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Adolfo Sánchez Vázquez. Sobre la relación entre marxismo, democracia y justicia

López, Alberto Luís

Abstract

En el presente artículo me aproximo a la relación que guarda el marxismo y la democracia con la idea de justicia que sostuvo el filósofo hispano-mexicano Adolfo Sánchez Vázquez. Para ello me serviré de algunas de sus principales obras pero sobre todo de sus escritos menores, porque en ellos se vislumbra de mejor manera la concepción de justicia del filósofo y se evidencia la estrecha relación de ésta con presupuestos marxistas y socialistas. Para llevar a cabo esta labor será también importante considerar su vida así como situarlo en su contexto, es decir, tener en cuenta desde su experiencia en la guerra civil española hasta su exilio y vida en el México de la segunda mitad del siglo XX.

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THÉMATA. Revista de Filosofía Nº 61, enero-junio (2020) pp.: 65-83. ISSN: 0212-8365 e-ISSN: 2253-900X doi: 10.12795/themata.2020.i61.4 ADOLFO SÁNCHEZ VÁZQUEZ: SOBRE LA RELACIÓN ENTRE MARXISMO, DEMOCRACIA Y JUSTICIA ADOLFO SÁNCHEZ VÁZQUEZ ON THE RELATIONSHIP BETWEEN MARXISM, DEMOCRACY, AND JUSTICE Dr. Alberto Luis López1 Western University/ Universidad Nacional Autónoma de México Sistema Nacional de Investigadores (Conacyt) Recibido: 3 septiembre 2019 Aceptado: 13 febrero 2020 Resumen: En el presente artículo me aproximo a la relación que guarda el marxismo y la democracia con la idea de justicia que sostuvo el filósofo hispano-mexicano Adolfo Sánchez Vázquez. Para ello me serviré de algunas de sus principales obras pero sobre todo de sus escritos menores, porque en ellos se vislumbra de mejor manera la concepción de justicia del filósofo y se evidencia la estrecha relación de ésta con presupuestos marxistas y socialistas. Para llevar a cabo esta labor será también importante considerar su vida así como situarlo en su contexto, es decir, tener en cuenta desde su experiencia en la guerra civil española hasta su exilio y vida en el México de la segunda mitad del siglo XX. Palabras clave: Sánchez Vázquez; marxismo; socialismo; democracia; justicia Abstract: In this article I approach the issue of the relationship between marxism, democracy, and the idea of justice held by the Hispanic-Mexican philosopher Adolfo Sánchez Vázquez. For doing this, I will take into account some of his main works, but even more I will consider his minor works because they glimpse in a better way his conception of justice, and show the close relationship between such conception and the Marxist and socialist tenets. To do this it will be also important to consider both Sánchez Vázquez’s life and his context, that is, take into consideration since his experience in the Spanish Civil war to his exile in Mexico in the second half of the 20th century. Keywords: Sánchez Vázquez, Marxism, Socialism, Democracy, Justice 1. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores nivel I. Postdoctor en Filosofía por la Universidad de Québec en Trois-Rivières, Canadá. Doctor en Filosofía por la UNAM. Maestro en Filosofía por la Universidad de Barcelona y Licenciado en Filosofía por la Universidad de Salamanca, España. [email protected] Alberto Luis López Thémata. Revista de Filosofía Nº61 (2020) pp.: 65-83. 66 A mi padre, Alberto Luis Sánchez, cuya filiación marxista marcó mi vida. In memoriam. 1. Introducción Adolfo Sánchez Vázquez escribió decenas de libros y cientos de artículos especializados y de opinión, que publicó tanto en revistas académicas como en medios de divulgación, sobre temas relacionados con el marxismo y la democracia; sin embargo, hasta donde tengo noticia no escribió un solo texto dedicado ex profeso al tema de la justicia. Esto puede deberse a que cuando arribó a México (1939) la filosofía que se desarrollaba en ese país giraba en torno, aunque no exclusivamente, al problema de la identidad del mexicano, siendo el Grupo Hiperión –influido por la obra de Samuel