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Una reflexión sobre el futuro de las fiestas de toros. La depuración de la suerte de varas

Martínez-Novillo, Álvaro

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Revista de Estudios Taurinos N.º 9, Sevilla, 1999, págs. 141-170 UNA REFLEXIÓN SOBRE EL FUTURO DE LAS FIESTAS DE TOROS. LA DEPURACIÓN DE LA SUERTE DE VARAS Álvaro Martínez Novillo1 Fundación de Estudios Taurinos unque en el siglo XVIII muchos ilustrados pretendieron dar fin a las corridas de toros, en realidad se desbloquearon notablemente los obstáculos civiles y religiosos que les frenaban al disponerse que éstas habrían de ser siempre autorizadas y supervisadas por la autoridad, que solamente actuarían en ellas toreros profesionales cualificados, que el público presenciaría el espectáculo en un edificio adecuado, provisional o definitivo, y que el producto resultante de las entradas se emplearía en obras de beneficencia u obras públicas. Apesar de ello los políticos ilustrados siguieron proclamando que la fiesta de los toros era un espectáculo sangriento que fomentaba los instintos violentos del pueblo y su ociosidad. También veían con malos ojos el encumbramiento de los toreros, generalmente personajes de baja condición social, que gracias a su habilidad en la arena se convertían en verdaderos héroes populares. Asimismo lamentaban los numerosos cam- 1Conservador del Museo Reina Sofía y, en la actualidad, director del Centro Cultural Conde Duque de Madrid. pos que permanecían incultos al ser dedicados a la cría de toros bravos y que, por último, éstos no llegasen nunca a ser bueyes, animales entonces tan necesarios para las faenas agrícolas y el transporte. Con base en éstas y otras razones las fiestas de toros volvieron a ser parcialmente prohibidas en 1785. Pero la moderna tauromaquia a pie que se había convertido ya en un espectáculo tan apasionante para españoles y extranjeros que, aunque en 1805 se prohibieron completamente debido a las numerosas desgracias ocurridas en los ruedos por aquella época (la más famosa de las cuales fue la muerte de Pepe-Hillo en la plaza de Madrid), no tardó mucho en vencer esta prohibición. Durante la Guerra de la Independencia los dos bandos contendientes autorizaron de nuevo las corridas pues con ellas lograban distraer al pueblo de las calamidades del momento y, al mismo tiempo, favorecer el abasto de carne para las poblaciones hambrientas. Desde entonces se puede decir que las corridas de toros han estado autorizadas legalmente en España siendo uno de sus mayores atractivos turísticos desde la época del Romanticismo. Bien es verdad que, en general, la intelectualidad española del siglo XIX se sintió molesta y un tanto avergonzada con la excesiva identificación de nuestro país con los toros que la literatura, la música y el arte extranjero propiciaban, como se manifiesta en la numerosas versiones del tema de Carmen. Para calibrar la importancia de las fiestas de los toros a comienzos del siglo XX debemos recordar que, según recogía Eugenio Noel, en 1913 se dieron en España 350 corridas de toros y 790 novilladas, estando en activo 41 matadores y 400 novilleros. Todo ello movía la cantidad de 253 millones Álvaro Martínez-Novillo 142 de pesetas de la época. Por otra parte a medida que avanzaba el siglo los toreros en lugar de cumplir su cometido de una manera rutinaria buscaron una lidia más arriesgada y emocionante y así, a partir de Belmonte, se consideró normal que el diestro invadiera terreno del toro y aparecieran nuevas suertes de capa y muleta. Contestando a los detractores del toreo, Ignacio Sánchez Mejías dijo en una memorable conferencia en Nueva York que «antes de aceptar la crueldad de la corrida de toros habrá que discutir sobre la guerra, sobre la caza, sobre el boxeo y otras muchas cosas que la cortesía me impide enumerar. Cuando la humanidad esté en un grado tal de civilización que no quede ninguna crueldad, entonces sería cosa de hablar de suprimir la corridas de toros» añadiendo que «dentro de las crueldades humanas no se puede tomar ni un pequeño detalle que compita en belleza con la realización artística del toreo». Incluso el torero no rehuyó entonces entrar en el terreno más polémico de la tauromaquia cuando explicaba: «Es verdad que muere el toro y puede morir el torero. Pero ¿cómo y por qué? El toro muere repleto de furia, de soberbia, de rabia por matar. El torero, en