Don Juan de Arguijo : estudio biográfico
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DON JUAN DE JIRGUIJO ESTUDIO BIOGRAFICO FOR D. JOSÉ MARÍA ASENSIO MADRID TIPOGRAFÍA GÜTENBERG Calle de Villalar, núm. s. 1883
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DON lOAN DE ARGDIJO ESTUDIO BIOGRÁFICO POR D. JOSÉ MARÍA ASENSIO PARTE PRIMERA 1560-1599 MADRID tipografía Calle de Viilalar, núm. 5 1883
DON JUAN DE ARGUIJO ESTUDIO BIOGRÁFICO PARTE PRIMERA 1560-1599 I Medio día era por filo en el 28 del mes de Julio del año 1593. Sin cuidarse, al parecer, del calor sofocante que en tal día yhora se dejaba sentir, encontrábanse reunidos en gran número en la hermosísima Sala Capitular déla Casa Ayuntamiento de Sevilla, nobles Veintiquatros yopulentos Jurados, conferenciando con inusitada animación en altas voces ycon enérgicos ademanes. En los semblantes bien se dejaba comprender que alguna grave ocurrencia era causa de la reunión. La pequeña campanilla ,agitada por el más antiguo de los Veintiquatros ,en ausencia del Sr. Asistente por S. M. ,D. Pedro Carrillo de Mendoza, Conde de Priego, puso término álas conversaciones. Cada cual ocupó su escaño por el orden de rigorosa
6 antigüedad jyel despacho comenzó:... aunque ádecir verdad prestaron poca atención aquellos graves Señores álos variados asuntos de que iba dando cuenta el más moderno de los Jurados ,no sabemos si por inveterada costumbre ópor la preocupación que el asunto del día les causara, yque embargaba sus ánimos. Cuando hubo dado fin la lectura del despacho, se levantó el Sr. Veintiquatro Pedro Diaz de Herrera, cuya elevada estatura ynoble ademán prevenía en su favor al auditorio, yen medio de señalada atención dijo: «Que yendo el Sr. D. Juan de Arguijo ysu mer- »ced ,en nombre de la ciudad, ápresentar al Sr. LiDcenciado D. Diego de Alderete áel Audiencia, en- »trando en la Sala donde aquellos SS. estaban sen- »tados, no parece que usaron con la ciudad de la »cortesía que otras veces ,no quitándose los bone- »tes, como costumbre, yse ha fecho hasta aquí. Y »que al dicho Don Juan de Arguijo yal dicho Se- »ñor Pedro de Herrera, les pareció que no era á »propósito usar de ningún remedio para guarda y »conservación de las preeminencias de la ciudad »por entonces; yagora da cuenta dello para que la !> ciudad ordene ymande el remedio que se ha de «tener en este negocio tan importante Bien se comprendía que los ánimos estaban dis1Archivo municipal de Sevilla.—Escribanías.—Actas de este día.
4 !tos yacalorados para recibir tan grave noticia, fué el tumulto que en la Asamblea produjeron 3palabras del Veintiquatro Herrera. Retratada en los semblantes la indignación, rebosaba la ira en las palabras. Hablaban muchos yninguno escuchaba; siendo lástima, en verdad, que algún cronista íntimo no hubiera recogido los apóstrofes, denuestos, invectivas, improperios yvotos que álos Sres. del Audiencia prodigaron ylanzaron los Sres. del Cabildo. Estaba entonces en su punto la rivalidad, que tantos escándalos había de producir en años sucesivos enü-e estos cuerpos yotros no menos respetables; y bastaba la chispa más leve para levantar formidable incendio, cuyas consecuencias tenían larga historia, y llegaban en quejas yacriminaciones al Supremo Consejo, yhasta las gradas mismas del trono del segundo de los Felipes. Fué trabajo ímprobo el restablecer la calma en el agitado Cabildo. Propusierónse, y alternativamente se desecharon, muchos medios para obtener reparación; ypor último; «Acordóse, de conformidad, habiendo tratado y »conferido sobre lo contenido, que estando el caso «presente de haber llamado áCabildo para recibir «al Sr. Licenciado Diego López Bueno, que viene «proveido por Oidor áesta Audiencia, ypor con- «servar las preeminencias de que Su Majestad ha «fecho merced áesta ciudad, que vayan luego am- «bos Procuradores Mayores, yen nombre de la »ciudad envien un recado al Sr. Regente con su
14 pasos de su existencia. En todas sus acciones se reflejaban unidas la elevación de su entendimiento yanobleza de su corazón. Anticipándose ála edad aexperiencia, salió muy joven, casi niño, délas áulas de los Padres de la Compañía de Jesús, que con gran esmero lo educaron, ycon los que conservó siempre sincera amistad al tiempo mismo que Ies v^inf Hla “ayintimidad, como luego veremos. ^l'rillar por sus relevantes tan frecu t Academias yreuniones literarias, carácter vÍrVf””'"' “ _ysu ilustración la admiración de muchos y la amistad de Herrera, de Medina, de Medrano ydi os mas ilustres poetas de Andalucía. tre^Sn de ÍC Jan de la Cueva, cuya nombradla era grande por que hacía algún tiempo se representaban sus as dramáticas en el antiguo corra/ de Doña ElColtseo, ypor sus trajedias era conocido del vuto como alabado por los doctos. ^ Fué Juan de la Cueva poeta fecundo, yentre sus quelebióTT Ses aslr r' "’i" historiamos Muy joven era D. Juan de 1Biblioteca Colombina. _Z. 133-134-135-40 tomos .Mss. El segundo contiene el poema. -Tres
15 Arguijo, pero ya encontró su nombre cabida yelogio en el poema. En la octava 71 del libro v, dice el autor: Don Juan de Arguijo es este ;advierte imira este joven excelso cuia gloria ála Fama da fama, al cielo admira ilo terrestre adora su memoria. Dichoso siglo que su dulce lira oyrá, idichoso el que verá su istoria; imás dichosa Híspalis qu’espera qu’este Píndaro ilustre su ribera. Muy joven todavía, en el año. 1684, contando apenas los veinte años de edad, contrajo matrimonio con la ilustre Señora Doña Sebastiana Pérez de Guzmán, nieta de acaudalado banquero establecido en Sevilla, oriundo de Génova óFlorencia qmatrimonio muy feliz por el amor ylas virtudes de los esposos, pero al que no concedió el cielo sucesión. Era D. Gaspar de Arguijo, padre de D. Juan, uno de los nobles más influyentes en el regimiento ygobierno de Sevilla; yá su influjo se debió, áno dudar, que el 7de .Abril del año 1590, jurara D. Juan la plaza de Veintiquatro, en el momento de cumplir los veinticinco años. Desde el punto mismo de la toma 1Consta la fecha del casamiento de Arguijo en los datos consignados al hacerse la partición de los bienes de su padre en 1597, que hemos examinado en su original en el Archivo de Instrumentos públicos de Sevilla.
