La "Visión de los vencidos" y la "Brevissima relación": Trauma y denuncia en la construcción del sujeto indígena en México
Abstract
Este ensayo tiene por objetivo el análisis de una de las formas de construcción ideológica que subjetiva al indígena a la luz de dos textos: La brevíssima relación de la destruyción de las Indias, de Fray Bartolomé de Las Casas, y la compilación de las crónicas indígenas de la Visión de los vencidos, de Miguel León-Portilla. Estas obras relatan el grave sufrimiento y trauma histórico que dejó la Conquista en los pueblos ab(origen)es de este continente. Dichas narraciones del desastre se convierten en discursos de reclamo y denuncia política que de alguna u otra manera marcarían el tenor de la defensa indígena en los siglos subsecuentes, y por ende, de una de las formas en que sería construida su imagen.
Full text
154 Sección Selecta La Visión de los vencidos y la Brevissima relación: Trauma y denuncia en la construcción del sujeto indígena en México. La Visión de los vencidos and Brevissima relación: Trauma and criticism in Indian subject construction in Mexico. Salvador Leetoy (Department of Modern Languages and Cultural Studies. University of Alberta, Canada) This paper aims to analyse one of the forms of ideological construction that makes Indian people a subject, as it is seen in two texts: La brevíssima relación de la destruyción de las Indias, by Fray Bartolomé de Las Casas, and the compilation of native chronicles Visión de los vencidos, by Miguel León-Portilla. These works tell us the great suffering and historical trauma that the Conquest left on native people in this continent. These stories of the disaster become political protest discourses, which somehow inform the native defence in the centuries afterwards, and so, one of the forms in which their image was built. Abstract: Resumen: Este ensayo tiene por objetivo el análisis de una de las formas de construcción ideológica que subjetiva al indígena a la luz de dos textos: La brevíssima relación de la destruyción de las Indias, de Fray Bartolomé de Las Casas, y la compilación de las crónicas indígenas de la Visión de los vencidos, de Miguel León-Portilla. Estas obras relatan el grave sufrimiento y trauma histórico que dejó la Conquista en los pueblos ab(origen)es de este continente. Dichas narraciones del desastre se convierten en discursos de reclamo y denuncia política que de alguna u otra manera marcarían el tenor de la defensa indígena en los siglos subsecuentes, y por ende, de una de las formas en que sería construida su imagen. Keywords: Ideological construction / Native Americans / Spanish Conquest. Construcción ideológica / Indígenas americanos / Conquista española. Palabras-clave: Sumario: España vs. España: las crónicas de la Conquista como espacio de disputa ideológica. Subversión subjetivada: la construcción del sujeto indígena a partir de su defensa y testimonio. 1. 2. Summary: Spain vs. Spain: Conquest chronicles as ideological battle space. Subjective revolution: Indian subject construction arising from its defence and own account. 1. 2.
155 La Visión de los vencidos y la Brevissima relación Por supuesto que en nuestra conversación no aparecieron para nada los monstruos que ya han perdido actualidad. Escilas, Celenos feroces y Lestrigones devoradores de pueblos, y otras arpías de la misma especie se pueden encontrar en cualquier sitio. Lo difícil es dar con hombres que están sana y sabiamente gobernados. Cierto que observó en estos pueblos muchas cosas mal dispuestas, pero no lo es menos que constató no pocas cosas que podrían servir de ejemplo adecuado para corregir y regenerar nuestras ciudades, pueblos y naciones. (Tomás Moro, Utopía.) 1. España vs. España: las crónicas de la Conquista como espacio de disputa ideológica. 1 Se considera importante enfatizar, a manera de agencia de resistencia, la obra indígena como la originaria de América, la cual posteriormente se fusiona e hibridiza con tradiciones europeas. Al encapsular esta “originalidad” a través de la deconstrucción del concepto de aborigen, se intenta marcar la diferencia de la cosmovisión indígena presente en su propia producción cultural: su interpretación de la realidad, su tradición oral marcando distancia del logocentrismo Occidental, la incorporación de sus perspectivas históricas, etc. A partir del siglo XVI, Europa se convertiría súbitamente en lo viejo pero vigente, en el espacio doctrinal exclusivo de la civilización y por ende centro totalitario del pasado histórico de la humanidad, de donde emanaban los paradigmas que buscaban interpretar al mundo del pasado, presente y futuro. El llamado descubrimiento de América resultó