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Incidencias Lésbicas o el amor del propio reflejo

Pisano, Margarita

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©Universitat de Barcelona Antes que existiera o pudiera existir cualquier clase de movimiento feminista, existían las lesbianas, mujeres que amaban a otras mujeres, que rehusaban cumplir con el comportamiento esperado de ellas, que rehusaban definirse con relación a los hombres, aquellas mujeres, nuestras antepasadas, millones, cuyos nombres no conocemos, fueron torturadas y quemadas como brujas. Adrienne Rich Todo está procesándose en la historia y está ese viejo tema del amor, la pareja y los límites Las mujeres hemos sostenido largas luchas externas e internas con nuestras capacidades, de querer ser actuantes de nuestros deseos, de entendernos mujer en lo individual y mujeres en colectivo. Nuestros diálogos fundamentalmente han sido de feminidad a feminidad, es decir, siempre dentro del marco de la construcción simbólica patriarcal que han hecho de nosotras, de éste deber ser sobre nuestra persona y sobre nuestro cuerpo. El diálogo mujer/mujer está aún pendiente, pues el único diálogo que existe hasta ahora, el que hace memoria, el que trasciende la historia es el femenino/femenina. Incidencias Lésbicas o el amor del propio reflejo Margarita Pisano 1 La mujer como sujeto pensante y político permanece en las sombras. En este diálogo prima la ajenidad de la mujer, es un diálogo "del otro", es el acondicionamiento al amor patriarcal, nunca la legitimaci ón entre mujeres como conjunto pensante, más aún, dentro de la construcción del amatorio hemos sido separadas. En cambio los hombres consolidan su cultura legitimándose, admirándose y amándose entre ellos. Hemos tenido que declararnos medio tontas para existir y permanecer en el prado marcado y señalizado de la feminidad y esto tiene más trascendencia de lo que a primera vista parece: es una treta de supervivencia, sobrevivencia que a su vez es a cuesta de nuestra dimensión humana, pensante y actuante, a cuesta de este diálogo mujer/mujer, siempre postergado a los intereses prácticos que se funcionalizan a los intereses de la cultura vigente, y que jamás desde ese sitio serán generadores de otra cultura. Pues los intereses de las mujeres no tienen nada que ver con los intereses de la feminidad. Debemos tener claro que la feminidad es una construcción organizada dentro de la masculinidad, en función de ella. Mientras no seamos capaces de interrogar el diseño que han hecho otros de nuestro pensamiento, de 1. Arquitecta. Teórica feminista, fu ndadora del movimiento feminista autónomo. 167 ©Universitat de Barcelona nuestra forma de entender la vida y la trascendencia, de nuestra erótica, de nuestras formas de erotizarnos, mientras no seamos capaces de crear otros modelos, de abrir la atracción entre mujeres, de abrir la necesidad de entrar en diálogos con una otra igual, no nos amaremos a nosotras mismas, no nos amaremos como mujeres, y fundamentalmente, no nos respetaremos como género y como especie. Cuando seamos capaces de interrogar el diseño que han hecho de nosotras, recién comenzaremos a meternos en el mundo como sujetos actuantes. Recién comenzamos a romper la misoginia -con una misma y con las otras-, antes de esto, sólo somos invitadas, convidadas a un sistema que piensa por nosotras, que se erotiza con nuestros cuerpos, no con nosotras, sino con esa extrañeza sobre nuestro cuerpo mujer con que nos ha signado, siempre un poco fuera, fuera del mundo, fuera de la cultura, fu era de la política y fu era de nuestro propio cuerpo, por ello tan fácilmente caemos en los procesos esquizofrénicos de esta cultura. Me preocupan esas mujeres que se declaran profundamente heterosexuales, que divinizan el cuerpo masculino, pues es ése mismo cuerpo simbólico, que necesitan y adoran, el que las menosprecia, el que las ha sometido a la secundaridad como especie, esta tremenda negación de sí mismas ha hecho posible la permanencia y omnipotencia de la masculinidad. Esta otra memoria velada de nosotras, que existe, que es parte de nuestra historia, es toda una cultura subsumida en la feminidad. Existe una atracción entre mujeres, justamente por toda esta ajenidad a la que hemos sido sometidas, un deseo que podríamos asociarlo a la pasión más que al amor, a la solidaridad o a la amistad, este deseo de aprender/aprendernos, de conocernos, de descubrirnos nos moviliza para iniciar el tránsito de recuperación de nuestra