Beverley, por otro título El jugador inglés : tragedia urbana en cinco actos, traducida del francés
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TRAGEDIA URBANA. beverley; POR OTRO TÍTULO El jugador-inglés. EN CINCO ACTOS. TRADUCIDA DEL FRANCES. CORREGIDA r ENMENDADA EN ESTA SRGVNDA IMPRESION. ACTORES. -**•«** ^damj Clarenton , su esposa. ' ■ '« , niño de 6. á 7. oños. Lentos , amante de Henriqueta. Í S tukeli , falso amigo de Bever- *'*• .. . . Yarvis 3 criado viejo. Un Desconocido. Un Sargento con Soldados. £0 scena se representa en Lóndret. ACTO PRIMERO. ^ Teatro representa un Salan mal compuesto , cuyas paredes están cadesnudas de adornos , pero con Q h'unos fragmentos de su antigua ftugnifice neta. SCENA I. Madama Clarenton y Henriqueta trabajú ndo. Madama Clarenton mirando i>ácia el fondo del teatro. ^lar. Amad» Henriqueta, mi esposo n ° viene. Que zozobras! Qué tor- ^lentos son estos ! h** ’ ^ ermaaa t esta es uaa e nferme- ^ habitual en nuestra casa ; pero hai otra peor y mas cruel , que e* la pobreza. Ciar. Ah ! Quisiese Dios que fuese la tínica j porque en fin , hermana, nos acostumbraríamos á ella. Este salón, que hemos visto tan ricamente ador¬ nado , sus muebles , sus pinturas, sus cristales hacían tal vez mas feliz mi cerazon ? Estas son necesidades del luxo y no de la naturaleza. Los mismos ojos acostumbrados á aquella brillantez , se han habituado ,á esta desnudez, ni falta cosa alguna, quando. encuentro aquí el objeto de mi amor. Henr. Vos me enfadáis, hermana. ¿Con que en vuestra opinión es nada caer desde la opulencia en el seno de la mendicidad ? Yo no puedo hacer sino detestar á mi hermano ; á vos misma dentro de poco tiempo os obligará 6 aborrecerle. A Ciar.
2 Ciar. ¿ Yo aborrecer á mi esposo ? //;-»>•. [Pasión funesta del juego! ¿Quanras veces después de la aurora Je habtis visto volver á casa , maldi¬ ciendo entre vuestros brazos al ava¬ ro furor , que aun le combatía ? Se cansaban vuestros ojos d» velar, quando finalmente os consolaba su vuelta. No es así en el día. Está ya mui alto al sol , y Beverley bur¬ lando vuestra paciencia , no vuelve aun á su casa. Ciar. Es la ver primera::.*- Henr. Siempre lo escusais , hermana: jamás os enfadáis contra él. Sois mui buena, y mi hermano abusa de vues¬ tro candor. Ciar. Solo tiene un defecto:::- Henr. Que los vincula todos. La pasión que le devora , destierra de su alma toda virtud y toda inclinación hon¬ rada.. Antes amaba á su hermana, adoraba á su esposa. Ciar. Y dura aun aquel tiempo. Henr. Se ha mudado su rostro , como sus. costumbres. ¿ Qué se ha hecho aquel espíritu con que conquistaba los cordones? ¿ Aquella gentileza de espíritu que aos hechizaba ? Las vigilias y los disgustos han marchi¬ tado su beldad. Ciar. Pero esta mudanza aun no ha in¬ mutado mi corazón. Henr. Y su hijo? Vos alzais suspirando ios ojos al cielo ¡ Pobre niño ! ¿Qual será su mayorazgo? Ciar. La necesidad hace al hombre in¬ dustrioso. Precisado tu i hijo á buscar su alimento , tal vez será mejor. La pobreza y el exemplo de su padre instruirán su juvenrud. De ellas reci¬ birá bien temprano lecciones de ser sabio y y aprenderá de su madre la paciencia y el valor. Creedme , her¬ mana 5 la felicidad , de Ja que casi siempre solo lográrnosla soiribra, consiste únicamente en la paz del corazón. Beverley la ha perdido. So¬ bre su triste frente se lee el remordi¬ miento, que le devora. Hacer infelice ÍO que ama , es el dardo que lo des¬ pedaza. Ah ! ¡ si, él podía perdo¬ narse á si mismo ! Henr. Ah! por mi , quando considero» que pasión ha sacrificado el mas her¬ moso patrimonio, no puedo contener mi cólera. La parte que me tocaba paró en sus manos , y yo temo:::' Ciar. Vos le agraviáis. Henr. Para un jugador no hai cosa re¬ serva a Oi mismo quiero pedirle 1° que imprudente confié en sus manos* Una causa justísima me precisa 2 pedírselo. Ciar. Y qual es ? Henr. El alimentará una hermana amo. Ciar. No:::- Vos necesitáis de tsos bi«' „jies. El himeneo debe uniros á LeU' son. Lo merece ese amante , y uo • porque se, difiere tanto su felicidad. Henr. ¿Y puedo yo pensar en casarme quando gime mi hermana debajo d^ peso de la desdicha ? Ciar. Mi estado os inquieta muchos pero tengo aun diamantes , teng a joyas , no las necesito para mi con' tentó ; y si fuese preciso el privaren 6 de ellas::- Henr. Ah , hermana í Ciar. Sosegaos , amada Henriqueta ; t0 " da puede aun repararse. Tenefli°* en Cádiz un capital que debe reem' bolsarse, y lo esperamos por in 5 ' tantes, según nos avisan. Henr. Creedme: este es caudal para e * juego y durará poco. Ciar. Puede corregirse. Henr. ¿ Enmendarse un jugador ? , Ciar. Ah ! si el cielo obrára ese predi' gio ; aun tendría envidiosos mi f° r ' tuna. Rodeada de mil bienes, y sob*^ todo poseyéndo el corazón de mi eS * 'poso , seria yo la mas inreliz e ntr las poderosas; pero si el cielo atiende á los votos que le bag * unida al esposo que adoro , y . j 6 cida á alimentarme con el trabajo ^ mis manos , seré la mas feiiz las pobres, f Henr. Dejemos esto , hermana. ^^ Leuson me encargo el dseir® 5 > ^
* a gravísimas sospechas de Stuíteh*. Ve estro corazón se imprime muchas ¿ Q C ® S nuestras frentes, y el mo- Cl af p® ktuíteli no anuncia cosa buena, de' ¿ ‘ S a . m * 8 0 de mi marido } no pueif 5e o. S I * no hombre honrado, p * duda quiere pasar por tal: ¡¡ J' 0 Leuson , que no piensa con v Za > lo j«zga un bribón. algH ”° ? . r‘ Qué martirio es este! (a) Las ocho t/ ( Inedia. ' <£'** da lástima. K *, gol P e:: - a Sos te es Yarvis > <l u e cargado de !e d° 5 c * e ?P ues de un largo servicio, espedimos seis meses hace. S C E N A II. ÜQnu} Clarenton , Hemiqueta y ‘Car vis. 'vi/Jfe confunde su presencia.) Yar- Un a J - habia suplicado el escusarme . da *? s * ra j de que se siente humillafir, alma. 01 v j . erc * ona c!me , Señora : me había %e> ad ° ’ í “ i eIos - * 17 en que estado j^ ste salón ! Me habéis prohibido naasr ^ u e me arranca la vista l>er 0 tas P' e zas. Quisiera ocultarlas} „ jo a Perdonad , Señora , que soi vie- , f ! 0s viejos lloramos fácilmente. As ‘\“ e confusión es la mia ¡ j Sen- y 5 Yarvis. ^f¡0n &0is niui buena. ¿Y es verdad, Perdis * io 3 u e dicen ? ¿ Mi amo ha K ° t0( los sus bienes ? Yo le he f?