Full text
UNIVERS IDAD DE SEVILLA
FACULTAD DE GE OGRAF ÍA E HISTOR IA
SEVILLA (1808-1814): GUERRA
Y CULTURA.
Tesis Doc toral p resentada por
José Manuel Baena Ga ll é
Bajo la dirección del Catedrático Doc tor D. Alfredo J. Morales
Septiembre, 2015
Lloro la des t rucción, qu e no e l olv ido
que olvidar es vivir de otra man era,
tener el ancla del pasado a espera
de rescatar lo mu er t o de lo ido.
Antonio Luis Baena
ÍNDICE
Pág.
I. INTRODUCCIÓN.
1
II. GUERR A Y CIUDAD: ARQUITECTU RA MILITAR EN
SEVILL A.
15
A. INTR ODUCCIÓN.
17
B. EL SIS TEMA DEFENSIVO DE SEVILLA.
24
1. LOS PLANES DE D EFENSA DE SEVILL A Y ANDALUCÍA.
33
2. LA DEFENSA DE UNA CIU DAD OCUPADA.
76
3. LA FOR TIFICACIÓN Y DE FENSA DE SE VILLA TRAS LA
LIBERACI ÓN.
108
C. EL ALOJAMIENTO DE LAS TROPAS .
118
1. EDIFI CIOS MILI TA RES ANTERIO RE S.
128
2. EL USO DE LOS EDIFICIOS RELIGI OS OS
DESAMOR TIZADOS.
135
3. EL USO DE OTROS INMUEBLES.
148
4. EL ALOJAMI ENTO DE LOS OFI CIALES FRANCESES.
157
D. I NSTALACIONES MILI TARE S DIVERSAS.
166
E. I MÁGENES.
193
III. ARQUITECTURA Y URBANISMO D URANTE LA
GUERRA DE LA INDEP ENDENCIA.
207
A. INTR ODUCCIÓN.
209
B. LAS INFRAESTRUCTU RAS URBANAS.
222
1. EL ABASTECIM IENTO DE AGUAS.
222
2. LAS I NFRAESTRUCTUR A S VIARIAS.
232
3. LOS CEMENTERIOS Y E NTERRAMIENTOS PÚB L ICOS.
240
4. LOS SERVICIOS PÚBLIC OS.
246
C. LAS REFOR MAS DE LA CIUDAD.
253
1. LAS GR ANDES INTERVENCIONES UR BANÍSTICAS.
253
2. LAS I NTERVENCIONES MENO RES.
276
D. I MÁGENES.
289
IV. LA CIUD AD EN FIESTAS.
299
A. INTR ODUCCIÓN.
301
1. HISTO RI AG RAFÍA DE LA FIESTA EN SEVILLA DURANTE
LA GUERRA DE LA IND EPENDENCIA.
311
2. ELEMENTOS DE LA FI ESTA.
313
3. TI POLOGÍA DE LAS FIESTAS.
323
B. FIESTAS POR E L DE SARRO LLO DE LA GUERR A.
326
1. RO GATIVAS P ÚBLICAS Y OTROS ACT OS RELIGIOSOS.
328
2. CELEBRACIO NES PO R LAS VICTORIAS MILITARES .
335
3. ENTRADAS DE PERSONALI DADE S EN S EVILLA.
343
C. LAS CELEBRACIO NES RELIGIOSAS.
355
1. LA SEMANA SANTA.
356
2. LA FESTI VIDAD DE L CORPUS CHRISTI.
379
3. LAS HONR AS FÚNEB RES.
388
D. FI ESTAS REALES.
409
1. ESTANCI A DE JOSÉ I EN SEVILLA.
410
2. CELEBRACIO NES DE LA ONOMÁS TICA D E JOSÉ I.
415
3. MATR IMONIO DE NAPOLEÓN CON LA ARCHIDUQU ESA
MARÍ A LUISA DE AUSTR IA.
420
4. CELEBRACIO NES PO R LOS ANIVERSARIOS DE NAPOLEÓN
Y LA EMPERATRIZ.
421
5. ANI VERSARIO DE LA CORO NACIÓ N D E NAPOLEÓN.
428
6. CELEBRACIO NES PO R EL NACIMIENTO DE L REY DE
ROM A.
429
E. FI ESTAS PRIVADAS.
431
1. EL TEATRO.
431
2. LAS FI ESTAS DE TOROS.
436
3. O TRAS DIVERSIONES .
440
F. IMÁGENES.
445
V. CR EACIÓN Y GUERR A : GREMIOS, ARTISTAS Y
ARTESANOS.
467
A. INTR ODUCCIÓN.
469
B. HACIA EL NUEVO RÉGIMEN: CAMBI OS EN LA CREACIÓN Y
LA PRODUCCI ÓN ARTÍSTICA.
474
1. LOS ANTECEDE NTES.
474
2. CAMB IOS LEGALES EN E SPAÑA.
479
C. GREMIO S Y OFICIOS ARTÍSTI C OS EN SEVILLA.
490
1. LAS RENU NCIAS AL OFICI O.
497
2. LOS MAESTROS MAYO RES EN SEVILLA.
502
D. ARTI STAS Y ARTESANOS EN SEVILLA DURANTE LA GUERRA
DE LA IND EPEND ENCIA.
515
E. I MÁGENES.
565
VI. GUERRA Y PAT RIMONIO CULTUR AL: PÉRDIDAS Y
EXPOL IO.
571
A. INTR ODUCCIÓN.
573
1. LA GUERRA Y EL PATRI MO NIO.
573
2. DESTRU CCIÓ N Y E XPOLIO .
579
3. LA LEGALIZACIÓN DEL EXPOLI O.
585
4. EL ACCESO A LA INFOR MACIÓ N.
588
5. S EVILLA Y EL EXPOLIO .
590
B. LOS BI ENES PATRIMONIALES SEVILLANOS DURANTE LA
GUERRA DE LA INDE P ENDENCIA.
603
1. EDIFI CIOS DE ÓRDENES REGULARES MASCU LINAS.
605
2. CO NVENTOS FEMENINOS.
684
3. TEMPLO S E IGLESIAS .
697
4. HOS PITALES.
708
5. O TROS EDIFICIOS .
713
C. IMÁGENES.
721
VII. CONCL USIONES.
735
VIII. BIBLIO GRAFÍA.
741
IX. FUENTES DOCUMENTALES CONSUL TADAS.
797
X. APÉNDICE DO C UMENTAL.
805
1
I
INTR ODUCCIÓN
8
Seguida mente, m arcar el interés de la bibli ografía tradicional o
históric a porqu e e s l a que narra los acontec imientos más próximos en el
tiempo, a pesar de l os proble mas de carácter emocional , ya que esto pueda
llevar a pensa r que s e pone en c uestió n l a i mpa rcialidad del autor . Son obras
generales c omo la c onocida His toria del Co nde de To re no, fuente fun dam ental
esc rita por un pro tagonista del proceso liberal en España, o las fuentes má s
sevi lla na s de González de León, tanto s u diario ma nu scri to co nservado en el
Archivo Mun icipal de Sevi lla, como su
Notic ia Artí st ica
, que nos da un relato c asi
inmediato de lo que pasó en la c iudad o cupada. Esto se c ompletaría c on otras
fuentes como las obras de Ama dor de los Rí os o las de Gestoso y Pérez.
En ter cer l uga r, habría que r ec or dar la ce lebració n del primer
centenario de l a Guerra de la Independencia y que a nivel de es tudio s e
investigación en el caso sevillan o tie n e un nombre pro pio que es e l D. Man uel
Gómez Ím az cu ya o bra r eco ge y prese nta m ultitud de docum entos escritos .
Fun damentales pa ra vi sualizar el contex to histórico y s ocial s on su estudio de la
prensa de l momento o el inventario de los cuadros existentes en e l Alcázar.
Esto se complementaría con múltiples estudios específicos sobre la actu ación de
órde nes monásticas o unida des militar es , pre sentes e n Sevi lla antes y du r ante
la o cupación . En e ste sentido, recorda r la importancia de los documentos e
impreso s reco gidos p or é l s obre el t ema de la Guerra d e la I ndependen cia y
Sevilla y que se encuentran en Madrid e n l a Bibli otec a Nacio na l en su Secció n
de Man uscrito s, incuna bles y raros.
En la act ua lidad, l a va rie dad bibli ográf ica es e norme y mucho má s
espec ífica. En e l c aso sevillano se ha centrado, e n gr an medida , en el estudio
de las obras de arte e xpoliada s du rante el per iodo de o cupación, c entrándose
en muchas oc asiones en la figura d e los grandes pintore s como Z urbar án o
Murillo. En est a ma teria son fundam entales los traba jos de l os pr ofesores
Serrera y Valdivieso co n múltiples libr os y a rtículos que en gran medida se ci tan
en la bibliografía. O tro caso fundamen tal ser á en los últimos añ os el del
profe sor M oreno Alo ns o qu e ha histo riado todo el pe río d o en S evilla en v arios
libro s y artículos, e studian do desde la gén esis revoluciona ria de 1 808 hasta la
vida coti dian a en la Sevilla Napoleónic a.
Duran te l a cele bración del b icentena rio de la guerr a ha ha bido una
gran renovación bibliográfica. En mucha s oc asio ne s , simplemente s e ha n
ree ditado obras ya existe ntes pe ro e n o tro s se ha renovado la vi sión sobre el
proc eso. Tres e lemen tos han ayudado decisivamente a este tr aba jo. El pri m ero
de ellos, la t raducción de obras n o exis tentes e n c astellano y de difí cil acces o
an teri ormente que permite aso marse a la visió n que protagonista s del mom ento
e h istor iadores de otras naciones tie nen del conflicto, fu ndamen talmente d esde
el pun to de vi sta francés o británico. En segun do luga r, se han res catado del
olvi do memorias que de sde e l s iglo XIX no se habían v u elto a publicar y que ha
permitido conocer en l as voces de los pro tagonistas cua l era su visión de los
hechos que estába mos estudian do. Por último, l a reorgan ización, c oncentra ción
y digitalización de a lgun os fondos que han per mitido su c onsulta. Además, en
9
este momento se ha profun dizado mu cho en hist orias lo cales que permiten
acerc arnos al proceso de f orma mucho má s exhau stiva y o btener una vi sió n
global más a mplia.
Fina lmente, se ñalar u na publicación que ha sido esencial para e l
traba jo. Se tr ata de la
Bibliografía de l a Guerra de la Independencia
publicada
por e l Ministerio de Defensa e n 2008 y qu e ha permitido a cceder a múltiples
obras desconoci das ha sta el momento .
Los diferentes temas que se han e studiado m uestr an co mo l a
guerra co n to do l o que c onlleva afectó a la pro ducción arquitectónica y a r tí stica
y a l os bienes patrimoniales se vill an os en gener al. E n primer lugar se ha
examina do el efecto directo del co nfli cto bélico sobre la ciuda d y su i magen. La
vida de Sevil la se ve c laramen te alter ada des de las revuel tas de 18 08 hasta la
fina lizació n de l a o cupación y el lento pro ceso de reconstrucción . Es tos hechos
traerán unas modificaciones a rquitectónicas y del t erritorio en relación al
conflicto . Así , se procederá a tr aba jar có mo se o rganiza la ciuda d bajo el
gobier no de la Junta Central para su d efe nsa contra los fr an ces es, c ómo lo hará
el E jército Im peria l del mediodía o qu é medidas tomarán las a utoridades
constitucio na les una vez l iberada la ciuda d. Se ñalar en todo e ste pro ce so la
importancia del trabajo de l Cue rpo de Ingenieros Militares, tan to espa ñol como
francés, pa ra la organización de los s istemas d efe nsivos d e la c iudad, algunos
de lo s cua le s se estudia rán a q uí por primera vez.
Pero también se observará como en e l interior de la ciuda d el
aspecto militar afectará el devenir de l os se villan o s. La c iuda d s e co nvertirá en
el ce ntr o lo gístic o militar q ue debe c on trol ar y abastece r todas las o peracion e s
bélic as del sur d e l a Pe nínsu la Ibérica fun d am ent almente e l asedio a Cádiz y l as
oper aci ones e n Extremadu r a, por lo q ue se tendrán que o rganizar lo s espacios
para aten der a la ingente tropa y sus nec esida des ma te ri ales. Para ello se
desarro lla r á una po lític a de alojamientos que l levará al uso de las inst alaciones
ya exis tentes, c laramen te i nsuficient e s, y o tras nuevas como excon ventos o
casas particulares. Asimismo, se t r aba jarán to dos los se rvicios milit a r es
necesarios en estos momentos y su evo lución fís ica e histórica a la luz de lo s
esc asos datos existentes. Entre ellos destaca r las indu strias militares, pris io nes,
academ ias militares, hospitales , alma c enes, e tc.
El siguiente aspecto a tr ata r ser á c ómo se organiza la vida de la
ciudad d urante estos momentos. Para ello, ser á fu ndamenta l v a l or ar la
actividad de l Ayuntamiento de S evil la e n relación co n la cre aci ón arqu itec tón i ca
y el urban ismo , siempre dentro d e un a gra n penuria e conómica. Por el lo se
anal izará el fu ncionam iento de l as difere ntes infraest ructuras urba na s
necesarias para que la c iuda d c ontinua r a vi viendo con un grado de ma yor o
menor n or ma lidad. Se ve rá c omo es el aba ste cimie nto de agu as, cómo se
organiza su estr uctura viaria en r elación a c amin os y puentes e inc luso al r ío
Gua dalquivir, como fun c ionarán los c ementerios con l a nueva polític a de
reubicarlos fuer a de las zona s habitada s y finalm e nte có mo se llevan a c abo
10
otro s servicios pú blicos e senciales l a limpieza urban a y el a l umbrado o el
pavimen tado de las calle s.
En s egundo lug ar, e s importante c onoce r co m o la c iuda d s e v a
modificando u rbanísticamen te. Sevilla vivi rá el afá n francés de la creación de
grandes espacios y de las reformas urba nísticas que buscarán el
ensan chamiento de los e spaci os u r ban os y l a c re ación de plazas y a venidas con
un innegable afán e sté tico no e xento de fun c ionalidad , y a que una de las ideas
del pensam iento ilustrado consistía e n m e jor ar la vi da de l os ci uda dano s a
través de la mejora del espacio au mentá ndose la salu bridad, l a limpieza y la
convive ncia en es paci os co mpartidos que también puedan se rvir de e scena r ios
para acontecimie ntos de interés público . E n e ste c aso se an alizará lo sucedido
con e spaci os a ntes oc upa do s por edifi c ios religiosos como serán l a plaz a de Sa n
Fran cisc o, Magd alena, Santa Cr uz o Encarna ció n. Por último, la ciudad sigue
vivie ndo y sus ha bitantes siguen mostrando necesidades de que funcione
cor rectamen te . Po r e llo s e re alizarán obras particulares que afectarán al vi ario
público y a la modi fic ación de edificios o co nstrucción de n uevas vivi endas, con
sus corre sp o ndientes licencias mu nicipales.
El tercero de l os nú c leos de co ntenido de l presente trabajo
mostrará un tema esencial como es el de las fiesta s . Las ce lebraciones públi c as
son un el emento fun dam ental de co hesió n social y a travé s de ellas s e puede
comprender c ómo es el funcionam iento de una sociedad y cómo es su
estr uctura de poder . Todo el lo reali z ado sie mpre de sde un punto de v i sta
simbólico y uti li zando la carga es t ética co mo ma ne r a de qu e la población se
sienta in tegrada e n el aconteci miento . Dura nte la Guerra de la Independe ncia
en Sevi lla h abrá una c lara c ontinu id ad co n muc has de las c ele braciones de l
Antigu o Régimen e incluso, las au t or idades de oc upa c ión comprenderán la
necesi dad de su mantenimiento y potencia ció n. La s cele braciones o r gan izadas
por l as autoridades francesas en mu c ha s ocasiones beber án en las f uentes de
las fie stas r evo luc ionarias francesas y de las c ele braciones imperi ales per o en
otras c ontinu arán la tradición se vill an a . Se analizarán múltiples celebracio ne s de
forma diacrónica que tuvie ron lugar en esto s años donde se obse rvará como e l
rito y los elementos son muy similares. E ntre e stos el ementos el e stu dio
examina r á l os luga res donde se ce lebra la fiesta, cuáles so n sus pro tagonistas
(hu manos o simbóli cos), y elementos más “artístico s” c omo son el so nido , la
ornamenta ci ón de la ciudad, el aju ar utiliz ado o la luz co mo algo funda menta l
en el acto .
Las fiestas s e van a agrupar en cu atro gr an des apa rtados que
ser án :
Fiestas por el desarrollo de la guerra, donde s e incluirán las múltiples
rogativas pú blicas, má s numerosas an te s de la o cupación qu e después,
la ce le bración de las victo rias militares y l as e ntradas de pers onalidades
en la ciudad, incluyendo la del rey José I.
11
Fiestas r eligiosas . Muy afectadas por l os m ovimientos militares y sobre
todo en el año de la o cupación e fecti va, tanto las anua les de la Semana
Sa nta y el Corpus como las e sporádi cas como , por eje mplo, las honras
fún e bre s.
Fiestas r elaciona das con l a Casa Re al y l os B onapa r te, como las
realiz adas duran te la estancia del rey José I en Sevilla, la cel ebració n de
su o nomá stica, el c umpleañ o s del Emperador, la boda del emperador
con Ma ría Luisa de Austria, e l nacimiento del here d e ro del Imperio o la
coronación del Emperador.
Fina l mente, las fiestas pri vada s, s in olvidar que siempre tenían que ser
tole radas por las autoridades públicas. Se tr ata rán te mas c omo e l te atro ,
la fie sta de los tor os y o tras m ás se n ci llas como las te rtulias, los bailes,
los salones o incluso nuevas diver siones que apare c en en la ciud ad como
la ruleta o las sombras chinescas.
El cuarto bloque de co ntenidos prete nde observar cómo la guerr a
afecta a l os pro cesos d e creación artís tica y al funciona miento de l as
profe siones r elaciona das co n ella en g e neral. Es e viden te que se están vi vie ndo
cambios transcendenta les a todos lo s niveles pasando de lo que l a historiogr afía
ha denominado Antiguo Régimen a un a nueva e structura de corte má s lib er al.
Para co mprender es e pr oceso se estudia rán las actuacio nes que tanto el
gobier no de J osé I, co mo la Regencia y las Cortes de Cádiz llevarán a c abo e n
el orden legal y como es t o afectará a Sevilla. Fun d amentalmente esto s c ambios
consistirán e n e l ataqu e fr ontal al sis tema de funcionamiento gremial y la
búsqu e da de c onceptos so ciolaborale s y ec onómi cos más modernos c omo los
de empres ario o tra baja do r , c uyas n ue vas rel acion es crearán e l germen de u n
moderno e ntram ado s ocial y laboral.
En e ste período previo a la Revolución Indu str ial habrá que ver
cómo a fecta e n S evil la ya que la ciu dad, a principio s de l s iglo XIX, manti ene
aú n unos gre mios c on cierta fuerza que ve n como poco a poco se modifican s us
estr uctura s. Incluso ll egará u n m ome nto fundamen t al en el que, por razo nes
fiscales , muchos maestros renun c iarán , al menos ofic ialmente, a eje rcer el
oficio, l o qu e no quiere decir qu e dejaran de trabaja r co mpletamente .
Asimismo, s e p ro fundiza rá so bre el papel de los ma e stros
ma yor es, principalmente los m un icipales, a nalizando su s fu nciones, fo r ma ció n y
actua c iones. E n e sta é poca habrá dos person ajes que coparán e l 100% d e las
actua c iones: Ca ye tano Vélez y J osé Echam oro s. Es t os dos arquite ctos
ma ntendrán u na pugna, pr ofes ional y per sonal, por e l puesto d e Maestro Mayor
del Ayunta mie nto a lo largo de los años. E sto será una muestr a del c ambio de
los tiempos y de las nuevas necesi dades que se pla ntean buscando titu lados de
la Academ ia y n o maestros alarifes . El papel preponderante de l as Academia s a
la hora de c er tif icar la capacida d pro fesi onal anticipa lo que será e l sistem a de
titulaciones del futu r o.
12
Fina l mente, a unque pueda p arec er qu e duran te u n per íodo bélico
no exis t e activida d artística algun a se ha reco pilado una nómina de 22 3
profe siona l es que están activos en Sevilla e ntre 180 8 y 1814. E ntre ellos h abrá
nombres conoc id os co m o Rosales o Astorga, entre otros, pero también m u chos
perso najes de los cuales se pre senta e n este trabajo la primer a referencia de su
actividad laboral.
El último bloque de contenidos se r eferirá a cómo la guerr a
afectará al pa trimonio c ultura l se villano. Teniendo en cuent a q ue la valor aci ón
que podamos ha cer ah ora es difer ente de la que se hiz o en su momento , sí es
cie rto que desde el p rimer mom ento los s evillan os fu e ro n c on scientes de lo que
se perdió e n la guerr a, sob r e todo a pa r tir de los d e cretos desamorti zadores de
José I. Se analizará s omeramente q ué pasó e n a quellos momentos, cuáles
fueron las actua cio nes que se llevaron a cabo co mo la del dep ó sito del Alcáz ar y
que c onsecuencias tuvo para el f uturo, c omo la devo lución de o b ras.
Fina l mente, se e studiarán lo s e dificio s de los qu e se poseen datos,
documenta l es o bibliográficos, i ntent ando unificar la información e xiste nte. Se
an alizarán las si guientes tipologías de edifi cios:
Conventos de Órd e nes Regulares Ma sc ulinas.
Conventos de Órd e nes femeninas.
Iglesias y te mpl o s.
Otros e difici o s.
El trabajo ter mina r á, c omo se ha di cho anteriormente, co n una
rel aci ón de l a bibli ogr afía manejada p ara lle varlo a cabo y las f uentes concreta s
consultada s . Asimismo, se añ a de un anexo documenta l con aqu ell os
documentos desconocidos por el m o mento que puede n te ne r i nte rés pa ra
ilustrar cuestiones específicas .
Para fi na lizar, só lo queda mostrar mi agra decimie nto a to das
aqu e llas per sonas e institucio nes que m e han facilitado la labor. En primer lugar
a los c entros de investigación ya citados y al per son al de atención al público por
su co mprensión y b uen hacer. E n este s entido me gustaría señalar dos ca s os
espec ialmente como son la Comun i dad del Real Monasterio de San Clement e de
Sevilla y el Centr o de Investigación de EMAS ESA qu e desde un principio se
ada pt aron a mis posi bilidades horarias y me ayuda ro n en todo momento.
Hay muchas personas que debería citar per o s obre todo me
gusta r ía ag r adecer a los amigos y c om pañero s d e diversos centros de t r aba jo e
institutos de E nseñan z a Secunda r ia que a lo l argo de es tos años me han
ayu dado a l levar a cabo mi labor, como Eugenio Sa lazar, María Jos é Aguilar
Orozc o, Cata l ina Orte ga, Julio Blázqu ez, José Antonio P érez , Ge mma Narbona y
13
José Antonio Ba rragán y especialmente al Equipo Directivo del I. E.S. Luca de
Tena de Sevi lla del que formo part e , co n su director José María Pedernal
Álvarez a la c abeza que en el último año han p uesto todo s u es fuerzo y apoyo
para qu e p ueda finalizar este traba jo . En el ámbito de la H istoria del Arte,
agradecer la ayu da y án imo de mis amigos y c ompañ ero s del Gr upo Octógono
de Hi storiado r es d e l Arte y a Pilar Benito, por su colaborac ión en todo lo relativo
a l a do cumenta c i ón del Pa l acio Re al de Ma drid . Y fi na lmente a mi fa milia , en
primer luga r a mi padre y a Mar uja, que de sgraciadam e nte ya no nos
acompa ñan, mi madre y mis h e rma n o s pero fun damenta l mente a Susana,
Sa ntiago y Miguel por su apoyo, c om prensió n y ayuda durante e stos añ o s y
sobre todo p o r su paci e ncia y c ariño.
Por último, agra decer a mi amigo y maestro e l Catedrátic o Doctor
D. Al fredo M o rales Martínez todo lo que ha hecho para lle var a buen fin e sta
tesis doc t or al. Su s c onsejo s y su di r e cc ión han s ido in sustit uibles . Per o s o bre
todo su aliento y su a mistad qu e en los momentos má s difícile s m e ha n
ayu dado y dado fuerzas par a continu ar co n la labo r.
14
15
II
GUERRA Y CIUDAD:
ARQUITECTURA MILIT AR E N
SEVILLA
16
17
A. INTRODUCC IÓN
Los conflictos bé l icos sie mpr e ocasion an destrucción. En s í misma,
la gu e rr a es un acto de viol encia qu e, co mo decía Carl von Clau sew itz e n el
siglo XVIII, c onsiste en “
ob ligar al oponente a c umplir nuestra volun tad”
par a lo
cual l os contendientes no tendrán e n cuenta el d año que hacen a s u a dve rsario
o a las poblacio nes civiles sino el lo g r o de los obje t ivos políticos propu e stos . Las
regulaciones conte mpo r áneas qu e intentan minimizar los da ños sobre l a
población , sus vivie nda s y pose siones no exi stía n en el siglo XIX y en ese
sentido la Guerra de la I ndependen cia española s e puede considerar la prim er a
guerra ve rdaderamente moderna en su c oncepto de “ gu erra total” como
expresan sus protagon istas o víc tim as 1 . Es significativo qu e du r ante este
conflicto e l grado de d e strucción a l qu e se llega es espeluzna nte y para a fi r mar
esto baste recordar el estado de c iu dades como Zaragoza o Gero na entr e las
grandes poblacio nes o lo s cientos de pequeños pueblos y aldeas que c asi
desaparecieron por destrucción o por mu e rte de sus habita ntes. Y a Bouth ou l ha
afirma do que la guerr a es, i nn egablemente, el má s e spectacu lar de los
fenómenos sociales 2 . Este mismo a u tor señala c omo un rasgo inherente al
fenómeno bélico su carácte r c olectivo para diferenciarlo cl aram e nte de l os actos
de violencia individual advirti éndose d e es t e modo que la guerra es tá al s er vi cio
de una agr upación o i deología política deter mina da 3 . Y en e se sentido la
Guerra de la I ndependen cia espa ñola e s, junto a elementos béli cos, tácticos y
estr atégicos, una ve rdadera lucha de ideas y for ma s diferentes de co mpr e nder
el futuro del país e incluso, s e podría afirmar que de E uropa.
La épo ca de las guerr as na poleó nica s c ierra un momento de la
evo lución bélica y a bre otr o, tan to a nivel conceptual de l propio s e ntido de la
guerra como a un a esc ala de a vanc es tecnológicos y c ientíficos. E l mom e nto
comprendido desde fin es de l s iglo XV II hasta 1815 ha sido denom ina do como
“
la era del fusil de c hispa”
ya que el uso de este tipo de armamen to perm itió
au mentar la cadencia y pr e cisión del tiro y por lo tanto obli g ó a modifi car los
ele mentos tácticos y e stratégicos y la e structura de l as unida des militares 4 .
1 Para re forzar esta i dea basta recordar i m ágene s tan im pactante s com o l as p i nturas d e Goya
sobre el tem a o su seri e de grabados de “ Los desastres de la guerra” .
2 BOUTHOUL, Gaston: La g uerra. Barcelona, 19 71. Pág. 5.
3 Ídem. 31 - 32.
4 NE W ARK , Ti m : Hi stor ia de la Guerra desde la A n ti güedad hasta el si glo X IX. E strate gi as,
métod os y tácti cas. Arm amento y armaduras. Barcelo na, 2010. P ág. 185.
24
B. EL SISTEMA DEFENSIVO DE
SEVILLA
Desde el i nicio de la gu err a en Sevi lla existía la cer tez a de la
necesi dad de preparar la c iuda d par a su pos ible defe nsa en caso de un ataque
francés, aunque esto no supuso acometer un inmediato pr ograma de obras.
Habría que recor dar que el proce so de la Guerra de la Independencia co m e nzó
en S evil la con l os s uce sos de ma yo d e 1808 que, s egún Mo reno Alo nso, p asó
de se r un a r evo lución popular a co nvertirse “
milagro s amen te … e n una
revolución s an ta, or ie nta d a pa trió tica mente co ntra lo s i nvasores de España ”
26 .
El origen de esta r evuelta que tuvo funestas c onsecuenci as y ater rorizó a la
ciudad d urante tr es días fueron los su ce sos de Ma drid y sobre todo la idea que
cor rió por la ciuda d de que l as a uto ridades sevillan as estaban acepta ndo el
ma ndo francés convir tiéndose así e n u nos tr aidores a la causa n acional y
patriótic a. La culmin ación de estos día s de algara da fue la proclamación de la
Jun ta Su prema de Sevi lla qu e , má s tarde, pasa ría a denominarse Su pr em a de
España e Indias 27 .
Un o de los momentos culmina ntes del pr oce so de formalización de
esta Jun ta y de su toma del poder es el ban do del día 6 de junio d e 1808 en el
que r ealiza la “
Dec laración de Guerr a al E mperador de Francia, N apoleón I”
y
que se pu bli ca en la Gaceta siendo a pa rtir de ese momento cua n do se in icia
ofici almente l a guer ra en Andalu cía 28 . El siguie nte pa s o de inter és fue for m ar
un ejér cito que pudiera enfren tarse a l as tr opas fr an ces as que, se sabía, se
dirigían ha cia e l s ur peninsula r par a c onquistar A nda l ucía y li berar la flota
francesa que se enco ntraba en el puerto de Cádiz. Desde un principio, la Ju nta
de Sevilla tenía c onocimiento de cómo las tropa s ma ndadas por Dupont habían
atravesado Sierr a More na y se dirigí an ha c ia Cór doba por lo que se envia ro n
refuer zos d e i nfa ntería, caballería y avitua l lamiento a la zona, donde se
encontraban las tro p as r egulares y de milicias comanda das po r Pedro Ag ustín
de Ec hevar r i 29 . Todo e llo culminó con l a batalla del puente de Alcolea el 7 de
26 MORENO A L ONSO, Manuel : La Junta Suprema de Sevi lla. Sevilla, 2001, pág. 13.
27 Para lo s sucesos de m ayo de 1808 véase MORENO ALONSO, Manuel : La Revoluci ón
“Santa” d e Sev i lla (La r evuelta popular de 180 8). Sevilla, 1997.
28 Ga z eta Minister i a l de Sev illa , nº 4, 11 de junio de 1808, pág s. 2 9 -31. C i t: M ORENO
ALONSO: La Junta … Op. C i t. Págs. 135 -13 6.
29 Ídem. Pág. 89.
25
jun io de 1808 y que se de sarrolló r ec hazando las fuer zas españolas al prin c ipio
a los franceses, pero vencie ndo la super i oridad num éri ca y material del e jército
francés obli gan do finalmen te al e jército español a r eple gars e .
Segu ía sie ndo neces aria la cr eación de un ejér cito propio que
pudiese dete ner al grues o de las tropa s napoleónicas y éste fue el gran logro de
la Jun t a de Sevi lla y lo que le conce di ó gran presti gio ante el resto del país y las
potencias europeas enfrenta das al p o der imperial fran cé s. Es cierto qu e en
poco tiempo la Junta logró organizar el ter rito rio y pacificar a su poblac ión,
rendir a la escuadra frances a qu e se e ncontraba atracada e n Cádiz y formar un
ejé rcito d e 26000 hombr e s al mando del G e neral Ca staños 30 . El prop io
presi dente de l a Jun ta Suprema de Sevill a, Francisco Sa avedra, es consci en te
de la importancia de e stas actua c iones cuan do infor ma al pri mer ministro inglés
que:
“La Junta de Sevilla sola form ó ejérci to, lo o rganizó, e
hizo no solo que se defe ndie s e de los fr an ces es, co mo lo ha n
hecho l as demás pro vincias, s ino que en bat alla campal
acometiese, co mo acometió, al ejércit o más agu e rr ido ” 31 .
Para la cr eació n de dicha fu e rz a s e utilizó e l E jército del Campo de
Gibraltar así co mo el alistamiento de tr opas a lo l argo de todo el territ o rio
an daluz. Se for maron Jun tas locales que alista ban a todo s u vecinda r io
ma sculino, sin e xcepción, e nt re los 16 y l os 45 años, a grupándolos e n
compañ ías y o rganizan do sus m andos entre las perso na s honrada s y de
renombre d e cada loc al i dad. Asimism o, se e stableció la adqu is ición de los
fondos para poder suplir l os gastos y l a re cogida de todas las armas e xis tentes
32 . La c ulmin ación de todo e ste p r oceso se dará en la tr ascen dental bata lla de
Ba ile n e n la que las t ropas españ o las derrotarán por primera vez a un ejército
regular francés en Europa. La bat alla tu vo lugar e l 19 de julio d e 1808 y se
enfrentaron l as tr opas imperiales d e unos 21.000 soldados al mando del
general Dupont co ntra los efectivos españ ole s ligeramen te más num ero sos a
las órde ne s del general Castañ o s.
30 MORENO ALONSO: La Junta… Op . C i t. Pág. 9 7. P ara el p r oceso de form aci ón del ej érci to y
su fu ncionam i en to véase SEB ASTIÁN Y BAND ARÁN, José : Sevi lla en la Gu erra de la
Independ encia. Sevilla, 1909.
31 A.G.S. Estado , Lib . 5 90 , Fol. 60. De Saave d ra a Canning, 25 de se ptiem b re de 1808. Ci t.
MORE NO ALONSO, M anuel : “El Ej érci to ... Op. Cit. Pág. 443 . No obstante, l a gran cr ítica que
l as autor i dades polít i cas y m i li tares británicas de l m o m en to hacen es l a i neficaz gestión de la
guerr a que están lleva ndo a cabo l as Juntas en tod a España y l a neces i dad de crear un mando
úni co para l o cual se tardará todavía algún tie m po. Sobre la op i nió n británica es interesante
YÉP EZ, Dan i el : “ La vi s ión de l as Juntas de l a Guerra de l a Indepe nd encia en las fuentes
i nglesas ”, en Hi sp ania Nova. Rev i sta de H isto ria Contemporá nea , nº 4. Madri d, 20 04. Págs. 81-
103 .
32 MORE NO ALONSO: La Junta… op. cit. Pág . 133. Este m i s m o si ste m a se utilizó e n e l r esto
de poblacion es de la zona, com o puede ver se en ROMERO GAB ELLA : “ Recl utam ie nto ... Op.
Cit. Pág. 46 5-480; GÓ MEZ RUIZ: “ E l levantam i ento ... Op . C i t. Pág. 546-559 o CARM ONA
DOMÍNGUE Z : “ El Batallón ... Op. Cit. Pág. 562-577.
26
Tan to par a e l de sarro llo de la guerra como para o rganizar la
defensa de Andalu cía tiene gran i mpo rtancia la pr opia configuración geo gráfica
del te rr it or io ya qu e existían tres u nida des orográficas independientes que
ha cían complejo el acceso a las provi n ci as an dal uzas: Sierra Mor ena, el valle del
Gua dalquivir y las cor dilleras Béticas 33 . Per o e sta c uestión se c omplica ba en el
caso de Sev illa por encon trarse en un terreno llano de difíci l defensa .
Por e llo la pr otección de la ciuda d er a a lgo primor dial. Así, u na de
las l abores que re ali z ó la Jun ta de Sevilla fue la de establec er un as milici as
urbanas co mo se ha aludido anteriormente y es tudia das por Moreno Al onso
au nque uno de los proble ma s más im portantes que surgió con la fo rm alización
de es te cuerpo, fue el in te nto de e xcusa r se de su participación de gran pa r t e de
la población afectada, por lo que se estableció que todo aqu el que no se
prese ntase a sus servicios sería destin ado al ejército or d inario 34 .
Con respe cto a la organización defe nsiva de la c iudad se puede
obser var que Sevi lla tiene un e mplazamiento de difí cil pr o tección al enco ntr a r se
en un te rr eno llano y situada en la ve ga del río Gua dalqu i vir. Lo s elemen to s
principales para su fortifi cación son el río, que corta en dos a la ciudad, deja ndo
a un lado e l núcleo urbano y e l o tro el arraba l de Tr iana , y las murallas
medievales de la ciuda d, aunq ue estas había n per dido ya gr an parte de su
importancia militar an te los nu e vos ava nces de las arma s ofensivas co m o la
artillería y tenían un uso casi excl u sivamente fis cal y de control d el orden
público 35 . De e se modo Sevilla c omen zó a prepara rse para el c onflicto ca si
desde el ini c io de la guerra, au nque s u desarroll o y ce leridad de pendería del
curso de l as activi dades bélica s. Por lo qu e cuan do la s uerte e stuvo a favor del
enemigo se aceleraron los traba jo s, aba ndonándose cuando e ra favor able para
las armas españolas. Sin profundizar más en la preparació n y formación de
tropas en la q ue ta n importante papel tuvo Sevil la y su Ju nta poco s datos
exis t en so bre este particular al c omienzo del conflict o. No o bstante, se
consider aba imprescindible e star lo mejor in forma do s de lo s avan ces de las
tropas imperiales y por e llo se decidió establecer de sde Sevilla hasta la ciudad
de Córdoba varios apostadero s de ca balle ría para poder llevar lo más r á pido
posible docu menta c ión y las nuevas noti cias. Para e l lo se establecieron pu e stos
al menos en Mairena del Alcor , Carmo na y Ve nta de l a Po rtuguesa pensando en
exte nder d icho sistema ha s ta la plaza de Cádiz 36 .
33 REDE R G A DO W , Marion : “ Andalucía: entr e Bai lén y Sevill a ” , en Revista de Histori a M i l itar ,
nº Ex tr aord i nar i o 1 . M a drid, 2005. Pág. 12 5.
34 MORE NO ALONSO: La Ju nta… op. cit. Pá g. 181 -182. Asim i sm o, l a Junta a ni m ó al cabildo
m etro pol i tano a qu e colaborase a form ar l os ejércitos “ endefensa dela Religi on y dela Pat ria” .
Archi vo de la Catedral de Sevil la (A.C.S.) A u tos Capitulares de 1808. Libro 171. Fol . : 41 r tº.
Para todo l o r elativo a l a organización d e esta m i l i cia véase: B.N.M. Sección d e Manuscritos,
i ncunab l e s y raros, R-63 194, Mss Ex p ed iente de org aniz ac ión de m i l i c i as urb anas en Sevi lla,
en e l que figuran las ho jas de servici os d e indi v iduos que per tenecieron al Regi mien to
provinci al de Sev i lla, 1808 - 1819.
35 VEGA L EAL, Juan Miguel : “ Ant i guas p uertas de l a m ur all a de Sevilla”, en Puertas de S evilla
ayer y h oy. Sevilla, 2014. Pág. 28.
36 Hem er oteca Municipal de Sev i lla (H.M .S.). Gazeta M i nisteri al d e Sevilla, nº 4. Pág 2 8.
Sábado 11 de junio de 1808.
27
El mal e stado y el abandono de las mu r allas de la ciuda d e s u na
constante en lo s relatos de vi aj e r os y vis itantes, tan to antes c omo tras el
conflicto 37 . La f alta de interé s por ma n tener a S e vill a bien de fendida y c on s us
mu rallas al dí a puede o bser varse e n noticias anterior es al inicio de l conflicto
como la del 23 de abril d e 1808 cua ndo el Ayunta mient o s evil lano consid e ró
innecesario la urgencia en r eparar difere ntes pa rtes de la muralla, incluido un
tramo en el Alcázar e n l a huerta del p arque, a pesar de exi stir un informe sobre
la urgencia que pres entaba l a o bra r ealiz ado po r José Ec ham o ro s, autori zando
sólo las r eparaciones imprescindibles 38 . La única obr a constatad a de ci erto
interés fue l a transforma ció n del dis eño de de la Puerta de l a M acarena
realiz ada por Echamoros u nos años a ntes a co mienzos d e siglo 39 . A pesar de
ello , una vez i niciado e l confli cto, sí se debieron r ealizar algun as o bras de
forti ficación, e ntre ella s la colocación de algun as baterías de cañones, las
cuales, s egún apreciació n pos ter ior fueron hec ha s con prec ipitación lle gan do el
caso de que para s er útiles hubieran tenido que se r auxiliadas por tropas de
infa ntería 40 . No obstan te, sí s e realizaro n algunas reparaciones aunque d a la
impresió n que má s por su c a rácter hace ndístico o de co ntención ante l as ria das
que para prepara r la defe nsa de la c iuda d. E s e l ca so de la re paración d e l a
cancela de la puer ta de Je rez que se encontraba ro ta e inservi b le valorándose
la obra en se isc ientos reales, de l os que trescientos corresp o ndiero n al
ayu ntamiento qu e pro cedió a su pago el 1 6 de septiembre de 1808 41 . Algo
similar ocurre con la reparac ión y construcción ordena da el 15 de octu bre d e
1808 de los cuerpos de gu ardia en al gun as p uertas de la s murallas de S e villa
por lo que cobró Echam oro s 787 rea l es y 6 ma ravedís o la reparación del
Castillo de la Pu e rta de Trian a y el almacén de l a pl a z uel a de los Refinador es
donde se c ustodiaba n lo s tablones de l a puerta de la Carne y l as bocas de los
hu sillo s próximos 42 .
A partir de la vic tori a e n Bailén, la pos teri or re t irada de l as tropas
francesas e i ncluso la evacuación de Madrid por parte de l a corte de José I y su
ubicación al n orte e n el valle del Ebro, e l s istema defensivo de Sevilla qu eda
paralizado. Pero e s interes an te, para r emarcar lo poco re alista que e ra la
postura españ o la, l a notic ia fechada en M adrid el 30 de n o viembre d e 1808 y
37 FERNÁND EZ NAVARRO, Antoni o: Sevill a, teatro d e los sueños. Reflejo de la ci u dad en los
textos de vi a jeros fr anceses del si glo XIX. Se vill a, 2011. Pág. 50.
38 A.M.S . Secci ón II. Ca rpeta 68.
39 VEGA LE AL; “Anti guas… Op. Ci t. Pág. 34.
40 A.G.M.S. S ecci ón 3ª , 3ª D i v i s i ón. Leg.: 91.
41 A.M.S . Secci ón II. Car peta 68.
42 A.M.S. Sección II. Ca rpeta 68. Súarez Gar m en di a inf orm a de a l gunos r eparos e i nfor m e s
sobre e l est ado de las m urall as y de algu na s actuac i ones par a qu i tar escom bros de sus
i nm edi acion es reali zados por Cayet an o Vélez y José Echa m or os q ue se autoti tula “ Maestro
Mayor de las Defensas d e Sevill a ” .Cfr.: SUÁREZ GARMENDIA , José M. : Arq u itectura y
Urbanismo e n la Sevilla del si glo XIX. Sevi lla , 19 86 . Pág .: 21. Otr a actuación fye , p or ejem plo,
el que en 1808 se situó en el Ayunta m i ento un p uesto de gua rdia hacia l a plaza de San
Fra nc i sco. Cf r.: M ADOZ, Pascual : Dicci onar i o Geogr áfico-Estadístico-H istóri co de España y
sus pose si ones de Ultramar. Sevi lla. Valla do l id, 19 86 . Pág. 239.