historia. Desde el lugar de la pasión, quién sabe, sea posible entender/nos y entender las cosas que nos pasan como mujeres/entre mujeres. Desde la feminidad construida es muy difícil entender esta pasión, pues la memoria ha sido borrada y no se la deja circul ar, pues indiscutiblemente el sistema instala la feminidad misógina, que propone el odio hacia nosotras mismas, aunque algunas veces, nos eroticemos en este espacio. Por esto, cuando nos erotizamos en éste espacio significado de la feminidad quedamos estacionadas, no cambiamos nada más que el cuerpo de la erótica, el cuerpo del deseo. Esta dimensión de la pasión y su memoria dentro de nosotras existe, tenemos que encontrarla, y significarla en el tiempo, hay que registrarla y hacerla salir del lugar de la nada; ya que el patriarcado tiene una especial preocupación de invisibilizarla, de eliminarla incluso de la memoria de nuestros propios cuerpos, porque allí radica su vigencia, en este gesto amnésico constituye su poder. Es nuestra responsabilidad por tanto, nuestro desafío, entender y reconstruir ésta dimensión del deseo/pasión/de conocer/nos, es más, podría afirmar que toda mujer conserva ésta memoria/inmemoriada, y que su forma de relacionarse con otra mujer está traspasada de éste conte168 ©Universitat de Barcelona nido. Nada podría proponerse desde el feminismo y en especial desde el feminismo radical, que no pase por recuperar y reconstruir "esta otra historia" de mujeres. En todo ser humano existe la potencialidad de traspasar los límites culturales de la heterosexualidad y, sólo si aceptamos esta potencialidad podremos deshacernos de los prejuicios contra las lesbianas y los homosexuales, y me atrevería a afirmar, que más allá de romper con los prejuicios, asumiendo esta potencialidad no estática de la erótica, podremos empezar recién a limpiarnos de la misoginia del sistema y éste no es el mismo ejercicio que ejecutan los hombres, ni aún los hombres homosexuales, pues ellos siempre se han amado y armado misóginamente, estén donde estén. La amiga íntima y nuestros peque ño s incidentes lésbicos Siempre contamos con una amiga íntima, una otra que nos contiene, una aliada y es con esa otra con quien se cruzan nuestros pequeños incidentes lésbicos, inmediatamente negados. Esta negación se enraíza en la sensación de terror de descubrirse pensando o sintiendo la pasada del límite de lo permitido en la formación de los modelos de la erótica y la ética/moral establecida. Se paraliza ante la sanción inminente del sistema, se niega a sí misma, para no ser negada dos veces: una por ser mujer y la segunda por ser lesbiana. Otras, no tantas, que rehusan cumplir con el comportamiento esperado, son las minorías rebeldes que nos hacen valientes, son que las que transitan y asumen el lesbianismo y 169 aquellas que se abren a comprenderlo rompiendo el círculo siniestro de la culpa y el miedo con que nos han socializado. El miedo al lesbianismo es uno de los miedos importantes que ha inventado esta sociedad, no es inocente, ha sido uno de los mejores diseños inmovilizadores para las mujeres. Por esto, una gran parte de los problemas que tenemos para hacer amistad entre mujeres pasa por esta pasión/deseo de conocernos, esta pasión no reconocida, no historiada, ni aceptada aún en los niveles más profundos de nuestra conciencia y este adiestramiento llega a profundidades insospechadas. La pasión/deseo al ser negada y constantemente postergada, se transforma en rechazos, traiciones y odios tremendos fuera de la razón y del tiempo, pues es la otra la detonadora de ésta pasión sancionada, la culpable, la Eva tentadora del mal, la que hace caer al hombre, y que esta vez funciona para nosotras, la Eva nuestra. Es pues, difícil construir una amistad, que no esté prejuiciada y permeada de ésta prohibición misógina de amarnos, ¿Qué memorias no recordadas arrastramos?, ¿Qué historias de sensaciones de quemas y pérdidas traemos por querernos?, ¿Qué mandatos al fin de odiarnos, sin siquiera entender lo que nos pasa? Y sin embargo, que cómodas nos sentimos estando entre mujeres. Les bi anismo/parejismo/espejismo Cómo querernos de otra manera, sin los ro les, sin las inseguridades, sin las demandas de propiedad/fide- ©Universitat de Barcelona lid ad, sin el drama, el tango, el bolero, sin el secreto, sin deslealtades, sin traicionarnos constantemente. Es en éste espacio amoroso donde podemos reinventar otras formas de amo r, éste otro amo r, éste sospechado de otra cultura, donde nos sepamos mujeres