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Deudas del pasado, retos del futuro : una aproximación a la comunicación pública en las fuerzas armadas

Evans Pim, Joám

Abstract

El papel de las relaciones públicas en las fuerzas armadas ha cobrado gran importancia en los últimos tiempos, no sólo por la confluencia temporal entre fenómenos belígenos y un espectro mediático en expansión sino también por la influencia que, cada vez más, unos ejercen sobre los otros, entendida ahora como crucial en el desarrollo de los conflictos armados. Los ejércitos, como cualquier otra organización, han tenido que adaptarse a nuevos escenarios comunicativos conformados por una multiplicidad de actores (militares, gobiernos, medios de comunicación, partidos políticos y ONG´s, entre otros) para lograr la consecución de sus fines, teniendo en cuenta además de la nueva naturaleza de la guerra y el papel que se espera de (y que de ellos esperan) los ciudadanos en las democracias occidentales. La presente comunicación pretende abordar el modo en el que la comunicación e información pública puede ser utilizada en el marco de las misiones de construcción de la paz y resolución de conflictos, no sin antes tratar brevemente la relación entre información y guerra en la historia. Y así, eso que a ti te parece bacía de barbero, me parece a mí el yelmo de Mambrino, y a otro le parecerá otra cosa. (El Quijote, I, XXV)

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Joam Evans Pim Deudas del pasado, retos del futuro: una aproximación a la comunicación pública en las fuerzas armadas Joám Evans Pim, Instituto Galego de Estudos de Segurança Internacional e da Paz ABSTRACT El papel de las relaciones públicas en las fuerzas armadas ha cobrado gran importancia en los últimos tiempos, no sólo por la confluencia temporal entre fenómenos belígenos y un espectro mediático en expansión sino también por la influencia que, cada vez más, unos ejercen sobre los otros, entendida ahora como crucial en el desarrollo de los conflictos armados. Los ejércitos, como cualquier otra organización, han tenido que adaptarse a nuevos escenarios comunicativos conformados por una multiplicidad de actores (militares, gobiernos, medios de comunicación, partidos políticos y ONG´s, entre otros) para lograr la consecución de sus fines, teniendo en cuenta además de la nueva naturaleza de la guerra y el papel que se espera de (y que de ellos esperan) los ciudadanos en las democracias occidentales. La presente comunicación pretende abordar el modo en el que la comunicación e información pública puede ser utilizada en el marco de las misiones de construcción de la paz y resolución de conflictos, no sin antes tratar brevemente la relación entre información y guerra en la historia. Y así, eso que a ti te parece bacía de barbero, me parece a mí el yelmo de Mambrino, y a otro le parecerá otra cosa. (El Quijote, I, XXV) DEUDAS DEL PASADO, RETOS DEL FUTURO: UNA APROXIMACIÓN ALA COMUNICACIÓN PÚBLICA EN LAS FUERZAS ARMADAS 1. Introducción El papel de los medios de comunicación en las situaciones conflictuosas es en muchas ocasiones motivo de controversia, sobre todo cuando nos referimos a sus actitudes frente al campo de resolución de conflictos. Las actividades de construcción de la paz y resolución de conflictos son llevadas a cabo por un 705 amplio abanico de actores nacionales e internacionales: desde gobiernos a ONGs pasando por instituciones internacionales como las Naciones Unidas. Aunque los medios sean sólo una pequeña parte de las herramientas en estos campos de actuación, no dejan de tener una gran importancia. Los mensajes lanzados por la comunicación social llegan a masas de población incluso en los lugares más recónditos. En los países subdesarrollados, donde se produce un alto porcentaje de los conflictos de hoy en día, juegan un papel clave medios como la radio, que consigue salvar barreras de alfabetización. Como a lo largo del último siglo han demostrado los estudios de publicidad y propaganda, los