Full text
VALORES: ¿SER O TENER? ARMANDO MENÉND EZ VISO Instituto de Filosofía -C.S.I.C. Resumen : Lo que aquí se presenta es un int ento de aclarar el signi fi cado de l té rmin o 'val ores ' en la filosofía de la ci en cia contemporánea. Para ello se separa el concepto clásico de valor, en sing ular, del actual con cept o de valores, en plura l. Se enti ende, pue s, que el conce pto de valores es re ciente, difer ente del clásico problema de l os econ omistas y que responde a ciertas necesidades nuevas. Tal separación es patente en el verbo que acompaña a cada uno de los conceptos: tener en el caso de l valor, ser en el caso de los valores. El autor muestra qu e afirmar de l os va lor es que son entidades aca rre a una serie de problemas y propone , p or tanto , una vuelta al uso de valores co n tene r. Asumir este uso · pose sivo· conlleva ciertos cambios en Ja manera de en focar la filosofía de la ciencia. Abstract: Th is paper att empts to clarify the significance of the word 'valu es ' to the conte mp orary philosophy of science. To achieve this, the classica l conc e pt of value (singular) is distinguished from t he today's concep t of val ues (plural). For it is ass umed that the concep t of values is a recen! one, diff ere nt from the classical problem of the economists, and deriv ed from the appraisal of new needs. Such a difference can be clearly se en through the verbs th at are used with each of the two concep ts: ' to have' in the case of 'value', 'to be' in the case of 'values'. The au thor sh ows the many problems that arise from cons id ering v alue s as entities and propases to recover the old use of va lues with 'to have'. This n ew • poss ess i ve perspectiveinduces sorne chang es in the way we should focus philosophy of scie nce. Todo el que se detenga a simpleme nte e num erar l os usos que hoy se le dan al térm in o 'valores' se sorprenderá de la extensi ón semántica que ese con cepto ha alcanzado. En la mayoría de los casos algu no de Jo s siguientes términ os pu ede ser perfecto sinónimo de valores: normas , intereses, fines, bienes, raz on es , virtudes. Todos ell os forman parte del vocabulario más jugoso de las disciplinas sociales (o hum anas), desde Ja eco nomía a Ja ét ica. ¿Có mo es posib le que hayan po di do ser ab so r1l r¡¡1m1etr1us de Ra zó n Tc!cnrca, W 5 (2002) pp. 223·238
224 ARMANDO MENÉNDEZ VISO bidos por un solo vocablo que resulta, por eso mismo pero no sólo por eso, tan difuso?1. La respuesta a esta pregu nta es larga y ex1gma una explicación histórica que no podemos acometer aquí. Sin e mbargo , esa cuestión nos remite a otras dos , una pos terior y otra previa, que concentrarán nuestra atención en estas páginas. La previa es: ¿cómo pueden los valores ser todas esas cosas cuando hasta el último tercio del s. XIX eran sim - plemente uno, valor (y no valores), que además no era sino que se tenía? O, de otra manera: ¿cómo han pa sado l os valores del tener al ser? La posterior: ¿qué papel t eó rico puede desempeñar ese tan amplio concepto de valores en el análisis filosófico y en particular en el de las ciencias? Para que algo sea un valor, es necesario que el valor sea también algo, es decir, un ob jeto. Para que al go tenga valor, no . En los embat es con temporá neos contra el caparazón del concepto se ha tendido a utilizar la ontología propuesta por Frege. Lo que no es ob jeto, es función. Sin duda ti ene esa ontología dualista paralelo en la de Lotze: el ser es, los valores valen. Analicemos rápidamente estas dos propuestas, que han condicio nad o gran parte de la literatura posterior sobre los valores. Quienes han tomado como punto de partida la propu esta fregeana han propendido a considerar el valor como una función. Una función, enten dida aquí en su sen tido matemático, puede ser definida como una ·regla matem ática en tre dos conjuntos que asigna a cada miembro del primero otro miembro del segundo •2. Una regla no es un objeto, salvo cuando designa, por metonimia, el artilugio que permite aplicarla (metonimia que no es anecdótica para nuestro propósito y sobre la que hemos de volver más adelan te). Bien, pero , ¿no es posible una defi nición más general, que no dependa tan estrec hamente de la teoría de Hay quien, como Ortega en su Introducción a una estimativa, sostiene que el Valor (así, co n ma yúscu la) ha estado oculto tras esos t ér mi nos más clásicos, en particular tr.is la i<lea de bien (p. 317). Esto, claro, es forzar la historia -forza r los textos, quiero decir, hasta fal si fi ca rlos. 2 Así lo hace la Real Academia Española en la vigésima pr imera edición de su Diccionario de la lengua española.
