Recuerdos y semblanzas
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RECUERDOS Y SEMBLANZAS Por CARLOS GARCÍA FERNÁNDEZ I El Infante Don Carlos En aquellos años de 1920 a 1930 era Capitán Ge neral de la II Región el Infante Don Carlos de Borbón y Borbón, que había venido a ocupar el cargo a la muert e del General Arizón. Pocas figuras han gozado en nuestra ciudad de tan respetuoso y unánim e afecto, porque realmente estaba adornado de las más altas cualidades, sobresaliendo e ntre todas la bondad. Su presencia en los actos solemnes, en las calendas principal es daba un sello de noble señorío a su pre sidir. Era este Príncip e, pese a su modestia, la cumbre de la vida sevillana, tanto en lo social como en lo oficial. El Infante a secas. Vestido de G ener al, con la guerrera azul y el pantalón rojo de galón dorado, ostentando el Toisón de Oro y el Gran Collar de Carlos III , era la figura más elegante y decorativa que puede imaginarse. Su gran facha, su rostro agradable, con bigote entrecano, daba el m áx imo realce con su presencia. Era sencillo, con esa sencillez que tiene algo de contricción por lo elevado del rango y siempre mostró una gran delicadeza y bondad. Llegó a suprimir la guardia y honores en la Capitanía. Conocida es la historia de cómo los elementos liberales se opusieron a su boda con la hermana del Rey, por haber sido su padre el Conde de Caserta, figura des tacada en el Ejército de Carlos VII, Duque de Madrid, durante la última guerra
102 CARLOS GARC1A FERNÁNDEZ carlista. Su boda era impopular, pero él ganó a lo largo de su vida el mayor afecto de los españoles y en especial de los sevillanos. En Sevilla hubo aquellos diez años de su Capitanía una jerarquía suprema indiscutida: la suya, compartida por su segunda esposa, Doña Luisa de Orleans, dedicada prácticamente por completo a la Cruz Roja y a distinta s entidades de caridad . Hacia el año 1923, un suceso trágico dio la medida de su bondad . En Málaga unos soldados y al frente de ellos un cabo llamado Sánchez Barroso, se negaron a embarcar para Marruecos, hubo una refri e ga y murió un suboficial. Barroso fue condenado a muerte y más tarde indultado. Este indulto fue muy discutido, pues el delito había s ido gravísimo y de consecuencias fatales. Fue alegado por Primo de Rivera como uno de los hechos que finalmente provocaron el golpe de Estado, por considerarlo atentatorio a la disciplina más elemental. Chapapietra, en su libro « La paz fue posible », insinúa que el indulto se dio para enrarecer el ambiente y crear un motivo más que justificase el pronunciamiento. Ello es simplemente una suposición malévola. La verdad es que Don Carlos se resistió a la ejecución no por móviles políticos, sino porque su buen corazón le llevó a forzar la situación diciendo que si se ejecutaba al conden ado pediría el retiro y esto, que era grave, llevó a los gobernantes a usar de la clemencia, que muchos creyeron excesiva. Don José Bandarán, que vivió de cerca este duro episodio, nos lo contó con toda clase de pormenores. En el Congreso de Pax-Romana de 1929 en Sevilla, en cuya organización tomamos parte activa, ostentó el Infante la presidencia, con cuyo motivo estuvimos en dos ocasiones con él y comprobamos de cerca su señoria l modestia, mas nos sorprendió oírle hablar con marcado acento extranjero. Joaquín Romero le ha re cordado cuando p asa ba por la Plaza del Duque contestando con solemnes som brerazos a los resp etuosos saludos de los cocheros. Una alusión leve, pero llena de la gracia que daba nuestro escritor a sus cosas. Cuando se procl amó la República era Capitán General úni-
RECUERDOS Y SEMBLANZAS 103 co en E spaña e In spec tor de l os E jércitos , cargos en los qu e había sus tituido a Weyler. El propi o día de la proclamación pasó en coche entre grupos de manifestantes alborozados que le abr i eron cam ino con el mayor resp eto. Dos días después salió de Sevilla en un barco de Ybarra, que hizo volver Don José María Yb arra d es de Sanlúcar con este fin, para el destierro. Al s ubir la escala, los guardi as ya no le rindieron honores, sino que permanecieron con el fusil colgado al hombro . Al ver esto, su esposa , la Infanta Luisa, se ec hó a llorar . II Don Federico Castejón Im pecab l emente vestido, calvo y con bigote rubio r ecor tado, era Don Federico Ca stejón y Martínez de Ariza la , Catedrático de D erecho Penal en la Unive rsidad de Sevilla. Su clase era muy entretenida porque, aparte de la explicación científica, nos contaba numerosos ejemplos de la historia del crimen. El ch ino Macao, el duelo a la austríaca, la modistilla homicida , etc., que nos en tr ete nían. En una palabra, cump lía el proverbio de enseñar deleitan do . Sus respuestas eran rotundas y en su imperturbable seriedad había si emp re un fondo de humor. Un día salía de su casa con una ma leta y s ubía a un taxi. Pasó por allí un compañero de Cátedra y le preguntó: - ¿Federico, dó nd e vas? -D e momento a la estación -y no dijo más. Sus definiciones eran exactas. ¿Qué son piratas? Ladrones de mar que van en navos armados. ¿Qué son navíos? Pedazos de la madre patria que surca n los mares. Trabajamos con él en su S eminario y la relación de Catedrático-alumno se tornó amistosa. Tambi én en la Escuela Social, de la qu e e ra Director , fuimos profesor auxiliar de su Cátedra. Más ta rde se alejó de la enseñanza, pues fue elevado a Magistrado del Tribun al Supr emo, ca rgo que desempeñó más
