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REVISTA LATINOAMERICANA DE PSICOLOGÍA 2001 VOLUMEN 33 - N° 3 311-327 AUTOCONCIENCIA ANIMAL: , ESTUDIOS SOBRE LA AUTODISCRIMINACION CONDICIONAL EN VARIAS ESPECIESl ANDRÉs M. PÉREZ-AcOSTA* Universidad Católica de Colombia SANTIAGO BENJUMEA RODRíGUEZ Universidad de Sevilla, España y JOSÉ 1. NAVARRO GUZMÁN Universidad de Cádiz, España ABSTRACT Scientific and philosophical community for the most part assume that self-awareness is an ability restricted to human beings and, maybe, great apes. But a series of experimental findings in differen.t species, obtained by several behavioral scientists (ethologists, cognitive psychologists and behavior analysts) lead to the assertion that self-awareness is not exclusively human. Although it seems that these empirical results are incontestable, ¿What do animals show? Psychology has two answers at the present. The first answer tends to explain self-awareness in terms of internal processes or abilities that allow self-knowledge to the individual (self, metamemory, theory ofmind, etc.). The second answeremphasizes that self-awareness is a behavioral product, a special form of internal stimulus control: the conditional self-discrimination; sorne contemporary researchers, radical or methodological behaviorists, have devoted many years to study the conditional self-discrimination; their subjects (of several species) had been able to self-discriminate conditionally in several aspects as the own image, the own internal states (induced by drugs), and the own behavior in different dimensions. Key words: Self-awareness, behavierism, conditional discrimination, self-discrimination, animals. RESUMEN Una buena parte de la comunidad científica y filosófica asume que la autoconciencia es una capacidad que se restringe a los seres humanos o, siendo generosos, al hombre y a los grandes monos antropomorfos. 1 El presente trabajo está basado en la tesis de doctorado "La consciencia desde el análisis experimental del comportamiento: adquisición ytransferencia de la autodiscriminación condicional", defendida en junio de 2001 por el primer autorbajo la dirección del segundo ydel tercero en la Universidad de Sevilla (España). * Correspondencia: ANDRÉsM. PÉREZ-AcosTA,Apartado 28802, Bogotá, Colombia. E-mail: amperezéaucatolica.edu.co
312 PÉREZ-ACOSTA, BENJUMEA Y NAVARRO Pero una serie de hallazgos experimentales en diferentes especies han llevado a varios científicos del comportamiento (etólogos, psicólogos cognitivos y analistas experimentales del comportamiento) a la conclusión de que la autoconciencia no es exclusivamente humana. Los resultados empíricos de estos estudios son, al parecer, incontestables. No obstante, ¿Qué es lo que están mostrando los animales? Actualmente en psicología hay dos tipos de respuesta: cognitivas y conductuales. Las primeras tienden a explicar la autoconciencia en términos de procesos o capacidades internas del individuo que le permiten autoconocerse (self, metamemoria, teoría de la mente, etc.). Las segundas enfatizan más la idea de que se trata de un producto conductual de una forma especial de control de estímulos internos: laautodiscriminación condicional; varios investigadores contemporáneos, conductistas radicales o metodológicos, han dedicado muchos años a estudiar la autodiscriminación condicional; sus sujetos, de varias especies, han sido capaces de autodiscriminarse condicionalmente en varios aspectos como la propia imagen, estados internos inducidos por drogas; además de múltiples dimensiones de la propia conducta. Palabras clave: autoconciencia, conductismo, discriminación condicional, autodiscriminación, animales. Una buena parte de la comunidad científica y filosófica asume que la autoconciencia es una capacidad que se restringe a los seres humanos o, siendo generosos, al hombre y a los grandes monos antropomorfos (González-Castán, 1999; Tudela Garmendía, 1997). No parece haber ya discusión en cuanto a la capacidad animal de "conciencia directa" o conocimiento del mundo que rodea al individuo, cuyo estudio inauguró el campo de la cognición animal (Weiskrantz, 1997). Pero la autoconciencia sigue siendo hoy uno de los últimos fortines del antropocentrismo en el ámbito académico. Si bien otras grandes plazas cayeron a lo largo del siglo veinte: la comunicación simbólica (Menzel, 1999) y la cultura (Vogel, 1999), la filosofía de la psicología ha mantenido, incluso hasta después del surgimiento de la psicología científica, la suposición explícita o implícita de que la frontera entre los seres