El documento inédito de la donación a la catedral de México del famoso y desaparecido relicario de don Juan de Salcedo
Abstract
Se da a conocer en este trabajo el documento inédito de donación de un relicario de oro, plata y piedras preciosas a la Catedral de México por don Juan de Salcedo.
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LABORATORIO DE ARTE 26 (2014), pp. 121-136, ISSN 1130-5762 EL DOCUMENTO INÉDITO DE LA DONACIÓN A LA CATEDRAL DE MÉXICO DEL FAMOSO Y DESAPARECIDO RELICARIO DE DON JUAN DE SALCEDO UNPUBLISHED DOCUMENT ABOUT THE DONATION OF A FAMOUS AND MISSING RELIQUARY BY D. JUAN DE SALCEDO TO MEXICO’S CATHEDRAL Manuel varas rivero Universidad de Sevilla, España [email protected] Se da a conocer en este trabajo el documento inédito de donación de un relicario de oro, plata y piedras preciosas a la Catedral de México por don Juan de Salcedo. Palabras clave: Documento, inédito, orfebrería, relicario, Juan de Salcedo, Catedral de México. In this job it’s exposed the unpublished document about the donation of a reliquary made of gold, silver and jewels by D. Juan de Salcedo to Mexico’s Cathedral. Key words: Document; unpublished; goldsmithing; silversmithing; reliquary; Juan de Salcedo; México’s Cathedral. Entre los tesoros de la Catedral de México, en buena medida desaparecidos en el siglo XIX con las desamortizaciones liberales del país, siempre tuvo merecida fama el relicario de oro, plata y piedras preciosas donado por el Deán de la misma sede episcopal, don Juan de Salcedo, a principios del siglo XVII. Hoy desaparecido, hasta el momento sólo se conocían las descripciones de la pieza insertadas en algunos inventarios de la Catedral y breves comentarios de algunos historiadores basados en aquellas. Para completar esos testimonios, en este trabajo se da a conocer la documentación inédita de la mencionada donación, llevada a cabo en la ciudad de México entre enero y julio de 1626.1 1 Grande es mi agradecimiento al investigador D. Jesús Aguilar Díaz, estimado compañero en las labores docentes de la Universidad de Sevilla, por facilitarme desinteresadamente los documentos que han dado pie a este trabajo. El documento inédito de la donación a la catedral de México... Manuel Varas Rivero
Manuel Varas Rivero122 LABORATORIO DE ARTE 26 (2014), pp. 121-136, ISSN 1130-5762 La historiografía ha manejado invariablemente, como decíamos, las descripciones inventariales anteriores a su desaparición. Todos los inventarios la definen como “custodia” de sol (ostensorio), pues ese fue su fin y uso litúrgicos desde el principio hasta las épocas de catalogación y así se deduce hoy del documento de donación, que emplea el término “relicario” de manera amplia pero establece una funcionalidad para la pieza claramente eucarística. Veremos en primer lugar los datos aportados por las escrituras de donación. La documentación consta de dos escrituras correlativas y unificadas. La primera corresponde a la donación de la custodia y se firma el 9 de enero de 1626, en vida aún del Deán don Juan de Salcedo. La segunda constata el recibimiento definitivo de la pieza en el Cabildo, tras ser retirada previamente por el propio Deán para enriquecerla aún más, quedando firmada el 31 de julio de 1626. La entrega la realizan los albaceas testamentarios de don Juan de Salcedo, ya fallecido en esa fecha.2 En la escritura de donación, don Juan de Salcedo, en agradecimiento a Dios por las prebendas y dignidades que ha recibido, ofrece “un Relicario…en parte de oro y en parte de plata sobredorada con piedras ricas de diversa calidad y color” y establece las condiciones estrictas de su uso. Colocado en él la Sagrada Forma, sólo se empleará en las fiestas eucarísticas de la Catedral de México : procesión el día del Corpus Christi –según las normas tridentinas–, exposición durante la octava en el Altar Mayor y en otras celebraciones eucarísticas acostumbradas. De forma excepcional podría usarse para llevar el Santísimo en “alguna iglesia parroquial, hospital o