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Vida y muerte en el México colonial. Estudio de testamentos e inventarios de bienes de difuntos novohispanos (siglos XVI-XVIII)

Rodríguez Manzano, Marta

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Marta Rodríguez Manzano Vida y muerte en el México colonial: Estudio de testamentos e inventarios de bienes de difuntos novohispanos (siglos XVI-XVIII) IEAL © 2020 AcerVos 11º volumen Autora Marta Rodríguez Manzano Director Enredars Fernando Quiles García Director de la colección Juan Ramón Rodríguez-Mateo Imagen de portada España. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, Archivo General de Indias, ES.41091. AGI//MPESTAMPAS, 166 © de los textos: la autora © de las imágenes: Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de España, Archivo General de Indias. © de la edición: IEAL Universidad de Sevilla E.R.A. Arte, Creación y Patrimonio Iberoamericanos en Redes / Universidad Pablo de Olavide ISBN: 978-84-09-25431-6 2020, Sevilla, España La edición de este libro ha sido posible gracias a la concesión ex aequo del Premio a la Mejor Tesis Doctoral convocado por el Instituto Universitario de Estudios sobre América Latina de Sevilla. Jurado del premio Tesis IEAL Convocatoria 2019 Dr. Antonio Acosta Rodríguez Dr. Daniel Coq Huelva Dr. Carlos Granado Lorencio Dr. Isidoro Lillo Bravo Dra. Ana Mancera Rueda IEAL La investigación doctoral que ha dado lugar a este volumen contó con el apoyo y la financiación de los siguientes proyectos: - Culturecontact ERC (Project ID 312795): Europe and America in contact: a multidisciplinary study of cross-cultural transfer in the New World across time / Europa y América en contacto: un estudio multidisciplinar de la transferencia intercultural en el Nuevo Mundo a través del tiempo. Financiado por el Consejo Europeo de Investigación en virtud del Séptimo Programa Marco de la Comunidad Europea [7ºPM/2007-2013], ha estado coordinado por la Universidad de Varsovia, con la participación de la Universidad de Sevilla y el Instituto de Docencia e Investigación Etnológica de Zacatecas. - La escritura elaborada en español de la Baja Edad Media al siglo XVI: Traducción y contacto de Lenguas – Historia15 (FFI2016-74828-P), financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad. 5 Índice Presentación ................................................... 8 Prólogo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11 Índice de abreviaturas y siglas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 13 1 . Introducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 15 2 . Vida y muerte en México (Siglos XVI-XVIII) . . . . . . . . . . . . . 19 2.1. La vida cotidiana en el México virreinal ...................... 21 2.1.1. Algunas claves sobre el gobierno y la legislación novohispana ............................... 21 2.1.2. La población novohispana: una sociedad mestiza ......... 22 2.1.3. La urbe como centro de la vida social .................... 25 2.1.4. El auge comercial y cultural del virreinato ................ 26 2.1.5. Evangelización y religiosidad ........................... 28 2.2. La muerte en el México virreinal ............................ 30 2.2.1. Creencias y actitudes frente a la muerte ................. 31 2.2.2. Disposiciones de los testadores ante la proximidad de la muerte ............................ 32 2.2.3. El Tribunal de Bienes de Difuntos: una institución de referencia para los emigrantes en Nueva España ........ 34 2.2.4. El legado de los autos de bienes de difuntos .............. 35 3 . Testamentos e inventarios: un corpus notarial . . . . . . . . . . 39 3.1. Criterios de selección del corpus de estudio ................. 39 3.2. Descripción y características generales ..................... 45 3.2.1. Localización de los materiales textuales ................. 45 6 Vida y muerte en el México colonial: estudio de testamentos e inventarios de bienes 3.2.2. Tipologías documentales .............................. 48 3.2.3. Soporte y características externas ....................... 51 3.2.4. Tipos de letra empleados en los escritos ................. 56 3.2.5. Estado de conservación ............................... 57 3.3. Recapitulación ........................................... 58 4 . El testamento: caracterización textual y lingüística . . . . . . . . 61 4.1. La carta testamentaria: definición y estudio de la tipología documental ................................ 62 4.2. Orígenes, características y funciones del testamento ......... 64 4.3. Tipología de escritos testamentarios ....................... 67 4.4. Figuras jurídicas que intervienen en su elaboración ........... 69 4.5. Estructura del documento testamentario ................... 72 4.6. Análisis lingüístico de los testamentos recopilados ............ 81 4.6.1. Cuestiones ortográficas ............................... 82 4.6.2. Rasgos fonéticos y de pronunciación .................... 94 4.6.3. Características morfosintácticas ....................... 101 4.6.4. Estudio léxico de los testamentos ...................... 115 4.7. Recapitulación ........................................... 117 5 . El inventario de bienes: rasgos documentales y lingüísticos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 121 5.1. El concepto de inventario y características principales ....... 122 5.2. La estructura del documento de inventario ................. 124 5.3. Tipología de inventarios .................................. 126 5.4. Análisis lingüístico de los inventarios recopilados ........... 128 5.4.1. Cuestiones ortográficas .............................. 129 5.4.2. Rasgos fonéticos y de pronunciación ................... 135 5.4.3. Características morfosintácticas ...................... 140 5.5. Recapitulación .......................................... 158 6 . El léxico de los inventarios de bienes de difuntos . . . . . . . . . 161 6.1. Los inventarios en los estudios de léxico histórico ........... 162 6.2. El componente léxico en la documentación notarial ......... 163 6.3. El léxico notarial y jurídico de los inventarios ................ 165 6.4. El léxico cotidiano de los listados de bienes ................ 166 6.4.1. Léxico patrimonial ................................... 167 6.4.2. El léxico indígena y su impronta en los inventarios novohispanos ........................................ 184 7 Marta Rodríguez Manzano 6.4.3. Americanismos presentes en los listados ............... 190 6.4.4. El léxico derivativo: la sufijación en el vocabulario registrado ............................ 192 6.5. La onomástica .......................................... 196 6.6. La toponimia en los listados novohispanos ................. 198 6.7. Recapitulación .......................................... 200 7. Conclusiones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 203 Bibliografía . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 211 Índice de figuras . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 241 8 Es un placer presentar este trabajo de investigación que ha recibido el Premio a la mejor Tesis doctoral sobre América Latina, otorgado ex aequo por el Instituto Universitario de Estudios sobre América Latina (IEAL) de la Universidad de Sevilla en su convocatoria de 2019. Este premio enlaza directamente con una misión fundamental del IEAL, como es incentivar y potenciar la actividad investigadora sobre América, y divulgar los estudios realizados con rigor y objetividad. De esta forma, queremos reconocer y difundir las contribuciones más destacadas para el avance del conocimiento sobre la realidad latinoamericana realizadas en el ámbito de los estudios internacionales de doctorado. La investigación americanista tiene horizontes muy amplios y en el IEAL se trabaja desde perspectivas muy diferentes para potenciar todas las líneas de investigación que, entrelazadas, pueden ofrecer una imagen completa del pasado y presente de América, en toda su riqueza y complejidad. La amplia tradición en investigación americanista de la Universidad de Sevilla continúa con vigor. En nuestra docencia y nuestra investigación contamos en el IEAL con investigadores de prestigio internacional que estudian América desde líneas de investigación como las siguientes: • Desarrollo, derecho de los pueblos indígenas y derechos humanos • Biodiversidad, ecosistemas y gestión de recursos naturales • Comunicación, cultura y lenguaje en América Latina. Análisis de la diversidad lingüística y el discurso público • Energía, patrimonio y sostenibilidad en América Latina • Historia, economía y poder • Génesis de la producción literaria hispanoamericana Presentación Eva Bravo-García Directora del IEAL. Universidad de Sevilla 9 Con ellas entronca este trabajo que es fruto de la atracción hacia el “continente de los siete colores”, como llamó Germán Arciniegas a esa realidad tan distinta y pluridimensional que constituye el centro de nuestra investigación. 16 Vida y muerte en el México colonial: estudio de testamentos e inventarios de bienes El principal objetivo del presente volumen es ofrecer una imagen del español empleado en documentación jurídica mexicana. En efecto, la variedad cronológica y topográfica de los escritos recopilados permite contrastar el uso de la lengua y su evolución en los diferentes niveles del idioma, atendiendo de forma especial al ámbito léxico. Además, se ofrece al lector las transcripciones paleográficas del corpus analizado y con ello se pone a disposición de especialistas de otras disciplinas una documentación sugerente y rica sobre la que puede realizarse otros trabajos académicos. Además, y de forma sintética, se contemplan los siguientes objetivos específicos: a) Relacionar los materiales del corpus de estudio con el contexto histórico-social novohispano virreinal. b) Analizar de forma global los escritos seleccionados desde un punto de vista textual y lingüístico. Para ello se atiende a cuestiones relacionadas con su elaboración y estructura, además de a los rasgos presentes a nivel gráfico, fonético-fonológico, morfosintáctico y léxico-semántico. c) Examinar el vocabulario de los inventarios de bienes de difuntos y extraer conclusiones sobre su vitalidad, extensión geográfica y adscripción etimológica. d) Analizar la convivencia y diversidad lingüística presente en la documentación y extraer datos que demuestren la evolución lingüística experimentada en los mismos. f) Contribuir a ampliar el conocimiento científico en el ámbito del español en América, y en concreto, del español en México. g) Realizar una edición filológica precisa del corpus textual mediante transcripciones paleográficas siguiendo los criterios propuestos por la Red Internacional CHARTA (Corpus Hispánico y Americano en la Red: Textos Antiguos). Con ello se pretende ofrecer una versión rigurosa y fiel a los documentos originales, que se ponen a disposición de la comunidad científica. 17 Marta Rodríguez Manzano Todo ello es posible porque la documentación seleccionada conforma un corpus de escritos perfectamente datados cronológica y topográficamente. Estos fueron producidos a lo largo del periodo virreinal en zonas pertenecientes al territorio novohispano —México, Tlaxcala, Xalapa, Veracruz, entre otras—, lo que permite desarrollar análisis lingüísticos de tipo diacrónico, comparativo o contrastivo. A ello se añade que estas escrituras se encuentran avaladas por una figura de autoridad —escribano/notario o juez—, cuya firma certifica que todo el contenido que ofrecen está corroborado y es certero. A diferencia de los textos literarios, crónicas u otros tipos de documentos privados como son las cartas particulares, la documentación notarial está sujeta a unas reglas para la redacción, disposición textual, estructura, usos lingüísticos, etc. Por eso, a través de ella no solo se refleja la forma lingüística particular del redactor encargado de su elaboración –es decir, el idiolecto–, sino que también se desprende el panorama lingüístico general de una determinada región y época. Además, tanto los testamentos como los inventarios son tipos textuales expositivos, ya que en uno se manifiestan las últimas voluntades del testador y en el otro se declaran las posesiones que este ha mantenido hasta el final de su vida. A la exposición se le suma la argumentación en el caso del testamento, pues el testador hace balance de su trayectoria vital y pretende probar que merece el descanso eterno. Por el contrario, en el inventario, se emplea fundamentalmente la descripción para que los bienes de los difuntos sean recogidos y detallados con absoluta precisión. Esto los convierte en documentos funcionales que presentan diversas finalidades —declarar deudas y herederos, demostrar el linaje familiar, disponer deseos materiales y espirituales, etc.— para la sociedad virreinal novohispana. Hay que matizar también que los testamentos son textos complejos y ricos lingüísticamente, ya que aúnan el lenguaje administrativo-notarial, religioso y autobiográfico. En ellos aparecen varias voces emisoras —escribano/notario y otorgante— y ofrecen muestras de lengua representativas a la hora de realizar análisis grafemáticos, fonéticos o morfosintácticos. Por otro lado, los inventarios son realmente útiles para estudios léxicos debido a la gran cantidad de términos que acumulan. Por este motivo, se considera que el estudio de ambas tipologías documentales debe abarcarse en conjunto, puesto que se complementan, les une el contexto temático, interfieren el uno en el otro, e incluso, en algunos casos, el testamento absorbe al inventario siendo un apartado más dentro de su estructura textual. 18 Vida y muerte en el México colonial: estudio de testamentos e inventarios de bienes Por último se debe señalar que esta clase de documentación, poco innovadora en su forma, estructura o disposición, sigue las convenciones y normas de la tradición discursiva en la que se inserta. Por tanto, en el contenido es donde radica verdaderamente lo singular, lo improvisado, lo que diferencia a unos textos de otros y los hace únicos. La clase social a la que pertenecen los difuntos es un factor extralingüístico determinante en este aspecto, ya que condiciona el contenido presente en los distintos documentos. Asimismo, el corpus seleccionado está integrado por escritos inéditos, carentes de transcripción o edición previa, por lo que estos no han sido estudiados ni analizados lingüísticamente de forma global o general anteriormente a este estudio. 19 La llegada a América supone un diálogo intercultural en todos los niveles —social, lingüístico, económico, etc.— entre el mundo europeo y el americano. Los territorios conquistados son gobernados por los pobladores españoles quienes, como nos muestra Elliott, divulgan la devoción cristiana entre los pueblos indígenas paganos: La corona, encargada por el papado del deber de convertir las poblaciones indígenas a la Cristiandad, reconoció desde el principio sus obligaciones morales hacia sus nuevos súbditos e intentó construir un sistema de gobierno, basado en una alianza de Iglesia y Estado, que conservaría su propia autoridad mientras que se esforzaba en reconciliar los divergentes intereses de los distintos sectores de las nuevas sociedades transatlánticas (Elliott, 2012: 45). Durante el periodo virreinal se establecen encomiendas y repartimientos de indios, aumenta el fenómeno de la esclavitud1 y se padecen los estragos de las epidemias2. También se consolida la sociedad indiana y el desarrollo pleno de la vida novohispana, caracterizada por sus profundos cambios sociales3 (Quirós Vicente, 2013). Estos son debidos fundamentalmente 1. La práctica de la esclavitud se aprecia en los testamentos e inventarios, donde los propietarios listan los esclavos que poseen y determinan su futuro –su traspaso a algún heredero o, en ocasiones, la libertad del mismo–. Sobre la esclavitud en la Nueva España virreinal, vid. Martínez Montiel (2005) y Von Mentz (2007). 2. Gripe, sarampión y viruela, entre otras. Todas ellas causan bajas en el número de habitantes indígenas. Los trabajos de Cordero del Campillo (2001) y Malvido (1985: 367-379) así lo corroboran. 3. La población criolla, mestiza y europea se incrementa en la Nueva España de manera notable durante el siglo xviii. “[L]a sociedad novohispana fue cada vez más compleja debido a la mezcla de las etnias […]. Realmente no existía en México un sistema de clases claramente definido como en la Europa de entonces (nobles, plebeyos, siervos, burgueses, etc.); sino de castas, las que abarcaban más de cincuenta categorías en el Nuevo Mundo” (Sandoval Antúnez, 2013: 99-100). 2 . Vida y muerte en México (Siglos XVI-XVIII) 20 Vida y muerte en el México colonial: estudio de testamentos e inventarios de bienes a la convivencia de tres grupos étnicos distintos: el europeo, el africano y la gran comunidad indígena autóctona. Los indios constituían el sector más amplio de la población a pesar de las bajas ocasionadas por las enfermedades en el siglo XVI. Se calcula que para principios del siglo XVII la población indígena oscilaba entre un millón y medio y dos millones de habitantes. Hacia los años treinta de este mismo siglo se registró la muerte de más de trescientos mil. Sin embargo a fines de esta centuria la recuperación de este grupo fue notoria (Ramos Medina, 2004: 104). Dentro del grupo occidental abundan hombres y mujeres, naturales de diversas regiones españolas, que deciden asentarse en suelo americano en busca de prosperidad económica y una vida mejor a la que tienen en sus lugares de origen 4 . Las cartas privadas, testamentos e inventarios conservados en el AGI atestiguan la mejora en la calidad de vida de estos emigrantes. La mayoría de ellos escriben a sus familiares alentándolos a realizar el largo viaje transatlántico en busca de una mejor situación personal y profesional. Así lo testimonia la misiva de Diego Díaz a su sobrino Juan Galiano escrita en México en 1571: “hacéos escribano y sacad licencia para vos y vuestra mujer e hijos, y veníos en la primera flota […] que venido que seáis acá no tendréis necesidad de dineros” (Otte, 1988: 58). La documentación notarial conservada de estos emigrantes es productiva desde dos perspectivas. Por un lado, muestra desde el punto de vista personal del exiliado cómo es su estancia en tierras americanas: dónde vive, qué lugares frecuenta, con quiénes se relaciona personal y profesionalmente, etc. Por otro, estos escritos permiten reconstruir de manera general cómo es la vida cotidiana del México virreinal, aportando datos sobre el tipo de gobierno y la legislación, la sociedad, la cultura y la religiosidad. Además, los testamentos e inventarios son fundamentales para el análisis antropológico, ya que ofrecen información sobre las condiciones de la vida cotidiana de los testadores y sus actitudes ante la muerte. 4. Los testamentos novohispanos evidencian la cantidad de profesionales de distintos ámbitos –comerciantes, herreros, plateros…– que realizan la travesía transatlántica buscando una mejora económica: “Con frecuencia el que partía para el Nuevo Mundo se planteaba su estancia allí como una ocasión rápida de hacer fortuna” (García-Abásolo, 2006: 26). 21 Marta Rodríguez Manzano 2 .1 . La vida cotidiana en el México virreinal 2.1.1. ALGUNAS CLAVES SOBRE EL GOBIERNO Y LA LEGISLACIÓN NOVOHISPANA El virreinato es el sistema de gobierno presente durante tres siglos tras la conquista. Este territorio no tiene consideración de colonia hasta la época borbónica, por lo que constituye uno más de los territorios que conforman el llamado Imperio Español. Debido a ello, sus ciudadanos comparten los mismos privilegios y obligaciones que el resto del mundo hispánico, vinculados por la religión católica, el idioma y el gobierno de la monarquía5 (Ozden, 2011). El virreinato novohispano es el de mayor extensión territorial en América y el más antiguo6. Antonio de Mendoza y Pacheco, miembro de una familia aristocrática española, es nombrado por Carlos I primer Virrey de Nueva España, cargo que desempeñará desde 1535 a 1550, sucediéndole en el puesto Luis de Velasco. En total, 61 virreyes lo gobiernan desde 1535 a 1821. Durante su mandato, el virrey funda instituciones gubernamentales como las Reales Audiencias, obispados y juzgados, lo que favorece el mantenimiento del orden público y el desarrollo de la vida criolla en todas sus facetas. En cuanto a la legislación, la monarquía promulga a través del Consejo de Indias7 una serie de disposiciones que constituyen un código legislativo. Las Leyes de Indias rigen la vida indiana durante el periodo virreinal y abordan aspectos de carácter religioso, judicial8 y gubernamental, así como de temáticas administrativas y comerciales. Más de 6.400 leyes son decretadas, adoptadas y, más tarde, publicadas en una compilación de cuatro tomos “para ordenar y regular la administración de los territorios” ultramarinos (Reynoso Castillo, 2005: 613). 5. Los pobladores españoles implantan en los territorios americanos su lengua, religión y política. “Como resultado de este constante flujo y reflujo a través del océano y de la política llevada a cabo por la corona, España dejó una profunda impronta en las nuevas sociedades transatlánticas. Se trata en primer lugar del legado de su idioma dominante. El castellano sería la lengua común de estas sociedades […] En segundo lugar dejó la herencia de su religión, el catolicismo de la Contrarreforma […] En tercer lugar dejó el legado de una civilización esencialmente urbana, gracias a la creencia tan arraigada entre los españoles de que solo en las villas y ciudades se vivía una vida civilizada” (Elliott, 2012: 46). 6. A este le suceden otros virreinatos como son el de Perú, Nueva Granada y de la Plata (O´Donnell y Duque de Estrada, 2002: 11-30). 7. El Consejo de Indias nace en 1519 como parte del Consejo de Castilla. En 1524 obtiene carácter autónomo y se encarga de recopilar información geográfica e histórica para la buena administración y gobierno de los reinos de ultramar. 8. El Libro II de la Recopilación (1681) incluye preceptos sobre el Juzgado de Bienes de Difuntos y otros aspectos relativos a la organización jurídica. 22 Vida y muerte en el México colonial: estudio de testamentos e inventarios de bienes 2.1.2. LA POBLACIÓN NOVOHISPANA: UNA SOCIEDAD MESTIZA Europeos, indígenas y africanos 9 conviven en la región en distinta proporción y, debido a este acercamiento, no tardan en producirse diversas combinaciones raciales: mestizo —europeo con indígena—, mulato —europeo con africano—, etc. Sin embargo, durante el siglo xvi, la población indígena10 es la comunidad más numerosa, seguida de la española, procedente mayoritariamente de las regiones andaluza y extremeña11: The flow of emigration began at once and reached flood proportions by 1523. The biggest year was 1535-6, when New Spain was elevated to a viceroyalty. In the period 1520-39 there arrived in Mexico, or were located there for the first time, over 4,000 identified emigrants, three times as many as in any other region of America. […] Out of a total of 4,022 emigrants to Mexico from 1520-39 we find 1,412 Andalusians (35%), 693 Old Castilians (17.3%), 598 Extremeños (14.8%) […] Two provinces alone, Seville (915) and Badajoz (425) supplied a third (33,3%) of all these colonists (Boyd-Bowman, 1973: 28). La sociedad novohispana se estructura, por tanto, en diversos grupos. Estos se ordenan jerárquicamente y están condicionados por las distintas razas. En la base de la pirámide social se encuentran los negros esclavos, destinados a realizar los trabajos más duros e ingratos, entre ellos la explotación de las minas y cultivos12. Excluidos de la sociedad, en los inventarios aparecen enumerados como mercancías, como si fuesen un objeto más en posesión de un particular. A diferencia de los negros, la población indígena está protegida por las leyes indianas. Los indios pueden tener posesiones propias y realizar distintas labores sin las restricciones impuestas a otras razas. Por encima de estos se encuentran las castas, jerarquizadas teniendo en cuenta la pigmentación de la piel —a mayor blancura, mayor posición social—. Entre ellas, destacan el zambo (`nacido de indio y negra o viceversa´), el albarazado (`de padres de distinta raza, especialmente de chino y jenízara o al contrario´) y el morisco (`mezcla de las razas mulata y española´). 9. La importación de esclavos africanos a Nueva España se inicia ya en el siglo xvi. Estos son destinados en gran parte a fincas dedicadas al cultivo del azúcar. 10. Nahuas, otomíes y tarascos se integran en ciudades de reciente creación por parte de los pobladores europeos. 11. Ensayos como los de Díaz-Trechuelo (1991: 189-198) y Solano (1983) profundizan en la emigración española a América y actualizan los datos iniciales manejados por Boyd-Bowman (1973). 12. Los esclavos negros constituyen un grupo fundamental para el sistema económico novohispano ya que “desarrollaron muy diversas tareas dentro del sistema de producción; se encontraban en las plantaciones, eran los encargados del pastoreo del ganado mayor, y en los ámbitos urbanos, tenían muy diversas actividades dentro de los obrajes” (Martínez Hernández, 2014: 96). 