más bien, en todo caso, en la invención de la conciencia europea. Europa se preparaba para ser en el siglo XVI, por primera vez, el centro de un nuevo sistema mundial, cuya llegada a América le daba la ventaja competitiva definitiva con respecto a los centros mundiales anteriores: los mundos Musulmán, Indio y Chino (Dussel, 2001, pp. 1112). Su sofisticada tecnología militar, pero sobretodo sus letales enfermedades, les daría a los conquistadores europeos la ventaja bélica sobre los pueblos ab(orígenes)1 de lo que llamaron América. Es correcto Ronald Wright (2003 p. 11), cuando comenta que los europeos tenían los mejores barcos, el mejor acero, las mejores armas; pero también tenían condiciones lo suficientemente desesperadas en sus países de origen como para motivar el éxodo de su población, y por medio del uso de esos materiales y tecnología, robar a otros. En todo caso, los logros de Europa eran más tecnológicos que sociales. Así pues, lo que se denomina como descubrimiento lo fue en un solo sentido: en el descubrimiento de Europa de sí misma. El sentimiento europeo parecía interpretar que lo “anacrónico” quedaba separado por el Atlántico, mientras que la refundación de Europa se llevaría a cabo en América. Derivado de esa derrota histórica, las comunidades humanas fuera de los centros metropolitanos Occidentales, fueron de-terminados –i.e. por un lado definidos y objetivados, y por el otro exterminados física o étnicamentea través de dinámicas de interpretación/representación eurocéntrica: “existían” en tanto servían de contrario dialéctico del sujeto europeo, de donde este mismo construía su identidad por medio de su diferenciación con el Otro –de la
156 Sección Selecta misma forma en que Hegel (1976) describiría la dialéctica del Amo y el Esclavo poco menos de tres siglos después. Así pues, la periferia era teoría no praxis; no se le estudió para ser entendida per se, sino para servir de punto de referencia de la diferenciación del sujeto europeo. Ese centro alienó el uso exclusivo de la historia, universalizando la construcción de regímenes de conocimiento (Foucault, 1973) de la realidad social, política y económica del mundo. Es por eso que, como comenta Leopoldo Zea (1976), América se convirtió en “continente fuera de la historia –de la única historia que estaba dispuesto a reconocer el europeo-, no poseía otra dimensión que la del futuro de ese hombre que la había descubierto y conquistado, incorporándola así a su historia” (p. 19). Edmundo O’Gorman (1958), nota asimismo que era América aquella instancia “que hizo posible, en el seno de la Cultura de Occidente, la extensión de la imagen del mundo a toda la Tierra y la del concepto de historia universal a toda la humanidad” (p. 99). A partir de ese momento, -hace apenas poco más de cinco sigloscivilización y occidentalización se convirtieron en sinónimos. No fue circunstancial que en ese preciso instante también haya sido inaugurada la modernidad –en la España del siglo XVI-, pues lo viejo no sólo quedaba a un océano de distancia, sino también el pensamiento del mundo iba a girar condicionado por los centros de poder dominante. Lo que no cambio, como siempre, fue que la ley del más fuerte sería la que decidiera en manos de quién se encontraba el bastón de mando civilizatorio. Civilización y violencia son términos inseparables el uno del otro. No existen en ausencia de uno de ellos: la imposición, la brutalidad y el dominio no eran aspectos que pudieran estar a discusión para el sujeto sometido. Así pues, América se convirtió en la catarsis europea por excelencia: Europa se reinventa en América, y por tanto América –como invenciónse define asimismo como Occidente. En ese sentido, O’Gorman agrega que En efecto, a la vez que se vio en América un inmenso territorio legítimamente apropiable y explotable en beneficio propio, una nueva e imprevista provincia de la Tierra que el destino tenía reservada a Europa para la prosecución de los supremos fines históricos, también se la consideró como un “mundo” de liberación y promesa, el mundo de la libertad y del futuro, La Nueva Jerusalem, una nueva Europa, en suma, que al entregar sus riquezas materiales a la vieja Europa se iba insensiblemente constituyendo en el lugar que habría de superarla como propicio que era para ensayar e implantar ideales y utopías que se consideraban irrealizables en las viejas circunstancias. (p. 89) Por otro lado, lo que eran pueblos diversos con culturas particulares, serían reducidos a indios, un apelativo que ni siquiera el reconocimiento europeo del error geográfico de llegar a otra tierra que no era la India pudo borrar. Así, los aborígenes fueron condenados a ser indios, denominación que paradójicamente –al ser bautizados a través de los referentes del Otro al que podían acudir los europeos, es decir, los diversos pueblos asiáticosmarcaría irremediablemente la manera en que se les subjetivaría a estos pueblos por medio de dinámicas
