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Gerión 36(1) 2018: 11-40 11 Apuntes sobre las dinámicas comerciales de Gadir entre los siglos VI y III a.C. Antonio M. Sáez Romero1 Recibido: 19 de septiembre de 2017 / Aceptado: 8 de enero de 2018 Resumen. Las ánforas y los vestigios de sus centros de producción constituyen uno de los más importantes indicadores usados habitualmente para el estudio de las economías y las rutas de comercio de la Antigüedad, así como los productos involucrados en ellas. Por el contrario, las fuentes literarias suelen proporcionar una información limitada sobre estas cuestiones. En consecuencia, el análisis detallado de la documentación arqueológica y de los pasajes escritos conservados no permite en muchos casos la identificación de una buena parte de los productos comerciados. Concentrándonos en el marco general de la región del Estrecho de Gibraltar en un caso de estudio significativo como la Bahía de Cádiz en época púnica entre los siglos VI-III a.C., el principal objetivo del trabajo es reflexionar sobre los flujos y rutas comerciales regionales, prestando atención a la conexión de este extremo occidente púnico con el Atlántico, pero también con Cartago y otros centros púnicos del Mediterráneo central. Palabras clave: Gadir; Estrecho de Gibraltar; ánforas; comercio; salazones; Cartago. [en] Commercial dynamics of Punic Gadir from the 6th to 3rd centuries BC Abstract. Amphorae and the remains of their production sites are some of the most important archaeological indicators commonly used to approach to ancient economies, trading routes and commercialized products. Literary sources, on the contrary, provide limited information about these issues. Therefore the detailed analysis of archaeological remains or the preserved literary evidence cannot make possible to identify a significant part of the commodities traded. We focus on a particular case study, the Punic bay of Cadiz and the Strait of Gibraltar region between the 6th and the 3rd centuries BC. The main goal is to define the historical development of trading fluxes and routes will be considered, paying attention to the relation of the western Punic region with both the Atlantic and Carthage and the Punic Central Mediterranean. Keywords: Gadir; Strait of Gibraltar; Amphorae; Trade; Fish by-products; Carthage. Sumario. 1. Presupuestos del trabajo y aspectos introductorios. 1.1. Una breve panorámica del Gadir tardoarcaico y púnico como foco productor. 2. Comercio entre lo arcaico y Roma: una perspectiva diacrónica. 2.1. Gadir, la región del Estrecho y el Mediterráneo (siglo V a.C.). 2.2. Cartago, Roma y la “atlantización” de las rutas y de los mercados. 3. ¿De productores a redistribuidores? A modo de conclusión. 4. Referencias bibliográficas. Cómo citar: Sáez Romero, A. M. (2018): Apuntes sobre las dinámicas comerciales de Gadir entre los siglos VI y III a.C., en Gerión 36/1, 11-40. 1 Universidad de Sevilla. E-mail: [email protected] Gerión. Revista de Historia Antigua ISSN: 0213-0181 http://dx.doi.org/10.5209/GERI.60292 ARTÍCULOS
Sáez Romero, A. M. Gerión 36(1) 2018: 11-4012 1. Presupuestos del trabajo y aspectos introductorios2 En una dinámica creciente en las últimas décadas, la investigación histórica de base arqueológica enfocada a desentrañar los entresijos de las economías de la Antigüedad mediterránea ha dejado descansar sobre el análisis del registro anfórico gran parte de sus conclusiones. Las ánforas fueron el contenedor de transporte estándar difundido a todo lo largo y ancho del Mediterráneo desde, al menos, los inicios del I milenio a.C., dándose a escala local y regional una gran diversidad de diseños y especificidades técnicas. Su abundancia en la Antigüedad, su resistencia al deterioro post-deposicional y, por tanto, su habitual buen estado de conservación tanto en medio marino como terrestre, han dado lugar a que estos ítems se hayan convertido en el “fósil-guía” más reconocido y estudiado en relación al análisis del comercio antiguo. No se pretende aquí poner en duda este papel capital, ni menoscabar las enormes aportaciones y progresos debidos a su estudio registrados en los últimos decenios en torno la definición de circuitos económicos y de relaciones entre culturas. Sin embargo, dicho desarrollo de las investigaciones también ha puesto de manifiesto cada vez con más fuerza que esta focalización de la atención hacia las ánforas ha ensombrecido (hasta hacerlo en muchas ocasiones invisible) el papel de otros productos y fórmulas de transporte y comercio que también ocuparon puestos de enorme relevancia en el cuadro de las redes mercantiles del Mediterráneo de época clásica y helenística. Es decir, productos comercializados en estas mismas redes muchas veces compartiendo bodegas en los mismos navíos que distribuían los productos envasados en ánforas, pero que por su configuración (a granel, o en bruto, como el grano o los metales), por no estar presentes en las menciones literarias disponibles o por cuestiones de conservación en el registro arqueológico (al ser materiales orgánicos no perdurables en la generalidad de yacimientos) han pasado a ser casi invisibles tanto en el campo como en la historiografía. Del mismo modo, la inexistencia de descripciones directas ha dificultado en gran medida la definición de fenómenos que debieron de ser muy frecuentes en la economía de la región, como la redistribución de muchas de estas manufacturas y materias primas desde puertos que ejercieron de nodos de conexión con las rutas de ámbito internacional.3 El propósito de estas páginas es mucho más modesto que el de poner nombre y rango a todos estos ingredientes del “cóctel” comercial del Mediterráneo antiguo, objetivo que sobrepasa ampliamente el marco de un trabajo de síntesis como el que ahora se acomete. El artículo únicamente pretende ser una reflexión sobre esta problemática de la parcial “invisibilidad” de parte del registro sujeto a comercio a través de un caso de estudio determinado en el tiempo y el espacio: Gadir (la Bahía de Cádiz), sus infraestructuras productivas entre los siglos VI y III a.C., y sus vínculos comerciales atlántico-mediterráneos. Como “potencia marítima” principal de su región en dicho 2 Este trabajo se enmarca en los resultados de los proyectos HAR2015-68554-P y HAR2015-68310-P, y de una estancia en el ISMA (CNR, Roma) financiada a cargo del programa José Castillejo 2017. Agradecemos al Dr. Eduardo Ferrer Albelda (Universidad de Sevilla) sus comentarios al manuscrito, los cuales han ayudado a mejorarlo sustancialmente en muchos aspectos, así como a José M. Gutiérrez López (Museo Municipal de Villamartín) sus indicaciones y datos acerca del poblamiento del valle del Guadalete y la producción anfórica turdetana de la zona. También queremos agradecer la orientación proporcionada por los revisores anónimos del manuscrito, que han contribuido a mejorar sustancialmente el texto y el aparato gráfico. Evidentemente, cualquier error u omisión detectable en el texto es únicamente imputable al firmante de estas páginas. 3 Algunas reflexiones en este mismo sentido, a propósito de la limitación de todo tipo de fuentes y de nuestra capacidad de interpretarlas, en López Castro 2006a, 27-28.
