scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Evaluación de la violencia de pareja. Una revisión de instrumentos de evaluación conductual

López-Cepero Borrego, Javier; Rodríguez Franco, Luis; Rodríguez Díaz, Francisco Javier

Abstract

El presente artículo analiza sistemáticamente 54 instrumentos de evaluación conductual de violencia de pa¬reja validados (80 estudios). Se constataron diversas debilidades en la construcción de estas herramientas, como una alta variabilidad de los indicadores de distintos tipos de violencia (número de ítems, categorías y contenidos) y carencias en la justificación de estructura (25% de casos), consistencia interna (10%) y validez criterial (35%). En cuanto a las muestras de validación, se comprobó que el 50% de instrumentos incluyeron sólo muestras feme¬ninas, y que en 47 estudios (59%) se contempló exclusivamente a las mujeres como víctimas y a los varones como agresores; sólo tres instrumentos fueron desarrollados para adolescentes y jóvenes; y una minoría de instrumen-tos contaron con validaciones en más de un idioma y país. El artículo discute las implicaciones de estos sesgos y debilidades, aportando una guía para la selección de herramientas e identificando nuevas direcciones para el desarrollo de nuevos instrumentos.

Full text

Resumen Abstract Palabras Clave: Recibido / Recebido: 08.04.2014 - Aceptado / Aceite: 22.05.2014 37 1 Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológicos, Universidad de Sevilla, España 2 Departamento de Psicología, Universidad de Oviedo, España Correo: jaloceb[email protected] +34954557801 El presente estudio fue parcialmente financiado con cargo al proyecto Optimización de los recursos sobre violencia de género: análisis de la situación en adolescentes (SUBINMU012/009, Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Gobierno de España). Javier López-Cepero Borrego1, Luis Rodríguez-Franco1, y Francisco J. Rodríguez-Díaz2 Keywords: intimate partner violence, review, behavioral assessment, measures Present review carries out a systematic analysis on 54 validated behavioral assessment tools devoted to intimate partner violence (a total of 80 studies were included). Several weaknesses regarding the construction of these tools were found, such as high variability of items referred to different types of violence (number, categories and content) and gaps in providing psychometric information on structure (25 % of cases), internal consistency (10%) and criterial validity (35%). Concerning samples, it was found that 50% of instruments had been developed only for females, with 47 studies (59 %) regarding women exclusively as victims and men as aggressors; only three instruments were developed for adolescents and youth adults; and a minority of instruments were validated in more than one language and country. Implications of these biases and weaknesses are discussed, providing a guide to the selection of tools and identifying new directions for the development of new instruments. El presente artículo analiza sistemáticamente 54 instrumentos de evaluación conductual de violencia de pareja validados (80 estudios). Se constataron diversas debilidades en la construcción de estas herramientas, como una alta variabilidad de los indicadores de distintos tipos de violencia (número de ítems, categorías y contenidos) y carencias en la justificación de estructura (25% de casos), consistencia interna (10%) y validez criterial (35%). En cuanto a las muestras de validación, se comprobó que el 50% de instrumentos incluyeron sólo muestras femeninas, y que en 47 estudios (59%) se contempló exclusivamente a las mujeres como víctimas y a los varones como agresores; sólo tres instrumentos fueron desarrollados para adolescentes y jóvenes; y una minoría de instrumentos contaron con validaciones en más de un idioma y país. El artículo discute las implicaciones de estos sesgos y debilidades, aportando una guía para la selección de herramientas e identificando nuevas direcciones para el desarrollo de nuevos instrumentos. Measuring Intimate Partner Abuse. A Review of Behavioral Assessment Tools Evaluación de la Violencia de Pareja. Una Revisión de Instrumentos de Evaluación Conductual violencia de pareja, revisión, evaluación conductual, medidas Revista Iberoamericana de Diagnóstico y Evaluación – e Avaliação Psicológica. RIDEP · Nº40 · Vol.2 · 37-50 · 2015 Evaluación de la Violencia de Pareja 38 Revista Iberoamericana de Diagnóstico y Evaluación – e Avaliação Psicológica. RIDEP · Nº40 · Vol.2 · 37-50 · 2015 Introducción El estudio de la violencia que tiene lugar dentro de la pareja ha despertado un interés creciente en las últimas décadas, en las que el volumen de publicaciones científicas en torno a términos como violencia doméstica (Bhona, Lourenço, & Brum, 2011; Rodríguez-Franco, López-Cepero, & Rodríguez-Díaz, 2009), violencia del compañero íntimo y violencia en el noviazgo (López-Cepero, Rodríguez-Franco, Rodríguez-Díaz, & Bringas, 2014) no ha parado de aumentar. Parte de este crecimiento ha sido facilitado por la aparición de herramientas de evaluación capaces de cuantificar la existencia de conductas abusivas y establecer comparaciones entre personas, grupos y momentos (Langhinrichsen-Rohling, 2005). Sin embargo, estos instrumentos de evaluación conductual no están exentos de limitaciones, algo que hace necesario contemplar los pros y contras derivados de sus características antes de incluirlos dentro de una investigación. En primer lugar, cabe destacar la importancia de los conceptos y clasificaciones de violencia utilizadas. Incluso cuando el instrumento no se acompaña de una definición explícita del objeto de estudio, sus contenidos determinan el universo de resultados posibles (Cook y Parrott, 2009; Waltermaurer, 2005), ofreciendo una definición implícita a través de la recolección de los elementos considerados prototípicos del objeto de estudio (Schinkel, 2010). En una revisión llevada a cabo sobre 47 instrumentos (a través de 68 artículos de validación), López-Cepero (2011) subrayó la alta variabilidad en cuanto al número de ítems (entre 8 y 68) y escalas (entre 1 y 17 tipos de violencia) descritos, cuestión que hace difícil establecer comparativas entre estudios (Almendros, Gámez-Guadix, Carrobles, Rodríguez-Carballeira, et al., 2009). Para salvar esta dificultad, es frecuente encontrar en la literatura una categorización simplificada en tres bloques: abusos físicos, psicológicos/emocionales y sexuales (Labrador, Rincón, de Luis, & Fernández-Ve- lasco, 2004; Rodríguez-Carballeira, Almendros, Escartín, Porrúa, et al., 2005, entre otros). Cuando se utilizan estas unidades de análisis, se encuentra que la mayoría de instrumentos incluyen medidas tanto de violencia física como psicológica (en torno al 90%), mientras que la violencia sexual es evaluada por menos de la mitad de alternativas publicadas (Hays & Emelianchik, 2009). Dentro de las revisiones y compilaciones de instrumentos de evaluación realizadas con anterioridad, llama la atención la inclusión de herramientas sobre las que no existe información psicométrica suficiente (Ruiz, Jiménez, Bermúdez, & Plazaola, 2006; Thompson, Basile, Hertz, & Sitterle, 2006); en un trabajo en que se analizaron un total de 38 instrumentos, Hays et al. (2009) encuentran que menos de la mitad de herramientas revisadas aportaron evidencias de fiabilidad y/o validez. Las revisiones que han incluido los datos psicométricos como variable de análisis (Almendros & et al., 2009; Rabin, Jennings, Campbell, & Bair-Merritt, 2009) han destacado la existencia de estrategias prototípicas para llevar a cabo la validación, como son: ofrecer argumentos a favor de la validez de contenidos (creando reactivos a través del testimonio de supervivientes y/o literatura de referencia); la estimación de la fiabilidad (mediante índices de consistencia interna, evaluaciones test-retest, etc.); aportar evidencias de validez estructural (obtenida mediante análisis factoriales de tipo exploratorio o confirmatorio); y mostrar resultados referentes la validez criterial (usando un elemento externo, como otros instrumentos previamente validados o juicios clínicos). Por otra parte, cabe destacar la influencia que diferentes características de las muestras usadas (sexo, edad, contexto de extracción, procedencia…) pueden ejercer sobre los resultados de la validación, así como sobre su generalizabilidad. El sexo de los respondientes es una característica clave dentro del debate denominado de la simetría de género. A principios del presente siglo, Archer (2000a) publicó un meta-análisis sobre prevalencia de agresiones físicas en parejas heterosexuales (basado, mayoritariamente, en resultados obtenidos a través de las Conflict Tactics Scales-CTS de Straus, 1979), entre cuyas conclusiones apuntaba la relativa igualdad entre varones y mujeres en cuanto a experiencia de victimización. Estos hallazgos provocaron (y siguen provocando) un activo debate, dentro del cual diversos autores destacan la incapacidad de las escalas conductuales para diferenciar entre dinámicas violentas distintas, algo que agruparía en un solo conjun- to situaciones muy dispares (Brownridge, 2010; White, Smith, Koss, & Figueredo, 2000). Sin em- Evaluación de la Violencia de Pareja 39 Revista Iberoamericana de Diagnóstico y Evaluación – e Avaliação Psicológica. RIDEP · Nº40· Vol.2 · 37-50 · 2015 bargo, Archer (2000a) ya advirtió de la frecuente aparición de un sesgo derivado del diseño de investigación, y que corresponde con la creación y aplicación de instrumentos a participantes de un solo sexo y/o que realizan una asignación apriorística de roles a varones y mujeres (que ocuparían los papeles de agresores y víctimas, respectivamente; Archer, 2000b; Straus, 2006, 2010); esta forma de proceder tiene implicaciones más allá del debate de la simetría