( ÍQ n r ' a , C ” r en esta casa. ¡Qué hon- ^ de! aa . r e era el si, y ° ! ^ ¡ ü s ten g a K canso su alma. Ciertamente t ¡ e ta S ^ U eS de c í u a r enta «ños no er v¡ l des pedido al buen Yarvís Ló % s asra su muerte , y cargado de de P era ^ a acabar mis dias a! *1 vj^ S u í‘jo» El no ha querido. ani vejez le ha cansado. ■ R ancio a l R e l 0Xm 9 Algunas veces le hablaba yo con mu¬ cha libertad. Ciar. No , Yarvis. Si él se ha separado de vos, acusad por ello á su desgracia. Car. ¿Y á esto está reducido? Me atra¬ viesa el sentimiento. Como decia , yo le he visto nacer en esta casa ’que fabricó su padre. Oien vece?, siendo niño mi amo, le tuve en estos brazos. ¡ Y <l l,e bu e no era para los pobres ! ¿De donde procede , me decia , q u e haya miserables en el mundo ? Ellos son como nosotros. Si yo soi Rey, quiero que todo abunde en mi Reyno. Yo haré rico á todo el mundo, comenzando por tí. Estas eran las palabras de su niñez , que me acuer¬ do como si las oyera. Y ahora él es quien se encuentra en Ja nece¬ sidad. Ciar. Yo me deshago en llanto. Respon¬ dedle , Henriqueta. Henr. Dexadme enjugar el mió, Tar. ¿Y me podrá negar en este funesto estado el asociarme á su desgracia ? Si lo rehusare, me heriría el corazón y abreviaría el término de mis días/ Ciar. Vos lo vereis , él entra. Henr . No es él todavía. SC EN A III. StukeJi y los dichos. Ciar. Señor Stukeli, ¿ hebeis visto oy a mi esposo ? Stu. No , Señora. Ciar , Y á - noche ? ¿tu. Yo Je dexé ayer noche , y me admiro que mi amigo.la haya pasado toda sin acercarse á su esposa. Henr. Vuestro amigo ! ¿ Y os atrevéis á llamarle así, quando vos fomentáis su pasión por el juego y animáis sus vicios ? Stu. Me hacéis una injusticia. Yo he empleado con él todas mis demonstraciones y consejos. Estas salamcnte son ias armas que me permite ia A a amís-
amistad. El ha visto derramar mis lágrimas ; y'-en fin encontrándole sordo á todas rrds, súplicas , he lle¬ gado al extremo de entregarle mis bienes , cargando sobre mi la mitad de su desgracia. Henr. Piedad fingida. Stu. Yo no podía abandonarle en sos penas. Henr. Esto fue profundizar el abismo á que le arrastra su inclinación. Stu. La fortuna se cansa de perseguiros. Yo. esperaba:::- Ciar. Basta. Haced el favor de decirme en donde dexasttis ayer á mi marido. Stu. En la casa de Vilson , con gentes, cuyo trate , ni está bien á su honor, ni le es de provecho. Ciar. ¿ Y aun estará allá ? Stu. Yarvis sabe la basa. ‘lar. Iré , Señora ? Ciar. Ya i vezóle sabrá mal. Henr. Id , Yarvis a como si el ir fuera cosa vuestptu Stu. Guardaos de pronunciar mi nom¬ bre j se qnéxaria de mi , y tal vez con razón. Ciar. Id pifs ■ , pero con gran cuidado evitar todas las palabras que puedan ofenderle. Yarvis , los infelices fᬠcilmente se dan por sentidos Es me¬ nester tratarlos con arte. Este ha sido mi sistema. Beverley , consolado pormi , jamás há oido una repre¬ hensión de mi boca. Xar. A mi no me toca reprehender, ni quisiera yo mortificarle. ^ Pobre Señor i Siento sus penas , como si fueran mías. vare. SC EN A IV.’ Madama. Clarenton , Henriqueta , Stu - heli y Tomi. ¿ 4 } entrar Tomi en la tcena . dice algu¬ na cosa al oido de Henriqueta. Henr. Al instante , querido. Ven. Ciar. Escucha, Tomi, Esta mañana tu padre no ha podido abrazarte sude : quandovenga , si quieres, me gusto , ten cuidado de acariei No te olvidesde esto. < , ^ Tow. Oh , madre I yo me acordaretimo tanto al padre:::- ¡, Ciar. Pienso que no tardará. 1 c n dado. Henr. Ven- „ Tomi besa la mano á su madre ?v con Henriqueta. S C E N A V. Madama Clarenton y Stuksli- . Q ¿ 1 Stu. Es vuestro propio retrato, i ‘ bello 1 Ciar. Se parece mucho á su P a(if p ’ cielo consérve á entrambos. O) habladme sin reserva , Señor Std ¿ Ha sucedido alguna cosa á ínI /¿¡ so ? Esta es la primera vez -Y'., ausenta toda la noche, y yo te0 '# Stu. Que! ¿Vuestro tierno amor , ^ j tra te constante , vuestra belleí^, vuestras gracias no os aseguran fidelidad ? $ Ciar. Dexanáo á un lado estas p rC (¡ \¡ yo no recelo de su fé sobr ^ particular no temo ; seria agra mi esposo Stu. Así lo creo , y me comP„t< Señora, deque conozcáis^ h a5 á |ji si mundo, para no dar credtt° ¡í# necias proposiciones que es P arG . tontos y los malos , de qae él J Ciar. ] Que proposiciones , y ¡> 0 ° asunto! Yo no os entiendo. Stu. Pero:::- Nada. , como que está conju* Ciar. ¿Porque esa confusión * «r Stu. Pensaba que muchas vece , üS lumnia siembra zizaña entre F ces casados, y debemos c er oidos á sus hablillas. . Ciar. Así es. ¿ Pero que querei* / de esto ? Mi marido me ama? ^ $ toi segura de ello , ni cont* ¡a#‘ («) Se sienta Stukeli 4 sU
$ dicho cosa alguna. Al contrario, es este mundo , que como decís, solo abunda de necios y de picaros , no se k encuentra otra-falta que la del jue— * §°* A lo ménos en mis aflicciones me 9 u eda e! consuelo de poseer su corazon , y ] e corresponderé constante hasta la muerte.* Perdonad , Señora. Tal vez la amatad y el zelo me han hecho ade¬ lantar sobrado ; veo que tn< 1 he inte¬ nsado mucho, y que indiscretamen¬ te os he hecho conocer lo que no ne¬ cesitabais saber. Pero á pesar de ios vanos rumores , me atrevo á respon¬ deros. Me basta para confundiros , el conocer á mi esposo: yo desprecio esas voces ; y si me permitís decir¬ lo , el amor que Je conservo, me res¬ ponde mejor que vos á su favor. (Yo no puedo resistir al torrente de amar- Euras qne tne aflige. Señor Scukeli, Necesito de reposo j podéis quedaros con toda libertad , y esperar á vses- *ro amigo. vase. S C E N A VI. Stuheli solo. $tu. Bien se logró mi idea; ya he pues¬ to la turbación en su alma. Madama Clarenton , vos habéis ©lyidado que fintes de vuestro casamiento despre¬ ciasteis mis amores. Con el velo de la amistad he ya arruinado al abor¬ recido rival ; es menester perderle también en el corazón de su esposa. Perderle él y ganarlo yo es el dupli¬ cado proyecto que medito. Si lo con¬ sigo enteramente , será mi felicidad completa. Si el amor , si:: - Ya con destreza he. introducido el veneno ta el alma de su esposa , y yo espero bien presto::- Alguno se acercares Acusón. Su espíritu prespicaz me ha¬ ce desconfiar , me da temor su pre¬ sencia, y no estoi mui seguro al verle. SCENA VIÍ. Stukeli y Leusoo. Leus. Venis bien: basta á vuestra casa hubiera ¡do á buscaros. Stu . ¿ Porque , Señor ? Leus. Por mi amigo Beverley. Stu. Decid el nuestro. Leus. Digo el mió ; que si lo hubiera sido vuestro:; Stu. Pienso haberlo manifestado. Be¬ verley níe ha encontrado en las oca¬ siones , y yo he olvidado la pruden¬ cia para asistirle. Leus. No es esto Jq que dicen ; antes se cree que en la casa de Vüson teneis una inteligencia secreta con Maiknson , y que os hacéis ricos con las ruinas de Beverley. Stu. Señor!:::- Leus. Esto es lo que dicen , yo no se que creer. Stu. Señor Leuson , sobre esta disputa me explicaría mal aquí; espero algún dia encontraros en lugar proporcio¬ nado. Leus . Qualquier dia , y luego ; me es indiferente. Salgados. SCENA VIÍU Henriqueta y lo: dichos. Henr. ¿ A donde vais , Señor Leuson?' Quedaos , que he de hablaros. Stu. Basta. Dios os guarde. vase. Henriqueta y Leu ton. Henr. ¿De que se trataba , Leuson? Leus. He quitado la máscara á esc traidor. Sabe el ¡adigno que ‘Leuson le conoce , y tiembla en su interior. Henr. ¿ Y sobre indicios tan ligeros arriesgareis vuestra vida ? Vos me pasmáis. Leus. Ah ! que grande es mi contento al ver la ternura con que os interesáis á mi favor í Ya desde oi estimo en. / mas.