Ramos– el principal aglutinador de esas reflexiones. A partir de los años sesenta los cambios en las condiciones económicas, políticas y sociales de México derivaron en que las preocupaciones por la identidad dieran paso, tanto en el ámbito teórico-filosófico como en el social, a una etapa en la que se exigían mayores libertades y la democratización del Estado mexicano; pero no fue sino hasta finales del siglo XX cuando el tema de la justicia se convirtió en objeto de discusión y posteriormente en asunto de Estado2. Teniendo esto en cuenta y asumiendo que la consecución de la democracia, desde la perspectiva marxista de Sánchez Vázquez, era condición sine qua non para la llegada de la justicia, puede entenderse por qué nuestro autor no desarrolló un escrito, mucho menos una teoría elaborada, sobre la justicia y sí sobre la democracia y la libertad. Es cierto que lo anterior puede dificultar nuestra labor de relacionar marxismo, democracia y justicia por no haber un escrito clave sobre este último tema, sin embargo, creo que es posible establecer esa relación si nos aproximamos a la idea de justicia del filósofo a partir, sobre todo, de sus escritos ‘menores’, es decir, de los artículos que publicó en periódicos, revistas y en volúmenes colectivos, pues es en ellos, más que en sus principales obras, en donde aparecen rastros, nociones e ideas sueltas que permiten bosquejar dicha idea. Además de esto, por la naturaleza del tema que nos ocupa será también importante acercarse a la vida del autor, porque muestra aspectos adicionales que sirven para bosquejar su idea de 2. Las tres etapas pueden delimitarse de la siguiente manera: 1) La publicación de El perfil del hombre y la cultura en México (1934) de Ramos abrió el camino a las reflexiones sobre la identidad. 2) A finales de los años cincuenta (1958-59) el movimiento ferrocarrilero representó un hito en la lucha por la democracia sindical, pero fue el movimiento estudiantil de 1968 el que exigió mayores libertades y la democratización del Estado mexicano. 3) La rebelión zapatista de 1994 puso en la mesa de la discusión nacional el tema de la justicia, pero no fue sino hasta 2018, con la llegada a la presidencia de López Obrador, que dicho tema se incorporó a la agenda del Estado mexicano. Thémata. Revista de Filosofía Nº61 (2020) pp.: 65-83. Adolfo Sánchez Vázquez: sobre la relación entre marxismo, democracia y justicia 67 justicia y relacionarla con los otros dos temas de nuestro escrito, de ahí que se haya dividido el presente artículo en tres apartados engarzados, a saber, 1) vida, 2) marxismo y 3) democracia socialista. 2. Vida y circunstancias: el porqué de la defensa de la justicia La vida de Sánchez Vázquez (1915–2011) está llena de circunstancias que marcaron su inclinación por la justicia. Desde pequeño convivió con ideales de izquierda que en su caso devinieron socialistas, pues su padre, Benedicto Sánchez Calderón, fue un oficial del ejército español que desde 1931 defendió los principios republicanos y permaneció leal a la República durante y después de la sublevación militar del ‘36. Quizá por esta influencia republicana desde muy joven se sintió atraído por la política, pero como también le interesaba la literatura, en especial la poesía3, pronto adquirió una sensibilidad especial hacia el ser humano por tratarse de un ser básicamente creador. Por ello se decantó por las humanidades y se matriculó (1935) en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central, donde destacaban figuras como Ortega y Gasset, Zubiri, García Morente y José Gaos. Él mismo narra esta decisión al reconocer que “una truncada práctica literaria y, más precisamente, poética, me llevó a problematizar cuestiones estéticas y una práctica política me condujo a la necesidad de esclarecerme cuestiones fundamentales de ella y, de esta manera, casi sin proponérmelo, me encontré en el terreno de la filosofía”4. Al inicio de la guerra civil (18 de julio de 1936) Sánchez Vázquez militaba en las Juventudes Socialistas