mensajes transmitidos por los medios pueden tener gran impacto en la actitud y comportamiento de sus receptores. Esto se aplica, desde luego, tanto a la influencia positiva como negativa, de modo que tanto pueden servir como elementos para fomentar e estimular climas de negociación y diálogo entre la sociedad, como para difundir odio y consignas belicosas. De cualquier forma, ignorar el papel de los medios de comunicación en situaciones de conflicto armado puede comprometer e corto, medio o largo plazo los demás componentes de construcción de la paz y resolución de conflictos. Las posibilidades son muchas dentro de ese continuum periodístico que va desde aquel más convencional al que estamos habituados a un "otro periodismo" caracterizado por la elaboración de productos mediáticos cuidadosamente diseñados para obtener el máximo rendimiento posible en el campo de resolución de conflictos y reconciliación entre comunidades. Al mismo tiempo, podemos hablar del llamado periodismo preventivo que se desarrollo esencialmente antes de que un conflicto evolucione hacia formas violentas (lo cual se entiende estrictamente como prevención de conflictos) y otro que se proyecta durante los propios conflictos (enmarcado por tanto en el campo de la gestión de conflictos, conflict management). Se debe añadir además un último tipo que tiene su momento al finalizar el conflicto armado, con vistas a mantener la paz y fomentar la reconciliación. La propia naturaleza del conflicto condiciona que el periodismo se desarrolle desde dentro del territorio de hostilidades, lo cual resulta muy complicado en algunas ocasiones, o si viabilicen intervenciones mediáticas canalizadas desde el extranjero (transmisiones de radio: BBC, Voice of America; de televisión: el caso de Irak en la última intervención; distribución de prensa; y la cada vez más importante Internet). Todas estas formas, y las antes menRelaciones Públicas en el Gobierno y en la Administración 706 cionadas, chocan y se debaten frecuentemente en el marco de los valores éticos y deontológicos de la profesión periodística, al entender algunos que el hecho de que los medios intervengan en la resolución o prevención de conflictos constituye una trasgresión automática de estos principios de "objetividad" y "neutralidad". Aunque muchos otros hayan superado estas problemáticas sobre la base de la responsabilidad social de los medios de comunicación, llegando al llamado periodismo de paz o de tercera fase, parecía conveniente tratar, aunque de forma concisa, la cuestión de la objetividad en el discurso periodístico. De ello, junto con un recorrido de la cobertura informativa de los conflictos armados, trata el primer epígrafe de este trabajo, cuya intención principal es la de formular una serie de proposiciones, que aún sin aspirar a tener rango nomotético resulten indicativas de las posibilidades que un uso apropiado de los medios de comunicación social brindan al campo de resolución de conflictos y mantenimiento de la paz. 2. Comunicación y guerra en la historia Durante el presente año se repitieron las alusiones a aquel magnífico corresponsal de guerra que 'fielmente' relató las batallas en las que nuestro caballero Don Quijote se aventuró, en incógnitos lugares de La Mancha. Cervantes nos dejó joyas como la que se ha incluido sobre estas líneas y que nos permite reflexionar sobre otra cuestión de gran trascendencia para el tema que nos ocupa, la objetividad. Muchos periodistas consideran que la objetividad va más allá de las ideologías, cuando la propia objetividad, como creencia, tiene raíz ideológica. Santos (2002:56) se refiere a dos teorías para explicar la cuestión. Por una banda Joy Rosen, en su trabajo Beyond objectivity, la define como "epistemología periodística", mientras Gaye Tuchman se inclina hacia la clasificación "empirismo ingenuo". La ingenuidad parte de la creencia de que la objetividad es posible, cuando en verdad el problema reside en que es inalcanzable por naturaleza, al partir de la subjetividad inherente al