6 utas mí vüclá , pü¿S táftto eudaís dé ella. Pero ese cobarde , oprobio vil de la naturaleza , jamás ha sabido herir sino entre las tinieblas. Tanto remo su valor como su bondad , y mi vida está mui segura en sus m.anos.' Henr, ¿ Y que pensáis hacer ? Leas. No tengo asn prueba bastante para armar contra'él las leyes, pe-, ro espero tenerla en breve. A vos toe?, autorizar mis derechos; dadme á Beverley por hermano , y haced de este modo que sus intereses sean míos. Henr. Permitid que lo difiera hasta que mi hermana logre mejor destino. Ve¬ nid á consolarla , jsues con los pe¬ cares se consume su corazón , sin quexarse de su esposo. ; Ah, Le usen! ¿ Como pedria gustar los placeres' del amor, miéntras ella está entre¬ gada á este dolor inhumano ? No:::— Es mui infeliz su estado , y yo v.oi á enjugar, ó á dividir con ella las lágrimas, ACTO SEGUNDO. S C E N A I. Plaza jfrente la casa de Beverley, Beverley solo. /Bev. Cielos 1 Esta es mi casa. Temo volver á ella : no me atrevo á pre¬ sentarme á mi muger y á mi her¬ mana: todo lo he ultrajado, el amor, la amistad y la naturaleza. Odioso á todo lo que mas amaba , y aun á mi mismo, no quedándome esperan¬ za alguna , solo me acompaña la vergüenza y el remoidimiento, ¡Oh, pasión fatal del juego ! j Oh , yil codicia del oro ! ¿ Que necesidad tenia yo de acaudalar ? ¿ Que feli¬ cidad se igualaba á la niia ? Todo correspondía si mis ideas , todo alhagaba á mis deseos. El amor sem¬ braba mil flores sobre mi lecho nup¬ cial ¡ Ah , si el cielo hubiese sido áváro eoiimígo ! Sí quando la fortúna favorece nuestros, deseos , tan pd c * s veces se une con la prudencia ; ,3 mediocridad , m.adre del saber , vale mas que todas las riquezas. Desgra? ciado de raí í::: SC EN A II. Beverley y Tarvis. Tar. ¡ Ah , Señor 1 Ahora salgo de U . casa de Vilsgn. Bev. ¿Tú , Yarvis, conoces esa horrible casa? ¿Esa abismo en donde la avari- •cia sacrifica sus víctimas?“¿En dondeconfundida con el interes la baxeza y los crímenes , rey na la desespera¬ ción , imagen de aquel lugar de de¬ solación , en donde la cólera de un Dios justiciero ha fabricado lds in¬ fiernos ? Tar. Olvidad esa maldita habitación: venid á consolar á la Señora, que no se encuentra mui buena.'Sus lágrimas me lo han manifestado, Bev. Dexadme;::- ¿Que dices de mi es¬ posa ? Tar. Digo que debíais correr á sus bra¬ zos ; que solo puede consolarla vues¬ tra presencia. Ven:d v .Bev, Hago mal, Yarvis. Yo mismo me condeno ; pero dexame. Tar. ¿ Que yo os dexe ? Ah , yo no fé «i hai ingratos ; pero he experimentado mucho tiempo vuestras bon¬ dades. Vos me habéis daoo.quanto tengo ; ¿ y abaneioraria yo á tan buen amo , quando á él abandona la fortuna? Bev. ¿ Qué puedes hacer por mí ? Tar. Poco , Señor : con tedo:::- perdo¬ nad:::- yo r.o me atrevo , y temo al ofrecerlo::- Bev. ¡Oh, criado leal I Teme Ja baxeza de tu abatido dueño; sí ; teme que despojando sin piedad tu vejez, abu-- se de tu buen corazón. No sabes aun, Yarvis , lo que es un jugador ; be arruinado á mi hijo y á mi muger y á mi hermana , teme pues , no seas víc-
Vl cttma del mismo furor. El mísero se ahoga , se abraza de la mas enaeble ¿caña. No quieras que te arr ^ stre ea naufragio. Si tu supieses, cielo i ¡á que nuevo exceso me a precipitado . esta noche la ciega afcua del juego ! Mi esposa;:;- Ay! i'lué confusión es la mía ! Yo que c °ntaba por tiemptf perdido el que e ^ f aba apartado de ella, no ia he Visf 0 en toda esta noche. He pasado' esta cruel noehe entre Jas coa- , Piones de una obstinada desgracia, ^diciendo mil veces el dia de mi ¿«¡miento. * venid pues. Cada instante es un Seu para ,a Señora. Pensad;::- y Ur s^Y tu dices que llora ? j* ^‘Ua. se escondía para* llorar : se a escapaban, algunas lágrimas ; he co ai gon suspiro.. Vos no tenéis el de piedra. Ah , si la hubiesiento, y me aborrezco á mi ,s »io, Su virtud merecía mas feliz - stfno. ^ Yarvis, no puedes enüi2ar el horror de mis extremas r^rguras. No sosegarás los remordí¬ amos. de mi corazón. Abandona á p t e miserable. Vete á Ciaremos; edes consolarle en su desgracia; a n ° tiene la culpa. J^ Q id vos mismo. • -Dime la verdad, ; Cómo se habla. o 1 1 en Lóndres ? ^ s consideran como un hombre, Pt-e • S üfiando se ha arrojado á un Os e cjpicio. El mejor de ios mortales , ñaman. Todo el mundo se aflige J U estra des g r acia * Mn f iu , an v í e j°> yo m& conozco ; di, 1 ]. adu * ar a tu dueño , que todos me s¡ Q man esposo ingrato y cruel ; padre atnor » padre inhumano. Vete á ontrar á lu Señora ; vete, que K . p si g°* S u » l 0 r < ?ue lo diferís un instante ? * chos° ra2 ° -” est ^ a f l'g' do i tiene rnu- ¡U r motivos de sentimiento ; y me ^ 0 a aseguraros, que el mayor va estra: ausencia.. Bev. Dile .que voi luego. Debo hablar á Stukeli ántes de verla. Tú-, Yarvis, modera tu zelo conmigo. Que tienes que ver con mis desgracias i Nacido en lo que orgullo llama baseza, si¬ gues las leyes del honor; y la hon¬ radez: raramente conduce á las ri¬ quezas. La necesidad verá asaltar tu vejez ; no quieras poner la miseria entre tí y tu sepulcro. Voi á ver á Stukeli. Tar. El viene. Bev. Dexame. vme ¿Bar vi/. SCENA IIL Beverley y Stukeli . Bev. Y bien , amado Stukeli , g qué esperanza nos queda ? Stu. Ninguna. No puedo anunciaros sino disgustos. Bev. ¿ No hai dinero ? Stu. Quieren que se asegure. ¿ Teñáis con que hacerlo ? Yo no puedo ya empeñar cosa alguna; vos habéis‘ago¬ tado quanto tenia. Bev. Si ; nuestra ruina es común ; en ei abismo que me sepultaba, me alar¬ gasteis vuestra amiga mano ; y yo dos veces infeliz he sumergido tam¬ bién.^ mi amigo. Este es el mayor de mis tormentos. Stu. Mostrad mas valor en la desgracia;, llamemos al valor en nuestra ayuda; las lágrimas nada remedian. Ved si os quedan algunas de esas brillantes y superfluas joyas , de que solo nece¬ sita Ja vanidad. Bev. Depositario infiel: he perdido esta noche ei dote de mi. hermana , y sola me queda la vergüenza;;- y::- Stu. Tanto peor, ío digo sin reservaentre los dos. Yo consultando solo mi buen corazón, he hecho aun mas. de Jo que podía. Bev. Es así. Stu. Puede ser que Yarvis rico en su; estado;:- Bev. Ah ! Stu, Me sabe mal el nombrarle ; pero; no
