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SPAL 17 (2008): 97-136 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2008.i17.06 1. ANDALUCÍA COMO CAMPO DE INVESTIGACIÓN DE MISIONES Y ARQUEÓLOGOS EUROPEOS La investigación arqueológica prehistórica y protohistórica en Andalucía estuvo dominada por el trabajo de investigadores nacidos en el extranjero durante el primer tercio del siglo XX hasta el inicio de los años treinta, a lo que se sumó después el paréntesis de la Guerra Civil, siendo casos paradigmáticos las excavaciones de George Bonsor en Carmona (Sevilla) entre 1885-92, Arthur Engel y George Bonsor en Alcolea del Río (Sevilla) en 1890, Louis Siret en Villaricos (Cuevas del Almanzora, Almería) entre 1890 y 1914, George Bonsor en Los Alcores de Carmona entre 1894-98, Arthur Engel y Pierre Paris en Osuna (Sevilla) en 1903-04 Resumen: La identificación de la Tarsis bíblica con el Tartessos de las fuentes clásicas, planteó el problema arqueológico en la segunda mitad del siglo XIX de la necesidad de definir que características tuvo la fase final del Bronce Final en el Suroeste de la Península Ibérica hacia el siglo X AC, contemporáneo a los reinados de Salomon de Israel e Hiram de Tiro. Para resolverlo, el libro Tartessos de Adolf Schulten ofreció en 1922 una propuesta fascinante. Una Tartessos, ciudad según Avieno, sede de un Imperio que abarcaba todo el Sur de la Península Ibérica. Este Imperio había sido mencionado por Homero como Feacia y por Platón como la Atlántida. A partir de entonces, la búsqueda del emplazamiento de esta ciudad legendaria ha determinado la investigación arqueológica, primero en Doñana (Sevilla) por A. Schulten y G. Bonsor. Después en Mesas de Asta (Cádiz) por M. Esteve. En tercer lugar en Carteia (Cádiz) por J. Martínez Santa-Olalla. En cuarto lugar en Carmona (Sevilla) por J. de M. Carriazo y K. Raddatz. Y finalmente en Huelva, por J.P. Garrido. Esta investigación de campo, entre 1923-1970, careció de un registro arqueológico publicado asignable al Bronce Final. Palabras clave: Tarsis, Tartessos, Historia de la investigación, Schulten, Bronce Final, Hierro Inicial. Abstract: The identification of the biblical Tarsis with the Tartessos of the classical sources, outlined the archaeological problem in second half of the 19th century of the need to defining that characteristic had the final phase of the Late Bronze Age in the Southwest Iberian Peninsula toward the Xth century BC, contemporary to the reigns of Solomon of Israel and Hiram of Tyre. To solve it, the book Tartessos of Adolf Schulten offered in 1922 a fascinating proposal. Tartessos, city according to Avienus, headquarters of an Empire that was encompassing all the South of the Iberian Peninsula. This Empire had been mentioned by Homero as Phaeacia and by Plato as the Atlantis. From then on, the search of the site of this legendary city has determined the archaeological investigation, first in Doñana (Seville) by A. Schulten and G. Bonsor. After in Mesas de Asta (Cadiz) by M. Esteve. In third place in Carteia (Cadiz) by J. Martínez Santa-Olalla. In fourth place in Carmona (Seville) by J.M. Carriazo and K. Raddatz. And finally in Huelva, by J.P. Garrido. This field investigation, between 1923-1970, lacked a published archaeological record assigned to the Late Bronze Age. Key words: Tarsis, Tartessos, History of Research, Schulten, Late Bronze Age, Early Iron Age. ESTRATIGRAFÍAS PARA TARTESSOS: DOÑANA, MESAS DE ASTA, CARTEIA, CARMONA Y HUELVA STRATIGRAPHY FOR TARTESSOS: DOÑANA, MESAS DE ASTA, CARTEIA, CARMONA AND HUELVA ALFREDO MEDEROS MARTÍN* * Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad Autónoma de Madrid. Facultad de Filosofía y Letras. Campus de Cantoblanco. 28.049 Madrid. E-mail: [email protected]
98 ALFREDO MEDEROS MARTÍN SPAL 17 (2008): 97-136 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2008.i17.06 y Cerro de la Cruz en Almedinilla (Córdoba) en 1904, Pierre Paris y George Bonsor en Baelo Claudia (Bolonia, Tarifa, Cádiz) en 1917, Adolf Schulten y George Bonsor en el Cerro del Trigo (Almonte, Huelva) en 1923-1926 o Raymond Thouvenot y George Bonsor en Setefilla (Sevilla) entre 1926-27, entre otras, sin necesidad de citar muchos yacimientos prehistóricos excavados por Louis Siret. El único contrapunto en la protohistoria de Andalucía fue, a partir de la Ley de Excavaciones de 7 de Julio de 1911, la realización de excavaciones y recuperaciones controladas en la ciudad de Cádiz a cargo de Pelayo Quintero, profesor de la Cátedra de Teoría e Historia en la Escuela de Bellas Artes de Cádiz, que continuó de forma regular hasta el estallido de la Guerra Civil, presentándose los resultados en pequeñas monografías (Quintero 1917-18: 1920a y b; 1926a y b; 1928-29; 1932-35). La dependencia científica la reconocía la propia Real Academia de la Historia desde fines del siglo XIX, en plena Restauración, como refleja una circular el 12 de marzo de 1883 a los presidentes de las Comisiones Provinciales de Monumentos, cargo que correspondía a los gobernadores civiles, indicando que “Vivimos en una época de activas investigaciones científicas; los arqueólogos extranjeros recorren hoy con facilidad nuestras provincias, y sería mengua que los monumentos artísticos y epigráficos de nuestra antigua cultura, aún desconocidos, fueran publicados fuera de España antes que en nuestro suelo” (Mora y Tortosa 1996: 201). Pero de su potencialidad empezaban a ser concientes algunos investigadores europeos, como Hubner (1888: 222), quien señalaba que “A un Schliemann del porvenir está reservada la tarea de descubrir los vestigios del gran templo de Hércules en Cádiz o las construcciones de los cartagineses en Cartagena”. En los últimos años, cada vez es más frecuente definir esta situación como Arqueología Imperialista (Trigger, 1984) o Imperialismo Científico (Maier 1999a: 265). Según Trigger, la “Arqueología Imperialista o de ámbito mundial está asociada con un pequeño número de estados que han disfrutado o han ejercido un dominio político sobre grandes áreas del mundo. Uno de los aspectos de esta hegemonía, fue que tales naciones ejercieron una poderosa influencia cultural, a la vez que política y económica, sobre sus vecinos”. Así se considera que existió una “colonización informal, la cual consiste en la producción de conocimiento cultural que ayuda a los gobernantes del país imperial al control político indirecto” la cual se plasmó en la fundación de institutos arqueológicos franceses, alemanes o británicos en países mediterráneos (Díaz Andreu, Mora y Cortadella 2009: 29). No obstante, esta dependencia de la investigación foránea debe matizarse. Por una parte, en los dos investigadores más significativos se trataba de personas residentes permanentemente en España durante la práctica totalidad de su vida científica, como pasaba con el belga Luis Siret en Almería y el británico, aunque nacido en Lille, Jorge Bonsor en Sevilla, los dos investigadores más relevantes por el número de yacimientos excavados y las publicaciones derivadas de sus trabajos. Por otra parte, estos autores no presentan una formación académica especializada en Arqueología o Historia Antigua, siendo Luis Siret un ingeniero de minas y Jorge Bonsor un pintor. Como este último reconoce en 1922, “Vine aquí para pintar, pero pronto dejé el Arte por la Arqueología” (Maier 1999b: 124). No sucede así en otros casos. Los investigadores franceses suelen ser clasicistas vinculados a las escuelas francesas que excavaban en el Mediterráneo. Así Engel fue miembro de la École française de Rome (1878-80) y d’Athènes (1881), mientras que Paris lo fue de la École française d’Athènes (1882-85), y ambos ya presentaran un proyecto de creación una École française d’Espagne en 1898, plasmada inicialmente en la École des hautes études hispaniques de Madrid, fundada en 1909 por la Université de Bordeaux (E. Gran-Aymerich y J. Gran-Aymerich, 1991), donde desempeñaba Paris la chaire d’archéologie et d’histoire de l’art desde 1892. Ambos llegaron atraídos por la relaciones de la escultura griega con la escultura ibérica. Años después, Thouvenot fue miembro primero de la École française de Rome (1919-20) y luego de la École des hautes études hispaniques (1925-26). Finalmente, Schulten era catedrático de Historia Antigua en la Universidad de Erlangen desde 1906 y tuvo en Numancia y Tartessos sus principales ámbitos de trabajo de campo. En estas misiones extranjeras o en excavaciones privadas, la posibilidad que hubo de exportar al extranjero los materiales arqueológicos recuperados, o su paso a colecciones privadas, fue un evidente incentivo para los museos que recibían las piezas, lo que se trató de cortar con la Ley de Excavaciones de 1911, cuyo borrador había elaborado Gómez Moreno, la cual fue mal recibida por estos investigadores. Como señala Bonsor a Huntington en Marzo de 1912, “La nueva Ley de Excavaciones. Creo que la Ley ha sido redactada al completo por el Cuerpo Oficial de Archiveros, Bibliotecarios y Anticuarios. Los arqueólogos del país no han sido consultados al respecto. Bien es verdad que hay muy pocos en España (...) Un hombre rico como el Marqués de Cerralbo puede que entregue complacido todo lo que encuentre a los Museos, pero el hecho de que ahora estaré obligado a hacerlo, es una cosa
99ESTRATIGRAFÍAS PARA TARTESSOS: DOÑANA, MESAS DE ASTA, CARTEIA, CARMONA Y HUELVA SPAL 17 (2008): 97-136 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2008.i17.06 muy diferente” (Maier 1999b: 191 carta nº 145). Sólo un año y medio antes, el 22 Octubre de 1910, Bonsor había acabado de excavar la necrópolis romana de Cañada Honda del Gandul en Sevilla, “han sido abiertos, hasta el momento, 179 quemaderos”, y el 2 de Noviembre de 1910 ya le comunica a Huntington, para la Hispanic Society, “Le ofreceré la colección completa de la Cañada Honda, todo ha sido cuidadosamente limpiado y restaurado y está preparado para ser colocado en las vitrinas de su museo”, por los que recibió un cheque de 23.565 pesetas (Maier 1999b: 181 cartas nº 114 y 116, 187 carta 133). En España, la falta de arqueólogos especialistas fue cubriéndose poco a poco, en particular durante la segunda mitad de los años veinte del siglo XX, primero Pedro Bosch Gimpera en la Universidad de Barcelona en 1916, Hugo Obermaier en la Universidad Central en 1922, Cayetano de Mergelina en la Universidad de Valladolid en 1925, Luis Pericot en la Universidad de Santiago en 1926, Elías Serra Ràfols en la Universidad de La Laguna en 1926 y Juan de Mata Carriazo y Arroquia en la Universidad de Sevilla en 1927. El caso concreto de Sevilla es un buen ejemplo, en 1912 Bonsor le comenta por carta a Huntington que “actualmente yo soy el único excavador de toda la provincia de Sevilla”, y tendrán que pasar 15 años después cuando desde una institución oficial, ya un investigador formado, Carriazo, en carta del 26 de Octubre de 1927, se presenta educadamente “al distinguido investigador de las antigüedades andaluzas, a quien tanto deben los estudios de Prehistoria española, y ponerme a su disposición (...) admirador, que le ofrece su amistad y queda a sus órdenes” (Maier 1999b: 129 carta nº 257, 191 carta nº 145). Por entonces, Bonsor tenía 72 años y Carriazo 28 años. 2. TARSIS-TARTESSOS Ya a finales del siglo XVI, el jesuita sevillano, padre Juan de Pineda, en Salomon praevius, sive de rebus Salomonis regis libri octo (1609: IV, 4) identificó Tarsis con Tartessos, convirtiéndose en un tema habitual en la literatura, y a partir de entonces ya se asumió mayoritariamente su emplazamiento en la Península Ibérica, proponiéndose distintos posibles emplazamientos. La provincia de Cádiz ha sido la que ha recibido más atribuciones para identificar la ciudad de Tartessos. La propuesta más frecuente será la identificación de Tartessos y Gadir, que aparece en autores como Horozco (1598/1845), Suárez de Salazar (1610), el Marqués de Mondéjar (1687/1805) o Masdeu (1790: 30). En la región de Cádiz también se ha localizado Tartessos en Sanlúcar de Barrameda (Caro 1634: 126-127), Rota (D’Anville 1764), Medina Sidonia (Castro 1858 y ms. inédito) o Tarifa (Mariana 1601/1950: 21, 25). Carteia, muy citada en las fuentes clásicas, fue retomada por Lairens en el siglo XVIII, en Disertación sobre la identidad y sitio de la antigua ciudad de Tarteso y Carteya, y después por Ceán Bermúdez (1832: 245). No faltarán autores que defiendan su emplazamiento en otras zonas del litoral ibérico mediterráneo, caso de Saavedra (1896/1929) en Cartagena, Costa (1891- 95: 14) en la isla de Escombreras en la bahía de Cartagena o Redslob (1849) y Bayerri (1933) en Tortosa, junto a la desembocadura del río Ebro, o incluso en el litoral atlántico portugués, como Jauregui (1952: 71- 72) que lo sitúa en Castro Marín, en la orilla derecha de la desembocadura del río Guadiana. Los autores del tránsito del siglo XIX al XX son fieles continuadores de esta corriente, como Bonsor (1899/1997: 10) que hizo su primera asignación de la posible ubicación de “una ciudad llamada Tartessos (...) –Tarshish en la Biblia– entre Rota y Chipiona, sobre el mismo borde del mar, o aún más probablemente, sobre la parte opuesta de la isla bañada por el primitivo brazo del río. He visitado en repetidas ocasiones estos parajes, mas están de tal manera invadidos por la arena del mar que no sería posible proseguir las prospecciones sino por medio de excavaciones profundas y costosas”. Por su parte, Schulten en su texto sobre Hispania de la Real Encyclopädie der Klassischen Altertumswissenschaft, publicado en 1912 pero redactado antes, sitúa también Tarsis en la Península Ibérica, “Tarschisch es la forma semítica del griego Tarsis o Tartessos, en latín Turta. Turta es la capital de los turtetanos o turdetanos, también llamados túrdulos, esto es, pueblos de Turta” (Schulten 1920b/2004: 189). 3. “ÁFRICA EMPIEZA EN LOS PIRINEOS” EN EL MODELO COLONIALISTA DE SCHULTEN Schulten había orientado su investigación hacia el Mediterráneo como muchos de sus ilustres antecesores, “hasta nuestro días se ha convertido el Sur en meta de artistas, poetas y sabios, entre los cuales recuerdo a Winckelmann, Goethe, Gregorovius y Mommsen, que siendo jurista, en Italia se hizo historiador” (Schulten 1953: 13). Su trayectoria trató de ser similar a la de Mommsen, y de su formación inicial de filólogo clásico y jurista, fue potenciando su faceta de historiador, complementada con la de arqueólogo. En su escritorio tenía una fotografía de Mommsen firmada (Mañas 1983: 412
