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El florecimiento en la adultez emergente

Fuente Martín, Rocío de la

Abstract

Esta tesis doctoral se ha realizado dentro del proyecto La Transición a la Adultez en España: Estudio Sobre las Claves del Ajuste Psicosocial y Fundamentos para su Intervención Preventiva (TAE) (EDU2013-45687-R) financiado por la Agencia Estatal de Investigación (AEI) y el Estudio Longitudinal Secuencial Sobre la Transición a la Adultez en España (TAE II) (RTI2018-097405-B- I00) financiado por la Agencia Estatal de Investigación (AEI) y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER). El proyecto TAE es el primer proyecto de investigación sobre el periodo de la adultez emergente desde el ámbito de la Psicología sobre una muestra de estudio española. El objetivo central de esta tesis es el estudio del florecimiento en una muestra de estudiantes de dos universidades españolas, Universidad de Sevilla y UPV/EHU (nombre completo) durante su desarrollo a lo largo de la adultez emergente. Se analizan las variables de distintos contextos (socio económico, educativo y relacional) y variables particulares de esta etapa del desarrollo que se asocian con el florecimiento de hombres y mujeres. El análisis contempla, además, las diferencias de género, así como el seguimiento longitudinal de los jóvenes durante su transición a la edad adulta. Aspectos todos ellos fundamentales para comprender como se configura y afectan al florecimiento y al desarrollo positivo de los adultos emergentes. Para lograr dichos objetivos, en este trabajo se analizaron dos muestras, una primera muestra de 1502 personas adultas emergentes, estudiantes universitarias, de edad comprendida entre 18 y 29 años, y una segunda muestra de 400 participantes que supuso el seguimiento longitudinal de parte de los que participaron en la primera recogida. Esta tesis doctoral comprende tres artículos de investigación publicados en revistas de impacto internacional indexadas en JCR que, a través de diferentes análisis estadísticos, tanto transversales como longitudinales, permitieron alcanzar los objetivos del estudio. La Escala de Florecimiento de Diener (2010) es un instrumento adecuado para evaluar el florecimiento de los adultos emergentes españoles, mostrando entre buena y excelente consistencia interna, fiabilidad, validez convergente y discriminante, puesto de manifiesto a través del análisis de invarianza. Los resultados mostraron que las puntuaciones medias de florecimiento de los jóvenes españoles son semejantes a las encontradas en otros países occidentales. Los datos también revelaron diferencias de género en el florecimiento, siendo el de las mujeres significativamente superior al de los hombres, aunque las variables analizadas explicaron un porcentaje de la varianza de florecimiento mayor en ellos que en ellas. Los predictores del florecimiento en los años intermedios son completar con éxito alguna de las tareas evolutivas propias de la etapa y el apoyo social que los jóvenes perciben de su entorno cercano, familia, amigos y pareja. Nuestros resultados también han señalado que el florecimiento permanece estable a lo largo de la etapa de la adultez emergente, siendo el apoyo social la variable que contribuye a explicar el escaso cambio que se produce en el florecimiento de los y las jóvenes en esta etapa del ciclo vital. Este trabajo contribuye al conocimiento empírico sobre el florecimiento durante el periodo evolutivo de la adultez emergente. Entender mejor esta etapa permitirá el desarrollo de programas de intervención basados en la evidencia con el objetivo de mejorar el bienestar de nuestros jóvenes, facilitando así una adecuada transición a la vida adulta.

Full text

EL FLORECIMIENTO EN LA ADULTEZ EMERGENTE Memoria presentada por: Dª Rocío de la Fuente Martín Para la obtención del Grado de Doctora Directoras: Dra. Águeda Parra Jiménez Profesora Titular del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación Dra. María Inmaculada Sánchez Queija Profesora Titular del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación UNIVERSIDAD DE SEVILLA Sevilla, mayo de 2022 Esta investigación se ha desarrollado gracias a la financiación recibida por el Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (Agencia Estatal de Investigación, AEI), Referencia: EDU2013-45687-R y por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (MCIU) del Gobierno de España (Agencia Estatal de Investigación, AEI) y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER), Referencia: RTI2018-097405-B-I00. Esta tesis doctoral se ha desarrollado gracias a la participación de la Universidad de Sevilla (España), la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea (España) y la Escuela Universitaria de Osuna (Universidad de Sevilla). Nota. En esta tesis doctoral se hace uso del lenguaje inclusivo para hacer referencia a ambos sexos. En las ocasiones en las que se hace uso genérico del masculino se realiza según su condición de término no marcado conforme al Informe de la Real Academia Española sobre el Lenguaje Inclusivo y Cuestiones Conexas (Real Academia Española, 2020). Gracias a las personas del equipo de investigación en el País Vasco, especialmente al Dr. Enrique Arranz Freijo, y a la Dra. Izarne Lizaso Elgarresta, por enriquecer y aportar al equipo con sus conocimientos. Gracias al Dr. Jose Luís Roldán Salgeiro de la Universidad de Sevilla, por su ayuda desinteresada y experta a mi comprensión sobre análisis estadísticos alternativos. Tu sabiduría y el empeño tenaz e incansable en la búsqueda del rigor científico en el análisis de los datos serán siempre referente en mis trabajos. Gracias al Dr. Alfonso Blanco, de la University College Doublin (UCD). Gracias por tu amable acogida y por estar siempre disponible haciendo que mi estancia fuese tan gratificante y fructífera. Gracias por acompañarme y facilitarme la asistencia a reuniones y encuentros con el personal docente e investigador de tu universidad de una forma completamente desinteresada. Gracias a la Dra. María Victoria Muñoz-Tinoco, por confiar en nosotras y en nuestro trabajo y darnos la oportunidad de entrar en esta gran familia que es el departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación. Gracias a la Escuela Universitaria de Osuna, a su equipo rector y a todos mis compañeros, por brindarse siempre amablemente a todas mis peticiones durante estos años. Gracias todos los compañeros y amigos que desinteresadamente tuvieron una palabra de aliento, una conversación a tiempo o un consejo que me ayudó a seguir y confiaron en mí. Gracias a todos los jóvenes universitarios que con paciencia infinita contestaron a todas y cada una de las preguntas del cuestionario sin saber la ayuda que nos prestaban. ¡Muchas Gracias! Índice PRESENTACIÓN .......................................................................................................... 1 LISTA DE PUBLICACIONES ..................................................................................... 7 CAPÍTULO I. INTRODUCCIÓN .............................................................................. 11 1. DEL BIENESTAR AL FLORECIMIENTO .......................................................... 12 1.1 Psicología positiva: La Ciencia del Bienestar .................................................. 12 1.2 Los componentes del bienestar: Hedonía y Eudaimonía .................................. 14 1.3 Conceptualizaciones y mediciones del Florecimiento ..................................... 18 1.3.1 Definición y medición de Keyes. .............................................................. 19 1.3.2 Definición y medición de Huppert and So. ............................................... 22 1.3.3 Definición y medición de Seligman. ......................................................... 24 1.3.4 Definición y medición de Diener............................................................... 26 1.3.5 Análisis comparativo de los Modelos de Florecimiento. .......................... 29 1.4 Cambio y continuidad del Florecimiento ......................................................... 32 1.5 Por qué es importante el Florecimiento ............................................................ 33 1.5.1 Florecimiento y su relación con otros aspectos del bienestar personal. .... 34 1.5.2 Florecimiento y su relación con otros aspectos del bienestar social. ........ 36 2. LA ADULTEZ EMERGENTE Y EL FLORECIMIENTO ................................... 38 2.1 Definiendo Adultez Emergente ........................................................................ 38 2.1.1 Especificidad Social y Cultural de la Adultez Emergente. ........................ 41 2.2 Relación de las características de la etapa con el Florecimiento ...................... 43 2.3 Tareas evolutivas en la Adultez Emergente ..................................................... 45 2.3.1 Tener Empleo durante la Adultez Emergente y su relación con el Florecimiento. .......................................................................................... 48 2.3.2 Tener Pareja durante la Adultez Emergente y su relación con el Florecimiento. ..................................................................................................... 52 2.3.3 Vivir Independientemente en la Adultez Emergente y su relación con el Florecimiento. .......................................................................................... 56 3. VARIABLES RELACIONADAS CON EL FLORECIMIENTO DURANTE LA ADULTEZ EMERGENTE MÁS ALLÁ DE LAS CARACTERÍSTICAS Y LAS TAREAS EVOLUTIVAS PROPIAS DE LA ETAPA .............................................. 63 3.1 Nivel de Ingresos Familiares y Sexo y Florecimiento durante la Adultez Emergente ............................................................................................................... 63 3.1.1 El Nivel de Ingresos y Florecimiento durante la Adultez Emergente. ...... 64 3.1.2 Diferencias de Género y Florecimiento durante la Adultez Emergente. ... 69 3.2 Variables del contexto educativo y Florecimiento durante la Adultez Emergente ............................................................................................................... 75 3.3 El Apoyo Social Percibido y Florecimiento durante la Adultez Emergente .... 81 4. OBJETIVOS ........................................................................................................... 88 CAPÍTULO II. MÉTODO ........................................................................................... 91 1. PARTICIPANTES ................................................................................................. 92 2. INSTRUMENTOS ................................................................................................. 95 3. PROCEDIMIENTO ............................................................................................. 100 CAPÍTULO III. RESULTADOS .............................................................................. 107 1. ARTÍCULO I: Análisis de las propiedades psicométricas de la escala de florecimiento y prueba de la invarianza entre dos muestras de estudiantes universitarios españoles. ........................................................................................... 108 2. ARTÍCULO II: Florecimiento durante la adultez emergente desde una perspectiva de género ............................................................................................... 126 3. ARTÍCULO III: Estudio longitudinal sobre la estabilidad y los predictores del florecimiento en la adultez emergente ................................................................ 150 CAPÍTULO IV. DISCUSIÓN ................................................................................... 181 1. RESUMEN DE RESULTADOS PRINCIPALES ............................................... 182 1.1 Validación de la Escala de Florecimiento ...................................................... 182 1.2 El Florecimiento de los adultos emergentes españoles. Diferencias de Género .............................................................................................................. 182 1.3 Evolución del Florecimiento y sus predictores durante la Adultez Emergente ............................................................................................................. 185 2. DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES ..................................................................... 187 2.1 Validación de la Escala Florecimiento ........................................................... 187 2.2 Niveles de Florecimiento en la Adultez Emergente. Cambio, Estabilidad y Diferencias de Género ....................................................................................... 189 2.3 Predictores del Florecimiento en la Adultez Emergente ................................ 194 2.4 Conclusiones Finales ...................................................................................... 210 3. LIMITACIONES Y FORTALEZAS DEL ESTUDIO ........................................ 214 4. CONTRIBUCIONES DEL ESTUDIO, IMPLICACIONES PRÁCTICAS Y FUTURAS LÍNEAS DE INVESTIGACIÓN .......................................................... 218 REFERENCIAS ......................................................................................................... 223 ANEXOS ..................................................................................................................... 263 Índice de Tablas Tabla 1: Subescalas, Dimensiones e Items de la MHC-SF ............................................ 21 Tabla 2: Características del Florecimiento e Items de la ESS ........................................ 23 Tabla 3: Componentes del Florecimiento e Items del PERMA Profiler ....................... 25 Tabla 4: Componentes del Florecimiento e Items de la FS ............................................ 29 Tabla 5: Relación de Modelos de Florecimiento ............................................................ 30 Tabla 6: Distribución por Comunidad Autónoma y Sexo de Participantes de la Muestra T1 ............................................................................................... 93 Tabla 7: Distribución por Comunidad Autónoma y Sexo de Participantes de la Muestra 2 ................................................................................................. 93 Tabla 8: Relación de Publicaciones y Análisis Estadísticos que se emplean ............... 105 Presentación 1 PRESENTACIÓN Florecimiento se ha convertido en los últimos años en un índice destacado de desarrollo óptimo. Florecer es un término que se usa para describir a una persona que posee altos niveles de bienestar y salud mental (Hone, Jarden, Schofield, et al., 2014). Específicamente se refiere a la experiencia percibida por la persona de que su vida va bien. Es la combinación de sentirse bien, conocido tradicionalmente como bienestar hedónico o subjetivo, y funcionar con eficacia, denominado también bienestar eudaimónico o psicosocial (Huppert & So, 2009, 2013; Keyes et al., 2002; Ryff & Singer, 1998). Como tal, el florecimiento se relaciona con importantes indicadores de bienestar a nivel individual y social. Comprende elementos como tener propósito en la vida, relaciones sociales positivas, compromiso, competencia, autoestima, optimismo y la contribución al bienestar de los demás (Diener, Wirtz, et al., 2010). Estas características únicas del florecimiento capturan la amplia gama de sentimientos y experiencias que contribuyen a una sensación general de bienestar. Como concepto central en el ámbito del bienestar, se asume que representa un estado inherente al funcionamiento psicosocial óptimo a lo largo de la vida de la persona (Forgeard et al., 2011; Huppert & So, 2013; Ryff & Keyes, 1995). La adultez emergente es una etapa del desarrollo propia de las sociedades tecnológicas, fruto de los cambios sociales y económicos de las últimas décadas. Designa el periodo que transcurre desde el final de la adolescencia hasta bien entrada la tercera década de la vida (Arnett, 2000). Es un período en el que los jóvenes están emergiendo a sus roles adultos, representando una oportunidad única para el desarrollo positivo en áreas como el amor y el empleo (Arnett, 2000). En esta etapa del ciclo vital también existen riesgos para el desarrollo ya que los adultos emergentes a menudo se involucran en conductas de riesgo y experimentan mayores desafíos para el bienestar y la salud mental (Arnett, 2014). Por lo tanto, es importante comprender los factores protectores que pueden ayudar a los adultos emergentes a evitar tales trampas. En particular, ha aumentado el interés por mejorar el florecimiento durante esta etapa de la vida, ya que existen oportunidades únicas de desarrollo positivo (Padilla-Walker & Nelson, 2017). El creador de la teoría de la adultez emergente y principal referente internacional de este nuevo periodo evolutivo es el profesor Jeffrey Arnett de la Clark University (Worcester, Massachusetts, EE.UU.). A raíz de sus trabajos, numerosos profesionales de la psicología y desde otros ámbitos, han contribuido y continúan contribuyendo al conocimiento de esta etapa del ciclo vital, incorporando hallazgos diferenciales en culturas y sociedades (Arnett, 2005; Buhl & Lanz, 2007; Facio et al., 2007; Macek et al., 2007; Nelson & Chen, 2007). Desde la publicación del trabajo inicial de Arnett (Emerging Adulthood: A Theory of Development from the Late Teens Through the Twenties en la revista American Psychologist) en el año 2000, el interés académico y de investigación en la adultez emergente se ha expandido enormemente, lo que ha llevado a la creación de la organización profesional Society for the Study of Emerging Adulthood (SSEA) y de la revista científica Emerging Adulthood. Sin embargo, en España son escasos los estudios sobre esta etapa desde una perspectiva psicológica. Esta tesis doctoral se encuadra en el proyecto sobre la Transición a la Adultez en España: Estudio Sobre las Claves del Ajuste Psicosocial y Fundamentos para su Intervención Preventiva (TAE en adelante). El objetivo general del proyecto TAE fue analizar en profundidad la adultez emergente en España para identificar las variables que promueven el ajuste psicosocial de las personas jóvenes y su capacidad de adaptación al entorno, con el fin último de apoyar de forma empírica y contribuir al impulso de políticas de intervención para optimizar el desarrollo durante este periodo evolutivo. Este objetivo general se perfiló en tres objetivos específicos: describir en profundidad a las personas Presentación 3 jóvenes que transitan en esta etapa del ciclo vital, explicar los aspectos de la vida de estos jóvenes que promueven su bienestar e identificar variables claves que permitieran predecir su ajuste psicosocial. El proyecto TAE se constituye como el primer proyecto de investigación llevado a cabo en el contexto español sobre el periodo de la adultez emergente desde el marco de la Psicología y, cuenta tanto con una sólida fundamentación teórica como con un importante respaldo institucional. El proyecto TAE ha recibido financiación nacional competitiva I+D+i por el Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España, dentro del Programa Estatal de I+D+i Orientada a los Retos de la Sociedad 2013- 2016 (Referencia: EDU2013-45687-R). Este proyecto inicial ha continuado con el proyecto Estudio Longitudinal Secuencial Sobre la Transición a la Adultez en España (TAE-II en adelante). El proyecto TAE-II, ha recibido financiación nacional competitiva I+D+i por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (MCIU) del Gobierno de España, la Agencia Estatal de Investigación (AEI) y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) dentro del Programa Estatal de I+D+i Orientada a los Retos de la Sociedad 2017-2020 (Referencia: RTI2018-097405-B-I00). Ambos proyectos, TAE y TAE-II son liderados por las doctoras Águeda Parra Jiménez y María Inmaculada Sánchez Queija, profesoras titulares del departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Sevilla (US) y directoras de esta tesis doctoral. Los proyectos se han venido desarrollando de la mano de un nutrido equipo de investigadores y colaboradores. Algunos de estos miembros son profesionales de reconocido prestigio de la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU) como Enrique Arranz Freijo e Izarne Lizaso Elgarresta, y de la US, como Carlos Camacho Martínez-Vara de Rey y Francisco José Rivera de los Santos. Asimismo, el equipo de investigación y el proyecto cuenta con el inestimable asesoramiento y colaboración del profesor Arnett. A lo largo de estos años, también ha contado con la colaboración de otros colegas internacionales como el profesor Andrew Trevor Rothwell de la Loughborough University (Loughborough, Leicestershire, England), las profesoras Susana Maria Gonçalves Coimbra y Anne Marie Fontaine de la Universidade do Porto (Porto, Portugal) y la profesora Claudia Andrade del Politécnico de Coimbra (Coimbra, Portugal). Esta tesis doctoral se centra en el estudio del florecimiento de una muestra de jóvenes estudiantes de dos universidades españolas, la Universidad de Sevilla (US) y la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU) durante su desarrollo a lo largo de la adultez emergente. Se analizan las variables de distintos contextos (socio económico, educativo y relacional) y variables particulares de esta etapa del desarrollo que se asocian con el florecimiento de hombres y mujeres. El análisis contempla, además, las diferencias de género, así como el seguimiento longitudinal de los jóvenes durante su transición a la edad adulta. Aspectos todos ellos fundamentales para comprender como se configura y afectan al florecimiento de los adultos emergentes. En cuanto al aspecto formal, esta tesis se presenta por compendio de publicaciones. Las publicaciones que la componen son artículos científicos publicados en revistas de impacto internacional indexadas en Journal Citation Reports (JCR). En la siguiente sección titulada “Lista de Publicaciones” se expone la lista de trabajos científicos publicados en esta tesis doctoral, así como, las aportaciones a congresos internacionales relacionados con este trabajo. La presente tesis se estructura en cuatro capítulos. El primer capítulo comprende el marco y justificación teórica de esta tesis doctoral y se divide en tres apartados. El primer apartado se centra en el concepto fundamental de esta tesis: el florecimiento. Se describe en este apartado el surgimiento del constructo, los distintos modelos teóricos, la estabilidad del florecimiento a lo largo de la vida y la importancia de la consideración del florecimiento tanto a nivel individual como social. En el segundo apartado se describe la etapa de la adultez emergente como etapa del ciclo vital. A lo largo de las distintas secciones se describen las características que definen a esta etapa, las distintas tareas evolutivas y las variables asociadas al florecimiento de los adultos emergentes. En el tercer apartado se describen las variables relativas a los contextos socio-económico, educativo, y relacional que se asocian al florecimiento de los adultos emergentes a lo largo de esta etapa del ciclo vital, destacando las variables sociodemográficas (nivel de ingresos y sexo), el contexto educativo (compromiso académico y rendimiento) y el apoyo social (amigos, familia y pareja). Este capítulo concluye con la exposición de los objetivos de este trabajo de investigación. En el segundo capítulo se hace una descripción de la metodología llevada a cabo a lo largo de este trabajo. Se divide el capítulo en tres apartados en los que se detallan las características de los participantes en el estudio, los instrumentos utilizados y el procedimiento empleado, tanto en la recogida como en el tratamiento y análisis estadístico de los datos. Presentación 5 En el tercer capítulo de esta tesis doctoral se presenta el compendio de publicaciones científicas que componen este trabajo. Estas publicaciones, como se acaba de mencionar son tres artículos publicados en revistas de impacto internacional indexadas en la base de datos Journal Citation Reports (JCR). Por tanto, este capítulo se divide en tres apartados que se corresponden con los tres artículos. Por último, en el cuarto capítulo se discuten los principales resultados obtenidos en esta tesis doctoral, teniendo en cuenta la investigación previa. El capítulo se divide en cuatro apartados. En el primero se realiza una síntesis de los resultados más relevantes de las publicaciones científicas, que son el compendio de la tesis. En el segundo apartado, se discuten los resultados y se cierra el mismo con las conclusiones principales obtenidas. En el tercer apartado de este capítulo se presentan las limitaciones y fortalezas encontradas en el desarrollo del trabajo. En el cuarto y último apartado se exponen las principales contribuciones de esta tesis doctoral, las implicaciones prácticas más sobresalientes y las futuras líneas de investigación. Finalmente, esta tesis doctoral presenta el apartado de referencias empleadas para la realización de este trabajo. La tesis concluye con los anexos que contienen los instrumentos de evaluación empleados. Esperamos que la presente tesis doctoral contribuya a arrojar luz sobre cómo es el florecimiento de los y las jóvenes de nuestro contexto y qué variables contribuyen a estimularlo, generando evidencia empírica para sustentar futuras acciones de intervención de cara a mejorar su bienestar en este momento del ciclo vital. El Florecimiento en la Adultez Emergente 12 1. DEL BIENESTAR AL FLORECIMIENTO En este primer apartado se realiza un breve recorrido conceptual desde el término bienestar a la nueva acepción del mismo como “florecimiento”. Entenderá el lector después de este recorrido la complejidad que entraña no solo el uso correcto de los términos, sino la dificultad añadida a su estudio empírico. Se describe además en los siguientes subapartados los componentes, las distintas conceptualizaciones y modelos teóricos desde la primera conceptualización del florecimiento hasta la fecha. Se expondrá brevemente el conocimiento del que se dispone sobre la estabilidad del florecimiento a lo largo de la vida. Se cierra este apartado con una breve reflexión sobre la importancia de la consideración del florecimiento en nuestra sociedad. 