Sáez Romero, A. M. Gerión 36(1) 2018: 11-40 13 periodo y gran interlocutor con el mundo mediterráneo del momento, nodo entre diversos sistemas económicos de limitado alcance (local o comarcal) y las grandes redes en contacto con Roma, Cartago y el Oriente, consideramos que este case study puede ser un buen banco de pruebas para iniciar este tipo de acercamientos a la economía antigua a mayor escala en otros rincones de la oikoumene. Esta síntesis intentará desmenuzar la documentación arqueológica disponible, atendiendo tanto a las evidencias tangibles (particularmente los envases cerámicos de transporte) como –en la medida de lo posible– a esos otros ítems que usualmente escapan del discurso tradicional, basado en el estudio de las tendencias del comercio anfórico. 1.1. Una breve panorámica del Gadir tardoarcaico y púnico como foco productor Antes de intentar desgranar las grandes líneas del comercio gadirita, parece lógico detenernos brevemente en los cimientos productivos que sustentaron el sistema exportador de la bahía gaditana, así como en otros factores adicionales que contribuyeron decisivamente a la configuración de las dinámicas económicas propuestas en estas páginas para cada uno de los periodos definidos. La reconfiguración del Gadir post-colonial como ciudad portuaria capital ha sido objeto en las dos últimas décadas, y en especial en fechas recientes, de una notable atención desde la perspectiva territorial, dibujando los principales hitos arqueológicos documentados alrededor de la bahía gaditana relacionados con la conversión de esta comunidad en verdadera urbe y “potencia talasocrática” regional.4 Otro tanto puede decirse respecto del análisis, tanto desde la perspectiva territorial diacrónica como desde la óptica del estudio microespacial detallado de sus componentes, de la “geografía industrial” ligada a la nueva ciudad post-colonial gadirita, cuyo paisaje económico fundamental habría estado caracterizado por salinas de evaporación,5 centros de producción cerámica,6 chancas y pesquerías7 e instalaciones portuarias8 y de construcción naval (Fig. 1). Sintetizando al máximo, y fijando la atención en la cuestión que es el objeto central de estas páginas, cabe definir el territorio político y productivo de la Gadir post-arcaica en torno a tres ejes habitacionales fundamentales (el núcleo insular, el Castillo de Doña Blanca y Chiclana) y al menos dos hitos simbólico-cultuales (que habrían completado la definición de esta chora gadirita) ubicados en los extremos norte y sur de las islas gaditanas. Este sería, grosso modo, el escenario económico y territorial que habrían encontrado los Barca al hacer uso de la bahía gaditana como cabeza de puente para la conquista de Iberia (ca. 237 a.C.), un contexto no muy diferente del existente en los momentos iniciales de la anexión romana de la zona (206 a.C.). En este último caso, las pautas de ocupación y explotación sí parece que se vieron rápida y sustancialmente modificadas al abandonarse de forma definitiva los asentamientos situados en la parte continental de la bahía, concentrándose la actividad en el área insular y, quizá, en la desembocadura del Guadalete. Es posible tal vez inferir a partir de ello que durante toda la etapa post-colonial el territorio insular pudo ser, ligado a los 4 Siempre sin olvidar considerar el carácter liminar y de periferia cargada de mitos y tópicos de esta área de tránsito al Atlántico; cf. Arteaga 1994; Muñoz – de Frutos 2004; Padilla 2014; Niveau de Villedary 2014. 5 Alonso et alii 2003. 6 Sáez Romero 2008a; 2008b; 2010. 7 Ruiz Mata 1986; Muñoz et alii 1988; Ruiz Gil 1991; de Frutos – Muñoz 1996; García – Ferrer 2001; 2006; Ruiz et alii 2006; Sáez Romero 2011; 2014a; 2014b. 8 Sáez Romero – Higueras-Milena 2016.
Sáez Romero, A. M. Gerión 36(1) 2018: 11-4014 principales santuarios, el epicentro de las actividades productivas y comerciales gadiritas, actuando los centros continentales (tanto principales como secundarios) como tentáculos de la ciudad extendidos sobre las fértiles campiñas y vegas inmediatas a este núcleo originario. Marcarían, no obstante los cambios registrados en los primeros compases del siglo II a.C., una constante territorial muy persistente en el devenir histórico posterior, como se aprecia en la intensa ocupación que registrarían esos mismos escenarios continentales pocos decenios más tarde, ya en el contexto de una colonización agraria desarrollada bajo parámetros romanizados.9 2. Comercio entre lo arcaico y Roma: una perspectiva diacrónica Acotados los objetivos y límites del trabajo, y sentadas las bases del foco de producción gaditano, en este apartado se pretende exponer nuestra visión sobre las principales pautas del comercio gadirita desarrollado entre la transición tardoarcaica y la 9 Para un retrato de este periodo, cf. Chic 2004; Bernal 2008. Figura 1. Esquema del modelo de implantación territorial desarrollado en la Bahía de Cádiz y la campiña circundante a partir de la transición tardoarcaica y la etapa de esplendor del siglo V a.C. (según Sáez Romero 2014a, 1325).
Sáez Romero, A. M. Gerión 36(1) 2018: 11-40 15 irrupción de Cartago y Roma en la Península Ibérica en la segunda mitad del siglo III a.C., combinando datos arqueológicos (incluidos los productos envasados en ánforas, que siguen siendo el principal argumento empírico disponible) y, en lo posible, literarios. La propuesta intenta así ordenar en cierta manera una documentación creciente y dispersa en la bibliografía, que ha sido interpretada hasta el momento de formas muy dispares tanto desde la perspectiva local como desde una visión externa más generalista o “mediterránea”. El cúmulo de datos disponible se ha incrementado notablemente en la última década, en especial el número de pecios y las informaciones relativas a la dispersión de los tipos anfóricos gaditanos del periodo, lo que aconseja actualizar y renovar el discurso, que además puede vincularse ahora con más garantías estratigráficas a la evolución de los propios núcleos artesanales y urbanos de la bahía. De igual modo, se ha conectado la dinámica económica y comercial de Gadir y de las ciudades de la región del Estrecho con diversos hechos históricos y noticias transmitidas por las fuentes o atestiguadas por la Arqueología con perspectivas igualmente dispares a la aquí presentada. En este sentido, son claras las diferencias de orientación metodológica y objetivos con diversas síntesis que han tratado esta cuestión del comercio de las ciudades púnicas del Estrecho entre los siglos VI-III a.C. con anterioridad, divergencias que han llevado en buena medida a conclusiones distintas a las ahora propuestas.10 Un buen ejemplo de un planteamiento diferenciado podemos encontrarlo, por ejemplo, en la conocida síntesis de J. Ramon Torres sobre la producción y comercio de ánforas fenicio-púnicas, que, usando esencialmente el registro anfórico como referencia, hace un recorrido económico por los periodos y escenarios a los que aquí se alude.11 No es el objetivo de dicha obra plantear una reflexión específica sobre el comercio –en sentido amplio– sino más bien contextualizar la evolución del registro anfórico, pero es evidente la disparidad de datos y conclusiones en aspectos concretos, desde la propia propuesta de periodización hasta el protagonismo atribuido a unos tipos u otros y su papel en el sistema general de cada época. Ramon pone sobre la mesa, entre otros detalles significativos, un modelo de desarrollo del boyante comercio del siglo V a.C. y subraya las dificultades para discernir si los contactos con Grecia fueron directos o a través de intermediación cartaginesa, pero en ningún caso se plantea una estructura para las fases anteriores o posteriores con el mismo grado de detalle o trasfondo histórico. Las diferencias también son notables con otras recapitulaciones concebidas por autores de referencia como J. L. López Castro, más centradas en el estudio específico del comercio generado por las ciudades púnicas de la región occidental del Mediterráneo y, por tanto, más comparables al análisis que se propone en estas páginas. Por un lado, se ha abordado el examen de la evolución de la economía ligada al escrutinio de otros fenómenos de gran trascendencia, como la proyección de Cartago hacia Occidente antes de las denominadas Guerras Púnicas;12 y, por otra parte, en actualizaciones posteriores de estos trabajos anteriores, se ha puesto particular énfasis en la lectura de los registros regionales y la recepción de productos foráneos (especialmente ánforas y vajillas cartaginesas o griegas), sirviendo ese valioso repaso a la 10 Lógico, pues además en este trabajo se atiende al caso específico de Gadir, un enfoque de case study que hasta ahora sólo se ha abordado para Baria; López Castro 2014. 11 Ramon Torres 1995, 279-293. 12 López Castro 1991; de Frutos 1991.
