scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Retrato imparcial de Mr. Le-Roy. Armonia de los resultados de su medicina purgativa con varios hechos bien conodicos en la medicina practica : y terror de sus impugnadores

Cáceres, Rafael de; Le Roy

Full text

DE ARMONIA BE LOS RESULTADOS DE SU MEDICINA PURGATIVA CON VARIOS HECHOS BIEN CONOCIDOS EN LA MDICINA PRÁCTICA. Y TERROR PÁNICO de sus impugnadores. V <vJ-\- s' t/_ X£ m /I¡ iC-3 l¡< íit-3 \ Vi' S'\ .f, ,,¿ r1 ¡n ¡i r/*; .r«Y'\ .J\V.•+ .is >Xiii•k. i^-i i'?(i f» \’0iV. .- ••/ oa M .»' £OP r!A” Tí ii.» RETRATO IMPARCIAL DE Mr. LE-RCY. ARMONIA DE LOS RESULTADOS DE SU MEDICINA PURGA TI VA CON VARIOS HECHOS BIEN CONOCIDOS EN LA MEDICINA PRACTICA. y*v-% YTERROR PANICO DE SUS IMPUGNADORES,, POR Don RAFAEL DE CACERES, Médico-Cirujano,individuo del Recd colegio de Médicos de Madrid,Subdelegado de la Real Junta Superior gubernativa de los Reales colegios de Medicina yCirugía ,yMédico titular de la ciudad de Trujillo. >•» Jj, ígOGafriÍ>033CCC — Con licencia.* enCíiceres, Imprenta del Real Acuerdo, i83o. pjr varias usus artem experimcntia fecit exemplo monstrante viam. Mannillius. % La esperiencia de varios sucesos hiz* el arte de curar, sirviendo el ejemplo de una curación para manifestar el camino que se debía emprender en el tratamiento de otras enfermedades semejantes. Jdannüio hist. de la Mtd. AL DOCTOR DON SEBASTIAN ASOTRAVIESO, MEDICO-CIRUJANO: MEDICO DE CAMARA DE S. M., INDIVIDUO DE LA REAL JUNTA SUPERIOR GUBERNATIVA DE LOS REALES COLEGIOS DE MEDICINA YCIRUGIA &C. &C. / Avos os debo ilustración yprovi•*» dad,Permitid que os devuelva res-* peto ygratitud,yaceptad generoso *ste pequeño trabajo que os consagra en testimonio de sincero afecto, Vuestro apasionado Discípulo* é&fy&e/* df *7^acerré. tj‘rt >iy>• ;«? Lástima es ver los impresos ele algunos impugnadores de este corifeo, tan vacíos de verdadera ysólida doctrina, como llenos de dicterios, sarcasmos ypersonalidades, (i) que solo sirven para divertir Ja ociosidad del vulgo, ypresentar á los satíricos u«apaiente flanco por donde imagi- (0 Véase el Charlatanismo sin má$cara: El colérico Le ¿iages £<c. -8- »an poá< ;r minar los indestructible* yeterno® cientos, en que está hatada la mas útil yatas respetable de las profesiones. En lo escrupuloso yexacto de nuestro siglo no se mitan con agrado aquellos escritos, que íi bien están erizados de una pomposa éinoportuna erudición ,no adelantan un paso en el conocimiento práctico de las cosas. Es preciso convencerse de qne quien hace famoso áun artífice no es lo que habla sino lo que obra. Bastante se ha sutilizado en las disputas polémicas que tan aparecido en estos años, (t) y ya estamos bastante satisfechos del empeño irrevocable con que cada autor pretende sujetar álos principio* fundamentales de su sistema hasta las mas remotas consecuencias debidas tal vez ácausas de diferente naturaleza; mas el lenguaje de la verdad es firme ysencillo, ycuando nos pre- (i). ControTersiaá entre el inmortal Broussais ,ysus antagonistas. -9-' lenta un hecho, de un solo gol pe destruye cuantas teorías yesplicacione» esten en su contradicción. Son pocos los Médicos que quieren ceder de su dictamen, ylos inas se empeñan en defender ásangre y fuego lo que aprendieron en las escuelas ,ólos hábitos que adquirieron en su práctica particular, sin recordar que en medicina ningún oráculo es infalible, yque cada uno tiene obligación de trabajar incesantemente para conducirla al grado de perfección de que es susceptible, yque cada momento se echa de menos cuando el practico se dirije sin prevención ysin amor propio. Semejante conducta arrastra las cadenas de Un ánimo servil; ypara ser dignos