1.1 Psicología positiva: La Ciencia del Bienestar Los esfuerzos por comprender la felicidad y sus causas no son algo nuevo, ni una moda pasajera. A lo largo de la historia del pensamiento humano ha suscitado interés la preocupación por las condiciones de la buena vida. No en vano, la Filosofía occidental ha tenido como meta el preguntarse por el valor de la vida y las condiciones que sustentan la felicidad. Para los filósofos hedonistas como Aristipo, la felicidad consistía en la suma de momentos agradables (hedonía); así la búsqueda de la felicidad suponía para ellos la satisfacción inmediata de deseos. Por su parte, la aproximación de Sócrates, Platón y Aristóteles, vinculaba la felicidad a la posesión y el desarrollo de virtudes (eudaimonía); de tal modo, que la felicidad consistiría en el desarrollo armónico de capacidades y bienes del ser humano. La diferenciación entre hedonía y eudaimonía ha llegado a nuestros días, sin embargo, el concepto de felicidad, no. Este concepto se considera tan abierto y polisémico que no parece apropiado como objeto de indagación científica (Vázquez & Hervás, 2009), por lo se ha sustituido por términos más precisos y menos controvertidos, como por ejemplo, el de bienestar. El interés por el estudio científico del bienestar ha sido relativamente tardío. Quizás la ciencia se vio obligada a cubrir otras demandas más acuciantes, como la lucha contra la enfermedad, el sufrimiento o la pobreza y, no es hasta próximo a nuestra era, cuando se está en condiciones de explorar con herramientas adecuadas esta parcela de conocimiento, abordada inicialmente por la filosofía. Así, desde la segunda mitad del siglo XX diversos autores comenzaron a mostrar interés por el conocimiento y la medición del bienestar desde un punto de vista científico (Seligman, 1999). El estudio del Capítulo I: Introducción 13 bienestar se convierte en un objetivo programático académico asumido inicialmente por la Psicología Positiva, trasladándose inmediatamente a otras áreas y disciplinas afines. Martín E. P. Seligman, fundador de la psicología positiva, y Mihaly Csikszentmihalyi (2000) en los albores del nuevo milenio, en la introducción del número especial de la revista American Psychologist, dedicado a la psicología positiva, aportan una definición de esta disciplina como “A science of positive subjective experience, positive individual traits, and positive institutions promises to improve quality of life and prevent the pathologies (…). [Una ciencia de la experiencia positiva, los rasgos positivos e instituciones positivas que promete mejorar la calidad de vida y prevenir las patologías (...).]”1(p. 5). Estos autores instaban a los psicólogos en el citado texto a ir más allá del enfoque entonces vigente de ayudar a quienes sufren, proporcionando un nuevo marco de estudio de los factores que promueven el bienestar de las personas y de las sociedades. Durante décadas, había predominado en nuestra disciplina un enfoque exclusivo en la patología, dando como resultado un modelo del ser humano en el que era difícil de ver características positivas como la esperanza, la sabiduría, la creatividad, el coraje, la espiritualidad, la responsabilidad y la perseverancia (Seligman & Csikszentmihalyi, 2000). Y es que, durante años, el foco de la investigación y de la intervención en psicología ha estado en el tratamiento y prevención de patologías como la depresión y la ansiedad, asumiéndose tácitamente que el bienestar prevalece cuando la patología está ausente (Huppert & So, 2013). Sin embargo, la evidencia científica ha demostrado en las últimas dos décadas que lo positivo no es igual a la ausencia de lo negativo (ni lo negativo equivale a la ausencia de lo positivo). Así, las personas pueden no estar funcionando plenamente, aunque no padezcan ningún trastorno mental. Esta idea está en línea con la definición de salud mental propuesta por la Organización Mundial de la Salud en su informe de 2004 (p. 12) como “(…) a state of well-being in which the individual realizes his or her own abilities, can cope with the normal stresses of life, can work productively and fruitfully, and is able to make a contribution to his or her community [(…) un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede hacer frente a las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera 1 Traducción de la autora de este trabajo. El Florecimiento en la Adultez Emergente 14 y es capaz de hacer una contribución a su comunidad]”2 (World Health Organization [WHO], 2004). Tener un buen estado de salud física o mental no sólo debe consistir en no padecer enfermedades o trastornos, sino en disponer de recursos y capacidades que permitan afrontar las adversidades (Almedom & Glandon, 2007) y lograr el desarrollo óptimo de la persona. En este sentido, Antonovsky (1987) elaboró su célebre “teoría salutogénica humana” según la cual es imprescindible reconocer que la enfermedad no es el polo opuesto a la salud, sino que en realidad existen dos dimensiones a estudiar: enfermedad – ausencia de enfermedad y salud positiva –ausencia de salud positiva. Así, a la investigación sobre los factores patógenos causantes de la enfermedad o el daño, hay que añadir la investigación y conocimiento de factores salutógenos que causan o mantienen la salud positiva (Hervás et al., 2008). Desde el marco de la psicología positiva, se ha asumido con éxito un cambio de paradigma en la conceptualización del bienestar como el estado completo de salud positiva. Y lo que es más importante aún, desde esta nueva perspectiva el estado de bienestar favorece que la persona alcance un mayor desarrollo psicológico, social y comunitario (Fredrickson, 2009). En la actualidad, desde la psicología positiva se aboga por la promoción del bienestar en la población, junto con la prevención y el tratamiento de la salud mental (Huppert, 2009; Keyes, 2007b; Seligman, 2011). 1.2 Los componentes del bienestar: Hedonía y Eudaimonía Los esfuerzos por comprender el bienestar y sus causas han suscitado una verdadera eclosión de interés y estudios científicos en los ámbitos médicos y psicológicos, pero también políticos, sociales o económicos, buscando como objetivo principal aumentar la calidad de vida de las personas (Vázquez et al., 2009). En el ámbito de la psicología académica, este interés por el estudio del bienestar fue asumido por la psicología positiva. Esto ha dado lugar al desarrollo de conceptos y medidas de enorme importancia para acotar el concepto de bienestar, como veremos. 2 Traducción de la autora de este trabajo. Capítulo I: Introducción 15 Aunque desde una perspectiva subjetiva puede resultar relativamente sencillo identificar el propio nivel de bienestar, obtener conclusiones desde un plano más científico es una tarea más compleja (Ryan & Deci, 2001). El debate académico en la conceptualización del bienestar de los últimos años ha venido a reproducir el antagonismo entre dos orientaciones filosóficas antiguas: el hedonismo y el eudaimonismo. Estas dos orientaciones se basan en distintos puntos de vista de la naturaleza humana y de lo que constituye una buena sociedad. En consecuencia, se preguntan diferentes cuestiones relativas a los procesos sociales y del desarrollo de la persona con relación a su bienestar, lo que implícita o explícitamente se traduce en diferentes enfoques del funcionamiento humano. Para los filósofos hedonistas como Aristipo (siglo IV a. de C.), el objetivo de la vida es experimentar la máxima cantidad de placer, y la felicidad es la totalidad de los momentos hedónicos de la persona. Su hedonismo filosófico temprano ha sido seguido por muchos otros filósofos. Hobbes (siglo XVII) sostenía que la felicidad está en la búsqueda exitosa de nuestros apetitos humanos, y de Sade (siglo XVIII) defendía que la búsqueda del placer es el objetivo final de la vida. Filósofos utilitaristas como Bentham (siglos XVIII-XIV) argumentaron que, a través de intentos de maximizar el placer y el interés individual se construye la buena sociedad. El hedonismo, como una perspectiva teórica del bienestar, se ha expresado en muchas formas y ha variado desde un enfoque relativamente reduccionista centrado en los placeres corporales, a un enfoque más amplio centrado en los deseos e intereses propios en general (Ryan & Deci, 2001). A menudo, la filosofía y la psicología se han mirado la una a la otra y se han inspirado la una en la otra, lo que ha llevado al intento de adaptación de los enfoques filosóficos a la psicología del bienestar (Kahneman et al., 1999). En general, los enfoques psicológicos hedónicos han considerado el bienestar como un estado interno que representa una variedad de evaluaciones subjetivas sobre la calidad de vida de una persona, ampliamente definida (Delle Fave et al., 2011). Esta concepción generalmente se traduce en la construcción del bienestar subjetivo (SWB) o bienestar emocional, desde la que se ha considerado típicamente el incluir un componente afectivo, que consiste en una preponderancia de experiencias emocionales positivas sobre experiencias emocionales negativas, y un componente cognitivo, que se refiere al juicio personal sobre la satisfacción con la vida en su conjunto, o con dominios específicos de la vida, como el trabajo o las relaciones personales (Diener, 2009). En cuanto a los comportamientos que promueven el bienestar, los enfoques hedónicos han enfatizado la importancia de El Florecimiento en la Adultez Emergente 16 participar en actividades que proporcionen experiencias emocionales positivas (como placer, comodidad, entretenimiento y disfrute) y que conduzcan a la satisfacción de los propios deseos (Fredrickson, 2001; Kahneman, 1999). Desde esta perspectiva se asume un efecto acumulativo, por el cual se experimentan altos grados de bienestar hedónico satisfaciendo los deseos personales y aumentando la frecuencia de los momentos agradables para la persona (Fredrickson, 2004). Por su parte, la tradición filosófica eudaimónica plantea objetivos humanos bien diferentes en la búsqueda del bienestar. Aristóteles, por ejemplo, consideraba que la felicidad hedónica es un ideal vulgar, haciendo a las personas seguidores serviles de los deseos. Postuló, en cambio, que la verdadera felicidad se encuentra en la expresión de la virtud, es decir, en hacer lo que vale la pena hacer. A partir de este punto de vista aristotélico, el bienestar óptimo (vivir bien) requiere distinguir entre esas necesidades (deseos) que sólo se sienten subjetivamente, y cuya satisfacción conduce al placer momentáneo, y esas otras necesidades que tienen sus raíces en la naturaleza humana y cuya satisfacción propicia el crecimiento humano y produce eudaimonía, es decir, el "bienestar". Las teorías eudaimónicas sostienen que, no todos los deseos y no todos los resultados que una persona puede anhelar producen el bienestar una vez alcanzados. A pesar de que puedan producir placer, algunos resultados no son buenos para las personas y no promueven el bienestar. Por lo tanto, desde la perspectiva eudaimónica, la felicidad subjetiva no puede ser equiparada con el bienestar. Waterman (1993) afirmó que, la concepción eudaimónica de bienestar sugiere a la persona vivir de acuerdo con su “verdadero ser”. Sugirió que la eudaimonía se produce cuando las actividades de la vida de las personas son congruentes con valores profundamente arraigados y por lo tanto se comprometen con ellas íntegramente. En tales circunstancias la gente se sentiría intensamente viva y auténtica. Si bien ha habido un consenso general entre los psicólogos hedónicos sobre los indicadores y los caminos hacia el bienestar, sin embargo, se ha dado más ambigüedad en torno a la traslación de la eudaimonía de la filosofía a la psicología (Kashdan et al., 2008), lo que ha llevado a la aparición de una variedad de teorías y enfoques. Principalmente se entienden como componentes centrales del bienestar eudaimónico el crecimiento personal y el significado en la vida (Delle Fave et al., 2011). Mientras que desde otras alternativas teóricas también se han vinculado a la perspectiva eudaimónica componentes como: el propósito, la autonomía, la competencia, la autorrealización, la Capítulo I: Introducción 17 atención plena, la autoaceptación, la autenticidad, la congruencia de valores y la conexión social (Baumeister & Vohs, 2002; Ryan & Deci, 2000). Lo que parece inmediatamente evidente es que la eudaimonía es un concepto más complejo y evocador que la hedonia (Henderson et al., 2013), que a menudo incluye el bienestar psicológico (Ryff, 1989b) y el bienestar social (Keyes, 1998), y comprende un juicio sobre el buen desempeño en la vida. Los enfoques eudaimónicos también enfatizan que el bienestar y la felicidad son procesos en curso, no estados finales y, al igual que la hedonía, la eudaimonía considera que determinados comportamientos son intrínsecamente motivadores y precursores del bienestar (Huta, 2012). Dentro de la filosofía, el hedonismo y el eudaimonismo son teorías éticas en competencia que abordan cuestiones sobre cómo se debe vivir. En cambio, dentro de las ciencias sociales, los conceptos hedónico y eudaimónico son potencialmente compatibles. Según Aristóteles, las personas deberían esforzarse en actividades eudaimónicas más que en el placer hedónico, aunque paradójicamente, este último a menudo es el resultado de una actividad eudaimónica (Henderson & Knight, 2012). Esto se puede ilustrar con un ejemplo: el ejercicio físico realizado de forma regular es probable que contribuya al bienestar eudaimónico de una persona, si tiene como objetivo beneficiar a la mente y al cuerpo, pero también provocará bienestar hedónico en la medida que contribuya a generar emociones positivas y de bienestar en la persona. Aunque la contienda entre ambas perspectivas continúa, la mayoría de los psicólogos contemporáneos están de acuerdo en que los enfoques hedónicos y eudaimónicos denotan aspectos diferenciados e importantes del bienestar y que contribuyen a generarlo de diferente manera. Así, hedonía y eudaimonía ocupan nichos distintos y superpuestos dentro de una imagen completa de bienestar, y su combinación se asocia con el nivel más alto de dicho bienestar (Disabato et al., 2016; Huta & Ryan 2010; Peterson et al., 2005). De hecho, actualmente se recomienda que se abandone la tendencia pasada a contrastar y comparar la hedonía y la eudaimonía, y en cambio que se reconozca el valor inherente de ambas. Esto ha llevado recientemente a los científicos a conceptualizaciones del bienestar que integren componentes del bienestar hedónico y eudaimónico de manera combinada, utilizándose el término Florecimiento (Henderson & Knight, 2012; Huppert & So, 2013; Kashdan et al., 2008; Keyes, 2002). Seligman, en su libro Flourish afirma: “I now think El Florecimiento en la Adultez Emergente 18 that the topic of positive psychology is well-being, that the gold standard of measuring wellbeing is flourishing, and that the goal of positive psychology is to increase flourishing [Ahora creo que el contenido de la psicología positiva es el bienestar, que el patrón de oro para medir el bienestar es el florecimiento y que el objetivo de la psicología positiva es aumentar el florecimiento]”3 (Seligman, 2011, p.13). El término florecimiento, como concepto operativizador del bienestar, incorpora aspectos del bienestar tanto hedónicos como eudaimónicos (Hone, Jarden, Schofield, et al., 2014; Schotanus-Dijkstra, et al., 2016), actualmente es el término que mejor recoge el concepto bienestar y en la actualidad está generando una prometedora línea de investigación. Sin embargo, por lo amplio de la realidad que pretende captar (el bienestar), aún está abierta la controversia sobre qué aspectos incluye exactamente el concepto florecimiento y qué significa tener un alto nivel de florecimiento. A continuación, se presentarán brevemente las principales teorías del florecimiento surgidas hasta la actualidad en orden cronológico, reservando el último lugar para la conceptualización adoptada en este trabajo. 1.3 Conceptualizaciones y mediciones del Florecimiento A lo largo de esta tesis el término "florecimiento" se refiere a altos niveles de bienestar experimentado por una persona, haciendo referencia a la combinación de sentirse bien y funcionar con eficacia. Florecimiento es sinónimo de un alto nivel de bienestar mental, y representa la salud mental (Huppert, 2009; Huppert & So, 2013; Keyes 2002; Lamers et al., 2011; Ryff & Singer 1998). Altos niveles de florecimiento se relacionan con una amplia serie de resultados ventajosos para las personas en términos de salud física, satisfacción con la vida, autoestima, vitalidad, aprendizaje eficaz, productividad laboral, comportamiento prosocial o funcionamiento psicosocial en general (Dolan et al., 2008; Keyes, 2007a; Keyes & Simoes, 2012; Peterson et al., 2005; Schotanus-Dijkstra et al., 2016). A pesar de esta conceptualización general del florecimiento, este apartado tiene por objetivo presentar la revisión de la literatura actual en torno a las conceptualizaciones 3 Traducción de la autora de este trabajo. Capítulo I: Introducción 19 y evaluaciones psicométricas más importantes y de uso más frecuente del florecimiento. Esta revisión de las evaluaciones psicométricas proporciona detalles sobre cada una de las definiciones teóricas y conceptuales utilizadas por los investigadores sobre el florecimiento, las metodologías y las pruebas realizadas de confiabilidad y validez de las escalas. No es propósito de esta revisión la comparación competitiva de las distintas conceptualizaciones y mediciones del florecimiento, sino el análisis de las diferentes formas en que las aproximaciones teóricas y empíricas combinan los diferentes componentes del constructo. Este análisis permitirá comprender mejor la definición y medición de florecimiento que se utiliza en este trabajo. Por este motivo, el orden de presentación obedece al orden de aparición de las distintas conceptualizaciones de florecimiento, terminando por presentar la conceptualización de florecimiento aceptada en este trabajo. 1.3.1 Definición y medición de Keyes. En la investigación psicológica, Corey Keyes (Keyes, 2002) fue el primero en introducir el concepto de florecimiento como medida de salud mental, entendiendo el florecimiento como “(…) as a syndrome of symptoms of hedonia and positive functioning, operationalized by measures of subjective wellbeing-individuals’ perceptions and evaluations of their lives and the quality of their functioning in life [(…) un conjunto de síntomas de hedonía y funcionamiento positivo, medido mediante medidas de bienestar subjetivo, percepciones y evaluaciones acerca de la vida de los individuos y de la calidad de su funcionamiento]”4 (Keyes, 2005, p. 540). Keyes propuso un nuevo modelo para el estudio de la salud, el Modelo del Estado Completo de Salud (Complete State Model of Health), compuesto por un total de trece signos (medidas) de salud mental (Keyes, 2005). En su "modelo de dos continuos", Keyes afirma que enfermedad mental y salud mental son dos continuos separados, aunque relacionados: florecimiento – languidez; enfermedad mental – ausencia de enfermedad (Keyes, 2002). La salud mental o florecimiento no es simplemente la ausencia de enfermedad mental, sino que también debe ser la constatación de la presencia de bienestar 4 Traducción de la autora de este trabajo. El Florecimiento en la Adultez Emergente 20 mental. En otras palabras, las personas con bajos niveles de bienestar mental no son automáticamente diagnosticadas con un trastorno mental, y no padecer enfermedad mental no es sinónimo de bienestar. El enfoque de Keyes deriva del examen de los criterios diagnósticos acordados internacionalmente en el Diagnostic and Statistical Manual, (DSM) (American Psychiatric Association, 1987) y la identificación de los síntomas opuestos de cada uno de éstos, requiriendo la presencia combinada de síntomas emocionales para el diagnóstico de florecimiento (Keyes, 2002). Por lo tanto, de la misma manera que un diagnóstico de depresión requiere la presencia de anhedonia y mal funcionamiento, Keyes sostiene que para que una persona sea diagnosticada con un alto nivel de florecimiento, se requiere la presencia de síntomas hedónicos y de funcionamiento positivo (Hone, Jarden, Schofield, et al., 2014). Su conceptualización proporciona la autopercepción de las personas en cuanto a su nivel de funcionamiento personal y social. Este modelo de florecimiento está sustentado en tres paradigmas teóricos: los estudios de Diener sobre el bienestar emocional (Diener, et al., 1999), la distinción de Ryff entre el bienestar hedónico (subjetivo o emocional) y el bienestar eudaimónico (psicológico) (Ryff, 1989), y su propia investigación sobre el bienestar social (Keyes, 1998). Para medir el florecimiento, Keyes desarrolló el Mental Health Continuum Short Form (MHC-SF) de 14 ítems (Keyes, 2005) (ver tabla 1) como herramienta breve que combina los tres componentes de bienestar: el emocional, el psicológico y social. Tres ítems representan el bienestar emocional, seis ítems representan bienestar psicológico y cinco ítems representan bienestar social. Cada ítem se califica según las experiencias de los encuestados durante el último mes en una escala Likert de 6 puntos ("nunca", "una o dos veces", "una vez a la semana", "2 o 3 veces a la semana", "casi todos los días” o “todos los días”). Keyes sugiere que la salud mental de una persona puede diagnosticarse usando los umbrales superiores de cada uno de los ítems: los participantes que respondan "casi todos los días" o "todos los días" a uno de los tres indicadores del bienestar emocional, y, a seis de los once de bienestar psicológico y social, serán categorizados como “florecientes” (alto nivel de florecimiento). Keyes también clasifica a las personas con “salud mental languideciente”: personas con puntuaciones por debajo de los tertiles inferiores en al menos un ítem de bienestar emocional y al menos 6 ítems de bienestar psicológico y social. Las personas que no pueden clasificarse como florecientes o que Capítulo I: Introducción 21 languidecen se denominan "moderadamente saludables mentalmente" (Keyes, 2002; Keyes et al., 2008). Tabla 1: Subescalas, Dimensiones e Items de la MHC-SF Component of Flourishing MHC-SF Indicator Item During the past month, how often did you feel… Emotional Wellbeing Positive affect Happy Positive affect Interested in life Life satisfaction Satisfied Social Wellbeing Social contribution That you had something important to contribute to society Social integration That you belonged to a community Social actualisation That our society is becoming a better place for people like you Social acceptance That people are basically good Social coherence That the way our society works makes sense to you Psychological Wellbeing Self-acceptance That you liked most parts of your personality Environmental mastery Good at managing the responsibilities of your daily life Positive relations with others That you had warm and trusting relationships with others Personal growth That you had experiences that challenged you to grow and become a better person Autonomy Confident to think or express your own ideas and opinions that Purpose in life That your life has a sense of direction or meaning to it Nota. Fuente: Keyes (2005; 2006) Es preciso destacar que sólo Keyes incluye la satisfacción de vida en la operativización de florecimiento. De hecho, la evaluación de la satisfacción en la vida se ha omitido completamente en los siguientes modelos de florecimiento, ya que la evidencia empírica indica que la satisfacción con la vida y el florecimiento son constructos relacionados pero diferentes (Huppert & So, 2013). El Florecimiento en la Adultez Emergente 28 Maestre, et al., 2017), Portugal (Silva & Caetano, 2013), Japón (Sumi, 2013), Alemania (Esch et al., 2013), Nueva Zelanda (Hone, Jarden, & Schofield, 2014), China (Tang et al., 2014; Tong & Wang, 2017), Canadá (Howell & Buro, 2015; Romano et al., 2020), Brasil (Fonseca et al., 2015), Francia (Villieux et al., 2016), Italia (Giuntoli et al., 2017), Egipto (Salama-Younes, 2017), Grecia (Kyriazos, 2018), Pakistán (Choudhry et al., 2018), Rusia (Didino et al., 2019), Irán (Fassih-Ramandi et al., 2020), Colombia (Martin-Carbonell et al., 2021) y Arabia Saudí (AL-Dossary, 2021) entre otras. En todas las validaciones, algunas realizadas a través de Análisis factorial Confirmatorio (AFC) y otras a través de Análisis Factorial Exploratorio (AFE), los datos corroboraron los del estudio original de Diener (2010): La estructura de un solo factor para la escala de florecimiento, y la evidencia de la fiabilidad interna de la escala. En los distintos estudios, la validez convergente con otras medidas de bienestar y la validez discriminante con medidas de desajuste psicológico (por ejemplo, medidas de depresión y ansiedad) fueron significativas. En el estudio original de Diener, la FS correlacionó significativamente con la escala de bienestar psicológico de Ryff y con la de Satisfacción de las Necesidades Básicas (Ryan & Deci, 2000). Además, los trabajos anteriores han confirmado las buenas propiedades psicométricas de la escala en distintas muestras socio-culturales (Esch et al., 2013; Hone, Jarden, & Schofield, 2014; Howell & Buro, 2015; Silva & Caetano, 2013; Sumi, 2013; Tang et al., 2014; Villieux et al., 2016), entre otras. FS, como se ha comentado, se compone de ocho ítems (ver tabla 4) y cuenta con buenas propiedades psicométricas (Diener, Wirtz, et al., 2010). En el estudio original presentó buena fiabilidad interna y una adecuada fiabilidad test-retest. Aunque no se encontraron diferencias significativas entre hombre y mujeres en la validación inicial, sin embargo, en validaciones y estudios de réplicas posteriores se han constatado diferencias de género en el florecimiento, donde se señalan niveles de florecimiento superiores en las mujeres (Tong & Wang, 2017). En esta escala, cada ítem se formula en una dirección positiva usando una escala de Likert de 7 puntos que va de 1 “muy en desacuerdo” a 7 “muy de acuerdo”. La puntuación es el sumatorio de las puntuaciones a cada ítem (de 8 a 56). Si bien en una versión inicial de la escala no validada, compuesta por 12 ítems (Diener & Biswas‐Diener, 2008) se sugerían umbrales que categorizaban a los participantes como floreciente o no florecientes, nunca se publicaron estos umbrales en la versión definitiva que aquí se presenta. Así, una puntuación alta en la escala indica que los encuestados tienen un alto Capítulo I: Introducción 29 nivel de florecimiento, o lo que es lo mismo, se autoperciben positivamente tanto en recursos psicológicos como en áreas importantes de funcionamiento psicosocial (Diener, Wirtz, et al., 2010). Tabla 4: Componentes del Florecimiento e Items de la FS Component of flourishing FS indicator Ítem Purpose/meaning I lead a purposeful and meaningful life Positive relationships My social relationships are supportive and rewarding Engagement I am engaged and interested in my daily activities Social contribution I actively contribute to the happiness and wellbeing of others Competence I am competent and capable in the activities that are important to me Self-respect and Self-esteem I am a good person and live a good life Optimism I am optimistic about my future Social relationships People respect me Nota. Fuente: Diener, Wirtz, et al. (2010) La escala de florecimiento resulta ser adecuada como instrumento para la evaluación de la salud mental positiva y como elemento complementario para predecir la salud general, puesto que comprende la satisfacción de las necesidades humanas y la apreciación de los aspectos positivos de la vida. La FS aglutina los elementos esenciales de diversas teorías de bienestar, evalúa los aspectos de funcionamiento psico-social y es, además, una medida general de bienestar adecuada y especialmente recomendable por su brevedad, lo que deriva en su facilidad de uso, tanto en solitario, como en conjunto con otras medidas (Diener, Wirtz, et al., 2010). Por otro lado, la ingente cantidad de traducciones a diferentes idiomas y las validaciones de la escala, como acabamos de mostrar, prueban sobradamente su alta capacidad diagnóstica en la medición del florecimiento en diferentes poblaciones, culturas y ámbitos socioeconómicos dispares. 