Sáez Romero, A. M. Gerión 36(1) 2018: 11-4016 evidencia arqueológica disponible como soporte para describir las principales fluctuaciones de las relaciones con Cartago o el mundo griego y, por tanto, para inferir la proyección comercial de las urbes del Estrecho.13 Las distancias son perceptibles en forma y fondo, pues hasta el momento las propuestas de periodización derivadas de estos trabajos son distintas a las manejadas por nosotros y más dependientes de referencias históricas (fechas de tratados, pasajes de determinadas fuentes, etc.).14 Sin duda, la constatación de que las importaciones de cerámicas griegas no desaparecieron en la región durante los siglos V-IV a.C. es un indicador de gran interés y una importante contribución al discurso general, pero no permite asegurar que su arribada se deba a la acción directa de las ciudades occidentales, sino que quizá podría estar constatando la enorme proyección de otros centros púnicos hacia la zona, como Ibiza, algo ya propuesto en su día por Ramon.15 Partiendo de un caso concreto, y centrados en los indicadores de distribución exterior de los productos, nuestra propuesta casi puede entenderse como un complemento a estos últimos trabajos, aportando una visión restringida al caso gaditano y desarrollada tomando en consideración también los datos relativos a la propia evolución del asentamiento y sus infraestructuras productivas. En cualquier caso, ambas vías de aproximación (historiografía previa y los párrafos que siguen) están aquejadas de los mismos males de método: dependencia de las escasas fuentes y referencias históricas disponibles, “invisibilidad” casi absoluta de los registros no cerámicos, que no permiten valorar el peso real de otros productos, y dificultad de discernir la participación de intermediarios en la importación o exportación de producciones, tanto locales como foráneas, y, por tanto, de valorar el “músculo” mercantil realmente atribuible a cada foco púnico de la región del Estrecho. En un estadio similar podemos incluir también la discusión de los indicadores relativos a las relaciones comerciales con la Turdetania, a la proyección de Gadir hacia las costas del Golfo de Cádiz o a la cronología e impulsores de los establecimientos rurales datados entre los siglos IV-III a.C. diseminados por la campiña gaditana. Respecto a la primera cuestión, sólo recientemente se han ofrecido visiones de conjunto con argumentos arqueológicos sólidos, dibujando un edificio que está aún eminentemente en construcción.16 Por su parte, la llamada “gaditanización” del Algarve es un fenómeno que ha sido esbozado de forma general sobre la base de un registro material de fábrica gadirita muy explícito,17 pero que aún está falto de una explicación más concreta y de las implicaciones que tuvo no sólo para los núcleos situados en las costas del Algarve, sino también para la propia Gadir. Finalmente, en relación a la “colonización” de la campiña gaditano-xericiense, las divergencias son muy notables en el planteamiento, dado que por regla general la historiografía anterior ha asumido que el citado proceso de ocupación del agro circundante a la bahía fue impulsado por colonos púnicos centromediterráneos (conectando el fenómeno con los “libio-fenicios”) y que fundamentalmente se desarrolló entre los siglos IV-III a.C.18 Como se desarrolla en los apartados siguientes, las evidencias disponibles actualmente sugieren que el proceso de producción y exportación de las ánforas “tipo 13 López Castro 2006a, 33-38. 14 López Castro 1991, 96-103. 15 Ramon Torres 1995, 287-288; 2014. 16 Ferrer et alii 2010. 17 Sousa – Arruda 2010; Arruda et alii 2011. 18 Carretero 2007, especialmente 214-224.
Sáez Romero, A. M. Gerión 36(1) 2018: 11-40 17 Tiñosa” comenzó algo antes, y que, como otros autores han propuesto oportunamente,19 la “colonización” de este apéndice continental de Gadir debió corresponder a una iniciativa de la propia comunidad local más que a una llegada de poblaciones cartaginesas. Este estado de la cuestión previo, seguido por la generalidad de la historiografía no especializada, y complementado por trabajos de síntesis con una línea similar pero de alcance más local,20 planteaba, a nuestro parecer, la necesidad de esta nueva propuesta de evolución de las rutas y estrategias productivo-comerciales de Gadir entre el final de la fase arcaica y la integración política de la región en Roma. En ella se diferenciarán esencialmente dos grandes periodos o ciclos, que definen, a su vez, dos momentos histórica y arqueológicamente distintos en el ámbito del foco gaditano y en general en la región productora del Estrecho, y, por supuesto, de las relaciones de esta porción extremo-occidental del mundo mediterráneo con el resto de componentes de las principales redes internacionales. Se trata, como ya se adelantó en la introducción, de una propuesta a modo de esquema de trabajo que no pretende solucionar de un plumazo los graves déficits de lectura del registro perceptibles actualmente en la interpretación histórica de estos fenómenos, sino más bien proporcionar un andamiaje provisional sobre el cual plantear problemas y preguntas que deberán ser respondidas por la investigación en los próximos años. 2.1. Gadir, la región del Estrecho y el Mediterráneo (siglo V a.C.) Las transformaciones tardoarcaicas dieron como resultado más evidente en la esfera económica una reorganización de la jerarquía de los núcleos productivos supervivientes de la fase colonial, desapareciendo algunos de ellos y ascendiendo otros a papeles más relevantes que en la fase anterior. Larga y aún muy encendida es la discusión relativa a la situación de Gadir en esta nueva etapa. Partiendo de un papel preeminente de la antigua colonia tiria ya desde la fase arcaica, algunos investigadores como M. Tarradell vieron a la bahía gaditana como la posible cabeza de un círculo económico-político-cultural que se habría gestado en estos momentos diferenciado del púnico centromediterráneo liderado por Cartago.21 Esta visión inicial ha sido posteriormente matizada en la historiografía más reciente, proponiéndose para Gadir el rol de rector de una liga que habría reunido a los principales núcleos de raíz fenicia del Estrecho al modo griego de la época, conformando así una suerte de talasocracia multi-identitaria bajo el amparo de la potencia económica gadirita y el auspicio de su afamado templo de Melqart.22 Lo cierto es que la información disponible actualmente no permite contrastar dicha hipótesis acerca de la Liga Gaditana, aunque no es menos cierto que el registro documentado en la Bahía de Cádiz sugiere que, probablemente, fue el núcleo poblacional e industrializado más potente de toda la región durante esta centuria.23 Por ello, cabe no excluir una posición preeminen- 19 López Castro 2008. 20 Muñoz – de Frutos 2005. 21 El “Círculo del Estrecho de Gibraltar”, inicialmente formulado en Tarradell 1957, 273. 22 Arteaga Matute 1994. 23 Sáez Romero 2013.
