La trilogía de Galdós como reflejo de la realidad económica de los últimos años del reinado de Isabel II
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LA TRILOGÍA DE GALDÓS COMO REFLEJO DE LA REALIDAD ECONÓMICA DE LOS ÚLTIMOS AÑOS DEL REINADO DE ISABEL II Trabajo de Fin de Grado Tutor: Julián González Barrera Alumna: Ana Triguero Cuevas Filología Hispánica Curso: 2017-2018
A mi familia, por el apoyo incondicional a lo largo de estos años. A mis compañeros, por hacer de esta experiencia un viaje. A mis profesores, por recordarme que se puede amar la literatura. A Julián, por su compromiso y dedicación a lo largo de estos meses y por enseñarme que cuando parece que el mundo se nos viene encima, siempre acaba amaneciendo. “Un tren que parte es la cosa del mundo que más semejanza tiene con un libro que se acaba. Cuando los trenes vuelvan, abríos, páginas nuevas”. Benito Pérez Galdós
ÍNDICE 1. Introducción ……………………………………………………………………… 4 2. Contexto histórico, social y económico de la trilogía ……………………………. 5 3. El debate sobre la existencia misma de esta trilogía ……………………………... 9 4. Análisis del comportamiento económico de los personajes más relevantes de la trilogía ……………………………………………………………………………. 13 4.1. Felipe Centeno ……………………………………………………………… 13 4.2. Francisco de Bringas ………………………………………………………. 16 4.3. Rosalía de Bringas …………………………………………………………. 20 Conclusiones …………………………………………………………………… 24 Bibliografía citada ……………………………………………………………… 25
4 1. INTRODUCCIÓN En las páginas que sucederán a continuación se va a realizar un estudio sobre cómo proyecta Benito Pérez Galdós la realidad capitalista y consumista en la España de los últimos años del reinado de Isabel II (1863-1868) a través de los personajes que aparecen en el ciclo narrativo que componen las obras El doctor Centeno (1881), Tormento (1884) y La de Bringas (1884), con el objetivo de ver cuál es el comportamiento de estos personajes ante la dualidad económica a la que está sujeta la sociedad de su tiempo y la crítica que realiza el autor al respecto. Para llevar a cabo este estudio nos vamos a servir de un grupo de personajes que se han considerado los más relevantes para abordar el tema debido al peso que tienen en las obras y su relación directa con el objeto de estudio. Además, estos personajes reflejan, cada uno, una manera distinta de vivir la economía, lo que permite establecer de forma más evidente la dualidad económica de la que hablan algunos críticos. Todo esto se desarrollará en el análisis, no sin antes establecer un contexto histórico, social y económico de la época en la que se enmarcan los hechos narrados, pues el interés de Galdós por la Historia evidencia la presencia de hechos reales en las novelas, de manera que, al situarnos en el contexto podremos entender con mayor facilidad lo que se está narrando, y la intención con la que se pronuncian ciertas intervenciones de los personajes donde, claramente, es el autor quien nos habla. Además, para hablar de trilogía o ciclo narrativo se debe tener en cuenta el debate, aún sin resolver, que tienen los críticos y estudiosos de Galdós sobre la continuidad de estas tres novelas, pues hay quien está de acuerdo y quien no con esta idea o planteamiento. En este sentido, se aportarán los argumentos a favor de la existencia misma de esta trilogía de Germán Gullón, Rodney T. Rodríguez, Alda Blanco, Carlos Blanco Aguinaga o Clarín, y las aportaciones en contra del francés Robert Ricard y de José F. Montesinos. Las razones de una y otra postura nos ayudarán abogar por una de ellas en función de nuestra propia experiencia como lectores. La metodología empleada será, por tanto, deductiva, pues se extraerán las conclusiones partiendo del análisis realizado a los personajes, que son quienes nos van a aportar los argumentos y datos necesarios para declinarnos por una interpretación u otra en general.
