Historizando el deseo de historizar
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- 53 - El deseo de historización que convocaba Lavin en el artículo de 1999 no se cumplió. La confluencia de antologías que analizaba muy al contrario, podría casi leerse hoy como el canto del cisne de un género que, proveniente de una tradición ya entonces larga, acabaría por quedar prácticamente yermo1. Su publicación en ese año se produce en un hiato, en un momento de giro de los acontecimientos en la historia de la arquitectura y no sólo por el cambio de milenio, al fin y al cabo, mera coincidencia matemática. Su posición en el timeline equidista y balancea dos puntos mucho más relevantes en el desarrollo de nuestro inmediato pasado. 1 Esta regla, lo veremos más adelante, quedará confirmada, como no podría ser de otra forma, por su excepción (Sykes 2010). HISTORIZANDO EL DESEO DE HISTORIZAR Jorge Minguet Medina y Carlos Tapia De un lado, el triunfo de la globalización, representado tanto por la caída del muro de Berlín, (1989) como por la apertura al público de internet (1993); y del otro, el inicio de la reciente crisis de la pasada década, con la caída de Lehman Brothers (2008). Aquél entorno temporal próximo al giro del milenio, será también el de la definitiva y triunfante conversión de las viejas teorías críticas en novedosas y rentabilísimas prácticas arquitectónicas al servicio, cuando no al frente, del más desenvuelto avance del capitalismo neoliberal. En la ilustración que insertamos a continuación se expresa la recurrencia del sistema de crisis económicas exponenciales desde los años 70 a la actualidad, marca los Las antologías tratan eficazmente el conocimiento, proporcionando significado para una colección de fragmentos. No solo la Antología es un género que, como señaló Sylvia Lavin una vez, crea una genealogía para el presente, sino que este tipo de inventario seleccionado del pasado siempre reclama una agenda determinada para el futuro.* * Este texto fue originalmente concebido para encauzar las investigaciones de los autores a la convocatoria unthology, tercera edición bianual de los congresos Critic|all (Madrid abril 2018). Fue publicado en inglés y aquí se hacen modificaciones para el argumento editorial de este número de Astrágalo. Ese párrafo inicial que citamos formaba parte del call for papers. ASTRAGALO, 24 (2018) Attribution-NonCommercial-ShareAlike - CC BY-NC-SA Article, ISSN 2469-0503 https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.2018.i24.04 Doctor Arquitecto. Investigador OUT Arquias U. Sevilla&ETS Arquitectura Sevilla
HISTORIZANDO EL DESEO DE HISTORIZAR - 54 - ciclos de rememoración-obliteración que obliga a la revisión antológica y a la dominancia de unas tendencias geopolíticas, académicas y puramente crematísticas frente a otras. Superpuestos esos ciclos con la línea antológica de los textos de arquitectura más usados en las facultades y escuelas de arquitectura de todo el mundo explicita visualmente los supuestos que desarrollamos en el texto. Las fechas manejadas por Lavin y las antologías que analiza son en este sentido, sintomáticas y relevantes. No es en modo alguno arbitrario –esto es evidente– que las antologías de Ockman y Hays (publicadas consecutivamente en la misma editorial) se pasen el testigo en el simbólico año de 1968. Como Lavin misma expresará Ockman, Hays, y Tschumi (en su prefacio al volumen de Ockman) todos similarmente explicarán que en la arquitectura después de de 1968, hablando en propiedad, no habrá más teoría (Lavin 1999, 497). Si bien esta conclusión puede considerarse discutible, debemos admitir como innegable la concurrencia de una muy relevante presencia teórica tras las reivindicaciones de aquellos años. Del mismo modo es hoy comúnmente admitido que aquellas teorías críticas del 68 fueron clave en la construcción del neoliberalismo de los ochenta2. Tornada su oposición a 2 Este tema, un clásico largamente debatido en muchos ámbitos, lo hemos abordado ya con anterioridad en el de la ilustración 1
