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Memoria gráfica y transferencia devocional: La Peregrina de Quito

Montes González, Francisco

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# 16 | primer semestre 2020 : 68-81 Memoria gráfica y transferencia devocional: La Peregrina de Quito / Francisco Montes González ISSN 2313-9242 Francisco Montes González (Universidad de Sevilla, España) Memoria gráfica y transferencia devocional: La Peregrina de Quito # 16 | primer semestre 2020 : 68-81 Memoria gráfica y transferencia devocional: La Peregrina de Quito / Francisco Montes González 68 Memoria gráfica y transferencia devocional: La Peregrina de Quito Francisco Montes González (Universidad de Sevilla, España) Introducción Una de las estrategias empleadas por los españoles para llevar a cabo la evangelización de los pueblos nativos americanos consistió en la transposición de cultos que sustituyeran las creencias originarias por los principios de la religión católica. En este proceso desempeñaron un rol fundamental las imágenes escultóricas remitidas por las autoridades peninsulares o traídas en el ajuar de las primeras órdenes mendicantes. Una vez entronizadas en sus lugares de destino empezaban a adquirir fama mediante la configuración de sus correspondientes leyendas taumatúrgicas. Algunas de ellas, como será el caso de la Virgen de la Merced de Quito, protagonizaron diversas peregrinaciones que conllevaron un mayor aumento de fieles y la proliferación de sus copias pictóricas para ser veneradas. Partiendo de las fuentes documentales existentes, este trabajo pretende llevar a cabo un estado de la cuestión sobre la historia de dicha advocación mariana a través de la revisión bibliográfica de los aportes realizados hasta el momento en diferentes acervos españoles y americanos. En este sentido, la imposibilidad de acceder o localizar ciertos repositorios no ha permitido contrastar la información con nuevos hallazgos, aunque sí se ha podido cerrar el hilo cronológico al abordar el resurgir devocional en la actualidad. Por otro lado, en los últimos años han sido dadas a conocer diferentes pinturas que de forma errónea identificaban esta representación con otras imágenes similares del ámbito andino. Todo ello unido a la localización de un curioso lienzo inédito en una colección particular sevillana sirvió como detonante a la hora de ordenar su “memoria gráfica”, es decir, compilar desde una perspectiva histórica el “archivo” de los diferentes ejemplares localizados para así proceder a su análisis y clasificación tipológica con una finalidad esclarecedora. Sin duda alguna, el episodio más significativo del devenir de esta escultura fue su periplo europeo y el arraigo mantenido en la ciudad de Cádiz. De ahí que, por último, vayamos a tratar las controversias suscitadas por la existencia de esta réplica derivada del profundo fervor local que, al igual que en Ecuador, ha sido recobrado tres siglos después en torno a un nuevo simulacro distante en apariencia de su “verdadero retrato”. Fig. 1. Pere Moragues (atrib.), Mare Déu de la Mercè, talla en madera policromada, s/d, ca. 1361. Basílica de la Merced, Barcelona. # 16 | primer semestre 2020 : 68-81 Memoria gráfica y transferencia devocional: La Peregrina de Quito / Francisco Montes González 69 La historia controvertida Según la tradición el emperador Carlos V regaló a la primera comunidad de padres mercedarios de Quito una talla que a grandes rasgos seguía el canon de la Mare Déu de la Mercè venerada en su basílica de Barcelona (Fig.1). Era una imagen de tamaño más pequeño del natural de la Virgen sentada en un trono con el Niño sobre su regazo, ambos coronados y sosteniendo en actitud mayestática el cetro y el orbe, respectivamente. En las noticias recogidas por Matovelle a comienzos del siglo XX se dice que nada más llegar a su destino toda la población acudió expectante hasta que fue conducida a la capilla de San Juan de Letrán dentro de la iglesia conventual: Al arribo de la preciosa efigie a las cercanías de Quito, la ciudad entera concurrió a venerarla en el sitio en que fue depositada, hasta su traslación al propio templo, lo que se verificó con gran solemnidad y con asistencia de las autoridades eclesiástica y civil, el clero, los magistrados y todo el vecindario mediante una procesión espléndida, una de las primeras y más piadosas que en honor de la Reina de los Cielos se celebrara en esta región de Los Andes. 