discurso y a sus valores intrínsecos. Los periodistas, como todos los seres humanos, no tienen acceso a la realidad en si, apenas a algunas de sus muchas y diversas manifestaciones. Lo que hacen no es otra cosa que elaborar un discurso que constituye, por sí mismo, una construcción de la realidad. No se trata de una construcción aleatoria o puramente arbitraria. Ella emana de la percepción humana, de su funJoam Evans Pim 707 cionamiento cognitivo y de las características y limitaciones del discurso. Más que una construcción, ese discurso es una re-construcción. Tuchman llega a comparar el trabajo de los periodistas con aquel de un artista que exprime en su obra su propia visión de una parcela de la realidad. Como discurso, el relato periodístico de captura y expresión de lo real emerge como una reconstrucción de la realidad, y no como su reproducción. Para lograr la preciada credibilidad, la cultura periodística recurre a una serie de mitos que apuntan hacia el (falso) hecho de que se reproduce fielmente la realidad, destacando el de la objetividad. La incapacidad que los periodistas manifiestan en lograr esa deseada objetividad deriva, según Santos, de tres niveles de limitación en su relación con lo real: como humanos están sometidos a los límites de la percepción para la comprensión del mundo que los rodea; también están condicionados, como señaló Saussure, por su incapacidad de expresar con rigor el limitado mundo al que su percepción tiene acceso; el último límite lo establecen sus propias observaciones de las manifestaciones de lo real, que influyen decisivamente en la expresión de esas observaciones, estructurando su relación con el mundo y inclinando la balanza hacia la subjetividad del discurso periodístico. La subjetividad es entonces crucial, pues para ejercer su profesión deben seleccionar permanentemente asuntos, palabras, imágenes y sonidos. Deben decidir lo que es normar para escoger lo anormal, deben decidir lo que es correcto para noticiar lo que no lo es, ... y en esta selección constante, quieran o no, entran en juego sus cuadros de valores (o referencial ideológico). Citando las palabras de Américo Castro "obsérvese cómo lo interesante no es si el yelmo es bacía, o la bacía yelmo, el interés del escritor y el nuestro se concentran en la presencia y funcionamiento de la interpretación (…) perceptible en los varios juicios de quienes formulan dichas interpretaciones" (Castro, 1967:362). O si lo prefieren, recurramos a Nietzsche: no hay hechos, sólo interpretaciones. Cambiando de cuadrante y regresando al tiempo de los caballeros, cabría reflexionar sobre la cobertura de los conflictos armados en aquel entonces, sino antes. Uno de los más célebres 'corresponsales' del bajo medioevo es sin duda alguna Jean Froissart (1333-1410) que en sus crónicas recogió gran parte de los acontecimientos que marcaron la(s) Guerra(s) de los Cien Años. Es posible que estuviese presente, con los ejércitos del Príncipe Eduardo de Inglaterra, durante la batalla de Nájera, en la que falleció el cronista castellano Pero López de Ayala, y viajó con certeza por Francia, Italia, Escocia, Relaciones Públicas en el Gobierno y en la Administración 708 Inglaterra y Países Bajos, si bien como 'empotrado' o 'unilateral' no lo sabemos. Si nos remontamos aún más podríamos llegar hasta los petroglifos y pinturas neolíticas de hace más de 20.000 años en los que se reproducen escenas de lucha tribal. Aunque no sabemos el nombre de sus autores, ni el de los escribas sumerios que 25 siglos antes de Cristo redactaron los primeros textos describiendo la guerra entre ciudades mesopotámicas, podríamos quizás aventurarnos a afirmar que el primer corresponsal de guerra no fue otro que Filípides, que en el 490 a. de C. corrió más de 40 kilómetros entre Maratón y Atenas para anunciar la victoria sobre los persas. Ya entonces, como hemos visto, los 'corresponsales' no estaban exentos de peligros y, de hecho, tras comunicar su noticia, Filípides murió extenuado. De nuevo siguiendo a