cambio, vestido de seda y oro, sobre el amarillo del albero que se le aproxima trazando círculos alrededor de su cintura. Matadores, toreros, hombres de España, ¿por qué vais hacia la muerte? Hacia ella por la gloria, que es la ilusión que corre por la sangre; por el aplauso, que es el premio de la locura. Cuando todas la posibilidades cierran al hombre del pueblo las puertas de la celebridad, salta al ruedo a jugar su aventura con la muerte, si es el caso, sonriendo contento, enseñando el arte de no morir, el arte de la vida» (Conferencia en la Universidad de Columbia. N. I. Una reflexión sobre el futuro de las fiestas de toros 143 1930). Impresionantes palabras de un hombre a quien un toro quitaría la vida cinco años más tarde. I.– NUESTRO TIEMPO El siglo XX que ahora termina se ha caracterizado por su impulso modernizador a todos los niveles sociales y también por una universalización de las costumbres gracias en buena parte al espectacular desarrollo de los medios de comunicación. De este modo, en los últimos cincuenta años, multitud de tradiciones locales han desaparecido o quedado en desuso. Sin embargo, a pesar de tales circunstancias, la tauromaquia no ha encontrado mayores problemas en su cultivo y desarrollo. Incluso durante este siglo se ha dado el caso de que muchos prejuicios de intelectuales hacia la fiesta de los toros se han atenuado o desaparecido. Así como en su mayor parte los literatos y pensadores hasta la generación del 98 eran claramente opuestos a los toros, a partir de Ortega y Gasset se encuentra un claro cambio de estimación y también en la poesía, a partir de los creadores del 27, se puede decir que los toros no sólo son objeto de respeto sino que se convirtieron en un tema literario cultivado extensamente. Lo mismo ocurre con las artes plásticas donde, por citar un ejemplo preclaro, Picasso, el más universal de los artistas españoles y uno de los más comprometidos con el arte nuevo, tuvo a la tauromaquia a lo largo de su dilatada carrera como uno de sus temas cardinales. Tampoco podemos olvidar la fascinación por la fiesta que escritores extranjeros de la talla de Hemingway, Dos Passos, Álvaro Martínez-Novillo 144 Montherlant, Leiris y otros muchos manifestaron en sus obras y en sus declaraciones (Fig. n.º 32). De esta manera en un período histórico renovador en el que en principio no parecía que pudiera cuadrar muy bien un espectáculo cruento –e incluso relativamente anacrónico– como las corridas de toros, éstas no han encontrado ningún obstáculo insalvable para su desarrollo en España ni tampoco en el sur de Francia, en México, Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú y en Portugal (aunque en este último país no esté autorizada la suerte de matar). También se puede afirmar que, gracias sobre todo al apoyo de la intelectualidad, se ha roto definitivamente el falso tópico que pesaba sobre la fiesta desde comienzos del siglo XIX que la consideraba en general como un espectáculo políticamente reaccionario. De este modo se explica que actualmente no Una reflexión sobre el futuro de las fiestas de toros 145 Fig. n.º 32.– Francis Bacon: Michel Leiris, estudio para un retrato, 1978, ól./l., 35’5 x 30’5, Paris, Col. Louise y Miche Leiris (Leiris, M.: Francis Bacon, trad. de R. Ibero, Barcelona, Polígrafa, 1987, pág. 108). exista ningún medio de comunicación que se manifieste antitaurino, cosa que era bastante habitual hace un siglo en España, Europa y América aunque, por supuesto y como es lógico, sí existen escritores y periodistas que defienden posturas antitaurinas. Durante el sigloactual ha habido un gran número de espadas famosos, muchas veces con una personalidad humana que ha rebasado lo meramente taurino, que han prestigiado la tauromaquia y cuya fama ha desbordado ampliamente nuestras fronteras a los cuales se debe mucho del prestigio internacional alcanzado por la fiesta. Todo esto a pesar de que, en este siglo, haya habido una nómina muy importante de toreros que han perdido la vida en los ruedos –entre otros: Joselito el Gallo, Granero, Gitanillo de Triana, Sánchez Mejías, Manolete, Paquirri, El Yiyo– y esto a pesar de los avances de la medicina moderna que han sido decisivos para reducir el número de cogidas irreparables. Pero, aunque resulte sorprendente, las víctimas de los toros al final, en el mundo moderno, no resultan tan escandalosas como en tiempos pasados lo era para muchos porque la práctica contemporánea