5 Finalmente, antes de comenzar con el desarrollo de este trabajo, voy a comentar las razones que me han llevado a decantarme por este tema. En los cuatro años de Filología Hispánica hemos estudiado muchos autores, entre ellos a Galdós, por supuesto, siendo La de Bringas una de las obras que hemos trabajado sobre este escritor. La lectura de esta novela fue un descubrimiento y desde que la leí supe que quería enfocar mi trabajo partiendo de esta, lo que me llevó a leer el resto de las novelas que componen el ciclo narrativo. El tema vino más tarde, cuando terminé todas las lecturas, pues la referencia a la economía era constante y se podía ver una distinción obvia entre unos personajes y otros, además de la crítica que realizaba Galdós a partir de sus intervenciones. Además, la importancia del personaje de Rosalía de Bringas fue una razón de peso, pues lo considero uno de los más relevantes desde el punto de vista económico por su evolución a lo largo de la trilogía. 2. CONTEXTO HISTÓRICO, SOCIAL Y ECONÓMICO DE LA TRILOGÍA La cronología de la diégesis de las novelas comienza en 1863 con El doctor Centeno y culmina en 1868 con el final de La de Bringas, pasando por Tormento que se encuadra en los años 1867-1868. De este modo, a pesar de que Galdós publicó las obras en los años 80, estamos ante un marco narrativo ubicado al final del reinado de Isabel II, que tiene su culmen con el triunfo de la revolución llamada La Gloriosa. En este período van a suceder una serie de acontecimientos políticos, sociales y económicos que se van a ver reflejados en las obras mediante la intervención intencionada de sus personajes, a través de los cuales se obtiene una versión de la España de la época. El reinado de Isabel II acaparó un gobierno sujeto a la sucesión en el poder de los partidos moderado y progresista, hecho que tuvo consecuencias directas en la sociedad debido a la política que practicaban uno y otro partido. Mucho antes de los sucesos de La Gloriosa habría que remontarse a otro proceso revolucionario para encontrar las raíces de nuestras novelas. La Revolución de 1854, conocida como La Vicalvarada, cumple un papel importante porque a partir de esta se crea un nuevo partido político que entrará en el poder en 1858: la Unión Liberal. Este partido pretendía
6 la aglutinación de los partidos anteriores, pero terminó por formar un nuevo grupo de carácter centrista. La sucesión de los distintos partidos políticos en el poder derivó en una serie de problemas de carácter económico que tuvo como consecuencia varios cambios en la sociedad de la época. No obstante, para ver cuáles fueron estos cambios, vamos a partir de cómo era la situación a comienzos del reinado de Isabel II. Desde el punto de vista social, el período que estudiamos venía del Antiguo Régimen donde existía una división social en estamentos que delimitaban la posición de cada individuo, que estaba sujeta a los títulos nobiliarios y a la riqueza. Con la supresión del Antiguo Régimen la situación cambió considerablemente. Ya en el reinado de Isabel II se vislumbra la dificultad de establecer una clasificación debido a que los grupos sociales coexisten de forma abierta. Algunos autores, como Jean Descolá, hablan de que esta dificultad viene propiciada por la forma de vestir que tenían las personas de la época y por las metas y aspiraciones que se fijaban (Sánchez Mantero 1990: 235). Así, una persona de clase social baja podía vestir de forma similar a un burgués y tener las mismas aspiraciones. Esto es lo que le ocurre, por ejemplo, a Refugio Sánchez Emperador y Celestina en La de Bringas, pues Rosalía de Bringas no era capaz de discernir quién era la criada y quién la señora debido a que ambas vestían muy elegantes. La que correspondía al nombre de Celestina debía de ser la criada. Así lo pensó nuestra amiga en los primeros momentos; mas luego hubo de rectificar este juicio. El aspecto de Celestina era tan extraño como el de Refugio, y al mismo tiempo tan semejante al de ésta, que no se podría fácilmente decir cuál de las dos era la señora. “Lo probable, -pensó la de Bringas, sentándose en el primer sillón que se desocupó-, es que ninguna de las dos lo sea.” (Galdós 1983: 275) El crecimiento de la población fue un dato importante de acuerdo con la situación social de los habitantes. Muchos campesinos, movidos por las transformaciones que se dieron en el plano agrícola, se trasladaron a la ciudad, lo que derivó en que esta se convirtiera en «el símbolo del progreso y en la atracción para todos aquellos que quieren mejorar su situación al amparo de las múltiples oportunidades que ofrece, en la mayor parte de los casos de forma engañosa» (Sánchez Mantero 1990: 237). Sin duda, la característica más llamativa de la sociedad isabelina es la aparición de una nueva burguesía que formaría, junto a la nobleza, la nueva aristocracia. El
7 gobierno se basaba en la riqueza de las personas para designar quién podía formar parte de la nobleza. Sin embargo, para los burgueses esto no era suficiente y pedía el reconocimiento nobiliario, es decir, el ennoblecimiento que otorgaba la Corona. Isabel II concedió un gran número de títulos en comparación con otros monarcas anteriores. Las clases medias, por otro lado, son asimismo llamativas en esta sociedad. Los integrantes de este grupo social eran aquellos que no pertenecían ni a las clases bajas ni a la aristocracia. Lo que caracteriza a este grupo es que trataban de vivir por encima de sus posibilidades debido a la necesidad de aparentar, para lo que era fundamental mantener el decoro. La clase media se encontraba, especialmente, en las grandes ciudades, pues es allí donde coexistían con la aristocracia sin preocuparse de que alguien pudiera reconocerles, algo que sí ocurría en los pueblos donde se conoce todo el mundo. La sociedad isabelina, por tanto, estableció un nuevo modelo que distaba mucho del que había imperado en nuestro país durante el período del Antiguo Régimen (1492- 1808) y en el que era muy difícil establecer una clasificación socioeconómica que reflejara de forma exacta la realidad. La economía al comienzo del reinado de Isabel II se define como un caos financiero debido