100 ALFREDO MEDEROS MARTÍN SPAL 17 (2008): 97-136 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2008.i17.06 carta nº 13), según le comenta en una carta en 1905 a Saavedra La mejor definición de su personalidad la aporta su maestro Ulrich von Wilamowitz-Moellendorff en una carta al Director General de las Universidades Prusianas, Friedrich Althoff, “Es un alumno inteligente y aplicado” pero “es muy presumido y ambicioso”, “puede llegarse a hacer algo con él, siempre que se le ate corto” (Blech 1995: 185 n. 33). Su ego le llevó a cometer graves errores y granjearse antipatías innecesarias, desde el personalismo en el título de alguno de sus libros como “Mis excavaciones en Numancia” (Schulten 1914a), defectos que se incrementaron con la edad. El haber acertado previamente, a través del estudio de las fuentes y la topografía, del emplazamiento de todos los campamentos que rodeaban Numancia antes de su excavación, salvo el Castillejo (Schulten 1905), le convenció de la casi infalibilidad de sus puntos de vista. Así, en Numancia, a Eduardo Saavedra, quien le consiguió el permiso de excavaciones y después conservarlo en 1906, al que le pidió su fotografía firmada para tenerlo en su escritorio (Mañas 1983: 412 carta nº 13) y se dirige a él desde Febrero de 1906 como “Mi distinguido maestro” (Mañas 1983: 412 carta nº 15), años después lo califica como “un señor ya mayor nos dirigió algunas palabras amables pero incomprensibles, luego me enteré de que había intentado hablar en Alemán” (Schulten 1953: 20-21). O en Ampurias, donde considera que “Puedo enorgullecerme también de haber dado el primer golpe de pala en Ampurias en 1905, abriendo así el camino a las excavaciones españolas” (Schulten 1953: 63). Como reconoce su buen amigo Pericot, la combinación de “cierta rigidez muy propia de las gentes nórdicas, a una escasa paciencia para el trato personal y –como él mismo reconoció en más de una ocasión– cierta falta de tacto en sus años juveniles y aún maduros, le granjearon enemistades que alimentaron la leyenda antischulteniana” (Pericot 1959: 18). Entre 1909 y 1912, Schulten excavó en los campamentos romanos en Renieblas (Soria), influyendo en el final de las excavaciones probablemente la promulgación de la Ley de Excavaciones de 1911, que impedía la exportación de materiales arqueológicos. Debe tenerse en cuenta que Schulten exportó no sólo los materiales de su excavación en el poblado de Numancia en 1905, que envío a Alemania al día siguiente que le fueron reclamados por el jurista y Secretario de la Comisión Provincial de Monumentos Artísticos de Soria, Mariano Granados Aguirre, acompañado por el periodista Pascual Pérez Rioja y el Abad de Soria Santiago Gómez Santacruz, para que fuesen depositados en la Diputación de Soria. Estos materiales arqueológicos fueron posteriormente devueltos al Museo Arqueológico Nacional después de la mediación de Eduardo Saavedra para poder disponer de permiso de excavación en 1906, “todas las gestiones fracasarán si no se cumple previamente el ofrecimiento de devolver los objetos que se remitieron a Alemania. Cuando V. solicitó permiso para excavar, ofreció espontáneamente que todo lo hallado quedaría en la localidad” (Saavedra a Schulten en Mañas 1983: 418 carta nº 16bis; Blech 1995b: 45; Jimeno y de la Torre 1999: 562, 567; Jimeno 2002: 164), para poder fundar en “Garray un pequeño ‘Museo Numantino’” (Mañas 1983: 407 carta nº 8). Sino también siguió enviando el material recuperado de los campamentos romanos que rodearon en el cerco a Numancia, que actualmente está depositado en el Römisch-Germa- nischen Zentral-Museum de Mainz-Maguncia, aunque la recuperación fue selectiva (Sanmartí 1988: 130), primando las armas y los objetos metálicos. Estos envíos fueron motivo de serios conflictos con el Vizconde de Eza, propietario del terreno, “Parece que dicho señor se enfadó conmigo porque aún no le mandé la parte prometida de los objetos encontrados en el campamento de Peña Redonde. No puedo antes que todo sea estudiado” (Mañas 1983: 430 carta nº 30), circunstancia que parece que no se cumplió. Schulten buscaba un lugar de trabajo que le reportase éxitos científicos importantes en su estudio sobre el Mediterráneo en época romana, y la Península Ibérica era más segura que el Norte de África y la mejor opción como área de trabajo. En el Norte de África, donde tenía que competir con los arqueólogos franceses en condiciones de inferioridad, pues estos tenían acceso a los principales yacimientos por la ocupación colonial francesa, ya había ganado prestigio con la publicación de su libro Das römische Afrika en 1899, que también se tradujo al francés y al italiano, estrategia que también siguió con sus trabajos publicados sobre España. Por otra parte, Italia, como señala Pericot (1940: 53), “excluía a los extranjeros de sus excavaciones apenas eran coronadas por el éxito”. Ese año de 1899 visitó por primera vez España, publicando ya una nota en el Frankfurter Zeitung sobre las Islas Baleares (Schulten 1900). Poco después orientaba sus lecturas hacia la Península Ibérica, leyendo en Göttingen en el invierno de 1901-02 la Iberike de Apiano, que le llevó a visitar en Agosto de 1902 el emplazamiento de Numancia (Schulten 1953: 15), donde inició excavaciones durante 4 meses entre agosto y finales de noviembre de 1905. Inicialmente especializado en la arqueología romana del Norte de África, había venido a España considerándola como una prolongación de este territorio.
101ESTRATIGRAFÍAS PARA TARTESSOS: DOÑANA, MESAS DE ASTA, CARTEIA, CARMONA Y HUELVA SPAL 17 (2008): 97-136 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2008.i17.06 Aún después de todos sus años de campañas en Soria, en 1913 comenta de sus contemporáneos sorianos, “Ante todo tienen los iberos como rasgo característico la falta de cultura, la incapacidad de ser cultos ellos mismos y de asimilar la cultura ajena. Eso es una herencia maldita del continente africano. La burla africana de que África empieza en los Pirineos es una verdad como un templo” (Schulten 1913a y 1913b). Al ser España una prolongación de África, consideraba a sus habitantes incapaces de un desarrollo cultural autóctono, por lo cual las transformaciones socioeconómicas y culturales habrían sido resultado de influencias procedentes de Asia Menor y el Mediterráneo Oriental. Su texto en la Geografía y Etnografía Antiguas de la Península Ibérica es especialmente importante porque es un trabajo en su madurez científica, donde trata de razonar estos puntos de vista de su visión sobre España. “En el Sur, el Estrecho de Gibraltar, en vez de separar a España del norte de África, la une con ella, y por tal motivo recibe de allí su población primitiva, cuyo carácter pasivo e inculto ha sido decisivo en la evolución cultural de España (...) La verdad de la frase, muchas veces citada, de que ‘África empieza en los Pirineos’, y que, por consiguiente, España forma parte de África, se deduce especialmente de la formación orográfica de la Península (...) La meseta ibérica tiene en común con la norteafricana su superficie más o menos plana. Esto explica que los habitantes de ambas mesetas fuesen, en la antigüedad, pueblos de jinetes (...) Los primeros habitantes del paleolítico de España son oriundos de África, y los iberos son bereberes inmigrados desde allí y coinciden con ellos en constitución física y en armas, costumbres, nombres de lugar, etc. De África proceden más tarde los libio-fenicios (...) De Africa proceden luego los cartagineses (...) En épocas posteriores siguieron los moros haciendo incursiones en la rica Andalucía (...) Y, por último, fueron los bereberes y árabes los conquistadores de España (...) De África, España recibió el elemento históricamente más importante, la mayor parte de su población. Este don africano no fué un bien. Como parientes de los bereberes, los iberos resultaron incapaces de cultura. Estrabón habla de la indolencia de los iberos y Mela de la pereza de los bereberes. Igual que los bereberes son los iberos, un pueblo apolítico, dividido en centenares de tribus (...) Como los bereberes han tenido sólo pocos jefes importantes (por ejemplo, Masinisa y Jugurta), los iberos obedecieron casi únicamente a Viriato (...) El rasgo anárquico en el carácter español, la resistencia al orden y a la subordinación, sin los cuales no hay civilización ni desarrollo estatal, es la herencia de África y, por desgracia, aparece aún en los tiempos modernos” (Schulten 1959: 49-54). En conclusión, “podría usarse para España el nombre de ‘Africa Menor’, ya que geológica y etnográficamente pertenece a África, ya que de hecho empieza en los Pirineos” (Schulten 1959: 60). Las transformaciones sólo habrán de surgir en la Península Ibérica por la llegada de población del Mediterráneo Oriental. “Así pues, fué destino de España sufrir desde los tiempos más primitivos la intervención extranjera. Un destino parecido al de sus hermanos los bereberes, que se acomodaron sucesivamente, primero, a las colonias de los fenicios, y después, a la dominación de los cartagineses, y, finalmente, a la de romanos, vándalos y árabes. Este mismo destino se debe a una condición semejante: el carácter pasivo y apolítico de sus habitantes (...) la influencia más beneficiosa ha sido la de los tirsenos, a los que debemos adscribir la civilización elevada del imperio tartéssico, y la de los griegos, que se contentaron con pequeñas factorías y sólo aportaron provecho al país. Ya menos beneficiosa fué la de los fenicios, que se contentaron también con factorías, pero sólo aportaron valores materiales. Completamente negativa fué la influencia del dominio cartaginés. Roma, en cambio, reparó en parte con los beneficios de la época imperial la sangre y destrucción que había traído a los iberos en el tiempo de la República. Menos valiosa fué la inmigración de los celtas y germanos” (Schulten 1959: 58-59). “Pero incluso la civilización romana se limita, igual que la colonización pre-ro- mana, a las zonas mejores del país, a la costa oriental y meridional. En la meseta, en el occidente y en las montañas de la costa del norte se mantuvo la vieja barbarie” (Schulten 1959: 55). Por ello serán las colonizaciones tirsena y griega focea del Asia Menor en la costa andaluza y levantina sus principales objetivos científicos en la Península Ibérica. 4. LA BÚSQUEDA ARQUEOLÓGICA DE TARTESSOS El inicio de la búsqueda por Schulten de Tartessos parte de la publicación del periplo de Himilcón a partir de la información presente en la Ora Marítima por Blázquez y Delgado-Aguilera (1909: 331, 384, mapa), que en el mapa anexo a la publicación señala con claridad el emplazamiento de Tarteso, del sinus Tartesio y del territorio de los Tartesios, indicando que “Tarteso estuvo en una isla de poco más de 100 estadios [18.5 km.] que el Betis formaba, y en su brazo occidental”. No obstante, ya en un estudio previo había propuesto un emplazamiento aún más concreto, en función
102 ALFREDO MEDEROS MARTÍN SPAL 17 (2008): 97-136 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2008.i17.06 de un segundo brazo del Guadalquivir que pasaría por la Laguna de Santa Olalla, desembocando entre las Torres de La Higuera y la de Carbonera (Blázquez y Delgado-Aguilera 1894: 413). Leído este trabajo, al año siguiente ya aparece Schulten en Sevilla, con 40 años de edad, buscando su emplazamiento, con lo que se va a convertir en la primera vez que se trató localizar la ciudad a partir de una investigación de campo. Schulten excavaba entonces en Soria y podía tener contacto directo o indirecto con un académico de número de la Real Academia de la Historia como Antonio Blázquez, o al menos leía con detalle sus publicaciones. Su primer intento fue tratar de incorporar a Bonsor, el arqueólogo más reconocido en Andalucía Occidental, entonces con 55 años, que le podía ayudar en el campo pero a la vez tratando también de no crear un conflicto en su zona de trabajo arqueológico pues “es de su dominio”. Ya en 1902, en una carta, Pierre Paris denominaba a Bonsor “Es Ud. el Schliemann del Guadalquivir” (Maier 1999b: 55 carta 81). Es posible que ya Schulten y Bonsor se conocieran personalmente pues en Julio de 1906, cuando aún era profesor en la Universidad de Göttingen, Schulten había estado en Sevilla y Carmona y le escribió el día 13 (Maier 1999b: 82 carta 145) para tratar de verlo cuando visitase Carmona. Schulten ya había intentado que en las excavaciones de Numancia participase algún arqueólogo español que facilitase la tramitación administrativa de los permisos según solicitó por carta a Saavedra en 1906, “Deseo que manden para asistir a mi excavación un joven arqueólogo que ha hecho buenos estudios en la universidad para que represente [a] la [Real] Academia [de Historia] y para aprender la técnica de la excavación” (Mañas 1983: 414 carta nº 14). Siguiendo la propuesta de Blázquez y Delgado Aguilera, Schulten ya partía de un primer posible emplazamiento de Tartessos. Sobre la “excursión arqueológica para la búsqueda de Tartesos. Debe estar situada bajo las dunas de Torre Carbonera al Este de la antigua desembocadura Oeste del Betis. Pienso ir allí a fines de septiembre y le ruego me diga si le encuentro en esa época en Sevilla para ir juntos a Sanlúcar y Torre Carbonera. Le ruego prepare usted la cosa; es de su dominio de usted. Estudie el terreno y dígame si se