157 La Visión de los vencidos y la Brevissima relación de representación ajenas a su realidad. Es por ello que esta construcción de la historia está fundada en la mitificación de Occidente como parangón inobjetable, del cual se compara y se evalúa a las demás culturas transformadas en periferia. De acuerdo a ello, Wright (2003) escribe que: La mayor parte de la historia, cuando ha sido digerida por la gente, se convierte en mito. El mito es el ordenamiento del pasado en patrones, reales o imaginarios, que resuenan a través de los más profundos valores y aspiraciones culturales. Los mitos crean y refuerzan arquetipos naturalizados, tan aparentemente axiomáticos, que no pueden ser cuestionados. Los mitos están tan cargados de significado que vivimos y morimos por ellos. Son mapas por los cuales las culturas navegan a través del tiempo. Aquellos vencidos por nuestra civilización [Occidental], ven como el mito del descubrimiento [de América] ha transformado crímenes históricos en íconos relucientes. Incluso, desde la óptica de Occidente, el mito del descubrimiento es tomado como cierto. (p. 4, mi traducción). Así pues, las mencionadas dinámicas de representación comienzan en el momento mismo del des-encuentro. Es Cristóbal Colón quien de alguna manera inaugura el síntoma al que se sujeta el reduccionismo de la población aborigen en América como continente inventado; aquel aborigen arrancado de su identidad por medio de la incomprensión y la opresión: era salvaje, era bárbaro, por más virtudes que tuviese… ni siquiera importaban sus rasgos culturales particulares. Producto de los tiempos, la mentalidad colonial domina en la interpretación de la realidad y se le impone al sometido. En ese sentido, Europa interpreta a América a través de sus propias mitologías y cosmovisión (weltanschauung). Creó un mundo nuevo, exótico y virgen. Se descubrió incluso a sí misma. Pero sólo fue un descubrimiento para Occidente, sólo éste creyó su propio mito, y luego, por medio de la doctrina y las armas, expandirían esta enfermedad vital, esta esquizofrenia ideológica: América era un fantasma, era un espejismo, una invención, que solo podía ser vista con ojos eurocéntricos. Para los aborígenes no existió nada de eso: era su mundo, su territorio, su espacio. Pero la historia la escriben los vencederos, y la esquizofrenia se extendió. Ese error de apreciación y reduccionismo ideológico sería repetido constantemente a través de las crónicas de estos encuentros. La historia de pueblos indígenas sería interpretada en los términos del dominante y la Conquista misma sería escrita bajo esa óptica. Las crónicas de la Conquista fueron el resultado de un relato del centro de poder, donde Amerindia era el motivo de discusión, pero no de expresión. Las polémicas y debates sólo tenían cabida dentro de los parámetros ideológicos eurocéntricos: al indígena se le explotaba y se le exterminaba, o bien, se le defendía y se le protegía a través de ideologías emanadas del mismo centro de la Metrópolis, práctica aún común en los persistentes imaginarios criollos de las naciones americanas contemporáneas. En la construcción de la historia de la Conquista se privilegió
158 Sección Selecta sólo la voz del colonizador, y cuando el indígena daba testimonio, sólo era en los términos dictados por el discurso dominante. Si algo distingue a las distintas crónicas españolas de la Conquista del siglo XVI es sin duda su construcción narrativa politizada. Aparte de la relación de hechos que dichos relatos presentaban, estas crónicas tenían en sí mismas un objetivo primordial: lograr el favor de la monarquía o de la jerarquía papal para obtener poder político. No importando el tenor del relato, siempre es palpable el compromiso incondicional por conquistar estas tierras para los reyes de España y el dios cristiano, por medio de la fuerza militar o la evangelización (o ambas). Es importante mencionar que la mayoría de las crónicas fueron escritas por quienes eran los más reconocidos recopiladores de la memoria histórica en esa época: los religiosos. Debido a ello, la mayor parte de estas narraciones tendrían un fuerte sentido teológico que definía a las filosofías de poder político que regían a España y sus colonias, por lo que estas crónicas, más allá de su valor histórico, representan un espacio de análisis de la agenda ideológica de la época (Rivera, 1992). Las crónicas contaban con lujo