scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Ciudad de México: apropiación simbólica del Centro Comercial Santa Fe

Bellon, Elizabeth; Cornejo Portugal, Inés

Full text

PUNTOS DE PARTIDA Los antecedentes del presente estudio se fueron construyendo desde hace más de cinco años, con aproximaciones exploratorias en Plaza Universidad y Plaza Satélite, cuyos resultados ya se publicaron4. A partir de los hallazgos de dichas investigaciones se formuló una nueva propuesta de trabajo, en donde se retomaron tanto las reflexiones teóricas de los primeros acercamientos como el uso de herramientas metodológicas que permiten cercar de mejor manera este fragmento de realidad. En el presente documento se pone en común el marco conceptual que hasta ahora ha conducido la exploración, así como una interpretación de los primeros datos empíricos obtenidos a partir de tres instrumentos: la entrevista, la encuesta y la observación etnográfica. Aunque la información es valiosa, esta lectura inaugural traza las rutas a seguir respecto de una comprensión a mayor profundidad5. 1Este trabajo forma parte de una investigación mayor que se ha venido desarrollando desde noviembre de 1999 con el apoyo del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA), Programa de Fomento a Proyectos y Coinversiones Culturales, así como por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), modalidad Investigador Independiente. Agradecemos a Gerardo Novo y Rafael Torres, becarios del CONACYT, quienes también participan en esta investigación. 2Profesora-investigadora de tiempo completo, Universidad Iberoamericana, investigadora responsable. 3Universidad Iberoamericana, investigadora asociada. 4Urteaga, Maritza y Cornejo, Inés: «La privatización afectiva de los espacios comerciales por las y los jóvenes», Ciudades, nº 27, México, Red Nacional de Investigación Urbana, SEP/UAM-Iztapalapa, julio-septiembre 1995, pp. 24-28. Cornejo Portugal, Inés: «Los espacios comerciales: ámbitos para el contacto juvenil urbano» y «Plaza Universidad: ¿“estar” en un centro comercial es una manera de “hacer” ciudad?», en Sevilla, Amparo; Aguilar, Miguel Angel y Vergara, Abilio (coords.), La ciudad a través de sus lugares. Trece ventanas etnográficas para una metrópoli, UAM-Iztapalapa/Porrúa, 2001. Cornejo Portugal, Inés: «Los centros comerciales como territorios juveniles urbanos», La juventud en la Ciudad de México. Políticas, programas, retos y perspectivas, México, Gobierno del Distrito Federal, Dirección General de Equidad y Desarrollo Social, Dirección de Programas de Apoyo para la Juventud, 2000, pp. 127-134. 5Hasta la fecha, se han realizado siete entrevistas semiestructuradas, 18 sesiones de observación etnográfica y una encuesta a 220 asistentes asiduos a CSF. Ciudad de México: Apropiación simbólica del Centro Comercial Santa Fe1 Inés Cornejo Portugal2y Elizabeth Bellon3 Universidad Iberoamericana (México) 96 INÉS CORNEJO PORTUGAL Y ELIZABETH BELLÓN Si bien en anteriores prospecciones se observó el sentido que los jóvenes otorgan al centro comercial (Urteaga y Cornejo, 1995), el propósito de esta investigación es indagar las prácticas culturales de apropiación simbólica que diferentes personas/consumidores realizan en un macrocentro comercial en la Ciudad de México, estudiando Centro Santa Fe (CSF). De forma operativa, entendemos a las prácticas culturales de apropiación simbólica como el conjunto de comportamientos, acciones, gestos, enunciados, expresiones y conversaciones portadoras de un sentido, en virtud de los cuales los individuos se comunican entre sí y comparten espacios, experiencias, representaciones y creencias (Thompson, 1993). Según diversos análisis sobre el tema en los centros comerciales concurren las dos dimensiones del consumo: la mercantil y la simbólica. Desde la dimensión simbólica las personas trascienden el ámbito mercantil a través de las prácticas culturales de apropiación que realizan en estos espacios