Unificadas5, por lo que decidió participar activamente en la guerra dirigiendo órganos de difusión y combatiendo al frente en el ejército republicano. Con el V Cuerpo pasó la última parte de la guerra en Cataluña, hasta que tras la batalla del Ebro se vio forzado a cruzar la frontera el 9 de febrero de 19396. Estando en París se enteró del ofrecimiento de asilo del gobierno mexicano a los republicanos españoles y se acogió al mismo, por lo que el 13 de junio de 1939, desde el puerto francés de Sètes, abordó el buque “Sinaia” rumbo al puerto de Vera- 3. Él mismo rememora que incursionó en la poesía motivado por el poeta y editor Emilio Prados. Sánchez Vázquez, A.: “Vida y filosofía Postscriptum político-filosófico” en Del exilio en México o Recuerdos y reflexiones. México: Grijalbo, 1991, pp. 45-46. 4. Sánchez Vázquez, A.: “Mi obra filosófica” en Praxis y filosofía: ensayos en homenaje a Adolfo Sánchez Vázquez, González, J., Pereyra, C. y Vargas Lozano, G. (eds.). México, Grijalbo, 1985, p. 436. 5. Sánchez Vázquez, A.: “Recuerdos de la Guerra Civil en Málaga” en Revista de la Universidad de México 29, 2006, pp. 5-11. 6. Sánchez Vázquez, A.: “Vida y filosofía Postscriptum”, cit., p. 56. Alberto Luis López Thémata. Revista de Filosofía Nº61 (2020) pp.: 65-83. 68 cruz en el Golfo de México. En esa época “México era un país desconocido”7 para él, aunque la expropiación petrolera (1938) y la idea de un gobierno revolucionario le hacían tener altas expectativas del lugar. Al llegar a suelo mexicano disfrutó de un buen recibimiento por parte de autoridades, obreros e intelectuales, lo que le permitió reactivar rápidamente su vida político-literaria8, la cual se vio enriquecida con su aprendizaje de una realidad social y política ajena a la suya pero que compartía elementos bien conocidos por él: pobreza, injusticia, desigualdad y falta de democracia. Un evento importante fue su traslado a la ciudad de Morelia (1941) para dar clases de filosofía en el Colegio de San Nicolás de Hidalgo, institución con “tradición libertaria”, porque allí vivió su primera experiencia mexicana de conflictos político-laborales que de alguna manera lo condujo a “entrar de lleno […] en el terreno de la filosofía”9. Al regresar a la capital mexicana (1943) reanudó sus estudios universitarios en la carrera de Letras españolas, pero tras abandonarla temporalmente se percató de la importancia de fundamentar mejor su actividad política y decidió inscribirse en la Licenciatura en Filosofía. Esos primeros años en México le hicieron repensar su formación académica pero también aprender de su condición de exiliado: “El exiliado se ha quedado sin tierra […] porque se vio forzado a abandonarla. Es sencillamente un desterrado. Y lo es porque su exilio no es un trans-tierro o el transplante de una tierra a otra, que vendría a ser simplemente la prolongación o el rescate de la que ha perdido. No es, por tanto, un trans-terrado. Ciertamente, el exiliado no se encuentra como en su tierra en la nueva que lo acoge. Esta sólo será su tierra, y lo será con el tiempo, no como un don con el que se encuentra a su llegada, sino en la medida en que comparte las esperanzas y sufrimientos de sus habitantes”10. Destaco de la cita dos cosas, la primera es la distinción transterrado ≠ desterrado que evidencia el desacuerdo con la tesis del ‘trans-tie- rro’ de Gaos11, pues para Sánchez Vázquez no había trans-tierro, sino un 7. “México era un país desconocido que vagamente se asociaba a dos nombres tan contrapuestos como Hernán Cortés y Pancho Villa”. Sánchez Vázquez, A.: “Recordando al Sinaia” en Del exilio en México, cit., p. 19. 8. A su llegada a México fundó las revistas Romance, España Peregrina y Ultramar, publicó el libro de poesías que había escrito en España, El Pulso ardiendo (1942), y reanudó su militancia activa en el Partido Comunista Español [PCE] sección mexicana. 9. Sánchez Vázquez, A.: “Vida y filosofía Postscriptum”, cit., p. 64. 10. Sánchez Vázquez, A.: “Del exilio español en México” en Del exilio en México…, cit., p. 84. 