monasterios de personas regulares frailes o monjas”.3 En caso de incumplimiento, la donación quedaría anulada y el relicario sería ofrecido al Convento de San Francisco de México para el mismo uso.4 A continuación se describe la custodia con la atención centrada en el valor del adorno de piedras y perlas y se indica su peso: 340 castellanos y 7 Rs (algo más de 1’50 kg), el viril de oro y los “obalos” (sobrepuestos) de oro del “embasamento”; 10 marcos, 4 onzas y 4 tomines (unos 2’50 kgs.), el “embasamento de abajo…de plata sobredorada”.5 2 AAM (Archivo de la Arquidiócesis de México), Caja 184, Expediente 001, folios 1r- 6r. Las 2 escrituras aparecen correlativas y por duplicado. Tanto el texto inicial como la copia, que son idénticos con la única variación del nombre del escribano de la primera escritura, van antecedidos de un título sin numerar. Sólo la copia, con caligrafía más clara y ordenada, presenta numeración o foliación –correlativa para las dos escrituras unificadas– que es la que hemos indicado. 3 AAM, Caja 184, Exp. 001, fs. 1r-1v. (citamos por la copia numerada) 4 AAM, Caja 184, Exp. 001, fs. 1v.-2r. 5 AAM, Caja 184, Exp. 001, f. 2r. La abreviatura “Rs” entendemos que alude a tomines, pues las unidades empleadas en la época e indicadas por Juan de Arfe para la medida del peso del oro eran castellanos, tomines y granos. Véase ARFE Y VILLAFAÑE, Juan de: Quilatador de la Plata, Oro y Piedras. Valladolid, 1572, Libro Segundo, p. 21r. (ed.
El documento inédito de la donación a la catedral de México... 123 LABORATORIO DE ARTE 26 (2014), pp. 121-136, ISSN 1130-5762 Las piedras y perlas reseñadas del viril son las siguientes: en la cruz de remate: 2 rubíes, 9 esmeraldas, 9 amatistas blancas y un número indeterminado de perlas (de un total de 44); en 8 cartelas de ubicación indeterminada: 2 jacintos, 2 zafiros (uno cuadrado y otro octogonal), 1 topacio oriental, 1 topacio de Alemania, 1 esmeralda hexagonal, 1 amatista y el resto de las perlas antes citadas; en el cañón : 16 rubíes, 4 esmeraldas (en un lado) y 4 amatistas (en el otro lado); en un bisel de la vidriera: 4 zafiros finos, 8 esmeraldas y 4 rubíes; en el otro bisel: 4 topacios, 8 esmeraldas y 4 amatistas; sobre la espiga: 2 zafiros blancos; y enlos rayos : 16 esmeraldas y 8 topacios. En el “embasamento” se situaban: 4 topacios de Alemania “fixados en el pie y mas arriba”: 4 granates y 4 amatistas “en la mançana”, más 4 granates ovales y hexagonales y 4 topacios de Alemania. El total de piedras y perlas era de 164 piezas. También se disponían en esta parte 2 escudos de armas de la casa de Salcedo (oriunda del Señorío de Vizcaya), cincelados y esmaltados. Se indica además para todo el relicario la existencia de otras obras de esmalte y labrado que quedan sin especificar.6 Finalmente, se da fe de que el Cabildo recibe la custodia.7 La segunda escritura, firmada seis meses después de la primera, constata una segunda y definitiva entrega de la custodia al Cabildo. Se declara que, tras su primera entrega, el donante la pidió al Cabildo para enriquecerla aún más y que, ya fallecido, la pieza fue entregada por sus albaceas testamentarios el 30 de julio del mismo año.8 Lo más destacado es la descripción de los nuevos adornos. Se especifica que a la custodia se le añadieron: 9 “encontados” de oro, una inscripción de oro con versos, 4 engastes con 4 esmeraldas, 4 engastes con 4 granates, otros cuatro con 4 amatistas y 4 engastes más con 4 “piedras blancas”. También se añade “un embasamento pequeño para dentro de la custodia”, que iba adornado con: 4 engastes con 4 esmeraldas, 4 engastes con 4 granates finos, 4 engastes con 4 piedras blancas, 2 engastes con 2 “rubacas jaqueladas”, 2 escudos de armas de la casa de Salcedo en el pie, 2 inscripciones grandes y una pequeña, de oro, en el pie con versos latinos y 5 “encontados de oro en las cartelas”.9 Se añaden además 2 cajas: una grande de madera con taraceas (“embutidos de madera”) para la custodia y el facsímil de 1985 publicada en Valencia). El término “embasamento de abajo” creemos que alude al conjunto formado por la peana o pie y al vástago de la custodia. 