VALORES: ¿SER O TENE R! 225 conjunt os? Tal vez quien más ahínco y acierto ha puesto en la conte stación de es ta pregunta ha sido el pro pio Frege. Para él, lo que distin - gue a la función es su vacuidad, la necesidad de ser completada por un argumento para adquirir referencia. ·Me interesa señalar que el argumen to no forma parte de la funci ón, sino que constituye, junto con la función, un todo completo; pues la función , por sí sola, dehe denominarse incompleta, necesitada de com pl eme nto o no-saturada. Y és ta es la diferencia de pr incipio que hay entr e las funciones y los nú meros · .1 . Puestas así las cosas, parece que l os valores pueden asimilarse mejor a funciones que a objetos, ya que, en principio, han de pred i carse de algo o alguien, si se nos permite la clásica expresión. Cuando de algo o alguien decimos que tiene valor, podemos fácilmente asimilar ese alguien o algo al ar gumento fregeano y decidir, por tanto, que lo s val ores pert enecen a la clase de las funciones y no a la de los objetos . Mas, ¿no es más hien el valor el resultado de una funci ón (de uti - lidad, de be lleza, de pre cisión, ... )? Efect ivamente. El val or no es una función , sino lo que de ella se obt ie ne ; es el todo completo que fo rman función y argumento. Así lo entiende también Frege: · llamamos a aque llo en lo qu e se convierte la fun ción al ser completada por su arg umen to, el va lor de la función para este argumento. Así, por ejem - plo, 3 es el valor de la función 2 ·.r'+x par a el argume nto 1, puesto que tenemos 2·12+1=3·4. El valor es, según la onto logía fregeana, un núme - ro, un objeto, pu esto que lo que no es objeto es función y la función más su argumento no p uede ser a su vez una función5. Vistas las cosas de esta otra manera, parece muy lícito que se haya pasado de asignar valores a id entificarlos, de decir que las cosas tienen valor a proclamar que determinadas entidad es son valo re s -a pesar de que muchos de quienes dicen que los valores son propenden a considerarlos como funcion es-. Un valor es , pues, el resultado de un a med ida, un número. Pero qu eda p or explicar cómo un número, el valor en singular, ha ced ido su nombre a todo un conjunto de entidad es diversas. 3 Gottlob FR E GE : ·Funk tion und Begriff·, 1891. Trad. esp añola de J e~ ús Mosterín: ·Función y conce pto ., en Escritos filosóficos, Crítica, Barcelona 1996; p. 151. Véase ad emás .was ist eine Funktion?·, de 1904, recogido en la misma edic i ón española. Ambos tt!xtos pueden encontrarse también en edición alemana bajo el título Funktion , Begriff. Bedeutung. Fünf logiscbe Studien, Gün th er Patzig, Góttingen 1962, y en versi ón castella na como Estudios sobre se mántica , Ariel, Barcelona 1984. 4 Gottlob FREGE : ·Funkt ion und Begriff•, 1891. Trad. española de J esú' Mosterin: ·Función y concep to., en Escritos filosóficos, Critica, Barcelona 1996; p. 152. 5 Salvo que la función sea de varias variables y dejemos alguna por defi nir al sum inistrar el argumento.