Sáez Romero, A. M. Gerión 36(1) 2018: 11-4018 te, al menos en lo referido a la emisión de exportaciones y la gestión de la economía marítima de la zona.24 Dicho esto, conviene asimismo resaltar otro debate de enorme calado que ha centrado la atención de buena parte de la historiografía de las últimas décadas: si la “transición tardoarcaica” (tramo final del siglo VI y décadas iniciales del V a.C.) contó entre sus características principales con la transformación de una economía regional basada en la sustitución de la exportación de metales (particularmente la plata del suroeste, teóricamente el principal reclamo para la colonización fenicia) por otra cimentada en la producción y comercialización a gran escala de excedentes agropecuarios y pesqueros. En particular, habitualmente ha sido la fabricación de salazones de pescado el considerado como principal exponente de este cambio de rumbo económico, al ser un elemento de alta visibilidad en el registro arqueológico gracias a la abundancia de ánforas de transporte vinculadas a su comercio (Fig. 2), algo a lo que también han contribuido la existencia de evidencias literarias y de una cada vez más consolidada línea de investigación que ha dado resultados muy positivos, en especial en el ámbito de la bahía gaditana.25 Algunos autores han advertido, no sin fundamento, que dicho proceso de transformación no debió de ser homogéneo ni sincrónico en toda la región, y que el peso de las actividades pesquero-conserveras puede estar sobrevalorado al menos en determinados sectores costeros del Estrecho o de sus apéndices continentales “indígenas” (es decir, en los territorios situados al interior, sobre todo los grandes valles fluviales). La alta visibilidad arqueológica de algunos de los indicadores, en contraste con la imposibilidad de rastrear otros elementos como materias primas sin procesar o productos a granel no envasados en contenedores cerámicos, marcarían esta visión distorsionada del alcance “local” del proceso de cambio general.26 Así, cabe ser prudentes al analizar la composición de las exportaciones del Estrecho de este periodo, sin que pueda desecharse la idea de una continuidad en el papel relevante de los metales en la configuración de las rutas comerciales que conectaron esta zona periférica con los focos principales del Mediterráneo durante el siglo V a.C.27 La difusión de los productos del Estrecho es de este modo rastreable durante este periodo esencialmente a través del abundante registro anfórico disponible y, particularmente, de la distribución de los envases del tipo T-11213 producidos en la generalidad de focos urbanos costeros integrados en esta virtual Liga o círculo extremooccidental (Fig. 3). Como ya se ha señalado,28 estas ánforas alcanzarían en el curso del siglo V a.C. una destacada expansión tanto en la vertiente atlántica como en la mediterránea, frecuentando tanto las áreas púnicas como los mercados indígenas peninsulares y griegos o etruscos. Asimismo, en la generalidad de la historiografía se ha asumido que dichos envases habrían transportado exclusivamente salazones y derivados piscícolas, obviando el hecho de que al tratarse de un contenedor práctica- 24 Dado que se aleja de los objetivos de estas páginas, no entraremos en el interminable debate sobre el concepto del citado “Círculo del Estrecho”, sus reformulaciones posteriores y la más reciente banalización de su uso como topos historiográfico más allá de los límites cronológicos que aquí se tratan; cf. Coltelloni-Trannoy et alii 2016. 25 Un amplio repaso a esta densa y variada historiografía puede encontrarse en Sáez Romero 2010 y 2011. 26 Fernández Jurado 2006. 27 Chic – García Vargas 2006. 28 Ramon Torres 1995, 651, fig. 285.
Sáez Romero, A. M. Gerión 36(1) 2018: 11-40 19 Figura 2. Principales tipos de ánforas mencionados en el texto, involucradas de forma directa o mediante redistribución en el comercio gaditano de los siglos V-III a.C. (incluyendo los productos envasados en ánforas de los valles del Guadalquivir, Guadalete e Iro y de la campiña gaditano-xericiense). Las franjas grises indican, de manera aproximada, la evolución del volumen de producción de cada serie o tipo y su participación en el comercio gaditano (elaboración propia).
Sáez Romero, A. M. Gerión 36(1) 2018: 11-4026 rios, así como en otros centros atlánticos como Lixus56 o Kuass,57 de abundantes ánforas turdetanas de los valles del Guadalquivir y del Guadalete (tipos Pellicer B-C y D, pero también producciones olearias tipo Tiñosa/T-8112 procedentes de las campiñas situadas entre la bahía y ambas cuencas)58 permite sospechar que el papel redistribuidor de la flota gaditana en esta fase se habría incrementado, al menos en su proyección hacia el Atlántico. Parece por ello probable que la tendencia ya observada para el tramo final del siglo V a.C. se hubiese incrementado en este periodo posterior, quizá compartiendo bodegas las mercancías turdetanas y de otros puntos del Estrecho (envasados en ánforas o no) con las propias artesanías y productos envasados en ánforas gaditanos. Parece asimismo que este período, entre el final del siglo V a.C. y la definitiva “atlantización” del comercio regional del IV a.C., habría sido el momento clave de la consolidación de la “autopista atlántica” conducente al noroeste peninsular, con el cual se establecieron contactos profundos y fluidos por parte de los comerciantes gadiritas y de otras procedencias mediterráneas. El creciente cúmulo de registros arqueológicos con materiales de origen mediterráneo –y sobre todo gaditano– en los ambientes castreños de las Rías Bajas y otros escenarios gallegos59 permite establecer que la difusión de manufacturas diversas, sal marina y productos alimentarios del suroeste peninsular envasados en ánforas debieron arribar con fluidez a estos puntos, siendo probablemente la principal contrapartida el oro y el estaño obtenidos en las minas del noroeste (además de otros ingredientes que por ahora no es posible discernir, quizá pieles, esclavos, etc.). Esta “autopista” parece haber contado, asimismo, con otro brazo que extendía su radio de acción al sur de Lixus, hasta al menos alcanzar con frecuencia el islote de Mogador (donde se han documentado envases T-11210 y T-12110)60 y quizá más allá, buscando acaso las riquezas naturales de las Fortunatae Insulae y de las rutas comerciales continentales que desembocaban en las costas subsaharianas. En ambos sentidos, son bien conocidas las referencias a algunos periplos parcialmente conservados y ampliamente discutidos61 que han dado pie a atribuir a los cartagineses el predominio en estos derroteros, si bien la evidencia empírica disponible apunta a unas rutas marítimas dominadas por las flotas de los principales puertos fenicios atlánticos, con Gadir a la cabeza.62 La distribución de los productos del Estrecho alcanzaría ahora también con cierta fuerza el interior del territorio andaluz y del mauritano a través de los principales valles fluviales, de igual modo que hacían las importaciones fenicias arcaicas, aunque con un flujo de salida en contrapartida mucho más evidente en este momento en forma de las propias producciones anfóricas “indígenas” destinadas a comercializar en el seno de los fletes púnicos los excedentes agropecuarios de estos estados turdetanos/ibéricos o de comunidades mauritanas de diverso rango. Una buena muestra de esta dinámica la encontramos en las relaciones establecidas entre el Bajo Guadalquivir, la costa onubense y el valle del Guadalete con el centro 56 Aranegui 2005; Aranegui – Hassini 2010. 57 Kbiri Alaoui 2007. 58 Carretero 2007. 59 González Ruibal et alii 2010. 60 Marzoli – El Khayari 2010. 61 Los de Himilcón y Hannón; cf. López Pardo – Mederos 2008. 62 Mederos – Escribano 1999; 2000; 2002.