1 Las crónicas apuntan que desde aquel preciso instante y en señal de agradecimiento por la calurosa acogida, comenzaron a producirse numerosos milagros. Así pues, entre la muchedumbre había un sacerdote ciego que a pesar del impedimento no quiso perderse el acontecimiento, recuperando la vista ante la admiración de los asistentes cuando se situó frente a la imagen para venerarla. Hubo otros casos como el de una mujer desconsolada que sin poder acudir al desfile a causa de una enfermedad expresó su deseo de forma tan ferviente que sanó de repente para que pudiera acudir por su propio pie al encuentro. Incluso después de la procesión, se dice que otra vecina pobre atravesaba un río caudaloso y tras caer a la corriente invocó a la Virgen que al instante se le apareció y la condujo de la mano hasta la orilla. Fue así cómo gracias a la repercusión de estos portentos comenzó a gozar de gran fama entre la población frente a “las enfermedades desesperadas, en los más azarosos peligros y en toda clase de necesidades graves de la vida”. 2 Sin embargo, el verdadero auge devocional del culto se produjo a raíz de la decisión de los frailes mercedarios de reconstruir su templo principal que había quedado seriamente dañado tras el devastador terremoto de 1698. En los primeros años del siglo XVIII decidieron sacar a la efigie para recaudar limosnas que costearan la nueva obra y en compañía del padre lector Juan Arroyo y del lego Pedro Carrillo iniciaron las andaduras durante casi tres décadas por diferentes lugares del virreinato del Perú. 3 Con tal motivo, señala Monroy que “le arreglaron debidamente para la larga caminata; compráronla gargantillas y zarcillos vistosísimos, zapatos y calcetines aparatosos, más que ricos”. 4 Sería a partir de entonces cuando empezó a ser apodada popularmente Nuestra Señora de la Merced “La Peregrina de Quito”, pues “esta santa imagen vivía siempre peregrinando entre los pueblos demandando una limosna para construir su propia casa en la ciudad de Quito”. 5 De nuevo, quedarían recogidos los prodigiosos realizados entre los enfermos que recuperaban la salud a su paso por las diferentes ciudades atravesadas durante la trayectoria andina. 6 No cabe duda de que la promoción de estas dotes taumatúrgicas se convirtió en la estrategia ideal para la obtención de una mayor cantidad de limosnas al ser requerida su presencia en multitud de lugares. Por ejemplo, se hablaba de una mujer paralítica de Oruro que tras siete años postrada pudo levantarse tras rezarle a su llegada y de otra de Piura que al quedar embarazada por un adulterio y atemorizada ante la respuesta de su marido dio a luz un niño sin las fatídicas consecuencias previstas. También existían relatos sobre un minero de Castrovirreina, localidad cercana a Lima, quien tras sufrir un accidente murió y al pasarle sus allegados una estampa de la Virgen por el cuerpo finalmente resucitó o del fenómeno sobrenatural acontecido en una localidad de la capitanía de Guatemala, cuando al partir la imagen cayó una tempestad con un misterioso granizo en el que se encontraba esculpido el relieve mariano y tras derretirse mantuvo la efigie curando a un sacerdote enfermo que había asistido al cortejo. 7 # 16 | primer semestre 2020 : 68-81 Memoria gráfica y transferencia devocional: La Peregrina de Quito / Francisco Montes González 70 Fig. 2. Diario La Gaceta, Procesión de la Virgen de la Merced Peregrina. Latacunga (Ecuador). Junio 2017. Hubo una segunda ocasión en la segunda mitad del siglo XVIII en que La Peregrina de Quito realizó otro viaje más extenso, esta vez a cargo de los padres fray José de Yepes, fray Pedro Saldaña y un hermano donado, con el objeto de conseguir el dinero necesario para erigir la iglesia y el convento de la Recolección del Tejar de Quito. 