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El interaccionismo simbólico: propuestas teóricas y metodológicas

González Monteagudo, José

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¡Error! No se encuentra el origen de la referencia. EL INTERACCIONISMO SIMBÓLICO: PROPUESTAS TEÓRICAS Y METODOLÓGICAS. JOSÉ GONZÁLEZ MONTEAGUDO FACULTAD DE CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN UNIVERSIDAD DE SEVILLA1 (Comunicación+ publicada+ en+ español+ en:+ VIII# Congreso# Nacional# de# Modelos# de# Investigación#Educativa.#Sevilla:+A.I.D.I.P.E+–+Universidad+de+Sevilla,+487C491.++ Sevilla,+17+a+19+de+septiembre+de+1997).# La expresión "interaccionismo simbólico" fue acuñada de manera informal en 1937 por Blumer para designar "un enfoque relativamente definido del estudio de la vida de los grupos humanos y del comportamiento del hombre" (Blumer, 1969, 1). Entre los autores que han contribuido a la consolidación de este enfoque o que lo han usado figuran G. H. Mead, Dewey, W. I. Thomas, F. Znaniecki (los autores de "El campesino polaco"), R. E. Park, W. James, C. H. Cooley, J. M. Baldwin, R. Redfield y L. Wirth. Según Blumer (1969, 1), el autor que puso los cimientos de esta corriente y que la influyó más poderosamente fue Mead y el propio Blumer se atribuye para sí mismo las aportaciones metodológicas que ha realizado a la doctrina interaccionista, aunque tanto Mead como Blumer fueron fundamentalmente teóricos y no realizaron investigaciones de campo. El interaccionismo tiene una estrecha continuidad respecto de la Escuela de Chicago El pensamiento de Mead se considera el núcleo fundamental del interaccionismo. Mead fue compañero de Dewey en la universidad de Chicago y ambos desarrollaron su filosofía en colaboración mutua. Para Mead es importante el concepto de "condicionalidad bicontinua" (cf. Abbagnano, 1988, VI, 104). Entre condición y condicionado, la relación de determinación no va sólo del primero al segundo, sino a la inversa, de manera que la condición misma resulta condicionada por su condicionamiento. Se trata de un concepto próximo al de transacción de Dewey, pero que en Mead adquiere una vigorosa y aguda expresión. De aquí se deduce una nueva visión del organismo y del ambiente: El organismo es, en cierto sentido, responsable de su ambiente y como organismo y ambiente se determinan uno a otro y son recíprocamente dependientes en cuanto a su existencia, de ello se deduce que el proceso de la vida, para ser adecuadamente comprendido, debe ser considerado en términos de sus interrelaciones (Mead, cit. en Abbagnano, 1988, VI, 113). 1Avda. S. Fco. Javier, s/n. 41.005- Sevilla. Tel. 455-77-61 E-Mail: [email protected] ¡Error! No se encuentra el origen de la referencia. Mead (1934) ha estudiado con detenimiento la socialidad intrínseca de las personas. Mead distingue el espíritu ("mind") y el sí mismo ("self"). El espíritu es la capacidad de emplear símbolos. La persona es un tipo de organismo que puede tenerse a ella misma por objeto, estableciendo un diálogo interno consigo misma. Para Mead, esta es una de las claves de la capacidad de comprensión y de simbolización humanas. Así pues, la persona es un "sí mismo". Este sí mismo está compuesto de dos elementos. Uno es el mí ("me"). El mí está constituido por las actitudes de los demás que uno asume como propias y está relacionado con la institución y con la influencia institucional. Otro elemento del sí mismo es el yo ("I"), es decir, la respuesta de la persona a las actitudes de los demás. El yo constituye el aspecto original y libre de la persona. La relación entre el yo y el mí es para Mead la personalidad. La acción limitadora que ejerce el mí sobre el yo es el control social. Finalmente, según Mead, la sociedad humana resulta de la existencia del espíritu, en tanto capacidad de simbolización, y de la dinámica del yo y del mí (cf. Woods, 1992; Abbagnano, 1988, VI, 114-116). Esta concepción de la sociedad pone el acento más en las relaciones procesuales de la interacción incesante entre los "yos" y los "tús" que en los aspectos estructurales propios de otras teorías sociales (cf. Schwartz y Jacobs, 1984, 46). Según Abbagnano (1988, VI, 116), las ideas básicas de la filosofía social de Mead son la nueva comprensión de la relación entre el individuo y la sociedad y la capacidad de iniciativa de la persona. El gran sistematizador de la obra de Mead ha sido Blumer. Según este autor (cf. Blumer, 1969, 45-57, a quien seguimos en el desarrollo de los cinco conceptos que se detallan), el enfoque de Mead se puede comprender adecuadamente mediante la discusión de cinco conceptos: el sí mismo; el acto o acción social; la interacción social; los objetos; y la acción conjunta. El sí mismo supone la posibilidad, como hemos dicho ya, de que la persona se puede poner a ella misma como objeto. Aquí hablamos de un proceso y no de una estructura (como en el caso, por ej., de los elementos que configuran una teoría psicológica de la personalidad). Sólo el proceso reflexivo del sujeto humano es capaz de crear y de constituir el sí mismo. La acción se configura en el enfrentamiento con el mundo, y no en función de unos factores o de una estructura preexistentes. De aquí se infiere la concepción