pensantes y no inventadas por otros, donde rediseñar otras formas de convivencias entre seres humanas, que no sea la pareja del dominio. Puesto que el modelo amatorio es masculinista, la construcción de la pareja está patriarca/izada en el dominio, y el patriarcado está en su salsa con esta construcción convencional del amor-parejil. Arma esta escasez de amor, en un discurso del amor grande, único, de a dos, en pareja y para siempre, que al final mata a los amores, a unos por culposos y a otros de tanto amor, instala el dolor, no el amor. La escasez, no la abundancia. El encarcelamiento y no la libertad. Es como el cuchillo de Robín Hood, que clava el cuchillo del buen amor, del amor salvador que poco a poco se va confundiendo y convirtiendo en el cuchillo de Jack el destripador, y una muere siempre de alguno de estos dos cuchillazos, duelen lo mismo, matan lo mismo. Deberíamos entender que la estética y la construcción del amor patriarcal están contenidos en la idea y la visión de la esclava, la dominada, la depositaria del deseo, la continuadora del linaje, la guardiana de sus intereses, la custodiadora de su poder y de los valores que lo sostienen. Por tanto, debemos deconstruir la estética de la esclava y ver el sometimiento, el maltrato, la secundaridad como una expresión de fea ldad de las relaciones humanas, así mismo como ya no soportamos el maltrato físico, deberemos llegar también al punto de no soportar el ma ltrato cultural, que no ha cambia do, que sólo ha afinando esta visión estética de dominación, implicada y retorcida en la belleza de la fem inidad. La estética y la ética de la lesbos por tanto, deberían contener una propuesta de horizontalidad, porque sólo en la horizontalidad suceden los intercambios de sujeto a sujeto. Este espacio amoroso, debemos dibujarl o, reinventarlo, tenemos que narrarlo para que vaya construyendo un saber-amar-ot ro , para que vaya acumulándonos en sociedad de otra manera, con otra ética y otra estética. Debemos tener cuidado de no readecuar la pareja, creyendo que inventamos otro modelo, esto no sería mas que un reacomodo al mismo fango patriarcal, aunque la cultura vigente nos haga creer que somos diferentes, que nuestras construcciones de pareja son únicas y diferentes, al mismo tiempo que nos sumerge en sus costumbres y valores, haciendo que todos, de una u otra manera, repitamos el mismo molde. Reinventar otro tipo de relación/amor conlleva el hecho de repensarnos como sujetos mujeres, repensar nuestras formas de relacionarnos, repensar nuestros conceptos parejiles y esto tiene una regla -si es que podemos hablar de reg lasy es saber no engañarnos a nosotras mismas y clJando hablo de engañar, no hablo de fi de lidades, sino de no disfrazar nada, de no esconder nada, ni protegernos, ni proteger a 170 ©Universitat de Barcelona otros, esto tiene una dosis grande de valentía, del riesgo de asumirse sin protecciones, propias ni ajenas, contiene a una descubridora, una aventurera dentro, para la que nada es intocable, nada es incuestionable, nada es sagrado; este gesto desacralizador tiene un objetivo claro y profundo de hacerse expresada, libre y más humana .. . y esto no hay que confundirlo con hacerse buena, porque generalmente alude al revés de la moral sacrificada. El buenismo amortigua, esconde, niega; se arma desde el sacrificio y la hipocresía del romanticismo, se acuna en la autoflagelación ... y a estas alturas del cuento, muchas ya sabemos lo difícil y doloroso que es no contar finalmente el cuento ... cuando tenemos otro cuento. Si no reestructuramos, rediseñamos, rehumanizamos y repensamos el espacio lésbico, terminamos por caer en la exaltación patriarcal del romántico amoroso sentimental donde creemos estar lejos, a salvo de la traición de los hombres, exaltando la feminidad/feminidad: el amor sin límites dentro de la irracionalidad, el amor sentimental, sacrificado, bueno, incuestionable, maternal , sagrado, el amor en sí mismo como contenido de honestidad y de intereses comunes, el amor que no se piensa, como si no tuviera una persona responsable detrás, con sus valores, su cultura, sus proposiciones de vida, su biografía, y es precisamente aquí, donde el patriarcado tiende la trampa, pues la transgresión no radica en transgredir la erótica establecida, sino en pensar dicha transgresión, en diseñar estrategias polfticas para que tal trans1 71 gresión no sea como todas, recuperada. Si no nos detenemos a repensar la pareja como la base del clan familiar patriarcal, donde se