23 Marta Rodríguez Manzano En cuanto a los criollos, hijos de españoles nacidos en suelo americano, ocupan un sitio privilegiado dentro de la escala social. Únicamente están por encima de ellos los pobladores peninsulares, que agrupan a virreyes, gobernadores, arzobispos, funcionarios de la corona y comerciantes. Estos forman la incipiente burguesía novohispana, siendo la riqueza y el poder los principales medios para conseguir el ascenso social. Cada estatus tiene una serie de privilegios y obligaciones, modificables si se produce un cambio ascendente o descendente en la escala colectiva: Cualquier cambio de posición de un individuo, por minúsculo que sea (ascenso de aprendiz a oficial, el ingreso o salida de una cofradía, etcétera) ha de ser registrado, pues su situación ante la Corona y la sociedad ha cambiado, posee o pierde algún privilegio, su honor se ha visto afectado positiva o negativamente (Traslosheros Hernández, 1994: 59). Los testamentos evidencian que el modelo familiar propio de la sociedad novohispana es el matrimonio monógamo. Esta imposición de la tradición hispánica supone un choque con la costumbre autóctona: Los españoles llegaron a México con unas costumbres matrimoniales que pueden parecer muy distintas de las indígenas. El matrimonio cristiano era monogámico, indisoluble, con ciertos impedimentos de consanguinidad y afinidad, mientras que el matrimonio indio, a través de una gran variedad de formas específicas de la nobleza o de los macehuales, presentaba casos de poliginia, de disolución y reglas propias para formar uniones conyugales (Dehouve, 2003: 92). La familia, encabezada por la figura paterna, está compuesta de varios miembros, entre los que se incluyen la madre, los hijos y otros familiares consanguíneos, como tíos, sobrinos o abuelos. El padre tiene la obligación de sustentar económicamente a la familia y administrar todos los bienes. La madre está a cargo de la crianza de los hijos y de las tareas domésticas. No obstante, en algunos casos, la esposa también trabaja fuera del hogar, realizando diversas profesiones. Entre los materiales del corpus, se encuentran mujeres trabajadoras como la sevillana Francisca Suárez Maldonado, quien posee en Veracruz una cerería, o la gaditana María de Morales que regenta una tienda y una posada en México. Otro ejemplo es el de Francisca de Torres que declara en su testamento ser partera y comenta los inconvenientes de su oficio: 24 Vida y muerte en el México colonial: estudio de testamentos e inventarios de bienes Declaro que yo fui a parir con una mujer que vive frontero de las casas de los herederos de Alonso de Aguiar […] y asimismo fui a parir con la mujer de Flores, tejedor de tafetanes, e no me han pagado de lo sobredicho cosa alguna. Mando se les pida lo que ellos quisieren dar por mi trabajo (Test. de Francisca de Torres, México, 1560). Con respecto a los hijos, sus tareas dependen del sexo, edad y posición dentro del núcleo familiar. Los testamentos e inventarios prueban la supremacía de los primogénitos varones. Al estar destinados a proteger el patrimonio familiar, ellos son los principales receptores de las herencias: Y en el remaniente que quedare de mis bienes dexo e nombro por mis erederos a francisco hernandes mi hijo legitimo e del dicho mi marido (Test. de María de Morales, México, 1608). Dexo por mi universal e legitimo heredero en el remaniente de mis bienes a el dicho Juan luçero mi hijo e de la dicha mi muger para que los herede con la bendiçion de dios e con la mia (Test. de Cristóbal Lucero, Veracruz, 1595). En contraste, el matrimonio (a y b) o la vida monacal (c, d y e) son las principales salidas para la descendencia femenina13: (a) Yten declaro y es mi boluntad que los dichos mis hijos Eujenio de pedroza y juan de pedroza les enseñen a leer y escrevir y algun offisçio honrado para que puedan ganar y alimentar a las dichas sus hermanas hasta ponellas en estado y esto les encargo mucho que lo hagan por ser annsy mi boluntad (Test. de Juan de Pedrosa, San Francisco de Campeche, 1606). (b) Yten mando a Phelipa de la cruz mi ahijada questa en mi casa e serviçio hija de lucia velazquez doçientos pesos de oro comun de a ocho rreales cada uno para ayuda de su casamiento los quales se le den el dia e quando se quisiere casar e su marido otorgue dellos carta de docte (Test. de Ana de Escobar, Puerto de San Juan de Ulúa, 1585). (c) Yten mando que de mis bienes se le den a la dicha Francisca de Herrera donçella ocho pessos de oro comun para ayuda de su cassamiento por el serviçio que me a hecho […] para ayuda de su casamiento e para tomar otro qualquier estado (Test. de María Gutiérrez, México, 1587). 13. Hay diversos testadores que dejan mejoradas en la herencia a mujeres, evidenciando la posición inferior de estas en la sociedad: “dejando como dejo mejoradas a las dichas mis hermanas atendiendo a ser mujeres, por lo que les es mas dificultoso el conseguir algunos haveres” (Test. de Francisco de Soto y Lemus, Apan, 1778). 25 Marta Rodríguez Manzano (d) Yten mando que de mis bienes se den a maria niña mulata manca de un braço que yo he criado y la tengo en mi casa doçientos pesos de oro comun para ayuda a su sustento y mientras no fuere de hedad para se casar o tomar estado mis albaçeas los hechen a renta (Test. de Juan Franco, Minas de Zacualpan, 1587). (e)Yten mando a mi sobrina doña juana hija de mi prima doña ynes y del capitan fernan gomez mill ducados de castilla para ayuda a su casamiento […] y sino tomare estado de cassada y quisiere ser monxa se le de la dote que se hereda mia (Test. de Alonso de Jerez, México, 1618). Entre las ocupaciones a las que se dedican los habitantes novohispanos destacan la agricultura y la ganadería. Los testamentos ofrecen información tanto personal como profesional de arrieros, ganaderos, propietarios de terrenos y fincas, lo que avala la difusión y éxito de estas profesiones. La explotación de la minería también favorece en este periodo una riqueza sin precedentes en la región que propicia la creación de nuevas ciudades y villas14. 2.1.3. LA URBE COMO CENTRO DE LA VIDA SOCIAL Durante los inicios de la etapa virreinal se desarrollan diversas urbes en Nueva España; en el siglo xvi ciudades como Veracruz, Sayula, Toluca y Colima se fundan, crecen en población y extensión durante el xvii, llegando a su máximo esplendor en el xviii15. La ciudad es el principal hábitat de la población europea y mestiza. Por el contrario, la mayoría de indígenas se agrupa en pequeñas comunidades rurales. También surgen barrios de indios en las ciudades, enclaves que propiciarán la convivencia entre las distintas etnias. Así lo documenta Paredes Martínez respecto a Zacatecas: “Los asentamientos indígenas estaban agrupados por “naciones”, en donde los tlaxcaltecas estaban en el barrio de Tlacuitlapan, los mexicas en Mexicapan, los texcocanos en el del Niño Jesús y los tarascos en el de San José y Tonalá Chepinque” (2014: 56). El diseño de la ciudad mexicana se atiene al prototipo de trazado romano. Este establece la plaza como centro neurálgico, a partir de la cual se configuran las distintas calles y espacios urbanos: 14. Entre las ciudades fundadas destacan Zacatecas, Taxco y Guanajuato (González Galván, 2006). 15. González Galván (2006) clasifica las ciudades mexicanas en diversas categorías: ciudades militarizadas (México, Campeche, Veracruz), de serranía (Jalapa, Michoacán, Taxco), mineras (Guanajuato, Zacatecas) y de gobierno (México). 32 Vida y muerte en el México colonial: estudio de testamentos e inventarios de bienes yten declaro que yo soy cofrade de la coffradia del nonbre de jesus de esta d<ic>ha çiudad mando que el dia de mi enterramiento me aconpañen la d<ic>ha coffradia e se le den çinco pesos de ljmosna (Test. de Cosme de Orrantía, México, 1571). Tal es el interés de estos individuos en formar parte de distintas hermandades que muchos de ellos piden a sus albaceas que los incluyan en ellas. Un ejemplo es el de Francisca de Torres que solicita en su testamento ser cofrade en la corporación del Benditísimo Nombre: “e mando que me metan por cofrade de la cunfradia del venditisymo no<n>bre de Reyno e de su sangre e pasion e que se pague de mys bienes la entrada de la d<ic>ha confradia” (Test. de Francisca de Torres, México, 1560). Lo mismo ocurre con Juan Piñón, que desea pertenecer a dos cofradías distintas: “yten mando que aconpañen mj cuerpo las cofradias del sancto sacramento de la yglesia mayor desta çiudad y de n<uest>ra señora del rrosario donde Pido me metan por Cofrade” (Test. de Juan Piñón, México, 1595). El interés por arreglar todos los asuntos terrenales y espirituales se manifiesta en la redacción del testamento, momento en el que los individuos declaran sus voluntades post-mortem y pregonan su ferviente religiosidad: temjendome de la muerte que es cosa natural e deseando poner mj anjma en caRera de salbaçion creyendo como firme e berdaderamente creo en la santísima trinjdad e todo aquello que bueno e fiel catolico xpiano debe tener e creer e tomando por mj abogada e yntercesora a la siempre virge n<uest>ra señora santa marja a quien suplico quiera Rogar a su hijo preçioso n<uest>ro Redentor Jesuxpo quiera perdonar mj anjma e llebarla a su san- to Reyno para donde fue criada (Test. de Francisco García, Ciudad de Los Ángeles, 1545). La muerte es entendida como el puente hacia la vida eterna, como la transición de la vida terrenal al más allá. Por ello, tanto las autoridades como los propios individuos manifiestan interés en otorgar testamento, dejando de ese modo resueltas tanto las cuestiones espirituales como materiales que se produzcan tras el fallecimiento. 2.2.2. DISPOSICIONES DE LOS TESTADORES ANTE LA PROXIMIDAD DE LA MUERTE Entre las disposiciones que los testadores incluyen en sus testamentos se encuentran las siguientes: 33 Marta Rodríguez Manzano El lugar y la forma de enterramiento. Por lo general, solicitan el enterramiento en iglesias, conventos o monasterios. En cuanto a la mortaja, no todos la especifican en el escrito, aunque hay ejemplos de individuos que solicitan ser enterrados con el hábito de San Francisco34 (a), San Agustín (b) o Nuestra Señora del Carmen (c): (a) quiero que mi cuerpo baja amortajado con el abito de mi padre san françisco (Test. de Juan Pachón del Valle, Tula, 1614). (b) e que me entierren en el avito de nuestro padre san agustin (Test. de Francisca de Torres, México, 1560). (c) yten quiero y es mi voluntad y intencion de morir y ser enterrada con el avito de n<uest>ra señora de el carmen (Test. de Catalina González, México, 1596). La celebración de misas. Estas pueden tener como beneficiaria al alma del testador o favorecer a los familiares más cercanos. También hay quienes solicitan misas por las ánimas del purgatorio y por las personas de su entorno, ya fuese personal o profesional. Además, la tipología y cantidad de las mismas depende de las posibilidades económicas que tuviera el otorgante (Barrientos Márquez, 2003). El encargo de obras pías. Estas engloban donativos a los Santos Lugares de Jerusalén y a la redención de cautivos, limosnas a instituciones religiosas y ayudas económicas a los más necesitados, fundamentalmente a pobres y huérfanos. Al igual que ocurre con las misas, a mayor capacidad económica del testador, mayor número de obras pías puede llevar a cabo. Todas ellas están presentes en la mayoría de los escritos del corpus documental seleccionado, evidenciando el seguimiento por parte del redactor de un esquema prefijado del tipo documental y mostrando la predilección cristiano-católica de la población novohispana. 34. La primacía por el hábito franciscano se debe a la intensa actividad que desarrolló esta orden en el territorio novohispano: “Durante esta época, hubo mayor preferencia por amortajarse con el hábito de San Francisco. Esta práctica se explica porque los franciscanos fueron el grupo de mendicantes más extendido en la Nueva España y en el valle de Toluca, lugares donde desempeñaron una importante y ardua labor religiosa” (Lagunas Ruiz, 2010: 118). 34 Vida y muerte en el México colonial: estudio de testamentos e inventarios de bienes 2.2.3. EL TRIBUNAL DE BIENES DE DIFUNTOS : UNA INSTITUCIÓN DE REFERENCIA PARA LOS EMIGRANTES EN NUEVA ESPAÑA Dentro del marco del derecho indiano, el Tribunal de Bienes de Difuntos es una institución imprescindible en Nueva España. Esta surge para resolver las últimas voluntades de aquellos españoles o extranjeros residentes en América que, habiendo fallecido en este territorio, carecen de herederos en dichas tierras35. La Corona española fue la encargada de diseñar “un sistema que garantizara la correcta llegada a su destino” de los bienes de españoles fallecidos en suelo americano (Ortega Sánchez, 2011: 470). Con el propósito de cumplir con las últimas voluntades de los emigrados y asegurar el correcto reparto de la herencia, se realizan numerosos trámites coordinados tanto por los Juzgados de Indias como por la Casa de la Contratación de Sevilla36. De todos estos procedimientos hay constancia por escrito, por lo que se dispone de una gran cantidad de documentación custodiada tanto en archivos americanos como españoles, tal y como señala Barrientos Márquez: El proceso descrito exigía un gran número de trámites que se traducían en una gran diversidad de documentos, y en papeles de distinta índole que se generaban tanto en Indias como luego en la Península, y todos ellos de gran valor cualitativo: testamentos, poderes o memorias testamentarias, inventarios de los bienes, tasaciones, almonedas públicas, justificantes del pago de los débitos que pudiera haber contraído el fallecido (Barrientos Márquez, 2007: 159). Por su parte, López Gutiérrez diferencia dos tipologías distintas dentro de la documentación del Tribunal de Bienes de Difuntos: a) Aquellos documentos procedentes de las actuaciones realizadas por las autoridades indianas cuya información llegaba en forma de traslado acompañando a los bienes remitidos y que reflejan una serie de actuaciones judiciales seguidas en el continente americano y encaminadas a la transformación de los bienes muebles, raíces y semimovientes en metálico, junto con las joyas, oro o plata que poseyera el difunto. En este 35. La distancia geográfica entre los residentes en Indias y sus familiares es uno de los motivos principales para la creación de un régimen jurídico que custodiara la entrega de los bienes a los herederos. Además, la Real Hacienda cuenta con intereses propios al intervenir en este procedimiento, ya que en caso de inexistencia o falta de reclamación por parte de los herederos, esta se ve beneficiaria de todos los bienes del fallecido. 36. La falta de capacidad de la justicia ordinaria, sobrecargada con otros procesos legales, hizo necesaria una jurisdicción especializada, coordinada entre los Juzgados de Indias y la Casa de la Contratación de Sevilla (Fernández López, 2015). 35 Marta Rodríguez Manzano primer grupo encuadramos los testamentos, inventarios de bienes, evalúo de bienes, almoneda de los bienes, cuentas de los bienes, etc. Toda esta documentación es fruto de la intervención del Juzgado de Bienes de Difuntos y los jueces nombrados al efecto. b) Aquellos otros, producidos en tierras españolas, encaminados a la entrega de los dichos bienes a los herederos legítimos. En estos se agrupan los siguientes: la declaración de la llegada de los mismos, pregones, cartas de diligencias, presentación y testificaciones de los herederos, hasta la definitiva entrega de los mismos descontadas las correspondientes costas judiciales. Esta documentación proviene de las diligencias efectuadas por la Casa de la Contratación (2001: 109-110). Los expedientes generados en el Tribunal se caracterizan por su diversidad documental. La mayoría de estas escrituras son de tipo administrativo-notarial: testamentos, inventarios, almonedas, cartas de diligencias 37 o de pago, entre otros. Además, a través de ellas se tiene constancia por escrito de cómo funciona este organismo judicial, qué ocurre con los bienes de los fallecidos, si se asegura o no la recepción de la herencia y, en última instancia, si se cumplen o se desobedecen las voluntades designadas por los testadores. 2.2.4. EL LEGADO DE LOS AUTOS DE BIENES DE DIFUNTOS Los expedientes de bienes de difuntos dan constancia de los trámites llevados a cabo por el Tribunal, en coordinación con la Casa de la Contratación de Sevilla. El procedimiento y orden de actuación, en la mayoría de las ocasiones, es el mismo; se inicia con el fallecimiento y correspondiente apertura de testamento de un residente novohispano sin herederos en dichas tierras. No obstante, hay casos en los que el finado no redacta sus ultimas voluntades. En esta situación, el escribano puntualiza en el auto que el fallecido es un individuo intestado. Posteriormente, en la vivienda o lugar donde se ha producido la muerte38, se elabora el inventario39 de los bienes del fallecido. Esta 37. Elaborada por el oficial de bienes de difuntos, “la carta de diligencias era un documento dispositivo y de carácter requisitorio, mediante el que se emplazaba a los herederos para que se personaran en la Casa de la Contratación y demostraran su condición de legítimos herederos o beneficiarios” (Fernández López, 2015: 13). 38. La muerte llega a los individuos en diversos lugares, desde casas o pensiones hasta barcos o prisiones. El inventario del toledano Pedro Bermúdez se redacta en la cárcel pública de la Ciudad de Los Ángeles: “hiço ynbentario estando en la carçel publica de los bienes que quedaron por fin e muerte del d<ic>ho pedro bermudes” (Inv. Pedro Bermúdez, Ciudad de Los Ángeles, 1592). 39. El albacea designado por el testador –en el caso de que el fallecido hubiese redactado testamento–, o la autoridad competente, son los encargados de realizar el inventario. Lo habitual es que este se elabore en un solo día, aunque dependía de la cantidad de posesiones del difunto. 36 Vida y muerte en el México colonial: estudio de testamentos e inventarios de bienes intervención tiene como fin registrar todas las posesiones y propiedades del difunto, tasarlas40 y disponerlas de cara a la almoneda pública. La almoneda se realiza días después de la elaboración del inventario en la plaza pública de la ciudad o villa. Los pregoneros se encargan de difundir su celebración y a ella acuden los vecinos para pujar por los distintos objetos a precio de subasta41. El tipo de público que asiste pertenece normalmente al entorno personal del fallecido o está relacionado con su ámbito profesional42. En el caso de que los bienes no se adjudicaran, existía la posibilidad de realizar una retasación para bajar sus precios y proceder así a su venta. Con la suma adquirida tras la almoneda, se pagan las deudas y encargos del testamento —misas, coste del entierro y obras pías— y el efectivo restante es remitido a Sevilla. Este es custodiado en la Casa de la Contratación, institución que a partir de las ordenanzas de 1510 administra los bienes de difuntos, hasta que los herederos reclaman su parte de la herencia 43 . El transcurso de todo el procedimiento —desde el fallecimiento hasta el reparto de la herencia a los beneficiarios— varía dependiendo de diversos factores: las circunstancias de la muerte, la duración de los distintos trámites, la localización de los herederos, entre otros. Este “podía oscilar entre unos meses a varios años e, incluso, hasta más de ochenta años […] aunque por supuesto, esto sería una excepción” (Barrientos Márquez, 2007: 183-184). 40. En ocasiones, acuden a la elaboración del inventario post-mortem evaluadores profesionales que tasan el precio de los distintos bienes: “[…] Francisco Faustino y Pablo Francisco de la Vega, Avaluadores nombrados, se prosiguio el ynventario y aprecio de los bienes en la forma y manera siguiente” (Inv. Francisco de Soto y Lemus, Apan, 1778). 41. La imposibilidad de trasladar todos los bienes a la península para el reparto de la herencia hace que la solución más favorable sea la subasta de las posesiones entre los residentes de la zona. Solo el montante adquirido de la almoneda se transporta a la península para el pago de las disposiciones testamentarias y la correspondiente herencia (Fernández-López, 2015). “Las subastas públicas solían practicarse durante más de un día. Generalmente, las sesiones comenzaban por la mañana bien temprano y se cortaban a las 12 del mediodía, para reanudarse a partir de las 5 de la tarde. En las subastas solían repetirse unas frases ya hechas como era “a la almoneda con moneda” u otra también muy característica que se decía a la hora del remate del objeto vendido; “a la una, a las dos y a la tercera que es la buena y verdadera” (Barrientos Márquez, 2007: 165). 42. En estas subastas destacan los remates de las herramientas profesionales, las cuales a menudo son adquiridas por sujetos que se dedican a la misma ocupación que el difunto. 43. La localización de los herederos se realiza a través del envío de una carta de diligencia a la localidad de origen del fallecido. Además, “los posibles herederos debían demostrar su naturaleza en cuanto a tales a través de la presentación de fe de bautismo, acta matrimonial, declaración de testigos, etc. o cualquier otro documento que certificara la vinculación alegada” (Ortega Sánchez, 2011: 471). No obstante, si los herederos no reclaman los bienes –ya fuere por la imposibilidad de su localización o por no probar con suficiencia su vinculación al fallecido, u otros motivos– estos pasan a disposición de la Corona y a formar parte de la Hacienda Real. Vid. Fernández-López (2015). 37 Marta Rodríguez Manzano Por último, se debe aclarar que gracias a estos expedientes de bienes de difuntos se han obtenido los testamentos e inventarios utilizados en esta investigación. Tales expedientes conforman repertorios documentales extensos fruto de las actuaciones del Tribunal y la Casa de la Contratación. Por tanto, a través de ellos se pueden realizar todo tipo de estudios relacionados con la vida cotidiana y, fundamentalmente, con la muerte en el contexto novohispano colonial. 39 El corpus documental en el que se basa este estudio está compuesto por 99 testamentos e inventarios mexicanos producidos en época virreinal. Debido a ello, se seleccionaron documentos que cumplieran dos requisitos fundamentales: a) la procedencia de Nueva España y b) la datación cronológica colonial. En cuanto a su tipología, estos se catalogan como notariales o jurídico-administrativos. Hasta la fecha, este tipo de materiales han sido principalmente analizados desde una perspectiva historiográfica. Sirvan de ejemplo los trabajos de Seoane (1985), Sobrado Correa (2003) o Vila Vilar (1993). Desde el punto de vista lingüístico, han sido estudiados parcialmente por algunos investigadores, quienes se han focalizado en análisis léxicos. De esta parcialidad y de la escasez de trabajos de corte filológico ha surgido, en parte, la necesidad de realizar un análisis lingüístico general y textual de las tipologías documentales que se recogen en esta obra. 3 .1 . Criterios de selección del corpus de estudio La selección del corpus se debe a unos criterios establecidos a priori teniendo en cuenta el carácter de la investigación. Los parámetros que se siguieron para la elección de los materiales son los siguientes: CRITERIO HISTÓRICO-GEOGRÁFICO La procedencia de los escritos y su pertenencia al AGI fue imprescindible para la inclusión en el corpus de estudio. Todos los documentos seleccionados están conservados actualmente en dicho archivo, concretamente en 3 . Testamentos e inventarios: un corpus notarial 40 Vida y muerte en el México colonial: estudio de testamentos e inventarios de bienes las secciones de Contratación44 y México45, formando parte de la unidad de Autos de Bienes de Difuntos. Esta consta de testamentos e inventarios de españoles que, por diversas circunstancias46, fallecieron en territorio americano. La mayoría de los escritos están elaborados en las propias viviendas de los fallecidos, en presencia de escribanos y testigos, quienes certifican la autenticidad de las escrituras redactadas. Puesto que el objetivo fundamental es analizar la lengua presente en testamentos e inventarios mexicanos, todos los textos que conforman el corpus proceden de distintas provincias novohispanas. En torno a un 52% de los escritos fueron elaborados en México y Veracruz. Esta productividad se debe a que son los principales focos de recepción poblacional migratoria durante el periodo virreinal (García-Abásolo, 2006; Laza Zerón, 1994). La ubicación geográfica y el gran protagonismo en la actividad comercial motivaron la afluencia de población europea, quienes se trasladaban principalmente en busca de fortuna. Otras urbes que se encuentran representadas en el corpus son Tlaxcala, Xalapa y Xochimilco (vid. fig. 1). 44. Toda la documentación concerniente a la Casa de la Contratación se recoge en dicho ramo. Esta institución, creada en 1503, es el primer organismo encargado de la administración de América tras la conquista, ocupándose de tareas como el control del comercio indiano y otros asuntos judiciales. 45. Dentro del corpus de estudio seleccionado, un único expediente de bienes de difuntos pertenece a la sección de México. Se trata del de Francisco de Soto y Lemus, cuyo testamento e inventario fueron elaborados en Apan en 1778. 