Santos (2003), las narrativas guerreras, desde la epopeya de Gilgamesh hasta los grandes poemas épicos, como la Ilíada, la Odisea, Beowulf, La Chanson de Roland o el Poema del Mío Cid, han fascinado siempre el imaginario popular, dominando la actividad creativa de todos los tiempos. Bouthoul (1971) afirmó que la guerra es la madre de la historia, pues esta empezó siendo apenas la historia de los conflictos armados. Ahora bien, se debe tener siempre en cuenta las palabras de Cicerón: la primera ley de la historia consiste en no atreverse a mentir, y la segunda en no temer el decir la verdad (De Oratote, II, XV). Esta máxima, quizás a incluir también en los códigos deontológicos de la profesión periodística, es clave sobre todo cuando se trata de noticiar conflictos armados. Si algo nos indican estas divagaciones históricas es el hecho de que siempre, tarde o temprano, habrá quien narre las guerras del hombre. Señalar cuál el primero de la "tribu desdichada" es complicado (y hasta cierto punto irrelevante). En la cripta de William Howard Russell, ubicada en la Catedral de St. Paul, aparece la inscripción "The first and greatest of War Correspondent", obviando quizás nombres como James Perry, que en 1789 el Morning Chronicle londinense enviaba a París para cubrir la Revolución Francesa, o John Bell, del Oracle and Public Advertiser, enviado a Flandes cinco años más terde para cubrir los combates entre tropas británicas y francesas. Tampoco podemos olvidarnos de Henry Crabb Robinson, que las guerras napoleónicas habían traído en 1808 a Corunha. Moviéndose por tierras gallegas, Robinson empezó a enviar crónicas regulares al The Times a través de los navíos que partían para Londres. En enero de 1809 las tropas francesas se Joam Evans Pim 709 encontraban en las proximidades de la ciudad, y Robinson decidió aproximarse al frente para después narrar lo que había visto: soldados muertos y heridos, prisioneros franceses, cañones rugiendo,… Fue su primer gran reportaje de guerra… y el último, pues esa misma noche embarcó y se fue para casa, dedicándose a la abogacía durante el resto de su vida (Santos, 2002:22). Lo cierto es que la guerra no ha cambiado tanto en su esencia, si bien lo ha hecho en medios y formas. Yson precisamente las crónicas que de ella nos deja la historia, sean o no 'periodistas' sus autores, lo que nos permite hacer tal afirmación. Sirvan como ejemplo los dos fragmentos incluidos a continuación, que a pesar de narrar acontecimiento separados por más de cuatro siglos y miles de kilómetros resultan, desgraciadamente, demasiado similares: Si algo tienen en común ambos textos es el inmediato impacto que sobre nosotros causan las palabras e imágenes que portan. Cierto es que Fray Bartolomé no estaba sujeto a horas de cierre o emisión, procesos editoriales, ni se dirigía a una masa de lectores (o espectadores), pero dejando de lado las dinámicas comerciales, tecnológicas y políticas, cabría pensar si en el fondo ha cambiado tanto. Merece quizás la pena detenerse en las nuevas formas que rigen la cobertura de los fenómenos belígenos, en particular esa que está en Entraban en los pueblos, ni dejaban niños ni viejos, ni mujeres preñadas ni paridas que no desbarrigaban y hacían pedazos, como si dieran en unos corderos metidos en sus apriscos. Hacían apuestas sobre quién de una cuchillada abría el hombre por medio, o le cortaba la cabeza de un piquete, o le descubría las entrañas. Tomaban las criaturas de las tetas de las madres por las piernas, y daban con ellas en ríos por las espaldas, riendo y burlando (...). Bartolomé de las Casas, Brevissima relación de la destruycion de las Indias, 1552. Another child lay on the roadway like a discarded doll, her white dress stained with mud and dust. She could have been no more than three years old. The back of her head had been blown away by a bullet fired into her brain. One of the women also held a tiny baby to her body. The bullet that had passed through her breast had killed the bay too. Someone had slit open the