6 AAM, Caja 184, Exp. 001, fs. 2r-2v. De la descripción del “embasamento” se deduce que éste se compone de pie o peana y de vástago, ambos de plata sobredorada. 7 AAM, Caja 184, Exp. 001, fs. 2v.-4r. 8 AAM, Caja 184, Exp. 001, fs. 4v.-5r. 9 La función descrita para este basamento pequeño, “para dentro de la custodia” resulta enigmática. Tal vez, con motivo de la procesión del Corpus, se acoplaba al viril de oro de Salcedo para incorporarlo, adaptando su tamaño, a alguna de las 3 custodias de torre documentadas del siglo XVI que poseyó la Catedral de México. VALLE-ARIZPE, Artemio de: Notas de Platería. México, 1941, pp. 300-303.
Manuel Varas Rivero124 LABORATORIO DE ARTE 26 (2014), pp. 121-136, ISSN 1130-5762 “embasamento grande”; y otra pequeña, de cuero, para el “embasamento chico”.Finalmente se da fe de esta segunda y definitiva entrega de la custodia al Cabildo.10 Interesa ahora comparar estos datos con los aportados por los inventarios posteriores que recogieron la existencia de la pieza en el Cabildo novohispano.11 Estos inventarios la describen de forma muy similar, centrándose en los adornos de piedras y perlas. Las diferencias entre aquellos y respecto al documento original de donación, se relacionan sobretodo con el número y el tipo de piedras que presentaba la custodia, y pueden deberse a motivos diversos: descripciones incorrectas o errores en la catalogación, variación en el tipo o número de piedras por pérdida o acrecentamiento de las mismas a lo largo del tiempo, confusiones respecto a las distintas partes independientes que conformaban la custodia, etc. Los inventarios de los siglos XVII y XVIII han sido estudiados por Manuel Toussaint, quien a pesar de confirmar la presencia de la custodia en todos ellos, sólo transcribe una de las múltiples descripciones que se hicieron de la misma.12 Concretamente es la que aparece en el inventario de 1632, que coincide en todo, incluida la forma de redacción, con la del documento de donación, por lo que parece que el encargado de catalogar reprodujo los términos de la escritura. Sin embargo, no recoge los nuevos adornos de piedras que recibió la custodia, ni el basamento pequeño y demás elementos, reseñados en la segunda escritura.13 Es importante para este estudio el inventario de 1713. En él se describe un viril de oro con piedras preciosas que identificamos con el de don Juan de Salcedo, pese a que Toussaint lo cree pieza distinta. El reparto y el tipo de piedras coincide con las descripciones anteriores, pero muestra dos diferencias relevantes: faltan ya 8 esmeraldas del conjunto que conocíamos y el peso es ya menor (294 castellanos de oro).14 El inventario más antiguo entre los decimonónicos es el de 1807.15 En él se aprecian importantes diferencias respecto a los datos de la donación. El peso en 10 AAM, Caja 184, Exp. 001, fs. 5r-6r. Como se ve, la donación quedó sumamente acrecentada, no sólo con el añadido de piedras, sobrepuestos e inscripciones de oro, sino que además, se completó el conjunto con un “embasamento” pequeño, suponemos que de plata y cuajado de piedras, y dos ricas cajas para guardar todas las piezas. 11 No pudiendo consultar directamente los inventarios, nos basamos en las descripciones literales extraídas y en los contenidos que de los mismos se han publicado en la historiografía moderna. 12 TOUSSAINT, Manuel: La Catedral de México y el Sagrario Metropolitano. Su historia, su tesoro, su arte. México, 1973 (2ª ed.), pp. 187-209. Los inventarios estudiados son los de: 1632, 1649, 1654, 1704, 1706, 1713, 1731, 1733 y 1743. 13 Ibídem, pp. 187-188. 14 Ibídem, p. 201. Es la primera constancia que hemos detectado de la pérdida de elementos de la pieza. 15 Una copia del mismo aparece trascrito en ANDERSON, Lawrence: El arte de la platería en México. 1519-193. Nueva York, 1941, t. I, pp. 178-185. De la custodia se dice “que es del uso común”.