46. Entre las causas de mortalidad destaca el deterioro producido por diversas enfermedades, tal y como los testadores manifiestan al comienzo de sus escritos. Fig. 1. Distribución de los documentos del corpus según el lugar de redacción 41 Marta Rodríguez Manzano El corpus cuenta también con muestras textuales procedentes de villas como Acapulco, Campeche, Pachuca o Tula. En la provincia de Xalapa se redactan un total de 6 documentos: 3 testamentos y 3 inventarios (vid. fig. 2). Las ciudades de México y Veracruz están representadas con el mismo número de testamentos (13). No obstante, en Veracruz se elaboran más inventarios que en ninguna otra localización (15). Este hecho se debe a la ubicación del puerto al que llegaban y partían las flotas de Indias (Solano, 1993), de ahí que fuese punto de paso obligado para toda la emigración que se asentaba en Nueva España. Por Veracruz pasaban todos los bienes de los recién llegados, de los que se disponían a viajar a otros territorios americanos o de los que emprendían el viaje transatlántico de regreso. Esta circunstancia explica la cantidad de inventarios realizados en la ciudad frente al resto de localizaciones. CRITERIO CRONOLÓGICO La datación cronológica supuso un criterio primordial en la elección del corpus. Para mostrar la evolución lingüística a lo largo del periodo virreinal, se recopilaron documentos fechados entre los siglos xvi y xviii. El escrito con una fecha de elaboración más temprana es el testamento de Sebastián Quintero, del 5 de enero de 1538, y cierra el conjunto documental el testamento e inventario de Manuel Carranza, redactados en 178447. 47. Únicamente el inventario de Cosme de Orrantía no está datado, pues aparece sin encabezamiento ni protocolo final. No obstante, por la fecha del testamento y del expediente, este tuvo que ser realizado entre 1571-1575. Fig. 2. Número de test. e inv. del corpus según su procedencia 48 Vida y muerte en el México colonial: estudio de testamentos e inventarios de bienes 3.2.2. TIPOLOGÍAS DOCUMENTALES Los escritos que aparecen en los expedientes no corresponden a las escrituras originarias, sino que son copias de sus pertinentes originales americanos. Estos son literalmente fieles a los textos primigenios y se conservan prácticamente sin modificaciones o alteraciones. Así se hace saber por los escribanos en las notas que acompañan a estos documentos. Estas pueden encabezar (a y b) o cerrar (c y d) los distintos documentos: (a) Este es traslado bien e fiel mente sacado de vna carta de testa mento /oreginal q<ue> hizo e /otorgo pedro ximenez harriero difunto escrita en papel e sinada de andres de herrera escrivano publico e del cabildo q<ue> fue dela çibdad delos angeles desta nueva españa segun por ella pareçia su tenor de la qual es este q<ue> se sigue (Exp. Pedro Jiménez). (b) En Cumplimiento del auto de arriua Yo el esCriuano de su magestad hize sacar Y saque el traslado del testamento Y Codicilio que ante mi otorgo Juan gonçales marquez rresidente en estas minas deuajo de cuya disposision falleçio que es del tenor siguiente (Exp. Juan González Márquez). (c) Fecho e sacado fue este dicho traslado dela d<ic>ha carta de testamento /original en la d<ic>ha çibdad de los angeles A veinte y siete dias del mes de /otubre Año del naçimj<ent>o de n<uest>ro salvador Jesu xpo de mill e qui<nient>os e quarenta e çinco años t<estig>os q<ue> fueron presente A lo ver sacar Corregir e Conçertar con el d<ic>ho testamento /original / Gaspar de Arana alguacil del d<ic>ho señor Juez de bienes de difuntos / natural q<ue> dixo ser dela çibdad de Sevilla e diego de padilla criado del d<ic>ho señor juez natural q<ue> dixo ser dela [tachado: çibdad de se] villa de almonte estantes enla d<ic>ha cibdad delos angeles/ El qual d<ic>ho traslado se saco por mandado del d<ic>ho Señor diego Ramirez Juez suso d<ic>ho para En lo tocante A las quentas delos bienes delos d<ic>hos difuntos / El qual dicho traslado fue sacado por mandado del dicho señor diego rramirez Al qual El dicho señor juez dixo q<ue> ynterponja E ynterpuso su autoridad y decreto judicial tanto quanto podía e de d<e>r<ech>o debía para q<ue> valga e haga ffee doquier q<ue> pareçiere elo firmo Aqui de su nonbre / diego Ramirez/ (Exp. Pedro Jiménez). (d) Concuerda esta copia consu original que queda enel Rexistro de la citada escrivania mayor de Flota de mí cargo a que me remito Y la hize sacar para entregar a d<o>n. Miguel Gonzales del Castillo, vno delos Alvaceas del testador, de supedimento, escrita en papel del sello segundo y comun, y la signo y firmo en el Pueblo dela feria de Xalapa á quatro de Mayo demilsetecientos setenta y tres años = Thomas de Morales <e>s<criba>no m<ay>or de flota (Exp. Amaro Torres). 49 Marta Rodríguez Manzano Se tratan de escritos normalizados, sometidos a diversas fórmulas protocolarias que los estructuran y diferencian de otras tipologías documen - tales. Los escribanos conocen estos patrones notariales y se rigen a ellos, pues son necesarios para la validación de la documentación. En los expedientes de bienes de difuntos analizados, la mayoría de los testamentos aparecen encabezando toda la documentación del procedimiento, seguidos por los inventarios y otros tipos de escritos como almonedas, autos, declaraciones o cartas. Los expedientes suelen ser extensos debido a la gran cantidad de escritos que agrupan y se presentan mayormente ordenados y detallados, dando testimonio de las distintas actuaciones que se van realizando desde el Juzgado de Bienes de Difuntos. Existen dos clases tipológicas en los testamentos recogidos en el corpus: los autógrafos (o cerrados), realizados por el propio testador, y los heterógrafos (o abiertos), elaborados por un escribano y en presencia de varios testigos. De los 50 escritos analizados, 40 pertenecen a la categoría de testamento abierto, mientras que únicamente 10 se incluyen en el de tipo cerrado (vid. fig. 8). Esta predilección por el documento heterógrafo se debe a dos causas principales: el analfabetismo de los testadores (19 de ellos confiesan que no saben firmar o escribir 49 ) o bien, su incapacidad de escribir a raíz de una enfermedad. Asimismo, se localizan en el escatocolo algunos ejemplos del analfabetismo (a) o de la invalidez para la redacción (b) de los testadores: (a) porque esta es mj ultima e postrjmera voluntad en testjmonjo de lo qual otorgo esta presente carta Ante el presente escribano publico e testigos de yuso escritos e porque no se escrebir a mj Ruego lo firmo aquì hernando veedor vezino de esta çibdad de los angeles que es fecha la carta de testamento en esta dicha çibdad de los angeles de esta nueba españa en seis dias del mes de noviembre año del naçimjento de n<uest>ro salbador Jesuxpo de mjl e quinjentos e quarenta e çinco años (Test. Francisco García, Ciudad de Los Ángeles, 1545). (b) e por la gravedad de su enfermedad dixo que no podia firmar rrogo a alonso de la parra lo firmase por el y a su rruego lo firmo con los d<ic>hos t<e>stigos que supieron firmar por t<e>s<t>igo. alonso dela parra françisco de vergara t<e>s<ti>go alonso de mata luys de moro paso a<n>te my Joan de vera escrivano publico (Test. Blas de Frechilla, Ciudad de Los Ángeles, 1559). 49. El desconocimiento por parte de los testadores en la práctica de la escritura se manifiesta durante todo el periodo virreinal. Si bien es cierto, el número de casos disminuye a medida que transcurren los siglos. Se contabilizan 9 casos de testadores analfabetos en el xvi, 8 en el xvii y 2 en el xviii. 50 Vida y muerte en el México colonial: estudio de testamentos e inventarios de bienes Dentro de los inventarios, se diferencian los elaborados por el testador en sus últimas voluntades de los realizados por los albaceas, testigos y autoridades pertinentes tras el fallecimien- to. En los primeros, los listados funcionan como un apartado más dentro del testamento, tras la declaración de deudas y deudores. Dentro del corpus de esta investigación, un 40% de los testamentos incluyen una relación de las posesiones del testador (vid. fig. 9). Las distintas pertenencias aparecen cuantificadas y descritas, aunque de una forma más general y con menor detalle que en los escritos elaborados por los albaceas: yten dexo por mis bienes todos mis bestidos. y libros y otras baratixas. que tengo en mi casa yten dexo por mis bienes vna cama de ylo de Red y dos. sortixas deoro (Test. Juan Franco, Minas de Zacualpan, 1587). yten DeClaro que tengo dos caxas de madera con rropa blanca E otras cosas. de mi vestir y otras. menudencias. De casa y tienda y leña e carbon de que mis alUazeas haran ynventario Dellos (Test. María de Morales, México, 1608). Fig. 8. Tipología de test. presentes en el corpus Fig. 9. Porcentajes de test. con y sin inv. del corpus 51 Marta Rodríguez Manzano Por otro lado, los registros de bienes realizados tras la muerte del testador surgen de la necesidad de catalogar, custodiar e identificar los bienes que van a ser objeto de una transmisión sucesoria. La finalidad principal de estos escritos es evitar la usurpación de los distintos enseres, garantizando su cesión a los herederos legales. De ahí que esta documentación posea un carácter “testimonial y probatorio” que complementa a otros documentos formales, ya sean testamentos, cartas u otra clase de escritos (Riesco Terrero, 2003: 220). 3.2.3. SOPORTE Y CARACTERÍSTICAS EXTERNAS La descripción externa y material del corpus es fundamental para un correcto análisis e interpretación de los documentos. Todos los textos recopilados están redactados en folios de papel con unas dimensiones de 21,5 x 31,5 cm. La mayoría de ellos aparecen escritos por ambas caras (recto y verso). Esta práctica, en ocasiones, dificulta la lectura de los materiales, pues se transparenta y confunde la escritura del frontal y reverso de la misma página (vid. fig. 10). El estado de la tinta que presentan los manuscritos es generalmente nítido, conservando la densidad y tono del color negro. Asimismo, el papel empleado no contiene filigranas ni marcas de agua. En los documentos correspondientes al siglo xvi y xvii tampoco se utiliza el papel sellado50. Únicamente 50. La obligación de usar el papel sellado en documentación de carácter público y de actuaciones judiciales fue decretada por Felipe IV mediante la Pragmática Sanción del 15 de diciembre de 1636. Este sello constaba de las armas o escudo real, el nombre del rey, sus títulos, el año de validez del papel, la clase y su precio. Con esta iniciativa el monarca pretendió “la estabilización de los documentos, tanto públicos como privados, y evitar los fraudes y las falsificaciones tan frecuentes con el uso de papel común” (Seco Campos, Fig. 10. H 2v del test. de Hernán Rodríguez 52 Vida y muerte en el México colonial: estudio de testamentos e inventarios de bienes Fig. 11. H 14v del test. de Francisco de Porras Fig. 12. H 1r del test. de Manuel Carranza Fig. 13. H 1r del test. de Hernán Rodríguez (izquierda) y de Ana de Santillana (derecha) encabezadas por el símbolo de la cruz se localiza un caso aislado al final del testamento de Francisco de Porras (vid. fig. 11). Por el contrario, durante el siglo xviii, es regular el uso de esta clase de papel tanto en los testamentos (vid. fig. 12) como en los inventarios51. Las manifestaciones religiosas también se muestran al comienzo del testamento, estableciéndose como práctica regular “que en el documento también se incluya la [invocación] monogramática o implícita, siendo la más 1994: 109). 51. Existe un caso en el que no hay rastro de papel sellado, que corresponde a la documentación de Pablo Calvo, fechada en 1714. 53 Marta Rodríguez Manzano habitual el signo de la cruz” (Mártir Alario, 2011: 212). Este símbolo encabeza el escrito, disponiendo de una situación privilegiada en el centro del margen superior. No obstante, en el corpus, hay escasa constancia de esta tradición52, puesto que son solo 3 los testamentos que presentan una cruz al comienzo. En lo referente a la decoración, estos carecen de dibujos, miniaturas o cualquier elemento de carácter ornamental. Sin embargo, resalta dentro del corpus el testamento de Pablo Calvo, en el que se reproducen al margen ciertas marcas que singularizan a sus bienes, como ocurre al listar unos barriles de aguardiente o un libro de folio (vid. fig. 14). El escribano calca la inscripción que caracteriza al objeto, describiéndolo y singularizándolo del resto. Asimismo, es común que los textos lleven anotaciones a los márgenes (vid. fig. 15). Estos apuntes sirven para estructurar el contenido, así como para resaltar la información y los apartados más significativos del mismo. 52. La condición de traslados puede haber influido en esta usanza, optando los escribanos por no marcar estos signos presentes en los textos originales. Fig. 14. Reproducciones de las inscripciones de los bienes en el test. de Pablo Calvo Pérez Fig. 15. Distribución de la documentación del corpus en función de si presentan o no glosas en los márgenes 54 Vida y muerte en el México colonial: estudio de testamentos e inventarios de bienes Las glosas, localizadas tanto en testamentos como en inventarios, se han clasificado según su contenido en los siguientes tipos: Para indicar el tipo de documento: Son las más usuales y se presentan al comienzo del texto, en el margen izquierdo. Comparten generalmente la caligrafía del cuerpo del escrito y, en muchos casos, aparecen con abreviaturas (vid. figs. 16 y 17). Para indicar los distintos apartados del documen- to: A través de ellas se señalan la declaración de herederos, la disposición de misas y capellanías o la confesión de deudas y deudores (vid. fig. 18). Para indicar sumas o cantidades económicas: Principalmente aparecen en los inventarios, aunque también se localizan en algunos testamentos. En ellas se pueden expresar los importes donados o el efectivo del que dispone el testador, así como las tasaciones de los bienes (vid. fig. 19). Fig. 16. Abreviatura de testamento al margen del documento de Gonzalo de Bonilla y Barba Fig. 17. Anotación subrayada al margen del inv. de Juan González Márquez Fig. 18. Nota al margen sobre la declaración de los bienes que deja Juan Franco Fig. 19. Glosa presente en el test. de Pascual Díaz 55 Marta Rodríguez Manzano Para indicar o resumir otro tipo de información: Se documenta la utilización de comentarios en los márgenes para sintetizar el contenido de un apartado o para advertir datos relevantes en su elaboración, como puede ser la fecha de otorgamiento (vid. fig. 20). Para delimitar la estructura y disposición del contenido también se hace uso de diversas marcas gráficas. Estas pueden ir desde los simples guiones o vistos (vid. fig. 21), hasta las numeraciones observadas en los materiales del siglo xviii (vid. fig. 22). El empleo de encabezamientos subrayados también contribuye a la configuración y clasificación del contenido, aunque aparece en algunos documentos de forma esporádica. Al tratarse de copias de originales novohispanos, la mayoría de ellas no presentan ningún tipo de firma o rúbrica. No obstante, hay testimonios que sí contienen estas intervenciones, ya sean procedentes de testigos, escribanos o albaceas. Así ocurre en la documentación de Ana de Santillana (vid. fig. 23) o en el inventario de Agustín García Paadín (vid. fig. 24). Cabe resaltar que la mayor parte de los escritos del corpus que poseen alguna firma o rúbrica son los pertenecientes al siglo xviii. Fig. 20. Resúmenes al margen en el test. de Juan del Río Fig. 22. Enumeración al margen en el test. de Santiago Leonor Fig. 21. Marcas gráficas al margen en el test. de Alberto Velázquez 56 Vida y muerte en el México colonial: estudio de testamentos e inventarios de bienes 3.2.4. TIPOS DE LETRA EMPLEADOS EN LOS ESCRITOS Todos los textos que conforman el corpus son manuscritos53. Su análisis paleográfico muestra la evolución experimentada en el arte de la escritura durante los siglos xvixviii. Este arco temporal permite apreciar los diferentes tipos de caligrafía y las características que singularizan a cada una de ellas. Son principalmente tres los tipos de letra que ofrecen los materiales seleccionados: la procesal, la cortesana y la humanística. Por lo general, todos los textos presentan una caligrafía de buena legibilidad. Durante el siglo xvi conviven en los materiales la escritura procesal y cortesana54. La primera se caracteriza por su cursividad y la poca definición en el cuerpo de las letras (Díaz Moreno, 2011). Por el aspecto que presenta, da la sensación que el escribano apenas levanta la pluma del papel en la redacción (vid. fig. 26). Se trata, 53. Resulta llamativa la escasa documentación impresa en los expedientes de bienes de difuntos. México fue la primera ciudad en América en establecer una imprenta y desde la primera mitad del siglo xvi ya se imprimieron libros de carácter religioso, gramáticas y vocabularios, además de volúmenes de otras disciplinas como medicina, física, música, aritmética, etc. 54. Ambos modelos gráficos son variantes de la letra cursiva gótica. Estos se fueron “imponiendo a finales del siglo xv en los organismos y escribanías públicas, así como entre las personas cultas” (García Moratalla, 1999: 27). Fig. 23. Firmas del escribano y testigo en el test. de Ana de Santillana Fig. 24. Firmas del escribano y albacea en el inv. de Agustín García de Paadín Fig. 25. Distribución del tipo de letra presente en los materiales del corpus por siglos 57 Marta Rodríguez Manzano sin duda, de una de las caligrafías más dificultosas a la hora de leer y transcribir. En cuanto a la denominada cortesana, sus caracteres son redondeados y con trazos envolventes que enlazan las letras con sus respectivas consecutivas (Romero Tallafigo et al., 1995). Además, las abreviaturas de los términos son frecuentes, lo que proporciona un estilo singular a los escritos. A partir del siglo xvii, desaparece la letra cortesana y se impone la procesal. Esta última finaliza un siglo más tarde, ya que todos los textos fechados en el xviii presentan la escritura humanística, también conocida como itálica o renacentista (Díaz Moreno, 2011). Destaca en esta época la esmerada escritura por parte de los escribanos y su cuidada disposición textual. 3.2.5. ESTADO DE CONSERVACIÓN En general, el corpus documental se encuentra en un buen estado de conservación. Los expedientes están ordenados y no se observan faltas de hojas en testamentos ni inventarios. Algunos documentos Fig. 26. Letra procesal en el test. de Ana de Escobar Fig. 27. Letra cortesana en el test. de Blas de Frechilla Fig. 28. Letra humanística en el test. de Francisco de Soto y Lemus 64 Vida y muerte en el México colonial: estudio de testamentos e inventarios de bienes 4 .2 . Orígenes, características y funciones del testamento El hábito de testar tiene su comienzo en la Antigüedad Romana. Durante este periodo, el testamento es principalmente un documento de carácter religioso, ya que el otorgante proclama en él la confirmación de su fe católica y devoción cristiana. En su escritura, se confiesa y repara todos los pecados cometidos. Además, declara su última voluntad, preparándose para el tránsito de la vida a la muerte, para el conocido viaje al más allá. Con el paso del tiempo, la memoria testamentaria incorpora contenidos más apegados al ámbito jurídico; este hecho se observa en la inclusión de la declaración de bienes y las disposiciones en cuanto al reparto del patrimonio entre los herederos. Historiadores como Salinas Meza reconocen esa doble funcionalidad, “por un lado, jurídica, y por otro, espiritual, que busca la salvación del alma y el arreglo de las disposiciones sucesorias” (1999: 34). Al igual que este, Díez de Revenga Torres defiende esa “doble vertiente” y la justifica sosteniendo que la muestra religiosa “se manifiesta en la invocación, profesión de fe y la gran cantidad de mandas y obras pías”, mientras que la jurídica “se reconoce en la designación de albaceas y la revocación de testamentos anteriores” (1997: 56). Sin duda, en esa capacidad de entrelazar lo espiritual con lo material de la existencia radica uno de los mayores méritos de esta peculiar tipología documental. Hay que destacar también que el testamento no disfruta de una difusión y notoriedad constante a lo largo de su historia. Se documentan épocas en las cuales esta práctica decayó y otras en las que se recuperó, con variaciones en su estructura y contenido: [E]l testamento sufre una época de declive durante la Alta Edad Media a causa de la entrada de las costumbres germánicas, si bien la recuperación del derecho romano a partir del siglo XII provocará la vuelta al uso antiguo y, en consecuencia, un aumento cuantitativo considerable (Tabernero Sala, 2016: 72). No obstante, en la segunda mitad del siglo xvi, los escritos relacionados con el derecho sucesorio —testamentos, inventarios y codicilos— experimentan un mayor protagonismo y demanda, debido en parte a la repercusión del Concilio de Trento (Mártir Alario, 2011: 161). Prácticamente, hasta mediados el siglo xviii, en los testamentos convergen las cláusulas piadosas y las mandas dispositivas, especialmente la de transmisión de los bienes a los herederos (Mena García, 1991: 47). 65 Marta Rodríguez Manzano En cuanto a sus características, siguiendo a Arce Gargollo, el testamento se singulariza por ser un producto textual de un “acto jurídico unilateral” (2011: 9). Además, este comienza a tener efecto por mortis causa; es decir, funciona una vez se produzca la muerte del otorgante. Otro de los aspectos destacables es que este escrito es perfectamente revocable. El otorgante puede anularlo en cualquier momento, modificarlo a través de codicilo o reemplazarlo por otro posterior. En definitiva, se trata de un documento solemne, que debe cumplir una serie de normas en cuanto a su formulación y contenido, reflejando cierta formalidad, sin las cuales no tiene validez y función jurídica: [E]l testamento es la expresión de la última y deliberada voluntad de un ser humano, exteriorizada solemnemente, conforme con la ley, por persona capaz, para que surta efectos jurídicos frente a terceros solo después de la muerte de su otorgante, sin necesidad de que llegue a su conocimiento, por el cual se ordena la sucesión mortis causa de su autor, pudiendo ser reservorio de otras manifestaciones de voluntad de carácter no patrimonial (Pérez Gallardo, 2006: 211). Desde las instituciones eclesiásticas y civiles se motiva a la población novohispana para que realice testamento con el fin de dejar todos sus asuntos en regla y estar preparados ante la defunción. Así lo recoge el jesuita Juan Eusebio Nieremberg en su Partida a la eternidad y preparación para la muerte, donde resalta su beneficio espiritual, ya que contribuye a perder el miedo al óbito: Deje toda vanidad y ostentación. Haga el testamento con toda piedad y justicia. Mire que todo lo deja acá y que no llevará de su hacienda al cielo sino cuanto dispusiere de ella en buenas obras de caridad y justicia; ayudándose para esto, si dudare en algo, de personas siervas de Dios, prudentes y desapasionadas […] Hay fuera de esto otro gran daño en dilatar hacer testamento, que es morir con turbación, inquietudes y congojas y sin devoción alguna (1645: 40). El testamento sirve para arreglar tanto las cuestiones espirituales62 como terrenales. Dentro de las funciones religiosas, testar permite limpiar la conciencia del individuo, redimir sus pecados y reparar las faltas cometidas en vida. Todo ello es relevante ya que el fin primordial es conseguir la gloria bendita y la salvación del alma. Del mismo modo, se considera una herramienta 62. Rojas Vargas destaca el “poder salvífico del acto de testar y del testamento como última manifestación de sumisión y entrega a Dios” (2005: 193). 66 Vida y muerte en el México colonial: estudio de testamentos e inventarios de bienes legítima para declarar futuras obras pías del otorgante (a y b), así como para encomendar los rituales fúnebres que desea (c y d): (a) Yten mando en limosna de mis bienes a el hospital de nuestra señora de la Veracruz donde se curan los pobres cincuenta pesos de oro común de a ocho reales cada uno (Test. Ana de Escobar, Puerto de San Juan de Ulúa, 1585). (b) Yten declaro, quiero y es mi voluntad que de mis bienes mis albaceas envíen a los Reinos de Castilla quinientos pesos de oro común de a ocho reales cada uno para con ellos rescatar de tierra de moros o de otra parte donde estuvieren cautivo aquellos cristianos pobres que no tengan quien los rescaten (Test. Ana de Escobar, Puerto de San Juan de Ulúa, 1585). (c) Yten quiero y a mi voluntad e intención de morir y ser enterrada con el hábito de nuestra señora del Carmen (Test. Catalina González, México, 1596). (d) Yten mando que mi cuerpo sea enterrado en el hábito del señor San Francisco de que he sido muy devoto y que la limosna se pague de mis bienes y sea enterrado en la iglesia mayor con una misa de cuerpo presente si mi entierro fuere por la mañana y si a la tarde se diga el día siguiente cantada y se pague la limosna de mis bienes (Test. Juan de Pedrosa, San Francisco de Campeche de Yucatán, 1606). Por otro lado, al ser documentación producida a partir de los trámites de un procedimiento judicial, responden a las “necesidades funcionales” de dicha gestión (Lorenzo Cadarso, 1999: 211). Es decir, esta clase de escrito asegura el legado patrimonial del difunto, transmitiendo los bienes a los herederos declarados. De este modo, se evitan conflictos familiares en torno a la propiedades legadas. Se trata de un documento probatorio que permite la correcta sucesión de bienes sin que se produzcan despojos o falsas atribuciones. Asimismo, en el testamento se identifican de forma jurídica las distintas posesiones de un individuo, incluso localizándose casos de reconocimiento de hijos naturales concebidos fuera del matrimonio (a) o para denunciar situaciones de maltrato o de comportamiento inapropiado de un marido (b): (a) Yten mando a María, niña de edad de año y medio, mi hija natural e hija de María, india natural del pueblo de Guachinango para ayuda a su casamiento cuarenta pesos de oro de minas […] sin que justicia ni otra persona alguna le impida ni tome cuenta de 67 Marta Rodríguez Manzano ello que para ello le doy poder cumplido según que en el caso de derecho se requiere (Test. Pedro Jiménez, Ciudad de Los Ángeles, 1542). (b) [E]l dicho Juan Ramírez […] me pidió que hiciésemos partición e división de nuestros bienes con que se fuese a vivir al puerto de Teguantepeque e yo fuese donde mi voluntad fuese e así yo vista la determinación suya e la mala vida que me daba por tenerme encerrada en un aposento consentí en ello por quitarme de las afrentas e trabajos que con él pasaba (Test. Ana de Escobar, Puerto de San Juan de Ulúa, 1585). La eficacia de la memoria testamentaria en el plano legal-religioso está plenamente justificada debido a que la voluntad del testador queda registrada por escrito, corroborada por los testigos y ejecutada por el/los albacea/s63. Del mismo modo, el otorgante puede reparar sus faltas mediante cláusulas como las mandas pías y las donaciones. Asimismo, era común en la sociedad novohispana que los testadores, tanto los más adinerados como los más desvalidos, dispusieran parte de sus bienes a instituciones de caridad (Vidal Galache y Vidal Galache, 1991: 205-208); de esta manera, se favorecía el socorro y protección de huérfanos, viudas o pobres, así como el mantenimiento de los oficios de culto e iglesias. Citando al historiador Peralta Peralta, el testamento se concibe como un medio “por el cual [los otorgantes] hacían pública su caridad cristiana y la práctica de su piedad hacia con el prójimo” (2013: 20). 