de detalle los acontecimientos que se iban desarrollando en el ingenuamente llamado “Nuevo Mundo”, en donde la mitificación fue moneda corriente: por un lado, se construye una historia llena de bravura y tenacidad, donde los conquistadores eran proyectados en una narrativa épica que hacía recordar a las novelas de caballería tan populares en el recién terminado medioevo europeo. De estas crónicas del siglo XVI sobresalen las propias Cartas de relación de Hernán Cortés (1985), la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España de Bernal Díaz del Castillo (1986), la Historia general de las Indias y Vida de Hernán Cortés de Francisco López de Gómara (1979), De la natural hystoria de las Indias de Gonzalo Fernández de Oviedo(1959), Demócrates Segundo o de las justas causas de la guerra contra los indios de Juan Ginés de Sepúlveda (1951), entre varios más, quienes sin excepción, pasan en sus crónicas del asombro y la admiración por las culturas con que se encuentran, hasta el repudio por las mismas y la justificación de la guerra. Mario Hernández (1985) diría al respecto: Existe en esa época una manifestación cultural de primera importancia; son las crónicas, es decir, lo que escribieron los propios protagonistas de las conquistas; pueden destacarse estadísticamente, pues sólo son diecinueve las que cumplen con esa condición. Son, por consiguiente, vivencias informativas, formas de relación constantes –no instantáneascapaces de desencadenar la respuesta de la persona ante la situación, que al expresar creadoramente lo visto y lo vivido, origina una poderosa corriente de informatividad, cuyo significado –mediante el análisis de su estructura peculiarsólo resulta primariamente de estructura configuradora: la verdad de lo visto y lo vivido, en contraposición a la simultánea prevalencia literaria de los libros de caballería, tenido como historias mentirosas; la idea de la fama y del servicio, en contraste con el interés personal; y por último, la instancia exaltativa bajo el realismo correctivo de los mismos hechos que describen (p. 9).
159 Por otro lado, surgen las crónicas que denunciarían los excesos y la brutalidad de la Conquista, en donde se expone la tragedia amerindia y la necesidad de detener la barbarie. Estas crónicas proponen la doctrina de la fe como medio de salvación de estas culturas, privilegiando la evangelización sobre la guerra como forma primera de colonización. Aquí sobresale la figura de Fray Bartolomé de Las Casas, quien, por medio de una prolífica obra, no escatimó en detalles para dejar en claro el gran mal que los conquistadores y encomenderos inflingían a estos pueblos. A él se le unieron otros cronistas tales como Vasco de Quiroga y Fray Vicente Valverde, quienes también repudian la violencia en contra de los pueblos ab(orígenes) al considerarlo como un acto sacrílego y contrario a la ley divina. A este tipo de crónica se le podría agregar aquella escrita por indígenas conversos que daban testimonio de los acontecimientos que vivieron sus pueblos. Estos testimonios fueron auspiciados en gran medida por religiosos del siglo XVI y XVII, tales como Juan de Zumárraga, Bernardino de Sahagún, Pedro de Gante, Juan de Tovar, entre otros. Los dos primeros resultan de vital importancia para este ensayo, ya que son ellos quienes promueven y exigen al Virreinato el patrocinio del Colegio de Tlatelolco en los primeros años de la Colonia, lugar donde indígenas conversos escribieron importantes relaciones de hechos de la Conquista. Este último tipo de crónica, a pesar de ser una narración hecha por voces indígenas, no puede ser considerada del todo ab(origen), ya que dicha narración no nace de su iniciativa, sino que surge del interés del dominador en conocer el punto de vista de quien fuera su salvaje enemigo. Además el indígena que escribe es anónimo, es una colectividad, no tiene nombre, es “indio”, y por serlo, le es extirpada su identidad particular, incluso en la autoría de su propia obra. Este mismo opresor le permite sólo decir lo que él quiere que diga, y su testimonio sólo servirá para dejar en claro que lo que un día fue un imperio, ahora es sólo un recuerdo amargo de derrota. Por tanto, estos dos tipos de relatos –que podrían ser llamadas como crónicas indigenistaspueden ser catalogadas en el mismo espectro: las dos dan fe de la tragedia indígena en términos impuestos por el discurso eurocéntrico. Sin embargo, hay que dejar en claro que las crónicas de los indígenas conversos no fueron escritas a manera de denuncia, cuestión que seguramente no hubiera permitido Sahagún, quien a pesar de su muy apasionado interés en dejar testimonio de las culturas indígenas, era enemigo