podría hacer una excavación. Busque usted, sobre todo, mapas del terreno”, “Me pregunto si [mi proyecto] apenas es egoísta, pues usted debe encontrar Tarshish. Le ruego tome informes sobre la propiedad de las dunas de F.T. de Torre Carbonera y pida permiso para V. y para mí. Usted tiene amigos en Sevilla. Deberían procurarse en Sanlúcar 10 hombres y piochas (para poder hacer una buena trinchera) cuyos gastos podríamos compartir. Infórmese también si se encuentra con seguridad alojamiento y comida en Torre Carbonera a fin de mes. Pero sobre todo procure venir conmigo. Si tuviera la fortuna de encontrar Tarshish sería un buen golpe” (Maier 1999b: 101-102 cartas 186-187). Según Maier, fue Bonsor quien planteó a Schulten una excursión para localizar Tartessos (Maier 1999a: 262), pero creemos que fue una propuesta de Schulten, pues indica el posible emplazamiento y la confusión surge por problemas de Schulten en la redacción en francés de la carta. Es una lástima no tener la carta de Bonsor previa a Schulten y debería precederla una previa de Schulten que no se conserva. Nadie había iniciado este tipo de búsqueda previamente y si Schulten al final fue sin Bonsor es evidente que la intención partió de Schulten, el más interesado, y no de Bonsor. Sería absurdo que Bonsor hubiese propuesto primero a Schulten una exploración en Doña Ana para buscar Tartessos y luego desistiese de ir y dejara marchar sólo a Schulten, en el caso de que Bonsor hubiese sido el primer interesado. Bonsor le comenta en una misiva a Huntington el 12 de Septiembre de 1910, sin especial interés por el tema, “ahora estoy esperando la visita de Adolf Schulten, el descubridor de Numancia, después de reconocer que Andalucía est mon domaine a[r]cheologique. Se ofrece a explorar conmigo el yacimiento del misterioso Tartessos, la Tarshish de las escrituras, que muy probablemente estuviese situado en la costa, entre Sanlúcar de Barrameda y Huelva, en las dunas de arena de Arenas Gordas, cerca de un pequeño pueblo de pescadores llamado Torre Carboneros. Schulten es doctor en la Universidad de Erlangen. El Kaiser paga todos sus gastos de viajes y excavaciones. Yo me tendré que sufragar mis propios gastos y bajo tales condiciones dudo aceptar su proposición de trabajar, pour ainsi dire...pour le Roi de Prusse (...) La profunda religiosidad del Kaiser le condujo a investigar sobre la Tarshish bíblica” (Maier 1999a: 262 y 1999b: 179-180, carta 111). Este comentario sólo puede haber procedido de una correspondencia previa con Schulten que no se conserva, quien le señalaría a Bonsor el interés personal del propio rey de Prusia, el cual probablemente quedó convencido por la confianza que tenía Schulten en su localización después de su éxito en Numancia. Schulten llegó de Cáceres el 25 de Septiembre y después de estar con Bonsor en Sevilla y Carmona el día 26, visitando yacimientos en Los Alcores (Maier 1999b: 263 n. 22), marchó sin él a Huelva, pero los resultados fueron infructuosos, como reconoce después de 3 días de viaje, “He estado en Torre Carbonera, pero
103ESTRATIGRAFÍAS PARA TARTESSOS: DOÑANA, MESAS DE ASTA, CARTEIA, CARMONA Y HUELVA SPAL 17 (2008): 97-136 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2008.i17.06 allí no hay nada del brazo muerto del río y nadie había visto vestigios de Tarsis. El libro de Blázquez no sirve” (Maier 1999b: 101 carta 188). El 30 de Septiembre no coincidió Bonsor con Schulten en Sevilla, al pasar el primero a visitarlo al hotel, pues Schulten había preferido ir a ver una corrida de toros, uno de los elementos que utilizará en el futuro para interrelacionar la Creta minoica y Tartessos. Esta primera exploración, que al final se redujo a una prospección sin sondeo, la consideró el inicio sus investigaciones de campo visitando un tramo de 18 km. entre la desembocadura del río Guadalquivir y Torre Carbonera en 1910, “recorrí a pie en un día la costa desde Malandar (frente a Bonanza) a Torre Carbonera, ida y vuelta, 18 kilómetros cada vez”, durante 8 horas en un trayecto de ida y vuelta (Schulten 1922b/2006: 155; 1945/1972: 261 y 1953: 52; Pericot 1940b: 58). Schulten ya nunca se va a olvidar de este tema que se convirtió en su principal objeto de estudio. Como años más tarde reconoce Bonsor, “En 1910 la cuestión de Tartessos volvió a ponerse sobre el tapete, cuando el profesor Schulten, que había leído todos los textos sobre el asunto, visitó las dunas de Torre Carbonera. Es, creo, el primer arqueólogo que fué al terreno, donde nada encontró, según una carta que me escribió entonces” (Bonsor 1922a: 168). Durante la Primera Guerra Mundial acabó la redacción de su monografía sobre Viriato (Schulten 1917), pero después ya debió dejar esbozados los borradores de sus libros sobre Tartessos y el periplo de Avieno, no publicados hasta 1922, si nos atenemos a sus palabras, “Durante la primera Guerra Mundial escribí, además del comentario sobre Avieno y del libro ‘Tartessos’, una biografía de Sertorio” (Schulten 1953: 52), por lo que sus visitas a España a partir de 1919, acabada la guerra, ya estaban dirigidas a contrastar en el terreno datos de ambos libros. Primero, con el apoyo económico del Institut d’Estudis Catalans, dirigido por el arquitecto Josep Puig i Cadafalch y de dos comerciantes alemanes de Barcelona, el Dr. Schaefer y el Sr. Vincke (Schulten 1953: 53), durante 4 meses en 1919 va a iniciar un estudio de campo de la costa mediterránea española citada en el periplo de Avieno. Las visitas a la costa mediterránea para el estudio topográfico del periplo continuaron durante 1920, y en el tramo de la costa gerundense del Ampurdán fue acompañado durante la primavera por Luis Pericot (1940: 48 y 1959: 13-14), lo que marcó el inicio de la amistad de ambos. En segundo lugar, a inicios de 1920, un día de lluvia torrencial, visitó con Luis Clauss, cónsul de Alemania en Huelva, el tramo de costa entre el río de Torre del Oro y la ciudad de Huelva, pasando por el Arroyo de Mazagón, Julianejo, faro de El Picacho, Arroyo de Los Caños y la Torre de la Arenilla. En 1921 recorrió en barca el cauce del río Guadalquivir desde Sevilla hasta Bonanza junto al general Lammerer, firmando la introducción al libro en Diciembre de 1921 (Schulten 1922b/2006: 155). Una carta de Schulten al ingeniero del puerto de Huelva, José Albelda Albert, correspondiente en Huelva de la Real Academia de la Historia, de Julio de 1920, demuestra que no se había olvidado de Blázquez y Delgado-Agui- lera y le pregunta a Albelda “Ha estudiado V[d.] la cuestión del [sic] la 2 embocadura del Guadalquivir? según Blasquez [sic] se ve entre torre Higuera y Torre Carbonera” (Ferrer 1995: 306, carta 1). Por entonces ya se había iniciado una competición científica por acceder al supuesto emplazamiento de Tartessos en el Coto de Doña Ana. A partir de 1920, Bonsor empieza también a explorar este mismo sector de costa, estimulado desde la Real Academia de la Historia, “la idea de esta exploración arqueológica de la costa, se la debo a mi amigo el académico madrileño D. Antonio Blázquez” (Bonsor 1921: 517), con el que le unía una estrecha amistad, pues su residencia, el castillo de Mairena del Alcor, había sido adquirido al propio Blázquez por el que pagó 2.000 pesetas el 16 de Noviembre de 1902, y después de restaurarlo, instaló allí su residencia desde Marzo de 1907 (Maier 1999a: 197-200 y 1999b: 58 carta nº 87). El Castillo había sido propiedad del Duque de Osuna y Arcos, Mariano Téllez Girón, pero al morir hasta 1897 pasó a la Junta de Acreedores y Obligacionistas del Duque de Osuna. Resultado de estas nuevas exploraciones acabó publicando dos trabajos donde evalúa la información disponible sobre Tartessos y de su posible emplazamiento en el Coto de Doña Ana, ambos en la Real Academia de la Historia (Bonsor 1921 y 1922a), con sus correspondientes versiones en francés, publicados por la Hispanic Society (Bonsor 1922b y 1922c). La primera prospección la realizó durante Agosto de 1920, comentado que “He oído decir que esto mismo había hecho el profesor Schulten, pero no creo que ningún otro arqueólogo se haya aventurado”, partiendo desde La Rábida en Huelva hasta Sanlúcar de Barrameda (Bonsor 1921: 214-216). Una vez realizado, propone una interpretación de los topónimos recogidos en la Ora Marítima de Avieno y plantea la presencia de un segundo brazo del río Guadalquivir que desembocaría en El Vapor Perdido-La Entrevista, lugar que visitó el 28 de Agosto. Este antiguo brazo del río atravesaba cuatro lagunas denominadas Charco del Toro, Santa Olalla-La Pajarera, La Dulce y el Sopetón, proponiendo que Tartessos se localizaría entre la laguna de El Sopetón y la duna de Carrinchal (Bonsor 1921: 217, 223),
104 ALFREDO MEDEROS MARTÍN SPAL 17 (2008): 97-136 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2008.i17.06 trazando el segundo posible brazo fluvial del Guadalquivir, del que levantó un croquis el 25 de Agosto de 1921 (Bonsor 1922a: mapa). La indicación de este supuesto “antiguo brazo del río” realmente había sido de los carabineros y guardas del Coto que lo acompañaba, buenos conocedor del terreno. “El guarda, que se daba perfecta cuenta de la cuestión que yo trataba de resolver, me dijo que desde el Charco del Toro hasta El Sopetón, todas estas lagunas forman entonces una sola capa de agua, y después de haber meditado un momento, añadió con aire convencido: Este es seguramente el brazo del río que usted busca” (Bonsor 1922a: 162). Bonsor ya pensaba excavar ese mismo Agosto de 1920 pero no consiguió autorización del Duque de Tarifa, “Yo había venido a Matalascañas muy dispuesto a emprender estos trabajos, para los cuales disponía entonces de los fondos necesarios. Pero (...) los propietarios del terreno negáronse a concederme el permiso que atentamente les pedí para practicar en él las necesarias excavaciones” (Bonsor 1921: 223-224). Es presumible que Schulten, o alguien en su nombre, ya debía haber hablado con el Duque de Tarifa para prospectar y excavar en el Coto de Doña Ana y tenía reservado su estudio antes del verano de 1920, porque Bonsor (1921: 224) comenta “me enteré de que los guardas del coto estaban prevenidos contra la intrusión de los arqueólogos”. Es dudoso que eso fuera resultado de la prospección de Schulten de la zona durante sólo un día en 1910. Es posible que Schulten lo hubiese gestionado directamente a inicios de 1920 cuando vino a España y estuvo prospectando la costa onubense. El Ducado de Tarifa había sido creado en 1886, concedido a la madre del entonces duque, doña Ángela Pérez de Barradas y Bernuy (1827-1903), también Duquesa de Denia, hija de Fernando Pérez de Barradas y Arias de Saavedra, IX Marqués de Peñaflor. Estaba casada con Luis Antonio de Villanueva Fernández de Córdoba Figueroa y Ponce de León, XV Duque de Medinaceli. El Ducado de Tarifa fue cedido por su madre en 1890 a Carlos Fernández de Córdoba y Pérez de Barradas (1864-1931), pero al morir sin descendencia de su matrimonio con María de los Ángeles de Medina y Garvey, hija del Marqués de Esquivel, paso a uno de sus sobrinos, Luis Jesús Fernández de Córdoba y Salabert (1880-1956), XVII Duque de Medinaceli y III Duque de Tarifa, hijo de su hermano mayor, Luis Fernández de Córdoba y Pérez de Barradas, XVI Duque de Medinaceli. El primer trabajo de Bonsor, acabado de redactar el 15 de Noviembre de 1920, fue presentado el 25 de Febrero de 1921 en la Real Academia de la Historia por Mélida, estando también presente el Marqués de Cerralbo, que se ofreció para mediar con su amigo, el Duque de Tarifa y conseguir la autorización de la excavación, que fue finalmente concedida (Bonsor 1922: 152-153 nota 1), antes de su segunda campaña de Agosto de 1922, pues desde el 10 de Junio de 1922, obtuvo el permiso de excavación del Duque de Tarifa (Maier 1999b: 124 carta nº 242). El primer objetivo durante su primer día de estancia en Agosto de 1921 era visitar el Montón de Trigo, asentamiento romano descubierto en 1902 cuando se extrajo parte de la piedra calcárea para construir el palacio del Duque en La Marismilla, información recibida del guarda donde advirtió que era “el puesto de observación de un poblado romano que se descubrió cerca de allí, en 1902” y “Este Montón no es un túmulo, como me había figurado” (Bonsor 1922a: 154-155). Su segundo objetivo fue fijar mejor el segundo brazo del río y el emplazamiento de Tartessos que acabó situando entre Matalascañas y Torre Carbonera (Bonsor 1922a: 162 y 1928: 5), posible brazo oeste del río del que Schulten (1924: 27) reconoce su descubrimiento por Bonsor. 5. LA PUBLICACIÓN DE TARTESSOS EN 1922 El despegue real del interés por este tema se produjo realmente con publicación del fascinante libro de Tartessos por Schulten (1922a), el cual va a generar una creciente atención a su búsqueda arqueológica. Schulten en la introducción de su libro indica claramente cuales fueron los factores determinantes de su trabajo, que arranca de su estudio del periplo de Avieno (Schulten 1922d-e), fuente escasamente valorada, lo que había contribuido al olvido de Tartessos (Schulten 1922b/2006: 23-24) y en segundo lugar a que Movers (1850/1967/2: 594-614) “se esforzó en demostrar que la ciudad de Tartessos no había existido”, (Schulten 1922b/2006: 23, 123), idea que acabó calando en Müllenhoff (1870/1: 150) quien afirma que “no ha existido nunca la ciudad de Tartessos”. En esta nueva propuesta resulta clave que considera que el redactor del periplo de Avieno no se trataba de un marino fenicio-cartaginés del siglo VI a.C., como defendía Müllenhoff (1870/1: 202), sino que era una fuente griega, un periplo masaliota del siglo VI a.C., en el cual el trayecto desde Masalia hasta Tartessos creía que había sido descrito a partir del periplo de Eutímenes (Schulten 1922b/2006: 82, 84-85 y 1923: 76-77). Otro aspecto fundamental es que el periplo de Avieno (O.M., 290) menciona claramente a Tartessos como una ciudad, civitatis (Schulten 1922b/2006: 87).