El documento inédito de la donación a la catedral de México... 125 LABORATORIO DE ARTE 26 (2014), pp. 121-136, ISSN 1130-5762 marcos del “embasamento” es mayor, mientras que el del viril, en castellanos, sigue bajando.16 En cuanto a las piedras, hay coincidencias pero también pérdidas: en el viril faltan 2 zafiros de las cartelas, 10 esmeraldas y 4 amatistas de los biseles y 4 perlas.17 Por el contrario, se menciona una esmeralda más (17) en los rayos. No se mencionan las piedras del “embasamento grande”, tampoco el “embasamento chico” y sus adornos, ni las piedras añadidas antes de la donación definitiva.18 Sobre las peanas de la custodia, los datos son erróneos. Se dice que aparte de “su pie”, le sirve otro “pie grande” con 57 sobrepuestos de oro, “sin piedra alguna”. Parece claro que este último no pertenecía a la custodia, cuyas dos peanas llevaban piedras, y que “su pie” no era el pequeño, sino el grande.19 En 1842-43, veinticinco años antes de la desaparición de la custodia, se realizó un amplísimo inventario de las alhajas de la Catedral de México que no es sino una copia de otro elaborado en 1819. Artemio de Valle-Arizpe lo describe y trascribe parcialmente, pero su exposición de la custodia es tan escasa en datos, que apenas permite una mínima comparación con el documento de donación.20 Valle-Arizpe además reproduce literalmente otra descripción de la custodia, mucho más amplia y detallada y probablemente recogida a su vez del inventario de 1842, que extrae del Tomo III de la obra “La ciudad de México”, publicada en México por José María Marroqui en 1903.21 16 El inventario da para el viril un peso de 287 castellanos y 2 tomines y para el “pie de plata Sobredorada” 13 marcos, 6 onzas y 1 ochava. ANDERSON, Lawrence: El arte de la platería…, op. cit., p. 185. 17 Resulta extraño que en este inventario de 1807 falten 10 esmeraldas y 4 amatistas y que en el de 1842 (que suponemos es el que utiliza José Mª Marroqui en 1903, como veremos) sólo falten 6 esmeraldas y 2 amatistas. 18 No sabemos si Anderson omitió estos datos al trascribir el inventario o si realmente no constaban en el mismo. ANDERSON, Lawrence:El arte de la Platería…., op. cit., p. 185. 19 Parece que ese “pie grande” pertenecía a otra custodia, usada comúnmente en el Sagrario, que aparece reseñada, con datos similares a los dados en 1807, en el inventario anterior de 1743. Véase TOUSSAINT, Manuel: La Catedral de México y el Sagrario…, op. cit., p. 205. Puede que, efectivamente, este pie se utilizase en nuestra custodia, pero es claro que no se corresponde con los basamentos originales. ANDERSON, Lawrence: El arte de la platería…, op. cit., p. 185. 20 Toussaint lo fecha en 1843, Valle-Arizpe en 1842. TOUSSAINT, Manuel: La Catedral de México, op. cit., p. 213. VALLE-ARIZPE, Artemio de: Notas de Platería, op. cit., pp. 295 y s.s. (especialmente p. 300). Indica que el sol era “esmaltado y de oro” y que lo adornaban “infinidad” de piedras, sin especificar nada. Sólo destaca la omisión de las 9 amatistas y el rubí que la cruz de remate tenía en una de sus caras y su exactitud al exponer que, efectivamente, la pieza tenía dos pies, grande y pequeño, adornados con piedras, si bien menciona unas perlas que en origen no estaban en las peanas. 21 VALLE-ARIZPE, Artemio: Notas de Platería, op. cit., pp. 321-322. El propio autor aclara que muchas de las alhajas comentadas por Marroqui aparecen en los inventarios que él describe (1842), pero que añade más detalles que él.