i6 de posesión del cargo, se dedicó con actividad, con inteligencia, con verdadero ypatriótico entusiasmo al fomento de la administración municipal, al engrandecimiento ybuen orden de la ciudad, yno hay ramo importante en aquélla, ni mejora en ésta, donde no se reconozca la huella de su paso ;así como no hay cabildo importante en que no figure su nombre, ora promoviendo trabajos, ora recibiendo déla confianza de los capitulares los más delicados encargos, ya para la dignidad yrepresentación del Cuerpo, como el que referimos al principio, ya para pasar áMadrid áentenderse con el Gobierno central en cuanto tenía relación con el buen nombre ycon el engrandecimiento de Sevilla. Fué llavero Mayor del Cabildo; yse le dió poder para tomar átributo loo.ooo ducados para la compra de trigo; se le facultó para entenderse con los Sres. Inquisidores de Llerena, en nombre de la ciudad, sobre ciertos embargos que habían hecho, escribiendo en nombre de la misma todas las cartas rtque le pareciere qyse le fiaron siempre los más delicados asuntos. En todo acreditó D. Juan sus elevadas condiciones de buen repúblico yhonrado patricio ,ycomo al propio tiempo era celebrado su ingenio al par de 1Estas yotras comisiones se justifican con los libros de Actas que originales se guardan en el Archivo municipal de Sevilla. —Cabildos de 2y25 de Agosto de 1593, 10 de Diciembre de 1597, yotros muchos.
I los más famosos; como su carácter franco yliberal le constituía en Mecenas de los hombres de letras, y su nombre era repetido por todas partes ypor donde quiera celebrado, no es de extrañar que la ciudad pensara en él para darle la investidura de Procurador en Córtes. Pero no adelantemos los sucesos, }’ continuemos el orden cronológico. V Fué el año 1596 de los más desdichados parala extensa monarquía que gobernaba con mano firme el Rey Don Felipe 11. La presentación de la escuadra inglesa al mando del Conde de Exess, delante de la plaza de Cádiz; las circunstancias que ocurrieron en el desembarco de los enemigos; el saqueo de la ciudad durante muchos días en que estuvieron posesionados de ella tranquilamente sin que nadie les molestase... fueron hechos que pusieron de manifiesto las graves faltas de la administración pública ,el abandono de im. portantísimos servicios ,el descuido con que se miraba la seguridad de lo interior para atender águerras exteriores, yque tuvieron eco tan fuerte como doloroso en la metrópoli de Andalucía.
i8 Sevilla se esforzó en aprestar fuerzas que acudieran en socorro de Cádiz; dió la voz de alarma á toda la comarca andaluza, yen todos terrenos procuró el remedio. Pasada la catástrofe: Mo ya el Duque sin tzingún recelo , como dijo el poeta autor del Quixote, Sevilla acudió en auxilio de los desventurados gaditanos, llevando alia toda clase de consuelos. El cabildo eclesiástico, las corporaciones civiles, las autoridades ylos parbculares, rivalizaron en actividad ydesprendimientosin duda para reunir sus propios recursos con los que oficialmente llevaría del Tesoro de la ciudad se trasladó áCádiz D. Juan de Arguijo con su madre ycon su esposa Doña Sebastiana. Difícil, imposible sería describir el espectáculo desolador que ásus ojos se presentara. Quemada y asolada la iglesia catedral, el monasterio de monjas eanta .lana, la casa de la Compañía de Jesús con más 290 casas yotros edificios públicos destruidos; llenas de escombros las calles, abandonadas por ruinosas muchas viviendas... no encontraba la vista punto donde fijarse, que no causara dolor contemplar tanta desdicha ydestrucción tan grande. Arguyo no pudo permanecer indiferente ante aquel desastre, ymovido por su piedad, en unión con su anciana madre ycon su esposa, reedificó el Colegio de la Compañía; yuna sencilla inscripción, que en la iglesia se conserva todavía, recuerda álas
19 generaciones el celo yla magnificencia del ilustre poeta sevillano '. Precipitadamente hubo de regresar áSevilla Don Juan de Arguijo, llamado por la grave enfermedad que acometió ásu padre D. Gaspar, yque le condujo al sepulcro al principiar el año 1597. En aquellos momentos estaba en el mayor esplendor esta ilustre familia. En las particiones de los bienes del padre, dividieron entre la madre yel hijo 72.000.000 de mrs.; por sus enlaces estaba entroncada con la más alta nobleza; ypor el renombre de su talento, por su esplendidez yboato, gozaba D. Juan de universal aprecio. En 1598 fué nombrado Procurador para representar en Córtes ála ciudad de Sevilla. VI Entrado de lleno en la posesión de su fortuna, se dedicó D. Juan con mayor ardor áfomentar sus aficiones, ypor este tiempo emprendió la restauración de su magnífico palacio, situado en la calle que hoy 1Dice así :Esta bóveda yenterrajnie^ito es de los señores D. yiian de Arguijo, Doña Petronila Manuel yDoña Sebastiana Pérez de Guznián ,fzmdadores de este Colegio.
