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Los sentidos y el proceso creador

García Díaz, Sebastián

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LOS SENTIDOS Y EL PROCESO CREADOR(' ~ ) Po SEDASTI.4.N GA RCÍA DíAZ Nos hemos eunido es a a de -sose gada la p eo c up ac ión y huidizo el in ie no- pa a suge i ideas y sen imien o s s ob e un ema sole mne en exceso po su enunc iad o, pe o que po eso se p e s a a cub i mi in e nción. Sí, nos eunimos pa a habla de los sen idos , del p oceso de c e ación, y, sob e odo , pa a habla del homb e, de su en o no y de su din o no. Y oy a habl a a Espec ialis as y públi co p o ano , qu e ienen un ca ác e c omún de p incip al impo ancia y es que son hom- b es ambi én, y al hilo del homb e es como las con s id e a- ciones que he mos de hace es a a d e an a i dichas; el sen - ido eleológico de ellas es á encuad ado en es a p eocupación humanís i ca , en su dob le y ecunda e ien e. De una pa e po que al se ho mb e «na da de lo humano me es ajeno», y de o a po que los homb es que hoy con igu amos es a so cie- dad deb em os de ene el esp í i u gene o sa me n e dis pue s o pa a acog e a las nue as p omoci o nes , que í genes de sensa- ciones y de mali cia, se an inco po a ndo con un alan e e- ce p i o a la ida. Con aqu ella pu eza que qu ed a eco g ida en el es imonio de una muje que si en e en poe a: Aye , uno de ene o de mil no ecien os se en a y dos, a las di ez de La mañana, de cid í empeza a i i . Me puse un la go es ido osa l. Con e encia de ina ugu ación del Cu so en Ja Socie dad O almológica An daluza. F eb e o 1 978. 34 SEBASTIÁN GARCÍA DÍAZ que nze llegaba has a el al ma; con g an e nu a coloqué en mis ojos el asomb o, y a pun o es u e de sal a le la cue da al co azón. Mis labios los dejé como es aban po que nada había que qui a o pone . Y así, soñándome despie a, con el emblo de sabe me posible, nacida, exac a, me adhe í, po ez p ime a, a ein a cua o millones de españoles. (Alicia Cid) Con es os, que se an añadiendo a los 34 millones ele es- pa i.oles, noso os los que andamos po la mese a de la ida, enemos que pone a p ueba nues a calidad humana pa a hace acogedo y es imulan e es ! mundo al que se inco - po an . Habla emos, na u almen e, de los sen idos, de la c eaci ón. Habla emos , asimismo, de un pun o de e e encia que yo c eo necesa io pa a encuad a es e mundo c ea i o, que a y iene a a és de los sen idos y pasa po la emoción a la in eligen- cia del homb e. Y pa a eso ecu i emos al ejemplo de algu- nas épocas his ó i cas an e io es, que quizás nos pueda ayuda ex ao dina iamen e a comp ende lo que a a se la e c e a pa e de nues o co men a io : Es e iempo nu es o , en donde el p oceso de c eación, de es ímul o y de esponsabiliz ación andan an as eces de o mados. Conscien e o inconscien e- men e, espon ánea o de o ma p o ocada , es lo cie o que el des · equilib io de nues o iempo iene honda s aíces y quizás explicaciones biológicas. * * * ¿Es amos en un a época de c isis? No lo sé. A lo la go de oda la hi s o i a, al homb e le ha gus a do de mane a mo bosa- men e sen ida, el a i ma que la suya es una época de c isis; quizás pesa oso de la b e edad de su paso po la ida; quizá sin iendo que es c omo la lo del heno que hoy luce y mañana LOS SENTIDOS Y EL PROCESO CREADOR 35 desapa ece. Po eso pa a cla sc au o es imonio de impo ancia que ía se ac o , o po lo menos es i go de esas g andes c isis de gi o en la his o ia de 1a humanidad. Reco iendo no impo - a qué lib o de his o ia , nos encon am os, a eces, con el es- imonio oci e an e y ac