Jorge Minguet Medina y Carlos Tapia - 55 - favor del propio sistema que combatía, incorporadas sus críticas a la mejora de éste, revertidas, en fin, en un desplazamiento que, mil veces ensayado, alcanzaba entonces su máximo grado de sofisticación. A partir de entonces, perfeccionada la recupération, comenzarán los ensayos de la aún más sutil precorporación3. La historia de Cusset en French Theory (2005) es con todo lujo de detalles, la de una de aquellos –quizá el más interesante– procesos iniciales de precorporación, de reversión previa o como hemos preferido llamarlos, de obliteración4. Cuenta Cusset el proceso y los motivos por los que la extraordinariamente prolífica French Theory de los setenta y primeros ochenta, encontrará a lo largo de esta década el mejor acomodo en una universidad americana, en la que florecerá como en ningún otro sitio, solo que en tanto que políticamente desactivada. La universidad americana, privada y elitista, sometida ya desde entonces a los extremos criterios de calidad5 que hoy nos son habituales, arquitectura (ver Minguet Medina 2014; Minguet 2014), de forma que nos permitiremos eludir su discusión de nuevo aquí, donde resultaría inadecuado y digresivo. 3 Existen autores como Frank ([1997] 2011) que insinúan la posibilidad de que incluso las confrontaciones de finales de los sesenta hubieran sido prefiguradas por los publicistas de Madison Avenue, como formas de renovar un mercado que se estancaba. 4 Sobre la obliteración, subyacente a la argumentación de este texto, se ha desarrollado más en profundidad en Obliteración en la arquitectura del tardocapitalismo (Minguet Medina 2017, tesis doctoral inédita). 5 Consideramos excesivo poner la palabra entre comillas, pero entiéndase que cuando hablamos de calidad en la universidad, nos referimos a ese criterio empresarial de autocontrol que se ha sobreimpuesto a las universidades actuales siguiendo el modelo americano y no simplemente al concepto genérico de calidad que, con frecuencia, tan alejado se encuentra de éste. constituía un entorno extremadamente autónomo y siempre en creciente disociación de la realidad de su entorno social. En ella, los debates más extremos podían tener lugar y de hecho se fomentaban, en la tranquilidad de que sus incendiarias confrontaciones no se extenderían nunca más allá de sus muy cerradas puertas. Su proverbial autonomía favorecía, de hecho, los planos más abstractos de la discusión académica, su orientación a la innovación y su fuerte competencia invitaban a la transgresión meramente formal, a una espiral de épateurs de una burguesía especialmente aislada y elitista6. Por otro lado, los pensadores franceses, sumidos de lleno en la expansión del neoliberalismo en Europa, se encontrarán bajo el gobierno de un socialista como Mitterrand, cuyas políticas les confrontan a lo que Cusset describe como un double bind: no podrán alinearse ideológicamente con ellas, en tanto que más próximas de facto al neoliberalismo que al socialismo; pero no podrán cotejarlas, por cuanto que ello redundaría en un apoyo tácito a la oposición, abiertamente neoliberal. Su reacción será desplazar sus temáticas a áreas menos conflictivas ya sean en tópicos o tiempos7. La cada vez mayor importancia de los medios, que sustituirán al pensador por el 6 Características hoy conservadas en los reconocidos campus de elevada reputación, y que progresivamente se hereda e implanta en las universidades de nuestro entorno. 7 Así, siempre según Cusset, el Deleuze de El Anti-Edipo y Mil Mesetas, los dos volúmenes dedicados a Capitalismo y esquizofrenia, pasará a estudiar La imagen-movimiento, La imagen-tiempo o, lo encontraremos más adelante, con El pliegue: Leibniz y el Barroco, entre otros. El Foucault de Vigilar y castigar y de las teorías de la bio-política, se concentrará en el estudio de la verdad en la Antigua Grecia aunque, sentimos discrepar con Cusset, sin apenas perder su interés contemporáneo aun hablando de un pasado tan remoto. ASTRAGALO, 24 (2018)ISSN:2469-0503