1.3.5 Análisis comparativo de los Modelos de Florecimiento. Como conclusión de este apartado en el que se han presentado cuatro modelos diferentes desarrollados para conceptualizar y medir el florecimiento, resaltamos, en términos de similitudes, que los cuatro modelos presentados adoptan el modelo teórico que combina sentimiento y funcionamiento incorporados originariamente en el modelo conceptual de florecimiento propuesto por Keyes (Keyes, 2002). Esto es importante, ya El Florecimiento en la Adultez Emergente 30 que los estudios indican la utilidad y necesidad de tener un acuerdo sobre el aspecto de bienestar al que nos estamos refiriendo (Keyes & Annas, 2009; Keyes & Simoes, 2012). Por otro lado, existe una considerable superposición conceptual (como se muestra en la tabla 5). “El compromiso” aparece en los cuatro modelos, aunque en el modelo de Keyes está dentro del componente bienestar emocional como un ítem que evalúa el "interés por la vida". Los cuatro modelos requieren la presencia de “relaciones positivas”, lo que refleja el papel importante basado en la evidencia que las relaciones tienen para el florecimiento. “El significado” y “el propósito” también aparecen en las cuatro operacionalizaciones, aunque Keyes se refiere a “propósito en la vida”, Huppert y So al “significado”, mientras que Diener et al. y Seligman et al. utilizan una categoría más amplia agrupando ambos constructos juntos. “Realización” aparece en el modelo de Huppert y So, en la definición de Seligman et al., y en el modelo de Diener et al. (en la forma del elemento “competencia”); el elemento más cercano a este concepto en la versión de Keyes es de "maestría ambiental". Los constructos estrechamente asociados de la autoaceptación y la autoestima se presentan en tres operacionalizaciones (Keyes, Huppert & So, y Diener et al.), pero no en el modelo de Seligman et al.. Tabla 5: Relación de Modelos de Florecimiento Diener et al. Keyes Huppert & So Seligman et al. Positive relationships Positive relationships Positive relationships Positive relationships Purpose and meaning Purpose in life Meaning Meaning and purpose Engagement Positive affect (interested) Engagement Engagement Social contribution Social contribution -- -- Competence -- Competence Accomplishment/ Competence Self-acceptance and Self-esteem Self-acceptance Self-esteem -- Optimism -- Optimism -- Social relationships -- -- -- -- Positive affect (happy) Positive emotion Positive emotion -- Social integration -- -- Capítulo I: Introducción 31 Diener et al. Keyes Huppert & So Seligman et al. -- Social growth -- -- -- Social acceptance -- -- -- Social coherence -- -- -- Environmental mastery -- -- -- Personal growth -- -- Autonomy -- -- -- Life satisfaction -- -- -- -- Emotional stability -- -- -- Vitality -- -- -- Resilience -- Nota: Elaboración propia En un claro acuerdo con Seligman (2011) y tras la revisión realizada hasta el momento, se constata que no existe un único modelo de bienestar, y que unos no son mejores que otros: cada modelo tendrá una utilidad concreta en un momento y circunstancia determinada. Los cuatro modelos son claros, lo que supone un aspecto muy positivo de cara a su aplicación, ya que producen datos fácilmente interpretables y aplicables en una amplia gama de situaciones, desde ámbitos clínicos a educativos, sociales o en contextos de promoción de la salud pública. Este hecho ha permitido que el concepto de florecimiento cale rápido entre la comunidad científica. Como acabamos de evidenciar, los cuatro modelos coinciden en buena parte de la conceptualización teórica y aspectos a evaluar y los cuatro modelos se evalúan con instrumentos cortos y fáciles de implementar, con menos de 20 preguntas, lo que aumenta su utilidad. En este sentido, el instrumento de Diener es el más corto, con tan sólo 8 ítems logra evaluar eficazmente el constructo de Florecimiento, lo que permite su utilización en investigaciones en las que se evalúa una amplia variedad de aspectos, como es el proyecto TAE, en el que se incardina este trabajo. El ser un instrumento corto no debe hacer dudar de su valía, ya que ha mostrado su validez convergente con las medidas de bienestar más aceptadas y utilizadas por la comunidad científica como puedan ser la escala de bienestar El Florecimiento en la Adultez Emergente 32 psicológico de Ryff o la de Satisfacción de las Necesidades Básicas de Ryan y Deci (ver artículo original de Diener, Wirtz, et al., 2010), con la escala de Satisfacción Vital de Diener y la de Afecto Positivo y Negativo de Watson, Clark y Tellegen (ver validación francesa de Villieux et al., 2016) o con las escalas de experiencias positivas y negativas de Diener (SPANE), el continuo de salud mental de Keyes (MHC-SF) o la escala breve de calidad de vida de la organización mental de la salud (WHO Quality of Life-Brief scale), entre otros (ver validación griega de Kyriazos, 2018). Además, ha demostrado su elevada fiabilidad, no sólo en el trabajo original de Diener, sino en todas las validaciones descritas previamente. Finalmente, y lo más importante, la escala evalúa todos los aspectos centrales del constructo Bienestar, viene avalada por estar diseñada por uno de los principales adalides y estudiosos tanto del constructo bienestar como del de florecimiento y es, posiblemente, la escala de florecimiento que más validaciones en diferentes culturas acumula, lo que permitirá el uso y la transferencia de los resultados de esta investigación no sólo a nivel nacional, sino también internacional. 1.4 Cambio y continuidad del Florecimiento Una de las cuestiones más reiteradas en el estudio del bienestar psicológico es si éste puede ser mejorado y si lo puede ser de forma estable. Esto lo convierte en un asunto de alcance empírico y también teórico, y en este sentido nos preguntamos ¿cuán estable es el florecimiento a lo largo del ciclo vital? No tenemos conocimiento de la existencia de investigaciones hasta la fecha que analicen la estabilidad el florecimiento, pero si tenemos como precedente los estudios realizados sobre el bienestar. La mayoría de las investigaciones en el pasado han encontrado que los juicios de las personas sobre su nivel de bienestar general permanecen bastante estables a lo largo de los años (Diener & Suh, 1998; Lucas & Gohm, 2000; Pinquart, 2001). Esta estabilidad encontrada tradicionalmente en el estudio del bienestar subjetivo (Diener et al., 1999), era achacada a que las circunstancias de la vida suelen cambiar de manera relativamente lenta (Diner et al., 2018). En este sentido, conviene destacar el concepto de set-point de la adaptación hedónica (Diener et al., 2006). Según esta idea, las personas reaccionan brevemente ante eventos positivos y negativos, pero en poco tiempo vuelven a su punto de anclaje o referencia de bienestar (el denominado set-point). Este set-point vendría explicado por diferentes mecanismos. Uno de ellos sería el componente genérico del bienestar y que facilitaría su heredabilidad. En este sentido, Tellegen et al. (1988) encontraron que los Capítulo I: Introducción 33 gemelos idénticos criados separados eran mucho más similares en sus niveles de bienestar que los gemelos dicigóticos criados separados. Otro argumento a favor de la existencia del set-point del bienestar parte de que algunos rasgos de personalidad (como la Extroversión o el Neuroticismo) que están fuertemente correlacionados con las variables de bienestar psicológico, son relativamente estables a lo largo del tiempo (Diener & Lucas, 1999). Adaptada esta propuesta del set-point de la adaptación hedónica al concepto de florecimiento, se derivaría en la hipótesis de que el florecimiento también sería estable a lo largo del tiempo. Así, procurar una mejora permanente del nivel del florecimiento de las personas estaría condenado al fracaso. Sin embargo, algunos otros estudios longitudinales sobre el bienestar nos muestran también que, aunque la estabilidad del bienestar es lo más habitual, hasta un 24 % de las personas lograron cambios sustanciales en el transcurso del tiempo en cuanto a su punto de anclaje de bienestar (Fujita & Diener, 2005). Estos cambios suelen estar relacionados con cambios en la actitud de las personas fruto de su aprendizaje vital y/o eventos en la vida que provocan cambios a largo plazo. Sin duda, es necesaria más investigación que alumbre sobre qué condiciones y qué características personales se asocian a la estabilidad del florecimiento (produciendo cambios solo a corto plazo) y cuales otras se relacionan con el cambio de florecimiento de forma más permanente. Este conocimiento conducirá de forma lógica al desarrollo de intervenciones eficaces y basadas en la evidencia. 1.5 Por qué es importante el Florecimiento Cuando los investigadores preguntan a las personas cuáles son sus aspiraciones en la vida, la mayoría responden que quieren tener salud y ser felices (King & Broyles, 1997). Las políticas nacionales de los países industrializados han tenido éxito en el primer objetivo de la vida de las personas, especialmente en la promoción de la salud física. La gente vive ahora más tiempo y también vive más años con buena salud. Sin embargo, las políticas nacionales aún deben abordar los problemas pendientes de salud mental y bienestar. La Organización Mundial de la Salud estima que 322 millones de personas en el mundo sufren depresión y 264 millones padecen ansiedad (WHO, 2017). En España, estas estimaciones están alrededor de 2,5 y 2 millones para la depresión y la ansiedad, respectivamente (WHO, 2017). Las predicciones de incremento de años vividos con El Florecimiento en la Adultez Emergente 34 discapacidad para los trastornos depresivos son bastante pesimistas. En los países desarrollados se espera que en el año 2030 la depresión ocupe el primer lugar como causa de años vividos con discapacidad entre todas las enfermedades (Bellon et al., 2020; Mathers & Loncar, 2006). Además, la carga de morbilidad atribuible a 20 trastornos mentales y trastornos por consumo de sustancias ha aumentado en casi un 38% entre 1990 y 2010 (Whiteford et al., 2013). De estos trastornos mentales, los trastornos del estado de ánimo y los trastornos de ansiedad se asocian con la mayor proporción mundial de carga de enfermedad de 40.5 % y 14.6 % respectivamente (Whiteford et al., 2013). Con todo esto, los científicos han enfatizado la importancia tanto de prevenir los trastornos mentales como de promover el bienestar mental para mantener el bienestar general y la salud mental de las personas (Forsman et al., 2015; Kobau et al., 2011). Así, aunque problemas de salud mental o malestar no sea lo contrario al bienestarflorecimiento, como ya se argumentó en el apartado primero (subapartado 1.1) de este capítulo, el bienestar correlaciona de forma negativa con el malestar. Estableciendo el paralelismo con la salud física, mientras que abordar comportamientos de estilo de vida podría haber tenido éxito en la mejora de la salud física, una estrategia innovadora para mejorar la salud mental podría ser fomentar los recursos individuales y sociales que derivan en que las personas, las organizaciones y las comunidades florezcan. 1.5.1 Florecimiento y su relación con otros aspectos del bienestar personal. Actualmente se sabe que el florecimiento se asocia con una serie de resultados positivos en nuestras vidas, como son la productividad y satisfacción laboral, la vida grata en pareja, las relaciones familiares positivas, las buenas relaciones sociales, el aprendizaje eficaz y el rendimiento académico, la mejora de la salud física y mental, la satisfacción con la vida, el adecuado funcionamiento psicosocial en general, la mayor resistencia a las vulnerabilidades y desafíos de la vida, además de favorecer una vida más longeva (Dolan et al., 2008; Keyes, 2007b; Keyes & Simoes, 2012; Kobau et al., 2011; Lyubomirsky et al. 2005; Peterson et al., 2005; Schotanus-Dijkstra et al., 2016; Veenhoven, 2008). En cuanto a la relación positiva entre el florecimiento y salud mental, la evidencia longitudinal reciente ha demostrado que niveles más altos de florecimiento se relacionan con niveles más bajos de sintomatología depresiva (Grant et al., 2013; Lamers et al., 2015; Wood & Joseph, 2010). En su estudio, Grant et al. (2013) mostraron cómo el florecimiento es un predictor significativo de las trayectorias descendentes en las Capítulo I: Introducción 35 puntuaciones de depresión, incluso después de tener en cuenta otras variables de referencia, como el neuroticismo, el contexto de las personas durante su primera infancia y el género, que son factores de riesgo establecidos para la depresión. Por su parte, Lamers et al. (2015) analizaron, en un estudio altamente sofisticado con una muestra representativa de adultos holandeses, la relación bidireccional entre los síntomas psicopatológicos y la salud mental positiva, demostrando que los cambios en la psicopatología fueron predictivos de niveles de florecimiento y viceversa. Por otro lado, Wood y Joseph (2010), en un estudio en el que utilizaron los datos de la Encuesta Longitudinal de Wisconsin, mostraron que, las personas con bajos niveles de bienestar psicológico tienen un riesgo sustancialmente mayor de sufrir depresión diez años después. Otros estudios longitudinales también han demostrado la relación entre el florecimiento y la reducción del riesgo de trastornos de ansiedad, de trastornos depresivos y la prevención de conductas suicidas (Keyes et al., 2012; Keyes & Simoes, 2012). Por último, en un reciente estudio transversal, de Drake et al., (2021) realizado para mostrar la relación entre el florecimiento, los factores estresantes de la vida diaria y el estado anímico de las personas, se constató que los participantes con un alto nivel de florecimiento exhibían menor estado de ánimo negativo relacionado con los factores estresantes diarios, en comparación con los participantes con un bajo nivel de florecimiento. En relación a la salud física, algunos estudios han constatado la relación entre florecimiento y una menor incidencia de quejas físicas o atención médica (Keyes, 2007a; Keyes & Grzywacz, 2005), así la mala salud física se asocia negativamente con el bienestar (Dolan et al., 2008). También hay evidencia convincente de que un mayor bienestar aumenta la longevidad en varios años tanto en poblaciones sanas como en algunas poblaciones con enfermedades somáticas (Chida & Steptoe, 2008; Diener & Chan, 2011; Keyes & Simoes, 2012; Lamers et al., 2012; Veenhoven, 2008). Otro de los resultados probados de los beneficios del florecimiento es una línea de investigación actual que relaciona las ventajas del florecimiento en la población universitaria en relación a sus logros personales. Así, Datu et al. (2020), explicaron la vinculación del florecimiento al rendimiento académico. En concreto, demostraron cómo el florecimiento de los jóvenes universitarios se asocia a niveles más altos de orientación hacia el logro académico y a un mayor retraso de la gratificación académica. Entendiéndose por retraso de la gratificación académica a la capacidad de los estudiantes El Florecimiento en la Adultez Emergente 36 de dejar de un lado actividades lúdicas y no educativas para perseguir esfuerzos académicos que tienen un impacto gratificante a largo plazo (Csikszentmihalyi, 1990; Bembenutty & Karabenick, 1998). Ya en estudios anteriores se había dado cuenta de la relación entre el florecimiento y el rendimiento académico; en concreto, el obtener buenos resultados académicos parece estar positivamente asociado al florecimiento de los jóvenes estudiantes universitarios (Datu, 2018). Así como, se ha demostrado la relación entre autoeficacia, aprendizaje eficaz o resiliencia (entre otros) y el bienestar (Paciello et al., 2016; Phan, 2016; Seligman et al., 2009). Veamos a continuación otros beneficios del florecimiento sobre la comunidad y la sociedad en general. 1.5.2 Florecimiento y su relación con otros aspectos del bienestar social. En las últimas décadas, para un grupo numeroso de investigadores, tanto economistas como psicólogos, la evaluación autoinformada del bienestar se considera un indicador adecuado y suficientemente sólido para evaluar la prosperidad social, mejor incluso que otros indicadores objetivos económicos como el producto interior bruto (PIB) (Dolan et al., 2008). Así, se ha venido reconociendo en numerosos trabajos la importancia de tener en cuenta las medidas del bienestar de la población para complementar otras medidas objetivas como el PIB, la salud, indicadores sociales y ambientales, que frecuentemente guían las decisiones económicas y políticas de cualquier nación (Diener et al., 2015; Diener & Seligman, 2004; 2018). De hecho, todos los países coinciden en dar importancia a los índices de bienestar de sus ciudadanos como un indicador efectivo de progreso (Huppert & So, 2013). En concreto, Michaelson y sus colegas han identificado ocho beneficios que supone medir el bienestar de la población, como son: evaluar el cambio poblacional en niveles de bienestar a lo largo del tiempo; revisar y evaluar las decisiones políticas; permitir comparaciones internacionales en niveles de bienestar; evaluar las diferencias de subgrupos en cuanto a bienestar; identificar áreas futuras de necesidad u oportunidad; evaluar el impacto potencial de las propuestas políticas; conformar el contenido y la práctica de decisiones políticas; e informar en la orientación de nuevas políticas de acuerdo con los subgrupos de población (Michaelson et al., 2009). Sin duda, para obtener resultados de bienestar o índices de florecimiento que guíen la política de una manera efectiva y significativa, se requiere una evaluación sistemática utilizando herramientas de medición confiables, válidas y receptivas, así como muestras Capítulo I: Introducción 37 representativas de la población (Diener, Lucas et al., 2009). No en vano, el departamento de estadística de la Organisation for Economic Co-operation and Development (OECD) lleva trabajando desde hace años tratando de uniformar criterios junto con las agencias estadísticas de los 38 estados miembros que agrupa, desarrollando una interesante iniciativa para poder analizar diferentes áreas de bienestar, calidad de vida y desarrollo humano en los diferentes países y poder compararlos modificando el peso de cada indicador (OECD, 2013). Además, desde hace unos años, se incluyen en Europa indicadores de bienestar en la macroencuesta European Social Survey. Por último, una nueva línea de investigación en estos últimos años ha venido relacionando el florecimiento con las conductas prosociales, mostrado un vínculo positivo entre el florecimiento y la participación en comportamientos prosociales tales como ayudar a otros (Moradi et al., 2018). Pese a la escasez de investigaciones y la falta de resultados consistentes aún sobre la relación entre los comportamientos prosociales y el florecimiento, los defensores de esta línea de estudio argumentan que medir y desarrollar poblaciones con mayor florecimiento nos puede conducir a niveles más altos de responsabilidad ciudadana, educación, altruismo, civismo, moderación, tolerancia y ética laboral (Adler & Seligman, 2016; Keyes & Annas, 2009; Tov & Diener, 2009); y esta no solo es una forma de mejorar la calidad de vida de las personas, sino también de aumentar el bienestar y la prosperidad de la sociedad en general. A modo de conclusión, este primer apartado se ha centrado en la comprensión y medición del bienestar y el florecimiento, en analizar el origen y la discusión terminológica en torno al concepto de florecimiento, así como, a examinar las conceptualizaciones y mediciones actuales del florecimiento. Igualmente, se ha reflexionado sobre la estabilidad del florecimiento y sobre las posibilidades de intervención sobre este aspecto. Al final de este apartado, se han tratado de identificar las actividades y los beneficios ligados al bienestar y específicamente al florecimiento, incorporando las aportaciones que ofrece la literatura científica sobre los resultados positivos tanto en las personas que poseen florecimiento, como en las sociedades más florecientes. De esta forma, creemos haber aportado argumentos más que suficientes a favor de la necesidad del estudio del florecimiento y las variables con las que se asocia y que lo predicen. El Florecimiento en la Adultez Emergente 44 experimentan una mejora de su bienestar (Aseltine & Gore, 1993; Gestsdottir et al., 2015), evidenciándose una disminución de los síntomas depresivos y un aumento de la autoestima (Arnett, 2007b; Galambos et al., 2006; Orth & Robins, 2014). Sin embargo, la adultez emergente, período en el que los jóvenes están incorporándose a sus roles adultos, está marcada por definición por la exploración y experimentación, principalmente en el trabajo y el amor. Esto origina en los jóvenes sentimientos generalizados de inestabilidad e incertidumbre (Arnett, 2000) que, como ya se argumentó previamente, forman parte de la definición misma de la etapa. Así, la propia inestabilidad, característica de los jóvenes en estos años (Arnett, 2004), puede llevar a algunos jóvenes experimentar elevados niveles de inseguridad y problemas de salud mental como ansiedad y depresión (Schulenberg & Zarrett, 2006; Soto et al., 2011; Zimmerman & Iwanski, 2014). Además, la exploración de posibilidades como rasgo que también caracteriza esta etapa, puede conllevar a la participación en conductas de riesgo, como el consumo de alcohol y otras drogas, las conductas sexuales de riesgo, o el uso inadecuado de pornografía y videojuegos, comprometiendo la salud mental de los jóvenes (Bachman et al., 1996; Leftkowitz & Gillen, 2006; Padilla-Walker et al., 2010; Schulenberg et al., 2000). Es decir, esta etapa también se caracteriza por la posibilidad de encontrar situaciones que, en ocasiones, exceden la capacidad de afrontamiento de los jóvenes, suponiendo una fuente de estrés. De esta forma, es posible que algunos jóvenes puedan presentar dificultades en su adaptación a los roles de la edad adulta, mientras que otros puedan florecer a través de las experiencias exitosas con las nuevas oportunidades y tareas evolutivas propias de esta etapa (Schulenberg, Bryant, et al., 2004). Como acabamos de describir, la propia definición de la etapa que incluye entre sus cinco características definitorias el ser una etapa de exploración de la identidad, posibilidades abiertas pero también inestabilidad e incertidumbre, lleva implícita tanto la relación con el bienestar como con el malestar. Así, algunos investigadores se han planteado como pregunta de investigación cómo se relacionan las puntuaciones del Inventory of Dimensions of Emerging Adulthood (IDEA), que evalúa las dimensiones definitorias de la adultez emergente (Reifman et al., 2007) con medidas de bienestar y malestar. Los resultados mostraron que una puntuación global alta del IDEA, tanto en la versión larga del instrumento (31 ítems) como en la corta (8 ítems), se relacionaba con disminución de la salud mental, aumento de depresión, dependencia del alcohol y consumo peligroso de cannabis y otras drogas ilegales (Baggio et al., 2015). Según este Capítulo I: Introducción 45 trabajo, ser adulto emergente podría considerarse un factor de riesgo de la salud mental. A una conclusión similar llegó el trabajo de Lisha et al (2014), que encontró que la puntuación global elevada del cuestionario IDEA correlacionaba positivamente con consumo de marihuana, estrés y evitación de la toma de decisiones. Sin embargo, como hemos tenido oportunidad de indicar previamente, malestar y florecimiento no son dos polos de una misma dimensión, sino dimensiones relacionadas pero independientes. Que sepamos, hasta la fecha ningún trabajo ha analizado la relación entre las características de la adultez emergente y el bienestar en general o florecimiento en particular y, por tanto, no lo han hecho separando las diferentes dimensiones del cuestionario IDEA para conocer cómo cada una de ellas se relaciona con el bienestar o florecimiento personal. 