8 Como se verá más adelante, el periplo se extendió hasta la Nueva España y arribó a las costas peninsulares, donde tuvo un fuerte arraigo en la ciudad de Cádiz. Una serie de noticias confusas vinculan el regreso americano de la imagen con una estancia en la iglesia de San Felipe Neri de Pasto, cuando se le perdió la pista con el transcurso del tiempo. En un artículo del padre Arístides Gutiérrez escrito en 1924 para la revista Ilustración Nariñense y titulado “La Portentosa Imagen de la Peregrina de Quito en Pasto” se mencionaba la llegada a dicha ciudad de la escultura desde su casa matriz a manos del Venerable Padre Francisco de Jesús Bolaños con la idea de llevar a cabo la fundación de otra recolección mercedaria. 9 Tras conseguir sus propósitos se dispuso la vuelta a Quito pero antes pasó varias estancias en viviendas de sus allegados hasta que la devoción del pueblo hizo que a comienzos del siglo XIX quedara definitivamente ubicada en el templo de Jesús del Oratorio de San Felipe Neri al cuidado del padre Francisco de Villolta. Es así cómo se piensa que nunca regresó a la capital ecuatoriana y que los religiosos debieron de encargar una copia para proseguir con sus rogativas diluyéndose así la devoción poco a poco. Gracias al impulso dado por el entonces padre provincial fray Joel Leónidas Monroy, el 27 de mayo de 1912 fue bendecido durante una solemne ceremonia en la iglesia de la Merced de Quito un lienzo con la imagen de la Divina Peregrina que permitió la reinstauración del culto, aunque fuera a través de otro soporte espiritual. Sin embargo, en la actualidad no existe constancia de dicha pintura y, en su lugar, ha quedado como testigo una pequeña escultura contemporánea de la patrona mercedaria. Al no existir ninguna relación formal entre ésta y el “verdadero retrato” del icono primigenio, se ha desvirtuado por completo el sentido de la advocación. Es decir, que al haber sido alterada su naturaleza física resulta imposible establecer un vínculo espiritual asociado a su referente histórico. Durante la última década, en el interior de Ecuador ha surgido una corriente devocional que pretende recuperar esta tradición mariana olvidada. Con la idea de renovar el carisma misionero de los mercedarios ante el octavo centenario de la creación de la orden, una nueva talla, que a grandes rasgos comparte la fisonomía del conjunto original, es llevada en procesión de rogativas por diferentes regiones del país intentando reproducir el mismo fenómeno desatado en la época virreinal (Fig.2). 10 Un recorrido visual Sacáronse al pincel varias copias de la preciosa efigie, y esparciéronse por comarcas las más apartadas; especialmente en las que dependían de la Antigua Presidencia de Quito, apenas había casa ni familia donde no fuese venerada, una de aquellas, obrándose por su medio muchos y singulares portentos. 11 Más allá de sus propiedades taumatúrgicas, un factor añadido a la proliferación de esta efigie fue la condición de itinerante. Todo ello hacía que gozara de un atractivo especial en el que según Héctor Schenone, “confluían la devoción, la novedad y la curiosidad”. 12 La mayor parte de los ejemplares pictóricos conservados pertenecen a la escuela cuzqueña y se documentan en el primer tercio del siglo XVIII, cuando se produce el momento de mayor arraigo de la imagen a partir de sus desplazamientos por diferentes partes del virreinato peruano. Una primera tipología se # 16 | primer semestre 2020 : 68-81 Memoria gráfica y transferencia devocional: La Peregrina de Quito / Francisco Montes González 71 corresponde con el arquetipo conformado en torno al género de los verdaderos retratos marianos tan difundido en aquella época gracias a las fuentes grabadas. Más allá de sus posibles vínculos con las representaciones de advocaciones similares, muestra a grandes rasgos los mismos elementos característicos de las imágenes de altar de la región altoperuana, como la Virgen de Copacabana o la Virgen del Rosario, que recrean el espacio ilusorio de veneración con la introducción de cortinajes, ángeles volanderos y elementos arquitectónicos. 