a la sucesión de acontecimientos que derivaron en un aumento considerable de los gastos del país a la vez que los ingresos disminuían. Con este panorama se tuvieron que tomar ciertas medidas para solventar el problema. Las medidas que se llevaron a cabo afectaron a los impuestos, que sufrieron una simplificación notable. Se creó un solo impuesto de propiedad territorial y se estableció el subsidio sobre los productos de la riqueza mueble, además de los derechos de inquilinato y los derechos de hipoteca. Por otro lado, también se suprimieron lo tributos sobre compraventas, estableciéndose una única contribución denominada consumos. La reforma llevada a cabo por Alejandro Mon no agradó a los contribuyentes, quienes se levantaron en diversas ocasiones para protestar. No obstante, a pesar de su pésima aceptación, esta supuso un progreso significativo para la situación económica de España. Los recursos del Estado comenzaron a crecer y, por consiguiente, se pudieron crear nuevos puestos de trabajo. El papel de la moneda en esta época también fue relevante. Durante el período isabelino circulaban en España monedas de distinto origen, por lo que se consideró oportuno realizar una simplificación para nacionalizar la circulación monetaria. Las medidas para llevar a cabo esta simplificación consistían en devaluar la moneda. El
8 Banco de España pasó a ser el Banco de San Fernando, que en 1847 se fusionaría al Banco de Isabel II. El auge de estas entidades llevó a considerar 1846 como el año en que se produjo el verdadero boom económico del siglo XIX. En un afán por conseguir dinero para solventar los gastos del Estado, Pascual Madoz, ministro de Hacienda, llevó a cabo una desamortización en 1855 por la que se realizó una subasta para vender los bienes desamortizados que debían pagarse en metálico y en un plazo de quince días. La idea de Madoz no estuvo exenta de negativas, pues les arrebató a los pueblos la posibilidad de subsistir a base de las tierras que se vendieron o que eran en su origen del bien común. Así como es importante tener en cuenta las reformas que se produjeron en el ámbito económico, también lo es el desarrollo que tuvo a lo largo del siglo XIX el proceso de industrialización y del ferrocarril. La economía se va a ver dividida en dos. Por un lado, la agricultura, que había sido la actividad económica de principal importancia hasta el momento y, por otro lado, la industria, que se desarrollará en dos sectores: la siderurgia y el textil. La siderurgia española, aunque resulte paradójico, comenzó en Andalucía de la mano de Manuel Agustín Heredia, quien creó una compañía para explotar los criaderos de hierro magnético de Ojén, para lo que se usaba carbón vegetal. Sin embargo, las dificultades que se presentaron le llevaron a la conclusión de que era necesario el uso de carbón mineral, que entonces se extraía de las minas ubicadas en Asturias (Nadal 1989: 167-168). De este modo, la siderurgia terminó desplazándose hacia el norte peninsular, donde se establecieron los primeros hornos con fines civiles de España El textil es, sin embargo, la industria decisiva. Esta se desarrolló principalmente en Cataluña, cuya creciente producción terminó por hacerse con la demanda de todo el país. La importancia de la industria textil la vamos a ver reflejada continuamente en las tres novelas que componen la trilogía, no solo por la indudable obsesión de Rosalía por el lujo y la ropa, sino también en El doctor Centeno con las alusiones a la vestimenta que usa tanto Felipe como don Alejandro Miquis. El ferrocarril, por otra parte, no tuvo el mismo apoyo que la industria debido a la falta de capital y de ingenieros españoles competentes debido al cierre de la Escuela de Ingenieros de Caminos y Canales durante el reinado de Fernando VII. A pesar de todo, en 1848 se creó la primera línea ferroviaria que iba de Barcelona a Mataró de la mano de extranjeros procedentes de Inglaterra. Esta línea se proyectó con el fin de transportar mercancías; sin embargo, su función principal fue el transporte de personas. A partir de
9 entonces se estudiaron nuevos proyectos para la construcción de nuevas líneas ferroviarias. Al final del reinado de Isabel II en España tuvo lugar una crisis económica que funcionó como detonante de la Revolución de 1868. España se vio envuelta en una crisis de subsistencia motivada por las malas cosechas, la caída de las inversiones, la paralización de los negocios, el deprecio de los bienes raíces, etc. Todo ello derivó en un descontento social que terminó desembocando en el estallido de la Revolución conocida como La Gloriosa. El período isabelino, por tanto, se caracterizó por la mala gestión de un gobierno donde se llevó a cabo la alternancia en el poder de los partidos moderado, progresista y, en última instancia, liberal, una sociedad nueva compuesta por clases sociales difíciles de delimitar debido a la coexistencia de las clases altas con las clases medias, sobre todo en las ciudades; y una situación económica sumergida en el caos en la que sobresale el desarrollo de la industrialización. 3. EL DEBATE SOBRE LA EXISTENCIA MISMA DE ESTA TRILOGÍA La continuidad entre las novelas ha sido objeto de debate entre los críticos y contemporáneos de Galdós, pues no todos están de acuerdo en que El doctor Centeno, Tormento y La de Bringas compongan una auténtica trilogía. Atendiendo a esta polémica, vamos a estudiar la opinión de diferentes autores con el fin de extraer nuestra propia conclusión al respecto. La mayoría de los autores que niegan la unidad orgánica de las tres novelas se basan en la idea de que estas se pueden leer de forma individual. En este sentido, Robert Ricard considera que hay una ausencia de vínculos importante entre una novela y otra por la que no se pueden estudiar como una continuidad sino, más bien, de forma autónoma. «Néanmoins Tormento n'est pas à proprement parler la suite de El doctor Centeno, et une comparaison faite sous cet angle no mènerait à rien de solide 1 » (Ricard, 1963: 49). 1 «Sin embargo, Tormento no es, estrictamente hablando, la continuación de El doctor Centeno, y una comparación hecha desde este ángulo no conduciría a nada sólido».