acérrimo de las “costumbres demoníacas” de los mismos. En su Historia General de las Cosas de la Nueva España (en Villoro, 1950)2, Sahagún llegaría a escribir: La Visión de los vencidos y la Brevissima relación 2 Basándose en la misma obra que Las Casas utilizó para denostar las formas de la Conquista, -“La Ciudad de Dios”, de San AgustínSahagún se lanza al rescate de la tradición indígena no tanto por su interés en preservar los usos y costumbres de estos pueblos, sino por el contrario, para mostrar y dejar un testimonio del “paganismo” y prácticas demoníacas de los indígenas, por lo que no escatimó en esfuerzos para que los estudiantes indígenas conversos del Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco escribieran esta Historia General en los dos idiomas, en nahuatl y en español (Brading, 1984, p.13). Ello significó la creación de un documento de vital importancia para el conocimiento del mundo prehispánico. Gracias a este gesto intolerante de Sahagún –hacer esta obra para mostrar la idolatría indígena, y su posterior derrota por la “gracia” del dios cristianose pudo conservar uno de los pocos documentos que se tienen con informantes directos sobre la vida en el México prehispánico y el gran trauma que la Conquista resultó para estos pueblos.
160 Sección Selecta Así pues, las crónicas indígenas auspiciadas por el clero, a diferencia de las tratados lascasianos, no son en un principio discursos condenatorios, sino explicativos de las costumbres indígenas y su posición ante la derrota. Sin embargo, ensayistas posteriores de los siglos XVIII y XIX, como Francisco Xavier Clavijero y Servando Teresa de Mier (ambos clérigos también), serían fuertemente influenciados por estos últimos relatos, quienes haciendo énfasis en esta versión de la Conquista, utilizarían estos testimonios como elementos de denuncia que darían el tono ideológico anti-español –construido por las élites criollasque distinguió a la guerra de Independencia en México, y cuyos ecos aún se escuchan sonoramente en la actualidad. Por tanto, el antagonismo evidente entre los distintos cronistas, fue un reflejo de la lucha de España contra sí misma, o dicho de otra manera, al re-fundarse España en América se desató una lucha ideológica que trataba de imponer un nuevo orden discursivo. España misma se encontraba en el siglo XVI tratando de crear su identidad nacional, por lo que esta lucha y este afán se trasladó a América. En ese sentido, Justo Sierra fue correcto en decir que la Nueva España realmente nació independiente (1950, p. 71), ya que los conquistadores no ganaron tierras para una España sumida en guerras intestinas y asediada por otros reinos europeos, sino que ganaron tierras para una nueva clase peninsular en América. La construcción de la identidad era el gran enigma español, incertidumbre que también persiguió a las colonias de la América Hispana, que al estar distancias geográficamente del centro peninsular, se convirtieron en proyectos identitarios particulares del nuevo pastiche social americano/Occidental. En suma, la lucha ideológica durante la Conquista y la Colonia fue un asunto que se dirimía entre colonizadores. Fue una lucha feroz en la cual España enfrentaba sus determinaciones filosóficas emanadas, por un lado, de una reaparición de un feudalismo medieval, y por otro, del Renacimiento humanista. Discursos de dominación y denuncia se enfrentarían en estas arenas filosóficas de origen geoideológico común. Por tanto, la historia construida por medio de Vosotros, los habitantes de esta Nueva España, que sois mexicanos tlaxcaltecas, y los que habitáis en la tierra de Mechuacan, y todos los demás indios, de estas Indias Occidentales, sabed: que todos habéis vivido en grandes tinieblas de infidelidad e idolatría en que os dejaron vuestros antepasados, como está claro por vuestras escrituras y pinturas y ritos idolátricos es que habéis vivido hasta ahora. Pues oíd ahora con atención, y atended con diligencia la misericordia que Nuestro Señor os ha hecho, por su sola creencia, en que os ha enviado la lumbre de la fe católica, para que conozcáis que Él sólo es verdadero Dios, Creador y Redentor, el cual sólo rige todo el mundo; y sabed, que los errores en que habéis vivido todo el tiempo pasado, os tiene ciegos y engañados; y para que entendáis la luz que os ha venido, conviene que creáis y con toda voluntad recibáis lo que aquí está escrito, que son palabras de Dios, las cuales os envía vuestro rey y señor que está en España y el vicario de Dios, Santo Padre, que está en Roma, y esto es para que nos escapéis de las manos del diablo en que habéis vivido hasta ahora, y vayáis a reinar con Dios en el cielo (p. 30).