sistematiza esta sociedad/cultura vigente, donde se aprende el poder sobre las personas y la pertenencia a una otra como propiedad privada, pues seguiremos repitiendo el modelo, buscaremos casarnos, legitimarnos ante el sistema, tener hijos, y si no tenemos hijos, los supliremos con gatos o perros, q ue serán cuidados como si fuesen niños, en fin, la cadena no se detiene en establecer las imitaciones de la familia, la familia de mentira, que es peor que la familia de la consanguinidad, y no estoy diciendo que no haya que querer a los niños o a l os animales, sino no usarlos como suplentes, ni confundirlos tal fácilmente como los confunde esta cultura; de tratar a los niños como animales y a los animales como niños. La pareja existe porque existe la lógica del dominio y el juego de la pareja es el juego del dominio patriarcal, de ahí el tópico de: En el amor y en la guerra todo vale: servicio secreto, cautivos, rehenes, estrategias, asaltos, traiciones, planificación de ataque, inmolaciones, derrotas, victorias, etc. Estas maniobras en la guerra se disfrazan tras el halo heroico salvador, lo mismo que en el amor, sin embargo en el plano amoroso estas maniobras siniestras son pintadas de novela rosa. Esta cultura no entiende, ni construye seres libres y autónomos, por el contrario, los confunde, los hace carentes de tal manera de tener que completarse en otro/otra, dependiendo siempre de otro/otra y esto ©Universitat de Barcelona además lo construye socialmente. Una persona sin necesidad de completarse está en desventaja ante el sistema, pero al mismo tiempo que está en completa ventaía hacia a sí misma. está con el poder de diseñar su vida en libertad, sin embargo, el sistema sanciona estos gestos libertarios pues atentan contra el orden de la estructura socia l. El sistema está pensado para seres carentes, pues es la masa carente, confundida, la que se puede manejar, en cambio un ser completo, en libertad de pensamiento es inmanipulable, infanatizable y esta estructura social está ideada para sujetos estáticos. Son estos sujetos estáticos los que hacen inamovibles los cambios que necesitamos para crear otra cultura más horizonta l. Muy distinto es hablar de la libertad de estar, amar y transitar acompañado con un otro/otra, que estacionarse en una pareía patriarca/izada con la proyección de por vida, repitiendo el modelo de la propiedad privada. La pareja (matrimonio) se arma de tal manera que: uno tiene el poder y el otro el contrapoder, roles que se invierten temporalmente, pero que fijan a los individuos en la ambición del dominio y les emborracha la vida en este juego de detentar este pequeño poder. Cautiva a las personas con el mandato de la seguridad que proporciona la fidelidad = vigilancia, con la propuesta y el anhelo de eternidad, con lo cual esta construcci ón basada en el amor, termina por encerrar al amor y matarlo. Debemos entender que esta construcción amorosa no la inventamos las mujeres, sin embargo, somos las más atrapadas en ella, esta construcción nos instala los propios guardianes de la feminidad, a los que rendir cuentas. a los que explicarle y justificarle; por qué miraste, por qué no llegaste, por qué pensaste, por qué te vas, por qué volviste, por qué soñaste, por qué gritaste, por qué te rebelaste. Los otros modos, los otros ensayos de convivenci as son invisibilizados y castigados por el sistema, pues el sistema está siempre vigilante (Foucaul t) y temeroso de su potencial derrumbe. Como lesbianas. tenemos una historia gestual y po l ít ica de vida que va mas allá del relato amoroso. P or esto, sumergirse en una pareja ya significada, tiene muchos costos, costos de vidas enteras, del mismo modo que sali rse de las actuales formas de amar con sus fidelidades y lealtades. no sabemos hacerlo. no hay model os , no hay reg istro, no hay rastro -a pesar de haber muchos ensayos silenciadosno tenemos idea de cómo hacerl o. Con tantas inseguridades, carencias y miedos con que nos socializan, nos lo sufrimos todo, porque solamente estando sumergidas en el drama sentimos que amamos, que v1v1mos y mo ri mos al mismo tiempo. El drama atrapa, carece de reflexión y es aquí donde el sistema nos somete y nos recupera. No hemos resimbolizado el amor como para vivirlo de otra manera, no hemos desentrañado las proyecciones de propiedad sobre otra persona y para que exista una otra/o como propiedad, debe existir una propietaria/o, una depositaria de nuestro sacrificio de entregarnos, insisto en que el sacrificio es una trampa