como cebo su candor virginal durante el noviazgo, para una vez superada la boda mostrar su verdadero interés de dominación y explotación económica del hombre. Con el regreso ocurre un hecho singular, y es la amistad que Arlt entabla con Ricardo Güiraldes (1886–1927), el autor de Don Segundo Sombra (1926), escritor varios años mayor que él y que junto a su mujer Adelina del Carril (1889–1967) se convirtió en una suerte de protector, “hermano mayor”, catalizador social, maestro y hasta mecenas de la joven generación de autores argentinos que acariciaban las vanguardias, como Jorge Luis Borges (1899-1986), Raúl (1905-1974) y Enrique (1901-1943) González Tuñón, Leopoldo Marechal (1900-1970), Pablo Rojas Paz (1896-1956), Alfredo 21 Ibíd., pp.89-90. 23 Brandan Caraffa (1898-1978), entre otros que se reunieron en torno a las revistas Martin Fierro y Proa y que fueron reconocidos como miembros del Grupo Florida en contraposición con la visión social del arte y la literatura del Grupo Boedo. Güiraldes, al igual que su esposa, pertenecía a una familia económicamente acaudalada, de una antigua estirpe de estancieros criollos con una alta posición social que le permitió una vida de bohemia y frecuentes viajes a Europa y otras latitudes mucho más exóticas como Japón, La India y Oriente Próximo; justamente todo lo contrario a Arlt, el autodidacta e incorrecto hijo de inmigrantes pobres. No obstante, surgió tal simpatía que Güiraldes no sólo empleó a Arlt como su secretario personal, lo que representó una ayuda económica en un momento crucial, sino que además sus correcciones y gestiones editoriales resultaron esenciales para que Arlt materializara la publicación de su primera novela; a tal punto que gracias a las recomendaciones de Güiraldes, Arlt finalmente desecha el nombre de “La vida puerca”, que había acompañado al proyecto de obra desde el principio, por el mucho más amable de “El juguete rabioso”, que finalmente prevaleció. Mucho se ha debatido y polemizado, como no podría ser de otra forma tratándose de Arlt, del trasfondo ideológico en este cambio de nombre. Existen más datos sobre los primeros años de la carrera literaria de Arlt; no obstante, no es la intención de estas líneas hacer una cronología exacta y pormenorizada de su vida y obra. Ese ya ha sido el objeto de otras investigaciones que han terminado con trabajos rigurosos y completos como algunas de las biografías que hemos citado. Sólo queremos dar unas pinceladas sobre algunos acontecimientos que marcaron especial huella y que sirven para ilustrar el cambio de giro en su producción. Justamente uno de esos momentos es su incorporación al nuevo proyecto que la Editorial Haynes inició en 1928, la publicación del diario matutino El Mundo. 30 como exóticos, folletinescos o incluso escritos por encargo 34 . Una descripción que en nada se parece a la angustia e introspección de las tres primeras novelas. Agrega además que en líneas generales las historias son sencillas, con personajes claramente estereotipados y con pasiones e intereses desarrollados de forma lineal. Una pléyade de espías, mercaderes, ladrones, misteriosas bailarinas, sirvientes, magos, jueces, mendigos ciegos, eunucos, artesanos y esclavas que muestran directamente sus bondades y más bajas pasiones, avaricia, traición, venganza y obsesiones sexuales. Concluye Gnutzmann que la diferencia radica en que esas primeras novelas mencionadas, e incluso los relatos de El jorobadito, muestran esos mismos crímenes y perversiones, pero no como un fin en sí mismo, sino como un trasfondo que “estudia el ‘sucio pozal’ del alma del narrador”. Si el autor en sus novelas, cuentos y aguafuertes porteños se centra en el tema urbano, las clases sociales y las relaciones interhumanas (los empleados, los obreros y el lumpenproletariado, la pobreza, la falta de empleo; las falsas relaciones entre hombre y mujer; la hipocresía, las ambiciones y el afán de lucro de la clase media; el escritor en la sociedad...) los cuentos de El criador de gorilas parecen obedecer a otro tipo de literatura: la de aventuras y de viaje. En realidad, para Arlt el viaje a España y al norte africano supuso sobre todo inspiración y ambientación, un cambio de enfoque que se nota tanto en su periodismo como en sus cuentos. 35 El la obra dramática África se aprecian prácticamente las mismas características que en El criador de gorilas; no en vano ambas creaciones se inspiran en el mismo origen: el paréntesis de Roberto Arlt por Marruecos en el marco de su viaje a España. Raúl Castagnino va más allá y afirma que toda la materia anecdótica “reelaborada” por Arlt en África se encuentra esencialmente en dos de las piezas contenidas en el volumen de cuentos: “Rahutia la 34 GNUTZMANN, Rita. Los cuentos marroquíes de El criador de gorilas. Fragmentos: Revista de Língua e Literatura Estrangeiras, 2007, vol. 32., pp. 91-99. 35 Ibíd., p. 92. 31 bailarina” y “La aventura de Baba en Dimisch esh Sham” 36 . La hija del autor, Mirta Arlt, define a esta obra como un eslabón aparte en la producción teatral de Roberto Arlt, precisamente por su contenido exótico, su colorido exuberante, su superstición, su fetichismo y su venganza 37 . Las propias declaraciones del autor, recogidas tanto por Castagnino como por su hija, y pronunciadas en vísperas de su estreno, dan una idea clara de la lejanía de África del tormento psicológico que acompaña su literatura más representativa. […] lo que he querido es exaltar la maravillosa fiesta de colorido que deslumbra al turista en cuanto pone los pies en Marruecos. […] Después de vivir cierto tiempo en Tetuán y Tánger, llegué a la conclusión de que las películas que trataban de Marruecos o África no reflejaban nunca la maravilla de su paisaje (falta de color, ligeramente alcanzado en El jardín de Alá), ni tampoco reproducían el espíritu de su gente, la dramática capacidad de sus intrigas. […] En África se mueve una muchedumbre espesa y pintoresca, suelta de boca, materialista, poética, cruel y con rasgos de extraña generosidad. Podría decir que el argumento central de estos seis actos es la persecución de una venganza: el cumplimiento del clásico “ojo por ojo, diente por diente” oriental 38 . Sobre las andanzas marroquíes arltianas en todos sus géneros volveremos más adelante. Lo que nos interesa ahora es apuntar que no hay un consenso explícito sobre dónde fijar la frontera, es decir, en qué punto establecer el eje dónde se produce ese giro de Arlt desde la atmósfera gaseosa y angustiante hasta la “maravillosa fiesta de colorido”, utilizando los términos de Castagnino. Si volvemos a Cortázar la respuesta parece sencilla; sabemos que en su opinión la culminación de la escritura arltiana se encuentra en las páginas que describen el asesinato de la Bizca y el posterior suicidio de Erdosaín, y que una vez llegado a ese punto, todo lo anterior y posterior está 36 CASTAGHINO, Raúl H. El teatro de Roberto Arlt. Buenos Aires: Nova, 1970, p. 94. 37 ARLT, Mirta. Prólogos a la obra de mi padre. Buenos Aires: Torres Agüero, 1985, p. 102. 38 CASTAGHINO, Raúl H. El teatro de Roberto Arlt. op. cit. p. 92. 32 por debajo 39 . Si se siguiera a rajatabla este juicio, la frontera quedaría establecida, y fácilmente localizable, entre el final de Los lanzallamas y el comienzo de El amor brujo 40 . Incluso tendría un tiempo cronológico definido, noviembre de 1931, fecha en la que se publica la primera edición de la novela donde culmina el tormento de Erdosain. Pero todo parece indicar que tras la muerte de su célebre personaje principal, ya Arlt tenía esbozado a su próximo protagonista, Estanislao Balder. Al final de las conocidas “Palabras del autor” que sirvieron de prólogo a esa primera edición de Los lanzallamas, las mismas que mencionan el famoso “cross a la mandíbula”, asegura Arlt que “mientras escribo estas líneas pienso en mi próxima novela. Se titulará El amor brujo y aparecerá en agosto del año 1932. Y que el futuro diga” 41 . En la nota que sirve de colofón a esa misma edición, el novelista aporta aún más datos que permiten una ubicación en el tiempo. Puntualiza que la obra fue terminada a toda prisa, ya que cuatro mil líneas, de una total de diez mil trescientas que conforman la novela, es decir, poco menos de la mitad, habían sido escritas entre finales de septiembre y el 22 de octubre de 1931. “Con tanta prisa se terminó esta novela que la editorial imprimía los primeros pliegos mientras el autor estaba redactando los últimos capítulos” 42 . Esta sensación de transitoriedad, por llamarla de alguna manera, prepara el escenario para la crítica que ha seguido observando dentro de El amor brujo una continuación de los rasgos esenciales de la 39 ARLT, Roberto. Obras completas. op. cit. pp. VI-VII. 40 Claro que también vale la pena reflexionar que si se sigue estrictamente la opinión de Cortázar, habría que incluso marcar una línea justo después de El juguete rabioso (1926), ya que claramente es un trabajo anterior a la sucesión de hechos que desembocaron en el asesinato de la Bizca y el suicidio de Erdosain; a menos que se asuma como un dogma establecido e indiscutible la idea genealogista que ve a Silvio Astier como el niño y adolescente que en el futuro será Remo Augusto Erdosain. 41 ARLT, Roberto. Los lanzallamas. op. cit. p. 9. 42 Ibíd., p. 325. 33 narrativa de Arlt, y que por lo tanto no aprecia una barrera definida entre las tres primeras novelas del ciclo angustioso y el resto. Uno de los primeros que apostó por este punto de vista fue precisamente el crítico y editor que sacó a Arlt del olvido al que se había confinado luego de su inesperada muerte, Raúl Larra, quien no sólo publicó la primera biografía del autor en 1950, aún hoy envuelta en polémica por su enfoque victimista, sino que también fue el responsable de reeditar el grueso de su obra literaria, y una pequeña parte de la periodística, a través de una empresa y empeño personal, la Editorial Futuro 43 . Justamente es en las páginas de Roberto Arlt, el torturado, la biografía escrita por Larra, donde explica el “fino hilo” que a su juicio une a Los siete locos y Los lanzallamas con El amor brujo; y merece la pena decir que es un argumento que demuestra una lectura minuciosa e incluso “desmenuzadora” de la obra del escritor y periodista del barrio de Flores. Apunta Larra que en un momento de Los siete locos, que a su vez se repite en Los lanzallamas, Erdosain recuerda con nostalgia aquella chica joven, de rizos negros y ardiente barbilla, que conoció en un tren hace dos o tres años atrás, María Esther. Advierte Larra en esa anécdota un paralelismo extraordinario con la forma cómo Balder e Irene se conocen, por la eventualidad de un encuentro en la Estación de Retiro. ¿Es casual que Erdosain, protagonista de Los siete locos y Los lanzallamas, sueñe con un episodio que será el tema total de El 43 Al respecto resulta interesante reproducir las siguientes palabras del profesor Paul Jordan: Prácticamente olvidadas desde su muerte, ocurrida en 1942, en vísperas de la época peronista, las obras de Arlt fueron rescatadas del olvido a principios de los cincuenta por el comunista Raúl Larra, de la editorial Futuro, quien también, en 1950, escribió Roberto Arlt, el torturado, una obra crítico-biográfica, que a pesar de haber sido criticada universalmente, ha perdurado. […] Los años cincuenta vieron un debate bastante acrimonioso acerca de Arlt, pero como previó Larra en 1962, en la introducción de la tercera edición de Roberto Arlt, el torturado, sería en los sesenta cuando Arlt realmente se convertiría en una figura cultural clave”. Este trabajo se puede consultar en: JORDAN, Paul. Roberto Arlt y los años sesenta: crítica y recepción. Fragmentos: Revista de Língua e Literatura Estrangeiras, 2008, vol. 32, pp. 23-32. 34 amor brujo? El leit motiv de este amor está denunciando, a nuestro juicio, el registro de una experiencia netamente personal del autor, una experiencia profunda. Erdosain recuerda, en medio de su angustia, la carita de la adolescente entrevista en el tren. Aquí tenemos el fino hilo de agua descendiendo de la montaña. Pero el ingeniero Balder, protagonista de El amor brujo, encuentra a la misma criatura y en el mismo lugar: en un tren. Él también, como Erdosain, está casado. Erdosain pregunta qué hubiera dicho la criatura al saberlo. El ingeniero Balder también se lo pregunta, pero termina confesándole su estado. Y el amor, el amor brujo, se desata, pese a esa valla legal que los separa. 44 El argumento de Larra, con pincelada sentimental incluida, va un poco más allá y se asienta en la clave biográfica, situación que no es para nada ajena a la obra crítica sobre Arlt. Enfatiza el biógrafo, que tanto en Silvio, como en Erdosain y Balder, se han volcado los antecedentes afectivos y emocionales del novelista; circunstancia que explicaría la continuidad del fino hilo que empalma a las cuatro novelas. “Sólo así, justipreciando los elementos autobiográficos que recorren su obra, estaremos en la huella para comprender el mecanismo de su creación literaria” 45 . Sabemos que los últimos estudios han superado ese criterio predominante y conmiserativo que pretende explicar la obra de Arlt únicamente a través de una vida de dificultades y estrecheces económicas. A pesar de que en ningún momento se puede negar la impronta personal del sufrimiento en su escritura, se tiene claro que, como apuntaría Adolfo Prieto, “Arlt tuvo sobrada conciencia de la originalidad de su trabajo de escritor, y sobrada arrogancia para los que no querían o no podían seguirlo en la estimación de sus resultados” 46 . Esta opinión enlaza con el pensamiento de quienes apuestan por la “pose” que el propio autor se construyó en vida. Es decir, advertir que a la postre no le venía del todo mal esa imagen de escritor casi analfabeto, que prácticamente no había ido a la escuela, 44 LARRA, Raúl. Roberto Arlt, el torturado. op. cit. p. 130. 45 Ibíd., p. 131. 46 ARLT, Roberto. Los siete locos; Los lanzallamas. Prólogo de Adolfo Pietro. Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1978, p. XXIV. 35 y que tenía al autodidactismo inspirado en las lecturas de malas traducciones del realismo ruso como único referente, porque esa pantalla le permitía proyectarse como un personaje totalmente diferente de lo que predominaba en la escena literaria argentina de los años 20 y 30; una forma de decir que él no era como esos doctos que escribían bien “y a quienes únicamente leen correctos miembros de sus familias” 47 . Pero en todo caso, más allá de las puntualizaciones, lo interesante del análisis de Larra es que marca una frontera distinta a la de Cortázar. Asegura el biógrafo que si bien Arlt en sus novelas ha lanzado su vida por completo, sus fantasmas; en sus piezas dramáticas ha puesto su espíritu, su estilo, pero no su experiencia íntima. “No hay en sus farsas ‘dobles’ que lo representen como Erdosain, Balder, Astier, excepto quizás en El fabricante de fantasmas” 48 . Dentro del análisis que Prieto hace sobre Los siete locos y Los lanzallamas, asegura que con El Amor brujo y algunos de los cuentos contenidos en El jorobadito (1933) se cierra el ciclo iniciado con El juguete rabioso; un “ciclo dominado, precisamente, por la concepción de una literatura ‘con la violencia de un cross a la mandíbula’” 49 . También puntualiza el crítico que al menos las tres primeras novelas de este ciclo están dentro de la franja temporal de la reiteración, en todo el contexto de la Literatura hispanoamericana, “de algunas de las convenciones del ilusionismo realista, tal como este había sido ejercitado desde la segunda mitad del siglo diecinueve” 50 . No obstante advierte que aunque esta peculiaridad no implica observar en Arlt una adscripción realista, sí viene bien tenerlo en cuenta como código de lectura. 47 ARLT, Roberto. Los lanzallamas. op. cit. p. 7. 48 LARRA, Raúl. Roberto Arlt, el torturado. op. cit. p. 113. 49 ARLT, Roberto. Los siete locos; Los lanzallamas., op. cit. p. XXVII. 50 Ibíd., p. IX. 36 Volviendo a Larra, su opción de ubicar la frontera justo entre sus novelas y sus obras de teatro nos resulta de especial interés; puesto que desde una perspectiva cronológica, cercano a ese espacio temporal ocurre un hecho que es el centro de esta reflexión: el viaje que por más de un año realizó Arlt por tierras de España y Marruecos. Ya se ha mencionado que su última novela se publicó en 1932, y el 3 de marzo de ese mismo año se estrena en el recordado Teatro del Pueblo de Leónidas Barleta 51 El humillado, una adaptación dramática de un fragmento de Los siete locos. También en ese mismo año, concretamente el 17 de junio, se estrena, en el marco del proyecto de Barletta, la que se sería la primera obra teatral propiamente dicha de Arlt: Trescientos millones, inspirada en un hecho real que el autor tuvo que cubrir en septiembre de 1927 cuando era reportero de la sección policial y de sucesos del diario Crítica: el suicidio de una joven empleada del hogar española que apenas llevaba un año viviendo en Argentina. Asimismo en esos meses aparece Prueba de amor, que el propio Arlt subtitula como “Boceto teatral irrepresentable ante personas honestas”. Recuerda David Viñas que esta última “obrita corta” fue publicada junto a Trescientos millones en un volumen salido de la imprenta de Lorenzo Rañó 52 . Cierto es que estas tres primeras experiencias se publican o representan en 1932, y que Arlt no emprende su viaje a España sino hasta febrero de 1935; no obstante, el grueso de su producción 51 A propósito del Teatro del Pueblo, resulta esclarecedor el siguiente fragmento de Sylvia Saítta: “Fundado por Barletta el 30 de noviembre de 1930 con la finalidad, según se señala en su estatuto, de ‘realizar experiencias de teatro moderno para salvar al envilecido arte teatral y llevar a las masas el arte general, con el objeto de propender a la elevación espiritual de nuestro pueblo’, el Teatro del Pueblo desarrolla sus primeras funciones en teatros barriales y plazas públicas. Oficialmente inaugura su temporada el 14 de febrero de 1931 […]”. El fragmento se puede consultar en SAÍTTA, Sylvia. El escritor en el bosque de ladrillos. Una biografía de Roberto Arlt. Buenos Aires: Sudamericana, 2000, p. 92. 52 ARLT, Roberto: Teatro completo. Ensayo preliminar de David Viñas. Buenos Aires: Losada, 2011, p. 9. 37 dramática, la más conocida y la que sin dudas más se ha estudiado por la crítica, se publica o representa a partir de septiembre de 1936, es decir, alrededor de cuatros meses después de su regreso de Europa, cuando la Guerra Civil española, la que marcará una hoja de ruta de cambios trascendentales en la geopolítica de Occidente, apenas estaba en ciernes. Mirta Arlt establece el siguiente orden cronológico en el teatro de su padre: Prueba de amor, Trescientos millones, Saverio el cruel 53 , El fabricante de fantasmas, La isla desierta, África, La fiesta del hierro y El desierto entra en la ciudad 54 . No incluye en este listado a El humillado, probablemente porque se trata de una adaptación y no propiamente de una obra teatral. Tampoco menciona a La juerga de los polichinelas ni a Un hombre sensible, quizás porque como apunta Milena Bracciale Escalada, se trata de “dos obras muy breves, que vieron la luz por primera vez no en formato libro ni en escena, sino en suplementos literarios, específicamente en La Nación, en 1934” 55 . En otro análisis la propia Mirta Arlt, citando a Castagnino, añade lo siguiente sobre La juerga de los polichinelas: Junto con Un hombre sensible y La isla desierta son denominadas “burlerías”. La denominación es de origen español. El doctor Castagnino señala: “Debe llamarse especialmente la atención sobre la calificación elegida por Arlt para la pieza: burlería. No creo que haya sido empleada antes por ningún autor teatral argentino; es más, en rigor preceptístico la denominación corresponde a una especie de narrativa y no dramática. Retóricas y Diccionarios de términos 53 Recuerda Raúl Larra que el tema de esta obra ya había sido adelantado por Arlt en la pieza Escenas de un grotesco, publicada en la Gaceta de Buenos Aires el 4 de agosto de 1934, antes del viaje a España y Marruecos. Allí incluso ya aparecía un personaje de nombre Saverio. Pero existe una importante diferencia entre las dos versiones. Tanto Mirta Arlt como Castagnino recuerdan que en el origen la acción se desarrollaba en un hospital para enfermos mentales, y el propio Saverio era uno de los pacientes. En cambio la versión definitiva de la obra, la que se estrena en 1936, se desarrolla en la vida real. Apunta Castagnino que este cambio es una forma de no cargar de prejuicios al espectador de la obra, quien perdería toda idea de sorpresa si de antemano supiera que los personajes son enajenados mentales. 54 ARLT, Mirta. Prólogos a la obra de mi padre., op. cit. p. 77. 55 BRACCIALE ESCALADA, Milena. Roberto Arlt: teatro y experimentación genérica. Espéculo: Revista de Estudios Literarios, 2009, no 43, p. 97. 38 literarios denominan burlería un cuento fabuloso o conseja de viejas. 56 En todo caso, más allá del orden, la inclusión o exclusión de determinadas obras en los inventarios de los diferentes críticos, lo que nos interesa ahora es poner énfasis en dos aspectos; por una parte, reiterar que del total de la producción teatral de Arlt, las obras más reconocidas y representativas se editaron o escenificaron en un período posterior a su viaje a España y Marruecos; y por otra parte, apuntar que las obras dramáticas editadas o escenificadas antes de dicho viaje, muestran aún importantes conexiones o deudas con su narrativa, especialmente si se compararan su primera novela, El juguete rabioso, con una de sus primeras experiencias teatrales, Trescientos millones. Uno de los puntos de unión que más han citado los críticos es el referente a la fuerte presencia de la literatura folletinesca en el universo de Silvio Astier y la sirvienta Sofía, respectivamente los personajes de El juguete rabioso y Trescientos millones. Castagnino, en su estudio fundacional sobre el teatro arltiano, asegura que esta obra dramática “rezuma” literatura por todos sus poros y saca a relucir lo más destacado de la folletinería del bajo romanticismo: Ponson du Terrail, Luis de Val, Carolina Invernizzio, Pérez Escrich, e incluso los clásicos cuentistas infantiles Perrault y los hermanos Grimm. “La mención de algunos de esos autores puede hallarse también en las páginas autobiográficas de El juguete rabioso (…)” 57 . De esa forma, como también señalan Mirta Arlt, Larra y Saítta, se constata que para su primera obra teatral Arlt utiliza los mismos insumos de su adolescencia a los que acudió para la construcción del 56 ARLT, Mirta. Prólogos a la obra de mi padre., op. cit. pp. 198-199. 57 CASTAGNINO, Raúl H. El teatro de Roberto Arlt., op. cit. p. 34. 39 mundo su de primera narrativa. Enfatiza además Castagnino que la marca del folletín desaparece en sus posteriores novelas 58 . Como Silvio Astier, la protagonista de Trescientos millones es una joven perteneciente a los sectores populares que comparte los rasgos de los lectores de folletines, quienes aprenden a leer gracias a las campañas de alfabetización pero que no superan el nivel de las exigencias mínimas de ese aprendizaje. Su ensoñación está poblada de los personajes de diversos folletines, que le proporcionan un mundo de fantasía, de carácter compensatorio, a las reales relaciones sociales; un modelo de felicidad donde se concilian, en el nivel simbólico, los deseos privados con la moral social. 59 Otro de los rasgos que la crítica observa en Trescientos millones como deudor de su narrativa es cierta tendencia masoquista en Sofía que, en la búsqueda de la humillación tanto para los otros como para sí misma, la emparenta con el célebre Erdosain de Los siete locos y Los lanzallamas. En los siguientes fragmentos de la obra se puede palpar esa suerte de gozo depravado en las palabras de “la sirvienta” y también en los diálogos de esos “personajes de humo”, que a fin de cuentas son invenciones del propio universo onírico de Sofía: Sirvienta: ¡No se enoje, hombre!... Pero, usted es bastante estúpido como galán. ¿A quién se le ocurre decirle a una mujer: ¡Te amo! Eso se dice en el teatro; en la realidad se procede de otra manera. En la realidad, cuando un hombre desea a una mujer, trata de engañarla. Lo creía más inteligente. A nosotras las mujeres nos gustan los desfachatados… […] Sirvienta: Sea positivo. Yo soy una mujer positiva como todas las mujeres. Y a las mujeres no les gustan los prólogos en el amor. No, señor galán, convénzase usted. (Imperativa). Le voy a dar una lección. Siéntese en esa mecedora. (El galán se sienta; la sirvienta retrocede, luego se acerca y se inclina sobre él). Bueno, haga de cuenta que yo soy el hombre y usted la mujer. (Dice en voz muy dulce). Niña… me gustaría estar como un gatito en su regazo. (Se inclina bien sobre el hombre). Quisiera que me convirtieras en tu esclavo. Quisiera encanallarme por vos… Bueno, ahora haga usted lo que quiera, pero compréndame. 58 SAÍTTA, Sylvia. El escritor en el bosque de ladrillos. Una biografía de Roberto Arlt, op. cit. p. 97. 59 Ibíd. 46 surgió el marco necesario para que floreciera definitivamente la pasión teatral. Por otra parte, reiterar que tras el viaje germinó una clara y reconocible ampliación de sus temas, tanto en sus textos literarios como periodísticos. El hecho de que después de febrero de 1935 no volviera a publicar más las Aguafuertes porteñas que le habían dado la fama, y se abocara a partir de 1937 a la glosa de la información internacional, es un buen indicio del cansancio de la temática local, la búsqueda de nuevas experiencias y también un rasgo de madurez intelectual: Arlt finalmente superaba la adolescencia de atormentados compadritos del arrabal. En cuanto a tema se trata, sin duda la mayor innovación fue la irrupción en la literatura fantástica que representó El criador de gorilas y África, obras donde, como se ha comentado anteriormente, se deslastra de la angustia, la humillación y sobre todo la geografía de Buenos Aires. Arlt demostró tener una imaginación con pocos límites, pero sin desmerecer sus cualidades, resulta difícil creer que sin la experiencia de viaje hubiera sido capaz, sólo con las herramientas de su inventiva, de crear ese batiburrillo de espías, bailarinas, juglares, esclavos, campesinas y demás personajes que desfilan, conspiran, aman y traicionan en un tiempo y territorio a caballo entre la Edad Media y el siglo XX. 47 2 RECORRIDO Y RECEPCIÓN EDITORIAL DE LAS AGUAFUERTES ESPAÑOLAS 48 2.1) D E LAS PÁGINAS DE E L M UNDO AL LIBRO DE 1936 Los datos generales del viaje de Roberto Arlt a España son claros y medianamente conocidos. De hecho, están recogidos en varios de los estudios biográficos sobre el autor. Se podrían englobar en un testimonio donde su propia hija, Mirta Arlt, describe la antesala de la travesía: Un buen día de fines de 1934, a la hora del almuerzo dijo: —Parece que me voy a España no más. Tenía 34 años, ya había publicado sus novelas, cientos de Aguafuertes porteñas y había estrenado 300 millones. Irse a España significaba una distinción y una ventaja económica, pero también la obligación de mantener el interés amenazado por el desgaste de cinco años de crónicas de la ciudad y del país. […] Después fueron llegando cartas y fotos y las notas de El Mundo. Y mi madre decía que ya debía de andar en algo porque el desprecio original ya había cedido el paso a un acentuado amor por el color, la música y la gente de España. 69 El director de El Mundo, periódico en el cual Arlt llevaba trabajando desde su fundación en 1928, Carlos Muzio-Sáenz Peña, le ofreció la posibilidad de viajar a España, recorrerla y enviar desde allí sus crónicas sobre aquello que iba observando y viviendo. Representaba la primera oportunidad real de cumplir el viejo anhelo de viajar a Europa, retrasado siempre por la estrechez económica. El inicio del viaje quedaba así establecido para el 14 de febrero de 1935, fecha en la cual se embarcaría en el Buque Cabo Santo Tomé de la compañía Ybarra 70 . Arlt viajaba a España en calidad de corresponsal asalariado que debía justificar el viaje con su trabajo: la escritura; hecho que lo diferenciaba de otros escritores de su época y de generaciones anteriores, que se trasladaron largos meses a Europa al amparo de una suerte de peregrinación iniciática, contemplativa y bohemia que los impulsaba, sobre todo a los de buena cuna, a 69 ARLT, Roberto. Aguafuertes españolas., op. cit. pp. 7-8. 70 SAÍTTA, Sylvia. El escritor en el bosque de ladrillos. Una biografía de Roberto Arlt., op. cit. p. 145. 49 conocer el viejo mundo y relacionarse, en la medida de lo posible, con su intelectualidad 71 . En una carta que el autor envía a su hermana Lila unos días antes del viaje, reproducida tanto en el estudio biográfico sobre Arlt de Omar Borré 72 como en el de Sylvia Saítta, afirma que lo envían a España por tres o cuatro meses. Asegura que "en Cádiz estaré unos días, luego empezaré a recorrer los pueblos, también Marruecos, África y Portugal" 73 . Finalmente, Arlt vivió en España más de un año. El propio testimonio del escritor indica que habría arribado al Puerto de la Luz de Las Palmas de Gran Canaria en una fecha en torno a finales de febrero y principios de marzo de 1935 74 . El regreso lo emprende desde Barcelona el 7 de mayo de 1936, poco más de dos meses antes del estallido de la Guerra Civil Española, a bordo del Buque Cabo San Agustín, también de la naviera Ybarra, que llegaría a Buenos Aires el 22 de mayo de 1936, luego de una breve escala en Montevideo. Durante esos quince meses de vida en España, Arlt visita, escribe y publica en El Mundo sus crónicas o aguafuertes sobre 71 Ibíd. p. 136. 72 BORRÉ, Omar. Roberto Arlt. Su vida y obra. Buenos Aires, Planeta, 1999. 73 Ibíd. p. 237. 74 El 8 de abril de 1935 se publica en El Mundo de Buenos Aires la primera crónica enviada por Arlt desde España; lleva por título "Las Islas Canarias, puertas de España". En el segundo párrafo de la crónica Arlt puntualiza que "después de nueve bravos días de viaje, el cuerpo tiene hambre de tierra. […] El trayecto de Santos a las Palmas ha sido penoso y largo". Sabemos que Arlt zarpó de Buenos Aires a bordo del Buque Cabo Santo Tomé el 14 de febrero de 1935; y por otra parte también sabemos por su testimonio que el trayecto desde el brasileño puerto de Santos hasta Las Palmas de Gran Canarias duró nueves días. Desconocemos, al menos por un testimonio suyo, cuánto habrá durado el trayecto inicial. No obstante, la lógica nos hace pensar que este primer trayecto (Buenos Aires- Montevideo-Santos), menor en millas náuticas que el trayecto final (Santos-Las Palmas de Gran Canaria), tendría que haber durado menos de nueve días. Una estimación general podría sugerirnos que el viaje de Arlt desde Argentina a España duró en torno a 15 días. De hecho fue esa la duración del viaje de regreso, ya que el escritor zarpó de Barcelona el 7 de mayo de 1936 y arribó a Buenos Aires el 22 de mayo de 1936 luego de una breve escala en Montevideo. Además, el viaje de regreso lo realizó en el Buque Cabo San Agustín, que también pertenecía a la naviera Ybarra, y que todas las crónicas señalan que era prácticamente "gemelo" al Buque Cabo Santo Tomé, ya que ambos, junto al Buque Cabo San Antonio, habían sido armados por el mismo astillero, la Sociedad Española de Construcción Naval de Sestao. 50 las capitales y algunos pueblos de provincias como Las Palmas de Gran Canaria, Cádiz, Sevilla, Granada, Ceuta, Málaga, Vigo, Pontevedra, La Coruña, Oviedo, Gijón (y otros concejos de Asturias como Langreo y Llanes), Santander, Vizcaya, Guipúzcoa, Zaragoza, Segovia, Toledo, Madrid y Barcelona. En su paso por Marruecos estuvo en Tánger y Tetuán, y antes también pasó una jornada en el Peñón de Gibraltar. A menos de que nuevas investigaciones saquen a la luz otros datos, las aguafuertes publicadas en El Mundo no dan lugar a sospechar que finalmente haya visitado Portugal u otras naciones africanas, como previamente había advertido a su hermana Lila. A pesar de que se trató de un periplo bastante completo e interesante, sobre todo por la época en el cual se realizó, las postrimerías del polarizado y convulso bienio negro de la Segunda República Española 75 , no parece que haya calado muy hondo en la bibliografía teórica sobre Roberto Arlt. Rita Gnutzmann hace una apreciación que describe bastante bien la recepción que a lo largo de las décadas han tenido estas crónicas cuando afirma que "[…] en Argentina no superan el atractivo ‘exótico’ y en España siguen siendo prácticamente desconocidas […]" 76 . Con sólo realizar ciertas pesquisas por fondos bibliográficos académicos se puede comprobar que no existe propiamente un volumen que de forma exclusiva y exhaustiva haya abordado el 75 El historiador británico Paul Preston, especialista en Historia Contemporánea española, describe de la siguiente forma el período que va desde 1934 a 1936: "durante los dos años siguientes, conocidos como el ‘bienio negro’, la política española vivió una aguda polarización. Las elecciones de noviembre de 1933 habían entregado el poder a una derecha decidida a vengar las injurias e indignidades que consideraba haber sufrido durante el período de las Cortes Constituyentes. Y esto hacía el conflicto inevitable, pues si los trabajadores y los campesinos se habían desesperado ante la ineficacia de las reformas de 1931 y 1932, la ascensión al poder de un nuevo gobierno dedicado a destruir aquellas reformas debía provocar, forzosamente, una respuesta violenta". En: PRESTON, Paul. La Guerra Civil española, Barcelona: Plaza & Janés, 2000, p. 51. 