r lleva su nombre ,ycaía frontero ála casa profesa de la Compañía de Jesús. No necesitaba estímulos su amor al arte; pero en la ciudad donde se ostentaban casas como la llamada de Pilatos, ycolecciones tan ricas como la que en ella habían reunido sus dueños los Duques de Alcalá; donde se encontraban primores como los que esmaltaban las magníficas estancias de los Duques de Alba, de los Condes de Gelves, de los Marqueses de la Algaba, había fundada razón para que deseara D. Juan de Arguijo que su morada, si no superior áaquéllas ,fuera como ellas un verdadero templo de las artes. No entra en nuestro plan describir el palacio de Arguijo. Hizo venir labrados de Italia los hermosos mármoles con que formó la fachada, sobre la cual campea el escudo de armas notablemente cincelado* Con él vinieron hermosas estatuas para adorno de los terrados, entre ellas dos que representaban á Vémis yAdonis,yque colocadas en las hornacinas del precioso jardín, llamaron tanto la atención del gran Lope de Vega ,que consagró un soneto á su alabanza. El estrado era una maravilla artística. Por fortu. na, para formar idea de aquella suntuosidad, se conserva, aunque arrancado de su lugar, el techo que adornaba la estancia, yque el Excmo. Sr. iMarqués de la Granja, dueño de la finca, tuvo cuidado de ásu palacio de la calle de las Armas, donde^y se ve como precioso adorno. J
21 (¡ Su forma es la de un paralelógramo de 9me- ”tros por 5'50 de ancho. Está dividido en caseto- ®nes de diversas figuras cortados por molduras ®doradas que forman armonioso conjunto. En el ”centro pintado al temple se representa el Olimpo; ®Júpiter excelsior; las diosas ydioses en graciosas ®actitudes. Formando los ángulos Ganimedes y "Faetonte, la Justicia yla Discordia; figuras todas de ®valentísimo dibujo yatrevido escorso. En los demás ®recuadros hojas yflores, animales yfrutos, aves y ’’ genios caprichosa yelegantemente enlazados, si- ®guiendo la manera de la escuela romana, ála ®que indudablemente pertenece la pintura. En una »cartela parece leerse la fecha 1591. ® VII Diego Pimentel, mi Asistente de Sevilla: ya habréis eiitendido como la Marquesa de Dénia fué por mar áSanlúcar áhallarse en el parto de la Condesa de Niebla ,su hija. Yporque su vuelta d Castilla ha de ser por ahí, me haparecido avisároslo yencargaros mucho, como lo hago, tengáisparticular cuidado de que entienda esa ciudad de miparte que de todch-la buena acogida ydemostración que hiciere áella quedare yo muy servido ,por la estimación que hago de la Marquesaylo bien que su marido me sirve.
22 Después me avisaréis de lo que en esto hubiere pasado. De Zaragoza á19 de Septiembre de 1599 años. YO EL REY. Don Martín Idiaguez. Esta carta del Rey Don Felipe III, leida por el Asistente Pimentel al Cabildo de la ciudad, produjo extraordinaria animación yalegría, porque todos ansiaban sobrepujar en demostraciones de afecto á la esposa del favorecido Duque de Lerma ,mucho más cuando de una manera tan explícita se declaraba la voluntad de S. M. Se formó un plan de festejos para el recibimiento, como si se tratara de la propia persona del Rey, y cada cual daba su opinión añadiendo nuevas demostraciones, que todas eran recibidas yacogidas con unánime aprobación. Venía la Marquesa por tierra desde el palacio del coto de Oñana, yanticipándose átodos salió al Aljarafe con lucido ynumeroso acompáñamiento Don Juan de Arguijo, yen su heredamiento de Tablantes, situado en aquella deliciosa altura, que se denomina con tanta razón país de las Jiores, hospedó ála ilustre viajera con tal magnificencia, que gastó en aposentarla por veinticuatro horas más e40.000 ducados (medio millón de reales próximamente). yen su compañía, yla de sus caballeros ydeudos, hizo su entrada en SeviUa la Marquesa. staba en armas toda la milicia de la ciudad, yal ivisarla rompieron las salvas, que aumentaron, al
23 llegar al puente de barcas la carroza, con las de todas las galeras surtas en el rio. Hubo mascaradas de los gremios yde la nobleza por la noche ,ytodos fueron áestacionarse al compás de agradables músicas delante del Real Alcázar donde se hospedaba la Marquesa. Al siguiente día hubo fiestas de toros por mañana ytarde en la plaza de San Francisco; yse preparaban grandes funciones ysimulacros de guerra en el Prado de San Sebastián yen el río Guadalquivir, en todo lo cual hacía principalísirna figura el Sr. D. Juan de Arguijo, cuando se recibió la noticia de que había muerto la hija de la Condesa de Niebla, ytodo concluyó como por encanto. I'IN llE LA PRIMERA PARTE
3° ácuya buena amistad debimos hace años esta noticia El palacio varió de dueño ,yandando el tiempo entró áformar parte de otro mayorazgo ;pero ,en verdad ,creemos que la noticia conservada por el anónimo autor sobre la pobreza áque se vió redu1Gaspar de Peralta, en nombre del mariscal Miguel de Castellano, tesorero de S. M. en el rio de la Hacha, provincia de Tieira firme de las Indias, ycon su poder, ante Baltasar de Godoy, en Sevilla en 28 de Mayo de 1574, vendió al Sr. Gaspar de Arguijo unas casas principales con su recibimiento, aposentos yservicios de criados, patio, salas altas ybajas, coixedores yhuerta, con una paja de agua de los caños de Carmona, en la collación de San Andrés, que la esquina de ella sale frontero al Colegio de la Compañía de Jesús, que lindaban con casas del Veintiquatro Melchor Maldonado de Saavedra, ycon casas de María de Medina y por delante la calle que de la Compañía va ála Venera, y puerta pequeña que salía enfrente de la puerta de la iglesia de la Compañía. Doña María de Medina vendió al Veintiquatro Gaspar de Arguijo la mitad de unas casas solar, cuya otra mitad era de Doña Marina Bautista Méndez, su hermana, en la collación de San Andrés, que lindaban con casas principales del comprador ycon otras de la santa Iglesia ,ypor delante lindaban con la calle que de la Compañía va ála Venera, en precio de cuatrocientos ducados ante Juan Bemal de Heredia en 10 de Setiembre de 1584. La Doña Marina Bautista Méndez vendió también la otra mitad del solar al Sr. Gaspar Arguijo en setecientos ducados ante Pedro de Almonacid en 7de Noviembre de 1587.