Médicos es menester sacudirlas, usando de una iibertad filosófica basta encontrar lo que es propio de la naturaleza, separándolo de aquello que solo existe en el artificio seductor de tas palabras. hsta dicha solo se alcanza en me- —16— ra. decía él, que de un solo Gobernador proceden las disposiciones p&" cificas ylas alteradas de una república, que adopta yfomenta lo que la conviene, ysomete ódestruye cuanto la pueda ser nocivo; así el calor innato óespíritu nativo es el qlJ ® desde el principio forma yconstituye la estructura material del hombre yde todos los animales; el que lo» gobierna yconserva en su debido estado natural basta la muerte: el que los defiende de todas las cansas estra' fias que puedan alterar su quietud. El es la fuente yorigen de todas la* operaciones naturales del cuerpo: sl se ha de atraer él lo hace: si se ha de retener él lo ejecuta: si se ha de cocer él lo ordena :si se ha de espeler él lo dispone. Infería de rales premisas, que si áun Gobernador leba*' ta solo un buen consejo para destruí* átodos los enemigos de la Repúbh' ca ¿por qué áeste rector fluido inna" to no le ha de bastar un mecUcarDcn*- to solo yúnico para destruir toda* i^— * las enfermedades que infestan la ré~ pública del cuerpo humano; ?yaquí entraba el Antidotus incomparabiliá quera ipse composui faciens ad orines externas interriasque corjjorit ojfectiones.... Semejantes superchería* solo se escriben para el vulgo ^crédulo, yaunque la magestad de la medicina se hace un deber de anunciarle el riesgo, no se degrada hasta el punto de impugnarlas con seriedad. (i) Volvamos ála primera circunstancia, la sola que habia yestá de acuerdo con los verdaderos facultativos. No ignoran estos la naturaleza activa del medicamento bien conocido eu las farmacopeas desde tiempo inmemorial, ni tampoco pueden negar su (i) La Real Junta superior Gubernátiva de Medicina yCirugía lia dado riña prueba de este proceder, prohibiendo el uso ilegal de la Medicina purS^tiva de Mr. LÉ-RQY, pero ni por sír ln por sus corporaciones literaria* luí ‘iverido impugnarla. -i8util birria aplicación en todas las enfermedades,crónicas, antiguas yrebeldes, que después de haber apurado la paciencia de los en termos ylos conocimientos racionales de los Médicos conducen álos unos yálos otro* al abandono yála desesperación. Por desgracia es muy largo el catálogo de tales afecciones crónicas, yel de aquellas que estando sostenidas por un fondo de debilidad éinercia en órganos principales éinacesibles como son todos los que están contenidos cu las cabidades esplánicas, solo pueden vencerse por un esfuerzo empírico de la naturaleza provocado por un medio violento que ponga en acción los resortes paralizados, liste es el caso en que el Médico es un soberano absoluto de la naturaleza, áquien para mandar emplea la fuerza ;pero para hacerlo de una manera útil se necesita tener habilidad yfortuna. Mr. Le-Roy ,hábil yafortunado sin duda, supo proporcionar las dosis de sus activos medicamentos ,di- —i9— viniéndolas enerados para acomodarlas ala diversidad de temperamentos, tdad, sexo, yotras mil circunstancial cpie deben estar en la presencia mental del facultativo al llegarse ála cabecera de su enfermo, yal mismo tiempo quiso elegir el canal infesté nal corno órgano escretor de toda U máquina yemunctorio general ádonde van áparar todas las inmundicia, después que se lian terminado las funciones de la nutrición yde la asimilación. jMedicamento activo ycanal intestinal! qué condiciones tan bellas para el proyecto de Mr. Le-Rqy! Cuántas disculpas encontrará siempre la animosidad de este atrevido empírico en el concepto de los anatómicos que conocen la estructura complicada de