humanos y los animales es precisamente la autoconciencia (González-Castán, 1999). Todavía se mantiene tanto en la calle como en el aula la diferenciación cartesiana entre comportamiento humano "consciente" y comportamiento animal "autómata". En otras palabras, los animales, a diferencia de nosotros, se comportan pero "no saben lo que hacen". En los ámbitos especializados, la máxima concesión que suele hacerse es que el animal tiene conocimiento del mundo (conciencia) pero no sabe que tiene ese conocimiento (autoconciencia) como sucedería sólo en los humanos y en algunos primates (Tudela Garmendía, 1997). El problema de la conciencia animal es relativamente nuevo, en comparación con el estudio de la conciencia humana, y saltó a escena gracias a una renovada perspectiva comparativa que despertaba de casi un siglo de "hibernación" (Weiskrantz, 1997). Hasta comienzos de la década de los ochenta, la psicología experimental y el análisis experimental del comportamiento identificaban la autoconciencia como un fenómeno exclusivamente humano, ligado en parte con el lenguaje. Desde hace unas dos décadas sólo unos pocos investigadores se atrevían a afirmar sin complejos la existencia de la autoconciencia animal (Griffin, 1981;Shimp, 1982). Pero una serie de hallazgos experimentales en diferentes especies (principalmente monos) han llevado a varios científicos del comportamiento (etólogos, psicólogos cognitivos y analistas experimentales del comportamiento) a la conclusión de que la autoconciencia no es exclusivamente humana. Aunque la psicología comparada de la conciencia tiene en Romanes y Morgan a unos viejos pioneros (Burghardt, 1985; Leahey, 1998), es también un área que se ha desarrollado mucho en la última década gracias a la tecnología y al refinamiento metodológico. Los experimentos más re-
AUTOCONCIENCIA ANIMAL: ES11JDIOS SOBRE LA AUTODISCRIMINACIÓN CONDICIONAL 313 cientes que hemos encontrado en el área se han dedicado a una forma específica de autoconciencia: la "metamemoria" (Smith, Shie1ds, Allendoerfer y Washburn, 1998; Inman y Shettleworth, 1999), entendida como el conocimiento sobre lo que se recuerda y lo que no se recuerda. En particular saber lo que no se recuerda o no se sabe es una expresión de incertidumbre. En un interesante estudio sobre este "automonitoreo de memoria", Smith, Shields, Allendoerfer y Washburn (1998) demostraron que por igual monos y estudiantes de pregrado evitan de manera selectiva tareas de reconocimiento serial que son más difíciles que otras, cuando se les daba la oportunidad de escoger entre varias claves asociadas a cada una de las tareas. Además de muchas demostraciones de autoconciencia, se ha reportado también en chimpancés (Gallup, 1999; Pennisi, 1999) una manifestación más compleja propia de la autoconciencia humana que es la teoría de la mente; de hecho, existían ya evidencias de teoría de la mente en chimpancés desde hace más de veinte años (v. g. Woodruff y Premack,1979); hoy en día se asume como una capacidad presente en distintos grados entre los grandes primates, incluyendo los gorilas y los orangutanes (Riviere, 1991). Los resultados empíricos de estos estudios son, al parecer, incontestables. Pero el problema conceptual de la conciencia sigue sin resolverse: ¿Qué es lo que están mostrando los animales? Actualmente en psicología hay dos tipos de respuesta: cognitivas (Gallup, 1985) y conductuales (Dymond y Barnes, 1997). Las primeras tienden a explicar la autoconciencia en términos de procesos o capacidades internas del individuo que le permiten autoconocerse (self, metamemoria, teoría de lamente, etc.). Las segundas enfatizan más la idea de que se trata de un producto conductual de una forma especial de control de estímulos internos (autodiscriminación). Versiones Cognitivas El enfoque cognitivo sobre la conciencia y la autoconciencia animal ha sido ampliamente acogido por teóricos e investigadores en dos disciplinas: la psicología comparada (p. ej. Snodgrass y Thompson, 1997) y la etología (p. ej. Ristau, 1991). Aunque pudiera asumirse que la única diferencia que hay entre estos dos colectivos es el método (experimental de laboratorio frente a observación de campo), conservan también una fuerte polémica por el tipo de inferencias que se efectúan con los resultados de sus investigaciones: los etólogos cognitivos suelen ser más liberales a la hora de plantear las capacidades cognitivas de los animales, con términos como self y "metacognición" (Gallup, 1982; Griffm, 1995). Por su parte los psicólogos comparados procuran ser más cautelosos en sus