comerciales. Esta línea de trabajo es abordada en el análisis, pero sin dejar de reconocer la presencia del consumo material, aunque dicho ámbito no será problematizado como parte del objeto de estudio. El objetivo general es analizar cómo las prácticas culturales, colectivas o individuales, de apropiación simbólica del centro comercial podrían ser una de las formas de desplegar, edificar o inscribir la pertenencia a la ciudad. Nos preguntamos si «estar» de manera persistente en CSF podría proveer de claves de pertenencia, pero también de diferenciación, a un particular estilo de vida. Nos interrogamos sobre cómo diversas personas/consumidores de distintos géneros, grupos sociales y etarios, construyen, despliegan o reformulan, día con día, en determinados contextos socioculturales y en ciertos lugares, claves de pertenencia urbana. 1. DE PLAZAS A MACROCENTROS Adiferencia de plazas comerciales como Plaza Universidad en 1969 y Plaza Satélite en 1971, las cuales surgieron asociadas a la idea de plaza pública, como expresión de la emergencia y ampliación de nuevos sectores medios en una sociedad que se modernizaba6, los macrocentros comerciales que aparecen en la década de los ochenta en la Ciudad de México, presentan un concepto cosmopolita, interior y privado, en donde la oferta comercial se diversifica y se extiende, y es promovida especialmente por las franquicias internacionales. Entre ellos tenemos a Perisur (1981); Lomas Plaza (1988); Centro Coyoacán (1989); Pabellón Polanco (1990); Interlomas (1992); Perinorte (1992); Galerías Insurgentes (1993); Centro Santa Fe (1993); Moliére Dos22 (1997); Plaza Cucuilco (1997) y Mundo E (1998). Concebido en 1989 como un ambicioso proyecto, Centro Santa Fe se inaugura en noviembre de 1993 con una inversión inicial de unos 300 millones de dólares, teniendo como meta convertirse en el centro comercial más importante de la Ciudad de México, 6Para profundizar en el tema véase Ramírez Kuri, 1993, 1995; Urteaga y Cornejo, 1995; Molina, 1997. CIUDAD DE MÉXICO: APROPIACIÓN SIMBÓLICA DEL CENTRO COMERCIAL SANTA FE97 capaz de competir con cualquier mall de Estados Unidos, además de perfilarse como uno de los más sobresalientes en América Latina. Ubicado en avenida Vasco de Quiroga, colonia Antigua Mina La Totolapa, delegación Cuajimalpa, en un área de 225.000 m2y en terrenos donde hasta hace poco más de una década se hallaban tiraderos de basura, minas de arena y asentamientos irregulares, este centro inició operaciones cifrando sus expectativas en su vecindad con colonias cuyos habitantes se distinguen por un alto poder adquisitivo: Vista Hermosa, Contadero, Bosques de las Lomas, Lomas de Chapultepec o Tecamachalco. Luego de un difícil arranque debido a la crisis financiera de 1995, CSF levantó el vuelo el 26 de octubre del mismo año con la llegada de 14 salas cinematográficas de la empresa Cinemex; a mediados de 1997 ya contaba con el 85% de su área rentada y una afluencia mensual de 600.000 visitantes, cantidad a la que se fueron sumando paseantes provenientes de ciudades cercanas a la capital del país –que conforman el llamado cinturón megalopolitano–: Toluca, Cuernavaca, Puebla, Tlaxcala y Querétaro e, incluso, del extranjero. Con un costo promedio en renta de 35 a 40 dólares metro cuadrado, una ocupación del 100% y una afluencia diaria de unos 23.000 visitantes, CSF intenta ampliar sus fronteras. En la actualidad, más de 300 locales comerciales, 14 salas de cine, 12 restaurantes, 21 locales de comida rápida, nueve bancos, cuatro «tiendas ancla», Sport City –centro deportivo–, Golf Range Santa Fe –campo de práctica– y la Ciudad de los Niños –sitio de entretenimiento infantil–, no parecen satisfacer los deseos ni de empresarios ni de consumidores. Por ello, en años venideros se prevé construir un hotel categoría gran turismo, una torre corporativa y, quizá, una discoteca. 