16 decide contratarlo como criado y comprarle unas botas nuevas, sin importarle el precio. La reacción de Felipe en ambos pasajes es la de un muchacho entusiasmado por tener buena ropa y calzado. Este gesto no solo dice mucho de lo que supone para el personaje tener indumentaria nueva, sino que demuestra la dualidad ropa-economía que se desarrolla durante estos años en España. Durante la segunda parte de la novela el personaje deja de ser protagonista para ser narrador, es decir, vamos a ver los hechos que le suceden a Alejandro Miquis y Ruiz desde el punto de vista de Felipe. Este dato es importante porque va a condicionar la interpretación que se dé sobre los actos que realicen estos personajes. Es en esta etapa donde muy probablemente se van a descubrir los ideales de Galdós a través de sus intervenciones: -Pero don Alejandro… está usted muy echadito a perder. Su papá haciendo tanto sacrificio, y usted aquí gastándole el dinero, y lo que es peor, sin estudiar… Porque dicen que usted no coge un libro de los de clase, y es lástima, porque otro de más disposiciones… Dice don Basilio que usted es el de más talento que hay en la casa. ¿Y de qué le sirve? Porque eso de las comedias… desengáñese usted, niño; eso no da de comer… (Galdós 2008: 331) En nuestro héroe hallamos a un personaje con una realidad económica muy diferente a la de los demás. Partiendo de su origen humilde, Felipe es un personaje muy trabajador que a lo largo de la trilogía no cesa en perseguir su sueño de convertirse en médico. No obstante, como dice Geraldine M. Scanlon: «Felipe struggles to realize his ambitions in a world dominated by obsolete values» 2 . Además, no tiene esa ambición por ganar un buen capital que sí vemos en Alejandro o Ruiz, sino que Felipe trata de vivir de forma digna y honrada. 4.2 FRANCISCO DE BRINGAS Francisco de Bringas aparece por primera vez en Tormento como uno de los personajes centrales de la obra. Desde el principio se presenta como un hombre preocupado por la economía doméstica, al punto de que necesita llevar la cuenta de todos los gastos que esta necesita. Además, Francisco es un hombre que ante una situación económica difícil ahorra y prescinde de gastos que considera innecesarios. 2 “Felipe lucha por conseguir sus ambiciones en un mundo dominado por valores obsoletos”.
17 Este carácter ahorrador se va a ver reflejado en su hija Isabelita, quien también va a tener el gusto de guardar y coleccionar cosas. Además de los apodos que le dedica su esposa, Galdós decide llamar a Bringas con el nombre de «el buen Thiers». La elección de este nombre no es casual. El autor está haciendo referencia a un historiador y economista francés cuyas teorías difieren mucho de las ideas de Francisco. De este modo, este nombre se entiende como un recurso paradójico que emplea Galdós para lanzar su mensaje de forma indirecta. Louis Adolphe Thiers sostiene la idea de que la posesión de una propiedad privada es necesario para la comunidad. El hombre trabaja para su propio beneficio, pero también para el bien social, de tal manera que si el hombre no trabaja se convierte en un ser miserable, y, por consiguiente, la comunidad también. Bringas, sin embargo, no tiene propiedades privadas, sino que vive en Palacio. De hecho, rechazó la propuesta de acceder a un cargo superior por la tranquilidad y la comunidad de vivir ahí. El hombre-propietario, pues, según Thiers, es conscientemente individualista, anhela el trabajo, y trabaja no solamente para sí mismo, sino para sus hijos —y, gracias a estos fuertes estímulos, trabaja para el bien de la humanidad entera, siendo pequeña rueda en la gran máquina que era la civilización europea que se desarrollaba con tanto ímpetu e impaciencia a mediados del siglo XIX. (Varey 1965: 684) Por otro lado, otra idea de Thiers es que las propiedades pueden transmitirse tanto por herencia como por donación. Bringas coincide en la necesidad de dejar a sus hijos algún patrimonio para el futuro, de ahí que ahorre tanto. La obsesión por el cenotafio de Bringas llama considerablemente la atención. Cabría pensar que lo hace porque realmente le gusta. Sin embargo, está pagando una deuda por gratitud a Pez (Valis 2002), pues este consiguió un puesto de trabajo para su hijo. En este sentido se refleja otro lado del personaje: la corrupción política de la época. La ceguera de Francisco es también objeto de análisis. Algunos autores como J.E. Varey consideran que esta es fruto del sobreesfuerzo de Bringas al trabajar con el cenotafio, pero también por voluntad propia del personaje que prefiere no ver las fechorías que hace su mujer con el dinero y la ropa. Esta teoría termina de prefijarse en «Me parece –dijo el esposo dando un gran suspiro -, que no voy tan bien como esperaba. Estoy desvelado desde las cuatro. He oído todas las horas, las medias y los cuartos. Siento escozor, dolor, la idea de recibir la luz en los ojos me horroriza».