HISTORIZANDO EL DESEO DE HISTORIZAR - 56 - comentarista y el tertuliano, privilegiando la velocidad y el espectáculo del eslogan del primero a la profundidad conceptual del segundo, completan el escenario descrito por Cusset (2012). Cuando, frente a un entorno tan desolador, sean calurosa y reiteradamente invitados a participar en las más prestigiosas universidades americanas, no será raro que muchos de estos maestros acepten sin apercibirse del inminente riesgo de co-optation que asumían8. Con o sin la colaboración activa de sus creadores, la teoría francesa encontrará su máximo impacto en su traslado a la universidad americana. Su incorporación, como ya ocurriera con la recepción del pensamiento europeo emigrado huyendo del fascismo, se producirá a través de un doble filtrado: el introducido por las desfavorables condiciones de origen, y el introducido deliberadamente por los intereses del importador. El resultado es una apropiación del pensamiento en tanto que operativo a unos fines pre-marcados, es decir, una precorporación que oblitera los términos del pensamiento original. Será esta French Theory la que, aún más malinterpretada e instrumentalizada por una disciplina arquitectónica que apenas se esfuerza en entenderla más que como herramienta de justificación, producirá el entorno sobreexcitado de teoría desde el que escribe Lavin. La proliferación de antologías que analiza no es, ella lo analiza muy bien, sino el intento de digerir, mediante el museo o la terapia, toda aquella sobreinformación, o información sobreexcitada. 8 Las reacciones serán diversas, desde la entrega (y frecuentemente posterior decepción) hasta la desconfianza y el rechazo. De nuevo las fechas son importantes. Si en 1987, Charles Jencks finiquitaba el postmodernismo, que había revertido con gran éxito las teorías contestatarias de los últimos sesenta y primeros setenta, en 1988, Philip Johnson habrá preparado ya la alineación de las nuevas superestrellas de la arquitectura a través, según su costumbre desde 1932, de una exposición en el MoMA que cambiará, una vez más, el panorama arquitectónico a su gusto. A Lavin no se le escapa que, pese a haberse publicado nada menos que una década después, la antología de Hays, Architecture Theory since 1968 (1998), cierra prácticamente su debate teórico en torno a la recepción de Deconstructivist Architects, la mencionada exposición de Johnson y Wigley9. Y lo hace mediante la precoz constatación por parte de Mary McLeod (1989)10 de su condición de elemento precorporado, tan revertido –de forma previa– al servicio de la mercantilización capitalista como lo estuviera el postmodernismo al que pretendía sustituir. Las intenciones de Johnson con esta exposición, quedarán aclaradas por Eisenman, íntimo colaborador durante años y participante de la muestra como perpetuo elegido de sus listas, sólo mucho más adelante, tras la muerte del Padrino11, tan alargada era su sombra. 9 Pero es sintomático, como veremos más adelante, que lo haga precisamente en 1993, y que lo haga con un artículo de Robert Somol. 10 Catherine Ingraham también había diseccionado la exposición en términos muy críticos en su mismo año de apertura (Ingraham 1988) 11 Por chocante que pueda parecer, y como una sencilla búsqueda en internet puede esclarecer, the Godfather of American Architecture es un apodo recurrente para Philip Johnson, que él aceptaba con orgullo. Existe, incluso, un documental precisamente llamado Philip Johnson, the
Jorge Minguet Medina y Carlos Tapia - 57 - Según él la agenda política de Johnson con Deconstructivist Architects ocultaba una doble intención: Primero, la inclinación de Johnson hacia la estética en el contexto de las dos exposiciones12 no solo niega la ideología, sino que deviene ideológica en sí misma. Segundo, sus intentos de evacuar las implicaciones políticas de la arquitectura moderna y de desnaturalizar al mismo tiempo la deconstrucción y el constructivismo ruso a favor de una estética desprovista de sus contextos culturales eran gestos políticos (Eisenman 2009, 277). Las intenciones apropiatorias y malinterpretadoras de Eisenman sobre las teorías de Derrida por otro lado, habrían sido ya descritas por él mismo en su demoledora carta al primero en Octubre de 1989 ([1989] 1990). Más aún, ni eso le impidió publicar más adelante un libro de autoría compartida, en la ausencia preconizada por el francés en su escrito (Eisenman y Derrida 1997). Bajo esta óptica, la propuesta antológica de Leach (1997), cobra un sentido que, Lavin, muy crítica con ella, no valora adecuadamente. Frente a la evidente superficialidad –sic– del discurso formal arquitectónico, Leach opta por concentrar su antología en los textos originales (filosóficos, sociológicos, transversales y humanistas en fin) que a lo largo de la historia moderna han inspirado y alimentado la ideación arquitectónica, eludiendo todo filtro disciplinar Godfather of American Architecture (Maguire 1993) como cita su más interesante e independiente biógrafo (Schulze [1994] 1996). 