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Jerusalén no es la ciudad de la paz

López Lozano, Joaquín Carlos

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JERUSALEN NO ES LA «CIU DAD DE LA PAZ» Po r J. C. LóP Ez -Loz ANU He reflexionado sobre como los hombres luchan y pierden las batallas y a pesar de su derrota la cosa por la cual lucha, se da, y sobre como y cuando llega res ulta no ser lo que querían, otros hombres han de luchar por lo que querían bajo otro nombre. WILLI AM MüRRI S El estímulo de las presi ones continuas y el fruto del impacto de los im pe di men to s, presionan sobre este año que corre bajo un verdade ro alud de coincidencias históricas. El rebaño humano de que hablaba Raiyeh, se amasa y se desglosa, entre mayorías apac ibles y ahítas y minorías discordantes, protestatarias. Cae el vino nuevo de las generaciones en los odres viejos . Dormirse en los laureles de lo conseguido es el modo pasivo de suc umbi r a la n émesis de la creat ividad. D espertar y abatirlo todo, es buscar nuestro nadir, correr el riesgo de ser traicionados por lo que hay de fal so dentro de nosotros. Hace cuatrocientos años que nació Mahoma y muchos más, mil nov ecientos, que J erusalén fue destruida. Nació entonces una nu eva escuela de judaísmo que renunc ió a la idea de que el Rei no de Dios era un Estado externo de cosas que estaba a punto de manifestarse, seg ún Burkitt. La crisis estalló hace diecinueve siglos en J erusa l én al se - pararse la s di ez tribus que seguían a Jeroboán y formarse el Reino de I srael, cuya cap i talidad ini cial estuvo en Siquén. La 66 JOAOU1 N CARLOS LÓPEZ LOZANO Ciudad Santa esta ba marcada a fuego por la historia: el saqueo de egipcios, is rae litas y asir!os, la catástrofe del 586 a. de J. C. con Nabucodonosor. El año setenta, repetimos, sobr evino su ruina con el asedio, el asalto y el incendio a cargCJ de las legiones de Tito, hijo del emperador Vespasiano. La Igle sia Madre de Jeru salén había tratado de censurar a San Pablo - año 56achacándole como herejía el h echo de que los gent iles pudieran salvarse. Mas catorce años después, las tropa s romanas destruyeron la ciudad y la idea de San Pablo, su doctrina -desaparecida la Iglesia Madre jerusalita -comenzó a a du eñarse de todo el cristianismo católico. Nacía la int erpretación pardina a la que ahora pretende retornar la 1 glesia, superando la larguísima era constantiniana. Los cuatro evangelios escritos después de la caída de Jerusalén, se iban a ha cer eco de la interpretaci ón paulina de Jesús. Saulo, Pablo de Tar so , cambiaría su primitivo nombre habido en Chipre, Pafos. La Ley de Moisés se abolía pa ra los nuevos c onversos. Las epísto la s de San Pablo iban a ser los pilar es es - critos de la gran Iglesia que comenzaba a forjarse entre las capas populares. Pab lo llevó a Roma su paulinismo, saturado de ribetes hel énicos, porque él vivía y pensaba en griego. El cristianismo paulino iba a expandirse por el Imperio Romano a partir de hace mil novecientos año s justamente: era una «Nueva Isra el» que olvidaría primero y maldeciría después el israelismo, hasta que en el Concilio Vaticano II, des apareciera el concepto de pueblo deicida, precisamente abajo un Papa que lle va también el nombre de Pablo, cuando aún no ha muerto la hebreofobia. Hay más, el últi mo «g hetto » público que hubo en occidente , quedó anulado y fue abierto hace cien años: en 1870, cuando las tropas de Víctor Manuel abatieron el poder tempo ral del Vatican o. Aquel fue uno de los más impor tantes hitos de la involución del constantinismo. Terminaba la lar ga era que dio inicio en el año 312, cuan do Constantino adoptó la cruz como estandarte impe ria l. Acababa el régimen económico habido después del edicto de Milán, que restituyó a la Igl es ia todas sus propiedades. Empezaba a de shacerse el siste ma de una religión como asunto de Estado. Toda