2. CENTRO COMERCIAL: MÁS ALLÁ DE ESTEREOTIPOS7 Descripciones topográficas y metáforas múltiples en torno al centro comercial como nuevo espacio de socialidad se reiteran: «micro-ciudad», «nave espacial», «vientre femenino», «objeto-monumento», «cápsula-confort», «localidad fortificada», «templo del consumo», «universo del engaño»… Pese a estas denominaciones, existe ya cierto consenso entre quienes han investigado la vivencia del centro comercial por parte de los ciudadanos. Para la mayoría, dicha perspectiva trasciende la dimensión mercantil para situarse en la simbólica8. 7Algunos investigadores que han estudiado los centros comerciales en la ciudad de México desde la perspectiva del urbanismo, la arquitectura o la administración (Rubenstein, 1978; Zurita, 1985; Antún y Muñoz, 1992; Muñoz, 1997; Marcuschamer y Ulloa, 1997; López Levi, 1999), así como aquellos que se han aproximado a este objeto desde la perspectiva culturalista anglosajona (Fiske, 1989; Morris, 1993; Williams, 1993; Griswold,1994; Brummet, 1997; Rifkin, 2000), registran importantes aportes que no serán considerados en este artículo sino en un análisis posterior. 8Cfr. Ramírez Kuri, Patricia (1993, 1995, 1998); Monnet, Jérôme (1996); Capron, Guénola (1997, 1998); Medina, Federico (1997); Molina, Dolores (1997); Muñoz, Rafael (1998); López Levi, Liliana (1999); Miller, Daniel y Hiernaux, Daniel (2000). En este trabajo retomamos las categorías de «frecuentación» y «vitrineo» trabajadas por Monnet y Molina, respectivamente. 98 INÉS CORNEJO PORTUGAL Y ELIZABETH BELLÓN De acuerdo con D. Hiernaux las funciones lúdicas pueden regresar a los centros comerciales bajo la forma de actividades de paga, pero que no se remiten sólo a la compra de objetos, sino de servicios. La presencia de cines, cibercafés, salas de juegos electrónicos, restaurantes, cafés o áreas de comida rápida, entre otros, han provocado un reforzamiento de la función de socialización de los individuos (Hiernaux, 2000, p. 16). La recuperación de los centros de las ciudades o de espacios degradados, antes de uso industrial, aliada al deseo de ciudad de cierto tipo de clase media, induce una recuperación o nueva construcción de espacios comerciales-recreativos de gran éxito (Hiernaux, 2000, pp. 17-18). Para D. Miller, las compras no se conciben como un acto individualista o individualizante relacionado con la subjetividad del comprador, más bien se dirigen hacia dos formas de «otredad»: la primera expresa una relación entre el comprador y otro individuo particular, como un hijo o compañero, ya sea presente, deseado o imaginario; la segunda es una relación con una meta más general que trasciende cualquier utilidad inmediata y se concibe como cosmológica por el hecho de que no asume la forma de sujeto ni de objeto, sino de los valores deseados por la gente (Miller, 1999, p. 28). Las compras pueden ser una práctica ritual, apoyándose en una lógica de sacrificio de sujetos que desean. El sacrificio se basa en ritos que transforman el consumo en devoción. Al final, las compras desempeñan la labor de constituir tanto la inmediatez como la dinámica de relaciones de amor específicas. (Miller, 1999, p. 188). Más allá de su función generadora de actividad económica, P. Ramírez Kuri sostiene que los centros comerciales, espacios privados de uso colectivo, influyen en el desarrollo de conductas culturales asociadas al consumo, transcienden límites político-administrativos y trazan límites socioculturales. Al incorporarse al entorno urbano, satisfacen necesidades de consumo ya existentes e impulsan el surgimiento de otras nuevas, acordes a los estilos de vida e intereses de las poblaciones que convocan. Analizar el uso que la gente hace de los centros comerciales como lugares semipúblicos de reunión y encuentro, asociado a los distintos significados que tienen para sus usuarios, permite acercarse al problema de la segmentación socioespacial del entorno local en el que se inscriben (Ramírez Kuri,1998, p. 363). Ante la falsa vivencia de la homogeneidad y el desconocimiento