los intestinos, yen el de los Médicos fisiológica*, que saben apreciar la importancia y]adiversidad de las funciones qup cee„ jercen en todo el aparato digestivo! £1 tubo alimenticio que comienza —ao— •n el músculo orbicular de la boca¿ ytermina en el esfínter estenio c¡el ano ,(i)taladra al hombre por et «entro de su mecanismo yle divide en dos superficies, una interna mucosa votra esterna cutánea con quienes ejerce una mutua relaciónLa interna ómucosa está tan íntima é inmediatamente enlazada con los órganos internos, que todos parten de su influencia ytodos vuelven aella, los resultados de sus acciones. Ll hígado, la vejiga de la hiel ,el bazo y dpáncreas sueltan en este canal los jugos de sus secreciones por conductos privativos yvisibles. Los pulmones, el corazón ylos grandes troncos vacul.ires aceleran óretardan sus movimientos, aumentan ódisminuyen sus diámetros, según el estado de repleción óvacuidad del tubo aiimenticio con quien están unidos por (i) Vease la descripción muscular d« estos órganos en nuestra Miologla <¡n> verso castellano ysiguivates* -—ai— las conexiones del músculo diafragma. El esófago, la farinje, la lengua, la boca, ylas glándulas salivales so» partes constituyentes de este trayecto ypenden directamente de su estructura. El cerebro, el cerebelo, la médula oblongada ,la espinal, vlas ramificaciones nerviosas ,todas parten 'de este canal como centro visceral que por el gran trisplanico traslada al cerebro cnanto ocurre en estos aparatos:, (i)por manera que el canal intestinal en la economía del hombre puede considerarse el eje céntrico ,ácuyo movimiento entran en correspondencia todas las piezas de la máquina. ¡Pues qué diremos de las funciones fisiológicas! La salivación ,la masticación’, la deglución, la digestión, la quiüficacion, la absorción yla defecación, todas se verifican yse elaboran eneste recipiente vital, ycuando todas se ejecutan con perfección, (i) Broussais, simpatías nerviosa*. —Sutorios los resortes de la máquina marchan con agrado yarmonía, constituyendo la mas completa saludj al paso que si una se turba ydejenera todo el artificio se descompone y entorpece. Avista de esta ligera reseña anatómica yfisiológica, que los estrecho* límites de un folleto no nos perini-’ ten alargar, no se necesita un gran talento para penetrar que el tubo intestinal está sometido áuna inmensa multitud de causas capaces de turbar el libre ejercicio de este órgano yocasionar el disgustoso estarlo de enfermedad. Los golpes, las caídas, las heridas, los animales rabiosos, él frió, el calor, el aire, el agua, los alimentos, los venenos, las pasiones de ánimo: yen una palabra, todos los agentes internos yestenios ein esclusion alguna ,lodos directa ó indirectamente aplican su acción perniciosa contra este benéfico deposi- ».*i íario yconservador de nuestra exi»" tencía ;solo si luesc de bronce p°' —2.3 — «Iría resistir la coligación ele tan numerosos ytan pertinaces embates. Los intestinos son afectados por el mayor número de las enfermedades que atacan álos demas óiganos: pueden ser alterados en su tegido por causas físicas esternas óadquirir separaciones de su lugar, que originan dolencias de mucha gravedad, como se vé en las cridas yen las hernias, yademas están sugetos átodas las enfermedades orgánicas yvitales que las demas partes del cuerpo: basta considerar que este canal está en una acción continua, yen contacto con todos los agentes internos yestemos: que su longitud se calcula en seis úocho veces mayor que la longitud del individuo áque pertenece: (pie sus infinitas circunvoluciones le ponen en sentidos con-v Marios,: que su calibre no es igual en todos los puntos de su trayecto; y