Manuel Varas Rivero126 LABORATORIO DE ARTE 26 (2014), pp. 121-136, ISSN 1130-5762 Marroqui describe el adorno de piedras y perlas que ostentaban el sol y la cruz de remate, por sus dos lados. También indica que la espiga y los dos pies que tenía, mayor y menor, eran de plata. El pie mayor llevaba 38 sobrepuestos de oro y diversas piedras sobre ellos, y el menor 20 sobrepuestos de oro con diversas piedras. La descripción de Marroqui, entresacada literalmente por Valle Arizpe, termina así: “Se dice que los cordones de ambos pies…eran de oro y en ellos había inscripciones”.22 Aquí se advierten cambios, respecto a los datos de la donación, en el número y tipo de piedras. En el viril faltan 2 amatistas, 6 esmeraldas, 1 topacio, 5 zafiros, 2 perlas (de las 44 que tenía en origen), así como los 4 granates y las 4 piedras blancas que el donante añadió antes de su fallecimiento.23 El adorno de la cruz de remate que aporta Marroqui es idéntico al descrito por el documento originario, pero los enumerados para los dos basamentos, grande y pequeño, muestran inexplicables diferencias. La descripción del basamento grande (el que tuvo la custodia al principio) muestra diferencias radicales: según Marroqui (o el inventario que manejó), ostentaba 12 topacios (frente a los 8 originales), 5 amatistas (frente a las 4 originales), 5 jacintos (que en origen no estaban aquí) y 3 esmeraldas (que tampoco tenía el basamento). No se mencionan los 8 granates que sí tuvo la pieza. Tal vez las amatistas y esmeraldas de más que aquí aparecen fueron parte de las piedras añadidas antes de la donación definitiva, considerando que la escritura no especifica el lugar exacto en que se colocaron.24 Tampoco hay gran coincidencia en lo que respecta al “embasamento” pequeño de la custodia. Marroqui menciona 3 topacios (que no aparecen en el documento de donación), 2 gotas mermelletas ( ¿las 2 “rubacas” jaqueladas –al aire– originales?), 4 esmeraldas (que son las 4 que llevaba originariamente) 22 VALLE-ARIZPE, Artemio: Notas de…, op. cit., p. 322. Efectivamente las había, pero Marroqui no pudo verlas, pues su trabajo es muy posterior a la desaparición de la custodia. Por ello y dado el grado de detallismo que su descripción alcanza, sólo cabe pensar que Marroqui la toma literalmente de algún inventario, probablemente del realizado en 1842. 23 Se indica que las perlas se repartían así: 28 perlas rodeaban la cruz de remate y 14 se hallarían en ambas caras de la custodia (según el documento de donación se situaban en cartelas de ubicación indeterminada). Resultaría pues un total de 42 granos de perlas (en vez de los 44 originales) por lo que se habrían perdido 2. Véase VALLE-ARIZPE, Artemio: Notas de…, op. cit., p. 321. Por otro lado, aquí aparecen más esmeraldas y amatistas en el sol que en el inventario de 1807, lo que resulta difícil de explicar: o bien se añadieron en el XIX o dicho inventario de 1807 o la propia trascripción del mismo que hace Anderson contienen errores. También cabe la posibilidad de que Marroqui recogiese sus datos no del catálogo de 1842, sino de otro anterior al de 1807. Véase la nota 12 de este trabajo. 24 Sobre los topacios de más y los jacintos no tenemos explicación. Quizás fueron añadidos mucho después.
