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Técnica versus racionalidad: la utopía como anhelo de lo radicalmente otro (a propósito del cincuenta aniversario de la "Dialéctica de la Ilustración")

Panea Márquez, José Manuel

Abstract

Adorno y Horkheimer plantean una realidad: la razón sin reflexión; y una utopía: la razón, la ciencia y la tecnología como motores de la emancipación. La realidad es el proceso histórico de la civilización occidental, la destrucción de la razón teórica y reflexiva por la razón instrumental y estratégica. La destrucción de la subjetividad y la identificación entre vida y trabajo: la ciencia y la técnica como producción. la reducción de la racionalidad a productividad. Frente a la realidad del resultado de un proceso histórico, no hay otra salida que el anhelo. La utopía versus la técnica.

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TÉCNICA VERSUS RACIO NALIDAD: LA UTOPÍA COMO ANHELO DE LO RADICALMENTE OTRO (A propósito del cincuenta aniversario de la Dialéctica de la Ilu stración) Josi:: MANL:EL PANEA MÁRQ U EZ Universid ad de Sevilla "Lo que podría ser de otro modo, es ÍJ!.llalado "I. "La esperanza de que el bo17'or terrenal no posea la tí/tima palahra es seg11rame11te 1111 deseo 1w cie11t[fico "2 Resum en: Ado rno y Horkheime r plantean una r ea lidad: la raz(m sin rellexiún; y una utopía: la rnzón. la ciencia y la tecno l ogía como mot ores de la e ma ncipación. La reali dad es el proceso histórico de la civilizadón occide nta l, la destrucción de la razón teórica y reflexiva por la razón instrumental y estratégica. La de strucciún <le la subjetivid ad y la identificación entre vida y trabajo: la ciencia y la técnica como prod ucción. la reducción de la racionalidad a productividad. Fr ente a la r ea lidad del resultado de un proceso histórico, no h ay otra salida que el anhe lo. La ut opía 1•ersus la técnica. Abstra ct: Adorno and Horkheimer raise a fact and an utopía. On the eme hand, rcason without ret1ection. and on the other hand, reason, sdence and technology as pow1:rs of emancipation. Reality is the hisroric.:al prncess of thc western civilisati on, that is to say, the destruction of the theorerical and rellexive reason hy t he instrumental and strat egic rcason. They remark the destruction of subjectiv it y and the identification of lifc and work: scicncc and tecnology as production, and the reduction of rationality to produc ti\'ity. As a result of the historical process. face to rcality, there is only a solution: utopía \'ersus technology. 1 Ho rkhdm t· r. Max. Adorno , Th cm l or W.. Dialéc:lic:a de la J/11s1m c:i<í11 . Fm R 111e111osjllu .w/ /lcos. Jn1roducd<in y t1 :1ducciún de J uan Jo :-é Stmrhi:1.. Madrid. Trona. 199· 1, p. (i 7 2 Horkhi: imi:r. M .. ··Pró lo go" a .hiy . M .. /.a i111c(~i 1 wc:üí11 diailktic:a. l ' 11t1 historia de la facuela de 1 : rm1~/i1rl 1\ ladrid. Taurus. Y rc i mp .. [989, p. 9. 76 JOSÉ ~1AN I I EI. l'Al\EA MÁHQllEZ Ac a ban de cum plir se cincu en ta años desde que Th. Adorno y Max J I or kheimer publicaran un trabajo en el que sometían a juicio todo el pro ces o e.le raci ona lización occidental que , arrancando del mund o griego, ll ega h as ta nuestros días. Este medio sig lo que nos separa hoy e.le la pu blicación de Dialéctica de la !lustración b ien poclrí.t br i ndar - nos la ocasión de retomar l as cu es tiones allí ab orda das y hacer un ba la nce so bre la oportun i dad de sus diagnós ticos, al objeto de compr obar si si guen manteniendo una fertilidad teórica considerable en lo que era su prin ci pal co metido, a sabe r. la comp r ensión teórica de la actualidad. Si l anzamos una mirada al pasado y al pres e nte . n os dirán Adorno y Horkheimer, podremos