e de los que han de inido su época como una época de c isis. Hoy no enemos nada más que e la p ensa dia ia, la s e is as semanales, los medios de comu- nicación, pa a escucha cons an emen e es a palab a: c isis. C isis espi i ual, c isis económica, c isis de los alo es mo a- les, c isis de los sen idos. Nos llena de impo ancia s e an es igos o, si hay opo unidad, an ac o es (siemp e an com- pa sas), de lo que pueda se una e apa de c isis. Lo se á o no; enemos que espe a el paso de los años pa a se cali icados. Lo cie o es que es amos en una época con ulsa, que es amos en una época de cambios adicales y pe i é icos, inadap ados a lo que A. To le llamaba «el shock del u u o» , y que no somos capaces de segui con pasos de homb e es a loca ca e a que ue zas supe io es al homb e han emp endido. Y desde es e pun o de is a c eo que no nos alejamos de la ealidad si a i mamos el que se á discu ible que nos encon emos en una época de c isis, pe o c eo que es e iden e que nos encon amos en una pe pleja época de cambio adical. En ella los sen idos siguen haciendo su adicional un- ción. T es unciones p incipales, c eo yo, sin g andes esque- ma ismos que se le pueden a ibui a los sen idos. Una el cons · i ui la do ación pe ec i a del homb e, aquellos ó ganos po los que el homb e adquie e las bellezas de la c eación. Es g a o imagina que al sex o día, Dios, cuando io que odo e a bueno y con enien e y bien con o mado, c eó al homb e y lo do ó de sen idos pa a que pudie a, p ecisamen e, goza de es a he mosu a de la na u aleza y de esa pe ección de la mano di ina. Tenía que se ambién un po e a de nues a ie- a (mis ci as de es a noche se án odas de poe as, pa a ale- ja nos un poco de la e udición cien í ica en que nos sume - gimos el es o de la semana), el que de una mane a in ocable eco ie a los cinco sen idos, con un son andaluz y anda iego: 36 SEDASTJ,{:-1 GARCÍA DÍAZ A mí ampoco me pod án qui a el son del almi ez cuando la somb a co a anuncia el mediodía, el g us o del acei e en el hoyo del pan, el olo de la ie a mojada que nos caía desde los ce os, si la onnen a odaba sus oneles sob e los peñones de Na ao, la sua idad de la ba andilla del puen e y la luz de la sies a sob e el e de humo de las oli as, sí, con la ida, p ime o no me qui an el sen ido. (Juan José Cuad ado ) Una segunda unción muy impo an e de los sen idos: el se ins umen o de comunicación. Po los sen idos se adquie- en las no icias, los olúmenes, las o mas, las pe ecciones, se sugie en las ideas y a a és de los sen idos noso os es a- blecemos esos puen es de comunicación con los demás, con es a g an he mandad que o ma la Comunidad de los hom- b es. Cuán as eces el de ec o de com unicación de nues o iempo, el de la o a soledad hi su a del homb e, es la con- secuencia de la oladu a igno an e de es e puen e de co muni- cac ión que sign i ica los se n idos ansi ados. Aunque el hom - b e se quede acío, hay que conse a el pu en e aunque el homb e -sucede an a s eces a lo s poe as- hecho pu o ins umen o ansmiso de las emociones y descub imien os sal - ga de sí de al ma ne a que quede desasis ido de su ida in e io : No podemos ni coge la lo de un allado pa a que sea nues a y nada más que nu es a, ni ende nos anquilos en medio de las cosas, sin pensa , a goza la en su p esencia solo. Nunca sab emos como son de e dad las a des, lib e de nues a angus ia su desnuda belleza; LOS SENTIDOS Y EL PROCESO CREADOR jamás conoce emos lo que es una muje en sus p o undos bosques donde hay que en a callado. Tú no nos das el mundo pa a que lo gocemos, Tú nos lo en egas pa a que lo hagamos palab a. Y después que la ie a iene oz po noso os nos quedamos sin ella, con solo el alma g ande. (José M.