inferencias (prefieren términos como "memoria de la propia conducta": Kramer, 1982) y lamentan el dualismo y las extrapolaciones directas de las capacidades humanas a otras especies hechas por los etólogos cognitivos contemporáneos (Burghardt, 1985; Blumberg y Wasserman, 1995). Sin embargo, los etólogos no se quedan atrás y critican tanto la artificialidad de los estudios de laboratorio como la ignorancia sobre la diversidad de las especies (Griffin, 1981). Con todo, tanto etólogos como psicólogos tienen en común el asumir la autoconciencia como una capacidad cognitiva que reside literalmente "dentro" del sujeto. Específicamente, la explicación psicológica cognitiva puede sintetizarse en tres puntos (Kramer, 1982; Mercado 111, Murray, Uyeyama, Pack y Herman, 1998): a) Varias especies pueden codificar las conductas que han desempeñado recientemente; b) Estas especies pueden retener tales representaciones de conductas recientes por varios segundos o más; y c) Las representaciones a corto plazo están disponibles para apoyar posteriores aprendizajes o procesos de toma de decisiones. Otra demostración recientemente realizada en delfines fue reportada por Mercado 11I,Murray, Uyeyama, Pack y Herman (1998): dos sujetos fueron entrenados para responder a un gesto
314 PÉREZ-ACOSTA, BENJUMEA Y NA V ARRO específico asociado a la regla abstracta "repite la última conducta que efectuaste". Esta regla logró generalizarse a situaciones nuevas e incluso uno de los sujetos llegó a repetir hasta 36 conductas diferentes. Según Mercado III el al. ésta es una demostración empírica de cómo los animales se representan internamente (mentalmente) eventos como las conductas recientemente exhibidas. Ampliando el espectro de especies, Inman y Shettleworth (1999) reportaron metamemoria en palomas, apoyándose en una tarea de igualación a la muestra demorada con tres alternativas. Ocasionalmente, entre los ensayos de entrenamiento se intercalaba una situación de elección entre una clave que daba acceso seguro a tres reforzadores, frente a distintas tareas de memoria, que daban acceso a seis reforzadores. A medida que aumentaban los ensayos, los sujetos elegían más la clave segura sobre las tareas de memoria más difíciles. Los autores interpretaron estos resultados en términos de un "monitoreo de la fuerza de la memoria ensayo a ensayo". Hemos visto hasta ahora demostraciones de diverso tipo, algunas muy ingeniosas, con muchas especies, de conductas complejas explicadas como expresiones de capacidades cogniti vas con diferentes nombres: self, metamemoria, etc., supuestamente residentes en nuestras cabezas y las de otros animales. Pero ¿tenemos que recurrir por fuerza a dichos conceptos inferidos de naturaleza interna para explicar cualquier conducta compleja? Además, al adoptarse una perspectiva netamente innatista, palabras o expresiones del lenguaje cotidiano tales como "concienciar", "tomar conciencia" o "desarrollar la conciencia social", dejarían de tener gran parte de su sentido original. Desde esta perspectiva el psicólogo tendría pues que limitarse a constatar o no la presencia de la conciencia en determinados sujetos y/o situaciones, para lo que debería desarrollar sofisticadas herramientas de verificación de su existencia, tales como los ingeniosos experimentos de metamemoria anteriormente descritos. LA AUTODISCRIMINACIÓN CONDICIONAL EN ANIMALES Aunque la conciencia ha sido considerada como un proceso complejo típicamente humano, también se ha demostrado empíricamente en otras especies en forma de autodiscriminación condicional. Varios investigadores contemporáneos, conductistas radicales o metodológicos, han dedicado muchos años a tal fm; sus sujetos, de varias especies, han sido capaces de autodiscriminarse condicionalmente en varios aspectos como la propia imagen (Epstein, Lanza y Skinner, 1981), estados internos inducidos por drogas (Lubinski y Thompson, 1987); además de múltiples dimensiones de la propia conducta: tiempos entre respuestas (Reynolds, 1966; Nelson, 1974; Shimp, 1983), valores diferentes de razón fija (Pliskoff y Goldiamond, 1966); intervalos temporales (Reynolds y Catania, 1962; Ziriax y Silberberg, 1978), longitudes de recorrido (Shimp, 1982) o diferentes contingencias de reforzamiento (Lattal, 1975; Killeen, 1978; véase Cornmons y Nevin, 1981). Para Dymond y Barnes (1997), estos estudios nos proporcionan diversos análogos exitosos en seres no humanos de la definición skinneriana de autoconciencia. Aparentemente, desde la perspectiva de Skinner, no parece que haya sitio para la conciencia animal