de numerosos deportes incluye y acepta gravísimos riesgos. En fin, hoy en día, en general, nadie pone en cuestión las competiciones automovilistas, de motocicletas, aeronáuticas o la práctica del montañismo por el número ciertamente elevado de víctimas que se cobran periódicamente. El riesgo controlado por reglamentos deportivos es culturalmente aceptado por la sociedad contemporánea. Se debe reconocer en cambio que los toros han dejado de ser, al menos numéricamente, el espectáculo más popular. Los deportes, y más concretamente el fútbol, arrebataron a la Álvaro Martínez-Novillo 146 tauromaquia el monopolio secular que ésta tenía fundamentalmente a partir de los años cuarenta y cincuenta. Sin embargo ello no significa que las corridas tengan problemas de público puesto que su afición sigue muy viva y, en muchos casos, se compadece perfectamente su entusiasmo con el de los deportes y otros espectáculos. En cualquier caso, se puede incluso afirmar que los toros han aguantado mejor la competencia de los deportes que el teatro la del cine. Además, ello ha servido para que la afición a los toros se haya depurado yhecho, en general, más entendida y consciente de la singularidad de los espectáculos taurinos. Sin embargo se podría decir que quienes tienen responsabilidades concretas en la organización de las corridas, por los motivos que sean, no han valorado suficientemente que uno de los grandes aciertos de la estructura deportiva en orden a crear afición en su organización escalonada en diversas categorías de manera que el público puede repartir su afición entre los equipos de primera división que participan en las más importantes competiciones nacionales e internacionales y los de categoría inferior, mucho más próximos al público y consecuentemente más baratos, que sirven para promocionar la propia cantera de jugadores. El hecho de que hoy en día muchos pueblos en fiestas puedan contratar a unas grandes figuras del toreo, a nuestro juicio, perturba mucho la calidad de la lidia ya que, muchas veces, el resultado final no es sino una caricatura de las corridas en las grandes ferias a unos precios prohibitivos para buena parte de la afición local. Además, es preciso reconocer que a la fiesta de los toros la progresiva evolución de los medios de comunicación le ha resultado beneficiosa. Tal como ya ocurrió cuando Una reflexión sobre el futuro de las fiestas de toros 147 empezaron a aparecer las revistas ilustradas y pronto destacaron las de tema taurino por sus grabados y fotografías que podían competir en belleza plástica con las mejores, hoy en día la televisión, sobre todo en color, se ha convertido en un formidable vehículo de difusión de los festejos taurinos. La adecuación técnica de la televisión a las dimensiones de las plazas, la capacidad de recoger el espectáculo en su colorido y la posibilidad de alternar planos generales y detalles parciales de la lidia han hecho que las fiestas de los toros hayan salido muy beneficiadas con el desarrollo de estos nuevos medios de comunicación a nivel nacional e internacional y así se puede afirmar rotundamente que el concepto de «aldea global» de las comunicaciones actuales es extraordinariamente positivo para el mundo de los toros. Un primer ejemplo elocuente de la influencia mediática en los toros se tuvo ya, en los años sesenta, con el fenómeno de El Cordobés, en cuya carrera la televisión fue decisiva pues dio a conocer su atractiva personalidad a un gran público no aficionado, nacional y extranjero, acercándole a los toros. Como quiera que se trataba de un torero heterodoxo posiblemente no se valoró bien este fenómeno desde dentro del mundo taurino, pero lo cierto es que puede servir bien de ejemplo de cómo el público es capaz de reaccionar cuando la fiesta de los toros se abre y proporciona un espectáculo que en general se puede considerar renovado en emoción. Evidentemente no se trata aquí de magnificar las innovaciones de El Cordobés respecto a la elegancia de la lidia tradicional sino de ponderar cómo utilizando los medios de comunicación se puede también conmover un espectáculo tan asentado como el taurino. Álvaro Martínez-Novillo 148 Porque, cara al público, en general, uno de los problemas más importantes de la fiesta de los toros es que se ha convertido en un espectáculo excesivamente para iniciados y bastante críptico para un espectador que no esté al tanto. Incluso es un tópico literario, desde