11. Cfr. Ibidem, p. 62 y Sánchez Vázquez, A.: “De filósofos cercanos” (Joaquín Xirau) en Filosofía y circunstancias. Barcelona: Anthropos-Facultad de Filosofía y Letras, UNAM, 1997, p. 349. Recordemos que para Gaos el ‘transterrado’ era el que abandonaba su nación para establecerse en otra afín y en la que llegaba a sentirse identificado y “empatriado” (cfr. Gaos, Thémata. Revista de Filosofía Nº61 (2020) pp.: 65-83. Adolfo Sánchez Vázquez: sobre la relación entre marxismo, democracia y justicia 69 simple destierro. Éste consistía en un complejo proceso de adaptación a la nueva tierra12 porque el desterrado, al dejar su nación, vivía aferrado al pasado y dejaba de vivir el presente; por ello el exilio se convertía en “una herida que no cicatriza, una puerta que parece abrirse y nunca se abre”13. La segunda cuestión se relaciona con la idea de justicia porque el exiliado se arraiga a la nueva tierra en la medida en que comparte las ‘esperanzas’ y ‘sufrimientos’ del pueblo receptor. Hay que tener en cuenta que cuando habla de compartir ilusiones y angustias lo hace sobre todo en términos políticos, lo que significa que su asimilación a México se dio en la medida en que hizo suyas las esperanzas y sufrimientos del pueblo mexicano, y sin duda alguna ambas expectativas y sentimientos se relacionan con la justicia (social, económica, política y cultural), tanto con la esperanza de conquistarla como con el sufrimiento por no hacerlo. Su arraigo a la nueva tierra se fortaleció al incorporarse a la UNAM como ayudante del profesor Eli de Gortari (1952), “un marxista de carne y hueso”14, quien lo apoyó en su tesis de maestría Conciencia y realidad en la obra de arte (1955). Esos años, determinantes para su formación filosófica, se compaginaron con su actividad política (representaba al PCE-mexicano en reuniones internacionales) y con su rechazo al autoritarismo de los comités centrales de la mayoría de los partidos comunistas de la época; esto lo llevó a adoptar una actitud teórica opuesta al discurso dominante del Diamat soviético y a intentar desarrollar un marxismo crítico a partir de dos principios del propio Marx: “dudar de todo” y “criticar todo lo existente”15. Aunado a esto, vivir en México le supuso vivir en un régimen político complejo y contradictorio (revolucionario, conservador y profundamente injusto) que le influyó para elaborar, tras ser nombrado profesor de tiempo completo (1959), su tesis doctoral Sobre la praxis (1967). Asentado en México, fijó una postura crítica frente al dogmatismo teórico y los regímenes autoritarios y consolidó una concepción práctica de la filosofía, a la que concibió como una herramienta práctica que debía servir para alcanzar una relación “más justa –más humana […] entre los hombres”16 y distinta con la naturaleza. La filosofía, así concebida, debía Filosofía mexicana de nuestros días [1954] y Confesiones profesionales [1958]), mientras el ‘desterrado’ era simplemente aquél que al tener que dejar su patria pasaba a un lugar ajeno y distante. 12. Sánchez Vázquez, A.: “Del exilio español en México”, cit., p. 92. 13. Sánchez Vázquez, A.: “Fin del exilio y exilio sin fin” en Ensayos marxistas sobre historia y política. México: Ediciones Océano, 1985, p. 165. 14. Cfr. Sánchez Vázquez, A.: “De filósofos cercanos” (Eli de Gortari), cit., p. 387. 15. Sánchez Vázquez, A.: “Vida y filosofía Postscriptum”, cit., p. 71. 16. La razón amenazada, discurso del 22 de junio de 1984 al recibir el Doctorado honoris causas en la Universidad Autónoma de Puebla. Sánchez Vázquez, A.: “La razón amenazada” Alberto Luis López Thémata. Revista de Filosofía Nº61 (2020) pp.: 65-83. 