4 .3 . Tipología de escritos testamentarios Son diversas las clasificaciones que los estudiosos han establecido acerca de los tipos de testamentos. Esta distribución puede estar basada en la persona o personas que lo redactan (individual/ mancomunado o mutuo), en la forma (abierto/ cerrado) o en el lugar y momento en el que se realiza (medieval/ colonial/contemporáneo/hispánico/indígena) o por las circunstancias que giran en torno a su elaboración (común u ordinario/especial). Desde un punto de vista estrictamente normativo, el Código Civil, en sus artículos 676 y 677, recoge dos grandes grupos clasificatorios: los comunes y los especiales. Los dichos grupos se subdividen a su vez en diversas categorías, las cuales se precisan a continuación: 63. Para la validación del escrito es necesaria la presencia de testigos que certifiquen la elaboración y el contenido del mismo, la inclusión de los datos personales del testador, así como el reconocimiento legal de que cumple todos los requisitos para poder testar. 68 Vida y muerte en el México colonial: estudio de testamentos e inventarios de bienes TESTAMENTOS COMUNES Se catalogan en este conjunto el testamento abierto, que se opone al cerrado o in scriptis, así como el elaborado por apoderado y el mancomunado. Abierto o nuncupativo: es el que se otorga de viva voz por el testador ante el notario y, como mínimo, tres testigos. Lo característico de él es que su contenido ya es conocido antes de la muerte del otorgante. Cerrado o in scriptis: se trata del escrito directamente elaborado por el propio testador de forma secreta. Puede ser redactado de puño y letra por este (autógrafo) o por un tercero. En todo caso, debe estar firmado y si el otorgante es incapaz de rubricarlo personalmente, se debe indicar el motivo e identificar a la persona que quiere que lo haga en su nombre. Una vez fijado y concluido, es entregado al notario, cerrado en un sobre sellado. Además, se precisa la firma de siete testigos para su validez judicial: [O]torgo que en este papel cerrado y sellado está escrito su testamento última y postrimera voluntad y mando no se abra hasta que haya fallecido y pasado de esta presente vida en el cual declara dejar nombrado entierro, albaceas y herederos e revoca todos e cuales quier testamentos que haya hecho y otorgado salvo este que otorga ahora por su ultima y postrimera voluntad (Test. Juan Pachón del Valle, Tula, 1614). Testamento elaborado por apoderado: el otorgante se lo encarga a una persona de su confianza para que lo redacte en su nombre. Esta tipología es habitual que se produzca en las siguientes circunstancias: [C]uando el testador se encontraba muy enfermo, en un peligro inminente de muerte, que no permitía esperar la llegada del escribano encargado de escribir el testamento y cuando no se encontraba entre los presentes nadie que pudiese escribirlo en su lugar. En estos casos el causante expresaba sus últimas voluntades ante los testigos que estuviesen presentes delegando en otra persona su redacción última (Esteves Santamaría, 2010: 42). No obstante, en el corpus analizado no se localiza ningún escrito que pertenezca a esta clase. Mancomunado: es el realizado en colaboración por dos testadores en un único escrito. Esta tipología puede ser una “mera conjunción formal”, 69 Marta Rodríguez Manzano en la que no hay cruce de disposiciones entre los testadores; también puede tratarse de un testamento mutuo, en el que los otorgantes se nombran recíprocamente herederos el uno al otro; conjunto, en el que ambos testadores favorecen a los mismos herederos; o mixto, en el que conviven disposiciones mutuas y conjuntas (Imaz Zubiaur, 2013: 2). TESTAMENTOS ESPECIALES Dentro de este grupo se incluyen el testamento militar, el marítimo y el otorgado en el extranjero. Militar: es aquel que se elabora dentro de un contexto bélico o en situación de guerra. Puede ser encargado por los propios participantes del combate (militares, soldados, etc.) o por las víctimas del mismo (rehenes o voluntarios). En definitiva, lo que lo caracteriza es que el testador se encuentra en peligro de una muerte próxima debido a un determinado conflicto. Marítimo: otorgado durante un trayecto naval, se realiza ante el capitán del navío y en presencia de dos testigos. En el caso de que el testamento sea cerrado, se custodia por el cargo oficial y se registra en el Diario de Navegación. Si el testador no hubiese fallecido durante la travesía, este caduca pasados cuatro meses desde que el otorgante desembarca, ya que en esa situación puede testar de forma ordinaria. Otorgado en un país extranjero: a pesar de la distancia geográfica, Nueva España se concibe en época colonial como un territorio más del imperio hispánico. Debido a esta circunstancia, los testamentos novohispanos no son considerados y catalogados dentro de esta tipología especial. 4 .4 . Figuras jurídicas que intervienen en su elaboración Reyna Rubio distingue hasta cinco figuras fundamentales en la otorgación del testamento: testador, escribano, albacea, heredero y testigo (2012: 183). A continuación, se atiende a cada una de ellas y a sus principales características: 70 Vida y muerte en el México colonial: estudio de testamentos e inventarios de bienes TESTADOR Es el individuo que dicta o redacta su carta testamentaria para descargar su conciencia, conseguir la salvación de su alma y dejar constancia por escrito de su voluntad. Un requisito fundamental es que el otorgante debe encontrarse en plenas facultades psicológicas y mentales. De hecho, no pueden realizar testamento los discapacitados psíquicos, los menores de edad, esclavos o herejes. En definitiva, para que el documento tenga plena validez jurídica, el otorgante debe reunir las siguientes condiciones (Lagunas Ruiz y Romani, 2008: 92): • Edad. Únicamente pueden elaborar testamento los hombres mayores de 14 años y las mujeres mayores de 12, que no vivan bajo la tutela de los padres, o que alcancen los 25 años. • Estado de salud mental. Se permite testar a aquellos que presenten un buen estado psicológico y que no sean sordos64 ni mudos desde el nacimiento. • Situación ante la justicia. Los individuos que no estén juzgados y castigados por la ley son los únicos a los que se les autoriza testar con pleno derecho y validez. • Religión. Solo pueden presentar carta testamentaria los hombres y las mujeres que profesen la religión católica. ESCRIBANO Es el encargado de elaborar por escrito el documento, recogiendo en él todo lo que le dicta y responde el testador. Nombrados por la Corona65, estos deben garantizar su validez, comprobando que el mismo se encuentra firmado por el otorgante y los testigos. Además, el escribano debe incluir su propio signo en el escrito verificando que todo lo expresado en él es certero: 64. En el corpus de estudio se localiza el testamento de Cristóbal de Velasco, en el que se reconoce la sordera que afecta al otorgante. En él se señala “el cual otorgo habiéndosele leído a voces por ser sordo Cristóbal de Velasco ante mi Juan de Velasco escribano público y de cabildo” (Test. Cristóbal de Velasco, Veracruz, 1606). 65. En la práctica, otros cargos como virreyes, alcaldes o gobernadores, incluso los propios escribanos, los declaraban provisionalmente hasta la confirmación real (Alvarado Torres, 2005: 61). 71 Marta Rodríguez Manzano Y yo el infrascrito escribano de su Majestad (que Dios guie), y propietario del número del Juzgado de Provincia de la Real Audiencia de esta Corte, que presente soy, doy fe, conozco al otorgante y de que a lo notoriamente seré, esta enfermo en cama, en su entero juicio, acuerdo, cumplida memoria y entendimiento natural, y de que así lo otorgo y firmo siendo testigos […] Ante mi, Andrés Delgado Camargo, escribano real y de provincia, […] Hago mi signo en testimonio de verdad Andrés Delgado Camargo, escribano Real y de Provincia (Test. Manuel Carranza, México, 1784). El escribano debe ser minucioso y riguroso en la labor que se le encomienda, ya que puede incluso llegar a perder su cargo o ser destituido si no cumple con su deber de manera adecuada. Este debe conocer a la perfección las fórmulas notariales propias de la documentación de la época, ya que como alude Nowack, “en la sociedad española del siglo XVI, la presencia de un escribano era indispensable para la redacción de un testamento” (2006: 54). ALBACEA También llamado ejecutor testamentario, es el encargado de garantizar el cumplimiento de las mandas recogidas en el testamento. Además, tiene entre sus funciones custodiar los bienes del testador desde el momento de su muerte hasta repartirlos entre los herederos. Para este cometido, cuenta con un plazo máximo de un año para ejecutar las últimas voluntades. Asimismo, se permite ejercer de albacea a todo aquel que esté capacitado para testar; incluso los herederos y familiares más directos del otorgante pueden desempeñar este cargo, a diferencia de lo que ocurre con los testigos66. TESTIGO Está presente durante la elaboración del escrito para certificar su veracidad y validez. Reyna Rubio distingue dos tipos: los instrumentales, cuyos nombres aparecen en el testamento pero no lo firman, y los de asistencia, que sí lo rubrican (2012: 184). Sin embargo, hay que aclarar que no se les permite actuar como testigos: [A]l esclavo, ni la mujer, ni el infame, ni el condenado por hurto, ni por muerte u otros semejantes delitos; ni el moro, ni el judío, ni el hereje aunque después se hubiese 66. No existen regulaciones sobre la cantidad de albaceas que tienen que ser nombrados, aunque habitualmente se establecen dos o tres por parte del testador. Se desaconseja un número excesivo ya que pueden surgir desacuerdos y dilatarse el cumplimiento de las mandas (Esteves Santamaría, 2010: 59). 72 Vida y muerte en el México colonial: estudio de testamentos e inventarios de bienes vuelto a nuestra santa fe; ni el mudo, ni el sordo, ni el loco, ni el menor de 14 años, ni el pródigo, ni el hermafrodita, ni el padre, ni sus hijos ni descendientes del que otorga su testamento, ni sus hermanos, ni otros parientes suyos dentro del cuarto grado […] Tampoco puede ser testigo el heredero” (Yrolo Calar, 1996: 184). HEREDERO El otorgante puede designar como heredero a cualquier persona 67 , incluso al alma propia, como se documenta en el testamento de Juan Franco: “Si pagadas mis deudas y cumplidas mis mandas y legatos y obras pías y capellanía restare algunos dineros y sobraren y o dejare dicho a los dichos mis albaceas lo que han de hacer de ellos por escrito a lo cual me refiero y remito dejando como dejo por heredera a mi anima del remaniente de mis bienes” (Test. Juan Franco, Minas de Zacualpan, 1687). Los herederos forzosos —hijos, padres y ascendientes— son los que reciben la parte legítima, es decir, cuatro quintos del patrimonio total del difunto. La legítima se reparte por partes iguales, aunque el otorgante fa - vorezca a uno o más herederos con la mejora, que es a su vez un tercio de la legítima (un tercio de cuatro quintos del patrimonio total). El quinto restante, conocido como el quinto de libre disposición, se puede legar a obras pías, parientes, amigos, o a cualquier otro destinatario (Nowack, 2006: 65-66). 4 .5 . Estructura del documento testamentario Los testamentos se conforman según una “estructura diplomática” (Ruz Sosa, 2002: 12). Esta se caracteriza por el uso de una serie de “fórmulas específicas” procedentes de una larga tradición europea iniciada en el siglo xii que tomó como base el Derecho Romano (Vidal Galache y Vidal Galache, 1991: 208). Estas normas se manifiestan con variantes de mayor o menor magnitud dependiendo del deseo o la manera de hacer del escribano encargado de la redacción (Díez de Revenga Torres, 1997: 38). La propia documentación refleja la adaptación de estos moldes textuales, que simplifican la labor de los amanuenses, quienes únicamente se limitan a tomar declaración al otorgante siguiendo el esquema prefijado: 67. Las Siete Partidas no fijaron restricciones a la hora de declarar herederos en el documento testamentario (Reyna Rubio, 2012: 185). 73 Marta Rodríguez Manzano La transcendencia e importancia social de los testamentos hicieron que se popularizaran entre la población. Esto condujo a una cierta formalización de los testamentos. Para facilitar la tarea a los escribanos y asegurar el rigor de los propios testamentos, desde el siglo xvi fueron divulgados distintos modelos para su redacción (Rodríguez Jiménez, 2006: 20). Como se ha podido comprobar en la mayoría de los textos del corpus, la disposición de las distintas partes que componen la memoria testamentaria aparece inalterable, completamente ordenada. Esta estructura, fijada en Las partidas de Alfonso X el Sabio68, dota de rigurosidad y homogeneidad a este género documental: Las normas y regulaciones a que está sometida la constitución de los textos testamentarios en el mundo hispánico provienen de Las Partidas de Alfonso X el Sabio, específicamente de la Sexta Partida, enteramente dedicada a testamentos y herencias, la que constituye el fundamento de toda la legislación que sobre el tema tuvo vigencia en España y América hasta el siglo xix (Invernizzi Santa Cruz, 2002: 21). En cuanto a las secciones que constituyen el testamento, destacan principalmente tres: el encabezamiento o protocolo inicial, el cuerpo del documento y el escatocolo69: ENCABEZAMIENTO La similitud de este apartado en la documentación recopilada confirma que los escribanos siguen un modelo específico para su redacción. En esta parte inicial se emplea un tono solemne, en el que no tiene cabida la improvisación. No se localiza dentro del corpus ningún documento que omita esta presentación. A su vez, esta sección se conforma de las siguientes partes: Un preámbulo de carácter religioso. Se comienza generalmente con la invocación religiosa 70 “En nombre de Dios. Amén”, aunque se observan distintas variantes de la misma: “En el nombre de Dios 68. Las Leyes de Toro, fijadas por las cortes de Toledo en 1502, fueron transcendentales en la legislación americana en cuestiones de derechos cívicos, sucesiones, mayorazgos, matrimonios, etc. (Patrón Reyes, 2013: 96). 69. Esta estructura tripartita comulga con los principios retóricos –planteamiento, nudo y desenlace–, aportando una organización coherente y ordenada al escrito (Tabernero Sala, 2016: 83). 70. Esta puede ser de dos tipos: simbólica, a través del dibujo de una cruz o un crismón, o verbal, materializada en una frase (Campo Gutiérrez, 2011: 18). El tipo de invocación que predomina en el corpus analizado es la verbal. 80 Vida y muerte en el México colonial: estudio de testamentos e inventarios de bienes [D]igo que declaro que debo a los herederos de Francisco de Ávila cuatro pesos del oro que corre de una capa con un poco de hierro que se sacó para mi. Mando que se paguen. [D]igo y declaro que debo a Juan Jorge arriero tres pesos que me prestó. Mando que se le paguen (Test. Alberto Velázquez, Veracruz, 1546). Por último, tiene lugar la proclamación de albaceas 83 y herederos. Esta sección es totalmente necesaria para la legitimidad del documento testamentario. Tal y como plantea Díez de Revenga Torres, “las fórmulas empleadas en este apartado apenas presentan variantes” (1997: 43): E para cumplir e pagar este dicho mi testamento y lo en el contenido nombro por mis albaceas para que lo paguen, cumplan de mis bienes, a la dicha mi mujer Isabel de Avecilla y Alonso de Villegas y a cada uno de ellos por sí in solidum y les doy poder cumplido para que puedan entrar y tomar cuantos de mis bienes bastaren para lo pagar e cumplir y los vendan y rematen luego en almoneda e fuera de ella […] lo demás que quedare y remaneciere de los dichos mis bienes así de muebles como de raíces e semovientes e otros cuales quier mando que los hayan y hereden Damián Quintero y Bartolomé Quintero, mis hermanos, por iguales partes a los cuales establezco y nombro por mis legítimos e universales herederos (Test. Sebastián Quintero, Veracruz, 1538). Anulación de testamentos anteriores. La invalidación de testamentos o codicilos previos aparece en toda la documentación. Como ocurre con la proclamación de albaceas y herederos, esta sección está prefijada y sigue un modelo notarial, por lo que la improvisación y variabilidad quedan relegadas: E revoco y anulo y doy por ninguno y de ningún efecto y valor todos y cuales quier testamentos, mandas y codicilos que pareciere yo haber hecho hasta hoy para que no valgan salvo este en el cual declaro que es cumplida y acabada mi postrimera y última voluntad (Test. Ana de Santillana, Puerto de San Juan de Ulúa, 1597). 83. Destaca la preeminencia de varones en la elección de los albaceas. Generalmente, estos están vinculados al ámbito familiar o laboral del otorgante. En toda la documentación recopilada, se contabilizan únicamente nueve mujeres nombradas como albaceas, muchas de las cuales guardan un grado de parentesco con el testador –mujer, hija o hermana–. 81 Marta Rodríguez Manzano ESCATOCOLO Para finalizar, se recoge la fecha y lugar de redacción del documento (data). Igualmente aparecen la fórmula notarial de validación del escrito (validatio) y las firmas del escribano, otorgante (en aquellos casos en los que sabe o puede firmar) y de los testigos. Además de los nombres y apellidos de los distintos cargos y asistentes, en ocasiones se alude a la profesión de los mismos, así como a su lugar de residencia. No obstante, si el testador no sabe o no puede realizar la firma, es necesario mencionar esta situación en el escrito y firmarlo un testigo en su nombre: [E]n cuyo testimonio así lo otorgo en el Pueblo de Jalapa a veinte y cuatro de noviembre de mil setecientos sesenta y cinco; y el otorgante (a quien Yo el escribano doy fe conozco) no lo firmo por impedírselo lo grave de la enfermedad, y a su ruego lo hizo un testigo que lo fueron Don Sebastián Zenón y Castilla, Don Francisco Domínguez, Juan Fontana, Manuel Domínguez y Anselmo López de Robles, residentes en Jalapa. Por testigo Anselmo López Robles. Juan Mazón, escribano mayor de flota (Test. Francisco Zazurca, Xalapa, 1765). El testamento concluye con el título, firma y signo del escribano84, certificando que el documento sigue los preceptos legales y jurídicos establecidos: [A]nte mi Martin Sariñana escribano real Y hago mi signo en Testimonio de Verdad Martin Sariñana escribano real (Test. Pascual Díaz, México, 1637). 4 .6 . Análisis lingüístico de los testamentos recopilados A pesar de la concepción generalizada del testamento como un género documental prefijado y rígido, que poco puede aportar al conocimiento de la historia de la lengua, son considerables los filólogos y lingüistas que han abarcado estudios de este tipo. Los trabajos de Díez de Revenga Torres e Igualada Bechí (1997), Navarro Gala (2012; 2015), Medina López (1997) o Tabernero Sala (2016) son muestra de ello. 84. La imposición del sello de un escribano en las cartas testamentarias es una norma promulgada por los Reyes Católicos en 1480. Esta continúa y es revalidada por Felipe II en 1566 (Valdés Pozueco, 2010: 462). 82 Vida y muerte en el México colonial: estudio de testamentos e inventarios de bienes En este apartado se estudian los aspectos lingüísticos presentes en los testamentos del corpus, atendiendo a todos los niveles: ortográfico, fonético, morfosintáctico y léxico. De este modo, se podrá concluir de forma general cómo es la lengua presente en los escritos recopilados, reflejando así el panorama lingüístico general en Nueva España durante la época del virreinato. 4.6.1 CUESTIONES ORTOGRÁFICAS Por lo general, la ortografía de los testamentos analizados no se encuentra sistematizada85. Como afirma Esteve Serrano, hasta el siglo xix, “ningún sistema ortográfico consiguió una aceptación general y constante. Se podría hablar de variedad ortográfica, aunque en ciertos períodos el término más adecuado sería el de caos ortográfico” (1982: 14). A pesar de carecer de criterios de fijación, las grafías de los manuscritos permiten intuir de una forma aproximada cómo es el sistema fonético-fonológico usado en el contexto novohispano colonial. Para la exposición de estos datos se sigue una clasificación tradicional que abarca la acentuación, signos de puntuación, mayúsculas y minúsculas, grafemas vocálicos y consonánticos, abreviaturas y las representaciones numéricas. Aspectos sobre la acentuación y puntuación Por regla general, se percibe en la elaboración de la documentación una cierta despreocupación en el uso de los signos de puntuación86. El punto es el signo que más aparece, con un empleo bastante arbitrario por parte de los escribanos. Este se emplea en ocasiones funcionando como una coma 85. Schäfer afirma que “la ortografía de los siglos xvi y xvii está basada únicamente en el capricho del escribiente, variando sin sistema alguno muchas veces en el mismo documento” (2003: xiv). 86. En palabras de Bravo García, “[n]unca hubo en realidad una normativa única al respecto, por lo que resulta imposible hablar de unas “reglas de puntuación” para un periodo histórico determinado” (1987: 43). Fig. 31. Puntos y abreviaturas en la h 1r del test. de Manuel Carranza (México, 1784) 83 Marta Rodríguez Manzano o una pausa breve para una aclaración: “yten mando que se paguen de Mis bienes seis pesos a la cofadria de la sancta Ueracruz. de Donde soy Cofadra. e no tengo pagada la limosna” (Test. Ana de Escobar, Puerto de San Juan de Ulúa, 1585). También se documenta su uso para marcar el final de un enunciado (a y b) y ante la conjunción y, frecuente en los textos de los siglos xvii y xviii (c): (a) e que durante n<uest>ro matrimonjo hemos Abido e procreado por n<uest>ros hijos ligitimos A maria hernandez e a Joan de c<a>mora e A madalena e A Antonia e a catalina n<uest>ros hijos ligitimos. yten Aclaro que tengo […] (Test. Alonso de Zamora, Ciudad de Los Ángeles, 1545). (b) Ytem declaro que tengo en poder de domingo pasos Uecino Y. mercader tres cargas de petacas con ropa de la Tierra (Test. Juan González Márquez, Minas de Sultepec- México, 1634). (c) yten declaro. deuer. a ffernando centeno ducientos. y noUenta. rreales y. para Ello me tiene alla. dos platos de plata (Test. Juan de Pedrosa, San Francisco de Campeche de Yucatán, 1606). Incluso se percibe un uso abusivo del mismo sin criterio regulador, como se refleja en el escrito de Juan Franco87: estando como estoy sano del entendimy<ent>o tal qual dios. n<uest>ro senor fue servido de me dar y enfermo del cuerpo de enfermedad peligrosa. creyendo como creo en el misterio de la santisima trenidad y en todo aquello que tiene. y cre La santa madre yglesia de Roma como catolico y fiel cristiano. y con esta protestacion e. bibido. e biuire. e poniendo por delante ala gloriosisima. siempre birgen n<uest>ra senora hago e otorgo este my testamento y hultima boluntad en la forma y manera siguiente (Minas de Zacualpan, 1587). Por otro lado, es en el siglo xviii cuando se documenta el uso del punto para marcar las abreviaturas, especialmente en las fórmulas de tratamiento (d<oñ>a., s<eñ>or., etc.) y en palabras frecuentes en la redacción (q<u>e., p<o>r., etc.) (vid. fig. 31). 87. Destaca el incorrecto uso del punto en test. como el de Juan de Pedrosa o Juan Franco. Este exceso en la puntuación parece ser debido al dictado del escrito, como si el escribano señalara cada una de las pausas que ha realizado el otorgante al comunicarle el contenido del documento (Bravo García, 1987: 45). No obstante, esta explicación no es válida para los ejemplos expuestos, ya que se tratan de testamentos cerrados, elaborados por la mano de los propios testadores. 