161 estas crónicas reconocía al indígena como elemento central del debate, pero no así a su agencia/resistencia emanada de su propia condición. 2. Subversión subjetivada: la construcción del sujeto indígena a partir de su defensa y testimonio. Como se ha establecido en la sección anterior, la relación de hechos de la Conquista de América fue ante todo una lucha de poder en la arena ideológica europea. La devastación, la explotación y el exterminio de las culturas indígenas provocaría sentimientos disímiles que justificaban dicha devastación o criticaban la barbarie que se estaba llevando a cabo. El resultado de ello fue la alienación de la resistencia indígena: la agencia ab(origen) era reconocida en el discurso ideológico de los dominadores sólo por medio de la defensa que estos últimos podrían establecer. Cualquier acto de sublevación fuera de este ámbito pasaba a ser un hecho anecdótico en la construcción de la historia eurocéntrica de la Conquista, el cual no tenía fuerza política fáctica. Este tipo de defensa produciría la base de lo que posteriormente sería definido como indigenismo: la valoración, el estudio y la protección de los pueblos indios que forman parte del sistema de naciones que produciría la Colonia. Es decir, esta defensa no significa el derecho a la autodeterminación de estos pueblos, sino que éstos son protegidos en tanto que pertenecen a un sistema nacional que los envuelve. Dicho de otra manera: El pueblo ab(origen) ya no es soberano de sí mismo, sino que como cultura ha sido incluida en el espectro totalizador de la nación. Su valoración es la defensa misma de uno de los elementos fundacionales de la nación, pero su autodeterminación es una ofensa a la misma: el manto proteccionista del discurso indigenista sólo es válido dentro de la nación, y por tanto, determinado por el discurso hegemónico que comienza con la Colonia y se extiende hasta nuestros días. Esta defensa indigenista/externa desataría una serie de dinámicas de representación de las culturas ab(orígenes). Veamos por ejemplo a La brevvísima relación de la destruyción de las Indias de Fray Bartolomé de Las Casas (1985) y la compilación de crónicas indígenas hecha en Visión de los Vencidos de Miguel León-Portilla (1985), textos que –se podría decircaben dentro de esa categoría que hemos llamado crónica indigenista. No obstante, es preciso hacer una salvedad: este ensayo no pretende regatear el poder subversivo de ambos textos, ni mucho menos cuestionar su gran valor crítico e histórico. Como se ha dicho en párrafos anteriores, este tipo de crónicas no pueden separarse de su determinación ideológica que incluso alienan al sujeto indígena de su propia resistencia histórica: Por un lado, el discurso lascasiano valora al indígena sólo en tanto que puede re-fundarse en él al cristianismo, es decir, el indígena es aquel “hombre nuevo”, por tanto pre-histórico, que debe ser defendido –y redimido de su paganismopara ser incorporado al reino de Dios. Así pues, como hombre de su tiempo, Las Casas defiende al indígena por medio de la única arma que tenía: su doctrina teo-política. Las Casas emprendió una férrea La Visión de los vencidos y la Brevissima relación
162 Sección Selecta lucha en contra de los excesos y abusos a los que eran sujetos los indígenas por parte de los conquistadores, y utilizó su propia fe como herramienta de denuncia. Es por ello que sólo podía defender al indígena a través de la renuncia de este último a su propia condición cultural, es decir, la conversión doctrinal era, para Las Casas, la única forma de salvación –espiritual y materiala la que podían acceder estos pueblos. Del mismo espectro ideológico del que se derivaba su opresión, también emanaba su defensa: en cualquiera de los casos se violentaba su propia particularidad cultural. Por otro lado, varias de las crónicas compiladas en la Visión de los vencidos fueron auspiciadas por el centro de poder