El documento inédito de la donación a la catedral de México... 127 LABORATORIO DE ARTE 26 (2014), pp. 121-136, ISSN 1130-5762 y 3 rubíes (que tampoco consta que llevara en origen). Tal vez los rubíes se correspondan con los 4 granates que tenía el basamento y que no se mencionan aquí (faltaría pues uno). Tampoco aparecen las 4 piedras blancas del basamento chico, por lo que quizás los 3 topacios anotados sean, en caso de ser de color blanco, las piedras blancas originales (faltaría una). En cualquier caso, Marroqui deja exacta constancia de que la custodia tenía dos basamentos (peanas y vástagos), grande y pequeño, adornados con piedras. Poco después la pieza desapareció, en 1867, al ser incautada por las autoridades liberales mexicanas en su proceso de nacionalización de los bienes eclesiásticos.25 El aspecto estilístico de la custodia es asunto dificultoso por su ausencia y por su carácter excepcional. El promotor, don Juan de Salcedo, adquirió cierta relevancia en los ámbitos religioso y universitario de Nueva España en el tránsito del siglo XVI al XVII. Natural de la ciudad de México, aunque de origen familiar español, ocupó importantes cargos eclesiásticos, algunos de los cuales menciona en la escritura de donación: Deán de la Catedral de México, Vicario General y Gobernador del Arzobispado y Consultor del Santo Oficio de la Inquisición de Nueva España.26 De formación intelectual notable, fue rector y catedrático de la joven universidad novohispana.27 Defensor firme de las doctrinas tridentinas, como se aprecia en el propio texto de la donación, no resulta extraño que su ofrenda fuese una pieza tan emblemática para la época como un ostensorio.28 Falleció en la primavera de 1626 a la edad de 80 años, antes de la entrega final de la obra donada.29 25 Véase VALLE-ARIZPE, Artemio: Notas de Platería, op. cit., p. 348. 26 RUÍZ CASTAÑEDA, Mª Carmen; SCHNEIDER, Luis Mario y CASTRO, Miguel Ángel (compiladores y editores): La Biblioteca Nacional de México. Testimonios y documentos para su historia. México, 2004, p. 116. 27 ORTÍZ TREVIÑO, Rigoberto G.: “El Tercer Concilio Provincial Mexicano o cómo los obispos evadieron al Real Patronato Indiano”, en Anuario Mexicano de Historia del Derecho. Revista Jurídica Virtual, Vol. XV, 2003, Epígrafe III (sin numerar). http:// www.juridicas.unam.mx/publica/rev/hisder/cont/15/cnt/cnt5.htm. Consultado el 31-07- 2013. Llegó a formar una copiosa biblioteca que donó a su muerte a los dominicos de México. Véase RUIZ CASTAÑEDA, Mª Carmen, SCHNEIDER, Luis Mario y CASTRO, M. Ángel: La Biblioteca Nacional…, op. cit., p. 116. 28 Fue significativa su participación como secretario en el Concilio Provincial Mexicano de 1584, cuyo fin fue precisamente la puesta en práctica de los decretos de Trento en Nueva España. ORTÍZ TREVIÑO, Rigoberto. G.: “El Tercer Concilio…”, op. cit., Epígrafe III. 29 RUIZ CASTAÑEDA, Mª Carmen, SCHNEIDER, Luis M. y CASTRO, M. Ángel: La Biblioteca…, op. cit., p. 116. Don Juan de Salcedo recibió, pese a sus deseos en contra, un suntuoso funeral que contó con la presencia del Virrey y de todos los colegios y comunidades religiosas de la ciudad de México.