constatar un proceso en el que la razón ha ido adq u ir ie ndo rostros diversos hasta hacers<.::, podríamos decir nosotros. difícilmente reconocible. Desde muy antig u o. el hombre, ese s er que en el reino animal se muestra como el mús desvalido de todos , ha hed10 de su debilidad física su mejor ali ada , desarrollando capacidades y destrezas qu e le han pe rmitido so br ev ivir fr ente a las amenazas de l en torno. Es así como se pone en marcha co do un proceso de lu c ha po r la existencia, o, por ck cirlo co n Habermas, de r epro duc ción material del mu ndo , del qu e no podre mo s prescindir mientras seam os seres naturales con necesidad es materiales muy concretas . Esta lucha por la existencia nos acompaña, pues, com o la so mb ra al cuerpo , hacié ndose mús visible una s veces q ue otras, a un que sin abandonarnos jamás. Pero en esta interacción con el ento rno, la razón ha ten i do siempre un papel imprn1ante. La relaci ón de l h ombre co n su m un do ha estado pr esidida por un a reflexión -de un signo u otro - sob re los fines de la existencia, p or un discurso leg it imador que servía de marco de referencia par a la acción. P or decirlo n uevame nte co n Hab ermas , la reproducción material del mu ndo se enma r caba en una r eproducción si mbó lica que podía ser cambi ada o cuesti onada , pero que hacía las veces de plataforma teór ica para jus ti fic ar la acc ión del hombre en el m und o:'> . Pues bien, es esa reproducc i ón simbólica del mundo como h or i zo nte, c omo mar co para la acción, y, en defin it iva, como r ec tora de la prax is, lo que h oy es tá en peligro. Y lo está pr ec isame nt e por - qu e se ha disparado cualitat iva y cuantitati vame nte esa lucha por la .l .J. J-lahenna~ ha desarrollado ~unpl iam en t e es ta probl e1mít ica en 1l'"1·ü1 de! la acc11í11 wmu11ic<1/i1'a il. cap. V ll l. Madrid, Taurus, 19 87. ·¡te :NJCA l ERS/ IS RACIONAi.IDA[) 77 existencia que nos acom paúa desde los orígenes de nues tra Historia. D<: manera que quiz[1s p ueda se r éste el rasgo distintivo e.le nuest ro tiempo: hemos perdido el norte. h<:mos perdido el rumbo, piloramos una nave altamente sofistica da pero nos falta saber hacia dónde queremos ir. pues como dec ía Kant. una razón que sabe cómo obrar pero no hacia dónde. no puede bastarse'· Así pues . cuando la dinámica de la autocc111serl'acicí11. individual y sistémica, se vu elve ci<:g a y salvaj e, como ele hecho ocurre en nuestros días; cuando la praxis pierde todo carácter reflexivo. la pregunta que cabe hace rse no es sino la de hasta qué punto hemos tejido un universo racional, o si más hien no habre - mos urdido una compleja tela de araña en la que nosotros mismos pudiéramos estar fatalmente enred:tdos". El diag116stico frankfurtiano sobre los procesos de racionalización modernos, sobre los avances ele la ciencia y la técnica apuntan a este peligro: por una parte. la pérdida el<: re fle xividad de la praxis -individual y social-: por otra, la ahsolu tiz ación de esa dinámica que la repro - ducci ón material del mundo incor po ra, de esa lucha por la existencia, de esa autoconserva ción que se ha vuelto ciega y salvaje. Así , la p érdida del car:'tcter reflexivo de la praxis conduce a un desc~(ío para nuestro presente: retomar las riendas de la Hist oria para hacerla. como diría Marx. no sólo con voluntad. sino co n conciencia. Por ello. nuest ro gran reto pasa por una re,·isión crítica de ese concepto que se ha radicalizado y sofisticado hasta extrt:mos insospechados , a saber, el de l ucha por la existencia. el de m1 toconsemació11 rSel/Jsterhalt1111pJ 2 Los efectos que la dinámica del capitalismo incorpora no pueden med irse sc'ilo en términos de rentabilidad e co nómica. co mo si