18 (Galdós 1983: 196). A nuestro juicio, en este fragmento podría interpretarse la luz como la realidad que no se quiere aceptar. El carácter de Francisco de Bringas se define al comienzo de Tormento, cuando se da una descripción del personaje donde se le caracteriza por tener dos religiones: «la de dios y la del ahorro». Para definir el comportamiento económico de Bringas es necesario recurrir a la figura de Milagros. Esta es una mujer que vive por encima de sus posibilidades, se dedica a comprar con dinero prestado y con créditos que después le cuesta mucho pagar. Es una señora con ideas completamente contrarias a las de nuestro personaje, pues considera que el dinero debe estar en circulación y no guardado sin ningún fin o utilidad, como le ha criticado en más de una ocasión a Bringas. Don Francisco debe tener mucho parné guardao, dinero improductivo, onza sobre onza, a estilo de paleto. ¡Qué atraso tan grande! Así está el país como está, porque el capital no circula, porque todo el metálico está en las arcas, sin beneficio para nadie, ni para el que lo posee. Don Francisco es de los que piensan que el dinero debe crear telarañas. (Galdós 1983: 137) Francisco es un hombre con una actitud totalmente contraria. Su mujer lo ridiculiza llamándolo «ratoncito Pérez» por su manía de guardar y contar las monedas una a una. Un claro ejemplo de esta actitud es el momento en que realiza una lista con los materiales que necesita para realizar el cenotafio en la que es sumamente escrupuloso para no gastar más de lo debido. Goma laca: dos reales y medio. A todo tirar gastaré cinco reales… Unas tenacillas de florista, pues las que tengo son un poco gruesas: tres reales. Un cristal bien limpio: real y medio. Cuatro docenas de pistilos muy menudos, a no ser que pueda hacerlos de pelo, que lo he de intentar: dos y medio. Total: quince reales. Luego viene lo más costoso, que es el cristal convexo y el marco; pero pienso utilizar el del perrito bordado de mi prima Josefa, dándole una mano de purpurina. En fin, con purpurina, cristal convexo, colgadero e imprevisto…, vendrá a importar todo unos veintiocho a treinta reales. (Galdós 1983: 62) La cicatería de Francisco es tal que está dispuesto a sacrificar su salud. En el momento en que se queda ciego y el médico no puede hacer más por él, tiene que ponerse en manos de uno de los mejores oculistas de España, aunque en un principio puso resistencia, pues sabía que este iba a suponer una buena suma de dinero. Para evitar que les cobrase demasiado, Bringas se las ingenió para hacerle creer que no eran
19 una familia de mucho capital. Aun así, se pasaba las horas pensando en la cantidad de dinero que les iba a cobrar. Hijita, mañana me manda Golfín la cuenta, y habrá que pagársela pasado mañana tres. Él se marcha el cuatro, según me ha dicho hoy. Me tiemblan las carnes cuando pienso que ese señor me va a tomar por hombre de posibles. ¿Cuánto me pondrá? ¿Se te ocurre a ti? Yo he pensado en eso toda la noche, y he tenido pesadillas como las de Isabelita… (Galdós 1983: 237) A pesar de que se critique la actitud de Milagros en la novela, tampoco la actitud de Bringas es la adecuada para un sistema capitalista, pues estamos tratando con polos opuestos y habría que buscar un intermedio. En este sentido, Refugio realiza una descripción sobre la situación económica de los Bringas por la que podríamos decir que ellos tampoco viven de acuerdo a sus posibilidades: Humíllate más, sírveles, arrástrate a los pies de la fantasmona, límpiales la baba a los niños. ¿Qué esperas? Tonta, tontaina, si en aquella casa no hay más que miseria, una miseria mal charolada… Parecen gente, ¿y qué son? Unos pobretones como nosotras. Quítales aquel barniz, quítales las relaciones, ¿y qué les queda? Hambre, cursilería. Van de gorra a los teatros, recogen los pedazos de tela que tiran en Palacio, piden limosna con buenas formas… (Galdós 2011: 94). Es interesante la alusión al teatro en este fragmento. Este era una actividad cultural a la que iban especialmente personas de buena posición social, lo que indicaba cierta posición económica. Francisco y Rosalía podían ir gracias a que Agustín les regalaba entradas y así aparentaban. En su afán por controlar los gastos del hogar, Francisco de Bringas resulta ser un hombre bastante ahorrador, nada ambicioso y que prefiere quedarse ciego antes que aceptar la realidad, tanto social como marital, pues no quiere ser consciente de las debilidades de su mujer, pero tampoco de la evolución que se da poco a poco en el camino hacia la Revolución. De este modo, a pesar de su relación con el economista francés Louis Adolphe Thiers, sus ideales capitalistas nada tienen que ver con la teoría propuesta por este autor.