226 ARMANDO MENÉNDEZ VISO II El uso actual del término valores es patentemente tropológico, pues se identifica -si es que no se confunde -lo que tiene valor co n el valor mismo. Así, cuando se dice que un hospital es un valor. Nos gus te o no - y no no s gusta -, este uso metonímico de valores supera ya al otro , más antiguo, asociado al verbo tener. El problema surge cuando se ignora ese carácter metonímico del uso y se fosilizan los valores, es decir, cuando el término se convierte en una metonimia inerte. ¿Es l egí timo este paso del tener al ser? Para re sponder a esta pregunt a vamos a tratar de explicitar las consec uencias que se derivan de este cambio de perspec tiva, cuya inercia dista mucho de resultar inofensiva. El valor tenido, el de lo que se usa y se intercambia , presta su nombre a los valores en un movimiento ideológico qu e coincide con otro histórico. Cuando Meinong trata de genera lizar el concepto de imputación o atribución (Zurecbnung6) que Menger y von Wieser introdujeron en su teoría marginalista, pone, como éstos, el acento en el sujeto y al obrar así abre el camino a la idealización de algo que hasta entonces se consid eraba objetivo por an t onomasia (aunque , desde luego, muy discutible): el valo r. Al ha ce r recaer el peso en el sujeto (y eso es lo que ha hecho toda la economía desde el marginalismo a travt:s de las preferencias, que se mantienen como un término inexplicado ), lo que tiene valor es lo agradable , lo útil, lo placentero , lo bello ... De ahí a que estos universales puedan ser designados como valores sólo hay un paso. Lo im putado no es lo mismo que el resultado de la imputación ni, por supuesto, que las condiciones de la imputación (entre .l as que se incluyen los intereses, las preferencias o las necesidades que la guían), pero se parece mucho. La teoría marginalista, gracias a la popularización de los result ados y del lenguaje de la economía, es seguramente la principal responsable de que lo que ella llamaba imputaciones se haya substantivado como valores o, lo que es eq uivalente, que las cuali dad es que justificaban la atribución de tal o cua l valor hayan tomado el nombre de su sost én. Parece que se olvida que el imputado ha de ser siempre ju zgado para ver si la imputación es justa y que el valor no es esa imputación, sino su co nsecuencia. En este sentido es en el que podemos decir que los va l ores simplemente valen y no son. Pero no el que ha tomado el dicho lotzeano. 6 No es irrelevante que Zurechnungfabigkeit haya llegado a designar en al emán la responsabilidad (como facultad) sobre la que hemos de volver más adelante.
VAi.ORES: ¿SER O TENER? 227 Si hemos de decir de ciertas entidades que son valores, es condi - ción indispensable dotar a estos últimos de cierta clase de exi stencia autónoma -aun cuando esa existencia, en la tradición que parte de Lotze, sea la de un valiente y no la de un ente. Nada podría ser propiamente un val or si la clase de los va lor es fuera vacía o si los val ores no tuvieran el mismo tipo de realidad (si se nos permite la expresión) que lo que se dice perteneciente a su clase . La tautología que encierra el condicional anteri or nos pone ya sobre la pista de una dificultad muy seria para la división ontológica lotzeana. Si el ser es y los valores va l en, ¿cómo es posible que un valor sea o, alternativamente, que un ser valga? Efectivamente, hemos estado desde el principio violando la lógica lotzeana, puesto que el valor no es, por tanto, tampoco objeto ni función. Sin em bargo, lo que vale es algo. La división lotzeana se anula a sí misma, es espuria, vana. Sus resultados se agotan en de c ir: lo que es, es; lo que vale, vale. Pu ede pensarse que está fuera de lugar preguntarse sobre el ser de los valores. Pero es que qu ienes hablan de valor es dicen que son y no sabrían decir qué. Lo cual no quiere decir que no se deba hablar de aquello que hoy se designa como valores. El espíritu que animaba a Lotze, Meínong y los demás p ad res de l conc epto a colocar los val ores en el núcleo de la labor filosófica era la defensa de un ámbito propio para la filosofía -lo mismo si se conside - raba que és ta se había visto reducida a la ética que si se pr etendía retomar los asuntos de una supuesta philosophia perennis--. Los va lores aparecieron en el último tercio del s. XIX como el reducto inexpugnable de la filosofía ante el impetuoso avance de las distintas ciencias. A la región de los valores no podrá nunca acceder como tal ciencia ma - temática alg un a. Este es el sent i do de la proclamación de Lotze, que se nos ha revelado ontológicamente inútil: más allá de lo que es hay algo sob re lo que las ciencias en curso no pueden establecer verdades , algo reservado, por tanto, al conocimiento de la filosofía -independientement e de que és ta pueda luego ser considerada como una cienci a peculiar por algunos (en particular desde la fenomenología). Pero la esfera de los valores, o de l valer, cuando se define como un reino ind epe ndiente, radicalmente distinto de cua l quier otro, siempre presentará un aspecto demasi ado parecido al del platónico r eino de las ideas. Nicolai Hartmann ha visto esto con total claridad: · Por lo que respecta a su mod o de ser, los valores son ideas platónícas•7• Ockham no nos En su Ethik , Wa l te r de Gruycer, Berlí n/Lcipz ig 1926; ca p. 16.