76 GNUTZMANN, Rita. Roberto Arlt: Innovación y compromiso. La obra narrativa y periodística. Lleida: Ediciones de la Universidad de Lleida, 2004, p. 170. 51 estudio, o al menos un estado del arte, de la totalidad de las Aguafuertes españolas de Roberto Arlt. Además, en la primera edición de la obra en sí en formato libro, publicada estando aún vivo el escritor en diciembre de 1936, sólo se incluyeron algunas de las crónicas que escribió sobre Andalucía, Gibraltar y Marruecos. En las ediciones probablemente más conocidas, las que realizó Mirta Arlt entre 1969 y 1972 para Fabril Editora, se reprodujeron exactamente los mismos textos de la primera, haciendo sólo algunas correcciones ortográficas y sintácticas 77 . Posteriormente, en el año 1993, Gnutzmann preparó otra edición, menos conocida, para la editorial La Página 78 , que igualmente incluyó los mismos textos de 1936. Como dato curioso podemos decir que esta edición cuenta con una importante errata en su portada, que luego se corrige en las páginas interiores: titula la obra como “Aguafuertes españoles”, en masculino, y no con su auténtico título de Aguafuertes españolas. Es apenas a partir del año 1997, más de medio siglo después de la muerte de Arlt en 1942, cuando empezaron a aparecer algunos volúmenes que sacaron a la luz la mayoría de esas otras crónicas sobre regiones distintas a Andalucía, Gibraltar o Marruecos, que no habían vuelto a ser publicadas desde que aparecieron por primera vez en El Mundo. El pionero fue el escritor argentino, descendiente de gallegos, Rodolfo Alonso, quien publicó en 1997 las Aguafuertes 77 En algunas bibliografías consultadas, concretamente la del Centro Virtual Cervantes y la que incluye Christina Komi en su libro Recorridos urbanos. La Buenos Aires de Roberto Arlt y Juan Carlos Onetti (que se cita en la bibliografía de este trabajo) se menciona una edición de las Aguafuertes españolas del año 1950 ó 1951 en la Editorial Futuro, el sello de Raúl Larra, primer biógrafo de Arlt. No obstante, a pesar de muchas búsquedas en varios fondos, bases de datos e incluso anticuarios, no hemos logrado conseguir esa específica edición. Sin embargo, entendemos que es muy probable que ese volumen también haya reproducido los mismos textos de la primera edición de 1936; ya que básicamente fue esa la labor de Larra en los años 50 con la Editorial Futuro: reeditar la producción de Arlt que estaba cayendo en el olvido. 78 ARLT, Roberto. Aguafuertes españolas. Prólogo de Rita GNUTZMANN. La Laguna/Tenerife: La Página, 1993. 52 gallegas 79 de Arlt. En la introducción de este volumen Alonso describe la forma azarosa cómo descubrió la existencia de estas crónicas. Un buen día alguien le hizo llegar una suerte de álbum con las fotocopias de las aguafuertes originales publicadas en El Mundo, que un emigrante gallego de la época había recortado y pegado cuidadosamente sobre folios de papel. No obstante, ha sido la investigadora Sylvia Saítta quien ha publicado el mayor número de volúmenes recopilatorios con el trabajo periodístico de Arlt en España. A su labor como editora corresponden los textos Aguafuertes gallegas y asturianas (1999) 80 ; Aguafuertes madrileñas. Presagios de una Guerra Civil (2000) 81 y Aguafuertes vascas (2005) 82 . Las crónicas de Arlt sobre el País Vasco también han sido recogidas en otra edición del año 2006, a cargo de Zaloa Basabe con prólogo y notas de Juan Carlos Berrio Zaratiegi 83 . A partir de enero de 2013, según las leyes argentinas, las obras de Arlt pasaron a ser de dominio público, ya que habían transcurrido setenta años desde el primero de enero siguiente a la fecha de su fallecimiento. Este hecho implica que cualquier editorial puede publicar las obras del escritor sin la obligación de abonar a sus herederos los derechos autor. La situación ha animado el mercado editorial sobre Arlt y recientemente se han publicado nuevas ediciones de sus trabajos. En el año 2015 aparecieron dos nuevos volúmenes compilatorios de las Aguafuertes españolas, que en realidad no aportaron material nuevo o diferente al que ya habían presentado Alonso y Saítta en las dos décadas anteriores. Por una 79 ARLT, Roberto. Aguafuertes gallegas. Edición, prólogo y notas de Rodolfo ALONSO. Buenos Aires: Ameghino Editora, 1997. 80 ARLT, Roberto: Aguafuertes gallegas y asturianas. Compilación y prólogo de Sylvia SAÍTTA. Buenos Aires: Losada, 1999. 81 ARLT, Roberto. Aguafuertes madrileñas. Presagios de una guerra civil. Prólogo, compilación y notas de Sylvia SAÍTTA. Buenos Aires: Losada, 2000. 82 ARLT, Roberto. Aguafuertes vascas. Prólogo, compilación y notas de Sylvia SAÍTTA. Buenos Aires: Simurg, 2005. 83 ARLT, Roberto. Aguafuertes vascas. Edición de Zaloa BASABE Y prólogo de Juan Carlos BERRIO ZARATIEGI. Tafalla (Navarra): Txalaparta, 2005. 53 parte, se encuentra la edición que prologó el escritor peruano Fernando Iwasaki para la editorial Renacimiento de Sevilla 84 . Este volumen reproduce exactamente las mismas crónicas incluidas en la primera edición de 1936. Por otra parte, también se encuentra la compilación que preparó Toni Montesinos para Hermida Editores 85 , que reúne en un único libro el material de todas las ediciones publicadas anteriormente, pero que no agregó material nuevo, es decir, muchas otras crónicas que tampoco se habían incluido en las recopilaciones previas y que no se han vuelto a publicar desde que aparecieron por primera vez en El Mundo. Resulta importante en este punto enfatizar que un buen número de crónicas españolas de Arlt escritas ente Andalucía y Marruecos siguen siendo todavía hoy prácticamente desconocidas, debido a que no han sido publicadas aún en formato libro y no han vuelto a ver la luz desde que aparecieron por primera vez en El Mundo en al año 1935. En una tesis académica aún inédita de la Universidad de São Paulo, su autora, Rosemeire Andrade, estudia las aguafuertes escritas por Arlt en Andalucía y Marruecos a través del enfoque de la literatura de viajes 86 . Uno de los aportes más interesantes de este trabajo es que la autora presenta su corpus de estudio, es decir, la transcripción literal de la totalidad de las crónicas publicadas por Arlt en El Mundo durante su estancia en el sur de España y el norte de África 87 . Gracias a este trabajo hemerográfico, que ocupó vario meses de investigación en los fondos de la Biblioteca Nacional de Argentina, 84 ARLT, Roberto. Aguafuertes españolas. Prólogo de Fernando IWASAKI. Sevilla: Renacimiento, 2015. 85 ARLT, Roberto. Aguafuertes. Compilación e introducción de Toni MONTESINOS. Madrid: Hermida, 2015. 86 ANDRADE DE OLIVEIRA ROMÃO CARVALHO, Rosemeire. Roberto Arlt, cronista e viageiro: uma leitura das crônicas de viagem à Andaluzia e ao norte do Marrocos. Tesis (Maestría en Letras). São Paulo, Brasil, Universidad de de São Paulo, Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias Humanas, 2009, 287p. 87 Gran parte de las crónicas o aguafuertes originales de Arlt sobre Andalucía y Marruecos que citaremos en este trabajo se basaran en el trabajo previo de compilación de Rosemeire Andrade, y así se especificará en la bibliografía. 54 hemos podido conocer esas crónicas que aún no han sido editadas en formato libro, y comprobamos aún más las carencias de la primera edición de las Aguafuertes españolas de 1936. Todos los volúmenes citados resultan fundamentales para redescubrir el viaje de Arlt y comprender su verdadera magnitud geográfica e intelectual. Pero más allá de las notas o prólogos introductorios, ninguno de estas compilaciones incluye un estudio a fondo sobre la obra. Asimismo, a día de hoy aún no ha aparecido un volumen que reúna la totalidad real de las crónicas escritas por Arlt en España. De esa forma, la reflexión teórica sobre las Aguafuertes españolas se ha limitado a prólogos, capítulos de libros, artículos en revistas especializadas y algún trabajo académico inédito. Uno de los más recientes estudios que ha aparecido sobre la obra de Arlt corresponde a la investigadora Laura Juárez, que trabajó toda la producción del escritor en los años 30 88 . Como es lógico, por el período histórico tratado, la investigación de Juárez incluye un capítulo sobre el paso de Arlt por España. Por otra parte, la biografía de Saítta contempla un amplio apartado sobre las Aguafuertes españolas. Se podría decir que estas dos últimas referencias son actualmente los textos publicados que de forma más exhaustiva han abordado esta obra del autor, pero no de manera exclusiva, sino como parte de un estudio mayor. La biografía de Borré aborda el viaje a España de forma bastante superficial, apenas seis páginas; y la primera biografía sobre el autor, es decir, el polémico libro Roberto Arlt el torturado de Raúl Larra 89 , sólo menciona el periplo ibérico y africano en unas pocas líneas. Los indicios dan a entender que para la mayoría de los investigadores, críticos e incluso lectores que a partir de la década de los 50 del siglo XX rescataron del olvido la obra de Arlt, las 88 JUÁREZ, Laura. Roberto Arlt en los años 30. Buenos Aires: Simurg, 2010. 89 LARRA, Raúl. Roberto Arlt el torturado. Buenos Aires: Ameghino Editora, 1998. 55 Aguafuertes españolas pasaron prácticamente inadvertidas. Incluso se podría pensar que las entendieron como una obra menor. A nuestro criterio una de las razones por la cual estas crónicas han sufrido cierta indiferencia ha sido la incompleta, y quizás también desacertada, edición de 1936, que como ya se comentó anteriormente, fue repetida en 1969, 1993 en incluso en el 2015. Hasta 1997, cualquier investigador, o sencillamente cualquier lector curioso, interesado en una visión total del paso de Arlt por España, no tenía más opción que dirigirse a la hemeroteca de la Biblioteca Nacional de la República Argentina y sumergirse en la consulta de los periódicos originales. Conviene entonces volver los pasos sobre esa primera publicación de 1936 para señalar sus desaciertos. 2.1.1) L A EDICIÓN DE 1936: A GUAFUERTES ESPAÑOLAS . 1 ª . P ARTE El 4 de diciembre de 1936, seis meses y cuatro días después del regreso de Arlt a Buenos Aires, se terminó de imprimir en los Talleres Gráficos Argentinos L. J. Rosso el volumen Aguafuertes españolas. 1ª Parte 90 . Se trata de la única edición en formato libro publicada en vida del autor. Es un volumen sencillo, de tapa blanda, sin solapas, de un tamaño medio (18 x 13 cm) y de unas 215 páginas. El volumen está dividido en tres partes obedeciendo a criterios geográficos: "Cádiz", conformada por cuatro capítulos; "Marruecos", con diez capítulos; y "Granada", con nueve capítulos. En total, veintitrés textos completan la edición. Con sólo leer las regiones aludidas se llega a una conclusión obvia, pero muy relevante: es una edición incompleta. Sólo contiene algunas de las crónicas que testimonian el viaje de Arlt por el sur de España, dos ciudades marroquíes y Gibraltar. No obstante, su periplo incluyó muchas otras regiones. En términos temporales, el libro presenta el recorrido del autor desde su 90 ARLT, Roberto. Aguafuertes españolas. 1ª parte. Buenos Aires: Talleres Gráficos Argentinos L. J. Rosso, 1936. 62 Si realmente se quisiera seguir un estricto criterio geográfico, comprobaríamos que el autor cometió importantes errores de localización, como cuando dentro de las "Aguafuertes madrileñas" incluyó todas las crónicas sobre Toledo y Segovia; o como cuando dentro de las "Aguafuertes españolas" integró una crónica que se dedica por completo a describir las características culturales y geográficas de Gibraltar. Como metodología para facilitar la compresión de la producción periodística de Arlt en España, en la mayor parte de este trabajo, cuando nos refiramos a las Aguafuertes españolas estaremos aludiendo en un sentido amplio a la totalidad de las doscientas veintidós crónicas. En el siguiente cuadro se puede ver una relación cronológica de cómo se distribuyó la producción total del Arlt en España: Nombre de la columna Número de crónicas Fechas(s) en la(s) que fue(ron) publicada(s) en El Mundo Aguafuertes porteñas 01 12/02/1935 Hasta la vista 01 13/02/1935 Aguafuertes de viaje 02 25/02/1935 - 27/02/1935 Aguafuertes españolas (Sobre Gran Canaria) 01 08/04/1935 Aguafuertes españolas (Sobre Andalucía) 58 09/04/1935 - 26/07/1935 Aguafuertes españolas (Sobre Gibraltar) 01 27/07/1935 Aguafuertes españolas (Sobre Andalucía) 01 29/07/1935 Aguafuertes africanas 14 30/07/1935 - 21/08/1935 Aguafuertes españolas (Sobre Andalucía) 20 22/08/1935 - 17/09/1935 Aguafuertes gallegas 27 19/09/1935 - 03/11/1935 Aguafuertes asturianas 08 05/11/1935 - 13/11/1935 Aguafuertes españolas (Sobre Santander) 02 15/11/1935 - 18/11/1935 Aguafuertes vascas 38 19/11/1935 - 16/01/1936 Aguafuertes españolas (Sobre Zaragoza) 05 17/01/1936 - 22/01/1936 Aguafuertes españolas (opinión sobre actualidad política) 01 24/01/1936 Aguafuertes madrileñas 09 26/01/1936 - 05/02/1936 Cartas de España 06 26/02/1936 - 02/03/1936 63 Aguafuertes madrileñas 17 07/03/1936 - 13/04/1936 Cartas de Madrid 03 15/04/1936 - 27/04/1936 Aguafuertes españolas (Sobre Madrid) 01 26/06/1936 Aguafuertes españolas (Sobre Barcelona) 02 30/06/1936 - 11/07/1936 Artículo periodístico (opinión sobre la situación española) 04 20/07/1936 - 03/08/1936 TOTAL 222 Sacamos de este cuadro algunas conclusiones. En al menos setentainueve aguafuertes se hace referencia a alguna región, provincia o pueblo de Andalucía. No obstante, si en la primera edición en libro de 1936 se suman los cuatro capítulos incluidos en el bloque “Cádiz” y los nueve de “Granada”, resultan un total de trece notas dedicadas a Andalucía. Ante estas cifras no se debe caer en el error de concluir que del total de aguafuertes andaluzas publicadas originalmente en El Mundo solo fueron incluidas trece notas en la primera edición en libro. Similar situación ocurre con las crónicas africanas. Es aquí donde se encuentra el principal trabajo editorial que nos interesa describir. Para el volumen de 1936 Arlt optó por fusionar varias crónicas que en un principio eran textos individuales, y convertirlas así en capítulos más amplios, aprovechando, por supuesto, la cercanía temática. También realizó la acción totalmente contraria, es decir, incluir en la edición en libro algunos textos que no fueron publicados previamente en el periódico. Uno de los ejemplos paradigmáticos de las fusiones es el capítulo dedicado a la Semana Santa sevillana. Se trata del texto con mayor número de páginas de la edición 101 . Aunque en el libro aparece como una sola crónica, en realidad es el resultado de la unión de ocho notas publicadas en días distintos. Para comprender la dimensión del trabajo editorial que ejecutó Arlt en esa primera edición salida de los talleres de Lorenzo 101 En la primera edición de 1936, la crónica "Semana Santa en Sevilla" comienza en la página 49 y concluye en la página 76. 64 Rosso, conviene diseccionar el índice del volumen y ver de qué está compuesto cada uno de los capítulos. A través de una comparación entre los originales publicados en El Mundo y el volumen de 1936, se puede obtener la siguiente suerte de "radiografía" textual: Edición de 1936: Aguafuertes españolas. 1ª Parte Cádiz  Llegada a Cádiz: fusiona las crónicas "Llegada a Cádiz" (09/04/1935); "La gloria del sol" (10/04/1935); "La alegría de vivir" (11/04/1935); "La Catedral del Cádiz" (12/04/1935).  De Cádiz a Barbate: fusiona las crónicas "De Cádiz a Barbate" (17/04/1935); "En busca de un patrón de barco" (18/04/1935); "Pesca de la sardina" (19/04/1935); "Mar afuera en una trainera" (20/04/1935); "Vida de los pescadores de Barbate" (21/04/1935).  Molinos de viento de Vejer: fusiona las crónicas "Molinos de viento de Vejer" (23/04/1935); "Vejer de la Frontera" (25/04/1935)  Semana Santa en Sevilla: fusiona las crónicas "Semana Santa en Sevilla (Primera parte)" (28/04/1935); "Qué son y cómo se organizan los ‘Pasos’ en la Semana Santa de Sevilla" (29/04/1935); "El esplendor de Arabia: la opulencia del Asia; tal la Semana Santa en Sevilla" (30/04/1935); "‘Pasos y cofradías’. Rivalidades. El anecdotario de la Semana Santa" (01/05/1935); "Pueblo y aristocracia en la Semana Santa de Sevilla" (02/05/1935); "El día de la mujer sevillana. Claveles y mantillas lucen en el Jueves Santo" (04/05/1935); "Jueves Santo, a las 10 de la noche, en la Catedral. Visiones medioevales" (08/05/1935); "Último día. El Jesús del Gran Poder. Saetas y lamentaciones" (12/05/1935). Marruecos  Tánger: fusiona las crónicas "El Tánger. Martirologio del turista. Plaga de guías. Persecución sistemática hasta el tercer día" 65 (31/07/1935); "El Zoco grande de Tánger. Mercaderes y campesinos. Uñas pintadas y tatuajes. ‘Flirt’ sin trascendencia" (01/08/1935).  El narrador de cuentos: contiene sólo la crónica "El narrador de cuentos. Abuso de ingenuos y piadosos. Precursores del teatro" (03/08/1935).  El trabajo de los niños y las mujeres: contiene sólo la crónica del mismo nombre "El trabajo de los niños y las mujeres" (05/08/1935)  La Danza voluptuosa: sólo aparece en las ediciones en libro; no se corresponde con ninguna aguafuerte originalmente publicada en El Mundo.  El mercader oriental y "Las mil una noches": sólo aparece en las ediciones en libro; no se corresponde con ninguna aguafuerte originalmente publicada en El Mundo.  Casamiento morisco: sólo aparece en las ediciones en libro; no se corresponde con ninguna aguafuerte originalmente publicada en El Mundo.  Noviazgo moro en Marruecos: fusiona las crónicas "Noviazgo moro en Marruecos en el año 1935" (06/05/1935); "Esclavitud del matrimonio. Deseo y terror de la civilización europea" (08/08/1935).  La vida campesina en la ficción y en la realidad: contiene sólo la crónica "La vida campesina en la ficción y en la realidad. Las mujeres, bestias de carga. Treinta kilos por 50 kilómetros" (12/08/1935).  Tetuán, ciudad de doble personalidad: fusiona las crónicas "Tetuán, ciudad de doble personalidad. Me interno en el Barrio Moro. Reminiscencias cinematográficas" (13/08/1935); "El arrabal moruno. Mis amigos los tenderos. Saludos, genuflexiones y parásitos. Un refugio de paz y tranquilidad" (18/08/1935). 66  Salida de Tetuán: sólo contiene la crónica "Salida de Tetuán. Hay que irse o enredarse. Rjmo, la de los ojos de miedo. La tristeza de la partida" (21/08/1935). Granada  Trogloditas en Granada: sólo contiene la crónica "Trogloditas en Granada. Reminiscencias de ‘El amor brujo’. Visita de cortesía a las casas caverna. Una silla y agua fresca" (28/08/1935).  La Alhambra y el público: sólo aparece en las ediciones en libro; no se corresponde con ninguna aguafuerte originalmente publicada en El Mundo.  El amor propio en la Alhambra: sólo aparece en las ediciones en libro; no se corresponde con ninguna aguafuerte originalmente publicada en El Mundo.  La Alcazaba: sólo aparece en las ediciones en libro; no se corresponde con ninguna aguafuerte originalmente publicada en El Mundo.  Gitanas del Sacro Monte. Pura escenografía para encandilar a los turistas. Lo falso y lo verdadero: sólo contiene la crónica del mismo nombre "Gitanas del Sacro Monte. Pura escenografía para encandilar a los turistas. Lo falso y lo verdadero" (05/09/1935).  Con los gitanos de Sacro Monte: fusiona las crónicas "Con los gitanos del Sacro Monte (10/09/1935); "Vida de los gitanos del Sacro Monte" (11/09/1935).  Diálogo extraordinario con Lola la Chata: fusiona las crónicas "Diálogo extraordinario con Lola la Chata (12/09/1935), "La cueva de la gitana rica" (14/09/1935); "Historia de ‘La Chata’. La gitana analfabeta lee y hace cuentas. Se va a casar con un noble alemán arruinado" (16/09/1935); "Sensibilidad gitana" (17/09/1935).  Lluvia de mendigos: sólo contiene la crónica "Lluvia de mendigos. Los hay de toda categoría. La ‘manga’ no es palabra porteña. ¿Hay quiénes comen yuyos?" (06/09/1935). 67  Psicología de la masa española: sólo contiene la crónica "Psicología de la masa española" (07/09/1935) El primer dato de interés que podemos sacar de esta deconstrucción es conocer el número exacto de crónicas publicadas en El Mundo que finalmente se llevaron al libro. De las setentainueve aguafuertes sobre Andalucía aparecidas en el periódico, sólo fueron incluidas veintinueve. Asimismo, de las catorce aguafuertes africanas inicialmente aparecidas en El Mundo, diez se traspasaron al volumen de 1936. Por otra parte, Arlt incluyó en el libro tres notas adicionales sobre Marruecos y otras tres crónicas sobre la Alhambra de Granada que no se encontraban entre los textos publicados en El Mundo. Los listados confirman, incluso con datos numéricos, un punto sobre el cual ya hemos insistido antes: la edición salida de la imprenta de Lorenzo Rosso sólo representa una pequeña parte, una perspectiva parcial, de la travesía total de Arlt por la Península Ibérica y el norte de África. También una primera mirada da cuenta de una imprecisión. El autor incluye la crónica sobre la Semana Santa de Sevilla dentro del bloque "Cádiz". Se trata de un error semejante al ya comentado de agrupar las crónicas sobre Toledo y Segovia dentro de las Aguafuertes madrileñas. Resulta curioso además como en la edición en libro las Aguafuertes africanas se ubican bajo el más específico título de "Marruecos". Las razones por las cuales en unas ocasiones opta por un título más regional y en otras más local; o los motivos por los que incluye unas crónicas en el libro y muchas otras las deja fuera, parecen responder más a la improvisación que a una lógica clara y determinada; o quizás también a la inmediatez inherente a la industria del Periodismo. 68 2.1.3) L AS COSTURAS DE UNA EDICIÓN Todo indica que con el volumen de 1936 el objetivo de Arlt fue fusionar en capítulos una serie de crónicas que habían aparecido de forma independiente en El Mundo, de tal manera que fluyera por ellas una continuidad como partes de un todo. Como si se tratara de un trabajo de moda, Arlt se vio en la necesidad de "coser" en un mismo trozo aquellas aguafuertes que, aunque se hubieran publicado en días distintos, tenían en su argumento similitudes o trataban matices de un mismo tema. Pero no las cose de forma íntegra, sino escogiendo los retales más "literarios", por decirlo de alguna manera. Dentro de esas aguafuertes de ambiente andaluz o marroquí resulta fácil distinguir grandes bloques temáticos, como por ejemplo: la precaria situación de los trabajadores (obreros y pescadores) tanto en Cádiz capital como en los pueblos de la provincia, la Semana Santa de Sevilla, la insalubridad de los arrabales de Tánger y Tetuán, la explotación física y la discriminación de la mujer y los niños en la sociedad marroquí de la época, el Sacromonte de Granada y la población de etnia gitana que allí vivía, y el complejo de La Alhambra, entre otros. La principal herramienta de edición que utilizó Arlt fue la omisión y adición de texto. Es decir, suprimió aquellos fragmentos de las aguafuertes originales publicadas en El Mundo que no encajaban con el nuevo proyecto editorial del libro de viajes, y agregó otros que sirvieron para profundizar una suerte de “desvío” estético más cercano a lo poético, como lo definiría Jakobson en su ya clásica teoría de las funciones del lenguaje 102 . En la mayoría de los casos estudiados eliminó los primeros o los últimos párrafos de las aguafuertes originales y, a veces, colocó en su lugar nuevos fragmentos que facilitaban la conexión entre las 102 SÁNCHEZ, Miguel Angel González. Notas sobre la investigación del subcódigo literario. Revista española de lingüística, 1974, vol. 4, no 2, p. 433-440. 69 crónicas fusionadas. Este método se puede observar desde los primeros capítulos que conforman el volumen. Por ejemplo, en el ejemplar de El Mundo del 9 de abril de 1935 se publica la nota "Llegada a Cádiz", cuyos primeros dos párrafos apuntan lo siguiente: ¿Cuál es la España que interesa en la Argentina? ¿Aquella que de soslayo conoce el turista relámpago, o esta otra, la actual, la que españoles emigrados no pueden visitar hace muchos años? Formulo semejante pregunta, convencido de que si me ocupo exclusivamente de la España artística y monumental, no tardaré en aburrir a mis lectores y hacerles exclamar: "¡Hombre, ese tío ha ido allá y no ve más lejos de sus narices" 103 . Cuando cotejamos con la edición en libro de 1936 comprobamos que a esta crónica, fusionada con otras tres bajo el título homónimo de "Llegada a Cádiz", se le han eliminado esos dos primeros párrafos citados y el subtítulo. Conviene añadir aquí que todos los subtítulos que contenían las crónicas originales fueron eliminados cuando pasaron a la edición en libro. Las razones por las cuales Arlt elimina estas líneas podrían estar fundamentadas en el recurso retórico y gramático de la elipsis, es decir, la supresión, por limpieza y economía del lenguaje, de aquellas partes que resultan irrelevantes, redundantes o que quedaban sobreentendidas en el resto del texto. Claro que la lógica de lo calificado como relevante depende mucho de la intencionalidad del editor. En este particular caso sospechamos que lo que lleva a Arlt a prescindir de estas líneas, además de su carácter retórico, es la impronta coloquial que le imprimen al texto, y que lo coloca en un ámbito más cercano a la lengua estándar, o a ese uso de la lengua a medio camino entre lo referencial y apelativo que es propio del periodismo de opinión. Es decir, sospechamos que cuando Arlt unifica, corrige e incluso reescribe las aguafuertes para que parezcan capítulos de una narración literaria de largo aliento, le interesa borrar 103 ARLT, Roberto. “Llegada a Cádiz”. El Mundo, Buenos Aires, 9 de abril de 1935. 70 todas aquellas marcas que puedan hacer intuir al lector que esas páginas fueron anteriormente artículos separados que se publicaron en un periódico para ser leídos y entendidos en un tiempo presente, y en el contexto de la inmediatez y caducidad que caracterizan al mensaje periodístico. En este sentido, resulta esclarecedor el apunte que hace Manuel Bernal Rodríguez en su estudio sobre la crónica periodística: Otro rasgo destacable de las crónicas de corresponsales de guerra y enviados especiales es su fácil tendencia a la literarización. Esto se explica, en parte, como prolongación de una práctica heredada de épocas anteriores, en las que la información internacional y las misiones de enviado especial solían recaer en periodistas que eran escritores de reconocido talento; y además como efecto de la costumbre, también heredada de los cronistas de viajes, de reunir en forma de libro las crónicas de enviados especiales, después de que hubieran aparecido publicadas en los diarios 104 . A los efectos de que las crónicas se transformaran en capítulos de una narración literaria, resultaba indispensable dotarlas de universalidad, trascendencia y también cierto "refinamiento". Frases tan coloquiales como "¡Hombre, ese tío ha ido allá y no ve más lejos de sus narices" son sin duda más propias de la cercanía, interés e inteligibilidad que caracterizan a la lengua de ese tipo de artículos que, sin ser propiamente informativos, suelen aparecer en los periódicos desde incluso antes de su conversión en industria, y que obedecen a lo que Martínez Albertos, parafraseando a Dovifat, define como estilo "ameno" o folletinista 105 . Por lo tanto, se entiende que 104 BERNAL RODRÍGUEZ, Manuel. La crónica periodística. Tres aproximaciones a su estudio. Sevilla: Padilla Libros Editores & Libreros, 1997, p. 56. 105 Explica Martínez Alberto, citando a Dovifat: "‘[...] por la necesidad que tiene el periódico de atraer al lector con una lectura cautivadora, ha creado una serie de formas que son, incluso desde el punto de vista del estilo, típicamente periodísticas y —como la sección cultural y su estilo— se hallan a mitad de camino entre la literatura y el periodismo’. Cita los cuentos, las novelas cortas y los relatos novelescos por entregas como las modalidades más características de este estilo ameno, cuyo lugar se encuentra en la sección de amenidades del periódico. Y concluye con la siguiente afirmación: ‘La naturaleza del periódico y su postura política conduce también a que la sección de amenidades le sirva con frecuencia 71 Arlt, quizás incluso de forma instintiva, eliminara determinadas elocuciones menos "estéticas". Omisiones o elipsis de este tipo atraviesan completamente la edición de 1936. El caso contrario, una añadidura, ocurre, por ejemplo, en la aguafuerte "La gloria del sol", publicada originalmente el 10 de abril de 1935, y que en el periódico finaliza con el siguiente párrafo: Y ahora también se explicarán ustedes por qué el andaluz, cuando se refiere a este éxtasis que provoca la luz en el habitante de la ciudad morisca, lo nombra con estas pocas y doradas palabras: "La gloria der zó [sic]" 106 . No obstante, cuando se revisa la edición en libro se puede constatar que justo después del final se ha añadido la frase "‘Gloria der zó’ que está ausente [sic]" 107 , que no se encontraba en el artículo original. La frase nueva busca enfatizar la idea de que el sol es un bien preciado y escaso en determinadas calles moriscas del Cádiz de la época. A nuestro criterio se trata de un agregado irrelevante, caprichoso quizás, ya que no aporta información nueva. No obstante, desde una mirada literaria, contribuye a cierto "embellecimiento" del relato, ya que introduce una voz diferente. Se trata de una voz local que es claramente distinta a la del cronista, y representa por lo tanto un recurso de la imaginación literaria que rompe con la univocidad, e incluso claridad, que se espera en todo discurso informativo. Laura Juárez ha señalado que en las columnas que escribió Arlt en El Mundo cuando regresó a Argentina luego del viaje a España, tituladas “Tiempos presentes” y “Al margen del cable”, y dedicadas básicamente a la información internacional, el autor experimentó una suerte de “desvío” estético, sobre todo si se comparan estas crónicas para expresar su punto de vista político y filosófico, cuando menos parcialmente [...]’". 106 ARLT, Roberto. “La gloria del sol”. El Mundo, Buenos Aires, 10 de abril de 1935. 107 ARLT, Roberto. Aguafuertes españolas. 1ª parte, op. cit., p. 17. 78 En la aguafuerte "El trabajo de los niños y las mujeres" el autor lleva a cabo, además de las antes señaladas, otra omisión pequeña, pero bastante significativa. En un punto de la narración se escandaliza por el hecho de que los niños de muy corta edad realizaran trabajos físicos en aquel Marruecos. Como pretende que no quepa sospecha de su fiabilidad y veracidad de reportero, agrega en el artículo original la siguiente advertencia: "y para que ustedes no duden les remito fotografías" 124 . Por supuesto, esta frase es eliminada en el edición en libro de 1936, por razones obvias: en primer lugar, el volumen no contiene fotografías; y por otra parte, la idea de sumar en un mismo material un texto y una imagen, es decir, una "pluralidad de códigos", como diría Martínez Albertos, remite al relato propio de los medios de comunicación. Otra omisión de interés es la que se realiza en un punto de la aguafuerte "Gitanas del Sacro Monte. Pura escenografía para encandilar a los turistas. Lo falso y lo verdadero". En el traspaso del texto original a la edición en libro se elimina el siguiente trozo de la conversación que mantiene Arlt con algunas de las gitanas y los guardias que custodian a los turistas que visitan el Sacromonte de Granada: […] Yo, no es por decir, pero bailan que camelan. —No me haga la mercadería, agente. He visto bailar a la Mercé— dirigiéndome a las mozas embadurnadas, que en revuelo de pavos reales, me bloquean con sus mantones. —¿Pueden bailar ustedes mejor que la Mercé? Las gitanas se callan; luego vuelven a la carga. —Retrátenos, señorito. Las retrato […] 125 . 124 Arlt, Roberto "El trabajo de los niños y las mujeres", op. cit. 125 ARLT, Roberto. ”Gitanas del Sacro Monte. Pura escenografía para encandilar a los turistas”. El Mundo, Buenos Sires, 5 de septiembre de 1935. 79 Una lectura de los fragmentos eliminados da cuenta de algunas coincidencias destacables. En primer lugar, en varios de ellos se puede percibir lo que gramaticalmente podríamos llamar un "marcado tiempo presente". Arlt se refiere a hechos, situaciones o acciones que se han realizado u ocurrido en su particular y específica actualidad, es decir, los días de 1935 en los cuales vivió en Andalucía. Esa condición de "actualidad" es una de las características de obligado cumplimiento para que un hecho sea considerado noticioso y, por lo tanto, uno de los atributos fundamentales del lenguaje periodístico. María Jesús Casals Carro propone la siguiente definición de actualidad: "una relación tridimensional: realidad/espacio/tiempo: lo que acaba de ocurrir, lo que acaba de saberse respecto a un aspecto de un pasado, lo que es predecible en un futuro" 126 . Por su parte, Martínez Albertos, referencia académica en el lenguaje de los medios, plantea que "lo normal es que las noticias versen sobre hechos que son nuevos precisamente porque son actuales, porque se están produciendo casi en el mismo momento en que se transmiten […]" 127 . Podríamos apuntar más referencias que relacionan al lenguaje periodístico con la noción de actualidad, como por ejemplo el concepto de noticia de Lorenzo Gomis, que la define como "imagen del presente social" 128 ; o el concepto de noticia de Ángel Benito, que la describe como "aquel tipo peculiar de mensaje que da a conocer hechos actuales, interesantes y comunicables" 129 . No obstante, más que un compendio de citas, nos interesa armar la relación de todas ellas con el criterio de edición que utilizó Arlt. Diferentes "marcas" gramaticales parecieran confirmar que la opción del escritor fue embellecer el volumen de 1936 y limpiarlo de aquellos fragmentos 126 CASALS CARRO, María Jesús. Periodismo y sentido de la realidad. Teoría y análisis de la narrativa periodística. Madrid: Fragua, p. 194. 