la histo· JERUSALÉN NO ES LA CIUDAD DE LA PAZ 67 ria forjad a a part ir del 20 de dicie mbre de 1046 acabab a el 20 de septiembre de 1870: hará ahor a una centu ria . El dr ama de las diez tribus pe rdidas, la de portación y el transplant e po r el S eño r de la Guer ra asi ri o Sar gó n, los tr ans - plan tes judíos po r el Señor de la Gu erra neob ab i ló ni co Nabuco donosor al cora zón de l mundo b abiló nico, deberían traer serias consecuenci as posteriores al mundo. Se e nfrent ó la soc iedad s iri aca m esiá nica del fut u ro militarista a los acon teceres y llegó la satánica sublevación judía (66-70). Fu eron entonces fari seos aqu ellos que se sep ara ban (seces ioni stas) que tuvieron c omo pro geni to res al viejo esc riba El eazar y lo s siete he r mano s. Despu és, ahora, el c redo judío dejó de ser fósil ni siquiera crisá lida que iba a limitar se a cumplir sus fines. Fue el nacionalismo eu rop eo el que llevó a los judíos a la diáspora do nde tuvieron qu e reinventar su propio nacionalismo mod ernc . Curios amente, s ionismo y a nti semitis mo nac en en ti e rras germ ano-h ab lant es: Hertz y Hitler - dos hachesnac en en Aus tria t odavía bajo lo s H aps burgos imperiales. La ab sorc ión sio nista en I srael ahora es la mi s ma que se em ple ó antes con tra ellos. Al de se rtar de la diáspora se dedic aron a co nstruir una nueva na ción como hicier on los pion e ros p rotestantes en EE.UU., Austra lia y Rhodesia o Su dáfrica. Su irrup ción en el F értil Creci ente ha acar re ado ya tres g uerras y puede desatar otra. Por lo pronto -conviene acla - rar est opor la lu c ha árabe contra Israel, occ id en te se vio i nmerso en unas subid as de precios en el petr ól eo que han su - mido al mun do de occ id ente en un a c risi s eco nómi co-s ocial de la qu e todaví a no ha salido. Verdad ero suceso es la afirmación sio ni sta: De spués de 2.000 años h emos vue lto tr iunfant es a nue st ra a nti gua y no o lvidad a patria. Israel renacido, es ho y lo qu e sie mpr e fue: una minoría en l ucha, la et erna disidencia, li sta para el sac rificio, no para hi ncar la rod illa. A estas a ltu ras, pensando en el drama árabe-judío, es curioso r ecordar que la prime ra vez que se men c iona a Urusalén - Je rusal é n, la «C iudad de la Pa z»- es en documentos eg ipcios a co mienzos del segundo milenio a nte s de Je sucri s to . 68 JOAQUÍN CARLOS LÓPEZ LOZANO Y por la ciudad de la paz, convertida en ciudad de la guerra, prosigue la lucha entre árabes y hebreos por la defensa o la derrota de los palestinos. Cuando esto ocurre, el hombre occidental se ha despersonalizado a sí mismo de tal forma que ya no es suficientemente humano para alzarse contra su maquinismo. Parale la mente, Pablo VI declaró que había que rematar las tareas del Concilio Vaticano I a través de las tareas del II. Así, por vez primera, la Iglesia tomaba conciencia de encontrarse en presencia de una razón totalm en te autónoma frente a un acontecimiento histórico caracterizado por una incredibilidad socialmente generalizada. Era preciso acr ece ntar la autoridad de la Iglesia en la unidad, en la profesión de la Iglesia y en la unidad de la fe inaugurada por Pedro. Hubo necesidad de dos concilios; pero, ¿hubo continuidad? Han surgido diferencias esenciales: antaño era una Iglesia asediada, hogaño es una Iglesia libre y abierta caminando por una senda de dificultades y de abrojos. Surgieron dudas y obstáculos ante la infalibilidad del Soberano Pontífice, ante las cuales el Cardenal de Bolonia -Siridijo : La infalibilidad del Papa concierne solamente a aquellas decisiones que interesan la Verdad en la relación religiosa en la que Cristo hace revivir al pueblo de la nueva y definitiva alian za: ésta es la nueva fórmula de reconocimi ento de la infalibilidad, cuando sigue d esa tada la guerra en los Santos Lugares y Jeru sa lén, disputada, no es la Ciudad de la paz.