de las barreras simbólicas, F. Medina recuerda que en la nueva espacialidad urbana los centros comerciales son espacios restringidos y en su interior operan procesos sutiles de segregación o de exclusión. El centro comercial permite el espectáculo de diferencias. El consumo es una forma de resaltar en las sociedades democráticas, basadas en la premisa de la igualdad natural entre los hombres, las diferencias sociales (Medina, 1997, pp. 124-126). Para G. Caprón, el shopping center ha sido percibido como un símbolo urbano de los cambios que ha experimentado la ciudad y de la integración a una sociedad-mundo. El comercio, antes de significar una forma de intercambio comercial y el lugar físico donde se efectúa, designa la manera de comportarse en sociedad así como las relaciones que de ese modo se establecen (Caprón, 1997, p. 1). CIUDAD DE MÉXICO: APROPIACIÓN SIMBÓLICA DEL CENTRO COMERCIAL SANTA FE99 Como espacio público, es decir, como lugar de experiencia de alteridad, de exposición de sí mismo a la mirada del otro, los centros comerciales constituyen lugares de intermediación en la relación público/privado. La ciudad está compuesta por espacios de status variados, a veces mal definidos, donde los usos públicos y privados se entremezclan estrechamente. El comercio, como espacio público o semi-público, representa entonces un elemento esencial de la identidad urbana (Caprón, 1997). El comercio, como elemento del paisaje mental de los ciudadanos, ha sido subestudiado, asevera J. Monnet. Este es significativo de las modalidades de relación social en la ciudad porque es uno de los elementos regulatorios de las relaciones entre lo público y lo privado. En los shopping centers o centres commerciaux prevalece la publicización del espacio privado, es decir, la presencia de lo público en el espacio privado (Monnet, 1996). En suma, el centro comercial podría ser una de las vitrinas más apeladas para vivir e imaginar el espacio urbano. Reconocerse como parte de determinado entorno, apropiarse simbólicamente de una parcela de la ciudad, constituye una forma de desplegar emocional y significativamente claves de pertenencia ciudadana en donde lo público y lo privado se mixturan. Quienes de manera persistente acuden a un macrocentro podrían construir la ciudad, día con día, mediante sus encuentros, itinerarios, miradas, travesías, roces, disputas o exclusiones. «Estar» en el centro comercial podría ser una de las maneras de «hacer» ciudad. 3. CENTRO COMERCIAL: PUERTAS DE ACCESO Los desplazamientos marcados por los estudios más recientes que abordan la relación cultura-ciudad destacan la importancia de la dimensión empática y afectiva vivida en común, el aspecto cohesivo del compartir sentimental tanto de lugares como de valores por parte de las llamadas «tribus», así como la necesidad de los «otros» y lo «otro» en la construcción del espacio simbólico. En este sentido, consideramos que en la reflexión sobre la apropiación del espacio público por parte de los asistentes asiduos a CSF, la «territorialización», el «vitrineo» y la «socialidad», son ideas pertinentes para iluminar este fragmento de realidad. 3.1. Territorio: entre lo público y lo privado ¿Es Centro Santa Fe un lugar público o se trata de un espacio privado?, ¿se mixtura lo público y lo privado al «estar» en el centro comercial? Si bien para M. Maffesoli es claro el tránsito de lo público a lo privado respecto de la vivencia de ciertos lugares por parte de las personas que integran una tribu, para otros autores el deslinde es menos evidente y los enlaces entre lo público y lo privado se multiplican. Algunos oscilan entre la apropiación colectiva y el interés privado de los lugares (Giglia, 1995, p. 22); otros proponen construir nociones intermedias tales como semipúblico y semiprivado (García Canclini, 1996, p. 9; Ramírez, 1995, p. 48); 100 INÉS CORNEJO PORTUGAL Y ELIZABETH BELLÓN otros más aseguran, siguiendo el dualismo político-público y