84 Vida y muerte en el México colonial: estudio de testamentos e inventarios de bienes También hay evidencias del empleo de la coma en las distintas centurias abarcadas. Una muestra son los testamentos de Pedro Bermúdez (1592), Bartolomé Jiménez Becerra (1633), Francisco de Porras (1647) y Pablo Calvo Pérez (1714); si bien es cierto que su uso aumenta en gran medida en el xviii88, junto a otros signos como (;) , (:), (-) y (=)89. Estos se emplean de forma esporádica para señalar pausas o limitar los distintos sintagmas y apartados; es decir, son utilizados como marcadores de contenido y espacio. Por otra parte, para indicar que una palabra continúa en la línea siguiente se utiliza tanto el guion simple (-) como el doble (=) en los textos del xviii90. Además, no hay muestras de comillas (“) o signos de interrogación y exclamación en la documentación, pero sí hay muestras de paréntesis para determinadas aclaraciones, acercándose al uso actual (a y b) o para indicar precisiones del propio acto de testar (c): (a) si se pudieren aver Muchachos (o Muchachas) se saque porque no se tornen Moros (Test. Ana de Escobar, Puerto de San Juan de Ulúa, 1585). (b) como imboco y llamo para mi-amparo, y asierto (en esta mi disposision Y para la ora de mi muerte en Cuio transe conosco me hallo) (Test. Pablo Calvo Pérez, Veracruz, 1714). (c) Y el otorgante (a q<uie>n Yo el escrivano doy fee conozco) lo fir-mo (Test. Agustín García de Paadín, Xalapa, 1765). En cuanto a la acentuación, su empleo varía según la cronología y el escribano encargado de la redacción. Son escasos los ejemplos de representación gráfica del acento, acumulados principalmente en los textos del xviii. Incluso en los escritos de esta época la tilde es arbitraria, incumpliendo así las reglas de acentuación de la Academia. Se localizan palabras agudas como celebracion (Test. Agustín García de Paadín, h 2r, l. 2; Test. Francisco Zazurca, h 1v, l. 11), institucion (Test. García Rodríguez de Maldonado, h 9r, l. 2) o tambien (Test. Agustín García de Paadín, h 2v, l. 12; Test. Amaro Torres, h 5v, l. 17) y esdrújulas como catolico (Test. Juan Franco, h 1v, l. 12; Test. Francisco García, h 1r, l. 20) sin acentuar. 88. Una excepción es el escrito de Manuel de los Ríos Guzmán (Veracruz, 1706) en el que no aparece ninguna coma en todo el documento. 89. Por el contrario, el signo (/) decae en este periodo, mientras que se emplea frecuentemente en los escritos del xvi y xvii, especialmente cuando le sigue la vocal o: “y a Los bienauenturados san Pedro y san pablo./ otorgo y Conozco que hago y ordeno” (Test. Juan Piñón, México, 1585). 90. En los escritos del xvi y xvii hay ausencia de marcas para la división de una sílaba a final de línea. 85 Marta Rodríguez Manzano Asimismo, durante el siglo xviii se recogen vocales independientes en la oración acentuadas (principalmente, á y ó) siguiendo la norma ortográfica que fijará la Academia en el xix: “Las vocales a, e, o, u que se acentuarán cuando se hallaren solas formando partes de la oración; á fin de que no se pronuncien como unidas á la vocal que precede ó se sigue” (ORAE, 1815: 80). En definitiva, se observan en los textos la carencia de una norma reguladora para el uso tanto de los signos de acentuación como de los de puntuación. Los usos tipográficos varían en el corpus, dependiendo de la cronología y del escribano encargado de su elaboración. Mientras los documentos del xvi y xvii presentan una ausencia total con respecto a la acentuación y un uso bastante aleatorio de la puntuación, los del xviii van tomando los usos propios del español moderno que divulgarán posteriormente las obras académicas y ortografías normativas. El uso de mayúsculas y minúsculas En la mayoría de los escritos se utilizan las mayúsculas en cualquier posición y de forma bastante irregular91. En general, el empleo de estas es arbitrario, al igual que la puntuación y acentuación, careciendo de normas que regulan su 91. La Ortografía de la Real Academia, publicada en 1741, ya menciona la arbitrariedad en el uso de las mayúsculas y minúsculas. Fig. 32. Vocal o acentuada en el test. de Francisco Zazurca (Xalapa, 1765) Fig. 33. Empleo de mayúsculas en la h 1r del test. de Ana de Escobar (Puerto de San Juan de Ulúa, 1585) 86 Vida y muerte en el México colonial: estudio de testamentos e inventarios de bienes uso. Prueba de ello es el test. de Ana de Escobar donde se registran formas como cuerPo (h 1v, l. 11), meXico (h 5r, l. 8) o sePultado (h 1v, l. 11) (vid. fig. 33)92 . Autores posteriores a Nebrija ya recomendaron la letra capital o mayúscula en los nombres propios y apelativos, nombres de ciudad, al principio del párrafo y tras punto (Bravo García, 1990: 28). Sin embargo, se verifica en la documentación examinada que aparecen aún en minúscula: • Nombres propios: andres (Test. Catalina González, h 7v, l. 28; Test. Pedro Jiménez, h 5r, l.8; etc.), luis (Test. Blas Frechilla, h 2v, l. 13; Test. María Gutiérrez, h 5r, l. 9; etc.), maria (Test. Pedro Jiménez, h 2v, l. 10; Test. Cristóbal Lucero, h 1r, l. 7; etc.), pedro (Test. Ana Martín, h 4r, l. 21; Test. Cosme de Orrantía, h 2v, l.7; etc.), entre otros. • Apellidos: calderon (Test. Blas Frechilla, h 5r, l. 24; Test. Gonzalo de Bonilla Barba, h 19v, l. 19; etc.), martinez (Test. María Gutiérrez, h 7v, l. 13; Test. Bartolomé Jiménez Becerra, h 9v, l. 25), suarez (Test. Francisca Suarez, h 1r, l. 3), etc. • Topónimos: europa (Test. Amaro Torres, h 1r, l. 7), granada (Test. Catalina González, h 1r, l. 9-10), mexico (Test. Catalina González, h 12r, l. 20; Test. Ana Martín, h 3r, l. 15; etc.), toledo (Test. Pedro Bermúdez, h 1v, l. 6; Test. Pascual Díaz, h 5v, l. 21; etc.), entre muchos otros ejemplos. Se aprecia que los textos del xviii van aceptando y adoptando estos preceptos, incluso empleando la mayúscula para las fórmulas de tratamiento —Don Pablo Caluo Perez (Test. Pablo Calvo, h 1r, l. 16)—, devociones religiosas —a la Serenisima Emperatriz del Cielo y Tierra Maria (Test. Manuel Carranza, h 1v, l. 10-11)— y cargos profesionales: • Capitan: Se documenta esta forma en el test. de Pablo Calvo Pérez (h 4v, l. 3). • Doctor Theologo: Aparece en el test. de Santiago Leonor (h 4v, l. 17-18) • Licenciado: De los cargos más citados, se muestra en los test. de Pablo Calvo Pérez (h 5r, l. 8) y Santiago Leonor (h 4v, l. 12). 92. Es común en los escritos analizados que grafías como p, t y v aparezcan en mayúscula en el interior de la palabra. 87 Marta Rodríguez Manzano Por otro lado, los meses del año aparecen indistintamente con mayúscula y minúscula. Un ejemplo se localiza en el escatocolo del test. de Andrés de Quintanilla donde aparece Henero (h 4r, l. 16), mientras que al comienzo del inv. se registra la forma henero (h 4v, l. 3). Asimismo, los gentilicios suelen representarse en minúscula. Se localizan las voces chichimeco/a (Test. María Gutiérrez, h 5r, l. 20-21; Test. Beatriz Rodríguez, h 4v, l. 19) o español93 (Test. Gonzalo de Bonilla Barba, h 15r, l. 32; Test. Francisco de Porras, h 7v, l. 19; etc.), entre otros gentilicios. Por último, se debe aclarar que el sonido [r] de la vibrante múltiple aparece frecuentemente con la grafía mayúscula R, tanto si va al inicio (Romana94) como en interior de palabra (coRe), aunque en esta cuestión se profundizará en el correspondiente apartado sobre grafemas consonánticos. Los grafemas vocálicos Es característica en los escritos la alternancia de las grafías i, j95 e y96 para representar el fonema vocálico /i/ (juizio, mjll, reyno, yglesia, etc.). Este uso indistinto parece no estar sujeto a ninguna norma en concreto. De hecho, hay constancia del empleo de la misma palabra con diversas variantes gráficas en un mismo escrito (doy (h 3v, l. 24) / doi (h 2v, l. 20) en el test. de Pedro Jiménez). Asimismo, hay muestras del uso de la grafía vocálica para representar el sonido palatal consonántico, generalmente en contextos intervocálicos en los testamentos del siglo xviii: Cuia feê (Test. Pablo Calvo, h 2r, l. 5), Cuio transe (Test. Pablo Calvo, h 2r, l. 13), íncluíen (Test. Santiago Leonor, h 2r, l. 5-6) o maior moderasion (Test. Pablo Calvo, h 2v, l. 12). Arnal Purroy atribuye la permanencia de esta vacilación gráfica a la irresolución por parte de la Academia: [L]as normas académicas son firmes y claras en cuanto al valor consonántico y vocálico de los grafemas <y> e <i>: desde 1754, se prescribe que el primero represente a la consonante palatal y el segundo a la vocal /i/. Pese a ello, la indeterminación mostrada por la Academia a propósito de la ortografía de la semivocal palatal ha podido ser la causa de que, en la última década del siglo XVIII, sigan apareciendo casos —sólo 93. Se ha localizado una excepción en el test. de Francisco de Porras donde aparece escrito: “yten declaro que luis hernandez. Español” (h 7v, l. 8-9). 94. Esta forma predomina en la documentación frente a la variante rromana, que también aparece en algunos escritos. 95. Bravo García señala la utilización de la grafía j para el fonema vocálico/i/ cuando precede a una vocal (ja, je, jo) o se encuentra en contacto con m, n o v (1990: 30). 96. Se aprecia una predilección por la grafía y en los diptongos decrecientes (Reyna, veynte, oydor, Uaynas, etc.) y en posición inicial de palabra yn- o ym- (ymagen, ymbocando, yngenio o yntercessora). 88 Vida y muerte en el México colonial: estudio de testamentos e inventarios de bienes ligeramente menos numerosos que en los documentos de 1700-1710— en los que el grafema <i> se usa con valor consonántico: maior (1792), cuio (1793), cuia (1793, 1798a), coniuges (1798a), suios (1798a), suia (1798a) […] A la vista de tales datos, quizá no sea exagerado afirmar que nos encontramos ante un caso en que las normas ortográficas académicas «causan más problemas de los que solucionan», tal como dice Wright (1998: 306), refiriéndose a las reformas oficiales de la ortografía, entre ellas las llevadas a cabo por la RAE en el siglo XVIII (2000: 126). En cuanto al fonema vocálico /u/, este se representa por medio de tres grafías distintas: la actual u, la angular v (vn colchon) y la grafía consonántica b (bnyversal)97. Para el resto de las vocales, no se aprecian usos grafémicos distintos a los empleados hoy día. Los grafemas consonánticos En la documentación se observa la alternancia de las grafías b y v para representar el fonema bilabial /b/ (albacea/alvacea o bienes/vienes, entre otros casos). Esta variación se debe a la antigua confusión castellana del par de fonemas labiales /b/ y /v/ y su posterior desfonologización en un único fonema /b/ con dos alófonos, uno oclusivo [b] y otro aproximante [b], dependiendo de su contexto fónico. La falta de diferenciación en la pronunciación de los fonemas /b/ y /v/ fue la que motivó la correspondiente confusión gráfica que se ha descrito. También se documenta el empleo aleatorio de las grafías g, j y x para representar el mismo fonema fricativo velar sordo /x/. Esta alternancia puede producirse en un contexto fónico intervocálico (legitimo/lejitimo/lexitimo, sugetos/sujetos) o en posición explosiva en inicio de palabra (jabon/xabon). Las grafías j y x aparecen en cualquier posición en la documentación, mientras que la g98 se utiliza principalmente ante i y e99. De igual modo, se produce el trueque entre las grafías c, ç y z para representar al fonema dental fricativo sordo /θ/ (ciudad/çiudad/ziudad; jueçes/juezes; raiçes/raizes). 97. Incluso en el xviii, como ocurre en el inv. de Santiago Leonor, se localiza la grafía b con valor vocálico: bn limpíadientes (h 6r, l. 17), bn Rosarío (h 7r, l. 1-2), etc. 98. En el test. de Juan del Río aparece la voz sufrajios (h 2v, l. 35) con grafía j en lugar de g, incluso ante la vocal i. 99. Sobresale el uso de la grafía g en los términos magestad y muger. Mientras que la forma muger comparte protagonismo con mujer, no constan casos de la variante majestad en la documentación recopilada. 89 Marta Rodríguez Manzano Las grafías c y q también se turnan en los textos para representar al fonema velar sordo /k/ (cuenta/ quenta) 100 . No obstante, se refleja una cierta predilección por la grafía q ante los diptongos [wa, we] (çinquenta, quadro, qual, quando, quantos, quarenta, quatro, etc.). Asimismo, se localiza la pérdida de la grafía h en términos en cuya forma latina sí la presentan. Ejemplos comunes son el sustantivo “hábito” (abito) y el verbo en infinitivo “heredar” (eredar)101. Por otro lado, se localiza el fenómeno contrario, la incorporación de h en términos que no deben incluirla: dehudos, hedad, hermita, hesençia, hespaña, higuales, hornamentos, horo, hultima, huniversales, entre otros. Hay que resaltar también la llamada epéntesis antihiática102, que consiste en la intercalación de la grafía h entre dos vocales de un hiato con el fin de fortalecerlo. Esta aparece en varias ocasiones: en la palabra trahemos (Test. Cosme de Orrantía, h 5r, l. 12) y en el término contraher (Test. de Francisco de Porras, h 11v, l. 11 ; Test. de Amaro Torres, h 4v, l. 8) (vid. fig. 34). Las hipercorrecciones consisten en el reforzamiento de las consonantes dando un tono cultista y prestigioso al escrito. En la documentación estas aparecen principalmente con las sibilantes (protexta, textamento o textigo) y nasales (combento, sam pedro, ymbentario, etc.). Además, con frecuencia se emplean grafías consonánticas cultas103, especialmente en la onomástica y en los términos vinculados a la temática religiosa. Entre estas, destacan las siguientes: Ch [k]: Se localiza en sustantivos (chançilleria, christal o chruz), en tecnicismos religiosos (christiandad, christiano, christo, Jesuchristo, etc.) y en el nombre propio Christoual. 100. En el test. de Alonso de Jerez aparece en dos ocasiones la grafía k para el fonema velar oclusivo sordo /k/: Kassada (h 4v, l. 1) y Kon (h 6r, l. 1). 101. Algunos términos que aparecen sin h son la preposición asta y los sustantivos erençia y ora. 102. Al igual que en Castilla, esta h intervocálica es muda en México (Marden, 1938). 103. El empleo de estos grupos cultos por los escribanos se debe a dos posibles razones: 1) un deseo estético personal de querer elaborar un escrito artificioso en su forma o 2) el conocimiento etimológico del término y su correspondiente alarde de erudición en el escrito. Fig. 34. hermita en la h 3r del test. de Beatriz Rodríguez (Xochimilco, 1592) 96 Vida y muerte en el México colonial: estudio de testamentos e inventarios de bienes • Cierre de [e] en [i]. Se localizan numerosos ejemplos de este cambio de timbre: filigres (Test. Alonso de Zamora, h 2r, l. 2), intierro (Test. Bartolomé Jiménez Becerra, h 2r, l. 2), lijitima (Test. Catalina González, h 11r, l. 24) o piru (Test. Cosme de Orrantía, h 9r, l. 9) son algunos casos representados en el corpus. • Abertura de [u] en [o]. Algunas muestras son conplir (Test. Blas Frechilla, h 5r, l. 19; Test. Isabel Hernández, h 3v, l. 19; etc.), sepoltura (frecuente en el xvi y xvii) y sostituyr (Test. Ana Martín, h 3v, l. 21). • Cierre de [o] en [u]. Se documenta en dos únicos términos: mun- Dadientes (Test. Catalina González, h 7v-8r, l. 29-1) y pusible (Test. Alonso de Jerez, h 3r, l. 3; Test. Gonzalo de Bonilla Barba, 24 r, l. 24). • Dobletes vocálicos. Principalmente aparece en los términos escrebir/escribir y mismo/mesmo. • Uso de la forma culta augustin (procedente de AUGUSTINUS), que convive con el vocablo sin diptongar agustin. Mientras que los testamentos del xvi y xvii se decantan por la forma popular, algunos escribanos del xviii tienden hacia la diptongación, como se corrobora en el de Agustín García de Paadín. • Reducción de diptongos. Se observa un único caso de simplificación de [ie] en [e] en la forma quero (Test. Cosme de Orrantía, h 7v, l. 33). • Refuerzos vocálicos. Se registra en la forma fee (Test. Pedro Bermúdez, h 1v, l. 15; Test. Ana Martín, h 4r, l. 11; etc.). • Prótesis. Consiste en la adición de un sonido al principio del vocablo. En el corpus hay una única muestra en el test. de Pedro Bermúdez, donde aparece apersuacion (h 1v, l. 20) (vid. fig. 37). Fig. 37. apersuacion en la h 1v del test. de Pedro Bermúdez (Ciudad de Los Ángeles, 1592) 97 Marta Rodríguez Manzano Antes de finalizar este apartado, otros cambios de timbre vocálico que aparecen de forma esporádica en la documentación son la palabra espirutu (Test. Ana Martín, h 1r, l. 4) y monesterio (ampliamente documentado en test. del xvi y xvii). Asimismo, no se aprecian caídas vocálicas en los materiales del corpus115, las cuales analizó y vinculó Lope Blanch a la modalidad lingüística del español mexicano (1964). Este hecho puede deberse al carácter notarial de los escritos, elaborados y revisados por escribanos, que son conscientes de la relevancia judicial y difusión que tiene el documento que redactan. Los casos de seseo y ceceo Se refleja en los manuscritos la no distinción entre el par de fonemas /s/ y /θ/, optando en la mayoría de las ocasiones por el uso de la fricativa alveolar sorda /s/ en lugar de la dental sorda /θ/. Es el conocido fenómeno del seseo 116 , del que se presenta gran cantidad de casos y se localiza prácticamente en todos los contextos fónicos: • Al inicio de palabra: sapatero (Test. Gonzalo Martín, h 2v, l. 18), Selda (Test. Miguel de Oquerruri, h 10v, l. 20), sedulas (Test. Miguel de Oquerruri, h 5r, l. 11), sinquenta (Test. Andrés de Quintanilla, h 3v, l.9), etc. • En posición explosiva tras consonante: ensender (Test. Francisca Suárez Maldonado, h 2v, l. 3 y 14), intersesora (Test. Gonzalo Martín, h 1r, l. 17), pitansa (Test. Alonso Miguel Castellón, h 4v, l. 9; Santiago Leonor, h 2v, l. 12), entre otros ejemplos. • Dentro de contexto intervocálico: albaseas (Test. Miguel de Oquerruri, h 2v, l. 7), asafran (Test. Francisca Suárez Maldonado, h 5r, l. 18), bendision (Test. Pablo Calvo Pérez, h 5r, l. 4-5), diputasion (Test. Agustín García de Paadín, h 2v, l. 10 y 14), juisio (Test. Alonso Miguel Castellón, h 1r, l. 14; Test. Pablo Calvo Pérez, h 1v, l. 14; etc.), presiosa (Test. Cosme de Orrantía, h 1v, l. 24; Test. Cristóbal Lucero, h 1r, l. 28; etc.), saserdoctes (Test. Alonso Miguel Castellón, h 4v, l. 7), etc. • En final de palabra: crus (Test. Gonzalo de Bonilla Barba, h 10r, l. 7; Gonzalo Martín, h 1v, l. 7), dies (Test. Cosme de Orrantía, h 2r, l. 16; Test. 115. Sí se aprecian ciertas sinalefas y contracciones vocálicas propias de la época como son dello/a, deste/a o questa. 116. Autores como Lapesa y Navarro Tomás consideran que no hay evidencias documentales que confirmen la anterioridad del seseo respecto al ceceo. Por el contrario, Alvar López, siguiendo a Menéndez Pidal, defiende la anticipación del seseo frente al ceceo (Bravo García, 1990: 53). 98 Vida y muerte en el México colonial: estudio de testamentos e inventarios de bienes Sebastián Cortés, h 2r, l. 28; etc.), lus (Test. Alonso López, h 3r, l. 26), entre otros ejemplos. Se documenta especialmente en apellidos patronímicos como bermudes (Test. Pedro Bermúdez, h 1v, l.2 y 5), lopes (Test. Alonso Miguel Castellón, h 2v, l. 13; Test. Pablo Calvo Pérez, h 6r, l. 9), martines (Test. Pedro Bermúdez, h 2v, l. 19; Test. Miguel de Oquerruri, h 1v, l. 11; etc.), nuñes (Test. Juan González Márquez, h 7v, l. 2; h 12r, l. 25; h 14r, l. 2) o rrodrigues (Test. Andrés de Quintanilla, h 3r, l. 14; Test. Juan Gonzáles Márquez, h 9v, l. 19; etc.). Se trata de un fenómeno lingüístico con bastante representación en la documentación, exportado por los emigrantes andaluces y canarios, que se extendió rápidamente por la geografía americana e impregnó a todos los niveles socio-culturales de la población. Por el contrario, también se documenta el proceso a la inversa, el ceceo, que se refleja en la utilización de las grafías c, ç, z en lugar de la s o ss en los siguientes contextos: • Al inicio de palabra: ceparo (Test. Agustín García de Paadín, h 2r, l. 5-6), zebo (Test. Francisca Suárez Maldonado, h 5r, l. 9), zeda (Test. Miguel de Oquerruri, h 8v, l. 5), zirbe (Test. Miguel de Oquerruri, h 6v, l. 14) y zoi (Test. Juan del Río, h 2v, l. 10). • En posición explosiva tras consonante: p<e>rzona (Test. Juan del Río, h 4r, l. 27). •En contexto intervocálico 117 : aziento (Test. Miguel de Oquerruri, h 8v, l. 13), azistieren (Test. Miguel de Oquerurri, h 4v, l. 10), camizas (Test. Juan de Pedrosa, h 7v, l. 4), caza (Test. Juan de Pedrosa, h 8r, l. 6 y 8), clauzula (Test. Miguel de Oquerruri, h 11v, l. 2; etc.), paçion (Test. Andrés de Quintanilla, h 1v, l. 5), ynterezes (Test. Miguel de Oquerruri, h 9v, l. 19), entre otros casos. • En final de palabra: Por destacar un escrito peculiar, se observa en el test. de María Gutiérrez la presencia de la grafía z en posición final de palabra en multitud de ocasiones: alarifez (h 4r, l. 12), clausulaz (h 6v, l. 23), vniversalez (h 6v, l. 25), etc. (vid. fig. 38). 117. La mayoría de los ejemplos de este fenómeno están extraídos del test. de Miguel de Oquerruri (Veracruz, 1622) y Juan de Pedrosa (San Francisco de Campeche de Yucatán, 1606). 99 Marta Rodríguez Manzano En definitiva, examinando la documentación, se aprecia una predilección hacia el seseo frente al ceceo por parte de los redactores que, probablemente, refleja la norma general y la pronunciación real de los hablantes de la sociedad novohispana en los siglos xvi-xviii. Otros fenómenos fonéticos de relevancia Otro rasgo destacable en los escritos es el mantenimiento de la finicial latina. Esta se conserva especialmente en las palabras fecho/a, fierro, fiz y foxa. Lapesa afirma que “en la primera mitad del siglo xvi se toleraba todavía la f arcaizante de fijo, fincar, fecho, etc.; entre notarios y leguleyos se atestigua todavía a lo largo del siglo xvii” (1995: 368). Esta conservación se explica por el carácter arcaico y solemne del tipo documental, así como por la tendencia hacia un estilo culto y etimologizante de los escribanos 118 . Por tanto, más que un fenómeno fonético se trataría de una tradición escrituraria propia del tipo de documentación. Asimismo, se localiza un único ejemplo de su aspiración119 donde a día de hoy se mantiene. Es el caso del término hebrero120 (h 3r, l. 16) que aparece en el escatocolo del test. de Juan Piñón. Por otro lado, la pérdida de consonantes implosivas y finales también está presente en los escritos121. Se localizan casos de: • Pérdida total de la consonante implosiva: dotor (Test. Pascual Díaz, h 3r, l. 14; h 7v, l.19; h 8r, l. 11; h 8v, l.1), dotrina (Test. Juan del Río, h 2r, l. 25), efeto (Test. Francisco García, h 3r, l. 16; Test. Pedro Jiménez, h 118. Gómez Seibane considera el mantenimiento de la F- inicial latina un rasgo propio de las “expresiones formularias, por lo que posiblemente sean elementos aprendidos en la rutina notarial” (2007: 34). 119. Otra aspiración, en este caso de la hinicial, se localiza en el test. de Francisca Suárez, que registra la forma jachotes (h 5v, l. 25) en lugar de hachotes. 120. Corominas en su DCECH ya alude al uso de esta forma por autores de renombre: “La forma popular hebrero es frecuente en los clásicos: Nebr.; Lope, El cuerdo Loco, v. 2177; Aut. cita ejs. en el Inca Garcilaso y en Esquilache” (1991: Tomo II; 877-878). 121. Resulta significativo que no se localice el fenómeno de la pérdida de –d final. Los escribanos registran en los test. palabras como bondad o ciudad sin ningún tipo de alteración. Autores como Navarro Tomás ya señalaron la debilidad y la tendencia a la pérdida de esta consonante: “la –d final absoluta, seguida de pausa, se pronuncia particularmente débil y relajada” (1963: 103). Fig. 38. clausulaz y vniversalez en la h 6v del test. de María Gutiérrez 100 Vida y muerte en el México colonial: estudio de testamentos e inventarios de bienes 4v, l. 14; etc.), madalena (Test. Cosme de Orrantía, h 1v, l. 6; Test. Juan Piñón, h 1r, l. 14; etc.), perfeto (Test. Isabel Hernández, h 1v, l. 8; Test. Ana Martín, h 1r, l. 17; etc.) y vsufruto (Test. Agustín García de Paadín, h 3v, l. 16; Test. Francisco Zazurca, h 2v, l. 9). • Pérdida consonántica en final de palabra: alquile (Test. Ana de Escobar, h 5v, l. 25), patro (Test. Juan Franco, h 6v, l. 21-22) y virge (Test. Francisco García, h 1r, l. 21). Además, se localizan formas léxicas en las que se inserta una consonante ajena al término. Se trata del conocido fenómeno de la epéntesis. Cotejando los ejemplos, la mayoría de los casos incluyen una vibrante simple (maravedires o panadrero), aunque también hay adiciones de sibilantes (offisçio) y nasales (munchos122). Destacan por su frecuencia las formas docte123 y cobdicilio124 en los testamentos analizados. De igual forma, se muestran cambios de posición de un determinado sonido en un vocablo. Es el fenómeno vulgar de la metátesis, que predomina en el test. de García Rodríguez Maldonado, en el que se localizan casos reiterados como chatredal 125 (h 1r, l. 22; etc.). Para finalizar con la fonética, el diptongo [we] en posición explosiva presenta en ocasiones un refuerzo articulatorio velar, como se aprecia en guerfana, documentado en los escritos de Catalina González (h 3v, l. 2), Beatriz Rodríguez (h 5r, l. 26) y Juan del Río (h 10v, l. 16). No es el único ejemplo, ya que también hay constancia de la palabra guerta en el test. de Alonso González (h 8r, l. 10) y de ferreguelo126 en el de Sebastián Cortés (h 4r, l. 25). Se trata de un rasgo fonético ya documentado por Lapesa en el siglo xiv y que actualmente se puede localizar en hablas vulgares tanto de la Península como de América (Bravo García, 1990: 66). También se encuentra la confusión entre consonantes oclusivas. Como resultado de la equivalencia acústica, hay casos de alternancia del fonema oclusivo velar sonoro /g/ con el oclusivo labial sonoro /b/: aguelos (Test. Alonso de Jerez, h 2v, l. 12). Misma situación se produce con la neu- 122. Corominas explica esta forma como “una extensión de la nasalidad inicial” y corrobora su uso en el s. xvi, perviviendo en el habla vulgar actual (1991: Tomo IV; 178). En el corpus se localizan casos de muncho únicamente en la documentación del xvi. 123. Aparece ya documentada en el Cancionero de Baena a principios del s. xv (DCECH, 1991: Tomo II; 520). 124. Nebrija ya registra la forma cobdeçillo (DCECH, 1991: Tomo II; 117). 125. Esta metátesis también se registra en el test. de María Gutiérrez: catredal (h 2r, l. 2). 126. La forma ferregüelo ya se encuentra documentada en Rojas Zorrilla (DCECH, 1991: Tomo II; 882). 