28
publicada e n el Seman ario Patriótico de 1 de diciembre r elata ndo el afá n del
pueblo ma drile ño para organizar s us defe nsas 43 . No obstante a partir de la
interve nci ón del propio Napoleón desde dic iembre de 1 808 cuando entr a en
España c on un e jér cito de 250.000 ho mbres, cambia el curso bél ico con l as
bata ll as de Espinos a de l os Mo nte r os y Somosierra, entrando e l Emperador e n
Madrid y huyendo la Junta Ce ntral a S evi lla el 16 de diciembre de 1 808. Por ello
es diferente la situ ació n a partir de fin ales del año 1 808 cu an do ya se observa
la nece sidad de preparar l a c iudad de Sevill a para el m ás q ue pro bable avance
francés. Po r estas r azones se e mpie za n a rec oger efectos y donativos par a e l
ejé rcito or denán do se e l 30 de diciem br e por pa r te de la Jun ta Central a l a de
Sevill a la el aboración urgente de u n plan de de fensa de l a ciud ad, advirtie ndo
que é ste e ra un tr aba jo en el que debían participar todos lo s vecinos d e la
ciudad e i nsistiendo en qu e s e debían iniciar las o bras es e m i smo día 44 . Por
último, se decidió nombra r u n nuevo Gobernador Militar d e l a ciuda d a cau s a de
la ava nzada edad del que se e ncontra ba en ese momento en el cargo 45 .
En 180 9 las au tori dades e spañ olas y s evillana s comie nzan a
tomarse e n serio e l hec ho de la def e nsa de la c iudad. Así, se comenzarían a
situar contingentes de soldados e n los pasos de Sierr a Morena
fun d amentalmente Pu e rto del Rey y D espeñaperros y a o rganizar un
alistam iento general e n la poblaci ón 46 . H ay que recordar que en es tos
momentos l a ci uda d er a l a c apital de la E spañ a no oc upa d a y que la J unta
Central se encontraba en ella inician do un complejo pr oceso de
enfrentam ientos con l a Junta Suprema de Sevilla para dilucidar la supremacía
de una u otra 47 . De hecho se co mienzan a co nocer actuaciones e ncam i na d as a
un a más e fec tiva defensa de A ndalu c ía, ya q ue s e e s co nsciente a lo largo de
ese añ o d e que los fran c ese s se i ban a dirigir ha cia la r egión an tes o de sp ués,
43 “El pueblo de Madrid acaba de dar una de las mayor es y más energi cas pruebas de
patrioti sm o y de enterez a que se p ueden desear en las ci r cunstancias pr esentes. Apenas el
Consejo pu bli có las d ispos iciones que los Ge nera les, encargados d e la seg uridad de la Capital,
habian tomado para su de fe nsa y fortifi cac ion, q uando si n esper ar nuevo avi so de aquel
Tribunal se ñalando e l dia en qe se em pez ar ian las obras, to dos los moradores de Ma drid , sin
di st i nc ión de clase n i e xcepc i ón d e sexo se han prese ntado fuer a de las puertas, y se h an
entre gado al tra bajo con ta l de nuedo y a rdor que dentro de muy pocos días estará ya todo
concluido…. To dos los Pueblos de la Peni nsula en quanto les sea po si ble, y con las
modifi cac iones con venientes, seg ui rán s in d u da el i m pulso de la Cap i ta l; de modo que dentr o
de poco se hallen los Fr anceses co n toda la superfici e de España sembrad a de f or talez as y
heriz ada de cañones” . H.M.S . Semanar io Patrióti co , nº XIV, d e 1 de diciem b re d e 1809. Pág.
16.
44 Entre l os do nativos destaca l a rea li zada en di ciem b re de 1808 p o r el Cabildo de El Sa l vador
de 24 cam i sas par a el Ejérci to de A ndalucía. B.N.M. Sección de m an uscri to s , incu nables y
raro s. R. 6317 1, nº 1 . Tam bi é n es el caso d e l a parr oquia de San Roque que r eunió entre sus
veci nos 23.4 59 r eales par a el e j érci to d esde el a ño 1808 y 1.77 6 reale s en 1 809 pa ra las o bras
de fortifi c ac i ón, así com o 348 ca m i sas y 60 pi ezas de cam i sas, pa nta l ones, b otas y sába n as.
Véase: F LORES, Leandro José d e : Notici as varias de la Collación de San Roque extramuros
de esta Ci u dad de Sev i lla, q ue ha reu ni do un afecto, y las publ ica en h onor de su ilustr e
veci ndario . I m p renta Real , 1817 (Sevilla, 199 5). Pág. 32.
45 A.G.M.S. S ecci ón 3 ª, 3ª Div i s i ón. Leg.: 91.
46 AGUILAR G AVILÁN, Enri que : Andalucía d urante la Guerra d e la Independencia . Sevi ll a,
2008. Págs. 3 9- 40.
47 Esto ha sido e stud i ado ex hausti va m ente p or M ORENO ALONSO: La Ju nta... Op. Cit.
29
lo cua l qu edó totalm e nte p atente tras l a victo ria fr an ces a en Oc aña el 19 de
noviembre 48 . En este momento los plan e s fran ce ses suponen una seria
am enaza al ter ritorio anda luz, y como ha planteado el Servicio Históric o Mili t ar:
“
… el r ey Jo sé e stimó o portu no ata c ar sin dilación el te rritorio
de Andalu cía, p ara c ompletar s u domi nio de Españ a y someter
aqu e llas provi ncias, consi de r ada s enton c es como las más ricas
y pobladas de l a Penínsu la; l o que contribuiría a remediar
sustan c ialmente la pen uria ec onómica de que s e rese ntía su
gobier no. Estos pr opósitos del mona rca intruso e ran a lentados
por un grupo de s us ministros españoles (Azanza , O’Farr il,
Maza rre do y Ca barrús), que d ese aba n mantener la
independencia e integridad esencial d e nuestra pa tr ia, dentro
del sistema n apole ónico pr edominan t e entonces en la Europa
continental” 49 .
Por to do ello, a lo largo del año se realiz an diversos
plan teamientos para la de fensa de Anda lucía y so bre t odo de su capital. Uno
de lo s el ementos cl aves er a l a pro tección de l os pasos de Sier ra More na p ara
evitar el acceso de las tropas francesas. Así, el co ronel de ingen i eros To más
Pascua l de Maupoey reconoció, por o rde n de la Ju nta Central, e n mayo de
1809 las dife rentes travesí as de la si erra y pro puso varias o bras de fo rtific a c ión
que no se llevaro n a c abo 50 . Poste rio rmente, e n julio de l mismo año, vo lvió a
estudiar la z ona un a comisi ón presidida po r el también c or onel de In geniero s
Antonio Bena vides, que aconsejó, infru ctuosamente, un do ble si stema de
defensa. E l pri mero de forma provisiona l q ue se rvi ría para difi cultar el pa s o por
Sierr a Morena de las tr opas francesas y e l segun do per man e nte co mpu e sto por
varias plazas fuerte s e n Andalu cía que permitiesen apoyar las operaciones del
ejé rcito 51 .
48 De e sta tardan za en ir preparando la defe nsa del territorio andaluz e s claro e j em pl o que en
una fecha tan tardía com o el 22 de no v iembre de 1809 el Ayunt am i ento sevillano conoce la
necesidad de rea li zar obras para repa rar y for ti ficar el castillo de A l calá d e Guadaíra, uno d e l o s
hi tos qu e podían i m p edir e l avance francé s has ta Sevill a. A.M.S. Actas Capitula res d e 1809. 2ª
Esc. F ol.: 21 9 vtº-221. Sob re l a v i s i ón de los a l iad os ingleses q ue t i enen ese a ño de l as
di versas actuaciones encam in adas a l a defensa del territor io es interesante KRAUE L
HERE DIA, Bl anca : “ El últim o refu gi o de l as li b ertades Españolas. Te st i m oni os i ngleses sobre
Andal ucía en 1809”, en Archivo Hi spalen se, nº 222. Sevill a, 1990. Págs. 95- 125.
49 PRIEGO LÓPEZ: Guer ra de la … op. cit. V ol V . Pág. 28.
50 PRIEGO LÓPEZ : Guerra d e la … op. cit. Vol V. P ágs. 3 2-34. To m ás Pascua l de Maupoey es
un i n geniero m il itar qu e tien e u na dilat ada trayectoria en l os años de la Guerra de la
Indepe ndenc i a, destacando sobre t odo p or sus var i ados p l anos de zonas de i nterés pa r a el
desarr ollo d e las o peraciones m ili tares en Andal ucía. Para concretar m ás, véase: CA PEL,
Horacio , GARCÍA, Lou rdes, MONCADA, O m ar , OLIVÉ, Fra ncesc, QUESADA , S anti ago,
RODRÍGUEZ, Antoni o , SÁNCHEZ, Joan -Eu ge ni y TELLO, Rosa: Lo s ingeni eros m ili tares en
España Siglo XVIII. Reper torio b iográfi co e inventario de su lab or ci entífica y esp acial.
Barcelona, 1983. Págs . 3 21-3 22. Asi m i sm o, se sabe que estu vo presente e n la batalla de
Bailén y que fa lle c i ó en l a a cc i ón de Bor nos el 1 de j uni o de 1812.
51 Antoni o Ben a v i des part i cipa en l a Guer ra de l a Independenc i a l evantand o di versos plano s y
croquis com o el geog ráfico de l a frontera del Rei no de Gr anada, Jaén y Cór doba o l os planos
de l a Cortina d e Olivares y de los flancos del Descubr id or y San M i g uel de Or i huela . Véase:
CAPE L: Los ingen ieros… op. cit. Pág. 68.
30
A ésto se un ió una polític a estratégica e rr ónea, por parte de la
Jun ta Centr al, que or denó dispersar la s tro pas del General Areizaga a lo la rgo
de lo s pasos de la sier ra por lo que s e debilitó l a potencia defensiva del E jército
del Centro que debía prote ger más d e 200 ki lómetros e innum e rables pasos a
través de Sier ra Morena . Sólo se c on s truyero n dos elementos fortificado s . El
primero d e lo s re ductos se encon traba en el Coll ado de Valdeazores – entr e la
Venta de Cárdenas y Las Corr eder a s - al oes t e de l c amin o e ntre Madri d y
Sevilla. El segundo, era un a es pecie de campo a trincherado en e l Collado de los
Jardines, al este de la misma vía. Ade más, se realizaron alg una s zanjas y
cor tes en la c alzada que unía Madrid c on Andalu cía y se pre pararon algu nos
hornillos de mina para volar el ca mino e n c aso de av ance fr ancés , a u nque
todas e stas actu aciones se most r aron ineficaces e insufici e ntes cuan do llegó e l
momento decisivo .
Otro i ntento de fortifi cación fue el ll evado a ca bo po r el coronel
de ingen i eros Anton io Claraco y S anz , qu e por or d e n de la Junta Centra l y
comisionado por ésta, r econoció los té rminos de las poblaciones al norte de
Sevilla como V il lanu e va del Río, Burgu illo s, Al c alá de l Río, Ca ntillana , San
Nico lás de l Puert o, Caza lla, Co nstantina y e l Pedros o, con vistas a la
forti ficación de caminos, veredas y desfiladeros 52 . No o bstante, ya te nían que
exis tir algu na s for tific aci ones en los caminos de acce so a Se vill a,
concr etamente el de Extremadu r a ya que Byr on durante e l verano de 1809,
obser vó como todos los desfilader os es taba n forti ficados por medio de
difere ntes baterías d e arti llería – inc luso señala que a si mple vista s e podía n
distinguir las pirám i des de granada s- desde la Media Fa nega hasta la vent a del
Alto 53 .
La Junta Suprema encargó a M anuel Pe ro zo y Corona do la
forti ficación de la carreter a e ntr e M ér ida y Sevilla y ya en febre ro de 1809
dicho señor informaba que e staban c asi concluidas. Así , en l a v enta de l
Culebrín había tre s baterías con foso s de 15 pie s de pro fun didad y 5 var as de
an cho que había co stado mu c ho esfuerz o realizar porque la pie dra del lu gar
era durísima 54 . Di chas baterí as se completaban con otras realizadas en
Arre fan ales, H err adu ra y arr o yo de Aguafría, pr óximos a la aldea de El
Ronqu i llo .
52 Servicio Ge ográf i co De l Ejército ( S.G.E.). Mem ori as e It i nerarios descr ipt i vos de España. C -
51, nº 43. Pocas no ti c i as se conocen sobre este per sonaj e au nque se sa be que present a un
proyecto de colonización en Guantánam o e n 1793 y que desde 1792 est aba al m ando del
Batalló n de infantería de Canar i a s y que p ud o participar en la d efensa ante el ata que br itáni co
a Santa Cru z de Tener i fe de 25 d e julio de 1797. Véase:
http://www .i ngen i e ro sdelrey.com /guer ras/1796_ing l ate rra/1797_tener i fe .htm .
53 Vid: PUJA LS, Esteba n: “Lord Byron en Andalucía (verano d e 1809 )”. En: Arc h i vo Hi spalense,
nº 196. Sevilla, 1981 . Pág. 86 . Otros viajeros ingleses com o Joh n C. Hobhouse tam bi én
señalan qu e Si erra Morena está fuertem ent e fort i f i cada y defendida por lo s españoles. Vi d.:
COLETES BLA NCO, Agustín: “L ord Byro n y John C. Hobhouse, testigos y propagandistas de la
Guerr a pe nínsu l ar”, e n L a Gue rra de la Inde pendenci a Española. Una v i s ión M ili ta r. VI.
Congre so de Hi sto ria Mi l itar. Vol . II . Madrid, 2009. Pág.234.
54 Archi vo Histór i co Naciona l ( A.H.N.) Estado. L eg . 34 -E. F ols. 356-3 62.
31
Ademá s de es tas pre venciones, l as a utori dades e spañolas
comenzaron a distribuir y pu blicar ba ndos co n el fin de l ograr la mejor defensa
de la població n 55 . Ejemplo de ello es u no, firmado en el A lcázar de S e villa el 12
de febr ero de 1809, publicando una R eal Orden de 28 de novi embre de 1 808 y
un as orde na nzas tituladas “
Reglas y máxima s fun d amentales qu e deben
obser varse para la d efe nsa de lo s Pu e blos y C iudades gran des en la pr ese nte
guerra” 56 .
Es intere sante, a parte de l as c onsider ac iones polític as que se hacen
que en dicha Rea l Orden se afirma qu e :
“… nos hallam o s si n e xército, s in Ge fes, y si n mas recurso
que el valor y la v olunta d decidida de venga r e l honor
Nacional. Fue pre ciso cre arl o t odo , y aunqu e e l
patriotismo, e l e ntu s iasmo y el va lo r ha n sobr ado á
nu e str os nuevos so ldados, les ha fa l tado la táctic a, y l a
experiencia qu e solo s e a dqu ier e e n e l cam po de bata ll a.
Esta la adq uirirán bien pronto, y e ntonces serán
invencibles ; p er o entr e tanto e s pre ciso o poner una
res istencia ta l al enemigo, qu e cada paso le c ueste una
victo ria , por que e sta gu e rra no solo entorpe ce los
movimientos de l e nemigo, sin o que dism inuye sus fuerz as
y el ali ento y esperan z as de sus soldados…”.
Con e sas premisas se establecen una ser ie de directrices dirigidas
sobre todo a las c apita les de provin c ia, c abezas de partid o y poblacione s de
cie rto tam añ o. L a or den general es la de r esi stir al e nemigo “
au nque se a
valiendose de piedras, pa l os, &c. e n defecto d e o tras ar mas”.
La Junta Supre ma
acha c a el avan c e continua do de las tropas napole ónicas a qu e las Ju ntas
Provi nciales no había n aplicado dic ha Real Orden, afirmando q ue e ra “
preciso
pues, que lo s Pueblo s e scarmienten, y que se c onv enzan de que s olo en la
res istencia puede estar la salud de la Patria”
. As imismo, s e pro cedía a plante ar
un a ser ie de medi os para e nfrentarse al invasor basa do s en la guerra de
guerrill as, pero bajo la pre misa, evi dentemente mu y pro blemática e inju st a, de
exponer c omo único med i o el duelo e ntre la poblaci ó n civil y el ej é rc ito má s
poderoso de Europa.
Para ayu d ar a orga nizar l a defe nsa y dar un os “
principios
generales de fo rtificaci ón
y de disciplina ”
se plantean divers as ór denes en l os
49 pun to s que comprenden dichas r eglas. En e llos se o rde na qu e las
au tori dades de to dos l os pueblo s d eben r econocer el terre no y seleccion ar los
luga res donde s e van a de fender de l enemigo, re co g i endo el material necesario
55 Al gunas de e stas i nstrucciones h an si do est ud i adas de sde el p unto de vi sta de l a resistencia
guerrille ra y de los princip i os mili tares pa ra detene r a un ejérci t o inva sor. En ese sentido es
i nteresante el estud i o de MOLINER PRADA, Antoni o: “ Re beldes, com bati entes y gue rrilleros”,
en Mélanges de la Casa de Velázq ue z , tom e 38 -1. Madr i d, 2008. Págs. 115- 134.
56 Reglas y má xi m as fun dam en t ales que d eben obse rvar s e para la defensa de los Pueblos y
Ci ud ades grandes en la pre sente guerra . S .H.M. Sección 2ª, Guerra d e la Inde p endencia
(Duque de Bailen), L eg. 1, Carpeta 44.
32
para las posible s fo rtificaciones y o bliga ndo a que p articipe todo e l vecindario.
Entre las medidas de defensa q ue se pr oponen de stacan l a c re ación de z anja s
en lo s cam inos y calles, abrir po zos de lodo, c olocar abrojo s o cardos,
estacada s, inu ndaciones del t e rreno o la apertura de mina s. Con respec t o a las
vivie nda s s e expone la nece sida d de comunicarlas entre sí abriendo aspille ras
en pare des y techos . As imismo, se dan i nstruccio nes sobre la fabricación de
ele mentos de defensa y algu nos ti pos de mina s . Aq uellas poblaciones de esca so
tam año se debían abandonar s in dejar nada apro vechable al e nemigo c omo
útiles o ví veres. Asimismo, s e p ro hí b í an todo tipo de obra de f ortificación
perman ente ya que “
no se harán ma s o bras que las precisas, en tér minos que
pueda n co ncluirse en poc o tiempo y á poca
cos ta” y la utilización de artillería de
gran calibr e para i mpedir que c aiga en manos de los fr an ceses. Por último , s e
establece e l sistema de nombramiento de jefes y oficiales, c uestiones de
organización de la tropa y lo s premio s que se da r ían co mo gratifica ció n, como
por e j emplo 320 re ales por cada fra ncés mu erto o preso y 6 0 por cada fu s il
captu rado.
Otro documento firma do en el Alcázar de Sevilla el 17 de abril d e
1809 pro fundiza en e stas ideas y en su i ntroducci ón abunda en los mismos
temas qu e la a nterio r, recor dan do a las poblaciones que l o s fr anceses no v an a
tener misericordia de ningú n pueblo y que por lo tanto l a única actitud po si ble
es la re sistencia 57 . En este caso las Instrucciones se compon en de 1 8 pun t os,
au tori zando en ellos el saqu eo y ataqu e a las tropas francesas “
ha s ta con ar ma s
p rohibidas”,
y organizan do las c uadrillas de civiles y reconociéndoles de r echos
por sus se rvicios, igu alan do “
este genero de guerr a, como el de Corso en la
ma r”
. Expone en s u i ntroducción los desmanes contra l as vida s y pr o pieda de s
que están r ealizando las tropas fr an cesas y pa ra evi tarl o y co mo justa o posición
dispone las actuaciones que se debía n re alizar, autori zando el asa lto y des poj o
de los soldados franceses y reconocie ndo como actos militares e stos hecho s de
guerrill a, ordenan do que las autoridades d e l os pueblos les ayuda sen en to d o lo
necesario bajo pena 58 .
La le ctura de e stos do cumentos dan una cl ara idea del es tado de
an arquía e xis tente en el campo e spañol e n e stos momentos, donde la única
alternativa que se plantea para enf re nta rse a l os franc eses después de l a
alegría de B ailen de u nos mese s an te s, e s la de e nfrentar a los ci v ile s a una
guerra sin cuartel contra un e jército regu lar. Incluso las dife rentes instrucciones
para la fo rtific ación prueban la improvisación de la que e stán haciendo gal a las
demás autoridades de l reino. To d o es to llevará a una guerra l arga y dura en la
que se producir án actuaciones e i mágenes atroce s y que fueron recogidas con
57 Instru cci ó n q ue su Magestad se ha di gna d o aprobar para el corso ter restre cont ra los
ex ércitos fr ancese s. S.H.M . S ecci ón 2 ª, Guer ra d e la In dependencia (Duq ue d e Bailen), L eg. 1,
Carpeta 44.
58 Así, se re conoce j e rar quía m i l i tar a los i ntegrantes de la s gu err ill as, pensiones, sueld os y
dem ás d erecho s m i l itar es.
33
enorme maestrí a por Francisco de Goya en sus grabados de
Los Desastres de la
Guerra 59
.
1. LOS PLANES DE DEFENSA DE S EVIL LA Y
ANDALUCÍA .
A lo largo de este periodo existen mú lti ples eje mplos del inte r és
por or gan izar la defensa de Sevil la y de Anda lucía ya que lo s sevi llanos del
momento tenían la conciencia de s er casi el ú nico redu c to libre de las tro pas
na poleó nicas en toda Europa. Ejemplo de e sto es la memor ia dir igida a las
au tori dades po r el secretario de la Junta de La Carolina Joaqu ín de Miranda e l
23 de enero de 1809 60 . Mir anda se dec idió a escribir esta memor ia ante la
impresió n qu e le c au san l as noticias so bre la de r rota d e l ejércit o españ o l del
Duqu e del Infanta do en la batalla de Uclé s el 13 de enero de 1809, donde entre
otro s efe ctos se perdieron ci nco cañones, unos seis mil hombres y ha s ta 34
ban de ras de re gimientos 61 . Expo ne que las der r otas españolas so n
principalmente consec uenc ia de la lentitud de las operacio nes pero
principalmente de la desorganización, la mise ria, l a desnudez, la e nfermed ad y
el aba timiento de l as tropas nacionales “
cuya existencia parece esta r
abandon ad a àl juego de las c asualidades, y alos desastre s que pro duce e l
desor d en
”. Con esta si tua c ión Mir an da plantea q ue poca r esistencia se l e puede
oponer a un enemigo preparado y f uerte, por ello pro pone como solució n la
cre ación de tres divi siones de ve inte mil h o m bres co n l os restos de l os ejé rcitos
59 Una id ea del desconc i erto existen t e l a da el que el 1 de marz o de 1809 en previ sión d e una
posible derrota, l a Ju nta d e Sevill a escribió al Cabi ldo de la Catedra l ordenándole en nombre de
la Central que en caso de que la ciudad y su provincia fu ese ocupada por las tropas imperi ale s
debían retirars e todo el ganado, armas, vív eres y precios idades de l as Ig les ias. A.C.S. Autos d e
l a D i putac i ón d e Hac i end a. L i br o 348 ( 10) Fol.: 13 vtº.
60 A.G.M.S. S ecci ón 3ª . 3ª D i v i s i ón. Leg.: 91.
61 Las con secuencias inm edi ata s de la bata ll a fueron la desapari c i ón de l Ejército del Centro que
se encon tró d i sp erso y en desbandada, y e l que por parte de las tropas franceses se asegu rase
su posic i ón en Castilla y la perm anenci a d el rey José en Madrid. Sobre aq u ella bata ll a se ll egó
a afir m ar “ que debiendo haber si do una victor ia, de i mpo rtante s consecuenci as par a la mar cha
de los sucesos políticos, fue u na vergonz o sa acci ón mili tar, q ue no mer ece el nombre de
batalla, por que las tropas españolas ma l situadas y en menor n úmero, apena s si tu vier on
ti e mpo par a escapar y las tr opas francesas mejor di r i gidas y pertr echada s no tuvi e ron con
quien m edir sus fuerz as, y sin du da por eso mancharon ignomi n i osam ente su honor militar y
prete ndida cultu ra, cometiendo toda clase de horror es y vejaciones co ntra los i nde fensos
veci nos de la Vi lla; no respetando ni el hos pi tal donde hab ía n si d o curados com patri ota s s u yos
en otras ocasi on es, ni e l honor de las m ujeres, ni la paz del claustro, ni el reposo ete rno d e los
muer tos ”. Véase: EL CRONISTA DE UC LÉS: “Uc lés. 1 3 de enero de 1 809”. En: Centenari o de
la guer ra d e la In dependencia. Cádiz, 1 909. ( consultado en: http://www .1 8 08 -
1814.o rg/papeles/uc l es.html ).
40
Otro el emento a te ner en cuenta en esta o rganización de la
defensa de e ste ter reno s e ría la pro tecc ión de los puentes y alcan tarill as que s e
encontraban so bre e l ar r oyo. Giraldo ha bla de ci nco o seis, au nque suponiendo
que se re fiera al Tam arguillo se tiene constan cia histór ica de la e xistencia de
varios desde época ro man a, s ituados e n la intersección d e los arroyos y las
calzada s y ca minos para f acilitar el acce so 75 . Al menos se pueden distinguir
varios puentes como e l de la Venta de Eritañ a, la Casa de la Cera, del Junca l y
el de Ran il la 76 . Según el plan de for tificació n e stos pu entes d e berían cubrir se
para su defensa por obras de á ngulo sali ente que prot e gieran e l camin o e
impidiese n el acce so del e nemigo, tan to a la e ntrada como a la salida, ce rr ando
asimismo la luz de los puentes por me dio de rastrillos.
Un último aspecto a se ña lar es el d e la de fe nsa de artillería de
todo es t e recinto aba luarta do, a part e de la ya citada en el malecón del rí o.
Desde 1808 existían sie te baterí as a rtilleras situada s desde la Cruz d el Ca mpo
ha sta la desembocadura del arr oyo. Estas baterías es taba n dotada s de 25 a 30
cañones y algunos obu ses. Giraldo opin a q ue es suficie nte para la defensa p ero
que lo s acces os de lo s puentes del arroyo debían se r guarnecidos con algunos
cañones de 4 y 8 pulgada s ,
“sobre c uya c olocación nos acordare mo s con el
comandan te de Artillería”
.
Fina l mente, se plantea ba q ue para la defe nsa de es ta línea no se
debían util izar tropas de pr imera cla se ni muy aguerridas por lo qu e s er ía
necesario da rle s confianza y ponerlas a cubier to del fuego enemigo. Para el lo
expli ca la necesidad de co nstruir f osetas o pozo s en las zonas de la línea
defensiva que se alejen del trazado del arroyo. Estos pozos, en caso neces ario ,
podrían s er inun dados por medio de can ales provenientes del a rro yo. D e e sta
forma e xpone co m o cerrar l a defensa de la zo na y, c oncluyend o Gi raldo
afirma ndo qu e “
en una palabra puede n ha cer se es tas o bras insuperables por
todo s u c ontorno
”.
El se gun do se ctor al que s e hace re fer encia es e l espacio que se
encuentra “
desde la Batería de l a Junta a la de San Fer nando
”, informando que
es un t er reno en alto ya que “
domina bastan te
” y qu e es una de lo s princip ales
camin os de acceso a la c iudad. Se p uede suponer qu e se está r efiriendo a la
zona c omprendida entre l a Ve nta de Eri tañ a y la n ori a de Bell aflor lle ga ndo
ha sta la P uerta Nueva de San Fe r n an do en el r ecinto amu rallado de la c iuda d,
dejando entre ambos las hu ertas de S an Telmo, el paseo de la Be l la Flor y p arte
del prado de Sa n Sebastián e nlazando c on e l a nterior secto r defensivo. La
avenida o c amino al q ue se alude podr ía ser el que enlaza ba con Dos Her m anas
75 CORTÉS JOSÉ, Joaqu ín: “Sevilla Ex tr a m ur os. La evolu c i ón d e los espac i os periurbano s”,
en: Sevill a Extramuro s. La h uella de la Histori a en el Sector Oriental de l a Ciudad. Sevill a,
1998. Págs. 68 - 70.
76 Corté s nos inform a qu e en el p l ano del Infant e Don Carlos ( ca. 1826) aparecen cuatro. Vé a se
CORTES: Sevi lla… Op. Ci t . Pág. 70 . E l m i s m o nú m ero que aparece en el PLANO
TOPOGRAFICO DE LA CIUDAD DE S EVI LLA. Y EL DE SUS CE RCA NÍAS EN MENOR
ESCA LA. Sevil la, 1 832. En Planos de Sevilla. Colecci ón H i stórica 1771 - 1918. Sev illa, 1992.
41
o el de Al calá de Guadaira. E n es ta zo na se plantea la construcci ón de dos
reductos fort i ficados con ca pacidad pa ra doscie ntos h o mbres cada uno para
contro lar am bos lados del arre cife o ca mino allí exi stente. Estos reductos , d ada
su i mportancia, debían s er construido s co n mayor fo rtaleza y c onsiste ncia que
el resto d e la l ínea de f e nsiva. E ste c amino debería ser defe ndido ta mbién c on
un re diente y un fo so permitiendo el pa so a la ci uda d por medio de una vía que
rode aría el redie nte y de u n sencill o pu ente le vadizo c onstruid o po r planchas de
ma dera. Por ú l timo, e stos fosos se po dían inun d ar c on las agu as de l os Ca ños
de Carmona estando todo c ubierto por un parapeto y para evi tar posi bles
emboscadas del enemigo se despejar ía toda la zona de arbu stos y ramajes.
A la m itad de la distancia e ntre el foso y el arroyo Ta garete se
construirí a un a ter raza o te rr aplén de án g ulos salie ntes para defender el ca mino
exis t ente que se un ía al de Carmona . La fina lidad de es ta obra er a, además de
la purame nte defensiva, la de ser vir c omo plaza de arma s que per mitiera la
salida y organización de tropas pa ra la vigilancia y defensa del territori o .
El tercer sec t or e n el que se constitui rí a es te recin to defensivo se
ubicaba en tor no al arroyo Tagarete “
el que biniendo ha s ta las paredes de la
trinidad, y sa litre s forma un a ng ulo, y corre c asi paralelo al re cinto de la Ciudad
á meters e en el Rio por l a Torre del Lo ro ”.
Giraldo explica que el curso del
arroyo es violento y que lo m ás n atural es que desembocase en e l río a tra vé s
de l a zona del Balu arte del Blanqu illo pero que l os desbordam ientos y e l lodo
hicieron cam biar su curso. Por e llo plantea devo lve r aproxima damente al
Taga r ete a su curso o riginal para lo que se l e debía cond ucir a través d e la
parte traser a del c onvento d e capuchin o s y del H ospita l de las Cinc o Lla gas
para qu e desembocase en un canal “
que hace el c am ino alto construido para
contener la a ve nida del Rio”
y de sembocar frente al Balua rte del Blan q uillo
ubicado por la zona de la pu e rta de la Ba rqueta. D icho canal c omenzaría en las
hu ertas del Cortij o denominado por Giraldo de Bu re au , aunque probablemen te
se refiere al d e Burón, siendo el f o so a construir de forma similar al de Eritaña .
El camino an tes aludido se ría el e lemento co ndu ctor de las o bras
de defensa e n e sta zo na y para ell o pro pone la c onstrucció n de una ten aza
doble entre “
el cau ze de las agua s de los caños de Carmona, y e l arroyo
taga r ete ”.
A la izquier da de e sta te naza se ir í a le vanta ndo la línea defensiva a
redie nte de for ma si milar a la anterior hasta llegar a las tapia s del c orti jo de
Bu ró n. Este cor tijo se co nv e rtiría en plaza fuerte y elemento centra l de la
defensa de l a zona, pa r a lo que s e l e r ebajarían y re forz arían sus tapias con
tier ra para conver tirl o en un “
reducto de mu y bella defe nsa por su situa ci ón,
construcción y figura
”.
Desde Burón hasta el convento de la Trinidad se planteó la
construcción de una línea e n ángu lo sa liente y a c ontinu ación hasta el co nv e nto
de Capu c hinos una línea fl anqueada que continuaba con un ángulo entrante
ha sta el Hospita l de las Cinco Llagas, abriendo aspilleras e n los muros de las
hu ertas del c onvento y l os del hospital para potenciar e l fuego de fusil,
42
“
ha c ie ndo an d am iadas por de ntro de la c er ca para facili tar que por e ncima de
ella pue dan tirar una, al m i smo ti empo que otros lo e xecuta n av ajo por las
aspiller as c onstru idas á la altura r eg ular para qu e un hombre pueda tir ar co n
desembarazo”
. Por último, e ntre el hospital y el camin o de San Lázaro y San
Jeró nimo s e rea lizarí a o tra co nstr uc ci ón similar qu e d e fendiese el acce so a l
camin o. E l tr ayecto restan te de sde el camino de San Láza ro hasta el ri o
Gua dalquivir se defendería también c on o bras parecidas flan q ueando e l camino
alto con un a línea de defensa adelantada. Fi nalmente, se debería construir o tro
dique pa r eci do al ya citado en Eritaña para pode r inun dar el foso co n e l agua
del Tagarete.
Con re specto a la or ganización de efe ctivo s militares e n e l s istema
defensivo Giraldo plantea r educir a cuatro l os cañones d e la Ba te ría del
Blan q uill o y el resto distribuir l os por lo s diferentes luga res de la l ínea. Así,
col ocaría la s si gui entes fuerzas artill eras:
- Dos cañones y un obú s e n cada reducto alrededor d e la Cruz del Campo.
- Dos c añon es más en las tenazas dobles que d ebían batir el camino que
se une al de Carmona.
- Dos cañones en el án gulo e ntran te e xistente en el Cortijo de Burón.
- Dos cañ ones en el án gulo entra nte entre e l malecón del Tagarete y el
convento de la Trinidad.
- Cua tr o c añ ones entre e l C onvento d e la Trin i dad y el r ío Gua dalquiv ir ,
defendiendo lo s caminos de las huertas y e l de San Lázaro. As imismo, en
esta zo na habría que ubicar tropas lige ras para su defensa ya que podían
gua r necer se del fuego e nemigo en la s ta pias y v a llas de las hu e rtas,
exis t entes e n e l lugar.
Al objeto de facilitar el tr ánsito de tro pas se establecerían tre s
puentes so bre el cana l en l a zona del co nvento d e la Trinida d, e n el camin o de
Sa n Lázaro y o t ro frente al Ba l ua rte del Blanqu i llo, pr óximo al ma lecón.
En conclusión, se establece qu e el perímetro gen eral de este
rec into atrinchera do se ría de u na s 80 00 varas e stimándose que er an nece sa r ios
para su defe nsa 120 00 hombres y 50 c añon es. Para un r esultado más e ficaz lo s
cañones debían cubrir cada uno ve in te varas de la línea for tificada y la tr o pa
debía sit ua rse e n lo s án gulos salient es c ruzando su fuego con la artillerí a . Se
utilizarían 6000 hombres en las tr inch e ras y balua r tes quedando los restan te s
ubicados en tre s cuerpos de 2000 h o mbres c olocados en diferentes lu gares
para apoyar en aquell os pun tos donde fuese nec esario. Así, uno de estos
pun to s fuertes se situaría e ntre la pu e rta de Córdoba y la de la Maca rena, otr o
entre San Agustín y e l Rastro, y el ter c ero entre e l barrio de San Bernardo y el
de San Diego . Finalmen te, Giraldo pl antea que además de e stas fuerzas sería
necesario el apoyo de sei s escuadrones de caballerí a y tres bata llones de tro pas
liger as o d e doce compa ñías de cazadore s. Apu nta Giraldo qu e esta ubicación
de las tropas de reserva e ra n ece saria pa r a poder acudir a aquel lugar don de
ata casen las tr opas fra ncesas ya que é stas iban a venir con gran n ú mero de
43
efec tivos po rque después tenían que c onquista r la plaz a for tificada de C ádiz
donde les ha ría falta gran número de h o mbres y arma mento.
Todo el plan teamiento del re cinto defensivo que hizo Giraldo se
completaría c on la ubicación de varios puntos de vi gilancia para co ntrolar mejor
el ter ritorio que r odeaba Sevilla. Se ubicaría un primer puesto de gu ar dia
compuesto de un es cuadrón de caba ller ía, dos compa ñías de tropas lige ras y un
destacamento de artiller ía volante c on uno o dos cañ o nes, en la ve nta de
Torreblanca donde también se alo jarían. L as funciones de cada tipo de tropa
eran diferentes , encargándose la caba ll erí a de v igil ar el cam ino real y el que
pasa ba por la Hacie nda del Ro sari o “
y por el cual vienen re gula r mente todos los
panaderos a Sevi lla
”, p ara incorpor arse otr a vez al camino más allá d e l a
Hacienda de Ranillas. A su ve z, la infantería de bía vi gilar los palmares de la
zona y avisar de la ll egada de las tr opa s enemigas. El s e gun do puesto avanzado
se co locaría en el “
Puente del Arquill o de la Po lvor a camino de l os Puert os
”.
Este pun to te ndría como dotaci ón medio escuadrón de c aba l lería y dos
compañ ías de infa n ter ía qu e debían vigilar el t er reno desd e e l c amin o de Alcalá
y Ba rr eno de San Juan de los T e atinos, o rillas del Gua dalqu i vir y dehesa de los
Potro s, enlazando en la defensa con e l puesto anterior ubicado en Tor reblan c a.
Por último, s e situa ría un último pu esto c on su destacamento forma do po r un
esc ua drón de c aba l ler ía, do s c ompañ í a s de tr opas liger as y un de stacamento de
artillería vo lante con uno o dos c añ ones, e n la H acienda del Pal ancar q ue se
encontraba en el cam i n o de Alcalá d el Río co n la misió n de vi gilar e l ca mino
ha cia esta loc alidad, Tocina, Bodegón de las Caña s y Carmona, siendo este
luga r por su “
consistencia y natu r aleza susceptible d e detener y e ntr ete n er al
Enemigo y por consigu i ente hacerle mudar de intento, por que el ataqu e por
esta parte tampoco presenta al Enemi go mucha fa c ilidad
”.
Con e sta línea fortif icada quedaba te óricamente defendido el
nú cle o de la c iuda d, só lo faltaba plantear qué ha c er co n la orilla del
Gua dalquivir y c o n e l arrabal de Trian a. Po r e llo, con respecto a esta o rilla de l
río la pro puesta era r ealizar tres puntos de fensivos diferentes . El primer o d e
ellos sería ce rran do las calles del barrio c o n redientes. P ero en t res de estas
salidas dic hos re dientes s e realizarían c on tenazas. Es el c aso de l a H uerta de
los Remedios que te ndría cuatro cañ ones y se apoya ría en el río un ie ndo sus
defensas y apoyán do se con las d el ma le có n del ar r oyo Tam arguillo . Otr o , en
este caso d e tenaza doble , e staría e n la salida de San Jacinto c ubri e ndo, entre
otro s, e l cam i no de S an Juan de Az nalfara c he y To mares. Y finalmente, un
terc ero en el Patrocinio de f e nd ie ndo el camino de Ex t remadu ra. Este tercer
pun to deberí a alargar u na de sus al as para i mpedir el acces o por e l camino de
la Cartuja e i rían situados allí cua tr o c añones y dos obuses. E n este caso
ademá s la obra estaría descubier ta y e nfilada co n la ori lla del río ya que desde
los Humeros se podía def e nder, impidien do asimismo el ataqu e francés a Sevilla
por es t e sitio y qu e se reutiliz aran las o bras de fortificación por el enem igo .
Todo el recinto llevaría ta mbién un foso con defensas e impedimen tos
exte riores que hicieran complicado el acceso y to dos l os redientes que ce rraba n
las calles debían fla nquearse para que se defe ndieran e ntre el los. Asimismo, se
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aspillarían l as casas qu e cubrirían las obr as de d e fensa, sirv iendo como l ín e a
forti ficada o c ortina d e e ste frente. En esta zo na exi stían dife rentes h o rnos de
alfa rer o y “
montones de fragm e ntos de ladrillo y texas que pudieran c ubri r al
enemigo
” por lo que las defensas debían c ubrir los hor nos para q ue no
prote gi er an a las tropas francesas s iendo arrasado s o cubiertos de tierra e n
caso necesario pa r a dejar el te r reno despejado y al enemigo si e mpre vis i ble.
Los e s combros, ladrillo s y t ejas de berí an ser utiliz ados co mo materiales pa r a l as
obras de fortific ación , ordenan do incl uso a sus propie tarios “
las conduzcan de
su cuenta al parage”.
Para c uidar de es te ter ritorio, impedir un ataqu e sor pres a y a visar
de los movimientos d el enem igo, se deberían si tua r puestos de guardia en
Sa ntiponce, c am ino de E xtrema dura y l a Algaba . Asi mismo, civiles qu e
conoc ieran la coma rca de berí an vi gi lar para avisar de lo s movimientos del
ejé rcito fran c és.
A continua c ión Giraldo ex pone que la zo na más idónea para un
ata q ue francés se ría la del camin o de E xtre madu ra por su facilidad de acceso y
menor lejan ía, lo que qu e daba demo str ado por los ú l timos movimientos del
ejé rcito fran c és “
evitando el paso por des p e ñaperros, Santo Ola ya y el
Ronqu i llo y toman do las res tan te s y dife re ntes avenida s que le proporcion a el
pais”.
Esto hacía nece sario completar la de fensa de la ciudad profundiz an do en
la fo rtific ación de e sta áre a. Para e llo observa que la zona más pr opici a e ra el
Cerro de S anta Brígida, donde se p odría c onstruir un a fortaleza o fuert e de
plan ta cuadrada qu e cubrier a y vigilar a todos l os cam i nos que pa san por ah í 77 .
Este fuerte debía ser una c iudadela q ue deberí a conservarse en el futu ro para
la defensa de Sevilla ya que su ub icació n en alto y do mina nte hacía que
domina r a la vi sió n de t o da la co marc a. Sería un fuerte de campa ña lo que, a
difere ncia d e un a fo rtific ación per ma nente , era de construcción mu y se nc illa y
podía utilizarse también pa r a a lojar tro pas en caso de evacuación de tod a la
zona hacia E xtre ma dura. Ademá s po r su ubicació n este fuert e e ra como “
la
Cabeza de defensa de est e Pa ys, p or que para a pode rarse de el necesita e l
Enemigo for mar proyecto mas Real y e fectivo que el de e l ímpetu vio le nto”.