fueran los únicos que se producen o los únicos que merecier an nuestra atención. Nuestro modelo económico exige una revisiún crítica -si aspira a unos m ín imos de racionalidad-y no sólo en términ os econó micos. sino sencillamente humanos. Desde siempre, el h omb re ha tenido que ciar una respuesta a los prob l emas que sus necesidadt:s y el ent orno natu- ' Kant. l.. f.ll rd1~i1í11 delllro de los li1111tes de ft1 mera mz ti11. i\Iadric.l. Alianza n i. 2J ed p. 20. ' :\o' hemo' ocupado de e'tos tema:; l'll nue,tro !1hro {!11erer la 11111pio. Raz <í11 1· m1ron111.,e1H1cuí11 e11 la hxcuela de Fra11h¡iirt. Sev illa. Secrl't:1riac.lo de Puhhc:idone-; dt· i;i t ' ni\er,idad dL· St"v1lb. !<)% 78 .JOSÉ MANUEi. !'ANEA MÁ RQ UE Z ral y social le han planteado. Para ello ha organizado y desarrollado dispositivos de investigación y de intervención en el mund o. Li razón se despleg ab a. asi, bajo una dob le forma teórico-reflexiva e instr urnentales tratégica. orientada es ta ú lt ima al domi11io técnico de la natura leza. Los compo nentes re fl exi vo e in strum enta l de la r azón han conviv ido duran te siglos<i. Pu es bien. para los autores de !J ialécticu de la Jlustmci(m los problemas que pre sentan un desafío mayor procede n e.le Ja escisión de estos dos mo ment os de la comp leja razón humana, hasta el punto de que se ha producido un echpse. o una instrume11talización de la raz ón, co n lo que de p érd ida de raciona lidad e llo compo ita7. Dicho con otros términos: pr ecisamente c uan do más avanzó el proceso de racionalización que arranca con los mi tos en su intento de ex plica r, de esclar ecer el mundo y la praxis; precisam ente cuando la ci encia y la técnica ll egan a su pu nto más alto -cualitativamente-. es decir, a un nivd que nadie podía sospechar, prec i samen te en este momento, se hace mús cuestionable la racionalidad de este proceso. ;,Has ra qu é punto h emos construi do un m undo 1 rn'ts racio na l en unos tiempos en los q ue el desarrollo científico-técnico h:1 alcanzado unos niveles difíci hm :n te imaginables?K ~Podemos decir que se h an he cho realidad las esperanzas que la A1!fklii 1w1f!. depos it e'> en el desarrollo de aquélla' . r¡ que de cir tiene que estas preguntas puede n in co mo dar a qui enes se en cuent ren entre las fibs del universo científico-técnico. Pero no es este el propós i to de Adorno y Horkhe im er, ni tampoco lo es -co mo alguien maliciosa o ingenuamente pudi era sospechar -el de proponer una vuelta ciega a la naturaleza. Nada mús lejos de ello. Lo que Ador no y I forkheirner se pro p onen con su cr ít ica de J os proces os e.le racionaliza ci ón m od erno s no r.:s sino una 1·el'i si611. una c rília1 en el sentido kant iano de indagación de los límit es de la ciencia y de la técnica. No se trata, como a veces se ha qu er ido ver. de creer que en la crítica frank - furtiana hay un r ec ha zo del progreso científico-t éc nico; mús que un rech az o de la ciencia y de la técnica en sí hay en ellos un cuestionarniento e.le su utilización i deo lógica al servicio del sistema productivo; <> Cfr. 1 l orkhcimer. \ 1., .. Sobre el conct'pto <le r az (Jn". en Adorno. Th. W. y llorkheimer . ,\1 ., S11cw/cí,~1ca. \tadrid. Ta urn '. Y r<.'imp .. l 98(i, p 20 l. -E-;te es el tema cent 1 ~1i de florkheimt' r. ,\1, <:rilicu de la mz1í11 h1stm111e11/a/ . Bu t·n os Aire.,, sur. 2' l'tl. 1975. \.fr. Cortina. A .. Critica y 11/0/Jfrl /.a F..<c11ela de l-'m11h/itrl. \1adml. Cince l. 1• rennp .. ll)H6. cap. -l . 