Sáez Romero, A. M. Gerión 36(1) 2018: 11-40 27 polinuclear configurado en la bahía de Cádiz, que contaba con un enorme poder de atracción63 al contar con la decisiva capacidad de enlazar esta capilarizada red de abastecimiento con las principales rutas de redistribución regionales y mediterráneas (es decir, haciendo la función de nodo conector de redes locales/regionales e internacionales).64 Es probable que la “atlantización” de la economía exportadora de la parte occidental del Estrecho en esta etapa diera como resultado una revitalización de su capacidad de intervención –de nuevo– en sus tradicionales mercados mediterráneos, en paralelo, quizá, a otras circunstancias de orden internacional que pudiesen también haber contribuido a un refortalecimiento de los antiguos vínculos de la supuesta Liga Gaditana (problemas de Cartago en Sicilia, y posteriormente, la I Guerra Púnica). Así, tanto desde el tramo final del siglo IV a.C. como en las décadas iniciales del III a.C. es perceptible una reaparición de envases anfóricos del Estrecho (T-12111 y T-8211) en puntos del levante y sureste peninsular, e incluso del Mediterráneo central. Resulta significativo a este respecto la presencia de una T-8211 en un contexto cerrado de Atenas fechado en torno a 275 a.C.,65 lo que plantea dudas sobre si esta reincorporación a los flujos comerciales con el Mediterráneo para los productos del Estrecho pudo venir de la mano de su integración en la actividad comercial de Cartago o de sus satélites insulares. La presencia de pecios, como el recientemente identificado frente a las costas de Estepona,66 con un cargamento aparentemente compuesto por T-12111 de fabricación gaditana y ¿carteyense?, parece advertir sobre la existencia de mercantes netamente occidentales en tránsito hacia esos destinos mediterráneos, así como acerca de la continuidad del fenómeno de formación de cargamentos mixtos configurados por envases (y posiblemente otros ítems) fabricados en diversos puntos del Estrecho. Consideramos de interés, en relación con estos datos, subrayar algo ya adelantado: que tanto en sus primeros compases como en los momentos más volcados a la “atlantización” de rutas y productos, parece que los elementos comercializados desde los puertos del Estrecho debieron ser no sólo sus propias manufacturas (con las salazones de pescado a la cabeza), sino también significativamente los productos envasados en ánforas procedentes del interior de los fértiles valles fluviales y las áreas interiores de la región. Al igual que se detecta coetáneamente para el caso ebusitano (a partir de la presencia de ánforas ibéricas catalanas y levantinas en el Estrecho, y de casos como el pecio de Binissafúller),67 los buques mercantes occidentales debieron redistribuir incluso fuera del marco regional significativas cantidades de ánforas turdetanas y quizá mauritanas, y otras materias primas no procesadas cuyo rastreo arqueológico ha sido por ahora infructuoso. La flota gaditana habría sido actor principal de esta redistribución. Probablemente las exportaciones emitidas por las urbes portuarias del Estrecho incluyesen también en este periodo otros ingredientes que no es posible definir por ahora, pero entre los cuales quizá debamos incluir metales de la región y de las “áreas extremas” atlánticas (plata, cobre, estaño y plomo), ítems propios de la “economía exótica” de la zona mauritana (marfil, oro, púrpura, 63 Port Power, siguiendo el modelo establecido por Stager 2001 y Cohen 2009 para Ascalón. 64 Sáez Romero 2014a. 65 Lawall 2006. 66 Sáez Romero 2014c. 67 Aguelo et alii 2014.