impidiendo, por ejemplo, recabar información de personas no heterosexuales, hecho reflejado en la baja atención prestada al colectivo GLBTQ en la literatura (Distefano, 2009; Hyes et al., 2009). Aunque motivos de espacio impiden exponer el desarrollo completo de este debate (para una lectura actualizada, se recomienda consultar: Esquivel-Santoveña, Lambert, & Hamel, 2013; Langhinrichsen-Rohling, Misra, Sellwyn, & Rohling, 2012; Straus, 2008) resulta evidente que el tratamiento del sexo de los participantes (bien por la elección de la muestra, bien por limitaciones incluidas en la redacción de la evaluación) tiene una influencia directa sobre los resultados que cada instrumento puede ofrecer. El contexto de extracción de muestras para la investigación también ha sido objeto de discusión en la literatura. Trabajos previos plantean la posibilidad de que las muestras comunitarias (bien sean seleccionadas mediante métodos sociológicos, bien provengan de recursos de uso universal como son los centros de educación primaria y secundaria) experimenten la violencia en la pareja de manera sustancialmente diferente –frecuencia, severidad, causalidad, etc.- a las muestras seleccionadas (por ejemplo, en muestras de agresores convictos, centros de acogida a víctimas, etc.; Allen, Swan, & Raghavan, 2003; Johnson, 2008; Johnson & Ferraro, 2000). En este sentido, es necesario atender a la procedencia de los sujetos para conocer los límites de su generalizabilidad. El rango de edad de las muestras utilizadas en los estudios de validación es otra de las variables muestrales de interés. Existe coincidencia al señalar el bajo número de pruebas desarrolladas específicamente para evaluar a adolescentes (López-Cepero, 2011; Recio, Cuadrado, & Ramos, 2007); en su revisión, Hays et al. (2009) cifraron en un 8% las pruebas fueron creadas para estas edades (si bien no especifican cuáles fueron); por su parte, Rodríguez-Franco, López-Cepero, Rodríguez-Diaz, Bringas et al. (2010) sólo localizaron dos herramientas de evaluación específicamente creadas para -y validadas enpoblación adolescente y juvenil: el Conflict in Adolescent Dating Relationships Inventory (CADRI; Wolfe, Scott, Reitzel-Jaffe, Wekerle et al., 2001) y el Cuestionario de Violencia de Novios (CUVINO; Rodríguez-Franco, Antuña, Rodríguez-Díaz, Herrero et al., 2007). La baja atención dedicada a desarrollar herramientas específicas para estas edades contrasta con la alta presencia de victimización documentada (Muñoz-Rivas, Graña, O’Leary, & González, 2007; Sears, Byers, & Price, 2007), así como con la importancia de la intervención temprana sobre la violencia de pareja (López-Ce- pero et al., 2014; Rodríguez-Franco et al., 2009). En último lugar, cabe hacerse eco de la demanda de Hays et al. (2009) acerca de la necesidad de desarrollar herramientas de evaluación culturalmente válidas. Dado que la mayoría de publicaciones disponibles provienen de EEUU (Bhona et al., 2012; López-Cepero et al., 2014; Rodríguez-Franco et al., 2009, entre otros), puede resultar interesante atender a qué instrumentos han sido desarrollados (o al menos adaptados) a otros idiomas y poblaciones de interés, por una parte, y qué herramientas disponen de validaciones para muestras de más de un país y/o idioma, por otra. Por todo lo expuesto, el presente estudio tiene como objetivo general revisar los instrumentos de evaluación de la violencia de pareja disponibles, comprobando la vigencia de algunas de las conclusiones aportadas por la literatura previa, y añadiendo nuevas variables de interés al análisis. A un nivel más específico, se propone obtener información acerca de las principales características de los instrumentos de evaluación con validación conocida: comprobar sus cualidades estructurales (número de reactivos y factores); establecer qué evidencias psicométricas (fiabilidad, validez factorial, validez criterial) apoyan su uso; conocer las principales características de los participantes de los estudios de validación localizados (sexo, rol en la relación violenta, orientación sexual, edad, contexto de extracción, procedencia geográfica e idioma); y destacar las alternativas con mayor proyección de cara a establecer proyectos de investigación internacional. Evaluación de la Violencia de Pareja 40 Revista Iberoamericana de Diagnóstico y Evaluación – e Avaliação Psicológica. RIDEP · Nº40 · Vol.2 · 37-50 · 2015 Método Muestra El presente estudio incluyó un total de 78 referencias que aportaron 80 estudios de validación, correspondientes a 54 instrumentos de evaluación de violencia de pareja. Fue condición para formar parte de la revisión: que existiera al menos un texto accesible (disponible para consulta) que hiciera referencia a las cualidades psicométricas de la herramienta, con independencia de que la validación formara parte de los objetivos del estudio o de que supusiera un paso intermedio para la obtención de resultados a través