los sainetes de don Ramón de la Cruz, la displicencia del aficionado en la plaza hacia los espectadores ocasionales. Por el contrario, a través de las retransmisiones televisivas, el público tiene acceso a numerosos datos que en la plaza de toros sólo son asequibles a un número reducido de espectadores, como pueden ser los cambios de última hora en los toros que se lidian o en los componentes de las cuadrillas que están actuando en un determinado momento. Así, por ejemplo, cuando se produce una cogida normalmente el público de la plaza suele ser el más desinformado sobre su gravedad y alcance dando ello lugar a situaciones paradójicas, algunas veces terribles, que serían incomprensibles si no se tuviese en cuenta esta circunstancia. Pero, es muy posible, que el problema intrínseco más importante del toreo actual como espectáculo de masas sea su coincidencia con el absoluto predominio de la faena de muleta y la consiguiente suerte suprema en detrimento del resto de actuaciones sobre el ruedo, más concretamente de las suertes de varas y de banderillas, que han ido paulatinamente perdiendo importancia y convirtiéndose, demasiadas veces, en un puro trámite sin apenas interés artístico. Esto si, de un lado, manifiesta el gusto del público actual por la parte esencial de la lidia, no puede sin embargo justificar, de otro, que el resto de las suertes, quede en un plano secundario pues las diversas fases de la corrida están concebidas desde hace dos siglos para ofrecer un espectáculo lo más completo posible en el que, si Una reflexión sobre el futuro de las fiestas de toros 149 sidad al estar resabiada, excepción hecha de los rarísimos animales indultados tras una corrida. Por tanto no hay para el animal apenas diferencia en ser apuntillado detrás de la puerta del toril o en ser estoqueado a la vista del público, máxime cuando esta suerte suprema se debe realizar con la mayor limpieza y siguiendo unas normas muy estrictas. Evidentemente la suerte de matar no siempre se produce en la arena de esta manera, pero es evidente que, por regla general, el matador pone todo su interés en que la suerte sea ejecutada de la mejor manera puesto que en ello va su prestigio y la materialización de su triunfo. Desde luego se puede aducir que nuestra sociedad repele la idea de la muerte y en ella su sola mención suele resultar profundamente desagradable, pero ese es un matiz muy discutible en nuestra sociedad ya que la muerte existe y es absurda su ocultación sistemática. Aeste respecto parece oportuno citar las palabras de Michel Leiris: «En el presente estado de cosas (notable por una notable ausencia de todo cuanto concierne a la fiesta) una institución como la corrida –que parece, en más de un aspecto, desarrollarse siguiendo un esquema análogo al de la tragedia antigua– adquiere un valor particular a consecuencia de ser la única, en nuestro mundo occidental moderno, capaz de responder a las expectativas exigibles a todo espectáculo, tanto si éste se ofrece en el marco de la vida real, ante la falsa apariencia de un decorado o, incluso, sobre el suelo firme de un campo de deportes» (Espejo de Tauromaquia, Turner, 1995 [1937]). Además si la corrida se efectúa ejecutando correctamente sus normas, este espectáculo podría incluso resultar en cierto modo pedagógico pues no sólo pone de relieve el poder Álvaro Martínez-Novillo 156 de la inteligencia sobre la fuerza bruta sino que recuerda, con dignidad y belleza, que el hombre necesita sacrificar animales para su propia subsistencia. Porque no deja de ser una aberración que en nuestra sociedad urbana muchos niños no relacionen en absoluto las viandas que se compran empaquetadas en supermercados con los animales del campo que contemplan en los viajes o en las estancias en granjas-escuela. También hay que señalar que en buena parte de las películas actuales y videojuegos al alcance de los niños hay una carga de violencia virtual mucho mayor que la que se suele presenciar normalmente en una corrida de toros. Sin embargo este razonamiento no será admitido por la mayoría puesto que lógicamente aducirá que una cosa es la violencia de ficción yotra la real, por más que no esté muy claro si este matiz está bien diferenciado en las mentes infantiles y juveniles actuales tanto más cuanto que las noticias que nos llegan de institutos y liceos son cuanto menos, inquietantes. Tampoco es defendible la manipulación ilícita de los toros antes