13 A modo de trampantojo a lo divino, la Virgen, ataviada con el escapulario mercedario, aparece irradiando un fuerte resplandor y sentada, como figura en la escultura original, con los pies sobre un escabel. Con la mano derecha sostiene al Niño que lleva casaca y, al igual que su madre, un sombrero en forma de tricornio con plumas, ambos atributos característicos de los viajeros. 14 Mientras tanto en la izquierda suele portar una vara de azucenas y algunos objetos simbólicos de la orden, como los grilletes del cautiverio berberisco y los pequeños escapularios con los escudos de la Merced. Fig. 3. Anónimo cuzqueño, Nuestra Señora de la Merced la Peregrina, óleo sobre lienzo, 162 x 113 cm, ca. 1730-1740. Museo Pedro de Osma, Lima. Fig. 4. Anónimo cuzqueño, Nuestra Señora de la Merced la Peregrina, óleo sobre lienzo, s/d, segunda mitad del siglo XX. Uno de los ejemplares más significativo se encuentra en el Museo Regional de la Historia de Cuzco en el que sobre una repisa con candeleros y jarrones cerámicos, la Virgen luce un suntuoso traje con velo de encajes salpicado con bordados florales y aderezo de joyas. 15 En consonancia con este modelo, se conserva otro lienzo en el Museo Pedro de Osma de Lima, donde el escenario está enmarcado por dos columnas salomónicas sostenidas por angelotes atlantes y dos garzas, símbolo de buenos augurios, flanqueando a la Virgen con el Niño que presentan una vistoso ajuar de brocados dorados (Fig.3). 16 Las mismas particularidades reúne otro cuadro, aunque de menor factura artística, en una colección particular boliviana, que con el icono mariano sobre un llamativo cojín rojo luce la misma cartela extendida por dos ángeles en la parte superior: “NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED LA PEREGRINA”. 17 A esta serie cabría añadir un último ejemplar perteneciente al Museo Histórico Regional de Cuzco, en el que según Mujica la efigie de la Virgen “ha cobrado vida” y en su propio tabernáculo se abre un rompimiento de gloria con la Santísima Trinidad dispuesta a # 16 | primer semestre 2020 : 68-81 Memoria gráfica y transferencia devocional: La Peregrina de Quito / Francisco Montes González 72 coronarla. 18 La pervivencia de estos modelos todavía se puede comprobar en la multitud de retratos sobre esta advocación que con el mismo esquema figurativo y una finalidad meramente comercial se han seguido realizando en el ámbito cuzqueño desde mediados del siglo XIX hasta nuestros días (Fig.4). Fig. 5. Anónimo cuzqueño, Nuestra Señora de la Merced la Peregrina con San Pedro Nolasco y San Ramón Nonato, óleo sobre lienzo, 101 x 76 cm, ca. 1730-1740. Exhibida en el Blanton Museum de Austin (Texas). Noviembre 2015. Acerca de la segunda modalidad representativa, José de Mesa y Teresa Gisbert dieron a conocer un interesante lienzo en la colección Lavalle de Lima con la Virgen de la Merced montada sobre una mula revestida por una vistosa montura y las efigies de medio cuerpo de san Ramón Nonato y san Pedro Nolasco de medio cuerpo como donantes (Fig.5). Dos ángeles descorren un cortinaje para mostrar al fondo una escena campestre en la que por lado se ve a uno de los frailes acompañantes con sombrero negro y por el otro una comitiva de recibimiento en la que sobresalen, entre otros, los portadores de un estandarte y de la manga parroquial de la localidad junto a un mercedario con casulla roja. Cierra la composición una cartela en la parte inferior con la siguiente copla: Yo que ostentando candores / coronada de trofeos /más allá de las esferas / he colocado mi asiento / Pospuesta la dignidad / que de Emperatriz poseo. Mencio /nada peregrina por las ciudades (…) / solicita de alcanzar / En la piedad de mis siervos / columnas con que se erijan / en la piedad de mis templos. / El obsequio no me niegues si te / precias de mi afecto que a lo me /nos consagras a la Rª de los… 19 Más allá de captar una instantánea del viaje, el inventor de esta original composición debió de tomar como referente visual la escena bíblica de la Huida de Egipto que, basada en grabados europeos, fue ampliamente repetida por la pintura cuzqueña. Junto a ello, se advierte un énfasis particular en la identidad mercedaria, por lo que su gestación debió de estar cercana al ámbito de la orden y su funcionalidad en el contexto de la veneración pública, como puede comprobarse en el formato de retrato a lo divino y en los versos plasmados. Fig. 6. Anónimo cuzqueño, Procesión de la Virgen de la Merced Peregrina de Quito, óleo sobre lienzo, 173 x 127 cm, ca. 1740-1750. Peyton Wright Gallery, Albuquerque. Procedente de la iglesia de San Pedro Apóstol de Pisac, en la región de Cuzco, fue exhibido en la galería Peyton Wright en el invierno de # 16 | primer semestre 2020 : 68-81 Memoria gráfica y transferencia devocional: La Peregrina de Quito / Francisco Montes González 73 2016 un lienzo con el título erróneo de “Our Lady of Cocharcas under the Baldachin” (Fig. 6). 