ª Val e de) 37 Y po úl imo, es e iden e que los sen idos son he amien- as de c eación, con las que se acopia la buena made a, el cincel, el colo , pa a que con es os ma e iales que an eco- giendo sen ido po sen ido , pueda después cuaja de o ma a mónica y d e ini i a una ob a de c e ación . Aquí, ya ald ía una di e enciación, hoy que an o se ha- bla de la libe ación de la muje , di e enciación esencialmen e álida en e el ins in o de c eación del homb e , y el ins in o de ma e nidad de la muje . El homb e se us a, se ompe, se auma iza o no se log a , cuando no ha e minado de hace pe- queña ob a de a e, impo an e o es i ical, o ín ima ob a de _ c eación; plan a un á bol, esc ibi un lib o, ... ene un hijo en e ce luga . La muje se us a o se acongoja c uando no ha conseguido la suce si ón del hijo. En ella la especie manda más que la pe sona, y po eso si no llega a ene el hijo se des igu a en ac i idades c ea i as de homb e, y se despa ama gene osamen e en ob as o pe sonas con las que es ablece una ie na elación ma e no- ilial. Na u almen e lo s sen idos con es a iple unción in eg a- do a, pueden p o e e una dinámica dis in a y con ap u es a: Hacia la conc upiscencia, es deci al se icio de las pasiones , ins in os y debilidad es del homb e. Es la solemne y bíblic a concupiscencia de la ca ne y de los sen idos, palab a cua es- mal y es emecedo a que ha sido casi bo ada de nu es o idioma coloquial cuando más p esen es es án s us hechos en nues a ida asa; po que ememos econoce en la palab a solemne o a supe io idad más, y po que a a és de la con - supiscencia se desemboca en el pecado, o a g an palab a ilus - e, an unida al homb e co no su p opia piel, en la que el homb e esuena y se empequeñece como debajo de una bó- 38 SEBASTIÁN GARCÍA DÍAZ eda gó ica. Cuando pe cibe que ha pe dido el pun o mo al pa a iden i ica el pecado , y la galla día de los g an des peca- do es pa a econoce lo y ec i ica . P e ie e hui de es as g an- des palab as y ole a se muellemen e su pe sonal signi icado. Y el o o camino: la dinámica de los sen idos hacia la as - cé ica. Hacia la egulación y disciplina de es os sen idos, has a hace se nega los goc es que los sen idos p opo cionan. Renun- cia y negaci ón consen ida e impues as en a as del o ecimien- o a un alo supe io ; a Dios o a una mo al laica y es ic a. Desde la hoya de la concupiscencia has a la cues a empinada de la ascé ica el mism o pun o de pa ida, la capaci dad ope- a i a dinámica de los sen idos. Se n idos que podemos dis in- gui sin ia de la ana omía en sen idos mayo es; la is a y el oído, y sen idos meno es, bas an e más modes os que es os dos g andes je a cas en la do ación se nso ial. Los sen idos no pe manecen de una mane a es á ica, eco- giendo como pan alla ce ada las pe ecciones o impe eccio- nes del mundo, ansmi iéndolas, elabo ándolas y co munic án- dolas, po que los sen idos comp ome en esa médula indica - i a del homb e que es la emoción. Di ícilm en e pod emos . comp ende la dinámica de los sen idos sin eñi la en el ac o de una emoción. Emoción que a eces es ins an ánea; piensen us edes en la sensación isual y es é ica de un a la ga y es i- ada e ónica de Cu o Rome o, adelan ado el pecho, abie o el compás, len o el lance y el escalo ío emocional que la ac- ción asimila i a po el sen ido de la is a p oduce. Pie nsen us edes en la oz o a, con el agua dien e de la mad ugada, de Manolo Ca acol, en el «yayeo» del com ienzo