20 4.3. ROSALÍA DE BRINGAS Rosalía Pipaón o Rosalía de Bringas es el personaje central de la última novela que compone la trilogía galdosiana, aunque su primera aparición en escena se da en Tormento, donde cumple uno de los papeles principales de la obra debido a que gran parte de la narración transcurre en su propia casa. En el personaje de Rosalía se advierte una evolución considerable desde el punto de vista económico, pues al principio aparece como un personaje movido por la avaricia y la apariencia, pero no se conocía su obsesión por el lujo y, sobre todo, por la moda. Es en La de Bringas donde tenemos a un personaje enloquecido y apasionado por los cortes, telas y vestidos franceses. Siendo La de Bringas la obra donde mayor peso tiene el aspecto económico del personaje, en Tormento se vislumbran algunos detalles que adelantan lo que se va a desarrollar de forma más compleja en la siguiente obra. La necesidad de guardar las apariencias es uno de esos detalles que más preocupan a Rosalía desde el principio. Ella considera que siendo una persona de posición social media, tiene que proyectar una imagen distinguida. De ahí que siempre esté tratando de complacer a su sobrino Agustín Caballero, pues este es el único que tenía dinero de verdad y lo necesitaba para que le regalara entradas para ir al teatro, por ejemplo. Ya señalamos con el personaje de Francisco de Bringas la importancia que tenía el teatro en esta época para reafirmar la posición social de las personas. Durante toda la obra se advierte en Rosalía una actitud egoísta, avariciosa. Esto se demuestra en el trato que le da a Amparo o en las intenciones que tiene con Agustín. No obstante, para ella tiene mucho más peso la imagen de cara al público, como demostró al final de Tormento donde se muestra horrorizada por la imprudencia de Agustín al viajar a Burdeos con Amparo después de la vergüenza que le había hecho pasar. ¿Y tuviste paciencia para presenciar tal escándalo?... ¡Conque no la puede hacer su mujer porque es una… y la hace su querida…! Estoy volada… Ignominia tan grande en nuestra familia, en esta familia honrada y ejemplar como pocas, me saca de quicio… (Mirándole con fiereza.) Y tú, ¿no dijiste nada? ¿Aguantaste que en tus barbas…? (Galdós 2011: 350) El regalo de Agustín a Rosalía fue la manzana que despertó la pasión de Rosalía por el mundo del lujo y de la moda, y la marquesa de Tellería la serpiente que la incitó a
21 caer en su primera compra por crédito. Rosalía siempre había estado reprimida o controlada por su marido en lo que respecta a las compras, pues Bringas consideraba que los vestidos eran gastos superfluos y que su mujer podía hacérselos comprando un poco de tela. Además, siempre habían comprado bajo la norma de tener el dinero por delante, para evitar las deudas. Los regalitos fueron la fruta cuya dulzura le quitó la inocencia y por culpa de ellos un ángel con espada de raso me la echó de aquel Paraíso en que su Bringas la tenía tan sujeta. Nada, nada…, cuesta trabajo creer que aquello de doña Eva sea tan remoto. Digan lo que quieran, debió de pasar ayer, según está de fresquito y palpitante el tal suceso. Parece que lo han traído los periódicos de anoche. Como Bringas reprobaba que su mujer variase de vestidos y gastase en galas y adornos, ella afectaba despreciar las novedades; pero a cencerros tapados estaba siempre haciendo reformas, combinando trapos e interpretando más o menos libremente lo que traían los figurines. Cuando Milagros iba a pasar un rato con ella, si Bringas estaba en la oficina, charlaban a sus anchas, desahogando cada cual a su modo la pasión que a entrambas dominaba. (Galdós 1983: 93) No habría que olvidar que estamos ante un período de crisis económica que viene desde 1866, pero esto no impide a Rosalía seguir comprando vestidos a base de créditos para los que necesita pedir dinero a algún amigo para poder pagarlos y que no se entere Bringas. El tema del crédito derivó en un clima de expectaciones, sobre todo en Madrid, donde esta forma de pago no desapareció a pesar de la crisis y la posterior Revolución de 1868: By the 1860s, increased financial speculation in such things as railroads and government securities, abetted by proliferating credit societies and foreign capital, had created a climate of expectations, especially in Madrid, that did not disappear with the economy crisis of 1866 and the subsequent political revolution of 1868. (Valis 2002: 140) En esta línea, José F. Montesinos añade que «para la manirrota [el dinero] es la posibilidad de satisfacer su vanidad, satisfacción fútil y efímera» (Montesinos 1969: 121). Esta idea reafirmaría la hipótesis de que Rosalía es un personaje avaro y codicioso que no presenta ningún tipo de escrúpulo cuando se trata de complacer sus necesidades, las cuales atribuye a la importancia de representar su estatus social. La obsesión de Rosalía por el lujo termina por convertirla en un objeto de consumo por sí misma. Esto nos remite directamente a la cuestión de la moral en la