económico-privado, que un centro comercial es sin duda un espacio privado-privado (Monnet, 1996, p. 11). Conjeturamos, el centro comercial es un espacio de carácter público/mercantil que puede ser transformado en privado/simbólico. Con base en la noción de «frecuentación»9, suponemos que los asistentes asiduos lo transforman, de manera espontánea, siempre en relación con «lo otro» y «los otros», en espacio simbólico. El centro comercial será trastocado, por decirlo así, de «lugar anónimo» a «territorio», a partir de las prácticas culturales de apropiación de las personas/consumidores. «Estar» en el centro comercial no sólo sugiere el libre tránsito por determinado lugar público; se entiende el espacio no como lugar «dado» sino como territorio «construido». Siguiendo a G. Giménez, el territorio es el espacio apropiado y valorizado, instrumental y simbólicamente, por los grupos humanos. En el primer caso se enfatiza la relación utilitaria con el espacio –ventajas geopolíticas, explotación económica–; en el segundo se destaca el papel del territorio como espacio de sedimentación simbólicocultural, como objeto de inversiones estético-afectivas, o como soporte de identidades individuales y colectivas. El territorio es también objeto de operaciones simbólicas y una especie de pantalla sobre la cual diversos actores se «espejean» y proyectan sus concepciones del mundo (Jiménez, 2000, p. 24). Es a través de la «territorialización», de la apropiación simbólica de determinadas parcelas de la ciudad –la cual se concreta en la privatización afectiva de ciertos lugares públicos durante tiempos específicos–, que las personas reconocen e interactúan con sus pares y con los demás y, de manera hipotética, configuran comunidades emocionales, tribus o micro-colectividades. El centro comercial es un lugar público que las personas/consumidores trastocan en espacio simbólico, construyendo su pertenencia a un «estilo de vida»10 y vinculándose, de alguna manera, a la metrópoli contemporánea. 3.2. «Vitrineo» El consumo no es algo privado, atomizado o pasivo, sino social, correlativo y activo. Al consumir se piensa, se elige y se reelabora el sentido social. Cuando seleccionamos bienes y nos apropiamos de ellos, definimos lo que consideramos públicamente 9Según J. Monnet, «frecuentación» es una forma de apropiación que da un carácter privado o público al espacio, independientemente de su estatuto jurídico (Monnet, 1996, p. 11). 10 «Estilos de vida» es un concepto que utilizan varios autores. En este trabajo lo asumimos en sentido amplio, es decir, como «las distintas formas de vivir y ver la vida, que no pueden atribuirse exclusivamente a las categorías clásicas de edad, sexo, nivel de instrucción o clases sociales, porque no coinciden con ellas unívocamente» (Pérez de Guzmán, 1994, 131). En relación con la vida cotidiana, otros autores señalan que «es la forma personal como cada uno organiza su vida cotidiana y se le concibe asociada especialmente con el tiempo de ocio» (Fernández, 1994, p. 167; Ruiz Olabuénaga, 1992). Otros vinculan el «estilo de vida» con el consumo, para ellos «diferentes estilos de vida manifiestan diferentes modelos de consumo en referencia a idiosincrasias personales, condiciones de existencia, pero también, y sobre todo, a conjuntos de valores de diferenciación. Por eso cuando consumimos no sólo usamos productos o servicios, sino que asimilamos conductas, modelos y estructuras sociales». (Aierdi, 1994, p. 244). CIUDAD DE MÉXICO: APROPIACIÓN SIMBÓLICA DEL CENTRO COMERCIAL SANTA FE101 valioso, las maneras en que nos integramos y nos distinguimos de la sociedad, en que combinamos lo pragmático y lo disfrutable (García Canclini, 1995, p. 53). Es el conjunto de procesos socioculturales en que se realiza la apropiación y los usos de los productos, pero no como la mera posesión individual de objetos aislados, sino como la apropiación colectiva, en relaciones de solidaridad y distinción con otros, de