2.3 Tareas evolutivas en la Adultez Emergente La transición de la adolescencia a la edad adulta se considera como una de las transiciones normativas de la vida más críticas por su importancia, complejidad y singularidad, ya que implica cambios en los roles y contextos sociales, a menudo simultáneos y de forma generalizada entre la población juvenil (Schulenberg, Sameroff, et al., 2004; Schulenberg & Schoon, 2012). Como se ha tenido oportunidad de avanzar previamente, la transición a la edad adulta se caracteriza por una mayor heterogeneidad que otras trayectorias de la vida (Schulenberg et al., 2003). Mientras que durante la adolescencia los roles de la vida tienden a ser bastante homogéneos (ej. estar estudiando o vivir dependiendo de las familias de origen), la diversidad en las trayectorias se vuelve manifiesta en la adultez emergente. Para la mayoría de los adultos emergentes, el ajuste previo a esta etapa es positivo, y durante esta transición prevalece la continuidad en la trayectoria de funcionamiento y ajuste psicosocial establecidos a lo largo de la infancia y adolescencia, siempre y cuando el surgimiento de los nuevos roles y contextos sociales brinden oportunidades de éxito. De igual forma, los factores estresantes de la transición pueden contribuir a la manifestación o consolidación de un trastorno psicopatológico ya presente o no en la adolescencia (Schulenberg, Bryant, et al., 2004; Schulenberg & Zarrett, 2006). Esto sugiere que esta etapa de transición puede servir para fortalecer las características individuales y los estilos de afrontamiento (adaptativos y no adaptativos), convirtiéndose así en mecanismos de continuidad de efecto acumulativo a lo largo de la vida. Este efecto acumulativo implica un aumento en la diferenciación individual (modelo de heterogeneidad incrementada) a lo largo de las transiciones, lo que se conoce como el El Florecimiento en la Adultez Emergente 46 "efecto Mathew" (Dannefer, 1987). Sin embargo, también se evidencian discontinuidades; como es el caso de adolescentes con problemas que en el tránsito a la edad adulta se convierten en adultos emergentes que funcionan óptimamente, u otros adolescentes a los que les iba bien en la adolescencia y pasaron a tener dificultades en la adultez emergente (Schulenberg & Schoon, 2012). En definitiva, no hay una secuencia lineal en esta etapa, sino que más bien, las transiciones se caracterizan por tener fluctuaciones, discontinuidades y reversiones (Seiffge-Krenke, 2013). Lo que sí puede ofrecer cierta continuidad o implica cierto grado de linealidad en esta etapa son las tareas evolutivas o del desarrollo que los jóvenes deben cumplir durante estos años. Históricamente, las tareas evolutivas se han definido como actividades u objetivos determinados social, psicológica y biográficamente, que se espera que los individuos logren a ciertas edades o etapas de la vida (Havighurst, 1952). El contenido de estas tareas, así como el momento en que han de desplegarse, están condicionadas por las capacidades biológicas de las personas, y por las normas y expectativas sociales (Heckhausen, 1999). Además, las expectativas que se relacionan con la edad y la cultura dan forma también a las transiciones, al proporcionar un calendario y una agenda normativos para efectuarlas (Neugarten, 1979). Como todas las transiciones importantes de la vida, la transición a la edad adulta está incrustada en un contexto sociocultural y, por lo tanto, las tareas del desarrollo que en ellas se den, pueden variar en ocurrencia, contenido y significado según el género, los determinantes socioeconómicos, la cultura y el período histórico que se esté analizando (Schulenberg, Sameroff, et al., 2004). De esta forma, es oportuno adoptar una interpretación descriptiva donde se tengan en cuenta tareas del desarrollo “normativas” aquí y ahora, es decir, que se refieran a personas que compartan un mismo contexto social y cultural (Schulenberg, Bryant, et al., 2004) y que proporcionen la base en la que los comportamientos se consideran adaptativos o desadaptativos (Masten & Curtis, 2000). La mayoría de los estudios clásicos han considerado como tareas evolutivas típicas de la primera etapa de la edad adulta el tener empleo, tener pareja, alcanzar un nivel de formación que te permita el desempeño profesional, la paternidad/maternidad y vivir independiente del hogar familiar (Settersten, 2007). Sin embargo, estos marcadores miden la edad adulta completada, es decir, cuando se completa la transición a la edad adulta y, por lo tanto, pueden no identificar la ambivalencia de la edad adulta emergente (por ejemplo, que algunos jóvenes alcancen algunos logros, considerados marcadores de Capítulo I: Introducción 47 la adultez no significa necesariamente que estos jóvenes se consideren adultos) (Nelson & Barry, 2005), ni tampoco, sus estados psicológicos relacionados (Baggio et al., 2017). Estudios más recientes han tratado esta contradicción y han investigado diferentes patrones de configuraciones de roles sociales en la adultez emergente, considerando finalmente como tareas principales de esta etapa el tener empleo o estarlo buscando, tener pareja y vivir independientemente de los padres (Schulenberg & Schoon, 2012). Según los estudios realizados parece confirmarse el hecho de que, a pesar de las diferencias tanto entre unos países y otros como dentro de un mismo país (por ejemplo, según zona geográfica) con respecto a los patrones de roles adultos y las posibilidades de acceso a los mismos, se encuentran coherencias y consistencias en las experiencias individuales de los jóvenes dentro de un mismo grupo sociodemográfico (Schulenberg & Schoon, 2012). Las principales diferencias vienen de la mano de factores estructurales (por ejemplo, socioeconómicos y políticos) y características individuales (por ejemplo, estabilidad familiar y género). Salvando estas diferencias, las coherencias o concordancias de estos patrones a lo largo del tiempo y el espacio aportan una ventaja a las comparaciones entre países y entre cohortes, permitiendo conclusiones más convincentes sobre los puntos en común y la singularidad de las experiencias a lo largo de la transición a la edad adulta. En el caso español, los estudios confirman la existencia de ciertos rasgos característicos en los jóvenes que transitan en la etapa de la adultez emergente, que tienen que ver con la configuración de lo que Vogel (2002) denominó "régimen de bienestar familiar". Este modelo, descrito en los países del sur de Europa, se caracteriza por un bajo nivel de empleo, escasez de políticas sociales destinadas a favorecer los procesos de autonomía de los jóvenes, familias muy tradicionales, y mayores tasas de pobreza y desigualdad económica. Esto genera una cultura (valores y normas adquiridos a través del proceso de socialización) “familiarista”, entendida como una forma de solidaridad y dependencia intergeneracional entre los miembros familiares, de forma que la familia cubre las necesidades que no son atendidas por las políticas e instituciones sociales. Por ello, la transición a la vida adulta se inicia y se realiza dentro del seno familiar, convirtiéndose la familia en el principal recurso para lograr la autonomía e independencia (Moreno, 2008). Debido a que los jóvenes españoles tienen elevadas ratios de desempleo y de precariedad laboral, trabajos inestables, que en la mayoría de los casos no se corresponden con su formación y empleos escasamente retribuidos, esto les convierte en El Florecimiento en la Adultez Emergente 48 un colectivo dependiente de sus familias y con limitadas expectativas de lograr la independencia económica y residencial. En definitiva, este “régimen de bienestar familiar” puede contribuir a dilatar las transiciones de los jóvenes durante esta etapa, al no contar con las políticas sociales y de ayuda a los jóvenes como en otros países del centro y norte de Europa. En los países del sur de Europa, entre ellos España, las limitadas ayudas públicas, junto con una cultura de dependencia familiar, en un contexto de crecientes riesgos e incertidumbres, genera un desajuste entre las aspiraciones de los adultos emergentes de cumplir con las tareas evolutivas propias de la adultez y las posibilidades reales de lograrlo. Esto explicaría el retardo y la prolongación de nuestros jóvenes en la adquisición de los roles adultos. Por último, si bien las tareas evolutivas que atañen a los jóvenes durante la adultez emergente son fundamentalmente las mismas para todos, la edad y la forma en las que las personas las afrontan pueden ser muy diferentes, principalmente por los recursos de los que cada uno dispone (según la singularidad contextual e individual). Además, dado que estas tareas son tan sobresalientes, múltiples y complejas durante esta etapa, es previsible que los éxitos y las dificultades de cada joven para negociar dichas tareas se relacionen con su florecimiento. A continuación, se expondrán de forma más pormenorizada, las tareas evolutivas que se consideran propias de la etapa (Schulenberg & Schoon, 2012): tener empleo o estar buscándolo, tener pareja y vivir independientemente del hogar familiar. Se describirán, además, algunas consideraciones sobre las diferencias de género. 2.3.1 Tener Empleo durante la Adultez Emergente y su relación con el Florecimiento. Arnett (2000) afirmó en su teoría que “Adolescents tend to view their jobs not as occupational preparation but as a way to obtain the money that will support an active leisure life [los adolescentes tienden a ver sus trabajos, no como una preparación ocupacional, sino como una forma de obtener el dinero que les permitirá mantener una Capítulo I: Introducción 49 vida de ocio activa]”5 (p. 473) mientras que, en la adultez emergente, las experiencias laborales se centran más en la preparación para los roles laborales adultos. Las primeras experiencias laborales permiten a los adultos emergentes explorar y experimentar distintas posibilidades, como es característico en esta etapa, y al explorar distintas posibilidades laborales, también exploran cuestiones de identidad: “What kind of work am I good at? What kind of work would I find satisfying for the long term? What are my chances of getting a job in the field that seems to suit me best? [¿En qué tipo de trabajo soy bueno? ¿Qué tipo de trabajo me resultaría satisfactorio a largo plazo? ¿Cuáles son mis posibilidades de conseguir un trabajo en el campo que me va mejor?]”6 (Arnett, 2000, p. 474). Obviamente, las primeras experiencias laborales se van a ver influidas por las características del mercado de trabajo. En España, algunos jóvenes, al comienzo de la edad adulta emergente, permanecen atrapados en los empleos precarios e inseguros dentro del mercado laboral. Así, el problema para muchos jóvenes no es tanto encontrar trabajo, sino encontrar trabajos que ofrezcan las posibilidades adecuadas a su capacitación y/o cierto grado de seguridad a largo plazo (Furlong & Cartmel, 2004). Las fórmulas de empleo precario que han reemplazado el empleo estable (considerados típicos de la sociedad fordista de la posguerra) se consideran emblemáticas del capitalismo moderno tardío. El empleo precario creciente afecta a todo tipo de trabajo y trabajadores, pero se ceba especialmente en los jóvenes que acceden al mercado laboral (MacDonald, 2009). Si este hecho es característico de la sociedad capitalista occidental actual, en España el problema se acrecienta, al mantenerse durante años en el podio de los países con mayor desempleo juvenil en Europa y llegando a ocupar en numerosas ocasiones el primer puesto (OECD, 2022a). Hay que sumar en nuestro país el desajuste existente entre el nivel de formación y el mercado laboral en términos de sobrecualificación desde hace años; los jóvenes españoles de hoy tienen unos niveles de formación y cualificación mayores, en general, que sus propios padres, pero esto no les garantiza encontrar un empleo acorde con su formación (Moreno, 2008). 5 Traducción de la autora de este trabajo. 6 Ibid. El Florecimiento en la Adultez Emergente 50 En España, desde la crisis financiera global de 2008, las condiciones laborales del mercado de trabajo han agravado el escenario sociolaboral precario, generando más desempleo y reduciendo las oportunidades de empleo, incluso del empleo precario (Santamaría, 2012). Según la Encuesta de Población Activa (EPA), un 36.52 % de los jóvenes españoles entre 18 y 24 años están desempleados (Instituto Nacional de Estadística [INE], 2021a). Ciertos niveles de desempleo en determinadas cohortes de jóvenes son, en parte, explicables dado que muchos jóvenes a estas edades están estudiando, compatibilizando estudios y trabajo o están probando oportunidades en el mercado laboral. No obstante, las elevadas tasas de desempleo juvenil también reflejan la incapacidad del mercado laboral para absorber la mano de obra que supone el colectivo juvenil, lo que estaría señalando un problema estructural (Echaves & Echaves, 2017). Como se ha avanzado previamente, fruto de la nueva economía globalizada, el contexto laboral actual en toda Europa, y especialmente en España, hace enfrentar a los jóvenes a un mercado laboral desregularizado y precario. De hecho, en España la destrucción de empleo a partir de 2008, lejos de haber sido homogénea para todos los grupos de edad, ha tenido una especial virulencia entre los más jóvenes. Así, parece que la situación precaria del mercado laboral que se ofrece a los jóvenes se perpetúa y agrava en nuestro país, recrudeciéndose por las actuales especiales circunstancias de la pandemia mundial provocada por la COVID-19. Al impacto significativo de la pandemia sobre la actividad económica y social en nuestro país se han sumado los devastadores efectos económicos y humanos de la reciente guerra de Ucrania, cuyo impacto aún por determinar, no son nada halagüeños Lógicamente, al adulto emergente actual en España se le hace difícil lograr la independencia económica a través del empleo y conseguir con ello el cumplir con esta tarea evolutiva esperable para su edad. Así, es de suponer que aquellos jóvenes con transiciones incompletas o que todavía están ajustando las transiciones, es decir, aquellos que no tienen empleo, no tienen un empleo estable, o tienen un empleo precario, vean comprometido su nivel de bienestar psicosocial (Schulenberg & Schoon, 2012). Recientemente, Sofija et al. (2021) encontraron en adultos emergentes australianos que quienes tienen o están buscando un empleo presentan mayor nivel de florecimiento, mostrándose el empleo (tanto a tiempo completo como parcial) como un predictor del bienestar en esta etapa del ciclo vital. En los siguientes párrafos se profundizará en esta idea. Capítulo I: Introducción 51 Como se acaba de avanzar, al margen de las consideraciones del empleo como tarea evolutiva trascendental para la adquisición de la independencia económica en esta etapa del desarrollo, tener empleo está relacionado positivamente con el florecimiento de las personas en esta y otras etapas de la vida (Keyes, 2002; Schotanus-Dijkstra et al, 2016). Un cuerpo sustancial de investigaciones sugiere que el tener empleo se relaciona positivamente con el bienestar (Diener et al.,1999; Diener & Ryan, 2009; Veenhoven, 1996, 2008, 2015), al proporcionar un nivel óptimo de sentimientos positivos (Csikszentmihalyi, 1990), favorecer las relaciones sociales y aportar un sentido de identidad y significado en la vida de las personas. Otra razón obvia radica en el hecho de que las personas que tienen un empleo tienen mayor estabilidad económica que aquellas que no tienen empleo (Diener et al, 2002), con la menor preocupación y estrés que ello conlleva. Sin embargo, la dirección causal de la relación entre el bienestar y el empleo no es del todo clara, ya que también podría reflejar un proceso de “arriba hacia abajo”; es decir, las personas que tienen mayor bienestar y están más satisfechas con sus vidas, tenderían a encontrar un empleo con mayor facilidad y sería más probable que disfrutaran con él. Consecuentemente, estas personas tendrían mayor éxito económico y profesional (De Neve & Oswald, 2012; Diener et al., 2018; Graham & Pettinato, 2002). De hecho, hay varias líneas de investigación que sugieren que el bienestar puede estar relacionado causalmente con una mayor productividad en el trabajo, más creatividad y autorregulación (Boehm & Lyubomirsky, 2008). De igual manera, las personas desempleadas tienen menor bienestar psicosocial, menor satisfacción con la vida, mayor angustia y tasas de suicidio más altas que las personas empleadas (Blanchflower & Oswald, 2004; Clark & Oswald, 1994; Oswald, 1997; Platt & Kreitman, 1985). Más allá de la pérdida de ingresos que supone estar desempleado, el desempleo en sí es una fuente de malestar e infelicidad, por lo que se cuestiona que exista un desempleo voluntario generalizado (Oswald, 1997; Peiró, 2001). Para comprobar esto, Banks and Jackson (1982) utilizaron un diseño longitudinal para estudiar el orden causal del desempleo y el bienestar en una muestra de jóvenes estudiantes de universidad. Encontraron que la infelicidad de los estudiantes precedió al desempleo y que el empleo aumentaba la felicidad. Por lo tanto, la influencia entre el desempleo y el bienestar fue en ambas direcciones, aunque la influencia fue mayor para El Florecimiento en la Adultez Emergente 52 el empleo como causa de la salud mental que para la salud mental como predecesora del empleo. En conclusión, teniendo en cuenta los estudios precedentes, se tiene constancia de que tener empleo se relaciona positivamente con el nivel de bienestar de las personas en general, y con el nivel de bienestar de los jóvenes en particular, aunque no está determinada la dirección de dicha relación. En el caso de los adultos emergentes, a la importancia de tener un trabajo que posibilite su independencia económica y le abra las puertas al mundo adulto, se suma la consideración de la importancia tener un empleo para el logro de su identidad (Crocetti et al., 2012). Por último, sabemos poco sobre si el empleo afecta al florecimiento de los adultos emergentes de una forma diferente en chicos y en chicas. Los estereotipos de género sobre los roles masculinos y femeninos todavía están presentes entre los jóvenes en nuestra sociedad y como consecuencia, para las mujeres jóvenes la transición de la adultez emergente podría ser más desafiante que para los hombres jóvenes. Así, ya en 1996 Daniel J. Levinson advirtió que las mujeres necesitaban encontrar un equilibrio entre su carrera profesional y los planes familiares, permaneciendo en lo que él mismo denominó un perpetuo estado de conflicto relativo al balance entre vida familiar y vida profesional (Levinson, 1996). Este estado de conflicto puede observarse en las adultas emergentes españolas. No olvidemos que, en España, como en otros países de sur europeo, todavía perdura una visión tradicionalista de los roles familiares (Voguel, 2002), que coloca la responsabilidad del cuidado del hogar y de los hijos e hijas y otras personas dependientes principalmente en las mujeres (Crocetti et al., 2015; Leccardi, 2007). Con ello, las mujeres adultas emergentes tendrán que enfrentar mayores desafíos para integrar vida profesional y personal en el transcurso de esta etapa, y esto puede hacer que la relación entre tener un empleo y florecimiento sea diferente en unos y en otras. 2.3.2 Tener Pareja durante la Adultez Emergente y su relación con el Florecimiento. Muchas personas comienzan relaciones serias de noviazgo durante la adultez emergente. Además, estos años son también el momento en que muchas relaciones prematrimoniales están en sus etapas iniciales y, por lo tanto, supone un añadido a las tensiones de este período de desarrollo (Arnett, 2000). Por ello, al igual que en otras etapas como la adolescencia, varios estudios han resaltado la importancia de las relaciones románticas Capítulo I: Introducción 53 durante el período de la adultez emergente para la salud física y mental, desempeñando un papel fundamental en la configuración del curso general del desarrollo durante esta etapa (Braithwaite et al., 2010; Fincham & Cui, 2011; Furman & Shaffer, 2003). En comparación con las relaciones románticas entre adolescentes, las relaciones románticas en adultos emergentes son más duraderas e incluyen una mayor intimidad física y emocional (Arnett, 2004). En consecuencia, las parejas románticas durante esta etapa tienen una mayor influencia entre sí y, además, tienen el potencial de influir en el bienestar y en el ajuste comportamental de los jóvenes, tanto de forma positiva como negativa (Collins & van Dulmen, 2006); es decir, respecto al papel que juega la relación de pareja en el florecimiento de los jóvenes en la adultez emergente, se han de considerar tanto los aspectos adaptativos como los desadaptativos. Esta idea se desarrollará en las siguientes líneas. La exploración y la participación en relaciones románticas durante la adultez emergente es común y se considera una actividad beneficiosa. Esta exploración se estima parte de la exploración de la identidad (Erikson, 1968) y ayuda a los adultos emergentes a determinar (a) qué tipo de persona desean ser en una relación romántica, (b) qué constituye una relación romántica "buena" o "sana", y (c) las características deseadas en la otra persona de la pareja (Reifman, 2011). Es decir, la exploración en las relaciones románticas permite a los adultos emergentes dominar la tarea evolutiva de “Learning how to form, maintain, and gracefully end romantic and sexual relationships (…) [aprender a formar, mantener y terminar con cordialidad las relaciones románticas y sexuales (…)]”7 (Snyder, 2006, p. 161). Como ya se ha avanzado, la participación en las relaciones de pareja se relaciona igualmente con el desarrollo de la identidad (Furman & Shaffer, 2003) y conduce a un crecimiento personal posterior, independientemente de los resultados de la relación (Lewandowski & Bizzoco, 2007). Tomando como referencia la adolescencia, las experiencias positivas en el curso de las relaciones de pareja durante la adultez emergente se han relacionado con una disminución de los problemas externalizantes, como por 7 Traducción de la autora de este trabajo. El Florecimiento en la Adultez Emergente 60 que cuantos más comportamientos estén regulados por motivos propios o intrínsecos (automotivación) y no controlados extrínsecamente, más florecerán las personas. Así, estos autores encontraron que, cuando un adulto emergente toma la decisión consciente de emanciparse más tarde, esto no compromete su bienestar (Ryan & Deci, 2000). Pero habría que tomar estas afirmaciones con cautela, ya que para entender la influencia de vivir o no en el hogar familiar sobre el florecimiento, además de los aspectos motivacionales, habría que considerar otros factores que contemplaremos más adelante, como es el apoyo social percibido de los padres, y otros aspectos como la calidad de las relaciones familiares (García-Mendoza et al., 2017). Por otro lado, algunos autores reconocen una categoría intermedia entre el vivir con los padres y vivir de forma totalmente independiente, denominada “semiindependencia” (Kins et al., 2009), y o “semi-autonomía” (Goldscheider & DaVanzo, 1986). En esta categoría se incluyen, en gran medida, adultos emergentes estudiantes universitarios que regresan al hogar parental cada fin de semana. Es posible que la vida semi-independiente adopte una forma diferente en países donde las distancias entre el hogar parental y las instituciones universitarias sean mayores, y se dé una frecuencia de contacto con los padres baja. Sin embargo, aunque el significado de la situación de vida semi-independiente pueda diferir algo entre países, o dentro de un mismo país entre estados o comunidades, la característica central de esta categoría parece ser que representa un estado transitorio no estable para aquellos que han dado los primeros pasos hacia la independencia residencial, pero no han alcanzado plenamente esta independencia. En el estudio realizado por Kins et al. (2009) donde se analizó el bienestar de los adultos emergentes con relación a su situación residencial, se determinó que las personas que vivían de forma semiindependiente o independiente informaron un mayor bienestar. Por último, si bien los jóvenes españoles se vuelven independientes a edades avanzadas respecto a otros jóvenes europeos, es preciso destacar las diferencias de género que se producen en nuestro país en la adquisición de este rol adulto. Así, los hijos permanecen en el hogar de los padres dos años más de media que las hijas (Cañada- Vicinay 2005). Cabe mencionar aquí el hecho de que, en el año 2019, sólo el 35.4 % de hombres y el 38.9 % de mujeres de entre 15 y 29 años, habían abandonado el hogar familiar (INJUVE 2020). Y esto es así, a pesar de que las chicas reciben formación por un período de tiempo más largo que los chicos, tienen menos probabilidades de obtener un trabajo estable (Cañada- Vicinay, 2005), aspectos todos ellos que se relacionan con un Capítulo I: Introducción 61 retraso de la emancipación si se tienen en cuenta a la población global sin diferenciar adultas y adultos emergentes (Martínez-Granado & Ruiz-Castillo 2002). En resumen, el retraso en el abandono del hogar familiar representa una tendencia destacada en adultos emergentes españoles. A esta circunstancia concurren varios factores de los señalados, factores socioeconómicos y estructurales, factores culturales y factores motivacionales. La toma de decisiones, el sentido de agencia y el compromiso que conlleva la independencia residencial y financiera en los jóvenes es parte de su proceso de maduración (Lisha et al. 2014). En la medida en la que los adultos emergentes pueden lograr sus objetivos de independencia residencial (salir del hogar) a lo largo de esta etapa, experimentarán mayor ajuste psicosocial (Kins et al., 2009). Como conclusión, en este segundo apartado se ha realizado una descripción de la adultez emergente como etapa del ciclo vital. Además, se ha explicado qué ocurre con el florecimiento de los adultos emergentes con relación a las características idiosincráticas de esta etapa y en relación a las tareas del desarrollo a las que los adultos emergentes tienen que hacer frente a lo largo del transcurso de la misma. Para ello se ha analizado la bibliografía disponible que ha proporcionado evidencia empírica de que la adultez emergente se constituye como una nueva etapa del desarrollo, que surgió como respuesta a la nueva realidad social de las últimas décadas, y es pertinente indagar sobre la repercusión que tiene en el florecimiento de las personas. Pero, aunque ya sabemos que los éxitos y las dificultades de los jóvenes para gestionar tareas evolutivas propias de esta etapa y cumplir con las expectativas sociales marcadas se relacionan con su bienestar, sin embargo, se necesitan estudios con medidas adecuadas de florecimiento que puedan arrojar más luz sobre aspectos en los que no hay acuerdos, existen contracciones, hay lagunas de conocimiento o pueden estar cambiando al albur de los tiempos. En este sentido, a lo largo del análisis que se realiza en este apartado teórico se ha puesto de manifiesto que la transición a la edad adulta está incrustada en el contexto sociocultural y, por lo tanto, puede variar para unos y otros, dependiendo de los determinantes socioeconómicos, sociopolíticos, culturales e incluso, del momento histórico. Por ello, los jóvenes españoles, como otros jóvenes del sur de Europa que transitan bajo el paraguas del llamado “modelo mediterráneo de transición a la adultez” presentan unas características distintivas que impactarán de forma diferente en su florecimiento respecto a los adultos emergentes del norte europeo o Estados Unidos. Y, El Florecimiento en la Adultez Emergente 62 sin embargo, la mayor parte de la investigación sobre la adultez emergente proviene de países del centro y norte de Europa o de Estados Unidos. Así, se hace necesario realizar estudios que capturen las particularidades de nuestros jóvenes adultos emergentes. Como veremos en las páginas siguientes, necesitamos conocer las variables que pueden explicar el florecimiento en la adultez emergente en nuestro país, y poder responder a la pregunta de cómo promover el florecimiento de los jóvenes de nuestro contexto. Capítulo I: Introducción 63 3. VARIABLES RELACIONADAS CON EL FLORECIMIENTO DURANTE LA ADULTEZ EMERGENTE MÁS ALLÁ DE LAS CARACTERÍSTICAS Y LAS TAREAS EVOLUTIVAS PROPIAS DE LA ETAPA En este apartado se detallará el papel que sobre el florecimiento tienen variables sociodemográficas no tratadas en el capítulo anterior, como el nivel de ingresos familiares y el sexo, y también variables del contexto educativo y el apoyo social percibido. Para cada una de estas variables se seguirá la misma lógica de exposición, tal y como puede comprobarse en el índice. En primer lugar, se hará un recorrido necesariamente somero por la conceptualización de cada una de las variables. En segundo lugar, se incorporará la información acumulada sobre la relación entre la variable y el florecimiento. Puesto que florecimiento es una conceptualización reciente de bienestar, y la evidencia acumulada hace referencia con frecuencia a otras medidas de bienestar, en esta revisión se incluirán resultados respecto a esas otras medidas de bienestar. Posteriormente, se describirán, si existe conocimiento previo en la bibliografía, qué mecanismos explican la asociación entre estas variables. Finalmente, se analizará la importancia de la relación entre estas variables y el florecimiento en la etapa de la adultez emergente. 