de su aplicación; que fuera una herramienta de evaluación completa, no dirigida al cribado (screening); y que fueran medidas de autoinforme (con independencia de que hubieran sido aplicadas por un entrevistador a parte de la muestra). Fueron excluidos de la revisión los instrumentos que: no contaron con ningún estudio de validación conocido; resultaron inaccesibles al equipo de investigación (no estar disponibles para su compra en línea, ni conseguir su reposición contactando con los autores), aunque sus cualidades psicométricas fueran reseñadas en un trabajo posterior; no contemplaron la evaluación de la experiencia violenta, centrándose en otras variables relacionadas como peligrosidad, respuesta ante los abusos, etc.; fueron concebidos como herramientas de registro conductual longitudinal, no siendo posible su aplicación transversal; fueron validados no sobre la propia experiencia, sino sobre la conducta de terceras personas; fueron referidas en otros textos, pero sin que apareciera toda la información necesaria para pronunciarse en torno a todas las categorías propuestas para el presente estudio (por ejemplo, algunas referencias aparecidas en Almendros y cols., 2009; Thompson y cols., 2006, etc.); y los instrumentos que no evalúan los abusos dentro de la pareja, sino por sus expresiones en otros contextos (como el trabajo, colegio, centros de salud, etc.) Instrumentos La localización de referencias se realizó mediante diversas bases de datos bibliográficos (PsycINFO, MedLine, Eric y Scopus, entre otras). La obtención de referencias para su análisis se realizó a través de los servicios de Biblioteca de la Universidad de Sevilla (España), a lo largo de los años 2010- 2013. La gestión de la base bibliográfica se realizó a través del software Reference Manager, versión 11. Procedimiento La recolección de referencias se realizó mediante varias estrategias complementarias, que incluyeron: la consulta de textos de especial relevancia en el área (manuales y revisiones, entre otros); la búsqueda en diversas bases de datos de textos referentes a la evaluación de la violencia de pareja (con combinaciones de términos como assessment, questionnaire, inventory, measure/ ment… e intimate partner violence, dating violence, domestic violence, abuse, etc., ampliando la propuesta de Rodríguez-Franco y cols., 2009); el uso de la base de citación Scopus para localizar alternativas a los textos inaccesibles o descatalogados; establecer contacto mediante correo electrónico con los autores de los textos, etc. El equipo de investigación llevó a cabo una revisión de la literatura previa, a fin de seleccionar características de especial interés que permitieran clasificar los estudios de validación recopilados. Los investigadores acordaron analizar los textos en función de: número de reactivos y escalas de cada estudio de validación; tipos de agresión contemplada (física, psicológica/emocional y sexual); características psicométricas (fiabilidad, validez factorial, validez de constructo); número de participantes en cada estudio; sexo de los respondientes; papel asignado al respondiente (agresor, víctima, o ambos); orientación sexual contemplada en las muestras; edades de las muestras utilizadas; contextos de extracción muestral; procedencia geográfica de las muestras; e idioma de los participantes. La variable edad fue procesada de manera comprensiva: en primer lugar, se atendió a la media de edad presentada, clasificando las muestras como adolescentes (edades medias comprendidas entre 13-17 años), adultos jóvenes (18-26) o adultos (27 o superior); esta información fue ponderada en función de la descripción realizada en el apartado método de cada estudio, de modo que algunas muestras fueron consideradas simultáneamente dentro de dos categorías cuando los autores dieron similar protagonismo a distintos rangos de edad (por ejemplo, cuando se explicitó el interés por incluir personas en edad adolescente y juvenil). Evaluación de la Violencia de Pareja 41 Revista Iberoamericana de Diagnóstico y Evaluación – e Avaliação Psicológica. RIDEP · Nº40· Vol.2 · 37-50 · 2015 Resultados El número total de participantes que tomaron parte en los 80 estudios ascendió a 86.308 sujetos (con muestras comprendidas entre 60 y 26.042 personas). A continuación se comentan los principales resultados obtenidos en cada una de las categorías propuestas; la clasificación completa puede ser consultada en los anexos 1 (estructura, tipología y hallazgos psicométricos) y 2 (características muestrales) disponibles en www.personal.us.es/ jalocebo. Estructura y datos psicométricos de los instrumentos Áreas y tamaño Se constató una amplia variabilidad en el número de ítems (entre 8 y 68 reactivos) y de escalas (con un número de factores comprendido entre 1 y 17) incluidas en las herramientas analizadas. Clasificadas estas escalas en los tres grupos de uso más frecuente en la literatura, se constató