finalmente, hasta saber (pie constituye uno de nuestros órganos escrementicios generales yque por esta cual i- dad está t,nrelación con la superficie «sterna ócutánea, asiento de la insensible perspiracion ,para deducir la facilidad yfrecuencia conque se deben desarrollar en esta parte de nuestra economía las aftas el cólera morbo ,los cólicos, la calentura mucosa, la diarrea, la disenteria la gastro-enteritis, ytodas las enfermedades que atacan el organismo yla vitalidad. El Médico no siempre se limita á *30 mismo modo de curar en los diferentes trámites de las enfermedades: unas veces intenta separar las causas que producen, sostienen yagravan las dolencias, estudiando sus periodos sucesivos, regulares óirregulares, sus paroxismos, sus movimientos, su duración yéns criáis; siguiendo las huellas que el mismo Hipócrates dejó marcadas con su acostumbrado lenguaje exacto ylacónico, en sus aforismos yprenociones, yesto con el objeto de disminuir los síntomas mas incómodos por medio de paliativos luaves ymetódicos, áfin de no tur-- —25 — bar la acción reactiva yconservado** ra de la naturaleza, áquien solo pretende auxiliar con una piudente especracion. Otras veces conociendo que las causas yprogresos del mal son superiores álos esfuerzos del mecanismo, busca yemplea los medios que imagina propios para disminuir óescitar la acción vascular, la nerviosa óla nutritiva, según que la enfeiniedad presenta una exaltación ódisminución en cualquiera de estas acciones, buna dislocación simultánea de todas Jautas, no vacila en obrar con actividad yenergía, pero sin apartarse de preceptos fundamentales de la c, cncia: llama en su ansí lio las reglas dudables de la Higinie, la exactitud dci régimen ,los recursos de Ja matr,’ia médica interna yesterna, yto1 , as las variedades relativas álos peIlodos de la enfermedad, sexo, edad, institución individual yotras circunstancias accesorias, llenando con Clentífica vigilancia el precepto da —3a— rariva, deducida ele la etiología del afecto que pretendemos curar. No Obramelos elegimos cuando por medio de una purga óun vomitivo escitamos el interior para libertar al mismo órgano interno. Si hubiéramos de manifestar todos los casos en que el Médico tiene que apelar al método rebulsivo, sería preciso discurrir sobre la mayor parte ríe las indicaciones que se presentan en medicina; pero ni este trabajo e* riel presente objeto, ni nuestros comprofesores necesitan indicaciones sobre un ramo que suben manejar coa tanta destreza en beneficio de la humanidad doliente. Hasta aquí se vé al Médico sabio, al Médico filántropo, al Médico que respeta los preceptos de la moral ,V Ja integridad de las costumbres, coi»' dncirse por las reglas que le dicta el conocimiento exacto de su profesión# ylejos de comprometer ála human1' dad doliente con tentativas peligro", «as, trabaja incansable en fabpr de *a —33— semejante, trasnocha yvigila ála cabecera de su enfermo, calma la penosa actividad de sus padecimientos, no le abandona en los peligros del contagio, agita su corazón ála vista de una víctima que quisiera libertar *costa de su sangre ;presiente el duelo mas inconsolable aun antes que la familía del paciente haya sospechado el golpe fatal, ynadie es capaz de penetrar lo crítico ylastimero de su posición. ¡Hombres apreciables! Compañeros beneméritos, que en los re- *ortes de vuestra exquisita sensibilidad percibís todo el sonido de mis Opresiones, vosotros sabéis ávuestra c08ta cuan distante está de ser hiperbólica esta terrible pintura! Os confiáis solo cóh el intimo convencimiento de vuestra providad, yos Conformáis filosóficamente ,porque ^doráis los decretos de la Divina procidencia, que no quiso conceder ai