pues los animales viven en sociedades no culturales y no lingüísticas y, en consecuencia, no podríamos hablar en sentido estricto de conciencia animal. Pero esto no es cierto (Benjumea y Pérez-Acosta, en prensa). Ocurre aquí algo parecido a lo que sucede con el comportamiento verbal: aunque Skinner asuma que éste es genuinamente humano -fruto de lo que él llama "contingencias filogenéticas" y que no sería más que el reconocimiento de la labor diferencial de la selección natural- ciertas propiedades de la conducta verbal pueden analizarse y se derivan de propiedades que existen en procesos más básicos y comunes compartidos con laconducta no verbal (Catania y Cerutti, 1986). Es decir, aunque sean las comunidades lingüísticas las causantes, en último término, de
AUTOCONCIENCIA ANIMAL: ESTUDIOS SOBRE LA AUTODISCRIMINACIÓN CONDICIONAL 315 nuestro proceso de "concienciación", el aprendizaje social responsable del mismo compartiría los mismos principios y leyes generales con el aprendizajeque se desarrolla en situaciones no sociales, por 10que podríamos abordar, aunque fuera de forma analógica, el problema de la conciencia animal como una metáfora plausible de la conciencia humana. Siguiendo con este análisis, el siguiente paso consistirá en identificar las diferentes situaciones en las que un indi viduo humano o no humano pueda discriminar estimulación procedente de él mismo como ambiente. En general, podemos sugerir las siguientes fuentes de control en las autodiscriminaciones (Benjumea y Pérez-Acosta, 2000; Benjumea y Pérez-Acosta, en prensa): a) Estímulos exteroceptivos producidos por el propio cuerpo, como cuando identificamos laimagen de nuestro cuerpo reflejada en el espejo o hacemos algún comentario acerca de 10rara que suena nuestra voz cuando estamos resfriados. b) Estímulos interoceptivos (privados) procedentes del interior de nuestro organismo, como ocurre cuando hacemos un acto de índole introspectiva ("estoy triste", "me siento mal", "tengo la mente en blanco"). e) Estímulos propioceptivos generados por nuestras propias respuestas, como sucede cuando somos conscientes de estar sentados o de pie. d) Estímulos relacionales procedentes de las correspondencias entre nuestra conducta y el entorno (contingencias), de forma que identificamos, por ejemplo, si hemos contribuido de una u otra forma a la aparición o modificación de un determinado acontecimiento de nuestro entorno ("10 que hago está mal porque te hace daño"). La anterior clasificación es arbitraria, ya que, con independencia de donde se sitúe el estímulo controlador, estaríamos ante situaciones funcionalmente idénticas. Tales situaciones -con respuestas no verbales y sustituyendo a la comunidad verbal por el experimentadorhan sido abordadas experimentalmente con animales como una extensión del control de estímulos al mismo individuo: su propia acción, 10que sucede bajo su piel y 10que puede apreciar de sí "al otro lado del espejo". Un meta-análisis de la literatura empírica sobre autodiscriminación en animales fue realizado por Pérez-Acosta y Benjumea (2000). En este estudio se recogió una muestra de 20 artículos (Beninger, Kendall, y Vanderwolf, 1974; Dymond y Bames, 1994; Eisler, 1984a; Epstein, Lanza y Skinner, 1981; loman y Shettleworth, 1999; Killeen, 1978; KilleenySmith, 1984; Kramer, 1982; Lattal, 1975; Lubinski y Thompson, 1987; Mercado III, Murray, Uyeyama, Pack y Herman, 1998; Morgan y Nicholas, 1979; Nussear y Lattal, 1983; Pliskoff y Goldiamond, 1966; Reynolds, 1966; Shimp, 1981, 1982 y 1983; Shimp, Sabulsky y Childers, 1989; Smith, Shields, Allendoerfer y Washbum, 1998) y sus resultados fueron: a) Se destaca Charles P. Shimp (University of Utah) como el principal investigador. Su contribución se realizó a 10largo de la década de los ochenta. b) En general esta línea de investigación se ha desarrollado en Estados Unidos. Además de Shimp, se destacan otros estadounidenses como Peter Killeen y Kennon Lattal. e) El principal foro de los experimentos recopilados es el Journal 01the Experimental Analysis 01 Behavior, donde se ha publicado la mitad de la muestra. Entre las demás publicaciones cabe destacar un par de artículos en la revista Science. d) LQS investigadores mayoritariamente son conductistas, pero en un sentido amplio (no solamente radicales). Hay un 30% de autores con enfoque claramente cognitivo. e) Los sujetos experimentales preferidos son palomas (70%). Otras especies estudiadas son: ratas, humanos, monos y delfines. f) El aspecto discriminado, propio del individuo, que más se ha estudiado es la conducta (60%).