22 economía, donde la barrera entre lo que se considera inmoral o no está un poco difusa. Adam Smith considera que la economía requiere el ejercicio libre de interés propio, por lo que el hombre va a buscar el beneficio individual sobre el social (Smith 2008: 552). Sin embargo, otros autores como Basilio Sebastián Castellanos de Losada consideran el lujo como un cáncer devorador que corrompe nuestra sociedad: El lujo, elevado a su mayor potencia, es un gusano roedor de la presente sociedad europea: es un cáncer devorador… Ha llegado a imperar de tal modo en nuestra sociedad que la ha corrompido: ya nadie se contenta con una modesta fortuna; es preciso andar en carroza y vivir a lo príncipe, y para conseguirlo, no hay crimen que se economice ni bajeza que no se ponga en juego… este cáncer devorador tiene en el bello sexo su mayor fuerza… en el lujo vemos mucha parte de los males que aquejan a nuestra sociedad, cuyo origen es la falta de fe religiosa y la inmortalidad corruptora de las costumbres… (Valis 2002: 142) Nuestra protagonista queda expuesta a esta moral corrompida al convertirse en objeto de consumo, en un producto más de la sociedad capitalista en la que se encuentra. Rosalía se plantea en varias ocasiones mantener relaciones con Pez, pues lo considera un hombre provechoso por su capital. Finalmente, se decide por hacerlo movida por la deuda que debe pagar a Torquemada, quien le había prestado el dinero para pagar a Sobrino Hermanos. ¡Qué cara puso!... aunque lo disimulaba, conocí que le había sabido mal… Este viaje me ha arruinado… A las niñas se les antojaba todo lo que veían en Bayona… He gastado la renta de un año… A pesar de eso, veremos, yo lo arreglaré…, lo buscaré… ¡Oh, Virgen! Venderse y no cobrar nuestro precio, es tremenda cosa… Pero no; Él hará un esfuerzo por no quedar conmigo en una situación desairada y ridícula. (Galdós 1983: 270) La influencia de la moda francesa es también un dato destacable en el análisis de Rosalía de Bringas. Cuando su amiga Milagros venía a visitarla, esta se pasaba la tarde en el Camón creando nuevos modelos y vestidos. En sus conversaciones encontramos préstamos de origen francés como gros glasé, foulard, pouff, etc. Castellanos de Losada añade que la obsesión con la moda francesa en todo, especialmente vestidos, ha incrementado el problema que atañe a la sociedad, creando una lujuria aún más perniciosa y extravagante. La opinión de Rosalía sobre los hombres dependía del capital que tuvieran. Un hombre sin dinero no vale nada para ella. En ese sentido, su relación con ellos es
23 exclusivamente económica, tal y como queda de manifiesto en su relación con don Manuel Pez. Asimismo, esta idea queda igualmente clara en una de sus críticas a Bringas, donde enaltece el carácter y actitud del otro ante la sociedad y deja a su marido en una posición muy inferior. Ese Pez sí que es un hombre. Al lado suyo sí que podría lucir cualquier mujer de entendimiento, de buena presencia, de aristocrático porte. Pero como todo anda trocado, le tocó esa mula rezona de Carolina… ¡Todo al revés! ¿Qué mujer de mérito no se empequeñece y anula al lado de este poquitacosa de Bringas, que no ve más que menudencias, y es incapaz de hacer una brillante carreara y de calzarse una posición lustre?... Ya, ¿qué se puede esperar de un hombre que, cuando le ofrecen un gobierno, en vez de saltar de gozo se pone a dar suspiros y a decir: “más que el bastón me gustan mis herramientas”? (Galdós 1983: 128-129) El final de La de Bringas revela el triunfo de nuestra protagonista, que acaba siendo la dueña de la economía doméstica y de la suya propia, pues es ella quien ocupa el puesto de administradora, dejando a su marido en un segundo lugar tras el estallido de La Gloriosa con la que se pone fin a la obra. Al ratoncito Pérez daba lástima verle. Apoyado en el brazo de su señora, andaba con lentitud, la vista perturbada, indecisa el habla. Serena y un tanto majestuosa, Rosalía no dijo una palabra en todo el trayecto desde la casa a la plaza de Oriente, mas de sus ojos elocuentes se desprendía una convicción orgullosa, la conciencia de su papel de piedra angular de la casa en tan aflictivas circunstancias. (Galdós 1983: 305) Por último, para terminar con el análisis, cabe destacar las dos caras de la economía que se representan en los cónyuges del matrimonio Bringas. De este modo, Francisco personifica la crematística del ahorro. El buen Thiers se dedica a acumular dinero y a contar cada uno de los peniques que conforman el presupuesto familiar. Su cosmovisión de la economía es la opuesta a la de Rosalía. Los críticos han considerado ambas actitudes como representantes de la tensión entre los valores tradicionales y una nueva mentalidad capitalista en la que el dinero debe ser circulado. Esta tensión existe en una sociedad económica transitoria e híbrida. La evolución de Rosalía en el transcurso de la trilogía representa a una mujer que comienza a desenvolverse en una nueva sociedad dominada por el consumo y el capitalismo con el añadido de tener que esconderse de su marido, pues este no tolera el mal uso del dinero. Según se van desarrollando los hechos, Rosalía sufre un cambio de