l0mbre la inmortalidad. Ibi incipit cmjdrírus ,ubi dcsinit **cdicus;En esfe punto Cesan las cien- *t* -34-.. tíücas solicitudes del Médico, yen este mismo punto comienzan las aventuradas maniobras del empírico. Bien sabe el Médico después de haber recorrido con diligencia todos los trámites del método especiante, los de la medicina activa, yúltimamente los del método rebulsivo, bien sabe que aun existe un método perturbador fundado en la casualidad, en el capricho, yáveces en una especie de presciencia erigida en regla por la intrépida decisión del empirismo, como se advierte en el sistema .metodizado del Sr. Le-Roy. Es cierto, yno hay cosa mas sabida en medicina, que este método suele producir felices éinesperados resultados, especialmente en aquellos casos en que el peligro es urgente ytemible, la naturaleza del mal perniciosa, el asiento inacesible yel momento perentorio. Entonces es cuando se acuerda el empírico de aquel axioma de desesperación. Sanüus est ,ctnceps expcÓrl remedium ,quam nullum ycscu- -35- «íatlo con esta fatal sentencia elige wiió ómuchos medios capaces de determinar una acción violenta yrápida, un gran desorden en el organismo, con la esperanza de que en medio del movimiento tumultuario que vá áproducir, se transtornará la tendencia del mal. Pero semejante conducta seria como la de aquel propietario que viendo arderse su casa, concentrase el fuego en una sola pieza ¡abandonándola ála vorocidad de las llamas, con la esperanza incierta de libertar el resto Mas por lo común no se hace mas que esrender el mal, ypor uno cjne se libre ysalga del apuro, perecen ciento en lo activo de la esperiencia óen lo lento de sus consecuencias. ¿Cuales son los medios usados para determinar una perturbación? precinta el doctor Nacquart: (i) son el hio mas intenso, el calor mas activo, el dolor artificial ,una substracción (*) Iraite de la inauic. —36— enorme ypronta de sangre arterial, los vomitivos mas fuertes, los purgantes mas violentos, los narcóticos y Jos estimulantes mas enérgicos, empleados sin indicación ytumultuariamente, ysiempre en términos de promover mil revoluciones en sentidos contrarios: por manera que el método perturbador puede definirse: “El arte arriesgado de promover una serie de movimientos morbosos, cuyos resultados no es posible calcular, con el fin de hacer cesar otra serie de movimientos morbosos, cuyo éxito se teme que ha de ser funesto. ” Esto ps cabalmente lo que practica *Mr. Le-Roy ,atacando con vomitivos enormes en su cantidad ,ycon purgantes los mas drásticos el canal intestinal ,centro como liemos visto de toda la comunidad orgánica, yfoco de donde parten óadonde se reúnen todas las simpatías nerviosas. No es dudable que en muchas ocasiones le baya salido bien ,especialmente en las enfermedades crónicas, -37que tanto por el gran déficit hurporal que se ha ocasionarlo en todos los órganos secretorios situados en el vientre, corno por la revolución nerviosa que ha debido inducir, no pueden menos de tomar un aspecto mas agradable, ytal vez curarse radicalmente; jpero tampoco hay duda que estos casos afortunados ,están sumamente exagerados, porque en ello influye el carácter de las personas aliviadas, con la antigüedad ypertinacia del mal, al paso que son infinitos los desastres que puede ocasionar, deducidos de la naturaleza del medicamento, óya por el abuso áqu< dá lugar en manos imperitas, sin embargo que semejante medio carece de la pericia ,ylos cfUe !e adoptan son semejantes al juez de quiendiabla Babelais, el cual sentenciaba las causas ála suene de los dados. Ims partidarios de la perturbación en cn y° cálculo primitivo no entra la ^coiioujia de los individuos, y(pie sin uda se