70 enfrentar al quietismo y al ‘irracionalismo teórico’ que buscaba acabar con “todo intento –lucha o esfuerzo–por construir un mundo sin explotación ni dominación”17. Bajo esta concepción filosófica pasó su vida impartiendo cursos, dando conferencias y analizando desde la perspectiva marxista los grandes procesos sociales y políticos de la segunda mitad del siglo XX, como fueron los golpes de Estado latinoamericanos (años 60 y 70), la muerte de Franco (1975), la desaparición del socialismo en la Europa del este (1991) o la caída del régimen priista (2000). Esos acontecimientos, en apariencia inconexos, le interesaron porque tenían como elemento común la lucha por la justicia, pues era ésta la que había llevado a esos pueblos, en sus diversas circunstancias, a luchar por sus derechos y por una vida más digna. Sánchez Vázquez, en suma, se caracterizó por su compromiso político e intelectual en favor de la justicia y contra la explotación de las personas. Por eso su vida intelectual podría resumirse con las mismas palabras con las que definió la de Manuel Sacristán: puso su pensamiento “al servicio de la más noble causa que pueda abrazar un hombre de nuestro tiempo: la lucha contra la explotación y la opresión de todo tipo y, a su vez, por la construcción de una sociedad más justa y más racional en la que ya no puedan tener cabida […] los explotadores y opresores de hombres y pueblos”18. 3. Marxismo y Filosofía en la configuración del ideal de justicia El obligado exilio de Sánchez Vázquez por defender junto con otros la República española, es decir, “la libertad, la democracia y la soberanía asociadas a ella”19, resultó trágico pero también fecundo, porque lo obligó a pasar del ímpetu del luchador al estudio teórico para la transformación, es decir, tuvo que complementar su práctica socialista y su formación autodidacta con el estudio académico y riguroso del marxismo, lo que –como él mismo reconoció– le dio solidez y rigor a sus reivindicaciones sociales. Este proceso se dio de manera natural porque su interés por la filosofía fue simultáneo a su interés teórico por el marxismo, lo que propició que entre más conocía a la primera más se sintiera identificado con el segundo, al grado de asumir que filosofía y marxismo se fundían armónicamente. Para nuestro autor, si el propio Marx como filósofo había retomado la tesis XI de Feuerbach con el propósito de pasar del análisis descriptivo a la transformación de las cosas, entonces aquellos interesados tanto en en Filosofía y circunstancias, cit., p. 310. 17. Ibidem., p. 315. 18. Sánchez Vázquez, A.: “De filósofos cercanos” (Manuel Sacristán), cit., p. 351. 19. Ibidem, (Joaquín Xirau), cit., p. 347. Thémata. Revista de Filosofía Nº61 (2020) pp.: 65-83. Adolfo Sánchez Vázquez: sobre la relación entre marxismo, democracia y justicia 71 la filosofía como en cambiar las relaciones humanas encontraban en el marxismo la filosofía que fusionaba ambos intereses. Esta postura lo llevó a subrayar que la filosofía no sólo era una labor intelectual, sino que se trataba de una práctica que debía realizarse a través de la acción. En su discurso ¿Qué significa filosofar? (1993)20, aludió a esto al referirse a la distinción kantiana entre aprender filosofía y aprender a filosofar, la cual presuponía diferenciar entre el filosofar como actividad y la filosofía como resultado de dicho filosofar: “Ciertamente, con su actividad propia, este sujeto u hombre concreto al que llamamos filósofo, produce esos objetos que son las doctrinas, teorías, categorías o conceptos filosóficos. Cualesquiera que sean sus frutos, cabe distinguir esa actividad por el modo de insertarse en la vida misma del filósofo, ya sea como una práctica especializada, profesional o académica, que se da sobre todo en los tiempos modernos (tal es el caso de un Kant, Hegel o Husserl), ya sea a extramuros de la academia o del aula, como sucede con el filosofar callejero de Sócrates, el práctico-político de Marx, o el mundano de Sartre”21. En esta cita aparecen tres elementos correlacionados (actividad, producto y práctica) importantes para nuestro autor, pues considera que la actividad del filósofo y los productos de ésta repercuten de diversa manera en su propia vida, de ahí que el filosofar derive en una práctica personal que revela la propia actividad del filósofo. Esta idea la ejemplifica