Sáez Romero, A. M. Gerión 36(1) 2018: 11-4028 animales, esclavos, maderas de calidad, etc.),68 y mercancías con valor añadido como la orfebrería, tejidos tintados, mercenarios, etc. La irrupción militar del Cartago de los Barca en este contexto, en las décadas finales del siglo III a.C., no parece que modificase en lo sustancial estos parámetros y tendencias descritos, incluso configurándose la “retaguardia atlántica” de Aníbal69 como una zona privilegiada que probablemente se benefició como principal abastecedor de los cartagineses de tres décadas de conflicto armado casi continuado en suelo peninsular (237-206 a.C.). Por ahora el insuficiente detalle cronológico de los contextos y registros materiales disponibles no permite plantear inferencias definitivas, pero sí parece que la dinámica de “gaditanización” de la mitad atlántica no se vio interrumpida (con la continuidad de la difusión de sus manufacturas a través de las autopistas marítimas ya en funcionamiento). La presencia de productos envasados en ánforas de origen occidental –en T-12111, T-8211 y T-9111– pudo incluso acrecentarse en el levante y sureste peninsulares durante los años del conflicto anibálico, quizá en directa relación con las necesidades de sostén alimentario de los contingentes militares crecientes y de otros también cada vez más importantes, como los trabajadores de distritos mineros o artesanos urbanos. Los casos de Baria,70 Lucentum71 o Carthago Nova72 quizá puedan ser, por el momento, los más significativos arqueológicamente, dada la existencia de conjuntos materiales que fotografían con precisión los años finales del conflicto anibálico. 3. ¿De productores a redistribuidores? A modo de conclusión Resulta evidente, a partir de la información valorada en las páginas precedentes, la inevitable parcialidad de nuestra visión actual de las mercancías comerciadas y las redes mercantiles de la región geohistórica del Estrecho en la etapa prerromana. Este escenario histórico incompleto está motivado por una limitación arqueológica básica (la nula o escasa preservación de ciertos materiales y la escasez de naufragios excavados) que resulta por ahora casi insalvable a pesar de los avances técnicos y el crecimiento general cuantitativo de la información. Aun así, siguiendo principalmente las pautas aportadas por la evidencia cerámica y los indicios sugeridos por algunas fuentes literarias,73 es posible trazar algunas líneas básicas de la evolución 68 Gozalbes Cravioto 1997; 2008. 69 Bendala 2010; 2015. 70 Martínez Hanhmüller 2012. 71 Olcina et alii 2010. 72 Martín Camino 1998; Ruiz Valderas 2008; Ramallo – Ruiz Valderas 2009. 73 Como las menciones en las obras de Hipócrates (Int. 25, 30), Eúpolis (frg. 199), Aristófanes (Ra. 467-477), Antífanes (frg. 77; Ath. Deip. 3.88.5-7), Eutidemo (frg. 455; Ath. Deip. 3.84.6-19), Nicóstrato (frg. 4-5.1-2; Ath. Deip. 3.88.12-13), Teodoridas (Ath. Deip. 7.64.12-20) y de otros autores griegos posteriores, a la pesca, al comercio y al consumo de salazones de pescado púnico-gadiritas entre los siglos V y III a.C. en Grecia. Estos pasajes han sido repetidamente aludidos, traducidos e interpretados, desde la óptica filológica e histórica, en la mayor parte de la bibliografía que sobre esta “industria” se ha generado en el último siglo, desde la síntesis de García y Bellido (1942) hasta las perspectivas de la historiografía más reciente; entre otros, de Frutos – Muñoz 1996; López Castro 1997, 96-100; Mangas – Plácido 1998; García Vargas 2008; García – Ferrer 2012. En conjunto testimonian el consumo de estas salazones por las élites corintias y atenienses de la época, y se ha querido ver en ocasiones bajo la reiterada alusión a Gadir el uso de un apelativo genérico al modo de una “imagen de marca occidental” que habría encerrado unos procesos de producción y comercialización en los cuales otras ciudades púnicas occidentales habrían estado también involucradas (interpretación que ha sido en buena medida
Sáez Romero, A. M. Gerión 36(1) 2018: 11-40 29 del comercio gadirita y, sobre dichas precarias bases, intentar esbozar un esquema de su sistema económico y su papel regional desde el tardoarcaismo hasta su integración política en el mundo romano republicano. Es del mismo modo indudable, por análogas razones, que la distribución de productos alimentarios envasados en ánforas jugó un rol capital en todo este esquema, convirtiéndose la flota gaditana en un eje fundamental del transporte marítimo regional, conectando pequeños circuitos comerciales locales-regionales con las grandes líneas de distribución internacionales. A la luz de los crecientes testimonios arqueológicos disponibles parece evidente que el geoestratégico puerto natural que era la antigua bahía gaditana, conectada a dos estuarios fluviales de gran interés (Guadalete e Iro) y enlace directo con el propio Guadalquivir, debió ser el principal punto de conexión entre el Atlántico y el Mediterráneo a lo largo de toda la etapa objeto de atención, al margen de otros debates colaterales como el papel de Cartago en Iberia en la fase pre-bárquida74 (y la recurrente alusión al “cierre” marítimo del Estrecho a griegos y romanos). Como reflejan los contextos habitacionales, funerarios y productivos de la bahía, ésta fue un foco de consumo capital de mercancías manufacturadas, materias primas y alimentos llegados tanto de todos los rincones de la región como de puntos mucho más alejados a través de rutas de corta, media y larga distancia, siendo este papel de gran centro consumidor una constante que se prolonga más allá del 206 a.C. Sin embargo, a la faceta importadora para cubrir sus propias necesidades (notables, si tomamos en cuenta conjuntamente la gran masa poblacional de las tres áreas residenciales localizadas en sus extremos insulares y rebordes continentales; Fig. 1) la bahía gaditana sumó desde el inicio un papel redistribuidor que posiblemente pueda interpretarse como una continuidad natural de la fase arcaica, aunque dotada ahora de nuevos matices. Si la “transición tardoarcaica” (el tránsito entre los siglos VI-V a.C.) significó en materia económica una expansión exponencial del territorio productivo y de las infraestructuras de la ciudad, tal y como la evidencia arqueológica refrendada por las evidencias anfóricas suministradas por el Punic Amphora Building de Corinto, donde a pesar de que la mayoría de T-11213 parecen proceder de Gadir, existe una amplia representación de versiones fabricadas en muchos otros centros de la región del Estrecho). 74 En relación a esta cuestión debemos traer a colación otra fuente literaria ampliamente conocida y discutida en la historiografía anterior, como es el pasaje que quizá provenga de Timeo y fue transmitido en la obra de Ps. Aristóteles (Mir. 844a24-34, en Mangas – Plácido 1999, n. 871), que se ha fechado habitualmente entre la segunda mitad del siglo IV a.C. y los inicios del III a.C.: “Dicen que los fenicios que habitan la llamada Gadira, cuando navegan más allá de las Columnas de Heracles, con viento de levante arriban en cuatro días a unos lugares desiertos, llenos de algas y de ovas que durante la bajamar no se ven bañados, pero que se inundan con la pleamar. Y que en ellos se encuentra una extraordinaria cantidad de atunes de increíble tamaño y grosor, cuando se quedan varados. Una vez que los salazonan y envasan, los llevan a Cartago. Son estos los únicos que no explotan los cartagineses, ya que por la calidad que tienen como alimentos, los consumen ellos mismos” (Mangas – Plácido 1999, 482 [trad. A. Bernabé]). Otras traducciones anteriores han propuesto una interpretación alternativa de la parte esencial del pasaje, señalando que “(…) salándolos y metiéndolos en vasijas los transportaban a Cartago. De éstos los cartagineses no sólo hacen exportación en su provecho, sino que por la calidad que tienen como alimento lo consumen ellos mismos” (en de Frutos – Muñoz 1996, 149-150). En cualquier caso, el texto podría ayudar a explicar la cronología de la “fase de atlantización” de la economía gadirita, apoyando el interés de Cartago por controlar y consumir estos productos occidentales entre los siglos IV-III a.C. y, a la vez, subrayando la persistencia en esta etapa de una infraestructura productora y exportadora en Gadir y la región occidental. Asimismo, la descripción de Timeo puede encontrar una base arqueológica mínima en las T-12111 encontradas en la propia Cartago (Bechtold 2008, 84-85, n. 297), así como en la ya citada T-8211 documentada en un contexto ateniense datado hacia 275 a.C. (Lawall 2006), quizá testimonios de la redistribución indirecta de las salazones occidentales en fletes originados en puertos cartagineses.