105ESTRATIGRAFÍAS PARA TARTESSOS: DOÑANA, MESAS DE ASTA, CARTEIA, CARMONA Y HUELVA SPAL 17 (2008): 97-136 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2008.i17.06 Un segundo factor, inherente a su propuesta que levantó grandes expectativas, fue la ecuación Atlántida= Tartessos, pues “la hermosa ficción platónica de la isla Atlántida (Kritias, 113-121; Timeo, 24e-25d) contiene una noticia obscura de Tartessos” (Schulten 1922b/2006: 110), o con más claridad, “A Tartessos se refiere indudablemente el hermosísimo cuento de la Atlántida que Platón relata en el Kritias y en el Timeo (...) y a nadie se le ha ocurrido pensar en Tartessos” (Schulten 1923: 81), idea que acabó desarrollando (Schulten 1927). Así, los datos sobre su ubicación aportados por Platón fueron utilizados por Schulten en su búsqueda y cuando se planteó localizar Tartessos partió de la premisa que la “ciudad de los atlántides estaba a orillas de un brazo de mar a 50 estadios (9 kilómetros) del mar (Kritias, 115d; 117e)” (Schulten 1922b/2006: 168). El tercer elemento que subyace es la ecuación no sólo de Tarsis con Tartessos y con la Atlántida, sino también con los feacios de Homero. Esta idea ya aparece en autores tan importantes como Obermaier (1923: 45) al año siguiente del libro Tartessos. Esta hipótesis, inicialmente propuesta por Breusing (1889), fue desarrollada por autores como Hennig (1925, 1926 y 1934) y Netolitzky (1926: 53-54 y 1927), ya publicado el libro Tartessos, y acabó siendo aceptada por Schulten (1945/1972: 181-183), una vez admitió de Hennig determinadas referencias en la Odisea que indican su conocimiento del Océano Atlántico (Schulten 1939b: 89- 95 y 1945/1972: 97-101). Una vez aceptado su carácter urbano, de reino atlántide y feacio, resulta lógico que lo asuma como no sólo como Estado (Cruz Andreotti 1987: 238-239), sino como un Imperio que ocupaba el Sur de la Península Ibérica, “Tartessos es la más antigua ciudad-estado del Occidente. En este sentido también recuerda a los imperios orientales (...) Un imperio tal y tan grande (...) que vivió más de 1.000 años”. Este territorio abarcaba buena parte de la mitad meridional de la península Ibérica, “El imperio de Tartessos se extendía por Occidente hasta el Anas [Guadiana] (...) y por el Oriente hasta el Júcar” (Schulten 1922b/2006: 140). Es importante observar que la escultura ibérica, al igual que ya había atraído a Arthur Engel y Pierre Paris a excavar en la Península Ibérica, se convierte también en un elemento que anuncia el arte tartésico, las “esculturas ibéricas no permiten sino vislumbrar el arte tartésio, cuyas obras descansan aún bajo la tierra, aguardando al feliz descubridor que las saque a la luz del día. Cuando Andalucía haya encontrado su Schliemann, el mundo y el arte tartesio desplegará su brillantez por modo súbito y sorprendente” (Schulten 1922b/2006: 136). Según Schulten, Tartessos había sido fundada por los cretenses (Schulten, 1922b/2006: 23-34), “Si Tartessos fuera una colonia de marinos egeos, por ejemplo, de cretenses o carios, se explicaría en un momento su antigua y elevada cultura, como también sus coincidencias con Creta en la metalurgia, en la escritura, en el culto de los toros, etc. Colonia egea, Tartessos habría sido fundada hacia el milenio tercero o segundo, a.J.C. (...) Una Tartessos cretense sólo podía fundarse antes de la caída del poderío cretense (en 1200)” (Schulten 1922b/2006: 153). También serían indicativos “algunos signos gráficos cretenses que reaparecen en el alfabeto ibérico (...) Por otra parte, se han encontrado en Creta hojas de puñales hispánicos” (Schulten 1923: 70). Sin embargo, su análisis aparentemente sólido es a menudo de una gran simplicidad, a base de pinceladas superficiales, donde la intuición se convierte en hecho sin necesidad de una demostración rigurosa, siendo buen ejemplo como trata de justificar esta última interrelación, “Industria, comercio, navegación constituyen el aspecto vital tanto de Tartessos como de Creta. Tartessos es una gran ciudad, como lo son Knossos y Faistos. Tartessos es una monarquía, como el reino de Minos. Tartessos poseía un antiquísimo alfabeto, como Creta, que ya en el año 2000 conocía la escritura. Y si los caracteres del alfabeto tartesio no eran autóctonos, como todo parece demostrarlo, ¿de dónde podían proceder sino de Creta, única potencia marítima de entonces? A Creta, por último, alude el culto de los toros y la religión de los astros” (Schulten 1923: 89). Es interesante observar como Bonsor acaba también defendiendo “que la cultura tartésica llevaba un origen común con la civilización cretense. En confirmación de esto encontré una piedra terminal de los últimos tiempos de la Edad del Bronce, la cual piedra, en forma de pilar de término, presenta en una de sus caras un signo grabado y pintado de rojo, que figura también en los alfabetos de Creta y de Libia”, localizada en la Cruz del Negro, en una estela de 1.10 m. de altura (Bonsor 1928: 22, 23 fig. 12). Este cambio es importante porque antes de sus excavaciones en el Coto de Doña Ana, Bonsor consideraba que Tartessos sería el “más antiguo emporio fenicio situado en el extremo del mundo conocido” (Bonsor 1922a: 153 nota 1). Así, “en la raya de las salinas de la Marismilla (...) esta industria de la sal fue implantada por los primeros colonos fenicios. Se comprende que éstos establecerían sus salinas en los alrededores de la isla de Tartessos, su primera colonia, no solamente cerca del actual Montón de Trigo, sino también en las marismas próximas al brazo desaparecido del río, en la extremidad opuesta de la isla” (Bonsor 1922a: 160-161).
112 ALFREDO MEDEROS MARTÍN SPAL 17 (2008): 97-136 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2008.i17.06 cambió un ápice sus ideas. Así, en 1928 comenta que “Para mí lo más importante para la arqueología española es explorar Andalucía, es decir, explorar el reino de Tartessos (…) Es muy grande la actividad arqueológica en España, pero insistimos en creer que Turdetania es mejor campo de exploración que los castros anónimos sin cultura y sin importancia histórica” (Schulten 1928: 19). Un nuevo factor que perjudicó a la opción de Doña Ana fue la muerte del Duque de Tarifa y Niebla en 1931, pues había financiado las excavaciones precedentes, a pesar de sus diferencias con Schulten. Finalmente, se acabó sumando la edad, pues poco después del final de la Guerra Civil, el 27 de Mayo de 1940, Schulten cumplió los 70 años. Schulten siguió convencido de su método de lectura de los clásicos, que le dio prestigio en Numancia a partir de la descripción en Iberike de Apiano, y lo volvió a repetir marchando a Israel en 1932 con el general Lammerer a levantar la planimetría de los 8 campamentos romanos que asediaron Masada, conquistada por Vespasiano el 73 d.C., siguiendo el texto del asedio descrito por Flavio Josefo, sobre los que publicó una monografía (Schulten 1933). Que Tartessos existía, pero que Schulten había excavado en la zona equivocada, lo tenía claro Pemán (1962: 65-66), “El fracaso de las excavaciones de Adolf Schulten en el Coto de Doñana no se debe a que buscara lo no existente, sino a que lo buscó donde no estaba ni podía estar”. Más claramente lo expresaba Martín de la Torre (1940b: 130) al comparar Doñana con la comarca de Jerez, “mientras en la primera todo son huellas de prosperidad y civilización (ciudades, fortalezas, templos, caminos, puertos, ríos, esteros y canales navegables, etc.) en la segunda, áspero erial, intransitable y arenoso” considerándola una ubicación “absurda e irreal”. En cambio, Schulten seguía convencido de sus argumentos, y aún pensaba en 1944 en realizar una nueva campaña (Schulten 1945: 274, 276) que no pudo efectuarse por la derrota de la Alemania nazi, hasta que finalmente, casi 10 años después, reconocía que “Mi ‘Fortuna Hispanica’, tan dadivosa en Numancia, me negó el descubrimiento de la ciudad con tanto afán buscada” (Schulten 1953: 57). 7. SEGUNDO INTENTO: TARTESSOS EN MESAS DE ASTA (CÁDIZ) Y LA PROPUESTA AUTOCTONISTA Las fuentes romanas señalan a Mesas de Asta como un yacimiento muy importante, recibiendo el calificativo de real en Plinio (III, 3, 11), “Hasta, que se llama Regia” o mencionándola Estrabón (III, 2, 141) como el lugar donde se celebraban sus asambleas, “a las orillas de los esteros Asta, a la que acuden generalmente los gaditanos”. El emplazamiento de Asta Regia en las Mesas de Asta fue propuesto por Ambrosio de Morales (1575) y continuado por Gonzalo Argote de Molina (1588). El yacimiento fue visitado por Schulten en 1921, levantando el profesor de geografía de Tubingen, Otto Jessen, un primer croquis del yacimiento y otro de la comarca incluyendo también Lebrija, Trebujena y Jerez (Schulten y Jessen 1922: 48-50, 50 fig. 5; Schulten 1943: 36-50, 45-46 fig. 14, 53-54 fig. 16). No obstante, Schulten consideró que “no creo que en Asta se halle Tartessos, pero es posible y hasta probable que en Asta salgan cosas tartessias, y hasta inscripciones tartessias, por estar Tartessos a sólo a 20 km. de Asta. De todos modos vale la pena de excavar Asta (...) Y si sucediese un milagro y de las cenizas de Asta saliese, como ave fénix, Tartessos, también yo me alegraría. Es igual que Tartessos se encuentre por mí, que más trabajo que nadie le he dedicado, que si la descubren otros. ¡Lo que importa es que se encuentre!” (Schulten 1941: 255-256). Después del fracaso de la excavaciones en el Coto de Doña Ana y la publicación de una nueva reconstrucción geológica de la antigua desembocadura del Guadalquivir por Gavala (1936 y 1959), se minimizó el interés por Doña Ana, llegando a ser considerada por Pemán (1941b: 489) una zona “inconsistente e inhabitable en época tartéssica”. El trabajo de Juan Gavala Laborde (1927 y 1929), por entonces Ingeniero de Minas de Puerto de Santa María, encargado de la redacción de las hojas de Sevilla y Cádiz del Mapa Geológico de España, contó con la colaboración mutua con Pemán (1969: 234), siendo especialmente importantes la primera de El Asperillo de 1936 y ya después la del Palacio de Doñana en 1952, comentando éste que “recibí de él [Gavala] interesantísimas explicaciones y demostraciones materiales sobre el terreno” (Pemán 1962: 66). Un segundo factor que va a centrar la atención en el río Guadalete fue el hallazgo de un casco corintio del siglo VII a.C. en 1938, el cual pasó a convertirse en la pieza más importante de la Colección Arqueológica de Jerez, que reforzaba el hallazgo previo de otro casco en la ría de Huelva localizado en 1930 (Schulten 1931: 76; Obermaier 1931: 646, lám. 1). Este descubrimiento provocó un inmediato goteo de breves reseñas científicas (Pemán 1938; Esteve 1939; Schulten 1939; García y Bellido 1940: 28-31, 28 fig. 2), acompañadas por la visita al lugar del hallazgo, que a menudo se continuaba visitando también Mesas de Asta,
113ESTRATIGRAFÍAS PARA TARTESSOS: DOÑANA, MESAS DE ASTA, CARTEIA, CARMONA Y HUELVA SPAL 17 (2008): 97-136 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2008.i17.06 como sucedió con Pemán en 1938 y Schulten en otoño de 1939 (Esteve 1941: 387-388; Schulten 1941: 255), quien publicó un capitel dórico localizado en el yacimiento (Schulten 1940: 107-112, 109-110 fig. 15-17). El casco generó todo tipo de interpretaciones ensoñadoras, incluso en autores cuya prudencia siempre subyace en sus escritos, vinculadas con el anhelado Tartessos pues “coinciden en ser casi contemporáneos de aquel Kolaios de Samos, primer navegante de nombre conocido que tocó nuestras costas” proponiéndose que “Tartessós y su rey, el legendario Arganthonios, quizá tuviese gentes griegas a su servicio como instructores o estrategas” (García y Bellido 1940: 29), y dando un paso más, “ahora aparece en Jerez, a dos pasos de los emplazamientos más probables de Tartessos y del Puerto de Menestheo, un casco que el propio Coleo pudo llevar en la cabeza” (Pemán 1941c: 413). César Pemán Pemartín se va a convertir en el principal referente científico de este momento de postguerra, entonces con 45 años en 1940. Sus puestos en Cádiz como Comisario Provincial de Excavaciones en Cádiz, director del Museo Provincial de Bellas Artes de Cádiz, catedrático de Historia del Arte en la Escuela de Bellas Artes de Cádiz, y en particular su condición de hermano de José María Pemán, le convertirán en una persona influyente, que plasmó en libros sólidos como El paisaje tartéssico de Avieno, con buen conocimiento de la bibliografía alemana y aprovechamiento de la información geológica publicada por Gavala. El interés en el tema de Tartessos fue resultado de un intenso contacto de Pemán con Schulten. Después de su libro de 1922, “Durante los años siguientes estuve en constante contacto con el maestro alemán que apenas pasaba semana sin encomendarme la exploración de algún rincón de la costa, el envío de fotografías u otros datos. En cambio, era generosísimo en enviarme literatura de