101 Marta Rodríguez Manzano tralización de la consonante líquida /l/ y la vibrante simple /r/ en casos como alcabuzes (Test. Juan de Pedrosa, h 7r, l. 25), carçeres (Test. Alonso López, h 4v, l. 18), carçones (Test. Juan de Pedrosa, h 7r, l. 18) y rrublicadas (Test. Pedro Bermúdez, h 3v, l. 9). Uno de los ejemplos más claros de este cambio consonántico se localiza en el test. de Alonso Zamora donde se registra la forma flaires (h 2r, l. 14). Corominas confirma que esta forma “vulgarmente […] ha tenido gran extensión en España y América” (1991: Tomo II; 942). 4.6.3 CARACTERÍSTICAS MORFOSINTÁCTICAS En este apartado se consignan los fenómenos más destacables en el plano morfosintáctico. Para ello se atiende a cuestiones vinculadas al género y número del sustantivo, adjetivos, pronombres, formas verbales, artículos, posesivos, adverbios, preposiciones, nexos, fórmulas de tratamiento, sintaxis y etiquetas notariales. Género y número del sustantivo Se manifiestan algunos cambios en el género de los sustantivos con respecto a la lengua española actual. Esto sucede especialmente cuando el nombre empieza por vocal. Algunos ejemplos se localizan en el test. de Alonso López, donde se escribe el escuela (h 5r, l. 19), y el de Juan Piñón en el que aparece el aguja (h 2r-v, l. 30-1). Otra muestra de este fenómeno se da en el término espada, registrado en los escritos tanto en masculino (vn espada) como en femenino (vna espada). En el test. de García Rodríguez Maldonado aparece también la construcción de el dote (h 6v, l. 11); no obstante, hay que aclarar que el DLE recoge esta voz como un sustantivo común a los dos géneros, masculino y femenino127. 127. El DAut. de 1732 la describe como una voz femenina ambigua, además de aportar dos ejemplos tanto en masculino (el dote no le trahe la muger) como en femenino (prometer de las dichas dotes). Fig. 39. vna capa viejo en la h 4r del test. de Blas de Frechilla (Ciudad de Los Ángeles, 1559) 102 Vida y muerte en el México colonial: estudio de testamentos e inventarios de bienes De igual modo, se observa que en ocasiones los escribanos no cumplen las reglas de concordancia en cuanto al género. Un caso de anacoluto entre el sustantivo y el adjetivo se localiza en el texto de Blas de Frechilla, que recoge vna capa viejo (h 4r, l. 4-5) (vid. fig. 39): Otro caso de inconcordancia está en el escrito de Gonzalo Martín, vna sortija de oro pequeño (h 2v, l. 23-24). Estos errores pueden deberse a la rapidez en la escritura y su proximidad a la interacción oral, más instantánea y descuidada que la realización únicamente escrita (Navarro Gala, 2015: 134). En cuanto al número, un caso peculiar es la regularidad con la que se emplea el plural del sustantivo dinero (mucha suma de dineros, me hizo perder dineros, dando dineros para su gasto, etc.), uso que según refiere Bravo García en su estudio sobre documentos americanos del xvii, se trata de una “expresión con matiz enfático que ha sido corriente en el español escrito y aún es utilizada hoy en hablas coloquiales y populares” (1987: 101). También se encuentra en los textos el término en singular dinero (Test. Alberto Velázquez, h 2r, l.5; Test. Bartolomé Jiménez Becerra, h 5r, l. 21; etc.). Por otro lado, la voz año concuerda en la mayoría de las ocasiones con el número que le antecede: en siete dias del mes de abrill, de mill. y seis, cientos y quarenta y siete años (Test. Francisco de Porras, h 17v, l. 11-14). Adjetivos Los escritos testamentarios se encuentran plagados de adjetivos calificativos, que aparecen tanto en su posición habitual tras el sustantivo (capa negra nueva, muelas grandes y chicas o niño pequeño) como antepuestos para resaltar la cualidad aludida y hacer más artificiosa la expresión: diuina ynbocacion (Test. Pedro Bermúdez, h 1v, l. 22), miserable tierra (Test. Juan González Márquez, h 2v, l. 20-21), preciosa sangre (Test. Francisco García, h 1r, l.28) o vnibersal Eredera (Test. Pedro Bermúdez, h 3r, l. 23). En los testamentos, la adjetivación se presenta tanto en grado positivo como en superlativo. La forma más empleada para el superlativo es el sufijo –ísimo/a128 (castisimo, dulçisymo, fidelisimo, gloriosisima, saCratissima, sanctisima, serenisima, etc.), que hace su aparición cuando se abordan temáticas relacionadas con la religión. También se puede expresar a través del adverbio muy (muy alto, muy niña o muy poderoso), registrándose incluso estructuras 128. Siguiendo las teorías de Lapesa y Peny, este sufijo se expande a partir del siglo xvi con “sentido absoluto en el castellano culto” (Navarro Gala, 2015: 118). 103 Marta Rodríguez Manzano con el adverbio muy más una doble adjetivación complementaria (muy alto y muy poderoso). Sin embargo, no se documenta ningún ejemplo en el corpus de adjetivo con el sufijo –érrimo. Por el contrario, sí hay muestras del sufijo diminutivo –ito, especialmente la forma chiquito/a: Maria chiquita (Test. Ana Escobar, h 7v, l. 23-24) y Vn Relox chiquito (Test. Juan Piñón, h 3r, l. 28-29). Pronombres Los pronombres personales más utilizados son los correspondientes a la primera persona del singular (Yo) y a la tercera persona, tanto en singular (Él/ Ella) como en plural (Ellos/as)129. No hay evidencias del uso de las formas de segunda persona130 en los textos, aunque sí destaca la polifonía del yo (Sainz Padrón, 2018: 204-205). Este hecho se debe a la intervención conjunta tanto del testador como del escribano en la redacción del documento. Mientras que en el protocolo (a) y el cuerpo del documento (b), ese yo se refiere al testador: (a) En el Nombre de Dios Amen SePan quantos esta carta. de testamento Ultima e Postrimera Uoluntad Uieren como yo. maria De morales biuda de juan Rodrigues De acosta Difunto U<e>z<in>a Desta ciudad De mexico. natural del Puerto. de santa maria (Test. María de Morales, México, 1608). (b) Dexo e nombro [yo] Por mis Ered<e>ros a francisco hernandes mi hijo legitimo e Del d<ic>ho mi mar<i>do U<e>z<in>o de el dicho puerto De santamaria En la calle de la yglesia mayor y nombro Por tenedor de mis bienes al d<ic>ho francisco De rrosales (Test. María de Morales, México, 1608). Al final del escrito, en el escatocolo, el yo cambia su referente al escribano: e porque la d<ic>ha otorge que yo el escriUano. Doy fee que conozco dixo no sauia escriuir a su rruego Lo firmo Un testi<g>o […] E yo juan de Uallexo escriuano […] fuy Presentes E fize mi signo En testimonio de Uerdad (Test. María de Morales, México, 1608). A propósito de los pronombres átonos, estos generalmente se emplean con su uso etimológico y actual (que la crio y redimio, lo firmo, que le hize a, etc.), aunque sobresale algún caso de omisión del mismo (a) o de leísmo131 (b): 129. Para un estudio detallado sobre la morfosintaxis y la evolución histórica de los pronombres personales, vid. Bravo García (2019). 130. Fontanella de Weinberg (1999) y Lope Blanch (2004) coinciden al señalar que “las formas pronominales y verbales de vosotros han dejado de emplearse para dar paso a la forma vigente ustedes” (2004: 10). 131. Navarro Gala (2016) documenta varios casos de leísmo en protocolos notariales de españoles y crio- 104 Vida y muerte en el México colonial: estudio de testamentos e inventarios de bienes (a) no hubo perssona. que pudiesse meter [lo (el vino)] En la boca (Test. Juan de Pedrosa, San Francisco de Campeche de Yucatán, 1606). (b) Un cavallo que aCabo de Pocos dias se le hurtaron (Test. Ana de Escobar, Puerto de San Juan de Ulúa, 1585). Por último, otro de los rasgos que caracterizan al corpus es la costumbre en los textos más tempranos de anteponer el pronombre átono al verbo en infinitivo (la dar, la dezir, la salbar, le llevar, me dar, me lleuar, para se casar, ni le tomar quenta, etc.), aunque coexisten con casos de posposición (llevarme). Luna Traill y Parodi analizaron la sintaxis del español novohispano, confirmando la datación temprana de este fenómeno: En efecto, la anteposición del pronombre al infinitivo del que depende, peculiar del siglo xvi y sobre todo del xv, se mantiene en los documentos analizados por nosotros tan sólo hasta la primera mitad del xvi. En el material de la segunda mitad de esa centuria, la proclisis del pronombre se vuelve cada vez más esporádica. Hacia 1560 encontramos pocos casos de anteposición, y durante la primera treintena del siglo xvii, observamos únicamente ejemplos de posposición del pronombre (1974: 197-198). Formas verbales Se documenta una gran riqueza del sistema verbal en los escritos debido a la variedad de usos de tiempos y modos verbales, perífrasis y voces pasivas. La documentación notarial se caracteriza por emplear distintos verbos dispositivos, los cuales aparecen enlazados y complementados. Este rasgo se aprecia en los testamentos (cumplir y pagar, otorgo que ago Y ordeno, quiero y es mi boluntad, etc.), cuyo fin principal es que la información recogida en el escrito quede lo más precisa posible, sin dar posibilidad al equívoco o a la mala interpretación. Los modos verbales utilizados para la redacción de las disposiciones de los testadores son principalmente el indicativo y subjuntivo (acaeciere, faltare o jurare). En cuanto a los tiempos verbales, predomina el presente simple (a quien tengo algun cargo, mando que se le paguen, etc.), el pretérito perfecto simple (firmo, rrogo, etc.) y el futuro de indicativo en su forma sintética (bivire, haran, etc.)132, sin encontrar muestras de la forma perifrástica. llos, a los que diferencia de los correspondientes indígenas, donde hay ausencia de casos. 132. Los ejemplos del futuro se escriben sin tilde, tal y como aparecen en los originales, aunque se registra un caso en el que sí la lleva: será deedad (Test. Amaro Torres, h 4r, l. 2-3). 105 Marta Rodríguez Manzano El futuro, además de para aludir sucesos venideros, también se emplea para expresar dudas o información no contrastada. Así se recoge en los escritos de Pedro Bermúdez: Juana de los angeles que sera de v<ein>te años (h 2r, l. 29-30); y de Juan Franco: ysabel que sera de hedad de ochenta años pocos mas o menos (h 3r, l. 21-22). Por otra parte, las perífrasis tienen gran cabida en este tipo de documentos, especialmente, las de obligación (donde se a de enteRar, yo e de ser enterrada, etc.). Así lo corrobora Díaz de Revenga e Igualada Belchí en su trabajo conjunto sobre la lengua de los testamentos de los siglos xvi y xvii, quienes señalan que: En los textos de naturaleza testamentaria tienen especial importancia las nociones que implican una relación jurídica: la obligación, el mandato o el permiso. Junto a éstas hay que señalar otras que, sin ser de la misma índole, comparten con ellas la forma de expresión: la necesidad, la capacidad y la posibilidad. Tanto unas como otras se expresan mediante perífrasis modales, siendo poder, deber, haber y tener los verbos que aportan en cada caso el significado modal (Díez de Revenga Torres e Igualada Belchí, 1997: 50). En cuanto a la voz pasiva, esta se manifiesta a través de construcciones perifrásticas o por medio de la pasiva refleja. La pasiva perifrástica se utiliza con los verbos formar (a la tierra de donde fue formado), hacer (que es fecho en), sepultar (mi cuerpo sea sepultado), servir (nuestro señor fue servido) y en otros casos de forma menos recurrente (es llamado, fue criada, fue leyda, etc.). Esta clase aparece especialmente en las partes más formularias del documento como son el protocolo y escatocolo. Además, las pasivas reflejas se documentan principalmente en el cuerpo del escrito con determinados verbos de acción (se den, se cobren, se debe o se le pague). Por regla general, no se manifiesta el complemento agente de estas construcciones debido a que “las convenciones sociales y el contexto de la propia carta permiten inferir, fácilmente, el agente” (Navarro Gala, 2015: 141): (a) yten declaro que me debe luys de bergara v<e>z<in>o destas minas. de salarios y Reales prestados quarenta e un pesos de oro comun mando se cobren del [por los albaceas] (Test. Juan Franco, Minas de Zacualpan, 1587). (b) e ansi Mismo se Uenda [por los albaceas] la Mitad del sitio de Uenta que tengo junto a esta y esto es My Uoluntad (Test. Ana de Escobar, Puerto de San Juan de Ulúa, 1585). 112 Vida y muerte en el México colonial: estudio de testamentos e inventarios de bienes Acercamiento a la sintaxis del escrito testamentario Las oraciones empleadas en este tipo documental, por lo general, son bastante extensas, con una gran cantidad de cláusulas subordinadas. Característico es también el abuso de oraciones adjetivas relativas con el pronombre que. Esta clase de construcciones, insertadas en estos textos de carácter notarial, “facilitan la descripción, especificación y ubicación de objetos o personas, requisito indispensable para su posterior localización y discriminación” (Navarro Gala, 2015: 132). El estilo sintáctico complejo se combina con extensas enumeraciones y con sintagmas coordinados en relación de sinonimia o complementariedad. Estos suelen caracterizarse por coordinar un elemento popular junto a otro equivalente culto (cargo e aditamento, cofrade y hermano o ultima y postrimera): Yten declaro que mediante el matrimonio entre mi y el d<ic>ho fran<cis>co garcia ubimos por nuestros hijos ligitimos a maria gutierrez Muger que a el presente ez deel Capitan Juan de saYaz Y a mayor garcia biuda muger que fue de Juan de leyba que uiue en la villa de lucena en los ReYnos de Castilla y a fray diego gutierrez frayle proffessor de la horden de senor san augustin que proffesso en el monasterio de senor san agustin desta ciudad y agora es prior en las d<ic>has yslaz filipinas Y a Ysauel gutierrez quez ya diffunta Y a Juana gutierrez muger del d<ic>ho luis perez declaro que a todas las susod<ic>has les e dado cantidad de pesos de oro para sus Cassamientos como parecera por las cartas de docte que dello aYa que me Remitto ecepto a la d<ic>ha mayor garcia que le enbie desde este ReYno cinquenta ducados y la su{15}sod<ic>ha ubo y heredo de sus abuelos padres el d<ic>ho su padre cient pesos e demas se enbio a esta nueva espana E Yo lo Rescevi declarolo assi por desCargo de mi Conciencia (Test. María Gutiérrez, México, 1587). Por otro lado, la oralidad que singulariza al acto de otorgación del testamento se refleja en la propia redacción y, por tanto, en su sintaxis. En palabras de Navarro Gala, “la voz del otorgante se traslada en primera persona singular, y el registro […] se encuentra más alejado de la escrituralidad” mostrando características propias “no solo de la oralidad universal, sino rasgos adscribibles […] a los registros orales menos elaborados” (2015: 76). Esta oralidad se puede apreciar en el test. de Juan Franco, en el que se declara: “una casa donde al presente bibe garcia martin my sobrino es de madalena mi esclaba La qual fue mia y no ay que Entrar ni salir con ella porque como dicho es es dela dicha madalena” (Test. Juan Franco, Minas de Zacualpan, 1587). 113 Marta Rodríguez Manzano Asimismo, los escribientes cometen en ocasiones erratas o lapsus scribendi que no enmiendan en los textos. Estos se muestran en las repeticiones de ciertas construcciones —del entieRo del entieRo (Test. Juan Franco, h 8r, l.2) o mando mando (Test. Francisco García, h 2r, l. 17)—, en inconcordancias sintácticas con respecto al número entre sujeto y verbo —con los aconpañados que a mis albaceas pareçiere (Test. Pedro Bermúdez, h 2r, l. 5-7)— o entre el sujeto y el pronombre átono —se digan a donde le pareçiere a mis albaceas (Test. Pedro Bermúdez, h 2r, l. 12-14)—. Además, se aprecian en los escritos correcciones y subsanaciones propiamente orales y alejadas del contexto escriturario. Para ello, los escribanos se valen de verbos de dicción como decir, usado como un reformulador oral: yten declaro que tengo por mis bienes un cubilete, de plata digo que lo tengo enpeñado en quatro pesos (Test. Pedro Bermúdez, Ciudad de Los Ángeles, 1592). me debe digo me dio quatro (Test. Cosme de Orrantía, México, 1571). En definitiva, se observa una sintaxis más compleja y elaborada a medida que avanza la cronología de la documentación. Las extensas enumeraciones, las reiteraciones constantes y una sintaxis en la que se mezcla lo oral con lo escrito responde no solo al carácter y a la forma de elaboración del escrito, sino también a la finalidad judicial del tipo documental. Fórmulas notariales La primera singularidad que llama la atención en los testamentos es la repetición de cláusulas fijas 143 que aparecen generalmente en el protocolo y escatocolo. Los escribanos se sirven de estos moldes escriturarios para elaborar con rapidez la documentación, a modo de cuestionario prefijado, que deben ir cumplimentando con la información que le va proporcionando el otorgante. Esta característica, fundamental para entender e interpretar el contenido de los textos, condiciona el estilo del tipo documental, que es principalmente reiterativo y formulario. No obstante, esto no es un impedimento para que se filtren expresiones propias del habla cotidiana, como señala Martínez Ezquerro, en las partes más libres e improvisadas del tipo textual: El estilo de los textos jurídicos se caracteriza por su conservadurismo y por su afán de exactitud. No es de extrañar, pues, que se consignen estas reiteraciones léxicas que 143. El contenido de los testamentos “se configura en fórmulas técnicas que se repiten […], lo que facilita, además, el trabajo de redacción en escritorios y notarías” (Lagüéns Gracia, 1992: 18-19). 114 Vida y muerte en el México colonial: estudio de testamentos e inventarios de bienes responden a un rasgo estilístico frecuente en este lenguaje y que consiste, como ya he señalado, en acumular vocablos de igual significado (1999: 122). Por tanto, los escribanos siguen los convencionalismos escriturarios del género textual y de la época en la que se enmarcan. Tanto es así, que era una práctica común que el escribano redactara partes de los testamentos sin estar presente en su elaboración el testador: “fue habitual que el encabezamiento, que incluía la protestación de fe y buena parte del contenido religioso del documento, fuera redactado por el notario sin la presencia del testador” (Noáin Irisarri, 2006: 379). Las estructuras casi idénticas que muestran todos los testamentos analizados así lo corroboran. Se observa cierta tendencia a la duplicación y paralelismo tanto léxico (afrentas E trauaxos, albaçea y testamentario, casar o tomar estado, consiga e gane, forma y manera, mandas y legados, etc.) como sintáctico (yten mando quiero y es mi boluntad, y para cunplir E pagar este mi testamento dexo E nonbro, y por este mi testamento rreboco y anulo y doi por ninguno y de ningun balor y efecto, etc.). Estas acumulaciones léxicas y sintácticas “responden a un afán del notario de evitar posibles ambigüedades o malas interpretaciones o a un tipo de amplificación característica, a su vez, del ámbito literario” (Gómez Seibane, 2007: 27). Algunas de las fórmulas notariales que se encuentran presentes en el corpus recopilado son las siguientes: Fórmulas protocolarias de notificación universal: Destacan principalmente dos: Sepan quantos esta carta vieren, común en los textos de cronología más temprana, o sea notorio como, registrada a partir del s. xviii. Cláusulas de protocolo judicial: Según Lorenzo Cadarso, con estas los distintos participantes confirman “su sometimiento a las normas procesales y judiciales en general” (1999: 215). Algunos ejemplos son: conforme a derecho (Test. Pablo Calvo Pérez, h 5r, l.2), como mejor haya lugar (Test. Bartolomé Jiménez Becerra, h 9v, l. 3-4) o declarolo assi para que conste (Francisco de Soto y Lemus, h 4v, l. 5-6). 115 Marta Rodríguez Manzano Cláusulas de juramento: Destacan algunas sentencias empleadas tanto por los otorgantes como por los escribanos como son juro a Dios y a la cruz, juro en forma de derecho o doy fee. 4.6.4 ESTUDIO LÉXICO DE LOS TESTAMENTOS La doble funcionalidad de la tipología documental, tanto religiosa como judicial, condiciona el léxico presente en la documentación. Por un lado, se puede distinguir perfectamente en los escritos tecnicismos vinculados a la religión católica (abad, altar, amparo, anima, apostoles, beata, beatificacion, bendicion, caliz, capellania, capilla, caridad, casulla, clerigo, cofrade, convento, cruz, cura, demonio, devoto, diacono, diezmo, Dios, espiritu, evangelistas, fe, fraile, hermandad, limosna, martir, mayordomo, misa, misericordia, monasterio, monja, parroquia, parroquiano/a, pecado, piedad, presbitero, prior, pureza, purgatorio, sacerdote, sacramento, sacristan, santo y vicario). A este aspecto se le añade la aparición de voces y expresiones latinas (agnus dei, fasien eclesie, inde nomine, in solidum, vt supra). Este se contrapone al vocabulario jurídico y al vinculado al ámbito de la muerte (almoneda, cedula, clausula, cobranza, codicilo, derecho, deudor, difunto, enterramiento, fianza, finamiento, funeral, juez, juramento, justicia, legado, ley, notario, otorgante, pleito, sepultura, testigo, usufruto, etc.). Al ser documentación procedente de Nueva España, se pueden abordar y analizar cuestiones de contacto lingüístico. En el caso de los testamentos, se catalogan algunos indigenismos, especialmente nahuatlismos. No obstante, en el terreno jurídico y administrativo apenas se adoptaron préstamos indígenas debido a la imposición del sistema burocrático hispánico. Aún así, se recopila en la documentación algunos indigenismos en el campo de alimentos (cacao144, chile y mayz)145, cargos (casique), utensilios (jicara, petaca y petate) y vestimentas (guipiles, naguas y xiquipil). Estos aparecen en los materiales durante toda la cronología abarcada sin glosas o explicaciones que los acompañen, “señal clara de que las nuevas voces indígenas ya no tenían nada de nuevas, sino que estaban perfectamen- 144. López Morales ya señala que “en los textos de Cervantes pueden leerse los términos cacao, caimán, bejuco, huracán, caribe y chacona, que maneja como palabras auténticamente españolas, sin el me- nor tinte de exotismo” (2005: 72). 145. Aleza Izquierdo y Enguita Utrilla corroboran la vitalidad de estos indigenismos “que han llegado a ser universalmente utilizados, no sólo en el español de España, sino también en otras lenguas de cultura, como consecuencia de la amplia difusión de los productos, de las especies vegetales o de los animales a los que designan”: cacao, maíz, entre otros (2002: 230). 116 Vida y muerte en el México colonial: estudio de testamentos e inventarios de bienes te adaptadas tanto a la vida cotidiana como a la estructura del español” (Company Company, 2012: 276). Se documentan formas populares como osequias, mezcla de los étimos exequias y obsequio (Bravo García, 1987: 95). Llama la atención también el uso del término chucheria146 para referirse a objetos de poco valor: una caxa blanca con algunas chucherias (Test. Juan González Márquez, h 11r, l. 17-19). En cuanto al léxico relativo a monedas, se toman básicamente las españolas (ducado, maravedí, peso o tostón), aunque hay muestras de indígenas (tepuzque). Como ya se ha comentado en el apartado sintáctico, destacan los binomios o polinomios léxicos (forma y manera, hago y ordeno, parte y lugar, publico y notorio). También se localiza en los testamentos léxico específico de determinadas disciplinas. Un ejemplo es el escrito de Juan Niño en el que se documentan términos del ámbito de la joyería como amatista, quilates o rubi. La onomástica y la toponimia En los testamentos aparecen nombres, apodos y apellidos en las secciones correspondientes a declaraciones de deudas, proclamación de albaceas y herederos, así como en el acta de los testigos. Destaca la presencia de nombres simples (anton, catalina, juan, leonor, luis, etc.) frente a los compuestos (francisca paula, juan jorge, pedro miguel, etc.), además de algunos casos de apelativos o apodos (el mozo, el viejo o la moyana). La antroponimia aparece tanto en mayúscula (Phelipa) como en minúscula (ana sedeño, antonio de sossa, etc.). Por otro lado, se documentan dos únicos ejemplos de antroponimia indígena en todo el corpus: uno el nombre propio mariche (Test. Gonzalo de Bonilla Barba, h 23v, l. 26-27) y otro el apellido moteçuma (Test. Catalina González, h 12r, l. 20). Esta ausencia se explica por las políticas bautismales promulgadas por los misioneros y, en definitiva, por la adopción en general de la cultura hispánica por parte de la mayoría de los naturales147. Explicación aparte merece el nombre propio Melchor/a o Melchior/a, el cual se documenta con ambas variantes en los testamentos. La conservación de la vocal i se debe al mantenimiento de la yod que provocó la palatalización. No 146. Corominas la define como “cosa de poca importancia, pero pulida y delicada” (1991: Tomo II; 400). 147. Muchos de los esclavos o indios al servicio de los testadores se aluden con nombres propios de la tradición hispánica. Este hecho corrobora el bautismo de los mismos y el despojo de su nombre originario. 117 Marta Rodríguez Manzano obstante, cuando el otorgante desconoce el nombre de algún individuo al que tiene que aludir, emplea la denominación fulano para referirse al mismo (fulano de navajas, fulano de truxillo, etc.). Asimismo, aparecen también nombres propios de ambos géneros con diminutivos afectivos148, normalmente para hacer referencia a niños de escasa edad (dominguito, gasparico, juanjco o mariquita). Por último, la toponimia se compila generalmente en estos escritos en la notificación del lugar de origen del testador y sus progenitores, así como en el emplazamiento donde se elabora el documento. Se localizan topónimos tanto de origen hispánico (cadiz, castilla, granada, etc.) como indígena (mexico, tlaxcala, etc.), que aparecen con distintas variantes, aunque en este aspecto se profundiza en el apartado correspondiente de los inventarios. 