20 En realidad, se trataba de otra escena del recorrido donde se ve a la Peregrina de Quito sobre la mula bajo un palio con campanillas que sostienen una serie de personajes con vestimentas de autoridad civil mientras es guiada por un fraile y rodeada por otros cuatro religiosos con dalmáticas rojas. 21 Resulta llamativa la descripción exhaustiva que se ha hecho del mobiliario portador de la escultura a modo de pequeño camarín con un cortinaje descorrido. Además, sobresale en la parte superior la venida de un conjunto de angelotes que purifican la imagen con incensarios mientras que al centro dos de ellos se disponen a coronarla. La misma galería sacó a la venta otra pintura ejecutada a finales del siglo XVIII que vuelve a confundirla con la advocación peruana. Probablemente destinada a la veneración particular, en esta ocasión se representa el simulacro escultórico a modo de trampantojo a lo divino, en un pequeño altar portátil alumbrado por dos originales faroles insertos en los varales del baldaquino (Fig.7). 22 Fig. 7. Anónimo altoperuano, Nuestra Señora de la Merced la Peregrina, óleo sobre lienzo, 99 x 81 cm, ca. 1770-1780. Peyton Wright Gallery, Albuquerque. En el año 2011 localizamos en una colección particular de Sevilla una obra inédita que más tarde pasó aformar parte de los fondos de The Thoma Collection (Fig. 8). 23 Dispuesta en un curioso formato apaisado y adornada con un marco de estilo neocolonial simulando un altar con repisa, la composición mostraba el paso de la comitiva mariana dentro de un paisaje urbano. 24 La escena está protagonizada por los padres mercedarios, que conducen bajo palio la talla sobre una mula guiada por otro religioso cubierto con un sombrero negro y vara cruciforme, posiblemente fray José de Yepes, acompañados por un lado de santos representantes de las principales órdenes monásticas y por el otro de una serie de autoridades locales ataviadas con casacas y pelucas empolvadas. 25 Las masas agolpadas en las calles transmiten una atmósfera festiva que refuerza el carisma y popularidad de los mercedarios en la región andina. Frente a estas, la disposición jerárquica del séquito siguiendo una ruta preestablecida y con el foco de atención puesto en el icono mariano conforman, en palabras de Brittany Erwin, un poderoso mensaje de status y autoridad. 26 A grandes rasgos se describe el escenario en el que sobresale el caserío adornado con vistosas colgaduras y un templo al que parecen dirigirse todos los caminantes. La morfología de este edificio coincide a grandes rasgos con la catedral de Cuzco, por lo que podría vincularse la representación con esta urbe y su ejecución a un artífice local que tras haber contemplado el suceso plasmaría la secuencia por orden del comitente. Además, de no ser por su la datación hacia el año 1730, se podría poner en relación dicha secuencia con el episodio literario recogido en los Anales del Cuzco sobre la primera vez que transitó por dicha ciudad: Viernes 20 de junio de 1698, entre una y dos horas de la mañana, acaeció en la ciudad de Quito un terremoto muy fuerte, experimentándose muchos estragos en toda aquella provincia. Reventó el volcán de Ambato, arrojando un cieno pestífero; murieron más de dos mil quinientas personas, cuya noticia causó extraordinario pavor en todo el reino. Vinieron de aquella ciudad a pedir un socorro y limosna, para la refacción con una imagen de Nuestra Señora que sacaron en procesión en esta ciudad. Se juntó considerable suma de dinero, que personas fidedignas # 16 | primer semestre 2020 : 68-81 Memoria gráfica y transferencia devocional: La Peregrina de Quito / Francisco Montes González 74 aseguran pasaba de veinte mil pesos, los que se recogieron solamente en este obispado. 