que 72 de los 80 estudios incluyeron medidas de abuso psicológico o emocional (90,0%,); 50 (62,5%) violencia física; y 43 (53,8%) abuso sexual. Estos resultados fueron similares a los descritos por Hays y col. (2009). Validez factorial/estructural Más de la mitad (61,3%) de los estudios consultados llevaron a cabo algún procedimiento de análisis factorial exploratorio para agrupar los ítems en escalas; de ellos, 8 estudios la combinaron con análisis factorial confirmatorio (10,0%); en 10 ocasiones (12,5%) se aportaron resultados sólo de análisis factoriales confirmatorios. Una cuarta parte de los estudios (N=21, 26,3%) no aportó información acerca de la estructura factorial de la herramienta, a pesar de lo cual, sólo tres de ellas contemplaron un único factor general. Fiabilidad El estadístico más utilizado para ofrecer una medida de la fiabilidad de las medidas fue el alpha de Cronbach, con apariciones esporádicas de otras alternativas (como los índices de Kuder-Ri- chardson-KR20 y el Measurement of Sampling Adecquacy-MSA de Kaiser). La mayor parte de los estudios incluyeron el valor de alpha para las subescalas (N=35, 43,8%) o de subescalas e instrumento completo (N=29, 36,3%). 11 estudios presentaron datos de fiablidad test-retest (13,8%). Un total de 8 estudios analizados (el 10,0%) no aportaron ninguna estimación de la fiabilidad de sus escalas. Validez predictiva/criterial Más de la mitad de los estudios contemplados en la revisión (N=44, 55,0%) se decantaron por incluir información de la relación entre los resultados del instrumento y los obtenidos mediante otras herramientas (otras medidas de violencia de pareja, sintomatología ansioso-depresiva, autoestima, actitudes ante la violencia, actitudes de género, etc.); en 4 ocasiones (5,0%) se optó por utilizar exclusivamente el juicio profesional de evaluadores externos; y otros 4 estudios (5,0%) compatibilizaron el criterio profesional con el instrumental. Un total de 28 estudios (35,0%) no presentaron dato alguno sobre su validez criterial. Características muestrales de los estudios Sexo, papel de las personas evaluadas y orientación sexual. Bajo este epígrafe se presentan tres hallazgos complementarios. El primero de ellos se refiere a la mayor atención dedicada en los estudios de validación a las mujeres (que aparecen en 75 de los estudios; 93,8%) frente a los varones (N=39; 48,8%). Algo menos de la mitad de estudios incluyeron tanto a varones como a mujeres. El segundo resultado de interés proviene de la asignación de roles en función del sexo biológico. La tabla de contingencia entre sexo de la muestra (varón, mujer o mixto) frente a los roles contemplados en la herramienta (agresor, víctima o ambos) mostró una asimetría: mientras que tres de los cinco estudios que incluyeron sólo varones evaluaron exclusivamente la agresión ejercida, 39 de los 40 estudios que sólo incluyeron mujeres se centraron únicamente el rol de víctima. Incluso cuando la muestra fue mixta (N=20), una cuarta parte de los estudios impusieron el rol de agresor al varón y de víctima a la mujer a priori (es decir, no recabaron información del rol alternativo). La Tabla 1 recoge el recuento y porcentaje según sexo del respondiente. Evaluación de la Violencia de Pareja 42 Revista Iberoamericana de Diagnóstico y Evaluación – e Avaliação Psicológica. RIDEP · Nº40 · Vol.2 · 37-50 · 2015 Por último, cabe destacar que, si bien todos los instrumentos que fueron validados simultáneamente para varones y mujeres sin imposición de rol son susceptibles de ser usados para evaluar la violencia en relaciones no heterosexuales (ver tabla 2), la clasificación permitió localizar dos instrumentos validados con personas de orientación homosexual: el LE-PAS-R de McClennen, Summers y Daley (2002), dedicado sólo a mujeres, y una modificación de las CTS-2 de Matte y Lafontaine (2011), adaptada a respondientes de ambos sexos. Edad de la muestra En este apartado, la dominancia de grupos adultos fue muy clara, con 52 estudios incluyendo muestras en este rango de edad (65,0% sobre el total; el 60,0% de las ocasiones, la muestra fue exclusivamente adulta); los jóvenes adultos aparecieron en segundo lugar, con presencia en 28 de 80 estudios (35,0% sobre el total; el 26,3% de estudios se centraron exclusivamente en este rango de edad); por último, llama la atención que sólo 7 estudios (8,8%) incluyeran adolescentes como muestra de validación, y que sólo 4 de ellos (5,0% del total) los hicieran en exclusiva (ver tabla 2). Complementariamente, cabe destacar que sólo tres de los instrumentos localizados explicitaron haber sido desarrollados para evaluar la violencia de pareja en adolescentes y/o jóvenes: el CADRI, desarrollado por Wolfe y cols (2001) con muestra canadiense; el CUVINO, desarrollado por Rodríguez-Franco, y cols. (2007) con muestra española; y el VIFFA de Lavoie y Vèzina (2001), también con muestra canadiense. Contextos de extracción