y 172 ©Universitat de Barcelona hasta que no descubramos lo tramposo que es este sistema sufriente, seguiremos permeadas del sacrificio de unos por otros ... y no estaremos saliendo de toda la hipocresía antagónica del sistema ... no creo en mártires, ni en cruces para construir el respeto de lo humano, pues recreando parejas sacrificadas, no se construye el respeto ni individual, ni de pareja, ni de colectivo humano y esto es un gesto profundamente político. Romper nuestras necesidades tan profundamente inscritas con argumentos culturales biologicistas de complementaridad, han llevado a entender el amor solamente en su dimensión reproductora, protectora y cuidadora de la pareja heterosexual tan funcional a un sistema capitalista y neoliberal que necesita este ordenamiento. La pareja lésbica que debiera romper profundamente esta construcción cultural, se enreda, se confunde: por un lado se mantiene en un medio totalmente hostil que hace que se unan, se protejan, se encierren la una con la otra, como una condición de sobrevivencia y por otro lado, al salirnos de la estructura de este amor reproductivo y de dominio, tomamos el discurso del romántico amoroso sentimental. El hombre que es el infiel por naturaleza, ya no es requerido en el juego amoroso, por lo tanto, si nos juntamos dos mujeres que somos las fieles por naturaleza, las que sí sabemos amar, las que amamos sin límites, traducimos éstas fidelidades en clausuras, se la ahorramos al sistema, nos clausuramos, nos sistematizamos, nos ordenamos en pareja, nos perdemos 173 como personas individuales, nos simbiotizamos con la otra en un gesto siamésico, quedando todas las alternativas de libertad, de amor, de vida, de eros clausuradas, pues la pareja es una construcción cultural creada por los hombres en aras de sus seguridades y acomodaciones sociales, es uno de los lugares de expresión del poder más directo, por ello está siempre en crisis y cada cierto tiempo volverá a aparecer en el horizonte de nuestra individualidad la necesidad de otros eros, otros despertares corporales, otros deseos de libertad. La pareja ya significada, hace a la gente perder no sólo el amor, sino el deseo de aventura, de aventurarse en otros seres, de aventurarse a inventar nuevas sociedades, nuevas culturas, nuevas formas de re laciones. Hace desaparecer aquel anhelo de libertad, y es justo allí donde aparecen los seres rotos por dentro y por fuera, toda esa cantidad de seres humanos que no están vigentes, pues depositaron en otro/a toda su capacidad erótica, amorosa, creativa, y sin ese otro/otra, se trasforman en seres amputados, y esto que pareciera pertenecer al mundo del amor, al mundo privado, es del mundo concreto, político, de la vida cotidiana que construimos como sociedad. ¿A quien le estamos entregando el poder sobre nosotras? ¿Cuánto rato en la historia respondimos a la familia?, que es la que juzga, mal/ama y finalmente nos instala en una sociedad a su imagen y semejanza ¿Cómo vivir nuestros amores y desamores, de tal manera que sean una propuesta de respeto ©Universitat de Barcelona humano y de libertad más allá de las protecciones y de los sacrificios de los moldes de propiedad y fidelidad patriarcal? El día que tengamos un lenguaje de narración propio de la sexualidad de las mujeres, propio de la sexualidad lésbica -no el lenguaje de la negación que hemos tenido hasta ahora, no el lenguaje de la sexualidad legitimada y profesionalizada, hoy tan de moda, resguardada constantemente en sacralidadespodremos limpiar este espacio lleno de tópicos, de romanticismo y lograr que sea diferente. El amor no es uno sólo en la vida, no nace de generaciones espontáneas , existe un hilar de amores que se van engarzando en el tiempo. Cada uno tiene un sentido, cada uno trae una propuesta, en cada uno va quedando un pendiente, y todos estos pendientes, acumulados, reservados en el tiempo son los que aparecen reales y concretos en el presente amor y, éste del presente, va a constituir hacia el futuro, otro pendiente ... El amor no es uno sólo, ni muere en un accidente en la esquina, es un ejercicio constante, aparece como aparecen los seres humanos -diferentesnos provocan nuevos desafíos de entendernos, nuevos desafíos de rediseñarnos y sanarnos del maltrato cultural y comprender que hay múltiples maneras de entender el compromiso por otra persona, el sentir amor mientras dure el sentimiento, y éste compromiso sólo puede ser el cuidar lo más que se pueda el sentimiento, que una vez que empieza, también