3.1 Nivel de Ingresos Familiares y Sexo y Florecimiento durante la Adultez Emergente En esta sección veremos cuáles son las implicaciones para el florecimiento de los adultos emergentes de las variables sociodemográficas nivel de ingresos familiares y sexo. Conviene aclarar que existe un cuerpo sustancial de investigaciones hasta la fecha que revela la existencia de controversia sobre el papel que juegan las variables sociodemográficas en el bienestar (Schotanus-Dijkstra et al., 2016). En paralelo, los estudios previos señalan que las variables sociodemográficas, entre las que se encuentran el nivel de ingresos y el sexo, explican entre el 8% y el 20% de la varianza del bienestar (Argyle, 2001; DeNeve & Cooper, 1998). El florecimiento es, como ya se ha conceptualizado, una medida de bienestar. Sin embargo, en este caso, una medida sobre la que existe poca evidencia acumulada relativa a su relación con las variables sociodemográficas. Esta evidencia analiza la relación del florecimiento con la edad, sexo, raza, nivel de estudios, estado civil o lugar de residencia (Huppert & So, 2013; Keyes, 2002, 2005, 2007a; Keyes et al., 2002; Keyes & Simoes, 2012; Schotanus-Dijkstra et al., 2016), pero estos estudios no incluyeron en sus análisis El Florecimiento en la Adultez Emergente 64 la variable nivel de ingresos familiar. Esta ausencia genera un vacío en el conocimiento del florecimiento que provocará que parte de la revisión de bibliografía relativa al papel del nivel de ingresos en el florecimiento haga referencia a otras medidas o conceptualizaciones de bienestar. Por su parte, la variable sexo sí ha recibido suficiente atención en la ciencia del bienestar, así como también ha suscitado algunos trabajos en el campo del florecimiento. Los siguientes apartados se destinan a desgranar el conocimiento acumulado de ambas variables, nivel de ingresos y sexo, y su relación con el florecimiento. 3.1.1 El Nivel de Ingresos y Florecimiento durante la Adultez Emergente. Por las razones antes argumentadas comenzamos este apartado mostrando, como marco comparativo, la relación de la variable nivel de ingresos con el bienestar. Posteriormente, presentaremos algunos datos sobre el florecimiento y el nivel de ingresos de los adultos emergentes. Quizás, a primera vista, la variable predictora más intuitiva de las diferencias individuales en el bienestar de las personas sea el nivel de ingresos. Se podría esperar que los ingresos tengan un amplio efecto en la capacidad de las personas para maximizar la percepción sobre su nivel de bienestar, precisamente porque los ingresos en sí tienen el potencial de afectar a muchas otras circunstancias de la vida. Así, aunque haya pocos trabajos que analizan su influencia en el florecimiento en concreto, no es sorprendente que muchos estudios hayan examinado la asociación entre el nivel de ingresos y el bienestar; trabajos en los que además se reconoce la enorme complejidad que entraña el explicar los procesos implicados en la asociación de estas variables (Diener et al., 2015; 2018; Diener & Biswas-Diener, 2002; Diener & Oishi, 2000; Furnham & Argyle, 1998; Stevenson & Wolfers, 2013; Xiao, 2014). Las investigaciones en las que se relacionan nivel de ingresos y bienestar tienen la particularidad de que suelen realizarse con muestras grandes y representativas (lo que no siempre ocurre con los estudios de otros predictores del bienestar) y encuentran que las correlaciones entre ambas variables oscilan entre .15 y .25 (Lucas & Schimmack, 2009). Sin embargo, quedan sin contestar algunas preguntas importantes sobre la naturaleza de esta relación. Por ejemplo, no está claro si las personas se sienten satisfechas con la riqueza material una vez que alcanzan cierto nivel de ingresos. Algunos autores apoyan la idea de que, por encima de cierto nivel de ingresos estables, el bienestar Capítulo I: Introducción 65 emocional de las personas se ve afectado por otros factores relacionados con características de personalidad y circunstancias de la vida (“disminución de la utilidad marginal del nivel de ingresos”) (Kahneman & Deaton, 2010). Incluso algunos estudios muestran una disminución del bienestar en las personas de mayor poder adquisitivo (Jebb et al., 2018). Sin embargo, otras investigaciones sugieren que el nivel de ingresos continúa asociado al bienestar, incluso en los países más prósperos y con participantes de altos niveles de ingresos (por ejemplo, Deaton, 2008; Sacks et al., 2013; Stevenson & Wolfers, 2013). Es decir, la controversia sobre la existencia de un punto de saciedad en la relación entre nivel de ingresos y bienestar no está cerrada. Otro debate importante que condiciona la relación entre el nivel de ingresos y el bienestar se refiere a lo que se ha llamado la “paradoja de Easterlin”. Easterlin (1974, 1995, 2005), hace ya varias décadas, aseveró que el crecimiento económico de un país no garantiza el bienestar de ese país o sociedad. La paradoja consiste en el hecho desconcertante de que, dentro de un mismo país o sociedad, las diferencias individuales en los ingresos correlacionan con las diferencias en los informes de bienestar, (es decir, la personas con más ingresos suelen declarar tener mayor bienestar) pero, a medida que los ingresos medios nacionales aumentan, en ocasiones, no se da un crecimiento sustancial en el bienestar medio declarado por sus habitantes. Este autor mostró que, aunque la relación ente nivel de ingresos y bienestar en estudios transversales no deja lugar a dudas (tanto dentro de un país como entre países): los países más ricos tienen habitantes que informan de mayor bienestar y las personas más adineradas dentro de un mismo país indican tener mayor bienestar, los aumentos significativos del nivel de ingresos dentro de un país a lo largo del tiempo no conducen a un aumento del bienestar medio de sus ciudadanos (Easterlin, 1974). Es decir, aunque en algunas décadas alguna sociedad como la estadounidense mejoró su economía, el nivel medio de bienestar de sus habitantes no mejoró e incluso en alguna ocasión decreció. Además, este hecho se mantiene no solo en los países desarrollados, sino también en los países en vías de desarrollo (Easterlin et al., 2010; Myers, 2000). Desde la publicación de estos resultados, otros estudios han investigado esta cuestión usando diseños más refinados. Así, el propio Diener mostró, en un estudio con datos recopilados desde 2005 a 2011 en 158 países, que el aumento de ingresos se asociaba con aumento del bienestar a lo largo del tiempo (Diener et al., 2013). Sin embargo, hubo algunas naciones en las que esto no ocurrió, donde factores como una disminución del optimismo o el nivel de conflicto parecían El Florecimiento en la Adultez Emergente 66 afectar a la relación entre nivel de ingreso y el bienestar a lo largo del tiempo. Por lo tanto, concluyeron que, aunque el aumento del ingreso nacional medio se relaciona con el aumento del nivel de bienestar, existen muchas excepciones a esta tendencia general. Otros estudios han argumentado otras razones para explicar por qué la riqueza no siempre engendra una mayor felicidad. Una de las hipótesis hace referencia a que la mayor presión de tiempo y el estrés que experimentan las personas en las sociedades desarrolladas pueden ser factores que contribuye a esta ausencia de relación. La crisis de tiempo y la constante multitarea característica del estilo de vida moderno y de las sociedades prósperas, dejan a las personas con un tiempo de ocio limitado, disminuyendo las posibilidades de disfrutar en la vida, lo que desemboca en mayor estrés y estado de ánimo más negativo (Levine & Norenzayan, 1999; Ng et al., 2009). Por lo tanto, a pesar de las condiciones materiales mejoradas en algunas sociedades, puede que esto no lleve consigo mejoras en el bienestar (Ng & Diener, 2019). Otra hipótesis fue la planteada por Brickman & Campbell (1971). Según estos autores, sea a través de las comparaciones entre personas o del efecto del valor absoluto de su nivel económico, las personas parecen atrapadas en una “cinta de correr hedónica” en la que acaban adaptándose a sus circunstancias actuales. Esta “cinta” evitaría aumentos permanentes de los niveles de bienestar, aunque aumente el nivel económico. Esta perspectiva considera que las condiciones cambiantes sólo tendrían efectos en el bienestar a corto plazo porque, inevitablemente, las personas acaban adaptándose a su nivel económico presente. Tal y como se ha indicado previamente, otra cuestión que afecta a la investigación y la teorización sobre los vínculos entre nivel de ingresos y bienestar, es que esta asociación varía en diferentes contextos de análisis. Así, los factores sociales podrían alterar la asociación entre el nivel de ingreso y el bienestar. Por ejemplo, se ha estudiado cómo la forma en que las personas usan el dinero del que disponen puede afectar al bienestar. De esta forma, gastar el dinero en beneficio de los demás reporta un elevado nivel bienestar a la persona (Dunn et al., 2014); o bien, comprar “experiencias” (gastar dinero con la intención principal de tener una experiencia, un evento o serie de eventos con los que la persona disfruta), genera mayor satisfacción y bienestar que comprar bienes materiales (Gilovich et al., 2015). En este sentido, lo que se relacionaría con el bienestar no sería tanto tener más posibilidades económicas como dedicar esas posibilidades, a Capítulo I: Introducción 67 cuestiones más gratificantes. Por otro lado, en estudios recientes, se ha demostrado el efecto moderador de la cultura de un país (liberal o conservadora) en la asociación entre el nivel de ingresos y el bienestar. Li et al. (2019) encontraron que en los países conservadores una mayor desigualdad económica se asociaba a mayor bienestar percibido en los ciudadanos, con un efecto moderador significativo, mientras que, en los países liberales, a mayor desigualdad económica menor bienestar percibido en sus ciudadanos, pero dicha asociación no alcanzó significación. Este patrón es desconcertante porque implica que las personas actúan en contra de sus propios intereses, ya que si las personas con menor nivel de ingresos, en las sociedades conservadoras, informan de un mayor bienestar ante una mayor desigualdad, no es probable que se opongan al sistema político. Por otro lado, algunas investigaciones sugieren que existen diferencias individuales en la asociación entre nivel de ingresos y bienestar. Soto & Luhmann (2013) encontraron que la personalidad modera los efectos de los ingresos en el bienestar. Estos autores demostraron que los individuos con rasgos de neuroticismo reaccionan más fuertemente a su nivel de ingresos y a los cambios en sus ingresos, afectando a su bienestar. Por otro lado, Cheung & Lucas (2015) encontraron que la edad también modera la asociación entre nivel de ingresos y bienestar: los ingresos no se mostraron como el mejor indicador de bienestar entre los jóvenes (17 a 30 años) o las personas mayores de 50, aunque sí lo fueron en las personas de mediana edad (entre 30 y 50 años). Otros factores como los eventos negativos de la vida, como la enfermedad y el divorcio, tienen un impacto diferente sobre el bienestar, dependiendo del nivel económico de las personas (Kahneman & Deaton, 2010). Por último, otra polémica en el estudio del papel de los ingresos de las personas en su bienestar se centra en examinar si los ingresos están igualmente relacionados con los diferentes tipos de bienestar. Estos estudios parten de la consideración del bienestar como una construcción multifacética. Así, sus diversos componentes muestran relaciones diferenciales con el nivel de ingresos. De esta forma, los cambios en el nivel de ingresos a largo plazo están más relacionados con los cambios en las evaluaciones de la satisfacción con la vida que con los cambios en los sentimientos positivos y negativos. Además, estos estudios mostraron que el nivel de ingreso nacional predice las evaluaciones de la satisfacción con la vida, incluso después de controlar los niveles de ingresos individuales, lo que indicó que existen circunstancias sociales relacionadas con los ingresos que podrían influir sustancialmente en la satisfacción con la vida de las El Florecimiento en la Adultez Emergente 68 personas (Diener, Kahneman, et al., 2009; Diener, Ng, et al., 2010) y que la percepción del nivel económico global de un país se relaciona más con la satisfacción vital que el nivel de ingresos individual. Resumiendo, a pesar de las complejidades involucradas en el estudio de la relación entre el nivel de ingresos y el bienestar, se pueden extraer algunas conclusiones claras. La asociación entre nivel de ingresos y bienestar es consistentemente positiva en los estudios transversales; y, aunque las primeras revisiones concluyeron que las personas alcanzan rápidamente un punto de saciedad, más allá del cual el aumento de los ingresos ya no se asocia con un mayor bienestar, las investigaciones más recientes con grandes muestras y diseños sofisticados han desafiado esa conclusión. No llegando, sin embargo, a resolverse la cuestión de la saciedad en la relación entre el bienestar y el nivel de ingresos. De manera similar, aunque se ha realizado una considerable investigación para determinar si los efectos del nivel ingresos sobre el bienestar son relativos o absolutos, y aunque parece probable que ambos tipos de efectos desempeñen un papel importante, se necesita más investigación, sobre todo en lo relativo a los estándares de comparación en las personas. También se necesita investigación futura para aclarar si las personas se adaptan a los cambios en el nivel de los ingresos. Además, la investigación muestra claramente que varios factores moderan la asociación entre el nivel de ingresos y el bienestar, incluida la forma en que las personas usan sus ingresos, la cultura de un país, la forma de vida emergente en las sociedades desarrolladas, junto con diversas variables de índole individual. Finalmente, es necesario tener muy presentes las medidas de bienestar utilizadas, las muestras poblacionales y el tratamiento de las variables, para entender las conclusiones a las que podamos llegar. Como se avanzó al inicio de este apartado, se ha realizado una revisión de bibliografía sobre el papel del nivel de ingresos en el bienestar porque son escasos los estudios previos que analicen cómo afecta específicamente al florecimiento de los adultos emergentes el nivel de ingresos de sus familias. Que sepamos, sólo el trabajo de Waterman et al. (2010), con una amplia muestra de estudiantes universitarios, da cuenta de esta relación y no encontraron diferencias significativas en el florecimiento de los jóvenes en relación a los ingresos familiares. Capítulo I: Introducción 69 3.1.2 Diferencias de Género y Florecimiento durante la Adultez Emergente. ¿Es el bienestar diferente en los hombres y en las mujeres? Si es así, ¿por qué? No es raro ver en la investigación actual poner el énfasis en las comparaciones de género como aspecto distintivo principal sobre diferentes características psicológicas, o recurrir a él como moderador principal. El papel de las diferencias de género en el bienestar también ha sido de interés desde hace mucho tiempo. Curiosamente, las diferencias de género en el bienestar a menudo han sido inconsistentes (Batz-Barbarich & Tay, 2018). Aunque a veces las investigaciones no logran encontrar una diferencia significativa entre el bienestar de hombres y mujeres (Okun & George, 1984), otras demuestran diferencias significativas entre los géneros en direcciones opuestas: así, algunos trabajos muestran que los hombres tienen niveles significativamente más altos de bienestar que las mujeres (Stevenson & Wolfers, 2009; Zuckerman et al, 2017), mientras que estudios como el de Fujita et al., (1991), evidencian que son las mujeres las que tienen un nivel de bienestar significativamente superior al de los hombres. Para complicar las cosas, existen diferentes aspectos del bienestar y diferentes subpoblaciones dentro de las cuales se realizan comparaciones de género. Así, hay estudios que comparan las diferencias del bienestar entre hombres y mujeres en distintos grupos de edad (Inglehart, 2002), países o diferencias culturales (Lucas & Gohm, 2000), encontrándose resultados mixtos. En los estudios sobre el florecimiento, también se ha encontrado la inconsistencia de los resultados hallados en los estudios de bienestar en cuanto a las diferencias entre hombres y mujeres. Así, algunos estudios recientes han encontrado que las mujeres florecen más que los varones (Schotanus-Dijkstra et al., 2016; Tong & Wang, 2017); mientras que otros estudios muestran que son los hombres los que presentan mayor nivel de florecimiento (Keyes 2007a; Keyes & Simoes, 2012) e incluso aparecen otros en los que no se encuentran diferencias en función del género (Martín-Carbonell, et al., 2021). Durante la adultez emergente el bienestar parece comportar también diferencias de género. Así, los datos sobre el bienestar psicológico en esta etapa, apuntan a una diferencia de género (Keyes et al., 2002), alcanzándose en las chicas puntuaciones significativamente superiores en bienestar psicológico global, y además, promedios significativamente más altos en las dimensiones de crecimiento personal y propósito en la vida (García-Alandete et al., 2013; Rosa-Rodríguez et al., 2015), mientras que los chicos obtienen puntuaciones superiores a las chicas en los niveles de autonomía (Urquijo El Florecimiento en la Adultez Emergente 76 (Datu et al, 2017; Jang et al., 2012; Ng et al., 2015; Reeve & Lee, 2014), y han mostrado previamente relacionarse con indicadores de bienestar (Cobo-Rendón et al., 2020; El Ansari & Stock, 2010; Lewis et al., 2009). El compromiso académico se refiere a la medida en que los estudiantes están involucrados en actividades relacionadas con el centro educativo (Fredricks et al., 2004). El concepto de compromiso académico se adoptó del ámbito de la psicología organizacional y la economía procedente de conceptualizaciones más amplias como el compromiso laboral (Ouweneel et al., 2011). La aparición del concepto de “compromiso laboral”, coincide con el surgimiento de la psicología positiva que, como se expuso en el apartado 1.1, cambió el enfoque de estudio en psicología del mal funcionamiento humano hacia el estudio de las fortalezas humanas y el funcionamiento óptimo (Seligman & Csikszentmihalyi, 2000). El compromiso laboral se define como "(…) a positive, fulfilling, work-related state of mind that is characterized by vigor, dedication, and absorption [(...) un estado mental positivo, satisfactorio y relacionado con el trabajo que se caracteriza por el vigor, la dedicación y la absorción]”8 (Schaufeli & Bakker, 2004, p. 295). Posteriormente se introdujo la noción de “compromiso con el estudio”, con la idea de que, desde el punto de vista psicológico, las actividades centrales de los estudiantes pueden ser consideradas como "trabajo" (Salanova et al., 2010). Es decir, al igual que los empleados, los estudiantes participan en actividades estructuradas y constructivas (por ejemplo, realizar tareas, asistir a clases) que están dirigidas hacia un objetivo específico (por ejemplo, aprender, adquirir competencias, aprobar exámenes, obtener un título). Por lo tanto, el concepto diseñado en el ámbito laboral y el conocimiento adquirido hasta el momento en aquel ámbito, puede ser aplicado en el ámbito académico. La persona con compromiso académico se caracteriza por sentirse activa, estar dedicada a los estudios y estar absorta en tareas relacionadas con el estudio (Schaufeli et al., 2002). El compromiso académico se relaciona positivamente con la satisfacción con la vida de los estudiantes (Lewis et al., 2011) y con su nivel bienestar (Datu & King, 2018; Salanova et al., 2010). 8 Traducción de la autora de este trabajo Capítulo I: Introducción 77 A su vez, el compromiso es un predictor próximo del rendimiento académico (Carini et al., 2006; Datu et al, 2017; Fredericks et al., 2004). Por otro lado, el rendimiento académico puede evaluarse a través de las calificaciones académicas (ej en Bolinski et al., 2020). Sin embargo, la evaluación del rendimiento académico percibido, en cuanto a la percepción que el estudiante tiene de que le van bien en los estudios o que sus calificaciones son adecuadas es también frecuente en la investigación, ya que es más fácil de obtener y ha mostrado una buena capacidad predictiva de las calificaciones reales (Oliva & Narváez, 2013). La percepción del rendimiento académico está asociada positivamente con una alta autoestima (Valentine et al., 2004) con la satisfacción con la vida (Ng et al., 2015) y con el bienestar (Datu, 2017; Nickerson et al., 2011; Villavicencio & Bernardo, 2016). Específicamente relacionado con el florecimiento, existe un precedente claro del trabajo que aquí se presenta: los estudios de Datu y Valdez. En investigaciones recientes, estos investigadores han encontrado una relación positiva entre el compromiso con el estudio, el rendimiento académico y el florecimiento (Datu et al., 2017, 2018; Datu & Valdez, 2016, 2019). Desde la psicología positiva, los investigadores se han centrado en explorar las consecuencias del florecimiento en una amplia gama de resultados educativos (Datu, 2018; Datu et al., 2018, 2020; Kristjánsson, 2012; Lewis et al., 2009). Así, Seligman et al. (2009) acuñaron el término "educación positiva" para señalar cómo los factores individuales, sociales y contextuales positivos pueden promover un funcionamiento académico efectivo. Este paradigma postula que el florecimiento se relaciona con indicadores del éxito académico (Datu, 2017). Así, trabajos recientes han encontrado relación positiva entre el florecimiento e indicadores de desempeño en los estudios como el aprendizaje, la autoeficacia y la perseverancia (Paciello et al., 2016: Wagner et al., 2021). En particular, Datu (2018) ha encontrado que los estudiantes con altos niveles de florecimiento tienen más probabilidades de lograr un mejor rendimiento académico y compromiso con los estudios. A la misma conclusión respecto a la asociación entre rendimiento académico reportado y florecimiento llegan Howell (2009) y Coffey et al., (2016). No sólo con el rendimiento, la investigación también muestra que indicadores de florecimiento como las emociones positivas se asocian con niveles elevados de compromiso académico. El Florecimiento en la Adultez Emergente 78 Estudiar el florecimiento en contextos educativos universitarios es hacerlo básicamente sobre los adultos emergentes. De hecho, la mayoría de los estudios recientes citados sobre florecimiento y bienestar donde se relacionan estas variables con aspectos educativos se realiza con muestras de estudiantes universitarios que transitan en la etapa de la adultez emergente. Como ya vimos en el apartado 2.2 de este trabajo, los adultos emergentes, jóvenes entre 18 y 29 años, se encuentran en esta etapa en un proceso de maduración físiológica y cognitiva, en el que las habilidades cognitivas críticas (aquellas que posibilitan el aprendizaje de cosas nuevas) es decir, la memoria de trabajo y la inteligencia fluida, así como la velocidad de procesamiento de la información aumentan y alcanzan su punto máximo a mediados de los 20 años (Hochberg y Konner, 2020). Por otro lado, la mayoría de los adultos emergentes está comenzando su incursión en sus carreras laborales (Arnett, 2000), y pese a los sentimientos de inestabilidad e incertidumbre característicos de esta etapa, también se genera un potencial ilusionante para establecer una trayectoria hacia un futuro profesional (Hawkins et al., 2017; Nelson & Padilla-Walker, 2013). Una de las características más destacadas de la transición de los estudios secundarios a la universidad es el creciente aumento del nivel de rigor académico y la competitividad que experimenta la mayoría de los estudiantes. Esta fase se ha descrito como pasar de ser un "pez grande en un estanque pequeño" a ser un "pez pequeño en un estanque grande" (Chung et al., 2014). Se ha comprobado que esta transición tiene un impacto negativo en la autoestima y el bienestar, ya que las altas expectativas iniciales de los estudiantes chocan con la realidad de competir con otros "peces gordos" por las buenas calificaciones, y el inevitable fracaso que supone para muchos de ellos (Marsh & Hau, 2003). El rendimiento académico percibido estará determinado por las expectativas iniciales de los estudiantes en sus calificaciones universitarias, y las calificaciones reales que terminan obteniendo. Así Chung et al. (2014) demostraron en su estudio longitudinal que los universitarios participantes esperaban obtener mejores calificaciones de las que terminaron recibiendo, lo que afectó negativamente a su nivel de autoestima. A este respecto, investigaciones anteriores han demostrado consistentemente que muchos de los estudiantes universitarios tienen expectativas infladas sobre sus calificaciones (Beyer, 1999; Garavalia & Gredler, 2002; Nowell & Alston, 2007; Svanum & Aigner, 2011), esto puede plantear la posibilidad de que el florecimiento se vea afectado negativamente cuando los