31 cido D. Juan de Arguijo ,es equivocada por haberse escrito de referencias, ócuando menos peca de grave exageración. Después de este contratiempo en su fortuna ,D. Juan continuó siendo Mecenas de poetas yartistas ,ylos hechos de su vida en los años siguientes lo demuestran con harta claridad. Francisco de Morales principió autos ejecutivos en la real Chancilleria de Granada contra D. Juan Arguijo, Veintiquatro de Sevilla, Doña Petronila Manuel, su madre, yDoña Sebastiana Pérez de Guzmán, su mujer, sobre la redención de tres tributos impuestos sobre un juro de trescientos seis mil maravedís que le habían vendido, yse prosiguieron en virtud de provisión fecha en 8 de Julio de 1605, sobre el pago de doce mil ducados, yásu consecuencia se despacho receptoría para el embargo de bienes, los cuales anduvieron al pregé)n. yrecayó sentencia de remate, se hizo tasación de costas ,yse hicieron otras diligencias; se presentó la partición de Gaspar Arguijo, que pasó ante Diego Rodríguez, escribano público de Sevilla en 14 de Mayo de 1,597; se hizo secuestro de bienes, yandando estos al pregón en 5de Agosto de 1606 an-e Diego de Cárdenas, escribano del rey nuestro señor, yjuez receptor de dicha Chancilleria ,el licenciado Francisco Anuncibais ,abogado de la real Audiencia ,hizo postura áunas casas principales frente ála profesa de los Teatinos ,que lindaban por todas partes con casas de Juan Antonio del Alcázar, depositario general de Sevilla, ycon las calles reales, sin cargo de tributos éhipotecas en precio de cuatro cuentos de maravedís pagados de contado en plata luego que se rematasen. F.sta postura la mejoraron otras personas, y entre ellas D. Francisco de Herrera Melgarejo, poniendo las casas en cantidad de ciento cuarenta ynueve mil quinientos
32 III Con señaladas muestras de alegría se recibió en Sevilla la noticia de la beatificación de San Ignacio de Loyola, que llegó áella en los primeros días del Compañía de Jesús la solemnizó con regocijaducados en 2de Diciembre de 1606. yfué notificado el remate al mismo D. Francisco, yen el mismo d.a se pío vey6 auto para que depositase el precio en el depositado oeLral vparece por testimonio de Marcos Muñoz Cornejo Juan Antonio del Alcázar, depositario general recibió depósito del dicho D. Francisco de Herrera ^ ciento cuarenta ynueve mil ducados que vahan siete millones ciento veinticinco mil maravedises en plata, en que se remataron las dichas casas por bienes de Manuel, viuda de Gaspar de Arguijo. yque hacia el depo sito en cumplimiento del remate yventa judicial que se había hecho de las expresadas casas, conforme alas posturas ycon condición de que se le habían de dar títulos asatisfacción yde que se le habían de entregar libres yrealen ves de tributos éhipotecas especiales ygenerales, yque en tre tanto no se sacase ddinero del depósito, yque los acreedores diesen fianza antes de sacar el dinero por si apareciese acreedor de mejor derecho. En 18 de Diciembre de 1606 tomó posesión el D. francisco de Herrera Melgarejo de las citadas casas, cuya posesión le fué dada por el juez ejecutor.
33 das fiestas, que hizo más brillantes aún el entusiasmo con que el pueblo las acogía. Hubo fuegos de gran vista yartificio en la torre de la Santa Iglesia Catedral ,yotras en varias iglesias yconventos que hicieron por las noches hermosa perspectiva; proce. siones vistosas ,ypara término un gran certamen y justa literaria en que se repartieron las composiciones por las nueve Musas. Fueron jueces el Asistente de la ciudad ,marqués del Carpió ,el conde de Palma, el Obispo de Bona, D. Juan de la Sal, el doctor Juan de Salinas, yotros muchos personajes ;yconcurrieron los más celebrados poetas, contándose entre ellos áD. Juan de Jáuregui, el Licdo. Rodrigo Caro, yhasta el renombrado D. Luís de Góngora. Ycausa ciertamente extrañeza no encontrar el nombre de D. Juan de Arguijo entre los jueces, ni entre los justadores ,cuando tanta era su amistad con los Padres de la casa Profesa ytan patente su devoción áSan Ignacio. En todo el libro que de estas solemnes fiestas esE1 D. Francisco Herrera Me^arejo siguió en el disfrute de estas casas ,ysu sucesor D. Luis Herrera las agregó al mayorazgo de este nombre en de Octubre de 1742, cuyo mayorazgo, siguiendo la orden de succesiones, es uno de los que disfruta yposee en la actualidad el excelentísimo señor marqués de la Granja. Este mismo señor Marqués, tomándolo de la titulación y documentos de su archivo, ha dado escrita la anterior nota, hoy 7de Mayo de l87l3
34 cribió el Licdo. Francisco Luque Fajardo ,yse publicó en el mismo año de i6io ,no aparece, ni por casualidad, el nombre del famoso poeta Estudiando aquel libro he creído encontrar la causa deeste extraño silencio. Tal vez D. Juan fue parte en la organización ydirección de las fiestas ;tal vez. colaboró también en el libro de Luque de Fajardo. Así se explica bien la omisión. Más aún. Entre los preliminares ,en la descripción que se hace de sitios yadornos antes de empezar la Justa^ hay uüos tercetos de un Veintiquatro hijo de Sevilla ,dignos det ingenio de su autor yde no pasarlos en silencio, como dice el Licdo. Luque; yen m.i entender basta leerlos de primera intención para conocer la pluma que los escribía, yque no es otra que la de D. Juan de Arguijo ,Veintiquatro de Sevilla. Dicen así : Ya el héroe vencedor de sus deseos, (Del nombre de Loyola ilustre gloria ), Comenzaba áganar nuevos trofeos , Yal pié de la montaña, que la historia Acuerda de Guarín ,que en ella había , Dejado eterna al mundo su memoria. 1Titúlase Relación de la fiesta qtu se hizo en Sevilla d la BeatificaciÓ7i del Glorioso SAN IGSKCÍO,fundador de la Compañía de lESVS.—AD. Sancho Davila yToledo, Obis_ po de Jaén, del Consejo de Su Majestad, etc. —El Licenciado Francisco de Luque Fajardo de la Congregación de Clérigos de Sevilla. —Con licencia en Sevilla por Luis Etupiñan. Año lólO.