Sáez Romero, A. M. Gerión 36(1) 2018: 11-4030 parece demostrar cada vez con más solidez, no cabe duda de que estos nuevos matices redistribuidores giraron en torno a la emergencia en esta fase de un papel preponderante de las manufacturas propias como elemento de comercio esencial. Es decir, a partir de este momento serían las propias producciones gadiritas las protagonistas de sus fletes, aunque nunca desaparecería, desde luego, la redistribución a terceros de materias primas y manufacturas de diverso origen exógeno. Es probable que gracias a este papel de foco portuario principal y a su poder de atracción como centro de consumo de primer nivel mediterráneo, con élites con una alta capacidad adquisitiva,75 se hubiesen fomentado los talleres locales de artesanías diversas (metalistería y joyería, marfil, maderas nobles, tejidos purpúreos, cerámica, etc.). Ahora, aún más que en la fase colonial, estos talleres habrían sido capaces de participar muy activamente en las redes de comercio regionales e internacionales en las que el puerto gadirita se encontraba plenamente inmerso en el siglo V a.C. (aunque por el momento los indicios de la inclusión de otros productos no envasados en ánforas en estos circuitos son nulos, debido a la ya aludida crónica ausencia de fuentes literarias y a los también citados problemas de conservación del registro arqueológico, escaso número de pecios disponibles, etc.). No cabe duda de que el peso principal de esta transformación post-colonial recayó en el fomento de una industria local de productos alimentarios que descansó esencialmente en la elaboración de derivados piscícolas (y, particularmente, el tárichos o atún rojo salado reiteradamente citado en las fuentes griegas). La rápida expansión de las infraestructuras por buena parte de la geografía de la bahía, tanto de alfarerías para la producción de ánforas como de las propias chancas (además de otras instalaciones mucho más huidizas como salinas y astilleros), dan fe del potencial de este recurso y de su éxito inmediato en el contexto de las redes conectadas a través del puerto de Gadir. Se trataría, desde nuestra perspectiva actual, de una victoria comercial diseñada sobre varios pilares: por una parte, el relativo bajo coste del proceso de pesca, elaboración y envasado, unido a un acceso local inmediato y continuo a abundantes “reservas” de las materias primas (pescado, sal, arcilla); por otro, la creación de un “nicho de mercado” en un momento de helenización generalizada en el Mediterráneo de los gustos y costumbres culinarias, que no sólo afectaron a los modos de cocinar y consumir, sino también a los alimentos objeto de interés y atractivos incluso a los paladares más exigentes;76 asimismo, la disponibilidad de una amplia y potente flota comercial y de un territorio que permitiese un mantenimiento estable y sostenido de las infraestructuras productivas y del acceso a los recursos básicos necesarios. Pero, en nuestra opinión, este florecimiento tardoarcaico cimentado en la salazón sólo puede entenderse también debido a la viabilidad de establecer contactos directos con puntos alejados del escenario regional, como sugieren, a nuestro entender, los contextos cada vez más abundantes del Mediterráneo central y oriental con ánforas gaditanas del tipo T-11213 (y en particular, el ya citado caso del Punic Amphora Building corintio). Este modelo de participación comercial habría podido multiplicar el valor de la exportación de unas manufacturas alimentarias cuyos costes de producción serían bajos y que, además, serían fabricadas en masa de una forma estandarizada. Es posible que el nacimiento de una competencia regional en la producción de 75 López Castro 2006b. 76 Sobre los opsophágoi griegos, García Vargas 2008; García – Ferrer 2012.
Sáez Romero, A. M. Gerión 36(1) 2018: 11-40 31 estos beneficiosos ictioderivados, con la emergencia de fabricantes y exportadores en otros muchos centros costeros a ambos lados del Estrecho ya en el propio siglo V a.C., pudiese haber sido encauzado en un primer momento dentro de los canales de distribución principales de Gadir.77 Del mismo modo, no puede descartarse que este considerable aumento de la oferta hubiese sido un ingrediente para la aparente “crisis” detectada a partir del final de la centuria (desapareciendo de los mercados orientales y en gran medida también de los centro-mediterráneos). Como ya se comentó en apartados anteriores, la irrupción de las salazones púnico-sicilianas en este contexto no parece casual, así como su presencia en los mercados orientales antes copados por los productos del Estrecho.78 Otros productos, como el vino o el aceite, parecen alcanzar mayor presencia en el cuadro productivo local y en su distribución ultramarina a partir de este punto, aunque desde luego todo apunta a que su fabricación en Gadir y sus campiñas anexas debió iniciarse en fases precedentes.79 La aparición de lagares en el Castillo de Doña Blanca, en el poblado anexo de Las Cumbres o quizá en puntos dispersos de la campiña portuense,80 así como la existencia de interesantes indicios de la producción intensiva de aceite en la cuenca baja del Guadalete, bien directamente mediante una colonización gadirita, bien por poblaciones turdetanas,81 parecen indicadores muy elocuentes de este progreso. Así, salazones producidas en las instalaciones de la bahía y vinos y aceites “locales” habrían compartido bodegas en los mercantes gadiritas del momento, junto a otros ítems (en el interior de ánforas o no) venidos de puntos más interiores de las cuencas fluviales turdetanas (ánforas Pellicer B-C y D, y probablemente material a granel envasado en recipientes perecederos). Un proceso de readaptación económica muy similar al observable en puertos como Ibiza, que conocerían en esta centuria una expansión sin precedentes de la mano de ingredientes muy similares.82 En definitiva, un decurso económico que llevó a Gadir, por razones de geoestrategia política y económica internacional más que por causas internas, a readaptar su comercio cosmopolita de la fase tardoarcaica (participado esencialmente de producciones propias) a un modelo mercantil mucho menos dependiente de las salazones y otros productos locales y más focalizado a la redistribución hacia el Atlántico y otras redes regionales de manufacturas y materias primas alóctonas.83 El siglo IV a.C. parece configurarse, una vez desaparecidos los productos gaditanos de los circuitos orientales, como un periodo de nueva transición en el cual la ciudad redirige sus esfuerzos hacia el control y consolidación de las “rutas atlánticas” (hacia Mogador y las Casitérides) y en la redistribución hacia estos mercados y otros de carácter regional (suroeste, Guadalquivir y costa mediterránea del “círculo del Estrecho”) de productos envasados en ánforas y materias primas procedentes esencialmente del área 77 Un caso significativo lo encontramos en Baria, con evidencias tanto de producción anfórica como conservera; cf. López Castro et alii 2007; López Castro 2006a; 2014. 78 Lawall 2006; Sáez Romero – Theodoropoulou e.p. 79 Acaso a una escala más ajustada a surtir las propias necesidades locales, cf. Ruiz Mata 1995; Vallejo et alii 2002; Niveau de Villedary 2011; Pardo Barrionuevo 2015. 80 López Amador – Ruiz Gil 2007. 81 Carretero 2007; López Castro 2008. 82 Alimentos insulares envasados en ánforas y redistribución de todo tipo de mercancías, bisagra entre Cartago y el mundo ibérico; Ramon Torres 2014. 83 Lo que podría contribuir a explicar, por ejemplo, el auge de las importaciones de vajilla ática en estos decenios; Cabrera 1994.