316 PÉREZ-ACOSTA, BENJUMEA Y NAVARRO También se ha investigado la discriminación de la contingencia conducta-consecuencia, de los estados internos y de la imagen corporal. g) La mayor parte de los experimentos tiene un N pequeño (entre 2 y 5 sujetos). Hay hasta N = 61, pero cuanto mayor es N menor número de estudios aparecen. h) Finalmente, los aspectos metodológicos más destacados son: diseños intrasujeto (85%) y resultados examinados con estadística descriptiva y análisis gráfico (75%). Esto puede deberse en parte al enfoque mayoritariamente conductista, que continua resistiendo a los diseños de comparación de grupos y la estadística inferencial como herramienta para el análisis de los datos. El Reconocimiento de la Propia Imagen en el Espejo Los espejos son un buen símbolo de la autoconciencia, porque son objetos que permiten discriminar un aspecto primario del individuo que puede ser diferenciado del resto del ambiente: la propia imagen. Uno de los investigadores que más ha estudiado la conducta de los animales frente al espejo es Gordon Gallup (1970,1977,1982,1985, 1999). Partiendo de una perspectiva cognitiva. se ha dedicado al estudio del autorreconocimiento frente al espejo en primates, encontrando únicamente esta capacidad en chimpancés y orangutanes (Gallup, 1982); pero otros monos como los macacos no lograron el uso del espejo para el autorreconocimiento, pese a la exposición por más de 2400 horas (Gallup, 1977). En la prueba prototipo (Gallup, 1970), se anestesia a un chimpancé y se le coloca una marca de pintura en la cabeza. cuidando que dicha marca no produzca claves ni olfativas ni táctiles; una vez despierto, se mide la frecuencia con la que dicho sujeto se toca la cabeza, primero en ausencia del espejo y más tarde enfrentado al mismo. Mientras que los chimpancés y los orangutanes suelen hacer más respuestas dirigidas a la cabeza en presencia que en ausencia del espejo, los macacos y los gorilas hacen aproximadamente la misma baja cantidad de respuestas ante ambas condiciones (Calhoun y Thompson, 1988; Gallup, 1970, 1977; Gallup y cols, 1971; Ledbetter y Basen, 1982; Platt y Thompson, 1985; Suárez y Gallup, 1981). Siguiendo la hipótesis inicial de Gallup (1970) el auto-reconocimiento en el espejo surgiría como fruto del desarrollo de un sentido de identidad o self en la mente del primate, producto de la experiencia. La explicación de Gallup, sin embargo, presenta problemas de carácter empírico y de naturaleza teórica. Con relación a los primeros, se ha demostrado recientemente que chimpancés que pasaron la prueba de auto-reconocimiento no mostraron el menor signo de asombro o sorpresa al ver su propia imagen deformada en un espejo que las distorsionaba. tal como cabría esperar de un sujeto que pretendidamente se auto-reconoce (Kitchen, Denton y Brent, 1996). Por otra parte, en relación con los problemas teóricos, al hacer referencia aun concepto oproceso interno (el sentido de auto-identidad, y, más recientemente, la posesión o no de una "teoría de la mente"), se ha desviado la atención de fuera a dentro, esto es, se ha insistido en determinar qué tipo de especies poseen o no dicha capacidad olvidándose de que dichos procesos -como todosdependen a su vez de la exposición a unos determinados ambientes o experiencias. Es decir, una consecuencia inmediata de adoptar la postura estructuralista/innatista -que parece que es la "políticamente correcta" en este dominio (Benjumea y Pérez-Acosta, en prensa) - ha sido el relativo abandono del intento de descifrar los diferentes procesos de aprendizaje implicados al enfrentarse de forma prolongada ante la propia imagen, así como las habilidades o aprendizajes previos que pudieran determinar una ejecución correcta en la prueba de reconocimiento. La cuestión clave para un analista de la conducta o un psicólogo del aprendizaje sería, pues, el determinar las condiciones bajo las que puede aparecer el auto-reconocimiento o, lo que es lo mismo, el preguntarse por las habilidades precursoras de