de un organismo activo. La interacción social puede ser simbólica y no simbólica. La interacción de carácter simbólico implica dos elementos: la interpretación, es decir, el descubrimiento del significado que entrañan las acciones o los comentarios ajenos, y la definición, o sea, la transmisión de indicaciones sobre cómo actuar. Para Mead, la interacción simbólica es un proceso formativo, incesante (esto nos recuerda a Gadamer; de paso diremos que no son pocos los puntos de contacto que podríamos descubrir al comparar las obras de Mead y de Gadamer) y que abarca toda la gama de formas asociativas, como el conflicto, la cooperación, la explotación, el consenso, la indiferencia y la discrepancia. El objeto es todo aquello que puede señalar o a lo cual puede hacerse referencia. La naturaleza del objeto no es algo intrínseco al mismo, sino que consiste en el significado que encierra para quien lo considera como tal objeto. Los objetos son productos sociales. La acción conjunta (Blumer prefiere este término al de "acción social", usado por Mead) no se reduce a un patrón común o idéntico de comportamiento por parte de los participantes, sino que es un acto individual y distintivo. La sociedad es un proceso incesante de acción y no meramente una determinada estructura de relaciones. Por ¡Error! No se encuentra el origen de la referencia. eso, el elemento decisivo en el estudio de lo social es la acción conjunta, no la acción individual. La acción conjunta posee una trayectoria y una historia. Normalmente, esta acción tiende a ser fija, estable y repetitiva, pero lo es en virtud del común reconocimiento o definición que le otorgan a la misma los actores sociales. Según Blumer (1969, 54-57), del análisis de estos cinco conceptos de Mead se desprenden dos importantes consecuencias. La primera consiste en que tenemos que abandonar la concepción del organismo como algo meramente respondiente, punto de vista muy influyente en la psicología y sociología contemporáneas. La segunda consiste en que para reconsiderar de manera adecuada los estudios sociales debemos adoptar el punto de vista del actor social: El estudio de la acción debería hacerse desde la posición del agente. Puesto que es éste quien la confecciona basándose en lo que percibe, interpreta y enjuicia, habría que ver la situación operativa como la ve el actor, percibir los objetos como él los percibe, asumir su significado en función del que poseen para él, y seguir la línea de conducta del agente tal y como éste la organiza. En suma, habría que asumir el papel del actor y contemplar su mundo desde su punto de vista (Blumer, 1969, 54). El legado de Mead y de los demás autores interaccionistas fue entendido de diferentes maneras. Existen, básicamente, dos escuelas dentro de la corriente interaccionista: la Escuela de Chicago, encabezada por Blumer, partidaria de un enfoque cualitativo y procesual en el estudio de la vida social y la Escuela de Iowa, liderada por M. Kuhn. Este autor defiende que el comportamiento está determinado socialmente, que existen estructuras estables y no sólo procesos (el sí mismo, por ej., sería una de ellas) y que es posible un abordaje metodológico cuantitativo y experimental en el estudio de la sociedad. (cf. Esteve et al., 1993, 63-66). Según Blumer (1969, 2-44), el interaccionismo se basa en tres premisas: (1) El ser humano orienta sus actos hacia las cosas (entendidas en sentido amplio: objetos físicos, personas, instituciones, actividades y situaciones de todo tipo) en función de lo que éstas significan para él. Los psicólogos y los sociólogos han evitado reconocer esta premisa, puesto que el comportamiento humano ha sido entendido como el producto de los diferentes factores que influyen en las personas. De esta manera, los significados son o evitados o englobados en factores estructurales. (2) El origen del significado no está ni en la realidad de las cosas ("realismo") ni en la mente de los sujetos ("psicologismo"), sino que es fruto del proceso de interacción entre los individuos. Esto es, el significado es un producto social, una creación que surge en la medida en que los individuos interactúan entre sí, definiendo sus actividades. Desde esta perspectiva, Blumer plantea su filosofía como una síntesis entre realismo e idealismo. (3) La utilización del significado por la persona que actúa se produce a través de un proceso de interpretación, que consta de dos etapas. En primer lugar, el agente, mediante un proceso social interiorizado, debe señalara a sí mismo las cosas a las ¡Error! No se encuentra el origen de la referencia. que otorga significado. En segundo lugar, y como resultado de este proceso de atribución de significados, el agente selecciona, verifica, elimina o reagrupa los significados, en función de la situación en que se encuentra y del curso de su acción. En opinión de Blumer (1969, 16ss.), del interaccionismo se derivan unos principios metodológicos de lo que este autor llama la ciencia empírica. Ésta presupone la existencia de un mundo empírico, y este mundo debe ser el elemento central de la investigación. Blumer enuncia tres principios de carácter general. En primer lugar, la metodología debe abarcar la investigación científica en su totalidad, y no