24 actitud y de carácter en tanto que se hace una mujer independiente que quiere llevar las riendas de su economía para situarse en el lugar que cree corresponderle por su posición social. CONCLUSIONES A la vista del análisis sobre los personajes expuesto y teniendo en cuenta los objetivos con los que nació este trabajo, nos gustaría compendiar lo más destacado de nuestra investigación, que, a nuestro juicio, ha arrojado datos más que interesantes para investigaciones futuras. En primer lugar, en los años sesenta hay una gran evolución de la economía debido a la industrialización y otros fenómenos que se dan en España. Este desarrollo conduce hacia la creación de un nuevo sistema de cobro o de financiación: el crédito. Esta nueva forma de financiación la vemos a través del personaje de Rosalía, como hemos podido comprobar con anterioridad. El crédito va a coexistir con la forma tradicional de pago que se viene haciendo desde muy atrás en el tiempo. En segundo lugar, al analizar las diferentes aportaciones sobre el debate de la existencia misma de esta trilogía que ofrecen los autores a favor de una u otra postura, y tras evaluar a estos personajes, estamos de acuerdo con la continuidad de las novelas, pues la aparición de los personajes en una y otra, así como el tiempo diegético en que se desarrollan y otros argumentos que se explicaron anteriormente son más concluyentes que las razones en contra. En tercer lugar, la economía se refleja de forma distinta dependiendo del personaje. Donde se ve más claro esta distinción es en los personajes de Francisco y Rosalía de Bringas, pues representan los dos polos opuestos de la economía. Por un lado, Francisco personifica la economía del ahorro tratando de guardar cuanto dinero puede para tener un futuro tranquilo. Por su parte, Rosalía simboliza el despilfarro, incluso en tiempos de crisis no tiene en cuenta los gastos, sino que continúa comprando. Felipe, sin embargo, nos permite una mirada hacia las clases sociales bajas, donde la forma de administrar el dinero es totalmente diferente. Además, gracias a este estudio podemos comprobar que el personaje más sobresaliente desde este punto de vista es Rosalía de Bringas, puesto que esta es quien ofrece más datos relevantes por su evolución a lo largo de las novelas y por su obsesión
25 por el mundo del lujo, así como por la individualidad económica y administrativa que va adquiriendo en la última obra, culminando en el final de La de Bringas donde ella termina siendo la dueña de la economía doméstica y personal. Por último, podemos especificar la crítica que realiza Galdós de acuerdo con el comportamiento de todos los personajes, no solo los tres analizados. El autor considera que las personas de clase media viven por encima de sus posibilidades y lo transmite por medio de Felipe como vimos en el fragmento donde Felipe regaña a Alejandro Miquis por no hacer nada y gastarse el dinero de su padre, pero también a través de Refugio Sánchez Emperador al final de La de Bringas cuando le da un sermón a Rosalía sobre su forma de vivir. En el ciclo narrativo compuesto por estas tres novelas se encuentra, por tanto, una gran cantidad de material que permite realizar el estudio sobre la economía durante los últimos años del reinado de Isabel II reflejados en la literatura de Benito Pérez Galdós, un autor muy comprometido con la sociedad, como se puede comprobar en la lectura de sus novelas de tesis, por ejemplo. BIBLIOGRAFÍA CITADA Arencibia, Y., Bly, P., y López, I.J. (1998). “Plenitud del relato realista (I): Galdós” en Historia de la Literatura Española. Siglo XIX (II)., dir. V. García de la Concha, Madrid: Espasa Calpe, S.A., pp. 480-590. Clarín, L. A. (1912). Galdós. Ed. Adolfo Sotelo Vázquez. Barcelona: Renacimiento. Gullón, G. (2006). “Tres narradores en busca de un lector”, Anales galdosianos, 5, pp. 75-80. Montesinos, J.F. (1969). Galdós (II). Madrid: Castalia Nadal, J. (1989). El fracaso de la Revolución industrial en España, 1814-1913. Barcelona: Ariel, S.A. Pérez Galdós, B. (2008). El doctor Centeno. Ed. I. Román. Cáceres: Textos UEX. Pérez Galdós, B. (1983). La de Bringas. Eds. A. Blanco y C. Blanco. Madrid: Cátedra. Pérez Galdós, B. (2009). La desheredada. Ed. Germán Gullón. Madrid: Cátedra. Pérez Galdós, B. (2003). Marianela. Ed. Francisco Caudet. Madrid: Cátedra.