AUTOCONCIENCIA ANIMAL: ESTUDIOS SOBRE LA AUTODISCRIMINACIÓN CONDICIONAL 317 dicho fenómeno. Por un lado parece claro que una condición necesaria es la experiencia previa en el uso del espejo: de hecho, en el experimento original de Gallup (1970) dos chimpancés que no habían usado el espejo con anterioridad fueron incapaces de dirigir una sola respuesta a su cabeza marcada. Por otra parte, primates, niños y adultos humanos ex-ciegos de nacimiento parecen reaccionar de una forma similar la primera vez que se ven en el espejo, realizando patrones de conducta social que indican que creen que lo que ven es la imagen de otro sujeto (Povinelli, Rulf, Landau y Bierschwale, 1993). Sin embargo, el reconocer que una cierta experiencia previa ante el espejo es una condición necesaria para que surja el auto-reconocimiento no significa que ésta sea la única condición requerida. Existen informes de animales que han aprendido a usar el espejo para localizar objetos ocultos y que, sin embargo, no pasan la prueba de auto-reconoci- miento (Anderson, 1986; ltakura, 1987; Pepperberg y cols, 1985; Povinelli, 1989). Naturalmente, en los casos anteriores podemos concluir que, siendo la exposición previa la única condición que necesitan los primates para pasar la prueba, el fracaso de otras especies previamente expuestas al espejo se debe a su incapacidad innata; pero esta no es la única conclusión posible. Explícitamente enfrentados a Gallup, Epstein, Lanza y Skinner (1981) lograron demostrar el auto-recono- cimiento en animales diferentes a los grandes primates. Este estudio constituye un ataque directo a la concepción innatista en este campo de investigación. En dicho experimento se entrenaron a unas palomas en los siguientes repertorios conductuales: a) Picotear marcas colocadas en las paredes de la cámara experimental y que el ave podía ver directamente; b) Picotear marcas colocadas en las paredes pero que el ave no podía ver directamente, aunque sí en un espejo, y c) Picotear marcas colocadas en su propio cuerpo y que el animal podía localizar sin necesidad de espejos. Posteriormente, en la fase de prueba, tras colocar a los pichones un collar especial que impedía que éste viese directamente su propio cuerpo, se les colocó alguna marca en el mismo y se les enfrentó a su imagen en el espejo. Según los autores del experimento las palomas buscaron de forma espontánea la posición que en su cuerpo debía tener la marca oculta, algo similar a lo que Gallup obtu vo en sus sujetos, por lo que concluyeron: Hemos mostrado como al menos un ejemplo de conducta atribuida a la autoconciencia puede ser explicada en términos de una historia ambiental. Asumimos pues que otros ejemplos, incluidos aquellos exhibidos por humanos, puedan abordarse de una forma similar. (Epstein, Lanza y Skinner, 1981, p. 696). Aunque la desafiante postura ambientalista representada por Epstein, Lanza y Skinner pueda resultar exagerada, conviene recordar que no lo es menos la reacción adversa que provocó en los que se opusieron a ella. Este estudio hizo parte del Columban Simulation Project, una línea de investigación sobre análogos de la conducta humana compleja y novedosa iniciada por Skinner y por Epstein en 1978 y continuada por Epstein y sus colaboradores (ver Epstein, 1986; Arias Holgado, Fernández Serra y Benjumea Rodríguez, 1998). Además del auto-reconocimiento, lograron con palomas simulaciones de la comunicación simbólica (Epstein, Lanza y Skinner, 1980) y dentro de ésta una comunicación falsa o "mentira" (Lanza, Starr y Skinner, 1982); entre muchos otros resultados, también demostraron el uso espontáneo de un memorando o agenda (Epstein y Skinner, 1981), explicando los resultados obviamente sin recurrir a entidades como self, a la manera de Gallup, sino en función de variables ambientales que han afectado la historia de los individuos. Resulta sorprendente, sin embargo, que el experimento de Epstein, Lanza y Skinner (1981) no se haya intentado replicar con monos u otras especies que suelen fracasar en la prueba de autoreconocimiento y que están más cercanas evolutivamente de los primates que las palomas (Benjumea y Pérez-Acosta, en prensa). Creemos