de una sC'gui- illa de «San iago y San a Ana», en ando po el esca lo ío del oído, anspa en e y úlgido como un cuchillo de es ellas. Emociones ins an ánea s y a dien es. Pe o la emoción comunicada po los sen idos ambién pue- de se p og esi a; es la que se a alcanzando a base de i s ubi endo la co a de la sensibi lidad del homb e. La ieja sabi- du ía de la Iglesia lo ha ealizado a a és de la li u gia, pues g an pa e de es a li u gia , en el con ex o human o, es á enca- minada a p opicia la ele ación e mo i a de esos se n idos pa a alcanza una usión con Dios. P e o incluso en el p opio mundo LOS SENTIDOS Y EL PROCESO CREAOOR 39 del a e, en la a qui ec u a, en la pin u a, nos ha sucedido al eco e un claus o mudéja que comple a la ín ima belle- za del pa io, y que a su ez explo a en la g acia del campana- io, y e mina en la ele a de ese campana io, po p oduci nos el ance de la emoc ión es é ica p og esi a. Y o as eces el diálogo in e io que se es ablece con las páginas de un lib o, llega a emociona nos poco a poco, an e la pe ección li e a ia de la página o an e la insinuación pe suasi a de la idea. Es os sen idos que c ean emoción de o ma ins an ánea o p og esi a an en consecuencia a log a el sen imien o; po lo an o el sen imien o es p ác icamen e insepa able del sen- ido, el sen imien o en el calo del a e, en la oz del pueblo, en la na u aleza. Po que como abs acción cien í ica, el sen i- mien o sepa ado del sen ido queda ía casi educido a un apa- a o de los que hoy uncionan -compu ado as, ce eb os elec- ónicos- que son capaces incluso de acusa esas ob as c ea- i as de los sen idos pe o que nunca lo se án de elabo a a a és de la emoción la pa icula in e p e ación pe sonal de aquello que los sen idos nos p opo ciona, po que una ez cogido en el alma el sen imien o, el sen ido ansmi e la emo - ción, a eces de una mane a, pudié amos deci habi ual, c ó- nica, consue udina ia, como o mando pa e del co ejo de las ideas, a eces de una mane a densa y man enida como ese mi a se a los ojos de los enamo ados en el que di ícil- men e se encuen a la cla e de la ansmisión mu ua de la emoción, en donde po ue a del iempo y del espacio, llega a habe no solamen e una concen ación emo i a mu ua, de un puen e de ai én, sino una enajenación mu ua del mundo que Je odea, se hace poco pe cep ible el co e del iempo; ¿cuán o iempo pasan mi ándose a los ojos?, y llega a se di- ícilmen e pe cep ible ambién la noción del espacio, ¿en qué si io es án, anspo ados en la al omb a olan e del amo ? ¿qué máquina pod á nunca calen la sus ci cui os po una la - ga emoción? Pe o a eces es a ansmisión emo i a llega po una ib a- ción no solamen e del sen imien o, sino del alma comple a en su sensibilidad, 40 SEBASTIÁN GARCÍA DÍAZ Pe o yo que he sen ido una ez en mis manos embla la aleg ía, no pod é mo i nunca. Pe o yo qu e he ocado las agudas agujas del pino no pod é mo i nunca. Mo i án los que nunca jamás so p endie on aquel ago pasa de la loca aleg ía. Pe o yo que he enido su ibia he mosu a en mis manos no pod é mo i nunca. Aunque mue a mi cue po, y no quede menw ia de mí . D ecía José Hie o en es a especie de o ágine emo i a que ansm i e una aleg ía dj ícilmen e epe ible. A a és del sen imien o y con un ma e ial acopiado po los sen idos, se llega a p oduci la c eación, que algunas eces i umpe a des iempo , impensada , so p enden e. Como so p en- den e es la lo ación (den o de nada es p ima e a) de esas ímidas lo es sil es es que han pasado un la go in ie no sin da es imonio de sí mismas, y que una buena mañana de p incipio de ab il