de las corridas que produce en ocasiones situaciones verdaderamente lamentables en los ruedos. La más tradicional es la manipulación de los cuernos acortando su longitud. Sobre este asunto hay una amplia normativa legal yuna inacabable picaresca. La razón última es la exigencia de las figuras que condicionan a ganaderos y empresarios hasta el punto de obligarles a afrontar importantes sanciones gubernativas por más que el «afeitado» no sea una panacea contra el peligro tal como lo demuestra el hecho, de relativo dominio público, de que uno de los toreros más famosos del siglo pereciera de resultas de la cornada de un toro con las astas manipuladas. Aunque en los últimos tiempos se ha Una reflexión sobre el futuro de las fiestas de toros 157 luchado mucho contra esta práctica la verdad es que resulta enormemente defraudante el hecho de que con tarta frecuencia, cuando se asiste a corridas fuera de las plazas más tradicionalmente toristas, se vean animales verdaderamente impresentables en su cornamenta y lo peor es que en esas circunstancias se siente una falta sustancial de autenticidad en la fiesta y, por consiguiente, un atentado contra la ética. Menos evidente pero más decepcionantes todavía son otras prácticas contra la integridad del toro que van desde la burda descarga de sacos terreros sobre el espinazo de las reses hasta más sofisticados métodos de drogado de las mismas. Frente a estas prácticas que todos deseamos que no estén muy extendidas pero cuya sombra de duda aparece en los ruedos, sobre todo cuando se ven, en el ruedo, erráticos comportamientos, en los toros apenas explicables, no debe haber otra medida más que el acuerdo de los sectores relacionados con la fiesta para desterrar estas prácticas, los análisis veterinarios pertinentes antes y después de cada corrida, por costosos que éstos sean y las reglamentarias sanciones. Para concluir este tema podemos afirmar sin exageración alguna que cada vez que se produce algún fraude en la integridad del toro bravo o durante la lidia se ejecutan descuidada o indebidamente las suertes de varas, banderillas o de muerte se están dando argumentos reales a quienes se oponen a las corridas por el maltrato que, en ellas, se produce a los animales. Las fiestas de toros sólo son excepcionalmente admisibles para la legítima sensibilidad del hombre actual si se realizan según las normas estrictas de la tauromaquia, las que la convirtieron en un arte susceptible de compaginar el valor y la maestría con la mínima violencia posible. Si se per- Álvaro Martínez-Novillo 158 siste en prácticas descuidadas o ilícitas éstas gravitarán inevitablemente sobre el porvenir de la corrida. Porque de nada sirven los argumentos históricos sobre las corridas de toros en nuestra civilización si su práctica actual no está a la altura de las circunstancias. Recordemos que la historia está llena de ejemplos de costumbres y tradiciones que, en un momen- to dado, perdieron su razón de ser, su vigencia, y desaparecieron convirtiéndose en pura arqueología. II.– ELFUTURO DE LA FIESTA Solamente en España con los espectáculos taurinos –unas setecientas corridas anuales–se recaudan cada temporada en torno a los ciento cincuenta mil millones de pesetas, de los cuales veintidós mil millones ingresa el Estado en concep- to de I.V.A. Estas cifras evidencian la importancia que todavía tienen en nuestro país a pesar de haber dejado de ser, como dijimos, el espectáculo más concurrido en beneficio del fútbol. Sin embargo en el mundo del toro existe siempre la preocupación por el porvenir sobre todo porque se percibe una notable disminución de la afición entre los jóvenes. Desde luego han pasado ya los tiempos en los que todos los chicos españoles jugaban al toro y aspiraban a ser de toreros mayores, aunque este hecho, como es evidente, debe ser considerado dentro de un cambio sociológico más profundo en que los grandes medios de comunicación tienen una influencia decisiva. En el distanciamiento de los jóvenes de las fiestas de toros hay que tener en cuenta, aparte del factor económico, los problemas con la sensibilidad actual que evidentemente tienen Una reflexión sobre el futuro de las fiestas de toros 159 un mayor impacto entre este sector de la sociedad que recibe una educación cada vez más proteccionista del medio ambiente. De este modo se puede afirmar que la afición taurina ha pasado de ser algo natural y casi instintivo en España a algo