12 Eisenman se refiere aquí a las exposiciones International Style (1932) y Deconstructivist Architects (1989), alfa y omega de la influencia de Johnson a través del MoMA. La mención conjunta de ambas tiene sentido por cuanto la ignorancia del constructivismo en la primera como su forzada inclusión en la segunda evidencian un manifiesto interés del curator por su expresa desactivación política. distorsionador. No en vano, su propuesta, que acepta un cierto mileniarismo invertido (que en vez de proponer utopías futuristas, reflexiona sobre el pasado) acuñado por Jameson, se llamará muy intencionadamente Rethinking Architecture13. El retorno a las fuentes que propone, en un contexto de tan manifiesta obliteración, merece un reconocimiento que Lavin se esfuerza en negarle. El deseo de historización es más sincero en Leach que en sus colegas antólogos más estrictamente disciplinares. Pero retomemos nuestra línea temporal. Que McLeod y Derrida liquidaran la legitimidad del discurso de Deconstructivist Architects casi simultáneamente a su difusión no limitó ni un ápice su repercusión mediática y disciplinar, que se prolonga incluso hoy día. Pero además, esta repercusión dependerá también de nuevas influencias francesas que aún habrían de llegar. Sera el deleuzian turn, como lo ha denominado Spencer (2014, 2016) el que, perfectamente ensamblado con el avance de las tecnologías computacionales, dará a la arquitectura el impulso necesario para tomar el giro hacia un mileniarismo convencional lanzándose, con la mirada sólo hacia el futuro, y olvidando la historia, a cabalgar sobre el dólar uno de sus periodos más prolíficos, histriónicos y confusos de su historia. En 1987 se publicó en inglés A Thousand Plateaus (Deleuze y Guattari [1980] 1988), y en 1988, el mismo año de la exposición del MoMA, vería a la luz en francés The Pli (Deleuze [1988] 1989), que se tradujo al inglés en 1992. Tan pronto como en 1993, recordemos, el mismo año de la apertura pública de internet, y en el momento de los primeros desarrollos 13 Ver introducción al libro (Leach 1997, XII–XX) ASTRAGALO, 24 (2018)ISSN:2469-0503
HISTORIZANDO EL DESEO DE HISTORIZAR - 58 - potentes del CAD, saldrá a la luz el influyente número 63 de Architectural Design, Folding in Architecture. Editado por Greg Lynn, el número incluía transcrito el capítulo 1 de El Pliegue, además de influyentes artículos suyos, del omnipresente Eisenman y de Jeffrey Kipnis, cuyo ambicioso título Towards a New Architecture, heredaba la pomposidad de Le Corbusier trasladándola al final de milenio, y confiriéndole a la nueva arquitectura que proponían una trascendencia máxima. Desde nuestro particular punto de vista, es sintomático que los artículos publicados en este número aparezcan en dos de las más relevantes antologías posteriores, publicadas en torno a una década después del artículo de Lavin. Constructing a New Agenda. Architectural Theory 1993-2009 (Sykes 2010), la continuación natural de la antología de Princeton de Nesbitt (1996) –que cubría hasta 1995, pero sin llegar a haber reparado en estos temas– comenzará con Architectural Curvilinearity: The Folded, The Pliant and The Supple, el artículo de Lynn (1993), como reparando el olvido de la edición anterior y dándole a la temática una posición fundacional en su ámbito temporal. En la mucho más ambiciosa temporalmente, ya que cubre toda la historia de la arquitectura, Architectural Theory, y a pesar de su evidente extensión, se recogerán extractos de la pieza de Deleuze y los artículos de Lynn, Eisenman y Kipnis (Mallgrave y Contandriopoulos 2008, 541–46), otorgándole a este número de AD una enorme relevancia antológica. En su momento, este Deleuzian turn atrajo en torno a sí, a