318 PÉREZ-ACOSTA, BENJUMEA Y NA VARRO que mediante dicha estrategia se podría dilucidar si, además del uso del espejo, el sujeto debe mostrar un fuerte interés por su propio cuerpo (que puede ser una característica propia de algunas especies o inducida por aprendizaje en otras), si la previa exposición al espejo implica aprender a correlacionar los inputs sensoriales propioceptivos con los que proceden de la imagen visual, etc. Sin embargo, la postura racionalista de apelar meramente a la herencia como factor causal exclusivo, acaba convirtiéndose en una explicación negativa, descartando que tal conducta dependa de factores ambientales o de procesos de aprendizaje. Es necesario recordar que mientras que no se haya completado la totalidad de la cadena causal de la conducta en cuestión, que va desde los cromosomas al ambiente, la hipótesis innatistano es más que eso, una teoría, tan válida como la ambientalista contraria, que para ser legitimada debe identificar todas y cada una de las variables ambientales yorganísmicas precisas de las que la conducta es función (Miller y Grahame, 1993). Conviene resaltar que la mera atribución de una ejecución a una supuesta capacidad interna no resuelve el problema. En el caso que nos ocupa, afirmar que los primates que pasan la prueba de auto-reconocimiento lo hacen por poseer un sentido de identidad o auto-concepto puede resultar una explicación circular si no se demuestra que guarda relación con otras habilidades o destrezas (Heyes, 1998, nos ofrece una excelente revisión crítica sobre el tema). Finalmente, como Skinner ha señalado repetidamente, queda siempre pendiente la tarea de explicar la supuesta capacidad interna de la que la conducta es función. Introspección sin Lenguaje Las explicaciones comunes de la conducta humana (herederas de la concepción dualista) suelen identificar lo que ocurre en nuestro interior con nuestra propia esencia, el sí mismo oelyo, en detrimento de los aspectos públicos que se dan en nuestra presencia. Por ello, desde esta perspectiva, la introspección, el mirar hacia nuestro interior, acaba convertido en una tarea esencialista que busca el encuentro con nuestra propia identidad, el acceso directo al sí mismo, y en consecuencia, una demostración más palpable de nuestra propia existencia individual. De lo anterior se deduce que en la medida en que existe la introspección existe la conciencia. Es importante recalcar que dicha concepción es una deri vación directa de la perspectiva que antes hemos llamado estructuralista e innatista. En efecto, al asumir que lo anímico, lo mental o lo psíquico corresponde básicamente aestructuras preexistentes, con unas propiedades dadas, la introspección no sería más que el modo en que el propio sujeto las percibe (aún admitiendo la posibilidad de ilusiones y deformaciones), percatándose de su propia realidad interna. Es relativamente fácil hacer una réplica funcional de las situaciones anteriores adaptadas al campo de la psicología animal (Benjumea y Pérez- Acosta, en prensa). Así, bastaría con sustituir al sujeto experimental humano por un chimpancé o una rata y presentar al animal estímulos más adecuados a sus capacidades sensoriales y perceptivas (sustituyendo las palabras escritas por, por ejemplo, dos colores diferentes). Tras un adecuado entrenamiento, nos encontraríamos con que incluso animales tan "simples" (o evolutivamente tan antiguos) como las palomas serían capaces de elegir consistente mente el estímulo comparador (color) que arbitrariamente se habían asignado como referente de cada estímulo condicional (forma geométrica), o sea, pueden llegar a efectuar discriminaciones condicionales con base en los procedimientos revisados anteriormente de igualación demorada simbólica a la muestra (ver Cumming y Berryman, 1965; Carter y Werner, 1978; Mackay, 1991; Arias Holgado, Benjumea Rodríguez y Fernández Serra, 1997). La única dificultad que plantea la prueba con animales, a falta de lenguaje, es conocer bien su estado interno en cada momento del entrenamiento, para poder reforzar de forma consistente la elección del comparador arbitrariamente asignado a cada