colonial (político y religioso), y por tanto, relatadas bajo la mirada vigilante –y editorade los impulsores de estos proyectos. Por tanto, fueron escritas contextualizadamente por la distancia histórica, pero sobretodo doctrinal, de los indígenas conversos o aliados que relataban estos hechos por disposición eclesiástica o, en algunos casos, a petición de los propios conquistadores3. Esta Visión de los vencidos narra la destrucción de una civilización de la que sólo quedan despojos, es decir, muestran la caída de un gran pueblo que fundó a una nación, pero cuya grandeza es sólo un recuerdo. Esta amargura de la tragedia indígena parecería establecer que la época del Quinto Sol es un ocaso, que el esplendor es cosa del pasado, un ciclo cerrado que sólo deja espacio a la nostalgia para los indígenas del presente (a los cuales no se les dejaría otra opción que unirse al proyecto nacional). Esa desolación psicosocial quedaría plasmada en no pocos icnocuícatl, o cantos tristes, que fueron escritos por indígenas sobrevivientes a la Conquista, donde queda latente un trauma histórico que construiría imaginarios de representación indígena –i.e. el “indio” nostálgico al que se le hurtó su jerarquía históricadonde la derrota definiría la tristeza y desolación con la que han sido determinados en la discursividad nacional mexicana: Y todo esto paso con nosotros. Nosotros lo vimos, nosotros lo admiramos. Con esta lamentosa y triste suerte nos vimos angustiados. (p. 166) En el caso de la Brevvísima Relación, existe una construcción del mundo indígena que nace de una óptica judeocristiana bastante sui generis. Fray Bartolomé de Las Casas fue quien, en muchos sentidos, le cambiaría la cara 3 Es muy importante aclarar que este argumento va dirigido sólo a las crónicas auspiciadas por las órdenes religiosas y cronistas coloniales. La compilación que hace León-Portilla incluye algunas fuentes que se podrían considerar originales, es decir, un grupo de relatos y expresiones culturales que fueron hechos por iniciativa exclusivamente indígena. Desafortunadamente son las menos, ya que la acción bélica y catequizadora devastó numerosos y valiosísimos testimonios no solo de la Conquista, sino de la propia historia de estos pueblos: un desafortunado etnocidio. Así pues, se podrían excluir de esta categoría textos como la relación anónima del Manuscrito de Tlateloco de 1528 y los Cantos Tristes o icnocuícatl, obras originales (i.e. no auspiciadas) que resultaron ser verdaderas sobrevivientes culturales de la destrucción emprendida por los popolocas: los “bárbaros europeos”.
169 La Visión de los vencidos y la Brevissima relación Bibliografía. esta muerto, el traidor que sobrevivió, la víctima que fue oprimida, el derrotado que se resignó… Ello dejaría mucho espacio a la construcción de mitos en la identidad nacional. Esa lección fue y es peligrosísima y reductiva de la condición del indígena sobreviviente –e incluso del sujeto mestizo construido por medio de los discursos de identidadsobretodo cuando se insiste en desentrañar los males endémicos del indígena (e incluso del mexicano) por medio de la muy estereotipada perspectiva de una élite con mentalidad colonial, que sigue reproduciendo estas dinámicas de representación. Sin embargo, esta tragedia histórica puede ser interpretada al contrario, como un documento que nos dice mucho de lo que es el indígena y el mexicano mismo al que le sobrevive su propia ab(originalidad): más allá de las metáforas, el estilo narrativo de esos individuos vive como parte de la identidad de la cual también fueron creadores, y la Visión de los vencidos, bien puede ser la Visión de los sobrevivientes. Así pues, tanto la Brevvísima Relación como las crónicas compiladas por León-Portilla, muestran una perspectiva similar alrededor de la desgracia que significó la Conquista para esos pueblos. Sin embargo, ambos difieren en el tipo de sujeto indígena