4 .7 . Recapitulación Como se ha demostrado en este capítulo, los testamentos conforman un tipo documental de suficiente relevancia como para llevar a cabo estudios de tipo lingüístico con ellos. El corpus examinado ha permitido el análisis de diversas cuestiones lingüísticas a todos los niveles: ortográfico, fonético, morfosintáctico y léxico. En el apartado ortográfico se ha comprobado que tanto las grafías como los signos de acentuación y puntuación no se encuentran sistematizados en los escritos durante el periodo colonial. Esta regulación se irá percibiendo poco a poco con el transcurso de los siglos, siendo más evidente en los documentos del xviii, en los que ya se va apreciando la sujeción a las normas dispuestas por la Academia. La variedad gráfica se manifiesta principalmente en los fonemas vocálicos /i/ y /u/, el oclusivo /b/ y el velar /x/. Asimismo, se registran voces con hipercorrecciones sibilantes (textamento) y nasales (ymbentario), duplicaciones de grafías consonánticas –especialmente de f, l, s, p y t–, y el mantenimiento de grafías y grupos consonánticos cultos. Gran protagonismo gozan las abreviaturas en este tipo documental, frente a la numeración, que se expresa mayoritariamente a través de letras en lugar de signos numéricos. En cuanto a la fonética, se reconocen casos de seseo y, en menor medida, de ceceo. Se constata la pérdida de consonantes implosivas y finales, así como de neutralización de líquidas y vibrantes. También hay evidencias 148. Este empleo de los diminutivos afectivos tiene una mayor vinculación con la interacción oral o la conversación que con la escritura (Martín Zorraquino, 2012: 562). 118 Vida y muerte en el México colonial: estudio de testamentos e inventarios de bienes de cambios de timbre vocálico en algunas voces y muestras de fenómenos como la epéntesis (offisçio) y metátesis (catredal). Con todo ello se demuestra que, a pesar de la rigidez y el carácter formulario del testamento, a partir de su escritura se puede indagar y profundizar en la lengua hablada. A nivel morfosintáctico, destaca la adjetivación, que se aplica al abarcar una temática religiosa o para la descripción de los bienes. Esta aparece antepuesta o pospuesta al nombre y se presenta en grado positivo o superlativo, a través del sufijo –ísimo o con el adverbio muy. Los pronombres personales que predominan en el discurso son los de tercera persona y primera persona del singular. Con este se refleja la polifonía del escrito, cuyo referente puede ser tanto el testador como el escribano. Se aprecian, asimismo, algunos casos de inconcordancia de género entre el artículo y el sustantivo (el escuela), leísmo ([caballo] se le hurtaron), omisiones de pronombres átonos (pudiesse meter En la boca) o anteposición de estos al infinitivo (la dar). Por otro lado, el sistema verbal se caracteriza por su gran variedad y riqueza a nivel de modos, tiempos y voces. Gran uso presentan la voz pasiva y las perífrasis, especialmente, las de obligación. Los posesivos se registran, al igual que los adjetivos, en posición antepuesta y pospuesta al sustantivo al que acompañan y es común que formen parte de estructuras del tipo artículo + dicho + posesivo + sustantivo (el dicho mi testamento). Un considerable número de adverbios se localizan en los escritos, los cuales aparecen lexicalizados (perpetuamente) o divididos (perpetua mente). Arcaísmos como agora, do, ende y luego (con la significación de `al instante´) también se emplean, así como locuciones adverbiales antitéticas (siempre jamás). Las preposiciones no difieren en su forma o función con respecto a las modernas, aunque sobresale la acumulación de estas —polisíndeton—, la locución preposicional junto de y la construcción de con y el adverbio más. A propósito de la sintaxis, esta es compleja, reiterativa, plagada de enumeraciones y subordinadas. Además, refleja en cierto sentido la oralidad que acompaña a la otorgación del documento, como se constata en las subsanaciones por escrito que se recogen a través del reformulador oral digo. Los escribanos cometen en ocasiones lapsus scribendi con construcciones repetidas (mando mando) o inconcordancias sintácticas entre sujeto y predicado (con los aconpañados que a mis albaceas pareçiere). Asimismo, la sintaxis 119 Marta Rodríguez Manzano se ve condicionada por las fórmulas notariales que singularizan a este tipo documental, de las que destacan las cláusulas de notificación universal, protocolo judicial y juramento. Todas ellas configuran el escrito testamentario, forman parte de su tradición discursiva y le proporcionan la validez judicial que requiere el mismo. Finalmente, el léxico representado se limita fundamentalmente a los campos semánticos vinculados al ámbito judicial y de la religión. También se extraen de los textos algunos indigenismos, principalmente de la lengua náhuatl, y voces coloquiales. El componente indígena también está presente en la toponimia (México, Tlaxcala, etc.) y de forma bastante limitada en la onomástica (Mariche y Moteçuma). Este hecho demuestra que el contacto cultural experimentado en Nueva España repercute, sin duda alguna, en el español cotidiano de la época. Este se enriquece con la asimilación e incorporación de nuevas voces que reflejan la rica cultura material novohispana. 121 Los inventarios de bienes de difuntos forman parte, desde el punto de vista de la diplomática, de la documentación de tipo notarial. Su finalidad principal es la recopilación de todas las posesiones pertenecientes a un determinado individuo, evitando la usurpación o desaparición de los mismos tras su muerte y garantizando la prevista cesión a los herederos. Este hecho lo convierte, en palabras de Riesco Terrero, en una documentación de carácter “testimonial y probatorio” (2003: 220). Se trata, por tanto, de una tipología textual que surge de la necesidad de registrar, custodiar e identificar una serie de bienes que van a ser objeto de una transmisión sucesoria. Uno de los rasgos que dota de gran valor a esta documentación es su carácter universal, ya que es posible localizar inventarios custodiados en archivos tanto nacionales como internacionales. Este aspecto corrobora la “producción sin fronteras temporales ni espaciales” de esta tipología documental y sus amplias posibilidades de estudio en el ámbito de las humanidades 149 (Sobrado Correa, 2003: 827). Asimismo, debido a su finalidad y contenido, estos escritos ofrecen una gran riqueza léxica150, de gran utilidad para verificar el vocabulario empleado en una determinada geografía y época. Además, a través de la lectura de los listados se extrae información precisa sobre la cultura material, así como de diversos ámbitos relacionados con la realidad cotidiana. 149. Sobrado Correa constata la presencia de inventarios en archivos alemanes, húngaros, turcos, e incluso, canadienses. Esta circunstancia permite fructíferas comparaciones teniendo en cuenta las coordenadas de tiempo y espacio (2003: 827). 150. Son numerosos los estudios sobre el léxico documentado en los inventarios de bienes. Entre ellos destacan Morala Rodríguez (2010 y 2012), Quirós García (2011) o Torres Martínez (2014). Sin embargo, no se localiza ningún trabajo específico sobre el léxico general de los inventarios novohispanos. 5 . El inventario de bienes: rasgos documentales y lingüísticos 128 Vida y muerte en el México colonial: estudio de testamentos e inventarios de bienes presentan los distintos bienes dependen en gran medida de la posición social y económica que disfrutaba el difunto. Se debe matizar que, mientras los escritos del xvi se muestran más arbitrarios, desorganizados y libres de sujeción con respecto a un patrón definido, los correspondientes al xviii aparecen por lo general más estructurados, organizados y homogéneos, distinguiendo incluso los apartados y las distintas clases de bienes que los escribanos se disponen a listar. 5 .4 . Análisis lingüístico de los inventarios recopilados Los inventarios proporcionan una gran cantidad de vocabulario referido a bienes materiales de los que, además, se muestra una descripción y valoración157. Este léxico no aparece de forma aislada en los listados, sino que está acompañado por unidades, sintagmas y oraciones que lo complementan. Por esta circunstancia, las formas léxicas consignadas deben analizarse teniendo en cuenta el contexto lingüístico en el que se insertan. Por tanto, abordar un estudio general de la lengua en los inventarios es necesario, atendiendo a todos los niveles lingüísticos. Los inventarios de bienes son una documentación provechosa para llevar a cabo estudios de tipo léxico. Prueba de ello son las aportaciones realizadas por el grupo de trabajo CorLexIn158, quienes han analizado tanto el vocabulario general159 como el específico de distintos campos léxicos —ganadería160, indumentarias161, esclavitud162, etc.—. Sin embargo, son escasos los trabajos destinados a otros aspectos lingüísticos fuera del léxico. Algunas excepciones las realizan Laguna Campos (1992), quien desarrolla un análisis fonético, morfosintáctico y léxico sobre un inventario oscense de 1565. Otra es el estudio de Pérez Toral (2014) destinado a rastrear las huellas de la oralidad en documentación notarial turolense de los Siglos de Oro. 157. Esta descripción de los bienes permite identificar de forma más exacta cuáles son los objetos catalogados y qué apariencia tienen. Además, contribuye a su posterior identificación y evaluación de cara a la almoneda pública. 158. El corpus documental CorLexIn ofrece un conjunto de 460 inventarios procedentes tanto de España como de América (México, Colombia, Bolivia y Uruguay). Estos están disponibles para su consulta en línea a través del enlace: http://web.frl.es/CORLEXIN.html. 159. Egido Fernández (2008), Morala Rodríguez (2012) y Perdiguero Villareal (2013; 2015 y 2016). 160. Morala Rodríguez (2014a) y Pérez Toral (2015a y 2015b). 161. Egido Fernández (2010 y 2015) y Pérez Toral (2017). 162. Egido Fernández (2012). 129 Marta Rodríguez Manzano Con el afán de contribuir al estudio de otros aspectos lingüísticos de los inventarios, en este apartado se analizan diversas cuestiones ortográficas, fonéticas y morfosintácticas de los escritos, diversas cuestiones ortográficas, fonéticas y morfosintácticas de los escritos, que singularizan a esta peculiar tipología documental. 5.4.1. CUESTIONES ORTOGRÁFICAS Los inventarios, al ser una documentación certificada y elaborada por diversos escribanos, ofrece un panorama ortográfico copioso para conocer los usos gráficos en las diferentes épocas. Durante los comienzos del virreinato, se aprecia de forma general una carencia en cuanto a la fijación de normas ortográficas. Esto no solo se refleja en los inventarios; con los testamentos la situación es idéntica. Será a partir del s. xviii 163 cuando la documentación analizada muestre su sometimiento a las distintas reglas fijadas por la Academia: […] en 1726, los preliminares del Diccionario de Autoridades registran las primeras reglas ortográficas, junto con la declaración de la importancia de la correcta escritura para regular la norma y el buen funcionamiento de una lengua (Cita tomada de la página web de la Ortografía de la RAE). La acentuación y puntuación Ni la puntuación ni la acentuación se encuentran regularizadas en los listados recopilados. Son muchos los escritos en los que se emplean puntos sin criterio aparente. Para muestra, el inv. de Ana de Santillana (a) o Juan de Pedrosa (b), en los que se expone: (a) En la uanda. de tierra. firme a nueve. dias del mes de octu<br>e de mill y quin<ient>os y noventa y siete anos a<n>te mi Mathias de ameyugo (h 2v, l. 1-2). (b) Enla d<ic>ha billa. de Canpeche. de yucatan En catorze dias. del mes de Junio) de mill y sseis. cientos y sseis anos. ynigo de oca alcalde hordinario) por. su mag<esta>d. En esta villa. abiendo bisto. El testamento E codocilio. que hico Juan. de pedroza diffunto mando. que sse de noticia del a m<art>in De ascorra y. Juan Ramallo albaceas En el nombrados (h 11r-11v, l. 24-7). 163. El DAut. de 1726 y las correspondientes Ortographia de 1741, 1763 y 1815 son las publicaciones que exponen la reforma ortográfica producida en la lengua española a partir del xviii. 130 Vida y muerte en el México colonial: estudio de testamentos e inventarios de bienes También se localizan casos en los que el signo gráfico del punto es utilizado como una pausa breve, a modo del uso actual de la coma: ”primeramente. vn sayo e una capa de paño” (Inv. Blas de Frechilla, h 7r, l. 1-2). Las comas, además, se emplean habitualmente a partir de los textos del xvii tanto para las enumeraciones de los distintos objetos como para breves aclaraciones o incisos que realizan los propios escribanos: francisco de Porras, difuntto, (Inv. Francisco de Porras, h 20v, l. 16-17). Yt una Casaca, chupa, y dos pares de calsones de pa-ño azul, con ojales, y botonadura de oro (Inv. Agustín García de Paadín, h 5v, l. 11-12). De igual modo, la coma suele aparecer antepuesta a la conjunción copulativa y, incluso cuando esta forma parte de numerales y fechas: en dies, Y ocho de febrero de Mill Setesientos, Y trese años (Inv. Pablo Calvo Pérez, h 6v, l. 11-14). pres<en>te. al Ynuentario, y abaluo de d<ic>hos bienes (Inv. Manuel Carranza, h 4v, l. 20-21). de su Magestad de este Pue=blo, y su Jurisdiccion (Inv. Francisco de Soto y Lemus, h 10r, l. 2-3). En cuanto a la acentuación, se localizan vocales sueltas acentuadas con los signos ^ o ´. Así lo testimonian los inv. de Santiago Leonor, Manuel de los Ríos y Guzmán o Pablo Calvo. Por lo general, los escribanos mantienen el punto sobre la letra i durante toda la cronología abarcada164. Sin embargo, resulta peculiar la tilde en la vocal i (í) que presenta todo el inv. de Santiago Leonor (vid. fig. 42). 164. Los inv. de María Gutiérrez, Beatriz Rodríguez, Cristóbal de Velasco y Pascual Díaz, entre otros, son un ejemplo de ello. Fig. 42. I acentuada en la h 6r del test. de Santiago Leonor (México, 1749) 131 Marta Rodríguez Manzano Por otro lado, son los escritos del xviii los que muestran el empleo de las tildes en formas verbales como el pretérito perfecto simple (acompañó, expresó, manifestó o pesó), y los que se valen del punto para señalar las abreviaturas (ciu<da>d.). Otros signos que se utilizan en los textos son los paréntesis: (cuya llave recoji desde el instante de su fallecim<ien>to) (Inv. Agustín García de Paadín, h 5v, l. 6-7). Con respecto a este uso, Bravo García aclara: [L]a primera referencia la encontramos en el ya mencionado Prólogo de la obra de Hernando de Talavera, quien lo considera como una señal de interposición. Posteriormente, la Ortografía impresa por la Real Academia en 1741, especificará claramente su uso, destinándolo para cuando “suele interrumpirse a veces el discurso con alguna proposición o período accesorio y después del cual se vuelve a continuar lo que se iba diciendo (1987: 47). Otros signos consignados en los escritos son la barra oblicua (/), principalmente en los del xvi ante la vocal o (/once madejas, /otra que dizque esta en casa, etc.), el guion (-) y los dos puntos (:). Estos se emplean regularmente a finales del xvii y xviiii para delimitar o marcar el final de la línea (Don chrís:tobal – Inv. Francisco de Porras, h 25v, l. 4-5) o para las enumeraciones de los distintos bienes: una Caxíta de plata = vn dedal = vn síntíllíto de cobre con tres Chíspítas de díamantes = Vnos sarsíllítos de oro, con sínco esmeraldaS = cada uno = Vn pescadito de oro con su límpíadíentes = bnos sarsíllítos de plata con unas calabasíllas berdes = otros díchos tambien de plata, con quatro piedras berdes = vn pescadíto de plata (Inv. Santiago Leonor, h 6v, l. 1-10). El empleo de mayúsculas y minúsculas Toda la documentación utiliza las mayúsculas al inicio del escrito aunque, tal y como ocurre en los testamentos, el uso de las mismas es bastante arbitrario. Así se muestra en la onomástica, donde no se regularizan hasta el siglo xviii. Misma situación ocurre con la toponimia, localizándose incluso algunos topónimos en minúscula durante esta centuria. En cuanto a los meses del año, estos aparecen habitualmente en minúscula, situación que no cambiará hasta el xviii. Por otra parte, para las referencias a santos y divinidades, durante el xvi y xvii, generalmente no se emplean las mayúsculas. A diferencia de estos periodos, en el xviii sí se aprecia su uso para aludir a conceptos religiosos. Hay que resaltar, además, la colocación de letras capitales en palabras importantes 132 Vida y muerte en el México colonial: estudio de testamentos e inventarios de bienes y claves para el escrito, vinculadas principalmente al ámbito judicial (Heredero, Justiçia, etc.). Asimismo, aparecen en muchos de los documentos analizados grafías mayúsculas como C, P y S tanto en interior de palabra (aCudan, cal- Sones, chaPines, enCorada, pieSa o terçioPelo) como al inicio de renglón. Los grafemas vocálicos En los escritos del corpus, las grafías vocálicas de los fonemas /a/, /e/ y /o/ son exactas a las usadas en la actualidad. Los fonemas /i/ y /u/ presentan una mayor variedad gráfica, como se ha señalado con los testamentos. En los inventarios, de nuevo, se localizan tres grafías distintas para el fonema vocálico /i/: i, y, o j 165 . El grafema i es el más general en los inventarios. Además, este se emplea para: • Representar al fonema palatal /y/, principalmente en los escritos del xviii: concluio, haiaron, leies, maio, maior, saia, entre otros ejemplos. • Sustituir a la conjunción copulativa y. Se localizan algunos casos en el xvii y xviii: bonbas i pardo, diez i ocho, observar i cumplir, etc. La grafía y se presenta generalmente en contacto con un fonema nasal /m/ o /n/ durante toda la cronología abarcada: ymagen, ymposible, ynbentariar, yndio, ynterponga, etc. Bravo García ya comenta en su estudio sobre la fonética de la crónica criolla de Baltasar Obregón la predilección por este grafema por dos motivos: “La razón fundamental que se argüía en su favor era evitar la confusión con la i que representaba un fonema consonántico, así como posibles problemas de lectura en contacto con grafías bajas como m, n, u, o y, en cualquier posición” (1990: 31). También hay una cierta tendencia al uso de esta grafía en los diptongos decrecientes (reyno) y en las formas abreviadas, como por ejemplo, m<art>yn. En cuanto al fonema /u/, se utilizan las grafías u, v y b. La más empleada es la u, mientras que b solo se localiza en los listados del xvi y xvii: absente, abto, bn portacartas, flabta, etc. Los grafemas consonánticos Algunas de las peculiaridades de la representación de los fonemas consonánticos en los inventarios son las siguientes: 165. Este grafema se localiza en los inv. del xvi: domjngo, escribanjas, mjl, etc. Además, puede representar al fonema velar /x/. 133 Marta Rodríguez Manzano • El uso indiscriminado de las grafías b y v para el fonema bilabial oclusivo sonoro /b/ en cualquier contexto fónico. Por lo que se localizan formas como acabar/acavar, berde/verde, botas/votas, caballo/cavallo, nueba/nueva y tabaco/tavaco. Esta alternancia también se observa en las formas del verbo haber: aber/aver y abia/avia. • La variación de grafemas para el fonema interdental fricativo sordo /θ/: ç, z y c. Debido a ello es posible encontrar tres formas léxicas distintas para un mismo concepto: çapatos, capatos y zapatos. • La alternancia gráfica para representar el fonema velar fricativo sordo /x/: g, j y x. Ante las vocales e y i, se emplea con regularidad la grafía g, como ocurre en palabras como magestad166 o muger167. El grafema j aparece en cualquier posición, incluso con vocales que no le son propias: Ymajenes (Inv. Juan del Río, h 4v, l. 19). En cuanto a x, dejó de representar a este fonema velar a partir de la Ortografía de 1741. En obras posteriores se recomienda evitar su uso, acudiendo a las grafías j y g: Los sonidos fuertes ó guturales, que antes se agregaban á la x en algunas voces, se remitirán constantemente á la j y g en los casos y combinaciones que respectivamente les correspondan (ORAE, 1815: 55). No obstante, en el inv. de Amaro Torres, fechado en 1773, aún se localizan dos ejemplos en los que la grafía x representa al fonema velar: 6 cax<a>s (h 11v, l. 13) y el topónimo indígena xalapa (h 11v, l. 22). • Las grafías c y q se usan para el fonema oclusivo velar sordo /k/, tal y como ocurre en el español actual. C se utiliza generalmente ante las vocales a, o y u. Por otro lado, q aparece ante i y e con un apéndice labial que se omite en la pronunciación. También los escribanos tienden a usar esta grafía ante los diptongos [wa, we]: Pazqual, quadros, quanto, quarenta, quatro, quentas, querno, etc. • Los fonemas correspondientes a la vibrante simple /r/ y múltiple /r/. Para la simple solo aparece la grafía r, mientras que para la vibrante múltiple se emplean r, rr y R. La única excepción que se localiza es 166. García Godoy (2019: 238) destaca del xvi el uso indistinto hispanoamericano de los títulos regios majestad y alteza. 167. En el inventario de Ana de Santillana se opta por la forma actual mujer en lugar de la propia de la época: muger. 134 Vida y muerte en el México colonial: estudio de testamentos e inventarios de bienes el uso de la grafía rr para /r/ en la forma léxica corrales en lugar de corales (Inv. Cosme de Orrantía, h 11r, l. 1) • Es común en los escritos del xvi y xvii la duplicación de la grafía del fonema lateral /l/: abrill, jullio, mill, etc. Según Rubio Perea, se trata de una “pervivencia ortográfica” (2003: 901) que se mantuvo a pesar del rechazo de autores como Nebrija, quien censura en su Gramática escribir “en fin de la dicción, mill, con doblada l” ([1492] 1984: 131). • Para el fonema fricativo alveolar sordo /s/ se utilizan las grafías s y ss en cualquier contexto fónico 168 . No obstante, esta variedad gráfica no representa una distinción fonética. • Se localizan multitud de casos en los que no se mantiene la grafía h en palabras con hetimológica o procedente de F- latina: ay, erederos, ojas, ospital, oy, ylo, entre otros. También se da el fenómeno contrario con la aparición de la hantietimológica: hedad, henero, honças, hordinario o hussando. Esta aparece, en ocasiones, en posición intervocálica reforzando un determinado hiato. Es el caso de traher en los inv. de Bartolomé Jiménez (h 12r, l. 22) y Francisco de Soto y Lemus (h 19r, l. 7). • Formas gráficas arcaicas con el mantenimiento de la F- inicial latina, sin repercusión fonética. Se registra en palabras como fierro y ferreruelo, principalmente en los escritos del xvii y xviii. En los inventarios se documenta también el uso de grafemas consonánticos cultos, así como la tendencia a la duplicación de grafías. Entre las consonantes más duplicadas están: f: Tanto en posición inicial (ffalleçio) como intervocálica (taffetan) en los textos del xvi y xvii. Rosenblat aclara que esta duplicación ya se daba en época medieval y estaba extendida en cierta parte del continente europeo: abunda en todos los textos del siglo xiii y principios del xiv […] y era característica europea general: es frecuentísima en francés, junto a la duplicación cultista de otras consonantes, y también en antiguo alto-alemán (1951: nota 17 en pág. xix). 168. Incluso a final de palabra se encuentran ejemplos de la grafía ss: camisass, doss, usadass, etc. 135 Marta Rodríguez Manzano m: Aparece únicamente en la palabra commun. t: Se registra en los textos de toda la cronología abarcada: cortta, libritto, muertte, mulattos, rrottas, ttal, yttem, entre otros ejemplos. En cuanto a las grafías consonánticas cultas169, reincorporadas “a la lengua a través de la cultura y la erudición” (Martínez Rivera, 1992: 452), estas se conservan especialmente en los inventarios del siglo xviii, sobre todo, en la onomástica: Ch [k]: chatredal, christal, christiano, christo, christobal, chruz, etc. Ph [f]: alphabeto, joseph, raphael, entre otros casos. Th [t]: balthasar, bartholome, goathemala, matheo, mathias, thener, theodoro o thomas. Los grupos mb y mp se mantienen aunque, en algunos inventarios, se simplifican a nb y np: enperador (Inv. Isabel Hernández, h 5v, l. 14), conpas (Inv. Juan de Pedrosa, h 12r, l. 21), nobienbre (Inv. Pedro Bermúdez, h 4r, l. 31), sonbrero170 (Inv. Catalina González, h 14v, l. 13), entre otros. Por otro lado, se da el fenómeno de la ultracorrección en los términos embie (Inv. Sebastián Quintero, h 4v, l. 31), emboltorio (Inv. Pablo Calvo Pérez, h 10r, l. 3) e ymbentario, forma muy común en los escritos de las distintas cronologías. Por otra parte, el grupo gn, en ocasiones, se simplifica en el elemento nasal: sino (Inv. Alberto Velázquez, h 4v, l. 12) y sinada (Inv. Pedro Jiménez, h 6v, l. 16). Por último, las formaciones triconsonánticas como nst, se mantienen en los textos de todo el periodo abarcado, tal y como se aprecia en los términos consta, conste o constituyo. 5.4.2. RASGOS FONÉTICOS Y DE PRONUNCIACIÓN Los inventarios conforman una documentación realmente provechosa para el estudio de los rasgos fonéticos y fonológicos de una lengua. Esta rentabi- 169. Rosenblat ya manifiesta la vacilación de los autores eruditos entre “el mantimiento latinizante de los grupos o la hispanización” (1971: 42). 170. El inv. de Beatriz Rodríguez registra el doblete en esta forma: sonbrero (h 7r, l. 27) y sombreros (h 7v, l. 15). 