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La imagen caníbal en el pensamiento teórico de Víctor Silva Echeto

Fernández Serrato, Juan Carlos

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Homenaje a Víctor Silva Echeto 53 3.3 La imagen caníbal en el pensamiento teórico de Víctor Silva Echeto Juan Carlos Fernández Serrato, Universidad de Sevilla «Cuentan que la imagen nos reconcilia con el olvido, pero, también, que como el brujo del fármacon es el remedio y la enfermedad» (Silva Echeto, 2016, pp. 129-130), así concluye Víctor Silva Echeto su ensayo La desilusión de la imagen. Arqueología, cuerpo(s) y mirada(s). El subtítulo, Una crítica a la actual explosión de las imágenes en los medios, incide en uno de los temas fundamentales de su pensamiento teórico, el canibalismo de las imágenes como modo de articulación de las identidades móviles de la posmodernidad. Podría decirse que el problema de la imagen mediática como constructora/vomitadora de identidades colectivas fue una de las preocupaciones más recurrentes en su escritura y que quizá estaba marcando el camino que Víctor Silva iba a recorrer en los próximos años, pues recientemente había publicado otro asedio al tema bajo el título Crítica y comunicación. Sobre políticas de las imágenes (2018). Un tema complejo, sin duda, cuyas implicaciones en la construcción de los discursos de dominación exploró también en diversas ocasiones con su compañero y amigo Rodrigo Browne Sartori. Por ejemplo, en el volumen compartido Antropofagias. Las indisciplinas de la comunicación (2007), se trazaban los diversos caminos por los cuales unas identidades se comen a otras y se dibujaba el mapa de la mirada colonial que, desde un idealismo radical, no exento de crueles paradojas, pretende imponer la homogeneidad como estrategia de control de lo disímil, en pos del abominable acabamiento de la diferencia. La relación del pensamiento de Víctor Silva con la idea de antropofagia era ambivalente, como corresponde a la perspectiva poscolonial que animaba su trabajo en la búsqueda constante del entre conflictivo de los discursos sociales, para asentar en ese espacio intersticial sus análisis y reflexiones. Su acercamiento a lo antropófago comienza de la mano de uno de sus maestros, Norval Baitello Jr., cuyos ensayos sobre las vanguardias brasileñas guiaron los primeros trabajos conjuntos de Silva y Browne. Los antropófagos de la vanguardia paulista de principios del siglo XX se levantaron contra el «consumo de excrementos co-modificados», contra «la destrucción industrial delirante» y «la producción administrada de simulacros escatológicos inventada por Dalí» (Silva Echeto y Browne Sartori, 2013, p. 14). En esta primera acepción, la antropofagia se concibe como una estrategia de lucha contra la imagen de América construida por los colonizadores, una suerte de acto estético de rebeldía que consiste en reivindicar las fuentes de libertad satanizadas por la Europa conquistadora y que pretende «confrontar y engullir todas las imágenes de la cultura europea a partir de la simbólica devoración que realizaron los conquistadores» (Silva Echeto y Browne Sartori, 2013, p. 15). Pero esta visión desde la estética contracultural es solo uno de los lados que bordean el entre en el que siempre se instalaba la mirada crítica de Víctor Silva; de la otra parte, se encuentra la acción no tan rebelde de destrucción de las diferencias, propia de la imagen mediática, que se nutre de la vida real para crear su simulacro e instalar en el imaginario social una fantasmagoría, cuya característica central (que atraviesa todos los espacios mediatizados por la imagen) es efecto de «una geopolítica cultural mundializada» (Silva Echeto, 2016, p. 34). Para esclarecer las líneas fundamentales de esa geopolítica, Víctor Silva buscó las bases de una arqueología de la imagen, necesariamente transdisciplinar, que explorara el pliegue de la historia sobre el flujo de las imágenes desde tres ejes, «la intermedialidad, el cuerpo y la mirada» (Silva Catástrofe y comunicación: la pugna de las imágenes 54 Echeto, 2016, p. 43). En principio, enfocó el problema a partir de los trabajos de Abi Warburg, lo que lo llevó a plantear la hipótesis de que «no hay una imagen como arquetipo (en el sentido junguiano), sino intervalos de imágenes o entre-medios» (Silva Echeto, 2016, p. 52). En otras palabras, que resulta inútil buscar la imagen original, porque no existe original ni copia, sino que las imágenes «se ubican en ese espacio intersticial» de los cuerpos en movimiento, son el efecto desplazado que nunca está en un mismo sitio donde acontece el agenciamiento de los cuerpos. Sus investigaciones lo llevaron, después, desde el poder de fascinación de la imagen hacia la acción caníbal como metáfora bifronte: una cara representaba las estrategias de dominación y la otra era su negativo, la reacción contra la cosificación ritual que desplaza el