Para c ompletar la de fensa de la zona se deberí a reparar el castillo de Sa n Juan
de Aznalfarach e, c uestión que Gir aldo también ve bastan te se ncilla 78 . Todo e l lo
jun to c on obras d e fortificación en los difere ntes cam i nos de la zona h aría qu e:
“
No se a treverían entonces lo s Enemigos a ve ni r á
sor pren der n i ngu n punto e sta forti ficació n, y pensa rian
detenidam ente e n e l sitio mas fo rmal de es tas
77 El cerro de Santa Brígi da s e encuentra ubic ado en l a a ctual pob l ación de Cam as, junto a la
vía de la Pla ta en d i rección a Ex tr em adur a.
78 Probablemente Gir aldo se ref i er a a los r estos de m urall as alm o hades e x i stentes e n San Juan
de Aznal farache y que a ún se con servan e n parte en l a zona conocida como el Monu m ento.
Estas m ural las estar ían en m uy m al esta do existi endo referencias de q ue se en contrab an en
ruinas ya en el s i gl o XV , com o puede obse rvarse e n grabados p revios com o el de Pieter VA N
DER AA p ubl i cado en Le i de n en 17 1 5.
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forti ficaciones que no po dría n ve ri fic a r por l a falta de los
infinitos artículos necesarios pa r a esta empresa”.
Tal y co mo se ha desc rito así se proyectó r ealizar las obras de
forti ficación del t erritorio que circunda a Sevilla plantea ndo, tal vez de f orma
demasia do optimista, la cre ación de u na for taleza i nexpugnable y a la vez
realiz ada con poco costo e c onómico, cuestiones qu e so n en re alidad totalmente
contradictorias.
Seguida mente el plan e stablecí a como s e defendería el n úcleo
urban o en caso de que la s defensas realizadas no impidiesen el acceso del
ejé rcito francés. E n primer lu gar se e xponían cuales debían ser las ví as de
evacuación y la s puertas de la ciudad que se utilizarían, por que así s e evi ta r ía
que “
las tro pas bisoñas y lo s o ficiales inexpertos con sus voces y movi mi entos
introduc en el desorden y la co nfución” . Además,
habría que fortifi car las casa s y
edific ios existe nte s entre l a línea defensiva an tes co mentada y lo s muros de la
ciudad, co nstituyéndose en una seg unda línea defensiva fortific ada , au nque
Giraldo estimó qu e estas tare as eran se cunda r ias tras e l proyecto principal de
defensa. En concre to se prepa rarían el c olegio de San Telmo, la hu erta de
Uriurtua , San Di ego, la fábrica de lo s Ingleses y la Fábrica de Tabacos,
construyendo aspilleras en sus muros y tr aveses e n sus ac ce sos que
dificultasen el paso por los cam inos que estuviesen próximo s.
Con r espec to a l as puertas de la c iudad se cubrir ían co n muros o
tam bore s aspillados. E n c aso de t ener tiempo también se debían construir fosos
y otro s impedimentos del acceso p or e llas. Asimi smo, las murallas, por ser
transita bles en gran parte de su traza do por su c am ino de ronda , podían se r u n
buen lugar para c olo car a l os de fens or es. En caso con trario , o s ea, qu e fuese
intran sitable en algún lu gar po r haber edificios contigu o s a ella se de bía hacer
practicable c on plancha s de m adera y andamios “
que s e pu ede con mucha
facilidad construir al ef e cto ”.
C o mo p untos fu erte s de este s e gun do recinto se
establece el convento de San Agustín, el Cua rtel de Invá l idos, ubicado e ntr e la
puerta de l barrio y la de Carmona , la iglesia de San Roque y las casa s
particulares de sus ma nz an as y de la zona; sus defensore s podr ían u s ar para su
evacuación la s fortificaciones d e la Puerta O sario. Lo m i smo se ha r ía en la
Huerta del Re tiro, c uartel de Caballe r ía y Mat adero. Por último, en las puertas
de la Macarena y la Barqueta, debía n re tirarse a l os ti ngla dos del balua r te de l
Blan q uillo y las c asas de la Maca re na qu e es tuviesen fortificadas. La barbacan a
de l a muralla e xistente e ntre la puerta de la Macaren a y la de Córdoba d ebía
ser limpia da y mejo rada su fortificación, diseñan do l a aper tura de un pos ti go
que la comun icase c on el inte rior de la ciudad.
Diferente es el plan te amiento en rela ció n al inter ior de la ciuda d
ya que e n e ste caso Giraldo afirma “
Como nos hemos propuesto defender
obstinada mente á esta Ciudad y que e n caso qu e el E nemigo le co nqu iste s ea
sus ruinas y no sus habitantes”.
Para e llo se debían c ubrir las calles que
desembocase n en las pu er tas de la ciudad co n dife rentes tr aveses, cuatr o o
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seis , que impidiesen la entrada y el acce so po r ell as. Asimismo, mientra s e l
enemigo intenta ba for zar la puerta, l o s defensores debían abrir z anja s r el lena s
con foga tas o cajones con bo mba s y granadas para h acer las expl otar e n el
momento conveniente, s i e ndo esta “
un a defe nsa terri ble y que siempre produ c e
un b uen efec to lo que es menester mu cha s angre fria y ser eridad para
col ocarlas, y usarlas en confucion ni aturdimiento”.
Para e vitar la dispersió n del
enemigo por el interior de la ciuda d, las calles que desembocaran a e stas vías
principales también debían ce rrarse co n dos traves es, como también las pu e rtas
de las casas donde se a brirí an troneras pa r a poder h acer fuego sobre el
enemigo. Por último, en las casas debía habe r pro visión de granada s, pie dra s “
y
otras cosas arrojadisas”
y m adera pa r a h acer fuego, debiendo existir
comunicación e ntre las c asas y las de de su m anzana po r el i nterior de las
misma s. En caso de que e l ejército francés pudiese abrir brecha en al guna
parte de la muralla se deberí a fo rmar en la zona trincheras y p arapetos co n
col chones, s ac o s de lan a y cajones y arrojando en las calle s mu e bles que
dificultasen e l paso. E n lo s travese s a ntes mencionados se ubicarían caño ne s y
obuses que hiciese n fuego de metr all a par a ca usar e l mayor da ño al enem igo,
concluyendo qu e “
Y no ha y duda que como se quie ra defender atina dame nte
esta ci uda d, e s i mposible que e l e nem igo por mas que ha ga se apoder e de el la,
como ha susidido en Zaragoza”.
Seguida mente Gi raldo e xpone algu nas cuesti ones de lo gística
necesarias para la defensa de Sevi lla. As í, en pri mer lugar, se dedica al peligr o
de los incendios p or lo que rec omienda aumen t ar la pre caución por parte d e los
veci nos y sobre tod o , qu e se t omen l as medidas que impidan q ue el ene migo
pudiese localizar puntos concretos en el re cin to de la ciuda d por lo qu e n o se
deberí an pres entar fo cos d e luz por la n o che qu e p er mitiese el fuego d e la
artillería fr ancesa. Igualmente s e d e bían u bic ar en diferentes lugares de la
ciudad depósito s d e agu a “
cubierto s de tablo nes pa ra e vitar las desgracias
”,
proponiendo que l os m iembros del c lero que “
por su carácte r y circusta ncias no
pueden toma r las armas
” fueran los que se dedicara n al men este r de apa gar los
incendios. Seguidam e nte, propone encargar a los médicos, boticario s ,
practicantes, enfermeros , “
y demas depe ndientes de los Hospitales”
qu e se
encargasen del cuidado de los h erido s, “
con to do es mero y cari dad”
y de retirar
los cadá ve re s de las c alles “
castigan do se veramen te qu alquier le ve omis ión que
es mu i frequente e n es ta c lase de gentes
”. Por u l timo, se debía cr ear una
comisión encargada de los víveres y demá s efec tos necesarios pa r a la vida en la
ciudad.
Fina l mente, en unas adiciones al Plan, Gi raldo ex pone que en caso
de pérdida de Triana e ra precis o corta r el puen te de ba rcas q ue unía el arr aba l
con el nú cle o de Se vi lla y dest r uir el barrio con cua tro baterías desd e la oril la
opuesta del Gua d alquivir para evitar que el ejé rcito francés lo utilizase c o mo
cabeza de puen te para invadir la c iuda d y s obre todo, que pudi e se utiliz arl o
como zo na para instalar s u s baterías artil leras y bombardear Sevilla. E n e se
sentido, to das l as barcas exis tentes debía n agr uparse e n Sevi lla p ara evitar que
fuesen u sadas por los enemigos. Con respecto al monasterio de la Cartuja
47
propone realizar allí una casa fu e rte o si n o e ra posi ble, e stablece r al menos u n
destacamen to de tropas para avisar d e los movimien tos del enemigo.
Por último, Gi raldo afirma qu e:
“Nada digo sobre e l por meno r de los demas articulos
de defe nza, en co nsideracio n a que el Ge neral, y subalternos
aqu ie n se l e e ncargue, e starán d otados de todos los
conoc imi entos militares para dejar bien puesto su honor, y el
de las armas del Rey Nuestro Señ or Dn . Fer nan do Septimo”.
Para te rmina r, e l bri gadie r Pe dro Giraldo, ex pone que utilizando el
traba jo de lo s vecinos de Sevilla y de las tro pas de guarnición y existiendo l os
ma teri ales necesarios, la duración de las obras de fortifica ció n p odría
establecerse entre veinticinco a treinta días. Para ell o se proponía l a necesida d
de un cupo de seis mil per sona s bie n dirigidas y organ i zadas traba j ando
diariamen te, aunque poste riormente deberían mejor arse dichas fortificacio nes
y re ali zar algun as reparaciones.
b) LA ORGANI Z AC IÓN DEL SISTEMA DEFENSIVO DE
LA CI UDAD.
A pes ar de la e xiste ncia y aprobaci ón del plan oficial de de fensa
los problemas organizativos fueron in numer ables. A ello se suma ron muchas
opiniones co nta rias a la propuesta de Giraldo para la defensa de Sevil la. De
hecho, e l 1 1 de e nero de 1809 se pl an tea otr a propuesta d efe nsiva re alizada
por un coronel inglés llam ado Duff, siendo estudia do dicho plan por la Jun ta
Provi ncial de Sevi lla, encargada de or gan izar l a defensa de la ci udad, y la J unta
General Militar 79 . Además se pensó e n s eguir co mpletando el sistema defensi vo
apoyán do se e n la c or rie nte fluvial del Guadalquivir por lo que se e ncargó a José
Ibá ñez , terc er c atedrátic o de San Telmo, sondar el río pa ra conocer
exactamente su pro fundidad y así po de r re aliza r un plano con el fin de mejorar
las defensas 80 .
Desde e l principio l as a utori dades militares y civiles sevillana s
fueron co nscientes de la urgencia d e la for tificación y de organ i zaión d e l a
79 En 1 808 se enco ntraba destinado e n España un coron el de i nfantería llam ado A l e x ander
Duff, qu i en hab ía tenid o un pa pel destaca do en l a f r ustrada ex p edición britá nica al Río de la
Plata en 1 806 y que ll egó a alcanzar e l g rado d e Ten i en te Genera l a u nque no e s posible
precisar s i se trat a d e la mism a per sona.
80 A.G.M.S. S ecci ón 1ª . Legaj o 1 - 726.
48
defensa de la ciudad. Se sabía q ue S evi lla en e sos momentos era l a capital de
la España no oc upada y q ue en ella residían la m ayor parte de las instituciones
de la nación. As í, s e puede rastrear documen talmen te que desde pocos días
después de haber s ido aprobado e l pl an de defe nsa de Gir aldo se inici aron las
órde nes para pone rlo en e jecución. Como e jemplo se puede citar l a inst rucción
de 18 de enero de 180 9 que la Ju nta S upre ma da a l Secr etario de Guerra
recordándole “
qua n importante y urgente es la fo rtificación de esta Capita l”
y
orde na ndo que al día siguiente empezara n lo s trabajos con “
el mayor ahinco y
sin intermisi on”
81
.
O la instrucció n qu e el mismo o rganismo envía e l 21 de
enero a la Jun ta de Sevilla recordán dole “
qua n urgente es activar c on toda la
presteza y ahin co imagin ables las obr as de fo r tific aci ón de esta ciuda d
”,
plan teando qu e para l levarl o a cabo s e utili ce a los vecinos de la ciudad y todos
los rec ursos que fue r an neces arios 82 .
A lo largo del mes de e nero de 1 809 se prepa r a la es tructura
organizativa necesaria para levanta r lo s difere ntes puntos for t i ficados en el
perímetro plantea do por Giraldo. E n un primer momento se es tablecie r on cu atro
pun to s c entrales desde los qu e se i r ía dirigiendo t oda la obra. Estos pu ntos,
situados e n la Cruz del Campo, Patroci nio, C e rro de San ta Brígida y venta de
Eri tañ a, estaban dotados de un destacam e nto formado por un c abo y oc ho
soldados e n c ada lugar, e ncargados de vigilar las obr as d e fortificación y para l os
cuales ya e l 27 de ener o el Goberna dor de la Plaza , E usebio H errera, so lici tó al
Ayuntamiento de l a ciuda d que le s dis pusiese alojamiento 83 . Asi mismo, el
cabildo municipal dec idió el 30 de e nero co stear c on sus fondos de propio s parte
de las obras de zan jas y espaldones “
para e nel cazo de un a invacion enemiga
”
84 . El mun ic ipio r ec ib i ó la orden de que diariamente tenía que asistir un capitular
a cada uno de los puntos de de fensa y adem ás decidió que cada uno de e llo s ir ía
acompa ñado de un alguacil y un esc ribiente po r si le s hacía falta su tr aba jo ,
aproban do un salario diario de 10 rea les por pu nto de fortificación 85 .
Ese mismo día la Jun ta S uprema de Sevi lla publicó un ban do sobre
la o rganización de las obras d e fortificación de la ciudad firmado e n el Real
Alcázar por Jua n B autista Es teller, secr etario pr imero 86 . En él pr ese nta ba a la
población sevillan a la situación militar del momento y exponía que “
por est o es
necesario a cudir co n pr esteza y en er gía á la for tificacion de lo s Pueblos ,
espec ialmente aqu e llo s que por ser Capitales, ó po r s us circun stancias
particulares llaman la atencion y codic ia del monstruo perseguidor. Entre todos
merece la ma yor atención nuestra amada Sevilla: Sobre ell a ha fix ado sus o jos
Napoleon, y no du de is que nin gun sacr ificio le par e cerá gr an de como logre
81 A.H.N. Sección Estado, Leg. 34- E, d o c. nº 233.
82 A.H.N. Sección Estado, Leg. 34- E, d o c. nº 234.
83 A. M.S. Actas Capitulares de 1809 . 2ª Escribanía. F ol. : 23 rtº.
84 A. M.S. Ac tas Capitulares de 1809. 2ª Es cribaní a. Fol.: 26. Es una s ituac ión similar a la que d esc ribe
Pérez Galdós para la ciudad de Z ara goz a donde se piensa la defensa como una act o de participació n de
toda la ciudad y sus habitantes y haciendas, ut iliz ando como elemento fortificado c ual quier accidente
geográfico o element o urbano . Cfr. : PÉREZ GALDÓS, Benito: Zaragoz a. Epis odios Nacionales nº 6.
Barcelona, 1996. Págs. : 19-20 y 107- 110.
85 A.M.S . Secci ón II. Car peta 68.
86 B. N.M. Sección de manuscritos, incunable s y raros. R. 60002/6.
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domina r la
”. La defe nsa de Sevilla era la principal l abor a realizar p o r encima de
cualqu i er otra cuesti ón y por el lo la ciuda d y lo s pueblos qu e la ro dean tenían la
obligació n de ll evarla a cabo construyendo las fortific aci ones y ma nteniendo a
las tro pas, aportan do e l máximo po sible de fondos ya que se s uponía que e l
cos to de las obras y el del ma ntenimiento de las tropas iba a ser muy e levado.
Así la Jun ta Suprema dispuso un as i nstrucc iones organ izadas en
varios puntos. E n el pr imero d e el l os o rdenó continu ar c on l as o b ras de
forti ficación ya iniciadas, s eñalando c omo pun tos ce ntrales para la or gan i z ació n
el Patrocinio en Tr iana y l a Cruz del C ampo para el r esto de la c iuda d, aunque
susceptibles de vari ación e n fun ció n de las instrucci ones que so bre el terreno
diese n los ingenieros encargados de las o bras. Seguida mente es tablecía l a
obligatoriedad de la participación ciudadan a, cre ando un regis t ro en la
Secre taría de In dias de la Jun ta a cargo de An to ni o Alonso, d o nde se anotaría
el tiempo que cada pe rso na podría dedicar a las o bras. En terc er luga r se
prohibía la asistencia de las mujeres a las obras de fo rtificación pero tanto ésta s
como los e c lesiásticos “
Se c ulares y Regulares de un o y o tro sexo
” de bían
aportar fondos o paga r a los jornaleros empleados. Para todas e stas cuesti on es
se esta blec ió como fecha l ímite el pl azo de tres días para poder así orga nizar
los trabajos, conociendo co nc retamente los datos económicos y n úmero de
perso nas asigna das. Seguidamente, o rdena ba a las autoridades de los pueblos
cer canos la partici paci ó n de s us pobladores en las obras, ta nto de forma
perso nal como c on la aportación de fondos, dán doles un plazo de och o dí as
para re mitir la información a S evil la . Asi mismo, se nombró una co misión
formada por Fra ncisc o Javier Cienf uegos, Vícto r Soret y Cel edonio Al onso
encargados de las cuesti ones financieras y o rganizativas de la forti ficació n y por
último, se plan teó que lo s fondos reca ud ados fuer an s olamente utili zados para
realiz ar l as obras de fo rtificación , teni e ndo la comisión formada la obligació n de
llevar u na co nta bilidad separada para lo que te ndrían que nombra r u n Teso re ro
y ademá s r ealizar un man i fiesto público do nde consta se cuanto había aportado
cada perso na y en que se había inver tido e l dinero. Co mo puede o bser varse el
plan de Giraldo ya descrito y las orden anzas de la Junta Suprema se adecuaban
perfe ctamente al plan teamiento de la Real Orden en la qu e se estab le cían la s
reglas para la defensa de los luga res atacados por los franceses, an te riormente
citadas.
Duran te e l mes de fe brero de 18 09 c ontinua r on las obras de
forti ficación con multitud de pro blema s caus ados entre o tras r azone s por l a
esc asa a siste ncia d e perso nas dispuestas a traba jar 87 . El 1 2 de febre ro se
publica un bando por el A yu nta mie nto con i nstrucciones para l a or gan ización de
todo el t rabajo de las defe nsas 88 . En dicho doc um ento se reconoce la lentitu d
con la que e stá n av anzando l as o bra s “
bien dife re nte de la rapidez de m ar chas
del enemigo”
por lo que se ordena que todo s los ve cin os de Sevilla sin
difere nciar statu s so cial o fuero d e bía n acu dir direc tamen te a los trabajos pa ra
agilizarlos . Est o s vecinos se cuan ti ficaron en 4000 perso na s diarias y se
87 A.H.N. Secció n Estado, Legaj o 34 - E, doc. 243.
88 A.M.S . Secci ón VI, To m o 45, d oc. 48 .
56
Otro ban do i mportante fue el publica do el día 11 de abril de 1809
por el que Ve ntu ra Es calan te se dirige a lo s sevillanos comunicá ndoles su
nombra miento por la Suprema Junta de Gobierno como Capitá n Gener al de
Anda l ucía y tenie ndo co mo principal objeti v o la defensa de Sevi lla 114 . Infor ma
que está to talmente de acuerdo con las dis posiciones realizada s por e l
gobernador Eusebio Herrera, el briga dier de I ngenieros Pedro Giraldo de
Cha ve s y e l coro nel de Artillería Jo sé Portillo. Hace un r esumen de las
disposiciones t omada s para la defens a de Sevil la c omo la división en cuarteles
de la ci uda d y e l nombramiento de sus r espectivos jefes y e l e stablecimiento de
puestos a basteci dos c o n vituallas y e lementos pa r a evitar incendios. También
exhor ta a los sevill an os a cu mplir las ó rdenes recibida s y a obedecer a los
ma ndos militares y a seguir las supre mas vir tudes de la Religión y el Patriotismo
y a que “
el momento en que haya que imitar el glor ioso exemplo d e la inmo r tal
Zaragoza, nu eva N umancia de es te s iglo. ¡Cómo podré yo dudar de vues tra
firme reso lución, de preferir la m uerte á ser e xpec tador e s de los in sultos y
agravios, que se e xperimenta n e n e l dia por la conducta de los injustos
viol ador es d e l o s sagrados der echos de la hu ma nida d y de la guerr a!”.
Por
último, r ecuerda las órdenes de recl u tamiento de todos los habitan te s varo nes
entre 1 5 y 70 años de Sevilla y de los pueblos a s ei s leguas a l a r edonda y l a
necesi dad de que t odo s c olaboren en las obras de fortificación, ta nto c on s u
traba jo dir ec to como con sus aporta c iones ec onómicas 115 . Fin aliza con una
pregunta diri gida a la po blación en la que in tenta r elacio na r la difícil situación
del momento que se es tá vivi endo con la re co nqu i sta:
¿Y no mer ece rán todas
vuestras atencio nes en la o casión pre se nte, la Ciuda d ilustre y sus fér t iles
campiñ as, que pisó e l Rey Santo tantas ve ces para li bertarlas del y ugo
sarraceno?.
Por último, el gobie rno mil itar de Sevilla pu bli có un b ando el 22 de
abril para co ntinuar insistie ndo en la o rganización de la defe nsa de la c iudad
116 . En dicho bando s e incluyer on varias instrucciones como la pr ohibición de la
salida de lo s varones de Sevilla o e l cambio de domicili o sin autorizació n , el
impedir también sa c ar arma s de la ciudad o alojar a n adie s in da r parte por
esc rito. Asi mismo, l os tender os y propietario s de gan ado debían co mun ic ar sus
propie dades y productos alma c enados con el fin de co nocer las existencias de
vi tualla s, etc. y por último, se so licitaba co nocer lo s o ficios r el aci onados con las
obras de fortificación co mo albañ i les , carpintero s, etc. Finalm ente, se re cuer dan
las disposiciones anteriores y se establecen las multas para el caso de
incum plimiento de l o dispuesto en las dive rsas órdenes publicada s.
114 B.N.M. Sección de manuscritos, in cunables y raros . R. 600002/18.
115 Con r especto al rec l uta m i ento hay aut ores que han planteado lo que s i gnificaba es te
proceso con r especto a l a destrucción del Antig uo Régim e n ya que se ro m pía con l o s principios
ari stocráticos d el co ntex to castr ense y daba la entrada a m i em br os proce dentes de otras
capas soci ales. CFr .: CAYUE L A F ERNÁND EZ, José Gregori o y GALLEGO PALOMARES,
José Ángel: La Guerra de la In dependenci a. Hi stor ia béli ca, Pueblo y Nac ión en España (1808 -
1814). Sa l am anca, 2008. Pág . 246.
116 B.N.M. Sección de manuscritos, in cunables y raros . R. 600002/19.
57
C) LA CONSTRUCC IÓN DEL RECINTO DEFENSIVO DE
SEVILLA.
A pesar de l a e xiste ncia de grandes sistemas fo rtific ados duran te
la Guerra de l a Indepen dencia a lo l argo de toda la P e nínsu la, parece qu e el
proy ectado y llevado a cabo para S evi lla n o ha s u s citado el interé s de lo s
investigadores y ha pe rman e cido s iendo ba s tan te desconocido ha sta el
momento 117 . La p uesta e n marcha y construcción del si stema defe nsivo de
Sevilla fu e a pro bada por la Junta de D efensa de S evilla encargando
inmediata me nte a Pedro Gir ald o de Chaves lle var a cabo su e jec uc ión y
nombra ndo a Jos é Morales Gall e go como la pers ona comisionada para su
enlace con la Junta . La s obras se iniciaron con gr an rapide z el mismo mes de
enero de 1809, co mo se s abe gracias a la do cumenta c ión e xiste nte en el
Archivo Histórico Nacional de Ma dr id donde se puede s eguir c asi día a dí a l a
ma rcha de la co nstrucción 118 .
A pesar de la aprobación o ficial y d e l a minu cio sidad o bser vada en
su redacció n el plan de Gir al do tuvo algu n as crí ticas. Así, el 31 de mayo Antonio
Sa mper en carta al ministro de la guerra de l a Junta Centra l Suprema Anto nio
Cornel, expone que e l proyecto era “
un conju nto de es pecies dictada s po r una
imagin acio n exaltada
”, o qu e “
sor prende el que a un a linea exte rior de diez á
doce mi l varas de Perimetro, y à otra algo menor interio r que circ un vala es ta
Ciuda d de Sevil la, fo rmada s por una simple trinchera de tierra, y Baterias de
Fagina, como o bras provisiona le s y pa sager as de campañ a se pr ete nda da rl es
un valo r tal que co nstituya n à e sta Pl aza de las m ás respe tables ...
”. Por últ imo,
incluye un a serie de crítica s personales sobre la có moda s ituación de Gi ra l do
que no sufría como lo s que estaba n e n co mba te y s u pretensió n de recomp e nsa
117 Para c ono cer l a o rgan i za c i ón de dife rentes fortalezas t anto españolas com o portugues a s
hay obras interes antes co m o son MITCHELL, Li vingstone: Maps and plan s, showi ng the
princi pal mo vements, battles & sieges, in wh i ch the Br i t ish arm y was enga ged duri n g the war
from 1808 to 1814, in the Spanish pen i n sula and the south o f France : Memoir ann exed to an
Atlas conta i n i ng plans of the principal battle s, si eged , and affa i rs i n whi ch the Br itish troo ps
were eng aged dur i ng the war in the Spanish pen i n sula and the so uth of France, fr om 18 08 to
1814 . Londres, 1841; FL ETCHER, Ian: F ortr esses of the Peninsular War 1808 -1 814. Ox for d,
2003; LA F ON, J.M .: “Les fortifications napo leo nienne s en Espagne (1 808 -1814). Inno v a tions,
i m passe stratégique?”, en Revue du S ouvenir Napoléon i e n, n º 4 39. París, 2002. Págs. 19 -2 8; o
MUÑOZ JIM ÉNEZ, Jo sé Miguel: “ Los plan os mili tares fr ancese s (SHAT) como fuente para e l
estudio de las forti ficaciones en la Guerra d e la Independencia” , en Jo rnada s sobre las
fortifi cac iones en la Gu erra de la Independenc i a . Actas. Madrid , 2008. Págs. 5 1- 66.
118 Se trata n de una se rie de i nf or m es don de l os responsab les de l as obr as van inform and o a l a
Junta Suprem a sobre l a e volución de las m i s m as y l os di fer entes pr oblem as existen tes en su
puesta e n ej ecuci ón . A.H.N. Secc i ón Estado, Legaj o 34 - E, docum ento s vario s.
58
por este plan. Fina lmente se extr añaba de la mezcla de per sonas e ncarga das
de l a defensa: militares, catedráticos, paisan o s, arqu itecto y maestro ebanista
119 .
Como ya se ha visto y a pesar de las c rític as el sistema defensivo
fue s imilar al u tiliz ado e n o tro s lugares co mo Madrid o Zaragoza 120 . De todas
formas es te tipo de defensa s de bía ser habitua l da da la f alta de tiempo p ara
preparar otr as más consistentes y la penuria ec onómica en que se enco ntr aba
el país. Es sign i ficativa la des cri p c ión que hace Pérez Galdós so bre l as defe nsas
de c iuda des como Ger ona “...
El goberna dor qu e tanto c onocí a la flaqu ez a de
aqu e llas murallas de mazapán, dispuso que se ejecutara n obras c omo las de
Zaragoza: c or tadu r as po r to d o s lados, parapetos, z anja s y espaldones de tierr a
en lo s puntos más débiles . Las mujere s y los niños tr aba jaban e n esto...
”, o
Madrid donde dic e que “
Morla dirigió las obras de defensa, q ue consis tían en
grandes fo so s abier tos fu e ra de las p uer tas de Fuenc arral, S anta Bárbara, Lo s
Pozo s, Atocha y Recoletos; en aspill erar to da la mu r alla de la parte norte; en
desempedrar las calles de Alcalá, Carr era de san Jer ónimo y calle de Atocha
para levantar barric ada s, y, po r último , en fo rti ficar el Retiro c on trinchera s y
un a mediana artill ería.. .
” 121 . E sta forma de or gan i zar lo s s i s temas defensivos e s
señalada t ambié n por Abel la quien plantea que en el caso de la capital
española, Napoleón n o qu i so conquistar militarmente la c iudad ya qu e no
entraba en sus cálculos u n c ombate cuer po a c uerpo y casa por casa c omo
ha bía s ucedido e n Z aragoza 122 . También h abría que se ñala r q ue es tos s iste m as
defensivo s en parte eran los que habían aprendido lo s ingenieros militares en
las diversas o b ras teóricas e xistentes ha sta e l momento que había n tenido s u
esple ndor d esde t iempos de Carlos II I. Es i nteresante como en referencia a l a
obra
Nociones militar e s
de J os eph Igna c io March que se publicaron como
suplemento a l os prin c ipios de fortificación de Lucuce, Ga rcí a Melero ha
plan teado como e l uso de sis temas muy p are cidos a los expuesto s por Gir aldo
123 .
La puesta e n marcha de este sistema defensivo e n Sevil la a lo
largo de 180 9 fue compleja y llena de vicisitudes. Un o de lo s principa l es
119 A.G.M .S. Secci ón 1ª . Leg. 1 - 726. Sa m pe r era Mari sc al de Cam po, y desde el 21 de m arz o
de 1808 Com a ndante Ge nera l Interino del Cuer po de Ingen i eros, nom brado e n 1809 vocal de
l a Junta General Militar. Cfr.: CA PEL: L os i n geni e ros m i l i ta res... Op. Ci t. Págs.: 427 - 429 y “Del
Teniente Gene ral Don Antonio Samp e r Noticia B iografi ca y do cumento autó grafo Para la
bi bl i oteca de la Academia de Yngs.” . A.G.M .S . Secci ón 1ª. L eg. 5- 575.
120 Final m ente daba l a im pr esión d e obra improv i sada que es la q ue tuv i e ron la s trop a s
france sas al ll e gar a Sevilla . Así, F ée afirm a q ue “ e l en emigo atr i nchera do en Sevi lla, pa recía
querer re si stir; … se habían aposta do c añ ones en batería sobre terreros levant ados
apresuradam ente” . Lo m i s m o pi ensa del uso de las m ur all as com o el em en to defensivo ya que
son “ impotentes hoy par a la defensa” . Cfr.: FÉE, Antoi n e Lauren t Apo lli nair e: Recu erdos de la
guerr a de España, ll amada de la Independenci a 1809 - 1813. Madrid, 2007 . Págs. 73 y 111.
121 PÉ REZ GALDÓ S, Beni to: Gerona. Episodi o s Nacionales Nº 7. Bar cel ona, 19 86. Pág. 58; y
Napoleón e n Chamartín. Episodi os Na ci o nale s nº 5. B arcelon a, 1996 . Págs.: 133 -134.
122 ABELLA , Rafael : La vi da y la época de José B on apar te. Barce l ona, 1999. Pág. 60.
123 GARCÍA MELERO, José Enriq ue: “Los trata dos de arqu i tectu ra m i lita r pub lica dos en Espa ñ a
duran te el reinado de Car l os III”, en Espaci o , Tiempo y Forma. S erie VII, Historia del Arte, t. 3.
Madrid, 1990. Pág. 222.
59
proble mas desde e l principio es lo g rar la asiste ncia de l os se vill an os a trabajar
en los diferentes pu ntos de la lí nea d e fortificación. Po r ello la Junta Supre ma
ya en fe brer o de 1809 pensaba que era “
indispensable que todos los ve ci nos
yclases se esmeren y concurran a las obras, imitan do e l patriotis mo de la Ciud.
de Valº. donde dia riamente traba j a u n numº. inm enso d e gen te con u na
constancia y celo extraordin ario y proporciona do á las cir cunt.” 124 .
A lo largo de
este añ o s e rec iben dona tivo s par a ayu d ar a la co nstrucción del recin to
defensivo como e s el caso, entre otros, de l a co mun i d ad del convento de San
Fran cisc o que se ofreció el 1 de febrero para colaborar e n todas las tareas qu e
hiciese n falta 125 .
Otra de las actu aciones fundamenta le s fue conoc er l as dife rentes
arma s en pose sión de los vecinos de la ci uda d, por lo que se re ali zó un c enso
general tan to de personas que po dían ser útiles en la defe nsa de Sev illa, c om o
de las armas de fuego y de las blanca s 126 . S alvo lo s i nformes relativo a l e stad o
de l as obras, l as noticias que se co n oc en son muy dispersas y locali z ada s e n
difere ntes archivos. Así, s e s abe que el 2 de marzo d e 1 809 se r e mitió un oficio
al Ayun t amiento de Sevilla en e l que se ordena ba, para mejo rar el recinto
defensivo y siguiendo e l dicta men de los ingenieros militares, cerrar alg una s
puertas de la muralla de la ciuda d, co ncretamente la s pu e rtas del Sol y de
Córdo ba 127 .
El 31 de marzo de 1 8 09 e l Capitá n Ge neral Ventura E scalante
realizó un informe dirigido a la J unta Suprem a donde e xplic aba las difer en te s
actua c iones re alizadas e n aras de la defensa de l a c iudad 128 . En ese se ntido,
espec ificaba u na s e rie de ó rdenes que había remitido a las autoridades. Así, por
eje mplo, al gobern ador de la Plaza le o rdenó que se realiz as e u n censo de
todos lo s militares residentes en Sevilla que pudiesen ser útiles para la defe nsa
de la ci uda d y al Je fe del Estado May o r qu e se re partiese toda la ro pa y efectos
militares e n los almacenes del Ejérci t o. Con re specto al Asiste nte de l a ciuda d le
ma ndó hacer acopio de víveres, ce ns ar e l gan ado e n Sevil la, la moviliz ación de
todos los hombres entre 15 y 70 añ os, el conoc imi e nto de los m o lin os y
tah o nas e n la ciudad y su s alre ded o res, relación de los pozos de agu a potab le y
fina lmente co nocer el núm e ro y nombr e de todo s lo s médicos y c irujanos con el
fin de poder or gan i zar la atención a los heridos en el c aso de batalla.
Pe r o entre todas las instruccio nes d e staca l a or den al ingeniero
encargado de la re alización de las o bra s de qu e debía informar so bre “
las obras
interiores , y e xteriores, qu e han apro ba do po r la Su perio ridad para la r efe rida
defensa con e xplicaci ón de las qu e se ha llan ya concluidas, las que se es tán
construyendo, y las que deve n aun pri ncipiarse”.
En ese s entido, Escala nte
orde na ba a Giraldo se e studiase qu e actua cio nes debían re alizarse en el cerro
124 A.H.N. Estado , Leg aj o 34 - E, d oc. nº 241.
125 A.H.N. Estado , Leg aj o 34 - E, d oc. nº 241.
126 A.G.M.S. S ecci ón 3ª , 3ª D i v i s i ón, Legaj o 91.
127 A.H.N. Estado, Lega j o 34 -E, doc. nº 255.
128 A.H.N. Estado, Lega j o 34 -E, do c . nº 276.
60
cer cano al ba rrio de S an Ber nardo planteando dos posibi l ida des. La pri mer a
ser ía rebajarlo al nivel de la r asan te ya que por s u altura podía dominar p arte
de la ci uda d o en se gundo lugar, e xponía que podrían construir se en él algun as
baterías. La respuesta de Giraldo fu e qu e lo más i dóneo era integrar la c o lina
en la segunda l ínea de defensa y construir allí una ba te ría para aprove char su
altu ra co n el fin de permiti r una mayor capacidad de ata q ue.
Asimismo, Giraldo tras consulta con Jo sé Por tillo, coronel de
Artillerí a e ncarga do de la organ i zación del arma en el sistema defensiv o e n
Sevilla, expone que e n todo el recint o fortificado se insta larían ve inte ba terí as
en l a pri mera l ínea y o nce en la ter cera. Los cañones de esta primera lín e a
debían ser utilizados como defe nsa d e la segunda en caso de re tir ada . En est e
nú mero no s e c ontabilizaba la do tación artille ra del fuerte de San ta Brígid a en
el que se había n co loc ado por el momen to tre s cañones y do s obuses. Se sabe
ademá s que cada b atería tenía una d o tación establecida de mun i cio nes que se
custodiaban e n arcones y se co mponía de dive rso s e fectos como “
veinte y cinco
tiro s de bala r asa y diez de metralla po r pieza”
, lo qu e estaba considerado
suficiente para co menzar el co mba te y no exponer la mun ició n a su pos ible
pérdida. Tambié n en cada ba ter ía se colocaban tin aj as para a g ua, cubo s,
barriles y parihu elas que había pr o por cionado al siste ma defensivo la Real
Maestran za de la ciudad 129 . A pesar de toda esta dotació n de a rtill er ía, u no d e
los problemas e xistentes er a la falta de persona l militar e speciali zado en e l uso
y man e jo de las piez as po r lo que en algun o s casos , como ya se ha visto que
ocurr ió e n Trian a, s e tuvier on que utilizar civiles. Para la c onstrucción de estas
baterías el Ayunta miento de la ciudad tuvo que aportar gran parte de lo s
ma teri ales necesarios c omo puede verse e n múltiples ejemplos a lo largo de
1809 130 .
El 4 de abril de 1809 el Capitán General Ventura Escalan te infor mó
a la Jun ta Central de su actuación s obre la defe nsa de S e villa e n e sos
momentos 131 . Al respe cto había o rd e na do a l Gobernador Mi litar qu e se
dispusieran e n lo s seis puntos defensivos o cuarteles casas que servirían como
alma c enes – para gu ardar efec tos co mo ga lletas, arma s , mu nicio nes, etc. - y
como hospitales – donde tenía qu e ha ber médic os, medicina s, camillas, etc. -. Al
comandan te de artil lería le dio la o rde n de t ener t odas las baterías con
provi sión de pól v ora, tina jas con a g ua, mun i ció n de bala rasa y metralla y
camillas para r etirar a los enfermos y herido s “
que conviene es tén ocultos p ara
no producir pavor a los Paisanos y Sold ados Vi soñ os”
. Finalmente, al i ngenier o
direc tor de las o bras de fortific ac ión le mandó qu e estuvie sen dispuestos en
todos lo s cuarteles o pun to s de la c iudad ele mentos y materiale s suficientes
para a p agar incendios y retirar a los h e ridos.
El 8 de abril se termina por o rganizar todo el fun cio na miento
defensivo del in terior de la ciuda d, es tableciendo los distritos en los diver s os
129 A.H.N. Estado, Leg. 34 -E, doc. nº 289.
130 A.M.S . Col ecci ón Alfabét i ca. Caja 1424.
131 A.H.N. Estado. Leg. 34 -E. Doc. Nº. 282.
61
barrios sevillan o s y l os pu ntos más importan te s en cada uno de ellos 132 . Así, el
primer distrito o c ua rtel tenía su almacén de pó lvor a e n e l co nvento de san
Ba sili o y como hospitales los edificio s que ya se usaban p ara es te mene ste r
situados e n la plaza del Puma r ejo contigu o a la casa de To ribio s y el c onv ento
de Sa n Diego el Real. Para depósito d e ví veres s e plantea otro e difici o c ontigu o
a lo s Tor ibios o e l convento de Montesi ón y para depó sito de herr am ientas s e
seleccionaba el edifi cio de las Atahonas. En to das las plaza s del barrio debían
establecerse pun tos para el agua, s obr e todo, e n la plazuela de lo s Trapos,
Altozano de la Feria, Plazuela y peso d el Carbón, etc .
En el segun do cua r tel la pól vor a s e alm acenaría en e l Lavade ro de
Don Pe dro B retendonor situa do e n el lado exte rio r de los Caños de Ca r mona
frente al convento de San Benito. Como hospital s e design ó el edificio del
convento de S an Agustín “
que c on gran facili dad se divide en dos”
y como
depósitos de víveres se selecciona ron “
las Casas principal de l as A guilas la
deenfrente del Convento de Monjas de San t a Marí a de Je sus en la misma c alle
y la que l inda co n ella p or la espalda que su puerta pr incipal l a ti ene a l a calle
de caballerizas”.
Por ú l timo, el depósi to de he r ramienta s para las i ncendios se
encontraba contigu o al inter ior d e la Puerta de Carmona y los pozo s se situ arí an
en todas las calle s e stableciéndose f undam entalmen te e n l a plazuela de Pil a to s,
en l a de San Ildefo nso, Sa n Le an dro, San Pe dro, la Encarnación y en el centro
de los Barrios de la Calzada y S an Bernardo. Asimismo, se planteab a la
posibil idad de situar el r epuesto de pólvora en la igle sia de Sa n Esteban y n o en
un lugar extramuros.
Con r espe cto a l distrito tercero s e se leccionaron lo s edificios
aislados para almacén de pól vor a como la capilla del Baratillo y un almac én de
ma deras y hierr o, propiedad de Gr egorio Oviedo, qu e for maba es quin a en la
misma acer a hacia l a P uerta del Arenal. Para lo s víveres se utilizarían l as
plan tas bajas de la Casa Lo nja, el Col e gio d e Santo To más y el mayor de Ma ese
Rodrigo. Co mo hospitales se utilizaría la Casa de l os Venerables Sacer dotes y la
Casa de Clér ig os M e no r es y como al ma cén de herr amienta s l a Casa del Husillo
al final de la calle de la Laguna ju nto a la muralla. Lo s de pósito s d e agua se
estableciero n en la plaza del Plan, la p lazuela de Placentines, la de Santa M a rta,
la de las Banderas, la de Santo To má s, la del colegio Mayor, c alle de San
Fernan do, plazu ela de la Lagun a y para los ba rrios de l Ba ratillo y Resolan a se
establecí a el pun to de agu a en la zo na exte rior de la Puerta del Arenal , así
como utilizar en esta zona el río pa r a acopio de agu a en caso de incendio.
En el c ua rtel cuarto se utilizaría la I glesi a y Casa de los Je suitas de
la ca lle de la s Armas “
cuyo edifi cio esta destinado a la soci edad de medicina”
como depósito de p ól vora y e l conve nto Casa Gran de de Nuestra Señora del
Carmen co mo hos pital, ya que se p odía dividi r en d os partes con entrada s y
salidas a distintas calles. Los víveres se alm acenarían e n el convento de Sa n
Acasio y el d e San Buenaventura y c omo depós ito de herram ientas s e utiliza ría
132 A.H.N. Estado, Lega j o 34 -E, Doc. nº 287.
62
la Casa del Husillo llama da del Carme n. Los pozos de agu a se establec erían en
las diversas calles del distrito.
Refere nte al arra bal de Tri an a, como se dijo anteriormente, s e
dividirí a en dos c uarteles o distritos. El primero de ellos tendría como alma c én
de pólvora la iglesia y s acristía de la Parroquia de l a O e n la calle Castilla “
con
las piezas que tienen an e xas de Sala de Herman da d y alma c en de mueble s”.