muestral Las muestras utilizadas para validar los cuestionarios provinieron principalmente de cuatro contextos: estudiantes (el más frecuente con 32 apariciones –un 40,0% del total-, 24 de las cuales fueron obtenidas en centros universitarios), pacientes de centros de salud (17,5%), muestras comunitarias (17,5% del total, principalmente captados a través de anuncios o en centros cívicos) y recursos para víctimas de abusos (como centros de acogida o asociaciones de víctimas, un 12,5%). Por otra parte, hasta 24 estudios (30,0%) incluyeron muestras seleccionadas en otros contextos, como centros penitenciarios, organizaciones no gubernamentales no incluidas en las categorías anteriores, etc. (aparecen especificadas en la tabla 2). En total, 67 de los 80 estudios analizados (83,8%) incluyeron muestras seleccionadas de una sola procedencia. Dada que la categoría de estudiantes universitarios fue la más utilizada, cabe destacar que, a excepción de los estudios desarrollados con CADRI, CUVINO y VIFFA, ninguna herramienta marcó como objetivo ofrecer una medida adaptada a estas edades, correspondiendo su elección, por lo general, a su accesibilidad por parte de los investigadores. Procedencia geográfica La mayor parte de estudios analizados incluyeron muestras provenientes de un solo país (76 de los 80; 95,0%). EEUU fue el país con mayor presencia, aportando sujetos a 54 estudios (51 en exclusiva, 3 compartidos), un 67,5% del total; en segundo lugar apareció España, con participantes repartidos en 9 estudios (11,3), seguido de Canadá y México, cada una con 5 apariciones (6,3% en cada caso). Otros 7 países aportaron sujetos a entre uno y tres estudios (ver tabla 2). Se constató que 6 instrumentos dispusieron de validaciones realizadas en más de un país: el CADRI (Canadá, México y España), las Modified-CTS (EEUU y España), las CTS-2 (EEUU, España y México), el CUVINO (España, México, Argentina y EEUU), el ISA (EEUU, España, El Salvador, Perú y Brasil) y el NorAQ (Suecia y Jordania). Tabla 1 Tabla de contingencia para las variables sexo del respondiente y rol desempeñado en la relación violenta. (v=m) indica que no existe asignación de roles a priori; (v>m) indica que el varón se designa como agresor y la mujer como víctima Evaluación de la Violencia de Pareja 43 Revista Iberoamericana de Diagnóstico y Evaluación – e Avaliação Psicológica. RIDEP · Nº40· Vol.2 · 37-50 · 2015 Idioma De manera coherente con la procedencia geográfica de la muestra, el inglés fue la lengua más usada, con 60 apariciones (57 en exclusiva, 3 con versiones simultáneas en español; 75,0% de los estudios); en segundo lugar apareció el español (en 18 ocasiones, 15 de ellas en exclusiva); el sueco fue representado en dos estudios; y portugués, francés y árabe fueron utilizados en un estudio de validación cada uno. Se corroboró que 7 herramientas de evaluación contaron con validaciones en más de un idioma: el CADRI, el CUVINO, las CTS-2, las Modified-CTS y el IMVAW (en inglés y español); el ISA (inglés, español y portugués); y el NorAQ (árabe y sueco). Proyección internacional de los instrumentos En último lugar, el equipo de investigación seleccionó las herramientas que presentaron validaciones llevadas a cabo con muestras similares (según edad, sexo de los respondientes, etc.) provenientes de al menos dos países distintos, analizando la consistencia de sus estructuras factoriales entre estudios y los grupos muestrales para los que existen datos comparativos. Siete instrumentos cumplieron con estos requisitos (ver Tabla 2). Discusión y Conclusiones La presente revisión ofrece información sobre diversos aspectos de una amplia selección de instrumentos de evaluación conductual de la violencia de pareja. Aunque existe la posibilidad de que parte de las herramientas susceptibles de inclusión hayan quedado fuera del estudio, la cantidad aportada es notablemente superior a la de esfuerzos anteriores (Almendros et al., 2009; Hays et al., 2009; Rabin et al., 2009; Ruiz et al., 2006; Thompson, 2006), especialmente si se toma en consideración que sólo han sido incluidas herramientas completas (no screenings) con estudios de validación accesibles. En un primer bloque de conclusiones encontramos las derivadas de la estructura y datos psicométricos aportados por los estudios de validación de estas herramientas. Un primer hallazgo a destacar radica en la elevada variabilidad tanto del número de ítems (de 8 a 68) como de escalas (de 1 a 17), algo que puede crear dificultades para comparar resultados obtenidos a través de diferentes instrumentos (Esquivel-Santoveña et al., 2013). En cuanto a los tipos de violencia contemplados en las evaluaciones, destaca el interés despertado por los abusos psicológicos/emocionales (presentes en el 90% de los estudios de validación) frente a la violencia sexual (54%; ambas cifras muy simi- Tabla 2 Herramientas de evaluación con estudios de validación simultáneos para