nos so p enden con su ama illo cándido o con un azul implo an e. Es pos üle ambién el que es as c ea- ciones a ís ic as, en pe sonas que no ienen una dinámica ela- bo ada de adqui sición de los sen i dos, sea el l a go u o de ecogimien o, de in e io ización , de su imien os , que p oduz - ca la lo ación de la ob a c eado a, quizás ilus e ob je i a- men e, quizás solo ap eciada en el pa co y co dial cí c ulo ín - imo de los inici ados. Pe o o as eces, la c eación es una pu a elabo ación de esos ma e iale s que los se n idos p opo cionan , es un hace con a monía el acop l amien o de dis in os olú- me nes, de di s in os colo es, de dis in os son idos , de dis in o ma e ial, es deci , ecogiendo de un a o ma silen e, pequeñas emociones y ecue do s has a después plasma los en una ob a , a la que ya no se le puede oca sin ompe su pe ección: una es a ua, un a pin u a , un can e, una iglesia, una pág in a. Vean us edes en es a pá gi na de Ce nud a, el desg aciado poe a se i- ll ano, los ma e iales ecogidos en la niñ ez y adoles ce ncia con EVOCACIÓN DE l,, S AZOTEAS DE C . . o¡z 41 sensibilidad poé ica. Ma e iales que es u ie on al alcance de odos noso os, cuando Se illa e a ciudad de pa ios y cielos: El segundo p egón e a al mediodía, en el e ano. La ela es aba echada sob e el pa io, man enien- do la casa en es ca penumb a. La pue a en o nada de la calle ap en as d ejaba pene a en el zaguán un eco de lu z. Sonaba el agua de la uen e ado m ecida bajo su co ona de hojas e des. Qué g a o en la dejadez del mediodía es i- a l, en la so111no l encia del ambien e, balancea se sob e la mecedo a de ejilla. Todo e a lige o, lo- an e; el mundo, como una pompa de jabón, gi a- ba ágil, i isado, i eal. Y de p on o, as de la pue a, desd e la calle llena de sol, enía dejoso ( al la queja que a anca el goce), el g i o de «¡Los p eje eyes!». Lo mismo que un ago despe a en medio de la noche, aía consigo la conciencia jus a pa a que sin ié amos an solo la ca lma y el silencio en o no, ado meciéndo- nos de nue o. Ha bía en aquel g i o un ul g o s úbi o de lu z esca la a y do ada, como el elámpago qu e c uza la penumb a de un acua io, que eco ía la piel con un epe ino escalo ío. El mundo , as de de ene se un n01nen o, seguía luego gi ando sua e - men e, gi an do . Quizás, es a le n a c eación po acopio de ma e ial que a seleccionándose en los sen idos, nos explique aquellas ob as pe ec a s, ca gadas, además, de mensajes y de emoción bien ansmi ida, qu e p od uc en los homb es en la madu ez y en la ejez. En donde aquellos ma e iales, aquellos ecue dos uni - dos en el queha ce dinámico de los sen idos, no en el camino de la concupiscencia, o ambién en el camino de la concupis- cencia a epen ida, han sido ya il ados po el paso de los años, limpios de pasion es y de in e és. A monía , escu a y pe ección so p enden es en la ob a de es e homb e madu o , 48 SEBASTIÁN GARCÍA DÍAZ Es nues o iempo el de la sup emacía de la ma e ia sob e el espí i u. Us edes me an a pe mi i que no insis a sob e ello po que ahí es á, en odas las esquinas de la sociedad de consumo, en odos los llamamien os al homb e , en odas la5 solici aciones de los sen idos; es la pu a sub le ación de la ma e ia y el conscien e ol ido del espí i u, camino de una so- ciedad de masas que cons i uye un acil ebaño pa a las ape- encias de ipo polí ico o ma e ial, pa a una economía de con- sumo, po mucho que en esa masa haya homb es qu e se e- belen con una dolo ida sensibilidad de p o es a , co no un jo- encísimo poe a de nues o s días: Es oy i mando aquí cosas y cosas: papeles de o icinas mal imb ados, sellos de u gencia, eglas y apa ados, escasas acaciones de e ano, cla as palab as de p omesa o as sacadas de mi puño y de mi mano . Es oy aquí , en e las iejas losas del sinies o despacho de mi ida, haciéndome más iejo y más humano. Es oy aquí sin iendo que no sien o la dulce sensación de wzi pa ida. Es oy i mando aquí mi es amen o. (Gonzalo Vázquez Rod e o ) Las gue a s ac uales, us e des sab en, son gue as de p es i- gio (la más in am e de odas las gue as) o gue as de domi - nios, o gue as económicas. No hay aquella jus i icación es - pi i ual de l as gu e as del Egip o p imi i o o del México az- eca, ni aquella iluminación eligiosa de las gue as de las C uzadas. Pa a oma como pun o de e e encia (ya que la inmen sa mayo ía de los que es amos aqu í nos mo emos en el camin o de la Medicina) la e olución desde el Hospi al de la Edad Media al mode nísimo, lujoso y monobloque hospi al de nu es- os días , que no s a a ma ca bien la di e encia. Es e hospi · al unciona po necesidad de a ende al depósi o de alma LOS SENTIDOS Y EL PROCE SO CREADOR 49 qu e es el cue po, en un cen o absolu amen e dis in o, en i- loso ía y uncionamien o, de los qu e co nocí amos o es udia - mos. En el hospi al mode no, hoy, se nace y se mue e . Casi odos los que es amos aquí h emos nacido en nues as casas, en e lla en e mamos y pasamos las noch es de ang us ia y los d ías esp e an za do e s de la con alcc~nci<i. en ella espe amos mo i si nues os hijos lo pe mi en. Sin emb a g o, nue s os hijo s casi odos h an nac id o en clínicas. Y cada ez es más no o ia la endencia a i al hos p i al pa a nace , pa a en e - ma , pa a mo i , po que el espec ácu lo de los úl imo s mo- men os no a a se g a o, ya, en el incón acog e do de la casa. Po eso el hospi al mo de no se ha co n e ido en un si io de «es a » con inu amen e allí , y po eso hay neces idad de ca - e e ía, de ienda de lo es, de ie nda de e is as, de espec ácu - los, y po eso un hospi al de 1 .0 00 en e mo s iene dos mil pe sonas de plan ill a y quizás cua o mil ci culan es d en o del hospi al , con un a g an so l u a y amilia idad. En el hos- pi al di í ci lmen e se ha bla a co a de sa nidad, sino a co a de man enimi e n o ; y con azón , po que el cos e de un h osp i a l mode no alcanza un as ci as an ex a o dina i ame n e impo - an es que el homb e de la socie dad i ene que p eocupa se en qué se gas an, cómo se ga s an, cómo se pued en e du ci . Pe o quizás lo más g a e es qu e en el ho spi a l mod e no, así como en el an iguo, la inalidad de la cla e obje i a es cu a al en e mo , cons ola al que su e . Ho y l os ines de l h ospi al ya no son los mi smos, hay un in socio lógico, hay un in económico, hay un in ei indica i o, hay un in o gani z a· do , hay una inalidad sani a ia, po úl imo , po que mu c has eces po es e o den je á qui co es ea lm en e la úl im a. Po qu e si nos p egun amos ¿ qui én manda en el h osp i al mod e no?, e a un a p egun a o b ia en el ho spi a l de h ace un siglo, en el ho s pi al de hac e dos siglos, allí ma nd a ba el Supe - i o de la Comunidad o el Mé dico Je e del Se icio. Ho y ¿quié n manda en el hospi al mode no?, ¿el sociólogo que p o ee la es uc u a po la cua l se maneja?, ¿el si ndi ca o que m ay o núm e o de a iliados polí icos i e ne y qu e puede pa a , inmise ico de, el ho sp i a l a n e un a ei indicación no a endi- da?, ¿la en id ad que paga los gas o s cu an iosísi mo s de es e so SEBASTIÁN GARCÍA DÍAZ hospi al, y como paga, manda?, ¿los ecnóc a as que cuidan un i mo de p oduc i idad del capi