El
convento de Sa n Jacinto se util izaría como hospital y para los víveres las tres
Posadas de l ba rr io que se e ncontraba n fr ente a la igl esia de l a O y ot r a en la
esquina del Al tozan o “
que denomina n de l as bocas”.
Las herramienta s se
alma c enarían e n el edific io de la A lmona y pa r a tener acce so a l agua se
utilizarían los pozos d e las casas d el barrio. El segundo distr ito de Tri ana
utilizaría la Iglesi a, S acristí a y Sal a de He rmanda d de l a E n carnación, e l
convento de la Vic toria como h o spital y para lo s víve res e l convento del Espí r itu
Sa nto, co n puertas a l a c a l le Larga y o rilla del Río, y tam bié n “
l as Casa grande
que e sta en l a misma acera h acia lo s Remedio s que hace e squina a la calle de
la Cruz y en la actua lidad se h alla c errada ”.
Para las herr am ientas s e usaría el
alma c én q ue fue del Plo mo a or illas del río ce rca del Puente o la parte alta de la
casilla de los guarda s del Puente.
El 10 d e Abril Pe d ro Giraldo de Chaves re al i za un infor me dirigido
al Ca pitán General Ventura Escalan te informándole del diseño del s istema de
defensas de S e vill a y del estado de c onstrucci ón en e se momento 133 . Giraldo
expone que el sistema se or gan i zaba e n torno a tres líneas, l a ú ltima de las
cuales er a la defensa interior de las mu r allas de la ciudad por lo que se tendrían
que hacer la s obras de comun icació n inter ior es de las misma s. Este sec t or e ra
el que se encontraba más atrasado a pesar de que to do estaba di s puesto para
iniciarla, ya que conside raba que su c onstrucció n e ra an tipo lític a y a ntimilit ar al
molestar a lo s ve ci no s sin nece sidad trayendo posi bles probl emas de or den
público. La consideración que ha bía que darle a cada línea deb ía se r diferente.
Así, la segunda debe ría ser vista como las obras de defensa exterior de una
plaza y la primera como las def ensas ava nzadas y de pr otección de accesos.
La pr imera línea, e ncarga da de defen der el re cinto e xterior de la
ciudad, co nsistía en un cam po atrincherado i niciado en la zona de confluen cia
del Tamargillo c on el rí o Guada lq uivir y que se c omponía po r div ers os baluarte s
y baterías situadas de for ma q ue queda b an batidos todos l os c amin o s y
posibles puntos de acceso a la ciudad. También existían un a suces ión d e puntos
fuertes ubicados e n los edificios ex istentes e n la zona, fun d amentalmente
ventas, huertas y cortijos, en los que se apoyaba la línea que fi na lizaba por la
zona del Blan quillo ha s ta el río. Segui dam e nte se enco ntraba la línea de Tria n a
que empezaba e n la otra orill a del Gu ad alquivir ha c ia el Mona s ter io de la s
Cuevas, confluyendo hacia la i zquierda “
en dientes de si err a y c ortina ”
y
defendiéndose ta mbién por una s eri e de ba te rías y c ontinua ndo h acia e l
convento de San J acinto “
en ten az a y redie nte”
finalizan do en el río y
defendiendo de esta man era lo s c amin o s de San Ju an de Aznalfa r ache,
133 A.H.N. Estado, Leg. 34 -E, doc. nº 285.
63
Tomares y Boll ull os. In fo rma Gir aldo qu e esta primer a lí nea es taba en esos
momentos casi finalizada , faltando sól o algu nas z onas por la parte trasera de
los c onventos de Capu chinos y de la Trinidad ya que los trabajos se habían
ralentizado a causa del mal tiempo.
A cierta dista ncia de la anterio r s e e ncontraba la segun da línea de
defensa qu e consistí a en una cadena de balua rtes “
planos y l un et as”
colo cados
a distancia del ti ro de u n fusil qu e s e apoya ban en lo s m uro s y vallas de las
hu ertas co mo si fueran una cor tina. L a función de esta línea e ra la de a po yar y
permitir la retirada de la artille ría y la tr opa de la primer a en c aso nec esario .
Con r espe cto a Triana , la segu nda lí ne a se formaba por medio de una seri e de
parapetos paralelos al río unidos a la pr imera línea, finalizan do e n unas baterí as
col ocada s e n la o rilla c ontraria, concretam e nte e n la Tor re del Oro , Humer os y
la Al am eda. E sta lí nea e staba ya finaliz ad a en Triana y se estaban ter mina ndo
las baterías fundamen talmen te l a de lo s Hum ero s qu e s e componía de s eis
piezas que permitiría “
rasar el campo de la Cruz de Ca r tuja”.
La te rcera línea, co mo se dijo anteriormente, estaba basada en l a
utilización de las murallas de la c iu dad co mo cortina del re cinto defensivo.
Realmente las muralla s de Sevilla, de orige n almoha de, ha bía n perdido en este
momento toda su f uncionalidad militar pero siempre el Ayun tam iento de la
ciudad, f undamentalmente en el siglo XVIII, ha bía c uidado de su conser vación
tan to por la defe nsa que suponían ante posibles crecida s del Guada lquivir como
ele mento de contr o l de personas y mercaderías aunqu e últimamente estaban
má s abandonadas en su mantenimiento 134 . Se había dec idido cubrir l as
difer entes puertas con bater í as o lun etas fo rman do un a tenaza en l a z ona del
convento de San Die go. Para el in t erior de Sevilla se había dise ña do c omo
defensa secunda r ia la coloc ac i ón en las calles d e barricadas y pa r apetos qu e
eran defendidas de sde l as casas c olin dan te s c on fusiler ía, granada s de man o “
y
demás armas y fuegos arr ojadizos”
. E sta lí nea estaba casi fina l izada,
destacan do q ue se le vanta b a un paso sobr e el adarve co n tablas de madera y
que se ha bían acabado la batería de la Puerta Nueva y la tenaza d e San Diego,
ha biéndose iniciado la construcción de la ba te rí a de la Puerta de J erez.
Tam bién Gir aldo informa sobre o tro s puntos del s istema defensivo
de Sevilla, como la con strucción del f uer te e n la ermita de S an ta B rígida qu e se
componía de una tenaza doble que fi nalizaba en una platafor ma cir cular d onde
se ubicaba un a batería a barbeta c ompletándose con un sistema de fo so s y
trincheras 135 . Para pr ote ger e ste fuerte de S an ta Brígida se ha bí an for tificado
tam bién las dos colinas contigu as para de esta for ma do mina r toda las alt uras
de la zona y vigilar el camino de Ex tr emadu r a y pe rmitir que las tropas que
oper asen po r allí tuviesen un pu nto de re fugio y a po yo.
134 DOMÍNGUE Z ORT IZ, Antonio: “La Ciudad”, en La Sevilla de las Lu ces con las r espuesta s y
estados g enerales del Catast r o de Ensenada . Sevill a, 1991. Pág. 16.
135 Este ti po d e bater ía era l a qu e sobresalía por el par apeto, norm al m ente en l os á ng ulos, para
poder dispara r a de sc ubierto en todas direcciones.
64
Para for talecer el sistema defensivo el Capitá n General Ve ntura
Escalante ordenó a Giraldo que se seña l asen e n to das las paredes y muro s de
las casas y co nventos de Sevi lla las aspiller as que se debían co nstruir por lo qu e
solicitó al arzobispado qu e or d e nase a l os pri ores y a badesas de los recin to s
rel igios o s que per mitieran la entrada de i ngeniero s mil itares para ir adelan t ando
este t r aba jo 136 . Tam bié n se ordenó qu e to das las c asas y edificios de la ciuda d
de un a misma acera debían estar comun ic adas entre sí para facili tar el t ránsito
de l os defensores y ayudarse e n caso de combate. Dicha comun i caci ón en tre
los edificio s debía r ealizarse “
por los qua rtos baxos, o entre suelos , o bien por
las segunda s y azote as”.
Asimismo, para facili tar la seguridad de lo s ve ci no s lo s
hu eco s se c err arían por tabla s y lla ves o c errojos dob les a cada lado. S iguiendo
con e ste tipo de actua c iones Escala nte man d aba inici ar la apertura de zanjas en
las calles de las zonas cerc an as a las puertas de la ciudad y l as que conducían a
las plazas, de jando sól o el paso para coc he y exc luyendo de estas obra s las
puertas principales “
que s irven pa r a el trafico y comercio”
137 .
Fina l mente surgió también el pr o blema de la fa lta de elementos
de artil lería para las dive rsas baterías que se estaban c onstruyendo, ya que se
ha bía orde na do que toda la e xiste nte e n Sevilla se tra sladase a Cádi z, por lo
que e l 15 de abril Antonio Cornel o rd enó que s e volviese a traer la pie zas que
fueran necesari as – en total 141 -. En total se construyeron catorce baterías qu e
se coloca ro n en Z ambra no, Nori a, Tori l, Cor tijo, San ta Cruz, Santa Ter esa,
Blan q uillo , Cartuja , Patrocinio, Pa trio tas, Calbo, Tomares, Puerta Nueva y
Fuerte de Sa nta Brígida 138 .
En la pri maver a de este año continúa la construcció n de todo el
rec into se gún diversas n oticias s o bre uso de mater i ales, co mo la del 13 de a bril
de 180 9 día e n e l que el coma ndante de la Artillería Po rtillo de la plaza r etiró,
por orden de la Junta de For tific aci ón del día 5 del mismo mes, d el Almacén de
Propio s y Arbitrios de la ciudad 164 tablones de 1600 varas y 3 p ulgadas y
media de grueso y o tros 61 tablones d e Segura “
de lo s del paso
” con 33 5 vara s
para construir baterí as artilleras 139 . Finalmen te, e l 2 9 de mayo el Capitán
General Ventu ra E scalante co municó a la Jun t a Su prem a q ue se h abían
terminado todas las obras de l as tres líneas de defe nsa de la ciudad cu m pli endo
el plan apro bado a co mienzos de año y presentado por e l Brigadier P e dro
Giraldo 140 . Para que e stas lí neas pe rmanecie ran en perfe cto e stado se orden ó
que varias cuadrillas de traba jadore s s e encargasen de su ma ntenimiento y
vigilancia a lo largo de t o d o el reci n to defe nsivo. Ante esta cuestió n Gir aldo
opinaba qu e lo más i mportan te e ra la formación de una compañía de zapad or es
que se encargase de estas tare a s ya que su for mación haría q ue se
ma ntuvies en las defensas en much o mejor estado 141 .
136 A.H.N. Estado, Lega j o 34 -E, Doc. nº 284 y 290.
137 A.H.N. Estado, Lega j o 34 -E, Doc. nº 286.
138 A.H.N. Estado, Lega j o 34 -E, Doc. nº 298 y nº 300.
139 A.M.S . Col ecci ón Alfabét i ca. Caja nº 1424.
140 A.H.N. Estado, Lega j o 34 -E, Doc. nº 341.
141 A.H.N. Estado, Lega j o 34 -E, Doc. nº 342.
65
El r esto del añ o 1 809 se co nocen notici as dispers as y r elaciona das
con las obras, como la del 5 de ago sto cuan do Giraldo plantea que aqu e llas
perso nas, tanto m ilitare s como civile s que ha bía n destacado po r su trabajo
duran te todo e l p ro ceso de c onstrucción debían ser pr e miados, se ñala ndo a
diver so personal y la recompensa que proponía 142 . Así se co no c e el per son al
civil que ha bía traba j ado en las obras qu e fuero n:
Félix Hidalgo, que si rvió sin sueldo y s e solici taba s e le nombras e
subteniente del Ejército.
José Echam oros,
”Arquitecto y Ma e stro Mayor que ha servi do si n su eldo
es digno y se limita a l uso del uniform e co ncedido por o rdenan za a l os
ma estr os mayores de f o rti n.”.
José Garibaldo que se le concedies e el m ismo uniforme.
Con re spec t o al pers onal militar G iraldo planteó las siguientes
propuestas:
José Ibáñ e z nombrarlo como capitá n
.
José Huet al qu e propone el asc enso a Brigadier 143 .
José Ribacoba asc e nso a Coronel.
Miguel de Arechava la ascenso a Coronel.
Pedro E rinda, Te niente C oronel d e l Ejército y Ca pitán de Ca balle ría,
ascenso a Coronel
“y a de má s vo lver al c uerpo de Yngens. e n c las e de
super nu mº con antigud. por ha ve r se le obligado a salir de el por
capricho de Dn. Man . Godoy, sie ndo su je to de luces, talento, conocmtº y
aplicación singula res ”.
Fran cisc o Ro drígu e z del Man zano a su inmediato ascenso.
Jua n Martínez de Castilla a su inm ediato ascenso .
Nico lás Sedan o ascenso a capitá n.
A lo largo del r esto del año la mayor parte de las noticias s on
rel ativas al ma ntenimiento del recinto defe nsivo y a l os pr o blemas e
indemn i zaciones que s u construcci ón había c ausado. En agosto fu e nece sa r io
establecer dep ó sitos de herramienta s por todo e l recinto u rbano para po der
atender la conservació n de las for t ificaciones. Lo s luga re s má s idóneos, a
142 A.H.N. Estado, Lega j o 34 -E, Doc. nº 342.
143 Aunque de lo que se tiene constanc i a es d e s u nom bra m i ento co m o Coron el e l 25 de
di c i em br e de 1 809. A.G.M .S. 1ª Divis i ón, leg . V - III.
72
e) LOS INFORMES SOBRE LA EV OLU CIÓN DE LAS OBRAS .
Como se h a indicado en anterio res oc asiones, ha y multitud de
refe rencias e informes que na r ran el día a día e n la co n strucció n del recinto
defensivo de Sevilla. Estos informes qu e habitu almente s e encabezaban c on el
título de “
N o tici a del e stado y adelan ta miento…
” er an pre senta dos
generalmente por el bri gadie r Pedro Gi raldo d e Chavez, au to r d el pla n
defensivo y e ncargado de su puesta en marcha, al Ministr o Antonio Co r nel, el
cual, tras s u e studio, lo remitía a su ve z a Martín de Garay e n l a Junta Supre ma
para su c onoci mi e nto. A vec e s es tos informes también er an firma do s p or e l
Capitá n Ge neral Ventura E scalante. A tr avés d e su l ectura se obtiene la
impresió n de que se re al iza una acti vidad frenétic a pero m uy de sor denada .
Tales informes da n la vi sió n de una gran ciuda d asustada cuyos vecin o s,
debatiéndose entre e l pánico y la inex periencia, deben ser los que pre paren la
defensa contra e l mayor ej ército de la E uropa de l momento. Además, a pesar
del lengua je té cnico -mil itar que inten ta pre sentar e stos documentos, no se
puede olvi dar que básicamente l a def ensa de Sevill a se bas aba e n u n si stema
atrincherado con vari os balu arte s de fo rtificación de campa ñ a y bate rías
artiller as fáci lmente superable por u n ejército adiestrado.
Gracias a e sta doc umenta ci ón s e puede co no c er tanto de man e ra
general como particularmente e n cada uno de lo s sectores como fu er on
evo lucion an do las obras de forti ficació n. D e es a forma , por eje mplo, de feb rer o
de 1809 en l o s correspondientes a l os días 4 y 10 se informa que se esta ban
realiz an do los el ementos n e cesarios pa r a llevar a cabo las ob ras como
barracones, tableros y herr amienta s 172 . Ade má s en es e mes se inició la
construcción del pa r apeto y foso e n l as zonas del Pa tr oci nio, Ve nta de Eri ta ña y
Cruz del Campo. En re lación al cerro de S an t a Brígida se h abía fo rtifi cado s u
base
“poniendole en unas parras cerc a de tre s vara s de ti erra a pis onada y
cor tando e n o tras el terreno en la altu ra de una y media var as
” y te rr aplenado
el te rreno para levantar lo s parapetos y hacerlos esc arpados por la pa rte de
levante. No obsta nte u no de los problemas e r a la lentitud co n la qu e se
llevaban a cabo e stas co nstrucciones ya que
“por la falta de gente n o han
tenido es tas má s adelanta miento”
.
Con res pecto al mes de a bril s e c onservan informes casi diarios d e
la evolución de las difer entes actuaci o nes 173 . Gracias a ellos s e sabe qu e se
172 A.H.N. Sección Estado, Leg aj o 34 - E, docs. nº 245 y 249.
173 Concretam ente de l os d ías 1 2 , 14 , 15, 16, 1 7, 18,20, 22, 2 3, 24, 2 5, 26, 2 7, 28, 2 9 y 30.
A.H.N. Sección Estado, Le gaj o 34 - E, docs. nº 281, 300/4, 296,299, 301,302, 303, 3 04,305,
306, 307, 308, 309, 3 10, 31 1, 312, 313 y 314.
73
ha bían iniciado las obr as e n l a z o n a del co nvento d e la Trinidad y e n e l Prado
de Sa nta Justa do nde “
se continu a to da la obra c ontigua al ta garete con la
ma yor actividad, y s e h a pr incipiado el a ngulo del camin o sobre la Lag una qu e
yaqu e da libre de agua, y terr aplenada”.
Además en el sec tor de la Cruz del
Cam po se e staba n cubriendo de z arzas los parapetos y terraplenando los
balu artes mientras e n c ambio e n los Humeros s e había ter mina do la e xpla nada
y se ha bía comenzado a levanta r la batería a la cabeza del pu e nte d e barcas.
En el Patrocinio s e fin alizó ese me s el cierr e de call e s, s e c o menzaron a
desmontar lo s hornos de ladrillo y los e scombros al final de la calle san Jacinto
y se i nició la construcción de u na trinch e ra en el puente de ba r cas. A su vez e n
el Blanqu ill o se ha bían c onstruido n uevas lí neas de parapeto aumentando la
profundida d de lo s foso s. Asimismo, s e co nstruyó un a cañ e ría junto a la huerta
del H ospita l de las Cinco Llagas a brié ndose dos portillos para facilitar la
comunicación de l a trinchera. Co n respecto a la Puerta de Jer ez se h abía
concluido el foso y e l parapeto al igual que e n la tor re del Or o y en Mo nterrey
continua b an co n l as o bras de parapeto “
Ademas se h a p uesto el rastrillo de la
PuertaNu eva y s e ha concluydo el derr ivo de lquema dero ”
Fina lmente, c on
res pecto a la artillería s e i nformó qu e
“se ha n c onducido a Santa Bri gi da,
batería de la tena z a, y ba te rí a de la ve nta de Ar i tañ a las ma deras para las
explanada s que se e stan co nstruyendo y de haber conclu ido las d e las bateria s
de la Cartu ja, y del os Patrio tas, y s egui r el trabaxo en l a de Calvo y Tomar es”.
Tam bién se iniciaron las obras en una bater ía e n “
Alfara
che”, habiendo llevado
mu niciones al resto de las baterías arti ller as 174 .
En c ambio e n el informe correspondien te al 16 de abril de 1809 a
difere ncia de los an t eriores, su primer pun to plantea co mo se ha tr aba jad o e n
la mu ralla interio r de la ciudad e xplican do que se han fortalecido el adarve y las
torres de sde la del Oro hasta l a P uer ta Real, asimismo se habían c onstrui do 8
esc ale ras y 10 rampa s a diferentes dis tancias ha st a la P uer ta de la Barqu eta,
reconstruyendo los l uga r es de la m uralla qu e estuvieran en m al estado y
levanta ndo nuevos para petos. Se cerraron las pu ertas d e l Sol y de Córdo ba y
en la mu ralla exis tente e ntre ésta ú ltima y la de la M acarena se iba n a tapiar las
almen as p ara poder así aumenta r s u altura. Por último, se e staban re visando
las m anz anas de casas qu e estaban ju nto a la s pu e rtas para estudiar su
comunicación por e l inter ior y a la vez ma r car lo s poz os que había que co nstruir
para almacenar el agua en las calle s y plazas ya señalada s . Otras obras de las
que se informan e se d ía es la colocación de un sa l chichón en el puente o
alcan tarilla de la Tor re del Oro 175 , o en la Puerta de Jer ez en cuyas defensas se
ha bían “
col ocado dos filas d e salchi ch ones e n el pa rapeto de la fusileria”.
Tam bién du ra nte e se mes se reconoci ero n las man z anas de casas
frente a las p uer tas de las m ural las del Rosario , Carmona , C arne, San
Fernan do, del Carbón o del Aceite , del Arena l, Tr iana y Jerez o r gan izando su
defensa y c omun icació n i nterior y las puertas en las calle s traveseras. As imi smo
174 Evid entem ente, se r efiere a la fortaleza o cas till o de San Juan de Azna l farache.
175 El salchichón es una fa j i na m ás l ar ga que las o rdinar i as que se e m pl ea com o refu erzo de
estas.
74
se buscaron los edificios que podrían ser vir para alma c enes de pólv o ra,
destacan do que a difere ncia del plan original se ha bían el egido entre o t ros en el
primer cuartel la capilla y s acristía de l a Piedad, a l fin al de la Alameda en ve z de
la capilla del c onvento de San Basilio , y e n e l segundo la casa quinta q ue es tá
en el Prado de S an t a Justa “
cor re sp ondiente á l a testamentaria de D n. J ua n
Muñ o z de la Gu ardia
” en ve z del lavadero d e Pedro Bertendona. Ademá s se
reparó la fa ls abraga de la muralla en aqu e llo s luga r es en los qu e e sta ba
hu ndida y se re alizó “
la demarcación de aspilleras, comun icació n de c asas, y
repuesto s de sac o s, y salchichones pa ra formar las defe nsas inte r iores”.
El día 20 de abril se ordenó al gober na dor de l a Plaza que sacara
un Bando para insis tir en que l os ve cinos de Sevilla fuese n a tr aba jar a las
obras, sobr e to do las del interior de la ciudad y l a pr imera y se gun d a línea d e la
defensas e xter ior es. Asimismo, s e pla nteó que se ría c onveniente obliga r a l os
ha bitantes de los puebl o s cerc an os a Sevilla para que también p artici pase n e n
las obr as 176 . Ademá s, Escalan te r efir ié ndose a Gi raldo de Chaves afirmó q ue
“Ygua lmente prevengo a dicho Dire ctor Y ngeniero n o o mita providenci a n i
medio alguno en adelantar y concluir con l a ma yo r breve dad las espr esadas
obras de forti ficacion e xterior é interi o r de e sta plaza, pr efir iendo sie mpre las
interiores la de los redu c tos, y a po staderos de se gun da linea y todas las de mas
cuya u r gencia sea preferible, s in d esatender ningu na. Po r que todas son
prec isas y debe n fina l izarse co n la prontitud que se encarga fi an dolo al cuydado
que en dicho Director Yngeniero r es id e ”.
Fina l mente hay que señalar que el 29 de abril Jo sé Huet, i nformó
q ue “
acausa del temporal no se habia trabajado e n los puntos de la Cruz del
Cam po , Santa Ter esa, Prado de Santa Just a, y la muralla, y en los res tan tes
solo s eha traba jado medio día
”, razón por la que además aquel día s e
prese ntaron poc os v eci no s a trabajar e n las obras de fortificación .
En relación al mes de mayo de 1809 tam bién existe n n umero sos
informes, en concreto 26, qu e van relatan do l a construcció n de las obra s de
forti ficación en Sevil la 177 . Se estaban fi nalizan do las lí neas de fortifi cación en
los diferen tes sectores pa ra lo cu al se usa ban escombros, la s trin c heras s e
ha bían co mpletado con la co loc ación de filas de salchichones, pro fun diz and o l os
foso s y termina ndo lo s balu arte s. En el caso de Tr iana se ha bía aca b ado a
comienzos de mes ya que la idea sobre el arraba l er a l a de n o co nse rvarlo en
caso de se r ocupado por tr opas en emigas. Con respe cto a la Ba terí a de la
Cha r anga, en el a ctual Paseo de Col ón, se finalizó ha st a la rodille ra
construyendo sus merlones con cuatro filas de sacos de tier ra. En aquel mis mo
luga r se había n co nstruido algun as choz as para alojar a las tropas de gua rdia.
176 La ausencia del personal c i vil en l a s o bras debió se r una constante y a q ue, por ej e m plo, el
24 de abril se i nfo rm ó qu e “
En el d ia de aye r no ocurrio ma s novedad en l os t rabajos d e dha
fortifica ción, q ue es dehaber fal t ado muchos operari os, por lo que no puedo concluirse el corto
trecho de parapeto cont iguo a la Puerta de M acarena
”.
177 En concr eto son l os i nform es d íarios ent r e l os día s 1 y 2 6 de m ayo de 1809. A.H.N. Sección
Estado, Lega j o 34 - E, d ocs. nº 315- 340.
75
Con resp ecto a las obras en la muralla e staban finalizadas continu ando con la
preparación de l as to rres para polvorines y de diversos e d i ficios co mo
conventos par a la demarcación de aspill eras, traver sas y c ortadu r as, par a lo
cual h abía hecho acopio de materiales. Interesante es la noti cia qu e se conoce
gracias al informe del día 5 de ma yo en el que Girald o comunica que había
“
empezado e l r econo c imiento y for ma ción del croquis de todo e lcam po al frente
de la linea pa r a las ulter ior es dis p o siciones de l a defensa”
, diseño qu e pare ce
que sí se ter minó p er o que no h a podido loca lizarse . Fina l mente, tras continu ar
con esto s trabajos a lo largo de todo el mes, e l 26 de ma yo Pe dro Giraldo
informa qu e “
se con tinua n los recon oc imientos interiores y esta na lco ncluirse
todos los trabajos de la linea”,
falta ndo só lo la do tación artillera de los div e rsos
balu artes y pun to s forti ficados que concluyen ese m ismo día a l informar el
co man da nte de la plaza que se ha bí a llevado un ca ñón de 12 pulgadas a la
Torre de l Oro y o t r o d e 8 a la batería de la Puerta de J erez y que s e c ontinua ba
con la co nstruc c ión de las explan adas de la Puerta de la Carne y M onterrey.
Como c onclusión de to da est a actividad es interesante lo que e l
conde de T ore no escribía en 1835 del sistema defe nsiv o de Sevilla :
“
Sevilla, ci uda d va sta y po pulosa, y en la que br illan, según s e
expli ca en su lengu aje se ncillo la crón ica de S an Fernando “muchas y gr andes
noblezas … l as cuales poc as ciuda des hay que las teng an ” ha bía sido po r
ma ndato de la ce ntral cir cunva l ada de tr iples lí neas, para c uya guarnición se
requerí an 50.00 0 hombres. Invirtiéronse por tan to inu ti lmente en di c ha
forti ficación muchos caudales, pues n o pudie ndo de fenderse aquel rec into
confor me a las re glas de la mil i cia, y s olo sí acudiendo al patrio tism o y b río del
veci nda r io , hubier o debido la ce ntr al pensar más bien que en fo rtalecerla
regularmente en entusiasma r lo s ánimos y c uidar de su disc iplin a y bue na
direcció n” 178 .
178 CONDE DE TORENO : Histori a del levanta miento … O p. Cit. Pág. 517.
76
2. LA DEF ENSA DE UNA C IUDAD OCU PADA .
La Junta Ce ntral para e vitar la in vasión de Andalucía había
plan teado u na e strategia b asada e n tres lí neas de de fensa de c arácter
eminentemente estático. La pr imera de ellas e ra el curs o de l r ío Tajo, que
desaparece tras la bata l la de O c aña, la se gun da la propia Sierr a More na y la
terc era e l cauce del Gu ada l quivir y la cre ación de u na serie de fortalezas a lo
largo de su c urso e ntre las que desta caba Sevilla 179 . Evi dentemente, to das las
actua c io nes y obras de fortificación diero n a Sevilla la imagen de una ve rdadera
fortalez a y una ciudad i nexpugnable 180 . En toda Es paña se pensaba q ue la
ciudad pr ese nta ba una capacidad de defensa importan tí sima, u na ciudad c on
grandes indu str ias militares, gr an n ú mero d e tropas y artillería y, sobre tod o, un
rec into fortifi cado bien dis eñado y de impor tan c ia. Se es peraba de la ci udad
que, llegado el caso, mantendría una defensa numantina como había sid o e l
caso de otro s luga r es del pa ís como Zaragoza o Gerona que h abían p asado a
formar parte del imagin ario patriótico po pula r. Po r ello no se entendió en
España e l que la ciudad que había o rganizado e l ejérc ito que ve nció e n Bailén
se rindiese sin comba tir .
La re ndición tr ajo un gran descrédito y puso e n duda la vale ntía
de los ciuda danos de Sevilla en todo e l país 181 . Ya Moreno Alonso expuso que
Sevilla, a l igua l qu e Madrid, fue u n a de las ciudades qu e m enor resi stencia
opuso al ejé rcito fran cés en toda E spaña, por lo que no fue saqueada, ni
arrasada como había ocurri do e n otr as ci uda de s 182 . Tradicionalmente la
bibliogr afía ex pone que no e xistía si stema defensivo o que es te era muy e scaso
y, en la mayor parte de las ocasiones, simple mente se ha bla de pre parativo s de
179 No obstante, S o ult afirm a que “ yo esperaba e ncontrar poca resistenci a en Andalucía. Los
españoles ha bían constr uido for tifi cac i ones en los pasos pr i n c i pales de la Sierra Mor e na y
sobre todo e n el cé lebre desfiladero de Despeñaperros, que atra vi esa la ca rretera pr i n ci p al de
Madr i d por La Ca rolina. Había n amontonado en ese pun to obra s que parecían i ne x p ugnables,
practicando m i nas, acumulando maderas, etc. Per o fa ltaban soldados” . Cfr.: SOULT:
Memo rias… Op. Ci t. Pág. 127.
180 La h i storiografía rec onoce que era d i fícil l a defensa d e la c i ud ad. En ese sentido, E sdaile
afirm a l o siguien t e: “ Sólo di sponía de un pequeño número d e tropas r e gulares; en la plebe
apenas s e podía confiar; y las forti fi cac iones de la ciudad eran de ti er ra” . Cfr.: ESDA IL E: La
Guerr a... Op. Ci t. Pág. 263.
181 Cfr.: CUENCA TORIBIO, José Manuel : Del Anti g uo al Nuevo Régimen. Hi sto r ia de Sevill a,
tomo I I. Sevilla, 1986. Pág. 43.
182 MORENO A L ONSO, Manuel : Sevi lla Nap oleóni ca. Sevi ll a, 1995, pág. 12.
77
defensa de Sevil la y de las fo rtificacion e s que se hic ieron rápidam e nte aunque,
como se ha visto en las página s anter iores, el sistema defensivo de la ciu dad
era muy completo y simi lar al de o tros lugares y ciudades de España 183 . Es
cie rto que este conjunto de fo rtific acion es defe nsivas de Sevilla no de jaban d e
ser un cam po atrincherado de campaña que poca r esis tencia habría podido
ofre cer an te el pode río del E jército Im perial del Mediodía con el rey José I a s u
cabeza. Y a e n 18 35 Tor eno afirmaba que “
cie rto que Sevilla no e ra susceptible
de s er d e fendida milit armente, y s olo lo s sacrificios y el valor de Zaragoza
hu bie r an podido c ontener el torrente de los enemigos….” 184 .
La visió n del s evillano de la épo ca fue la de haber sido traici onado
por sus au to ridades y las perso na s que te nían que dirigirl o e n e l comba t e 185 .
Lo que sí es ci erto es que desde la d e rrota de Ocaña e n noviembre de 1809 el
ava nce de l os ejércitos n apoleónicos hacia A nda lucía e ra im p arable y según
More no Alonso l as medidas toma das eran claramen te insuficie ntes ya que ni fue
posible l a for tificació n de Sierra Mo rena , n i s e disponía de los medios para l a
forti ficación y defen sa de la ciuda d 186 . Contrariamente a esta teoría y como se
ha vi sto anterio rmente las autoridades españolas tuvieron má s de un añ o para
preparar la defe nsa y dispusier on d e medi os suficientes aun que no fue r an
totalmente l os necesarios para una empres a de este calado. Po r autores
franceses se ha afirmado que “
Fau te de moy e ns pour pro téger un fr ont au ss i
étendu (près d e 260 km) et sou rtout de vo lonté c ombative, la déf ense de
l’Anda lousie ne pouva it se prolonger b i en lo ngtemps
” 187 . Por ello Sierra Mor en a
fue fra nqueada sin gran des problem as y la conquista de Anda lucía por el
ejé rcito imperi al fu e casi un paseo mil i tar teniendo las fu e rz as fran c esas, se gún
183 Cfr.: MORENO ALONSO: Sevilla... Op. cit. Pag. 15.
184 CONDE DE TORENO : Histori a del levanta miento … O p. Cit. Pág. 515 .
185 González de León in f orm a que el día 24 de ener o sa lió la Ju nta Central de sde Sev ill a
“ haviendo ya em b arcado y embiado a Cadiz muchos caño nes y otros efectos reales” . Cfr.:
GONZÁLEZ DE LEÓN, Félix : Diar i o de las… Op . Cit. 1812. Págs. 3-4. Por su parte, e n este
sentido es interesante l a c ita d e Blanco W hi te q ue dice en su A u tobiografía: “ Cuando los
miembros de la Junta Suprema se vi eron obligados a buscar su salvaci ón en la hui da – escribió
un testigo pr esencial de los hechos, que aún tuvo ti empo par a aband onar la ciudad - y no
pudieron ocultar por más tiempo la noti c ia de que las tropas fra nc esas se aproxi mab an hacia
Sevi lla sin el m enor i mp edimento, se apoderó de l pueb lo un e stado gene ral de conster nación y
una abu li a total dom i nó la c iudad, de tal m aner a que na di e era ca pa z de to mar una decisión
sobre las medi das que debían adopta rse para defender la ci udad” . Citado por MORENO
ALONSO: Sevill a ... Op. cit., pág. 1 5. Ade m ás habría que va l orar el peso qu e tendría la
propaganda para haber dado es a im agen de ciudad i nex pugnab le. La propaganda c om o
engaño político estaba en ese mom ento tota l m ente activa y co m o e j e m p l o e s i nteresan te l a
noti cia que publica un peri ódico el 28 de e nero e n el que avisa qu e l as tropas fr ancesas h an
entra do en Éci ja per o que desde Carm ona el Duque de Alburquerque ha re conocido e l terreno
y q ue “ El go bi erno h a tomado las medi das m as activas y en érgicas par a imped ir su
aproxi ma c i ón a e sta capital” . Cfr. H.M.S. El Espe ctador Sevi llano , nº 118. Pág. 4 70.
186 MORENO ALONSO: Sev illa... Op. c i t., P ág. 19. De todas form as l os poco s pun tos
defensivos en S i erra Morena ca yeron en p od er fr ancés casi s i n r esistenc i a por lo que la Junta
Central pub li có var i as p roclam as eng añando a la pob l ac i ón s obre la situac i ón re al del co nf li cto
béli co. Cf r .: ESDAILE, Char l es J.: “Los es pañol es a n te l os ej érci tos franceses: Un cue nto de
dos ciudades”, e n La g uerra de Na p o león en España. Reacciones, Imágenes, Con secuen cias.
Ali cante, 2010. Pág. 98.
187 LAFON, Jean- Marc: L’Andalousi e et Napoléon . Contre - i nsurr ecti on, coll abor ation e t
résistances dans le m i di de l’Espagne ( 1808 - 1812). París, 2007. Pág. 206.
78
cálculos del momento, sól o 1 0 0 baja s y las españolas más de 6000 prisi o neros
y 15 cañones apre sados 188 .
A todo l o an te rior hay que sum arle la ri validad ex iste nte entre la
Jun ta Su pe rio r de Sevi lla y la Ju nta Central qu e dificultó enormement e la
organización con e fica c ia de lo s medi os de la defensa de la ciuda d. La
documenta c ión pa rec e mostrar el int ento de enga ñar a la población s evil la na,
afirma ndo q ue la defe nsa sí se i ba a llevar a cabo pareci endo e xis t ir un a
frenétic a a ctividad militar. En ese s entido es significativa la noticia publicada en
la prensa el 29 de enero de 18 10 e n el que la Ju nta Central Suprema inform aba
que l a fuerz a pri ncipal del ejército se estaba re uniendo en Alc alá de Guada í ra,
Mairena del Alc or y Carmona e i nclu so que e l día an teri or, procedente de
Almadén de la Plata y e n direcc ión a Alcalá de Guada ír a había pasado la divisió n
del gener al T o más Ceraín con 4500 hombres 189 .
Con el dec reto de 13 de enero de 1 810 la Junta Cen tral se
au toco nvocó en la Isla de Leó n para ir preparando la convoc atoria de las
Corte s, l o qu e signific ó de hecho, “
la le galización de la hu ida de la ciudad del
gobier no justo en el momento e n que, tan to Sevilla co mo la causa patriótic a,
má s la neces itaba n para o rganizar l a r esistencia y dar ejemplo
” 190 . A partir de
ese momen to se i nició u na hui da per ma nente de autoridades y población qu e
dejaron a Sevi lla totalmente in defensa y a bier ta a l ejér cito de José I. La escasa
gua r nición que qu edaba en la ciud ad la aban donó en dire cci ón al Co nda do de
Niebla bajo las ór denes del Vizco nde de Gun d 191 . El 28 de enero los dirig e ntes
de la Junta de Sevilla v i eron que a pesar de sus intentos er a imposible detener
el ava nce fran c és ya q ue, entre otras r azones, pa r a defe nder las difer entes
líneas de trincheras construidas y la s baterías a r till eras eran n e ces ario s a l
menos 500 00 hombres, núm e ro a todas l uces imposible de abarcar por la
ciudad en ese momento 192 . Richard Ford c uenta el hecho de la siguient e
forma: “
La in vasión fran ces a y la subsiguiente pérdida de las p ose sio nes
trasan tl ánticas h an hec ho bajar a Sevi ll a de sus fl or ecientes alturas. La j unta se
arries gó a librar la bata lla de Ocaña a pes ar de las pesimistas advertencias de l
Duqu e, y fue derr otada; los ve ncedores entonces invadie r on Anda l ucía, y la
“heroic a” ciuda d se rindió en poc os día s (2 de febrero d e 1810), se prese ntar
siquiera u n simu lacro d e luch a” 193 .
No o bstan te, E sdaile plan tea que sí hubo
188 Datos ofr ecidos por LAFON: L’Andalousie... Op. Cit. Pág. 2 06. El m i sm o auto r cita una fr ase
de un so l dado francés q ue sobr e el paso de Desp eñaperros afirm a qu e “ Nou s le p assâ mes
presque sans cou p féri r et lárme au bras” .
189 H.M.S. E l Espectador Sev illan o, nº 119, pág. 474.
190 MORENO A L ONSO: Sevil la... Op . cit., Pág. 2 1 . Es i nteresante l a no tic i a que aporta Cu arter o,
i nform ando qu e l os m onjes car tujos tuvi er on noticia “ el día 24 (de e nero d e 1810) de que los
france ses estaban ya en Córd oba y q ue no había r esistenci a hasta Sev il la ”. Cfr.: CU ARTERO
Y HUERTA : H istori a d e la Car tuja ... Op . Ci t. T om o II. Pág . 458.
191 MADOZ, Pascual : Di cci o nario… Op. C i t. Pá g. 374 .
192 S.H.M . Guer ra ... Op. Cit. Pág. 47. Las l íne a s defensiva de la ciudad h an sido calificadas
com o “ s istema imponente de ba luartes y terraplenes” aun que tam bi én, a pesar de e llo, c om o
débil . Cfr.: ESDA ILE: “Los e s pañoles … O p. Ci t . Pág. 95.
193 Aunque se e quivoque en la fe cha y q ue evidentem ente cuand o habla del Duq ue se r efiere a
W e llington e s m uestra d e l a v i sión británica del hecho y ejem plo de cóm o se vio el tem a de la
79
cie rto c onato de re sistencia e n la ci uda d ya que afirma q ue c uando e l e jér cito
francés se pre sentó ante las mur allas mu chos h abitan te s de Sevill a – afirma que
casi 20000- se s ituaron en las líneas defensivas guiados p or vario s frailes y
plan tearon fuego ante las pocas unidades fran cesas q ue se encontraban a l
alcan ce de sus disparos 194 .
El 31 d e enero de 1 810 e n una re un ión de las poc as au tori dades
que qued aban e n Sevi lla, fu ndamentalmente munici pales, y pe rso nas de cie rta
importancia so cial y, a la vis ta por un lado de los disturbios y el descontento de
la población sevillan a que se había visto totalmente aban do na da y por otr o lado
el observar que el ejérci t o fr an c és se encontraba a las puertas de la ci uda d, se
acordó of r ecer la capitulación de la c iu dad p ara q ue fuese “dec orosa”, entrando
las tro pas fr an ces as, con el re y José I a su cabeza, en Sevill a el 1 d e fe brer o de
1810.
Las nuevas autoridades militares fran c esas so n co nscientes de sd e
el primer momento de, por un l ado, l a n e ce sidad de or gan izar l a a dministración
militar de l t erritorio y, por o tro, de d efender la c iuda d para evitar su ocupación
por l as tropas aliadas españolas, por tugu esas y britán ic as 195 . No se puede
olvi dar que Cádiz seguía sie ndo un bastión inexpugn able y una c iudad sin
ocupar po r el Im perio y que además no te nía proble mas de abastecimien to, ya
que su pu er to se guía abier to y la débil marina i mperial no podía h acer nada
para impedir el c o me rcio y e l avitua l la mie nto general de la plaza. Asimi smo la
fronter a por tugu e sa también e staba libre y expedita ha sta e l pun to que incluso
la Ju nta de Sevilla se instaló en Ayamo nte. Esto hizo que a lo largo del periodo
de o cupación de Sevilla siempre ex is tiese el peligro de incursiones armadas e
incluso de la interven ció n de expe di ciones militares de mayor ran go .
Por todo ello un a de las primera s med i das qu e se tomaron por las
au tori dades imperiales fue la c reación de u n a m ilic ia cívi ca para lo cual se
sol icitó al Ayunta miento listas de los ciudadanos de Sevilla que p odrían fo rm ar
parte de ell as así co mo conocer sus profe siones, e dades y c ualida de s 196 . Par a
rendición de Sevilla en gran parte del m und o aliado. FORD, R i chard: Manual p ara viajero s p or
Andalucía y lect ores en casa que descr ibe el p aís y su s ciudades, los nativos y su s
costumb res; las a nti güeda des, reli gi on, leyendas, bellas a r tes, li ter atura, deporte s y
gastro nomía. Rei no de Sevilla. Madri d, 1988. Pág. 21 0.