estudiantes no cumplan con sus expectativas poco realistas. Capítulo I: Introducción 79 En líneas anteriores, hemos señalado cómo la investigación sugiere, en general, que la percepción del rendimiento en los estudiantes está asociada positivamente con una alta autoestima y con el bienestar (Valentine et al., 2004), y que esta influencia es recíproca a lo largo de los años de estudios universitarios, al menos en el caso de la autoestima (Marsh & Craven, 2006). Igualmente, Datu (2018) demostró que el florecimiento predice positivamente el rendimiento académico de los estudiantes universitarios. Así, excepto el trabajo de Marsh y Craven (2006), la mayor parte de los trabajos que testan la relación entre florecimiento o alguna medida de bienestar y rendimiento académico o compromiso lo hacen con la hipótesis de que el bienestar/florecimiento afecta o predice las variables académicas. Sin embargo, la mayor parte de estos estudios son transversales. La hipótesis desde la que partimos en este trabajo es que también el que las personas estén comprometidas con sus estudios (recordemos, actividad clave de nuestra muestra de estudiantes universitarios) y que perciban que son buenos estudiantes afectará a sus niveles de florecimiento. Por último, en relación a las diferencias de género que se puedan dar en relación a la asociación entre las variables del contexto educativo y el florecimiento durante la adultez emergente, cabe destacar el estudio de Andrés y Adamuti-Trache (2008). Dicho estudio longitudinal, realizado durante 15 años (1993-2003), fue diseñado para examinar las trayectorias educativas y profesionales de adultos emergentes canadienses desde una perspectiva de género. Estos autores encontraron que: tanto en 1993 como en 2003 se da paridad en la obtención de títulos universitarios; las mujeres mostraron el doble de probabilidad de comenzar de forma temprana estudios no universitarios; las mujeres tuvieron también el doble de probabilidades de completar los estudios universitarios en 5 años; mientras las mujeres con títulos profesionales y de postgrado ocuparon categorías laborales de prestigio en el 53% de los casos, los hombres lo hicieron en el 69%; los hombres tuvieron mayor salario que las mujeres y, finalmente, en todos los grupos de logros educativos y profesionales durante la adultez emergente fue mayor la proporción de mujeres casadas y con hijos que de hombres. Para finalizar este apartado, trataremos de explicar el papel que desempeñan los resultados de aprendizaje y el rendimiento educativo en el florecimiento de los adultos emergentes, recurriendo a las aportaciones que nos ofrecen la teoría de la ampliación y la construcción de Fredrickson (1998, 2001) y la teoría de la Autodeterminación de Ryan y Deci (Ryan et al., 2021; Ryan & Deci, 2000, 2001). La teoría de la ampliación y la El Florecimiento en la Adultez Emergente 80 construcción (Fredrickson, 1998, 2001; Fredrickson & Losada, 2005) proporciona un posible marco para interpretar por qué el florecimiento puede vincularse a resultados educativos claves. Este modelo postula que las emociones positivas y los estados psicológicos óptimos son altamente ventajosos porque amplían los repertorios de acción que son valiosos en la construcción de recursos psicológicos adaptativos (por ejemplo, la resiliencia y el optimismo). El florecimiento se ha conceptualizado como un estado óptimo de bienestar psicosocial que puede promover importantes recursos académicos, como el rendimiento académico (tanto el rendimiento académico percibido como real) y el compromiso emocional de conceder prioridad a los estudios. Por su parte, como se ha tenido la oportunidad de avanzar en otros apartados, la teoría de la autodeterminación propone que las razones intrapersonales o intrínsecas que nos llevan a realizar acciones específicas se consideran altamente óptimas para el funcionamiento psicosocial positivo (Ryan & Deci, 2000, 2001). La motivación intrapersonal o intrínseca se refiere al impulso de realizar acciones específicas que sean consistentes con los intereses y valores propios. Esto contrasta con la motivación controlada o extrínseca en la que la acción se induce debido a presiones externas o sentimientos introyectados y que se considera perjudicial para el bienestar. De acuerdo con esta perspectiva, estudios previos han demostrado que la motivación intrapersonal promueve resultados clave de aprendizaje en el contexto académico. Por ejemplo, la motivación intrínseca se ha relacionado con un mayor compromiso académico (Caleon et al., 2015; Jang, 2008; Jang et al., 2012) y el rendimiento académico (Guay et al., 2010; Jang et al., 2012; Kusurkar et al., 2013;). Así, el florecimiento, en la medida que implica esta motivación intrínseca, estaría relacionado con resultados de aprendizaje positivos como el mayor rendimiento y el mayor compromiso con los estudios. En conclusión, en este subapartado se ha tratado de poner en claro la asociación entre algunos indicadores del contexto educativo en los adultos emergentes y el florecimiento, así como describir posibles explicaciones para justificar teóricamente la relación. Con ello, solo nos queda añadir, lo que hemos comentado ya anteriormente, sobre la dirección de la relación de las variables tratadas que adoptamos en este trabajo. Si bien la mayoría de investigadores plantean en sus trabajos cómo afecta el florecimiento sobre las variables del contexto educativo, nuestra hipótesis de trabajo aporta una visión complementaria, parte del estudio de la asociación y/o predicción del compromiso y el Capítulo I: Introducción 81 rendimiento académicos sobre el florecimiento de los estudiantes universitarios inmersos en la adultez emergente. 3.3 El Apoyo Social Percibido y Florecimiento durante la Adultez Emergente En este apartado se analiza la relación entre el apoyo social percibido y el florecimiento durante la adultez emergente. En las siguientes líneas se mostrará el interés por incluir esta variable como explicativa del florecimiento de los adultos emergentes. Se describirán las principales líneas teóricas que explican la relación entre apoyo social y florecimiento, y se aportarán los apoyos empíricos al respecto. El apoyo social es considerado un recurso condicional (ambiental y contextual) que se refiere al nivel de apoyo que es accesible para una persona a través de los vínculos sociales establecidos con otras personas, grupos y la comunidad en general (Lin et al., 1979). El apoyo social hace referencia a diferentes formas de apoyo: instrumental, informativo y emocional (House et al., 1988). El apoyo instrumental implica la provisión de ayuda material, por ejemplo, asistencia financiera o ayuda con las tareas diarias. El apoyo informativo se refiere al suministro de información relevante destinada a ayudar a la persona a hacer frente a las dificultades actuales y, por lo general, toma la forma de asesoramiento u orientación en el tratamiento de los problemas. El apoyo emocional implica la expresión de empatía, cariño, tranquilidad y confianza y brinda oportunidades para la expresión y desahogo emocional (Cohen, 1988, 2004). Los nuevos intereses, habilidades y comportamientos que se suceden en la adultez emergente conducen a nuevos estilos de relación con los padres, hermanos, parientes, amigos y parejas (Aquilino, 2006). A su vez, la red de relaciones familiares y de amistad en la que están insertos los adultos emergentes continúa influyendo en sus trayectorias de desarrollo y oportunidades de vida. La adultez emergente es un período del desarrollo caracterizado por múltiples transiciones sociales y relacionales. Como ya se ha comentado, aunque esta etapa es experimentada como un tiempo emocionante y positivo, también supone para los adultos emergentes un tiempo de desafío caracterizado por incidencias relativamente altas de estrés y ansiedad (Arnett, 2015b; Nelson & Padilla- Walker, 2013). Los adultos emergentes que asisten a la universidad, en particular, encuentran factores estresantes: problemas en las relaciones sociales, la presión y exigencias académicas, la falta de recursos económicos, la presión generada por las propias expectativas, el ambiente disruptivo y la incertidumbre del futuro (Bouteyre et El Florecimiento en la Adultez Emergente 82 al., 2007; Hurst et al., 2013). Estos factores estresantes comprometen la salud y el florecimiento de los jóvenes y potencialmente interfieren con el progreso de resultados de desarrollo positivos, como los logros académicos y profesionales (Arnett 2015a; O`Connor et al., 2011). El Apoyo social puede contribuir a mitigar todos estos estresores. Como ya se indicó en el apartado segundo del presente capítulo (en el subapartado 2.3.2), las relaciones de pareja cobran una importancia destacable en el curso general del desarrollo de esta etapa y específicamente en la salud física y mental de los jóvenes (Braithwaite et al., 2010), por lo que el apoyo percibido de la pareja va a suponer un potencial de influencia en el bienestar del adulto emergente. Respecto a la familia y amigos la evidencia es aún mayor. Existen datos contrastados de que los niveles más altos de desarrollo positivo y bienestar en los adultos emergentes, se asocian con las relaciones positivas con los familiares y amigos (O`Connor et al., 2011). Si bien el apoyo social desempeña un papel central en el bienestar del individuo a lo largo de toda su vida, este apoyo es importante en el florecimiento de los jóvenes en esta etapa del ciclo vital al influir positivamente en su funcionamiento psicológico y desarrollo positivo (Holliman et al., 2021; Lee et al., 2018; Lee & Goldstein, 2016; Taylor, 2011; Thomas et al., 2017). En definitiva, los trabajos previos han demostrado que el apoyo social está relacionado positivamente con el bienestar psicológico y el florecimiento (Holliman et al., 2021; Moak & Agrawal, 2010; Siedlecki et al., 2014). El apoyo social promueve la salud, el bienestar y florecimiento de la persona tanto de forma directa como a través de mecanismos como la amortiguación del estrés, el control social (Cohen, 1988, 2004; Cohen & Wills, 1988) o las relaciones de roles (Thoits, 2011). A continuación, se describirán estas cuatro formas. En primer lugar, numerosos estudios han sugerido que el apoyo social está asociado positiva y directamente con la salud y el bienestar psicosocial (Kwag et al., 2011; Raffaelli et al., 2013). El modelo efecto directo o principal descrito por Cohen & Wills (1985) o modelo independiente, desarrollado posteriormente por Ensel & Lin (1991) postula que, independientemente de estar bajo estrés o no, el apoyo social puede ofrecer beneficios sobre el bienestar y la salud de la persona al proporcionar un efecto positivo, una sensación de previsibilidad y estabilidad en el curso de la vida y una mejora de la autoestima (Symister & Friend, 2003), o evitando las experiencias negativas (por ej. problemas económicos o legales) (Cohen, 1988; Cohen & Wills, 1985; Lakey & Cohen, Capítulo I: Introducción 83 2000; Rose & Rudolph, 2006). De alguna forma, según este modelo, el apoyo social funciona como un elemento disuasorio de la ansiedad. Por el contrario, la falta de apoyo social puede aumentar la probabilidad de experimentar angustia y desarrollar problemas de salud física y/o mental en las personas (Bouteyre et al., 2007; Segrin, 2003). Por otro lado, el apoyo social puede proporcionar mecanismos para enfrentar y minimizar el impacto perjudicial del estrés sobre el bienestar de la persona (Thoits, 2011). El modelo de amortiguación del estrés sugiere que el apoyo social puede ayudar a las personas a mantener o recuperar fortalezas, particularmente cuando se encuentra bajo estrés, disminuyendo así las consecuencias potencialmente perjudiciales del estrés (Lakey & Cohen, 2000; Thoits, 2011; Uchino, 2009). El factor crítico en el apoyo social que funciona como amortiguador del estrés es la percepción de que otros (familia, amigos o pareja) brindarán la ayuda adecuada (Cohen, 1988; Cohen & Wills, 1985). Desde este punto de vista, la creencia de que otros proporcionarán los recursos necesarios refuerza la capacidad de la persona para hacer frente a las demandas del entorno, cambiando así la evaluación negativa de la situación y disminuyendo su estrés. La creencia de que el apoyo está disponible también puede amortiguar las respuestas emocionales y fisiológicas al evento o alterar las respuestas conductuales desadaptativas (Cohen, 2004). Así se ha mostrado, por ejemplo, que el apoyo social “amortigua” las influencias potencialmente dañinas de la reactividad cardiovascular inducida por el estrés (Cohen & Wills, 1985). En concreto y en relación a los iguales se ha encontrado que la presencia de un amigo se asocia a una menor reactividad de la presión arterial a un estresante psicológico agudo (Kamarck et al., 1990) o que un menor apoyo de los amigos se asocia a niveles mayores de estrés y ansiedad (Lepore et al., 1991). Resultados similares se encuentran respecto a la familia, donde niveles bajos de apoyo familiar se relacionan con niveles elevados de estrés y depresión (Rivera, 2007). Si bien este modelo predice que el apoyo social es beneficioso para quienes sufren adversidades, no determina el papel que el apoyo social percibido juega en la salud de quienes no tienen demandas altamente estresantes (Cohen, 2004). Otro mecanismo explicativo que se cree opera en la relación del apoyo social y el florecimiento durante la adultez emergente es el control social, previamente descrito cuando se expusieron los mecanismos que explican la relación entre tener pareja y florecimiento (apartado 2.3.2). Los familiares, los amigos y la pareja pueden regular los comportamientos de los demás (control social), y proporcionar información y estímulo El Florecimiento en la Adultez Emergente 84 que incite a comportarse de manera más saludable y a que se utilicen de manera más efectiva y adecuada los recursos sociales y sanitarios cuando las circunstancias lo requieran. Es decir, los esfuerzos de control social pueden amilanar las conductas de riesgo para la salud (Cohen, 2004; Reczek et al., 2014; Umberson et al., 2010), contribuyendo al bienestar y florecimiento de la persona. Existe otra forma más implícita o indirecta de control social que se deriva del hecho importante de que todos los vínculos o interacciones sociales representan relaciones de roles (Thoits, 2011). Los roles son posiciones en la estructura social (por ejemplo, esposo-esposa, padre-hijo, médico-paciente, amigo-amigo) que conllevan conjuntos recíprocos de derechos y obligaciones normativos. En la medida en que las personas aceptan sus roles sociales como autodefinidos (es decir, como identidades), obtienen orientación conductual a partir de las expectativas del rol. Los compromisos y responsabilidades con las personas con las que se comparten roles ejercen presiones implícitas para evitar conductas de riesgo o desviadas y para que se preocupen por su salud y bienestar (Rook & Underwood, 2000; Umberson, 1987). En relación a lo anterior, el saber quiénes somos para los demás también proporciona un propósito y significado a la vida (Thoits, 2011), lo que a su vez protege contra la ansiedad y la desesperación existencial. Importar a la otra persona es creer que uno es objeto de la atención de esa persona, y que depende de uno el satisfacer necesidades de apoyo específicas. Los lazos sociales (de familiares, amigos y pareja) proporcionan orientación conductual, además de propósito y significado en la vida (o un sentido de importancia), que a su vez tiene efectos positivos sobre los hábitos de salud y sobre el bienestar psicosocial (Berkman et al., 2000; Brissette et al., 2000; Cohen, 2004; Uchino, 2006; Umberson & Montez, 2010). En resumen, sea una relación directa (efecto principal), a través de la amortiguación del estrés, del control social o de las relaciones de roles, el apoyo social afecta al bienestar y el florecimiento, tanto si las personas se enfrentan a la adversidad o estrés como cuando no es así (Thois, 2011). Pero, además de considerar estos modelos explicativos, para entender la influencia del apoyo social sobre el bienestar y el florecimiento durante la adultez emergentes es importante conocer el contexto relacional del apoyo social. Por ejemplo, ¿quién proporciona el apoyo? ¿Proviene de amigos, de la familia o de una pareja sentimental? Capítulo I: Introducción 85 Muchas de las investigaciones que prueban empíricamente el papel del apoyo social percibido en la adultez emergente evalúan índices agregados o globales (es decir, el apoyo social percibido general), prestando menos atención al contexto relacional (es decir, las fuentes particulares de apoyo). Al centrarse estos estudios en las implicaciones para el desarrollo de los adultos emergentes puede que muchas preguntas queden sin respuesta (Lee et al., 2018), ya que investigaciones precedentes, han demostrado que esta etapa del desarrollo hay un cambio en el foco de atención de las relaciones de los jóvenes de la familia a amigos, compañeros y parejas íntimas (Arnett 2015b; Eshbaugh, 2010). Por ello, ampliar nuestra comprensión de cómo se relaciona el apoyo social con el bienestar y el florecimiento de los adultos emergentes requiere evaluar las distintas fuentes de apoyo social. Así, investigaciones más recientes con muestras de adultos emergentes han teniendo en cuenta la fuente de apoyo social en la asociación de éste con distintos indicadores de salud mental (Lee & Dik, 2017), salud física y bienestar (Lee et al., 2020). Los resultados destacan que en los adultos emergentes que asisten a la universidad, la relación entre el apoyo social y el bienestar individual varía según la fuente de apoyo. Específicamente, entre las tres fuentes de apoyo -familiar, de amistad y de pareja-, se encuentra que el apoyo de amigos y de la pareja beneficia las relaciones sociales de los adultos emergentes al disminuir sus sentimientos de soledad y disminuir alteraciones psicológicas, especialmente los síntomas depresivos (Lee et al., 2020; Lee & Dik, 2017). Mientras que el apoyo social de la familia beneficia la salud física autoevaluada de los jóvenes (Lee et al., 2020). Anteriormente, Segrin (2003) había concluido que el apoyo social de la familia resulta más efectivo que el apoyo de los amigos para reducir la angustia psicosocial en los adolescentes, pero no fue así en los adultos emergentes. Estos hallazgos siguieren que, si bien durante la edad adulta emergente, la familia de origen sigue siendo una fuente muy importante de apoyo social, sin embargo, las amistades y las parejas sentimentales cobran cada vez más importancia durante la transición a la edad adulta, no solo en términos de compañerismo e intimidad, sino también en relación a beneficios sobre el bienestar (Lee et al., 2016, 2020) y el desarrollo positivo de los jóvenes (Howard Sharp et al., 2017; Taylor et al., 2014). Como vemos, existe evidencia científica que relaciona el apoyo social con el bienestar e indicadores de desarrollo positivo durante la adultez emergente, sin embargo, El Florecimiento en la Adultez Emergente 92 1. PARTICIPANTES Los participantes de este estudio componen la muestra del Estudio sobre la Transición a la Adultez en España (TAE y TAEII) financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad (Agencia Estatal de Investigación, AEI), por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (MCIU) (Agencia Estatal de Investigación, AEI) del Gobierno de España, respectivamente, y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) (para una descripción más detallada de los proyectos ver http://grupos.us.es/transadultez/). Este trabajo ha tenido dos momentos de recogida de datos: la primera recogida (en adelante, T1), se llevó a cabo entre febrero-marzo de 2015 y la segunda parte del trabajo de campo (en adelante, T2) se desarrolló entre febreromarzo de 2019, siendo la segunda recogida el seguimiento longitudinal de una parte de los y las participantes de 2015. La muestra estuvo compuesta por un total de 1.502 estudiantes universitarios, 903 mujeres (60.1 %) y 599 hombres, de edades comprendidas entre 18 y 29 años (M = 20.32 and SD = 2.13). La mayor parte de ellos se encontraba en los años iniciales de la adultez emergente, teniendo el 86.4 % de ellos ente 18 y 22 años. Los participantes procedían de dos contextos geográficos y económicos muy diferentes: Andalucía y Euskadi. En Andalucía se recogieron datos en la Universidad de Sevilla (US) y en la Escuela Universitaria de Osuna (EUO), adscrita a la US. En Euskadi, la muestra procedía de la Universidad del País Vasco-Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU) y se recogieron datos en sus tres campus: Vitoria, Álava y Guipúzcoa. Se realizó un reclutamiento de los sujetos teniendo en cuenta la distribución representativa de las distintas áreas de conocimiento (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte [MECD], 2015): artes y humanidades (8.5% en nuestra muestra, 9.5 % de universitarios españoles), ciencias sociales y estudios jurídicos (32.2 %, 46.6 %), Ingeniería y arquitectura (23.5%, 20.2 %), ciencias de la salud (29.2 %, 17 %) y ciencias (6.7 %, 5.7 %). Respecto al nivel económico, el 15.8 % de los participantes informaron de un nivel de ingresos bajo, el 70.1 % de un nivel de ingresos medio y el 14.1 % informaron de un nivel de ingresos altos. En la tabla 6 aparecen los datos correspondientes a la descripción detallada de la muestra de T1 utilizada en este trabajo. Capítulo II: Método 93 Tabla 6: Distribución por Comunidad Autónoma y Sexo de Participantes de la Muestra T1 Como se avanzó previamente, la muestra 2 de la que parte este trabajo supone el seguimiento longitudinal de un grupo de jóvenes adultos emergentes procedentes de la muestra 1. Esta muestra 2 estuvo compuesta por 400 personas, 268 (67 % mujeres) y 132 hombres. En esta segunda recogida de datos los participantes tenían entre 21 y 32 años (M = 23.66 and SD = 2.08). De los 400 jóvenes que participaron en la primera y en la segunda recogida de datos, informaron en T1, de un nivel de ingresos bajo (18.5 %), medio (69.7 %) y alto (11.8 %). En T2 los participantes informaron de un nivel de ingresos bajo (22 %), medio (59.5 %) y alto (18.5 %). En la tabla 7 aparecen los datos correspondientes a la descripción detallada de la muestra 2 utilizada en este trabajo. Tabla 7: Distribución por Comunidad Autónoma y Sexo de Participantes de la Muestra 2 De la muestra 1, de 1.502 participantes a la muestra 2, de 400 participantes, se produjo una mortandad experimental de un 73.37 %. A continuación, se realiza el análisis de los casos perdidos. Chico Chica Total N % n % n % Universidad de Sevilla 339 56.59 416 46.07 755 0.27 Universidad del País Vasco 260 43.41 487 53.90 747 49.63 Total 599 38.88 903 60.12 1502 100 Chico Chica Total N % n % n % Universidad de Sevilla 75 56.8 127 47.4 202 50.5 Universidad del País Vasco 57 43.2 141 52.6 198 49.5 Total 132 33 268 67 400 100 El Florecimiento en la Adultez Emergente 94 1.1 Análisis de casos perdidos En general, no hubo grandes diferencias entre los participantes que continuaron en la investigación y quienes no continuaron. Los datos indicaron que entre los participantes que continuaron la investigación hay más chicas de las esperadas por azar χ² = 10.76; p = .001, aunque con un tamaño del efecto pequeño (V de Cramer = .085); tenían pareja en T1 en mayor proporción de lo esperado por azar los sujetos que continuaron el estudio en T2 respecto a los sujetos que no participaron en la segunda fase del estudio (χ² = 6.87; p = .009, Cramer’s V = .068) también con un tamaño del efecto pequeño. Además, los participantes que continuaron mostraron en T1 menos apoyo social percibido de los amigos t (601.99) = 2.58 p= .010, Cohen`s d = .015 y de la familia t (641.70) = 2.48, p = .013, Cohen's d = .015, que quienes no continuaron, ambos con tamaño de efecto despreciable. No aparecieron diferencias entre los participantes que continuaron en el estudio y los que no continuaron en el nivel de ingresos (χ² = 4.62; p = .099); la situación laboral (χ² = .003; p = .960); el vivir independientemente (χ² = 3.33; p = .068); el nivel de florecimiento t (1.500) = .53; p = .597, ni en el apoyo social percibido de la pareja t (801) = .15; p = .881. Capítulo II: Método 95 2. INSTRUMENTOS Teniendo en cuenta los objetivos de esta tesis doctoral, se seleccionaron los instrumentos del cuestionario del proyecto TAE que pueden consultarse en el Anexo I. Por una parte, preguntas ad hoc desarrolladas por el equipo de investigación del proyecto TAE relativas a variables sociodemográficas, preguntas relativas a los marcadores de la edad adulta y preguntas relativas al contexto educativo. Por otro lado, se incorporaron al cuestionario instrumentos para medir el florecimiento, el bienestar psicológico y el desajuste psicológico, un cuestionario para evaluar las características que definen la adultez emergente y un cuestionario para valorar el apoyo social percibido. Se describen a continuación los instrumentos concretos empleados para la realización de esta tesis doctoral. 2.1 Variables sociodemográficas Se elaboró un cuestionario con las variables edad, sexo y el nivel de ingresos familiares percibido. 2.1.1 Nivel de Ingresos. La variable nivel de ingresos familiares fue medida utilizando una pregunta ad hoc desarrollada por el equipo de investigación del proyecto TAE. En ella, se preguntó a los adultos emergentes sobre el nivel percibido de ingresos de su unidad familiar ofreciendo seis opciones de respuesta. Las opciones de respuesta fueron: 1 (en estos momentos no llegamos a fin de mes), 2 (cubrimos gastos si no llegan gastos extra), 3 (vivimos relajadamente, aunque sin lujos), 4 (podemos ir de vacaciones y pagar algún que otro capricho), 5 (vivimos relajadamente) y 6 (sin preocupaciones económicas). Estas opciones se recodificaron posteriormente en tres opciones de respuesta para su análisis estadístico. Las tres nuevas opciones creadas a partir de los seis originales fueron: 1 (nivel de ingresos familiares percibidos bajo) creada unificando las opciones 1 y 2 de las seis opciones originales, 2 (nivel de ingresos familiares percibidos medio) creada unificando las opciones 3 y 4 de las seis opciones originales y 3 (nivel de ingresos percibido alto) creada unificando las opciones 5 y 6 de las seis opciones de respuesta originales. El Florecimiento en la Adultez Emergente 96 2.2 Variables Características de la Adultez Emergente Para la evaluación de las características que definen la etapa de la adultez emergente se utilizó la versión española validada (Sánchez-Queija, et al., 2020) del Inventory of the Dimensions of Emerging Adulthood (IDEA) de Reifman et al. (2007). Este cuestionario consta de 31 preguntas organizadas en 6 subescalas, de las que se utilizaron 4, (21 preguntas) que tras el enunciado “Este periodo de tu vida es una etapa de …” evalúan las siguientes dimensiones: Exploración de la identidad (α= .76; p.ej., “descubrir quién eres”); experimentación/posibilidades (α= .69, p.ej., “muchas posibilidades”); centrado en uno mismo (α= .68; p.ej., “libertad personal”) y sentimiento de “estar en medio” (α= .55; p.ej., “sentirse adulto en algunos casos y en otros no”). Los ítems se responden con una escala tipo Likert que va desde 1 (muy en desacuerdo) a 4 (muy de acuerdo). En el análisis de datos se trabajó con las puntuaciones medias de las subescalas. De las 6 subescalas, dos de ellas no se utilizaron en este trabajo: la subescala centrado en los otros y la subescala de inestabilidad/negatividad, ya que la validación española del IDEA mostró un mejor ajuste sin estas subescalas. Además, la subescala centrada en los otros y la visión negativa de la inestabilidad no formaron parte de la conceptualización de la adultez emergente de Arnett (2000). 