toda una nueva vanguardia de arquitectos entre los que se encontraba el propio Lynn, Reiser + Umemoto, Zaha Hadid y Schumacher, y FOA, entre otros. Basándose en interpretaciones bastante directas de El Pliegue (Deleuze [1988] 1989) y del capítulo de 1440: Lo liso y lo estriado de Mil Mesetas (Deleuze y Guattari [1980] 1988, 483–510), privilegiaban lo continuo, lo liso o suave, asociándolo a topologías complejas en arquitectura, sobre lo estriado entendido como lo cartesiano y regulado. Estas formas complejas serían simbólicas así tanto de la complejidad de la realidad actual como de la liberación que suponía lo liso frente a lo estriado en Deleuze y Guattari. La combinación de estas ideas con los resultados que las nuevas tecnologías ayudaban a producir, crearon un estado de excitación importante en el ámbito de la arquitectura, en una tendencia que parecía combinar de forma plausible teoría y práctica. Y sin embargo, como sólo mucho después pudo ver Spencer, el giro deleuziano en arquitectura también marcó los pasos iniciales de su aún pendiente misión de descomprometerse enteramente del tramo final de las teorías negativas críticas y de forjar una nueva alianza con las agendas empresariales y corporativas del neoliberalismo (Spencer 2014, 80). Y es que Deleuze, complejo y conceptual al extremo, no sólo había sido entendido de forma, digamos, somera o formalista, en su interpretación del pliegue y de lo liso. Otras ideas de Deleuze fueron interpretadas con peor intencionadas consecuencias. Antidialéctico convencido, Deleuze se oponía a un sistema que terminaba en la síntesis de los opuestos es decir, que fundía las críticas al sistema con el sistema mismo, renovándolo. Por oposición, el proponía la diferencia: la afirmación positiva de lo diverso entendido como continuidad ontológica –ahora sí– lisa, por oposición al espacio estriado, de confrontación de opuestos de la dialéctica.
Jorge Minguet Medina y Carlos Tapia - 59 - Este complejo posicionamiento, fue leído en términos arquitectónicos como la simple necesidad de desaparición de toda crítica, de todo aspecto negativo, en favor de términos vagos como productividad (Zaera and Van Toorn 2003), coolness o performatividad (Somol and Whiting 2002), inteligencia (Speaks 2006; [2002] 2010), etc. La malinterpretación de Deleuze a favor del capitalismo que combatía ha sido, gracias a estas interpretaciones, generalizada. Su análisis de las formas del capitalismo es tan preciso que de hecho, una lectura desprejuiciada, positivista y propositiva de Deleuze podría ponerse en la base de la creación de las formas más modernas del capitalismo, como explica Žizek en un apasionante capítulo en el que invoca la figura de un yuppie leyendo a Deleuze. Para cuando las antologías que nos ocupan están ya viendo la luz, ocurrirán dos cosas en ámbitos, sólo aparentemente opuestos, que acabarán por marcar la tendencia subsiguiente en arquitectura, que dejará a nuestro antologismo en un camino sin salida, hasta al menos la nueva caída económica, una década después. Por un lado, una corriente de individualismo artista norteamericano, mal entendida como deconstrucción y aún peor relacionada con las corrientes deleuzianas en arquitectura, verá un triunfo sin límites. En 1997 el Guggenheim acaba de ser construido y alcanzará inmediatamente un éxito que querrá en adelante ser imitado por cualquier ciudad incluso de relevancia internacional mediocre. El renombrado efecto Guggenheim, disparará la locura por la arquitectura-espectáculo que gobernará la irreflexiva década siguiente. No quedará tiempo para teorías, ni pensamiento, cuanto menos para antologías del mismo, mientras los arquitectos construyen sin descanso en todo el mundo. De hecho todas las teorías anteriores quedarán englobadas en un genérico gusto por lo extraño y espectacular que englobará a deconstructivistas, deleuzianos y meros individualistas en una masa indistinta, aun hoy mal categorizada. Por otro lado siguiendo la descrita antidialéctica deformada desde Deleuze, se abrirá la agenda de la post-crítica, según Vidler (Vidler 2011, 69), en las conferencias organizadas por Robert Somol14 y el círculo de Johnson en honor a este último en 1996, y