194 ESDAILE: “Lo s espa ñol es … Op. Ci t. Págs. 93-9 4. Pare ce ser que entre e stos fr ailes se
encontr aban ocho de l os cap uchinos solicitad o s por l a Jun ta de Sevil l a para que “ fu eran por las
calles d e la ci u dad exhortando á tomar las armas en defensa de sus ho gares, p róxi mos á ser
profa nados por l a bar bari e de los enem i gos” . Cfr.: VALENCINA, Fra y A m bro si o de : L os
Capuchinos de Andalucía en la guerra de la I ndepe ndenci a. Sevill a, 1910. Pág. 108.
195 Para la e structu r a del ejército i m pe rial en l a zona es i nteresante NAVA RRO DOMÍNGUEZ,
José Manuel : “ La organ i za c i ón m i li tar del ejército fr ancés en l a cam pi ña sev ill an a ”, en Anuario
de Investi gaci ón Hespéri des , V ol . XIII -XIV. Cá di z, 2006. Págs. 113- 130.
196 A.M.S. Actas Capitula res de 1810. 2ª Esc. Fol .: 8 v tº y 13 vtº. N oticia cur io sa es q ue, al igual
que con el gob i er no de l a Junta Suprem a, l os m úsi cos de l a Cated ra l intentaron en 181 1
ex i m ir se de participar e n la Guar dia Cív i ca alegando se r m uy necesar i os para el culto, ante l o
que el Cabildo m etr opoli tano dudó sobre si debía pagar o n o para exim i r l os de d i cho serv i cio.
Finalm e nte deci dió que no lo har ía y a que p odían solicitarlo s m ás e m pl ea dos de l a Catedra l y
ad em ás “ no se sabe si e l Go bierno llevar ía a mal que el Cabildo tr atase de exi m ir á sus
80
ello se pu blicó un decr eto el 6 de febrero de 1 810 “
Para la cre acion de un a
Gua r dia Cívica en los qu atro r eynos de Anda l ucía”
y donde se es tablecía n l as
reglas de eda d, co ndic i ón social, form a de alistamiento, funciones e uniforme
que te ndrían qu e usar 197 . En el caso concre to de Sevi lla e stas instrucciones
fueron conocida s y pu e stas en pr áctica s por el A yu nta miento el 14 de fe b r ero
estudián dose en ese m omento como formar las Milicias Cívicas y re alizar la
orde n de ali stamiento en las misma s 198 .
Aun q ue en un principio parecer ía lógico pensa r que el ejér cito
francés aprove charía las obras realiz ada s anter io rmente para defender Sevi lla lo
cie rto e s que no fue así, pro bablemente po rque las autori dades militare s
francesas eran conscientes de su escasa valía ante u na posible ofensiva y el
exc esivo c oste, tanto en tr opas c omo en mantenimiento, que e xigía dicho
siste ma atrincherado. Las autoridades militares francesas conocían la
vulnerabilidad de la ciuda d que sól o sería respetada por la presencia de tropa s
en ell a 199 . Po r ello el 5 d e febrero el Go be rnador Militar ordenó de stru ir la línea
defensiva ex teri or a rgu mentando que era c onvenien te “
allan ar los pro monto rios
de tie rra de la pre tendida fo rtificación de Sevilla para que los bellos alrededores
de l a ciudad q ueden e n su natural her mosura” 200 .
Se decidió demoler la
primera línea de fortificaci ón exterior de la c iuda d en la parte que iba de sde la
batería de la Barqu eta hasta la ve nta de Eritañ a y finalizando en el rí o otra vez
201 . Apa r te del objet ivo e sté t ico y urbanístico qu e s e utili za pa r a justifi car est a
obra, no se debe o lvidar que t ambién e xis tiría u n fi n pr áctic o e n caso de a taque
a la ci uda d, al el iminar una línea defensiva que bien podrí a se r to mada p o r el
enemigo y ser utilizada pa r a hostiga r a la c iudad. Según Mo reno Alonso, la
orde n de Lucôtte era la de destruir esta línea, r ec oger los cañones y parapet os
y llevarl os a la Maestranza y que todos l os pro pieta rios volviese n a usar sus
Depndtes de un servi cio q ue estima cond uc ente a la Seg ur i dad y tranqui l idad pública” . Cfr .:
A.C.S. Autos Capi tul ares de 1811. Libr o 17 4. F ol.: 7 7 vtº y 79 rtº. Estas m i l i cias urbanas se
crean en l a España josef i na p or m edi o d e unos rea l e s d ecreto s a partir de junio de 1809
lle gando a existir 48 e n toda España, fund am e ntal m ente en Madrid, Andalu cí a y Ara gón. Cfr.:
MORA L ES GARC ÍA, F ranci sco Ja v i er: “La Gu erra d e l a Ind epe nde nc i a. Guerr illa s
afran cesadas”, en La aventura de la Hi stor i a , nº 134. Madr i d, 2009. Págs. 50- 54.
197 Prontuari o de las Ley es y Dec r etos del Rey Nuestro Seño r Don José Na p oleon I d el año de
1810. Tom o II . Madrid, en l a Im p renta Real. Año de 1810. Págs. 22 - 26 . Inc l uso el 27 d e febrero
de 1 810 se publicó otro Decreto “ por el q u e se señala un disti nt ivo á la Mi l ici a Cívica” . Éste
consi stía en u n la zo de tafetán roj o en el brazo i zquierdo. Cfr.: Prontuari o… Op . Ci t. To m o II.
Pág. 3 8. Aunque, al m eno s e n el ca so s e v illan o, tuvieron que existir problem as por e l u s o del
uni form e ya que e l 18 de junio de 1810 el A yu ntam i en to tuvo co noc i m i ento de una o rden d el
m ari scal Soult en la que m andaba qu e tod os los m i em bro s de l a M ili cia Cívica, q ue t u v iesen
m edi os y au nque est uv iesen f uera d e se rvi cio, usa sen el un i fo rm e. Cfr . A.M.S . Actas
Capi tulares de 1810. 2ª Esc. Fol.: 6 rtº y Secc ión VII. To m o 1º. Ex pte. 10 .
198 A.M.S . Secci ón X. Actas Capitular es de 18 10. 2 ª Esc. Fol s . 8- 9.
199 SOULT: M emori as… Op . Ci t. Págs. 25 9- 260.
200 A.M .S. Secci ón VII, tom o IV, doc. Nº 61. Ci tado por MORENO ALONSO: Sevill a... Op. Cit.
Pág. 6 7. El Ayun tam i ento ante esta o r den decidió pasa rl a a l m arqués de R i vas pa r a que
di spusiese su ejecució n inm edi ata . A.M.S. Actas Capitulares de 1810. 2 ª Esc. Fol.: 14 v t º. La
cuestión del ar gum en to esté ti co p ara derribar l as fortifi cac i ones anter i ores se pue de ver
tam bi én e n l a carta del go bernador de l a Provincia al Ayuntam ie nto en r elación a li m pi eza de
call es de 22 de feb rero de 1810. A.M.S . Sección VII. To m o 4º Ex pt. Nº 11. Pág. 97 .
201 A.M.S . Col ecci ón Alfabét i ca. Caja nº 1424. y Secci ón VI, Tom o 52, doc. Nº 30
81
tier ras, pero quedaba n encarg ados de la des t rucció n de los espaldones que en
ellas se encontrasen co n la or d e n de “
res tituirlo t o do a su antigu o es tado en e l
prec iso términ o d e quin ce días
” 202 .
Para cumplir dichas ó rde nes e l Ayunta miento de Sevilla encargó a
José Ec ha moros la r e alización de un infor me sobre el a s un to que fue efectu ado
el día 13 de f e brero y e n e l que e l a rquitecto ex puso qu e ha bía rec onocido la
zona an tes a l udida e n la ma r gen izqui er da de l Guada l quivir 203 . E l o bj etivo de l a
interve nci ón debía ser destruir los e spaldones y terraplenar las zan jas
“
res tituyendo su s respectivos sitios á su antiguo ser
” a costa de los
presupuestos m un icipales. Pa r a abaratar la o bra qu e iba a cargar so bre una s
arcas mu y mer madas planteó e l apr o vec ham ie nto de los ma te ri ales (est acas,
tablones, e incluso matorrales ) pa r a r educir los gastos. De todas formas, el
cos te total de la obra lo valo r ó Ec ham oro s en 4400 reales de vellón. En
concr eto, las obras a re ali zar y s u c oste er an las sigu ientes:
Demolició n d e los d os espaldones de l r astrillo de la Ve nta de
Eri tañ a y terraplenar sus z an jas de 25 varas de línea cada u na,
por un total de 300 reales de v e llón.
Allana r los terr enos del espaldón y zan ja desde la Ve nta de
Eri tañ a hasta e l pozo de la nor ia po r un total de 138 varas de
línea, 500 reales de v ellón.
Allana r lo s terre nos del e spaldón y zan ja des de el pozo de la
noria hasta la bater ía de don Antonio Zambra no y o ril la del río
con 6 11 varas de lí nea, con un tot al de 1 800 reales. En esta
parte no se i ncluía la demolic ión de l a baterí a que tení a
completa su explanada c on tablones y tre s cañones sobre sus
cureñas.
Allana r los terr enos de las dos l ínea s contiguas a la Plazuela
del Paseo de la Bellaflor “
donde está la fuente
”, c ada u na con
60 varas, un total de 800 r eales.
Allana r a orillas del río otra luneta co n 72 va r as de lí nea, 400
reales .
202 B .N.M. Sección de M anuscritos, incunables y ra ros. R - 60 0 14/41. Citado por M ORENO
ALONSO: Sev ill a ... Op. c it. Pág. 195 . L a d estrucción de fortificaciones y po si bles ele m entos
defensivos ut i li zab l es por el enem i g o er a una práctica h abitua l . Por e j e m plo , se conoce el caso
de Espoz y Mina que relata en su e x pedi ción a Tafalla que “ Conclui da esta operación, he
manda do destrui r el fuerte y demoler toda s sus obras de fortifi cac i ón, así como ta mb i én un
convento inmedi a to que fue de recoletas y un palacio antiguo por considerarlos a prop ósi to
para establecer g uarni ción el enemigo” . Ci tado en AYM ES, Je an- René : La Gu erra de la
Independ encia en E spaña (1808-1814). M adrid, 2008. P ág. 117.
203 A.M.S . Col ecci ón Alfabét i ca. Caja nº 1424.
88
estado de c onservación del e d i ficio: el recinto fortific a do
usado como cuartel de parte de la gua r nició n (Alcalá de
Gua d aír a), el re cinto usado co mo zo n a de entre na mie nto de
la milicia (Alcázar de A rr iba de Carmo na ), la for taleza usada
como pun to de vigilancia de la e ntr ada (El Al cázar de l a
Puerta de Sevi lla de Carmona ), e l f o rtí n exento d e n ueva
factu ra (Mairena del Alco r), el edifi cio civ il fortificado (la
cárce l d e Carmona ) y el mu ro continu o de cierre (todas las
loc alidades)” 223 .
Probablemente, buscando esta es trategia lo s gobernan te s
militares f r anceses de Se vi lla observaron la imposibilidad de defender la pla za
an te un po sible asedio por parte de un cuerpo d e ejército c on efe ctivos
entrenados y n umero sos. Para el gobierno fran c és e ra de v ital i mportan cia e l
ma ntener en su poder la ciudad de Sevilla por vari as razones. La primera po r su
importancia de c arácter táctico ya que era una de las c iuda des má s
significativas de la Pe nínsu l a Ibér ica co n gran població n y podía se rvir de a poyo
efec tivo a las o peracio nes d e l ejército de campaña napo leó nico. La se gun da es
que S evil la y su entorno geográfico se c onvierte en una fuente de recursos casi
inagota ble para mantener a un e jér cito de ocupa c ión y no sólo con dinero y
fuentes e co nómi c as diversas sino también co n alimentos, v itualla s y pertrech os
militares, no pudiend o o lvida r en este s entido qu e Sevi lla e ra una c iudad que
destacaba de sde siglos an tes por su im po rtancia mili tar desde el pu nto de vista
indu strial. Otra razón e ra l a facilid ad que una gran c iuda d c omo Se vi lla
prese ntaba pa ra po der alojar tropa ya que exis tían grandes e spacios – t an to
an tiguos cuarte les como co nventos extingu i dos y palacios - donde estás podían
perman ece r y descan sar. Y fina lmente, l a pro pia e ntidad simbólica que ten ía
tan to par a franceses co mo españ o les que una ciudad co mo Sevil la y una re gi ón
como An dalu cía e stuviese n en man o s imperiale s. Es una r azón que se podr ía
denomina r ideológica y de carácter político y propagan dís tico . Sevilla era a
todas l uces una c iuda d qu e en el imaginario e uropeo de la Ilustración y del
Prer roma nticismo tenía un atractivo especial. Se la consideraba una c iudad r ica
– en l o económico pero también en s us tr adiciones y en lo c ultura l - y jun to co n
Madrid había sido c apita l de la España no o cupa d a y sede de la Ju nta Su pr ema
y por ello a nivel eur o peo e ra importa nte que s e supiese que estaba ba j o e l
dominio francés y gobernada dentro de la órbita imperial.
Pero para po der mantener Sevi lla había q ue analiz ar primero
cómo de fenderla. Se trata de una plaz a de difícil defensa tan to por su ex tensión
como po r su ubicación. La superficie de la ciudad era enorme, tratando de
dimensiones d e ciuda des de pr incipios del si glo XIX, y exigía un gran nú mer o
de tropas y elementos a uxiliares c om o artillería e in tendencia para po der al
menos pretender ma ntener su p er ím e tro . Asimismo, la si tuación d e la ciuda d
sobre un ter re no muy ll an o facilitaba los movimientos de las tropas e nem igas
de asedio y es to obligaba a te ner qu e fortificar todo su entorno, c o mo había
ocurr id o e n 180 9 suponiendo un gasto y e sfuerzo imponente y no as eguran do
223 NAVA RRO DO M ÍNGUEZ: “ For tifica ciones... Op . Ci t. P ág.: 172.
89
na da efec tivo ya que en el momen to en que se rompier a la línea por un so lo
luga r supondría l a caída de todo el re cinto. El ún ico e lemento natu r al que
podría ayuda r a la defensa er a el r ío Gua dalquivir pa r a cuyo tr án sito sólo existía
el puente de barcas e n Triana .
Es de suponer que este m ism o análisi s lo realizarían los e strategas
del ejército francés y que basá ndose e n la te or ía napoleónica de l movi mi ento
de tr opas plantearían la defensa de la c iudad desde vari os ópticas totalm e nte
difere ntes. La primera de e llas sería a na lizar desde donde era má s factible un
posible ataqu e . Si s e pie nsa la sit u ación de Cádiz y su b ahía a pesar del
heroís mo que demostraba , no pa sa b a de se r una plaza siti ada que, eso sí,
absorbía mucha s tropas y esfuerzos militares de l Imperio f r an c és pero que
afectaba po co al res to del ter ritorio an d aluz. Además, en c aso de romper e l
cer co, e l camino desde Cádiz a Sevilla estaba ocupado c on un gr an n úmero de
tropas imperi ales y u na se rie de pla z as que impedirían el a van ce como Je re z de
la Frontera, Le brija o Utrera. Alg o si mi l ar ocurría con Gibraltar y aunqu e en toda
esta z ona hu bo b atallas y encuentr os militares de importancia, r ecuér d e se
Chiclan a, Vil lama r tín o Bornos, eran movimie ntos c o ntrolados y c erca de l os
campos fuerte s d e las citadas plaza s. El otro se ctor d es de d o nde podía venir el
ata q ue era la zo na de Portugal 224 . De hecho gr an p arte de los esfuerzos
militares f ranceses estaba n dirigidos a c ontrol ar ese área d onde s e agru paban
los ejércit os britá nico, po rtugu és y p arte del es pañ o l. Eso h a cí a que e l at aqu e
desde esta zona, tan to po r el camino en direc ción a Huelva, co mo e l qu e se
dirigía a Extremadu r a, fu ese mucho más viable.
Partiendo de es t os supu estos se pu e de a venturar una hipótesis
sobre el sistema defensivo f r ancés diseñado pa ra Sevi ll a. Así, el recinto
defensivo se debería divi dir en tres zona s o sec tores claram e nte difere ncia dos .
La primera de e lla s es el propio casco urban o de Sevi lla, el segundo sería Tri ana
y su vega y el terc ero los altos del Alja rafe. Con respe cto a la ciuda d s e ha
señalado an teri or mente que una de l a s pri meras ó rdenes que da n las n uevas
au tori dades fr an ces as, c oncre tam ente el 5 de fe brer o de 18 10, es e l derribo y
terr aplenado de la primer a línea de defensa dise ña d a por Pe dro Giraldo de
Cha ve s e n 1809. En la doc umenta c i ón co nsulta da es evi dente que se alegan
razones de ca rácter estético pero no se puede olvidar que los mandos fran ces es
eran c onscie ntes del peligro que entrañaban esas for tificacio nes para defender
la c iuda d e n c aso que fuese n oc upa das por el enemi go . Lo s e sfuerzos para
ma ntener e sa pri mera lí nea debían de s er ingentes como señalan las
innu mer ables notic ias e xistentes e n la época en que fu e c onstruido e l ca mpo
atrincherado de Sevi lla, so bre reparaciones y atención que nec esitaba , tanto
por dañ os realizados po r l as l luvias y el a gua , co mo por incendios o el mi smo
paso del tiempo. Así, el cos t o, tanto económico c omo de esfuerzo y traba jo que
exigían n o deberí an merecer l a pe na pa ra un e jér cito triun fan te que espera ba
conquistar próxi mam e nte el re sto de l terr itorio y no e speraba n ingú n ataque de
224 Recuérde se que l a Junta de Sevil l a se encontraba a l a sazón en l a villa de Ayam ont e
denom i n ándose Junta Suprem a de Sevilla e n Aya m onte y qu e desd e allí i nte ntaba m anten er la
guerr a llegánd o incluso a la publicación de una ga ceta.
90
primer orden. E n e sa idea también habrí a que tener en cuenta q ue un
perímetro defensivo de ta l tam a ño exigía un número de tropas enorme y que
los man dos franceses no estaba n di s puestos a i nm ovil izar su ejército d e es a
ma nera sino en o fensivas y acciones d e movi miento co ntra l o s ejércitos aliados.
De esta forma, una vez der ribada esta primera línea todo s lo s
esfuerzos se podrí an co nc e ntrar, sigu ie ndo la te rminolo gía de G iraldo, en
ma ntener la segunda y la ter cera líne as de defensa donde s e podrían ubicar y
reutiliz ar l o s pa rapetos y sobre tod o las piez as de artille ría existentes . La
segunda lín ea se ría la re utilizació n de aquellas bater ías y tr incheras que se
encontraban e ntre las hu ertas y lo s caminos m ucho más ce r canos a la c iudad.
Por último, la tercera l ínea sería la fundamental y consistirían en las propia s
mu rallas de l a ciudad, donde probablemente se aprovecharían todas las
estr uctura s existentes a nteriormente , como fort i ficación de las puertas con
balu artes y artillerí a, c or t es de las calles que desembocaba n en dichas puerta s,
aspiller ado de edificios, c omunicación de las casa s , siguiendo el mod el o – pe ro
mu cho mas desarro llado - visto para la c omarca de los Alcores 225 .
a) EL RECINTO FOR TIFICAD O DE TRIANA .
Desde esta vi sió n táctica el punto central de to da la defensa imperi al
deberí a centrarse entonc es en la zona de la o rilla de l Guada lqu ivir ,
concr etamente e n Tri an a. Qu ien do mina r a el paso del río y los caminos hacia
Portugal y el Norte peninsu l ar po dría d o mina r toda Andalucía. Comp arando
estas actua c iones en r elación a las fo rtificaciones y defensa l levada s a cabo por
las autoridades españ olas a lo largo de 1809 y la r ealidad de las o bras y
construcciones que hace el ejército napoleónico se puede observar como am bas
destacan la importan c ia de la defensa del arraba l de Triana e stablecie ndo en el
mona s ter io de la Cartuja de las Cuevas e l c entro n eurálgico de la misma. Se
prete ndía por un l ado contr o lar el ac ce so a la c iuda d y, so bre todo, al pu ente
de barcas, e n el camino por el que se suponía podían venir los aliados, y ún ic o
225 De to das form as Soul t está en estos m o m e ntos variando su form a d e lle var la guerra ante
l os incesantes ata ques de las par tidas guer rill eras y de l as tr opas regulares acentuando la
guerr a de m ovi m i en tos. En l a m ayo r parte del territori o realiza unos pocos puestos fo rtificados
(“po stes retranchés”) que serv i r ían para guarn ecer a los enferm os y h eri do s y com o a l m acenes.
Cfr.: AYM E S, Jean René: “Soul t en Andalucía y Suchet en Zar agoza y Valencia: dos m ét odo s
de pa c i ficación diferenciados”, e n Cuaderno del Centen ari o, Nº 9. Madri d, 201 0. Pág. 3 2. A
pesar de este uso de la muralla no es ha bitu al que l os recinto s m edi evale s fu esen útiles para
una gu erra m ode rna. E n el caso de Sevilla se expli ca po r l o llano del terren o y por ser el últim o
el em ento de conte nción ex i stente. Sobre e l u s o de las m urall a s durante la Guerra de la
Indepe ndenc i a véa s e QUIRÓS LINARES , Francisco: Las ci udades e s pañolas en el si g lo XIX.
Asturi as, 2009. P ágs. 129 - 133.
91
pun to de entrada a Sevill a. Po r otro la do, se co ntrolan l os cam i nos de Huelva y
de Extremadu r a para lo cual se usan lo s balua rtes y forti nes e stablecido s en
Sa nta Brígida, San Juan de Az n alfa rac he y Tomares, vigilando y dominan do así
toda la cor nisa del Aljarafe. E n re lació n a estos aspecto s habría que se ñalar
como la vis ión té cnica del e jército Imperial francés er a acertada dado los
nu meros os ataqu es e spañoles y aliado s que s e produjeron e n to rno a este luga r
y que c omenzaron ya desde 1810. Así, por c itar algu nos e jemplos, Cuarte ro
informa que en se ptiembr e de e se añ o e l grupo guerrillero llama do “
del
Man te quero”
o cupó Triana , provo cando un gr an s obre salto y alarma en el
Ejército francés. Asimismo, el 9 de abril de 18 11 parte d el 5º e jército español al
ma ndo del Co nde de Penne Villemur atacó a l a guarnición francesa si tua d a e n
el convento de la Ca rtuja 226 . En jun i o de 1811 ante la incursi ón del Genera l
Blake a l Condado de Niebla, el g oberna dor fran c és de Sev il la Da rric a u se
refugió en la fortificación de la Cartuja con u nos 4000 hombres e ntre franc e ses
y tr opas españ olas leales al rey J o sé. Fina lmente no hu bo c ombate salvo un a
pequeña incursi ón de la agrupa ció n de caballerí a de Penn e -Vil lemur que fue
ah uyentada por la artillería francesa 227 .
Para c onoce r el estado de la s fortifi c aciones francesas en esta
zona es mu y interesante u n docume nto co nservado en el S e rvicio G e ográ fico
del Ejército en Madrid titulado “
Notic ias acerca del es tado actu al dela
forti ficación de Sevilla, según las que ha n podido adqu i rir se y particularm e nte
por las de un sugeto instruido qe salio de aquella ciuda d el 27 de Junio ulti mo”
y que se encuentra fir ma do por An tonio Burrie l 228 . Dic ho documento, fec hado
en 1 812 es uti lizado pa ra prepara r l a conquista de la ciudad por la s tropa s
aliada s y a porta u n a s eri e de ideas de gran interé s. La pr imer a de e llas es
asegurar que el ejérci t o francés s ólo ha bía le vantado nuevas for tific aci ones e n
este luga r y no en ningún otro de la c i uda d y su entorno, expo sici ón qu e como
se ve rá posteriormente era, al m enos en su concepci ón origina l, err ónea 229 .
Asimismo, i nforma que el siste ma defen sivo fr an cés se basaba e n aprovec har
en la medida de lo p osible las oportun idades que daba el paisaje, teniend o en
cuenta qu e Sevilla se e ncuentra en un a zona llana u ti lizando pa ra ello el
mean dr o que ha c e e l río entre San Juan de Aznalfarache y La Algaba, pa r a
conver tir el arr aba l de Tri an a en cabeza de puente de to do el sist ema
defensivo . E n ese sentido, el convento de la Cartuja “
que s e halla a u n tir o de
fusil à la der echa de dho Barrio”
servía como ele mento de apoy o de toda s las
forti ficaciones, fun cio na ndo como ci udadela todo e l terreno qu e rodeaba al
convento y qu e fue modificado al efecto. El docum en to, informa tam bién que e l
226 CUARTERO Y HUE RT A: Histo ria… Op. Cit. Tom o I I, Pág. 478 .
227 Cfr.: PRIE GO LÓPEZ, Juan (Se r vicio H i stóri co M ili tar): Guerra d e la I ndep endenci a 1808 -
1814. Volúm en VI: Camp aña de 1811 (Segundo Período). M adrid, 1994. P ág.: 41.
228 Servi cio Geográfico de l Ej ér ci to (S.G.E.). Me m or i as e i tinerarios descriptivos de España. Sig.
C-66, nº 41. Anto n io Bur riel, Tenie nte Coronel , era un m i li ta r profes i o nal que estuvo en la
batalla de Med i na de Ríoseco el 14 de julio de 180 8 y en la de l a A l bu era el 16 de m ay o d e
1811, donde ejercía l as func i on es de jefe de E stado m ayor . Incluso escr i bió un li br o sob re ell o,
Cfr.: BURRIEL, Antonio: Batalla de la Albuera. Cádi z: Im p. del Estado Mayor, (1811?).
229 Textual m ente d i ce: “ La nueva fortifi cac i ón d e Sevill a se halla toda hacia las aveni das de
Ex tr emadu ra y e l condado de Nievla por la ori lla de recha del Guadalq uivir ” .
92
llama do Fuer te de Cartuja se co mponía por c uatro baluartes completamente
artillados y que tenía suficientes municiones “
de gu e rra y boca”,
aunque e l
res to de las fuentes gr áficas y las docu menta l es del momento ha blan siem pre
de c inco ba luartes.
Asimismo, existían o tros cinco rec intos impor tan tes que
completaban el sis t e ma defe nsivo fr ancés d e l a ciuda d. El pr imero d e ellos sería
el mismo ba rri o de Trian a que te nía fo rtific ado todo su per ímetro ext erior con
un p arapeto de tie rra y un foso , ambo s de poc a entidad flan queado po r tres
baterías. Seguidamente estaba la l lamada Baterí a del Patroc inio situada a la
dere cha e n la salida del ba r rio ha c ia e l c amin o de E xtre madu ra compuesta de
un a batería artill era qu e cruzaba sus fuegos c on la fortalez a de la Cartu ja
“
dequien dista poca mas del ti ro de fu sil”
. Por otro lado se situaba la Batería de l
camin o del Condado, situa d a e n el extre mo de la calle de los Remedios en el
camin o hacia e l condado de Ni ebla. Esta calle venía dir ectam ente desde el
Puente de Barcas y se c omponía de una batería artille ra que cr uzaba s u f uego
con la baterí a de l Patrocinio. Po r últi mo la denomin ada B atería del Ca mino de
Sa n Ju an de Aznalfarache q ue estab a s ituada a la izquier da del barrio, c er ca del
río , en la salida hacia San Ju a n.
Todas esto s puntos fortificados tenían su or igen en la or gan i zación
de la defe nsa española previa a l a o cupación, y su funció n era vi gilar y
defender el terreno l lano existente ha sta la c or nisa del Aljarafe, do nde h abían
situado una ba te ría en el Ce rro de San ta Brígida, q ue en eso s momentos no se
sabía si se guía en f uncionamiento 230 . Por el lado de Sev il la, e s decir, la o rill a
izquierda del río, l os diversos informes avalan que no había construida nin guna
batería qu e flanquease y apoyase a t odo el r ecinto defensivo de Tr i an a. Lo que
sí existía era un ber gan tín de apoyo que estaba atr acado a las e spaldas del
mona s ter io c artujo 231 . As imismo, frente al co legio de San Telmo colocaron u n
místico dota do con tres piezas de art ill ería aunqu e fina l me nte fu e retir ado por
su po ca e fec tividad, dada la a ltura d e las or illa s del r ío e n aquel lugar 232 . Po r
último, también se inició la co nstrucci ó n de otr a batería en la altura e xiste nte al
lado de l a Barqueta, para vi gilar e l r ío y los camin os de Brenes y T oc ina, que se
encontraba flanqueada a su dere cha por la for tale za de Cartuja, aspecto que se
ver á má s detenidamente con posteriorida d.
Esta información s e c ompleta con la aportada po r c uestiones
refe rentes a la liber ación de la ciudad. Así se co noce qu e ad emás de los pu ntos
defensivo s ya s eñala dos el ejército fra ncés ha bía situa do distintos rec intos
forti ficados en toda la co rnisa del Aljarafe. En concreto , ademá s del ya conoci do
del Ce rro de S an ta Brí gida q ue te nía u na b aterí a artil ler a y qu e alcanzaba en su
230 Com o m ue stra de la fo rtificac i ón existente en el Cerro de Santa Brígida se ha n hallado allí
en ex cavaci ones arqueológi c as recientes algunas balas de cañón y de trabuco d e esta época.
Cfr.: VILLEGAS, Feli pe: “Desm onta ndo l as tesi s de Carri azo”. En: Diari o d e Sevilla , 10- 12 -
2002. Pág. 5 0,
231 Para que pasara este bu que, tuvieron que q ui tar un a de las b arcas del p uente de Triana,
que lueg o fue ot ra vez situada en su l ugar.
232 El místico er a una embarcación de dos o tres mástil es con su cubi erta en forma de azotea.
93
parapeto de pro tec ción lo s d o scientos pasos de cir cuito, ex istía o tra batería e n
Tomares, y como ce ntro de la l ínea u n for tín e n Castilleja de la Cuesta, sim ilar
al de Santa Brígida pe ro c on un parapeto má s alto, una banqu e ta m ás an c ha y
ele vada y que t enía ademá s un a empalizada y un foso 233 .
a.1. LA FOR TALEZA DEL MONAST ER IO DE LA CART UJA
Todo el si s tema defensivo francés s e basaba en la exis tencia de
un re cinto fo rtific ado en el monasteri o de la Cartuja de l as Cuevas, q ue tam bién
ha bía sido utilizado anterior mente por e l sis tema de defensas españ ol en 1 80 9.
Este con vento pre sen taba vari as ventajas como for taleza. En primer lugar se
encontraba aislado de l caser ío del arraba l de Tri ana y e videntemente del de
Sevilla, ro d eado por una gr an e xte nsión de tierras d onde se e ncontraba n s us
hu ertas y tierr as l ibr es y si n e dificar, prote gidas po r e xtensos y fuer t es m uro s
levanta dos para evitar los da ños de las creci das del rí o , lo cual creaba un
posible campo o tierra de nadie d e fácil defen sa. Su ubicación a o rillas del
Gua dalquivir h acía qu e si rvie se no sólo para defe nder la c iudad sino tambié n
para contro lar el tránsito por e l río . Las o bras de fortifi cación que s e re aliza r on
en dic ho m o nasterio m erece n un tratam iento especial ya qu e fue la
construcción militar más im portante de todas las que hizo el e jército fran c és en
la c iuda d, f ue además e l ce ntro de to do el recinto d efensivo d e Tr iana ya que
prote gía el luga r por donde se so sp e chaba po dían venir lo s posi bles ataqu es
aliados pa r a l iberar la ciuda d, com o así oc urrió ef e ctivamente en 1 812 234 . No
obstante, la de cisión de crear la fo r t aleza fue un o má s de los desencuen tros
entre el Mariscal Soult y e l Re y Jo sé I qu ien no ve ía la nece sidad de i nvertir
ningun a c antidad e n esta o bra. Po r su parte Soult l a arg um entaba diciendo que
“
… el re y se negó a aproba r mi p royecto d e c r ear una ci uda de la en Sevill a. Y ,
sin embargo, co nocía la necesi dad de crear allí una base s egura. E ra la ll ave de
todo e l sis t e ma de lo s e jércitos france s es e n el mediodía de Es pañ a. Tenía qu e
233 B.N.M. Sec ción de manuscrit o s, in c unables y raros . R. 61261. Carta dirigida por un a m igo a otro
resident e en Cádiz , en que le comunic a lo o currido en la reconquista de Sevilla el 27 de ago s t o de 1812,
por las tropas del cuerpo expedicionario al mando del Mariscal de Campo D. Juan de la Cruz Murgeon. En
Sevilla. En la Imprenta de D. Josef Hidalgo. Año de 1812. Este s istema de e s tablecer diversos lug ares
atrinc herados para def ender un punto es ut ilizado por el ejércit o franc és habit ualmen t e. De esa forma s e
conoc e, por s eñalar un ejem plo del mom ento, que en Granada en 1810 habí an cons truido diversos
atrinc heramientos m uy fuertes y grandes en torno a la Alhambra y que dominaban toda la montaña y que
se co m poní an de cuat ro lí neas de e m paliz adas de fendidas por t reinta y seis piezas de ar tillerí a de gr ues o
calibre. Cfr.: BLAYNEY, Andrew -Thom as : España en 1810, Memorias de un pris ionero de guerra in glés.
Sevilla, 2009. Págs. 71 y 91.
234 La for taleza de Cartuj a se o rgan i za com o u n centr o m i l i tar p ara de fender l a c i udad d e los
ataque s ex te rior es y no tan t o com o un centr o de control m i li tar de l a c i udad c om o ha si do
señalado en algunas ocasiones. Cfr.: LÓPEZ, José Ram ón : Gu ía de M useos d e Sevi lla. Sevilla,
1994. Pág. 1 14.
94
estar a l a br igo de c ua lquier agr esión y dejaría dis ponibl e s a las tr opa s
empleadas en su gu arnició n…” 235 .
Las obras e stuvieron a cargo del gen eral Le ry, c o man dante de
ingenieros del e jér cito imperial, a q ui en l e fue encargada dire ctamente por e l
duqu e de D almacia el 3 de abril de 18 11 236 . E l o bjetivo de Soult era que l a
forti ficación sirviese como de pósito de artillería y admin i stració n general del
ejé rcito por lo qu e se establecieron e n e l mona sterio d i ferentes ofic in as,
alma c enes, c uarteles y establos . E se mismo día le fue comunicado a Eusebio
Herre ra, Alc aide del Alcázar, que de bía poner a dispos ició n de Le ry el castillo y
otras alturas de Sa n Juan de Azna l farach e, el recinto de la Cartuja y las iglesias
y principales edific ios en la c abecer a del ba r rio de Triana c on el fin de iniciar la
forti ficación e n to r no a la Cartuja y el arrabal. As imismo, debían ser entregada s
tam bién las tie rr as que ro d easen l as z onas a fo rtificar, o rde ná ndose que lo s
veci nos de los inmu eble s afectados los desocupasen inm ediatam e nte y s e
llevaran s us pe rtenencias a exc epci ón de puertas, vent ana s y aq uellos objetos
del interior de los edificios que pudiesen ser utiliz ados en l as o bras de de f en s a
para evi tar gastos. Po r último, lo s vecinos de bían levantar l as s ementeras que
tuviesen en la zon a pa ra evi tarles cua lquier daño.
A partir de e stos momentos el alca ide del Alcázar comenzó a
intenta r proteger e l mon asterio y s us pertenencias al se r propiedad de la
Coro na a causa de los decr e tos des a morti zadores de 1809. Permitió la e nt r ada
de las tr opas francesas en e l r ecinto pero puso a salvo l o s papeles del a rchivo y
otro s objetos en el Alcázar y e lementos agrícolas en e l cortijo de Gam bo gaz. El
8 de abril H errera e scribió al Marisc al Soult, comun ic ándole qu e había c ump lido
las orde nes ref erentes a franqu e ar el paso a las tropas al monaster io lleván dose
sólo los papele s del archivo. No obsta nte, le informaba “
como tan ilustrado e n
el gusto delas be llas Artes”
que e n la iglesia y en la c apilla de la Cartuja h abía
objeto s artísticos de mucho valor que podían perder se si se alojaba n allí las
tropas y pres idiarios e ncargados de e fectuar l a co nstrucció n de la forti ficació n.
Para evi tarlo, proponía como alojamie nto e l granero del mona ste rio que era un
rec into d e mayor tam añ o y alejado d e lo s templ o s. Com o respuesta e l jefe de l
Estado Mayor le co mun ic ó al d ía sigui ente que Soult ha bía or denado que n o se
alojase nadie ni en la iglesi a ni en la capilla. Dichos recintos serían usados como
alma c én de comestibles po r lo que “
no e s pues de t emer se co meta en e llas
algu n a degr adación o pe rjuicio ”.
Asim ismo, se orde nó al c omandan te de la
forti ficación qu e debía co nservar c on cuidado todas los ele mentos del convento,
al ser propiedad real, principalmente los o bjetos artísticos “
y cosas preciosas”
e
235 SOULT: M emori as… Op. Ci t. Pág. 146.
236 Arch i vo d el Real A l cázar d e Sevilla (A.R.A.S ). Caja n º 495 . Ex pedi e nte n º 12. Estas no t i c ias
apare cen tam bi é n c i ta das en RAMOS SUÁR EZ, Manuel Antoni o : “ El Monaste rio de l a C artuja
de S evill a. Oc upa c i ón napoleóni c a y vuelta al o r den. ” En Archi vo Hi spalense, nº 256 -257,
Sevilla, 2 001, págs. 212- 213. La r eferencia a que el m onaster i o se convirtió en una auténtica
fortale za y su re l ación con l os p uestos de la corn i sa del Alj a rafe e s redundante en la bibliog r afía
sobre el tem a. Véase por ejem pl o: ANTEQUERA LUENGO, Juan Jo sé : L a Cartuja d e Se villa.
Madrid , 1992 o la ya citada obra de CUARTE RO Y HUERTA : Histori a ... Op. Cit.
95
incluso l os árboles. Por último, se mandó a H er rera que él decidiese el de stin o
de dichas propiedades 237 .
Las obr as de f o rti fica c ión tuvie ron que ser complejas y largas ya
que e xiste n notic ias do cumenta le s so bre ellas a lo largo de los años 1 811 y
1812 y afectaro n a todo el ter ritorio q ue ci rcunda ba el r eci nto mona c al. Fueron
un as obras de gran envergadura y aunqu e no se conoc e l a documentación
francesa sí existen relatos que ha blan de ellas. Así, Morales Padrón afirma que
“
los re ligios os no pudieron menos q ue adm i r arse al contemplar los c am bio
introducidos p or los fra ncese s o cupa ntes, que había n c onver tido e l monasterio
en un cuartel -for taleza. Como tal, sufrió notables transformaci o nes: fo so,
puente l evadizo, puertas tapiada s, troner as, tabiques derribados, nuevas
puertas en la m uralla, e tc. L a iglesia y e l r efe ctorio sir vier on de a l macenes ; la
sacristí a de carnicería... los daños eran notables
” 238 .
En pa rte se pu e de conocer el estado y la composición de la
fortalez a de la Cartu ja gracias a la desc ripción que hiz o al regreso de los
monjes a fi nales de 1812 el padre Co rona y qu e re coge Cua r ter o y Huer tas 239 .
Así, s e sabe con re specto al exterior del r ecinto, que l os ingeni e ros fr anceses
ha bían realizado una gran c alzada qu e daba c omunicación a l a for taleza con el
Pa trocinio y que, s e puede suponer, debía permitir el paso de carros pesados y
artillería. En medio de e lla existía un gra n rastrill o que ro d e aba h asta las
baterías que se encontraban en to rno al c onvento y permitían el a c ces o al
mona s ter io po r medio de dos gra ndes pu er tas que estaban fuertemente
custodiadas “
para que ninguno pu di ese en trar ni sali r de dicha fo rtaleza sin
permiso d e los je f e s fr an ceses, dado p o r escrito a l o s centinelas que allí estaban
de guardia”.
En la zo na de la P uerta del Río se había co nstruido una peque ña
casa que ser vía para custodiar un m uelle donde se ubicaban algu n as barc as
que se u ti lizaba n par a acc eder a Sevill a y “
un a flo till a que te nían de diez o d oc e
barcos, que le s se rvía para traer de Có rdoba trigo y demás víve res que
necesi taban , y los de sem barcaba n alli, y luego los depositaba n en lo s
alma c enes que e n este mona ste ri o te nía n para soc orro d e sus ejércitos”.
Todo el conju nto m onacal e staba rodeado por un foso en el que
exis tía un pu ente levadizo cerca de la puerta en torno a la cual se había
construido a su vez un cuer po de gua r dia. Co n res p e cto a la puerta de acces o a
la fortalez a el padre Coro na afirm aba “
reparamos qu e eran las p uer tas
principales que servían en la e ntrada principal de l a p uer ta que e stá mira ndo a
Gam bo gaz, cuya puerta la tabicaro n de fi rme, y por cima hicie ro n s us tr oner as
para l a fu sile ría”.
Los ingenieros m i litares derriba ron las tapia s de la
gala paguera y la huerta pa r a per mitir el paso d e l os carr os que l l evaban la
237 Probablem ente Herrer a se llevo todo lo que pu do de l m o naster i o. Así, en e se se ntido, se
sabe por ej em pl o, que el gene ral Le ry solicitó e l 28 de abril de 18 11 , d os yunques q ue se
habían llevad o del m onasteri o y le ha cían falta para continuar las obr as. Cfr.: A.R.A.S. Caja nº
495. Expedien t e nº 12.
238 MORA L ES PADRON, Franci sco: “La Cartuj a y el Río”. En: Hi stor ia de la Cartuja de Sev i ll a .
De ribera del Guadalqui v ir a recinto de la Ex p osi c ión Un i ve rsal . Madri d, 1989. P ág.: 208.
239 CUARTERO Y HUE RT AS. H i storia... Op. Cit. Tom o II, pá gs. 484- 486.
96
artillería y mun i cio nes para las cinco b aterías ex teriores a las cuales le s abrieron
su c or respondiente pue r ta e n l os muros e xteriores de l m o na ster io y
construyeron e dificios para la dotación de c ada una de e llas y c uerpos de
gua r dia j unto con un terraplén que lle gaba hasta el cab allete del mu ro del
convento. Es evidente qu e los m uros ex teriores del m onasterio presentaba n
un a gra n fortalez a ya que habían sido r efo rzados contin uamente po r lo s monjes
para evitar las re petidas i nunda c iones del Gua d alquivir y además, según
Cua r ter o tenía n “
en los lugares m ás expu esto s a la fuerza de la corriente del río
los correspondi e ntes vértic es, qu e, h aciendo de tajam ares, cortan la viole ncia
de las agua s e n l as grandes avenida s e inu ndaciones del Betis ”.
En es tos muros
las tro pas francesas abrier on c inco pu e rt as frente a c ada una de las ba terí as
que se encontraban fuera del r eci nto. También, los muros e ntre la c errajería y
la bodega fueron abiertos para el a cce so de carros, así como la de la huerta del
olivar que i ba desde la Capilla de Afu era y se guía h asta el almacén del agua .