136 Vida y muerte en el México colonial: estudio de testamentos e inventarios de bienes lidad se debe a varios aspectos característicos de esta tipología documental y que tienen que ver con el contexto o situación que rodea a su producción: • En primer lugar, la rapidez y la poca atención por parte del redactor con la que se elabora esta clase de escrito. • La falta de enmendación, supervisión y revisión del escribano al inventario elaborado. • La oralidad que impregna a todo el documento, ya que su contenido está dictado en voz alta por parte de los albaceas al escribano, quien se encarga de tomar nota de las distintas pertenencias que poseía el difunto. Cambios vocálicos localizados en los textos Los cambios de timbre vocálico predominan en los inventarios analizados. Los trabajos de Morala Rodríguez (2012b) y Perdiguero Villarreal (2016) ya demuestran la inestabilidad de los escribanos a la hora de escribir las vocales en esta tipología de escritos. En el corpus recopilado se localizan ejemplos de los siguientes trueques o vacilaciones: • Abertura de [e] en [a]: En las formas taxamanil (Inv. Cristóbal Lucero, h 5v, l. 8) y sabastian (Inv. Sebastián Quintero, h 3v, l. 9; l. 19; etc.). • Cierre de [a] en [e]: Se aprecia en las palabras estrolauio (Inv. Juan de Pedrosa, h 12v, l. 11), frezada171, monesterio (Inv. Gonzalo Martín, h 5v, l. 18) y tresquilar (Inv. Sebastián Cortés, h 14v, l. 28-29). • Abertura de [i] en [e]: Se documentan bastantes ejemplos de esta vacilación. Entre ellos se encuentran alcrevis (Inv. Alberto Velázquez, h 4r, l. 22), chequito (Inv. Pedro Jiménez, h 6v, l. 13), defunto (Inv. Hernán Rodríguez, h 10v, l. 12), escrevir (Inv. Francisca de Torres, h 12r, l. 6; Inv. Pedro Jiménez, h 7r, l. 17) y ffeligrana (Inv. Cosme de Orrantía, h 10v, l. 8). 171. De este cambio vocálico se registran ejemplos en los tres siglos abarcados. Para muestra vid. los inv. de Andrés de Quintanilla, Juan Piñón y Santiago Leonor. 137 Marta Rodríguez Manzano • Cierre de [e] en [i]: En los términos alimaniscos172, asituna (Inv. Pablo Calvo Pérez, h 18r, l. 12), guatimala (Inv. Juan Niño, h 5v, l. 2), lixitima (Inv. María Gutiérrez, h 8r, l. 11-12) e ymagines (Inv. Francisca de Torres, h 11v, l. 10), entre otros casos. • Cierre de [e] en [o]: Se localiza en el indigenismo tocomate (Inv. Catalina González, h 15r, l. 1). • Cierre de [i] en [o]: Se registra únicamente en codocilio (Inv. Juan de Pedrosa, h 11v, l. 4). • Abertura de [u] en [o]: Aparece en los escritos de las tres centurias analizadas en las formas boeyes (Inv. Francisco de Soto y Lemus, h 31v, l. 13), cochillos (Inv. Juan Niño, h 4r, l. 24; Inv. Sebastián Quintero, h 4r, l. 12), fondas (Inv. Pablo Calvo Pérez, h 18r, 14-15), goatemala (Inv. Manuel Carranza, h 4v, l. 15) y portogues (Inv. Ana de Escobar, h 13r, l. 5). • Cierre de [o] en [u]: Se repite en varios inventarios en las palabras dispusiçion (Inv. Francisca Torres, h 10v, l. 14; Inv. Juan Piñón, h 3v, l. 25; etc.) y duçientos (Inv. Bartolomé Jiménez, h 11r, 21; Inv. Francisco de Porras, h 21r, l. 4). También aparece en cuxinillos (Inv. Andrés de Quintanilla, h 5r, l. 15-16), niculas (Inv. María de Morales, h 7r, l. 21) o purtugues (Inv. Pascual Díaz, h 10v, l. 19). Asimismo, se dan casos de dobletes con timbre vocálico distinto. Ocurre fundamentalmente en la forma mismo/mesmo durante los tres siglos abarcados. Otros fenómenos fonéticos presentes en los inventarios Lo primero que hay que destacar, tal y como ocurre en los testamentos, es la reproducción gráfica tanto del seseo como del ceceo. Según Canfield (1962), se pueden distinguir dos etapas en la historia de la fonología americana: un primer momento de predominio de la modalidad andaluza sobre la castellana y otro en el que se crea una norma criolla, síntesis de una pluralidad de tendencias. No es de extrañar, por tanto, que el seseo y ceceo reflejado en la documentación se deba a esta influencia andaluza. Otro aspecto fonético del que hay evidencia en la documentación es la palatalización diptongo 172. Aparece fundamentalmente en los inv. del xvii: Alonso López (h 12r, l. 19-20), Hernán Rodríguez (h 13v, 3-4), Miguel de Oquerruri (h 16r, l. 17) y Sebastián Cortés (h 13v, l. 8). 144 Vida y muerte en el México colonial: estudio de testamentos e inventarios de bienes guas —de color, de colores, de diferentes colores— que no permiten determinar la coloración precisa de lo catalogado: vna bandera de tafetan çenzillo de colores (Inv. Sebastián Quintero, Veracruz, 1539). yten seis manojuelos de cordones de dozena Y media cada bno de seda de diferentes colores (Inv. Cristóbal Lucero, Veracruz, 1591). La referida a la forma o aspecto exterior: La descripción de los objetos es fundamental para la correcta tasación e identificación posterior de los mismos. De ahí que muchos redactores se preocupen por matizar el aspecto exterior que presentan los bienes. En cuanto a la forma, se localizan adjetivos como ancho, corto, delgado, flaco, gordo, largo y redondo para hacer referencia a la complexión. Para el tamaño, se hace uso tanto de adjetivos para indicar cierta corpulencia —ancho, grande— como sus correspondientes antónimos –chico, pequeño–. Además, es frecuente que los redactores aclaren si los objetos están o no ornamentados. Si el objeto sí está decorado, el escribano dispone de un gran caudal de adjetivos para declararlo de esa forma: bordado, guarnecido, labrado, obrado, pintado, etc. Por el contrario, la falta de ornamento se manifiesta únicamente con el adjetivo sencillo o la expresión sin labor. En algunos escritos, otro aspecto que se menciona es el estado higiénico que presentan los bienes. Para ello, el escribano se sirve —principalmente cuando cataloga prendas y ropas— de los adjetivos lavado, limpio, manchado y sucio. Se registra también un caso en el corpus en el que se especifica que un par de camisas se encuentran en la colada: otras dos Camisas q<ue> dizen queStan suzias e<n> la colada (Inv. Sebastián Quintero, Veracruz, 1539). La referida al estado de uso: Un aspecto fundamental es el estado en el que se encuentran los bienes. Esta descripción es determinante a la hora de evaluar los objetos y de ella depende el resultado económico que se va a alcanzar en la almoneda pública posterior. Por ello, se localiza en la documentación un gran repertorio de adjetivos que designan, por un lado, un buen estado de conservación —nuevo, 145 Marta Rodríguez Manzano sano— y, por otro, un acusado deterioro —acuchillado, apolillado, cojo, cortado, deshilado, gastado, inservible, inutil, maltratado, manco, picado, podrido, quebrado, raido, rancio, remendado, repulgado, roto, rozado, traido182, usado o viejo—. También son comunes en estas valoraciones las expresiones bien tratado, casi nuevo, mediado de uso o sin estrenar. En algunos casos, se presentan objetos que se encuentran inacabados o en proceso de reparación. Para indicar esta circunstancia, los redactores se valen de fórmulas o enunciados como por acabar, por coser, por labrar o por hazer: Un paño de rrostro de rruan por hazer (Inv. Ana de Escobar, Veracruz, 1586). tres tabletas. rredondas con sus cordones de san ffran<cis>co. por acabar (Inv. Cosme de Orrantía, México, 1571). La referida a la procedencia o estilo de fabricación: Es común encontrar menciones geográficas que aludan al origen de los productos recopilados183. No obstante, estos topónimos también pueden expresar una manera de hacer o modo de fabricación concreto, así como representar un estilo o moda propios del lugar. La principal oposición que aparece en los inventarios novohispanos es la de lo autóctono frente a lo hispánico184, a través de las expresiones de la tierra185 frente a de Castilla. Esta antítesis se emplea a lo largo del periodo colonial para distinguir los bienes propios de Nueva España de los exportados desde la Península Ibérica. Sin embargo, algunos escribanos prefieren prescindir de estas denominaciones generales y precisar, en la medida de lo 182. Morala Rodríguez destaca su uso “preferentemente para la vestimenta” aunque también se emplea para el “mobiliario y otros enseres del ajuar doméstico” (2014b: 296). 183. Este dato lo corrobora Morala Rodríguez: “[d]e abundante uso por parte de los escribanos es el criterio de la procedencia de ciertos enseres —principalmente del campo textil y del cerámico— a la hora de inventariar y tasar objetos” (2014b: 286). 184. Se aprecia en los inventarios una serie de construcciones léxicas que aluden a realidades propias del continente americano y que se contraponen al referente europeo. Se trata de expresiones del tipo jubón de la tierra, espejos de la tierra o guirlanda de indios, las cuales están formadas por un término patrimonial seguido de un sintagma preposicional que complementa al nombre. Estas locuciones se refieren a conceptos propiamente americanos, que necesitan ser distinguidos de los europeos y abundan en estos listados novohispanos coloniales. 185. Morala Rodríguez (2014b) menciona la posibilidad de que la expresión de la tierra sea usada para referirse a un producto de elaboración casera. No obstante, este autor trabaja con documentación peninsular, por lo que la oposición de la tierra frente a de castilla no es común en este tipo de materiales. 146 Vida y muerte en el México colonial: estudio de testamentos e inventarios de bienes posible, la ciudad o pueblo de procedencia, ya sea novohispano —Campeche, Mechoacan, México, Puebla, Tescuco, Tlaxcala— o peninsular —Barcelona, Cartagena, Málaga, Segovia, Toledo, entre otros—. Además de estas clasificaciones, también se hallan en los inventarios productos marcados con etiquetas internacionales —de Bretaña, China, Francia, Japón, Portugal, etc.—, así como de ciudades de moda en la época —Bolonia, Bruselas, Flandes, Londres, Pontivi o Venecia—. Por otra parte, aunque menos empleados que la construcción de + topónimo, se registran adjetivos formados por sufijos gentilicios. Entre estos destacan los construidos con los morfemas sufijales –ano (castellano, mexicano, queretano, sevillano, valenciano), –ego (gallego), –ejo, (cañarejo), –enco (flamenco), –eño (tulanzigueño), –ero (perulero), –es (frances, portugues), –ino (vizcaino) e –isco (alemanisco): vnos chaPines valencianos viejos (Inv. Beatriz Rodríguez, Xochimilco, 1592). otras q<ua>tro botijas peruleras (Inv. Ana Martín, Veracruz, 1543). vnas espuelas de cal cañarejo (Inv. Juan Niño, Ciudad de Los Ángeles, 1542). Finalmente, el adjetivo casero también se documenta en algunos escritos de los siglos xvi y xvii, aunque no es muy frecuente su uso en el corpus analizado: dos madejas de hilo casero (Inv. Ana de Escobar, Veracruz, 1586). La referida a los materiales de fabricación: En muchos de los objetos los redactores especifican cuáles son los materiales de los que están compuestos. Este aspecto, además de contribuir a la descripción, permite conocer qué elementos son los más usados para confeccionar los distintos tipos de bienes. Asimismo, se puede analizar cómo estos influyen en la valoración y tasación posterior de las diversas posesiones. En el campo de los objetos domésticos y herramientas de oficios se localizan objetos fabricados a partir de materiales como azero, barro, bronce, caña, cobre, estaño, hierro (fierro), laton, madera, metal, oja de lata, palo, peltre y piedra, entre otros: 147 Marta Rodríguez Manzano jten Una sarten de hierro (Inv. Juan del Río, México, 1602). Ytem un Christo de Bronce chiquito con su Cruz de Madera (Inv. Francisco de Soto y Lemus, Apan, 1778). En cuanto a los adornos y joyas, son elementos de mayor calidad los que se utilizan para componer dichas piezas: cristal, diamante, esmeralda, marfil, oro, perlas, plata, vidrio, zafiro, etc.: dos anillos Uerdes de oro (Inv. Ana de Escobar, Veracruz, 1586). Un ahogador. De Perlas E corales Pequeños (Inv. María de Morales, México, 1608). Por lo general, las prendas y vestimentas catalogadas aparecen descritas citando el tipo de tejido con el que se elaboraron. Más de quince géneros textiles son los que se registran en la documentación, entre los que destacan algodón, bayeta, lana, lino, paño, ruan, seda, sinabafa, tafetan, terciopelo y vaquero: vna capa de paño negro viejo (Inv. Alberto Velázquez, Veracruz, 1546). yttem. Vna camissas de Ruan nueuas de mujer (Inv. Ana de Santillana, San Juan de Ulúa, 1597) Otros: Durante la etapa colonial es frecuente que los escribanos maticen si los bienes registrados son propios del género femenino o masculino. Esto ocurre especialmente en el campo de las indumentarias, donde aparece regularmente la indicación de muger o de hombre. En el siglo xviii se menciona también de forma esporádica la temporada en la que se usan las distintas prendas, por lo que se localizan expresiones como de/para invierno o de verano: 1 Capote viejo de Berano (Inv. Amaro de Torres, Xalapa, 1773). Yt<em> una Capa de Ymbierno vsada (Inv. Francisco de Zazurca, Veracruz, 1713). Durante los siglos xvii y xviii se encuentran en mayor porcertanje objetos que aparecen vinculados a una determinada clase social. 148 Vida y muerte en el México colonial: estudio de testamentos e inventarios de bienes De ahí que se utilicen adjetivos como frailesco o morisco, además de otras construcciones como de nobleza o de indio: Un paño de algodon de indio (Inv. Juan González Márquez, Minas de Sultepeque, 1634). Vna chupa y = Calzones de Nobleza Vsada (Inv. Manuel de los Ríos, Veracruz, 1707). Por último, los escribanos suelen recoger en los listados si hay objetos o bienes que se encuentren endeudados. Esta práctica es bastante común y para ello se marcan este tipo de posesiones con el adjetivo empeñado: yten vn ferreruelo de gergueta parda de La tierra que esta Enpeñado (Inv. Alonso López, México, 1607). vna Ropa de tafetan leonado. con pasamanos de oro. que diçen ser de biolante mendez questa enpeñada (Inv. Juan Franco, Minas de Zacualpan, 1588). En cuanto a la posición que los adjetivos ocupan en los inventarios, es - tos aparecen siempre pospuestos al nombre al que acompañan, concordando tanto en número como en género. Apenas se registran en la documentación casos de adjetivos antepuestos. Este hecho puede ser consecuencia de la prioridad de los escribanos por catalogar en primer lugar el número y la denominación los objetos, dejando en segundo lugar su descripción. Además, con respecto a su estructura, el adjetivo presenta siempre su forma plena, sin encontrar adjetivos apocopados en los inventarios consultados. Tampoco aparecen en la documentación adjetivos en grado superlativo con el morfema –ísimo, tal y como ocurre en los testamentos. Por el contrario, sí se localizan formas adjetivales que se pueden ver atenuadas con sufijos diminutivos. Entre ellas, destaca la voz chiquito, muy común en el xvi y que se mantiene en el xviii: yten vn cofre grande y /otro chequito viejos (Inv. Pedro Jiménez, Ciudad de Los Ángeles, 1542). 1. Cruz de Jerusalen engarzada enplata, Chiq<ui>ta (Inv. Amaro Torres, Xalapa, 1773). 149 Marta Rodríguez Manzano También los adjetivos van acompañados de otros modificadores que subrayan y recalcan su valor, ya sea positivo o negativo. El adverbio más empleado es muy, aunque no se trata del único ya que se utilizan adverbios indefinidos como algo y todo, la forma bien –usada con participios– y el adverbio cuasi: primeramente bn calçon y Ropilla de taffetan. terçio pelado algo Ussado (Inv. Juan de Pedrosa, Campeche de Yucatán, 1606). Vna fraçada dela tierra muy. Bieja (Inv. Francisco de Porras, Huautla, 1647). sinco pares de Calsones blancos bientratados (Inv. Pablo Calvo Pérez, Veracruz, 1714). Ytem dos sabanas quasi inservibles (Inv. Francisco de Soto y Lemus, Apan, 1778). Concluyendo, por los datos que se han podido extraer, se demuestra que la adjetivación está ampliamente representada, ya que gracias a ella se cumple uno de los objetivos principales del tipo textual: describir y detallar con minuciosidad todas las posesiones catalogadas. Señalar su apariencia externa, calidad y estado de uso, entre otros aspectos, es posible gracias a los adjetivos y a las construcciones adjetivales. De estos hacen uso los redactores, modificándolos a través de diminutivos u adverbios, de acuerdo a su propia subjetividad o usus scribendi, con el fin de reseñar y valorar los elementos que constituyen el registro de bienes. Pronombres Al igual que ocurre en los testamentos, hay evidencias de la anteposición de los pronombres átonos a los verbos en infinitivo en los textos de cronología más temprana: lo dar (Inv. Beatriz Rodríguez, h 9v, l. 18), lo proseguir (Inv. Miguel de Oquerruri, h 16v, l. 8-9) o los tener (Inv. Ana de Escobar, h 17r, l. 13; Inv. Juan Piñón, h 5v, l. 2), entre otros casos. No obstante, no se registran casos de anteposición en los escritos del xviii. Esto demuestra, como señala Keniston, que en la lengua española del siglo xvi y xvii ya se está consolidando el orden pospuesto de los pronombres personales tras infinitivo o gerundio (1937: 51). Además, se dan ejemplos de leísmo186 en el inv. de Gonzalo de Bonilla Barba (a) y de loísmo en el de Juan Pachón del Valle (b): 186. Los escritos analizados demuestran que durante los siglos xvi, xvii y xviii se dan casos de leísmo y, en menor medida, de laísmo y loísmo. Esta situación es compartida en otras zonas hispanoamericanas como Argentina, como se manifiesta en documentos coloniales de Santa Fe (Donni de Mirande, 2003) y de Jujuy (Postigo de de Bedia y Díaz de Martínez, 2019). 150 Vida y muerte en el México colonial: estudio de testamentos e inventarios de bienes (a) y en este Estado se quedo este ymbent<ari>o para le proseguir fueron testigos delo d<ic>ho alonsso castilla chaues (h 33v, l. 15-20). (b) [marca] primeramente se abrio una caxa de dos llaues En lo qual abia lo siguiente (h 6v, l. 30 – h 7r, l. 2). Formas verbales Lo primero que llama la atención es el uso del verbo hincar —en su forma arcaica conservando la F- inicial latina— con el significado de `incluir´ en la construcción bimembre quedaron e fincaron (Inv. Juan Niño, h 3v, l. 4; Inv. Pedro Jiménez, h 6r, l. 7; etc.). Además, se registra la combinación de formas verbales en pretérito imperfecto y pretérito perfecto simple: [marca] Primeramente dixo que YmbentariaVa e ynbentario las d<ic>has Cassas (Inv. María Gutiérrez, h 8r, l. 24-25). y los bienes y cosas de que hasj dixeron que hazian e hizieron el d<ic>ho ynventario son los sjg<uiente>s (Inv. Francisca de Torres, h 11r, l. 4-6). Estas estructuras bimembres también pueden incluir dos verbos distintos en cuanto a la forma pero con significado similar: hizo ynventario delos bienes que dixo el suso d<ic>ho y la d<ic>ha su muger tenian e poseyan (Inv. Isabel Hernández, h 5r, l. 17-20). Por otro lado, destaca el abuso de las formas no personales como el gerundio simple (dando, estando, siendo, etc.) y compuesto (aviendo visto). Por el contrario, solo se registra un caso de asimilación y palatalización del infinitivo más el pronombre: “E que cada e quando que a su noticia binieren Mas bienes Los Manyfestara para ponellos por ynbentario e lo firmo de su nombre” (Inv. Ana de Escobar, h 16r, l. 8-12). Por último, se documentan ejemplos de la preposición de + infinitivo (a y b) y de posposición de se al pretérito perfecto simple (c y d): (a) [marca] vn conoscimj<ent>o de melchior de velasco en que dize q<ue> esta a su cargo de cobrar por el d<ic>ho difunto seys pesos del comendador chaves e vn ducado de fran<cis>co perez (Inv. Juan Niño, h 5v, l. 13-16). 151 Marta Rodríguez Manzano (b) so virtud del qual prometio de dezir verdad e dixo q<ue> no sabe demas bienes del dicho dif<unt>o (Inv. Pedro Jiménez, h 6v, l. 23-24). (c) [marca] [margen: diose a la d<ic>ha fran<cis>ca | esta saYa Azul] (Inv. María Gutiérrez, h 8v, l. 17). (d) [marca] abriosse Una caxueLa chica que estaua sin llaue E tenia Lo siguiente (Inv. Hernán Rodríguez, h 11v, l. 16-19). Artículos Sobresale el uso del artículo con los apodos y topónimos: del peru (Inv. Ana Martín, h 10r, l. 22), la china (Inv. Cosme de Orrantía, h 11r, l. 11; Inv. Andrés de Quintanilla, h 5r, l. 14) o el moço (Inv. Catalina González, h 13v, l. 3). Además se aprecia la falta del artículo en estructuras sintácticas que exigen su presencia187: [marca] yten vnos hierros) sobre (los) que se arma la fragua) (Inv. Juan Piñón, h 5r, l. 12-13). que Va al monasterio de (el) señor san agustín los dichos aluaceas hicieron el dicho ynUentario (Inv. García Rodríguez Maldonado, h 25r, l. 8-12). Adverbios, preposiciones y nexos Los adverbios formados con el sufijo –mente pueden aparecer lexicalizados (primeramente) o separados (primera mente). Imprescindible para la mayoría de los escritos analizados es el uso del adverbio sumativo ítem, que aparece generalmente con distintas variantes como ytem, yten, yttem, ytten o la forma abreviada yt. Se corrobora también la convivencia de las formas do y donde, sin encontrar evidencias del empleo de la forma onde. Coexisten la forma arcaica agora con la contemporánea ahora. El adverbio asi también presenta la forma actual y con epéntesis nasal ansi, si bien es cierto que esta última apenas aparece en los textos del xvii y xviii. Se emplea en ocasiones el arcaísmo yuso188 en los escritos más tempranos, seguido principalmente de la forma escrito/os189. Este adverbio pre- 187. Como se ha aludido en el apartado de los testamentos, hay autores que lo consideran un fenómeno producido por la influencia de las lenguas indígenas, las cuales carecen de la categoría de artículo. 188. Para un estudio detallado sobre las preposiciones bajo, so y yuso, vid. Octavio de Toledo y Huerta (2014: 1837-2054). 189. En el inv. de Juan Niño aparece con el participio contenidos (h 3v, l. 13). 152 Vida y muerte en el México colonial: estudio de testamentos e inventarios de bienes senta el valor de `abajo´ y “sufre un declive a partir del siglo xv, perviviendo durante más tiempo su forma compuesta ayuso” (Sanchez Lancis, 1990: 116). Por el contrario, se registra en el siglo xviii el uso de la preposición so190 en el inv. de Pablo Calvo Pérez. Es frecuente también la aparición del adverbio ya en toda la cronología abarcada. En cuanto a las conjunciones se emplean tanto la forma e como y. No obstante, en los inv. de Francisco de Porras y Gonzalo Martín no se documenta e como conjunción copulativa, sino que únicamente se utiliza y. Asimismo, destaca el polisíndeton tanto en el protocolo como en el escatocolo, lo que caracteriza a esta documentación notarial: todos los quales d<ic>hos bienes se ynbentariaron por bienes del d<ic>ho difuncto y no huuo mas bienes y todos que{29}daron En poder del d<ic>ho albacea y lo firmo de su nonbre siendo testigos fran<cis>co hernandes rramos y lope de morea y Juan brauo v<ecin>os desta ciudad pedro de ancurez ante mi baltasar de montoya escriu<an>o pu<bli>co (Inv. Pedro Bermúdez, Ciudad de Los Ángeles, 1592). La sintaxis Las estructuras sintácticas que forman parte de los inventarios abarcan desde el más simple sintagma nominal (determinante cuantificador + nombre) hasta las más extensas y complejas oraciones. Esta diversidad en la sintaxis está determinada por varios factores: • La manera de hacer de los escribanos a la hora de redactar el escrito. En el corpus se aprecian redactores que tienden a realizar meticulosas descripciones, mientras que otros optan por listar los objetos de forma objetiva y sin entrar en demasiadas precisiones. • La categoría y prestigio del objeto inventariado. No es la misma la catalogación que se le da a una prenda o adorno procedente de un continente exótico, que la proporcionada a un mobiliario utilitario básico. Los escribanos detallan con más exactitud las pertenencias exclusivas y extranjeras que las comunes y propias de la vida cotidiana. • La novedad o funcionalidad del objeto. Los bienes menos frecuentes o que cumplen una funcionalidad muy específica, como pueden ser 190. Hernando Cuadrado señala el declive de la preposición so “mantenida únicamente en las construcciones adverbiales unitarias so pena y so pretexto”, frecuentes en el lenguaje judicial (2002: 147). 153 Marta Rodríguez Manzano las herramientas de determinados oficios, están expresados en los inventarios de forma más extensa y detallada. En este tipo de pertenencias se incide mucho en su apariencia externa, su estado de uso, explicando a la vez su utilidad y función principal. • La reiteración de objetos ya inventariados. Es común que en los listados se repitan posesiones que ya han sido registradas con anterioridad en el documento. En estos casos, los escribanos suelen utilizar expresiones de tipo otro dicho, ydem, de lo mesmo o como lo de arriba, para evitar la redundancia de los mismos términos. En cuanto a las estructuras sintácticas más frecuentes que configuran este tipo de documentación notarial se encuentran las siguientes: Determinante cuantificador + nombre Es la más básica de todas las construcciones. Por lo general, la disposición de los objetos se realiza a través de marcas o signos gráficos (v, +), enumeraciones (1, 2, 3, etc.) o adverbios sumativos (ítem y sus variantes). Estos se emplean con el fin de listar y organizar el contenido del escrito. No obstante, se localizan inventarios en los que no se encuentran estos elementos ordenadores, como el de Amaro Torres, donde hay registrados bienes en los que únicamente aparece el determinante cuantificador y la denominación léxica del objeto: 2. servilletas (Inv. Amaro Torres, Xalapa, 1773). Marca textual o adverbio sumativo + determinante cuantificador + nombre Los inventarios se caracterizan por el uso del adverbio sumativo ítem para listar los bienes. Sin embargo, se encuentran documentos en los que su aparición es esporádica y se opta por emplear otras marcas textuales que cumplen la misma función, como son el visto (v) o el símbolo +. Muchos de los escritos analizados hacen uso de la doble marca –v y yten o + y yten– para la presentación de los bienes. Es en el siglo xviii cuando decae el empleo de ítem o v y aparecen nuevas fórmulas