cuerpo/lo real para instalar su eco como simulacro, la imagen que suplanta la vida imitando su flujo, pero descorporeizando la identidad de lo imaginado. Imagen e imaginación no son, como pudiera pensarse, contrarios en la dialéctica iconismo vs. simbolismo, nunca lo fueron en el planteamiento teórico de Víctor Silva. Sus últimos trabajos habían emprendido un alejamiento de la fenomenología y un anclaje paradójico en la idea de imagenmovimiento que Warburg, Benjamin y Deleuze habían postulado como la característica más efectiva del imaginismo que dobla la corporalidad y la sustituye en el flujo incesante de imágenes que establecen la identidad colectiva en nuestro presente posmoderno, carente de todo fundamento epistemológico estable. A Víctor Silva le interesaba comprender los simulacros de la cultura que nos es contemporánea desde una raíz móvil, desde la propia idea de flujo como articulador de los discursos sociales de dominación y su contraparte, los discursos de subversión. La arqueología de la imagen que trataba de establecer partía de su convicción de que «si bien desde una mirada ocularcéntrica, hay por lo menos tres regímenes: la mirada colonial/poscolonial, la mirada panóptica y la mirada posmoderna, esto no implica que sean los únicos posibles» (Silva Echeto, 2016, p. 85). En ello seguía el planteamiento de Norval Baitello Jr., que definía la cultura contemporánea como iconofágica: una cultura imaginista, donde la imagen ha devorado a la mirada que la construye en primera instancia y al cuerpo que le sirve de referente: a su paso solo quedan espectros. Sus primeros trabajos mostraban ya su interés por los discursos híbridos como refracciones de las identidades múltiples, su rechazo al multiculturalismo como estrategia de diferenciación violenta, que impone guetos como condición para mantener las identidades sin contactos indeseados que puedan amenazar la hegemonía de una, la colonial, sobre las otras, de hecho, colonizadas. Porque el pensamiento de Víctor Silva no era (no es, pues sigue vivo y palpitante en sus libros y en las decenas de artículos que publicó) una simple especulación académica, un salto más en la danza de la teoría esteticista. Un hondo sentido de la teoría como praxis lo animaba en sus preocupaciones académicas, porque para él el espacio de lo cotidiano también era un espacio político. Su compromiso investigador y docente no era una simple dicotomía sobrevenida a la que lo obligase un contrato profesional, como no era una postura vacía su compromiso con una vida entendida como espacio donde el amor, la amistad y la lucha por la justicia social no fueran las unas sin las otras: nos las daba en cada aliento. Su interés por el estudio de las imágenes hunde la raíz en esa opción vital suya. Baste una afirmación que nos ha dejado escrita: «El neoliberalismo ha intentado —y en algunos casos lo ha logrado— convertir la ambigüedad de la imagen en signos ‘transparentes’ sin torsiones de sentido ni aglomeraciones de sinsentido» (Silva Echeto, 2016, p. 95). Una cultura sostenida sobre el vacío no podía ser, no para Víctor Silva, un buen caldo con el que regar el pan de la vida; el dominio casi absoluto de la imagen proyectada desde el flujo incesante de los media es por eso un asunto que va más allá de un simple objeto de estudio elegido más o menos oportunamente, es el espacio central donde se producen las nuevas estrategias de dominación en la sociedad del control (Deleuze). La idea del valor de la cultura en las dinámicas de establecimiento de las hegemonías fue fundamental en el pensamiento de Víctor Silva. La imagen, el movimiento de la imagen, el estudio de sus desplazamientos caníbales era el enfoque que había elegido últimamente para dirimir de qué manera se articula la violencia simbólica en las Homenaje a Víctor Silva Echeto 55 escrituras de la identidad, porque Víctor sabía que «no hay comunidad imaginaria homogénea, aunque se lo quiera hacer creer, sino las representaciones escriturales de una comunidad que pretenden acallar otras posibles» (Silva Echeto, 2003, p. 98), y esa, quizá, fue la idea germinal que impulsó todo su pensamiento crítico. Referencias Silva Echeto, V. (2018). Crítica y comunicación. Sobre políticas de las imágenes. Tirant lo Blanch. ———. (2016). La desilusión de la imagen. Arqueología, cuerpo(s) y mirada(s). Una crítica a la actual explosión de las imágenes en los medios. Gedisa. ———. (2003). Comunicación e información (inter)cultural. La construcción de las identidades, la diferencia y el multiculturalismo. Instituto Europeo de Comunicación y Desarrollo. Silva Echeto, V. y Browne Sartori, R. (2013). La máquina antropófaga: barroco, neobarroco y antiesteticismo. En N. Baitello Jr., R. Browne Sartori y V. Silva Echeto (eds.), La máquina antropófaga. Experimentaciones en comunicación e imagen (pp. 11-22). Arcibel. ———. (2007). Antropofagias. Las indisciplinas de la comunicación. Biblioteca Nueva.