8 Pa ra :\Jorno ~ l lorkhe111wr l'I uni verso mít ico e' el uni\'t'l'SO de lo Siempre /~11al. del odo. Je la rcpetici c'>n. D esde e"la pt> rspcctiva son elocuentes t'st:1s pa la bras de f)it1/éctica de la !l11st1<1ci<j11: ·c.. .) el 111jto es llus1r.1dc'>n: la ilu, lr adc'm recae en mil<>- log ia .. . /Jialfrtica dl• la !111stracirí11. p. ~<>. TECNICA Vl:RSf ~ <; RACI ONAl.IOAD 79 denuncian que la ciencia y la técnica. lejos de ser una instancia crítica empeña da en la emancipación del homhre , liberándole de miedos, miserias. sufrimiento, es utilizada fund amentalmente con miras productivas. Así. al eclipsarse la dimensión crítica que en otro tiempo tuvo, el discurso ci en tífico-técnico coope ra en la perpetuación de lo existente, desempeüando una función co nservadora más que emancipadora de la totalidad social y del individuo. Por ello, escrihir:í Horkheimer, dejando traslucir su húsqueda de un significado más amplio para la razón, que "(. .. ) la denuncia de aquello que actualmente se llama razón constituye el servicio máximo que puede prestar la razón''9. En los t iempos que corren, ser racional significa ser productivo, es decir, ser eficaz y verse coro nado por el éx ito. La vieja moral agonal, co mp etitiva, pa r ece la más racional en un mundo vertiginoso y dinámico, presidido por el prima do de la econonúa Jo. P oder dominar, poder diseñar estrategias de control, someter la realidad y los cursos de acción a proc esos de cálculo: en ello estriba nuestra común concepción de lo racional y de lo razonable. Por la misma lógica. una vida racional será aqu ella que esté orientada a los negocios, a la actividad produc tiva desenfrenada, a la considera ción del ti emp o en términos de rentabilidad y eficacia. Se imp one así un ritmo acelerado en tocios los ó rdenes de la existenci a: trabajo. relaciones personales, descanso: todo estú urdido po r la urg en ci a en la que hoy parece que es tamos instal ados; una urgencia que no es sino síntoma de la agresividad que en treteje nuestra racional y eficaz forma de entender la vida 11 . P ero en esta vertiginosa carrera hacia ninguna pa1te, nuestra racionalidad dominad ora y productivista se cobra sus víctimas: ahí están esa naturaleza dañada, maltratada, ext enuad a hasta límit es insospechados, al objeto de exprimir de ella la máxima rentabilidad, aunque l as catástrofes eco lógicas se ciernan sobre esta actuaciém sup uestamente tan inteligente. Pero junto a esta naturaleza exte rna dañada también estú esa ot ra naturaleza interna. la de todos y ca da uno de nosotros, que se ve sometida, ya desde la infancia, a un impla- '! J Iorkht'inwr, l\'I., Crítica de la razrin i11s1ru111e11tal. p. 195. to Como ha e"crito Horkheimer, "Con la desíntegr..iL'i"m del Yo y de su ra zún rdkx iva, las relaciont'" huma nas se aproximan a un límite en el qlK ' el dominio e.le wda ., Ja,, situaciones pt:rso n:t lt's p or l:! s l'c<>nútniGls y 1:1 mediatizaci ún univer.,al de la vida en t'Ollltlll por la mt:rc mcía. se transforma en u na nu ev a modalidad dt' i nme diatez'". H or khdm er, M., Teoría Crítica. Barc do na, Seix Barral. 19 7.~. p. 163. 11 Cfr. Marcust', H .. la a¡.:resi1•1dad e11 la suciedad 111d11st rial m • mtzada. Madrid, Alianz :1 Editorial, 5' cd. 198-i. 80 JOSÉ MANU EL !'AN EA MÁRQUEZ cable adiestramiento. a un desquiciado esfuerzo par a log ra r la mera supe rvivencia. El resultado de amb os pro ce sos no pued e ser sino el de, por un la cio. una naturaleza en serio peligr o, y el de un d esquiciamie nto de la sub jet ivi dad . tal y como lo constatan las es tadí sticas so bre enfer medades físicas y psíquicas, por otro. P ero no son sólo la natura lez a ext ern a o el equilibrio psicofísico los qu e es tán amenazad os . Tamb ién asistim os a una crisis de fin es pr:.