consigo mismo al hablar sobre su propia actividad filosófica: “Lo primero que quiero subrayar es la finalidad práctica, vital, a la que ha pretendido servir: transformar un mundo humano que, por injus- to, no podemos ni debemos hacer nuestro. Sin desconocer la pesada carga de sospechas, desencantos y deformaciones que hoy tiene el calificativo ‘marxista’ de mi filosofar, lo sigo asumiendo para reafirmar mi adhesión al proyecto de emancipación que constituye la razón de ser del marxismo originario”22. Para Sánchez Vázquez la actividad del filósofo debía manifestarse de manera práctica, por ello –en su caso– su actividad filosófica se expresó en su adhesión al marxismo como proyecto emancipador y en su rechazo al pensamiento dogmático (por eso su repudio al materialismo dialéctico soviético [Diamat] y al régimen stalinista [denunciado en el XX Congreso 20. Discurso pronunciado en 1993 en la UNED, España, para recibir el doctorado honoris causa. 21. Sánchez Vázquez, A.: “¿Qué significa filosofar?” en En torno a la obra de Adolfo Sánchez Vázquez (Filosofía, ética, estética y política). México: FFyL UNAM, 1995, p. 109. 22. Ibidem, p. 112. Alberto Luis López Thémata. Revista de Filosofía Nº61 (2020) pp.: 65-83. 72 del PCUS23]), lo cual fue consecuencia de concebir al marxismo como un pensamiento que buscaba ser: i) una crítica a la sociedad capitalista, ii) un proyecto de emancipación individual y social, iii) una teoría que buscaba conocer la realidad y iv) una filosofía práctica24. Su adhesión al marxismo, por tratarse de una filosofía teórica con actitud práctica, se explica mejor en su ensayo La filosofía de la praxis (balance personal y general) (1997), en donde afirma que tras sus estudios de la obra de Marx, en especial de los Manuscritos de París (1844), “La idea de Marx acerca del hombre como ser práctico, creador –aunque enajenado en la sociedad capitalista– junto con la idea del trabajo enajenado como negación de su actividad práctica, creadora, me condujeron a la idea del hombre como ser de la praxis y a la interpretación del marxismo como filosofía de la praxis”25. A pesar de que se interesó desde joven por asuntos sociales y políticos, no fue sino hasta que estudió detenidamente a Marx que comprendió que el ser humano, como ser histórico-social y con actividad práctica26, es el que crea los valores y bienes que terminan por dominarlo, esto es, pese a ser aquéllos creaciones subjetivas (colectivas) se tornan objetivas y por eso les termina rindiendo culto: “el valor no lo poseen los objetos de por sí, sino que éstos lo adquieren gracias a su relación con el hombre como ser social”27. Este análisis, junto con el estudio de las Tesis sobre Feuerbach (1845) –como bien apunta Gandler28–, fue determinante para entender los conceptos de “enajenación” y “conciencia” (con los cuales detectó los mecanismos de los que se sirve el capitalismo para mantener un sistema social de explotación e injusticia) y para desarrollar su famosa obra Filosofía de la praxis (1967), en donde partiendo de caracterizaciones de la praxis hechas por filósofos de distintas épocas (desde la antigua Grecia, 23. En ese Congreso de 1956 el dirigente ruso Nikita Jrushchov leyó el llamado “Discurso secreto”, en el que denunció los abusos del régimen totalitario stalinista. 24. Sánchez Vázquez, A.: “Marxismo y praxis” en A tiempo y destiempo. Antología de ensayos. México: FCE (ed. electrónica), 2013, pp. 269-274. 25. Sánchez Vázquez, A.: “La filosofía de la praxis (balance personal y general)” en Filosofía y circunstancias, cit., p. 159. 26. Yurén, María Teresa: “Adolfo Sánchez Vázquez, una veta para la educación valoral” en Inventio 2, 3, 2006, pp. 61-70. 27. Sánchez Vázquez, A.: Ética, 20ª ed. México: Grijalbo, 1979, p. 118. 