35 Llegaba al tiempo, que la Aurora abría El rojo Oriente ála divina lumbre, Yal claro rostro del autor del día. Mira aquella soberbia pesadumbre , Incultos riscos, montes levantados. Emulación de la estrellada cumbre. Las cimas de los cerros, que empinados Ofrecen hombros ála antigua carga. Que oprime los de Atlante ya cansados. Aquel sitio contempla, do con larga Mano, quiso mostrar naturaleza Que en vano el arte áimitación se alarga. De la espesa montaña la dureza, Yla dificultad de la subida. Que entre peñas descubre su aspereza. Los intentos le acuerda, de la vida Nueva ,que emprende, retirada ylejos De la profunda multitud perdida ; Por senda estrecha de útiles consejos. Que al alto monte le encamina ,opuesta Al ancho campo ,de infelices dejos. Sube ,pues ,la difícil yerta cuesta Mientras deja Titon su amado lecho Yal usado camino el carro apresta. Yen la dificultad más satisfecho Conoce ,que favor no niega el cielo Aquien le pide con rendido pecho. Alta seguridad, mayor consuelo De amparo celestial, sus pasos guía, Yfirme alarga ála esperanza el vuelo. Visita el grande templo de MARIA, (Divina protección) yel nombre santo Saluda^, en oración devota ypía.
36 Su rostro baña un tierno ydulce llanto , Dulce gozo del alma ,do su fuerza * Nunca pudo el placer extender tanto. Los primeros propósitos esfuerza , Ycon mayor afecto, el hecho voto. Liberal ,muchas veces le refuerza. Ycomo el que ,impelido de Euro yNoto, Probó las iras, que al antiguo Abeto En el Ponto cruel dejaron roto; Entre confusa turbación inquieta. Del cercano peligro temeroso , Yde la vida en el mayor aprieto Solicitó con ruego fervoroso T.,a gran piedad, que ásu remedio atenta Respondió en el efecto venturoso; Ylibre ya de la pasada afrenta , Alegre ygrato al prometido templo Los despojos llevó de la tormenta: Tal (Ignacio Santísimo) os contemplo, Cuando colgadas vuestras armas dieron Ornato áMonserrate ,al mundo ejemplo. Armas que dignamente merecieron Mayor estimación que las del giiego. Sobre que Ayax yülises contendieron; Mas no ha de suceder el ocio luego Aunque las' depongáis ,pues solicita Otras empresas vuestro ardiente fuego; Que en poderosa actividad imita Al rayo penetrante áquien en vano Fuerza humana resiste ni limita. Presto será ,que en el dudoso llano Yen revuelta palestra el mundo admire El heroico valor de vuestra mano.
37 Cuando famoso capitán os mire De lucido escuadrón ,que ála defensa De la Christiana Religión aspire. Ni ávuestro intento generoso ofensa Temáis de aquel ,que entre tinieblas mora ; Antes en merecida recompensa Penetrará la insignia vencedora De vuestra ilu.'^tre ygrande compañía , Desde los reinos de la blanca Aurora Hasta las aguas donde muere el día. IV Gran laguna se encuentra al llegar áeste período en la vida de nuestro poeta. Después de sus contratiempos, después de los disgustos graves que le ocasionara la pérdida de gran parte de su fortuna ,se oscurece algún tanto la estrella de D. Juan de Arguijo; pero no hay fundado motivo para sospechar que cambiara de una manera notable su método de vida. En todas las reuniones literarias continuó mereciendo aplauso yconsideración sin límites. Hemos de trasladarnos al año 1617. Habían despertado en toda España un interés vehemente las contiendas sobre el misterio de la Concepción Inmaculada de María; de Sevilla salieron procuradores á Roma, para conseguir del Pontífice una declaración
38 favorable áaquella piadosa creencia, yfué recibido con júbilo, con inmenso entusiasmo, el Breve pe 21 de Agosto de aquel año en que se prohibía predicar ni escribir contra ella. El Arzobispo, el Cabildo, la ciudad ylas Hermandades dispusieron solemnes fiestas religiosas; se cantaron en numerosos coros por las calles las célebres coplas de Miguel del Cid; hubo lujosas procesiones; se hicieron votos de defensa por el sagrado misterio, ycomo digno remate de tanta ostentación piadosa, D. Melchor de el Alcázar, caballero de gran espíritu ydevotísimo del Misterio^ como le llama el analista D. Diego Ortiz de Zúñiga, dispuso una función de toros yfiesta de correr cañas, cuyo solo anuncio dió mucho que hablar en la ciudad, tanto entre el pueblo como entre la nobleza. Reunía en su morada el noble D. Juan Amtonio de Vera yZúñiga, lucidísima cuanto docta ynumerosa Academia, en cuyos ejercicios tomaban parte los ya célebres ingenios ,yse daba también honroso lugar álos jóvenes que por su afición álas letras empezaban áfigurar en el Parnaso andaluz. Animadísima fué la reunión que celebró en uno de los primeros días del mes de Noviembre de ese año 1617. Acababa de leer Antonio Ortiz Melgarejo una notable silva en alabanza del cuadro del Juicio Jinal^ que había terminado su gran amigo Francisco Pacheco, yapenas dejaron lugar al silencio los aplausos