íct ico-moral es corno c onse cuen ci a de la dem anda de satisfacción de imperativos técnicos. La radicalización de la lucha por la exi sten c ia es tal q ue las cu es ti on es morales, quedan arrinconadas por la urgencia, por la velocidad que se imprime a todo cu r so de acción, c onse cuencia evid en te de que se ha entronizado un imper ativo por encima de todos: el ele la mera autocmzserl'ación. La lu cha por la existencia se ha radicalizado ha sta el extremo ele que cada vez h ay menos lugar pa ra la reflexión sosegada y crítica sobre los fines de la prax is. Las cuestiones prácticas sobre Ja buena vida, sobre Jo jus to y lo injusto corr en el peligro ele disiparse12 y disolverse en meras c ue stiones tée11icas . co mo si todo pro blema fuera sólo y exclusivamente un as unto que los e::\pertos y sólo ellos tuvieran que plantear y d ec idir. Pero el lenguaje de los expe rtos -l o sabe mos desde Plat ónno quiere dar pa so a la deliberación co lectiva. a la discusión pú blica, a la crítica. si no que pre t en de legitimarse por sí mismo, apelando a estar en pos es ión de una verdad difícilm ente alcanzable, o reservada só lo a unos pocos. Al hacer de todo problem a un a cu es tión t éc nica, :Ibordahle sólo desde un conocimien to riguroso y sofisticado, se pretend e desplazar a la mayoría del foro de la discusión y del deb at e, o dicho de otro modo , se prete nde que nada se discuta a fondo. La ra zó n prúctica. que re fl ex iona críticamente sobr e J os fines de la praxis, deja paso a la razón técnica. al prell l In t ex to cj cmp br para mo,,trar la " c onsccue 1K ia" de la c.lí so l udún <l e la raz(m pr.k ti c: 1 en mer a raz<>n formal es el ,, ig uicnte: -,;Cu:iles so n las cons ecuencias de la for - nwlizacic.,n de la 1:m ' m? Nociones como la s d 1: justicia. igua l<l a d. fe li cidad. tolc1: mci :1 que. según dij imo s. <:n siglo., an!t •riores son consid er ad as in herente" a la i :1zi>n o der en - d1en1t·,, de ella. han perd i do ·'US raíc es esriril ua les. L .. ) 1. Quiéll p o<l r :'i decir l( U l' alguno de e"tos ideal<:' guarda un vínculo m:'1s estrec ho con la ve r dacJ q ue su contr.1ri o' S<.'g(m Ja fil cN> lfa d<:I inrekctual modt•rno pro medio. existe una sola au torid ad , e" <le ci r. la cie ncia. c oncebida c omo da, ific:1ci ún de llL' ch os y c: ik:ulo de pmhahi li dad c.•s. La afir maci(m de q ue la j us t ina r la lib ertad ,,cm de po r sí mejores que la injusticia y b opresió n. no es cicntílkament<: verilk ah le. y. por lo wnt o. resu lt a mútil. En si misma. suena tan d es - prm·i sta de se nti do como la afirmad<in de que el rojo es más heli o que el a zu l o el huevo mejor que 1:.1 leche " Hor kh ei m ~ r . i\I., Cr íti ca de la mzá11 í11strume11tal. pp 5+ y; TÉCN ICA l l:R.\'(IS RACIONALIDAD 81 tendidamenre neutral y aséptico informe técni co. Pero si l as cuestiones prácticas. reflexivas, deliberativas, dejan paso a las cuestiones técnicas y al informe ele los expertos1·\ entonces se producen dos resultados parejos: el horizonte ele la libertad individu al queda ca da vez más estrechamente ce rc ado: toda t e11si(m tráuica entre ser y deber ser quedad trascendida y disuelta en la mera aceptación de Jo real como lo más racional y razonable1·1. Y ent on ces, la realidad se impone c omo discurso definitivo, inamovible, último. Como dir ía Hegel, todo lo real es raci ona l: esta es. precisamente, la conclus i ón a Ja que se llega cuando nos dejamos sedu cir por las pret ens io nes de legitimid ad tecnocrática. Retorna así la vieja creencia de Leibniz de que vivi mos en el mejor de los mundos posibles. Pero no. Episodios de horror como las purgas stalinistas, o como los que tuvieron lu gar en los campos de exterminio, dond e el progreso técnico quedó a disposición de una administración de la muerte fría y calculada; pesadillas históricas de tal calibre hicieron saltar por J os aires Ja ingenua fe