8 no eramos eti tiempo de ser tan esc rupulosos. Bev. Siempre lo es de ser hombre de bien. ¿ Yo despojar á ese buen vie- Ͱ ? St u. Pues á Dios. B ev. \ Que fiero despido ! # Stu. No quiero á lo ménos en esta ex¬ trema desdicha , que puedan acu¬ sarme de haberos seducido. Y lo va esparciendo Leuson. Vuestro amigo se ha perdido por vos , y *«t fruto erá malquistarse con todos. Rev, Qué ? ¿ Soi yo el que os mur¬ mura? } Me quejo de otro que de mi mismo?' Los dos p2recemos com¬ batidos de las mismas olas. En ór.den á Leuson y á sus palabras , yo le haré conocer hasta que punto se desvanece. ¿?tu . Está bien. Mas para salir de este paso , es menester otra cosa. Vos no ignoráis que faai muchos que por nuestras deudas pueden hacer de un instante á otro , que una cárcel sea vuestra habitación y la mia. Yo ja¬ más saldré de ella } por vos lo he vendido todo j vos á lo ménos teneis un arbitrio. Bev. Decid qual es j y tomadlo para y os. Stu. No: no pretendo eso:;- Vuestra esposa::- pero ya veo la respuesta: una muger renuncia difícilmente á lo que sirve á su adorno. Bev. Sus diamantes::* ¡ Ah , cruel! cai¬ ga antes sobre mi un rayo. No sabrá abatirse tanto su esposo. ¿ Privarla del solo bien que ha respetado mi furor ? No. §tiy La necesidad pide valor. Bev. Mejor dirías villanía. Stu . Estoi seguro que oi la'fortuna nos favorecía. Tengo mis pensamientos en el airpa, de los que aseguro la certitud. Bev. También los experimento} la mis¬ ma esperanza me inflama 5 me abra¬ so jen deseos de jugar j pero per¬ mite , Stulíeii , que ru amigo sea hombre. , Stu . Y que yo acabe de serlo* 01^* quanto he hecho , y dexanie efl ^ precipicio5 ya no hablo ma s ingrato. Si tanto amas á tu ntug er » conserva sus joyas' s adorna con 1 pa su orgullo y su miseria ; n ° molestaré mas. . tJ Bev. ¡ Ah , quan mal conocéis á mi adorada esposa l Las joya s ^ aprecia son las virtudes de qu s dos la ven adornada , y que nU la faltarán. Basta su brillantez fl tu ral á su hermosura. Solo para me gusto se adornaba , y mi dad solo conservaba sus dianta< nteí) de los que se privaría sin pena > ra socorrer las necesidades de marido. , f¡ Stu. No :» ya he mudado de sent j¡ at -i amistadfué sin límites- <1°®., vuestro amigo sepultado en una P sion ' Bev No quiera el cíelo que un generoso , por haberme asistido > fe (i¡ encerrado en una cárcel. Stukeli ¡ ^ me crees sin honor , sin alma. desesperación en que me hallo ^ do , baxo el peso de la afrenta desdicha } aun no compraría mi ™ cidad á este precio. Stu. Cotv sobrado calor::- , Bev. No siendo de yelo , ¿pued e " 2 Acabemos estas vanas luchas, veo lo que debo hacer ; id á ' ue 5 ' tra, casa. c tr Stu. Tal vez he sido demasiado * vo. Bev. Yo mui ingrato. ; 5U Stu. Vuestro amigo os espera e e / casa. ( Discurro un medio que surará este negocio.) Bev. Entremos. Acercándose á su casa , de la 4 ue | fíenriquet o. i
S c E N A IY. Beverley y Henriqueta. fj , e nr ' fin , hermano , | volvéis á v uestra casa ? ¡ Oh , Dios mió! ¿cóestáis? ¿Qué pena tendrá mi » er mana al ver esta mudanza ? jj V ' ¿ Qué hace Clarenton ? enr ' Aprovecha un instante de des¬ aso. Sus ojos cansados de tan largo ^P^rar , se han cerrado por nn rato. Centras que el sueño tiene suspensos Süs males, permitidme, hermano, que 0s pida los intereses que en vuestras £ ^nos;: ^ La imprudencia es grande. Pues ^ l,e > hermana, ¿Leuson ha fundado %uaa sospecha sobre este particu- 31 ? Me han dicho que se atreve á conversaciones mui estrañas. eíl?i Beverley , sobre este punto él no palabra.. Yo soi á quien única- e ' l( e toca el cuidado de mis bienes, ^ n ° quiero que estén en depósito de hombre que ha guardado tan mal B' 05 . s uyos. ^ Que ? t tienes alguna descon- ^ anza * e,ly > Volvedme mis intereses para cal- *** ar Ja , ó á lo meaos decid si habéis Ardido : sentiré mucho el golpe \ per ° estoi tan acostumbrada á sufrir ^ 0| * nii hermana y por vuestro hijo, Í ae me he habituado al sentimiento. *y ntal será menor para mi que para h/.! i0s - ¡ Maldita pasiea ! ¿y No digas mas. e . ny ' Vuestra casa fué un paraíso, dos ágeles la habitaban en Tomi y vues tf a esposa. El candor ingenuo, la j^odesta belleza la colmaban de sus ^vores} y cansado de ser feliz, de e, ! ta habitación celeste se ha preci¬ sado al ,bi$mo de la miseria y uel Bg aprecio, ^ Cruel ! Vos rae atravesáis ei al- • el. mal recayese sobre vos solo, Co ®“ la infamia::; Bev. Un hermano debía esperar mas atención de su hermana. Escoged colores ménos duros : son ya tardas vuestras reprehensiones; vos renováis mis heridas, sin poder curarlas ; dexadme respirar o¡ f mañana hablare¬ mos de vuestros caudales. Henr. Pues hasta mañana me sugetaré ál silencio ; preciso respetar la cólera del cielo , y adorar sin mur¬ murar su justicia. Importa poco que sea un hermano ¿ un padre , un es¬ poso el que elige para hacernos sen¬ tir sus golpes. Bev, ¡ Ola , Henriqueta í Henr. Si ; basta , ya callo. SCENA V. Beverley , Henriqueta , Clarenton , y Tomi, Ciar. Seáis mui bien venido, esposo mió. Bev. Amada esposa , mi ausencia hz sido larga , y temo que habréis dor¬ mido poco , esperándome. Ciar. Esposo , dexemos mis penas y mis lágrimas ; una y ti que os veo entre mis brazos , aunque sea mo¬ jándoos con mi llanto , lo olvido todo. Bev. (Qué virtud ! Qué ternura ! Qué belleza ! Qué confusión es la mia! Quáles serán sus quejas!) Mientras dura este aparte , Madama Clarenton bahía en secreto 6 Tcmi s diciéndole vaya á su padre. Tom. Padre. • - 4 ¡ Bev. Ven , hijo, á mis brazos. Quiera Dios que mas sabio que tu padre, pac as consolar á tu desgraciada madre de todos los males que le ha causado. su esposo. Ciar No es desgraciada mientras vos la améis. Tom. Padre, Bev. Di , hijo mío, Tom. Oh ! estoi mui triste. B Bev.