empieza a desaparecer, como todo en la vida, tiene un inicio, un tiempo y un término. Sé que los sueños, los amores y las libertades que no se viven, se mueren dentro .. . te pudren, te matan poco a poco, mira como está este mundo sin sueños, sin amores, sin libertades, muriendo. Políticas Homosexuales Debemos tener claro que la masculinidad empoderada empodera a todos los varones, también a los homosexuales, pues en todos los momentos de la exaltación de la masculinidad a lo largo de la historia, han aparecido los grupos homosexuales varones más o menos legitimados en la semipenumbra del poder, y es fundamental desentrañar todos los espacios legitimados de la semipenumbra del poder. No quiero decir que los homosexuales varones no sean perseguidos, pero sí gozan de ciertos beneficios del poder, del que no gozamos nosotras. El empoderamiento de los varones es tal, que incluso el discurso de la feminidad es tomado por travestís, transexuales y homosexuales, reinstalando la más tópica y retrógrada de las feminidades, la misma feminidad que estamos combatiendo algunas mujeres. La homosexualidad de mujeres tiene la potencialidad de una aproximación a un cambio cultural más profundo, pero, si se subsume al movimiento homosexual masculino, donde las políticas y el discurso están definidos por los varones masculinistas homosexuales, no logrará armar una propuesta transformadora tan necesaria y lo que transforma a la sociedad es una visión crítica a los valores de la masculinidad y sus insti174 ©Universitat de Barcelona tuciones y esta reflexión no la hacen los hombres por razones obvias, ése es su lugar de poder e identidad. Somos Nosotras las qu e te nem os que ... Repensar nuestras formas políticas de relacionarnos, re-ligarlas, pues son políticas. Si como lesbianas queremos instalarnos en la pareja patriarcal no estaremos cambiando nada más que el cuerpo de nuestro deseo erótico, pero con la misma escenografía para montar el mismo cuento, no estamos proponiendo ningún cambio más que el deseo de legitimación como grupo minoritario. Suplicándole al mismo sistema que nos deslegitima. que nos legitime, haciéndolo doblemente poderoso. Y cuando hablamos de sistema estamos hablando desde el núcleo familiar hasta las instituciones, todos constituidos por seres de carne y hueso. Es aquí donde perdemos el rumbo, es aquí donde perdemos el poder, pues no puede existir una modificación del sistema hacia nosotras, sin que exista a su vez un acomodamiento de nosotras al sistema, por ello, me sorprendo de ver que existan lesbianas que quieran casarse o que deseen ser parte del ejército ... más allá del derecho de igualdad y las vocaciones de cada una, creo que hay que repensar la vigencia del matrimonio, pues es una institución tan patriarcal como los ejércitos, Tenemos que separar aguas con quienes quieran darle continuidad a un sistema injusto, arbitrario, racista, basado en la propiedad privada y en la primacía del hombre blanco. Un movimiento lesbico-políticocivilizatorio, repiensa todos los elementos que trenzan el sistema, y desde ése lugar diseña sus estrategias políticas, no puede entregar su reflexión a otros grupos marginados, pues lo único que nos une a otros grupos es sólo el hecho de la marginación, no tenemos los mismos Intereses políticos que los ecologistas, o los gays, o los travestis -que son los que han retomado y reinstalado el discurso de la feminidadni tampoco con los diferentes proyectos de los partidos políticos, ni menos con las iglesias, pues todas estas instituciones están construidas del mismo modo, todas forman parte y sostienen la estructura de la masculinidad. No podemos negarnos a ver que el sistema masculinista es un gran rompecabezas donde las piezas que no encajan, que atentan contra la estructura total, son eliminadas. 175 Sin pensarnos y repensar un movimiento lésbico, político y civilizatorio, no podremos desarticular el sistema, pues sin esta mirada de desmenuce crítico, no sabemos si es desde dentro del propio movimiento lésbico que estamos traicionando nuestras políticas y nuestras potencialidades civilizatorias. ¿Qué costos ha tenido esta procesión de ruegos a la maquinaria masculinista para que nos acepte y nos legitime? Estructuralmente es imposible, pues si nos legitima sin recuperarnos, se desarma. El análisis de la realidad desde la cultura vigente y sus propuestas, es una realidad que no existe para nosotras, una realidad donde nunca estuvimos, ni estaremos, ni nos pertenece como análisis, a lo menos nos