127 MARTÍNEZ ALBERTOS, José Luis. Curso general de Redacción periodística, Madrid: Paraninfo, 1993, p. 50. 128 Lorenzo Gomis citado por: MARTINI, Stella. Periodismo, noticia y noticiabilidad. Bogotá: Norma, 2000, p. 32. 129 BENITO, Ángel. Diccionario de Periodismo. Madrid: Acento, 2001, p. 107. 80 claramente escritos en una clave actual y coloquial más cercana al estilo de una columna periodística. Conviene entonces desentrañar algunas de esas marcas gramaticales más significativas para comprender el trabajo editorial de Arlt. Martínez Albertos propone unas "normas prácticas que debe tener en cuenta el periodista en su trabajo profesional"; y resulta pertinente citar al menos una de ellas, ya que calza perfectamente con la reflexión que hemos venido esbozando sobre la edición de las Aguafuertes españolas en el volumen de 1936: Los verbos deben usarse, siempre que sea posible, en la forma activa. El tiempo presente de los verbos es muy útil para dar vigor y sensación de actualidad a las narraciones. Pero es preciso cuidar que en un párrafo desarrollado en tiempo presente no se filtren, respecto a la misma acción, giros verbales de tiempo pretérito " 130 . Siguiendo la advertencia del teórico, comprobamos al revisar los fragmentos eliminados que en ninguno de ellos se emplea la voz pasiva: "me permito aconsejar", "todas las cofradías desfilan", "los borricos husmean", "preparo urgentemente estas notas", "acepto que es dificultoso", entre otras. Todas ellas son oraciones claras, unívocas, donde un sujeto específico es el responsable de una determinada acción y, por supuesto, todas ellas se construyen con verbos regulares conjugados en el presente del indicativo. Asimismo, otras marcas, algunas gramaticales y otras históricas, enfatizan el espíritu de actualidad de las líneas omitidas de las crónicas originales al momento de su transcripción al volumen de 1936. Es el caso del uso de adverbios de tiempo como "ahora" 131 u "hoy" 132 . Pero existen además algunas construcciones que merecen 130 Martínez Albertos, José Luis: Curso general de Redacción periodística, op. cit. p. 229 131 "[...] ahora, en serio, y en la soledad del cuarto donde preparo urgentemente estas notas [...]", suprimido de la aguafuerte "Semana Santa en Sevilla (primera parte)". 132 "hoy jueves por la tarde [...]", suprimido de la aguafuerte "Jueves Santo, a las 10 de la noche, en la Catedral. Visiones medioevales"; y "hoy pensaba en las 81 una lectura con detenimiento, como por ejemplo la oración: "[…] en estos mismos momentos, mientras escribo las líneas que ustedes leen […]", que pertenece a la versión original de la aguafuerte "La alegría de vivir". Cada una de las palabras por separado no sugieren un significado de actualidad; no obstante, en su combinación sintáctica ofrece una imagen de inmediatez e incluso de instantaneidad. Arlt logra con esta construcción transportarnos como lectores a su tiempo presente, al momento justo en el cual golpea las teclas de la máquina de escribir en su cuarto de pensión para redactar su crónica. Similar situación ocurre con la oración "A las diez de la noche ha comenzado a cantarse allí el Miserere (...)", extraída de la aguafuerte "Jueves Santo, a las 10 de la noche, en la Catedral. Visiones medioevales". La colocación del lector en un tiempo específico se lleva a cabo gracias a la aportación de un dato fáctico, la hora justa en la que ha ocurrido el hecho. Bien es cierto que el verbo de la frase está conjugado en pretérito perfecto compuesto; no obstante, sabemos que en español esta forma del verbo suele asociarse a hechos del pasado inmediato que prolongan su influencia hasta el presente. Cuando nos referimos a marcas históricas que aluden al momento actual del autor y que se podrían interpretar como sintomáticas de un "estilo periodístico", hacemos alusión a esos datos, hechos o personajes que menciona Arlt en sus textos y que temporalmente corresponden a un momento específico de su época. En el caso de los fragmentos que fueron suprimidos de las crónicas originales y que hemos citado anteriormente, sin duda el que mejor se corresponde con esta caracterización es el que hace mención a "la Mercé", en la aguafuerte "Gitanas del sacro Monte". Arlt recrimina, incluso con cierto desprecio, a las gitanas que insisten en cobrarle por distintas versiones cinematográficas de Marruecos", suprimido de la aguafuerte "El trabajo de los niños y las mujeres". 82 ofrecerle un espectáculo de baile, que no tienen derecho a tal pretensión porque seguramente no cuentan con la misma calidad artística que la Mercé, a quien él ha visto bailar en Buenos Aires. Un lector no familiarizado con la historia de la danza española se pierde en este punto y necesita acudir a la bibliografía. De la mano de un texto de la ya fallecida bailarina, bailaora y maestra de clásico español, Trini Borrull, descubrimos quién fue la Mercé: Resulta imposible hablar de danza española sin citar el nombre de la genial Antonia Mercé. Fue la gran renovadora del baile español, no obstante que siempre se interesó por investigar las genuinas raíces de la danza española. Mucho se ha escrito sobre el arte de esta gran bailarina en tono panegírico, laudatorio y poético por los más destacados críticos y escritores universales, especializados en danza. Es curioso observar que en sus artículos escasea el análisis crítico de lo estrictamente dancístico y técnico. […] Sus grandes conocimientos técnicos desaparecían durante sus actuaciones, no obstante hallarse presentes. Sabía bien que la técnica es fundamental pero no el único elemento de la danza. Me considero privilegiada. Tuve la suerte de verla bailar. Fue una sola vez, en 1934, en el Teatro Barcelona de la capital catalana. […] Al finalizar la actuación me hallaba tan impresionada que despertó en mi una vocación. Antonia Mercé nació el 4 de septiembre de 1890. Hija de Manuel Mercé, vallisoletano, profesor y coreógrafo del Teatro Real de Madrid, y de Josefa Luque, de Córdoba. Antonia nació durante una gira artística de sus padres por la República Argentina y de allí su apodo, La Argentina. A los cuatro años comenzó a recibir lecciones de música y un año después ingresó en la escuela de Danza del Real Conservatorio, bajo la dirección de su padre como maestro. A los once años ya formaba parte del cuerpo de baile. A los doce llevaba clases en el Conservatorio de música pues su padre quería que estudiase canto, ya que tenía una gran voz. Antonia Mercé no estaba muy conforme y puso condiciones: cantaría pero también bailaría. A la muerte de su padre, Antonia dejó el Conservatorio y se entregó por completo a su verdadera vocación, la danza. Su tiempo fue el de las variedades, que han existido hasta el año 37. En aquel tiempo las bailarinas tenían que cantar y bailar y Antonia Mercé tuvo que acceder a esta modalidad 133 . 133 BORRULL, Trini. Antonia Mercé: La Argentina en mi memoria. Revista de la Universidad de México, 1997, nº 10608, pp. 80-82. 83 La cita es larga, pero resulta fundamental para comprender la popularidad de Antonia Mercé antes y durante los años en los cuales Arlt escribió sus crónicas españolas. En su estudio sobre la obra del escultor Josep Clará (1878-1958), Juana Mª Gil López también ofrece una opinión similar sobre el reconocimiento público de la bailarina, que se convirtió en una de las musas del escultor, desde finales de los años 20 del pasado siglo. "[…] fue considerada como la primera intérprete de la danza española. […] El escultor catalán encuentra, ya, a una bailarina en la cumbre de su carrera" 134 . Salvando las distancias, mencionar a "La Argentina" en una nota periodística de aquella época sería medianamente equivalente a una crónica que hoy en día hiciera referencia a alguna bailarina, actriz, cantante u otro personaje del mundo del espectáculo que, a pesar de tener un estilo depurado y una formación clásica y académica, no fuera conocida sólo por los entendidos, sino también por el gran público. Se entiende cómo esta mención de la Mercé aporta contextualmente a la crónica una temporalidad presente. Comprendemos entonces que Arlt elimina este fragmento porque, incluso instintivamente, lo percibió como excesivamente actual y anecdótico; y por lo tanto le restaba trascendencia a la edición en libro, como relato literario que no conviene constreñir a una temporalidad circunstancial y de rápida caducidad. Esta argumentación se podría desmontar por el hecho de que en otro fragmento de una crónica, que sí es transferido al libro, se hace alusión a La Mercé. No obstante, se trata de una mención muy breve en comparación con la que fue eliminada. También podríamos pensar que esa fue otra motivación que llevó a Arlt a operar la elipsis: si ya la bailarina había sido aludida, no tenía sentido, por simple economía del lenguaje, volverla a traer a colación. 134 GIL LÓPEZ, Juana Mª. La danza en la obra de José Clará. La Argentina. Liño, 1985, vol. 5, no 5. p. 138. 84 Con una segunda lectura de los fragmentos eliminados se pueden señalar otros párrafos que no cumplen exactamente con las características del lenguaje periodístico. Es el caso, por ejemplo, del extracto donde describe a los personajes y situaciones que rodean a los molinos de viento de Vejer de la Frontera. Son textos con un registro cercano al leguaje literario, por el uso de recursos como la metáfora, el símil o una abundancia de adjetivos y vocablos propios de la lengua culta. Se plantea entonces una contradicción. Si buena parte de las elipsis que hemos comentado parecieran indicar que la intención de Arlt fue limpiar el texto de elementos claramente periodísticos para así darle un empaque más literario al libro, ¿por qué suprimió entonces esos otros fragmentos que precisamente podrían haberlo ayudado en esta empresa estética? La respuesta ensaya dos vías. En primer lugar, podríamos decir que esta contradicción responde a ese carácter, o más bien estigma, de autor improvisado, impulsivo, instintivo e incluso descuidado que ha irradiado siempre la crítica sobre la obra y vida de Arlt; y como ejemplo bien puede servir el siguiente testimonio de primera mano del escritor y periodista argentino Alberto Pineta (1906 – 1971): En literatura, se ha dicho que el hombre es el estilo. No sin antes perdonarnos en cuanto a lo de estilo, podemos afirmar que en esto Roberto Arlt portaba el cetro. Porque él y su obra eran todo uno. Su prosa, su novelística entera, poseen una fuerza extraordinaria de lo ingenuo y primitivo. Porque Arlt es el escritor más ingenuo y primitivo de todos cuantos hayan existido en literatura alguna del mundo. Marcha a través de las páginas como un carro con llantas de hierro sobre el empedrado desigual de una calle de provincia. Crispa los nervios y es indispensable tener muy buena voluntad de lector para seguirlo hasta el final y llegar a comprender que es, realmente, un novelista de raza, un escritor instintivo sin belleza en el tema y en la prosa, un diamante en bruto que no encontró ni encontraría jamás, aunque hubiera vivido cien años, el buril que lo tallara 135 . 135 PINETA, Alberto. Verde memoria. Tres décadas de Literatura y Periodismo en una autobiografía. Los grupos de Boedo y Florida. Buenos Aires: Ediciones Antonio Zamora, 1962, p. 149. 85 Siguiendo esta reflexión, podríamos sentenciar que al igual que con el resto de su trabajo, Arlt no siguió un esquema premeditado y concienzudo en la edición de las Aguafuertes españolas, sino que fue quitando y agregando líneas de forma intuitiva, antojadiza quizás, obedeciendo sólo a un impulso y gusto interior. Esta opción, como ya se comentó anteriormente, también nos serviría para justificar otras decisiones editoriales de difícil explicación, como por ejemplo el cambio de nombre que a lo largo de su estancia en España fue sufriendo su columna. No obstante, a la luz de nuevas disquisiciones sobre la obra de Arlt, como la que plantea Ricardo Piglia en su novela Respiración artificial (1980) o en sus volúmenes de ensayo Crítica y ficción (1986) y Formas Breves (1999), resulta reduccionista pretender interpretar y entender toda la producción de Arlt sólo a través del filtro de su presunta pobre cultura y formación. […] para nosotros, se arrepiente ahora Borges, escribir bien quería decir escribir como Lugones. El estilo de Lugones se construye arduamente y con el diccionario, ha dicho también Borges. Es un estilo dedicado a borrar cualquier rastro del impacto, o mejor, de la mezcolanza que la inmigración produjo en la lengua nacional. Porque ese buen estilo le tiene horror a la mezcla. Arlt, está claro, trabaja en un sentido absolutamente opuesto. Por de pronto maneja lo que queda y se sedimenta en el lenguaje, trabaja con lo que realmente es una lengua nacional. No entiende el lenguaje como una unidad, como algo coherente y liso, sino como un conglomerado, una marea de jergas y de voces. Para Arlt la lengua nacional es el lugar donde conviven y se enfrentan distintos lenguajes, con sus registros y sus tonos. Y ése es el material sobre el cual construye su estilo. […] El estilo de Arlt es una masa en ebullición, una superficie contradictoria, donde no hay copia del habla, transcripción cruda de lo oral 136 . Aún admitiendo cierta dosis de improvisación, aparece una segunda forma de interpretar la aparente contradicción en el uso y selección de lenguajes: la escritura híbrida que sugiere Piglia. En otras palabras, si leemos con atención todas las Aguafuertes 136 PIGLIA, Ricardo. Respiración artificial. Barcelona: Anagrama, 2010, pp. 136-137. 86 españolas, tanto las que aparecieron originalmente publicadas en El Mundo como las que se editaron para conformar el volumen de 1936, no encontraremos en ellas ni un lenguaje exclusivamente periodístico ni literario. Incluso si acudimos al estructuralismo más clásico y sus funciones del lenguaje, vemos que para el propio Jakobson "es raro que una función aparezca en estado puro; un mismo mensaje puede asumir varias de estas funciones. Lo que cuenta no es la función única, sino la que predomina en el mensaje" 137 . En un momento dado Arlt pudo haber pretendido que en la edición en libro de sus Aguafuertes españolas predominara un lenguaje más estético y literario, pero evidentemente no pudo borrar la hibridación que penetraba hasta el tuétano de su escritura, porque al fin y al cabo las notas habían sido creadas como textos para ser publicados en un periódico, y en sus códigos estaban incrustados los “genes” de lo actual, lo inmediato, lo cercano y hasta lo coloquial. A DICIONES Como venimos advirtiendo, el principal trabajo de edición que se realizó en la publicación de las Aguafuertes españolas como libro consistió en la eliminación de algunas líneas o párrafos de las crónicas originales publicadas en El Mundo y la adición de nuevos fragmentos. Los textos añadidos tienen diferentes grados de importancia. Algunos de ellos son simples conectores, adverbios, conjunciones, locuciones conjuntivas o adverbiales que ayudaron a unir en un mismo capítulo dos aguafuertes que se habían publicado separadamente; razón por la cual nos hemos referido a estos fragmentos como "bisagras". 137 CASALS CARRO, María Jesús: Periodismo y sentido de la realidad. Teoría y análisis de la narrativa periodística, op. cit. p. 82. 87 Un buen ejemplo es el párrafo que Arlt añade en el libro de 1936 entre las aguafuertes "Mar afuera en una trainera" 138 y "Vida de los pescadores de Barbate" 139 . Sabemos que este párrafo es una añadidura redactada para el libro porque en las crónicas originales en El Mundo no aparece ni al final de la primera, ni al comienzo de la segunda: Mientras él habla pienso que es necesario hablar de la brutalísima vida de estos hombres de la mar. Sólo otros hombres trabajan más ferozmente arriesgados que estos: los mineros. Pero mineros, campesinos y pescadores son la gloria proletaria de España, la violencia inextinguible que no puede ahogar el homicida fusil de la guardia civil . 140 Haciendo una lectura fina encontramos que este párrafo, además de servir como transición entre dos crónicas y reflejar una posición política del autor: su sensibilidad frente a las masas proletarias oprimidas, también delata, por un dato histórico y cronológico, la mano del autor como editor de su propia obra. Vemos que en este párrafo Arlt compara y pone en un mismo nivel de esfuerzo y riesgo a dos gremios, los pescadores de Barbate y los mineros asturianos. No obstante, cronológicamente sabemos que Arlt no tuvo contacto con la realidad de la mina asturiana hasta aproximadamente noviembre de 1935, como parte de su recorrido por el norte de España, es decir, unos siete meses después de su paso por Barbate y otras poblaciones de Cádiz. Aunque no tengamos plena certeza, ya que obviamente no estuvimos allí para ver a Arlt en su trabajo editorial, ni hemos encontrado algún documento que así lo certifique, los indicios nos llevan a pensar que este párrafo lo añadió muchos meses después de su paso por Cádiz o Asturias, quizás cuando ya estaba en Buenos 138 ARLT, Roberto. “Mar afuera en una trainera”. El Mundo, Buenos Aires, 20 de abril de 1935. 139 ARLT, Roberto. “Vida de los pescadores de Barbate”. El Mundo, Buenos Aires, 21 de abril de 1935. 140 ARLT, Roberto. Aguafuertes españolas. 1ª parte, op. cit. p. 36. 94 los fragmentos añadidos es el que mejor representa un código claramente literario, ya que introduce, pasando prácticamente desapercibido, uno de los relatos del "narrador de cuentos", el protagonista de su crónica. En otras palabras, en medio de un discurso referencial, argumentativo y apelativo, es decir, un lenguaje más cercano a una crónica o artículo de opinión, logra engarzar con una fina transición uno de los géneros narrativos por excelencia, el cuento; género, por cierto, muy prolífico en la historia de la literatura hispanoamericana. La introducción de este fragmento, que incorpora al texto una voz distinta a la de Arlt como narrador, confirma como ningún otro el proyecto sospechado del autor de dotar a la edición de un empaque más literario. Arlt lleva a cabo una intervención similar en otra de las aguafuertes sobre Marruecos. Introduce un texto de considerable tamaño, que en la edición de 1936 corresponde a ocho páginas del libro, donde enriquece la narración exponiendo sus reflexiones sobre la arquitectura y cultura del arrabal moruno. Como describimos anteriormente cuando analizamos el índice del libro, Arlt fusionó en un mismo capítulo titulado "Tetuán, ciudad de doble personalidad" dos crónicas que previamente habían sido publicadas en El Mundo de forma independiente: "Tetuán, ciudad de doble personalidad. Me interno en el Barrio Moro. Reminiscencias cinematográficas" 153 y "El arrabal moruno. Mis amigos los tenderos. Saludos, genuflexiones y parásitos. Un refugio de paz y tranquilidad" 154 . Pero justo al final de esta segunda crónica es cuando introduce el nuevo texto donde se explaya a gusto en detalles. Resultaría largo citar el fragmento 153 ARLT, Roberto. “Tetuán, ciudad de doble personalidad. Me interno en el Barrio Moro. Reminiscencias cinematográficas”. El Mundo, Buenos Aires, 13 de agosto de 1935. 154 ARLT, Roberto. “El arrabal moruno. Mis amigos los tenderos. Saludos, genuflexiones y parásitos. Un refugio de paz y tranquilidad”. El Mundo, Buenos Aires, 18 de agosto de 1935. 95 completo, por lo que hemos seleccionado alguno de los trozos a nuestro criterio más significativos: Tal es la ciudad árabe antigua. Tan oscura que parece subterránea. Un aliento húmedo sopla en su subsuelo, un frío de nevera. Los muros, toscamente revocados de argamasa, están enjalbegados de celeste. Abriendo los brazos se tocan la paredes fronteras. Se tropieza con pasadizos tan estrechos que al vérseles se les confunde con zaguanes, pero como están techados, uno entra. […] En este laberinto de pasadizos ignoro si marcho hacia el sur o el oeste. Algunos han sido tan bajamente techados que es menester inclinarse como en el interior de una cueva para avanzar. […] La vivienda cavernaria tiene una ventanita pequeña protegida de barras de hierro anudadas en las juntas como serpientes. […] Se tiene la impresión de vagar en una ciudad lunar. Los seres humanos desaparecen en recodos inesperados; las mujeres con la línea de los ojos libre de la envoltura blanca, asoman un instante y desaparecen lanzando cristalinas carcajadas […]. En una cueva subterránea, un dulcero ensarta en verdes sogas vegetales, pastas compactas y marrones; las fuentes de arcilla negrean de enjambres de abejas que liban las confituras espolvoreadas de canela. Las abejas se posan en mis manos, en mi rostro y no me pican, y el dulcero, de piernas desnudas, me dice: —Moro muy aficionado a la abeja; pero haber pocas flores y ellas venir aquí. El suelo de piedra puntiaguda resbala de grasa bajo los pies, el sol se filtra a través de los pámpanos, de las higueras que crecen en los terrados y en lo alto de las escaleras de piedra sin pasamano; y la paz, esa paz del saludo musulmán, la paz ritual que el creyente le desea a su prójimo, está en mi corazón 155 . Nos interesa hacer notar que el fragmento confirma una vez más la intención de Arlt de cuidar y pulir el material que formó parte de la edición de 1936. El último añadido muestra sobre todo la posibilidad de la Literatura de profundizar en los detalles, frente a la austeridad del Periodismo, al menos en su acepción más clásica, la que está siempre sometida al limitado espacio de la hoja del diario. A través de 155 ARLT, Roberto. Aguafuertes españolas. 1ª parte, op. cit. pp. 136-144. 96 descripciones, imágenes, símiles y metáforas que se regodean en el detalle, el autor logra completar y desarrollar una idea que en la crónica periodística había quedado sugerida: la auténtica arquitectura de la ciudad árabe frente a la idea occidental del espacio urbano. Resulta bastante evidente que los fragmentos que agregó Arlt a la edición en libro de 1936, y que originalmente no se encontraban entre las aguafuertes publicadas previamente en El Mundo, tienen en su mayoría un sentido contrario a los fragmentos eliminados, es decir, buscan a través de la incorporación de un lenguaje simbólico enriquecer el contenido del volumen y aportar recursos literarios que consiguen incluso introducir voces distintas a la del cronista como narrador testigo 156 . C AMBIOS En este apartado queremos apuntar de forma sucinta, para completar las reflexiones que hemos venido trabajando, algunas correcciones menores que parecen inofensivas, pero que con una lectura fina traslucen nuevamente la intención del autor de embellecer el volumen con un lenguaje más culto. Por ejemplo, en un punto de la crónica "Qué son y cómo se organizan los ‘Pasos’ en la Semana Santa de Sevilla", publicada en El Mundo el 30 de abril de 1935, Arlt describe la variedad de bandas de música que participan en las procesiones y afirma: "como cada uno de estos cuerpos viste su uniforme de gala, tradicional, los ojos se ciegan en un mar de colores" 157 . No obstante, cuando encontramos este mismo fragmento en la edición en libro de 1936, comprobamos que la expresión "mar 156 Apuntamos anteriormente que en la edición de 1936 Arlt agregó seis capítulos nuevos que, a diferencia de los demás, no habían sido publicados como crónicas en El Mundo. Algunos de ellos por sus títulos ya nos dan cuenta de temas y lenguajes de mayor complejidad, detalle y aliento literario. Cabría comentarlos en este apartado; no obstante, la conclusión a la que llegaríamos sería similar a la que hemos venido comentando, su papel estético en el proyecto editorial de Arlt. 157 ARLT, Roberto. Qué son y cómo se organizan los ‘Pasos’ en la Semana Santa de Sevilla. El Mundo, Buenos Aires, 30 de abril de 1935. (cursivas nuestras). 97 de colores" ha sido cambiada por "torbellino de colores" 158 . Similar cambio ocurre en la aguafuerte "Pueblo y aristocracia en la Semana Santa de Sevilla". El autor describe prolíficamente el aspecto de la ciudad en uno de los días de la Semana Mayor: las calles atestadas de gente, la variedad de colores de los nazarenos, las pensiones llenas hasta en los rincones más inusitados y los improvisados bares que se montan en las calles con unas pocas tablas y unos bancos. En medio de estas descripciones afirma que "el suelo está sembrado de cortezas de avellanas y rojas cáscaras de langostinos" 159 . Sin embargo, cuando localizamos este fragmento en ese primer volumen salido de la imprenta de Lorenzo Rosso, comprobamos que el nombre "cáscaras" ha sido cambiado por "caparazones" 160 . Cambios de este tipo se pueden localizar alrededor de toda la edición de 1936 si se compara exhaustivamente con las aguafuertes originales. De esa forma "calle" pasa a ser "calleja"; "afean el rostro" se convierte en "denigran la belleza"; "presencia films" cambia por "frecuenta el cine"; y "que da asco" se transforma en "repugna", entre otras. Entendemos que con estos cambios el objetivo del autor fue pulir y embellecer su estilo a través de registros menos coloquiales, dada cuenta que a primera vista puede parecer más sofisticado hablar de caparazones en vez de cáscaras; o utilizar el eufemístico verbo repugnar, antes que enfrentarse a la directa realidad del asco. Esta combinación de palabras, que a fin de cuentas es una operación sintáctica y subjetiva, puede entenderse en el sentido de la noción de estilo que explica Luis Núñez Ladevéze: La captación de las diferencias permite a un usuario usar expresivamente los distintos elementos léxicos. Si los 158 ARLT, Roberto. Aguafuertes españolas. 1ª parte, op. cit. p. 56. (cursivas nuestras). 159 ARLT, Roberto. “Pueblo y aristocracia en la Semana Santa de Sevilla”. El Mundo, Buenos Aires, 2 de mayo de 1935. (cursivas nuestras). 160 ARLT, Roberto. Aguafuertes españolas. 1ª parte, op. cit. p. 64. (cursivas nuestras) 98 elementos léxicos pueden distribuirse o relacionarse con estratos, lugares y ambientes sociales diversos, el uso selectivo de una pieza léxica evoca esas relaciones. [...] Por esta razón se pueden describir las palabras por el tipo de uso de que suelen ser objeto. Se puede decir que "céfiro" es una palabra no corriente, usada en el lenguaje poético o literario, mientras "sintagma" es una palabra no corriente usada en el lenguaje científico; también se puede describir "céfiro" como una modalidad de viento mediterráneo, donde la descripción tiene carácter más técnico mientras la palabra "viento" tiene una expresividad común. La condición fundamental en que se basa la noción de Estilo es la de que una misma idea o un mismo sentimiento puede expresarse lingüísticamente de formas diferentes. 161 En un sentido parecido se expresa Isidro Pliego Sánchez cuando entiende al estilo como esa "suma de rasgos que permiten decir que un texto es como es, sin que pueda ser de otra forma" 162 . Ya hemos asomado brevemente la polémica que a lo largo de las últimas décadas ha suscitado el asunto del estilo de Arlt, con posturas que van desde los que casi lo sitúan en el analfabetismo, hasta los que lo contemplan como la primigenia expresión de la vanguardia narrativa argentina del siglo XX. No obstante, aunque no es propiamente el tema que abordamos ahora, lo que nos interesa clarificar es que esos cambios que efectuó Arlt en su papel de editor de su propia obra podrían verse también como una intención de cambiar su estilo. Pero vale la pena entender cómo ese cambio estilo pudo implicar al mismo tiempo un desvío en la recepción de la obra. En el específico caso de las Aguafuertes españolas resulta interesante reparar en el siguiente comentario de Gnutzmann: La mayoría de las aguafuertes publicadas en forma de libro en 1936 son descriptivas y se parecen a los libros de viaje donde el viajero se detiene para describir paisajes, habitantes y costumbres. Ilustres precursores argentinos fueron los de la generación del 80, aunque ellos preferían los grandes centros histórico-culturales. Arlt expresa en las notas su sorpresa al 161 NÚÑEZ LADEVÉZE, Luis. Manual para Periodismo. Veinte lecciones sobre el contexto, el lenguaje y el texto de la información. Barcelona: Ariel, 1991, p. 85. 162 SÁNCHEZ, Isidro Pliego: "Translating the style: word order". Revista española de lingüística aplicada, nº 11, 1996, p.187. 99 contemplar la realidad del sur de España, tan distinta de la sugerida por los libros […] 163 Con la edición de 1936 Arlt consiguió para la posteridad en los futuros lectores un efecto contrario al que él mismo se había propuesto antes de emprender su viaje a España en febrero de 1935. Tal como advierte Gnutzmann, quien se acerque hoy a las Aguafuertes españolas siguiendo esa primera edición de 1936 se encontrará con un libro de viajes relativamente similar a los que publicaron los viajeros románticos del siglo XIX. La razón de esta similitud ya la hemos explicado: Arlt optó en la selección por privilegiar las crónicas costumbristas. Cuando estando aún en Buenos Aires anuncia a sus lectores que pronto se embarcaría con destino a España, deja claro que su objetivo sería traspasar el lugar común de la tarjeta postal para mezclarse en la vida cotidiana de los habitantes de las tierras visitadas. Allí está en parte la contradicción de Arlt. La edición de 1936 está más cerca del libro de viajes que refleja celebraciones pintorescas y exóticas, que del relato acucioso sobre las realidades y penurias de los habitantes de la España de la época. Sólo algunas de las aguafuertes sobre los pescadores y obreros de Cádiz o sobre las campesinas y los niños marroquíes cumplían el objetivo que previamente se había planteado el cronista. El autor dejó fuera de la selección muchas de las crónicas con contenido político y sociológico que bien podrían haberle dado al volumen un tono menos costumbrista. En esa edición de 1936 que, dicho sea de paso, es a través de la cual más se ha difundido el periplo de Roberto Arlt por la España de la Segunda República, la bonita "tarjeta postal" le ganó el pulso a la crónica de inspiración periodística y sociológica. Pero 163 GNUTZMANN, Rita. Roberto Arlt: Innovación y compromiso. La obra narrativa y periodística, op. cit. p. 170. 100 estamos aún a tiempo para demostrar que el atractivo exótico no es el único y principal signo de las Aguafuertes españolas. 101 3 ROBERTO ARLT: PERIODISTA LITERARIO EN LA ESPAÑA REPUBLICANA 102 3.1) U NA REUBICACIÓN DEL AUTOR A TRAVÉS DE LA CRÓNICA Una de las grandes paradojas en torno a la figura de Roberto Arlt es la importante desproporción que existe entre la cantidad de estudios críticos que se han dedicado a su obra propiamente literaria (novelas, cuentos y teatro), en comparación con los no tan numerosos que se han abocado a su obra periodística. Hablamos de paradoja en dos sentidos: por una parte, y desde un punto de vista eminentemente cuantitativo, fue considerablemente mayor su producción periodística que literaria; y por otra parte, fue su trabajo periodístico, especialmente las diferentes series de “aguafuertes”, lo que le otorgó el definitivo reconocimiento público de sus contemporáneos. En próximas líneas aportaremos cifras, pero como dato anecdótico apuntamos que justo la víspera de su inesperada muerte el 26 de julio de 1942 ya había dejado preparada la acostumbrada crónica diaria, que llevaba por título “El paisaje en las nubes”, publicada finalmente como nota póstuma el 27 de julio de 1942, y que varias décadas después ha servido como título para el amplio volumen en el cual la investigadora del Colegio de México, Rose Corral, ha reunido las crónicas publicadas por Arlt en El Mundo de Buenos Aires entre 1937 y 1942, es decir, en el tiempo posterior a su regreso del viaje a España y Marruecos. Se puede afirmar con un alto porcentaje de seguridad que sus últimas horas las dedicó al Periodismo y no a la creación literaria; y casi como una ironía, muy propia por cierto de su verbo, descubrimos que justamente inició esa crónica con una reflexión sobre la condición inevitable del destino: Evidentemente, LOS HOMBRES NO ELIGEN a sus padres ni a sus destinos. Quizá ofrecerían un espectáculo magnífico si aquellos que están por nacer tuvieran poder de escoger a sus progenitores. Qué batallas de párvulos o qué batallas parvulescas se producirían en los planos astrales. Qué de niños descalabrados entonces nacerían; faltos unos de piernas, otros 103 de brazos, otros de narices. Los más feroces, por supuesto, aparecerían en hogares pudientes. 