en los progresos de la humanidad, cuestionando que del avance en la racionalidad técnico-científica tuvi era qu e der ivarse igualmente un progreso moral. De manera que las palabras de Kant, a saber, estamos'" ci11il izados hasta la exageración en lo q ue atane a todo tipo de cortesía social y a los buenos modales. Pero para considerarnos moralizados queda todavía mucho' 'l\ levantan su vuelo sobre las aún calientes ce nizas del progreso, y, aguijoneándonos en el sopor de nuestra resaca, vuelven a recobrar rabiosa actualidad. De manera que la brecha está ahiena, pu es no sólo se prod uc e, a tod as luces. una r uptu ra entre dos conceptos de progreso que pa recían habe r estado ligados. sino que incluso las sospec ha s sobre Ja pretendida neutralidad de Ja ciencia y de la técnica no se h an hecho espe rar . . 3 En efecto, lo que los frankfurtianos pusieron de relieve es precisamente cómo el pr oyecto t ecno lógico no es neutral, có mo la cosa que piensa cartesiana acaba convirtiéndose en esa red que domina y exte1,< E~ra pro hlem;hil'a ha sido d esarro ll ada am pliamentl' por ,l. Hahenna~ l'll 'll oh1:1 C'i< ! 11Cit1 l' 1 éc 11ica como u/e,, fop,ía. :\ladrid. Tecn os . 1984. 11 Cfr · f)ialhliw de la Jl11stmci 1i 11. pp . 198-199. 1; Kant. l .. ··ideas p:11:1 una historia universal en cbvc cosmopo lita··. l'll Idea." para 111w his/1Jria 111111 •e1;¡a / e11 clm•e c"s 11wp11/i1a y o/ros escri/1Js sohre Fi/osr!fTa de /CI Ffis1"1w. Madrid. Ten10~. 1987. p.17. 82 JOSÉ MANUEL l'ANEA MÁRQUEZ nú a al mund o, pero qu e, fatalm en te, acaba si endo tambi én víc tim a de la propia violencia que imp one a cuanto le rodea. La agresivi da d co n el entorno natural o social termina, así. sien do a gr es ivid ad contra el pro pio h om bre que es ve rdugo y víctima en esta desencajada y feroz lucha por Ja existenciaH1• Pero no es esta la única forma ele viol encia o imposici ón que pa dec emos en nuestro ca da vez más co mp lejo y so fis ticado mundo. J J oy padecemos igualmente la violencia del concept o, la i mposición de l discurso t écn ico-cienrífico como el único racional y ra zo nablemente posib le l7 . La realidad es an alizada, estudiada, clasificada bajo la red concep tual del cálculo estratégico. Y todo porq ue nuest ra re la ción con el mund o es funda menta l ment e una r elación or ientada al d ominio . lo cual ha co nduci do a un incremento ele la racionalidad o ri entada a este fin, y, po r tanto, de la racionalidad instrumental. Sólo lo instrum en talizable es digno de s er va l orad o y estimado. Aqu ello que escapa al dominio, aque ll o qu e no se deja encerrar en la fórmula o en el informe técnico, carece de todo interés porque en definitiva muestra su in eptitud con r espec to a su aplica ci ón inmedia ta. Lo que no es ipsofacto utilizable es apartado. margin ado como inútil, como no ren - table. Éste, en definitiva, es el criterio con el que acabamos midiendo la rea l idad y la ra ci ona lidad de l as cosas. Pero lo prohlemático de esta dinámica instrumentalizadora de la razón y de la realidad es el ca rácte r de normalidad que preside, cada vez m ás , es te, al parecer, impa - rable proces o. Es tal la presencia de l os esq u emas científic o-técn i cos en t odos los entramados de la vida social de nuestro mundo cada vez más com plejo, que cualquier curso de acción, p or el mero h echo de venir avalado por un planteamiento técnico, par ece que ti ene gara ntizado el título de racional. Y esto es lo prob l emát i co hoy. Nos cu esta trabajo pe nsar que Jo racional d esbo rde el marco de Ja racio na lidad t éc ni ca. P or ello también, ca br ía afirmar, nues tras sociedades altamente tec nifi ca da s están prof undam ente desmoraliza da s, en el sentido