228 ARMANDO MENÉNDEZ VISO pcrm1tma transigir co n seme j ante figura. Y no transigimos. El caso es que , explícita o implícitamente, los valores son utilizados como idea l regulativo de las acciones, incluso como fun damen to de la ética, cuando no de la filosofía toda"; pare ce que los val ores son el motor, y no só lo la guardia o la inspiración, de cual qui er empresa , incluso l as bélicas, como cualquiera ha po dido cons tatar en los últimos meses. La hipóstasis de los valor es acarrea el peligro del absolutismo. Ef ectivamente, si los valores son cosas que están ahí , mantend rán re laciones independientemente de nosotros. Podrá uno mirarlos como mira a las estrellas y, aunque siempre quede la posibilidad de dibujar constelaciones diferentes, escaparán de nue stras manos. Inclu so quien, co mo Scheler, pretende dar una visión histórica, no definitiva ni universalmente necesaria, de los valores, no deja de trarar éstos como ideas pe r ennes que l uego , eso sí , gozan de distinto favor o atención según los t iempos. Si los valores son, dependemos pa ra estab l ecerlos de los ilu minados capaces de con temp larlos9. El argumento de au t or i dad , ya sea ésta de las elit es , de la tradición, de la mayoría de l os votos o de la potencia económica o militar que los propone (todos ellos receptor es y dadores de luz, o sea, iluminados) se convierte entonces en la única cla usura posible de la argumentación axiológica: esto es así porque lo digo yo, que lo puedo decir, y punto . En cambio, si los va lores se tienen, cabe una acción concorde que co nv iv a con una discusión no clausurada. ¿Por qué? Porque aquello que tiene val or sirve como límite al pluralismo sin elimi na rl o, ejerce el papel de un sistema de ecuaciones de tran sformación que permite trasl adar la valoración de un sistema de representación a otro sin que ambos se descalifiquen mutuamente y, sin embargo, tampoco se asimilen o se reduzcan uno a otro. III Para ensayar la virtud clarificante del verbo tener sobre los valor es , exp loraremos, igual que hemos h echo a nt eriormente con ser, las consecuencias co nceptual es de su u ti lización conjunta. Si los valores son, la discusión sob re ellos se mantendrá forzosamente, dígase lo que se diga, en un plano ideal - y, como hemos dicho, co n tende ncia al absoR Como ilustraci ón de este últi mo ext re mo puede ojearse la acrobática propuesta de Jo sé María Qu intana en La axiología como fundamentación de la filosofía, UNED, Madrid 2000. Y no quere m os dar aquí a 'ilumin ados' ningún se nti do peyora ti vo.