Sáez Romero, A. M. Gerión 36(1) 2018: 11-4032 turdetana. Así, puede decirse que en este periodo Gadir se configuró como puerto de salida de la Turdetania, combinando en sus fletes sus producciones (salazones, vino y aceite) con ánforas y mercancías en bruto que descendían en gran número por las principales arterias fluviales del suroeste peninsular. La vajilla ática habría sido uno de los principales ingredientes de contrapartida de estas redes occidentales, como posteriormente lo sería la cerámica gadirita “de tipo Kouass”, en una vuelta de tuerca en el siglo III a.C. al fomento de las producciones propias y su papel más protagonista de los intercambios.84 La nueva estructura comercial del siglo IV a.C. habría permitido a los gadiritas solventar con eficacia la necesidad de buscar alternativas a los antiguos mercados orientales frecuentados o conectados en la centuria anterior, pero que probablemente habría rebajado considerablemente las lucrativas diferencias de coste de producción/ valor relativo/precio que en el periodo tardoarcaico habían llenado de suntuosos ajuares áureos las tumbas de las élites gaditanas. La competencia creciente en la producción de salazones, vino o aceite a escala regional y la necesidad de mayor inversión para pagar las mercancías turdetanas objeto de redistribución pudieron ser otras claves en este proceso de disminución de la opulencia de la ciudad de Gadir en esta fase, tal y como ha quedado bien reflejado en el paulatino empobrecimiento de la composición de los ajuares, y de los métodos de construcción y monumentalidad de los panteones de las élites oligárquicas.85 Aun así, lejos de la visión tradicional que se ha mantenido hasta fechas recientes, no debió tratarse de un verdadero “periodo de crisis”, sino más bien de un tránsito de la bahía a mero puerto de referencia regional, sin el papel absolutamente preponderante que había disfrutado durante la fase tardoarcaica y, quizá, hasta el propio inicio del siglo IV a.C. Resulta curioso, a la vez que todavía enigmático en el plano arqueológico, cómo desde las postrimerías del IV a.C. y durante la primera mitad del siglo III a.C. estas tendencias generales se mantendrían, aunque con un progresivo auge paralelo de las producciones locales en el cuadro de las exportaciones (o al menos, en lo que a productos envasados en ánforas se refiere). No debe extrañar que sea en estos decenios cuando hacen su aparición elementos de gran importancia para el comercio y la organización de la producción (respectivamente), como la moneda local gadirita y los sellos estampados sobre las ánforas. En ambos casos, y en un proceso que de nuevo recuerda vivamente lo acontecido en Ibiza,86 se trata de elementos tomados del ámbito helenizado púnico del Mediterráneo central, muy probablemente a través del “filtro” siciliano y cartaginés. La moneda presenta un marcado carácter de reafirmación identitaria de la comunidad cívica gaditana,87 mientras que las primeras series de sellos anfóricos88 podrían estar evidenciando cambios estructurales en las infraestructuras productivas quizá de sabor centromediterráneo, posiblemente vinculados a un crecimiento de la actividad y a la expansión de los mercados de distribución. No debe sorprender por ello que sea a partir de estos momentos, y con particular abundancia desde los decenios de la I Guerra Púnica, cuando Gadir parece recuperar parte de la capacidad de penetración hacia los mercados centro-mediterrá- 84 Niveau de Villedary 2008; Sousa 2009; Moreno 2016. 85 Muñoz 2008; Ferrer 2010. 86 Ramon Torres 2014. 87 Chaves Tristán 2009. 88 Sáez Romero 2007; 2014a-b; Ferrer – Sáez Romero e.p.
Sáez Romero, A. M. Gerión 36(1) 2018: 11-40 33 neos e incluso orientales,89 aunque parece probable que sus manufacturas fuesen redistribuidas por intermediarios del Mediterráneo central. Asimismo, dicha capacidad expansiva es palpable en el propio mercado regional del Estrecho (a ambos lados de las columnas) y en la creación, quizá, de satélites secundarios costeros en las “rutas atlánticas”.90 El éxito de modelos como el T-8211 en toda la región es elocuente a este respecto, del mismo modo que lo es la amplísima distribución regional de formas como las Tiñosa/T-8112 o las “turdetanas” Pellicer D, fabricadas preferentemente en los valles de los principales ríos del suroeste y en las campiñas gaditanas, y que sin su integración en los fletes con partida en el puerto gadirita no habrían tenido oportunidad de alcanzar dichas cotas de dispersión atlántico-medi- terránea. Este crecimiento del rol de la distribución de manufacturas propias o de su territorio inmediato podría haber vuelto a desnivelar la tendencia hacia un periodo de mayor prosperidad y enriquecimiento de las oligarquías locales, si bien el deficiente conocimiento actual de los registros funerarios no permite por ahora precisar a esos niveles. La ocupación del territorio hispano por los Barca y la utilización de Gadir como cabeza de puente (ca. 237 a.C.) pueden ser explicados así en este contexto, más que por una simple cuestión de tratados o afinidad entre ambas metrópolis. Aunque manejada con maestría por las élites locales –logrando un papel de independencia y “retaguardia abastecedora” del bando cartaginés hasta su salida definitiva del territorio hispano en 206 a.C.–, no cabe duda de que el resultado global de la presencia cartaginesa fue la interrupción de la tendencia al alza de las décadas precedentes, no tanto en lo referido al volumen y alcance del comercio o sus características como en las posibilidades de que dicho crecimiento volviese jamás a significar el que Gadir alcanzase un papel relevante como cabeza de un “círculo” como el existente en el periodo tardoarcaico (que sí tuvo en cierta forma relevancia internacional en el Mediterráneo de la época). La sucesiva anexión romana certificó la defunción definitiva de dichos planes, aunque de nuevo las élites locales parece que supieron anticiparse al nuevo contexto general y apostarían de inmediato por una integración rápida en un mercado creciente que ofrecía excelentes expectativas para mantener sus “dominios comerciales tradicionales” (regionales y atlánticos) y volver a ganar terreno en el resto del Mediterráneo. Los ingredientes de los fletes serían esencialmente los mismos, combinando sus producciones envasadas en ánforas con los contenedores y materias primas del área turdetana y del Atlántico, potenciando así aún más la senda de un incremento sustancial de las infraestructuras locales en materia de producción cerámica, conservera, salinera o portuaria. La veloz e incesante mejora de éstas durante el siglo II a.C. y su multiplicación y adecuación al nuevo marco administrativo y territorial romanizado dan buena cuenta de este magnífico manejo de la situación y –de nuevo– de la maleabilidad de la economía local, sentando las bases para la explosión productiva y exportadora plenamente “provincializada” del siglo I a.C. bajo la batuta de familias de probable origen púnico como los Balbi.91 89 Lawall 2006. 90 Como ya se apuntó, mejor conocidos en el caso del Algarve portugués; Arruda 2007; Sousa 2009. 91 Sobre el papel de las élites de origen fenicio en Gades, cf. Padilla Monge 2010, con amplia bibliografía anterior; una exposición más amplia y detallada de la transición y evolución territorial y económica durante las primeras fases de la etapa romana, en Sáez Romero 2011; García Vargas – Sáez Romero e.p.
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