woman's stomach, cutting sideways and then upwards (...). Robert Fisk, Massacre at Chatila Camp. In Pity the Nation, 1990 Relaciones Públicas en el Gobierno y en la Administración 710 boca de todos: los empotrados. El sistema de los embeded correspondents fue perfeccionado por estrategas estadounidenses antes de la invasión de Irak, aunque no es ningún invento nuevo pues fue el sistema utilizado durante las dos guerras mundiales no variando en gran medida. Curiosamente esta expresión -señala Howard Kurtz, "media critic" del Washington Post - tiene dado pié a más de una broma en los Estados Unidos al asociarse con "in bed" ("en cama [con las tropas]"). Aunque se preste a ciertos comentarios irónicos, este sistema parece preferible a los pools, que se usaran ya en la invasión del Panamá, generalizándose en la Guerra del Golfo de 1991, y que consistieron, en la práctica, en un sistema para alejar lo máximo posible a los periodistas del teatro de operaciones. En la resaca de la Guerra del Golfo del 91, al menos 135 grandes medios de comunicación de todo el mundo "denunciaron formalmente ante las Naciones Unidas las graves restricciones informativas a que fueron sometidos por el bando transnacional; sus quejas parecieron caer en saco roto" señalan Chillón Asensio y Gómez Mompart (1991:29). El funcionamiento de los pools de reporteros ilustra un aspecto esencial de los procedimientos de mediación informativa empleados en la guerra, afirma Eduardo Giordano (1991:46). Según este autor los periodistas inseridos en este sistema servían en la práctica como "oficiales de enlace" y correa de transmisión de lo que oían de los mandos militares. El sistema de los 'empotrados' se inicia en la Guerra de Bosnia. Las relaciones entre los medios y la UNPROFOR eran relativamente buenas y nunca llegaron a los antagonismos de la Guerra del Golfo. Los corresponsales tenían mucha más libertad para moverse por el terreno, siendo responsables de su propia seguridad. Aún así, Bosnia no fue el fin del proceso evolutivo de las relaciones mediático-militares iniciado en Vietnam (y caracterizado por un progresivo aumento del control). Los militares estadounidenses tenían las ideas claras sobre cuales eran sus objetivos en Bosnia y como los medios podrían ayudarles a conseguirlos. El general al mando del sector estadounidense, William L. Nash, tenía como metas mediáticas: conseguir el apoyo de la opinión pública estadounidense respecto a las operaciones, mantener la moral de las tropas y utilizar los medios de comunicación para que los bandos enfrentados aceptasen y llevasen a cabo los acuerdos de Dayton. Los estrategas llegaron de este modo al concepto de "embedded media", que consistiría en una versión menos restrictiva de sistema de pools. McLaughlin (2002:98) caracteriza el sistema Joam Evans Pim 711 de la siguiente forma: Unos cuarenta periodistas acompañarían a las tropas en el terreno durante unas dos semanas para adquirir "una visión más profunda de nuestras actividades, permitiéndoles acceso libre a soldados y jefes militares". [...] Un componente significativo del acercamiento de Nash, que no se había llevado a cabo en el Golfo, fue la idea de per mitir a los periodistas estar presentes en zonas de combate como forma de demostrar la "transparencia de nuestras operaciones y la firmeza de nuestra misión" [McLauglin citando a Nash]. El siguiente desafío para este sistema seria la Guerra de Kosovo. Phillip Knightley afirma que la cantidad de mentiras, manipulación, control de noticias, propaganda, distorsiones y omisiones presentes en este conflicto, teniendo aún presente el episodio del Golfo, han provocado una crisis profunda en el campo del periodismo de guerra (Knightley, 2000:525). Señala que la "triste realidad es que en el nuevo milenio la propaganda gubernamental prepara tan bien a sus ciudadanos para la guerra que es probable que estos ya no estén interesados en los reportajes verídicos, objetivos y equilibrados que los buenos corresponsales intentaban traer, del mejor modo