Stu, Si: me lo ha dicho Yanson : os doi mil parabienes. Bev. Tu amistad por mi se mostró poco reguiar , tu verás oí si i a m ¡ a sa fc e agradecerlo. Ahora voi á librarme de aquella molesta deuda, satifaciendo á Yarmes y Malcinson. Stu. Los hallareis en casa de Vilson ha¬ ciendo la partida : un monte de oro veréis en la mesa, y con alguna dicha se haría una ganancia grande. He dexado á los dos en mui mal estañó, jugaban con mucha desgracia , lle¬ gareis i buen tiempo para socor¬ rerlos. Bev. En esta infernal casa , si pediese ser , no, no quisiera entrar en mi vida. Siempre fué fatal para nii. Stu. Te aconsejo que no vayas. Jamas se jugó partida mas igual. Vieras un Perú sobre el tapete, y te tentarla sin duda. Bev. Eso no. Stu. Yo lo dudo. Verdad es que la for¬ tuna no es cruel siempre ; parece que vas entrando en amistad con ella, y con discreción pudiera tantearse;;- pero no es este mi parecer. Bev. Estoi seguro de mi mismo: con todo quieren perderme. Makinson ha sacado una sentencia contra mí, Stu. Es cierto , y alguno me ha dicho en confianza , qus quería hacerla executar esta tarde. Bev. Voi pues. Esta razón me obliga; pero no remas : yo respondo de ají mismo. Stu. No irás, si me crees: Lsuson diría después que soi un pérfido ; no habla mejor de tí , y en todas partes dice amenazando , que te hará dar cuenta de los bienes de tu hermana. Bev. Dexemos á Leoson; puedo hu¬ millar su audacia.. Vamos á pagar en casa de Vilson , pero para mas ase¬ gurarnos , guárdame tu estos vales. Stu. Corno! ¿Que yo los guarde? Tu co¬ noces mi flaqueza ; en este día te ima* gino dichoso; querrás que te los vuel¬ va , no sabré resistirme. No vayas, Beverley, permíteme que t<? detenga! Bev. i Con que me crees tan endeble» que un poco de oro encima de bufete llegue á desvanecerme ? Stu. ;ün poco de oroí verás mont° neí grandes. Bev. ¿ Y que importa que se# poco , ¿ mucho ? Stu. Podría recobrarse ,qcanto se 1 ]1 perdido ; pero no nos fiemos en ello* Bev. No. Jamas be de jugar. Esjta # la resolución mas acerrada. Pero pu# juzgas este paso tan difícil, no entre'- mos en su casa , llamarémos á kinson desde la puerta. ACTO QÜARTO, s C E N A r. El teatro representa noche obscura* Beverley y Stuke/i . Stu. ¿Que decís de acero y de veneno^ Bev. ¡Ah , quan funesta es mi suerte ' Todo lo he perdido. Nada me quedó* ¡Que desesperación perturba mis po" tencias í 'Mi furor llega á ser delirio* Stu. Pues , | porque entrabais en c? s3 de Vilson ? Si hibiesei* atendido * mis consejos , tu amigo::- Bsv. Mi amigo! ¡Bárbaro, á tí ese no®' í>reí Tú eres una horrible furia , q u e con su impura respiración enven^ mi vida ; eres un monstruo, que cQP" tra mi vomitó el infierno. Sin tu de" testabie amistad , ¿ habría un morí * 1 roas dichoso que yo? ¿Y puede ab° r * encontrarse otro mas miserable ? & r i feliz padre, dichoso hermano, y ul3Í amante que esposo; nada faltaba p* r * el cumplimiento de mis deseos. Qu a!l | do tu dispertado en mi seno las extinguidas centellas de una incliu*^ .cion fatal, le subministraste alitneJl ti • ,, y de una pequeña chispa suscitaste grande incendio. Todo pereció , honor , mis bienes y mi vida. que ha producido tu funesta Stu. Escucho tu .desgracia; pero tu ’ ltí " justicia excita mas mis furores 9 ü C mis
^ado^ eda ^ e s * ¿Con que fe has olvi- to¡ s ’ ^ U e Se guro, según decías de ti en ’ íe detuve al querer entrar V y asa de Vüson ? t rar> ° s . me abrasaba en deseos de end°|j*g 1 1 > eon ° cí tu cautela , mostráat| f e P r e cipicio, sabias inspirarme c 0raz O r de arrojarme en él j pero mi bi¡s c ? n era tu cómplice, él mismo Ole v ¡ 3 . Su ruin ' a * M as dime, ¿ porqué »Posir?, V ! í ls ÍQ s vales que yo había de- \ g d ° en tus manos ? «sf l)e es 4 u e fuéron vanos quantos tiste ri ° s P a r a guardarlos , qui- \ p c ^ U e te los diese, ^ traidor, ¿darías veneno al \ y°, 9 u e te lo pidiese ? D^aciL a Yarmes y á Makinson des- V q, c üs 3 y esperaba:;- Vc 6 ,' 8 0 COntra e ^ o s una violenta ® sta es una quadrilla de ^ Vil ’ cuya caverna es la casa ^ }<¡ Q SOrí ‘ No es natural mi pérdida, tiene °bstante , todo el mundo les íten di(¡ Nombreáí de honor ; yo he «tr 0 0 modo de jugar de uno y nie ha parecid® fiel y leal. I 1 ». tu lo eres ? } v. 'y eve r ley í '< ttiij n ° s f :: ’ me acometen contra í¡' , p Movimientos de rabia, j í f Q t ° n 'íue tú me crees infame ? *• » r u desgracia con mas valor. ü* e s b os Valor ■ muerte j Pero } has * n,i hi j ü! ( ^ Traidor, tú me L e pu l r ado en el abismo en y'loes d al j° ’ es menester que me no 6 el > ó en es t e instante:;- lí„ Z estoy en mi::- Perdona;;- hu y e s •' ’• ÍJ aparto de un ingrato. f 4 J » quédate. verme cargado de opro- S* í? ! En im P u > s os tan vio- ¿i *E« 0 yo sa b er , si te agratNo ^, Caso se yo lo que digo ? S d ® mí m¡Sra0 ? N °» e * c eso j Ule ^ insaJ t o de mi. £n (*j de íuror podría darte de °garra por el corbatín . 17 puñaladas, y luego después ma¬ tarte. Le señala que se vaya con un gesto furioso. SCENA II. B everley solo. Bev. ¡Dios mío! ¿Adonde voi ? ¡En que obscura cueva iré á sepultar esta ator¬ mentada alma ! En vano la noche me cubre con sus sombras , sf yo no puedo disimularme á mi mismo/ ¡Oh noche i ¡ Tu no eres capaz de ocultar un delínqueme 1 ¡ Qué de¬ sesperación ! ¡ Qué vergüenza ! El dia que va á amanecer ha de ser el testigo efe mis furores ¿ Este es el consuelo que he preparado á aque¬ lla infelice, que sacrificada infame- • mente á mis delirios , toleraba sin la menor quexa todas mis faltas ? Mis desvelos debían ocuparse todos en su felicidad : Olvidado del detes¬ table juego , la prometía una vida felicísima , « toda del ciefo. Pero el infierno , si : el infierno no estaba mui distante de mi. Ya no hai re¬ medio , ya no he de presentarme mas á su vista. Mi muerte;:- Pero alguno viene ; parece que le conozco : es Leuson> Me dicen que me amenaza con sus palabras , porque le dé cuen¬ ta de los bienes de mi hermana. Pues aquí mismo me ha de dar satisfacion de todo. SCENA III. Beverley y Leuson, Leus. Alguno pronunció mi nombre Beverley ! ; Que feliz encuentro • Hasta ahora he trabaxado por vos Bev. Sin habéroslo pedido. Es tener el alma mui generosa. ¿ Q u i en os ear cargó este cuidado ? Lear. La amistad. Espero haceros ver roas claro que la luz del sol, el mas C ih-