que darán lugar posteriormente al interesante Autonomy and Ideology (Somol 1997). Las publicaciones teóricas se verán, a partir del giro del milenio, plagadas de críticas a la crítica, de pretendidos finales de la teoría y de innumerables afirmaciones de terminologías vagas como las anteriormente mencionadas. Así pues, el artículo de Lavin se escribe justo al límite de este giro y constituye, en un curioso retruécano, la musealización o el sometimiento a terapia del fenómeno antológico que, con terminal mileniarismo invertido, analiza. Su catalogación cierra el fenómeno justo antes de abandonarlo. Su potencial continuidad, su deseo de historización quedó, como decíamos, yermo, interrumpido por las urgencias de las nuevas agendas, principalmente de la neoliberal. 14 Recordemos, el autor con el que cerraba Hays su antología, aun a pesar de no entrar en temas posteriores al deconstructivismo, y que será poco después coautor del seminal Notes around the Doppler Effect and Other Moods of Modernism (Somol and Whiting 2002) ya citado, y que figurará desde entonces en toda antología sobre la postcrítica, empezando por la de Sykes. ASTRAGALO, 24 (2018)ISSN:2469-0503
HISTORIZANDO EL DESEO DE HISTORIZAR - 60 - La subsiguiente antología de Sykes (2010), escrita más de una década después, ya a la sombra de la crisis, se convertirá en un extraño artefacto, al ser el debate sobre la crítica su principal temática conductora, con numerosos ensayos en ambos bandos sobre el tema. Una antología pues, que versa sobre la conveniencia de sí misma, en tanto que compendio teórico de una época. Dado que el trasunto de estos ensayos –teóricos, ¿qué si no?– es la conveniencia de una teoría, lo que acaba por compendiar esta antología es el cuestionamiento de su propio sentido. En ella encontraremos de nuevo a Lavin, ya en 200615, admitiendo que la arquitectura no tiene teorías coetáneas a las prácticas. Hay teorías de la arquitectura pero son sólo argot sobre edificios ([2007] 2010, 452), para finalmente alinearse con el argot (shoptalk) más comercial de la triunfante arquitectura acrítica: genérica aunque diferente, de producción masiva aunque fundada, perfectamente injusticada aunque capaz de capturar el afecto popular en vías inusitadas, los objetos novedosos son buenos ejemplos para la arquitectura contemporánea, abogando por objetos tan sui-generis como los pet-rocks de los setenta16, como modelos a imitar por la arquitectura, a tal punto olvidado todo 15 El texto es de una conferencia leída en 2006, que se publicó originalmente en 2007 y se recopila finalmente en la antología de 2010. 16 Los pet-rocks eran, como su propio nombre indica, piedras decoradas que se vendían como mascota, y que tuvieron inconcebiblemente un gran éxito en la América de los primeros setenta. El producto en sí, más allá de la piedra, era el embalaje de la misma y el manual de instrucciones llenos de chascarrillos sobre las peculiaridades y ventajas que tenía una piedra como mascota. Su éxito supone la apoteosis del vaciado total de sentido del objeto y de la respuesta del consumidor a valores estrictamente comerciales a través del diseño. deseo de historizar, ni aún considerar cualquier teoría. En este mismo texto y a sólo pocos años del estallido de la crisis, Lavin habla, por contraste, de la demonización que la arquitectura hizo de sí misma en los setenta, cometiendo suicidio ritual para salvar su integridad tras los fracasos del decadente moderno. Menciona cómo Superstudio pensaba que sólo podrían salvar la arquitectura by killing it, y varios otros ejemplos del masoquismo y el complejo de culpa de la época. Hoy ese complejo de culpa está de vuelta. No queremos con ello sólo decir que hemos vuelto a una situación semejante a aquella. Sino que estando en tal situación, hemos vuelto a resucitar y no siempre de forma totalmente consciente, aquellos mismos argumentos. La forma en que la disciplina ha gestionado su situación en la crisis, volcada hacia una demonización de sí misma tan histérica como la anterior entronización se llena, en el espacio cerrado del capital, de recuperaciones obliteradas o precorporaciones de aquellas teorías contestatarias, convertidas en poco más que nuevas tendencias de consumo. Provenientes de un periodo de sistemática e intensiva destrucción de todo aparato crítico, la récuperation deviene el único recurso –obviamente acrítico– que nos queda para confrontar una crisis sistémica. Sin el concurso de una teoría, de un aparato crítico, se recuperan pensamientos, teorías y modos de acción de aquella época –o cualquier otra– sin reparar en los resultados que en su día depararan. Las corrientes recuperadas, en su día contraculturales o de resistencia, cumplen hoy su función de crear rentables tendencias que se