39 que se dieron al distinguido poeta, que según expresión de Lope • Refiueva al docto Herrera la memoria. , se adelantó al centro de la reunión un caballero del hábito de Calatrava, de noble apostura yfinos modales, cuya sola presencia bastó para fijar la atención; —Estoy dando ála estampa, dijo, un tomo de algunas de las muchas poesías que andan por ahí en manos de mis buenos amigos, para que se salven de las incorrecciones que sobre su escaso mérito les añaden cada día los copiantes ;yhe merecido al ingenio de nuestro buen amigo el señor D. Juan de Arguyo, que está presente, unas delicadas cuanto fáciles décimas, que nunca podrán ser tan justamente apreciadas como en esta docta Academia. Dicen así: ÁDON JUAN DE JÁUREGUI Den otros átus pinzeles lo que sin Usunji?. pueden, mostrando (Don luán) que eceden álos de Zeusis iApeles; prevengan sacros laureles para tu inmortal corona, ien las cumbres de Elicona onren tu canto divino, sobre el Giiego, yél Latino, que la antigüedad pregona. 1Lope de Vega. —JiT-usalm conquistada. —1609. 2Al frente de sus poesías Sevilla, por Francisco de Lyra Varreto. Año MDCXVIII-
46 mangas de tela de plata; D. Gaspar de Virués y D. Diego de Virués, con banderillas ycometas y plata, ymangas encarnadas, bordadas de plata; D. Bernardo de Moscoso yPedro López de Mesa, banderillas encarnadas yplata, mangas ricas, blancas; D. Juan Ramírez de Guzmán yD. Fernando Ponce el Mozo, lanzas vestidas de plumas de colores; D. Juan, con mangas de olán crespo, con borlas de seda de colores yD. Femando, de tela de plata, negra, bordada de seda verde yargenterías negras. Juan Contador de Baena yD. García Contador, su hijo, lanzas vestidas de gasa leonada y plata yátrechos rosas de gasa azul con fleco de plata yde rosa árosa arcos de gasa de plata amarilla; mangas blancas ricas. D. Femando de Cabrera yD. Cristóval Durán, metieron cuatro lacayos vestidos de paño pardo, largueados de pasamanos de plata. Jubones, medias yligas blancas, espadas plateadas ,sombreros negros con cordones de plata y plumas blancas; las lanzas ymangas como las de Juan Contador ysu hijo. D. Lucas de Jáuregui y D. Francisco de Jáuregui, lanzas vestidas de gasa verde yplata ,yátrechos rosas de la misma toca; mangas ricas con borlas de colores. D. Fernando Ponce el Mayor yD. Juan Suárez, banderillas azules yplata; mangas blancas con argenterías negras; Don Fernando Losada del hábito de Santiago yGarcía de Quadros, metieron doze lacayos; los ocho de D. Fernando vestidos de raja azul, largueados de pasamanos de oro, yen los blancos sembrada
47 lantejuela de oro, con penachos de plumas de colores, medias yligas encamadas, yjubones de tela del mismo color yespadas plateadas: los cuatro de García de Quadros, vestidos de tela morada, guarnecidos de pasamanos de oro, jubones de tela naranjada. con medias ,ligas yplumas del mismo color, yespadas plateadas. Las lanzas muy lindamente vestidas de toca de plata azul, encornejad^ yargenterías yen los quentos dos imágenes de Nuestra Señora, con una luna álos pies, yflámulas grandes, una punta azul yotra blanca, que volaban vistosamente; la manga de D. Femando de tela encarnada yla de García de Quadros de ‘«la "egra. Don Femando de Maldonado yD. Sebastian de Olivares las lanzas con rosas de toca de plata leonad y cendales átrechos de toca de plata blanca, ylas mangas ricas. D. Luís de el Alcázar yD. Bernardo de Añasco, en las lanzas, banderillas azules ypUt^ ydesde la empuñadura hasta el Udes en harpñn, azules yblancas, imiUn^o á plumas de saetas; mangas de toca ^e Pl^ a^ul J blanca encarrujada ábandas. Dieron da DLuís Portocarrero, hijo del Con . ’ yD. klonso de Godoy, caballero del hábito de SanLgo, señor de las Q— derillas de plata ^do sacados nadas yplata; mangas e bocados de velo de píate. colores de Pa-^anos de o ^y^ ron cuatro veces la plaza.
48 aprestadamente en excelentes caballos yjaeces. Al primer toro que salió, después de estar los caballeros en la plaza, metieron garrochones seis de los doze lacayos Tudescos del Marqués de Ayamonte y de D. Melchor; los de D. Alonso de Godoy, Don Alonso de Anaya, de D. Fernando de Losada, y García de Quadros, de D. Fernando Ponce, padre éhijo, de D. Fernando Maldonado, de DSebastián de Olivares yde D. Juan Suarez, con 'que estuvo la plaza llena de toreadores, yde lacayos, que pareció extremadamente; áeste toro entró Don Fernando Ponce el Mozo, muy arriesgadamente junto aun tablado, yel toro lo envistió, quebró el garrochón ysalió tan mal herido el caballo que á poco espacio murió; socorrió áD. Fernando D. Sebastián de Olivares, dando una valiente cuchillada al toro, yantes de salir otro, hubo un gracioso entremés que regocijó mucho la plaza; entró ádar lanzada Juan de Cazalla ,enano de D. Melchor de el Alcázar, tan pequeño que para que alcanzase á los estribos se los clavaron junto al arzón delantero de la silla ,sobre la mochila. Salió en un caballo blanco ,con jaez hecho para esta ocasión, sobre negro guarnecido de fleco de plata; mochila ójayel ycopetera como se traían los jaezes en las Indias, que cubren las caderas ,yparte del cuello del caballo yde todas las puntas que tiene este género de jaez, que son muchas, pendían borlas de plata ynegro. Iba el enano vestido con calzas ycuera, sobre pestañas negras, con