al en ese hospi al?, ¿el médi co?. No sabemos quién manda en el ho sp i al, en el hos- pi al mode no, en es e lujo so hospi al mode no, donde no hemos sus i uido es uc u as supe adas, que nos llegaban en- ejeci da s de Ja Edad Media. Es e iempo nues o , c eo que enemos que abo da lo con la misma disposición del pad e, en la pa ábola del hijo p ó- digo, qu e odos en es e iempo nues o somos mi ad hijos p ódi gos pe o, al mismo iempo, desdoblándonos, somos la mi ad pad es del hijo p ód igo. Todos hemos salido de la casa pa e n a a goza del pod e c eado de nues os sen idos, y a dilapida el pode asimilado del sen imien o, en concupiscen- cia y en escla i ud de nues o s sen idos, y hemos gas ado y o o esa capaci dad , esa a monía del equilib io del espí i u y de la ma e ia, y enemo s necesidad <le ol e a la casa pa - e na, y en la casa pa e na donde es amo s noso os, no es ho a ampo co de egoís as inhibiciones ec iminado as, sino es ho a de sa li a mi ad del camino a o e a el ho izon e pa a e si es e hijo p ódigo eg esa a sus aíces, pa a ene anda- da esa mi ad del camino, po si le al a an la s u e zas de llega al umb al. Es a, c eo yo, que es la si uación anímica de es e mundo desa mónico que nos oca i i , en dond e an as eces el des equilib io del espí i u-ma e ia nos hace pe de el compás. Po qu e hemo s adqui ido el emo de l as g an des palab as, el emo a las palab as Pa ia, a mo , hono , libe ad, e dad, hon ad ez; pa ece se que es as g a P..des palab as nos quedan d emas iado p esa das pa a nu es o s homb o s pequeños, y de i- ni i amen e nos qued an demasiado p esa da s po que debemos de plan ea nos la ineludible ealidad de la al a de ecundidad op e a i a de aquello que nos puede o ece la ma e ia y, po lo an o, Ja u gen e neces idad de ol e a las aíces, de ol e a lo ecundo. Lo dice ambién de man e a pe e c a Luis Rosales: Vi i es 1•e ol e . El iempo pasa; las cosas que quisimos son caedizas, ugi i as: se an. Y es o es mo i : bo a se de sí mismo, bo a nos de noso os y sen i que se nos a secando, poco a poco, la ie- LOS SENTIDOS Y EL PROC ESO CREADOR 51 a o la aíz donde ue on c eciend o aquellas cosas que nos hacen el alma, aquellos se es que amába- mos un día y a cuyo amo debe mos lo que somos. Pe o i i es e ol e . La uel a a las aíces; la dispo sición de cons i ui nos en mino ías, conscien es de que ha pasado el iem po de las mi- no ías absolu as, y ha pasado el iempo de las mino ías p i- ilegiadas; que e a i emediable que es a masi icación se p o- duje a, y que con e lla en emos que en en a nos po lo me- nos con el mismo sen imien o de g acia desen adada con que lo hace Jos é Ma ía Requena: De acue do, ya lo sé Que somos muchos y que e a ine i able amon ona la ida, y pe de pa a siemp e el ase o co dial de la plazuela, y que la cal se quede como un lujo pa a el ela o que los iejos hagan odeados de nie os en azo eas huidas de la ie a. En los úl imos pisos de ales ascacielos su e Se illa ins om nios de emig an e que su e la pa ia abandonada en la emoción de un pa io. El a e ac ual se hac e com o p o es a o c omo e as10n. Si compa amos en no más del siglo p asado , a quién se ía el a e, nos e ncon amos que el a e c eado po los sen i dos se ía en g an pa e a las iglesias y a los pod e es del espí i u , y en o a a la necesidad de alimen o es é ico en el homb e, en pa e a sen imien os como el de la pa ia, como el del amo , o 52 SEBASTIÁN GARCÍA DÍAZ como el del hono . Hoy el a e di ícilmen e sabemos a quién si e, po que en ocasiones si e a la máquina, a la que ad e más copia de mane a desca ada en