Si los cambios en e l e xterior del reci nto m onástico asombraron a
los m o njes a su r etor no mayor fue s u asombro u na vez que c onocie ron la
situación de l interior “
y vimos el gran tr astorno qu e había n hec ho en la c asa”.
¿En qué c onsistiero n estos cambios? F ueron muy variados y todos e ncam inados
a co nvertir el monasterio en una for taleza defe nsiva inex pugna ble para lo cual
reutiliz ar on todos lo s e spacios para su nueva fu nción militar c omo s e puede ve r
en e l hecho que e l alma cén de pólvo ra e r a la bodega y a su ve z la cuadra y e l
granero se c onvirtieron en los depó si to de armas. La capilla se utiliz ó para
ubicar las máq uina s qu e f abricaban los cartuchos y mec ha s y la igles ia se ut ilizó
de almacén de víveres y de b o dega. Co ro na informa asimismo que e l Capítulo y
la Capilla de la M agda len a eran l a boti ca, la sacristí a era c arnicerí a y el
refe ctorio el alma c én de gran o. Asimism o , en l a zo na de la huerta de la Capilla
de Afuera se levantó u na plaza de armas, n e ce saria pa ra la o rganización militar
y el adiestr am iento de las tr opas. En esta misma c apilla instalaron t ambién otro
taller donde s e ubicaro n las máqu i nas p ara la f abricación de c artuchos y
mechas 240 . Po r último, e n e l espacio d o nde se ubicaba e l archivo s e instaló la
Plan a Mayor del Ejé rc ito I mperial por lo que fue u no de los re cintos que mejor
se c onservó de l co nv e nto. Al co ntrario de lo s ucedido e n los l uga r es donde viví a
la gu arnici ón de tropa s que era en l as celdas de los monjes y en el c l au stro
grande donde además guisaban co nstr uyendo “
un a c oci na a la francesa, co n s u
gran tinglado encima, que te nía die cis e is f ogo nes, en medio del c ampo s an to”
y
donde l as tr opas estaban vi viendo “
al estil o de tro pa soez, dejándolas co mo
zahu r das”.
Fina l men te, c on r espec to a las h uertas e l de strozo fu e e nor me ya
que según Cua rte ro los fran c ese s ha bían c ortado má s de do s mil pies de
na ranjos , e incluso el res to del terreno se había co nvertido en un erial habi e ndo
derr ibado las d o s norias de la Huerta Gran de y ce gan do lo s poz os.
No obstante, e stas noticias tuvie ron que ser co no cidas casi en e l
momento y c rearo n una i magen que per duró e impresionó duran te bastante
tiempo. En ese se ntido es interesante c ua ndo For d afirma si guiendo a Laborde
que “
le ma r èc hal Soult, e n fit un e exce llente citadelle, dont l`Eglise d e vi nt l e
240 CUARTERO Y HUE RT A: H istoria... Op. ci t. Tom o II, pág. 565.
97
Maga sin ; la Bibliotè que ne valoi t r ien : ell e ha ser vi pour faire de s gargousses
”
241 .
Actualm ente, las obras de c onstrucci ón de la for taleza de la
Cartuja de sde la per specti va arqueoló gica están analizadas en l as memor ias
realiz ada s pa r a la convers ión del recin to en Pabellón Real co n motivo d e la
Expos ición U niversal de Sevilla e n 1 992 . Así, se sabe que la c onversión e n
fortalez a del monasterio afectó a to do el recinto, habiendo co nst ancia
documenta l de q ue se efec tua r on c uatro r ompimientos en las m urallas de l as
hu ertas, e n el convento y en la atarjea, coi ncidiendo c on los baluartes
mencionados por diversas fuentes biblio gráficas y qu e costaron u n total de
30000 r eales 242 . S e gún esta doc umentación los cos t es a lo largo de 1811
fueron ingentes incluye ndo sobre todo derribos de diversos e d i ficios, casas y
cor ta de árbole s, r eparán dose a simismo lo s acc eso s al r ecinto ya que el camino
que c onducía desde Tria na a la Car tuja tuvo qu e ser acondiciona do para el
tránsito de tr opas y diversos avitua llamientos d e gran volumen 243 . No o bstan te,
la fo rtific ac i ón debió realizarse básicam e nte r efo rzando mu ros y rec intos con
ma deras, piedras y tier ra y pr eparando diversos baluartes dotados c on artillería
y aspille ras 244 . Para tod as estas o bras se utilizaron can tidades in gentes de
ma teri al y prueba de e llo so n l os n umero sos documentos e xistentes que aluden
al s um inistro de maderas para la Cart uja. Di chos e fectos debían se r costea dos
por el Ayun tam iento quien no po día hacer frente a los gastos, po r lo que
decidió en julio d e 1 811 r ealizar un ex pediente co n to das las reclam aciones
exis t entes s obr e este hecho 245 . Se con o cen múltiples noticias sobre aspectos
eco nómic os d e la c onstrucción del re cinto fortificado, s obre to d o l os re cursos,
petici ones y a lgun os pa gos a los sumi nistr adore s de madera. Por e j emplo, el 15
de julio se le paga r on a Francisco Javier Gi l un importe de 4.470 reales por las
ma deras aportadas a la forti ficación de Cartuja 246 . También se sabe que e l
Ayun tamiento invirtió en o bras de la Cartuja y P uerta del Osario de 23 .916
reales y 19 mara vedís 247 . Po r último, el 9 d e diciembre d e 1811 existe un a
orde n del Marisc al Soult para el p ago de 394 .061 maravedís por cuenta de l as
contribucio nes atrasada s e n favor de lo s suministradores de mader as
entregadas al c uerpo de in genier os pa r a la forti ficació n de la Cartuja y su ste nto
de lo s cabos de l puente de barca s 248 .
En 181 2 ta mbién exi sten notic ias dispersas sobre los gastos que
conlle v ó esta c onstrucción. El 9 de ma r zo se le pagaron a Manuel Rosendo de
241 FORD, Ri chard: Manual … Op. Cit. Pág. 280.
242 A.R.A.S. Caja nº 495. Ex p . nº 56.
243 A.M.S . Actas Capi tular es de 18 11. 2ª Esc. Fol.: 204 vtº.
244 La construcc i ón de e s ta fort i ficación tuvo q ue afectar m uy negativam e nte a la cons ervación
del r ecinto m onásti co . Cfr.: LLEÓ CAÑAL, Vicen te: “ Im áge nes d e l a Ca r tuja”. En: La Ca rtuja
recupe rada Sevi lla 19 86 -1 992. Sev ill a, 1992. Pág.: 14.
245 A.M.S . Actas Capi tular es de 18 11. 2ª Esc. Fol.: 107 vtº.
246 A.M.S . Col ecci ón Alfabét i ca. Caja nº 1424.
247 A.M.S . Col ecci ón Alfabét i ca. Caja nº 1424.
248 A.M .S. Actas Capi tular es de 1811. 2ª Esc. Fol .: 217 vtº. Asimis m o, existe l a petición de los
sum i ni str adores que p i den el pago el 19 de diciem br e. Cfr.: A.M.S. Actas Cap itulares de 1811.
2ª Esc. F ol.: 232 r tº.
104
- 4 embargadores por un total de 840 reales mensua le s.
- 4 Guías para ll evar mensajes y partidas de tropa se c alculaba un total de
4.000 reales mensu ales.
- Obras de r eparación e n los pu e stos de gu ardia , un total de 400 reales
mensu ales.
El 15 de agosto de 1812 el Mariscal Soult fir ma una orde n
ma rcando las pauta s a seguir e n c aso de una posi ble e vacua ció n de la ciudad
275 . En ell a se es table cía que las autoridades francesas debían recoger y llevarse
todos los cauda le s, papeles y co rrespon dencia más importa nte y q ue “
para fi x ar
en el conce pto publico una idea j u sta de las r ectas i ntenciones de S.M. y
atender como es de bido á lo s que se emplean e n s u Real ser vici o, dispon drá
V.S. inmediatamente, ver ifíquese o no la salida, pagar qua nto se pu eda de la s
mesada s atr asada s y o tro s
creditos
lexitimos”.
La c iuda d fue l iber ada e l 27 de
agosto tras un a cruenta batalla que tuvo sus pr incipales pun to s d e comba te en
el Puente de Barcas y e n la Pu erta d e l Aren al. Aunqu e el Mariscal Soult h abía
orde na do e vacuar l a ci udad, pe rmanecía en el la un contingen te de tr opas co n
la o rden de destruir el puente para evita r que las tropas aliada s cruzasen el rí o
ha cia la ciudad, acció n qu e finalmente no se llevó a ef ecto 276 .
a.2. EL FORTÍN DE SAN CLEMENT E
No o bstante, el recinto de Cartuja y de Tr iana se vio apoyado, al
menos teóricamente, por otra fortaleza que se construyó en la c iuda d y de la
cual se dan notici as por primera vez . Se tr ata de l pun to defensivo y for t ificado
organizado en el Mona s teri o de Sa n Cl emente en la otra orilla del río, uno de
los pocos c o nventos de cl ausu r a fe meninos que fue oc upa do por las tro pas
imperiales.
Este pun to de apoyo for t ificado tendría un triple o bjetivo milita r. El
primero de ello s era e l d e vigilar e l mean dro del río a l a a l tura de la B arqueta y
así favorec er y pro teger las co mun ic aciones po r barco que aba s tecí an el
estableci mi e nto defensi vo p ri ncipal d e la Cartuja. El segundo de e llos era la
prote cción de los accesos al Puente de Barcas ya q ue se cr eaba u n pu nto fuerte
con dotación de tropas y en un lugar de fácil acces o al mismo. Por últi mo,
275 A.G.I. Indife rente G ener al. Leg. 3124B. s.f.
276 Vid.: B.N.M. Sec ción de manuscrit os, incunables y raros . R. 61261. Carta dirigida por un amigo. .. y
A.G. S. Se cret ar ía de Estado. Leg. 8174. S .f. Correspondencia del/con el embajador en Inglaterra – C onde
de Fernán Núñe z- a la J unta. Cartas de 26 de ago st o de 1812, 29 de agost o de 1812 y 30 de sept iembre
de 1812.
105
destacaba e l apoyo, artillero y de fusilería, que se daba a la o rilla co ntraria del
río y la fortal e za de Cartuja.
Gracias a la documenta ció n co ns e rva da en e l Archivo del Re al
Monasterio de Sa n Cle mente de Sevi lla se pu ede t ener c ierta idea de en que
consistió la intervención m ilitar f rancesa y que a lcance tu vo c o n r especto al
edific io y la i nstituci ó n monástica. La or den d e expu l sión fue dicta da el 1 0 de
julio de 181 1 y sólo afecta ba al re cinto c onventua l y no a la igles ia que se vio
tapia da y así prote gida de posi bles e xpolios 277 . La idea militar francesa era
realiz ar un fuerte “
que se c omunicara en defe nsa con el de C artuja ”
y aseg urar
la co mun ic ación po r lo que te ndrí a que utiliz ar fundamen t almente San
Clemente co mo alojamiento militar de apoyo a la defensa de la or ill a del río y
de la B arqueta 278 . González de Le ón fec ha el traslado de l a comunidad e l 2 2 de
julio de 18 11 explicando que “
Por o rden del gobie rno frances, s e man dó alas
monja s de Sn Cl emente que deso cupasen suConvento por necesitarse para l as
forti ficaciones y bateria s que se estaba n hacie ndo enel blanqu i llo , y puerta de la
barqu e ta” 279 .
Para la or gan i zación de la fortificación lo pr i mero que se plan te ó
fue tr aslada r a l a co mun id ad de monjas al ve cino monasterio de San ta Clar a y
poster iormente se organ i zó un a visita de inspección pa r a el 28 d e juli o de 1811
formada por e l Jefe del Estado M ayor de Ingen i er os fran c ese s junto c on dos
capellanes pa r a estudia r que era n ece sari o realizar en el convento, au nque
fina lmente es ta inspección n o s e ll evó a c abo.
En r elació n a la intervención co ncre ta se sabe que la defensa
exte rio r del r ecinto consistió en c ercar el edificio c on un fo so y una empa lizada
y la c onstrucció n d e troneras para f usiler ía afirmá ndose e n la do cumenta ció n
que “
esto da l a defensa c onstruida y e s de cree r que no ha r ian mas por q e el
edific io no lo per mitía”.
En concreto, se abrieron varios hu e cos e n los m uro s
exte rio res como fuero n ciento cuatro miras para f usile r ía y una puerta gr a nde,
en el muro que se orientaba al Blanquillo, se supone que pa r a el trán s it o de
artillería, carros y pertrechos.
A nivel interio r el fo rtín parece que estuvo o cupado por tropas de
ingenieros y como o b r as en e l recint o se re alizaron lo s alojamientos pa r a los
soldados y almacenes para pe rtrechos militares, algu nos de los cu ale s
perman ecí an e n el convento cuando vo lvieron l as monjas en 1812 . Todo e llo
obligó a la comunida d a iniciar la repa ració n del c onv ento un a vez retornada s a
él pero tuvieron que asumir grandes gastos y ante la falta de medios
277 Archi vo del Real Monaste rio de San C l emente de Sevill a (A.R.M.S.C.S .) . Secci ón V i da
Conventual . Leg. 87. Expte. 130. Dicha d ocum enta ci ón viene referenc i ada en BORRE RO
FERNÁNDE Z , Mercede s: Inventario Ge nera l del Arch i vo del Real M onaster i o de S an Clemente
de Sevi lla. Sevi ll a, 1996.
278 A.R.M.S .C.S. Sección Vida Conventua l . Leg. 8 7. Ex pte. 13 4.
279 GONZÁLEZ DE LEÓN, Félix: Diario delas…. Op. Cit. 1811. Págs. 4 3- 44.
106
eco nómic os tuvieron qu e vender la pla ta q ue co nservaban e incluso sol icitar u n
préstamo de 24.000 reales de vell ón al 6% de inte ré s en 181 5 280 .
No o bstante, gracias a la infor ma ció n qu e apor ta un pleito in iciado
por l a Comu nida d monacal en 181 7, se puede co nocer co n má s prec isión cua les
fueron algu na s de las inter vencio ne s de los ingenieros mi litares fr ance s es
duran te aq uello s mes e s qu e ocupar o n el c o nvento 281 . En pri mer luga r , s e
derr ibaron tod o s los edif icios – barr aca s o casas- colinda ntes al mona ster io pa r a
aislar c ompletamente l as o b r as de f o rtificación. Asimismo, en e l pleito se va
prec isando parte a parte c omo se modific ó e l co nvento. Las partes más
afectada s se re fier en a l as zonas co mun e s qu e es don de h abitualmente tendría
que alojarse la tropa. E n co ncre to, si guiendo la ex posic ión de las monj as , se
obser va las d i versas zonas que queda ron dañ adas :
- Primer Patio, donde se ubicaba la claveria y que tenía tres ce ldas alta s y
baja s c on s us za gua nes, un horno de p an gran de con todos sus
pertr echos correspondientes como le ñ e ro , piezas para amas ar, chimenea
y pozo .
- Segun do p atio en el mismo sitio donde se encontraba n cinco celdas
baja s , y c uatro altas, de posito , almacé n de ace ite, corralón grande p ara
la m at anza de cerdo s. Todo ha bía sido derr ibado y e n todo el mu r o se
ha bían abierto tro ne ras para fu sile s.
- El callejón del t or no. L e ha bían bajado el techo, s ustraída s las cinco
ventan as c on sus rejas y puertas de madera. Asi mismo habían destruido
todos los espacios co m o celdas existen te s en e l luga r.
- Patio de la Puerta Reglar, d o nde s e habían des troz ado dos ce ldas baja s
quitá n dole puer tas y ve ntanas a l igu al que a otras cuatro altas. To das
ellas fueron un idas derr ibando tabiques al igual que e n la e n fer me ría y l a
sala a bacial.
- Patio llam ado angosto, qu e tenía die z cel das altas y ba jas, el noviciado
bajo. Siendo de molido todo no qu edando “
rastro delo que e ra
”.
Asimismo, se destrozaron cuatro balcones del clau s tro que daban a es te
patio y se le quita r on sus g randes re ja s.
- Clau stro s bajos: E n e llos se unieron en un solo e spacio c inco c eldas altas
y bajas sustrayéndoles puertas, r eja s y de rr ibando las es cal eras. “
la
Escale ra prin c ipal tam bien der ribada, y toda la magn ific a enchapadura de
azulejos qu e t enian dic hos claustros todo alrededor, quitada ; y lacenefa
que la adorna b a de mas de te rc ia de ancho de Y eso de mate, por lo
consiguiente l a sol eria qe e ra de lid º cortado antigua , hermoso toda
destrozada del pa s o de l os carros; die z y siete ba l cones qu e h abia e n los
280 A.R.M.S .C.S. Sección Mayordom ía. Leg. 8 3. E x p tes. 19 7, 1 98 y 199.
281 A.R.M.S .C.S. Sección Vida Conventua l . Leg. 8 7. Ex pte. 13 4.
107
mismos cl au s tro s todos quitados, y del Claustro alto quitado todo el
badan da que hermosi simo, corridas las celdas y desvarata das las Cocinas
y Esc aleras
”.
- El c apítulo, qu e te nía u na ce lda con d os pis os y sobr e e lla un m i rador fue
derr ibado por co mpl e to, perdiéndose las maderas qu e lo for maban que
son calific ada s de “
hermosa s
”.
- El Refe ctorio, aun que no f ue der riba do, si sufrió much os de strozos
perdie ndo la solería.
- Cocina de c onvento, lavader os, fogones, die z celdas entre altas y baja s,
(ocho grandes y dos media na s), despensas, c arboneras, y cor rales to do
ha bía sido der ribado.
- En la h uerta, de e spaldas a l Refectorio y Ca pitulo, se vi eron afectadas
cinco celdas (tres gran de s y dos media nas) y poster iormente o tras siete
baja s y dos altas.
- Con re spec to a la S acris tia alta y baja “
aunque no de molida, m uy
destrozadas
”, c or ral de c onvento y un jardín co n todas sus ta pi a s
destrozadas.
- El jardín principal todo asolado, y un a pita y dos p ito nes totalmente
destruido. Jun to a ello se cegaron nueve poz os, cua tro de l o s cua l es
poseí an broc al es de hierro.
- Puerta de la o bra, y Almacé n de di ferentes cosas (de a dentro) todo
quita do .
- En el c ompas del torno todas las vivi endas de los empleados que er an
siete c on sus pert e nencias correspondientes fuer on destr uidas y se abri ó
un a n ueva puerta por uno de l os compa ses al horno que se e ncontraba
jun to al Convento, des trozan do es te horno y d os c asas má s .
Como puede observarse la orga nización militar francesa procuró la
cre ación de gr an des espacios abiertos para a lmacenaje y el alojam iento de l a
tropa. La morfol ogía conventua l ori gina l ser ía un laberi nto po co adecuado para
el uso militar que s e pen saba dar al edific io por lo que se tendió a la unió n de
espacios – fun damentalmente ce ldas - y la creación de l uga r es com unes. En
parte es simila r a lo realizado en Cartuja para la for tificació n principal o en ot r os
edific ios conventua l es utilizados com o cua r tel es o lu gar de alojamiento de
tropas, lo qu e ha r ía que los edificios que actualmente se conocen en muc ha s
ocasio nes poco tienen qu e v e r c on los origina les tras su resconstru cció n
después de la gu err a.
108
3. LA FORTIFICACIÓN Y DE FENSA TRAS LA
LI BERACIÓN.
La madrugada del 26 de agosto e l gru e so de l as tropas francesas
con Soult a la c abeza aba ndonan S evil la, al tiempo qu e las tro pas alia das
ava nzan des de el Aljarafe oc upa ndo tras algunos c ombates l as baterías de
Tomares y el reducto de Castilleja de la Cuesta, y obligando a las tro pas
francesas a res gua r d arse e n Tri an a y e n el Arenal, por lo que l as guarnicio nes
de la C artuja y Santa B rígida s e ri ndi e ron al vers e separadas del grueso de las
tropas 282 .
El día 27 de agosto de 1812 la ciudad de Sevilla es lib erada por las
tropas aliada s al m ando del Mariscal de Cam po Jua n de la Cruz Murgeon. Las
cró nicas info r man que el co mba te comenzó a l as cinco de la madru gada y duró
un as dos horas, ce ntrándose e n l a defensa del Puente de Barcas, y a q ue So ult
ha bía dejado tr opas c on el e ncargo de destr uirlo para dificultar e l ava nce
aliado, cosa que no se consiguió, p e rdie ndo l as tropas imperiales unos 400
hombres e ntre muerto s y prisione r os 283 . A pesar de ello, el puente sí se vio
afectado ya que en el i ntento de su destr ucción se cortaron parte de s us
sujecio nes con la o rilla y se l evanta ron algunas de las tabla s de travesía que
confor maba n su suelo aunque las tropa s imperi ales no pudieron continu ar con
el tr aba jo al no c onseguir desmonta r la s vigas que un í an lo s barcos con la o r ill a,
gracias a que 14 guerril leros españ oles ocuparon el pun to a pesar del fue go
artillero enemigo 284 . Este combate confirma qu e la estrategia francesa
plan teada desde el principio de la ocupa ci ón de Sevilla, de fo rtificar Triana y la
zona del Aljarafe y los acce sos a S e vi lla era la corr ec ta ya que fue por aquí
donde re almente s e i nició y de sarrolló e l ataqu e 285 . Un a ve z ocupa do e l puent e
282 B.N.M. S ecci ón de Manuscritos, i ncunables y raros. R. 61261.
283 A.G.S. Secretaría de Estado, Leg. 8174. Correspondenc i a del em bajador e n I nglaterra a l a
Junta, s.f . Cád i z 29 d e agosto de 1 812.
284 Existe una d escripción de cará cter poético que in form a sobre l os lugares dond e tuvo lugar el
com bate : “Ci u dad feliz ¡ quantos monumento s archivarán esta verdad! El puente de tr i a na, la
puerta del arenal, y tus pr i nc ipales calles teñidas de sa ngre fr ancesa ve rtida por tu s vali e ntes
patrici os, ser án el mas seguro garante de t u odi o al ti r ano ene migo de tu li berta d y d e tu
religión.” . En: Glor i a d e Sev i lla ecl ipsada por un o de los que má s debian esclarecer la. Cadiz, en
l a im pren ta de D. Jo sé Niel, 1 8 1 2. B.N.M. Secci ón de Manuscr i tos, i ncunables y raros. R.
61884.
285 Sobre l a conqu i sta de l a ciudad y la bata ll a qu e t u vo lugar se hicieron e n el m o m en to
m uchos i m presos, al g unos de los cu ales ya s e han citado. Entre ellos, se podrían destacar l os
si guientes: Sevi lla Afl i g i da. E n Sevill a: en la Inp renta d e Don Josef Hi dalgo. Año de 1812 .
B.N.M . Secci ón d e Manuscritos, incu nab l es y r aro s. R. 61882 y Sali da del Ma r i scal, y con qui sta
109
los c ombates se traslada ro n a l as mura ll as y a la toma de las puertas siendo la
de Triana ocupada por un a co mpañía del re gimi ento de Zamora bajo el mando
del c apitá n Ángel Miran da 286 .
Para conocer má s sob re có mo se desa rro lló la bat alla por Sevi lla
es interesante una carta privada – publicada e n la prensa- que el general Cr uz
Mourgeon escrib e a un amigo de Cádiz el 12 d e octubre de 18 12 do nde intenta
expli car cuál fue s u actuación y responder a las críticas que había recibido 287 .
Entre otras cuestio nes relativas a su actua c ión durante este per iodo explica que
“
Forzar e l castillo de Niebla, destruir las posi ciones militar e s de los enemigos,
ha s ta e ncerr ar á e stos en Sevilla, am enazar, entre tener l a fuer za contraria que
sea posible , recog er y enviar á esta c uan to s ca ballos útiles puedan encontrarse
en la Ma r isma…”.
Con respec to al com bate por S evil la in forma qu e la pr im e ra
línea de bat alla se o rganizó entre l a c ues ta de C astille ja y Tr iana y l a se gunda
entre e l arrabal y la ciudad con ce nt ro a la e ntrada del puente. Plantea que
ha bía vis to que e l ejé rc ito francés tenía o rganizada s sus f uerzas entre Tr iana y
Sevilla y que po r ello se decidió a a tacar s abiendo que si no c onseguía su
objeti v o de l legar a Sevilla el mayor perjuicio s e rí a que e l ejército francés
destruirí a el Puente de Barcas pero que e n ese caso “
ellos y yo quedá bamos a
cubierto ”
. A pes ar d e e llo expone q ue al ejé rcito francés no le dio tiem po a
llevar a cabo dicha destruc ció n ya qu e “
la velo c idad e intrepidez de to das mis
tropa s, y los de cididos auxilios del pueblo de Sevilla”
no l o pe rmitieron y de esa
forma derr otó a la s e gun da línea de defe nsa de la ciuda d.
De los s an grie ntos co mba te s en la ba talla de Sevi lla dan re ferencia
mu chas de las obr as publicadas sobr e el t e ma 288 . Además, Madoz lo r elata de
la siguiente for ma :
“
El 27 de agost o de 1 812 á media n oche, aba ndonó Soult l a
c. con el grueso de sus tropas, de jando parte de la r etaguardia,
que debía desalojarla dos días despué s. E l general Cruz Mourg e on,
luego que rechazo de l os altos d e Castille ja las ava nzadas
francesas, mandó adela nta r por San Juan de Azna lf arache algunos
cuerpos que o cuparon á Tr iana , co locá ndose e ntre los e nemigos y
el puente. La van guardia al m ando de l e scocés D . Juan D ow nie y
las fuerzas del co ro nel Sk erre t, no reta r daron su ataque ha s t a l a
llegada de las que avanzaba n por el c amin o de San Ju an;
de Sevi lla. Entrete ni m iento. L o escribía en defensa de la justa causa de su n aci on u n Español
amante de su patr i a . Sevilla : p or l as her eder a s d e d. Josef Padri no : donde se hall ará. B.N.M .
Sección de M anuscrito s, incunab l e s y raros. R. 61106.
286 RAY A RASERO, Rafael : Hi sto ria secre ta de los derri bos de conventos y Puer tas de Sevi lla
dura nte la Revoluci ó n de 1 868 . Sevilla, 2006. P ág. 16 8.
287 B,N.M. R. 60031 (3). Sup l em ento al Diario R ed actor de S evilla.
288 Co m o p or ejempl o CHA VES , Manuel : Cosas n uevas y viejas (a puntes se vi llanos). Sevi lla,
1904 . Pág. 4 9. A pesar de ello, c i erta bibliogra fí a bri tánica con s i dera que l a bata ll a fue de poca
i m porta ncia. En ese sentido Esda ile af irm a “ El 2 5 de agosto se abandonó el si ti o de Cádiz y el
27 el d e Sevi lla (co n excepción de u na pequeña retaguardi a que fu e expulsada al día s i gu iente
por una divi s ión ang loespaño la improvisada a to da prisa y enviada desde Cád iz ) . Cfr .
ESDA IL E : La Guer ra.. . Op. Ci t. Pág. 453.
110
acometieron á los enemigos, de sal o jándolos del l l an o de la vega ,
donde se habia n re plegado, y ayu dados de la caba ll ería, m an d ad a
por D. Juan Canterac penetraro n en el arrabal de Triana , ll egando
ha s ta e l puente, en cuya cabez a se trabó un combate
encarnizado. D os v e ces fueron r ec ha za das n uestras tr opas, y do s
vece s tambien herido Downie; pero su valor en vez de dismin uir
con la r esistencia, se exacerbaba á la vis ta de su propia sangre;
solo y á caballo, saltó por uno de los hu eco s que los franceses
ha bia n deja do en el piso del puente , quit an do s us tabl as, cayó
nu e vamente her ido e n u n o jo y e n la mejill a, qu e d an do h echo
prisio nero; su valor sin e mba rgo n o vaci ló, y arrojó á sus so ldados
la espada de Piz arro , que le h abia ce ñido la m arquesa de l a
conquista, desc endiente de este cau dillo del Nuevo Mundo.
Nuestra a r tille ría co locada en el m alec on de Triana , y nuestras
tropas ligera s, qu e a travesaron el p uente por la s v igas que n o
ha bía n podido acabar de co rtar l os enemigos, les obligaron á
encer rarse en la c. por la puert a del Ar enal. Lo s ve ci nos
ha bil itaron al momento el puente co n tablones, y nuestro e jército
lo cruzó pa ra proteger las guerrillas. Franqueada esta puer ta,
internáronse l os españoles en la c., c uyos moradores co n sus
gritos d e a l eg ría, co n el r uido d e la s cam p ana s to das, que e charon
á vuel o, y co n la pe rse cución que empre dieron contra los
franceses, lo g r aron aterroriz arlos de t al modo, que cor rían po r las
calles en el ma yor desórden, arrojando sus armas, sin que b astase
á co ntenerlo s lo s esfuer zos de sus gefes, y se p re cipita ron fuera
de los mu ro s p o r las puertas Nueva y de Carmona , ca mino de
Alcalá” 289 .
No obstan te la visión francesa difiere ba s tan te cali fican do la
bata ll a como incide nte. Así, Soult re l ata la re tirada de la siguiente forma:
“
Estas difíc iles operaciones se ejecu taron fel izmente. En Sevilla
sólo hu bo un i ncidente. Un a vanguardia anglo - portuguesa de 8.000 a 9. 000
hombres se p resentó allí cuando no quedaba más que la divisió n Villatte, qu e se
desembarazó de ell a si n grandes pér didas. Pe ro vimos reproducirse e n Sevilla
las esc enas de la sinies t ra jorna da del 3 d e ma yo en Madrid. Saqu e os y
asesinatos acompa ña ron, como sie mpre, a los desórdenes p opula re s. El
enemigo no r ebasó Sevi lla y Vi llatte a lcanzó e l mismo día a l a re ser va en
289 MA DOZ: D iccionari o.. . op. Ci t. Pág. 374. Sobr e Dow ni e, Baroja escribe l o sigu i ente: “ Entre
aquellos i ngleses que lucharon en España y en las fi las espa ñolas dura nte la g uerra de la
i n depend encia y en la g uerra civi l h ubo ti po s curiosos. Uno de e llos fue Downie, el esc o cés
ex travag ante y qui jote sco, q u e ve stía como en tiempos de Feli pe II , tipo valiente y deci di do,
organ iz ador de la Leal Legión Extr emeñ a. Downi e, alto y se co, con un parche en la car a, hizo
una po rción de ex travagancias. Un poeta del t iempo le de di có una o da, y decía de él:
Del que es honor de la escoc esa gente
Y émulo digno de F i n gal valiente.”
BAROJA , Pío : Juan Van Halen . El oficial a ventur ero. Madrid, 1981. Pág. 1 4. No obstante,
al guna b i bliog rafía británica m ode rna considera que las actua c i ones de Downie no tuvieron
ni nguna i ncidenc i a en el desa r rollo de l a guerra. Cfr.: ESDA ILE: La Gue rra... Op. Ci t. Pág. 426.
111
Marchena . L a u nión c on la división Semellé s e real i zó a la m añana si guiente,
mientras el general Conroux se apr o xima b a a Osuna ” 290 .
De esa bata ll a s e conser va u na repres enta c ión titulada “
Ba ttle o f
Seville ”
pintada por William H e ath y graba da en c obre al agua tint a por T.
Su herland y que formaría parte del libro
Ba ttle sc enes fr om th e Na pole o nic
Wars. 18 06 - 1813
(London, J J e nkin s, 1815 ). En e lla a parecen las tropa s
británicas a va nzando e ntre la humare da del combate desde u n alto hacia un a
ciudad situada e n una l lanura al fondo de la imagen y en l a que sobre sale una
torre que puede ser identificada co n la Gir alda 291 .
Desde ese mismo momento, s e es con scie nte de la impor tan c ia y
el sign i ficado que tien e l a recuperación de la ciu dad por l o que el 26 de
noviembre se acordó en el Ayun tami ento colocar u na lápida en el Puente de
Ba rcas que conmemorase e ste hecho de tanto calado histór ico y político. No
obstante, en 181 8 aún no se h abía l levado a efe cto est e a c uerdo ya que los
pilares te nían una secc ión ocha va da y no permitían c olocar una lá pida
“
ma gestuosa y con caracter es c apa z es á l ee rse á a l gun a distancia, porque lo s
qua dro s de l as ochava s superiores que es adonde pu e de y deve e stablecerse,
son muy pe queños”
292 . Se pla nte aba qu e por e llo ha bía dos pos ible s
soluciones, la primer a era l a de coloc ar una inscri pció n en un a pequeñ a lá mina
de pie dra “
sin n in guna c lase de hornato”
, lo cual parecía poc o de coroso al
Proc urador Mayo r . La se gunda o pció n e ra variar “
de algún modo e l egante”
la
configuración de los pilares d e l pu en te por la orilla del Arenal, lo cual fue
aprobado por el Ayunta mie nto el 9 d e enero de 1818.
El gr an temor de las nuevas au tori dades m ilitare s es pañ o las er a la
posi bilidad del regreso d e las tropa s imperiales, ya qu e como es nec esario
recordar, ha sta c asi do s añ os despué s el ejérci to francés sigu i ó oc upa ndo gran
parte del territorio e spañol 293 . Por ello, un a de las primeras actua cio nes que
llevan a ca bo las n uevas auto ridades co nstitucionales es l a de or denar l levar a
Cádiz todos los e f ectos aban do nados por las tro pas francesas labor de la que la
Regencia e ncargó a dos o f i ciales navales 294 . Asimismo vuelve n a s urgir p lanes
de defensa de l t e rritorio anda l uz en gener al y de Sevilla en co nc reto . Mu estra
de el lo e s el info rme r ealizado el 3 de dic ie mbr e de 18 12 e n Jaén por Vi cente
Ferr az en el que pr opo ne como debía ejec uta rse la de f ensa y fo rtificación de
Anda l ucía 295 . E n dich a memori a plantea o rganizar la de fensa de l a re gi ó n en
tres partes, siendo la primera la que iba por la frontera del reino d e Gr a nada
290 SOULT: M emori as… Op . Ci t. Pág. 280.
291 Véase PORTUS, Javier: “Catálogo”, en Iconografía de Sevilla 1790 -1 868. Mad rid, 1991.
Pág. 2 57 y CARRETE PARRONDO, Jua n, VEGA , Je susa y SOLACH E, Gl o ria: Catálogo de la
colecci ón de e stamp as de la F unda ci ó n FOCUS. Madrid, 1 996. Pág. 64.
292 A.M.S . Secci ón VI. To m o 53, doc. Nº 5.
293 Recuérde se que la últi m a gran batall a en te rrito rio españo l será l a d e San Marci al el 31 de
agosto de 18 13 y q ue aún después hasta 1814 el Le vante pen ínsu l ar estu vo ocupa do por
tropa s francesas a l m and o de Suche t .
294 A.M.S . Actas Capi tular es de 18 09 - 1812. 1 ª Esc. To m o 6. F ol.: 18 9 vtº.
295 S.G.E. Mem or i as e itinerarios descriptivos de España. Sig. C-51, nº 25.
112
con Murcia h asta l a S i er ra de Segura , l a parte ce ntral se ría la pr opia S i erra
More na , y por último, la zo na iz quie rd a que i ría “
por l a misma Sierr a Morena , y
los límites d e Ex t remadu ra, y Portugal, hasta ter mina r por l a parte de ponien te
en la de sembocadura del Gua di a na”.
De todas el las c onsider aba la más
importante la z ona centro, con lo s pasos y caminos de Sierra Mor ena ya que
era una fo rtaleza natura l a unque lo s de smont es realizados e n los a ños
an teri ores habían mer mado su carác ter defensivo, por lo que proponía la
realiz aci ón de varias obras de fortificación ya que probablemente “
intentarían
los Enemig o s imbadir este pais sirecibi e ndo grandes refuerzos lograsen reco br ar
sus an tiguas posi cio ne s”.
Para la ubicació n de dichas o bras se basa en las que
se propusieron en 1809 en las z onas de Mengibar y Espeluy.
Con r espe cto al flanco i zquierdo Ferraz opinaba que er a l a que
menor rie sg o pre sentaba “
pues p ara intenta r una inv as io n por aqu e lla p arte ,
ser ía preciso que an tes se hiciese n dueños dela Extremadu ra y que no
exis tieran los E xercitos Al iados”,
por lo que proponía que sol am ente s e
defendiese la carr etera de Ex t remadura co n la construcci ón de un fuerte “
ca paz
y r espe ctable
” en El Ronqu illo y otro de menor tamañ o en el P uer to de San
Miguel de la Breña 296 . Planteaba co nstruir s i era necesario y previ o
reconocimie nto por el c uerpo de ingenieros otros pequeños reductos para la
defensa de los ca minos que comunicasen con el reino de Jaén y el Camino de la
Plata . L a construcci ón de to dos e stos fuertes debía ser se ncilla y co mpuesta por
un reducto o tor re de mam po ster ía fu ndamentalmente de planta c ircular,
au nque si fuese nec esario se c am biaría por otra que se adapt ase al terre no,
or gan i zada e n s u interior por medio de bóvedas, y dotados de artillería, u na
pequeña gu arnición y lo s suministros necesarios para s u subsistencia. Por
último, cr eía que la construcció n de cualqu i er otra obra se ría s uperflua y que
como mu cho se podían re parar, en tr e otros, los c astillos de Encinasola,
Paym ogo y El Casti l lo d e las Guarda s 297 .
296 La er m i ta de San Mi gue l de l a Breñ a se encuentra situada en una colina pedre gosa en el
térm i n o de Al anís de l a S i erra y pe rtenecía a un antig uo m ona sterio b asilio. En 1 810, estaba
abando nada siendo saqueada p or las t ropas fr ancesas q ue se ll evaron posiblem ente los
objetos de valor y destruyeron el resto de e n s eres.
297 Sobre Vicente Ferraz, autor d e este proy e cto, constan algunas notic ias c omo su p artida de
bautismo, conse rv ada en Segovia, por la que s e sabe q ue nació en Ibiza en 1 762 siendo h ijo d e
Francis co Ferraz y Tere sa Navarro. Según Capel es tá documentada su actividad como inge niero
mil itar desde 1782, cuando fu e nombrado Ay udante de I ngeni eros, trabajando en el Ferro l y en
el Ampurd án. Destaca por su labor d ocente y a que fue nombrado profesor de Matemát icas en
la Es cuela Militar de Zamora en 1794 y prof esor d e la Academia de Alcalá de Henares ent re
180 4 y 1808, escribiendo incluso una obra que era ut ilizada en las academias militares titul ada
Tratado de castrame nt ac ión, o arte de camp ar, dispuesta para el u so de las Reales Escu elas
Mili t ares, d el cargo de l Re al Cu erpo d e I ngenieros,
que fue publicada en 1800 y con una
segunda edición en 1 801 donde aparece con el grado de Teniente Corone l e I nge niero
Ordinari o d el Ejé rc ito . Cfr.: F ERRA Z, Vi cente: Tr atado d e castr ametaci ón o arte de ca m par
di spuesto para el uso de las R eales Escuelas Mili tares, del cargo d e l Real Cue rp o de
Ingenieros. Madrid en la Im prenta Real . Año de 1801. Vi d.: CAPEL y otr os: Los i ngeni eros
mili ta res... Pág.: 1 82 y CAPEL y otros: De Palas a Mi nerva ... Págs.: 199 y 251 . No obstante, e n
su hoja d e se rvic ios, conservada en el Archivo Ge n er al Mil itar, sólo existe su exp ediente
matrimoni al con d oña Marí a del Pilar Beaumont y P érez -Bretón de 1799. Cfr.: A.G. M.S. S e cci ón
1ª, F -1247. Carril lo de Albornoz aporta q ue falleció en 18 25 y q ue poseía el g rado de Briga dier
113
A pes ar de éste y otros plan e s simil ares , las nuevas autoridades
de S evilla se p lantean , con respecto a las fo rtificaciones construidas para la
defensa de Sevilla por el e jérc ito im per ial francés, su inm e diata destrucción
para e vitar q ue los fr an ces es e n caso de una nueva e hipoté tica toma de la
ciudad las p udiese n vo lve r u ti lizar para m an teners e e n ellas al i gua l que s e hizo
en 181 0. Así, el Jefe Superior Político de Sev il la remitió una circular el 20 de
noviembre de 1 812 al Ayun tam iento de la ciudad en l a que, e ntre otr as c osas,
como la p o sible re habilita ció n de empleados pú bli cos, indicaba que el municipio
debía iniciar las obras d e dem olición de todo e l sistema fortifica do construido
por los franceses 298 . Además, aparte d e las cuestiones mi l itares y es t ratégicas
que aco nsejaba n la destr ucción de l a lí nea defe nsiva e xistían otras r azones de
índole más cotidiana c omo es e l caso de la exis tencia del peligro de que dicha s
obras cambiasen el c urs o del río y favorecie sen las inunda ci ones, sobre todo la
zanja o foso abier to por los fran c ese s e n la zona de las puertas de San Juan y
de la Barqu e ta. Por todo el lo el Ayu ntamiento o rde nó el 21 d e diciembre a
Echamoros que realizase un informe donde ex presase el c osto de las obras y si
en ellas podían traba jar los presos de la cárce l 299 . De toda s for mas la
destrucción de las for tificacio nes levanta d as por los franceses n o er a algo que
solamente afectase a Sevilla si no que e ra una políti c a ha bitu al en to do e l
terr itorio li berado. A sí, el gobiern o de la Regencia del Rein o dictó i nstruc c iones
a es te fin c omo la circ ular de 9 de se ptiembre de 18 12 que, e ntre otr as c osa s,
afirma ba:
"
Las casas fuertes , re ductos, baterías y dema s obr as de
forti ficacion hechas por l os enemigos deben de struirs e á la
ma yor brevedad, e xc itando los ayuntamientos el z elo y
patriotismo de lo s vecin os para que h agan es te importan te
ser vicio gr atu i tam ente, r espe cto á la ac tual e scasez del Er ario,
y á lo nu meros o y u rgent e de s us dem as atenciones. S e
exc eptuará n aq uellas o bras que juzg ue á pro pósito c onservar
el General en gefe de l Exército del distr ito, c o nsutá ndole al
efec to, y executa ndo lo que prescriba
” 300 .
Estas o bras d e de molici ón no debiero n s er ejecutada s c on la
diligencia que las autor idades mili tares co nsideraban pr eci so por lo que el 15 de
noviembre de 1812 se reit er ó la or den , difundida por cir cular impresa, por pa rte
de la Sec retaría del D e spacho de l a Go ber na ció n de la Penín s ula y re miti da al
del ejé rcito y Director Subin spector de Ingenieros teniendo una partici pación muy activa e n
diferentes acciones d e l a Guerra de la I ndependencia. Cfr.: CA RRILLO DE A L BORNOZ Y
GALVEÑO: “ Diccionario... Op. Ci t. Págs. 576- 577.