de qu e parece que no hay alternativas viables, ra zo nables, sensatas a la actual y frenética dinC1mica so ci al. Pero corno muy hien apuntaron Adorno, Horkheimer y Marcuse, el com pon ente ideo lógico de nu est ra actual socie da d y de su i nd us tria cultural (K11/t11rind11strie) no es otro 1<> C fr . "' larrn sc , H .. !.a a.f.irC!sil"idcuf e 11 la so ciC!da d i 11C l11 stri af mrn1 Ztl(h1. Mad rid, Alianz :1 L l niven.idad. ')" cd. l')}k ¡- Cfr. c omo ejemplo de la co nt und ent e crítica ad orniana a la prep otencia del conc ep to, · La des ntitolologización del c on ce pto .. y "El in fi ni to .. . en J)faléc tirn 11eµ,cllit' C1 , pp. 20-21. TEC:\ICA \"/:R.\'( S HACIONAl.IDAD 83 que el de pre!L'ncler pa sar por el 011ico im agina b Je1 8. Es nuestra capacidad ele i111t1!{i1w1~ ele an hd a r, de querer un mundo di fe r en te la q ue está siendo agasajada, distorsionada. atrofia da por la industr ia cultural que pre ten de acallar toda protesta, y más aún, hacer que to da discr epa ncia. que toda voz discordante sea en juiciada como ridícula y extravagante. condenada, al fin, al fracaso. El discurso del concepto, el discurso qm: só lo t iene un interés de dom inio en su relación con el entorno natural y humano , preten de arras t rar tras de sí la legitimaci ón moral amparúndose en la pretensión de monopolizar el discurso de lo racional y ele lo razonab le. Mientras tanto , t oda tensió11 trágica en tre lo que actualmente somos y lo que queremosl9, toda alternativa, toda utopía , toda diferencia qu eda borrada del mapa, aniquilada. tachada ele irracional, o. cuando menos, de ingen ua . Es ta es la uio/e11cia del coiu.:epto que hace de todo po der ser de otro modo, de t od a ut opía algo im pensab le, inarticulable. qu ij otesco , susceptible ele provocar extrañeza y risa. Pe ro lo que los frankfurtianos no pie rd en de v is ta es que este proceso es la conse cuencia de una j( J rnw de vida concreta , ele una actitzul que ll ega a su máxima expresión en nuestras sociedades altamente tecnificad as del capitalismo tardío. La radica li zación de la competencia. de la lucha por b ex istencia, de la autoconservación ci ega y salvaje nos devuelve a ese mundo na tural, a esa selva donde el hombre entra en conflicto con el homb re y don de la inci!fereucia ante los problemas del otro es la primera máxima si quere mos salvar el pellejo. si queremos sobrevivir 2°. El individualismo, el sál vese quien pueda, el conservar intacta la piel, se convie rte en un imperativo dentro ele un un iverso reple to de cienci a. y tecnología, pero que no deja el e ser una jungla. e so sí, muy sofisti cada. La desmoralización de la socieclacl. el sentimiento ele impotencia y de aislamiento de los individuos es un resul tado de es te proceso deshuma ni zado r. Los sujetos IK El atrofünniento. d bl oqueo <le la imaginad<in sed un tema esendal en 1\l arcuse. Cf r. ~ l arcu.,e. H . H homlin> 1111ul1111('11sirm<1/, flarcclona. And, P ed .. 1984, pp. '>:\ ·" H. l'J Como muy bien han apuntado llo rkhcimer y Adorno· · ·1 ~ 1 liqui dad <'> n de lo tr:" 1 gico confirma la liquidadún del individuo". /Jialc•c:tia1 de la lfustra cHill. p. l 99 io Esa fr i al d ad burguesa. apunr:i Ad orno. sin la cual Ausd1wítz no hu b i e1 ~ 1 ocurml o. c rr /Jwh ; tl it a 11< :r.¡ mi 1· a. p .. ~6 :\ . Una frialdad de la que nadil' pu ede esc1p ar si <(Ul< ' r< ' s ohr e, ·1 \"i1iCf r. Ad o rno . Th. \'('. (.(111s ~ r.¡11as . Buenos Air es . Amownrtu. 19 75. p. 177) (' l' íD que l'' nc•cesario t ·01nh;11ir. disuadiendo :t los homb r es de gol1x · ;1r hacia i::I exrcrior sin rdll'Xl< .lll ,obrt' si m1smov este sería el contenido esencia l de una "educ:1ciún de.,- pu é•., de Au't·h\\'itz·· Cfr 1/1fr/.. pp 80-82.