^9 pasamanos de oro; capa corta de terciopelo negro, muy guarnecida do pasamanos de oro ,gorra de lo mismo aderezada ycon plumas negras yblancas ,y un mazo de garzotas largas, espada dorada yvaina ycorreas blancas; borceguíes blancos yespuelas de pico de gorrión doradas; sus lacayos eran cuatro negros, todos tan altos, que sin encarecimiento, sacaban la cabeza por cima de la demás gente, vestidos con marlotas encamadas, largueadas muy menudo de fleco de plata retorcido, bonetes de lo mismo con toquillas de velillo de plata con cabos pendientes sobre las espaldas, ypenachos de plumas de colores; alfanjes plateados, pendientes de tahalíes blancos, calzones blancos anchos hastamedia pierna, ycon medias encarnadas, zapatos blancos, 'desnudos los brazos ,que por las mangas anchas de Jas marlotas se descubrían hasta la mitad; el uno llevaba la lanza, yel otro el tafetán yantojos para el caballo. Dió vuelta ála plaza, acompañándole todos los caballeros átropas detrás de él, que fue cuando más lucieron las libreas yel número de los lacayos. Entró tan en sí, que no mudó el semblante, antes con muy buena gracia yriéndose, fué quitando la gorra yhablando álos Tribunales, damas y caballeros de la plaza; paró en medio de ella, aguardando suerte. Echaron luego un toro ,que junto ála Audiencia volteó áun muchacho ,yrevolviendo sobre él para tornarle áherir ,le socorrió don Femando Ponce, el Mozo, con la espada, librándole, ysacando mal herido el caballo. AD. Fer4
5° nando acudieron D. Alonso de Anaya yDAíelchor de el Alcázar con las espadas, atravesando el toro toda la plaza de esquina áesquina; yal pasar por donde estaba el enano, le tiró un bote con la lanza, que se le hincó un palmo; continuaron en seguimiento del toro D. Alonso yD. Alelchor de el Alcazar con las espadas ,el cual ,aunque procuró dando con la espada ásu caballo echarlo sobre el toro, no pudo, porque el caballo lo rehusó, yáeste tiempo «llegaron los lacayos ylo desgarretaron. Salió otro *^toro, que fué de los mejores, en que rompió un ¿^'^ejón D. Fernando Maldonado ,sacando el caballo ,'ibre, yotros de los caballeros referidos, que lleva- -^n garrochones, procuraron hacer suertes, pero no >Í|)s quiso el toro; el cual, estando parado áun lado hae la plaza, entró el enano puesta la lanza en su ' ¡mgzx como lo pudiera hacer el mayor toreador, íhasta tocarle casi con el hierro en los cuernos, no solo con resolución, sino con temeridad. Esto hizo por dos veces, siendo el toro bravo como he referido ,yno habiéndolo querido ,se salió de la plaza. Corrióse siempre átodos tiempos, aun habiendo toro en la plaza, atravesándola por cualquier parte que le dejaba libre, en parejas de cuatro yde seis, con que estuvo la plaza desde que entraron los caballeros hasta el fin de las fiestas ,la más entretenida yregocijada que jamás se ha visto. Llegó la hora de tomar las adargas para el juego de cañas, ydividiéndose en dos puestos, guió el uno el Marqués de Ayamonte, apadrinado de don
51 Gómez de Figueroa, de el hábito de Calatrava, y de D. Juan de Córdoba, su hermano, de el hábito de Santiago, yel otro D. Melchor de el Alcázar con otros dos padrinos, que fueron D. Juan de Saavedra yD. Fernando de Saavedra yMonsalve, Veintiquatros de Sevilla, todos cuatro con capas y gorras en caballos enjaezados. Entraron ágalope por las dos esquinas encontradas de la plaza, rodeándola ycruzándola en escaramuza, amenazándose con las cañas, todo con mucho concierto. Dividióse cada puesto en tres quadrillas, cada una con caperuzas yplumas ybandas diferentes en las adargas ;las tres del puesto de el Marqués de Ayamonte revolvieron su Señoría yD. Fernando de Losada yJuan Contador; las de el puesto contrario, D. Melchor de el Alcázar, D. Fernando Melgarejo ydon Luis del Alcázar, comenzó el juego la quadrilla de D. Melchor, sobre la cual salió la del Marqués; y prosiguieron las demás, durando el juego de cañas gran rato, siempre muy entero ymuy comentado, sin que en él sucediese ni un pequeño desaire. Pusiéronlos en paz los caballeros padrinos, ylo que sobró de el día, corrieron siempre átodas partes con tan buen aliento como al principio ;con lo que se acabaron las fiestas, que entre otras muchas circunstancias, fueron solemnísimas por la devoción y piedad de el intento áque se hicieron, ypor no haber sucedido en ellas desgracia alguna, ypor haberlas honrado los Señores ycaballeros referidos en esta Relación.
5^ VI Para volver áencontrar sucesos que se comprueben de una manera auténtica éindudable en la vida de ArguijOi hemos de acudir nuevamente álas tertulias literarias, pues solamente en ellas, óen las gradas de la catedral álas horas de sol ,óála caída de la tarde en el célebre paseo del Arenal podían encontrarse reunidos pintores ypoetas en el mes de Mayo de 1619. Era la casa del caballero Antonio Ortiz Melgarejo una de las muchas donde se daba culto álas letras; yen una apacible noche del mes de Alayo, se hallaban. en amistosa conferencia, en el espacioso salón bajo, cuyas ventanas se abrían sobre el jardín ydejaban entrar un ambiente fresco yembalsamado, varios de los artistas yliteratos que ya hemos tenido ocasión de conocer en este Estiedio. La llegada del Sr. D. Juan de Arguijo interrumpió una cuestión de arte, que en aquel punto debatían el pintor Francisco Pacheco ,el poeta D. Juan de Jáuregui yel escultor Juan Martínez Montañés, y en la que habían tomado parte muchos más de los concurrentes isobre la pintura yestofado de las imágenes de bulto. 1De la antigüedadyhonores del arte de la pintura ysu comparación con la esctiltura.