VALORES: ¿SER O TENER? 229 lutismo-. No ocurre así si se piensa que los valores se tienen. Entre ot ra s cosas porque se tienen ideas (aunque ca da vez menos), pero t ambién se tienen cuali dad es, normas, razones, v irtude s, intereses, fines, relaciones ... y, por su puesto , bienes. Es cierto que ese tener resulta muy tentador para el subjetivismo. Si algo o alguien tiene algo, es porque lo ha adquirido, se lo han dado o nació co n ello pero sin que ne cesar i ame nt e le afecte en su estructura. En la posesión interviene, por tant o, un sujeto (incl uso en el caso límite en el que se personalizan los valores como sujetos) que es el que realiza y com plica los juicios de valor y sobre valores. Pero este suje to es el único que puede explicar la mutabilidad de las atribuciones de valor. Utilizar el verho ten er permite dar cuenta de un a constatación difícilmente refutable: las valoraciones (los valores, desde la perspectiva entitativa) cambian de tiempo en tiempo, de región en región, de person a en persona. Aceptar este cambio no supone, sin embargo, dar vía libre al relativismo; antes bien , limita irremisiblemente su extensión. Efectivamente, cuando algo es un valo r, tiene que dejar de ser o mudar su esencia para dejar de ser tal va lor. Cuando algo tiene valor, puede, por el contrario, dejar de tenerlo sin cambiar un ápice. Al someter un determinado objeto (in concreto o in abstracto), como variable independiente , a una estimación -a una función-, ob tenemos uno o unos valores para el objeto. Así, hablar de valores objetivos (l os que •arroja· una función bien definida) sería , en cierto sent i do , una redundancia. Ahora bien , que 'o bjetivo' deba ser ent endido como epíteto cuando se refiere a valores, no ha e.le conducir a proclamar va lore s abso lutos; al contrario, cierra la puerta a toda absolutidad axiológica, pues los valores dependen , s iemp re y entre otras cosas, de la función que los arroja. Javier Echeverría ha tratado , aunque sin demasiado eco, de distinguir estas funciones de los valores obtenidos mediante ellas denominándolas axione s. El término no ha caído en gracia, pero la distinción que señala no resulta vana. Cuando se dice que, por ejemplo, lengua propia tiene un valor, se admite que lo tiene en virtud de algo; un parámetro, quizás, cuyos diferentes va lores hacen que la mis - ma función arro je distintas med i das de esa lengua sin que ésta cambie. Si se afirma, por el contrario, que la lengua propia es un valor, sólo hay d os formas de discutir acer ca de ella: o se niega su definición o la capaci dad del sujeto que cuestiona su consideración como valor. Decir de algo que es un valor sólo admite dos reacciones: en contra y a favor. Decir que al go tiene valor ya permite, de entrada, establecer gra-
230 ARMANDO MENf:NDEZ VISO dos. Y esto antes de entrar a discutir si los valores pueden determinarse objetivamente o no. El uso de valores con tener proporciona una per spectiva amplia, diversa y a la vez delimitada, cosa que no ocurre con los valores que son. Desaparecen lo s motivos de imposición un il at eral a la par que se impide que todo discurso desaforado pueda considerarse racional. Mientras el uso entitativo de l os valores aspira solamente a fundar idealmente el •conocimiento moral·, para decirlo con Brentano, el uso posesivo permite un mayor número de empl eos en economía, en matemáticas, en psicología y, por supuesto , también en ética y en filosofía de la ciencia. En el uso conte mpor áneo, entitativo, de los valores, éstos están ya dados (aunque no de la misma manera), mientras que en el previo sólo surgen en el seno de una estructura social. Pero llevados al extre mo , estos dos usos tienen consecuencias paradójica s. El tradicional, por vía del marginalismo, acaba negando todo valor de las cosas en sí o, por decirlo con Moore, el valor intrínseco. Y así no es difícil que , posteriormente, se haya comenzado a hablar de los valores hipostáticamente, como si fueran independientes de los objetos -aunque, claro, no tienen por qué ser abso luto s, puesto que las pr eferencias, las modas , los intereses, ... pued en camb iar su orden (su orden, no su naturalez a) según un movimiento que ni siquiera es aleatorio, sino solamente caprichoso-. No debe olvidarse que los valores pueden ser siempre ordenados en una escala, generalmente continua. Los valores son grados; grados de virtud es (precisión, verdad, belleza, ... ). Por eso ha surgido el concepto en el ambiente dominado por la ideología