muestras similares en al menos dos países Evaluación de la Violencia de Pareja 44 Revista Iberoamericana de Diagnóstico y Evaluación – e Avaliação Psicológica. RIDEP · Nº40 · Vol.2 · 37-50 · 2015 lares a lo apuntado por Hays y col., 2009) y física (63%, notablemente inferior al 90% apuntado por estos autores). Esta diferencia podría ser explicada por diferencias en los criterios de inclusión de ambos estudios, si bien también pueden ser reflejo de un cambio en el foco de interés en los investigadores del área. De cualquier modo, y en línea con las apreciaciones de Schinkel (2010), la selección de ítems de cada instrumento atañe no sólo a la representatividad de los conceptos subyacentes, sino también a la propia definición de violencia con la que se trabaja; en este sentido, el uso de categorías de abuso como físico, psicológico y sexual puede resultar de interés para conocer las áreas de mayor interés (y productividad) actual, pero también puede provocar lecturas distorsionadas al dar un aspecto unificado a propuestas radicalmente diferentes: por ejemplo, herramientas como el ISA recaban información de los tres tipos de violencia, a pesar de contar con varias validaciones con sólo dos factores (de violencia física y no física; Sierra et al., 2007, 2010, 2011); igualmente, resulta difícil establecer comparaciones entre herramientas que evalúan la agresión psicológica con una sola escala (como IAPRP de Calvete et al., 2005; IJS de Jory, 2004, etc.) y otras que dedican hasta 17 (la FPAS de Follingstad y cols., 2005). Por último, cabe destacar que categorías de abuso alternativas, como puedan ser las conductas de control y coerción, están ganando presencia ante las limitaciones de la tríada físico-psi- cológico-sexual (Esquivel-Santoveña et al., 2013). En cuanto a los procedimientos llevados a cabo para validar los instrumentos, la literatura revisada muestra la existencia de un estándar al que añadirse en esta tarea: el uso de análisis factorial (principalmente exploratorio con extracción de componentes principales y rotación Varimax), estimación de la fiabilidad a través del aplha de Cronbach (para cada escala, y en menor medida, para el total de reactivos), y el uso de evaluaciones de la violencia de pareja previamente validadas (especialmente las CTS, CTS-2, ISA y PMWI) y/o variables tradicionalmente asociadas (actitudes ante la violencia, actitudes de género, síntomas ansioso-depresivos, entre otros) para objetivar de validez concurrente, procedimientos muy similares a los detectados por Almendros et al. (2009) y Rabin et al. (2009). En el lado contrario, y a pesar de haber analizado sólo instrumentos que contaron con validaciones publicadas, sigue sorprendiendo que un 26% de estudios no ofrecieran información sobre la validez estructural; un 10% no incluyeran ninguna medida de fiabilidad; y que un 35% no dispusiera de ninguna evidencia de validez criterial. A esto hay que sumar que la validez de constructo (nivel de representatividad de los ítems sobre el fenómeno evaluado) hubo de ser excluida de los análisis porque la práctica totalidad de estudios justificaron la creación de reactivos en la experiencia profesional y/o el uso de instrumentación previamente validada, elementos no cuantificables ni comparables, resultando imposible comprobar la adecuación del procedimiento. Centrando la atención en los hallazgos referentes a las cualidades muestrales, la presencia diferencial de varones y mujeres, así como el rol asignado a cada uno en las muestras, permite destacar varios fenómenos relevantes: en primer lugar, los investigadores han mostrado un mayor interés en el trabajo con mujeres y con víctimas; en segundo lugar, se ha puesto de relieve que en los casos en que se asignan roles concretos a distintos sexos, la mujer tiende a aparecer como víctima; complementariamente, la asociación entre varones y agresión también quedó clara, con 3 estudios que contemplaron esta asignación (mientras que ningún estudio incluyó mujeres sólo en el rol de agresoras). Estos hallazgos permiten conformar dos grupos de instrumentos, según puedan ser aplicados con independencia del sexo biológico (como las CTS, CTS-2, ISA…), o si están preparados para evaluar un esquema de relación determinado (bien por la forma en que se redactan, bien de facto – por ejemplo, por haber sido validado sólo con mujeres-), cada uno de los cuales conlleva sus propias ventajas y limitaciones. Al hilo del denominado debate de la simetría de género, la existencia de herramientas y estudios de validación que no recaban información equivalente sobre varones y mujeres puede suponer un sesgo en los datos. Por supuesto, esta reflexión no supone un argumento ni a favor ni en contra de la existencia de dicha simetría; simplemente, subraya la existencia de una amenaza a la validez de los resultados obtenidos por estos medios, que debe ser tenida en consideración antes de ofrecer conclusiones