iB infame mortal , y el mas tra dar amigo::- Lo que tengo averiguado debe hacerlo temblar. Bev. Pues yo conozco uno que tiene mucho que temer. Leus. } De quien habíais ? Bev. De uno que en rni presencia pro¬ testa que rne a:n-t ; y á mis espaldas, se atreva á infamar mi honor. Leus, ¿ Que enigma es este ? Bsv. Voi á dacirio claro. S; se os da crédito , yo he perdido por mi lo¬ cura los bienes que mi hermana debia traeros en dote. Esto es lo que Leuson publica en todas partes. ¿A ver como to repetirá en mi presencia? Leus. Beverley , la altivez y ese tono lleno de amenazas han causado mu¬ chos males , que se hubieran podido prevenir , y puede ser que otro en mi lugar:: - pero yo sabré contenerme. 3amás ha hablado palabra , que qo pueda sostenerla á la cara de qualquiera. De lo. que os hayan dicho de xni , nombradme al dela'or , y esta, mano sabrá castigar su vil audacia. Bev. Sé lo que debo pensar. Esto no es. nías que, un vano recurso para esca¬ parse de mi venganza. Leus. Cielos,, ¡ que preposición tan es¬ trada! ¿Beverley me habla así ? Pero ya nos hemos visto en el campo del honor , y sabe bien que no es fáciL atemorizarme, Bev. Yo no sé otra cosa que mi agra¬ vio; y para ahorrar palabras, de¬ fe ndeos. Tira la espada. Zeus, con sosiego. Hiere, ingrato; sigue el furor que te domina. Tu loca con¬ fianza en un malvado ba causado la ruina de quanto ántes amabas. Solo te queda un amigo ; asesínalo. Bev. Yo he arruinado á mi hijo , á mi muger y á mi hermana ; satisfaré las maldiciones de que ellos me hazi col¬ mado : estoi pronto á. ello : pero tu, ¿que derecho tienes para infamar mi honra? ¿Tu te llamas mi amigo? Bár¬ baro , si esto e¿ serlo „ seasia final¬ mente pasándome el corazón». acción sola te conoceré p& r J $ Leus. Vuelve á su lugar esa . b > Ves que un traidor ha ma . < contra tu atwg. secretamente - aun pienso acertar el fin <l ue propuesto. . ta Bev. ¿ Y porque razón juzg aS él me engaña ? ^ Leus. El sabe que yo le he descn^ y armándote contra mi , espef® f cobarde deshacerse del tino P , manos del otro; pero esperanza. Tu np derramar» 5 '' gre de tu amigo ; ni yo bm 3 mano en la tuya. Vuelve te o* espada á su lugar. Adiós. E nt g eV e casa. Mañana menos alterado ley , se avergonzará de babe r mal conocido. S C E N A IV. Beverley solo. Bev. Esta entereza de Lenso»- f l0 ( un cobarde; yo le he visto ' ocasión, y en ella su valor * nota. ¿ Me habría engañado * J Pero ¿queme imporra ahor» vtntura debo vivir? Acabe ^ ¡¡¡i una vez mis m iles. Este a zeí librarme de ellos. SCENA V. Beverley y Tarvis. Tarvts ¡¡l dura el soliloquio , entra O ' J se acerca ó Beverley , ó f cura conocer entre ¡a obs* la noche. Bev. ¿Quién va allá? un asesino ? Si lo eres > ^ gueme: mi mano aun ^ dienta de sangre que !a tu^y^ inas que tu traigo en ©f . rabia desesperada. _ ¿ Tár. Amo mío! permitid::' Bev. ¡ Ah , buen hombre ! ¿Qué haces tan tarde en l 3 g habías, de estar en. Ja caih a fl i
ffr> Señor, perdonadme : vos (n) nusp m o - Dios mío!:: J v ‘ Que dices ? ar ’ Vuestra espada::- está desnuda::- «abriais tal vez::- Ah , Señor ! me c pfime el sobresalto. Si á qualquier parte que vuelva ,a vista , el oprobio y la miseria si¬ lben mis pisadas , sola una muerte r Pronta::- flr * Señor::- Preocupado del sentimien- to habla á sí mismo , y no me oye. Señor. J v - Quien habla ? 8p ; Es el pobre Yarvis::- Por Dios, ^ e Ror, dádmela espada ; dádmela, j, Porqye temo::- Si, tómala ; toma la espada ; sacala de entre mis manos; puede ser ^ue el cielo te envíe en este instante. / “ r * i Ah , Señor! ¡Qué alegría es la ^ia l . y qual es mi felicidad í Gev - Así puedes serlo siempre, virtuoso Aciano : pero ro te detengas con¬ migo. Teme el contagio de mis ma¬ tes. £ a ru ¡ na , el horror , la maldi¬ cen es el cruel lucro de quantos Se me acercan. Entra , buen viejo, e n mi casa ; retírate; vete á encon¬ trar el descanso , que yo no puedo disfrutar. íar ‘ Permitidme, Señor, que yo os Conduzca á ella. J v ‘ No ; jamás; ¿,rg£ lar • Pensad enjMrpena crueyla Se¬ ñora;:- Perdonad , vos queréis su ttluerte. . «ev. Para ella y para mi hijo , el peor de todos los males seria mi vida. Si; en su lamentable estado ellos pasarán sus días maldiciéndorne : dexame. Yo apetezco la obscuridad de la noche; quisiera poder doblar sus tinieblas , y en el fondo de mi alma un pasmoso horror¿ No oyes que fúnebres voces ? Como que escucha. Todo está en silencio. ® e v. ¡Oh , remordimientos! oh , furor ! vete. Echado sobre estas piedras pa- ( 0 ) repara en la espada. 19 saré la noche , despedazando mi co¬ razón. Quiera Dios que jamás vea la luz del dia. Se recuesta sobre las piedras . Tar. Amo mió : vuestro antiguo criado puesto á vuestros pies con las lágri¬ mas á los ojos , os suplica por Dios que os alcéis. Vos no teneis una alma tan dura ; la Señora está Uorando;;- S C E N A VI. Madama Clarenton saliendo de su casa con una linterna. Beverley hechad» sobre las piedras. Tarvis de rodi¬ llas ó su lado en ademan de supli¬ carle. Ciar. Yarvis no vuelve. Yo no puedo esperar mas , una pesada turbación me agita. Cielo , gobierna mis pasos; dirige mi temerosa marcha. Acercándose donde están. Beverley y Tarvis. Bev. Tu me cansas , buen viejo. 4 Tarvis. Tar. Vuestro padre hacia mas caso de mi 9 y vos mismo en vuestra infancia. Pero veo que se acerca una^ luz: al¬ zaos ; wwjwL ' j ap lBMiM i X 1 $iU &*** V A’ Ciar. Parece que oigo su vóz. Si , Yar¬ vis es , ¡ qué turbada está mi alma ? Yo tiemblo ; acerquémonos. ¡ Oh, Dios ! ¡ que es lo que veo ! Tar. Es la Señora. á beverley. Bev. ¡ Mi muger ! ¡ Oh, tierra ! ¿cómo no me tragas ? Ciar. Esposo mió::- yo muero::- este espectáculo me mata::- Cruel , ¿ tu apartar la vista ? ¿ Tu huyes de mis miradas ? Mi corazón desfallece: habíame : tu ves que apénas respiro. Por piedad calma la turbación , y el pasmo que me inspira::- fiev. Antes voi á redoblarlos. Tiembla, no tengo que decirte sino horrores; tu me colmarás de maldiciones. C <1 Ciar.