27 En relación con esta composición y su trasfondo simbólico cabe destacar una secuencia más simplificada dada a conocer por Schenone en el Museo Pedro de Osma y que muestra a la efigie guiada de nuevo por un padre mercedario escoltado por san Pedro Nolasco, san Francisco de Asís y santo Domingo de Guzmán portando banderolas con la insignia respectiva de cada orden en señal de apoyo hacia este culto mariano. 28 El mismo conjunto central, aunque inserto en un paisaje donde al fondo se observa el episodio del Niño milagroso rescatado del mar cuando la escultura fue profanada por piratas holandeses en las costas del Mar Caribe, vuelve a aparecer en una de las piezas del repertorio virreinal legado recientemente por James Kung Wei Li al Metropolitan Museum of Art de Nueva York. 29 Fig. 8. Anónimo cuzqueño, Procesión de la Virgen de la Merced Peregrina de Quito, óleo sobre lienzo, 79 x 127 cm, ca. 1730-1735. Thoma Collection, Estados Unidos. Cádiz, adaptación y continuidad La Virgen Peregrina de Quito no solo realizó su periplo por tierras americanas, sino que también cruzó el Atlántico para recaudar fondos entre los devotos peninsulares con destino a la nueva fundación de la Recolección del Tejar de Quito. Tras pasar por Pasto, Panamá, Cuba, Guatemala y México se embarcó en compañía del padre fray José de Yepes hacia la Península y desde allí regresó en 1763 de nuevo a Quito a través de Buenos Aires con una suma reunida de cuarenta mil pesos. 30 Acerca de la trascendencia que tuvo el culto a su llegada a la metrópoli se conserva en el devocionario Día lleno. Ejercicios devotos para gastar el día en servicio de Dios, compendiado por el padre jesuita Francisco García en Madrid en 1760, un impreso titulado Novena a la Santísima Virgen María de la Merced, en su prodigiosa Imagen la Peregrina de la ciudad de Quito. Igualmente, gracias a los datos aportados en una carta escrita por el padre mercenario Ignacio de Santo Domingo el 1 de julio de 1760 al padre Yepes se puede corroborar el rápido arraigo que obtuvo esta imagen foránea debido a sus intercesiones milagrosas, incluso antes de que fuera ubicada temporalmente en el convento de la Merced de Cádiz: Mañana día de la Visitación tendremos el gozo de colocar a Nuestra Santísima Madre en la Iglesia, y tendrá este pueblo el gozo de verla venerar en público, y satisfacer la tierna devoción con que desean venerarla, habiéndose esta avivado con el notorio grande prodigio de haberse apagado el fuego, que empezó a prenderse en el navío llamado Santa Ana, uno de los de la flota, por el descuido de un muchacho cuando ya se iban llevando día de San Pedro, el Contra Maestre, que tenía consigo una estampa de la Peregrina Señora y Madre Nuestra, se arrojó con ella al fuego, y al punto se apagó, de modo que nada se malogró, sino es la pólvora, que al primer aviso del fuego, la echaron al agua. Y así fue tan poco lo que tuvo el navío por componer, que al día siguiente se dio a la vela con los restantes compañeros. Agradecido el Contra Maestre a este favor de la señora se le hiciese una fiesta en acción de gracias. Esta se hará la Domínica primera de Agosto, en que celebramos al Redentor y Redención. Me dicen que todos los del navío gritaban que la Peregrina de Quito los había librado del incendio. Esperamos que la poderosa intercesión de la Señora, lleve y traiga toda la flota con la felicidad que se desea. Bendita sea su amorosa piedad. He dicho a V. Rma. aunque concisamente esta misericordia de Nuestra Santísima Madre para que V. Rma. tenga la complacencia espiritual que corresponde a todos los que logramos la dicha de ser sus hijos, y nos ayude a darle gracias. Todo esto nos acuerda la obligación que tenemos de asistir puntualmente a su culto, y de la mayor veneración: y también agradecer a V. Rma. habernos puesto # 16 | primer semestre 2020 : 68-81 Memoria gráfica y transferencia devocional: La Peregrina de Quito / Francisco Montes González 75 en ocasión de ejercitarnos