28. Cfr. Gandler, Stefan: “El pensamiento filosófico de Adolfo Sánchez Vázquez” en Revista de Hispanismo Filosófico 15, 2010. Gandler afirma que Sánchez Vázquez detectó en la obra de Marx los rasgos esenciales de una “verdadera” filosofía de la praxis, es decir, de una filosofía “de la transformación del mundo” (p. 12), e incluso se percató de la unidad entre el mundo material y su propia transformación, ya que el propio Marx situó en el centro de todas las relaciones humanas la actividad práctica del ser humano, que como tal resulta intrínsecamente “transformadora del mundo” (idem). Thémata. Revista de Filosofía Nº61 (2020) pp.: 65-83. Adolfo Sánchez Vázquez: sobre la relación entre marxismo, democracia y justicia 73 el Renacimiento y la Modernidad hasta Hegel, Feuerbach, Lenin y Marx), fundamentó su propio concepto de ‘praxis’ al entenderlo como “acción” y “práctica” humana conforme a fines: “la actividad humana […] conforme a fines, y éstos sólo existen por el hombre, como productos de su conciencia. Toda acción verdaderamente humana exige cierta conciencia de un fin, el cual se supedita al curso de la actividad misma […] al anticipar idealmente el resultado efectivo, puede ajustar sus actos como elementos de una totalidad regida por el fin”29. Además de ser ‘acción’ y ‘práctica’, la categoría ‘praxis’ implicaba creación, imaginación y actividad libre y social, esto es, la praxis representaba la esencia de lo específicamente humano. Por esto mismo la praxis, asumida cabalmente, propiciaba también una nueva forma de hacer filosofía, dado que sumaba a su función epistémica una labor de corte crítico y político que le dotaba a la disciplina de mayores potencialidades. Esta nueva manera de hacer filosofía (práctica) compaginaba perfectamente con el marxismo, por tratarse –como señalamos– de un pensamien- to práctico que buscaba conocer críticamente para emancipar. Por todo lo anterior, la ‘praxis’ fue un concepto central en el pensamiento de Sánchez Vázquez, porque a partir de él interpretó las distintas modalidades de la acción humana y al hacerlo se percató de los mecanismos enajenantes del sistema capitalista que sometían al individuo. Esta relación intrínseca entre marxismo y justicia nos remite de nuevo al texto La filosofía de la praxis (balance personal y general), en donde se afirma: “El marxismo se nos presenta, en primer lugar, como una crítica de lo existente por medio de la cual se expresa nuestra inconformidad con el mundo social que nos rodea. La crítica de esta realidad presente empuja a la búsqueda de una alternativa social en la que encuentren solución los males sociales que la crítica denuncia: o sea, la crítica remite a un proyecto de transformación de la realidad presente que se caracteriza, en relación con este presente injusto, como un proyecto de emancipación o liberación. Así pues, crítica y proyecto se hallan estrechamente enlazados”30. El marxismo, por tanto, fue concebido por nuestro autor como una crítica convertida en teoría que buscaba eliminar la injusticia imperante, pero que –por su propia naturaleza– no se contentaba con teorizar la situación presente, sino que pretendía desencadenar una práctica e inspirar 29. Sánchez Vázquez, A.: Filosofía de la praxis. México: Siglo XXI, 2003, pp. 266-267. Recordemos que el concepto de ‘trabajo’, que definió como “fuente de todo valor, de toda riqueza” (Filosofía de la praxis, p. 142.), fue igualmente importante para su estudio sobre la ‘praxis’ y para la conformación de su filosofía. 30. Sánchez Vázquez, A.: “La filosofía de la praxis (balance personal y general)”, cit., p. 162. Alberto Luis López Thémata. Revista de Filosofía Nº61 (2020) pp.: 65-83. 80 corte socialista, pues sólo ella propicia “el carácter consciente, libre y responsable del individuo como agente moral”59. La justicia, por consiguiente, es consecuencia de esta relación entre moral y política, porque no hay socialismo sin una afirmación y potenciación real de la libertad pero la afirmación de ésta pasa, primero, por la afirmación de una política revolucionaria y, luego, por la negación de la política misma. Sólo así se alcanza la verdadera libertad que hace posible conquistar la justicia social. 