298 A.M.S . Actas Capi tular es de 18 09 - 1812. 1 ª Esc. To m o 6. F ol s.: 24 1 rtº y 25 5 vtº.
299 A.M.S . Actas Capi tular es de 18 09 - 1812. 1 ª Esc. To m o 6. F ol.: 3 32 vtº.
300 A.M .S. Secci ón VIII. Tom o 5 . Docum ento nº 12 . Sob re estas cuest i on es se co noce el ca so
de Sanlúcar de Barr am eda donde tam b i én se e fectuó la dem oli c i ón de l as obras de fortificación
realizada s por el Ej érci to Im peri al, en concre to , el parapeto fr ente al Castillo de Sant i ago y l a
em pal i zad a q u e c i r cundaba l a p o blación. En este m i s m o caso estaba el ba l uarte de l Es p íritu
Santo que fue dem oli d o e i ncluso la d estruc ción de las barcas y m a deras que podrían vo lver a
ser usa das para ataca r a Cádiz. Cfr.: DAZA PALA CIOS: Sanlúca r… Op. Cit. Págs. 155 -156.
120
misma supervivencia de la pobla ción c ivil, que tenía n que sufrir e l t rato
arrogante de los militares 330 .
Bá sicamente, como en perio dos anteriores, er a c ompe te ncia del
Ayun tamiento buscar los edificios par a acuartelar las tropas, aco ndicionarlos y
ma ntenerlos . As imismo tenía e l encargo de dotarlos de los e lementos de
ha bitabili dad neces arios, tanto para las tro pas c omo para lo s anima l es que los
acompa ñaban. En es e se ntido es inter e sante conocer c uáles eran las cantidades
invertidas por la admin istració n mu nicipal en esto s a ños en “
la Real
Contribucion de Utensil ios y Paja pa r a cua r tele s”
, desconociéndose la de lo s
añ os de ocupación y últimos de la g uerr a ya que se puede su poner que gran
parte de los r ecursos mun i cipales se dedicaron prioritariamente a cuestiones
militares 331 . As í, s e pueden o bser var lo s si guientes datos que nos demuestran
un c laro au mente a partir de 1 808 cu ando c omienza l a guerra, aun que faltan
datos, o so n mu y disper sos, de los años de ocupa c ión en los que se supone que
incluso fue mayor el gasto:
AÑO
REALES DE VELLÓN
1805
361.129
1806
360.869
1808
480.092
1809
480.092
1815
720.160
1816
720.169
1817
958.456
Duran te la G uerr a de la Independencia se intenta r á buscar una
solución a l problema del a l ojamiento de tropas para lo cua l se debían cu mplir
varios o bjetivos. En pri mer lugar, tenían que ser e difici os que ofre ciesen un
espacio sufici ente tanto para el alojamiento de la tropa co mo s us animal es y
perte nencias e incluso las dependen cias de la propia unida d militar (plan a
ma yor , furrielería, et c.). Asimismo, e ra interes an te que tam bié n tu vies e e spa c io
para agrupam iento y m an iobra si no podía s er un a plaza de armas en t oda
regla a l men os qu e hu bie se un gran espacio a bier to pa ra po der e fectu ar el
adiestramiento de l a tro pa. La c u e stió n de la pre paración de cuarteles e ra
impresci ndibl e tanto para las tro pas de la guarnición co mo para aqu ellas qu e
estaban de tránsito por la ciudad. Ejemplo d e ello es la orden de 8 de marzo de
1810 del gob ernador mili tar fra ncés, el marqués de Rí o Milan o, e n la que
ma ndaba a la ciudad qu e se prepa r asen dos cua r tele s o conventos que
sirviese n tanto para albergar tanto a unida des de i nfa nter ía co mo de artillería
330 Para estas cuest i on es e s i ntere sant e CA NALES GILI, Esteban: “Ej érci to y p oblac i ón c ivil
duran te la Guerra de l a Independencia: unas rel ac i ones conflictiv as”, en Hispani a N ova.
Revi sta de H istor i a Conte mpor ánea, n º 3. M adr i d, 20 03. Págs. 10 - 37. Este aspecto ha si do
estudiado en m úl tiples l ocalid ades co m o pu ede ser , po r ejem pl o, el caso d e Chiclana donde se
tuvo que alojar a la guar nición francesa y a gran parte del cuerpo de ej ér ci to que l levaba a cabo
el sitio de Cád i z. Véase: ARAGÓN GÓ ME Z, Jaim e : Ch iclana bajo el g obierno de José
Napoleó n (1810-1812). Cádiz, 2007. Págs. 39- 46.
331 A.M.S . Secci ón II. Car peta 309. Doc. 2 3 .
121
332 . E l Ayuntam i ento encargó del tema al c apitu lar D iego Guerrero y Sidón, el
cual informó e l día 9 de marzo qu e h abía inspec cio na do junto c on el
comandan te de la plaza los c uarteles de l a Puerta de la Carne y el de Ar till e ría
“
cituado en la c alle de las Pal m as”
333 . Lo s dos e dif icios podía n usarse pero
tenían que li mpia rse sobre t odo de e scombros y ha cer les algu na s re paracio nes
de alba ñilerí a en tabiqu e s y suelos y de carpintería en las puertas. Una ve z
reparados el coman dante informaría de cuá l es e ran los e l e mentos ne ces a ri os
para pon er en fun cio na miento los cu artele s.
Por último, y esto e s importante e n l a Sevill a de 18 08 a 1 812,
debían se r espacios puestos a disposición del ejérci t o a la mayor b r evedad
posible en razón de las necesidades militares d e l co nf licto. No se podía esperar
a poder c onstruir cuarteles
ad hoc
ya que la urgencia los reclama b a
inmediata me nte. Aunque la impo rtancia del te ma se i ntensifica a parti r de
1810, no se debe pensar en que la ubicación de las tropas de ocupación , o
incluso previamente las e spañ olas, se r ealizó de manera c aótica sino que, s alvo
en los pr imeros momento s , se hizo de for ma metó dica y co n la colaboración de
las au to ridades mun i cipales se vill an as. En este sentido es inter esante se ñalar
que el propio Ayun tamiento de l a ciud ad aprobó el 25 de junio de 1810 un plan
para efe ctuar de la f orma má s sis tem ática pos ible e l alojamiento d e las tro pas
334 . Este plan fue un pro yec to re alizado por el Procurador Ma yo r e n el qu e s e
establecí an el núm e ro de empleados neces arios pa r a lleva r a cabo l a labor, sus
salarios y las tareas concretas a re ali z ar 335 . De todas formas las quejas de los
veci nos ta nto duran te l a oc upación, c omo ba jo el dominio de gobier nos
españoles tuvieron que se r ab undan te s. E s inter esante la amplia
documenta c ión s obre alojamientos de militares en la ci uda d du r an te lo s a ños
1813 y 1814 que insis t e n e n l as qu e jas y los intentos de las autor i dades de
organizar este asunto i mpidiendo actuacio nes individuales muy per nicio sas para
la población y sus decisiones político -militares 336 .
La u ti lizació n como instalacione s militares, funda mentalmente
cuarteles pero tam bién c omo alma c enes, establos o p olvorines, d e l os
conventos aba ndona dos po r las medida s desamortiz adoras del g obierno de
332 A.M.S . Actas Capi tular es de 18 10. 2ª Esc. Fol.: 30 vtº.
333 A.M.S . Actas Capi tular es de 18 10. 2ª Esc. Fol.: 32 vtº.
334 Los gastos efe ctuado s p or el Ayuntam i en to debier on se r continuos y p or l as m ás var i adas
razone s, com o por ejem plo , el alquiler de ca rros para ll evar j e rgon es y l eña a los cuarteles, que
sol o en m ar zo de 1810 alcanzaron la ci fra de 220 r eales. O la s com pr as de el ementos
coti dianos com o e scobas, l am parill as, e sc o bones, clavos en l a q ue se invirtieron 1 81 reales y
17 m ar avedís. Cfr . B.N. Sección de Manuscr i tos, i ncunab l es y rar os. R. 63192.
335 A.M . S. Sección VII. To m o 1º. Doc. nº 4 3. La actuaci ó n del Ayuntam i ento sev il lan o tuvo que
servir de ejem pl o para o tras po b l a c i ones de la zona. En ese sent i do e s inte resante el inf orm e
del 12 de feb rero d e 1810 d el ayu ntam i en to de Utrera en e l que a dem ás de quej a rse de l os
daños y perj ui cios que ca usaba el tr ánsito de tro pas p or la l ocalidad ex p onía que “ tambi én
creem os muy conducente q ue las tropas se alox en enlos combentos c om o se averi fica do
enlaCapital de estta Pro vi n ª y que ún icamente los oficiales lo sean e nlas casa par ticulare s” .
Asim i s m o, entendía que del alo j a m ien to en casas debía n quedar exim i dos el pe rsonal de la
ad m i ni str ación de Justicia y Muni c i pal. A.G.S. Secci ón de Gracia y Justicia. Gobi erno Intruso.
Leg. 116 3. S.f.
336 A.M.S . Secci ón VIII. T om o 1º. Docs. 4 4 - 50.
122
José I se justificaba en e l tama ño d e lo s e difi cios y en e l he cho de que su
titularidad e ra e statal al ha be r pasa do la pr opieda d a la admin i stració n de
Bienes Nacionales. Hay que obser var co mo las n o rmativas jo se finas apoy aban
el u s o de estos e spacios para e l alojam ie nto de la s tropas, c omo es e l c aso, por
citar un e jemplo, del Decreto de 1 1 de ma rzo de 1 809 “
En el que se to man
medidas benéfic as á f avor de la ciudad de Zaragoza y de sus habitantes”
dado
que e n s u artíc ulo VI se establecía que “
Las casas r eligiosas que no hayan de
demolerse se d e stin arán con pre fer en cia á establec imientos de e ducacion , de
caridad ó beneficencia pública y á qu a rte les de tropa…”
337
.
El uso de l os conventos y edificios religioso s desam o rti zados como
cuarteles ha sido señalado po r la hist o riografía tr adicional en l a m ayor parte de
los casos con un matiz neg ativo por lo que tuvo de afecci ón al patrimo nio
cultural y artísti co de estos recintos. Además, esto fu e la po l ítica habitua l del
ejé rcito francés como puede ver se, p or c itar algu nos modelos e n Es pañ a como
en la ciudad d e Granada 338 , Tole do 339 o León 340 . Se pu e de s eñalar, asimismo,
el caso de la c iudad de Madrid donde entre marzo y juli o de 1808 se
acua r telaro n tr opas e n e l Museo, en e l Observatorio e incluso e n el cemen te rio
de Fuencarral 341 . No obstante, el interés de las a utoridades fran ce sas po r el
ma ntenimiento de todas estas insta laciones para el mejor resultado del confl ic to
bélico se va obse rvando e n las diver sas actua c iones lo cales que se ll eva n a
cabo e incluso en la p ublicación de normas que re fuerzan es ta cuesti ón. Un
eje mplo de ello en Madrid fue e l decreto de 10 de juli o de 1810 “
P o r el que s e
ma nda fo rmar en es ta c apita l una Junta c on el cargo de atender á l as o br as y
reparos que n ece siten l os quarteles, h o spitales y e dificios militar es, y de
interve nir en la inv ersion d e l os cau dales destina dos á este objeto” 342 .
En el caso sevillan o es significativo que esta pol ítica incum plió lo
pacta do en l as capitul aciones que fir maron l as a utoridades de la ciu dad,
permitié ndos e así l a utilización de los co nventos como acua rtelamiento lo qu e
337 Cfr.: Prontuari o … Op. Cit. Tom o Pri m ero. Págs. 154 - 157.
338 EISMAN LASAGA, Car m en : “ Efectos que produ jo l a invasión francesa e n lo s co n ventos de
Granada ”, en Cuadernos de Arte de la Uni versidad de Gra nada , to m o XXII. Gra nada 1 991.
339 ORTIZ PRADAS , Dani el : “ El proceso desamort i zador en el convento to l edan o de San Juan
de los Reye s y vicis i tudes posterior es” , en La Desam ortiz a c i ón: el e x pol io del patrimo ni o
artístico y cultural de la Iglesia en España . M adrid, 2 007.
340 GARCÍA GUTIÉRREZ, Patroci nio : La ciudad de Leó n durante la gu erra de la Independenci a .
Vallad olid, 1991
341 M OLEON GAV IL ANES, P e dro : Juan de V i lla nue va . M adri d, 1998. P ág. 256. De todas
form a s ta m bi én la s autoridades de l as Junt a s hab ían ac tu ado de form a sim i lar . Valga com o
ej e m pl o com o en Arcos de l a F ronte ra en 18 08 se utili zaron l o s conve ntos de fr anciscanos
observa ntes y d escal zos co m o pr i s i ones de m a s de dos m il p ri sioneros fra nceses pr ovenientes
de Bail én. Cfr . : MANCHE ÑO Y OLIVARES, Mi guel : “ Riqueza y cultura de Arcos de la Fr ont er a ” ,
en Obra s electa de M i guel Manche ño y Oli var es . V ol II. Cád i z, 2 002. Pág. 226. Caso sim i l ar
ocurrió en Sanlúcar de Bar ram e da d onde se ubi caron a m ás de tr escientos prisioneros
transe úntes e n l as ce l das del convento de Santo Dom ing o. Cfr.: DAZA PA L ACIOS: Sanlúcar …
Op. Cit. Pág. 23.
342 Cfr.: Continuaci on d el To mo II del Prontuari o de las Leyes y Decretos del Rey Nuest r o Señor
Don José Nap oleon I. Del año de 1810. M adrid, en la Im p renta Real. Año de 1811. Pág. 1 79.
123
ha sido se ña lado en la bibliografía ha bitua l mente 343 . E n el pun to 2º de l
documento de r endició n se es table cía que se c onservarí an “
La Liber tad y
Segurida d delas vidas, propie dades de lo s Ve zin os y reciden tes e n esta Ciu dad
de Sevilla y lo s e mpleados ppcº. la consevacion de sus Empleo s o e n s u salida
de esta ciudad sil es c ombiniese Y gua lmente las vidas, der ec hos, y propie dades
de lo s E ccos. s ecula r es , y r egulares de ambos sex os, c onservan dose e l r espeto
de vido a l os templ os y M o nasterios Combentos, y Clausu r as, todo c on arre glo a
nu e str as Leye s y practicas” 344 .
Asimismo, co n respecto al a lojamiento de tropa s
en e l pu nto 7º se afirma ba que “
L as Tro pas Fran c es as, ni los o ficiales de
qua le squier graduacion qu e sean no s er án alojados sino en Q uartele s y
Pabellones o enlos edificios desocupa dos , qu e desi gne la Mu nicipalidad”
y en el
21
“Qu e la tropa que entre e n esta Ciuda d h aya de s alir dentro de qu atro dias
queda ndo en e lla so lo la nese sari pª . los Cuerpos de Gu ardia que h asta a o ra se
ha n co noc ido, y bastan pª. la q uietud de un Pueblo do cil c onforme enlo co mun
conla Capitu lacion y que no ha vi endo si do n un ca Plaza de Armas no tiene
proporcio nes pª. sufrir ma s Guar nicio n”.
Evidentemente, e stos pun to s no se
cumplieron au nque parecer ía m uy in genuo por parte de las autoridades de
Sevilla de aqu e l momento cre er que se iban a l levar a cabo vi sta y co nocida l a
polític a activa que e staba n aplicando e n el r esto de E spañ a las autori dades
jose finas 345 . Los conventos desa mor tizados fuero n los p er tenecientes a la s
órde nes reli gi osas ma s culinas y e n esta medida influ yer on e n igual medida l a
necesi dad de alojar a las tropas como la de lograr fondos para manten er al
ejé rcito y a la nueva a sministración, o incluso, c omo h a s eñalado Fraga
Iribarne, la posible “impor tación” a España de las ide as revolucion ari as
francesas 346 . Todo es to ha sido ya señ alado por More no Alonso quien plante a
el desorden de los primeros moment o s en el alojamiento y en la oc upa c ión de
edific ios para la s tropas 347 .
En líneas gener ales las obras de preparación de los antiguos
conventos e ran co mpetencia del Ayun tam iento, qu e inicia a s í una e spiral de
gastos de difí cil control y de mu y c o mpleja eje cución. Se e ncargaba de las
343 Com o ej e m p l o véase: RODRÍGUEZ MA RT IN, M ar ía de l Carm e n A . : “ Aprovecham i ento
m i l i tar de e dific i os histór i cos sevillanos”, en Mi l ici a y Sociedad en la Baja And alucía (Si glos
XVIII y XIX ). Madrid , 1999. Págs. 843- 844.
344 A.M .S. Actas Cap i tulares de 1810. 2ª Esc. Fol s.: 34 -36 y A.M .S. Sección VII. T om o 2º. D o c.
nº 7.
345 En este se ntido Va ldi v i eso afirm a: “ Lo q ue podría haberse con si d erado co mo una intención
desafor tunada e i njusta ter m inó siendo la con sagración de u n latro ci ni o dado que los fra nceses
al e ntrar e n Sevi lla no r espetar on las norm as de la capitulaci ón efe ctuada entre la ci udad y el
ejército invasor. Cuando una ur be c apitula, ni prese nta batalla ni se ri nde y p or lo tanto ha br ía
que respetar la vida, la haci enda y e l patrimoni o de los se v ill anos y de sus insti tuc iones c ivi les y
religiosas. Toda esta ri gur osa n ormati va de obli ga do cum pli miento para los i nvasores fue
burlad a por com pleto puesto q ue las trop as a parte d e ex i g i r que se les rindi ese plei t esía,
amedr entaba n a l vecindari o, a llanaban mo radas y ocupand o iglesi as y convento s com o
cuarte les y cab alleriz as. ” Cfr.: VALDIVIESO , Enri que: “Prólogo”, e n GÓME Z IMAZ, Manuel:
Inventar i o de los cuadros sust r aí dos p or el gobi ern o i ntr uso en Sevi lla año 1810. Sevilla, 2009.
Pág. 12.
346 FRAGA IRIBA R NE, María Lui sa : Conventos femeninos desaparecidos. Sevi lla -Siglo X I X.
Sevilla, 1 993. Pág. 23.
347 MORENO A L ONSO: Sev i lla... Op. cit. Págs. 5 1- 58
124
obras de reparación y man te nimiento e inclu s o de do tar de todos los enser e s
necesarios para su cor recto funcionam ie nto como colchones, jer g ones, ro pa de
cama , a g uardiente, etc . 348 . Las noticias de estas actuaciones so n constan tes e n
la do cumenta c ión municipal dando la im presi ón de hacerse a gr an velo cida d y
con cie rto caos e n el Ayun tam iento. Se co noce que las obras de
acondicionamiento de los cuarteles de la milicia cívica estaban a cargo del
capitula r Die go Guerre ro y Sidón bajo la dir ecc ión técnica del arquitecto mayor
Cayetan o Véle z con una s uce sió n c on tinua de gastos en s alar ios y ma teri ales,
destacan do e n estas obras l a partic ipación de lo s o ficia les de albañ iler ía Anto nio
Martínez y los de carpinteros José Gar cía, José Azcona y Diego Jiménez 349 .
Las continua s ór denes francesas sobre e sta c uestión también
refl ejan mu c ha pri s a, co mo la e fectuada el 12 de febre ro de 1810 por el
Gober na dor Mil itar de la plaza de S e vill a que informó a l Ayuntamiento que lo s
cuarteles o conventos no tenían ilumina c ión ni l os utensilio s necesarios par a su
limpieza por lo que ordenaba que s e r emedias e inmediata mente pa ra e vitar
má s quejas de lo s militare s fra ncese s en el fu turo 350 . O e l 6 de julio de 1810
cuan do el gober na dor de la provincia i nforma al Ayuntamiento que l os caballos
de la 4ª Compa ñía del 6º Regimiento p erdían su ración porque no exi stían
pesebres y ordenó a l mu nicipio qu e l o s construy e se a la m ayor br e veda d
posible 351 . Para las autoridades fra ncesas el es tado de revis ta de la s
instala cio nes tenía la ma yor importa ncia y e n e se s entido son ha bitua les l as
visitas de inspección c o mo la que hi zo en 18 1 1 L ouis -Fraçois L ejeune, c oronel
de ingen i eros, qu e visitó duran te tres días cuarteles, hospitales c iviles y
militares, la Maestranza de Artille ría, una f un dició n y diver sos arsena le s y don de
fue recogie ndo todas las observaciones que les realizab an los o ficiales franceses
para efectuar posterior mente un informe 352 .
348 A.M.S. Actas Cap i tulare s d e 1810. 2ª Esc. Fol.: 5 r tº. E l que los ayun tam i en tos tuviesen que
asum i r este t i po de gasto s era l o hab i tu al en España y continuaba durante e l m and ato fran cé s.
Por señalar otro c a so se puede ver el de Sanlúcar de Barram eda. Cfr.: DAZA PALACIOS:
Sanlúca r… O p. Cit. Pág. 57.
349 Para conocer algo del nivel de gastos se puede ver p or ejem plo el realizado en salario s y
m ater i al es com o cl avos, m a dera s, etc. de l 11 de m arzo de 181 0 que a sciende a 1401 reales de
Vellón ; los 229 re ale s i nvert i dos el 16 de j ulio en l o s tablados de l a p revención de l os cuart el e s
de M ontesión, S an Pab l o , l os M enores y l a li m pi e za d e l cue r te del art i llería ; o l os 46 2 reales
i nvert i do s el 18 d e m arzo de ese año en clavos, cal y col a de carp i ntería; o los 223 r eales de
j o rnal es en l a real i z ación de tablad os y ob ras de al bañilería en l os cua rte l es de Montesi ón, san
Pablo y Regin a e l 1 9 de j uli o; el pago de sa lar ios el 24 de j u l i o de 1810 que alcan z ó un coste
de 141 r eales d e vellón, ent r e l os q ue h abría que señ alar, e l de ca rp i nte ros q ue h a c ía n bancos
en los di ferentes cu arteles; o 206 reales el 1 8 de j uli o , 226 reales el 19 de julio, 490 reale s e n
sal ar i os el 28 de julio, 826 el 20 de j u li o, 226 el 21 de j u li o; o f i nalm ente l o s sa l a rios invertid os
en las obras del cuar tel de San Pa blo y li m pieza d el d e San Anton i o e l 8 d e agosto que
al canzaron 126 r eales de vellón. Cfr. A.M .S. Col ecc i ón Alfabét i ca. Caj a 1424 .
350 A.M .S. Secci ón VII. T om o 6. E xpt. Nº 5. F ol .: 18 rtº y A.M.S. Actas Capi tular es de 1810. 2ª
Esc. F ol.: 7 vtº. Aplicando dich a orden , el 23 de febrero se m an dó que do ce carretas con dos
cuadrillas d ebían ex tr aer las basuras y escom bros d e los cuarteles y de las calles. A.M.S. Actas
Capi tulares de 1810. 2ª Esc. Fol.: 14 vtº.
351 A.M.S . Actas Capi tular es de 18 10. 2ª Esc. Fol.: 17 vtº.
352 SU ÁREZ SÁNCHEZ, Elen a, SE RRANO M AÑES, Montserr at, GASTON ELDUAYEN, Lui s,
PIVE TEAU, Ol i vier y FERNÁNDE Z NAVARRO, Antonio: Vi ajeros fr ancófonos en la Andalucía
del siglo X IX. To m o II. Sevilla , 2012. Pág. 202 .
125
Entre to das, u na de l as cuestiones que má s pre oc upa ba a los je fes
militares franceses era la r elativa a la s an idad. E n c lara si ntonía con el e sp íri tu
de las Luce s intentan c ontinuamen te ir dictando medidas de mejora. En e se
sentido, l as ór d enes se repiten habitualm e nte c omo por ejemplo el 1 2 de
febre ro de 1810 se tiene c onocimi e nto de la pr imera de ellas sobre el
alum brado, li mpieza y utensilio s de los cuarteles 353 . O el 23 de febre ro de 18 10
cuan do el Gober nador Militar or dena qu e las tro pas dejen libre la entrada de los
cuarteles para po der limpia rlo s obligando asimismo a la población a u tiliz ar sus
carro s para sacar los escombros y b asura de la ciudad, de biendo asum i r lo s
cos tes de la o peración el Ayun tamiento se v illano 354 .
En esa misma idea habría qu e en marcar l a orde n g e neral del
ejé rcito de 22 de abril de 1810 so bre l a limpieza de la ci uda d y c uartele s y r iego
de las calles 355 . La o rden fir mada po r el mariscal Soult planteaba q ue al
acerc arse los calores e stivales era neces ari o dic tar medidas de salubrida d
pública para prese rvar a la po blación y a los m i litares de las enfer med ades
contagiosas. De jan do aparte l as cuestio nes sob r e la poblaci ón en ge neral, en
dicha orden se establece que los of iciales y jefes de los diferen tes cu erpos
deben ex t r emar el celo en el cuida do y aseo de los cuarteles y edificios
ocupados siguiendo lo establecido en los reglam e ntos militares. Asimi smo, se
orde na ba q ue una vez a la semana los carros con los que se iba re co giend o la
basu ra de las c alles de la ci udad pasasen por los c uarteles, especialm ente l a
Merce d y Sa n Agu stí n, para r ec oger la pro ducida e n los mismos, an te lo cual el
Ayun tamiento expuso qu e la tropa sólo tenía qu e poner la basura de los
cuarteles en la puerta de los mismos como hacían todos lo s ve cinos “
pues por
ma s q ue se empeñe e ste Ayun t amien to e n arre glar el punto de limpiez a n ada
se co nseguirá mientras por parte de l a tro pa no se guarden las r eglas
estableci das pª co n lo gral del vesinda ri o”
. E n re lación a es tas quejas co n
res pecto a la actitud de las tropas e n lo concerni ente a la limpi e za el mun icipio
plan teó al comandan te de la pla z a qu e la tr opa fran c esa esper aba qu e los
paisan o s le li mpiasen e l cuartel i ncluyendo el estiércol de los caba l los y por ello
solicitaba que “
si la l impia de Quartele s s e a de hacer fuera de l a s r eglas
generales pª co n e l vecinda rio sin que la tropa co ntribuya a e llo ; t e nga V.E. la
bonda d de dictar l as reglas que sean de o bservar pª evitar re combencio ne s…”.
La impor tan cia de la o rganización del alojamiento de tropas y del
acondicionamiento de edific ios para acuartelamientos es tan importante y c ausa
tan to trabajo y pro blema s que el Ayunta miento dec ide nombrar e l 13 de mayo
de 1810 a un capit ular como únic o e ncarg a do del te ma que se rá D iego
Guerre ro y Sidón y que e staría ayuda do por el arquitecto mayor Cayetano Vélez
“
y ensu de fecto a alguno del os o tros Maestros ti tulares de la ciudad”
356 . A su
vez las a utoridades francesas nombra r on a los comisar ios de Guer ra Sr. de
353 A.M.S . Actas Capi tular es de 18 10. 2ª Esc. Fol.: 7 vtº.
354 A.M.S . Actas Capi tular es de 18 10. 2ª Esc. Fol.: 14 vtº.
355 A.M.S . Secci ón VII. To m o 4º. Expt. Nº 11.
356 A.M.S . Actas Capi tular es de 18 10. 2ª Esc. Fol.: 65 rtº.
126
Dusen y Tomá s de Queypo para que se encargasen de l re conocimien to de l os
cuarteles y e studiar las re paraci o nes que le s hiciesen falta 357 . En último lugar,
el gob er nador milita r de cidió nombrar cuarteleros, a cargo del mun i cipio , que
cuidasen los edificio s y di e ran parte diari am ente de l e stado de los m i smos al
comandan te de la plaza 358 .
A pesar de lo s e sfuerzos municipales para i ntentar que lo s
conventos o cuarteles estuviesen en la s mejore s condiciones los problema s por
la actitud de las tr opas s on cont inuos 359 . Por ello es importante conocer el
Dec reto de 1 de e ne ro de 1 81 1 po r e l qu e el Ma r iscal Soult intentaba re gular e l
fun c ionamiento de los c ua rtel es y de quien e ra c ompetencia 360 . Esta norma,
organizada en c inco artículos, básicamente plantea que el s er vicio de lumbre,
luz y utensilios de l os cu arteles de la plaza militar de Sevil la e ran
res ponsabilidad de la adm i nistraci ó n m u nicipal por lo que a demás de
proporcio na r dichos elementos a l os cua r tele s las cuenta s del Ayuntamiento e n
este ramo se rí an fisc aliz ada s mensualmente por el co man da nte militar d e la
plaza. Pa r a poder aplicar e ste Decreto el mun i cipio tenía que atenerse a la
Orden General del Ejército fir mada por Soult el 14 de diciembre de 1 810 que
intenta ba adapt ar los reglamen tos e spa ñole s y fr an ce se s para a decuarse a las
caracterí sticas clim áticas de l a re gi ón y en función de ellos establecía las
raciones qu e le c orrespondía a c ada cua r tel según e l número de hombres que
albergaba .
No obstan te, en marzo de 1 811 e l Ayun tamiento conoce u na
orde n d el Pr efecto p o r l a que a partir de e se momento las obras d e cuarteles
queda ban a cargo de la administración fr ancesa y que el mun i cipio debía cesar
en l a r ealizació n de dic hos traba jos 361 . A e llo se sumó e l decreto de 20 d e
dicie mbre de 181 1 po r el cual S o u lt o rdenaba qu e el e ncargado del cuida do y
conser vación de l os c uarteles s e ría el cuerpo de ingenieros militares fran cese s
para lo cual dotaba a la Pre fec tura de Sevilla de 720.000 re al e s al año que
debía pro porciona r el A yunta miento de lo que utilizaba para la c onser vación de
edific ios militares convirtiéndose e l mu nici pio de ge stor a mer o paga dor de la
cuestió n del alojamiento m ilitar 362 . El Ayu nta mie nto pla nteó qu e n o tenía
357 A.M.S . Actas Capi tular es de 18 10. 2ª Esc. Fol.: 5 vº.
358 A.M .S. Sección V II. Tom o 2 º (2). Ex pt. Nº 5 6. Fo l .: 1 11 rtº. Una vez li berada l a ciud ad se
pl anteó la neces i dad o no de m ante ner lo s cuarte l eros. Para ello, en octubre de 1812 se or d enó
a José Echa m oros qu e in form a se en vi rtud de qué orden se había n nom br ado, cuán t os eran y
en que edifici os se encontraban, suspen diendo m i e ntras tan to y hasta que se tom ase una
deci sión e l p ago de sus habe r es. Cfr. A.M .S. Sección II. Carpeta 69.
359 Es el cas o de la denuncia realizada por el guarda d e los Caños de Carmona en mayo de 1810
sobre que la tropa lav aba l a ropa allí causand o un daño enorme al agua que abas t ec ía a través
de las fuentes a la c iudad de S evil l a, a l o que el gobernador d e la provincia dio las órdene s para
que no se continuase con dicha cond ucta. A. M.S. Actas Capitu l ares de 1810. 2ª Esc. F ol.: 72 rtº
y 9 vtº. O la orden de 22 d e agosto de 1810 del gobernador Darrica u de que las letrinas de los
cuartele s e staban e n malas condic iones y d ebían arreglarse i nmediatamente. A.M.S. Actas
Capi tulares de 1810. 2ª Esc. Fol.: 55 vtº.
360 A.M.S . Secci ón VII. T om o 7 . Ex p t. Nº 43.
361 A.M.S . Actas Capi tular es de 18 11. 2ª Esc. Fol.: 50 vtº.
362 A.M .S. Actas Capi tul ares de 18 12. 2ª Esc. Fol.: 13 vtº y A.M.S . Sección VII. T om o 2. D oc.
Nº 5. Fols.: 1 19-122.
127
fondos para esas fun cio nes, pu es nunca había estado encargado de ellas hasta
eso s mom entos, aun que acordó remitir un informe al C o misario Regio de l as
Anda l ucías, conde de Montarco, donde co nstase lo que ha bía gastado
mensu almente e n l a r eparación y preparación de c ua rtel es y cuerp o s de
gua r dia 363 . A pesar de e llo , el conde de Montarco o rdenó en ma r zo de 1812
que e l Ayuntamiento de Sevilla debía entregar en la tes orería de l a Pre fectura
12.059 re ales al mes para co stear la limpiez a y reparación de l o s cua rteles y
cuerpos d e guardia 364 .
Un a ve z liberada la ciudad lo s pr oblema s si guen sie ndo similares y
es e n gran medida, siguiendo l a tónica habitual, el Ayuntam iento e l r esponsable
de resolverlos. Es el caso de la denuncia que ha c e el Capitán General el 5 de
febre ro de 1 813 plantean do que estaba au me ntando el nú mero de e nferm os
entre la tro pa por la fa l t a de camas y el ma l estado de los c ua rtel es so licitan do
al municipio que mie ntras se hacían l as camas se suministrase una manta a la
tropa y esteras de e nea. Ade más exigió que s e dispusiese un edificio para
hospital de conva l ecientes, o tro p a ra almacén y fina l mente o tro para aloja r al
Jefe del Es tado Ma yo r y sus oficina s 365 . Ta mbién, e n abril de es e añ o se
plan tea e l pro blema del pago por parte del Ayuntam i ento de la l impi e za de los
pozo s negr os de los cuarteles 366 . Un he cho difer ente e s la pro puesta por part e
de los a lcaldes constituci onales del 7 de abril de 1813 de que las igle sia s de los
conventos exclaustrados dejasen de usa rse como cuadras o de alma c enes y
retornasen a su uso r eligioso l o que empieza a p artir de ese momento a s er
estudiado por las autor idades militares y ci viles sevillanas 367 . Fin almente,
duran te los años 1813 y 181 4 se publ ic an varios edictos sobre alojamientos de
tropas e n la ciuda d ya que la g uerra c ontinú a y el pro bl ema persiste,
regis trándose múltiples qu e jas y r e clam ac iones por parte de l os c iudadan os
sevi lla nos al igua l que en la época de la ocupación francesa 368 .
363 A.M.S . Secció n VII. T om o 2º ( 2). Expt. Nº 59 y A.M.S. Ac ta s Capitular es de 1812 . 2ª Esc.
Fol.: 2 0 vtº.
364 A.M .S. Actas Capi tular es de 1812. 2 ª Esc. Fol.: 61 rtº. Esta sangría continua de gastos qu e
sufre el Ayuntam i ento segu i rá durante l os meses si gu i entes. Ej e m pl o d e ello es la p etición de
Cri stóba l López q ue r eclam aba el im porte d e 580 m anta s d e j e rga del que sólo había co brado
7465 reales fa l tándole aún 4727. Cfr. A .M.S. Actas Capi tulares de 1812. 2 ª Esc. Fol.: 1 03 vtº y
128 r tº. Para estim a r el va l or e im porte de los gastos extraordina rios que tenía que ir a bo nando
el m uni cipio s e conoce l a relación de gastos de m a yo de 1812 con previsión d e los gasto s del
m es de junio que asc end ían a 1438194 r eales. En esa cant i dad, se i n c l uía m a teri al par a l os
cuartele s, le ña, tran s porte de m ateri ale s, j or nal es de asisten te s, obras, etc. Cfr. “Municipalidad
de Sev i ll a. Relaci on de los gastos extrao rdinari o s m oder nos que se ade udan for fi n de mayo y
anter i o res, delos q ue se pr esuponen para Ju ni o, y del total q ue se necesita h asta fin delmi smo
a saber …” A.G.I. Indi ferente Gen e ral. Leg. 3124B. s.f.
365 A.M.S. Actas Capitula res de 1813. 1ª Esc. Tom o 7 . Fo l.: 279 rtº y vtº. En el m i s m o se nti do el
22 de febr ero el com a ndante d e Guardias Val onas pidi ó que se li m pi asen l os alr ededore s del
cuartel por l as b asuras e i n m undi cias que habí a q ue er an m uy perj u di ciales para l a s alud de l a
tropa y del vecind ario, ade m ás sol i citó se sum i ni str ase agua a di cho cu artel. A.M.S. Actas
Capi tulares de 1813. 1ª Esc. Tom o 7. Fol .: 369 vtº.
366 A.M.S . Actas Capi tular es de 18 13. 1ª Esc. Tom o 7. Rol l o 334. F o l .: 5 69 vtº.
367 A.M.S . Actas Capi tular es de 18 13. 1ª Esc. Tom o 7. F ol s.: 607 rtº y vtº y 637 rtº y vtº.
368 A.M.S. Actas Capi tulares de 181 3. 1ª Esc. T om o 8 . F ol s.: 47 9 rtº -487 vtº, 5 51 vtº- 552 vtº,
560 vtº, 564 rtº y 572 v tº- 574 vt º; Tom o 9. Fols.: 13 vtº -1 5 vtº, 21 vtº-22 vtº, 30 rtº32 vtº; y A.M .S.
Sección VIII. Tom o 1º. Doc. Nº. 44, 45, 46, 4 7, 48, 49 y 50.
128
1. EDIFICIOS MILI TARE S ANTER IORES .
Ya ha si do señalado qu e aunque his tór icamente Sevilla no te nía
un a función m ilitar propiamente dicha, siempre había es tado relaciona da con el
ele mento c astrens e, tanto por s u imp or tan cia polític a, su u bicació n geo gráfica,
o por su potencialida d industrial 369 . Lo s primeros e dificios que se usaron como
cuarteles y a lojamiento de l as tro pas se rían, evi dentemente, a quellos y a
exis t entes e n ese momento de ca rá c ter y uso militar. Aunqu e en la ci udad
ha bía algunos edifi cios ya destinado s, o incluso co nstruido s exprofeso para
alojar a militares , co n toda se gurida d er an pequeñ os en su tamañ o e in cluso
inadecua dos para poder ll eva r a cabo toda la actividad militar que e xigía un
cuartel y más p ara un ejér cito de o cupación e xtranjero e n ple na campaña
bélic a. La importancia de Sevilla c omo c entro militar no se puede ol vida r ya que
desde aqu í se organizaba la ofe nsiv a imperi al tanto h ac ia la ba hía de Cá diz
como por la zo na onubense hacia Po rtugal o la Serranía de Ronda. En base
fun d amentalmente a l a documentación archivística original se pueden co nocer
algu nos de los avatares que s ufrier on los s iguientes edific ios sevillan os en el
perio do de la guerra de la independen c ia.
TORRE DEL ORO
Este edific io medieval siempre había e stado relacionado co n
fun c iones militares de control del rí o Guadalquivir aunque d urante e l si glo XV III
ademá s de ser re formada por Sebatián v an de r Borcht e n 176 0 se empezó a
dedicar má s a activi dades fiscal e s. E n e stos momen tos e n la To rre del Or o s e
estableció un c uerpo de Gu ardia enc argado probablemente de l a vigil ancia del
río , de l puente so bre e l Taga rete y d e l Puente de Ba r cas. Aunque p ara c umplir
estas fun cio nes fue necesari o la limpieza del edificio en julio de 1810 de lo que
se e ncargó el arquitecto municipal 370 .
369 PONCE ORTIZ DE INSAGURBE, Mercedes y SÁNCHEZ SÁNCHEZ, Jo sé: Sevi l l a:
Arq u itectura y ciudad militar. El Cua rtel de la Carne, pa tri monio recupe rado . Sev ill a, 20 04 . Pág.
149.
370 El coste de estos tr abajos l o asum i ó el ayuntam i ento bajo la di rección de Cayetano Vé l ez y
por ejem p l o se conoce qu e el 2 5 de j uli o pagó a Cl em e nte Guer rero 2 42 rea l e s d e vellón por
l os jorna l es de l a li m pi eza de varios e dific i o s entre l o s que se encontraba l a Torr e de l Oro. Cfr.:
A.M .S. Col ecci ón Alfabét i ca . Caja 1424.
129
CUARTEL DE LA PUERTA DE LA CARNE
Era un edifi cio construido para el alojamiento de tropas por
Antonio Hurta do entre 1 780 y 1 788. Sobre su evo lu ción histórica en e ste
momento se s abe que en los primeros a ños del sigl o XIX s e le habían ido
realiz an do div ersas intervenciones de reforma para adecu arlo a sus funciones
militares co mo por ejemplo las o bras en e l pavimento llevada s a cabo en 1802
o los intentos de adapt ació n para alb er gar a la Re al Brigada de Carabiner os e n
1806, o unida des de cab aller ía en 180 7 371 .
En esta lí nea es muy intere sante la pr opuesta de 18 05 para
au mentar una planta al e dificio y así poder a lojar e n e l cua rtel un bata llón de
infa ntería sin c aballer ía y del qu e se conoce n dos pla nos en color de planta y
facha d a 372 . Dicho proyecto está fi rmado e n Sevil la e l 21 de mayo de 1805 por
Bernardino del Cañ i zo y Losa y con e l visto bueno de Antoni o Hurtado dad o en
Cádiz el 4 de n ovie mbre. Se compo ne de u n alzado de la fachada con su
cor respondiente se cción y otro de pla nta. La obra co nsistía en aum e ntar un piso
en todos los flancos de l edificio. A n ivel ex t erior esa nueva altura ll evaría una
facha d a l isa c on ventanas e n línea con la de l os pis os infer iores. El nuevo piso
cubriría con un tejado a do s agua s y su planta tendría carácter lo ngitudinal
accedié ndos e a ella por medio de escaler as. Únos pilares e n el centro de la s
na ves que tendrían l a fu nció n d e soportar l as vigas y la t e chum br e
compartimentán dos e el espacio e n d iversas d e pendencias como d o rmitorios de
tropas y cuartos de suboficia les , cocinas y s ervicio s. La obra no se llevó a ca bo
por pro blemas e co nómi c os argumentán dose que mientras las m ader as d e la
techumbre estuviesen en buen as c on dicio nes no tenía se ntido destruirlas para
construir la nu e va am pliación 373 .
El nivel de aban do no o de m al us o del c ua rtel tuvo que se r
importante ya en ti empos d e la ocupación francesa, c oncretam ente en octubre
de 1810, au nqu e en e l cuartel se encontra ban albergada s tres unidades
militares: e l t e rcer re gimi ento de ca z adores de caba ller ía, el d e cazadores
francos y el d e cazadores fran ces es, las denun ci as por su e stado son de gran
trascendencia. Así, el día 9 e l gobernador militar exigió se r ealiza sen
re paraciones en el edificio para perm iti r un a ma yor co modidad a la tropa.
Espec ialmente, e ntre otr as c uestione s, se ha bla de la c olocación de puerta s,
371 A.G.M.S. S ecci ón 3ª . Divis i ón 3ª. Leg. 7 08.
372 A.G.M.S . Secció n 3ª. Di visión 3ª. Le g. 70 8. Ex i ste ta m bi é n referencias, j unto con unos
di bujos, de ob ras que se h acen entre 18 15 y 1816 e n el cuartel d e Artil l ería volante seg ún el
proyecto de l inge niero Ju a n José Palom i n o.