en un obsequio tan de nuestro gusto y profesión; por lo que deseo en todo complazca a V. Rma. y que Nuestro Señor me guarde su vida muchos años. 31 Los hallazgos documentales realizados por Rípodas Ardananz en el Archivo Histórico Provincial de Cádiz y en el Archivo Histórico Nacional de España dilucidaron la incógnita sobre la falsa creencia de la permanencia definitiva de la talla original en la ciudad andaluza debido a las prolongadas noticias existentes sobre la misma incluso avanzado el siglo XX. A propósito de ello, encontró un expediente fechado en 1760 donde se hablaba de “Nuestra Señora de la Merced titulada la Peregrina de Quito que se fabricó este año en el mencionado convento de la Merced”. 32 En concreto, se trataba de la escritura de donación de la primera capilla del lado del Evangelio, cerrada con una reja y compuesta por un retablo con dos pinturas, que hizo la familia Ramírez de Arellano a la comunidad mercedaria con la doble condición de que la réplica de la imagen de la Peregrina de Quito fuera puesta en lugar de la de San Blas, que la presidía y debía pasar a uno de los lados, y de que ellos y sus descendientes, así como don Nicolás Jennet y los suyos, a quien debía una serie de favores, pudieran ser sepultados en la bóveda de dicha capilla sin dar a la comunidad la limosna acostumbrada. 33 En cuanto a este último personaje, se trataba de un acaudalado comerciante de origen irlandés que irá manifestando con los años la profunda devoción hacia la Peregrina de Quito venerada en dicho altar. Tal y como recoge la documentación, la finalidad sería “perpetuar sus cultos dando a su Santísimo Hijo por este medio las gracias de los muchos favores y beneficios que de su bondad infinita ha recibido”. 34 Para ello, dejará dotada a comienzos del año de 1771 la fundación de una memoria a su favor por un valor de 1.1000 escudos para que con los réditos de 33 pesos se pague una vez al año en la Capilla Mayor, estando el santísimo manifiesto, una misa cantada con diácono y subdiácono y sermón, a cuyo fin de colocará la dicha venerable imagen de la Merced que se venera en la iglesia del convento de Religiosos Mercedarios con el título de la Peregrina de Quito en un altar que se pondrá en dicha capilla con dosel y adorno y cera correspondiente, finalizando la fiesta con un responso cantado a fin de que todo sea para mayor honra y gloria de Dios, sufragio de mi alma y de la de mi mujer, la de los padres de ambos y demás… de mi obligación, según el orden de caridad y justicia. 35 Según Rípodas, este hecho pudo deberse a los posibles lazos comerciales establecidos por Nicolás Jennet y sus familiares con la audiencia de Quito a través de la Carrera de Indias. De hecho, tras su muerte, su hijo Rafael fundó en 1812 cuatro aniversarios y su sobrina María Ana Jennet cuatro más. Otro caso dado a conocer por dicha autora se centra en el testamento de la gaditana Leonor de Huarte, viuda de don Francisco Gavidia, capitán de Fragata de la Real Armada del Mar Océano. 36 En el poder otorgado el 18 de noviembre de 1766 declaraba “haber profesado singular y especial afecto a tal advocación desde que fue colocada en su capilla y habiendo tenido el honor de ser su camarera, desea ser sepultada en la bóveda de dicha capilla”. 37 Además, “en agradecimiento a la Divina Omnipotencia por los bienes que tiene de su liberal mano”, 38 dejaba un monto principal de 1.500 pesos para dotar a la imagen de toda la cera que haya de servir para su culto, “a intención de su alma y la de su marido difunto a fin de conseguir por este medio que esta Suprema Señora sea abogada, protectora y amparo de ambos ante la Divina Presencia”. 39 De este modo quedaban fijadas con suma precisión las ocasiones en que la Peregrina ha de estar descubierta e iluminada con un máximo de seis y un mínimo de dos velas, según las circunstancias, a saber, todos los sábados, por la mañana, al tiempo de la misa cantada, y, por la tarde, al de las letanías y salves; todas las veces que estuviere expuesto el Santísimo Sacramento; los días de fiestas de precepto desde que se abre la iglesia hasta mediodía; si algún sacerdote quisiere celebrar misa