5. La justicia y su relación con el marxismo y la democracia: apuntes finales Para relacionar los tres temas de nuestro ensayo es necesario bosquejar la idea de justicia de Sánchez Vázquez, y para ello es importante tener en cuenta su vida, porque ayuda a entender que el filósofo andaluz no provino de una nación democrática, la guerra civil se originó en parte por el rechazo de la élite española a los nuevos modos democráticos, ni llegó a una nación que lo fuera, el México de los años treinta acababa de fundar el partido único de Estado (Partido de la Revolución Mexicana [1938]60), con la intención de gobernar y administrar la revolución. Por eso mismo, es decir, por haber vivido en países que distaban de ser democráticos, el filósofo de la praxis no redactó escritos sobre la justicia, pues en los años y países en que vivió la lucha social y política se enfocaba en conquistar la democracia y las libertades individuales, mismas que permitirían, como condición de posibilidad, la llegada de la justicia. Pese a esto, podemos sintetizar lo planteado hasta ahora y esbozar la idea de justicia de nuestro autor, y para ello hay que comenzar diciendo que su estudio sobre el marxismo fue determinante en la configuración de su ideal de justicia. Gracias a éste comprendió que la historia humana ha consistido en una permanente lucha entre quienes se sirven de la mayoría para su propio beneficio y quienes reaccionan contra ello buscando una situación más equitativa. Cuando tuvo clara esta situación y cuando comprendió conceptos filosóficos como el de ‘praxis’, ‘conciencia’ y ‘enajenación’, fue que concibió la injusticia como la cancelación de las condiciones que hacen posible que un individuo se realice plenamente como humano. Esta cancelación se originaba cuando un conjunto de individuos, después convertidos en grupo o clase social, no sólo se aprovechaba de otros sino 59. Sánchez Vázquez, A.: “Notas sobre la relación entre moral y política”, cit., p. 97. 60. Recordemos que el Partido de la Revolución Mexicana (PRM), fundado en 1938, procedía del Partido Nacional Revolucionario (PNR), fundado a su vez en 1929 por el general Plutarco Elías Calles con el objetivo de aglutinar a los grupos y partidos surgidos de la Revolución mexicana. Thémata. Revista de Filosofía Nº61 (2020) pp.: 65-83. Adolfo Sánchez Vázquez: sobre la relación entre marxismo, democracia y justicia 81 que creaba mecanismos, por lo general sutiles pero también evidentes, para dominarlos y con ello aprovecharse de los frutos de su trabajo. Los individuos despojados y como consecuencia explotados, se convertían en el producto o resultado de esa situación injusta, la cual –se percataran o no de ello– los llevaba a perder parte de su humanidad al dejar fuera de sí su capacidad de autorrealización. Percatarse de esta situación, es decir, de la injusticia que se había ido consolidando a lo largo de la historia humana, es lo que llevó a nuestro autor a desarrollar una filosofía que tenía como propósito –como indica en su escrito La razón amenazada– impulsar una relación más justa y humana entre los hombres. Esta relación más justa nos lleva a sostener, a partir de lo dicho hasta aquí, que Sánchez Vázquez concebía a la justicia como el conjunto de condiciones económicas, sociales, políticas y culturales que organizadas racionalmente (no arbitraria ni intuitivamente) y apoyadas en un conocimiento de la realidad y de las fuerzas sociales61, establecían bases equitativas e igualitarias para todos, permitiendo con ello que cada uno tuviera las mismas posibilidades para desplegar el conjunto de sus capacidades; sin embargo, para el filósofo hispano-mexicano sólo en la democracia socialista de corte marxista era posible alcanzar esa relación equitativa e igualitaria (fruto de esas condiciones racionalmente estructuradas), porque era el único sistema que pretendía, como su razón de ser, establecer esa relación de facto y no sólo de iure, es decir, llevarla a la práctica y hacerla parte esencial de la vida cotidiana de las personas. 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