que construyen. Las Casas habla con una gran congoja y furia en contra de aquellos conquistadores y encomenderos que mantienen al indígena cercado, en peligro de extinción. El reproche contra sus compatriotas es que son ciegos ante el hecho de que los “indios” son la esperanza misma de la reconstrucción española y de la doctrina católica, por lo que ello debe de ser detenido de inmediato. La Visión de los vencidos, por su lado, narra aquel indígena que peleó hasta el último momento y que fue dolorosamente derrotado. Es un indígena que llora su grandeza extinta (en el caso de las crónicas escritas por los mexicas sobrevivientes) o que incluso reconoce esa misma grandeza de su otrora opresor (en el caso de aquellas escritas por los tlaxcaltecas). En ambos casos, es una historia muerta, por lo que el presente y el futuro de esos indígenas es incierto ante la vorágine que provocó la invasión europea en sus vidas públicas y privadas. Pero es también la imagen de un indígena que deja testimonio de lo que fue, por lo que sus raíces serán más poderosas que cualquier devastación. A ellas se aferrará para no olvidar quién es y no quién le dijeron que fuera. Alcina, J. (1985) Introducción. En J. Alcina (Ed.), Bartolomé de Las Casas. Obra indigenista (pp. 7-59). Madrid: Alianza Editorial. Brading, D.A. (1984) Prophecy and myth in mexican history. Cambridge: Centre of Latin American Studies University of Cambridge. Colón, C. (1989) Primer viaje de Cristóbal Colón cuando descubrió las Indias. En C. Varela (Ed.) Fray Bartolomé de Las Casas Obras Completas: 14. Diario del primer y tercer viaje de Cristóbal Colón. Madrid: Alianza. Cortés, H. (1985) Cartas de relación. En M. Hernández (Ed.), Hernán Cortés. Cartas de relación. Madrid: Historia 16. Díaz del Castillo, Bernal, (1986) Historia verdadera de la conquista de la Nueva España 14ª. ed. Mexico : Editorial Porrúa. ■ ■ ■ ■ ■
170 Sección Selecta Dussel, E. (2001) Beyond Eurocentrism: The World-System and the Limits of Modernity. In F. Jameson and M. Miyoshi (Eds.). The Cultures of Globalization. Durham: Duke University Press. Hernández, M. (1985) Introducción. En M. Hernández (Ed.), Hernán Cortés. Cartas de relación (pp. 7-32). Madrid: Historia 16. Fernández de Oviedo, G. (1950) Sumario de la natural historia de las Indias. México: Fondo de Cultura Económica. Foucault, M. (1973). The order of things; an archaeology of the human sciences. New York: Vintage Books. Gratz, M. (Ed.) (2001) La Malinche, sus padres y sus hijos. Mexico: Taurus. Las Casas, B. (1985) Brevíssima relación de la destruyción de las Indias. En J. Alcina (Ed.), Bartolomé de Las Casas Obra indigenista (pp. 61-162). Madrid: Alianza Editorial. León Portilla, M. (1985) Crónicas indígenas: visión de los vencidos. Madrid: Historia 16. López de Gómara, Francisco (1979) Historia general de las Indias y vida de Hernán Cortés. Caracas, Venezuela: Biblioteca Ayacucho. Montaigne, M. (1935) Of Cannibals. In E. J. Trechmann (Trans.), The essays of Montaigne, 1533 – 1592. London: Oxford University Press. Muthu, S. (2003) Enlightenment against empire. Princeton and Oxford: Princeton University Press. O’Gorman, E. (1958). La invención de América; el universalismo de la cultura de Occidente. México: Fondo de Cultura Económica. Sepúlveda, J. G. (1951) Demócrates Segundo o de las justas causas de la guerra contra los indios. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto Francisco de Vitoria. Sierra, J. (1977) Evolución política del pueblo mexicano. Caracas: Biblioteca Ayacucho. Villoro, L. (1950) Los grandes momentos del indigenismo en México. México: El Colegio de México. White, H. (1985) Tropics of discourse. Essays in cultural criticism. London: John Hopkins. Wright, R. (2003) Stolen continents. Conquest and resistance in the Americas. Toronto: Penguin. Zea, L. (1976) El Pensamiento Latinoamericano. México: Ariel Seix Barral ■ ■ ■ ■ ■ ■ ■ ■ ■ ■ ■ ■ ■ ■ ■ ■ ■