bienes que dan satisfacciones biológicas y simbólicas que sirven para enviar y recibir mensajes (García Canclini, 1995, p. 53). El análisis detallado del consumo cultural, particularmente concebido como «vitrineo» 11 que realizan las personas/consumidores –consumo simbólico, visual no material, que se da al mirar aparadores, recorrer las calles, ver qué se encuentra (Molina, 1997, p. 24)–, nos permite avanzar en la comprensión de las diversas interacciones que suceden al interior del centro comercial. CSF podría ser un espacio de encuentro y comunicación entre diversos grupos/tribus, pero también de diferenciación entre ellos y los consumidores que, por ejemplo, circulan en otros centros comerciales de la ciudad. 3.3. La socialidad Entendida como forma lúdica de socialización (Maffesoli, 1988, p. 150), la socialidad nos permite reparar en cómo las personas/consumidores construyen estrategias –modos de relacionarse, vestirse, saludarse, platicar, vagar, circular– y disponen de objetos/productos de mediación para interactuar y comunicarse entre sí. Ante la superación del principio individualista, asistimos a la sustitución de un social racionalizado por una socialidad de predominio empático. Según M. Maffesoli, la socialidad es una sensibilidad colectiva que tiene poco que ver con el dominio económico-político que ha caracterizado a la modernidad; no se inscribe ya en una racionalidad orientada y finalizada, sino que se vive en el presente y se inscribe en un espacio dado (Maffesoli, 1998, pp. 37, 57-58). Se ha insistido tanto en la deshumanización, el desencanto del mundo moderno y la soledad que engendra, que casi no estamos ya en condiciones de ver las redes que se constituyen en él. Desde esta perspectiva, la coexistencia social como tal, la propensión a agruparse, la búsqueda de la compañía de quienes piensan y sienten como nosotros, el vaivén masa-tribu, es lo que constituye la socialidad (Maffesoli, 1988, pp. 37, 39, 133, 148). 11 Medina caracteriza a la vitrina como un «teatro de objetos», «set de película», «convención del encuadre-marco», «significante de demarcación», «frontera de dos realidades», «mediador», poseedora de «códigos estéticos y contenidos simbólicos», que presenta los «ciclos del mercado, estaciones o festividades» (Medina, 1997, pp. 120 y ss.). Molina, además de exponer algunas características de la vitrina («con temporalidad pero efímeras», «pantallas donde el receptor busca el reflejo de su propia imagen», «elemento mediador»), añade que «vitrinear» es un acto solitario, pero a la vez compartido (Molina, 1997, p. 109). Urteaga y Cornejo (1996) señalan que si bien el «vitrineo» no es la única práctica cultural y de apropiación que ocurre al interior del centro comercial, se destaca como una de las más importantes. 102 INÉS CORNEJO PORTUGAL Y ELIZABETH BELLÓN Lo lúdico sería eso que no se preocupa por ningún tipo de finalidad, de utilidad, de practicidad o de lo que se suele llamar «realidades». Estar juntos sin ocupación es un dato de base. El grupo inorganizado o tribu, tiende a restaurar la eficacia simbólica, el reencantamiento del mundo. La sociedad no se resume en una mecanicidad racional cualquiera, sino que vive y se organiza a través de encuentros, situaciones y experiencias en el seno de los distintos grupos al que pertenece cada persona (Maffesoli, 1988, pp. 148, 150, 162). Este tipo de agregación de carácter presentista –aquí y ahora–, requiere de la inscripción espacial que provea al grupo de una memoria colectiva para reconfortar y reforzar afectivamente a sus miembros. Los asistentes asiduos podrían servirse de CSF como lugar de encuentro afectivo, emocional y simbólico con los que, se supone, «son igual a ellos», para autoafirmarse y diferenciarse «espejeándose» y creando micro-colectividades de interacción genérica, de grupo social o etario. 