que quedan fuera del alcance de los medios Evaluación de la Violencia de Pareja 45 Revista Iberoamericana de Diagnóstico y Evaluación – e Avaliação Psicológica. RIDEP · Nº40· Vol.2 · 37-50 · 2015 de evaluación utilizados (retomando las palabras de Waltermaurer (2005), sólo puedes encontrar aquello por lo que preguntas). En el lado contrario, también es importante tener en cuenta que los instrumentos redactados de manera neutra con respecto al género pueden acarrear la pérdida de elementos diferenciales entre distintas dinámicas violentas (por ejemplo, cuando se obvia la justificación de la violencia –si obedece a la lucha por el poder en la relación o a factores del contexto más inmediatoresulta imposible comprobar la veracidad de propuestas como la de Johnson, 2008). Localizar los instrumentos que no introducen ninguna asimetría a priori es también importante de cara a seleccionar herramientas capaces de recabar información de personas con orientación sexual no heterosexual (el denominado colectivo GLBTQ, por sus siglas en inglés). Dos herramientas han sido validadas exclusivamente para este colectivo: las CTS-2-M (Matte et al., 2011) y el LE-PAS-R (McClennen et al., 2002). Sin embargo, y de manera análoga a lo anteriormente expues- to, puede ser interesante localizar evaluaciones conductuales que puedan ser aplicadas con independencia de la orientación sexual del respondiente, a fin de poder comparar directamente los resultados (frecuencia, severidad, etc.) obtenidos. En cuanto a la edad de las muestras seleccionadas, se encontró que la mayoría de estudios estuvieron dirigidos a muestras adultas (más de la mitad de estudios los incluyeron de manera exclusiva). La revisión también puso de relieve que la alta presencia (un tercio del total) de muestras conformadas por jóvenes adultos (entre 18 y 26 años, aproximadamente) correspondió no a un interés específico en esas edades, sino a la accesibilidad que los investigadores (muchos de ellos, profesores universitarios) tienen sobre el grupo de estudiantes. La carencia de instrumentos desarrollados para personas adolescentes y jóvenes, ya subrayada por Hays et al., (2009), contrasta con la necesidad y pertinencia de lograr la detección temprana de la violencia en la pareja que permita una intervención temprana (López-Ce- pero et al., 2014; Rodríguez-Franco et al., 2009). En cuanto a los contextos de extracción, ya se ha comentado la alta presencia de estudiantes (un 40% de los estudios revisados), a pesar de que pocos fueron los estudios específicamente dirigidos a adolescentes y jóvenes; este dato invita a tomar con cautela la representatividad de los resultados de cara a extrapolar información a otros adultos jóvenes y, especialmente, al segmento de personas adultas. En general, los resultados obtenidos pueden ser de interés de cara a seleccionar un instrumento validado en una muestra lo más similar posible a la que necesitemos evaluar, por cuanto distintos colectivos pueden experimentar diferentes patrones de violencia (Allen et al., 2003; Johnson, 2008; Johnson, & Ferraro, 2000). En último lugar, y en consonancia con la necesidad expresada por Hays et al., (2009), disponer de buenas cualidades psicométricas no es el único criterio a seguir para seleccionar una herramienta de evaluación, siendo recomendable contemplar su adaptación al colectivo elegido (validez cultural). Dada la alta presencia de estudios de validación que sólo han sido incluido muestras estadounidenses y angloparlantes, localizar alternativas testadas en varios países, o en varios idiomas (ya sea en un mismo país o en lugares distintos), que hayan demostrado un adecuado comportamiento psicométrico resulta tan deseable como complejo. La presente revisión ha identificado hasta 7 instrumentos con validaciones llevadas a cabo en distintos países e idiomas, cada uno de los cuales representa una opción de interés para distintos objetivos de evaluación. Por ejemplo, si se desea trabajar con población adolescente y juvenil, CADRI y CUVINO representan instrumentos de interés, ya que sus validaciones han mostrado una estabilidad estructural superior a las M-CTS, además de haber sido testadas en un mayor número de países; así, la elección del CADRI para evaluar la agresión ejercida en adolescentes, y del CUVINO para evaluar la victimización en población adolescente y juvenil, cuenta con una justificación razonada. En adultos, cuatro herramientas destacan por su bagaje en estudios de validación internacionales (CTS-2, IMVAW, ISA y NorAQ), si bien nuestra revisión ha puesto de relieve algunas dificultades que necesitan ser atendidas (por ejemplo, haber sido testadas sólo como medidas de victimización en mujeres adultas, y presentar divergencias en cuanto al número de ítems y estructura factorial -el IMVAW sólo contó con un estudio de validación, por lo que este extremo no pudo comprobarse. La presente revisión ofrece información objeti-