hacen la puenta de que uno -33mas uno menos el inundo rueda, pretenden que se dé el opio ádracmas en la rabia yse arroje al en&rriío de improviso eri el agua tria: que se purgue con grandes porciones de eléboro áel maniaco escirañdo en él repetidos sacudimientos físicos ymorales, yque se le sangre copiosamente ;que se provoque una enérgica perturbación en el tétano yen las convulsiones. -Aconsejan que si las propiedades vitales de un órgano esencial están alteradas profundamente, si se desarrolla una acción intensa local muy dolorosa, yque por la concentración de la vida amenaza átoda la organizaP cion ,se oponga áesta fluxión un método curativo precipitado yviolento, yse ataque si es precisó al organismo entero: de este modo dicen, óse cura pronto el enfermo, óse vera libre de sus penosos tormentos. Mas para el Médico prudente y que tiene previsión es una ley no recurrir nunca al método perturbador promovido por medios enérgico*? «iempre peligrosos, yqnp jamas están indicados, porque los efectos que pueden resultar de este, son mas terribles que los que siu dpda dimanaban de la enfermedad que se quiere curar. Bástale liabeif iqt^tado las utilidades que se sacan de la revulsión, cuya seguridad consiste en que esta •e somete al calculo, yen que el movimiento revulsivo se efectúe de un órgano importante áotro que lo sea menos Para obrar de otra manera, esponiendo álos enfermos áun peligro evidente por lograr una casualidad aventurada, seria preciso que se desnudase de la honrosa investidura de Medico que le caracteriza, para vestirSe la miserable túnica del. aventurero. Cesen, pues, los recelos yel terror Pinico que baya podido infundir á 0s facultativos la reproducción medicada de este sistema perturbador, *ePr°vado p0r ]aprudencia ypor la azon no obstante que la esperiencia anifieste algunos hechos prácticos testifiquen su eficacia en los afee- -4¿- ío's crónicos, yen alguno complicado' de los agudos, lo cual está muy en armonía con lo que diariamente observamos al desplegar el método revulsivo ,qué én el fondo es una pertui bacion. graduada ylimitada por Já prudente circunspección dél Médico ilustrado. La metódica ciencia dé curar siempre prevalecerá peíla estabilidad dé sus principios, sobre las ruinas cié la casualidad afortunada y sin regla. El apreció yla necesidad de la medicina ysus dignos profeso— icá, será eterna yCoetánea con la existencia del género humano. Los homl>res de solidez yde sana crítica, sabrán honrar ydistinguir al facultativo instruido, yese mismo vulgo que en la Ciei vcséencia de su exaltación se dejó arrastrar por c) torrente de la novelería, volverá desengañado áimplorar el alibio de sus males, que solo puede esperar de la generosidad fa" ~u' tari va', (i) (i) Es muy digno de elogio él zelo de <~~ 41 — Entré tanto seamos tolerantes con las inconstancias fiel mundo, que ape- *ar nuestro seguirá las leyes de su destino: abandonemos ásu fortuna la suerte de tantos empíneos, rjne figuraron de un modo efímero en Jos anales de nuestra ciencia: Veamos solo en elepigrafe de la Medicina purgativa; Lleva el Médico consigo quien me ileva en el bolsillo ,el anzuelo oculto, el cebo venenoso con que la industria de Mr. Le-Roy, ha sabido pescar el oro de la multitud estúpida yel de aquellos infelices que atormentados por enfermedades crónicas rebeldes yestacionarias, están prontos áesperimentar cualquier medio tpie abbie sus crueles padeceres .ó cJ'ie acelere los pesados dias de su precaria existencia. Ultimamente, confesemos con hont-'la sinceridad que el empírico Les¿acusativos que han impugnado a fin'’ LE:IU)Y Jycn elio ,,an maniJesta- „.'V1 , V‘B^ nc,ia por conservar la iute- »luiau uc su proJusion. ****