53 Al verle llegar recordó el ilustre traductor de Aminta los muchos ysabrosos cuentos que con extremada gracia solía referir Arguijo, yle suplicó amenizara el rato con algunos de los que retenía en el caudal de su feliz memoria; yD. Juan, sin hacerse rogar, dijo en seguida: —Puesto que presente está Juein Alartínez íañés, nuestro español Fidias ,os referiré un agraciado lance que le sucedió hd pocos dias. Sabéis que es el Doctor Saavedra, amiclsimo de sangrías ;pero no tendréis de ello prueba como la presente. Dijole hace meses Montañés, que vive al lado de su casa, que estaba trabajando un niño Jesús,que habla de ser el más airoso que le habia salido de las manos ,yque en estando acabado se lo quería mostrar por que lo viese. Pasó tiempo, yencontrándole acaso uno de estos días en la calle, le dijo: «Señor Doctor Saavedra, yo quisiera que viniese vuesa-merced áver aquel niño cuando pudiera. »—Alo que respondió el Doctor prestamente: —c-Seií luego: llévese vuesa-merced al sangrador de camino ,que voy allá en haciendo una sola visita. »— Rieron todos la previsión del Doctor Saavedra, y luego prosiguió Arguijo: Nuestro vecino D. Benito de Cisneros perdió el seso en Madrid, yuna fnañana de invierno amaneció en camisa andando por los caballetes de los tejados de su casa, con un galgo que llevaba de la trailla. Pos de la casa, al cabo de muchas diligencias con que le redujeron dque bajase, le preguntaron qué pretendía
54 ían de tnañuTiapor los tejados con aquel galgo, y¿1 respondió-. —Siempre he oido decir que donde menos se piensa salta la liebre; ycomo soy amigo de caza, dije entre mí: ¿dónde se podrá pensar menos que se levantará una liebre, que en el caballete de un tejado? yasí, me fui allá ábuscarla con este perro. » No fué menos celebrado este cuento que el anterior; yal punto que los iba refiriendo el poeta, procuraba escribirlos Ortiz Melgarejo en un cartapacio que sobre las rodillas tema. ¿Qué hacéis, D. Antonio? dijo al notarlo Arguijo. —Procuro conservar, porque nunca se pierdan, tan sazonadas ocurrencias. Yaquí tengo ya las de muchos días. —Pues bien haríais en rotularle de este modo: «Cuentos muy 7nal contados que refirió D. Juan de Arguijo. » —Si haré, repuso Melgarejo. Pero como lo malo no sera la buena gracia del narrador, sino la priesa del amanuense, pondré: Cuentos muy mal escritos, que notó D. Jtian de Arguijo. Yasi lo hizo, en efecto, escribiendo en la primera hoja del cartapacio aquel título con el cual ha llegado hasta nuestros días i. 1De ese cuaderno, remitido desde Sevilla al difunto te han tomado los cuentos que van en el /
55 —Pues recoged yagregad estos, que son tan donosos como ciertos, añadió Arguijo: (£ Un caballero de esta ciudad tiene un hijo muy necio; quísole desposar .yencomendóle con repetición que el día del desposorio no hablase palabra. Estando todos ála mesa cenando ,un pariente de la desposada., extrañando el silencio del novio ,dijo al que tenía á su lado, que debía ser un gran mentecato cuando tanto callaba; yoyéndolo él, dijo en voz alta-.—¡Señor pa dre, ya puedo hablar, pues me han conocido! ». «Estaban sobre una mesa, ála puerta de una tienda, muchos pares de medias para vender. Pasó un hombre de buena traza ,ypareciéndole que nadie las guardaba ,al pasar áraíz de la mesa tomó un par disimuladamente. El dueño ,que lo observaba tomando el sol un poco más lejos, no atreviéndose ádecir claramente áun hombre honrado, al parecer, que le volviese las medias hurtadas, buscó el expediente de decirle: —«Señor, por ese precio no me es posible dar las medias ,porque perdería el dinero. »El hombre entonces, sacándolas de la faltriquera, yvolvién- , doselas, replicó: —«Si no las puede dar por este precio, no las quiero; porque no había hecho ánimo de gastar en ellas ni una blanca más. » —Es bonísimo el uno yagudo el otro —dijo D. Juan de Jáuregui: —pero bien puede nuestro Melgarejo aumentar su recopilación con aquel dicho, no menos agudo que intencionado, del gran Luis de Vargas: «Llevóle en mala ocasión un malpintor, nombrado
02 En el libro que Juan Antonio Ibarra escribió con la Relación de aquellas fiestas se hace mención del fallecimiento de Arguijo pero no ha sido posible encontrar el documento. Como su mérito era universalmente reconocido su muerte fue verdaderamente sentida en toda la ciudad; vistieron luto las principales familias con las que estaba unido el poeta por los vínculos de parentesco, ysus infinitos amigos formaron cortejo á su cadáver, que fué conducido ála Iglesia de la Casa Profesa, ysepultado en el panteón particular que allí tenia la familia de Arguijo =. Muchos poetas le dedicaron en vida sus obras y poesías, entre ellos Luis Belmonte Bermúdez, que 1Encomio de los ingenios sevillanos en la fiesta de los Santos nació de Loyola iFrancisco Xavier. -Impresso en SewUa por Francisco de Lyra. —Año 1623. —En 4° liminres.'"'' ^^ 2En esta bóveda, que todavía se conserva, se ha dado sepultura en estos últimos tiempos ádignísimos rectores de aUniversidad literaria. En la losa que cubre la entrada tiene ia siguiente inscrípción : EST.^ BÓVED.ít IENTIERRO ES DE Gaspar de Arguijo, veinticuatro DESTA CIUDAD DE SEVILLA IDE DO.ÑA Petronila Manuel su mujer ysus HIJOS. AÑO DE i.ñ93.
63 le dedicó su poema inédito La Hispálica ,D. Diego de Quesada yRiquelme una parte de las Soliadas, yJáuregui, Mediano ,Rioja yotros muchos sonetos ycanciones. En su muerte también muchos cantaron; pero entre todos descuella por su expresiva naturalidad el elogio del gran Lope de Vega ,que al recordar su nombre en el Laurel de Apolo decía: Aquí D. Juan de Arguijo Del sacro Apolo yde las Musas hijo, ¿Qué lugar no tuviera si viviera? Mas si viviera ¿quién lugar tuviera? Este es el mejor epitafio yel más cumplido elogio del poeta sevillano que, con Femando de Herrera, Francisco de Rioja yD. Juan de Jáuregui, forma la mayor gloria de la escuela poética de Sevilla. FIN
LA ILUSTRACIÓN CATÓLICA Director D. MANUEL PEREZ VILLAMIL Esta interesante Revista, que consta de doce planas, elegantemente impresas éintercaladas con preciosos grabados, se publica en Madrid, tres veces al mes, ysu precio, fabuLsamente barato, es de 30 reales semestre. Administración; Calle de Peligros, núm. 20, segundo. Eíi la Administración de venden las obras El Conde de Lemos , José María Asensio.—Cuatro Harmonía entre la P. Miguel Mir. —Veinticuatro Recuerdos del Manuel Perez Villamil. —Un XJna visita al monasterio de itio- —Un folleto en 4.°, cuatro reales. Don reales. por el misE1 espíritu cristiano en las peregrinaciones y en el art© ,por el mismo.—Diez yseis reales.