164 Este párrafo inicial sirve para constatar que en los artículos periodísticos de Arlt, como digno cultivador del género de la crónica, la frontera entre el Periodismo, visto como relato de hechos fácticos, y la Literatura, entendida como territorio de la ficción, es permeable, porosa y en constante ósmosis. En esta última crónica, a pesar de la introducción con ribetes filosóficos, que luego se regodea en descripciones sobre el paisaje gris de Nueva York, no descuida su finalidad informativa: dar a conocer el hecho noticioso de que George Zabriskie, un humilde chofer neoyorquino, hijo de un “zapatero remendón”, ha confeccionado un exquisito poemario que se ha convertido en el éxito literario de 1942, que incluso un crítico de The New Republic ha calificado como el mejor libro del año y que le ha valido a su autor el premio de una beca Guggenheim, “para que durante un año pueda pasearse por la soledad de los bosques y dedicarse a la poesía sin la preocupación del volante” 165 . También, y aunque no es el tema que nos ocupa, sale a relucir en este pequeño fragmento otro de los asuntos frecuentes en su imaginario: la dificultad del oficio literario en medio de la propia penuria económica; tema, por cierto, que es uno de los protagonistas de las famosas “Palabras del autor” de la primera edición de su novela Los Lanzallamas 166 . Pero retomemos ahora los números. Sabemos que Arlt comenzó a trabajar como cronista en El Mundo desde su fundación; y que, 164 ARLT, Roberto. El paisaje en las nubes: crónicas en El Mundo 1937- 1942., op. cit. p. 752. (Mayúsculas del propio autor) 165 Ibíd. 166 En una parte de esta suerte de prólogo expone: “No dispongo, como otros escritores, de rentas, tiempo o sedantes empleos nacionales. Ganarse la vida escribiendo es penoso y rudo. Máxime si cuando se trabaja se piensa que existe gente a quien la preocupación de buscarse distracciones les produce surmenage”. Nosotros utilizamos la siguiente edición: ARLT, Roberto. Los lanzallamas. Madrid: Piel de Zapa, 2012, p. 7. 110 En otra parte de este trabajo ya se comentó la suerte de encantamiento que significó para el autor el descubrimiento del género dramático; un interés que se desarrolló en los años posteriores a su regreso de Europa, pero que tuvo su germen en la propuesta de Barletta. En 1933 Arlt publica su primera antología de cuentos, El jorobadito, y en 1934 aparecen dos piezas teatrales menores suyas en el suplemento literario de La Nación, Un hombre sensible y La juerga de los polichinelas; así como Escenas de un grotesco en la Gaceta de Buenos Aires, pieza considerada un esbozo de la futura Saverio el cruel (1936). Todos estos datos sirven para apuntar una suerte de hipótesis, que es en realidad fruto de la lógica. Si Arlt reduce su producción periodística profesional es porque resta tiempo de su trabajo como cronista de El Mundo para dedicárselo a sus proyectos literarios. Ya lo sugiere él mismo en las “Palabras del autor” de Los Lanzallamas: “Escribí siempre en redacciones estrepitosas, acosado por la obligación de la columna cotidiana” 183 . Proponemos una suerte de vuelta de hoja para rebatir la imagen que ha prevalecido desde que en la década de los 50 del pasado siglo XX se redescubrió su obra y empezaron a aparecer los primeros estudios críticos de rigor. No entendemos pues a Arlt como un escritor que publicó notas menores, género chico y marginal, en un diario para ganarse la vida mientras escribía sus grandes obras literarias; sino que lo percibimos al revés, como un periodista profesional, un cronista curtido en el oficio, que “robó” tiempo a su profesión para intentar cumplir el anhelo de escribir grandes novelas, cuentos y obras de teatro. En algunas circunstancias lo consiguió, en otras no tanto. Pero no fue Arlt cualquier tipo de periodista, ni un reporter más al estilo de ese Periodismo industrial anglosajón que ya se había instalado como industria en sus años de ejercicio, es decir, 183 Arlt, Roberto. Los Lanzallamas., op.cit. p. 7. 111 de los que se limitaban a escribir hechos noticiosos planos siguiendo una estructura ilusoriamente objetiva, la célebre pirámide invertida. Arlt era un “periodista literario”; no un escritor que a veces publicaba en los diarios, sino un cronista que recogía y a la vez renovaba una tradición cultural muy propia al ámbito hispanoamericano: el cultivo del género de la crónica. No todo escritor que eventualmente participa en un periódico puede llamarse periodista, sino aquel escritor que cuando publica en un periódico hace Periodismo. Con alguna frecuencia, tanto en los tradicionales medios impresos, como en las publicaciones contemporáneas que utilizan las plataformas digitales como soporte, se publican secciones culturales donde se incluyen textos enmarcados en los géneros literarios: ensayos, cuentos, fragmentos de novelas, entre otros. Aunque pueda parecer una perogrullada advertirlo, estos autores no se pueden llamar periodistas sólo porque sus trabajos aparezcan en un medio informativo. Un texto periodístico, independientemente de que pueda tomar recursos de otros campos para su expresión, se define por su finalidad informativa. Las aguafuertes de Arlt, quizás no en su totalidad, pero sí una importante mayoría 184 , son entonces obras periodísticas, porque más allá de los recursos estéticos y hasta humorísticos del autor, traían a sus lectores hechos noticiosos. Al respecto resultan adecuadas las palabras de Claudia Darrigrandi: Desde el punto de vista del periodismo, son otras las consideraciones para distinguirlos. Según Gonzalo Martín Vivaldi, el deber de la crónica periodística es informar, contar, narrar lo sucedido y su valor radicaría en que se hace cargo de 184 Hacemos esta puntualización porque muchas de las aguafuertes de Arlt, entre ellas algunas de las más conocidas, coinciden más, desde un punto vista de la teoría de los géneros, con el artículo de costumbres que con la crónica periodística. Por ejemplo, cuando se dedica a describir ciertas tipologías porteñas: el comerciante, el pequeño propietario, los funcionarios o el desempleado, entre otros; o cuando se aboca a explicar el vocabulario o expresiones del lunfardo, realmente lo que hace el autor es un cuadro de costumbres, y no una información periodística. 112 relatar hechos noticiosos. Sin estos, no existe la crónica. Otro distintivo de la crónica es la clara presencia de la voz del cronista, quien puede comentar, interpretar y opinar sobre lo que está informando. No así el reportaje, género que no se ocupa de una noticia, pero sí de hechos o situaciones. Además se construye como un relato mucho más objetivo que la crónica, pues no hay lugar para la opinión del reportero. 185 3.2) A RLT , H ISPANOAMÉRICA Y LA CRÓNICA Empezamos con una afirmación que tal pareciera un trabalenguas: hablar de “crónica” no es lo mismo que hacerlo de “crónica periodística”, pero una lleva a la otra. La crónica, como género, como escritura, se hunde en el origen de los tiempos. Earle Herrera, en su estudio sobre este género, se apoya en las investigaciones de Samuel Kramer para apuntar que en la civilización sumeria, hacia 3500 millones de años antes de la era actual, considerada incluso más antigua que la egipcia o la protoindia, se han encontrado, tras descifrar las tablillas de arcilla con los signos de escritura cuneiforme, testimonios tan relevantes como la narración que hace un escriba sobre una guerra civil. Kramer lo define como el primer historiógrafo, pero Herrera va más allá y asegura que se trata de “la primera crónica de un suceso sobre la que se tenga noticia” 186 . Andrés Puerta coincide en señalar el origen mesopotámico de la crónica y apunta otro más reciente: el Génesis de la Biblia; pero lo más interesante es que resalta la impronta latinoamericana de este género 187 . No obstante, si atendemos a la explicación etimológica que sobre el término aporta Manuel Bernal Rodríguez, se entenderán las razones sobre la dificultad de fijar un origen: Crónica procede del latín chronica, orum, crónicas, libros de cronologías, plural neutro del adjetivo chronicus, cronológico, 185 DARRIGRANDI, Claudia. Crónica latinoamericana: algunos apuntes sobre su estudio. Cuadernos de literatura, 2013, vol. 17, no 34, p. 131. 186 HERRERA, Earle. La magia de la crónica. Caracas: Fondo Editorial de Humanidades, Universidad Central de Venezuela, 1991, pp. 19-20. 187 PUERTA, Andrés. El periodismo narrativo o una manera de dejar huella de una sociedad en una época. Anagramas, 2011, vol. 9, no 18. p. 56. 113 derivado del griego cronos, tiempo. Es palabra patrimonial, cuya primera documentación sitúa Corominas hacia 1275 en la Primera Crónica General; igualmente remotos son los orígenes de su variante corónica, cuyo uso aparece atestiguado ya en el Libro de Alexandre y en el Cancionero de Baena. Su primera significación es la de “relato de hechos o acontecimientos sobre un personaje o un lugar, por orden cronológico” y es considerada como la forma embrionaria de la historiografía. 188 Investigando un poco en la historia de cualquier civilización o cultura, seguro encontraremos un momento en el cual quedaron fijadas sus grandes gestas; y por supuesto unas personas que se encargaron de registrarlas: Heródoto en Grecia, Tácito en Roma… La historiografía, la escritura de la propia historia dejando clara la secuencia cronológica y lineal de los acontecimientos fundadores, es una preocupación de la humanidad anterior a cualquier forma de Periodismo. En el específico caso hispanoamericano, se podría decir que la preocupación por el relato pormenorizado y temporal de los hechos es el germen fundacional de toda una cultura. Evidentemente, nos estamos refiriendo a las cartas, crónicas y relaciones del descubrimiento y la conquista, que generalmente se han englobado bajo el mismo término de “Crónicas de Indias” 189 . Al respecto resulta interesante la apreciación de Walter Mignolo cuando explica que no eran las mismas intenciones o necesidades las que tenían Cristóbal Colón o Hernán Cortés cuando escribieron sus cartas, que las que algunos años después pudieran tener Francisco López de Gomara, Bartolomé de las Casas, Pedro Cieza de León, José de Acosta o Fray 188 BERNAL RODRÍGUEZ, Manuel. La crónica periodística. Tres aproximaciones a su estudio., op. cit. pp. 9-10. 189 Apuntamos la definición de “Crónica de Indias” que propone Karl Kohut: “[…] constituye un subgénero de la historiografía española que apareció a finales del siglo XV (si tomamos como punto de partida los escritos de Colón) y se cerró con las crónicas escritas por los jesuitas exiliados a finales del siglo XVIII. El descubrimiento de América y, posteriormente, la conquista y colonización ampliaron el horizonte europeo de manera revolucionaria y confrontaron a sus historiadores con problemas que no se habían planteado antes en la historia europea. El resultado de tener que dar forma a experiencias sin precedente fue la aparición de una forma historiográfica que puede parecer extraña a los historiadores modernos”. Consultado en: KOHUT, Karl. Las primeras crónicas de Indias y la teoría historiográfica. Colonial Latin American Review, 2009, vol. 18, no 2, p. 153. 114 Bernardino de Sahagún, entre muchos otros, cuando alumbraron sus grandes volúmenes de historias y crónicas generales del nuevo territorio azarosamente hallado. Los primeros estaban obligados a dar cuentas, mientras que los segundos se instalaban en el terreno de la reflexión: Comencemos por lo más obvio: el objetivo principal de hombres como Cristóbal Colón y Hernán Cortés no es el de escribir, sino el de descubrir y el de conquistar. Escribir es secundario y, en cierto sentido, una obligación; aunque ésta sea, en el caso de Cortés, aparentemente, también un placer. Colón manifiesta esta obligación muy claramente en la carta del tercer viaje donde, refiriéndose a los anteriores, les recuerda a los reyes que “… no hobo grande ni pequeño que no quisiese dello carta”. Por su parte, la carta que los reyes le envían a Colón dándole indicaciones para su cuarto viaje, ordena: “… facer memoria de todas las dichas islas, y de la gente que en ellas hay y de la calidad que son, para que de todo nos traigas entera relación”. 190 Esa primera idea de crónica que viene de la Antigüedad, la que ni siquiera se perfila como un futuro género del periodismo moderno e industrial, es un relato, generalmente testimonial, donde se registran hechos de primera importancia para las comunidades a las que se refiere. No se trata, por supuesto, de un registro con aspiraciones de objetividad, sino que asume la posición y personalidad del autor, entre otras cosas, porque la mayoría de las veces son escritas por los vencedores, y su relato, aparte de buscar la trascendencia, también persigue aumentar la propia gloria. Como afirma Bernal Rodríguez, y en cierta forma coincide con la reflexión que hemos venido sosteniendo, “el concepto de crónica abarca relatos de una gran disparidad, encuadrables en los ámbitos de la historia y de la literatura” 191 . Antes de continuar descifrando este género nos atrevemos, con deliberada provocación, a sugerir una 190 MIGNOLO, Walter D. Cartas, crónicas y relaciones del descubrimiento y la conquista. En Historia de la literatura hispanoamericana. Cátedra, 2008. p, 59. 191 BERNAL Rodríguez, Manuel. La crónica periodística. Tres aproximaciones a su estudio., op. cit., p. 14. 115 comparación en clave de humor. Colón escribe sus cartas, su Diario de a bordo, como respuesta a una obligación, por no decir orden, de los Reyes Católicos, quienes han financiado su empresa y exigen a cambio información sobre las posibles riquezas y futuros beneficios. Arlt en España escribe prolijamente y con entusiasmo, porque es un cronista de raza que además está cumpliendo uno de sus anhelos de vida, conocer la vieja Europa, pero también por obligación, porque no ha viajado en calidad de turista o para hacer la bohemia, sino como periodista asalariado que debe enviar sus aguafuertes sobre todo aquello que va observando y viviendo. Sería difícil localizar el momento exacto en que la crónica, como construcción antropológica, pasa a las primeras formas de Periodismo, quizás porque se debería plantear la hipótesis al revés, y decir que una vez que empiezan a aparecer los primeros productos que se podrían denominar antecedentes del Periodismo, ya la crónica estaba por descontado incluido en ellos. Al respecto apunta Bernal Rodríguez: Desde fines del siglo XV comenzaron a publicarse, como es bien sabido, hojas volanderas impresas dedicadas a difundir un acontecimiento importante: guerras, viajes de príncipes, tomas de ciudades, fiestas, honras fúnebres, etc. Esas hojas volanderas –relaciones, ocasionales, zeitungen son algunos de los nombres que recibenjunto con los canards, con los libelos dedicados a polémicas religiosas preferentemente y con los almanaques integran el conjunto de escritos de información no periódicos que configuran la etapa del paleoperiodismo y van a sobrevivir a la aparición de las primeras gacetas, de los primeros periódicos impresos. […] Estos relatos preperiodísticos tienen, para nosotros, el interés de que, en buena parte son redactados ajustándose al esquema propio de las crónicas. Son relatos en los que se narra, siguiendo un orden cronológico, lo que pasa en un lugar, o sobre un tema, por un observador que, con frecuencia, es testigo privilegiado de los acontecimientos que narra e informan tanto sobre los grandes temas de actualidad (como sucede en las Relaciones) como sobre sucesos de menor envergadura, 116 asuntos de los que se ocupan la crónica ciudadana y los canards. 192 En el caso hispanoamericano, Darrigrandi afirma que existen tres momentos claves en el desarrollo del género: los cronistas de Indias; los autores modernistas, que publicaron sus obras en el cambio del siglo XIX al XX, con ejemplos tan relevantes como José Martí, Manuel Gutiérrez Nájera o Rubén Darío 193 ; y finalmente toda la nueva ola contemporánea de cronistas que la autora agrupa dentro del “nuevo periodismo” o “periodismo narrativo”. Se trata de la generación de autores jóvenes o de mediana edad que vienen ganando notoriedad en la región, muchos de ellos vinculados a programas como el de “Nuevos Cronistas de Indias” de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), creada por Gabriel García Márquez, y que tiene entre sus antecedentes, además del propio García Márquez, a Rodolfo Walsh, Tomás Eloy Martínez o Carlos Monsiváis 194 . A Roberto Arlt habría que ubicarlo en ese gran espacio medio entre los dos últimos momentos que Señala Darrigrandi, ya que publica algunas décadas después de los cronistas modernistas por excelencia. Si como señala Susana Rotker, en los tiempos de José Martí (1853 – 1895) ya se percibía en América Latina el inicio de la industrialización 195 , que también afectaría al estilo, formato, función e intencionalidad de la prensa, agregamos nosotros que para los tiempos de Arlt la era industrial y el mundo urbano propiciado por ella eran hechos suficientemente consolidados como para empezar a 192 Ibíd., pp. 15-16. 193 Al respecto de esta época: la crónica modernista hispanoamericana, resulta fundamental la consulta de los trabajos de la ya fallecida investigadora venezolana Susana Rotker, como por ejemplo su libro La invención de la crónica, que citaremos más adelante. 194 DARRIGRANDI, Claudia. Crónica latinoamericana: algunos apuntes sobre su estudio., op. cit., p. 124. 195 ROTKER, Susana. La invención de la crónica. México D.F.: Fondo de Cultura Económica, Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, 2005, p. 31. 117 mostrar sus reveces: la marginalidad de la periferia, las migraciones obligadas por la penuria del campo y la inequidad en las redistribución de la nueva riqueza, entre otras. Son todos temas que de una u otra forma aparecerán en las aguafuertes de Arlt, tanto las porteñas que escribe en Argentina, como las que elabora en sus viajes, siendo un caso paradigmático las españolas, donde dedica varios textos a paisajes y situaciones lúgubres de las ciudades industriales. De hecho, Puerta ubica a Arlt dentro de lo que denomina “la estética de lo feo”; y Darrigrani retoma los estudios de Viviane Mahieux para advertir que Arlt, junto con otros autores como Salvador Novo, Mário de Andrade, Cube Bonifant y Alfonsina Storni, están estrechamente vinculados a las vanguardias, ya que en sus obras asimilaron los cambios “de las nuevas tecnologías en la vida cotidiana y, por supuesto, en el ejercicio del periodismo” 196 . En la aguafuerte “La crónica 231”, que ya hemos citado varias veces, Arlt se siente heredero de toda una tradición de periodistas rioplatenses: José Seferino Álvarez, mejor conocido como Fray Mocho; Félix Lima y Máximo Sáenz, quien publicó sus crónicas hípicas y costumbristas bajo el seudónimo de Last Reason. Claro que en esta misma crónica Arlt también asume como sus maestros a escritores de todos los tiempos y nacionalidades como Dickens, Eça de Queiroz, Quevedo, Mateo Alemán, Dostoievsky, Cervantes y Anatole France 197 . Los periodistas a los que cita como referentes son autores de crónicas costumbristas, especialmente Last Reason, admirado tanto por Borges como por Arlt por un mismo motivo: la defensa del lunfardo, el idioma de los argentinos. Lo que nos interesa abordar ahora, llegado este punto, es una definición como tal de la crónica, pero no ya como construcción antropológica y cultural, sino como género 196 DARRIGRANDI, Claudia. Crónica latinoamericana: algunos apuntes sobre su estudio., op. cit., p. 133. 197 ARLT, Roberto. Obras completas. Ensayo preliminar de David Viñas., op. cit., pp. 369-370. 118 periodístico. Apuntamos en primer lugar la definición de Bernal Rodríguez: Crónica es una información de hechos noticiosos, ocurridos en un período de tiempo, por un cronista que los ha vivido como testigo, investigador e, incluso, como protagonista y que, al mismo tiempo que los narra, los analiza, e interpreta, mediante una explicación personal. El cronista suele ser un experto que realiza su labor con continuidad, desde el propio escenario de los hechos o sus inmediaciones. 198 También en su trabajo Bernal Rodríguez condensa en un párrafo las definiciones de crónica de algunos de los teóricos más reconocidos de los estudios sobre Periodismo: […] G. Martín Vivaldi inicia su definición con estas palabras: “La crónica periodística es en esencia una información…”. En parecidos términos se expresa J.L. Martínez Albertos para quien la crónica es “narración directa e inmediata de una noticia”. “Información desarrollada y dotada de elementos formales del autor es la crónica para J.J Muñoz. Como una técnica expresiva y narrativa que sirve para destacar una información complementaria considera Núñez Ladevéze a la crónica, si bien admite que puede emplearse también como vehículo de la información principal; por su parte, L. Gomis precisa que la crónica “no és un gènere d’ opinió, perqué la seva funció és informar […], peró el relat traspua el tarannà del cronista”, en fin, para Cebrián Herreros, “la crónica consiste en la información sobre unos hechos ocurridos durante un período de tiempo”. 199 Varias de estas definiciones se centran en el cometido informativo de la crónica, pero no resaltan el sello diferencial del género que es la introducción de la valoración del autor. Rafael Yanes Mesa apunta esta característica y recuerda precisamente ese carácter híbrido y ambivalente de la crónica a caballo entre el periodismo interpretativo y el informativo. También insiste Yanes Mesa en que una de las condiciones importantes de este género es que el cronista sea testigo de los hechos que narra, y esa circunstancia aporta un punto importante de diferencia con el género del reportaje. La 198 BERNAL Rodríguez, Manuel. La crónica periodística. Tres aproximaciones a su estudio., op. cit., p. 27. 199 Ibíd., pp. 27-28. 119 necesaria valoración del cronista, sin la cual la crónica se convertiría en una noticia, decanta en otro aspecto fundamental del género, su libertad expresiva y la impronta personal del autor: la importancia de la firma, en pocas palabras. El cronista puede escribir y titular su crónica con total libertad, destacando el factor de la información que considere más oportuno, siempre y cuando obedezca a una norma deontológica esencial de todo trabajo periodístico: no deformar los hechos, o usarlos de forma interesada, o mucho menos mentir sobre ellos 200 . Ciertamente, al introducir su valoración, el cronista también plasmará su particular opinión, pero un asunto es manifestar el propio punto de vista, y así dejarlo claro a los lectores, y otro es mentir deliberadamente para favorecer la postura personal. La crónica guarda aún, dentro de su total libertad, una última norma como miembro de la familia del periodismo, y es la necesidad de claridad. El cronista puede, y si se nos apura incluso debe, utilizar todos los recursos estéticos y literarios a su alcance para narrar y valorar la información, para dotarla de mayor riqueza expresiva, pero no debe perder el norte de su obligación para con los lectores. El cronista informa, no hace poesía, y por lo tanto tiene que entenderse fácilmente lo que escribe y además, por su propio bien, debe procurar “enganchar” al lector desde las primeras líneas. A propósito de esta reflexión, Rotker incluye en su estudio una opinión de Antonio Castro Leal que viene bien citar: La crónica imponía como condiciones fundamentales que se dejara leer fácilmente y que atrajera e interesara al lector. Para dejarse leer fácilmente debía de estar escrita en una prosa fluida, ágil, sin comienzo ni dificultades para el lector; para atraer e interesar, tenía que tratar temas de actualidad, ofreciendo, sin bombo ni ruido, nuevos puntos de vista, reflexiones originales que se sugerían discretamente al lector, casi con el propósito de que creyera que completaba el pensamiento del escritor, agregándole a su imaginación 200 YANES MESA, Rafael. Géneros periodísticos y géneros anexos. Una propuesta metodológica para el estudio de los textos publicados en prensa. Madrid: Fragua, 2004, pp. 179-194. 126 mantienen tiesas debido a una laudable y persistente voluntad de no hacer nada; más sintéticamente, la expresión “squena dritta” se aplica a todos los individuos holgazanes, tranquilamente holgazanes. Nosotros, es decir el pueblo, ha asimilado la clasificación, pero encontrándola excesivamente larga, la redujo a la clara, resonante y breve palabra de “squenun”. 211 Otra de las muchas aguafuertes porteñas donde se aborda el otro gran tema, las tipologías de personajes de Buenos Aires, es la titulada “Los tomadores de sol en el Botánico”, publicada el 11 de septiembre de 1928: La tarde de ayer lunes fue espléndida. Sobre todo para la gente que nada tenía que hacer. Y más aún para los tomadores de sol consuetudinarios. Gente de principios higiénicos y naturistas, ya que se resignan a tener los botines rotos antes de perder su bañito de sol. Y después hay ciudadanos que se lamentan de que no haya hombres de principios. Y estudiosos. Individuos que sacrifican su bienestar personal para estudiar botánica y sus derivados, aceptando ir con el traje hecho pedazos antes de perder tan preciosos conocimientos. 212 En ambos fragmentos se observa que está ausente una de las características del género de la crónica: la información. A diferencia del fragmento sobre Oviedo en 1935, ni el presunto origen etimológico de la palabra squenun ni la escena de los desaliñados y desocupados tomadores de sol son hechos susceptibles de ser calificados como noticia. No son necesariamente actuales, novedosos o con alguna repercusión social de importancia. En todo caso, los podríamos calificar como anécdotas o curiosidades. Scari califica a estas aguafuertes directamente como “ensayos costumbristas” y reconoce en ellas los mismos blancos de la sátira de Quevedo y Larra. En cuanto al primero de los referentes, Scari percibe que Arlt, al igual que Quevedo, recorre los rincones donde habita la picaresca: el 211 ARLT, Roberto. Obras completas. Ensayo preliminar de David Viñas., op. cit., p. 68. 212 Ibíd., p. 82. 127 hambre, el trabajo degradante, la avaricia y la hipocresía. Puntualiza Scari que a diferencia de Dante Alighieri, tanto Quevedo como Arlt prefieren satirizar a los grupos sociales, insistiendo más en el vicio que en un pecado específico: “Arlt castiga, como ya hemos señalado, una limitada esfera social: la burguesía, pero no como individuos determinados, salvo una que otra excepción, sino en conjuntos” 213 . En cuanto al segundo, Scari ve una importante diferencia entre Larra y Arlt; mientras en los textos del autor madrileño se intuye la esperanza de que la Literatura pueda servir como un germen regenerador de la sociedad, por el contrario los del porteño no aspiran a nada, “ni asoma en él jamás una ilusión que se pierda o un anhelo frustrado, todo –autor, lector, ambientese hunde en el desengaño completo y terminante” 214 . Los ejemplos anteriores no pretenden englobar a la totalidad de las Aguafuertes porteñas en el cuadro de costumbres o en el ensayo de opinión. Sabemos que también dedicó varias notas a denunciar la situación ruinosa de los hospitales municipales y las calles periféricas, entre otros temas. Fabiana Inés Varela advierte que la crisis económica que sucedió al Golpe de Estado de 1930 en Argentina “agudiza la sensibilidad de Arlt quien asume una actitud de mayor compromiso y denuncia frente a una modernización injusta” 215 . Pero lo que nos interesa enfatizar es que mientras en Buenos Aires el autor, en un escenario de confianza, se permite la distracción de la sátira y la autoridad moral para burlarse de los vicios y procedimientos de la burguesía; en España, por el contrario, tal pareciera que el desconocimiento aliviana su acidez y la curiosidad lo estimula al descubrimiento. Incluso en las crónicas más “ligeras”, donde se hablan de celebraciones tradicionales como la Semana 213 SCARI, Robert M. Tradición y renovación en las Aguafuertes porteñas de Roberto Arlt., op. cit. p. 199. 214 Ibíd., p. 202. 215 VARELA, Fabiana Inés. Aguafuertes porteñas; tradición y traición de un género., op. cit., p. 149. 128 Santa sevillana, o de tipos sociales como los gitanos del Sacromonte granadino, el autor aprovecha para colar algún dato informativo que denota su condición de reportero. Sirva de ejemplo el siguiente fragmento: Estos días han entrado en Sevilla turistas a razón de seis mil por día. Alojarlos ha sido un problema. Muchos se ven obligados, por no haber reservado habitación quince días antes (pagando media pensión durante ese intervalo), a ir a dormir a pueblos distantes diez y quince kilómetros. Brigadas de forasteros, con los carruajes cargados de maletas, se presentan en las casas de pensión, fondas, hoteles, pidiendo albergue en cualquier condición. No lo hay. Están ocupados hasta los triángulos bajo las escaleras. En algunas habitaciones duermen hasta ocho turistas. 216 En sus crónicas españolas Arlt se sentía obligado a informar, porque para ello había sido enviado como corresponsal, pero además, porque el territorio, aunque pudiera resultar familiar por la consabida herencia hispánica y el flujo de las migraciones, no era del todo conocido. Para empezar a escribir sus notas necesitaba primero informarse. Así lo demuestra desde una de las primeras crónicas que envía en el punto de llegada inicial, el Puerto de la Luz de Gran Canaria, donde lo primero que hace es entrevistarse con el director del periódico de la localidad, el Diario de Las Palmas, para intentar obtener alguna información sobre el clima de debate político que percibe nada más llegar 217 . Como apunta David Viñas, en las aguafuertes españolas Arlt: […] ya no se trata del flâneur sino de un corresponsal que hasta porta cámara fotográfica, artefacto impensable en el porteño que morosamente se disponía a escuchar en los cafés, en las plazas o en el tranvía a sus conciudadanos construyendo 216 ARLT, Roberto. “Pueblo y aristocracia en la Semana Santa de Sevilla”. El Mundo, Buenos Aires 2 de mayo de 1935. 217 ARLT, Roberto. “Las islas canarias, puertas de España”. El Mundo, Buenos Aires, 8 de abril de 1935. 129 inventarios provocativos que, además, solicitaban connivencias, balances o desabrimientos. 218 A pesar de que entre las Aguafuertes españolas también hay lugar para el costumbrismo, la diferencia es que Arlt actúa como un auténtico reportero para obtener la información: pregunta en las calles, en las fondas donde se hospeda; se entrevista con políticos, periodistas, artesanos, intelectuales, artistas y funcionarios de distintas áreas. También consulta informes y libros, como por ejemplo, los volúmenes que le facilita el ideólogo del andalucismo, Blas Infante, con quien traba amistad, y también revisa los periódicos y órganos de información de los partidos políticos: Ya, El Debate, Política, Heraldo de Madrid, Mundo Obrero y por supuesto ABC. De hecho, varias de las aguafuertes sobre Madrid, cuando ya la tensión política empezaba a estar más presente, las construye reproduciendo lo que dicen los diferentes órganos de los partidos políticos en disputa. Asegura Rotker que la crónica es el lugar de encuentro o el punto de inflexión entre el discurso literario y el periodístico. La afirmación nos da pie para pensar que volver a las poco exploradas Aguafuertes españolas es una oportunidad, quizá mayor que en el caso de las Aguafuertes porteñas, para redescubrir a Arlt no sólo como periodista o como escritor, sino como periodista literario; como continuador, pero también renovador, de un tipo de escritura con gran raigambre hispanoamericana. Décadas antes de que en Nueva York la última moda editorial fuera el New Journalist de Tom Wolfe, Truman Capote o Norman Mailer, ya en las calles de una España republicana y pre bélica caminaba, preguntaba y escribía un alto y curioso cronista argentino, con un apellido impronunciable, que entre muchos otros sueños y proyectos, se ilusionaba con la idea de que su 218 ARLT, Roberto. Obras completas. Ensayo preliminar de David Viñas, op. cit., p. 8. 130 próximo gran viaje fuera precisamente a los Estados Unidos, la otra América. 131 4 LA MIRADA SOCIAL Y ECONÓMICA EN LAS AGUAFUERTES ESPAÑOLAS 132 4.1) T RADICIÓN , RUPTURA Y CRISIS EN LA S EGUNDA R EPÚBLICA Las Aguafuertes españolas de Roberto Arlt, tomando como tales la totalidad de las crónicas periodístico-literarias publicadas en El Mundo de Buenos Aires entre 1935 y 1936, y escritas durante los quince meses que vivió entre España y Marruecos, están atravesadas por uno de los rasgos característicos de la personalidad del autor, su propensión a la polémica, en este caso, a través de la contradicción. Arlt definió su hoja de ruta desde los primeros artículos que escribió sobre el viaje a España, aquellos que publicó cuando aún no se había embarcado. En esa suerte de “tabla de mandamientos” aseguraba que en su periplo no se iba a dedicar a regodearse en la belleza de los monumentos; esas “ruinas” antiguas que poblaban la geografía europea y que habían hecho las delicias de los viajeros románticos, sino que pretendía mezclarse con la gente común de la calle para conocer y dar cuenta de sus vidas y problemas. Esta preocupación no era nueva en el escritor. Recuerda Rita Gnutzmann que ya en su crónica porteña “Argentinos en Europa”, publicada en El Mundo el 18 de octubre de 1928, se quejaba de los “viajerosescribidores” al estilo de Manuel Gálvez o Arturo Lagoria, que recorrían Roma o París ignorando a la gente que en esas ciudades vivía y trabajaba en mil oficios, soportando otras tantas tragedias 219 . Con los argentinos que van al extranjero pasa algo más grave. Y es que en vez de escribir un libro que, con toda seguridad no leería nadie, publican sus impresiones de viaje en los periódicos abiertos a todas esas burradas internacionales. […] todavía hay gente que cree en que son lindas las ruinas del Coliseo y evocadora la Vía Appia y otras pamplinas arqueológicas que uno se sabía de memoria a los dieciséis años […]. Y lo único que ven en París son los cabarets, las mujeres elegantes, los bohemios, y los más audaces a los matones de los mercados […]. Lo que no ven los “escribidores” que nos aturden con chorros de correspondencia pseudoliteraria, es que en los países que visitan hay una mayoría que vive y trabaja, que en todos los 219 GNUTZMANN, Rita. Roberto Arlt: Innovación y compromiso. La obra narrativa y periodística., op. cit. p. 144. 