Manuel Varas Rivero128 LABORATORIO DE ARTE 26 (2014), pp. 121-136, ISSN 1130-5762 No sabemos la fecha de ejecución de la custodia. Los escasos datos estilísticos del documento, como el uso de cartelas y esmaltes, y la tipología, ostensorio solar, la sitúan entre fines del s. XVI y 1526, fecha de su entrega.30 Para ese momento, las tipologías y las fórmulas compositivas y decorativas de la orfebrería mexicana, siguen dependiendo de los modelos españoles, implantados por plateros emigrados castellanos y andaluces.31 Por ello, el estilo de la custodia donada debía estar conectado con la corriente manierista, introducida en México desde fines del XVI.32 El gusto por los perfiles rígidos, las formas diferenciadas y la decoración grabada y esmaltada de óvalos y elementos geométricos, que es propio del Manierismo, debían estar presentes en la pieza. Se han conservado ostensorios mexicanos manieristas de esos años que pueden ofrecernos una idea de los modelos vigentes. Algo anterior a 1626 es el ostensorio de plata dorada conservado en la iglesia canaria de Santa Úrsula.33 Con resabios bajorrenacentistas aún, como el nudo cilíndrico sobre bocel con pilastrones, el jarrón superior del vástago y el predominio de la decoración cincelada, presenta ya rasgos manieristas como los espejos, las asas y la estructura de base formada por una peana circular elevada y convexa y un cuerpo cilíndrico como arranque del vástago. El viril de rayos rectos y ondulados alternados es el común de la época que llega desde España. Entre 1625 y 1650 se define un modelo de ostensorio manierista en México. Los ejemplares de Becerril de Campos (Palencia, España) y de Castromocho (Palencia, España), ejecutados hacia 1632-34, son ya totalmente manieristas y 30 En este periodo, Nueva España experimenta un desarrollo económico y artístico sobresaliente, fundamentado en el tráfico comercial en el Pacífico y el aumento de la producción minera y de la actividad en el arte de la platería, tanto en la capital como en los nuevos centros que surgen ahora (Puebla, San Luis Potosí, Querétaro, etc.).Véanse ESTERAS MARTÍN, Cristina: “Platería Hispanoamericana. Siglos XVI-XIX”, en Platería Hispanoamérica. Siglos XVI-XIX: Exposición Diocesana Badajocense, Badajoz, 1984, pp. 12-16; “Platería virreinal novohispana. Siglos XVI-XIX”, en El arte de la platería mexicana. 500 años, México, 1989, pp. 79-119 (pp. 85-86); “Aproximación a la platería virreinal hispanoamericana”, en Pintura, escultura y artes útiles en Iberoamérica. 1500-1825, Madrid, 1995, pp. 377-403 (pp. 382-383). 31 A los modelos españoles dominantes, se unieron otros portugueses y centroeuropeos. Por otra parte, los únicos rasgos autóctonos que desde el s. XVI podían detectarse en México, eran el empleo de otros materiales (maderas, cristal o plumas) combinados con la plata o cierto tratamiento abigarrado y planista de la decoración. ESTERAS MARTÍN, Cristina: “Platería Virreinal…”, op. cit., pp. 82-83; “Aproximación…”, op. cit., pp. 378-379. 32 Tal vez manteniendo fórmulas decorativas bajorrenacentistas, como las cartelas, aunque no tenemos seguridad sobre la técnica empleada en ellas, si estuvieron cinceladas o grabadas. 33 HERNÁNDEZ PERERA, Jesús: Orfebrería de Canarias, Madrid, 1955, pp. 172-173.
El documento inédito de la donación a la catedral de México... 129 LABORATORIO DE ARTE 26 (2014), pp. 121-136, ISSN 1130-5762 comparten elementos comunes.34 De nuevo aparecen peanas circulares convexas y elevadas y un cuerpo cilíndrico como arranque del vástago, adornados con costillas, botones de esmaltes y cartelas grabadas. En la primera custodia el nudo es aún cilíndrico, pero rematado con cúpula, y la segunda muestra ya el típico nudo manierista aovado rematado por toro. Los viriles alternan rayos rectos y flameados. Esmaltes, asas, costillas y grabados adornan la superficie sobredorada. La custodia, probablemente mexicana, del Museo Nacional del Virreinato, INAH (Tepotzotlán, México), mantiene los mismos rasgos, pese a su cronología más tardía, hacia 1650-1675.35 La custodia de don Juan de Salcedo, en caso de ser mexicana, pudo tener similares caracteres estructurales y estéticos. Sin embargo, su