que podían". Parece que los días del corresponsal como héroe están llegando a su fin. Podemos establecer como regla que las operaciones en áreas alejadas de infraestructuras civiles -como lo fueron las Malvinasotorgan una ventaja casi absoluta a las fuerzas armadas. Lo mismo aconteció en Granada, Panamá e incluso en las Guerras do Golfo, en las que el desierto proporcionaba cierto aislamiento. Estos factores aumentaron sensiblemente la dependencia de los medios de comunicación en los militares, resultando en un mayor aprovechamiento por parte de los últimos. Por otra banda, el tiempo es un factor crucial, ya que las ventajas que conlleva una ubicación remota pronto se disipan si los militares no consiguen mantener el momentum alcanzando una victoria rápida. En este panorama los medios de comunicación emergen como un jugador independiente y competitivo en la batalla por la opinión pública (Young; Jesser, 1997:19). La introducción y desarrollo de técnicas complejas de gestión de la opinión pública durante los últimos veinte años constituye, probablemente, uno de los elementos que más ha contribuido a transformar la naturaleza de las democracias liberales, de los sistemas de representación y del propio paisaje social Relaciones Públicas en el Gobierno y en la Administración 712 (Aguilar; Zeller, 1991:75). Sólo una vez terminados los conflictos es que se empieza a confirmar lo que los lectores y espectadores atentos intuían, a saber, que una parte de la información suministrada era parcial o totalmente falsa. La subsirvencia del procedimiento de rectificación parece ser uno de los grandes problemas que se viene haciendo endémico desde la Guerra del Golfo de 1991. Dos ejemplos del pasado y del presente: pocos días después del fin de la Guerra del Golfo de 1991, fuentes militares estadounidenses reconocen abiertamente que amplificaron el número de soldados iraquíes en Kuwait en un número superior a los 200.000. Hoy, dos años después del inicio de la Guerra de Irak, aún no sabemos nada aquellas armas de destrucción masiva que amenazaban la seguridad mundial. Apesar de esto, y mas allá de las divergencias entre periodistas y militares (que subsistirán mientras los últimos cubran todo lo que no les interese con el velo de la "operational security" y los primeros crean que, siguiendo a Vaz, tienen el "derecho de noticiar todo") lo cierto es que unos y otros han pasado a ser, como nunca antes, mutuamente dependientes: "los periodistas necesitan tener acceso a la información -cosa que sólo los militares pueden ofrecery estos necesitan a los periodistas para comunicarse con la opinión pública global" (Vaz, 2004:110). De todas formas, Vaz concluye (basándose en la opinión de Sambrook) que "militares y periodistas, presionados cada día más por imperativos largamente divergentes, tendrán en el futuro mayores dificultades en compatibilizar sus intereses en el campo de batalla". Siguiendo a Young y Jesser, podemos afirmar que tanto la naturaleza de la guerra como las obligaciones del ciudadano en tiempo de crisis han cambiado radicalmente. Estos cambios han establecido la nueva prioridad de asegurar la opinión pública en las operaciones bélicas contemporáneas, lo que se traduce en el desenvolvimiento de políticas de control mediático. Esas políticas de contención y control están firmemente establecidas (lo que se evidencia en sistemas como los empotrados) y serán el modelo del día de mañana a no ser que el público reclame su derecho a decidir en tiempo de guerra y los medios recuperen su misión original de informar a las masas. Desde luego estos puntos de vista chocan con los Vaz, aunque no tanto como inicialmente se puede pensar. Empresas de comunicación y gobierno, periodistas y militares tienen sin duda divergencias considerables, algunas incluso pueden parecer insalvables cuando planteadas en los términos mencionados anteriormente. Por desgracia, si algo tienen en común es su Joam Evans Pim 713 futuro, Madrid, Akal. 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