difícil acceso o desconocida en España” (Pemán 1969: 233). Su propuesta admitía también la identificación de Tartessos con la Atlántida (Pemán 1931: 110). Su hermano José María (Pemán en Ciriza, 1974: 15) tenía muy buena opinión de él, “Tuve un hermano nada más, que vale mucho más que yo, seguramente. Sobre todo en estudios. Se escandalizará de mi ligereza de escritura. El es arqueólogo y catedrático de Pintura, pero de los primeros de España. Se llama César”. Ambos habían nacido en Cádiz, César en 1895, y su hermano José María en 1897. Su padre eran Juan Pemán y Maestre, diputado conservador por Cádiz, y su madre María Pemartín y Carrera Laborde-Aramburu. Buen amigo de la familia fue el Dictador Miguel Primo de Rivera y Orbaneja, nacido en Jerez de la Frontera. Siendo aún jóvenes, falleció su padre, teniendo 24 años César y 22 años José María. Ambos estudiaron en la Universidad de Sevilla. La trayectoria política del hermano menor influirá significativamente en el peso científico que disfrutó César. Desde Julio de 1927, fue presidente del partido Unión Patriótica en Cádiz, siendo nombrado parlamentario durante dos años hasta 1929. Miembro posteriormente de Acción Española, será uno de los fundadores de Renovación Española en Enero de 1933, que dirigió José Calvo Sotelo, ex-ministro de Hacienda, siendo elegido ese año diputado por Cádiz hasta 1935. Su cargo más importante fue el de Presidente de la Comisión de Cultura y Enseñanza de la Junta Técnica del Estado, equivalente a la de Ministro de Educación, entre el 1 del Octubre de 1936, el mismo día que Francisco Franco asumió la Jefatura del Estado y el título de Generalísimo, hasta el 29 de Enero de 1938, que le llevó a presidir las reuniones de las Reales Academias en San Sebastián durante la guerra y en particular organizar todo el proceso de depuración de los profesores de Universidad, Bachillerato y Magisterio. Sin embargo, cuando Franco nombró su primer gobierno, el 31 de Enero de 1938, el Ministerio de Educación Nacional pasó a Pedro Sainz Rodríguez. Según Pemán, en su Confesión general, “Fue la tercera vez en mi vida que pasó cerca de mí, sin rozarme, una cartera ministerial”. Franco quería un representante del Bloque Nacional que había presidido Calvo Sotelo y Pradera, pero al haber muerto los dos, fue elegido Sainz Rodríguez hasta que acabase la guerra. La decisión fue de Serrano Súñer, como comenta Carmen Franco (Palacios y Payne 2008: 40), “Papá no conocía a casi ninguno de los ministros que tuvo en el primer gobierno. Conocía (...) al conde de Rodezno (...) Fue el tío Ramón el que puso a casi todo el mundo en esas carteras”. Al crearse el Consejo Nacional de Falange Española Tradicionalista y de la JONS, en Octubre de 1937, fue elegido como el cuarto consejero de los cincuenta miembros. Alférez Provisional Honorífico durante la guerra, actuó en la sección de propaganda, “Estuve en la entrada en Málaga, la entrada en Bilbao, la entrada en Lérida (…) También estuve en la entrada de Madrid (…) Yo tenía encargo de hablar en Radio Madrid ese mismo día” (J.Mª. Pemán en Ciriza 1974: 15-16; J.Mª. Pemán 1937), “me bastará gritar ¡Viva España! y ¡Arriba España! (...) Españoles todos: Hoy ha entrado en Madrid, por encima de todo, el Caudillo, el caudillo Franco, el Caudillo del corazón grande, de la justicia, de la misericordia” (J.Mª. Pemán 1939). Presidente de la Real Academia Española desde el 20 de Diciembre de 1939, meses más tarde, en Julio
114 ALFREDO MEDEROS MARTÍN SPAL 17 (2008): 97-136 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2008.i17.06 de 1940, en la Real Academia de Jurisprudencia, pronunció un discurso sobre José Calvo Sotelo, el cual se interpretó que se minimizaba la figura de José Antonio Primo de Rivera, en particular por su hermano Miguel Primo de Rivera, que le dirigió una dura carta de protesta y recibió como réplica un reto a duelo por Pemán, y aunque no se produjo, acabó con el cese de Pemán el 24 de Julio como Presidente de la Real Academia Española (Pemán en Ciriza 1974: 76-77), aunque conservó su puesto en el Consejo Nacional de Falange. Este suceso lo alejó definitivamente de las primeras instancias políticas, aunque mantuvo buena relación con Franco, volvió a presidir la Real Academia Española entre 1944-47, y fue inclinándose progresivamente a favor de la monarquía de Don Juan, del que presidió su Consejo Privado en Estoril (Portugal) entre 1960 hasta 1964, hasta sufrir un ataque cerebral. Esta posición social facilitó que su hermano César Pemán publique el primer volumen de Informes y Memorias en 1940 por la Comisaría General de Excavaciones y en 1941 el Consejo Superior de Investigaciones Científicas edite su principal trabajo científico, El paisaje tartéssico de Avieno a la luz de las últimas investigaciones. Otra de las personas que fue influenciada por el contacto con Schulten, en este caso indirecto, fue José Chocomeli Galán, valenciano de Játiva que había estudiado Filosofía y Letras, rama de Historia, en la Universidad de Valencia. Amigo del cónsul alemán en Huelva, Adolfo W. Clauss, que había colaborado con Schulten y estado incluso presente cuando apareció el anillo en 1924, le mostró cartas del enorme interés que seguía teniendo Schulten en su localización. Después de recibir consejos de M. Gómez-Moreno y del director del Museo Arqueológico Nacional, Francisco Álvarez-Ossorio, a partir de 1933 comenzó a estudiar el posible emplazamiento de Tartessos, solicitando el 1 de Junio de 1934, por entonces con 41 años, el permiso de excavación al Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes y a la Junta Superior de Excavaciones y Antigüedades, con el apoyo de su relación con el Académico de la Historia, Julio Puyol y Alonso, Marqués de Vega Inclán y de Isidro Ballester Tormo, Director del Servicio de Investigación Prehistórica de la Diputación de Valencia (Chocomeli 1940: 34, 64-66). Sin embargo, al final nunca se le autorizó y el estallido de la Guerra Civil en 1936 paralizó el proyecto, que al fin se plasmó en su libro En busca de Tartessos (Chocomeli 1940), como anexo de Saitabi, revista que fundó, donde presenta un interesante estudio de las referencias entre los siglos XVI y XIX sobre el emplazamiento de Tartessos, aprovechando los fondos de la Universidad de Valencia. Para su publicación contó con el coronel monárquico Antonio Aranda Mata (Pericot 1969: 73), Capitán General de Valencia después de la Guerra Civil y director de la Real Sociedad Geográfica. La confluencia del estudio de Gavala, el hallazgo del casco griego y la propuesta por Pemán (1935: 68) que el río Guadalete sería la segunda boca del río Tartessos, retomando la idea de Müllendorf (1870), suponía que la isla de Tartessos se encontraba en la comarca de Jerez (Pemán 1940-41: 181). Esta teoría fue aceptada en tres estudios sucesivos publicados justo al finalizar la Guerra Civil, por Martín de la Torre y Meyer (1939), Chocomeli (1940) y el propio Pemán (1941). Aún más decisivo fue el hecho que Otto Jessen, el geólogo de Schulten, después de la publicación de los trabajos de Gavala (1936) y Pemán (1941), y “visitar conmigo los terrenos en cuestión” (Pemán 1962: 67), aceptó la propuesta de Gavala y Pemán (Jessen 1944), lo que dejó huérfana de apoyo geológico a la hipótesis de Schulten. En este periodo se va a producir un proceso de españolización del “Imperio” de Tartessos, como ha destacado Álvarez Martí-Aguilar (2006: 197-198), siendo un texto de Martín de la Torre (1941: 9-10) paradigmático de la época. A pesar “de la grandeza y la fama del primer Imperio netamente español. La noticia de Tartessos no ha llegado todavía a las escuelas. Se les sigue diciendo a los niños que fueron los fenicios los iniciadores de la civilización hispánica. Es preciso reconocerlo con dolor”. Aquí se refleja bien como un pueblo semita como los fenicios arrastraba la peor de las consideraciones en esta época de auge del antisemitismo, mientras se seguían enfatizando las oleadas celtas de origen centroeuropeo. La realidad es que el origen colonial foráneo primero cretense y luego tirreno, clave en la propuesta de Schulten, apenas se valoró y el problema se centró en la ubicación hispánica de la ciudad de Tartessos, pasándose de una escala mediterránea a un marco local. El propio Schulten (1953: 51) trató incluso de pedir comprensión para este argumento fundamental en su propuesta de Tartessos, “Tartessos fue primitivamente una colonia de los tirsenos (…) No deben lamentar los españoles el que se substraiga la cultura de Tartessos a sus antepasados iberos, para atribuirla a un pueblo extranjero, puesto que lo que cuenta, en último término, no son las condiciones prehistóricas, sino las actuales”. Las esperanzas depositadas sobre la importancia de su descubrimiento seguían siendo altísimas y el fracaso arqueológico de Schulten simplemente exigía buscar en otra zona. Realmente reveladoras son las palabras de Pericot, por su peso científico que le convirtió
115ESTRATIGRAFÍAS PARA TARTESSOS: DOÑANA, MESAS DE ASTA, CARTEIA, CARMONA Y HUELVA SPAL 17 (2008): 97-136 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2008.i17.06 después de la Guerra Civil en el catedrático más antiguo en Prehistoria y Arqueología en la práctica, pues Bosch Gimpera y Obermaier se exiliaron, Mergelina, un año más antiguo se centró en el rectorado de Valladolid y no intervino, mientras que Serra Ràfols, del mismo año de acceso al cuerpo, y Carriazo, que lo hizo un año después, sufrieron prisión después de la guerra y su posición quedó frágil en el Ministerio de Educación. Desde su punto de vista, “Muchos misterios encierra aún la Prehistoria española, pero ninguno ha despertado en nosotros tantos ecos de pretéritas grandezas, a la par que tantas esperanzas de portentosos descubrimientos, como el que envuelve el antiguo imperio y ciudad de Tartessos (…) de ella podemos esperarlo aún todo: riquezas para los museos y textos que un día llegarán a ser inteligibles, reliquias materiales y nombres de seres y de pueblos que vivieron y lucharon” (Pericot 1940: 7). En la discusión sobre su posible emplazamiento, Martín de la Torre y Meyer (1939), después de sus trabajos de campo entre 1938-39 (Martín de la Torre 1940a: 263 y 1940b: 125-126; Meyer 1943: 148 fig. 1), al igual que Chocomeli (1940: 59), optaron por la ciudad de Asta Regia. Sin embargo, Pemán mantuvo el problema de la imposibilidad de una conexión fluvial entre el río Guadalquivir y el río Guadalete por la existencia de una barrera natural del Terciario, y en su identificación se inclinó primero “hacia Jerez” (Pemán 1931: 119), para luego localizarla en la ciudad de Jerez, sobre la marisma de San Telmo, “en la que convienen mejor algunas de las precisiones del texto de Avieno” (Pemán 1935: 68; 1940-41: 181; 1941a: 94 nota 2 y 1944: 239), mientras que Asta Regia se trataría de una “residencia real suburbana” (Pemán 1940-41: 185; 1941a: 94 nota 2 y 1954: 26) o “el lugar de retiro de los reyes del país” (Pemán 1954: 26). En cambio, Esteve (1962: 33) seguirá considerando siempre a Asta “también candidato a la localización de Tartessos”. Aunque Pemán va a ser uno de los promotores de la excavación en Mesas de Asta, dentro de una comisión formada en 1942 (Esteve 1969: 111), donde también participaba el propietario del terreno, Francisco O’Neale Orbaneja y el propio Esteve, Comisario Local de Excavaciones en Jerez, ya antes de empezar señalaba que “me guardaré muy bien de asegurar que en él ha de estar precisamente Tartessos” (Pemán 1941a: 94), Manuel Esteve Guerrero nació el 25 de Julio de 1905 en Jerez, hijo del arquitecto Rafael Esteve Fernández-Caballero y Ana Guerrero Lozano y nieto del arquitecto José Esteve López. Tuvo dos hermanos, Rafael Esteve, fiscal, y José Esteve, cuya relación se cortó a partir de la Guerra Civil. Después de cursar estudios en el Instituto Padre Luis Coloma de Jerez, estudió primero Filosofía y Letras, sección de Historia, en la Universidad de Sevilla y a los 20 años, en 1925 se matriculó en Derecho en la Universidad de Granada. Una vez licenciado en Letras, comenzó a impartir clases en su antiguo instituto de Jerez, primero de Letras castellanas desde el curso 1927-28, y a partir de 1929-30 de Geografía e Historia, donde acabó desempeñando el puerto de Adjunto Numerario en Historia. A partir de 1931 lo simultaneó con la plaza de Director de la Biblioteca y Colección Arqueológica Municipal de Jerez, casándose durante la Guerra Civil, en 1937, con Rosario Castillo Rovira, fallecida prematuramente en un accidente en los años cincuenta, el cual modificó el carácter de Esteve de extrovertido a una persona muy reservada (Clavijo 1996: 18, 23, 32, 35-36, 64). Es posible que el padre ya le interesase la arqueología pues Pemán (1941a: 97 nota 3) indica la presencia de piezas romanas como un fragmento escultórico representando un haz de espigas “excavados en Jerez por el que fue arquitecto municipal señor Esteve”. En otra ocasión vuelve a mencionarlo indicando que “el antiguo arquitecto jerezano don Rafael Esteve (…) tuvo (…) noticias de la aparición de un sarcófago” de piedra en Mesas de Asta (Pemán 1940/1954: 27). Sobre el “despoblado de la Mesa de Asta”, menciona que venía barajando su posible excavación desde hacía tiempo, “ocupándome de ella hace ya años”, a partir de 1932, para resolver el “problema de Asta-Tar- tessos” (Esteve 1945: 49), indicando que estaba amurallada (Esteve 1941: 389) y contaba con una superficie de 42 hectáreas (Esteve 1945: 10, 1950: 29, 1962: 11 y 1969: 112) o 60 ha. según Schulten (1941: 255). La selección de la zona de excavación estuvo determinada por la reciente plantación de un olivar y la elección de la zona principal de excavación en uno de los extremos de la meseta, donde existía una antigua cantera inicialmente al Norte y posteriormente al Sur de la misma, a 400 m. del primer sector, la cual minimizaba los daños en la finca agrícola y facilitaba el vertido de las tierras extraídas en el espacio de la antigua cantera (Esteve 1950: 10). La primera campaña comenzó el 16 de Febrero de 1942 hasta el 20 de Junio de 1943, 16 meses. La excavación se hizo con gran penuria de medios, y con escasa presencia de Esteve, que permanecía en la Biblioteca Municipal los lunes-martes y jueves-viernes, estando presente en el yacimiento los miércoles y los sábados para pagar al personal, trasladándose al yacimiento en una moto que le facilitaba el Ayuntamiento, aunque a veces no disponía de gasolina y no podía desplazarse. Por otra parte, la financiación de la excavación por el