AUTOCONCIENCIA ANIMAL: ESTUDIOS SOBRE LA AUTODISCRIMINACIÓN CONDICIONAL 319 uno de ellos. En el campo de la farmacología conductual, hace tiempo que se salvó dicha dificultad al abordar el estudio de las discriminaciones condicionales de los estados fisiológicos inducidos mediante drogas (Thompson y Pickens, 1971 ; Colpaert, 1978; Lubinski y Thompson, 1993; Colotla, 1998). En la Figura 1, hemos representado un procedimiento simple de discriminación de estado y que consiste en administrar diariamente a una paloma hambrienta una de dos drogas psicoactivas de efectos muy diferentes (p. ej. un tranquilizante o un estimulante). Cada día, y tras administrar una de las dos drogas elegidas al azar, se enfrenta al ave a dos estímulos comparadores, reforzando con comida si ésta elige el estímulo comparador que arbitrariamente hemos asignado a la droga que acaba de ser administrada (en nuestro ejemplo: rojo tras el tranquilizante, verde tras el estimulante) y extinguiendo o castigando las respectivas elecciones erróneas. Enfrentados a este tipo de situaciones, monos, ratones, ratas y palomas (France y Woods, 1985; Griffiths, Roache, Ator, Lamb y Lukas, 1985; Lubinski y Thompson, 1987) acaban aprendiendo a emparejar estímulos arbitrarios con los estados internos provocados por la administración de diferentes drogas, mostrando fenómenos tradicionalmente asociados con el control de estímulos. Pero supongamos que el experimento representado en la Figura 1 ha sido diseñado por un principiante, cometiendo el error metodológico de administrar cada droga de forma diferente (por ejemplo usando vías diferentes de administración y personas distintas para administrar cada una). En tal caso, surgiría la duda razonable sobre lo que el animal estaba discriminando: si el estado interno producido por la droga o las condiciones externas asociadas al ritual de su administración. Más aún, supongamos que sabemos que cada uno de los dos ayudantes encargados de administrar la droga se confundió de frasco en un 20 ó 30% de ocasiones, administrando en tales casos la droga que le correspondía a su compañero (esto es, administrando el estimulante cuando tenía que administrar el tranquilizante y viceversa). Estímulos Condicionales DROGA 1: Estimulante DROGA 2: Tranquilizante Estímulos Comparadores Contingencias de Reforzarniento Figura 1. Representación esquemática del procedimiento básico de discriminación condicional de estados fisiológicos inducidos por drogas. Bajo tales circunstancias concluiríamos que lo que realmente está discriminando el animal son las claves externas asociadas de forma inequívoca al refuerzo de cada estímulo comparador y no los estímulos interoceptivos procedentes de la droga administrada; para ello nos basamos en el principio de validez relativa (Wagner, Logan, HaberIandt y Price, 1968) que nos dice que si dos estímulos de diferente capacidad predicti va compiten por predecir la aparición de un tercero, sólo se condicionará de forma efectiva el que resulte ser un predictor más fiable. Suponiendo que el estado interno generado por la droga correlacionó en un alto porcentaje de veces con el refuerzo de la elección correcta (70- 80%), las condiciones externas (administrador-vía de administración) lo hizo de una forma más confiable (100% de las ocasiones), por lo que estas claves externas ensombrecerían a las internas. La hipótesis anterior sugiere que un sujeto no sabría diferenciar entre estados mentales diferentes antes de haber recibido entrenamiento preciso para ello. Es decir, al igual que no seríamos capaces de notar las diferencias visuales que existen entre un cuadro verdadero y una buena falsificación, si antes no habíamos recibido un entrenamiento específico, las diferencias entre distintos estados preexistentes de nuestro interior sólo se harían patentes a través de un entrenamiento social en el lenguaje referente a nuestro mundo mental. Aunque los estados internos producidos por los tranquilizantes o los estimulantes sean diferentes, nuestras palomas sólo "se-
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