133 territorios recorridos hay industriales y fábricas que nosotros ni sospechamos, y con la inconsciencia de los botarates si van a Roma, nos hablarán de cuadros y ruinas, y si van a París de tango, apaches y “entretenidas”. El resto, los millones de gente que vive ejerciendo mil oficios diversos y pasando mil tragedias distintas, eso sí que no lo ven. 220 Esta reflexión la hacía en 1928, cuando apenas llevaba pocos meses como colaborador del naciente matutino El Mundo y empezaba a hacerse conocido entre el gran público; pero, a juzgar por las opiniones que emite en 1935 en las notas previas a su viaje trasatlántico, cuando ya era una de las firmas más cotizadas del periódico, su parecer no había cambiado mucho. En la crónica “Mañana me embarco”, publicada el 13 de febrero de 1935, afirma: “Voy a España para convivir con el pueblo y las masas de sus ciudadanos. Recorreré aldeas y villorrios, a pie, en mulo o en camionetas” 221 . Más tarde, cuando ya se encuentra en Cádiz, se ratifica en su opinión apuntando que “[…] si me ocupo exclusivamente de la España artística y monumental, no tardaré en aburrir a mis lectores y hacerles exclamar: ‘¡Hombre, ese tío ha ido allá y no ve más lejos de sus narices’” 222 . La contradicción aparece cuando al revisar la totalidad de su producción española se puede observar que, a pesar del firme objetivo trazado como plan, dedicó varias notas a describir los monumentos y paisajes que tropezaba en su camino, aunque no fuera más que para bajarlos del pedestal, como hizo con la Alhambra de Granada, a la que llamó edificio muerto y decepcionante 223 ; o cuando dibujó a Santiago de Compostela como una ciudad triste, solemne, de piedra y sin árboles “que enfría el corazón” 224 , donde 220 ARLT, Roberto. Obras completas. Ensayo preliminar de David Viñas. op. cit. pp. 621-623. 221 ARLT, Roberto. “Mañana me embarco”. El Mundo, Buenos Aires, 12 de febrero de 1935. 222 ARLT, Roberto. “Llegada a Cádiz”. El Mundo, Buenos Aires, 9 de abril de 1935. 223 ARLT, Roberto. Aguafuertes españolas. 1ª parte., op. cit. pp. 155-158. 224 ARLT, Roberto. Aguafuertes gallegas y asturianas., op. cit. p. 74. 134 algunos parajes se le asemejaban a una mano de hielo que “nos empuja a la umbría Edad Media” 225 . Aunque luego, cuando conoce Toledo, se desdice de su temprana animadversión contra la ciudad gallega y asegura que fue “ingenuo […] cuando escribí que en Santiago de Compostela se enloquecía de angustia. Alegre es Santiago […] comparado con el sol bronco de esta alma de hierro fino que enfosca a Toledo” 226 . A la capital manchega dedica otras “flores”, como “desierto espiritual”, despertar de una “pesadilla diabólica” o “tétrico señorío”. Algunas de sus crónicas parecen enumeraciones caóticas donde se describe con profusión de detalles los sitios que va recorriendo; una aptitud que apuntala la contradicción y que él mismo reconoce casi al final de su travesía: “bien consta por mis a veces hasta excesivamente minuciosas descripciones, cuán objetivamente quiero reflejar la tumultuosa estructura de este país, cada día más enigmático y fieramente hermoso en mi entendimiento” 227 . Podemos al menos mencionar algunos de los rincones donde el cronista desplegó su talento descriptivo. A las pocas semanas de comenzar el viaje ya dedicó una nota a la Catedral de Cádiz, que definió como una inmensa carga de piedra. Luego, el pueblo de Vejer de la Frontera, con sus casas que parecían fortalezas de cal y piedra, también llamó su atención. Sin salir de la provincia gaditana, dedicó crónicas a los viñedos de Jerez de la Frontera, sus bodegas, sus calles tristes y solitarias donde “la hierba crece en la junta de los ciclópeos adoquines” 228 , o incluso asuntos aparentemente más baladíes como los jardines de las casas señoriales jerezanas, con sus ventanas, celosías y abundantes rejas de hierro forjado. Una vez en Sevilla 225 Ibíd., p. 79. 226 ARLT, Roberto. Aguafuertes madrileñas. Presagios de una guerra civil., op. cit. p. 109. 227 Ibíd., p. 106. 228 ARLT, Roberto. “Jerez y sus bodegas”. El Mundo, Buenos Aires, 14 de mayo de 1935. 135 muestra su “artillería pesada” de cronista viajero; y recorre y describe los espacios con los que sus predecesores, los “escribidores” que antes había criticado, también se deleitaron: Triana y su cerámica, el barrio de Santa Cruz con su antigua judería y calle de la Muerte, el barrio del Arenal y por supuesto todos los parajes vinculados a la celebración de la Semana Santa. De todas sus Aguafuertes españolas son probablemente las gallegas donde más hace gala de una prosa paisajista. Si Asturias, con sus mineros revolucionarios, y Madrid, con su proletariado comprometido y militante, fueron el acicate para sus crónicas más políticas, que retrataron la España prebélica del momento, fue la geografía gallega, con la confluencia del Atlántico y la montaña, la que más lo sedujo: Vigo como una ciudad limpia y de gente respetuosa; o la Coruña con sus balnearios cosmopolitas donde las chicas iban en bañador y fumaban sentadas en sillones de mimbre. Todo indica que Arlt entendió que la propensión de los anteriores cronistas viajeros a la descripción de los monumentos y paisajes no era sólo cuestión de pedantería, sino un fruto más o menos lógico de la admiración que genera lo desconocido; un encantamiento del que él también fue víctima. Pero ciertamente Arlt cumplió con su promesa, porque a pesar de que dedicara más páginas de las que se podían prever a la contemplación del entorno, no por eso dejó de lado a las personas que trabajaban en cientos de oficios distintos; sino que incluso en muchas aguafuertes combinó ambas observaciones, y casi al mismo tiempo que describía las sinuosas montañas, también se percataba de las deslomadas campesinas que cargaban fardos de leña, toneles de leche o cajones de pescado que superaban su propio peso. En Galicia, la mujer trabaja en las faenas pesadas con la misma intensidad que el hombre. Las encontramos en el campo, cavando la tierra, sembrando, conduciendo legumbres a la ciudad en enormes cestos, así como la leche, en tarros cónicos 142 sus dirigentes y visitando sus frontones y centros culturales o “batzokis”, una de las características que más le llaman la atención es la fraternidad entre ambos sexos que allí se estimula. A pesar de que se encuentra con un movimiento profundamente católico y heredero del carlismo conservador, no por eso las mujeres ocupaban un lugar secundario o sumiso, sino que incluso en muchas ocasiones llevaban la dirección del hogar o la comunidad: En el anfiteatro de piedra del frontón, desierto esta mañana, se afilan ahora hileras de hombres, mujeres y niños. […] Los tejadillos están cargados de muchachos. Unas mujeres amamantan a sus criaturas, su número casi iguala al de los hombres. El hecho no es extraño. Desde muy antiguos tiempos, en las regiones vascas, la mujer participa como el hombre en las luchas políticas. En ausencia del marido, ejercía el derecho electoral en lo problemas comunales […] 236 . Más tarde, cuando visita Éibar, ciudad por cierto en cuyo ayuntamiento se izó por primera vez la bandera tricolor republicana en la madrugada del 14 de abril de 1931, reitera esta impresión destacando que si “entro a un frontón; un grupo de muchachas juega a la pelota con varios muchachos. Entro a las fábricas. En los mismos talleres, hombres y mujeres” 237 . La imagen contrasta con la Sevilla del Jueves Santo que había visitado meses antes, donde explica que ese era el único momento del año en el cual las mujeres eran protagonistas: “Los hombres no pasean. Hoy es el día de las mujeres. De ellas es la calle, y los balcones. Esta tarde del año les pertenece, como a las musulmanas el Día de los Muertos” 238 . Mientras en Bilbao o en Éibar las mujeres compartían la lucha política y el trabajo en la fábrica, por el contrario en Sevilla la mujer sólo destacaba un día del año y por la cualidad de ir muy guapa, bien arreglada, con mantilla 236 ARLT, Roberto. Aguafuertes vascas., op. cit. p. 69. 237 Ibíd., p. 135. 238 ARLT, Roberto. “El día de la mujer sevillana. Claveles y mantillas lucen en el Jueves Santo”. El Mundo, Buenos Aires, 4 de mayo de 1935. 143 española y elegante traje de seda negra, cumpliendo un ritual religioso. Cuando llega a Madrid su percepción de la realidad femenina da un giro total, sobre todo cuando visita las barriadas populares. Dentro de la fascinación total que le produce la capital, donde siente que por fin ha descubierto un rasgo de civilización, vuelve a reflexionar en torno al duro trabajo físico que llevan a cabo muchas mujeres en España. Si en Galicia y Marruecos se asombró por la fuerza de las campesinas; en Granada por la astucia de una gitana que aún sin saber leer y escribir había levantado un próspero negocio; en Asturias con la destreza de las vendedoras de la Lonja de Gijón; y en Bilbao con la traperas que sobrevivían gracias a harapos y retales; en Madrid fue el turno de las basureras: Las basureras recolectan la basura. Al frente de carritos tirados por asnillos cenicientos, se mira con asombro guapas muchachas que cargan cajones de basura. En varias barriadas de Madrid, el servicio de limpieza está a cargo de mujeres. El forastero reciente se inclina a la extrañeza, pero cuando radica cierto tiempo en España, la participación de la mujer en los trabajos penosos no le causa asombro. 239 En Madrid encuentra dos ciudades diferentes que conviven: la moderna y urbana de las grandes avenidas con letreros iluminados y cafés de diseño en la Gran Vía o la Calle Alcalá; y la villa provinciana que a menos de mil metros de la Plaza Mayor aún conservaba sus casas bajas, callejuelas estrechas y plazoletas con arboledas y tabernas. Dentro de lo nuevo también estaban las barriadas residenciales de repetidos edificios, como Cuatro Caminos, con una población obrera movilizada a favor de los partidos y sindicatos más progresistas. Es justo en Madrid donde al autor le llama la atención una mujer diferente, y apunta que le resulta difícil “diferenciar las 239 ARLT, Roberto. Aguafuertes madrileñas. Presagios de una guerra civil., op. cit. p. 37. 144 mujeres honestas de las que no lo son, porque las honestas, al igual que las deshonestas, calzan pantuflas escarlatas y azules y acuden a la compra con el cabello suelto” 240 . Estas últimas palabras, que en nuestros tiempos serían impensables en un periódico correcto, por el uso de una categoría tan moralista, y hasta rancia, como el vestido “honesto” o no, hay que entenderlas en las justas entrelíneas de aquella década de los años 30. En el contexto de la totalidad de las Aguafuertes españolas, seguramente lo que Arlt quería demostrar era que el clima de libertad que se vivía en el Madrid republicano era tal, que las mujeres empezaban a dejar atrás ciertas normas timoratas de recato que las obligaba a ir cubiertas, con el pelo recogido y evitando ciertos colores alegres. Arlt, que unos meses antes había observado a las “cobijadas” subiendo como espectros fantasmales las empinadas cuestas de Vejer de la Frontera, en Cádiz, cubiertas totalmente con los hábitos negros que apenas dejaban entrever un solo ojo del rostro, se quedaba perplejo ante las muchachas madrileñas que no sólo vivían con un estilo más desenfadado, sino que también acudían a los cafés de moda y participaban activamente en la política. Cuando Arlt, como cronista testigo, acude al mitin de Francisco Largo Caballero, entonces secretario general del sindicato socialista UGT, en la Plaza de Toros de Madrid el 5 de abril de 1936 241 , observa y llama su atención que jóvenes de ambos sexos uniformados con el traje de las milicias rojas, “recolectaban dinero con estas palabras, que pronunciaban en voz alta en presencia de los agentes de la autoridad: ‘Para bombas y pistolas’” 242 . Como apuntan Félix Luengo y Mikel Aizpuru, durante la Segunda República “los cambios más significativos en la situación de la mujer y en su imagen 240 Ibíd., p. 38. 241 Este acto se realizó con motivo de la unificación de las juventudes socialistas y marxistas. 242 ARLT, Roberto. Aguafuertes madrileñas. Presagios de una guerra civil., op. cit. p. 132. 145 afectaron, sobre todo, a las clases medias urbanas y a las élites” 243 . Al respecto resulta interesante la comparación que hace el propio Arlt entre el comportamiento de las “muchachas” que había observado en Cádiz frente a las de La Coruña: ¿Qué parangón se puede establecer ahora entre el puerto de Cádiz y el puerto de La Coruña? En La Coruña, las muchachas salen solas con sus amigas y regresan a su casa a la una de la madrugada. O van en parejas a los bares, o a los bailes. Fuman. Hacerse de amigas entre ellas es facilísimo. Mientras escribo estas líneas, me acuerdo del asombro con que miraba la gente de los cafés, en Cádiz, a las inglesas que fumaban. Me acuerdo de las ventanas acorazadas de Jerez de la Frontera, de la reclusión femenina de Sevilla y de la terminante afirmación de una muchacha gallega: ―En el Sur viven como en África. 244 Las observaciones de Arlt también coinciden con las reflexiones que los historiadores Eduardo González Calleja, Francisco Cobo Romero, Ana Martínez Rus y Francisco Sánchez han reunido en un amplio volumen de reciente publicación, que constituye uno de los más nuevos estudios sobre la Segunda República Española: Las mujeres fueron protagonistas activas en esta proclamación festiva de la República, abandonando sus recintos domésticos y haciéndose más visibles en el espacio público. Son famosas las alusiones un tanto maliciosas de Josep Pla a la participación de modistillas y demás mujeres en la fiesta republicana. En consonancia con esta movilización femenina, el Gobierno Provisional respondió promulgando, entre los decretos de urgencia, el del 8 de mayo que modificaba la Ley Electoral de 1907 para convertir en elegibles a las mujeres. Este cambio permitió la elección de las tres primeras mujeres diputadas en el Parlamento español en los comicios de junio de 1931: Clara Campoamor por el Partido Radical, Victoria Kent por el Partido Radical-Socialista y Margarita Nelken por el Partido Socialista. 245 243 LUENGO, Félix y AIZPURU, Mikel. La Segunda República y la Guerra Civil. Madrid, Alianza, 2013, p. 60. 244 ARLT, Roberto. Aguafuertes gallegas y asturianas., op. cit. p. 138 245 GONZÁLEZ CALLEJA, Eduardo, et al. La Segunda República Española. Madrid: Pasado & Presente, 2015. p. 131. 146 Muchas otras reformas en materia de igualdad de género se promulgaron durante la Segunda República española, sobre todo durante el gobierno provisional, el primer bienio “azañista” y tras el triunfo del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936. No obstante, como ya advertimos, su implantación no corrió la misma suerte en la totalidad del territorio. La Constitución republicana de 1931 estableció la mayoría de estas reformas: el sufragio femenino, la igualdad sin distinción de sexo en el acceso a empleos y cargos públicos o el derecho al divorcio. A través de decretos se consiguió también que las mujeres pudieran opositar a las plazas de notaría y registro de la propiedad, el seguro y baja de maternidad remunerada, o la coeducación en las Escuelas Normales, entre otros. También se hicieron importantes cambios en el Código Civil y el Código Penal que eliminaron aspectos discriminatorios contra las mujeres 246 ; no obstante, Arlt no hizo específica mención en sus crónicas de estos asuntos. Sin embargo, entendemos que ese clima de cambio e igualdad que generaron las medidas fue lo que quiso plasmar en sus notas, sobre todo las madrileñas, cuando sugería la presencia de una mujer más activa en la vida social y política. A pesar de que en este estudio nos concentramos en el paso de Roberto Arlt por España, no podemos obviar que el cronista porteño aprovechó el viaje para hacer un significativo salto a Marruecos, específicamente a las ciudades de Tánger y Tetuán, que en ese momento se encontraban bajo el dominio español, pasando antes por Algeciras y el Peñón de Gibraltar. Toda esa región fronteriza se mostraba en la época como un espacio de encuentro de culturas entre Oriente y Occidente y, también, como sugiere el propio cronista, un auténtico campo minado de espías internacionales y de lugareños que recibían algún tipo de compensación económica de los diferentes servicios secretos europeos por proporcionar cualquier 246 Ibíd., pp. 130-143. 147 información sensible sobre los turistas y visitantes que llegaban a la región. Arlt, a causa de su apellido alemán y de su personalidad extrovertida, fue en varias ocasiones objeto de la atención de estos personajes, a los que logró evadir con una buena carga de humor. Las crónicas que resultan de su paso por Marruecos tienen entidad y riqueza suficiente para dedicarles un estudio independiente al análisis de las Aguafuertes españolas; sobre todo en la intertextualidad que plantean con posteriores obras literarias como el volumen de cuentos El Criador de Gorilas o la obra de teatro África. Pero en este punto nos interesa hacer una breve alusión a estas crónicas marroquíes, o africanas como las bautizó el propio Arlt, por el lugar que la mujer ocupa en ellas. En la misma línea de una lectura desde las clases sociales, el cronista argentino diferenció en Tánger y Tetuán al menos tres tipologías distintas de mujeres: las campesinas y trabajadoras pobres, que en la mayoría de las ocasiones servían como domésticas en las casas de las familias ricas de la región, prácticamente en condiciones de esclavitud; las madres e hijas de las familias ricas que vivían rodeadas de lujos y golosinas, pero encerradas en sus casas sin que nadie las pudiera ver, a excepción de sus maridos, y conociendo el mundo exterior sólo a través de los chismes que sus domésticas traían de los mercados o de las conversaciones en las terrazas con las empleadas de otras casas vecinas; y, finalmente, también se refirió a las europeas que vivían en Marruecos, muchas de ellas esposas de funcionarios diplomáticos o empleadas de negocios relacionados con la vida y la administración española, quienes llevaba una vida normal y que mantenían amistad con mujeres árabes de clases altas. Así lo narra Arlt en sus Aguafuertes africanas: Hasta los nueve años de edad, aquí en Marruecos, la mujer musulmana disfruta de libertad infantil. Su vida se desarrolla como la de una criatura normal europea, le está permitido encontrarse o jugar con varones; algunas, muy escasas, concurren a la escuela árabe francesa, pero al llegar a los diez 148 años de edad, las puertas de la calle se cierran para ella; ya no podrá salir más, ningún hombre debe verle el rostro, incluso se ocultan las criaturas a las mujeres que van de visita a la casa de los padres […]. De allí que casi todas las mujeres que encontramos por la calle, pertenecen a la llamada clase baja de esta sociedad medieval. Sin medios económicos para rodearse de criadas, se ven obligadas a salir personalmente para hacer las compras. Las otras, las hijas de la clase media, y de la pequeña burguesía, permanecen rigurosamente enclaustradas hasta el día que se case. […] En el hogar, marido y mujer, viven separados, ellas con sus criadas, él con los suyos. La servidumbre se compone de esclavos, comprados muy pequeños en el mercado, de modo que su adhesión al amo es incondicional. Los esposos se entrevistan alguna hora en el día, cuando el dueño y señor lo quiere. El resto de la jornada la mujer lo transcurre en compañía de sus esclavas, otras recibe las visitas de sus parientas, danzan, narran cuentos, hacen música, preparan confituras y chismorrean en grande. Las criadas les traen del mercado todos los cuentos que circulan por la ciudad, de que Fulana concurrió a una fiesta de boda mal pintada, de que ha visto a Mengano, de quién se dice que se casará con la hija de Perengano, etc. A veces suben a las terrazas, en las que se comunican con sus vecinas, algunas saltan balaustradas, y en estas alturas se han tramado amoríos complicados… Otras veces, concurren a los baños, buscan aventuras, pero esto es excepcional y además peligrosísimo. La esposa es casi siempre acompañada a la calle por su madre, o la madre de su marido o una matrona anciana y respetable. No es muy fácil indagar su vida psíquica. La falta de cultura las priva de elementos de lenguaje, para expresar los matices que diferencian los estados de espíritu. Casi todas ellas son analfabetas. Las europeas que las tratan (son frecuentes las amistades de musulmanas con cristianas, y los marroquíes les enorgullece ver asistir a sus matrimonios a cristianos), tropiezan en sus preguntas no sólo con las dificultades del idioma, sino también con la pobreza de sintaxis de sus interlocutoras, originales en seres humanos casi primitivos, cuya conversación sólo se refiere a partes del vestido o de la alimentación. Sería, haciendo una comparación ajustada, tratar de disertar metafísica con una vaca, dotada, por un milagro, del don de la palabra. 247 Lo que más sorprende a Arlt, y lo hace saber con su característica fina ironía, es que determinadas costumbres que parecerían propias de tiempos remotos, de una “sociedad medieval”, siguieran ocurriendo en el año 1935. Esta perplejidad la deja ver sobre todo en tres crónicas donde relata los pormenores del “amor de 247 ARLT, Roberto. “Esclavitud del matrimonio. Deseo y terror de la civilización europea”. El Mundo, Buenos Aires, 8 de agosto de 1935. 149 pareja” en esta región: “Noviazgo moro en Marruecos en el año 1935”, publicada en El Mundo el 6 de agosto de 1935; “Boda musulmana en Tánger. Me faltó coraje para usar el magnesio. Tambores, trompetas y la novia en una jaula ¿Fiesta o sacrificio?”, aparecida el 7 de agosto de 1935; y finalmente “Esclavitud del matrimonio. Deseo y terror de la civilización europea”, del 8 de agosto de 1935. En estas notas describe hechos que rozan lo aterrador, como por ejemplo la negociación entre las dos familias de los futuros contrayentes de matrimonio sobre el precio o dote que se debía pagar por la mujer como si se tratara de una mercancía, con explicaciones denigrantes de por qué una candidata valía más dinero por su bonitas curvas y otra menos por su presunto mal aliento. Lo peor del caso, y así lo describe el cronista, es que toda esta transacción la realizaban los padres sin consultar a los miembros de la futura pareja. También llamó especialmente su atención la celebración de una típica boda marroquí que pudo observar. La novia, que desde dos días antes había permanecido con los ojos cerrados mientras era exhibida vestida de gala ante las vecinas, era transportada desde su casa a la mezquita metida dentro de una especie de jaula a lomos de un burro: ¿Ésta es una boda o un sacrificio? No lo sé. […] Yo miro, hipnotizado por el tambor, la jaula de seda. Allí adentro va ella, remota, de rostro ignorado para todos, hacia un hombre al cual conoce de referencias, va ella hacia un acto de amor, del cual la primera brutalidad serán las manos de las matronas. […]. Ella, desconocida, remota, en cuclillas, permanece allí adentro de la obscura prisión de la jaula de seda. Y uno no sabe por qué siente ganas de llorar. 248 Resultaría repetitivo reproducir cada uno de los fragmentos del las crónicas marroquíes donde Arlt hace algún tipo de reflexión sobre 248 ARLT, Roberto. “Boda musulmana en Tánger. Me faltó coraje para usar el magnesio. Tambores, trompetas y la novia en una jaula ¿Fiesta o sacrificio?”. El Mundo, Buenos Aires, 7 de agosto de 1935. 150 la situación de las mujeres, ya que fue uno de los temas que más lo sorprendió y sedujo en su paso por esa parte del continente africano. Como sugerimos, sólo estas notas y este tema tendrían contenido suficiente para una investigación aparte. Pero el punto particularmente interesante de estos registros es comprobar que volvió a repetir la lógica de clases que ya advertimos anteriormente entre el tratamiento de la mujer porteña versus la española. Si ante el drama de las jóvenes árabes de clases acomodadas que eran tratadas como mercancías y de las casadas ricas casi analfabetas encerradas en sus palacios entre confituras y sedas se mostró irónico, con incluso algún resquicio para el humor, por el contrario, cuando narró la vida de las campesinas pobres marroquíes, condenadas a caminar días enteros cargadas de leña y verduras para vender en los mercados, mientras sus maridos fumaban tranquilamente o bebían té, el tono se tornó compasivo, indignado y hasta admirado por su fuerza y resistencia. En esta misma línea también hizo referencia a los niños que desde muy pequeños eran empleados para trabajar arduamente en toda clase de oficios, muchas horas al día y con remuneraciones miserables. Es el primer fenómeno que se observa en Tánger, y eso que Tánger es una ciudad europeizada. No he visto aún a un árabe comerciante o de la clase media, en compañía de su mujer por la calle, como no ser a los campesinos, y éstos por necesidad, pues los hombres llevan las criaturas en brazos mientras sus mujeres van cargadas de tremendos fardos de pasto, de leña o de carbón, y como simultáneamente las desdichadas no pueden llevar al crío y la carga, ellos las acompañan montados en burros, cruzados de piernas, con el parvulillo junto al pecho. 249 Más adelante en otra crónica ahonda sobre la vida cotidiana de las campesinas pobres marroquíes: 249 ARLT, Roberto. “¿Dónde está la poesía oriental? Las desdichadas mujeres del Islam. Mugre y hospitalidad”. El Mundo, Buenos Aires, 2 de agosto de 1935. 151 Nosotros los argentinos, estamos más imposibilitados para formarnos una idea de las espantosas condiciones de vida que martirizan a una campesina marroquí, que un ciego para comprender la diferencia óptica que separa un color de otro. […] Una hora después que el autobús ha salido de Tánger, encontramos a lo largo del camino hileras de campesinas. Van descalzas, las piernas revestidas de cueros, un pañolón cubriéndoles la cabeza; encima el campanudo sombrero de paja. Muchas llevan sus criaturas en brazos, porque conducen amarradas a las espaldas, con cordeles, enormes cargas de leña, de carbón o forraje. […] Son las mujeres que a lo largo del camino he visto “poéticamente” tiradas como bestias entre yuyos, con la cara vuelta al suelo, semejante a cadáveres. Son las viejas prodigiosas de treinta años que en el Zoco, silenciosas, envuelven a su mirada taciturna al que se les acerca […]. ¡Treinta kilos a las espaldas! El hijo en brazos. ¿Y este es el trabajo de un día? No, el de todas las jornadas, el de toda la vida, hasta que se les quiebra el corazón y caen, como caen los caballos en los tremendos días de verano, muertos sobre los adoquines. […] Y de pronto pienso que la noche que una campesina alumbra y del vientre nace una hija, esa noche la mujer debe llorar de amargura por haber dado al mundo una bestia más. 250 Tanto en España como en Marruecos Arlt se propuso demostrar que la vida real estaba lejos de la imagen poética y romántica de las tarjetas postales. Ni el Cádiz de las calles eternamente pobladas de obreros en mono de trabajo y parados se parecía a las estampas de hermosas mujeres con mantón al abrigo de los patios; ni el Marruecos de calles hediondas, campesinas explotadas y mujeres cubiertas y encerradas se parecía demasiado al poético Oriente de Las mil y una noches o de las películas de Von Sternberg y Marlene Dietrich. 4.3) C AMPESINOS Y TENENCIA DE LA TIERRA : UNA RECURRENCIA ARLTIANA Como ya mencionamos al comienzo de este capítulo, la contradicción es un rasgo palpable en las Aguafuertes españolas. El encantamiento e influjo que España causó sobre el autor logró mover sus fibras profundas y operar cambios insospechados. Arlt, que era 250 ARLT, Roberto. “La vida campesina en la ficción y la realidad. Las mujeres, bestias de carga. Treinta kilos por cincuenta kilómetros”. El Mundo, Buenos Aires, 12 de agosto de 1935. 254 La tercera y última crónica que dedica a la mina y los mineros, publicada el 9 de noviembre de 1935, se titula “El trabajo en la mina. Estrellas amarillas y sombras en la sombra. El venenoso aliento de la tierra”. A lo largo de estas tres notas, que juntas reúnen unos pocos folios, se repite cerca de diez veces la misma frase como una suerte de mantra que se quiere incrustar en el lector: “250 metros de profundidad”. No es la única vez en las Aguafuertes españolas que Arlt acude a esta suerte de anáfora narrativa para lograr un efecto de énfasis. Pronto, al inicio de su viaje, en las ocho notas dedicadas a la Semana Santa sevillana, repitió en varias ocasiones aquello de que las imágenes de las vírgenes que salían en procesión se asemejaban a “rostros de adoloridas niñas andaluzas”. La pregunta retórica con la cual finaliza su última crónica sobre la mina asturiana sirve de estocada final a su reflexión: “¿Qué puede significar una ametralladora o un presidio para estos hombres que viven enterrados vivos?” 406 . De esa forma tan sucinta, que pudiera parecer básica, pero que dentro de la simpleza esconde una verdad con ribetes filosóficos, Arlt expone su particular explicación sobre la Revolución de Octubre de 1934 en Asturias, y que podría enunciarse con las siguientes palabras: para unos hombres que prácticamente todos los días se jugaban la vida bajando a 250 metros de profundidad en las entrañas de la tierra; para unos obreros que cada mañana a las ocho en punto comenzaban su jornada sabiendo que estaba presenta la posibilidad de no terminarla vivos, tomar una ametralladora o un cartucho de dinamita para hacer la guerra representaba casi una nimiedad. No había en ellos más coraje que costumbre. A lo largo del tiempo los historiadores han dilucidado por qué en Asturias fue el único sitio, o al menos el más representativo, dónde la huelga se 406 Ibíd., pp. 159. 255 convirtió en una auténtica rebelión. Se han ensayado muchas respuestas; quizás la más difundida es la que apunta que sólo en Asturias la Alianza Obrera logró aglutinar a todos los sindicatos socialistas, comunistas y anarquistas con un mismo objetivo, conseguir la Revolución social, y con autonomía de las directrices del PSOE. Pero siguiendo el hilo de las entrelíneas de Arlt, podríamos ensayar otra versión un tanto más romántica, y afirmar que en Asturias la Revolución rozó con los dedos la victoria porque fue el único lugar donde a la mayoría de los revolucionarios les importó bastante poco perder la vida en el intento. Desde aquellos años se alimentó aún más, y se expandió por todo el mundo, la leyenda de la bravura de los mineros asturianos que aún hoy pervive en el sustrato de la cultura popular. Con tono anecdótico recuerda Taibo II que se hizo en aquel tiempo popular un menú en los restaurantes, cafés y fondas proletarias que ofrecía “huevos a la asturiana, lengua a la madrileña y gallina a la catalana” 407 . Luego de estas tres notas el cronista argentino no hizo alusión a los mineros en lo que restó de su paso por Asturias, sino que volvió a retomar el tono paisajista que había desarrollado en Galicia y también su preocupación por los tipos sociales, especialmente las mujeres proletarias. Resulta interesante su visita a la lonja y mercado de Gijón, donde no sólo describió el sistema mecanizado de subasta, sino que también llamó su atención una joven vendedora de pescado, quien se le asemejaba a una “elástica” Greta Garbo que con gran destreza cargaba enormes cajones, pero se lamentaba suponiendo que para ella, con su bien aprendida conciencia de clase, “[…] su hombre no puede ser otro que vista el traje azul mecánico y boina proletaria” 408 . Más adelante también relató una divertida anécdota, 407 TAIBO II, Paco Ignacio. Asturias, octubre 1934, op. cit. p. 470. 408 ARLT, Roberto Arlt. Aguafuertes gallegas y asturianas, op. cit. p. 165. 256 cuando en el camino a su siguiente destino, Bilbao, hizo el tren una última parada en tierra asturiana, en el pueblo costero de Llanes. Su flirteo con las jóvenes camareras del bar de la estación que servían el almuerzo le valió la recompensa de una ración de comida más abundante que la del resto de los pasajeros. Arlt volvió a retomar el tema del octubre rojo asturiano cuando ya había regresado a Buenos Aires. Se trata de la crónica titulada “Oviedo otra vez en llamas”, publicada el 3 de agosto de 1936. En esa fecha ya se había producido, y Arlt estaba al tanto de ello, el Golpe de Estado contra el gobierno legítimo de la Segunda República, llevado a cabo entre el 17 y 18 de julio de 1936, con el General Emilio Mola como uno de sus principales impulsores, aunque semanas más tarde y por diversas circunstancia fuera Franco el que tomara el mando único de la sublevación bajo el apelativo de “El Generalísimo”. El fracaso parcial de este Golpe, cuyos partidarios desde ese momento y durante las décadas franquistas lo maquillaron bajo el eufemismo de “Alzamiento Nacional”, fue el hecho propiciador de la Guerra Civil que asoló a España hasta el 1 de abril de 1939, cuando fueron definitivamente vencidas las últimas fuerzas leales a La República. Sabemos que Arlt salió de España en mayo de 1936, con lo cual no sólo vivió en persona toda la tensión de los meses previos a la Guerra, sino que a punto estuvo de sufrirla. Una vez de regreso en Argentina, su condición de periodista que recientemente había experimentado la política española, lo autorizaba moralmente para publicar artículos de opinión sobre lo que estaba ocurriendo en España. A pesar de que estos textos se escribieron estando ya de regreso a Buenos Aires, los pocos estudios críticos y compilaciones que se han realizado al respecto los incluyen dentro del gran corpus de las Aguafuertes españolas. 