116 ALFREDO MEDEROS MARTÍN SPAL 17 (2008): 97-136 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2008.i17.06 Ayuntamiento era muy irregular, lo que tuvo que afectar a la hora de pagar a los obreros. Con un presupuesto inicial de 11.000 ptas., “Hasta ahora de las 5.000 ptas. consignadas en el presupuesto de este año, no se me han librado nada, y de las 5.000 del presupuesto del 41, sólo he conseguido 2.800” (Clavijo 1996: 52, 54), pudieron continuarse “gracias al celo del (…) señor Martínez Santa-Olalla” y “a través de su Comisaría General de Excavaciones Arqueológicas, las incluyó en su Plan Nacional, con importante consignación” (Esteve 1945: 8). Esta partida del presupuesto de 1942 se retrasó hasta mediados de año, cuando se libraron 15.000 ptas. a nombre de M. Esteve y C. Pemán (Gracia 2009: 274 tabla), que convirtieron a Mesas de Asta en el yacimiento mejor financiado ese año junto con la Cueva de la Pileta de Benaoján (Málaga) que dirigía S. Giménez Reyna (1951). Los modestos resultados de la primera campaña reafirmaron en su planteamiento a Pemán (1943: 232), quien indica que “Las excavaciones están aún en periodo poco avanzado (...) pero de ninguna manera proporcionan por ahora testimonio cierto del emporio del país en la época tartéssica”. Del mismo modo, según García y Bellido (1944: 191-192) “Desgraciadamente la Mesa de Asta tampoco suministra aún atisbos seguros de una capa arqueológica que pudiera reputarse eventualmente por ‘tartésica’”. Este fracaso hizo que su financiación en 1945 se redujera hasta 5.000 ptas., concedidos a C. Pemán y M. Esteve (Gracia 2009: 288 tabla). Después de terminar la segunda campaña de excavaciones en 1945- 46, Esteve enfatiza que sólo se ha podido detectar con claridad dos grandes niveles de una estratigrafía con 2.50 m. de media, uno superior islámico, al que pertenecen la mayor parte de las estructuras descubiertas (Esteve 1950: 7, planta) y otro del Bronce I Mediterráneo, o Calcolítico, debido a confusión con la cerámica de retícula bruñida interna, denominada como “reticulada” (Esteve 1945: 37, lám. 8 y 1950: 8), que interpreta corresponde a dicho periodo y no al Bronce Final, cronología que mantiene incluso después de su localización en la estratigrafía de Carmona en 1959 (Esteve 1962: 34). Esta cronología la sigue manteniendo cuando valora los resultados de las campañas de 1949- 50 y 1955-56, aunque finalmente acaba reconociéndola como “típicamente tartesia” (Esteve 1969: 116). Menciona también el hallazgo de cerámica campaniforme en las dos primeras campañas (Esteve 1962: 35 y 1969: 116), aunque llama la atención la ausencia de cerámica de Cogotas I que puede confundirse a veces con cerámica campaniforme. Un nivel intermedio, con muros infrapuestos a los islámicos, es considerado como ¿ibero-romano? (Esteve 1950: 15, planta). No obstante, sorprende esta simplicidad estratigráfica cuando menciona que a veces la estratigrafía llegó a alcanzar los 4.50 m. de profundidad (Esteve 1969: 115). Otro grupo importante de cerámicas, por entonces no valoradas adecuadamente, fueron las cerámicas de engobe rojo, cuando aún se estaban sistematizando (Mederos 2004: 38-39), de las que Mesas de Asta cuenta con una serie importante. Esta colección fue estudiada en 1960 por Emeterio Cuadrado, fechándolas entre los siglos V-IV a.C. (Cuadrado, 1953: 306) o IV-III a.C. (Tarradell 1953: 166), aunque la serie incluía platos fenicios (Cuadrado 1962: fig. 3/3) o lámparas con doble mecha (Esteve 1962: 23; Cuadrado 1962: fig. 5/4). Este autor llegó a proponer denominarla “cerámica astitana de barniz rojo”, denominación que no acabó imponiéndose. La tercera campaña de 1949-50, con “medios económicos muy modestos”, se centró en un punto intermedio entre las dos anteriores campañas, también en el borde de la mesa, en un punto donde “un grupo de obreros dedicados a extraer piedra habían descubierto los restos de una construcción” para evitar “su segura destrucción”, que resultó ser un impluvium (Esteve 1962: 11, 15). No figura partida económica para Mesas de Asta en la Comisaría General de Excavaciones Arqueológicas ni en 1949 ni en 1950, y sólo es posible que retrasos en la recepción del dinero en 1948 y en el inicio de las excavaciones, hiciesen que una partida de 5.000 ptas. concedida a C. Pemán en el presupuesto de 1948 (Gracia 2009: 380 tabla) fuese la utilizada a partir de 1949. La cuarta campaña, con financiación derivada de los preparativos del Trimilenario de la ciudad de Cádiz, realizada un año antes, en 1955-56, volvió a centrarse en el área excavada en la campaña de 1945-46, buscando los niveles inferiores, pero sin resultados importantes (Esteve 1962: 23). Debió de contar con financiación municipal o de la Diputación por el Trimilenario, pues no hay una partida específica en la Comisaría General de Excavaciones Arqueológicas. Una quinta y última campaña realizada en 1957-58 “por fuerza mayor hubo de interrumpirse” (Esteve 1961: 206 n. 1 y 1962: 11 nota 1), probablemente la muerte de su esposa, campaña de la que sólo se publicó una brevísima nota (Esteve 1961). La labor de Esteve tuvo dos grandes satisfacciones, por una parte, la Colección Arqueológica Municipal de Jerez, abierta al público desde 1935, fue transformada en Museo Arqueológico desde 1963, autorizado por O.M. en 1962, siendo Director General de Bellas Artes, Gratiniano Nieto Gallo. Por otra parte, el primer
117ESTRATIGRAFÍAS PARA TARTESSOS: DOÑANA, MESAS DE ASTA, CARTEIA, CARMONA Y HUELVA SPAL 17 (2008): 97-136 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2008.i17.06 congreso monográfico de Tartessos se acordó celebrar en 1967, gracias al apoyo de la William L. Bryant Foundation, la cual estaba financiando la búsqueda de Tartessos en las excavaciones que estaban desarrollando en Carteia, organizado por L. Pericot, J. Maluquer, W.L. Bryant y D.E. Woods. El congreso, celebrado en Jerez del 2 al 6 de Septiembre de 1968, ya era uno de los objetivos de Esteve que lo comenta en una entrevista periodística en 1965 (Clavijo 1996: 67-68) y lo reconoce el propio Maluquer (1969: ix) al mencionar que “la celebración de nuestro Symposium en Jerez, venía a colmar también uno de sus más ardientes deseos”. Dentro de este contexto, en unas declaraciones de Maluquer a La Voz del Sur el 1 de Septiembre, llegaba a comentar “No cabe duda que Mesas de Asta es la capitalidad de la Tartéside forjadora de la primera gran cultura urbana occidental” (Clavijo 1996: 70). En cambio, el propio Esteve había llegado a un planteamiento más prudente, reconociendo que “en verdad, no se ha probado que allí esté ubicada la capital del famoso emporio del Occidente preclásico”, aunque culpaba indirectamente del fracaso a la falta de continuidad en las campañas de excavaciones pues “dada la modestia de medios disponibles hubiese sido absurdo” y “sí ha servido para demostrar el extraordinario interés científico que su excavación sistemática tiene” (Esteve 1961: 206). 8. TERCER INTENTO: TARTESSOS SEGÚN LAS FUENTES ROMANAS, CARTEIA Hay un abrumador grupo de autores clásicos, de época romana, que defienden claramente una vinculación de Tartessos con Carteia. Según Mela (Chor., II, 6, 96), nacido en la ciudad vecina Tingentera, “Carteya, en otro tiempo, Tartessos según consideran algunos, y que pueblan fenicios, procedentes de África”. Para Estrabón (III, 2, 14), “Hay no obstante quienes llaman Tartesos a la actual Carteya”. Plinio (N.H., III, 3, 7) indica que “Carteya, llamada Tartesos por los griegos”. En Silio Itálico (III, 396-397) “Carteya provee de armas a los descendientes de Argantonio, quien reinó sobre sus antepasados”, considerándola también como el “puerto de Tartesos” (Sil. Ital., XVI, 115). En Apiano (Iber., 63), es mencionada como “Carpessos, una ciudad situada a orillas del mar, la cual creo yo que se llamaba antiguamente Tartessos por los griegos y fue su rey Argantonio, que dicen que vivió ciento cincuenta años”, mientras que Pausanías (VI, 19, 3) la cita como Carpia, “hay quienes piensan que la ciudad de los iberos Carpia se llamó antiguamente Tarteso”. Si a ello unimos tajantes afirmaciones como “La investigación arqueológica del reino de Tartessos, que ha sido la región más rica y más culta de la España antigua, constituye la misión más importante de la Arqueología española” (Schulten 1945/1972: 12). O que “Las obras originales del arte tartessio de la época anterior al 500 yacen aún bajo tierra, en espera de su descubridor. Sólo cuando Andalucía haya encontrado su Schliemann revelará el arte tartessio su esplendor repentinamente y en forma sorprendente, como Troya y Creta. Pero ya hoy aquel arte, existente únicamente en el Imperio de Tartessos, no debe llamarse ‘ibérico’, sino ‘tartésico’” (Schulten 1945/1972: 222-223). Por no volver a citar el prólogo de Pericot al libro de Chocomeli (1940) (vide supra), todas estas opiniones no pudieron pasar desapercibido para Julio Martínez Santa-Olalla, aunque resulta complejo valorar que efecto pudo producir en el hombre más poderoso de la arqueología en España de postguerra. Por entonces, Schulten ya tenía 75 años, pero Martínez Santa-Olalla sólo 40 años. No obstante, la segunda edición ampliada del Tartessos de Schulten (1945) había vuelto a ser mal recibida en la investigación española, ciertamente debilitada por la etapa de la Guerra Civil, pero que había tomado este tema como una prioridad investigadora desde 1940, e incluso en plena guerra. Como indica prudentemente Pemán (1945: 355), “que silencie en absoluto la opinión contraria y dé por hecho averiguado su propia opinión, por lo demás valiosísima, resta interés al caso. En general, Schulten, conocedor de todas las investigaciones modernas, pasa poco menos que de largo sobre cuantas no coinciden con él, en vez de hacer la crítica que su autoridad le permitía”. Ese mismo año, García y Bellido (1945) dedicaba su libro España y los españoles hace dos mil años “A la memoria del rey de Tartessós Arganthónios (...) el primer español de nombre conocido que supo admirar a Grecia”. Resultaba obvio que los investigadores españoles habían decidido estudiar Tartessos prescindiendo de la opinión de Schulten que los ignoraba. En este contexto, Martínez Santa-Olalla en su síntesis sobre la prehistoria y protohistoria de la Península Ibérica, había eludido completamente este problema. Sólo lo encuadra en su Bronce IV español o Bronce II atlántico, 900-650 a.C., marcando esta última fecha el inicio de la Edad del Hierro, y menciona únicamente que por entonces “se habla de Tartessos” (Martínez Santa-Olalla 1941 y 1946: 67, 72-73). Sin embargo, era un tema que le importaba bastante. En 1938, incluso en plena guerra, Chocomeli (1940: 65) se había dirigido al Marqués de Lozoya, José Ibáñez Martín, aún director del Servicio de Defensa del