20 Ciar. Es incapaz de hacerlo mi cora¬ zón. Jamás sabrá sino bendecir á su esposo. Bev. Este esposo es un miserable , en . quien no, encontrarás sino un monsíro detestable. Este día terminó mi desgracia. La miseria y ] o s llantos ion ya nuestra heredad. Esta es la de mi lujo , y la muerte será mi consuelo. Ciar. ¿Pues que es esto? Bev. Tocho está perdido ; solo me ha quedado la desesperación y-la rabia::- Maldice á tu esposo, que bien lo merece. Ciar. ¡ Dios mió l Atended mis votos y mis lágrimas ; mirad con ojos de pie¬ dad su dolor , disipad las tinieblas de su confus^alma , volved la paz á su corazón. Si Ja miseria y la desgracia deben apoderarse de uno de los dos, ca j g * sobre mi vuestra cólera , y sea feliz mi KeverJey. Bev. ¡Y así maldice tu boca ! ¡Oh, vir¬ tuosa consorte, digna de un mejor es¬ poso ! ¡ Cómo me penetran y cons tunden tus bondades í Ciar. Permite que mi ternura suavice la desesperación de tu pecho. ¿ Porque has de rendirte ai peso de tus desgra- , cías ^ No ha perecido todo en naumas que la mendicidad y el llanto. Bev. ¿ Y que nos queda ? Ciar. El valor y el trabajo. En tu au¬ sencia sabes que ocupada en alguna labor , disimulaba así lo largo de mi soledad. Creeme, del senp de la mi¬ seria nac.erá mi mas dulce placer. Lo que hasta ahora ha sido un pasa¬ tiempo , alimentará en adelante á mi amado esposo. Bev. Todp lo puede suavizar tu virtud: mi desesperación cede á tus gracias*: me arrojo á tu seno , bañándole de lágrimas::- Dulcísima consorte ¿con¬ que tu no me aborreces ? C A h^°* ® Sp0£ro » yo te c °® padezco, S C E N A VII. Los dichos y un Sargento con S Sarg. Daos á prisión y'seguidme. ó Beverley. Bev. ¡Ah, fortuna! Este es el últi 01 de tus reveses. Yo no puedo sO^ vivir á esta infamia. Tur. Señor , á vuestras pian tas::- al Sargento. Sarg. Es menester dinero. Tar. ¿ Quaoto es la suma ? Sarg. Trescientas libras. Tar. Eri mi casa tengo la mitad. Sarg. Buen hombre , ha de ser tod°' Tar. Lo buscaré mañana. Bev. Basta ; ya os sigo, (o) Yarvis, e St! último golpe ha atravesado mi al®* 1 Guardad vuestro dinero. Esposa, ^ me los brazos ¿ esta es la vez posteé que te tengo en ellos.. Es preciso & guir mi destino. le llevan preso. Ciar. Ya no te dexaré , esposo m 1 ^' le sigue cotí Tarvis, ACTO QUINTO. SCENA I. La scena representa una pieza de ® , en Ja míe. habrá á un 1 ^° una fresa-con . mantel la de agua f un vaso } al otrtT'iina silla junta * un cofre. Tomi estará sentado en ^ silla y Yarvis en el cofre. i Tomi dormido y Tarvs. Tár. Cerrándose sus ojos duerme y 3 * pobre niño ! ¡ Oh, edad feliz ! ¡y. q 1 1 * pocos cuidadas te impiden el sueft 0 ' En ella no se teme que la voz del re' mordimiento le rompa con sobresal 0 ’ Su inocencia descansa cd paz ; quan" do el afligido corazón de su desgracié' do padre ha visto renacer el dia án r eS que el sueño haya cerrado sus ojo*' ¡Qué (p) al Sargento . .<
J Qué .fatal* mudanza! ¡Oh, amo mío! ¿A que pasión te has. entregado ? i Qué virtudes ha bórrado, un solo vicio! ¡Y que consecuencias tan fa¬ tales ! Quiera Dios:;- S C E N A II. Clarenton , Tomi y Yarvis. JW. ? Que hace mi hijo ? Descansa , Señora. '*far. Duerme , hijo amado. ; Ah, Yarv is , ¡ que tormentos me ocasiona su padre ! Mis pa'abras , como sahes, habían hecho algún fruto , había calmado Ja violencia de su furor, esta prisión lo ha destruido todo. ¡ Noche cruel ! j formidable noche ! Sumergido en un profundo silencio, fixa la vista , parecía que ni veía, ^ oía. A veces furioso hasta la de¬ cencia gritaba desesperado detestando su misma vida. i° r - Oh , amo mió ! Puesta á sus pies, que bañaba con mis lágrimas } invocaba los dulces nombres de esposo y de padre $ pero á mis llantos y á mis suplicas solo correspondía con furores , has:a ar¬ rojarme dos veces cruelmente de su presencia. Recobrado en fin de este delirio j avergonzado de ver su es¬ posa á sos pies, se ha enternecido Su corazón , fte ha estrachado á su Pecho , y se ha mezclado el torrente de nuestras lágrimas. ■ '«f. Yo no puedo detener Jas mías. C/ar. Ha calmado sn furor , y en fin cerrándose sus ojos ai sueño , le concede ls tranquilidad de un reposo pasagero. *ar. Bendito sea Dios. Me ha avisado mi hermana , que era menester que yo hiciera algunas diligencias , y que convenía para mi esposo , que sin tardar la viera fuera de la cárcel. Voi pues á aprovechar e fte instante en que descansa tni mar ido. Tu está atento , Yarvis, y ten ^nidado si despierta. No le dexeis solo a hazle entrar su hijo al quarto, 21 que su amada presencia suavizará las conmociones de su alma. Yo vuelvo al instante j sino estubiese segura de tu -cuidado , no me atrevería á de¬ jarle solo. Yar. Podéis ir segura. ¿¡tisbondo poco á poco por la puerta de Beverley. Ciar, No ha mudado de posición , duer¬ me profundamente. Yarvis , por Diod te pido que atiendas al instante en que despertará. tase. S C E N A III. Yarvis y Tomi dormido. Yar. Espero que el amo descansará hasta que vuelva la Señora. ¡ Que virtud , que ternura es la suya ! Mflger grande. ¡Que feliz seria con ella mi amo , si supiera serlo ! Oigo rui¬ do!:- ya no duerme. ¡Que pálido! ¡ que desfigurado que está ! pe; o ménos sombrío y menos alterado. SCENA IV. Beverley , Tarvis y Tomi como ántes. Bev. (Mi muger se ha ido , despachemos á este buen hombre : es necesario apartarle de mí. > Yar. Señor í habéis domido mui poco. Que presto os ha dexado el sueño. Bev. ¿ Salió tn Señora ? Yar. Alguna precisión la ha obligado á salir por vuestras cosas. Bev. Conozco que el balsamo saludable dej sueño ha vuelto á animar la espe¬ ranza en mi corazón , ya mas tran¬ quilo. Necesito del consejo de un ami¬ go verdadero ¡.quisiera hablar á Leuson. Ves á encontrarlo , Yarvis , y dile que me haga el favor de venirme á ver al instante en mí cárcel. ¿ Que te paras ? Yar. Amo mió , perdonadme j la Se¬ ñora me ha mandado que la esperase aquí. Bev.