257 Precisamente la crónica “Oviedo otra vez en llamas” es la última de la serie de reflexiones de Arlt sobre la situación española y por lo tanto la que cierra el corpus de su viaje. Posteriormente a esta nota apenas hizo alusión al problema español. La crónica presenta formalmente una característica curiosa que ya mencionamos anteriormente. En vez de comentar una información de actualidad, es decir, narrar lo qué estaba ocurriendo en Oviedo en esos inicios de la Guerra, usa la actualidad como excusa para recordar lo que había vivido varios meses antes en su paso por Asturias. Pero además, si tomamos en cuenta que ya el autor en las notas escritas desde Asturias había hecho bastante uso de los recuerdos, ajenos en este caso, al evocar una Revolución que él no había vivido, entendemos entonces que esta última aguafuerte se configura como una suerte de “metamemoria”, la memoria de la memoria, que afianza el sentido nostálgico del viaje y que pone en relación a la Literatura, con el Periodismo y la Historia, que es entre otras cosas el punto neurálgico de esta reflexión. Visité Oviedo a mediados del año 1935. […] Un capataz de una compañía de ómnibus me guiaba en mi peregrinación. Me proporcionaba detalles. […] ¿Qué quedará de Oviedo ahora? Los telegramas anuncian ahora que la ciudad está en llamas por los efectos de los ataques con dinamita que han hecho los mineros. La misma dinamita que en octubre voló los muros y una torre de la catedral, que de la Universidad ha dejado en su centro, prodigiosamente respetada por las llamas, únicamente la figura de un inquisidor, sentado en bronce, en un sillón de bronce. “Se combate en todas las callejuelas”, “Nidos de ametralladoras han hecho los rebeldes”, informan los telegramas. Nuevamente como ayer, mi amigo el capataz de la descarga, debe estar refugiado en un sótano. Nuevamente como ayer, la población civil de Oviedo vive refugiada en los sótanos, abriendo agujeros en los muros para comunicarse con sus vecinos. Como ayer, algún audaz asoma la cabeza por una claraboya para mirar las grandes llamaradas que se elevan de 258 los altos edificios de la calle central, mientras las baterías leales del Monte Naranco atruenan constantemente y los arrabales acompañan la marcha de los mineros, descalzos o en almadreñas, que llevan el cuerpo arrollado con pardos cartuchos de dinamita, que encienden en las colillas de sus pitillos. 409 A lo largo de esta última crónica Arlt menciona detalles sobre la Revolución de Octubre de 1934 que ya había narrado en sus anteriores entregas, como por ejemplo el miedo y la vigilancia que se percibía en la capital asturiana todavía un año después de la rebelión, infiltrada por todo tipo de fuerzas de seguridad. También aporta datos novedosos, como que había sido testigo del estado ruinoso en el cual había quedado una de las torres de la Catedral de Oviedo, con los grandes bloques de piedra aún esparcidos por la explosión alrededor; o la imagen de un devastado Teatro Campoamor del cual sólo habían quedado en pie los muros de la fachada, como si se tratara, nunca mejor dicho, de una macabra escenografía. Pero sin duda uno de los rasgos más relevantes de esta última crónica española es la persistencia de Arlt en la idea de que la Revolución de Octubre sólo se podía comprender a través del coraje de los mineros, esos mismos hombres que había percibido como espectros en medio de las sombras a 250 metros de profundidad, arriesgando diariamente la vida. Concluye así que “mientras se continúe ignorando que los mineros encendían los cartuchos de dinamita parda en sus colillas, se continuará sin poder explicarse por qué Oviedo fue en aquellos días […] conmocionado como por un volcán” 410 . 5.4) E L NACIONALISMO VASCO O LA SORPRENDENTE NOTA DISCORDANTE Diferentes estudios biográficos acerca de Roberto Arlt han explorado cuál era la imagen sobre España que se había hecho desde su infancia. Las novelas sobre los célebres bandoleros del siglo XVIII 409 ARLT, Roberto. Aguafuertes madrileñas. Presagios de una guerra civil, op. cit. pp. 167- 170. 410 Ibíd., p. 168. 259 Diego de Corrientes, “El Bandido Generoso”; o José María Hinojosa, “El Tempranillo”, entre otros, que camparon a sus anchas por las sierras de Andalucía, fueron la primera referencia hispana del joven Roberto que devoraba folletines. Más tarde se unió la música de Manuel de Falla o las postales con estampas costumbristas que mostraban a hermosas damas engalanadas con mantones en patios andaluces forrados de azulejos. Antes del viaje, en varias de sus obras, sus personajes manifestaron un deseo que en realidad era suyo; Arlt hablando por boca de sus criaturas: marcharse a Cádiz. Sin embargo, una vez iniciado el viaje comprobó que ese mundo idealizado de color, luz, bullicio, alegría y desparpajo no sólo no era el signo absoluto de una Andalucía en gran medida empobrecida; sino que tampoco tenía mucho que ver con el resto de España, que resultaba a la postre una confluencia de regiones y gentes que no se podían fácilmente encajar con el estereotipo picaresco. Ya a su paso por Galicia el cronista manifestó las diferencias que percibía entre el sur que había conocido al principio de su viaje y el norte que empezaba a descubrir, y apuntaba que “el brumoso temperamento gallego es inexplicable sin el paisaje, como la dulzona psicología andaluza es ininterpretable si no acudimos a las raíces moriscas, salvadas de los rescoldos de todas las hogueras inquisitoriales” 411 . En la primera nota que envió desde Galicia apuntó: En Andalucía, uno puede echarle un piropo a una muchacha, o seguirla o hablar y reír a gritos en la mesa de un café sin que nadie se sienta molesto por ello, pero aquí, en Vigo, la atmósfera es tan naturalmente contenida y mesurada que nadie se atreve a desentonar. 412 Más adelante. insistió en esta diferencia de caracteres entre Cádiz y Vigo, pero haciendo énfasis en el nivel de vida, que a su juicio era más próspero en el norte: 411 ARLT, Roberto. Aguafuertes gallegas y asturianas, op. cit. p. 56. 412 Ibíd., p. 41. 260 Cádiz, en Andalucía, con la misma población que Vigo e idénticas características de puerto continental, tiene veinte veces más tabernas y cafés que Vigo. Pero en Cádiz el “standard” de vida proletaria es infinitamente más bajo que el del trabajador campesino o marítimo gallego. En los días de fiesta, en Vigo, se reconoce al trabajador por sus manos deformes, porque su vestir ciudadano es idéntico al del pequeñoburgués. Tal es el carácter del norte de España. Y tan bravoso que Asturias hace una Revolución y en ella, a pesar de las ocultaciones oficiales, cuesta cinco mil muertos. ¡Y para sofocarla es menester poner en acción las más modernas armas de guerra! 413 No obstante, fue en su llegada al País Vasco donde encontró una sociedad con diferencias notables con respecto al resto de España en diferentes aspectos. Uno de ellos ya lo abordamos anteriormente, la peculiar organización social donde la solidaridad entre los vecinos, reunidos en torno a espacios públicos como los batzokis o los frontones, sin hacer mayores diferencias entre hombres y mujeres, tenía un papel fundamental en la toma de decisiones sobre los problemas de la comunidad. Pero quizás lo más interesante era que esas diferencias tenían un trasfondo político que lo amalgamaba todo y que Arlt rápidamente detectó: el Movimiento Nacionalista Vasco, articulado orgánicamente a través del Partido Nacionalista Vasco (PNV). A este tema dedicó tres crónicas: “en una serie de notas, voy a ocuparme exclusivamente del movimiento nacionalista vasco, contra el cual luchan simultáneamente las izquierdas y derechas españolas” 414 . Esta observación inicial de Arlt sobre el nacionalismo vasco resulta especialmente acertada, ya que como explica José Luis de la Granja, durante la Segunda República, aunque en buena medida también se podría aplicar a la actualidad, el País Vasco y Cataluña eran las únicas regiones que realmente tenían un sistema propio de partidos políticos diferenciado del sistema del 413 Ibíd., p. 70. 414 ARLT, Roberto. Aguafuertes vascas, op. cit. p. 61. 261 resto del Estado. A diferencia de lo que ocurría en otras regiones de España durante las distintas elecciones que se realizaron en los años de la Segunda República, los partidos políticos de alcance nacional como por ejemplo el Partido Socialista, el Partido Radical o la CEDA, conseguían en el País Vasco una representación débil frente a los resultados del PNV y de la Comunión Tradicionalista, superviviente del carlismo clásico. En otras regiones con similares improntas nacionalistas como Galicia o Valencia, los partidos políticos que recogían esas reivindicaciones nacionales no tuvieron electoralmente el protagonismo del PNV en Euskadi o de Esquerra y la Lliga en Cataluña. Lógico resultaba entonces la conclusión de Arlt al advertir que tanto los partidos de derecha como de izquierda de alcance nacional vieran en el nacionalismo político vasco a un adversario. La mayor peculiaridad de Euskadi durante la II República fue la fortaleza alcanzada por el Partido Nacionalista Vasco, que, gracias a su enorme crecimiento en el primer bienio republicano, se convirtió en el primer partido del País Vasco en 1933 (con el 70% de los diputados en las Vascongadas y el 50% incluyendo Navarra), posición que mantuvo en 1936 pese a su estancamiento en el segundo bienio y a su retroceso electoral en ese año (con el 53% y el 37% de los escaños, respectivamente). El PNV fue el único partido que tuvo éxito yendo en solitario a los comicios de 1933 y 1936, mientras que todos los demás necesitaron ir en coalición. […] La segunda peculiaridad destacada fue la supervivencia del carlismo, que continuaba arraigado en Euskadi. Después del PNV, la Comunión Tradicionalista era el partido más implantado y con mayor representación parlamentaria (oscilando entre el 20%, en 1931 y 1936, y el 25%, en 1933, en el conjunto de las cuatro provincias vascas. En cambio, en el resto de España era débil y tenía contados diputados […]. […] El nacionalismo y el carlismo son, por tanto, los dos grandes rasgos diferenciales del sistema vasco de partidos en la II República. Su implantación territorial complementaria (el PNV, en Vizcaya y Guipúzcoa; la CT, el Álava y Navarra) hace que controlen casi todo el País Vasco (excepto sus zonas más industriales y obreras); de modo que estos dos partidos, que no existen o no tienen fuerza en el resto del Estado, suman entre la mitad y las tres cuartas partes de los 24 diputados vascosnavarros en la elecciones legislativas. Así se manifiesta la 262 singularidad política de Euskadi en la España de los años treinta. 415 Precisamente, el cronista argentino también hizo alusión en esa primera crónica al lugar del carlismo en el marco de este movimiento nacionalista, sobre todo en lo que tenía que ver con la reivindicación de los Fueros de Navarra, que también afectaban a los históricos territorios vascos de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya. El argentino aludió a ese “catolicismo político” y antiliberalismo que planeaba en los partidos del País Vasco, y que no en vano recuerda De La Granja que fue la amalgama que logró que en las elecciones de abril de 1931, las que dieron paso al régimen republicano, tanto el PNV como la Comunión Tradicionalista fueran juntos en una misma coalición, aunque posteriormente los carlistas derivaron hacia posturas cada vez más antirrepublicanas 416 , a tal punto que participaron en la sublevación de julio de 1936 contra el gobierno legítimo de la República. En líneas muy generales y sin pretender entrar en demasiados detalles históricos, el carlismo tiene su origen en la aversión a todas las disposiciones legales que puso en marcha el rey Fernando VII (1784 – 1833) para modificar la Ley Sálica que impedía a las mujeres heredar el trono. Estas disposiciones recibieron el nombre de “Pragmática Sanción de 1830”, aunque en realidad lo único que hacían era poner en vigor una legislación anterior, la “Pragmática Sanción de 1789”, que ya habían aprobado las Cortes de su padre el rey Carlos IV (1748 – 1819), pero que en su momento no se había hecho pública. Gracias a estas disposiciones, tras la muerte de Fernando VII, pudo acceder al trono su hija Isabel II (1830 – 1904), y no su tío, el hermano de Fernando VII, el pretendiente Carlos María 415 DE LA GRANJA, José Luis. El sistema vasco de partidos en la II República. En La II República española: bienio rectificador y Frente Popular: IV Coloquio de Segovia sobre Historia Contemporánea de España. Madrid: Siglo XXI de España Editores, 1988. p. 106 416 Ibíd., p. 107. 263 Isidro de Borbón (1788 – 1855), como exigía la porción más tradicional y católica de la población y nobleza española de la época. En pocas palabras, la oposición entre los partidarios de Isabel II, con la figura mítica de Baldomero Espartero a la cabeza, y los partidarios de “Don Carlos” o carlistas, fue el enfrentamiento entre dos visiones políticas de España: el liberalismo y el ascenso social de la burguesía industrial y comercial versus la defensa de los valores conservadores y ultra católicos del Antiguo Régimen. A grandes rasgos, los carlistas, como resultaba bastante lógico por su rasgo tradicionalista, eran defensores de que los territorios vascos conservaran sus fueros o leyes en vigencia desde tiempos inmemorables, que permitían a los pobladores de esas tierras amplias cuotas de independencia frente a los reyes castellanos. Sin embargo, los isabelinos, acorde a una idea más moderna y liberal del Estado contemporáneo, no admitían que alguna región de España tuviera mayores privilegios con respecto a las demás y, sobre todo, que no contribuyera con sus impuestos a la hacienda del reino. Para los nacionalistas vascos, el año de 1839, fecha en la cual concluyó la Primera Guerra Carlista gracias al acuerdo de paz de Vergara entre el Espartero y el general carlista Rafael Maroto, significó el inicio de la tragedia, la pérdida de los fueros. Sabino Arana (1865 – 1903), fundador del PNV, no sólo fue una persona de profundas convicciones católicas, sino que también había sido un carlista convencido. De allí su pensamiento fue derivando hacia una defensa de los tradicionales derechos históricos de los vascos y del catolicismo como condición indispensable de la “raza” vasca; razón por la cual aún en la actualidad algunos críticos apuntan que sus posturas eran racistas y xenófobas. A pesar de que buena parte de estas discusiones se iniciaron en las primeras décadas del siglo XIX, en las semanas que Arlt vivió en el País Vasco, entre finales de 1935 e inicios de 1936, se encontraban aún en plena vigencia, e 270 aspecto en el cual fija la mirada para despedir sus andanzas por el País Vasco con la crónica “Me marcho de las Vascongadas”, publicada el 16 de enero de 1936, donde el centro de su atención es eminentemente social: “[…] experimento la extrañeza de haber habitado, creo, en el más sólido reducto de la España católica, ya que en las regiones vascongadas es rara la familia no emparentada con un sacerdote o una monja” 428 . A lo largo de las semanas que vive en Euskadi, además de su arraigado movimiento nacionalista, también exploró otras aristas de la región, algunas de la cuales ya hemos mencionado, como el papel relevante de las mujeres en su organización social, su importante sector siderometalúrgico, su particular folclore repleto de costumbres inéditas con respecto a otras regiones, el carácter recto y honesto de sus habitantes, o las bondades de su naturaleza; no obstante, de todos estos aspectos escoge para la despedida resaltar el rasgo social que más aguijoneó su curiosidad, el sentido católico predominante del pueblo vasco: Los sacerdotes son numerosísimos. Se hospedan en las casas de familia, conviven en el medio ambiente sin que nadie le llame la atención este engranamiento del eclesiástico con el seglar. […] Los más serios problemas domésticos se aconsejan con el eclesiástico. He visto familias venidas de la montaña y reunirse en la sala del hotel en compañía de un sacerdote para tratar, a puertas cerradas, asuntos que les incumbían. La sociedad vasca se encuentra absolutamente bajo el control religioso. Los templos únicamente cierran sus puertas por la noche. Hombres y mujeres, en la ciudad, acuden por lo menos dos veces al día a los oficios religiosos. 429 Arlt dibuja un escenario extremo donde autores como Unamuno o su admirado Baroja, a pesar de ser vascos, despertaban poquísimo interés en las masas e incluso resultaba difícil encontrar sus obras en las bibliotecas públicas. Como colofón de la nota llega al extremo de molesto ante esta insistencia del nativo que se obstina en complicarle en juicios parciales”. 428 ARLT, Roberto. Aguafuertes vascas, op. cit. p. 167. 429 Ibíd., p. 168. 271 asegurar que en ese momento los intelectuales vascos, y especialmente los jóvenes, no tenían ningún provenir, ya que el único interés que promovía el PNV era la exaltación de la nacionalidad vasca. Ese era en resumen el panorama que vislumbraba Arlt en aquel Euskadi republicano: catolicismo y nacionalismo; política y religión. 5.5) M ADRID : UNA DESPEDIDA AGRIDULCE DE LA E SPAÑA REPUBLICANA Una vez que Arlt se despidió del País Vasco, su siguiente destino fue Madrid, capital de España y epicentro político de la Segunda República. Bien es cierto que el barco que lo llevó de regreso a Buenos Aires partió desde Barcelona, pero fue Madrid la última ciudad de su periplo español donde se involucró con profundidad en la vida cotidiana y en las dinámicas sociales de sus habitantes. De hecho, fue en esta villa donde participó con más intensidad en el seguimiento periodístico de los hechos políticos del momento. Madrid provocó además en el cronista porteño un encantamiento prácticamente desde la primera hora, ya que representó el encuentro con un territorio urbano que le resultaba más cercano a su entorno original, la ciudad: “El viajero que ha vivido durante meses en el interior de España, al llegar a Madrid respira afanosamente. Por fin le cobija una ciudad cuyas fachadas modernas tornan más próxima la civilización” 430 . En la penúltima crónica que Arlt envía desde el País Vasco, titulada “El decreto de disolución de Cortes y convocatoria de elecciones”, publicada en El Mundo en 14 de enero de 1936, da una idea del panorama que encontrará en Madrid y del cual hablará en sus notas: todas las desavenencias por el poder e intrigas palaciegas que se sucedieron al final del bienio radical-cedista y que dieron al 430 ARLT, Roberto. Aguafuertes madrileñas. Presagios de una guerra civil, op. cit. p. 35. 272 traste con la estabilidad política de la República y la gobernabilidad, no dejando otra opción más que la convocatoria a unas nuevas elecciones generales. Manuel Portela Valladares (1867–1952), político liberal y centrista afín a Alcalá-Zamora, fue presidente del Consejo de Ministros en los dos brevísimos gobiernos finales del bienio radicalcedista, el primero de ellos del 14 al 30 de diciembre de 1935, y el segundo del 30 de diciembre de 1935 al 19 de enero de 1936, cuando ya la situación de algarabía y efervescencia ciudadana ante el triunfo del Frente Popular no le dejó otra opción que renunciar y dejar directamente el poder en mano de los vencedores de la elecciones. Prácticamente todas las fuentes históricas coinciden en apuntar que tanto el primer gobierno de Portela Valladares como los dos anteriores de Joaquín Chapaprieta (1871-1951) representaron, ante el desprestigio en el cual había caído el Partido Radical de Lerroux por los escándalos de corrupción, los últimos intentos del presidente Alcalá-Zamora por reconstruir una fuerza política de centro, de vocación republicana, que dirigiera los destinos de España sin necesidad de entregar el poder a la conservadora CEDA, cuya lealtad a la República se tornaba cada día más dudosa, o de facilitar el camino al PSOE y otros partidos de izquierda, cuyas intensiones parecían más cercanas a una revolución social de orientación comunista que a un clásico gobierno republicano de inspiración liberal y burguesa. Ante el fracaso de este proyecto y la persistencia de Alcalá-Zamora en la idea de no entregar el gobierno a Gil Robles, se constituyó así el último gabinete de Portela Valladares, cuya única función era convocar y organizar las nuevas elecciones que finalmente se llevaron a cabo el 16 de febrero de 1936 431 . El decreto 431 Alcalá Zamora se mantuvo en su empreño de crear una nueva fuerza política de centro que equilibrara los extremismos que se dibujaban en la política española del momento. Volvió a encargar esta tarea a su estrecho colaborador Portela Valladares, quien debía crear un partido de centro que se pudiera presentar a las elecciones del 16 de febrero de 1936. Nace así el 28 de enero de 1936 el Partido del Centro Democrático, pero su repercusión en los comicios no pasó de un 273 de disolución de Cortes y convocatoria de elecciones se dictó el 7 de enero de 1936. Arlt hace en su crónica las siguientes apreciaciones sobre este momento: […] el texto del decreto de disolución de las Cortes, firmado por el presidente de la República Española, refleja el estado caótico de estos últimos quince meses: No ha habido elecciones parciales para diputados que en todo lugar y tiempo son signo indicador. No ha habido elecciones municipales… Por otra parte, actos de violencia colectiva y prevenciones legales de la autoridad por aquéllos determinadas han mantenido prolongada anormalidad para la expresión serena e igualitariamente libre de la opinión pública […]. Estas elecciones, como decía en un anterior artículo, tienden a originar la aparición del partido Centrista que en el Parlamento equilibre los violentísimos antagonismos de izquierdas y derechas. […] Como se puede apreciar, la tensión política de las fuerzas antagónicas españolas se desarrolla en un horizonte inquietante para todos aquellos que tienen algo que perder. 432 La crónica, más allá del contenido, presenta un aspecto formal que vale la pena comentar. Arlt, como un recurso para dotar a su nota de mayor verosimilitud, credibilidad e incluso pluralidad, incluye fragmentos de informaciones y opiniones editoriales aparecidas en los principales periódicos y órgano informativos de diferentes partidos y tendencias políticas. El cronista cita así diarios de la época como El Sol, liberal y republicano; La Nación, monárquico y reaccionario; ABC, conservador; El Heraldo de Madrid, republicano de izquierdas; Política, órgano del partido de Azaña, Izquierda Republicana; y La Voz, que era una suerte de versión vespertina y más ligera del diario El Sol. De esa forma, utiliza como fuente a dos medios liberales, dos conservadores y otros dos de izquierdas; logrando así el equilibrio y la diversidad de voces recomendable y característico del periodismo informativo contemporáneo. Más adelante también citará al diario Ya, anecdótico 4%. El escasísimo tiempo con el que contaron para la difícil tarea de construir una estructura de partido así como el crispado clima de polarización jugaron en contra de este proyecto. Nuevamente se frustró la esperanza de Alcalá Zamora de encontrar el equilibrio entre los extremos. 432 ARLT, Roberto. Aguafuertes vascas, op. cit. pp. 163-165. 274 conservador; El Debate, órgano oficial de la CEDA; y Mundo Obrero, órgano oficial del Partido Comunista de España. Como hemos comentado en anteriores partes de este trabajo, la práctica de la citación de fuentes documentales fue habitual a lo largo de las Aguafuertes españolas. Así lo hizo cuando utilizó los libros Los latifundios en España de Pascual Carrión o Ideal andaluz de Blas Infante para documentar sus crónicas sobre el problema agrario; o cuando acudió al tratado de Juan de Olazabal y Ramery para explicar el origen del nacionalismo vasco. Pero lo interesante de la inclusión de fuentes periodísticas es la actualidad que le imprime al texto, para convertirlo en un auténtico testigo de un tiempo histórico. Esta suerte de “revista de medios” será realizada en otras crónicas madrileñas, y en una de ellas explica su método: En la imposibilidad, como periodista extranjero, de comentar la temperatura política española y menos el MANIFIESTO DE IZQUIERDAS, glosado en los términos más opuestos por los periódicos de la opinión, me limitaré a reflejar, objetivamente, como lo he hecho en anteriores crónicas, los juicios que a los órganos de partido le merece esta alianza nunca vista de las masas izquierdistas españolas. Mediante esta táctica informativa, los españoles residentes en la Argentina podrán formarse una idea más o menos exacta de la formidable contienda que se aproxima, y cuyos probables resultados parecen inquietar al sector de las DERECHAS, mientras que las IZQUIERAS se preparan activamente para el esfuerzo que van a desarrollar en la batalla electoral. 433 Arlt deja clara la razón por la cual acude al método de citar textualmente en sus crónicas las opiniones vertidas por los diarios y órganos oficiales de los partidos: ofrecer un relato pretendidamente objetivo, plural, de la magnitud de la contienda, para que los españoles que vivían en Argentina tuvieran acceso a una panorámica de lo que ocurría en su tierra; una información que él, como periodista extranjero que apenas llegaba a Madrid, no dominaba con 433 ARLT, Arlt. Aguafuertes madrileñas. Presagios de una guerra civil, op. cit. pp. 29- 30. 275 profundidad. Desde la honestidad intelectual, prefería acudir a los medios locales, perdiendo quizás un poco de originalidad, pero ganando en rigurosidad profesional. Pero antes de seguir profundizando en el contenido político de las Aguafuertes madrileñas, conviene refrescar un poco el clima que se vivió en España después de la Revolución de Octubre y que desembocó en la ingobernabilidad del final del bienio radical-cedista. Como comentamos en líneas anteriores, la entrada de tres ministros de la CEDA en el gobierno fue la chispa que desató en octubre de 1934 el malestar del PSOE y otras fuerzas de izquierda originando la convocatoria a huelga y el levantamiento popular. Una vez que fueron sofocadas las revueltas y reprimidos con todo género de violencia no solamente los implicados, sino incluso un buen número de personas inocentes, se afianzó la ofensiva de la CEDA por lograr el objetivo de llevar a su líder, Gil Robles, a la presidencia del Consejo de Ministros. En el amplio volumen sobre la Segunda República de los historiadores Eduardo González Calleja, Francisco Cobo Romero, Ana Martínez Rus y Francisco Sánchez Pérez, se hace el siguiente análisis sobre ese período del bienio que vale la pena citar: Por lo general se ha considerado que octubre de 1934 marcó una divisoria entre las políticas más centristas precedentes y las más derechistas posteriores, a partir de la presencia de la CEDA en el Gobierno. Es evidente que las leyes contrarreformistas principales se sitúan en 1935, quizá el año más olvidado de la historia republicana, cuando el retroceso de PRR era notorio, la movilización sindical estaba bajo mínimos y la oposición política fuera de las instituciones ―cuando no entre rejas― andaba todavía tentándose la ropa al calor de los discursos al aire libre de Azaña. 434 Conviene recordar que fue precisamente ese año de 1935 cuando Arlt llegó a España. En este gabinete con presencia de la CEDA se llevaron a cabo las principales modificaciones a las 434 GONZALEZ CALLEJA, Eduardo, et al. La Segunda República Española, op. cit. p. 932. 276 disposiciones más progresistas del primer bienio; con pocas excepciones como la del ministro de Agricultura, Manuel Giménez Fernández, que a pesar de ser miembro del partido de Gil Robles, sus convicciones socialcristianas lo llevaron a legislar en la medida de lo posible a favor de los campesinos más desfavorecidos, especialmente los extremeños, con la Ley de Yunteros del 21 de diciembre de 1934, que prorrogaba la ocupación de tierras, poniendo parcialmente en vigor el Decreto de Intensificación de Cultivos que había derogado su antecesor, Cirilo del Río. Apuntan González Calleja y otros que la coalición entre el Partido Radical y la CEDA realmente nunca llegó a ser una auténtica alianza de gobierno con un programa compartido, sino un acercamiento meramente estratégico y electoral. Quizás por eso nunca existió una completa empatía entre ambos grupos, ya que los radicales de Lerroux, a pesar de sus desacuerdos con los socialistas, guardaban aún en su genética política valores republicanos y democráticos que no resultaban tan fácilmente detectables en el fondo moral de la CEDA. Esta distancia ideológica se dejó ver claramente cuando en abril de 1935 los tres ministros cedistas renunciaron ante la medida promovida por el presidente Lerroux de indultar y conmutar las penas de los condenados a muerte por los hechos de octubre de 1934, entre ellos al líder de los mineros asturianos Ramón González Peña. Gil Robles y sus partidarios eran de la firma opinión de que se debía castigar sin compasión a los que se habían levantado en contra del poder establecido. Ante la crisis que supuso la salida del gabinete de los tres ministros cedistas, que implicaba la ruptura de la coalición que tenía el apoyo de las Cortes, Alcalá-Zamora optó por usar una prerrogativa que contemplaba aquella Constitución republicana en su artículo 81, y que permitía al presidente de la República suspender las Cortes por un período de 30 días. Durante ese tiempo nombró a un gobierno interino nuevamente presidido por Lerroux y conformado básicamente por radicales. 277 Evidentemente, cuando las Cortes volvieron a sus funciones, este gobierno provisional no contó con su apoyo y los líderes de la antigua coalición tuvieron que volver a negociar. En el nuevo gabinete fruto de la negociación, formado el 6 de mayo de 1935, ya la CEDA contaba con cinco ministerios, con el propio Gil Robles asumiendo la cartera de Guerra. Entre estos cinco nuevos ministros cedistas ya no se incluía a Giménez Fernández, quien había sido duramente criticado por sus correligionarios y finalmente purgado por una actitud compasiva y “blanda” ante el problema agrario. Poco a poco los conservadores creían dar pasos en su objetivo de presidir el Consejo de Ministros; pero en realidad lo que se daba eran pasos hacia la ingobernabilidad que llevaría a unas nuevas elecciones. Pronto surgió otra crisis que, como recuerda Fernández, sobrevino en torno a la devolución al Gobierno de la Generalitat de Cataluña de las atribuciones que le habían sido quitadas tras los hechos de octubre. En esta ocasión fue el ministro de Marina, el agrario Antonio Royo Villanova, quien dimitió el 17 de septiembre, obligando a Lerroux a disolver una vez más su Gobierno 435 . Ante esta crisis nuevamente se avivaron las esperanzas en la CEDA de entronizar a su “jefe” Gil Robles como presidente. Así lo deja ver la siguiente reflexión de Fernández: El momento de Gil Robles parecía llegar al fin. ¿Qué otro jefe de partido se encontraba en mejores condiciones que él para formar gobierno? Sin embargo, Alcalá-Zamora no cedió. En lugar de escoger al líder cedista, el jefe del Estado dio su confianza al agrario Martínez de Velasco, primero, y al radical Santiago Alba, después, y cuando fueron incapaces de lograrlo ―la CEDA ya no se mostraba dispuesta a apoyar a otro que no fuera su propio jefe― forzó el consentimiento de los líderes de la antigua mayoría a un Ejecutivo presidido por uno de sus amigos, el banquero liberal Joaquín Chapaprieta, un hombre sin partido ni apoyo en las Cortes, que presentó su gobierno a la Cámara el 1 de octubre. Se abría así un nuevo período en la evolución de la República, el de los gobiernos técnicos. 436 435 FERNÁNDEZ, Luis E. Íñigo. Breve historia de la Segunda República Española, op. cit. pp. 254-256. 436 Ibíd., p. 256. 278 No obstante, se trataba de una salida que no estaba llamada a durar mucho tiempo. Alcalá-Zamora tenía un especial interés por debilitar a los grandes partidos de la coalición gobernante por dos razones distintas: a la CEDA, porque no terminaba de confiar en su lealtad republicana y la percibía como excesivamente inclinada a la derecha; y al Partido Radical, porque él mismo aspiraba a construir un partido de centro que ocupara el lugar que en ese momento ostentaban los correligionarios de Lerroux. De esa forma, el jefe del Estado no dudó en destapar el primer caso de corrupción que involucraba a los radicales en cuanto tuvo conocimiento de ello: el “estraperlo”. Prácticamente todos los historiadores consultados coinciden en la misma versión sobre el escándalo. Un empresario holandés con pasaporte mexicano y buen dominio del español, Daniel Strauss, junto a su socio de apellido Perle 437 , había introducido en al menos dos casinos españoles un juego de ruleta trucado, conocido precisamente como estraperlo, nombre formado por la fusión de los apellidos de sus dos autores. Este tipo de juegos de azar estaban prohibidos en España, y su llegada a esos establecimientos había sido posible gracias a sobornos a políticos y funcionarios de la órbita radical, entre ellos Aurelio Lerroux, sobrino del propio líder radical Alejandro Lerroux. Otro de los escándalos de corrupción, incluso más grave, que ocurrió en aquel tiempo y que también involucraba a políticos radicales, fue el caso Nombela, bautizado así por el apellido del inspector general de Colonias, Antonio Nombela. Este funcionario hizo llegar a los ministros Gil Robles y Lucía la denuncia de que dirigentes radicales, como por ejemplo el subsecretario del la presidencia del Consejo de Ministros, Guillermo Moreno Calvo, habían 437 Sobre este personaje se ofrecen pocos detalles en las diferentes fuentes históricas consultada e incluso se dan distintas versiones de su apellido: Perl, Perlo, Perlowitz, Perle, entre otros. En otros estudios, quizás para evitar errores, prefieren referirse a la situación como Daniel Strauss y “otros socios”. 