118 ALFREDO MEDEROS MARTÍN SPAL 17 (2008): 97-136 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2008.i17.06 Patrimonio Artístico, para intentar excavar Mesas de Asta. Poco después pasó a colaborar en Abril de 1939 en la Zona del Levante de la Jefatura del Servicio Nacional de Bellas Artes (Gracia 2009: 35). En 1940, ya la “Comisaría General de Arqueología parece decidida a emprender excavaciones en Asta, bien que todavía no ha designado al director de esos futuros trabajos” (Martín de la Torre 1940b: 171). El permiso se concedió en 1941 a nombre de J. Martínez Santa-Olalla, con la colaboración de C. Pemán, M. Esteve y J. Chocomeli, y un presupuesto de 15.000 ptas., el máximo de la financiación concedida ese año, al mismo nivel que Medina Azahara (Córdoba) a F. Hernández y R. Castejón, Itálica (Sevilla) a F. Collantes de Terán y J.Mª. Maña, Mérida (Badajoz) a A. García y Bellido y A. Floriano, Clunia (Burgos) a B. Taracena y la Cueva de la Pileta (Málaga) a S. Giménez Reyna, dineros que no se libraron pues al final no hubo partida económica ese año (Gracia 2009: 268 tabla, 270). Al final, en 1942 se optó por Esteve, quien tuvo en su primera campaña notable apoyo económico de Martínez Santa-Olalla (vide supra), más preocupado por la excavación de la necrópolis visigoda de Castiltierra (Segovia), campaña que luego se publicó a gran formato, en el tercer tomo del Acta Archaeológica Hispánica (Esteve 1945), simultáneamente a la segunda edición revisada del Tartessos de Schulten (1945). En todo caso, dentro del componente idealista y romántico que subyace en toda la búsqueda de Tartessos, no deja de llamar la atención que cuando Julio Martínez Santa-Olalla se implicó en el tema de Tartessos fue casi simultáneamente con el inicio del declive de su poder en la arqueología española como Comisario General de Excavaciones Arqueológicas, que tuvo su primera materialización en la celebración de la oposición a cátedra de Historia Primitiva del Hombre de la Universidad de Madrid el 28 de Octubre de 1954, plaza que perdió, tomando Almagro Basch posesión el 24 de Noviembre de 1954. Durante este periodo, la investigación de Martínez Santa-Olalla se centró en dos etapas que previamente no habían sido temas importantes en su investigación, Tartessos y el Paleolítico excavando la Cueva de El Pendo (Revilla de Camargo, Santander) durante cinco campañas entre 1953-57, que contó con la presencia permanente de V. Ruiz Argilés, y en tres de ellas, 1953, 1955 y 1956 participaron Martínez Santa-Olalla y Sáez Martín (González Echegaray 1980: 20-21; Mederos 2003-04: 47). La primera referencia al interés de Martínez Santa- Olalla por el yacimiento es una prospección que hizo en Carteia donde menciona el hallazgo “de cerámica estampillada bizantina, fragmentos seguramente almohades”, cuyos resultados le fueron comunicados a Pemán (1940/1954: 30). La dotación económica aparece en los presupuestos de 1952 figurando como provincia de Cádiz, concedida a Martínez Santa-Olalla, y dos de sus colaboradores, Bernardo Sáez Martín, Luis Oleada Ruiz de Azúa y un colaborador del general-jefe del Campo de Gibraltar. Ese año es el segundo mejor financiado después de las excavaciones del Teatro de Málaga, con 35.000 ptas. (Gracia 2009: 389 tabla). En el presupuesto de 1953, ya se especifica, Campo de Gibraltar en Cádiz y Ceuta, y se mantiene la misma asignación de 35.000 ptas. Nuevamente es la segunda excavación mejor financiada después de las excavaciones en las Terrazas del Manzanares de Madrid con 50.000 ptas. (Gracia 2009: 393 tabla), dentro de los preparativos del IV Congreso Internacional de Ciencias Pre- y Protohistóricas de Madrid de 1954 y al mismo nivel económico de las excavaciones del teatro de Málaga, dirigidas por Juan Tembory Álvarez, bajo la supervisión de Martínez Santa-Olalla. En la partida de 1954, la excavación de Carteia ya se ha convertido en la mejor financiada en España, con 50.000 ptas., seguida por la continuación de las actuaciones en las Terrazas del Manzanares con 35.000 ptas. (Gracia 2009: 395 tabla). En los presupuestos de 1955, la partida disminuye, vuelven a ser las Terrazas del Manzanares de Madrid la actuación mejor financiada con 50.000 ptas., y las actuaciones de Carteia, con 25.000 ptas., con la petición a nombre de Alonso del Real y Bernardo Sáez Martín (Gracia 2009: 397 tabla), se ponen al mismo nivel que las provincias de Barcelona y Alicante, a cargo de dos de sus más estrechos colaboradores, J. de C. Serra Ràfols y J. San Valero. Probablemente la celebración del II Curso Internacional de Arqueología de Campo en la Cueva del Pendo había centrado la atención de Martínez Santa-Olalla durante ese verano. A través de cartas de la correspondencia de Martínez Santa-Olalla podemos aproximarnos algo a sus campañas de excavación. Durante 1952 visitó el yacimiento y apoyó el reconocimiento como museo del Museo Histórico Local en San Roque, a la vez que parece conseguir asignación económica municipal para las campañas del Ayuntamiento a partir del año siguiente. En 1953 empezó a excavar en Carteia, porque una carta de 1954 hace referencia a la campaña del año anterior, correspondencia que también confirma la campaña de 1954. De las excavaciones sólo se conserva parte de un manuscrito incompleto (Martínez Santa-Olalla 1953/1995), firmado en Enero de 1953. Este texto no aporta ninguna información sobre las excavaciones, pues se trata de un borrador inicial, en ningún caso preparado para publicar, recopilando información publicada en fuentes
119ESTRATIGRAFÍAS PARA TARTESSOS: DOÑANA, MESAS DE ASTA, CARTEIA, CARMONA Y HUELVA SPAL 17 (2008): 97-136 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2008.i17.06 clásicas, viajeros y escritores sobre Carteia de los siglos XVIII y XIX, que mencionan estructuras que aún entonces eran visibles, caso de la muralla sobre el río Guadarranque y la bahía, el antiguo muelle en el cauce del río, el Castillón o Torre de Cartagena y la torre cuadrada o torre del Rocadillo. El principal dinamizador de estas campañas arqueológicas fue el proyecto de celebración del Trimilenario de Cádiz que se consideraba debía celebrarse en 1956, presuponiéndose la fundación de Cádiz el 1044 a.C. Para su preparación hubo una reunión a alto nivel, el 10 de Junio de 1954, en la que se constituyó la Comisión del Trimilenario, donde participaron como presidente el Director General de Bellas Artes, Antonio Gallego Burín, como vicepresidente, el Alcalde de Cádiz, como vocales José María Pemán, uno de los grandes animadores del proyecto y César Pemán, Comisario Provincial de Excavaciones de Cádiz y el Comisario General de Excavaciones Arqueológicas, Martínez Santa-Olalla. El proyecto tuvo una primera materialización en la erección de un monolito de piedra de 12 m. de altura frente a la plaza de San Juan de Dios, inaugurado el 17 de junio de 1954, con un texto de Pemán donde señala que fue “fundada por los fenicios en el siglo XII a. de J.C.”. Este proyecto sirvió para que Martínez Santa-Olalla plantease la necesidad de realizar excavaciones que lograsen la localización de la ciudad antigua de Cádiz. Para ello planteó la realización de excavaciones en Cádiz con 125.000 pesetas, Sancti-Petri con 100.000 pesetas, Carteia con 100.000 pesetas, Mesas de Asta con 75.000 pesetas y prospecciones de la región financiadas con 50.000 pesetas. En ellas participarían además de el propio Comisario General y Esteve, Comisario Local de Jerez de la Frontera, J. de C. Serra Ràfols, Eduardo Gener como Comisario Local de Puerto Real y Comandante-Director de la Escuela de Suboficiales de San Fernando y J. de Jauregui. No está muy claro si se materializó esta financiación adicional. En todo caso, por una carta de Martínez Santa- Olalla a Pierre Cintas del 27 de Octubre de 1954, le invita a participar en las futuras excavaciones en Sancti-Petri. Por su parte, Esteve no dispuso de fondos hasta 1955-56, justo en los meses previos a la celebración en 1956. Otra de las propuestas asociadas al Trimilenario sería la realización de un gran Symposium Oriente-Occi- dente en 1955, cuya organización correría a cargo de Martínez Santa-Olalla, para el que estuvo preparando un listado con un enorme número de invitados internacionales de primer nivel. El 2 de Diciembre de 1955, Julio Martínez Santa- Olalla había sido cesado como Comisario General, al suprimirse la Comisaría General de Excavaciones, sustituida por el Servicio Nacional de Excavaciones Arqueológicas del que pasó a ser Inspector General Jefe de Excavaciones Arqueológicas y Vicepresidente. No parece que este hecho afectara a sus excavaciones arqueológicas en Carteia. De acuerdo con la correspondencia de Martínez Santa-Olalla, por carta de Carlos Posac Mon, el 9 de Noviembre de 1958 se estaba excavando en la ciudad. En 1959 hubo algún tipo de problema, quizás retraso de la partida económica o problemas de salud, y la excavación se retrasó de su inicio previsto en Septiembre de 1959, según carta de Martínez Santa-Olalla a Manuel Sotomayor, que pensaba participar. Eso explica que estuvieran excavando el 2 de Febrero de 1960, cuando durante la campaña Alonso del Real escribe a Ramón Roblez Pazo, General-Gobernador Militar del Campo de Gibraltar. A este militar le anuncia el propio Martínez Santa-Olalla el 4 de Junio de 1961 que comenzará nuevas excavaciones ese verano. El 26 de Marzo y el 2 de Abril de 1961, Martínez Santa-Olalla ofreció primero una entrevista y después pronunció una conferencia en La Línea de la Concepción donde comenta la posibilidad que “se pueda encontrar el puerto de Carteia, íntegro”, mencionando que la ciudad sufrió un terremoto o maremoto de los siglos IV o V d.C. con víctimas “que murieron aplastados por las grandes columnas de las termas municipales” y haber “encontrado un monasterio de la época cristiano-ro- mana, único en España” (Roldán et alii 2003: 49-50). En todo caso, no cita el hallazgo de niveles del Bronce Final o Hierro Inicial. Parece más probable que la inflexión se produjo a partir del fallecimiento por un cáncer del Director General de Bellas Artes, Antonio Gallego Burín, el 13 de Enero de 1961 y el inmediato nombramiento como nuevo Director General de Gratiniano Nieto Gallo, que culminó con la dimisión de Martínez Santa-Ola- lla el 26 de Diciembre de 1961 como Inspector General Jefe de Excavaciones Arqueológicas. Las fricciones por el yacimiento pronto se iniciarán, existiendo una carta recriminatoria de Martínez Santa-Olalla al guarda de Carteia, Eduardo Onetto Heredia, del 27 de Julio de 1962, prohibiendo que nadie visitase el cortijo y el yacimiento sin su autorización expresa o la de Bernardo Sáez, después de que una visita de tipo oficial de la que no tenía conocimiento previo. Las fricciones continuaron hasta la entrada de nuevos investigadores a estudiar el yacimiento entre 1965-70, David E. Woods, profesor del Manhattanville College en New York, Francisco Collantes de Terán y Delorme, Delegado Provincial de Excavaciones Arqueológicas de la Provincia de Sevilla, y Concepción Fernández-Chica- rro y de Dios, Directora de los Museos Arqueológicos
120 ALFREDO MEDEROS MARTÍN SPAL 17 (2008): 97-136 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2008.i17.06 de Sevilla y Carmona, que harán alguna mención puntual a las excavaciones previas de Martínez Santa-Olalla (Woods et alii 1967: 30). Estas nuevas campañas de excavaciones siguieron premisas similares en la búsqueda de Tartessos, como sus propios autores reconocen. “La Fundación Bryant (...) sintiose atraída, como era casi fatal, por lo que constituye el más fascinante problema de la protohistoria española: el de la localización de Tartessos, capital del más remoto imperio español con resonancias extrapeninsulares (...) hay un grupo de cuatro escritores latinos: Strabón, Pomponio Mela, Plinio y Silio Itálico, que recogen en sus obras la identificación de Tartessos con Carteia (...) No carecía, pues, de interés, y así lo creyó la Fundación Bryant, realizar una exploración en el despoblado de Carteia (Cortijo de Rocadillo, San Roque, Cádiz), reconociendo las capas más profundas del yacimiento para fijar los orígenes de su fundación y la posible existencia allí de un asentamiento indígena anterior a la época de las colonizaciones ya que Strabón nos dice que Erathóstenes acostumbraba a llamar Tartéside a la región cercana a Calpe. Si tal exploración resultase negativa, habría razones científicamente constatadas para desechar definitivamente la pretendida identificación Tartessos-Carteia” (Woods et alii 1967: 3-5). Aún así, cuando valoran los resultados de la excavación en sus conclusiones provisionales, no dejan de mostrar su sorpresa por la no localización de niveles del Bronce Final o Hierro Inicial, “Los hallazgos realizados no permiten remontarse a una fecha anterior al siglo III antes de J.C., contra lo que cabría esperar ateniéndose a determinadas fuentes” clásicas (Woods et alii, 1967: 64). La ausencia de resultados llevó a la Fundación Bryant a iniciar nuevas excavaciones ahora en la ciudad de Cádiz (com. pers. J. Blánquez), donde tampoco consiguieron los resultados esperados en su búsqueda de Tartessos. Esta premisa no debe sorprender pues incluso Pemán (1962: 73), tradicional defensor de un puerto comercial en Jerez y una capital urbana interior hacia Carmona, aún a inicios de los años sesenta seguía también sin descartar a Carteia, y entre los “campos prometedores” para localizar el posible emplazamiento de Tartessos incluye “incluso las ruinas de Carteia, en la bahía de Algeciras”. 