3.4. «Estar» en un centro comercial es «hacer» ciudad Para aproximarnos al «estar» hemos estructurado las pautas de lectura siguientes: 1. «Estar» en el centro comercial es entendido como la asistencia asidua por parte de las personas/consumidores que concurren a este lugar para circular, vagar, comprar, vitrinear por los pasillos, locales comerciales, tiendas de departamentos, cafeterías o restaurantes. 2. Esta asistencia va marcando rutas, circuitos y lugares donde, de manera espontánea y natural, los visitantes asiduos despliegan claves simbólicas de pertenencia y diferenciación con quienes guardan características similares a las propias. Elaboran vínculos entre pares y establecen sutiles exclusiones con los ajenos, distintos y distantes (no es lo mismo ser continuo visitante de Plaza Universidad que observador accidental y temeroso de los escaparates de CSF). 3. «Estar» es también sentirse en compañía y, en cierta forma, protegido y resguardado en un espacio/territorio marcado por la afectividad. 4. El «vitrineo» les muestra o «espejea» quiénes son, quiénes no son y quiénes podrían ser. Amanera de exploración, nos acercamos al «hacer» anotando lo siguiente: 1. Se elaboran vínculos afectivos de carácter efímero que, de una u otra manera, fundan comunidad citadina o urbana. 2. El encuentro de personas/consumidores con los «iguales» y los «extraños» convoca representaciones frente a lo social. 3. Las personas/consumidores territorializan, fragmentan, demarcan espacios urbanos como escenario social de su pertenencia citadina. El centro comercial es «la ciudad», ellos pertenecen al «lugar» y el «lugar» les pertenece. CIUDAD DE MÉXICO: APROPIACIÓN SIMBÓLICA DEL CENTRO COMERCIAL SANTA FE103 «ESTAR» EN UN CENTRO COMERCIAL Tiempo Actores Representaciones Prácticas Frecuentación: Personas/Consumidores: Lugar afectivo Vitrinear Asistencia Mujeres-Hombres Sentirse en compañía Comprar asidua Jóvenes-Adultos Sentirse protegido Circular, vagar al centro Obreros-Empresarios y resguardado Ver qué se encuentra comercial Segmento alto, medio Reconocimiento «Ligar» o bajo Diferenciación Consumir Pertenencia citadina Territorializar En síntesis, en un primer movimiento analítico estudiamos cómo un espacio de intercambio mercantil puede ser trastocado en lugar marcado afectivamente a partir de las prácticas de apropiación simbólica de las personas/consumidores. En el segundo, examinamos cómo el lugar provee cierta carga significativa a las interacciones entre las personas, erigiéndose como «escenario» de reconocimiento y diferenciación de un particular estilo de vida. 4. INTERNÁNDOSE EN EL TERRITORIO 4.1. Descripción del entorno CSF se extiende en un área paralela a la avenida Vasco de Quiroga y la carretera de cuota a Toluca, al Poniente del Distrito Federal. La construcción de piedra roja que alberga este macrocentro es más larga que ancha y está rodeada por áreas de estacionamiento. Hay varias entradas, algunas conducen a los pasillos comunes y otras a las tiendas ancla: Liverpool, Sanborns, Sears y Palacio de Hierro. En las afueras se han asentado algunos comercios ambulantes. 4.2. Formas de llegada/salida La mayoría de las personas que visitan CSF arriban en automóvil. En el estacionamiento se observan vehículos de diversas clases –el modelo de la mayoría oscila entre 1990 y 2000–, tamaños y categorías, desde los extremadamente lujosos hasta los más económicos en el mercado nacional. Los autos más costosos se estacionan cerca del centro comercial, incluso en zonas destinadas exclusivamente a ascenso y descenso de personas. Muchos empleados y vendedores llegan en transporte público. La mayoría de los locales comerciales abre a las 11 de la mañana, por lo que a esa hora los microbuses lucen atestados. De Tacubaya salen algunas unidades a la zona de Santa Fe vía directa, donde además del centro comercial, se localizan las oficinas de importantes corporativos y la Universidad Iberoamericana. Esas corridas sólo se ofrecen por la mañana, desde las 7 a las 9 aproximadamente, y de nuevo de las 10 a las 11; las primeras son