que hoy en día requiere una mayor madurez reflexiva. Por ello, aunque sea necesario que los jóvenes reciban una información histórica objetiva acerca del origen y el sentido de las fiestas de toros en el mundo iberoamericano, hay que tener un cuidado verdaderamente exquisito en no suscitar reacciones contraproducentes a causa de una insistencia inoportuna y poco inteligente, a favor de ellas, en el período escolar. En cualquier caso, serán las sucesivas generaciones futuras las que decidirán sobre la pervivencia de las fiestas de toros, pero para favorecer esto no hay otro camino que la depuración de la corrida en el sentido de evitar toda violencia innecesaria así como su enriquecimiento como espectáculo, haciéndolo atractivo a las nuevas generaciones aunque sin permitir que sufra menoscabo su carácter artístico que, en definitiva, es su razón de existir. También hay que tener muy en cuenta que si se afirma que la autenticidad es uno de los valores fundamentales de la fiesta y, además, se actualiza y cumple, todo fraude será esencialmente nocivo y prácticamente contraproducente. Por otra parte los festejos populares –encierros, capeas, etc.–tendrán que ir perfeccionándose por una doble vía: la legislativa y la autocensura. Es evidente que los sanfermines de Pamplona tienen renombre internacional al haber sido popularizados por la literatura, la fotografía y el cine, pero también es cierto que mucha de su vigencia estriba en el respeto y corrección con que mozos corren a los toros. Por el contrario, el soez comportamiento de una Álvaro Martínez-Novillo 160 muchedumbre ebria acosando a una vaquilla en un festejo popular es algo insoportable que, aparte de manifestar la cobardía de los que lo practican, verdaderamente, ya no puede tener lugar en nuestra sociedad (Fig. n.º 35). En cambio sí parece conveniente fomentar los espectáculos con participación de caballistas. Aunque históricamente la moderna tauromaquia surge de un proceso en el cual el toreo a pie suplanta al toreo a caballo tradicional de la Una reflexión sobre el futuro de las fiestas de toros 161 Fig. n.º 35.– Soberbia «raset» de Jackey Siméon al toro Fidélio de la manada de Laurent. De la misma manera que los matadores de estoque van a torear a los pueblos del Sur de Francia no estaría nada mal que vinieran los «recortadores» franceses a enseñarles a los mozos andaluces un emocionate juego popular con los toros que hace muchos, muchos decenios, olvidaron (Fot. de Naval, Montpellier, Francia). nobleza, a lo largo de todo el siglo XX ha habido un gran esfuerzo profesional no sólo para la recuperación del arte del rejoneo sino también para darle cada vez más emoción y espectacularidad. Esto que, lamentablemente, ha tropzado con la indiferencia de muchos aficionados sin embargo es una vía inmejorable, si se fomenta adecuadamente, para atraer a las plazas de toros a un público no habitual en ellas y a la juventud. Por ello sería deseable fomentar corridas de rejones, e incluso alguna feria dedicada exclusivamente a ellas. El espectáculo que aúna en la arena bellos caballos, bravos toros y expertos jinetes tiene un gran porvenir en un sociedad como la nuestra en la que se añora la desaparición de la cabaña equina ante el avance implacable de las máquinas (Fig. n.º 36). Pero el dato, con mucho, más profundamente esperanzador sobre el porvenir de la tauromaquia es, sin ninguna duda, el gran número y la calidad de los jóvenes aspirantes a matadores. Tradicionalmente se consideraba que la huída de la miseria era lo que obligaba a los jóvenes a arriesgar su vida ante los cuernos del toro, sin embargo en la actualidad se ven cada vez más jóvenes novilleros o toreros que no sólo tienen estudios superiores sino también carreras universitarias y que se enfrentan al toro movidos exclusivamente por su vocación. Además la eficacia de las escuelas de tauromaquia se percibe inmediatamente cuando sus alumnos salen al ruedo con un bagaje de conocimientos teóricos y prácticos sobre el toro muy importantes. Esto ha contribuido no poco a la recuperación de la elegancia y variedad de la lidia que afortunadamente ha sustituido al desgarro y patetismo que se solía ver en los maletillas de hace años. La nueva cantera de toreros es condición sine qua non para la tauromaquia del futuro y para sorpresa de Álvaro Martínez-Novillo 162 muchos de los que eran escépticos ante el futuro de las fiestas estas nuevas generaciones, preparadas inteligentemente, garantizan un espléndido porvenir para la lidia. Ello es tan cierto que hoy en día en las plazas se clama más por la ausencia de buenos toros que por la de buenos toreros. Así los jóve- Una reflexión sobre el futuro de las fiestas de toros 163 Fig. n.