279 intervenido para que se resolviera de forma positiva un expediente de indemnización a favor de la Compañía de África Occidental, propiedad de Antonio Tayá, por la pérdida de dos buques en la Guinea española. Resultaría bastante largo detenerse con detalle en estos dos casos de corrupción y dar cuenta de los implicados. Lo que nos interesa destacar es que estos escándalos debilitaron y desprestigiaron totalmente al Partido Radical y significaron su muerte política y por lo tanto la definitiva retirada de Alejandro Lerroux. Fernández sugiere que tras el desprestigio del principal socio de Gobierno, Gil Robles volvió a ver una definitiva oportunidad para alcanzar la presidencia del Consejo. Parecía bastante lógico que en ese momento ya el jefe del Estado no tendría excusas para negarle su confianza, ya que la caída de los radicales dejaba un solo partido fuerte en la coalición 438 . No obstante, Alcalá-Zamora siguió sin dar su brazo a torcer y continuó con su empeño de formar una nueva fuerza política de centro. Varios historiadores señalan que esta suerte de manipulación del presidente de la República, que se suponía debía tener un papel más neutral, institucional y mediador, propio de una Jefatura de Estado, causó críticas importantes en la época como la del veterano político conservador Miguel Maura, quien había sido ministro de la Gobernación en el primer gabinete provisional de la República, y que llegó a declarar a la prensa que las maniobras de Alcalá-Zamora representaban una “vieja política del peor estilo” 439 . Lo cierto es que Gil Robles, ante esta nueva negativa de su ascenso a la presidencia del Consejo, optó por retirar su apoyo parlamentario al Ejecutivo de Chapaprieta, arguyendo un desacuerdo con las políticas fiscales implementadas por este último, lo que originó una nueva 438 FERNÁNDEZ, Luis E. Íñigo. Breve historia de la Segunda República Española, op. cit. pp. 257-258. 439 PAYNE, Stanley G. La primera democracia española. La Segunda República. 1931-1936, op. cit. p. 287. 286 las elecciones generales a Cortes. Resulta importante resaltar que ante este hecho de gran importancia el cronista argentino asume formalmente un estilo más periodístico, e inicia su crónica bajo el formato clásico de las informaciones o cables de noticias, especificando la localidad y fecha, para que quedara clara constancia de su actualidad. Además, realiza otro procedimiento técnico claramente asociado a la práctica periodística: la jerarquización y la elipsis. Del gran documento original, extrae los asuntos más importantes y los concentra en unas pocas líneas: Madrid, enero 16 (por avión). Reproducido por todos los periódicos de la península, apareció hoy jueves, el sensacional documento en que se da noticia oficial de haberse formado el BLOQUE POPULAR DE IZQUIERDAS, y cuya finalidad es concurrir en frente único a las elecciones para obtener una mayoría de votos sobre las derechas, aún divididas. […] El manifiesto publicado hoy por las IZQUIERDAS lleva la firma de Amós y Carreras por la Izquierda Republicana, de Bernardo Giner de los Ríos por la Unión Republicana, de Juan Vidarte y Manuel Cordero por el Partido Socialista, de Largo Caballero por la Unión General de Trabajadores, de José Cazorla por Federación Nacional de Juventudes Socialistas, de Vicente Uribe por el Partido Comunista, de Ángel Pestaña por el Partido Sindicalista y de Juan Andrade por el Partido de Unión Marxista. El índice del programa que involucra el manifiesto del BLOQUE POPULAR DE IZQUIERDAS y que suma aproximadamente seis millones de votos es: “Amnistía completa. Readmisión forzosa de los obreros despedidos por su participación en movimientos revolucionarios. Indemnización. Reparación económica a las víctimas de los movimientos obreros. Normalidad constitucional. Investigación de las responsabilidades contraídas por los agentes de las fuerzas públicas. Su procesamiento. Legislación agraria. Rebaja de impuestos y tributos. Represión especial de la usura. Protección de la pequeña industria. Política financiera. Restablecimiento de la legislación social. Contra los salarios de hambre. Enseñanza. Respeto a los principios autonómicos”. 448 A través de los textos podemos interpretar que el mes exacto que transcurre entre el día que envía por avión la primera crónica 448 ARLT, Roberto. Aguafuertes madrileñas. Presagios de una guerra civil, op. cit. pp. 29-31. 287 desde Madrid hasta la jornada de las elecciones, es decir, desde 16 de enero hasta el 16 de febrero, Arlt se dedicó a una de sus actividades preferidas, la de flâneur que recorre las calles y de forma desenfadada elabora notas en un tono más costumbrista sobre los detalles y las actividades cotidianas de la región visitada. Así aborda algunos temas que ya hemos aludido: la confluencia en Madrid de dos ciudades distintas, la provinciana de pequeñas plazas entre arboledas y la cosmopolita de modernos cafés con decoraciones vanguardistas y tertulias literarias; el color, agitación y bullicio de los barrios proletarios con calles pobladas de bloques residenciales de pisos y pequeños locales comerciales en los bajos; o anécdotas que buscan reflejar el dinamismo cultural de la capital, donde es fácil tropezarse en la calle con la intelectualidad del momento, como cuando narra que en compañía de dos camaradas periodistas madrileños se ha encontrado en la gélida noche invernal al novelista Eduardo Zamacois, ya anciano, que con cierto coqueteo desafía el frío al llevar su calva descubierta sin sombrero; o cuando observa al también escritor José Moraíta, con un atuendo más raído y zapatos deformados, que regresa del periódico con su monóculo incrustado en el ojo; porque “[…] Madrid es eminentemente teatral” 449 . Pero el tono cambia totalmente cuando vuelve al formato periodístico para relatar la jornada electoral del 16 de febrero. En la crónica que dedica al hecho, titulada “El triunfo de las izquierdas” y publicada en El Mundo el 26 de febrero de 1936 450 , destaca básicamente dos situaciones que están estrechamente relacionadas. Por una parte, el sorpresivo resultado de la contienda, porque a juicio de Arlt en la percepción común no se esperaba un triunfo tan rotundo del Frente Popular; y por otra parte el gran despliegue 449 ARLT, Roberto. Aguafuertes madrileñas. Presagios de una guerra civil, op. cit. p. 35 450 Aunque fue publicada el 26 de febrero, en el propio cuerpo de texto de la crónica se especifica que fue redactada el 16 de febrero, día de las elecciones. 288 propagandístico, que mostró las prácticas más modernas para la época del marketing electoral, sobre todo por parte de la CEDA. Ambas situaciones guardaban mucha relación, pues como explica el cronista argentino, ante la apabullante campaña de la derecha de Gil Robles, que llegó a gastar cuarenta millones de pesetas en publicidad, versus la debilidad de la coalición de izquierda, que no sólo contaba con muchos menos medios económicos, sino que además tenía a miles de sus dirigentes y partidarios aún encarcelados por los hechos de octubre, resultaba previsible pensar que la CEDA se impondría con facilidad. Así lo describía en algunos fragmentos de la crónica: Madrid, febrero 16 (Por avión). ¿Cómo ha podido imponerse la izquierda a estas poderosas fuerzas coaligadas? Es una pregunta a la cual no saben contestar ni los mismos dirigentes del bloque de izquierdas. […] Provincias, regiones que auténticamente estaban con las Derechas, se les han escapado de entre las manos. Prácticamente Madrid y el interior estaban empapelados por las Derechas. […] Los periodistas de izquierda abundaban en editoriales quejosos y pesimistas. ¿Ha sido táctica ésta? No lo sé, pero los mismos líderes transparentaban su pesimismo. En el mejor de los casos hubieran conceptuado como un amplio triunfo igualar en la Cámara a los diputados de las Derechas y Centro. El gobierno, creador del Partido del Centro, parecía que aseguraría en la Cortes un bloque neutro que le permitiría manejar a las Izquierdas y Derechas. Y súbitamente, cae el rayo. Triunfo de las Izquierdas. Mayoría de Izquierdas. La noticia fue tan sorprendente que ni los mismos afiliados a los partidos de izquierda las creían verosímiles en los primeros momentos. […] Quisiera poder explicar a mis lectores las razones de este triunfo. Ahora es tarde para hacerlo. Las Derechas lo atribuyen a las abstenciones; El Debate, al programa de amnistía; La Nación, diario de las Derechas, juzga severísimamente a Gil Robles, responsabilizándolo en pleno del fracaso. He aquí cómo califica al líder de la CEDA: “Después de oír al señor Gil Robles expusimos con toda claridad nuestro juicio: Si este muchacho engreído e inconsciente bisoño en la política consigue deslumbrar con su dinamismo juvenil a los elementos de las Derechas, España irá al abismo… Las Derechas dieron al señor 289 Gil Robles todo lo que les pedía: la dirección, el mando, el dinero, las masas. Él ha preparado las elecciones como ha querido, ha formado candidaturas con inclusiones y exclusiones a su antojo, estableciendo combinaciones disparatadas todo a base de un impulso egolátrico, que culmina en su enorme cabeza que cubre la fachada de un edificio de la Puerta del Sol”. 451 La cita es larga pero vale la pena porque incluye varios de los aspectos claves del proceso que tanto los historiadores cercanos a esa época como los de años recientes han resaltado. En primer lugar, el afán egocéntrico de Gil Robles, y también su poder de convencimiento, que lo llevó a recabar gran cantidad de dinero para invertirlo en una campaña electoral que todas las fuentes describen como colosal, siendo sin duda la guinda del pastel la gran pancarta, o gigantografia, como la definirían los publicistas de la actualidad, con su rostro que cubría completamente unas de las fachadas de los edificios emblemáticos de la madrileña Puerta del Sol, y que llevaba además escrita la leyenda: “Estos son mis poderes: dadme la mayoría absoluta y os daré una España grande”. El hecho de que Arlt haya incluido en su crónica una cita donde se haga alusión a esta acción propagandística en torno a la figura de Gil Robles, reafirma su fino olfato periodístico para captar entre la diversidad de informaciones aquella que condensaba la situación. Casi como anécdota se puede decir que cuando se consultan hoy en día volúmenes históricos sobre la Segunda República Española, raro es el que no hace alusión, o incluso incluye la fotografía, de la pancarta gigante que exponía la gran ambición del líder conservador. Al respecto, resulta interesante reproducir la opinión de Joaquín Arrarás, historiador en quien no cabe ninguna sospecha de animadversión contra la alianza conservadora, para constatar que la supremacía 451 ARLT, Roberto. Aguafuertes madrileñas. Presagios de una guerra civil, op. cit. pp. 56-58. 290 propagandística de la CEDA no era sólo una queja lastimera de los partidarios del Frente Popular: La CEDA ganó en ímpetu y alardes propagandísticos a todos los partidos. A su experiencia, unía la colaboración de valiosos elementos técnicos que sabían conjuntar el cinematógrafo, la luminotecnia, el teléfono, la aviación y la publicidad mural. Tapizó la fachada de una casa de la Puerta del Sol con un cartel gigantesco: la efigie de Gil Robles campeaba sobre un océano de gente y la frase del Cardenal Cisneros: “Éstos son mis poderes”. […] Afluían los donativos que proveían a la organización de recursos para financiar la campaña espectacular y explosiva. Donante hubo ―se decía que era una empresa minera― que entregó un millón de pesetas. 452 También advierte Arrarás que Gil Robles, en actitud infatigable, participaba dos y tres veces al día en los más diversos actos y además aplicó una curiosa técnica para el momento: haciendo uso del teléfono y altavoces lograba ser escuchado en docenas de teatros distintos al mismo tiempo; un ingenioso antecedente de nuestras modernas videoconferencias. Volviendo a la crónica Arlt, otro de los asuntos que menciona y que también guarda gran importancia histórica, fue el fracasado intento de Portela, secundado por el propio Alcalá-Zamora, de crear una fuerza de centro que sirviera de equilibrio en el choque entre los bloques de derecha e izquierda, pero que sólo obtuvo una ridícula participación de 16 diputados del total de 473 que albergaban las cortes republicanas. El clima que describe el cronista argentino es el de un triunfo absoluto, arrasador, de la coalición del Frente Popular; y muchas fuentes afirman que efectivamente ese fue el espíritu que se vivió: […] El resultado ya en la primera vuelta tuvo un tremendo efecto psicológico como reflejo que era de una rebelión masiva frente a los poderosos y notables locales y frente al Gobierno al mismo tiempo, lo nunca visto en España. Y su eco material se prolongó con protestas, manifestaciones, mítines e incidentes 452 ARRARÁS, Joaquín. Historia de la Segunda República Española. Tomo cuarto, op. cit. p. 39. 291 de orden público por espacio de varias semanas. Su eco espiritual fue de mucho mayor alcance. 453 No obstante, tanto en la misma época como en los estudios históricos posteriores se encuentran versiones que le quitan un poco de hierro al triunfo de las izquierdas; e incluso voces más conservadoras hablan de cierta manipulación por parte de los partidarios del Frente Popular. Es por ejemplo el caso de Joaquín Arrarás. En su opinión, si bien las primeras declaraciones oficiales en Madrid y en Barcelona hablaban de una ventaja de la izquierda 454 , también hubo declaraciones del Ministerio de Gobernación donde aseguraban que no contaban con datos completos, y desde la oficina electoral de la CEDA decían contar con informes auténticos que probaban que sus candidaturas habían triunfado en un buen número de ciudades y provincias 455 . No obstante, a juicio de Arrarás, el Frente Popular, de forma premeditada, reeditó la estrategia que había aplicado el 14 de abril de 1931, cuando se había proclamado la República, es decir, lanzar a sus partidarios a las calles, plazas, e incluso frente a las cárceles, para proclamar “con gritos y puños en alto el triunfo de las candidaturas revolucionarias en toda España” 456 y así coaccionar la actuación defensiva de los representantes del gobierno y de las fuerzas de seguridad. Agrega además que los desórdenes y la anarquía continuaron los días siguientes y fueron 453 GONZALEZ CALLEJA, Eduardo, et al. La Segunda República Española, op. cit. p. 1096. 454 En la crónica titulada “En Madrid se vota bajo la lluvia”, fechada por Arlt el 17 de febrero, un día después de las elecciones, pero publicada en El Mundo el 27 de febrero, coincide con esta versión de Arrarás cuando afirma: “súbitamente se supo el triunfo de las izquierdas en Cataluña, un poco más tarde, en Madrid; luego ya no hubo más informes. 455 Según Arrarás, las localidades donde la CEDA aseguraba haber triunfado en ese primera vuelta de las elecciones del 16 de febrero de 1936 eran: Álava, Albacete, Ávila, Baleares, Burgos, Cáceres, Castellón, Ciudad Real, Cuenca, Granada, Guadalajara, Guipúzcoa, Coruña, León, Logroño, Lugo, Navarra, Orense, Pontevedra, Salamanca, Santander, Segovia, Tenerife, Teruel, Toledo, Valencia (provincia),Valladolid, Vizcaya (provincia), Zamora y Zaragoza (provincia). 456 ARRARÁS, Joaquín. Historia de la Segunda República Española. Tomo cuarto, op. cit. p. 50. 292 contagiando todas las provincias, donde se sucedían manifestaciones, motines, asaltos e incluso incendios provocados en iglesias y conventos en pueblos de Cáceres, Sevilla, Córdoba, Málaga y Murcia, entre otros. Una versión más moderada es la que podemos ver en el texto de un autor más contemporáneo como Fernández, quien apunta que si bien la coalición de izquierda pudo aventajar al centro-derecha, la diferencia no fue tan notoria, sino que la ley electoral de la época, que favorecía a las grandes coaliciones, pudo ayudar a crear ese efecto de victoria aplastante: Los resultados de las elecciones, aunque nunca publicados por el gobierno en su integridad, arrojaron una clara victoria del Frente Popular, si bien por un margen de votos muy pequeño, que podría incluso convertirse en derrota si se suman los sufragios obtenidos por el centro y la derecha. Sin embargo, una vez más, la mayoritaria ley electoral magnificó la exigua ventaja en las urnas del vencedor y la convirtió en un aplastante triunfo en escaños que se incrementó aún más tras la anulación por las nuevas Cortes ―a las que la ley confiaba la función de revisar la validez de las actas― de algunos resultados favorables a la derecha y la celebración de la segunda vuelta. 457 Arlt fue testigo del estado de agitación e incertidumbre en el que se sumió España tras las elecciones; que casi se podría resumir como un vacío de poder. Ante el triunfo del Frente Popular, los sectores que lo apoyaban, ávidos de respuestas a las promesas que se les habían hecho en las semanas previas a las elecciones, como por ejemplo la amnistía a los presos de la Revolución de Octubre, perdieron la paciencia y se lanzaron a las calles a exigir acciones inmediatas, sin esperar a los tiempos lógicos en un traspaso de poder. Situación que provocó que muchos gobernadores civiles, nombrados por el gobierno de Portela Valladares, que había perdido estrepitosamente las elecciones, dimitieran y abandonaran sus cargos sin esperar siquiera al nombramiento de sus sustitutos. Un buen 457 FERNÁNDEZ, Luis E. Íñigo. Breve historia de la Segunda República Española, op. cit. p. 278. 293 ejemplo de este ambiente enrarecido se encuentra en la crónica de Arlt titulada “Censura y estado de prevención”, publicada en El Mundo el 28 de febrero de 1936. El cronista argentino describió la tensión que se vivía en Madrid el lunes inmediatamente posterior a la jornada electoral, y desde las primeras palabras afirma que la capital “parecía estar en estado de sitio” 458 . Se trata de un hecho curioso que relatan varias de las fuentes históricas consultadas: si bien el propio día de las elecciones la jornada se desarrolló con bastante normalidad, con muy pocos episodios de agitación sin apenas importancia, justo después se desató la vorágine. Las pinceladas que ofrece el cronista argentino sobre ese día en Madrid se parecen mucho a las descripciones que había escrito en su llegada a Oviedo meses antes: miles de agentes de seguridad de distintos cuerpos y camiones repletos de tropas que recorrían la ciudad en actitud vigilante; aunque en esta ocasión al menos tenían el gesto de saludar a quienes se encontraban en su camino con el puño cerrado al estilo comunista, para ganar las simpatías y apaciguar a los sectores populares que se encontraban en las calles a un mismo tiempo celebrando el triunfo electoral y exigiendo el cumplimiento de las promesas recibidas. Incluso Arlt, por fuerza del azahar, se vio envuelto en una manifestación importante que pretendía llegar a la Cárcel Modelo de Madrid para pedir la liberación de los presos, y que terminó con un tiroteo. Se trata probablemente de uno de los momentos más tensos y arriesgados que vivió el cronista argentino en su paso por la España republicana, y vale la pena conocerlo de sus propias palabras: Frente a la Casa de la Gobernación, en la Puerta del Sol, la multitud formaba un torbellino constantemente disuelto por piquetes de la Guardia de Asalto Montada. En la Gran Vía me encontré con una compatriota, la señorita Lina Carandini, quien 458 ARLT, Roberto. Aguafuertes madrileñas. Presagios de una guerra civil, op. cit. p. 62. 294 me dijo que se había organizado una manifestación pacífica para ir a saludar a los presos políticos encarcelados en la prisión de la Moncloa 459 , y previniendo que ocurriera algo interesante, nos dirigimos hacia allá. A medida que nos acercábamos a la Moncloa, se veía afluir multitudes por las calles laterales. Frente a la iglesia del Buen Suceso, en la calle de la Princesa, una muchedumbre se agolpaba ante la puerta cerrada; un guardia de asalto pálido como un muerto, pero sonriente, apartaba a la gente de la reja clausurada. Sorprendía la presencia de ánimo de aquel hombre, y allí no ocurrió nada. Poco antes de llegar a la glorieta de la Moncloa el ómnibus tuvo que detenerse. Una larga fila de tranvías permanecía inmóvil. La multitud, en manifestación pacífica, afluía por los costados. Bajamos del ómnibus resueltos a mezclarnos con la multitud. Por el único lado que se podía andar era en el espacio comprendido entre las dos líneas de tranvías detenidos. Súbitamente la muchedumbre se arremolinó; vi producirse un claro en el cual se distinguía a la guardia civil amontonada, encañonando a la gente con sus carabinas. Mi acompañante y yo comprendimos que nos habíamos metido en un sitio peligroso. Retrocedimos y de pronto sonaron algunos chasquidos de pistola automática; se escucharon gritos terribles; echamos a correr, precipitándonos al suelo delante de la plataforma de un tranvía, de modo que no pudieran herirnos las balas. Durante algunos segundos se escucharon descargas de fusilería; luego cesaron. Salimos de debajo del tranvía y nos dirigimos hacia los claros de la multitud. La guardia civil, a culatazos, introducía a la gente en el patio de una fábrica llamada Laurel de Baco 460 . Era peligroso avanzar, y subimos a un tranvía. Desde la plataforma del motorman se podía distinguir lo ocurrido. En el suelo, un grupo de obreros rodeaba a un compañero caído; en otro automóvil, al punto cargaban a un hombre con el vientre desnudo y el costado ensangrentado; otros obreros llevaban en alto a un manifestante cuya garganta estaba cubierta de sangre. Más tarde supimos que todos los heridos lo habían sido por los disparos de la pistola de un teniente de guardias de asalto. 459 Arlt se estaba refiriendo a la antigua Cárcel Modelo de Madrid, también conocida en la época como Cárcel Celular. Era un centro penitenciario para hombres ubicado en el actual distrito madrileño de Moncloa-Aravaca. Fue inaugurada en 1884 y se mantuvo operativa hasta 1939, cuando recibió grandes daños en su estructura por la Guerra Civil. Fue derruida y más o menos en el mismo solar que ocupaba se construyó el actual Cuartel General del Ejército del Aire. 460 El Laurel de Baco era una fábrica de cervezas y otros licores y gaseosas ubicada en el barrio de Argüelles del distrito de Moncloa-Aravaca, y por lo tanto también cercana a la antigua Cárcel Modelo de Madrid. Se mantuvo activa hasta finales de la década de los 60 del pasado siglo XX, cuando fue adquirida por otra marca de cerveza. 295 […] Por la tarde apareció el decreto del Consejo de Ministros, declarando el estado de prevención para la península y el de censura para los periódicos. 461 Consultando los archivos del diario ABC encontramos en su edición andaluza del martes 18 de febrero de 1936 una columna que bajo el título “Última hora. Últimas noticias de las elecciones del domingo” agrupa varios breves informativos. Dos de ellos hacen clara referencia a los hechos que menciona Arlt, y conviene citarlos para corroborar la veracidad de sus palabras y hacer énfasis en su papel de testigo de la información: Bando del director de Seguridad declarando el estado de alarma en provincias La noche pasada quedó fijado en Madrid el bando que el señor don Vicente Santiago, director general de Seguridad, ha dictado declarando el estado de alarma, y que dice así: “Hago saber, que por acuerdo acordado hoy en el Consejo de ministros, ha sido declarado el estado de alarma a que se refiere el artículo 344 de la ley de 28 de julio de 1933, y considerando necesaria la adopción de las medidas legales que el Estado consiente para asegurar el mantenimiento del orden público, quedan suspendidas en el territorio de esta provincia las garantías constitucionales que establecen los artículos 29, 31, 34, 38 y 39 de la Constitución de la República y establecida la previa censura de todos los impresos, que deberán ser presentados en la sección de Prensa del Gobierno civil de esta provincia, Mayor, 69.” Prevengo a los habitantes de esta provincia que las medidas adoptadas por las autoridades aseguran de modo eficaz el mantenimiento del orden y por tanto en ellas deben confiar todos los ciudadanos, observando la mayor tranquilidad en los actuales momentos. Madrid, 17 de febrero de 1936. ―El director general de Seguridad, Vicente Santiago.” __________________ Se identifica el muchacho que resultó muerto en una manifestación 461 ARLT, Roberto. Aguafuertes madrileñas. Presagios de una guerra civil, op. cit. pp. 63-65. (cursivas nuestras). 302 Madrid presentaban hacía tres días, trocando el pesimismo de las operaciones en una franca tendencia alcista. 473 Arrarás cita en su tratado la opinión editorial de Claridad, periódico izquierdista impulsado por Luis de Araquistáin y por lo tanto afín a Largo Caballero, para quienes ese había sido “el peor discurso pronunciado en su vida por el señor Azaña”, porque apelaba a la paz y al aquietamiento, que no era precisamente el tono que esperaban las masas proletarias que protestaban y exigían respuestas inmediatas en las calles 474 . No obstante, otras voces, como por ejemplo Alfredo Muñiz García (1897-1982), simpatizante del Frente Popular y que en aquel momento ocupaba la jefatura de Redacción de El Heraldo de Madrid, apuntó en un diario personal, que acababa de comenzar a escribir en esos días, que la bocas reaccionarias terminaban la jornada con un suspiro de tranquilidad ante el discurso del nuevo presidente, porque su magnanimidad le llevaba a ser generoso incluso con aquellos que lo habrían exterminado si hubieran tenido la ocasión 475 . Para algunos las palabras de Azaña traslucían debilidad, y para otros bálsamos de paz; pero Arlt iba más allá de esta diatriba y se preguntaba, “¿encauzará Azaña, inteligentemente, los deseos de las masas hacia la prosperidad de la comunidad?” 476 . Después de estas notas de alto voltaje político, Arlt realiza nuevamente un descanso, al menos en lo que tiene que ver con la temática de las crónicas publicadas, y regresa a uno de sus ámbitos preferidos: el recorrido costumbrista con especial atención a la psicología de las gentes y sus espacios de vida. Un análisis detallado de estas crónicas valdría para un estudio sobre el contenido 473 Ibíd., p. 75. 474 ARRARÁS, Joaquín. Historia de la Segunda República Española. Tomo cuarto, op. cit. pp. 65-66. 475 MUÑIZ GARCÍA, Alfredo. Días de horca y cuchillo: diario 16 de febrero – 15 de julio de 1936. Sevilla: Espuela de plata, 2009, p. 50. 476 ARLT, Roberto. Aguafuertes madrileñas. Presagios de una guerra civil, op. cit. p. 77. 303 etnográfico de las Aguafuertes españolas, que escapa al alcance de nuestro trabajo. Así, describe la rutina de un domingo de descanso en Madrid, con todas las familias de la ciudad inundando las calles, los cafés, los cines y los teatros; hasta el punto de afirmar que es “desdichado el extranjero en esta ciudad si no tiene amigos. No hallará mesa donde sentarse” 477 . También recorrió y dejó para la posteridad crónicas sobre la barriada proletaria de Cuatro Caminos, el Parque del Retiro, o el céntrico y conocido “Barrio de las Letras” de Madrid, que Arlt denominó “Barrio de los genios”, dónde entre el siglo XVI y XVII vivieron algunas de las figuras más destacadas del Siglo de Oro y donde se encuentran edificios emblemáticos como el Congreso de los Diputados. Asimismo, también dejó noticias sobre su encuentro con el dramaturgo Jacinto Grau (1877-1958), a quien dibujó como un ser egocéntrico, casi esperpéntico, que a pesar de su avanzada edad gastaba interminables horas acicalándose en el cuarto de baño y untándose cremas en el rostro, para luego salir a la calle a levantar imaginarias pasiones que sólo estaban en su cabeza; pero más allá de esas excentricidades no dudó en calificarlo, luego de leer de un tirón algunas de sus obras, como un gran poeta y dramaturgo, e incluso llega a preguntarse, “¿es posible que este hombre conciba, desenvuelva y lleve a feliz término empresas de arte semejantes?” 478 . Arlt también sale del casco urbano de Madrid y recorre importantes localidades cercanas como El Escorial, o ciudades como Toledo, a la que dedica al menos cinco crónicas, haciendo especial énfasis en la impronta que la geografía toledana dejó en la obra del Greco: “[…] se lamenta en Toledo la ausencia de un heraldo que desde su muralla, con una gran trompeta de plata, adornada de paños negros, vocee: ―El Greco es Toledo; Toledo es El Greco” 479 . 477 Ibíd., p. 79. 478 Ibíd., p. 88. 479 Ibíd., p. 109. 304 Pero pronto terminó el respiro etnográfico y volvió la candente actualidad política. La ocasión fue la polémica destitución del que había sido presidente de la República desde su proclamación, el jefe de Estado, Niceto Alcalá-Zamora, el 7 de abril de 1936. Arlt dedica una gran atención a este suceso y lo asume como un auténtico corresponsal en misión informativa. Acude presencialmente al lugar de los hechos, los alrededores del Congreso, y recaba allí y expone en su crónica “La destitución de Alcalá Zamora. Un momento dramático de la política española”, publicada en El Mundo el 15 de abril de 1936, tanto la información que obtiene de la muchedumbre que al cobijo de la luz mortecina de los faroles de gas espera ansiosa las novedades, como de los discursos que los líderes, Azaña y Largo Caballero principalmente, habían venido pronunciando en las jornadas anteriores. Se trata de una nota significativamente más larga de lo habitual, con un buen número de subtítulos que buscan organizar y distribuir la información al estilo de los reportajes periodísticos: Hace siete horas que deliberan las Cortes uno de los más apasionantes problemas de este momento histórico español: ¿Se destituye o no al presidente? En el interior de la Cámara, las tribunas y los palcos están repletos de damas y caballeros. En sus bancos, los diputados comunistas, de rústico traje, detonan entre la silueta pulcra de los representantes de Derechas. Hablan Prieto, Gil Robles, Portela Valladares, Ventosa… Palabras… palabras… y tras de las palabras los hechos graves. El agrio viento de Guadarrama sopla en las callejuelas alumbradas de luz verdosa. La gente camina, merodea, comenta, se avecina al edificio de las Cortes, y luego, pulsada por la policía, se retira lentamente, hilvanando comentarios de ideología: ― ¿Se atreverán las cámaras o no a destituir al señor Alcalá Zamora? 480 480 Ibíd., p. 126. 305 Para comprender mejor la dimensión de este hecho prolijamente cubierto por Arlt, conviene apuntar algunos detalles del ordenamiento jurídico de la Segunda República española. La Constitución republicana en su artículo 68, Título V, disponía que el presidente de la República debía ser elegido conjuntamente por la Cortes y un número de compromisarios igual al de los diputados; es decir, se trataba de un sistema indirecto, ya que tanto los diputados como los compromisarios eran previamente elegidos por el conjunto de la ciudadanía en sufragio universal, igual, secreto y directo. Por otra parte, el artículo 71, también del Título V, establecía que la duración del mandato del presidente de la República era de seis años, y una vez terminado su período, la persona que lo hubiera ocupado no podía volver a ser elegido hasta que transcurrieran otros seis años. Acorde a estas y otras disposiciones Niceto Alcalá-Zamora fue elegido para el cargo el 2 de diciembre de 1931 y jurado en el mismo el 11 de diciembre. Por su parte, el artículo 82 de ese mismo Título apuntaba que se podía destituir al presidente antes de que expirara su mandato, pero para ello era necesario que la iniciativa la aprobaran las tres quintas partes de los miembros del Congreso. La Segunda República Española tuvo sólo dos presidentes, el propio Alcalá Zamora hasta su destitución, y luego Azaña hasta el final de la Guerra Civil; ya que el mandato de Diego Martínez Barrio se trató sólo de una interinidad reglamentaria mientras se elegía a un nuevo jefe de Estado. Si bien está figura contó con cierta constancia dentro de la inestabilidad republicana, no fue de ninguna manera el caso de la figura del jefe de gobierno, es decir, del presidente del Consejo de Ministros; y en esta diferencia se encuentra el germen que trajo consigo el malestar político que produjo la destitución de Alcalá-Zamora. El artículo 75, también del Título V de la Constitución Republicana, disponía que el presidente de la República podía nombrar y separar de su cargo al presidente del gobierno. A su vez, 306 los ministros eran nombrados también por el jefe de Estado luego de escuchar la propuesta del jefe de gobierno. Claro que todos estos cargos debían ser luego refrendados por la confianza de las Cortes. Se trataba entonces de una suerte de “doble confianza”. A pesar de este último control parlamentario, la Constitución otorgaba grandes facultades a la figura del presidente de la República para nombrar y separar cargos; y a juicio de varios historiadores y personalidades de la época, Alcalá-Zamora no actuó siempre con la neutralidad que se suponía a un jefe de Estado, sino con una actitud intervencionista, velando por sus propios intereses políticos, que como ya advertimos anteriormente, iban más en la línea de crear una fuerza centrista mayoritaria que equilibrara y controlara a los extremos de la Cámara. No cabe duda de que el modelo constitucional de la doble confianza contribuyó a la inestabilidad de la República. A lo largo de buena parte de la trayectoria del régimen, los dirigentes de los partidos políticos no vieron en las funciones del presidente de la República un instrumento de arbitraje para dirimir sus contiendas, sino un mecanismo para combatir al Gobierno y, a ser posible, desplazarlo del poder. El jefe del Estado no solo ejerció presiones para influir en la composición de los sucesivos gobiernos y en la selección de los ministros, sino que incluso impuso una determinada política de alianzas a aquellos candidatos que parecían realmente dispuestos a acceder a la Presidencia del Gobierno. 