373 Bernardi no del Cañ izo y Losa era en e stos m omentos teniente coronel y exis t en d udas sobre
si s e llamaba B ernardino o B ernardo de Los a . En 1 778 er a cadete en Sevilla y fue nom b rado
Ayudante de Ingenieros el 31 de julio de 17 79 , trabajando en las fortificaciones de Manila y
Cavite. En 1807 fu e destinado a la Di rección de Ext remadura sie ndo nomb rado a l año siguiente
Ingeniero General del Ejé r ci t o del Ce nt ro y p articipando en la s b atall as d e Bailén, Tu d ela,
Casca ntes y Vé lez y en la defen sa de Badajoz, retirándose a Ay amonte en 1 811. Cfr.: C APEL et
allii: Los ingeni eros.. .. op. Cit. Pág. 274 y CARRILLO DE ALBORNOZ: “Di ccionario... Op. Ci t.
Pág. 570.
136
en total h abía 20 cua r tel es con c uartelero una vez li berada la c iuda d, lo cual da
un a i dea aprox imada de c ómo e ra la si tuació n un o s mese s antes c on el
gobier no josef ino 394 . En co ncreto, los cuarteles e n antiguos c onventos era los
siguientes:
MONASTERIO DE SAN BENITO O DE SANTA MAR ÍA Y SANTO
DOMINGO DE SILOS
En tiempos de la oc upa c ión de Se vi lla fue exc laustrado como
todos los c onventos masculinos y convertido en cua r tel quedando e n u n es tado
ruinoso po ste rio rmente 395 . Durante eso s años estuvo a l lí a l oja da l a 4ª
Compañ ía de l 6 º Regimiento de artil lería lige ra francés, l o cua l trajo dive rsos
proble mas de intendencia. El pr i ncipal de e l los fue la falta de insta l aciones pa r a
los c aba l los de lo s trenes de arti l lerí a por l o que el Gener al D ar r i cau o rdenó en
julio de 1 810 al A yuntamiento la co n strucció n de 50 pe sebres pa ra q ue las
bestias pudiese n comer ya que lo h acían “
en tierra y que de ahi r esulta a
demas del as fatiga s que e xp er imenta n dhos a nima le s, una per dida c onsiderable
en su pe queña r acion que se ha lla en parte pisada debajo de los pies”
396 . La
propuesta del A yuntamiento, c on e l f i n de ahorr arse el gasto, fue r epartir lo s
caba llo s en diversos lugares, au n que las autoridades de ocupación le
conmina r on a re aliz ar l a obra o a lleva r l os pe sebres des d e c ua lquier o tro pun to
de la ciudad aceptando finalmente e l municipio la construcción d e dich as
instala cio nes en e l convento 397 . Por un i nforme del 17 de jul i o de 1810 se sabe
que se e nc o ntraba n allí alojados 190 s olda dos de artillería 398 .
CONV ENTO DE SAN PABLO EL R EAL
El convento se situ aba en l a collación de S an t a M aría Ma g dalena
cer ca de l a Puer ta de Tri ana y como e ra habitual, e l gobie rno fra ncés de Sevilla
dedicó el convento a cua r tel y en la igle sia instituyó l a parro quia de S anta María
Magdalena . Al lí se es tableció la Mil icia Cívic a y se realiz aron diver sas obras de
acondicionamiento al mismo ti empo que e n e l resto de c onven tos
desamortizados al menos desde el mes de marzo h asta el de agosto de 1810.
Así se sabe qu e e l 19 de m ayo Anton io Gonzá lez Santos firmó u n rec ibo por
importe de 1.170 real e s de vellón por el trabajo en el edifici o de un maes tro,
tres oficiales y diez pe ones y el uso de diver so material de construcción co mo
y Basili os . Sevi ll a, 2007 y Patri monio artísti co de los co nventos ma sculi nos desamo rtiz ados en
Sevi lla dur ante el si glo XIX: Tr i n i ta rios, Fr anciscanos, M ercedari os, J eróni mos, Cartujos,
Mínimos, Obregones, Menores y Fili penses. Sevilla, 2009.
394 A.M.S . Secci ón VIII. T om o 5. Doc. 8.
395 GESTOSO Y PÉ REZ, José : Sevi lla monumental y artística. Sev il la, 1892. T om o III. Pá g.:
272. La r eferencia al estado ruinoso en qu e quedó tr as el paso po r e l edificio de las tropas
france sas pu ede verse tam bi é n en M ADOZ : D i cc i onar i o ... Op. C it. Pág. 2 58 y FERN ÁNDEZ
ROJAS: Patri m on io... Benedi ct i nos...O p. Ci t. Pág. 44.
396 A.M.S . Secci ón VII. To m o 5º. Exp. nº 44. Fol .: 142 rtº.
397 A.M.S. Secci ón VII. T om o 5º. E xp. nº 4 4. F ol .: 14 3 rtº y A.M .S. Actas Cap i tul ares de 1 810. 2
ª Esc. Fol.: 22 rtº.
398 A.M.S . Secci ón VII. To m o 1º. F ol. 186.
137
cal, ye so, ladrillos, tierra, e tc. 399 . La r elación de gastos e s continu a durante el
ver an o, dir igiendo las obr as el arquitecto ma yo r Ca ye tano Vélez, c o nsistie ndo
en gran medida en la c onstrucció n de tabla dos y bancos y en la limpieza de l
rec into 400 . Asimismo, por un recibo de 18 de julio s e sabe que tambié n
participaron en dicha s a c tuacio nes el o ficial de albañ il er ía Ju an Sánch ez y e l de
carpintería José Andrade 401 .
CONV ENTO DE SANTO DOMINGO DE PORTA COELI
Se u bic aba en las afu e ras de las murallas en la denomin ad a
Huerta de l Rey, en el e spac i o e xisten te e ntre las puertas de la Carn e y l a de
Carmona e n la zona del a rr aba l de Sa n Bernardo. Fernán de z Rojas informa que
no s e co nocen datos refere ntes al edificio du rante l a o cupación, aun que co n
toda probabilidad se tuvo que co nvertir en cua r tel , s ufriendo mu c hos destro zos
al igu al qu e el r esto de e dificios, desco nociéndos e asimismo si trás la
fina lizació n de la guerra volvieron l os dominico s al recinto 402 . No obstante, se
sabe que al final de la guerra tuvo q ue utiliz arse como depósit o de pó lvora ya
que e n 18 14 se r e aliza un e xp edie n te para intentar trasladar dic ho m aterial
fuera de l entorno urbano dado e l p eligro que podía suponer una e xplo sión del
polvo rín , a un q ue en 1 816 aún se estaba disc utiendo por el tema entre las
au tori dades militares y mu nic ipales 403 .
COLEGIO DE SANTO TOMÁS DE A QUINO
Se sitúa ba próximo a l a c atedral e ntre las Ata r azan as y las
mu rallas del Alcázar, cer cano al Posti go del Carbón. Ex iste n re fer encia s de que
en 1 809 se estableció a llí parte de la fá br ica de fusiles y que en 1810 fu e
ocupado y saqu e ado por las tropa s im pe riales 404 . Documenta l mente se sab e
que al menos en 181 4 todavía e ra utilizado como c uartel p or l as tropas
españolas ya que el vice rrector del colegio el 2 de ma rzo se quejó al
Ayun tamiento pidie ndo sol uc i ones a nte e l es tado de su ciedad y abandono que
tenía el edific io que s e usa ba como depósito de quin to s ha bié ndose instala do
allí ademá s e l 4º regimiento de caball erí a del Pr íncip e “
siendo facil dar idea de
su actual s itua cio n s iendo cada r incon un muladar y cada c erda un depos ito de
asqu e ro sidad
” 405 .
399 A.M.S . Col ecci ón Alfabét i ca. Caja 1424.
400 Por e j e m p l o, el 15 de j ul i o se pagaron 2 42 reales de vellón por l a lim pi eza de este cuartel,
entre otros edific i os, a C l em en te Guer rero. Cfr.: A .M.S. Colección Alfabét i ca . Caja 1424.
401 A.M.S . Col ecci ón Alfabét i ca. Caja 1424.
402 FERNÁNDEZ ROJAS : Patr imonio... Benedi ct inos...Op. Cit. Pág. 164.
403 A.M.S . Secci ón VI. To m o 83. Ex p t. Nº 12.
404 FERNÁNDEZ ROJAS : Patr imonio... Benedi ct inos...Op. Cit. Pág. 177.
405 A.M .S. Actas Capitulares de 18 14. 1ª Esc. Tom o 10. Fol.: 178 rtº. E l 17 de j uli o de 1810 se
al ojaban en e l colegio 200 trabajadores de artillería. A.M .S. Sección VII. Tom o 1 º. F ol . 186.
138
CONV ENTO DE REG INA ANGELORUM
Se situaba la c oll ación de San Pedro , fr ente a la plaza de la
Encarna ció n y se gún Ge stoso fue uno de los ed i ficios que más sufrió con la
llegada de las tr opas imperi ales 406 . Co mo c uartel aloj ó a un i dades de l as
Milicias C ívi cas y evide ntemente se tu vier on qu e realizar alguna s obras pa r a
acondicionar el edificio a sus nu evas fun c iones, que empezaron nada más ser
ocupada la ciudad. Esto se corrobora por los r ecibos firma do s p o r Juan Ro m er o
y que se conser van en el Ar chivo M unicipal de Sevilla. E n el primer o de e llos
firmado el 25 de febrero dec l ara r ecibir 4.949 reales de vellón por e l tra bajo de
7 oficiales y diverso ma teri al como cla vos “
canda do grande para el c alabozo, 8
ma sas de Tr a las, 4 medianas de esparto, ye so, cal, madera y ladrill os”
. El
segundo de lo s r eci b o s, de 4 de marzo, e s po r e l tr aba jo r ealizado e n el edi fic io
entre los días 2 6 de f e brero y 3 de m arzo recibiendo 2 .811 reales de vellón por
el trabajo de siete oficiales y material co mo c lavos, caja de umbrales, made ra,
yeso y cal 407 .
Tam bié n s e sabe que e l 21 de mayo de 1810 los alca ldes alarifes
Fernan do Mo rales y Julián de la Vega den un cian la ex istencia de u n tro zo de
pared de l convento que está a pun to de caerse en l a zo na de la c alle del Muro
con el co nsiguiente p el igro para los ve cinos 408 . La notic ia fue transmitida al
adm i nistrador de B ienes Na c ionales quien or denó e l 23 de m ayo qu e dicha
pared fuese reconocida por e l Maestr o Ma yor y derribada pa ra e vitar posibles
incidentes. Finalm ente, se puede s uponer que esta situa ci ón de dejadez si guió
algú n tie mpo ya que e n j u l io de 18 10 varias perso na s se intro dujeron en e l
cuartel y robaron las ma deras que for maban el cuerpo d e guardia a c ausa de l
“
abandon o que padecen algun o s porno e star completamen te reparados” 409 .
Fina l mente, se co noce qu e dentro del cua rtel las Milicias Cívicas
construyeron una capilla para de cir misa los días festivos que fue bendecid a el
4 de m arzo de 1 812. E se día , el cua r tel estuvo totalmente il um inado y la banda
de música de lo s “
civicos e spañ ole s
” interpre tó m úsic a ha s ta las diez de la
noche 410 .
CONV ENTO DE SANTA M ARÍA DE MONTE -SIÓN
Se ubica ba en l a collació n de Sa n Juan de la Palm a, en l a calle
Feria y como es ha bitual en tie mpos de la o cupación f rancesa fue e xcl aust rado
y conver tid o en cuartel, regresando lo s monjes en 1 814 411 . Durante su uso
militar fue ocupado por un Batallón de Gua r dias Cívi cas r ealizándose en e l
edific io diversas obras de a condici onam iento po r parte del A yuntam ie nto
406 GESTOSO Y PÉ R EZ: Sevilla .. . Op . cit. Tom o III. Pág.: 54 y FERNÁNDEZ ROJAS:
Patri monio... Benedi ct inos...Op. Ci t. Pág. 199.
407 A.M.S . Col ecci ón Alfabét i ca. Caja 1424.
408 Íbi dem .
409 A.M.S . Actas Capi tular es de 18 10. 2ª Esc. Fols.: 31 rtº-31 vtº.
410 GONZÁLEZ DE LEÓN: Diari o… O p. C it. 1812. Pág. 25.
411 FERNÁNDEZ ROJAS : Patr imonio... Benedi ct inos...Op. Cit. Pág. 223.
139
sevi lla no hasta al menos el mes de se ptiembre de 1810 y que e stuvieron a
cargo del arquitecto ma yo r de l a ci u dad Cayetano Vé le z 412 . En dic has obr as
intervinieron también los oficiales d e alba ñile ría, Man uel Tole dano y Agustín
Rato y die cisiete peones. Los gastos, pagados e l 28 de mayo, de jorna l es y de
ma teri ales como cal, yeso, aren a, espuertas, etc. asce ndie ron a 1.641 rea les.
Jun to a ell o también se sabe que se invier ten 223 r e ales en julio
de 1 810 por las obras “
delos Ta blados de los Qua rtel es d e Mili c ias c ivi ca s de
Montecio n, Sn Pablo y Rexina y Re paros de Albañ iler ia”.
Así como e xis ten
diver sas r elaciones de gastos en Mo nte - sió n y San Pablo que alcan za n un t otal
de 174 8 reales qu e se paga r on al oficial de albañ i l Antonio Martínez, a lo s
ofici ales de carpintería Jo sé García, José Azcona y D iego Xi ménez y a t r es
peones más. Finalm ente, el 23 de julio s e paga r on 120 reales a los carpinteros
y nueve pe ones por realizar un a ser ie de bancos pa ra el cuartel y en
septie mbre 500 re ales por div ersas obras al sobr esta nte Cl e mente Guerrero, el
apa r ejador Ju a n de Castro , los oficia l es de carpintería José Azcona y Diego
Ximénez, el o ficial de albañ il A ntonio Martínez y a die ci séis peones que habían
traba jado.
CONV ENTO DE NUESTRA SEÑORA DE LA CANDEL ARIA Y SAN JACINTO
Este conve nto se encontra ba ubicado en Tri an a e ntre la calle de l a
Cava y el camino de Sa n Juan de Aznalfarache, habiéndose finalizado su iglesia
en 1774 413 . Aun que an tes, algunos ele mentos del r ecinto ha bían for mado par te
del s istema defe nsivo de la ciudad, s u ma y or des trozo comenzará con la
ocupación fran ces a. En 1810 e l convento fue convertido en cua rtel y esta blo
para las caballe rías mili tar e s su friendo grandes destrozo s aunqu e en parte se
repararon al r egre so de los monjes. Como ejemplo c oncreto de la c onfusión
sobre el uso de los edificios es la infor mación bibliogr áfica tradicional que
incluso plantea q ue la iglesia fue co nver tida en establo de vacas y parte del
convento en c orr al de vecinos o sim plemente que la igle sia fue establ o de
caba lle ría
414
.
Con re specto a intervenciones con cretas en e l edificio se conoc e
documenta l mente q ue e l 1 de abril de 181 0 las au tori dades de o cupació n
francesas o rdenaron al Ayun tamiento qu e facilitase la inspección qu e i ba a
realiz ar un ayudante mayor de la ciuda d al co nvento p a r a estable ce r allí ese
mismo día un batallón de l Regimiento Imperial de Infantería nº 34 415 . Al día
siguiente el mun i cipio conoci ó las quejas del co man da nte de la plaza militar de
Sevilla, e l gener al marqués de Riomi lano, ya que “
el qu arte l de San jacinto,
lexos de estar l impi o y c ompuesto, co mo lo e ncargué ayer á V. E., o frece el
aspecto mas mise rable”
e informaba que en la inspec ció n antes citada sólo se
412 A.M.S . Col ecci ón Alfabét i ca. Caja 1424.
413 FERNÁNDEZ ROJAS : Patr imonio... Benedi ct inos...Op. Cit. Págs. 248- 252.
414 MONTOT O, Santiago : Esq u i n as y Conventos. Sevilla, 1983. Pág. 166. En cam bi o Madoz
i nform a que l a i glesia se ut ili zó para la caballería. MA DOZ: Di cc i o nario... Op. Cit. Pág. 260.
415 A.M.S . Secci ón VII. To m o 2º (2 ). Expdte. Nº 54. Fol.: 108.
140
ha bía visto a un hombre trabajando en San Ja cinto 416 . A todo ello el
Ayuntamiento re spondió que la falt a de pe rso na l e ra debida a que el día era
festivo pero qu e en aquel momento y a es taban trab ajando más de 80 personas
en e l cuartel. No obstante, s egún las autoridades s evil lana s, e l pro blema
radicaba en que a pes ar de todo el esfuerzo mu nicipal “
la ma gnitud de lo s
Qu arte les o Co nventos y los much os escombross qu e dexan las tropas por
todas s us avit acio nes cada vez que e stán el los no per mite que s e le ha g a su
limpia en pocas o ras cntpo. sin embargo qu e se a pli ca a e llo t odos l os brasos
posibles”.
Por último, por el es tado del acuartelamiento general de la ci udad de l
día 17 de julio de 18 10 s e sabe qu e e n el co nvento de San Jacint o s e
encontraban alojados 3 50 so ldados su i zos 417 . De sde e l primer momento d e la
ocupación e l Ayunta miento nombró como cuartelero a Jo sé Caba lle ro, pasan do
luego a re ali z ar la misma fu nció n en el cua rtel de la Ca va de Triana 418 .
MONASTERIO DE SAN AG USTÍN
El e difici o e staba ubicado ex tramu r os de l a c iudad frente a la zo na
de la Pu e rta de Ca r mona y próximo a la c alzada de los Cañ o s 419 . Con la
ocupación fr ancesa el edificio sufrió gran des destro zos qu e se intentaron paliar
a partir de 18 14. De s u uso co mo cuartel se c onoce que e l 1 de abril de 18 10
las au tori dades francesas decidie ro n esta ble ce r allí unida des de artill ería vola nte
por lo c ua l or denaron a l municipio que se l impiase el edifi cio y se coloc a se n
estacas y pesebr es en el refectorio y en la planta baja de los claustros pa r a
poder c olocar al menos tr einta caballos, man d ándose también que s e co loc ase
la su ficie nte pa ja p ara f acili t ar la comodidad de l as tropas 420 . El 3 de abril el
Ayun tamiento informó que ha bía pre parado el edificio a pes ar de la inmundic ia
y e l destrozo qu e habían h echo las tropas e n él y qu e se habían coloc ad o el
domingo, trabajando tanto duran te e l día c omo por la noche, trescienta s
estacas sujetada s con yeso a los mu r os 421 . Se sabe q ue el 17 de julio de 181 0
estaban alojados allí 200 soldados d e a r tille ría 422 .
COLEGIO DE SAN ACACIO
El colegio estaba situado en la cé ntrica calle Sier p e s y en 1810 se
estableció allí la oficina de l crédito público que se man tuvo hasta 1812 cuando,
un a vez l iberada la ciuda d, se ubicó la Academia de No bles Artes 423 .
416 A.M.S . Secci ón VII. To m o 2º (2 ). Expedte . Nº 55. F ol.: 109.
417 A.M.S . Secci ón VII. To m o 1º. F ol. 186.
418 A.M.S . Secci ón VIII. T om o 4. Doc. 73.
419 FERNÁNDEZ ROJAS : Patr imonio.... Benedictinos...Op. Ci t. Pág. 278.
420 A.M.S . Secci ón VII. To m o 2º. F ol.: 108 rtº.
421 A.M.S . Secci ón VII. To m o 2º. Exp. nº 55. Fol .: 110 rtº.
422 A.M.S . Secci ón VII. To m o 1º. F ol. 186.
423 MADOZ: Di cc ionar io... Op. Ci t. P ág. 262.
141
CONV ENTO DE NUESTR A S EÑORA DEL PO PULO, PRIMERA
ADV OCACI ÓN DE SANTA M ÓNICA
El recinto se s ituaba fuera de las mura l las de la ciu dad en la zo na
del Ar enal, concre tam ente entre las puertas de Tr iana y del Are nal. En 1810 fue
desamortizado y convertido e n cuartel de la milicia nacional de artillería
abriéndose la iglesi a al culto en 1 811 por petición de los vecinos, volvi endo lo s
monjes al edificio en 1815 424 .
CONV ENTO DE SANTA M ARÍA DEL CARM EN
Situ ado en el barr io de Sa n Vicente, duran te e l añ o 1810 fue r on
exc laustrados los monjes y oc upa do el edifici o por tropas imper ial es sufrie ndo
grandes destr ozos. Entre el l os Fer nán de z Rojas destaca que la iglesia fu e
conver tida e n c aba l ler iza, arr ancá ndos e la solería de losas de Génova azu l y
blan ca del templo y de l as galería s del claustro, y desapareciendo gran parte de
los zócalos de azulejería del claustro y má rmole s de l a es calera. La capilla, d e la
Soledad sirvió de cuadra y fue c asi to talmente destruida 425 . Además, con e l
espacio de esta capilla se p roporcionaba u n l u gar abier to con c omunicación a la
calle que permitiese el acceso de tr opa s y carr os 426 .
No obstan te la afir mación de toda l a bibliografía so bre que e l
templo fue oc upa do por las tropa s fran c esas, exi ste c onstancia documenta l de
que también estuviero n acuartelados a l lí en 181 0 miembro s de las tr o pas
españolas l eales al rey José I 427 . Co ncretam e nte se sabe que se enc o ntraba a l l í
acua r telado e l Regimiento número 3º de Cazadores españoles cuyo coronel se
quejó el 5 de o ctubre de que la instala ció n en el cua r tel no era la m ás adecua da
ya qu e e l e dificio no te nía n i puertas ni ventan as. Se de cidió finalmen te des tin ar
el convento del Carmen a la c aballería del Quin to Cuerpo del Ejército I mperia l y
se inici ar o n obras de ac o ndicionamie nto del edificio. C on respecto a é stas se
conoc e el c osto de las reparaciones de albañ i ler ía y c arpinte ría que se hi c ieron
desde s eptie mbr e de 18 10 marzo de 1811 qu e alcanzaron un to tal de
66.713,34 re al e s que fueron abon ados po r el Ayunta miento de Sevilla 428 .
COLEGIO DE SAN ALBERTO DE SICIL IA
Se u bic aba en la c oll ación de S an I sidor o y dura nte la oc upa ció n
de la c iuda d el establecimiento fue d esamortiz ado y usado c omo c ua rte l d e la
Milicia Nacio na l 429 . E n e stos momentos sufre múltiples destrozos que fuer on en
424 FERNÁNDEZ ROJAS : Patr imonio...Benedi ct ino s...Op. Cit. Pág. 350.
425 FERNÁNDEZ ROJAS : Patr imonio...Benedi ct inos... Op. Ci t. Págs. 379- 380.
426 E SLAVA G ALÁN , Juan: “El cuartel fr a ncés”, en E l Car men : E l co nvento, el cu artel, el
Conserva tori o Super i or de Música, la Escuela d e Arte Dr amáti co. Sevill a, 2001. Pág. 164.
427 A.M.S . Actas Capi tular es de 18 10. 2ª Esc. Fol.: 89 vtº.
428 A.M.S . Col ecci ón Alfabét i ca . Caj a 1 42 4. Concretam ente se paga ron en rea l es e n 1810 en
septiem bre 5125, en octubre 12281, 17, en noviem bre 13807 y en dic iem bre 14.003,17. Con
respecto al año 1 811 fueron en enero 7222, en febrero 7148 y en m arzo 7127 reales.
429 FERNÁNDEZ ROJAS : Patr imonio...Benedictinos... Op. Cit. Págs. 432- 438.
142
parte r eparados al volver los monjes en 1815. La noticia de su conversió n en
cuartel de la milic ia ya la apor ta M ado z au nqu e es e vide nte que las tr opas qu e
se establecieron e n San Alberto e ran las mismas que e staban u bicadas en e l
edific io de lo s Clérigos Menores y que tuvier on que a bandonarlo al ser utiliza do
éste como parroqu ia de San t a Cruz 430 . Se sabe que en las o bras de
acondicionamiento de San Alberto para su u s o como cuartel t rabaja ron al
menos diez peo nes y que se in virtieron e n jorna les 176 r eales d e vellón el 2 3
de agosto de 1810 y otros 126, el 24 del mismo mes 431 .
No obstan te, e n 1 de jun i o de 18 12 s e conoce l a noticia de qu e
Nathan Wethere ll solicitó c omprar el e dificio a la admin i stració n de Bi enes
Nacionales por lo que el Prefecto Joaqu ín M aría Sotelo so licitó al Ayun tami ento
le informase s i e ra necesa rio di cho edifici o para c uartel o c ualqu ie r o tra utili dad
de carácte r públic o 432 . Dicho informe l o realizaron lo s r egidor es D ie go Guer rero
y S idón y el Co nde de Monteagudo y plan te aron la denegación de la v enta
porque el edificio de sa n Alberto esta ba situa do en la mejor parte de la ciudad y
su zo na m ás co merci al y h abía sufrid o pocos da ños e n su fábri ca por lo que
podía utilizarse como cuartel muy apropiado para un batallón, y si no podría s er
utilizado para otro s f ines más c ulturales com o biblioteca o c asa de estudios. No
obstante, parece ser que la ver dadera r azón que expo nen que es desde e l 26
de ma yo el ma risc al Duqu e de Dalmacia ha bí a o rdenado crear unas comisio nes
de cob r o d e c o ntribuciones y un a te s orería qu e exi gía e spacio para más de
catorce o ficiales qu e no te nían cabida en e l edificio mun i cipal y que si se iban al
ed ificio del c o nvento de S an Francisco se tendría que ha cer un gra n gasto en
prepararlo para esta f unción por lo q ue plantea ro n se le co ncediese el edificio
del antigu o cole gio de San Alberto al Ayuntamiento pa ra establece r es ta nueva
Comisión o Jun ta y sus ofic inas 433 .
CONV ENTO DE NUESTRA SEÑORA DE LOS REM EDIOS
Hay poc a info r mación sobre este edific io que se enco ntraba
ubicado en el barrio de T r iana , aunque Fer ná ndez Rojas dice que fue oc upa do y
saqu eado por la s tro pas fr ancesas y qu e su i glesi a fue r eabie rta al culto e l 11
de septie mbre d e 1811 co mo ayuda d e la parroquia de Santa A na , gracias a la
presión de los alcaldes y v eci nos del a rr aba l 434 .
430 MADOZ: Di cc ionar io... op. Ci t. Pág. 263.
431 A.M .S. Col ección Alfabét i ca. Caj a 1424. Obras Públicas. Sin Invº. Serie I. Su con versión en
cuartel y l a re ferenc i a d e lo s g raves da ños que sufr ió es ci tado por MONTOT O : Esq u inas y...
op. Cit. Pág. 187.
432 A.M .S. Actas Capi tul ares de 1812, 2º Esc. F ol.: 120 rtº. Nathan Wetherell era un i nd ustrial
inglés q ue poco antes de la guerra de la Independecia estable c ió en Sevi l la una fábrica de
curtidos con ci erto éxito pero que s e hund ió por moti vo del confl icto bél ico. Cfr.:
http://www.artehisto ria.jcyl.es/histesp/contexto s /686 9.htm .
433 A.M.S . Actas Capi tular es de 18 12, 2º Esc. Fol.: 125 vtº - 126 vtº.
434 FERNÁNDEZ ROJAS: P atr imoni o...Ben edictinos... Op. Cit. Pág. 474.
143
COLEGIO DEL SANTO ÁNGEL DE LA GUARDA
Aun que s e intentó en 1811, t ras la d e samortización, que fuese l a
sede de l a Real Escuela de l as Tres Noble s e l mal estado del rec into hizo que se
utilizara c omo c ua rtel del Cuarto Batallón Cívico por or den de l Barón D arric au,
queda ndo exclusivamente pa ra uso religioso la i g l esia y l a sa cristía c o mo ay uda
de la parroquia de l a Magd alena 435 .
COLEGIO DE SAN BASILIO EL MAGNO
El col egio t e nía su fach ada pri ncipal en la actual c alle Relator y
tradicionalmente se c onocía que cuando ll egó e l e jército fran cés fue
exc laustrado el convento y con ver tid o en c uartel 436 . Esta noticia se c onfirm a
por la info rmación documenta l hallada en el Archivo Mun ic ipal de Sevilla que
informa qu e se debía pre parar el e dificio para ser usado co mo cua r tel hasta que
estuviesen dispuestos los cua rteles de la Puerta de la Carne y el de Arti llería 437 .
CONV ENTO DE LA SANTÍSIM A T RINIDAD O DE LAS SANTAS JUSTA Y
RUFINA.
El edificio s e encon traba ubicado extram uros de la ciudad fre nte a
la Puerta del Sol y en 1810 fue saq ueado y en e l co nvento se encontraban
acua r telados e l 17 de julio de 1810 73 s oldados co n equ i pajes de carros 438 . E s
posible qu e du r ante algún m o mento ta mbién se u sase como prisión ya que
exis t e un informe del D irector del presidio del mismo con fecha 20 de may o de
1812 439 .
CONV ENTO DE SAN FR ANCISCO DE ASÍS
En 18 10 fue ocupado por una divis ión de tropas fr an ces as por lo
que tuvo que adecuarse para ser cuartel, aun que se cono ce qu e ya el día 17 de
julio se econtraba vacío 440 . El día 1 d e novie mbre d e 1810 sufrió un enor me
incendio que e stuvo a p unto de propaga rse a los ba rr ios c olinda ntes y q ue fue
detenido gracias a lo s trabajos de Cayetano Vé lez y José E cham oro s
perdié ndos e gran parte de sus obras de arte e instalaciones 441 . A eso ayudó el
que desde 1811 la adm inistración de Bie nes Nacio nales fr ancesa utilizó l as
435 FERNÁNDE Z ROJAS: P atrimon io...Benedi ct inos... Op. Cit. P ágs. 489-490 . Ex i ste tam bi én la
noti cia de que fue conv ertido en cuartel de artillería m ante ni éndose su ig l e s i a com o c apilla
públi ca. Véase MONTOTO : Esq u i n as... Op. Ci t. Pág. 173.
436 FERNÁNDEZ ROJAS : Patr imonio...Benedi ct inos... Op. Ci t. Pág. 523.
437 A.M.S. Actas Capi tu l ares de 1810 . 2 ª Esc. Fol .: 34 r tº. Se sabe que el 17 de julio d e 18 10 se
al ojaban all í 32 soldados. A.M .S. Sección VII. Tom o 1º. Fol . 1 86. En febrero de 1 810 se
pagar on 18 r eales com o j o rnal es de tr es ho m br es que desesco m bra ron el cu arte l y ba rrieron
toda la p aj a existente en él. Cfr.: B.N.M. Sección de Manuscritos, i ncunables y raros. R. 631 92.
438 A.M.S . Secci ón VII. To m o 1º. F ol. 186.
439 A.G.I. Indife rente G ener al. Leg. 3124B. s.f.
440 A.M.S . Secci ón VII. To m o 1º. F ol. 186.
441 CASTILLO UTRILLA, María José d el: El convento de sa n Francisco, casa grande de S evi lla.
Sevilla, 1 988. Pág. 3 0 y FERNÁNDEZ ROJAS : Patrimoni o...T rinitari os... Op. C i t. Pág. 59.
144
ruina s del edificio como cantera de ma te riales que se u tilizaron en otros lugares
como por ejemplo e n e l pala cio del P umarejo 442 . Una ve z libe rada la c iuda d el
3 de novi embre de 1 812 el A yunta mie nto conoció un informe de Cayeta no
Vélez donde advertía que de las r uinas del convento no cesan d e ca e r
ele mentos y hu ndirse part es que p o día n causar algún da ño pe rsona l y ade má s
estaban cer rando “
el tr ansito ppcº qu e abrio el gobierno intruso”
443 .
CONV ENTO DE NUESTRA SEÑORA DEL VAL LE
Situ ado e n la col lación de San Román entre l as puertas del So l y
del O sari o fu e o cupado en 1810 y c onverti do en cuartel de tropa s fr an ces as,
perdie ndo gr an parte de sus e nseres y patrimonio 444 . Gr acias a un i nforme se
conoc e que el 17 de julio de 1810 se e ncontraba vacío y sin soldados aloj ados
en el edificio 445 .
CO NVENTO D E SAN ANTONIO DE PADU A
Se e ncontraba en la col lación de San Lor enzo y s e gún Fe rnán dez
Rojas en 1809 se ubicó allí un bata l l ón de so ldados, au nque parec e que fue
definitivamente exc laustrado cua ndo la ciudad fue oc upa da po r l as tropas
imperiales y co nvertido en cuartel, si bie n existen pocas referencias al re sp ecto
446 . D oc um entalmen te se s abe que en f e brero d e 1811 el gober nador Barón de
Darric au expuso al Ayun tamiento que el cuartel de San An tonio estaba en
estado de ruina y que e ra n e cesar i o arre glarlo ya que necesitaba que se
preparasen e dificios pa ra a l ojar a cu atro regimien tos frances es. E l m un icipio
orde nó hacer un a inspección de l os conventos suprimido s y otros edificios pa r a
ele gi r los más idóneos y s obre todo l os que ocasionara n m enos gast os a las
arcas de la ciuda d 447 . Poco se tu vo qu e ha cer en tiempos de la do mina c ión
francesa para r emediar esta situación ya qu e una ve z liberada la ci uda d se guía
siendo utilizado como cua rtel y adem ás se conoce que en dic iembre de 1 812 el
arquitecto ma yor de l a c iuda d informa sobre el despl ome de pa rte del edificio
del convento d ec idiendo el Ayunta mi e nto que se info r mase al Intendente que
era el responsable del ma ntenim iento de los cuarteles en Sevilla 448 .
442 A pesar de la quej a del Ayuntam i ento que q uería ut ili zarlos para r esarcir s e de los ga st os
que h abía s oportado en el i ncendio. A.M.S . Actas Capi tulares de 1 811 . 2ª Esc. F ol.: 21 vtº.
Entre estos gastos se contem pl an 465 reales que e n m arzo de 1811 todavía se l e deb ían a
Manuel Atocha, Manuel Marquez y Fe liz Fern ández, m aestr os cuber os, po r los “ cubos y
cubetas que de orden del Govi e rno se extrax eran de sus talleres el di a del i nce ndio de l Con vtº
de Sn Fr ancº” . A.M.S. Actas Capi tulare s de 1 8 11. 2 ª Esc. Fo l .: 42 vtº.
443 A.M.S . Actas Capi tular es de 18 09 - 1812. 1 ª Esc. To m o 6. F ol.: 14 2 vtº.
444 FERNÁNDEZ ROJAS : Patr imonio...Trinitari o s... Op. Cit. Pág. 116.
445 A.M.S . Secció n VII. Tom o 1º. Fol. 186. A pesar de e stas not i cias biblio gráf i cas parece ser
que el con vento du rante el Trienio Li beral se intentó con vertir en cuar tel de caballer ía par a que
se desocupase l a Fá brica de Ta bacos de la trop a que habitaba allí. A.G.M.S. Secci ón 3ª.
División 3ª. Leg. 714.
446 FERNÁNDEZ ROJAS : Patr imonio...Trinitari o s... Op. Cit. Pág. 137.
447 A.M.S . Actas Capi tular es de 18 11. 2ª Esc. Fol.: 33 vtº.
448 A.M.S . Actas Capi tular es 1809-1812 . 1ª Esc. Fol.: 325 vtº.
145
COLEGIO DE SAN BUENAV ENTUR A
Ubicado m uy c erc ano a la C asa Grande de San Francisco , dura nte
la ocupa ció n fra ncesa fue c o nvertido en cuartel siendo dest r uido en gran parte,
perdie ndo la mayoría de su patrimonio y u til izando la igle sia como cuadra de
caba llo s 449 .
CONV ENTO DE NUESTRA SEÑOR A DE CON SO LACIÓN, VUL GO LO S
TERCER OS
Se encontraba en la co llació n de S anta Ca t alina y en febrer o d e
1810 l os m o njes fueron exclaustrados e n aplicación de l o s de c retos
desamortizadores, trasladá ndose allí las mon jas agustina s de la Encarnación en
jun io de ese año. La o rd e n ter cer a volvió en 18 19 h asta q ue defi nitivam e nte
abandon a el recinto en 1835 450 . De s u oc upa c ión militar se conoc e
documenta l mente que allí s e e stableció en mayo de 18 10 un bata lló n de la
Milicia Cívica para l o cual s e tuvieron que realizar obras de acon dicionam ie nto
que estuvie ron dir igidas por e l a rquitecto m ayor Cayetano Vé lez y qu e
consistiero n fu nda mentalmente en la apertura de h uec os y e n la creación de
divisio ne s y tabicajes nuevos, alcanzan do u n c oste total de 4 .082 reales de
vellón 451 .
CONV ENTO DE LA M ERCED
Estaba situ ado en una amplia manzan a en to rno a la calle del Abc ,
actua l Bailén. U na vez o cupada la ciuda d e n el c onvento s e alojaron 100
soldados que se co mpo r taron c omo ván d alos. As í el 26 de o ctubre de 181 0 el
cuartelero de este convento expuso que desde que s e alojó allí el batallón nº
28 los d e strozos y robos habían aumentado en gran medida poniendo como
eje mplo qu e se habían sustraido siete rejas del n o viciado, un pas amano de
hierro de la es calera pri ncipal, to das l a s e sfer as de metal, levantado l a s olería y
arranca do las t ablas y vigas para que marlas y q uitado tres pasa manos de h ie rro
de la esc al era llamada l a Casa Vie ja, y que adem ás estaban empezando a quitar
las cadena s que sos tenían los ar cos 452 . Vi stos los datos an teriores el destro zo
que h i zo la tropa tu vo que ser atroz porque ademá s, como c ita Ferná ndez
Rojas, u s aron la s maderas y los libro s como combu stible 453 . Ade má s, el 6 de
febre ro de 18 10 se d e claró un i ncen dio en el edificio e n el que se perdió el
retablo mayor de la iglesi a, o bra de Fel ipe de Ribas. F inalm en te, se co noce por
las oficinas de alojamiento qu e el 17 de julio de 1810 en es te edifici o se
alojaba n 10 0 so ldados 454 .
449 TORRES, Luz : “ Sevill a. Convento de San Buen aventura”, en Iglesias y Conve ntos de
Sevi lla . To m o V. Sevill a, 2007. Pág. 89.
450 FERNÁNDEZ ROJAS : Patr imonio.... Tr i n i tar ios. ..Op. Cit. Pág. 180.
451 A.M.S . Col ecci ón Alfabét i ca Caja 1424.
452 A.M.S . Secci ón VII. To m o 2º (2 ). Expt. Nº 58.
453 FERNÁNDEZ ROJAS : Patr imonio.... Tr i n i tar ios. ..Op. Cit. Pág. 2 48 .
454 A.M.S . Secci ón VII. To m o 1º. F ol. 186.
248
limpieza co mo de l os edificios utilizad o s po r el ejército fran cés como cuartele s ,
ofici na s y o tras dependen cias. La orden se dirigía a to das las autoridade s
loc ales d e la zo na oc upa da y se enc uentra impresa e scr ita e n francés y en
es pañ o l, estan do firmada por e l m arisc al Soult Duqu e de Dalmacia 178 . E l
Ayuntamiento re cibió la o rden por medio de un ofic io firma do po r el jefe de l
Estado Mayor de l Gobi e rno e n el que mostr aba las quejas de l as autoridades de
ocupación por l a nula actuació n del mu nicipio an te las cuesti ones san itaria s y
de li mpieza ya q ue e xponía que “
por el p o co cuidado que ha n puesto e n
exe cutar l as orde nes que ha d ado re petidas vec es s obre este particular, y aun
en no c ontestar a sus r epetida s c artas, S.M. ha y a tenido que distraerse de l os
grandes i nteres es qu e l e o cupan para impon e rs e e n cos as tan poc o dign as de
su an te nción” ,
p or lo que se ordenaba cumplir estrictamen te la orden
“
ha c ié ndoles pe rsona l mente re sponsable de l a men or queja, qu e en adelante se
pudiera dar”.
La o rden ex ponía q ue ante l a ll egada de lo s c alore s es t i vales e ra
necesario tomar medidas de carácter san itario para pre ver, tanto a pers onal
militar como civil, de las e nfe r medades contagiosas que pudiesen apa r ec er “
que
las ma s de las vec es deben su origen al poc o aseo d e los pu eblo s, ó gra ndes
es t ablecimien tos”.
Po r ello man daba qu e las autoridades de ocupación debían
dar las ór denes precisas para que s e limpiasen l as e ntrada s de las po blaci on es
y s us calle s y so bre todo, quita r las basu ras y es combro s e xis t entes en ellas.
Toda e sta inmundicia debía ser llevada fuer a d e los núcleos d e poblaci ó n y
dejada e n l os luga res que designasen las autori dades lo cales. Con re spec to a
los vecino s, se les or denaba barrer y regar diar iamente de lante de sus casa s,
traba jo que debía e star fina lizado antes de las 7 de la mañana, a un q ue a l as 5
de la tarde debía repetir se la o pera ció n de riego. Las au tori dades de las
difere ntes poblaciones debían vigilar el c um plimiento de estar normas e inc luso
los Intendentes de provincia podían exigir la mu l ta corre spondiente ya que
tenían “
au to ri dad de i mponer á los pa rtic ulares qu e dexen d e cumplir la,
depositandose su produ c to en l a cax a de los p o bres”.
Fin almente, o rdenaba a
las autoridades militares y sanita rias qu e vi gilasen para qu e e n los e dificios
militares y san itarios “
la l impieza, el órden, y la policía re ynan
”.
A partir de e sa fecha el A yuntamiento inicia una seri e de gestiones
para intentar cumplir la o rden , sie ndo una de las más importan tes el que e l 25
de abril mand ó que todos l os carros y bes tias de c arga exi sten tes e n la ciu dad
se dedicas e n a las la bor es d e limpie z a e in clus o dispuso qu e 30 traba jad ores
con azada s contratados por el pro p i o mu nici pio en dive r sas obras, de bían
conce ntrarse e n e l almacé n del Rey, a las ó rde nes de Pa sc ual Alto laguirre, p ara
ser dist r ibuidos por l a c iudad. Ese mi smo día, el mu nicipio solicitó a la fábri ca
de salitre s que le prestase para cum plir estas mismas fun c iones todos los carros
y mulas de los que pudiese disponer y a demás c omun icó al General Go bern ador
de la Pr ovincia que había orde nado el e mba rgo de “
carre tas, c arros y borri cos
de carga que se halle n e n e sta c iudad a fin de oc upa r los enla l impieza gral de
178 A.M . S. Secció n VII. T o m o 4º. E xpt. 11. E ste ti po de órdenes se rep i t i eron e n los añ os
si guientes, concretam ente e n junio de 1811 y d e 1812 .
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