Jorge Minguet Medina y Carlos Tapia - 61 - suceden y superponen una a otra con la fruición del mercado que en puridad, las alimenta. Convertida la contracultura en uno de los más rentables negocios17, cuanto más radical la crítica de la tendencia original, mayor el éxito de su recuperación. Además, la rentabilidad de estas tendencias se materializa doblemente: por un lado, ofrecen material de consumo a un sector joven –y con escasa perspectiva histórica– que es tradicionalmente uno de los sectores de consumo más potentes; por el otro, contribuyen a la precarización de la producción, uno de los grandes logros de la reciente crisis, logrando rentabilizar productos que son originados en condiciones no profesionales, a veces cercanas a la pobreza. Pero no siempre fue así. Otras veces son objeto de fetichización y su consumo asegura sistemas, autorías y ganancias pecuniarias al mismo sistema en un bucle instaurado, como vemos en la ilustración 1. Si hemos desarrollado la vía del padrino Johnson, quedó por aclarar la figura de un Jencks que se antologiza a sí mismo, desde su tesis doctoral de 1973 hasta su libro de 2011. Sobre los textos de Jencks se puede encontrar literatura muy crítica con su producción, pero sin duda siguen siendo esenciales sus contribuciones y las de otros autores de ellas derivadas, para poder comprender nuestro posicionamiento sobre la perentoriedad de la revisión del sentido de lo antológico para un hacer arquitectura contemporánea. Y es que de entre todas las posibilidades que ofrece la historia contada con la ventaja de 17 La literatura sobre la comercialización de la contracultura es muy extensa, mencionaremos aquí, sólo por dar un trazo, la obra de Thomas Frank (Frank [1997] 2011; Frank and Weiland 1997) o, en un tono más divulgativo, la de Heath y Potter (2005). ser el que habla un profeta de hechos acaecidos, la que ofrece más potencial de revelación es aquella que se mantiene a flote a lo largo del tiempo como si fuera el primero en decirla o por ser inserto en una antología de las que hacen época. Debe aclararse que no se trata de desprestigiar algunos textos que siguen siendo de referencia, sino de mesurar, atemperar, el grado de relativismo que es consustancial con las antologías en arquitectura que ya hemos mencionado aquí. Puede decirse que tras 2500 años de filosofía y 5000 de arquitectura, la suma de todos los procesos que se acallan entre sí por mor de la unicidad de lo múltiple y lo múltiple de la unicidad, precisó de una cartografía (y una antología es una cartografía) para deslindar y legitimar procesos categóricos y temporales. Para Jencks, las categorías de lo lógico, lo idealista, lo inhibido, lo intuitivo y lo activista, con una marginalia a ser añadida, la de las desinhibiciones de los que quedaban caracterizados por su desconexión de un 80% con su entorno, marcó un antes y un después en la mapificación de la dispersión de la Modernidad no sólo en arquitectura. Desde entonces, como dijo Serres en su Atlas al decir que uno ya no hace mapas (o antologías) para ir a algún lugar, sino para saberse en algún sitio, parece que se entiende que quien guía con selecciones justificadas, consigue recomponer el derramamiento moderno en su estadio final. Es decir, si eligiéramos una imagen mental para dibujar este contexto, sería la de una amalgama de corrientes que tanto se mezclan como que se muestran como venas indisolubles, que se mueven como fluidos no ergódicos. Controlar las corrientes contrapuestas en la desembocadura de un proyecto como el ASTRAGALO, 24 (2018)ISSN:2469-0503
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