481 Esta última reflexión cobra mayor relevancia cuando descubrimos en las fuentes históricas que ambos extremos del espectro político tuvieron en algún momento roces y diferencias importantes con Alcalá Zamora. La primera diferencia se produjo en los tiempos del gobierno provisional, a raíz de la discusión sobre el polémico artículo 26 de la Constitución republicana que suprimía el apoyo económico del Estado a las órdenes religiosas. La prohibición chocaba de lleno con el catolicismo comprometido de Alcalá-Zamora y provocó su renuncia. No obstante, más tarde los ánimos volvieron a 481 GONZALEZ CALLEJA, Eduardo, et al. La Segunda República Española, op. cit. pp. 922-923. 307 su cauce y aceptó liderar la candidatura para ocupar la jefatura del Estado. Por otra parte, desde sectores situados más aún a la izquierda nunca perdonaron a Alcalá-Zamora haber permitido la entrada de ministros de la CEDA al gobierno durante el bienio radicalcedista; situación que como vimos desencadenó la Revolución de Octubre. También Gil Robles había intentado una maniobra para destituir a Alcalá-Zamora en 1934 a causa de la polémica en torno a la Ley de Amnistía; y seguramente este líder de la CEDA tampoco olvidaba todos los impedimentos que el presidente le había puesto para cumplir su ansiado objetivo de dirigir al Consejo de Ministros. Con el triunfo del Frente Popular la situación no mejoró y las antipatías entre Azaña y Alcalá Zamora no hicieron más que crecer, sobre todo en lo concerniente a la insistencia que mostró el jefe de Estado para que no se realizaran las elecciones municipales previstas para el 12 de abril. Todo indica que las razones de esta negativa estaban en que los pronósticos auguraban un triunfo considerable de socialistas y comunistas en los ayuntamientos. La convicción de que Alcalá Zamora representaba una obstrucción, e incluso una clara oposición política, a temas cruciales de la agenda del Frente Popular, como por ejemplo el avance de la reforma agraria, fue la razón que aceleró una estrategia para destituirlo, cuya autoría intelectual es adjudicada al socialista Indalecio Prieto por muchas fuentes históricas. Ya que el Frente Popular no contaba en el Congreso con las tres quintas partes que exigía el artículo 82 para promover una destitución, se ensayó entonces una particular interpretación de artículo 81 de la Constitución Republicana. Este artículo establecía en una parte de su contenido que el presidente de la República sólo podría disolver hasta un máximo de dos veces las Cortes durante su mandato. En el caso que llegara a ocurrir una segunda disolución, el primer acto que debían realizar las nuevas Cortes salidas de las urnas era examinar y decidir si había sido necesario el último decreto de 308 disolución. En el caso de que la mayoría absoluta de la Cámara diera su voto desfavorable al respecto, el presidente de la República quedaría inmediatamente destituido. En principio Alcalá-Zamora ya había destituido dos veces las Cortes durante su período: la primera de ellas en octubre de 1933, tras las crisis producidas por la salida de los socialistas de la alianza gubernamental del primer bienio; y la segunda disolución correspondía a la más reciente de enero de 1936, tras los fracasos de los últimos gobiernos técnicos y centristas de Chapapietra y Portela Valladares. La paradoja del caso, y que es señalada por muchos historiadores, es que justamente esta última disolución era la que había permitido al Frente Popular llegar al poder. En pocas palabras, desde el bloque de izquierdas iban a intentar destituir a Alcalá- Zamora por tomar una decisión que les había beneficiado y que en su momento incluso habían solicitado. A todas luces se entendía que se trataba de una excusa. El objetivo era destituir al presidente y cualquier ardid era posible. Otra de las polémicas que surgió en el momento, y que sostuvieron sobre todo los partidarios de Alcalá-Zamora, era afirmar que las primeras Cortes disueltas no eran ordinarias, sino constituyentes, y que por lo tanto no valían para el cómputo que establecía el artículo 81. Lo cierto es que más allá de todos estos debates, el 7 de abril de 1936, tras una larga sesión, 238 diputados dieron su voto desfavorable al presidente, 5 lo apoyaron y el resto de la Cámara, sobre todo la CEDA, se abstuvo. La mayoría absoluta se alcanzaba con 209 parlamentarios, lo que significaba que con esa votación quedaba automáticamente Alcalá-Zamora fuera de la jefatura del Estado. Arlt enumeró en su crónica prácticamente todos los matices que hemos narrado basándonos en fuentes históricas, es decir, los desencuentros en torno a la celebración de las elecciones 309 municipales, que finalmente quedaron postergadas, la utilización del artículo 81, e incluso la prolongada duración de la sesión parlamentaria que llevó a la destitución. Incluye también dos apartados para explicar por un lado un discurso de Azaña pronunciado en el Congreso; y otro para comentar la intervención de Largo Caballero en un mitin multitudinario celebrado en la Plaza de Toros de Madrid el 5 de abril de 1936, cuyo objetivo era celebrar la fusión de las juventudes socialistas y comunistas en una sola organización bajo el nombre de Juventudes Socialistas Unificadas (JSU). La intención última del cronista es comparar tanto el tono como el contenido de ambos líderes para poner de manifiesto que aunque pertenecían a la misma coalición gubernamental, albergaban ideas muy distintas sobre la dirección y futuro de España. Arlt juzga el discurso de Azaña como elegante, abundante en metáforas exquisitas: toda una pieza de oratoria dirigida a oídos más cultivados, pero que en el fondo lo que rezumaba era una clara intención de infundir tranquilidad a las clases medias atemorizadas por los rumores del horror bolchevique sembrados por las derechas. Puntualiza el cronista argentino que “[…] en general el tenor del discurso es mesurado, prudente, resbaladizo, […] condenando por igual, de acuerdo a su ideología demócrata liberal, la presunción de una dictadura izquierdista como derechista” 482 . Por el contrario, califica el mitin de Largo Caballero como breve, seco y más beligerante en clara respuesta a la pasividad de Azaña. Su intención no era pues calmar los ánimos y afianzar las bases del gobierno, sino advertir a los exaltados jóvenes allí reunidos que el Frente Popular era una alianza circunstancial hasta que llegara el momento definitivo de la revolución que sí resolvería el problema de los desposeídos. Para que no quedara duda, Arlt copia textualmente un fragmento de 482 ARLT, Roberto. Aguafuertes madrileñas. Presagios de una guerra civil, op. cit. p. 130. 310 las palabras del líder socialista: “quienes hoy ocupan el gobierno son circunstancialmente aliados del proletariado, y no resolverán el problema de la tierra” 483 . Termina el autor con el apartado titulado “Geometría del momento político”, del cual vale la pena citar el siguiente fragmento final: Complicada geometría es la del momento político actual en España. Complicada, porque tanto las extremas Derechas como las extremas Izquierdas tienen la íntima certidumbre de que los propósitos del señor Azaña no podrán prosperar. Y un gobierno únicamente se puede sostener por la confianza que las masas depositan en él, y en estos momentos, el sector que deposita su confianza en el señor Azaña, aparte del Partido Republicano 484 , son unas masas excesivamente impacientes, que sólo ansían arrojarse a la calle. Durante un instante, las Derechas confiaron que en un momento crítico el señor Azaña podría apoyarse en ellas, pero en su famoso discurso el presidente del Partido Republicano parece que ha tenido el propósito de quebrantar esta esperanza, pronunciando la siguiente frase, que es muy significativa: “Que no transparentan en nuestra conducta los agravios de que guardamos exquisita memoria”. El porvenir español es una incógnita. Tal y seria. Pensándolo, salgo de mi cuarto y voy al café. Se habrán producido novedades. Al entrar a la Granja 485 , encuentro un grupo de camaradas. ― ¿Qué hay?... ― Pues, que se lo han “cargado”… ― ¿Lo han destituido? ― Sí… ― ¿Por cuántos votos? 483 Ibíd., p. 132. 484 Entendemos que cuando Arlt habla del Partido Republicano en alusión a Azaña realmente a lo que se está refiriendo es a Izquierda Republicana, partido que había fundado Azaña en 1934 tras el descalabro electoral de las fuerzas progresistas en las elecciones de noviembre de 1933, y con el cual quería remontar la lucha política para volver a conquistar el poder. El partico Acción Republicana, también fundado por Azaña en 1925 durante la dictadura de Primo de Rivera, se puede entender como el inmediato antecedente histórico de Izquierda Republicana. 485 La Granja era uno de los cafés de moda que se distribuían entre la calle Alcalá y la Gran Vía. Arlt se refirió específicamente a ellos en dos crónicas, “El Café, institución madrileña”, primera y segunda parte. En este establecimiento y otros que también nombró como el Sahara, Lido, Negresco o el Acuarium el cronista argentino encontró a la intelectualidad del momento que gastaban cientos de horas entre discusiones de política, literatura y cultura en general. 311 ― Por 238 contra cinco, pues las minorías se han retirado. ― ¿Quién es el presidente? ― Interinamente, Martínez Barrio. Me marcho a dormir, En el hall de la casa de pensión hay una reunión comentando apasionadamente el suceso. De reproducir los cuchicheos sordos y rabiosos de estas tertulias domésticas, se podría escribir una novela monótona de emociones, pero rica de interés histórico en su carácter de documento consignador de las peripecias dramáticas de una clase que, en los actuales momentos, tiene la sensación de que el poder se le escapa de entre las manos. 486 La cita es larga pero tiene especial valor por la advertencia premonitoria en la que Arlt más adelante volverá a insistir: la certidumbre de que la contención entre dos fuerzas totalmente antagónicas y a punto de desbordarse era el gran reto del gobierno de Azaña y del propio sistema republicano. El uso del término “geometría” para definir el momento resultaba adecuado por la simetría casi perfecta que dibujaba el espectro político del momento, con dos fuerzas bastante igualadas, precariamente frenadas por un centro débil, y con muy poca esperanza, y quizás tampoco voluntad ni ganas, de llegar a un marco mínimo de entendimiento. También es importante enfatizar que Arlt era perfectamente consciente de que estaba viviendo un momento histórico y así lo hace saber en su trabajo. Después de esta larga nota sobre la destitución de Alcalá Zamora, el cronista argentino envió otras dos crónicas donde volvió a reiterar, con un tono incluso de preocupación, el clima de violencia y enfrentamiento entre derechas e izquierdas que vivía el país. De hecho, en la nota titulada “Política española: la etapa de los atentados”, publicada en El Mundo el 20 de abril de 1936, no dudó en calificar la situación como prerrevolucionaria y terrorista; y, además, señaló sin cortapisas a quienes consideraba responsables de los 486 ARLT, Roberto. Aguafuertes madrileñas. Presagios de una guerra civil, op. cit. pp. 135-136. 318 y sus colaboradores, así como los líderes de las fuerzas de izquierda, se verían en una situación extremadamente grave. Ésta no es una presunción: durante el mitin de Toledo, de las Derechas, en el cual habló Gil Robles, el líder de la CEDA dijo: “Sobran quince mil cabezas en España…”. Tal es la situación. Si triunfan las fuerzas de Izquierda, las Derechas serán prácticamente eliminadas en España. Si triunfan las Derechas, las izquierdas verán caer su cabeza. 495 El valor de este fragmento no es sólo su contenido predictivo, ya que hoy en día sabemos con creces que lo que vino con el triunfo de los nacionales fue muy parecido a lo que advirtió Arlt: depuración, represión y exilio. Se trataba en todo caso de una conjetura bastante lógica y previsible. El punto realmente interesante de este fragmento es la distancia y honestidad intelectual que planteó y que reafirmó aún más su posición de periodista que analizaba y sopesaba los hechos. Sabemos por las crónicas publicadas durante su estadía en España, y comentadas en líneas anteriores, que ideológicamente Arlt estaba mucho más identificado con los republicanos de izquierda y por lo tanto con el Frente Popular 496 ; no obstante sus preferencias, fue capaz de tomar un respiro y reconocer que el triunfo de cualquiera de los dos bandos traería similares consecuencias negativas y la destrucción del adversario. Sin duda esta es la columna vertebral que sostiene su último ciclo de crónicas y el final de su viaje: la certeza de un futuro para España marcado con el hierro de la división y el odio. En la última entrega de la mencionada trilogía, publicada en El Mundo al día siguiente, el 23 de julio, retomó cierto tono de esperanza al advertir que el avance de las tropas golpistas, que pretendía ser directo y progresivo hacia Madrid, había tenido que 495 Ibíd, pp. 161-163. 496 Al respecto resulta pertinentes citar un pequeño fragmento de la introducción que la hija del autor, Mirta Arlt, preparó para la edición de las Aguafuertes españolas publicada por Fabril, que se cita en el bibliografía de ese trabajo: “Naturalmente, quería que triunfaran los republicanos pero los hechos lo volvían escéptico y burlón con respecto al destino y la capacidad de los hombres cuando se lanzan a conseguir lo que parece lógico que consigan”. 319 interrumpirse e iniciar rutas laterales ante la resistencia ofrecida por las fuerzas leales a la República; y dictaminó que este hecho evidenciaba que las consignas antifascistas del Frente Popular Español habían prendido en las masas de las ciudades y los campos. Por las fuentes históricas sabemos que en efecto una de las razones de que la Guerra Civil se extendiera tanto en el tiempo fue la dificultad que significó para los rebeldes la toma de la capital, donde la República resistía bajo el famoso lema de “No pasarán”. Con ese halo de entusiasmo ante el estoicismo republicano concluyó Arlt su reflexión sobre España. Hubo una crónica más dedicada a Oviedo y los mineros, que ya comentamos en el apartado de este capítulo sobre la Revolución de Octubre. Se trataba de una nota donde básicamente el autor rememoraba su experiencia en Asturias utilizando como pretexto los cables de noticias donde se narraba que nuevamente en el Principado, al igual que en 1934, los mineros se encontraban en pie de lucha, pero en esta ocasión para repeler a la reacción fascista. Ya advertimos que considerábamos esta última nota sobre Oviedo como la pieza que cerraba el corpus de las Aguafuertes españolas. Arlt no volvió a escribir en lo que restó de su vida nota alguna de carácter periodístico donde se dedicara a comentar algún aspecto de la actualidad española, a pesar de que sus últimos años, antes de su repentino fallecimiento en 1942, los dedicó a la crónica internacional. Una explicación a esta suerte de abandono del tema español lo encuentra la investigadora Sylvia Saítta en una publicación del autor en la revista Mundo Argentino, donde Arlt explicaba que “se me parte el alma hablar de España, y recordarla cómo fue, y saberla tan despedazada” 497 . 497 ARLT, Roberto. Aguafuertes madrileñas. Presagios de una guerra civil, op. cit. p. 19. 320 Como hemos descrito a lo largo de las anteriores páginas, Roberto Arlt vivió en primera persona y dio testimonio de algunos de los principales asuntos de orden político que ocurrieron en los últimos tiempos de la Segunda República Española y el preludio de la Guerra Civil. Percibió en su propia piel el estado de agitación de la ciudadanía, que en todos los sitios y bajo cualquier excusa se implicaba en agrios intercambios de opiniones; logró vivir en primera persona las circunstancias que habían llevado a miles de mineros a despreciar la propia vida y enrolarse en la que probablemente ha sido la mayor revolución obrera de Occidente; puso todo su empeño para entender y explicar las causas históricas de una de las más complejas polémicas de identidad dentro del Estado español: el nacionalismo vasco; y finalmente se involucró de lleno con la vida pública de aquel Madrid republicano, e incluso puso en riesgo su integridad física entre manifestaciones, pensiones y cafés de la Gran Vía y la Calle Alcalá. Reiteramos una vez más que las Aguafuertes españolas de Arlt deben ser revisitadas, analizadas y descritas no sólo como la golosina etnográfica y costumbrista de este flâneur porteño, sino como un corpus documental indispensable para el entendimiento de unos de los momentos fundamentales de la historia contemporánea española. 321 CONCLUSIONES 322 P ARA UNA REIVINDICACIÓN DE LAS A GUAFUERTES ESPAÑOLAS Al finalizar cada uno de los cinco capítulos de este trabajo hemos ido deslizando diferentes conclusiones que procuraremos sintetizar en estas líneas finales, pero entre todas ellas hay una que atraviesa de principio a fin la investigación: la firme convicción de que las Aguafuertes españolas de Roberto Arlt no se pueden limitar a ese libro de 1936, que principalmente incluyó crónicas coloristas, publicado por los Talleres Gráficos Argentinos L. J. Rosso y reeditado en varias ocasiones a lo largo de los últimos ochenta años. Resulta fundamental comprender la dimensión total del periplo de Arlt en España, que se tradujo en la redacción de más de doscientas notas donde también se abordaron temas de primer orden en materia económica, social y política que dibujaron el panorama del período final de la Segunda República Española. De esta certidumbre proviene la idea de que estas crónicas podrían servir como corpus de estudio histórico para conocer mejor uno de los momentos más importantes de la historia contemporánea de España; pero con el valor añadido de que su autor, a pesar de ser testigo de los hechos, no era español, y por lo tanto podía juzgar los sucesos con cierta distancia y quizás menos apasionamiento partidista. Cuando abordamos las crónicas más políticas advertimos que Arlt, si bien no escondía su simpatía hacia el bando progresista y a la propuesta del Frente Popular, no por ello dejó fuera la versión del otro sector involucrado en el conflicto. Apuntamos además que tomó la precaución, acorde con la deontología periodística, de citar en sus trabajos las opiniones vertidas en los diferentes periódicos y órganos informativos de los principales partidos políticos que se disputaban el poder. De hecho, en uno de sus artículos publicados cuando ya estaba de regreso en Bueno Aires y ya había estallado en España la Guerra Civil, dejó claro que el triunfo de cualquiera de los dos bandos traería como consecuencia un resultado parecido: la aniquilación del 323 contrario. Con toda esta reflexión lo que pretendemos decir es que los historiadores podrían encontrar en las Aguafuertes españolas, entendidas en un sentido amplio, una fuente documental prácticamente inédita y de gran valor para estudiar el desenlace final del proyecto republicano desde una mirada honesta, profesional y menos contaminada. En la bibliografía crítica se ha estudiado con detalle la participación y beligerancia de intelectuales hispanoamericanos en torno al debate político de carácter global que implicó la Guerra Civil Española: el preámbulo del futuro choque entre fascismo y comunismo. Por ejemplo, los especialistas se han interesado mucho por la participación de escritores como Pablo Neruda, Nicolás Guillén, Octavio Paz, Raúl González Tuñón o César Vallejo en el conocido II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, celebrado principalmente en Valencia en el mes de julio de 1937. No obstante, pareciera que esos mismos especialistas no han caído en cuenta que ya unos años antes otro escritor hispanoamericano, Roberto Arlt, también había estado en España, se había mezclado con su gente y se había preocupado y opinado sobre el cataclismo que se avecinaba. Pero probablemente el desinterés de la crítica no haya sido intencionado y se deba más a un problema de información. Esa es otra de las conclusiones a las que hemos llegado con este trabajo: la recepción de las Aguafuertes españolas a lo largo de las décadas ha sido incompleta, desordenada y sobre todo dosificada. A día de hoy no existe una edición que haya recopilado la totalidad de las crónicas escritas por Arlt en España. Es importante recordar que gran parte de estas notas apenas fueron publicadas en libro entre los años 1997 y 2000. Recientemente la editorial Hermida ha reunido en un solo volumen todos los libros que previamente se han publicado por separado con algunas compilaciones de las crónicas españolas de 324 Arlt: Aguafuertes españolas, Aguafuertes gallegas y asturianas, Aguafuertes vascas y Aguafuertes madrileñas; pero incluso este volumen, que aparentemente podría ser el más completo, olvidó incluir, quizás por desconocimiento de su editor, un número importante de crónicas escritas por Arlt durante su paso por Andalucía y Marruecos que nunca han llegado al formato libro, es decir, no han vuelto a ser publicadas desde que aparecieron por primera vez en el diario El Mundo en 1935. En otras palabras, todavía hoy, y a pesar de los esfuerzos que han llevado a cabo varios investigadores citados a lo largo de este trabajo, las Aguafuertes españolas siguen siendo grandes desconocidas; e incluso nos atreveríamos a afirmar que muchos las perciben aún como un paréntesis exótico y menor, una suerte de golosina turística en el marco de la gran obra de Arlt, la que sí ha recibido abúndate atención de los especialistas: sus cuatro novelas, fundamentalmente las tres primeras, y sus obras de teatro. Otra de nuestras conclusiones es que la primera responsable de la recepción equivocada que han tenido las Aguafuertes españolas durante mucha décadas es esa primera edición de 1936, que se ajustó más al formato de un clásico libro de viajes y omitió muchas otras crónicas que habrían dotado al libro de un carácter más reflexivo y menos costumbrista. Como la evidencia apunta que fue el autor quien preparó el volumen, además de que se trata del único publicado estando él aún vivo, el desacierto de la fallida recepción sería del propio Arlt. No obstante, existe un indicio que permite atenuar las responsabilidades: la inscripción “1ª. Parte” que acompaña al título de esa primera edición, y que permite sospechar que al menos existía la intención de publicar “otras partes” con el resto de las crónicas españolas. Quizás se trató de otro de los inconclusos proyectos del autor, como esas famosas medias irrompibles de caucho para señoras. 325 En otro orden de ideas, nos interesa también hacer énfasis como conclusión en la huella que el viaje a España dejó en la obra futura de Arlt; o cómo el viaje coincidió con un cambio de perspectiva y lenguaje perceptible entre sus primeras y últimas producciones. Autores como Adolfo Prieto, Rita Gnutzmann, Sylvia Saítta, Teodosio Fernández, Laura Juárez e incluso el propio Julio Cortázar, en el prologo que dedicó a una de las ediciones de las Obras completas de Arlt, han apuntado que existe una diferencia fácilmente reconocible entre la angustia, con ribetes existencialistas, que experimentan los personajes de sus tres primeras novelas, El juguete rabioso (1926), Los siete locos (1929) y Los lanzallamas (1931), y obras posteriores del autor, escritas todas ellas tras su regreso del viaje trasatlántico, teniendo como ejemplos paradigmáticos al volumen de cuentos El criador de gorilas (1941) o la obra dramática África (1938), donde cambia totalmente de registro e incluso se sumerge en la literatura fantástica con historias pobladas de mercaderes, bailarinas, espías y narradores de cuentos en zocos legendarios que en nada se parecían a los atormentados personajes que deambulaban por la geométrica ciudad de metales y cemento . Ciñéndonos a su obra periodística, y como señalamos en esta investigación, Juárez también advirtió que esa misma diferencia se puede ver entre las “Aguafuertes porteñas”, representantes de su primer periodismo, y las columnas que publicó entre 1937 y 1942, luego del viaje, tituladas “Tiempos presentes” y “Al margen del cable”, dedicadas principalmente a la glosa de las noticias internacionales. Enfatiza la investigadora como Arlt en buena medida abandonó la “lengua plebeya” característica de sus primeras notas, donde lo tipos porteños, cultivadores del lunfardo, eran el centro de su atención, para transitar luego hacia un tono más reposado, menos 326 transgresivo y confrontador, y más estilizado 498 . Pero por supuesto no sólo en materia de lenguaje se experimentó el cambio, sino también en cuanto argumentos, temas y espacios. El viaje a España no sólo oxigenó la imaginación de Arlt a través de la distancia del escenario porteño, sino que también lo dotó de nuevos horizontes y cierto cosmopolitismo. Todo indica que el cronista comprendió que el mundo era “ancho y ajeno”, como pocos años más tarde escribiría Ciro Alegría en un contexto totalmente distinto, y que se podían contar y explorar muchas otras historias más allá de Buenos Aires. El viaje también pareció surtir cierto efecto sedante, ya que la angustia identificativa de su primera narrativa se fue diluyendo en los personajes de sus obras dramáticas. Conviene recordar que tras su regreso de España ocurrieron varios hechos importantes. En primer lugar, Arlt no volvió a escribir novelas; El amor brujo (1932), publicada antes del viaje, fue la última, lo que no quiere decir que se desligara de la narrativa, sino que se concentró en el género del cuento. Pero, sobre todo, lo que acaparó su atención desde el punto de vista literario luego del viaje fue el teatro. La mayoría de sus grandes obras dramáticas se publicaron o estrenaron en un tiempo posterior a mayo de 1936. Asimismo, tras su regreso de España el autor abandonó por completo su columna “Aguafuertes porteñas”, y por lo tanto los entuertos y personajes de la capital argentina dejaron de ser los principales objetos de atención de su trabajo periodístico. En su lujar, como ya hemos comentado, se interesó por la información internacional y también por el cine, otra de sus grandes aficiones. Con todas estas explicaciones lo que nos interesa remarcar es que el viaje a España, ese significativo “cambio de aires”, fue uno de 498 JUÁREZ, Laura. Desvíos de “la lengua de la calle”. “Palabras lustrosas”, periodismo internacional, estilización y ciudades reescritas en Roberto Arlt. en Roberto Arlt y el lenguaje literario argentino, 2015, pp. 69-85. 327 los catalizadores de su tránsito como autor desde la angustia hasta el sosiego y el divertimento; desde el lunfardo hasta el refinamiento y los experimentos estéticos; desde las calles y avenidas de Buenos Aires hasta todo el Planeta Tierra. En la España prebélica Arlt fue testigo y también partícipe de los enfrentamientos entre algunas de las grandes corrientes del pensamiento político que décadas más tarde tendrían su apogeo en el mundo bipolar y la Guerra Fría, pero que primero afloraron con todas su bestialidad en la Segunda Guerra Mundial; una conflagración que ocupó especialmente su atención en sus últimas crónicas internacionales, pero cuyo desenlace no llegó a conocer porque antes lo alcanzó la inesperada muerte, con un ataque cardíaco fulminante en la mañana lluviosa del domingo 26 de julio de 1942, cuando ni siquiera le había dado tiempo a tomar el desayuno. 334 _____. “De Sevilla a Algeciras. Pasamos por Alcalá de los Gazules. Circo, toros y gente dominguera”. El Mundo, Buenos Aires, 25 de julio de 1935. _____. “Complicaciones a causa de mi apellido. La pesadilla del espionaje. El agente nº 80. Puede embarcarse". El Mundo, Buenos Aires, 26 de julio de 1935. _____. “El Peñón de Gibraltar. La ciudadela. Una ciudad sombría y limpia”. El Mundo, Buenos Aires, 27 de julio de 1935. _____. “Policía política. Una cadena de agentes vigila a los viajeros. Imperialismo y comunismo”. El Mundo, Buenos Aires, 29 de julio de 1935. _____. “El agente Nº 80 y su substituto. Dos malandrines que se reverencian. Cada turista puede ser el mendrugo de un chivato”. El Mundo, Buenos Aires, 30 de julio de 1935. _____. “El Tánger. Martirologio del turista. Plaga de guías. Persecución sistemática hasta el tercer día”. El Mundo, Buenos Aires, 31 de julio de 1935. _____. “En el Zoco Grande de Tánger. Mercaderes y campesinos. Uñas pintadas y tatuajes. Flirt sin trascendencia”. El Mundo, Buenos Aires, 1 de agosto de 1935. _____. “¿Dónde está la poesía oriental? Las desdichadas mujeres del Islam. Mugre y hospitalidad”. El Mundo, Buenos Aires, 2 de agosto de 1935. _____. “El narrador de cuentos. Abuso de ingenuos y piadosos”. Precursores del teatro. El Mundo, Buenos Aires, 3 de agosto de 1935. _____. “El trabajo de los niños y las mujeres”. El Mundo, Buenos Aires, 5 de agosto de 1935 _____. “Noviazgo moro en Marruecos en el año 1935”. El Mundo, Buenos Aires, 6 de agosto de 1935. _____. “Boda musulmana en Tánger. Me faltó coraje para usar el magnesio. Tambores, trompetas y la novia en la jaula. ¿Fiesta o sacrificio?” El Mundo, Buenos Aires, 7 de agosto de 1935. _____. “Esclavitud del matrimonio. Deseo y terror de la civilización europea”. El Mundo, Buenos Aires, 8 de agosto de 1935. 335 _____. “La vida campesina en la ficción y la realidad. Las mujeres, bestias de carga. Treinta kilos por cincuenta kilómetros”. El Mundo, Buenos Aires, 12 de agosto de 1935. _____. “Tetuán, ciudad de doble personalidad. Me interno en el Barrio Moro. Reminiscencias cinematográficas”. El Mundo, Buenos Aires, 13 de agosto de 1935. _____. “El arrabal moruno. Mis amigos los tenderos. Saludos, genuflexiones y parásitos. Un refugio de paz y tranquilidad”. El Mundo, Buenos Aires, 18 de agosto de 1935. _____. “Visita a la escuela musulmana. Hay que saber el Corán de memoria. El palmetazo es en la planta de los pies. Indiferencia paternal por los conocimientos occidentales”. El Mundo, Buenos Aires, 19 de agosto de 1935. _____. “Salida de Tetuán. Hay que irse o enredarse. Rjmo, la de los ojos de miedo. La tristeza de la partida”. El Mundo, Buenos Aires, 21 de agosto de 1935. _____. “De Ceuta a Málaga. Noche de perros. No estoy para paisajes. Asalto al único turista”. El Mundo, Buenos Aires, 22 de agosto de 1935. _____. “Tortones de algarrobo contra el mareo. Cuestas y zigzags. El encanto del paisaje”. El Mundo, Buenos Aires, 23 de agosto de 1935. _____. “Anécdota de Almanzor. Hogares y graneros de la Vega Granadina. Se aprovechan de las bendiciones de la tierra”. El Mundo, Buenos Aires, 25 de agosto de 1935. Aguafuertes españolas. _____. “El magnetismo de España”. El Mundo, Buenos Aires, 27 de agosto de 1935. _____. “Trogloditas en Granada - Reminiscencias de El amor brujo. Visitas de cortesía a las casas cavernas. Una silla y agua fresca”. El Mundo, Buenos Aires, 28 de agosto de 1935. _____. “Trato de visitar a Falla. Fortaleza inexpugnable. Un dragón, dos, tres dragones. Vuelva mañana y le recibirá". El Mundo, Buenos Aires, 1 de septiembre de 1935. 336 _____. “Con el maestro Falla. Convalecencia. El martirio de los ruidos molestos. El terror a los receptores de radio”. El Mundo, Buenos Aires, 2 de septiembre de 1935. _____. “Promesas imposibles de cumplir. María Carmen es más locuaz que el maestro. Detalles de la vida de un gran músico”. El Mundo, Buenos Aires, 3 de septiembre de 1935. _____. “Turismo standard y pato. Plática diaria con las bordadoras. Galanterías para Mariú”. El Mundo, Buenos Aires, 4 de septiembre de 1935. _____. “Gitanas del Sacro Monte. Pura escenografía para encandilar a los turistas. Lo falso y lo verdadero”. El Mundo, Buenos Aires, 5 de septiembre de 1935. _____. “Lluvia de mendigos. Los hay de toda categoría. La manga no es palabra porteña. ¿Hay quienes comen yuyos?” El Mundo, Buenos Aires, 6 de septiembre de 1935. _____. “Psicología de la masa española”. El Mundo, Buenos Aires, 7 de septiembre de 1935. _____. “El bosque de la Alhambra. Ensueños y sugerencias”. El Mundo, Buenos Aires, 8 de septiembre de 1935. _____. “De cómo trabé amistad con los gitanos del Sacro Monte. Con La Golondrina y un éxito fotogénico se me abren las puertas”. El Mundo, Buenos Aires, 9 de septiembre de 1935. _____. “Con los gitanos del Sacro Monte”. El Mundo, Buenos Aires, 10 de septiembre de 1935. _____. “Vida de los gitanos del Sacro Monte”. El Mundo, Buenos Aires, 11 de septiembre de 1935. _____. “Diálogo extraordinario con Lola la Chata”. El Mundo, Buenos Aires, 12 de septiembre de 1935. _____. “La cueva de la gitana rica”. El Mundo, Buenos Aires, 14 de septiembre de 1935. _____. “Historia de La Chata. 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