9. EL DESCUBRIMIENTO DE EL CARAMBOLO El nombramiento de Carriazo como Delegado de Zona del Servicio Nacional de Excavaciones del Distrito Universitario de Sevilla, a partir de 1956, le permitió volver a asumir la investigación arqueológica por su función de inspector, dirigiendo a partir de entonces diversas actuaciones de urgencia. Es importante este nombramiento porque a pesar de detentar la cátedra en Sevilla, al haber sido el director del Instituto-Escuela de Sevilla de la Institución Libre de Enseñanza, permaneció en prisión varios meses en 1939-40, y Martínez Santa-Olalla por razones ideológicas durante el periodo 1939-55 procuró nombrar a otros responsables arqueológicos para las provincias del distrito universitario, como comisarios provinciales a Francisco Collantes de Terán en Sevilla y Carlos Cerdán Vázquez en Huelva, y como comisarios locales responsables de la zona urbana de las capitales provinciales a los dos directores de los museos, María Josefa Jiménez Cisneros en Cádiz y Samuel de los Santos Jener en Córdoba. María Josefa Jiménez Cisneros era alumna de Martinez Santa-Olalla y le dirigía su tesis doctoral sobre Cádiz Antiguo. El 28 de Septiembre de 1958 se produjo el hallazgo casual de un tesoro de oro en El Carambolo (Sevilla), con la inmediata realización de excavaciones por Carriazo en el yacimiento en Octubre por su condición desde 1956 de Delegado de Zona del Servicio Nacional de Excavaciones (Carriazo Arroquia, 1958, 1959, 1970a y 1973), convirtiéndose en el factor desencadenante de un nuevo impulso al perenne proyecto de localizar la ciudad de Tartessos. La rapidez de reacción fue clave para no perder esta oportunidad científica de contextualizar el tesoro. Como el propio Carriazo indica en una carta a Gómez-Moreno en Mayo de 1959, “Las joyas aparecieron por casualidad, pero la idea de empezar inmediatamente y de conducir las excavaciones y el estudio, se la disputo al más pintado” (Carriazo Rubio 2001: 33). El punto de vista de partida desde el primer artículo de prensa en ABC sobre el descubrimiento es evidente, “Es imposible, por mucha que quiera ser nuestra precaución y reserva, dejar de relacionar esta cultura con el pueblo de Tartessos, la más antigua entidad política superior de todo el Occidente europeo” (Carriazo Arroquia 1958: 37). La posterior concesión de una Ayuda de Investigación de 500.000 ptas. por parte de la Fundación Juan March, que ayudó a gestionársela Gómez-Moreno, el cual visitó el yacimiento e inspeccionó el tesoro en Marzo de 1959 (Carriazo Arroquia 1977: 39), permitió la continuación de las excavaciones en el poblado de El Carambolo Bajo entre 1960-61, a 120 m. del hallazgo del tesoro, abriéndose un gran corte de 25 x 15 m. (Carriazo Arroquia 1970a y 1973). Para definir el registro cerámica de Tartessos, uno de los elementos fundamentales fue el acuerdo con
121ESTRATIGRAFÍAS PARA TARTESSOS: DOÑANA, MESAS DE ASTA, CARTEIA, CARMONA Y HUELVA SPAL 17 (2008): 97-136 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2008.i17.06 Gómez-Moreno de utilizar la denominación de cerámica de “retícula bruñida” (Carriazo Arroquia 1977: 40), que ya aplicará en la secuencia de Carmona, “para la decoración cerámica que aquí se había traducido por stralucido y que otras veces se ha llamado reticulada, esgrafiada, grafitada, de rayas pulidas, etc., preferimos el nombre de retícula bruñida, que emplearemos en adelante” (Carriazo y Raddatz 1960: 344). Aparte de la información contextual, no deja de sorprender los elementos idealistas irracionales que a veces se utilizan para justificar también el carácter tartésico de la cerámica de retícula bruñida, “Esta vocación por los esquemas lineales significa una constante de lo andaluz, desde el vaso campaniforme hasta Picasso, pasando por la decoración mudéjar. Y es, así, un argumento casi definitivo de la oriundez andaluza de Tartessos” (Carriazo Arroquia 1973: 675). Lo más importante es que a pesar de tantos años buscando Tartessos no se sabía que registro material se buscaba. Después de un libro como Tartessos de 1922 y todas las campañas en Doñana, se reconocía que “La cultura tartesia de 1000 a 500 a. de J. es completamente desconocida, pues no existe absolutamente ningún hallazgo de materiales de aquel tiempo. Esta laguna está llenada, sólo en parte con objetos de importación fenicia” (Bosch Gimpera 1929: 75). Esta situación no mejoró hasta la excavación de El Carambolo, felicitándose Pericot (1969: 63) en el Congreso de Tartessos de 1968 en Jerez de la Frontera de que “por fin parece que empezamos a tener algo al que etiquetar como producto de la artesanía tartesia”. En 1958, Tarradell comenzó a hablar del “Círculo fenicio de Occidente” (Tarradell 1958: 84-85, 88), “círculo fenicio del extremo occidente” (Tarradell 1960: 260) o “círculo del Estrecho de Gibraltar” (Tarradell 1960: 270), que desarrolló en este segundo trabajo, analizando tanto la Península Ibérica como Marruecos y el Oeste de Argelia. En España aún no se había publicado ningún poblado o necrópolis fenicia hasta el Cerro de San Cristóbal en Almuñécar el 1 de noviembre de 1962 (Pellicer 1963; Mederos 2004: 41-42), siendo la primera excavación la de Carriazo en el Cerro del Carambolo en 1958, la cual Tarradell (1967: 292) consideró “el primer lugar de habitación que podemos, con pocas dudas, filiar como tartésico”, planteándolo como el ejemplo a seguir y “el primer poblado anterior al siglo V conocido en el bajo valle del Guadalquivir” (Tarradell 1968: 83). Por otra parte, Carriazo empezó a prestar especial atención a la figura de Bonsor (Carriazo y Raddatz 1960: 335, 337), al dirigir la tesina de María Peñalver Simó, una sobrina de la segunda mujer y heredera de Bonsor, Dolores Simó (1960), Don Jorge Bonsor, apuntes para una biografía, quien después pasó a preparar una tesis doctoral sobre su colección y manuscritos. 10. EL CUARTO INTENTO: TARTESSOS AL INTERIOR Y LA EXCAVACIÓN DE CARMONA Un emplazamiento de Tartessos al interior siempre tuvo el apoyo principal en un texto de Pseudo-Es- cimno de Quíos, autor de una Orbis Descriptio a fines del siglo II a.C. donde sostiene que Tartessos se encuentra a 2 días de navegación de Gadir, “una ciudad (...) que acogió una colonia de mercaderes de Tiro, Gadira (...) Después de ésta, cumplidas dos singladuras se llega a un emporio muy floreciente, la llamada Tarteso, ciudad ilustre” (Bernabé 1999: 560-561; THA IIB, 81, 159-165). Entre los autores que interpretaron el periplo de Avieno, fue el libro de Berthelot (1934: 82-83) el primero que sostuvo claramente un emplazamiento interior, en Sevilla. Simultáneamente, entre los arqueólogos, su primer defensor importante fue Bosch Gimpera (1932: 278) después de los fracasos de las excavaciones en el Coto de Doña Ana, considerando que la referencia del texto de Avieno se trataba “tan solo de un mercado, no coincidente con el centro político del país. Este habría que buscarlo más al interior, donde ha estado siempre”, en este sentido, “tenemos suficientes hallazgos en los alrededores de Carmona y allí realmente se comprende la capitalidad de un reino para el valle del Guadalquivir, en un lugar central”. No obstante, la zona de mercado la seguía localizado en el Coto de Doña Ana, “mercado que no dejaría trazas monumentales, lo que explica el resultado negativo de la excavación” (Bosch Gimpera 1945: 186, 210 nota 13); “en la isla habría solamente un ‘mercado’, que sería un lugar abierto, como los zocos marroquíes, sin construcción alguna, verificándose en ella las transacciones comerciales temporalmente (...) Después de partir los griegos no quedaría rastro de su presencia, que en caso de haberlos dejado, por ejemplo desechos de sus comidas u otros de su estancia temporal, desaparecerían” (Bosch Gimpera 1975: 762-764). Los resultados de las posteriores excavaciones en El Carambolo y Carmona no hicieron más que ratificar su propuesta de situar “el centro político (…) hacia las proximidades de Carmona” (Bosch Gimpera 1929: 76). “La capital de los tartesios se hallaría en la región de Sevilla donde hay importantes hallazgos como los de Carmona y del Carambolo junto a Sevilla, que indican la existencia de una población rica y culta. ¿Sería
128 ALFREDO MEDEROS MARTÍN SPAL 17 (2008): 97-136 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2008.i17.06 Orígenes de Madrid y a José María Blázquez y Juan Pedro Garrido el detalle de atender nuestras consultas. Una versión preliminar del apartado de la búsqueda de Tartessos en Carmona por K. Raddatz y J.M. Carriazo fue impartido en Junio de 2008 en el Instituto Arqueológico Alemán, gracias a la amable invitación de T. Schattner y J. Maier. BIBLIOGRAFÍA ALMAGRO GORBEA, M. (1977): El Bronce Final y el Periodo Orientalizante en Extremadura. Bibliotheca Praehistórica Hispana 14. Instituto Español de Prehistoria del Consejo Superior de Investigaciones Científicas-Universidad de Valencia. Madrid. ÁLVAREZ MARTÍ-AGUILAR, M. (2003): “Tartesos: precedentes, auge y pervivencias de un paradigma autoctonista”, en F. Wulff y M. Álvarez (eds.), Antigüedad y Franquismo (1936-1975): 189-215. Diputación Provincial de Málaga. Málaga. ÁLVAREZ MARTÍ-AGUILAR, M. (2006): Tarteso, la construcción de un mito en la historiografía española. Diputación de Málaga. Málaga. AMORES CARREDANO, F. de (1985): Ensayo de Periodización del Bronce Reciente en Andalucía Occidental. Tesis Doctoral inédita. Universidad de Sevilla. AMORES, F. de y RODRÍGUEZ HIDALGO, J.M. (1984-85): “Cogotas en Carmona y panorama general sobre este fenómeno en Andalucía Occidental”, Mainake 6-7: 73-90. ANTÓN, MARQUÉS DE DOSFUENTES, F. (1941): “La ciudad de Tartessos-Tarxix: La isla de Saltés en Huelva y el Imperio Ibero-Turdetano. Nota acerca de Avieno”, Boletín de la Real Sociedad Geográfica 77 (7-9): 443-484. APIANO (1989): Sobre Iberia. Sobre África. Trad. A. Sancho Royo. Biblioteca Clásica Gredos 34. Gredos. Madrid. ARENAS LÓPEZ, A. (1926): El verdadero Tarteso. Refutación del Tartesos del alemán Schulten. Imprenta de Manuel Pau. Valencia. ARGOTE DE MOLINA, G. (1588): Nobleza del Andalvzia. Fernando Díaz. Impresor. Sevilla. ARRIBAS, A.; PAREJA, E.; MOLINA GONZALEZ, F.; ARTEAGA, O. y MOLINA FAJARDO, F. (1974): Excavaciones en el Cerro de la Encina (Monachil, Granada), el corte estratigráfico 3. Excavaciones Arqueológicas en España 81. Madrid. BAYERRI y BERTOMÉU, E. (1933): Historia de Tortosa y su comarca. I: 41-169. Imprenta moderna de Algueró y Baiges. Tortosa. BENABÉ PAJARES, A. (1999): “Escimno”, en J. Mangas y D. Plácido (eds.), Testimonia Hispaniae Antiqua IIB. La Península Ibérica Prerromana de Éforo a Eustacio: 560-568. Fundación de Estudios Romanos. Madrid. BERTHELOT, A. (1934): Festus Avienus. Ora Maritima. Librairie ancienne Honoré Champion. Paris. BLÁZQUEZ y DELGADO-AGUILERA, A. (1894): “Las costas de España en la época romana”, Boletín de la Real Academia de la Historia 24 (5): 384-430. BLÁZQUEZ y DELGADO-AGUILERA, A. (1909): “El Periplo de Himilco (siglo VI antes de la era cristiana) según el poema de Rufo Festo Avieno titulado ‘Ora Marítima’”, Boletín de la Real Sociedad Geográfica 51: 325-392. BLÁZQUEZ y DELGADO-AGUILERA, A. (1923a): “Avienus. Ora Marítima, por el Doctor Schulten. Barcelona-Berlín, 1922”, Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos 44 (4-6): 273-277. BLÁZQUEZ y DELGADO-AGUILERA, A. (1923b): “Avieno. Ora Marítima. Edición crítica y estudio geográfico”, Boletín de la Real Sociedad Geográfica 64: 249-304. BLÁZQUEZ, J.Mª.; LUZÓN, J.Mª.; GÓMEZ TOSCANO, F. y KLAUSS, C. (1970): Las cerámicas del Cabezo de S. Pedro. Huelva Arqueológica, 1. Huelva. BLECH, M. (1995a): “Schulten y Tartessos”, en F. Gascó y J. Beltrán (eds.), La antigüedad como argumento II. Historiografía de arqueología e historia antigua en Andalucía: 177-200. Junta de Andalucía. Sevilla. BLECH, M. (1995b): “Schulten und Numantia”, Madrider Mitteilungen 36: 38-47. BLECH, M. (2006): “Prólogo”. Adolf Schulten, Tartessos: 9-27. Centro de Estudios Andaluces-Edito- rial Renacimiento. Sevilla. BONSOR SAINT MARTIN, G. (1899): “Les Colonies agricoles pré-romaines de la vallée du Bétis”, Revue Archéologique 3ª S., 35: 126-159, 232-325 y 376-391. BONSOR SAINT MARTIN, G. (1899/1997): Las colonias agrícolas prerromanas del valle del Guadalquivir, en J. Maier (ed.), Gráficas Sol. Écija-Sevilla. BONSOR SAINT MARTIN, G. (1921): “Tartessos”, Boletín de la Real Academia de la Historia 78 (6): 515-525, 79 (1): 57-69 y 79 (2-4): 213-225. BONSOR SAINT MARTIN, G. (1922a): “El Coto de Doña Ana (una visita arqueológica)”, Boletín de la Real Academia de la Historia 81 (2-4): 152-174. BONSOR SAINT MARTIN, G. (1922b): Tartesse. Hispanic American Series. The Hispanic Society of America. New York.
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