º 36.– El espectáculo que aúna bellos caballos, bravos toros y expertos jinetes en la arena tiene un gran porvenir en un sociedad como la nuestra en la que se añora la desaparición de la cabaña equina ante el avance implacable de las máquinas. En la imagen una estampa de la Tauromaquia de Aillaud (Ver, en este mismo n.º 9 de la Revista de Estudios Taurinos, la recensión a dicha obra en págs. 209-216). nes valores cada año proporcionan nuevas sorpresas y grandes satisfacciones que encandilan a la afición y facilitan los relevos generacionales tan necesarios para la pureza de la fiesta. Sin embargo, esta emoción que se produce cada nueva feria con la aparición de nuevos valores como novilleros o jóvenes matadores no transciende tanto a nuestra sociedad porque la televisión realmente no está a la altura de las circunstancias. Existe ahora un debate sobre si las corridas deben ser retransmitidas por canales de pago o libres. Una parte del sector se inclina por la segunda opción por motivos fundamentalmente económicos y además hay que reconocer algunas experiencias recientes en este sentido han sido muy interesantes. El hecho de que un canal de pago haya retransmitido, hasta el año pasado, toda la Feria de San Isidro de Madrid acompañada de interesantes comentarios, con buenos resúmenes y espacios divulgativos sobre el toro en régimen abierto, ha tenido una enorme repercusión social al documentar a las aficiones locales y al acercar a un público de mayor edad lo que ocurría en las plazas reverdeciendo su afición. Pero ello en ningún caso puede suplantar la responsabilidad que las televisiones públicas –gratuitas– tienen con nuestra fiesta nacional. En estos canales se percibe muy a menudo una falta de política coherente en la retransmisión de corridas y programas informativos específicamente taurinos. Este hecho sorprende enormemente a los extranjeros aficionados que no pueden entender cómo se desperdician tantas grandes ocasiones para difundir algo que es parte de nuestro patrimonio y un vistoso entretenimiento público. Igualmente los emigrantes españoles no pueden comprender que, dentro de la programación de los canales internacionales por satélite, los espacios informativos sobre los toros aparezcan errática- Álvaro Martínez-Novillo 164 mente en los peores horarios o simplemente desaparezcan sin explicación de las programaciones. La única explicación razonable para ello es que los responsables de las televisiones públicas participen de los prejuicios dieciochescos respecto a los toros lo cual no parece ni muy riguroso intelectualmente hablando ni, tampoco, muy respetuoso para con la audiencia aficionada a unos espectáculos perfectamente autorizados. Tampoco parece que se haya explotado debidamente el potencial turístico que ofrecen las fiestas de los toros. Aparte de las grandes ferias taurinas de todos conocidas, se dan cada temporada –es decir en primavera, verano y el comienzo del otoño–corridas en la mayor parte del territorio español. Yuna parte importante de las mismas tienen lugar en poblaciones y plazas verdaderamente pintorescas, sin embargo si no se trata de lectores habituales de las revistas taurinas especializadas, estos interesantes festejos pasan desapercibidos para un público que estaría potencialmente interesado en ellos sobre todo si hubiera un mínimo de infraestructura turística organizada. Contemplar una buena corrida en el circo romano de Nimes o en las históricas plazas de Ronda, Béjar, Las Virtudes o Barcarrota, por citar sólo unos ejemplos muy significativos, dentro de recorridos organizados podría ser un aliciente muy importante para un turismo de calidad tanto español como extranjero. Aeste respecto cualquier iniciativa del sector sería muy importante aunque sólo fuese a nivel informativo de la programación de festejos taurinos en los medios de comunicación generales. Se escucha con relativa frecuencia que las instalaciones que la mayor parte de las plazas de toros ofrecen al público son arcaicas y muy deficientes. Ello es cierto, pero también hay que señalar que muchas de estas vetustas plazas están Una reflexión sobre el futuro de las fiestas de toros 165