1 * 33 Bev. Ella no ha podido presumir el orden que te doi : tu ves que estoi tranquilo. Tar. Gracias al Señor lo veo. Bev. Vete pu°s , que quiero salir de esta triste habitación, Tar. Perp:;- Bev. No repliques , yo lo mando , obe¬ déceme. Tar. Vo.i luego. va se. SCENA V. Beverley y Tomi dormido. Beveriey después de haber dado algu~ nos pasos. Bev. Ya llegó mi hora} ya está pronun¬ ciada la sentencia , y la sentencia es de muerte. Mi alma cargada de opro¬ bios no puede sufrir roas su suerte} *mi corazón se rinde á sus tormentos. (a) Vói á dormir en el sepulcro::- ¿A dormir ? ¡ y si la muerte en lugar de ser un sueño , fuese una vigilia eter¬ na y funesta ! y si la venganza de un Dios:;- Es necesario que yo le supli¬ que. Dios , cuya infinita clemencia::- Yo no puedo orar. Desplon ada sobre mi la mano de hierro de la desespera¬ ción, me arrastra. No obstante percibo con horror en el fondo de mi cora¬ zón una voz que me grita } detente, bárbaro. ¿Eres acaso el dueño de tus días? ¡Oh conciencia , juez incorrup¬ tible de nuestras acciones ! ¿Mas que he de haper ? Sin esperanza , sin am¬ paro , ver á mi muger y á mi hijo rendirse á la mendicidad } ser el au¬ tor y el testigo de sus miserias} acos¬ tumbrarse al desprecio, aun peor que la desgracia } morir en fin cien veces por no atreverse á morir una sola. Esto ts mucho dudar. Podemos aco¬ meter á nuestro destino. [Pero Ja in¬ famia ! el remordimiento! ( b ) Huma¬ nidad , ya te horrorizas ! Terror del otro mundo, abismo de la eternidad . No hai corazón que no se hiele de pasmo á tu contemplación. Pero, yo aborrezco la vida, y mi destino triun¬ fa. {<?) Ya está hecho } ya traigo I a muerte en mis venas. Este sol ilustra el último~de mis dias. ¡Oh, si el ho®' bre se encerrase todo en el sepulcro. Pero si } el alma , sintiendo aun la® aflicciones de los vivos , vé sufrir in¬ felizmente á los que amaba } si} y° oigo vuestros gritos dolorosos ! ¡Ob; muger! oh , hijo ! ¡oh, familia perdi¬ da ! El infierno, el infierno mismo n° tendrá tormentos mas crueles. ¡ Ob; demasiado tarda reflexión mia ! (<f) Hijo mió! Un dulce sueño tiene cauti' va su alma. ¿Con que ya no oiré mas el sonido de esta voz tan grata á mis oídos? ¡Alómenos que pueda abrazar¬ te por la última vez! ¡Oh hijo infeli* del mas desgraciado padre ! ( e ) Vién¬ dole , se enternece mi alma} parece que aun durmiendo me acaricia $ u boca. Esta boca::- esta belleza::- es 1 * propia de su madre. ¡Pobre niño! (/) No conoces , ni puedes prevenir tu suerte. La infamia de mi vida y horror de mi muerte será tu único mayorazgo. Lleno de oprobio , car¬ gado de miseria, no atreviéndote n alzar los ojos, vivirás solo para mal¬ decir á tu padre. ¿Y la vida puede se r un bien tan precioso ? Mi furor te h a ’ quitado todo lo que hace amable? quien te librase de ella , te libraría d e una pesadísima carga. ¿Porque no sofocáron á tu padre en la cuna ? Pe r ° ya el veneno::- conozco que me preo¬ cupa. Un negro y espeso vapor cubre mis ojos , y hace nacer el furor en pecho. ¡ Bárbaro ! Que digo , furor* Es piedad para el que ha de vivir ^ millado en la desgracia. Morir es o p solo instante , la vida un largo sup^'' ció. Esta , hijo mió , seria la tuy a * Tengamos valor para librarte de efl a * y mezcla en eU a ® Tema el vaso, (c) Bebe. Se sienta á su lado. (n) Diciendo esto :e va á la mesa , pone agua en el vaso licor de un fresco que saca de su bolsillo. ( b ) (d) Da algunos p L sos y repara en su hijo, (e) (f) Se levanta.
El instante es propicio. Pase sin dolor del sueño á la muerte. Este azero::- ¿Pero matará mi hijo? El atentado es horrible* Naturaleza , ¡que terrible grito ha dad® tu voz en mi pecho I El despierta. Tom. Padre! Vuestros ojos;:- rne hacéis miedo. Bev. No sé que dulzura tiene su voz::- Tom. Mi buen padre , perdonadme. de rodilli¡t~ Eev. No puedo resistir ^«el me desarma. () ¡Niño desgraciado! Levántate, hijo mió. Mi llanto inunda su rostro. SCENA VI. Clarenton , Henriqueta y los dichos . Tam. Madre , salvad á Tomi. ( b) Ciar. Cielo, ¡ que pasmo es este! Este niño::- este puñal;:- cruel! ¿y pura¬ que ? Bev. Conoced en mi el mas fiero de los inonsiruos; la piedad me hacia atra¬ vesar el corazón de mi hijo. Ciar. ¡ Por piedad!.: ¡ á mi hijo!::- ¡ que horror!;:- bárbaro! ¿y os atrevéis á confesarlo á su madre ? ¡ Oh , hijo ! i hijo amado ! Bev. Si para satisfaceros necesitáis de mi rouerte::- Clar . A estas funestas palabras , á tan bárbaro exceso , esposo amado y cruel, veo la negra nube de la desesperación que te anima. Pero sabe qué Leuson se dispone á ponerte en libertad \ y que Stukeli , este monstruo abominable::- Bev. ( ¡ Que tormento se apodera de mis -sentidos !.) ‘SCENA ULTIMA. Leuson , Tarvts y los dichos . Leus. Beverley, ya están rotas vuestras prisiones. Murió Stukeli asesinado por Yarvis j el motivo fué una dispu- *3 ta , nacida sobre partirse vuestras bienes. Henr. ¿ No vive ya ese pérfido ? Leus. No. Yarmes está preso j vuestros bienes quedan seguros. Amigo, alen¬ taos , se os volverá todo. Bev. ¡Ah , desgraciado de mí ! ¡Que pri¬ sa ha sido la mía ! Ciar. Pues que ? Esta noticia::- Leus. ¡Cómo está demudado su rostrol Bev. Un dolor cruel Leus. Señora , es necesario un remedio pronto. Ciar. Yarvis corre. ( c) Dios mió, asis¬ tidme. Bev. La calma sucede al dolor. Esposa mía ! Ciar. Que es esto ? ¡Mi amado ! ¡ es¬ poso ! Bev. No busquéis remedio á mi ir.alj que no le tiene. Ciar. ¿Que dices ? Lo habrá , Beverley, lo habrá. Bev* Consorte amada , ni tu tienes es¬ poso , ni mi hijo tiene padre. Leus. ¡ Amigo infeliz! ¿Y que habéis hecho ? Henr. Hermano ! Y habéis podido::- Clar. No j no lo creas , acción tan horrible::- Bev. Todo mi corazón lo detesta. Padre inhumano, ciudadano criminal , es¬ poso bárbaro , en fin en un instante funesto he violado las leyes del cíela y de' la tierra. Ciar. Yo muero. Leuson la Sostiene. Eev. Este es el instante de comparecer ante el formidable tribunal de aquel qje. medió el ser. Todo me anuncia que toco ya á este término fatal ; la calma en que me hallo , una extrema flaqueza, mis ojos rodeados de som¬ bras:;- .Esposa mia, dime por piedad aloménos::- yo te perdono. Ciar. Ah! quiera Dios perdonarte igual¬ mente. con sollozos. Bev* (a) Arroja el puñal- (b) A su madre. \c} Se inclino sostenida de los que le están cerca .
24 Bev. Ayuda á tu moribundo esposo á suplicárselo, (a) Dios de misericordia, temblando á tus pies esta humilde criatura implora tu clemencia. Tu justicia perdona á un corazón que se arrepiente. Haz brillar para este culpable un rayo de tu esperanza. Tu ves mi arrepentimiento $ y si él, ó gran Dios ! no puede dasarmar tu venganza , aloménos que no se estienda sobre mi muger y mi hijo. Chr. Ah ¡ tome el cielo mí vida y salve Ja tuya. Se arroja precipitada á sus pies. Bev. Leuson , amigo honrado , cuyo co¬ razón tan mal habia conocido , cui¬ dad de ella y de mi hermanad Hijo mío , acércate , ven acá. (¿) Mis ojos se anegan en lágrimas. ¡O muerte! ¡en este instante , como siento tus horro¬ res ! Hijo mió , yo te dexo ; pero te queda una buena madre ; ámala, res¬ pétala;:- siempre ; y si jamás sientes nacer en tí el furor del juego , acuér¬ date de tu padre:;- Dadme la mano, esposa mia...- Adiós... Yo muero. Madama Clarenton cae desmayada y baxa el Telón. ocupa su madre . (¿) Be ver • (a) Tomi se pone de rodillas al lado opuesto al que ley después de haberlos mirado un rato. FIN. _ _ C O N LICENCIA. Barcelona : En la Oficina de JUAN FRANCISCO^PIFERRER, Iniprfesor de S. M.; véndese en su librería administrada Por Juan Sellent.