algún aspecto o fase. En segundo lugar, dado que la realidad existe en el mundo empírico y no en los métodos empleados, hay que descubrirla examinando ese mundo, y no a través de los análisis de los métodos utilizados. En tercer lugar, el acercamiento al mundo empírico debe realizarse sin esquemas teóricos a priori, pero teniendo en cuenta que el investigador posee una serie de estereotipos comunes y de imágenes preconcebidas que deben ser sometidos a prueba y revisados mediante un esfuerzo constante y consciente. Para Blumer (1969, 30-35), la metodología derivada del interaccionismo debe tener dos partes fundamentales. La primera es la exploración. El estudio exploratorio permite conocer de manera extensa y profunda el mundo empírico objeto de estudio así como desarrollar y situar mejor la investigación. Por su carácter flexible, la investigación exploratoria no está sujeta a técnicas particulares. La segunda parte de la metodología es la inspección. Blumer entiende por inspección un examen profundo del contenido empírico en cuestión dirigido al análisis de ese contenido y de las relaciones entre sus elementos. Entre los autores que podemos situar en una perspectiva interaccionista mencionamos a H. S. Becker, a Glaser y Strauss (creadores de la teoría fundamentada), a Denzin y al sociólogo británico Woods. H.S. Becker ha realizado (en colaboración con otros autores) importantes investigaciones de campo desde el enfoque interaccionista. Por su importancia en la historia de los métodos cualitativos, y como ejemplo ilustrativo de las monografías de investigación producidas en este ámbito, vamos a comentar el estudio de Becker (en colaboración con Geer, Hughes y Strauss) sobre la cultura estudiantil en la Facultad de Medicina de la universidad de Kansas (cf. Becker et al., 1961). Los autores de esta monografía afirman que en un sentido, el estudio realizado no tiene diseño, porque parte de un foco muy abierto, que evoluciona a lo largo de la estancia en el campo. Pero, por otra parte, si entendemos por diseño ideas como orden, sistema y consistencia, entonces el estudio sí tiene diseño. Los autores parten, como hemos dicho, del interaccionismo simbólico y pretenden estudiar el nivel y dirección del esfuerzo académico de los estudiantes. Para ello, conciben el centro educativo analizado como un sistema u organismo social, dentro del cual los diferentes elementos se influyen mutuamente. El foco de atención del análisis son los fenómenos que provocan tensiones y conflictos de grupo, puesto que los autores suponen que en estas situaciones se revelan mejor los elementos básicos de las relaciones sociales (Becker et al., 1961, 17-32). Los métodos usados incluyen la observación participante (realizada a lo largo de varios años) y las entrevistas. Los registros de las notas de campo y las transcripciones de las entrevistas fueron mecanografiados a lo largo de cinco mil páginas, y este material cualitativo fue ¡Error! No se encuentra el origen de la referencia. analizado para tratar de descubrir los patrones dominantes que constituían la cultura de los estudiantes. Siguiendo uno de los conceptos interaccionistas, los autores trataron de describir las perspectivas de los estudiantes sobre el nivel y la dirección del esfuerzo académico, en las situaciones en que tenían que concentrar todas sus energías en responder a las exigencias de los profesores. Para Becker et al. (1961, 33), las perspectivas son puntos de vista y planes coordinados de acción que las personas siguen en situaciones problemáticas. Para la valoración de la confiabilidad de los datos reunidos, este grupo de investigadores distinguió las afirmaciones verbales de las acciones y analizó la ocurrencia de unas y otras según dos aspectos: a) que las afirmaciones y acciones fueran realizadas por los participantes de manera espontánea o que respondieran a requerimientos de los investigadores; b) que las actividades ocurrieran en un contexto individual o de grupo o que, en el caso de las declaraciones verbales, tuvieran lugar sólo ante el observador o en contextos cotidianos de interacción en grupo (Becker et al., 1961, 43). Las aportaciones de este estudio, por su amplitud, rigor y creatividad, son muy importantes. Esta investigación, al igual que muchas otras derivadas de la perspectiva interaccionista, nos muestran la fecundidad teórica y metodológica del interaccionismo simbólico, así como su enorme influencia en las Ciencias Sociales actuales. Pensamos que la teoría y la investigación educativas deben mostrar una mayor receptividad a las contribuciones interdisciplinares derivadas de los enfoques interaccionistas, superando tanto los enfoques abstractos y teoricistas como los enfoques empiristas y ateóricos. BIBLIOGRAFÍA.- - ABBAGNANO, N.(1988). Historia del pensamiento. Vol. 6: Filosofía contemporánea. Sarpe, S.l. - BECKER, H.S. et al.(1961). Boys in white. Student culture in medical school. Transaction, London, 1962. - BLUMER, H.(1969). El interaccionismo simbólico. Hora, Barcelona, 1982. - ESTEVE, J.M. et al.(1993). Interaccionismo simbólico. En L. Núñez Cubero (ed.). Metodologías de investigación en educación no formal. Aportaciones teóricas. 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