aspecto debió ser muy diferente por la circunstancia, obviamente excepcional, de su completo revestimiento de piedras preciosas y perlas. En Nueva España las piedras preciosas fueron escasas, lo que no impidió la moda de su uso, montadas sobre oro, especialmente en joyería desde principios del s. XVII, suponemos que en muchos casos llevadas para ello desde la zona andina.36 Sabemos que en México se hicieron obras importantes de oro con piedras preciosas, hoy desaparecidas, sobretodo en el s. XVIII.37 Pero no conocemos custodias solares mexicanas de oro y piedras coetáneas a la de don Juan de Salcedo. Las que se conservan, en todos los territorios virreinales, son posteriores, del siglo XVIII, y casi todas ejecutadas en Colombia. Es por ello que algunos autores consideran a la custodia donada por el Deán como, probablemente, la primera mexicana así adornada.38 Resulta por tanto muy complicado establecer un patrón estético para una obra tan excepcional. La única custodia conocida, del 34 ESTERAS MARTÍN, Cristina: “Platería virreinal novohispana…”, en El arte de la platería mexicana…, op. cit., pp. 88 y 91; “Catálogo”, en El arte de la platería mexicana…, op. cit., nº 30. 35 ESTERAS MARTÍN, Cristina: “Catálogo”, en El arte de la platería mexicana…, op. cit., nº 38 36 Más rica en yacimientos. En México pudieron encontrarse ópalos, turquesas y algunas amatistas, abundando especialmente el “chalchihuill”, piedra verde o jadeíta, confundida por los españoles de la época con las esmeraldas. Véase ROMERO DE TERREROS Y VINENT, Manuel: Las artes industriales en la Nueva España. México, 1928, pp. 31-35. 37 Como el papagayo de tamaño natural de oro, plata y piedras preciosas que en 1625 regaló al Rey de España el Virrey Marqués de Cerralvo; o la gran custodia de sol, adornada exageradamente con infinidad de piedras, que el rico minero don José de la Borda realizó para Santa Prisca de Taxco en el s. XVIII, luego adquirida por la Catedral mexicana. Véanse ROMERO DE TERREROS Y VINENT, Manuel: Las artes industriales…, op. cit., p. 32 y VALLE-ARIZPE, Artemio de: Notas de Platería, op. cit., pp. 298-300. A partir del inventario catedralicio de 1713, este tipo de piezas con pedrería se hace más numeroso. TOUSSAINT, Manuel: La Catedral de México…, op. cit., pp. 201 y s.s.. 38 Con ella se iniciaría ese gusto que lentamente se fue imponiendo en México. TOUSSAINT, Manuel: Arte colonial en México. México, 1948, p. 176.
Manuel Varas Rivero136 LABORATORIO DE ARTE 26 (2014), pp. 121-136, ISSN 1130-5762 dicho relicario con los aumentos y mejoras suso declarados de los dichos albaceas y lo reciben en presencia de mi el dicho escribano y testigos de que doy fe y quedo en poder de su señoria de que se dio por entregado para tenerlo en guardia y custodia para usar del en los casos y efectos y como se refiere por la dicha escritura de ofrecimiento y donacion, que aprueban y ratifican segun y como en ella se contiene. La qual y sus clausulas y condiciones hubieron aqui por insertas e incor (Folio 6 r.) poradas y tendran el dicho relicario y lo demas con que ahora lo reciben por bienes de la sancta iglesia para servicio y adorno del sanctisimo Sacramento a cuyo cumplimiento obligaron los bienes y rentas de la dicha sancta iglesia en cuyo nombre otorgan carta de pago y bastante aprobacion y lo firmaron y yo, el dicho escribano, doy fe que conozco a los dichos señores, dignidades y prebendados, siendo testigos fray Agustin Godinez, de la orden de Santo Domingo, el licenciado Hernando Rangel, secretario del dicho cabildo, y Luis de Baldivielso, vecinos de Mexico = Señor don Lope Altamirano, don diego de Guevara, don Luis de Herrera, señor don Francisco deSotomayor. Doctor. Nicolas de la torre. Doctor. Don Pedro de Sandoval capata(z). Doctor Cristoval Agundez dela Becerra. Doctor Pedro Garces de Portillo. Doctor don Joan de Pareja Rivera, el doctor Barrera. Doctor Gabriel Ordoñez, Antonio Ortiz de Zuñiga y Joan de ¿Fuentes?, ante mi, Francisco ¿de Arceo?, escribano real = “Rúbricas (al margen : “Escritura tocante al Relicario del Señor Deán. 1626”) Fecha de recepción: 22 de septiembre de 2013 Fecha de aceptación: 27 de noviembre de 2013