104 CARLOS GARCÍA FERNÁNDEZ de un cuarto de siglo, dejando en la jurisprudencia de lo criminal una extensa colección de sentencias en que puso en juego su gran competencia técnica combinada con su hondo sentido humano. En su vejez se dejó la barba, una barba rubia entrecana, y nos parece verle aún en el Tribunal aparentemente impasible, casi ausente, siempre con una corrección extraordinaria . Pertenecía a una ilustre familia cordobesa a cuyo realce contribuyó con sus trabajos, conferencias y publicaciones. Viajó por toda Europa y América, destacando en congresos y reuniones de penalistas. Era tras su imperturbable apariencia un hombre excelente, de gran corazón y con sincero amor al prójimo, al que procuraba servir con desinterés y eficacia. Ill Don Amante Laffón De ascendencia francesa, pero nacido en pleno Aljarafe, en la villa de Huévar. Era alto, delgado, con un bigote pequeño y blanco , la nariz sonrosada y un aire elegante y pulcro . Hablaba con marcado acento andaluz y voz muy suave. Un hombre culto y modesto, que opinaba siempre con acierto y sin alardes. D esdeñ ó la política y no aceptó ser Alca lde de Sevilla. Fue Presidente del Ateneo, Secretario de la Real Academia de Buenas Letras, Presidente del Tribunal Tutelar de Menores, promotor del Retiro Obrero, germen del hoy potente Instituto Nac ional de Pr evisión y Consejero del Banco de España. Una vida dedicada al prójimo con sentido cristiano, aunque ta mbi én con unas gotas de krau sis mo en su arranque juvenil. Sus relaciones en los medios intelectuales eran muy amplias, gran amigo de los hermanos Quintero, de Rodríguez Marín, de Méndez Bejarano y otros, con los que mantenía frecue nte cor respondencia.
RECUERDOS Y SEMBLANZAS 105 Vivió una vida de auténtico servicio, haciendo siempre el bien sin la menor ostentación. Los sevillanos viejos le recuerdan con cariño y respeto. Su nombre figura en una calle de un barrio fundado por él. Fue el mejor amigo de nuestro padre, que le pedía consejos en los asuntos profesionales e incluso en los familiares, y siempre le orientó con acierto. Le tratamos por ello frecu ente rnent ey le oíamos con curiosidad y gusto, ya que su conversación, nunca trivial, era siempre aleccionadora. Recordamos finalmente aquella tarde fría del invierno de 1933 en que tantos acudimos a su entierro. Una persona que dejó tra s sí una labo r efectiva y noble, una l abor fructífera en extremo. IV Don D emófilo de Buen Seco, algo áspero, sencillo, este Profe sor de Der ec ho Civil era un verdadero sabio, ahí está n una serie de no superados libros sobre su asignatura. En clase explicaba con voz monocorde y algo ron ca unas lecciones precisas con una claridad asombrosa. Era un placer oírle y su explicación quedaba claramente impr esa en la mente de los alumnos. En religión, heterodoxo; esta ba sin bautizar; en política, izquie rdista, pero jamás utilizó la Cátedra como vehículo para propagar sus ideas o h acer adeptos ; su respeto a la enseña nza le impedía algo semejante. Recordamos que un alumno al dar la lección quiso lisonjearle con un a alusión partidista. Nunca lo hubiera hecho. Le cortó tajante: «Mis actividades políticas son ajenas a nuestra tare a y espero de la delicadeza de los alumnos no se repita en esta clase una tentativa semejante.» Gran Oriente de la francmasonería en España, pertenecía
106 CARLOS GARCÍA FERNÁNDEZ a una ilustre familia de científicos, de la que era quizás el miembro más destacado. En aquella Sevilla su postura irreligiosa provocaba no poco escándalo. Las personas piadosas decían que olía a azufre, pero le respetaban por su honradez . Le respetaban, pero no le querían porque estaba falto de cordialidad. Mas era tan ecuánime, pese a su marcado matiz y filiación de secta, que al explicar el matrimonio decía que tal como lo concibe la Iglesia Católica no es una institución totalmente perfecta, pero sí la más perfecta que se conoce. Igualmente nos cuenta Alcalá Zamora en sus Memorias que le sorprendió, conociendo sus antecedentes, cuando le dijo que las medidas tomadas por las Cortes Constituyentes contra la Iglesia Católica eran un desprestigio para la República . Nos parece ver a nuestro Profesor cuando explicaba de forma admirable los Principios Generales del Derecho, lo hacía de manera magistral y dando al te ma una gran amenidad. En nuestro trabajo profesional cotidiano consultamos continuamente en sus libros, que nos han aclarado no pocas dudas y sacado de numerosos apuros.