2.3 Variables “Tareas Evolutivas en la Adultez Emergente” Se incorporó en el cuestionario información sobre las tareas evolutivas de la adultez como son: tener pareja estable, la situación laboral y si las personas vivían o no independientemente del hogar familiar. 2.3.1 Tener pareja. Para evaluar si las personas tenían pareja en la actualidad o no, se utilizó una pregunta ad hoc con dos opciones de respuesta. Estas opciones de respuesta fueron 1 (si) y 0 (no). 2.3.2 Tener empleo. Para la evaluación de la situación laboral, se utilizó una medida ad hoc elaborada por el equipo de investigación del proyecto TAE con cuatro opciones de respuesta. Las opciones eran: 1 (no trabajo ni busco empleo), 2 (no trabajo, pero busco empleo), 3 (trabajo a tiempo parcial) y 4 (trabajo a tiempo completo). Se dicotomizaron las respuestas en dos niveles para el análisis estadístico en función de los objetivos de estudio. Capítulo II: Método 97 2.3.3 Vivir independientemente. En relación a si las personas adultas emergentes vivían independientemente del hogar familiar, se utilizó una dicotomización de una medida ad hoc desarrollada por el equipo de investigación del proyecto TAE para conocer la situación habitacional de la muestra. La pregunta contaba con siete opciones de respuesta que fueron “vivo”: 1 (en casa, con mis padres o con alguno de ellos), 2 (con algún otro familiar), 3 (en vivienda compartida o residencia de estudiantes), 4 (entre semana en residencia o piso compartido y los fines de semana en el domicilio familiar), 5 (con mi pareja), 6 (con mi/s hijo/s o hija/s con o sin pareja) y 7 (solo o sola). Estas opciones se recodificaron en dos opciones de respuesta para su análisis estadístico posterior en función de los objetivos de los artículos 2.4 Variables del Contexto Educativo Las variables del contexto educativo se evaluaron utilizando la subescala implicación en los estudios de la escala Self-perceived employability de Rothwell et al. (2009) que forma parte del pool de instrumentos utilizados en el proyecto TAE Esta subescala consta de 2 preguntas, la primera referida al rendimiento académico percibido “consigo buenas notas en mis estudios” y segunda a la prioridad otorgada a los estudios “mis estudios son una prioridad para mi”. Estas preguntas se responden en una escala Likert de 5 puntos, que van desde 1 (muy en desacuerdo) a 5 (muy de acuerdo). 2.5 Apoyo Social Percibido La evaluación del apoyo social percibido se realizó a través de la Multidimensional Scale of Perceived Social Support (MSPSS) (Zimet et al., 1988). Se utilizó la versión española traducida y validada por Landeta y Calvete (2002). Esta escala consta de tres subescalas de cuatro ítems cada una. La subescala de evalúa el apoyo social de los amigos: subescala amigos, (α = .90 en T1 y α = .90 en T2; p.ej., “mis amigos/as intentan ayudarme de verdad") y el apoyo social de la familia: subescala familia (α = .89 en T1; α = .92 en T2; p.ej., “mi familia intenta ayudarme de verdad"). Nuestro equipo de investigación sustituyó la subescala “special person” por la subescala de apoyo social de la pareja: subescala pareja (α = .92 en T1, α = .90 en T2; p.ej., “mi pareja intenta ayudarme de verdad”). En el análisis de datos se trabajó con las puntuaciones medias de las subescalas. Puntuaciones altas en las subescalas implican un elevado apoyo social percibido de los amigos, la familia y la pareja (respectivamente). El Florecimiento en la Adultez Emergente 98 2.6 Florecimiento Para llevar a cabo la validación de la versión española de la escala de florecimiento (artículo I de esta tesis) se utilizó una traducción realizada por una traductora oficial de inglés a español. En los artículos II y III se utilizó la versión validada (De la Fuente et al., 2017) de la Flourishing Scale (FS) (Diener, Wirtz, et al., 2010). Esta escala (α = .81 en T1 y α = .84 en T2) está compuesta por 8 ítems (p.ej., “llevo una vida con sentido y significado”), que se evalúan en una escala tipo Likert de 7 puntos que van desde 1 (muy en desacuerdo) a 7 (muy de acuerdo). El rango de las puntuaciones va de 8 a 56. Puntuaciones elevadas en la escala implican un alto nivel de florecimiento. 2.7 Bienestar Psicológico En la recogida de datos de T1 se utilizó la adaptación española en su versión reducida (Díaz et al., 2006) del instrumento Psychological Well-Being Scales (PWBS) (Ryff, 1989a; Ryff et al., 1994) para evaluar el bienestar psicológico. Esta medida se compone de seis subescalas: autoaceptación (α = .78; p.ej., “Cuando repaso la historia de mi vida estoy contento/a con cómo han resultado las cosas”), relaciones positivas con los otros (α = .59; p.ej., “Sé que puedo confiar en mis amigos, y ellos saben que pueden confiar en mí”), autonomía (α = .63; p.ej., “Tengo confianza en mis opiniones incluso sin son contrarias al consenso general”), dominio del entorno (α = .49; p.ej., “Si me sintiera infeliz con mi situación de vida daría los pasos más eficaces para cambiarla”), propósito en la vida (α = .75; p.ej., “Me siento bien cuando pienso en lo que he hecho en el pasado y lo que espero hacer en el futuro”) y crecimiento personal (α = .71; p.ej., “Para mí, la vida ha sido un proceso continuo de estudio, cambio y crecimiento”). Las seis subescalas se agrupan en un factor de segundo orden (van Dierendonck et al., 2008) denominado bienestar psicológico (α = .86). La escala está compuesta por un total de 29 ítems que son respondidos en una escala tipo Likert con 6 valores de respuesta, de 1 (completamente en desacuerdo) a 6 (completamente de acuerdo). En el presente trabajo se utilizaron las seis subescalas y el factor de segundo orden bienestar psicológico, puntuaciones altas en el factor de segundo orden suponen un elevado bienestar psicológico percibido por las personas. Capítulo II: Método 99 2.8 Malestar Psicológico Se utilizó la adaptación española en su versión reducida (Bados et al., 2005) del instrumento Depression, Anxiety and Stress Scales (DASS-21) (Lovibond & Lovibond, 1995) para evaluar el desajuste psicológico. Esta medida está compuesta por tres subescalas: depresión (α = .79; p.ej., “Me he sentido desanimado/a y triste”), ansiedad (α = .76; p.ej., “He estado preocupado/a por situaciones en las que pudiera ser presa del pánico y hacer el ridículo”) y estrés (α = .78; p.ej., “Me ha resultado difícil relajarme”). Las tres subescalas se agrupan en un factor de segundo orden denominado malestar psicológico general (α = .89) (Daza et al., 2002; Lovibond & Lovibond, 1995). Este instrumento se compone de 21 ítems en una escala tipo Likert con 4 valores de respuesta, de 1 (nada aplicable a mí) a 4 (muy aplicable a mí o aplicable la mayor parte del tiempo). Para el propósito de esta investigación se utilizaron las subescalas (depresión, ansiedad y estrés), así como el factor de segundo orden de malestar psicológico. Puntuaciones altas en la escala suponen un elevado malestar psicológico en las personas. El Florecimiento en la Adultez Emergente 100 3. PROCEDIMIENTO 3.1 Recogida de datos La primera recogida de datos se realizó entre los meses de febrero y mayo de 2015. Para ello, en primer lugar, se contactó con profesorado de dos universidades españolas, la Universidad de Sevilla (incluido el Centro Universitario de Osuna de la Universidad de Sevilla) y la Universidad del País Vasco-Euskal Herriko Unibertsitatea (en sus tres campus de Àlava, Bizkaia y Gipuzkua), se les explicó el objetivo de la investigación y se les pidió permiso para entrar en las aulas y recoger la información. Al acceder a las aulas se informaba a todos los posibles participantes sobre el objetivo del estudio, el anonimato y confidencialidad de la encuesta. Esta información también aparecía escrita en el cuadernillo de instrumentos. Ningún estudiante que estuviera en el aula en el momento del trabajo de campo rehusó participar en el estudio. Completaron un cuestionario con los instrumentos de manera anónima e individual en el aula, en presencia de un miembro del equipo de investigación, durante 30 minutos aproximadamente. Se les pidió que dejaran voluntariamente sus datos de contacto (correo electrónico o teléfono). La segunda recogida de datos se realizó entre los meses de febrero y marzo de 2018. De los 1502 sujetos de la muestra original, 902 nos facilitaron alguna forma de contacto (correo electrónico o teléfono). Contactamos con ellos para que cumplimentaran una encuesta online. De estos, 34 personas solicitaron darse de baja y 451 no contestaron (números de teléfono que no pertenecían a la persona, correos electrónicos que no llegaban a ningún destinatario o sencillamente ausencia de respuesta). Finalmente, se recogieron 417 cuestionarios en la segunda recogida de datos. De éstos, se eliminaron 17 cuestionarios por aquiescencia, baja tasa de respuesta o respuestas duplicadas, por lo que la muestra final estuvo compuesta por 400 participantes. Las respuestas de las personas participantes, tanto en la primera como en la segunda recogida, fueron tratadas con los máximos estándares de rigurosidad y privacidad según la ley de protección de datos vigente y, finalmente, dieron lugar a las matrices de datos utilizadas en esta tesis doctoral. El estudio obtuvo informes favorables del Comité Ético de Investigación Biomédica de Andalucía. Por este motivo, la investigación llevada a cabo en esta tesis Capítulo II: Método 101 doctoral cumple con los requisitos éticos fundamentales para la investigación científica con humanos y se ajusta a la normativa vigente en España y la Unión Europea. 3.2 Plan de Análisis Para dar respuesta a los objetivos de investigación se utilizó un diseño transversal en los artículos I y II de esta tesis y se empleó un diseño longitudinal para el artículo III de este trabajo. Por ello, como se ha indicado previamente, los datos de la población participante se recogieron en dos momentos temporales, tiempo 1 (T1), de febrero-marzo de 2015 y tiempo 2 (T2), de febrero-marzo de 2018. Por otra parte, la mayoría de análisis estadísticos de la investigación llevada a cabo en este trabajo fueron realizados con el programa Statistical Package for the Social Sciences (SPSS) versiones 22.00 y 25.00 para Windows (IBM Corp., 2013, 2021), excepto para la realización de los análisis factoriales confirmatorios (CFA) que se utilizó el programa Linear Structural Relations (LISREL) versión 8.80 (Jöreskog & Sörbom, 2006). Las estrategias de análisis de datos empleadas se detallan en el apartado correspondiente de cada artículo, se ofrece ahora únicamente una descripción general de los procedimientos empleados. Se realizaron de forma general en los tres artículos análisis descriptivos y correlacionales y además se han desarrollado una serie de análisis específicos para cada artículo. 3.2.1 Artículo I. Se utilizó el análisis factorial confirmatorio (CFA) multigrupo para obtener evidencia de validez del instrumento Flourishing Scale (FS) (Diener, Wirtz, et al., 2010). Se evaluó la invarianza factorial de la FS en función del contexto sociocultural en las dos muestras de universitarios, Universidad de Sevilla y Universidad del País Vasco. Se optó por el método de estimación de Máxima Verosimilitud Robusto (Satorra & Bentler, 2001). Se analizó el ajuste de cuatro modelos anidados en los que se fueron añadiendo restricciones a medida que aumentaron los parámetros a comparar entre ambas submuestras (Elosúa, 2005). Se consideró aceptable el ajuste de los modelos con valores de CFI y GFI iguales o superiores a .95 y RMSEA igual o menor que .08 (Hu & Bentler, 1999). Además del estudio independiente de cada uno de los modelos, se evaluaron comparativamente el ajuste de dos modelos anidados. El Florecimiento en la Adultez Emergente 108 1. ARTÍCULO 1: Análisis de las propiedades psicométricas de la escala de florecimiento y prueba de la invarianza entre dos muestras de estudiantes universitarios españoles. Nota. La reproducción de este artículo cumple con los acuerdos de cesión de derechos de autor firmados con la revista Evaluation & the Health Professions publicado por Sage journals. A continuación, se presenta la versión final del artículo publicada por la revista. La versión online del artículo se encuentra disponible en: https://journals.sagepub.com/doi/full/10.1177/0163278717703446 Artículo I De la Fuente, R., Parra, A., & Sánchez-Queija, I. (2017). Psychometric Properties of the Flourishing Scale and Measurement Invariance Between Two Samples of Spanish University Students. Evaluation & the Health Professions, 40(4), 409–424. https://doi.org/10.1177/0163278717703446 Capítulo III: Resultados 109 Psychometric Properties of the Flourishing Scale and Measurement Invariance Between Two Samples of Spanish University Students Rocio De la Fuente; Águeda Parra; Inmaculada Sánchez-Queija Abstract The Flourishing Scale (FS), created by Diener et al., is a brief subjective perception measurement which assesses flourishing and provides a single score across 8 items. The aim of this study was to assess the psychometric properties of the Spanish version of the FS. Participants were 1502 university students from different faculties and fields of knowledge. The results reveal good internal consistency. The single factor structure of the FS was supported by the multigroup confirmatory factor analysis, which also provided evidence of the invariant structure of the scale across two subsamples. The scale’s convergent validity with another measure of psychological wellbeing and its discriminant validity with the depression, anxiety, and stress symptom scale were demonstrated through the significant correlations observed with said measures. The FS was found to be apt for use in evaluating general well-being in the Spanish population and may be considered a reliable measure in future well-being studies. It can also be used as an instrument for planning, executing, and/or assessing practical interventions in social, care, and health-related programs. Keywords: flourishing, emerging adulthood, psychological well-being, negative emotions, factor invariance analysis. El Florecimiento en la Adultez Emergente 126 2. ARTÍCULO II: Florecimiento durante la adultez emergente desde una perspectiva de género Nota. La reproducción de este artículo cumple con los acuerdos de cesión de derechos de autor firmados con la revista Journal of Happiness Studies, publicado por Springer. A continuación, se presenta la versión Post-Print del artículo. La versión online se encuentra disponible en: https://link.springer.com/article/10.1007/s10902-019-00204-9 Artículo II: De la Fuente, R., Parra, Á., Sánchez-Queija, I., & Lizaso, I. (2020). Flourishing During Emerging Adulthood from a Gender Perspective. Journal of Happiness Studies, 21(8), 2889–2908. https://doi.org/10.1007/s10902-019-00204-9 Capítulo III: Resultados 127 Flourishing During Emerging Adulthood from a Gender Perspective Rocío de la Fuente; Águeda Parra; Izarne Lizaso; Inmaculada Sánchez‑Queija Abstract: Abstract Flourishing is when an individual perceives that their life is going smoothly. It encompasses hedonic and eudaimonic aspects of well-being: feeling good and functioning well. The construct’s correlation with indicators of adjustment and positive development makes it an attractive concept for assessing well-being. Emerging adulthood is a transitional period susceptible to numerous changes that can impact on flourishing. Using a genderbased approach in a sample of 1502 Spanish university students aged between 18 and 29 years, we examined the characteristics of emerging adults most associated with their flourishing. The study included perceived family income, variables related to developmental tasks inherent in this stage, variables that define the period, educational variables and social support variables. A clear distinction between male and female flourishing and its correlates was observed. Flourishing in females was significantly higher than in males. The study variables explained 46 % of flourishing in male respondents and 16 % in female respondents; the predictors of flourishing differed by gender. These gender differences are discussed, and the recommendation is made for future research to include other variables that successfully explain female flourishing and which shed light on the identified gender gap. Keywords: flourishing, well-being, emerging adulthood, gender, developmental task, positive development, social support. El Florecimiento en la Adultez Emergente 150 3. ARTÍCULO III: Estudio longitudinal sobre la estabilidad y los predictores del florecimiento en la adultez emergente Nota. La reproducción de este artículo cumple con los acuerdos de cesión de derechos de autor firmados con la revista Canadian Journal of Behavioural Science, publicado por Canadian Psychological Association. Publicado en línea en abril 2022. A continuación, se presenta la versión Pre-Print del artículo. La versión online se encuentra disponible en: https://doi.apa.org/doi/10.1037/cbs0000327 Artículo III: De la Fuente, R., Sánchez-Queija, I., & Parra, Á., (2022). A longitudinal study on the stability and predictors of flourishing among emerging adults. Canadian Journal of Behavioural Science. Publicado en línea en abril 2022. https://doi.apa.org/doi/10.1037/cbs0000327 Capítulo III: Resultados 151 A longitudinal study on the stability and predictors of flourishing among emerging adults Rocío de la Fuente, Inmaculada Sánchez-Queija, Águeda Parra Abstract Flourishing is a concept that combines hedonic and eudaimonic well-being. Flourishing is advantageous for both individuals themselves and the society in which they live. The present study analyses the stability, predictors and correlates of flourishing during the initial years of emerging adulthood, along with gender differences. The sample comprised 400 emerging adults (268 women) who completed a questionnaire at two time points: wave 1 (mean age = 20.31; SD = 2.04) and (three years later) wave 2 (mean age = 23.66; SD = 2.08). The results indicate that flourishing is stable during this time period and that emerging adult women flourish more than their male counterparts. This high level of stability notwithstanding, the results indicate that having a romantic partner and enjoying social support from parents, friends and one's partner foster flourishing and cause it to increase over the course of this period. The findings reveal how important it is for young people to feel supported, since although they are engaged in a search for autonomy and independence, they continue to need social support. Keywords: flourishing, emerging adulthood, developmental task, social support, gender differences, longitudinal Study. Capítulo IV: Discusión 181 CAPÍTULO IV. DISCUSIÓN En este capítulo se discuten los principales resultados obtenidos en esta tesis doctoral, teniendo en cuenta la investigación previa y las principales líneas teóricas en relación al florecimiento, la adultez emergente y las variables relacionadas que se han ido desarrollando a lo largo de las páginas previas de este trabajo. El capítulo se divide en cuatro apartados. En el primero se realiza una síntesis de los resultados más relevantes de las publicaciones científicas descritas en el apartado anterior. En el segundo apartado se discuten los resultados encontrados a la luz de la investigación previa y de las bases teóricas relativas a las condiciones y procesos que contribuyen al florecimiento de los adultos emergentes. Se cierra el apartado con las conclusiones principales obtenidas. En el tercer apartado se presentan las limitaciones y fortalezas de las publicaciones compendio de esta tesis, a tener en cuenta para poder analizar fielmente los resultados. En el cuarto y último apartado se exponen las principales contribuciones de esta tesis doctoral, las implicaciones prácticas más sobresalientes de este trabajo y se presentan las futuras líneas de investigación. Para facilitar la lectura de este capítulo, se aclara en este punto la utilización del término trabajo referido de una forma global a todo el trabajo incluido en la presente tesis doctoral, la palabra estudios, alude a los distintos artículos compendio de esta tesis. El Florecimiento en la Adultez Emergente 182 1. RESUMEN DE RESULTADOS PRINCIPALES En este primer apartado de la discusión se presenta un resumen de los principales hallazgos de las publicaciones científicas presentadas en el capítulo de resultados, a modo de preámbulo de la discusión de resultados del siguiente apartado de este capítulo. Este resumen global está organizado en subapartados siguiendo las preguntas de investigación propuestas en el apartado objetivos que se encuentra en el primer capítulo de esta tesis doctoral. 1.1 Validación de la Escala de Florecimiento Las lagunas de conocimiento en relación a la conceptualización y medición del florecimiento que se destacan en la literatura y la práctica científicas dan lugar al primer estudio de este trabajo y se convierten en el punto de partida para la investigación del florecimiento en el transcurso de la etapa de la adultez emergente. Así, para dar respuesta a esta pregunta surge el primer objetivo de esta tesis, que es validar la escala de florecimiento en adultos emergentes españoles de forma que se pudiera contar con una medida de bienestar, en español, breve y fácil de aplicar. Para ello se procedió a investigar las propiedades psicométricas de la versión española de la escala de florecimiento (FS) de Diener, Wirtz et al. (2010) en una muestra de estudiantes universitarios españoles. El análisis factorial multigrupo confirmó la unidimensionalidad de la FS y proporcionó evidencia sobre la estructura invariante de la escala, tanto entre las submuestras de la US y de la UPV/EHU (artículo I), como entre los sexos (artículo II). Igualmente, se ha demostrado la consistencia interna de la escala, con índices de fiabilidad que denotan una consistencia interna excelente y la validez convergente y discriminante de la escala. Como conclusión, se consideró que la FS es un instrumento adecuado para evaluar el concepto de florecimiento, con la ventaja añadida respecto a otras escalas de ser la más breve, de tan sólo 8 ítems. 