positivista y contra ella. Pa ra es ta ideo logía no basta con ser prudente, no es suficiente la mesura: hay que obtener la medida numérica, incluso de l riesgo. La aritmética política, la teoría de j uegos o la probab ilidad nacen de esta intención. Mas las cuestiones de valores no son cuestiones dicotómicas -por más que se haya dicho hasta la saciedad que cada valor tiene su ·contravalor., y cosas por el estilo-: son cuestiones de grado. Y a me - nudo son difusas. Por eso su resolución nunca es definitiva. Por eso requieren algo más que ciencia. IV ¿En qué se traduce esto para los filósofos de la ciencia y para los científicos? Pu es en lo mismo que para todo hombre que actúa: en la
VALORES: ¿SER O TENER? 231 necesidad de la prudencia y en la flexibilidad (aunque no infinita ni cualqu i era) de las ideas nacidas de la propia actividad prudencial. Si las cosas tienen valor, las ciencias tienen mucho que decir sobre los valor es que pueden serles atrib uid os. En cambio, si las cosas son valores (si hay cosas que son valores), e ntonce s la filosofía pu ede aportar directamente su estimativa1 º. No obstante, si las cosas tienen valor, a la filosofía le queda un terreno mucho más fértil que si consideramos que hay un r eino de val ores (sean éstos eter nos y absolu tos o mudables y relativos, sie mpre que estén ahí en su reino). Si insisti mos en defender que el campo del valer es diferente del ser, es decir, si asumimos que axiología y ontología no ti en en n ada en común, entonces no podemos hablar de ciencia y valores. En ese caso, tenemos que hac er como tantos otros, de Weber a García Morente, y defender con uña s y dientes la We11freiheit de las ciencias -que es la manera de guardar para la filosofía todo di scurso significativo acerca de los valores y no sólo, ni principalmente, de salvaguardar la v irtud de las ciencias. Cuando Ja Wertfreiheit se niega, entonces también se está impidiendo hablar de valores sin hablar de ciencias. He aquí qu e nos encontramos en un momento en que no se par a de hablar de valores pero como algo contrapuesto a las ciencias y las tecnologías. La tarea de l filósofo de la ciencia es hablar de e ll os teniendo en cuenta los resultados de las ciencias (no só lo los teóricos) y dándolos por hechos. Lo s posibles conflictos entre ciencias y valores no son ta le s. Al fin y al cabo no se opta entre valores, sino entre objetos (acciones, teorías, etc.) que tienen (o satis/ acen) determinados valores. Los problemas de elección, ya sea ésta política, científica o moral, responden má s bien a conflictos entre indi - viduos. Hay que recuperar la di mensión individual en la interpretación de lo que aco ntece. La mayoría de las cosas no pasan simplemente, sino que son hechas por alguien y par a al go. El por puede ser ajeno a la filosofía (no a las ciencias humana s: la historia, la psicología, la sociología, Ja eco nom ía), pero el para , en ningún caso. Que la historia no tenga fin ni el universo sentido no e limin a los fines y sentidos de las acci ones que los van co nformando (a la historia y al entorno). Si se 10 • ... aun cuando el bi en nunca hubiera •valido· como ·bueno·, sería, no obstante, bueno. El empi rismo ye rr a aquí, no porque - como manifiesta Kantnunca se pueda ·desprender• el deber del ser, sino porque el ser de los valores no puede nunca deducirse de forma alguna d el ser real -sea esta for ma las acciones reales, los juicios o las vivencias del debery porque sus cua li dades y conexiones son independ i entes de ese ser real·, dice SCHELER en D er Formalismus in der Etb ik un d die materiale Wertetbik según la traducción de H. Rodríguez Sam: parn Re vista de Occidente, publicada en Buenos Aires en 1948.
238 ARMANDO MENÉNDEZ VISO un lado , la presentación de las id eas científicas en ella y su influencia mutua tienen l ugar dentro del proceso educativo . Puesto que son esos tres los grandes centros de inter és del filósofo de las ciencias, ha de serlo también la educación, y no só lo como proceso individual, si no como ámbito de formación de las valoraciones colectivas de otros ámbitos y las de las ciencias mismas en mutua interferencia. Volvamos al nominalismo: las cosas no son valores; adq uieren val or en el seno de estructuras complejas ( que es imposible analizar aquí). Por lo demás, proponer el abandono de un uso cons agrado siempre puede aparentar cierta arrogancia, pero en este caso no es más que pulcritud; la pulcritud que todo análisis de idea s y concept os requiere.