1.2 El Florecimiento de los adultos emergentes españoles. Diferencias de Género Tras comprobar que la escala de FS es válida y fiable también en contexto español, se procedió a realizar análisis que dieran cuenta del nivel de florecimiento de los adultos emergentes españoles, así como de las diferencias en florecimiento en función de Capítulo IV: Discusión 183 variables sociodemográficas y de las variables que predecían el nivel de florecimiento. Este análisis, de acuerdo al 5º de los Objetivos de Desarrollo Sostenible que aboga por la igualdad entre mujeres y hombres, se realizó desde una perspectiva de género, en este caso analizando por separado las dos submuestras para intentar comprender los procesos que explican las diferencias en esta variable entre los y las jóvenes. Las características de la etapa de la adultez emergente que Arnett (2000; 2004) describió en los inicios de este siglo comportan una forma de expresión diferente según las particularidades culturales y sociales del grupo de jóvenes a los que nos estemos refiriendo en cada caso. Como ya se ha comentado a lo largo de este trabajo, hay una clara falta de evidencia empírica centrada en la adultez emergente en países del sur de Europa y, más aún, en el contexto español. Si a esto le unimos que el modelo mediterráneo de transición a la adultez dista del modelo estadounidense o del centro y norte de Europa, más estudiados, la necesidad de trabajos sobre el nivel de florecimiento de los y las jóvenes de nuestro contexto, se torna fundamental. Nuestros datos mostraron que las puntuaciones medias de florecimiento de los jóvenes españoles son semejantes a las encontradas en otros países occidentales. En referencia a al género en el estudio del bienestar, la bibliografía encuentra ciertas inconsistencias, mostrando que a veces son los hombres quienes puntúan más elevado en bienestar y otras son las mujeres. Los hallazgos encontrados en este trabajo revelaron un florecimiento significativamente mayor en las adultas emergentes que en los adultos emergentes, tanto al inicio de la etapa (T1, artículos II y II), como en la adultez emergente media (T2, artículo III). Como se ha avanzado, se procedió a analizar qué variables podrían explicar o estar relacionadas con los niveles de florecimiento tanto de ellos como de ellas (artículo II). En este sentido, sin duda, el resultado más destacado de nuestro trabajo respecto a las diferencias de género es que las variables analizadas explicaron un 46 % de la varianza de florecimiento en los adultos emergentes, pero sólo un 16 % en las adultas emergentes. Es decir, los datos de la presente investigación indican que ellos florecen menos durante su adultez emergente, pero conocemos un importante número de predictores de su florecimiento, y que ellas florecen más pero no hemos logrado conocer los motivos o correlatos. A continuación, se describirán de forma más detenida estos resultados. El Florecimiento en la Adultez Emergente 190 Nueva Zelanda, 43.82 (Hone et al., 2014); Canadá, 46.69 (Howell & Buro, 2015); o Francia 42.63 (Villieux et al., 2016), todos ellos países occidentales. Sin embargo, se puede observar que estos datos son superiores a los encontrados en muestras orientales: Japón 36.63 (Sumi, 2013) o China 36.84 (Tong & Wang, 2017). En segundo lugar, es preciso destacar que el florecimiento ha mostrado una elevada estabilidad tanto a niveles absolutos como relativos. Dicho en otras palabras, la media de las puntuaciones de florecmiento (46.54 y 46.13) en los dos momentos de medida separados por aproximadamente tres años es semejante (establidad absoluta). Además, las posiciones relativas de los participantes comparados con el resto de participantes del estudio en su nivel de florecimiento tienden a mantenerse constantes, lo que implica que aquellos que ocupaban las posiciones más altas en florecimiento al inicio de la etapa de la adultez emergente tienden a seguir manteniendo posiciones altas tres años después, y viceversa con puntuaciones bajas. Esta estabilidad ya se había encontrado tradicionalmente en el estudio del bienestar subjetivo (Diener et al., 1999), y ha sido explicada considerando que las circunstancias de la vida suelen cambiar de manera relativamente lenta (Diner et al., 2018). Sin embargo, la adultez emergente es, por definición, un momento de inestabilidad y cambios (Arnett, 2000; Sánchez-Queija et al., 2020), lo que de alguna forma contradice los resultados de la presente investigación. En otras palabras, al ser la adultez emergente una época de cambios y mudanzas, sería esperable que el florecimiento experimentara cambios, sin embargo, esto no ocurre así. Una posible explicación a la estabilidad en el florecimiento durante estos años la encontramos en el concepto del set-point de la adaptación hedónica (Diener et al., 2006). Según esta idea, las personas reaccionan brevemente ante eventos positivos y negativos, pero en poco tiempo vuelven a su punto de anclaje o referencia de bienestar (el denominado set-point). Este set-point vendría explicado por diferentes mecanismos. Uno de ellos sería el componente genético del florecimiento y que facilitaría su heredabilidad. En este sentido, Tellegen et al. (1988) encontraron que los gemelos idénticos criados separados eran mucho más similares en sus niveles de bienestar que los gemelos dicigóticos criados separados. Otro argumento a favor de la existencia del set-point del bienestar parte de que algunos rasgos de personalidad (como la Extroversión o el Neuroticismo), que están fuertemente correlacionados con las variables de bienestar psicológico, son relativamente estables a lo largo del tiempo (Diener & Lucas, 1999). Capítulo IV: Discusión 191 Más allá del concepto del set-point de la adaptación hedónica, un argumento que justificaría la estabilidad en el florecimiento encontrada en nuestros resultados, se desprende de la propia estabilidad que suelen mantener los jóvenes de estas edades en el contexto español, al menos en lo referido a su residencia. Si bien en contextos como el anglosajón durante la adultez emergente es frecuente el cambio de ciudad de residencia para, por ejemplo, cursar estudios universitarios, en España los jóvenes tienden a vivir con sus familias hasta bien entrados en la tercera década de la vida (según INJUVE 2020 el 64% de los jóvenes entre 18 y 34 años; la edad media de emancipación es 29.5 años) y, en la medida de lo posible, permanecer cerca de ellas cuando se independizan. En ese sentido, el contexto español es muy estable para los jóvenes, al menos en lo que a nivel de residencia se refiere. Además, la mayoría de los jóvenes de nuestra muestra se encontraba estudiando en las dos recogidas de datos, por lo que su contexto era también muy semejante. Probablemente, si hubiéramos tenido jóvenes mayores, que hubieran finalizado sus estudios universitarios, su realidad mostraría más diferencias y quizás su nivel de florecimiento también. En tercer lugar, y en respuesta al objetivo tercero de esta tesis, los resultados mostraron diferencias de género en el nivel de florecimiento de los jóvenes universitarios que formaron parte del estudio. Tanto en el artículo II con la muestra inicial de T1 de 1.502 participantes como en el artículo III, con la submuestra longitudinal de 400 participantes evaluados en T1 y T2 se mostró que las mujeres puntúan más en florecimiento que los hombres. Estos resultados son contrarios a los hallados por Corey Keyes con la escala MHC-SF en muestra estadounidense, en los que el florecimiento era superior en los hombres (Keyes, 2007a; Keyes & Simoes, 2012; Keyes et al., 2002), Petrillo et al. (2015) con una muestra italiana y la escala MHC-SF también encontraron que los hombres presentaban más florecimiento que las mujeres. En cambio, existen trabajos recientes que no hallaron diferencias de género como, por ejemplo, el de Martín- Carbonell et al., (2021) con la FS de Diener y participantes de Colombia o el de Karás et al., (2014) con la escala MHC-SF y una muestra de Polonia. Sin embargo, también encontramos estudios recientes en los que, coincidiendo con los resultados del estudio que aquí se presenta, el florecimiento fue superior en las mujeres, como el de Ando (2014) con la escala MHC-SF de Keyes en una muestra de inmigrantes japoneses residentes en Norteamérica; con la misma escala, con una amplia muestra en Holanda, Schotanus- Dijkstra et al. (2016), Peña Contreras et al. (2017) con una muestra de Ecuador, y Tong El Florecimiento en la Adultez Emergente 192 & Wang (2017) con la FS con muestra recogida en China. Estas inconsistencias y contradicciones en las diferencias de género ya fueron halladas previamente en los estudios sobre las diferencias de género en el bienestar subjetivo, por lo que se ha argumentado y discutido largamente sobre ellas desde distintas perspectivas, aunque aún no se haya llegado a clarificar los motivos de las mismas (Batz-Barbarich & Tay, 2018). Como se comentó en el apartado 3 del capítulo de introducción de este trabajo, son pocos los estudios que analizan las diferencias en función del género del florecimiento en la adultez emergente. Por ello, para intentar argumentar los posibles motivos del mayor florecimiento femenino que masculino durante la adultez emergente, será necesario acudir a la bibliografía que encuentra estos resultados en otras variables similares al florecimiento como pueda ser el bienestar subjetivo y que lo hace en etapas del desarrollo más allá de la adultez emergente. Arrosa y Gandelman, en un ingente trabajo en el que utilizaron las encuestas mundiales y europea: Gallup World Poll, World Values Survey y European Social Survey, mostraron que, o bien no existían diferencias en felicidad entre hombres y mujeres, o bien eran ellas las que reportaban mayor felicidad que ellos. Estos resultados se dieron independientemente del país estudiado y de su nivel de desarrollo económico, bienestar o ubicación geográfica. En general, las mujeres reportaron mayor bienestar, incluso, ante peores condiciones objetivas de vida. Estos autores concluyeron que existe algún tipo de “optimismo femenino” (Arrosa & Gandelman, 2016, pp. 733), que lleva a las mujeres a valorar más positivamente sus condiciones vitales, a pesar de que son objetivamente peores que las masculinas. Este optimismo femenino, podría verse replicado en nuestra muestra de adultas emergentes. La segunda y más probable explicación a las diferencias de género halladas en el florecimiento en esta investigación tiene que ver con el papel de los factores socioculturales. Las aspiraciones formadas a partir de la cultura y las normas sociales juegan un papel determinante en el bienestar (Zweig, 2015). La evidencia empírica pone de manifiesto que las mujeres generalmente muestran un nivel de aspiraciones profesionales inferior a los hombres (García-Retamero, 2006). Las características estereotipadas relacionadas con el rol de género podrían ser responsables de la baja motivación de logro y las expectativas negativas de autoejecución en las mujeres (Eagly, 1987; Eagly & Karau, 2002). Tradicionalmente, los roles asignados a los hombres han Capítulo IV: Discusión 193 sido los agentes activos y ejecutores (competitivos, racionales, dominantes, independientes, agresivos, entre otros), mientras que a las mujeres se les han asignado los roles de tipo pasivo e interpersonales (afectuosas, serviciales, comprensivas, sensibles, entre otros) (Eagly & Karau, 2002). Mediante el proceso de socialización, hombres y mujeres internalizan las características estereotipadas asociadas a su rol pasando a incorporarse a sus autoconceptos, y desarrollan diferentes expectativas, aspiraciones y habilidades para ajustarse a los roles sociales (Eagly, 1987; Eagly & Karau, 2002). Esto podría explicar por qué las mujeres, que tienen menos posibilidades, pueden ser más felices que los hombres. Es posible que sus aspiraciones sean inferiores a las aspiraciones de los hombres, y por tanto, más fáciles de lograr, por lo que, cuando evalúan el cumplimiento de sus propósitos y el interés en comprometerse con actividades significativas para ellas, ambos aspectos centrales del FS, reporten un mayor florecimiento (Blazina & Watkins, 1996; Henderson et al., 2013). En este sentido consideramos importante tener en cuenta que nuestra muestra está formada por estudiantes de Universidad. Jóvenes que están alcanzando el máximo nivel de formación posible para lograr sus metas profesionales. Llegar hasta los estudios superiores probablemente será un logro para ambos, pero quizás más para ellas que, llegando a la Universidad, ya están cumpliendo parte de sus aspiraciones. Quizás, si tuviéramos una muestra de adultos y adultas emergentes sin formación universitaria, no aparecerían diferencias en el florecimiento a favor de las jóvenes. El presente estudio no puede responder a este interrogante, pero abre una incógnita interesante de analizar en futuros trabajos. Hasta aquí hemos tratado de dar respuesta a las diferencias de género halladas en nuestros resultados, que son coherentes con investigaciones anteriores (Ando, 2014, Schotanus-Dijkstra et al., 2016; Tong & Wang, 2017). Nos resta comentar ahora porqué a lo largo de la adultez emergente se sigue sucediendo esta diferencia. Recuérdese que, tanto en el artículo II con la muestra inicial de T1 de 1.502 participantes como en el artículo III, con la muestra longitudinal de 400 participantes se mostró que las mujeres puntúan más en florecimiento que los hombres. Esta continuidad de la diferencia de género a lo largo del tiempo tiene que ver lógicamente con la estabilidad propia de la variable estudiada. Ellas tenían mayor florecimiento al inicio de la etapa y permanece estable 3 años después. Pero además encontramos otras razones, comparando nuestros resultados con referentes importantes en el estudio de bienestar. Así, Plagnol & Easterlin El Florecimiento en la Adultez Emergente 194 (2008), analizando la felicidad, consideraron que este hecho es evolutivo. En la juventud las mujeres mostrarían un mayor bienestar porque tienen más probabilidades que los hombres de cumplir con sus aspiraciones relativas a la vida en pareja y recursos financieros. En su investigación encontraron que ellas accedían antes que los hombres a una pareja estable, una vivienda, un coche o lograban viajar. Esta tendencia se invertiría más adelante en el ciclo vital, teniendo ellos más acceso a los recursos y mayor felicidad. Y esto precisamente es lo que sucede con las adultas emergentes en nuestro contexto español, que como vimos en la introducción de este trabajo, salen antes del hogar familiar y comienzan antes a vivir de forma autónoma (Cañada-Vicinay 2005). En el año 2019, sólo el 35.4 % de hombres y el 38.9 % de mujeres de entre 15 y 29 años, había abandonado el hogar familiar (INJUVE, 2020). Esto guarda relación, con un resultado destacado de este estudio (artículo III) que es el papel que desempeña el estar resolviendo determinadas tareas evolutivas para lograr un mayor florecimiento, que discutiremos más adelante. 2.3 Predictores del Florecimiento en la Adultez Emergente Para dar cuenta del objetivo cuatro de la presente tesis doctoral, se discutirán a continuación los hallazgos de este trabajo en relación los predictores del florecimiento de los adultos emergentes desde una perspectiva de género, por un lado, y la evolución de dichos predictores a lo largo de esta etapa del ciclo vital. A la luz de las investigaciones científicas previas, estos predictores tienen que ver con las características que definen esta etapa, las principales tareas evolutivas a las que los jóvenes tienen que hacer frente, así como con el contexto económico, educativo y social de los adultos emergentes españoles. El recorrido en la discusión de resultados sobre los predictores del florecimiento lo haremos en orden a la descripción de variables realizada en la introducción de esta tesis. Además de constatar las diferencias de género, en esta tesis se buscaron cuáles eran los predictores del florecimiento de ellas y ellos por separado. Así, según los resultados de nuestro trabajo, expuestos en el artículo II, los predictores del florecimiento en los hombres fueron, por orden de prelación, el apoyo de la pareja, el estar centrado en uno mismo, el obtener buenos resultados académicos, el apoyo social de los amigos y el de la familia. Para las chicas, predijo el florecimiento obtener buenos resultados académicos, el apoyo social percibido de los amigos y la prioridad concedida a los estudios (en este orden). A continuación, se discuten estos resultados. Capítulo IV: Discusión 195 En primer lugar, en cuanto a los predictores del florecimiento desde una perspectiva de género, merece nuestra atención el papel de las características distintivas que definen la etapa de la adultez emergente en el florecimiento de la muestra. El análisis de correlaciones entre el florecimiento y las características de la adultez emergente (realizados en el artículo II de este trabajo) constató que el florecimiento correlacionó positiva y significativamente con dos de las características de la adultez emergente: que los adultos emergentes consideren la etapa como un momento de estar centrado en uno mismo (self-focus) y de experimentación y posibilidades, tanto en los hombres como en las mujeres. Estas correlaciones fueron significativamente mayores en chicos que en chicas. De hecho, a pesar de que estas características de la adultez emergente se asocian al florecimiento de las mujeres igual que al de los hombres en estos primeros años de la etapa del ciclo vital, no lograron ser variables predictoras del nivel de florecimiento femenino en la ecuación de regresión. Sin embargo, el florecimiento de los hombres si fue predicho en la ecuación de regresión por el estar centrado en uno mismo. Estar centrado en uno mismo es una variable que se define por considerar la etapa de la adultez emergente como un tiempo de libertad personal, de responsabilidad hacia uno mismo, optimismo, independencia y autosuficiencia (Reifman et al., 2007; Sánchez-Queija et al., 2000). Decir que los adultos emergentes están centrados en sí mismos no significa que sean egoístas; de hecho, en términos de compromiso social, son considerablemente menos egocéntricos que los niños o los adolescentes (Arnett, 2004). Estar enfocados en sí mismos simplemente significa que son más libres que las personas en otros períodos de edad para tomar decisiones de manera independiente, sin que se les requiera obtener el permiso o el consentimiento de los demás (Arnett, 2005). No hay una etapa en la vida de las personas puedan centrarse en sí mismas como en la adultez emergente (Arnett, 2015a). Este “egocentrismo” es normal, e incluso saludable, como constata su relación positiva con el florecimiento. La pregunta que surge es, ¿por qué para las mujeres esta moratoria psicosocial, este paréntesis de libertad no supone florecimiento en la misma medida que para los hombres? La respuesta no es que “estar centrado en sí mismo” se relacione sólo con el florecimiento de los hombres, ya que también se relaciona con el florecimiento de ellas, como muestra el análisis de correlaciones, pero esta variable es un predictor que no aparece en la ecuación de regresión para las mujeres. Esta diferente relación del self-focus con el florecimiento de hombres y mujeres se ratificó en el efecto de interacción de la variable con la muestra global. A nuestro juicio, podrían existir dos posibles respuestas. Una tendría que ver con la construcción de la identidad femenina, más cercana a la ética El Florecimiento en la Adultez Emergente 196 del cuidado (Chodorow, 1989) y a la interdependencia (Cross & Madson, 1997; Padilla- Walker et al., 2008), que llevaría a que el estar centrada en una misma no fuera tan importante para el florecimiento de las mujeres. Esta respuesta entronca, además, con las explicaciones de los defensores de las diferencias en el bienestar de hombres y mujeres en base a factores socioculturales. Desde la teoría del rol social, los roles de género son socialmente sostenidos, aceptados y esperados por hombres y mujeres (Eagly & Karau, 2002). Las expectativas y normas en los roles de género influyen en las percepciones sobre las ocupaciones apropiadas para hombres y mujeres, en el tipo de rasgos que unos y otras deberían poseer, e incluso el tipo de emociones que son aceptables de experimentar y demostrar. Las consecuencias de violar las expectativas de roles de género pueden tener un impacto negativo en el nivel de bienestar psicosocial de las personas (Eagly & Karau, 2002; Blazina & Watkins, 1996; Good & Wood, 1995). En las mujeres se espera que cumplan con el rol de cuidado familiar y responder responsablemente a las demandas familiares, por lo que centrarse en una misma, a pesar de considerar que la etapa es propicia para ello, no favorecería tanto el florecimiento de las mujeres al alejarlas del rol social de interconexión y preocupación por el otro que tienen asignado. Otra posible explicación a la diferencia de género de la variable tratada vendría de la mano de la historia previa. Ellas habrían realizado un ensayo de madurez, de toma de decisiones y de responsabilizarse de ellas mismas durante la adolescencia (Schultz et al., 2003), por lo que ahora estar centradas en ellas mismas no sería tan importante para su florecimiento, cuando entran en juego otras variables de peso. Es decir, ellas han estado centradas en ellas mismas (que implica, entre otras cosas, independencia, responsabilizarse de una misma, autonomía…) en la adolescencia y durante esos años, poder hacer esto tendría más peso en su ajuste. Ahora “están a otras cosas” y por eso estar centrada en una misma no tiene tanta importancia para el florecimiento de las jóvenes. Sin embargo, ellos maduran de forma más tardía y alcanzan su autonomía después de las mujeres, por lo que es ahora cuando disfrutan de la oportunidad perfecta de centrarse en sí mismos (sin excesivas obligaciones, pero con la libertad adquirida por ser legalmente adultos). Por este motivo, el tener esta posibilidad en sus vidas se relacionaría más con el florecimiento de ellos. En segundo lugar, entramos a discutir los resultados relativos a la relación entre el florecimiento y la resolución de tareas evolutivas a las que hacen frente los adultos emergentes estudiantes universitarios en nuestro contexto, concretamente, tener un Capítulo IV: Discusión 197 empleo, vivir independientemente y tener pareja. Encontramos en nuestro trabajo una diferencia en cuanto a esta relación según tomemos los resultados del análisis en T1 o en T2, tres años después. Comentaremos, en primer lugar, lo relativo a las tareas evolutivas como predictoras del florecimiento desde la perspectiva de género considerada en nuestro primer trabajo sobre los predictores del florecimiento en T1 (artículo II). En T1, cuando los participantes en el estudio contaban con 20 años de media, contrario a una de las hipótesis de partida marcada en el artículo II de este trabajo, tener empleo y vivir independientemente no se relacionó con el florecimiento, ni en el caso de los hombres ni en el de las mujeres. Este resultado podría explicarse por la realidad del contexto español. Una realidad en la que, poblacionalmente, más del 40% de los jóvenes en el momento del estudio se encontraban en situación de desempleo, y la mayoría viviría en el hogar familiar hasta casi los 30 (Eurostat, 2020a). Esta realidad, unida a la que la edad media de la muestra en T1 rondaba los 20 años, provocó probablemente que el tener un empleo o vivir fuera del hogar familiar aún no fueran consideradas tareas evolutivas propias por los adultos emergentes del estudio. Es decir, sólo si no se abordan las tareas evolutivas propias de la etapa se sentirá malestar o disminuirá el bienestar. Sin embargo, ante una situación generalizada de desempleo y una sociedad que considera normativo el permanecer en el núcleo familiar hasta la tercera década de la vida, no abordar estas tareas a los 20 años, más aún si se sigue estudiando, es lo normativo y, por tanto, no afecta al florecimiento de nuestros jóvenes. Sin embargo, la tarea evolutiva tener pareja si resultó ser diferente para el florecimiento de hombres y mujeres durante los primeros años esta etapa (T1). Esta variable resultó ser importante para el florecimiento de los hombres y no para el de las mujeres. El papel de la pareja en el florecimiento masculino bien podría estar relacionado con la función protectora de las relaciones de pareja entre los adultos emergentes frente a conductas de riesgo y negativas para la salud (Braithwaite et al., 2010). Conductas de riesgo, que suelen ser más frecuentes entre los hombres en esta etapa (Arnett, 1998; Evans-Polce et al., 2018; Sussman & Arnett, 2014), por lo que es plausible que el papel protector de las relaciones de pareja sea mayor y más usual en ellos, relacionándose en mayor medida con el florecimiento masculino. Por otro lado, el tándem tener parejaflorecimiento en los hombres también podría venir dado por el hecho de que durante la adultez emergente ellos consideran más importante la actividad sexual para lograr El Florecimiento en la Adultez Emergente 198 felicidad que ellas (Crossley & Langdridge, 2005), y tener pareja facilita dicha actividad sexual. ¿Pero qué ocurre con las tareas evolutivas tres años después? Según nuestro estudio longitudinal sobre los predictores del florecimiento, aunque no fueron las variables que mayor poder explicativo mostraron en T2, estar buscando empleo o haberlo conseguido, tener una pareja estable y vivir independientemente (aunque esta variable no tenga poder predictivo en los modelos de regresión) se relacionan con mayores niveles de florecimiento. Este resultado no es una sorpresa, ya que desde sus orígenes una “tarea evolutiva” fue definida como “a task wich arises at or about a certain period in the life of the individual, successful achievement of which leads to his happiness and to success with later task, while failure leads to unhappiness in the individual, disapproval by society, and difficulty with later tasks [aquella tarea que surge durante o alrededor de cierto período en la vida del individuo, cuyo logro exitoso conduce a su felicidad y al éxito con siguientes tareas, mientras que el fracaso conduce a la infelicidad en el individuo, la desaprobación social y la dificultad con las tareas posteriores]9” (Havighurst, 1956, pag. 215). Si bien existe investigación que analiza los factores que favorecen o dificultan la consecución de las tareas de desarrollo en esta etapa evolutiva (Gotham et al., 2003; Scharf et al., 2004; Seiffge-Krenke, 2009) que sepamos, esta es la primera investigación que muestra que atender las tareas evolutivas propias de la etapa de la adultez emergente, efectivamente, se relaciona directamente con el bienestar, en este caso evaluado a través del florecimiento. Sin embargo, la relación entre la tarea evolutiva vivir independientemente y florecimiento es pequeña, lo que sin duda justifica que esta tarea no forme parte del modelo teórico explicativo de las causas del florecimiento que mostró la ecuación de regresión. Aunque sabemos que la vida independiente (vivienda independiente e 9 Traducción de la autora de este trabajo. Capítulo IV: Discusión 199 independencia financiera) es lo que puede permitir a los adultos emergentes mejores oportunidades para el funcionamiento autónomo esperado en esta etapa y, por lo tanto, contribuir a promover su bienestar psicosocial (Kins et al., 2009), el hecho de que esta tarea evolutiva siga sin ser indispensable para el bienestar de nuestros los jóvenes españoles tres años después suscita interés por explicar los motivos. En párrafos anteriores, ante los resultados de la falta de relación entre el florecimiento y las tareas evolutivas tener empleo y vivir independiente en T1, se concluyó que no abordar estas tareas a los 20 años, es lo normativo en nuestro contexto y, por tanto, no afecta al florecimiento de nuestros jóvenes. Siendo vivir independientemente la única de las tareas evolutivas que no tiene poder predictivo sobre el florecimiento, intentamos ir más allá en las explicaciones. Ryan y Deci (2000), en su teoría de la autodeterminación, postulan que las necesidades básicas de competencia, autonomía y relación deben satisfacerse a lo largo de la vida para que un individuo experimente un sentimiento de integridad y bienestar. Se asume en esta teoría que cuantos más comportamientos estén regulados por motivos propios o intrínsecos (automotivación) y no controlados extrínsecamente, más florecerán las personas. Estos autores encontraron que, cuando un adulto emergente toma la decisión consciente de irse de casa de los padres más tarde, esto no compromete su bienestar (Ryan y Deci, 2000). Lo que afectaría negativamente el bienestar sería mantenerse en el hogar familiar sin haberlo elegido, prefiriendo vivir de forma independiente. Además, los jóvenes de nuestra muestra en T2 están en años intermedios de la etapa, por lo que es más probable que hayan elegido “libremente” permanecer en el hogar familiar, sobre todo, si siguen estudiando. También es posible que los adultos emergentes universitarios de nuestra muestra se encuentren en una situación residencial intermedia entre el vivir con los padres y vivir de forma totalmente independiente, denominada “semi-independencia”; en esta realidad los jóvenes, aun viviendo en el hogar familiar, tienen un menor contacto con los padres, gozan de mayor libertad y están dando los primeros pasos hacia la independencia residencial, situación que les reporta mayor bienestar (Kins et al. 2009). Así, vivir en el hogar familiar no se relacionaría negativamente con el florecimiento Por otro lado, el hecho de que vivir independientemente fuese la única variable que no tuvo valor predictivo para explicar el florecimiento ni en T1 ni en T2 se puede interpretar, además, por el contexto de los adultos emergentes de nuestro trabajo. En nuestro contexto, permanece el régimen familiarista de bienestar, característico del sur de