muchas de sus p oducciones, y en ocasiones no si e a nadie, sino que se eje ce como un ges o de p o es a el a e p o es a a io de odas las comunas , de odas l as g andes ciudades. O se cu l i a en la in imidad como una e asión consolado a an e una si uación ac e y ag e- si a del medio e x e io . Si uación que bueno es que sepamos que a a i ag a ándose con las siguien es gene aciones. Ten- gan us edes en cuen a que de las 700.000 ho as que ap oxima- damen e que a a i i el homb e de nues o iempo y el homb e de mañana, solamen e a a abaja 60.000, es deci un 6 po 100 de su iempo; odo el es o de su ida lo a a ene pa a el ocio, y de es a desocupación de l ocio es e i- den e que pueden de iYa se más pelig os que de la d oga o de la usión a ómica, y, po lo an o, el p epa a a la masa a a és de es a mino ía, pa a que ese ocio pueda se lle ado con ecundidad, c eo que puede se uno de los e os que la mino ía conscien e se imponga. Po que no nos engañemos, es é ica y belleza hay, lo que pasa es que iene uno necesidad de busca la. An es la belleza y la es é ica se o ecían po el solo hecho de su p esencia, po el solo hecho de e x ende la is a sob e un paisaje, solo po el hecho de ex ende la is a sob e una ciudad no especu- lada sob e el e eno. Y ahí es aba. se o ecía. Ho y enemos que busca la belleza, enemos que busca la es é ica, pe o no pa a complace nos de ella, sino pa a a a de comunica la a esa masa amo a a la que de al gun a mane a hab á que bus- ca le caminos de pe ección. Es posible a la al u a de nue s o iempo, es posible si e- nemos la g acia que, po ejemplo, han enido los a qui ec os cons uc o es del nue o emplo de Guadalup e, en Méjico, en el «Ce i o», en dond e a consecuencia del subsu elo lacues e se han ido hundiendo las cua o o cinco igle- sias que es án en aquel «Ce i o», como popula men e le lla - man los indios que de o os lle an sus elas y sus lo es cas i odos los días. Han hecho un poco a la izqui e da una au én - ica basílica supe mode na, de pied a olcánica, edonda, con LOS SENTIDOS Y EL PROCESO CREADOR 53 una g an cúpula llena de ala des y de audacias a qui ec óni- cas, pe o conse ando unas p emisas de espi i u alida d en don- de la ma e ia uel e a es a al se icio del espí i u, en donde aquella co e humilde de indios que iban a la ieja basílica de Guadalupe an aho a a la nue a ca ed al de Guadalupe, po que se sien en acogidos, ellos no sab án quizás p o qué, en de ini i a, po una g acia a qui ec ónica que una mino ía de a qui ec os inquie os han sabido sac i ica a la mayo ía, silenciosa pe o sensible. El homb e de nues os días i e some ido . Siemp e i ió así, ya que la libe ad absolu a es una u opía in ocable e in- genua. P e o además de segui some ido a sus pasiones y sen- idos, nues o con empo áneo se some e, en odos los g ados, a la Ciencia, ol idando qu e una ciencia sin dominio es inmo al y pelig osa. El homb e debe es a po encima de la Ciencia, y hoy es su d eslumb ado se ido . Peo aún, gus a de condi- ciona se a la « écnica» en ez de u iliza la con ca ác e de ins umen o; y cada ez más se deslumb a po la ecnología, he mana meno y a esana de la écnica, con lo que la escala de su je a quía a en descenso. La Ciencia hoy -y no diga- mos la écnica y la ecnología- es manipulada y o ien ada po quien paga su ele adísimo cos o, es deci , po go bie nos ue es y mili a izados, g andes us s, y mul inacionales del consumo. Y el homb e sing ul a ha caído en la ampa de se i a los se ido es, quedándose de al modo a la in em- pe ie de su pob eza, que si le sup imie an de golpe las ó de- nes que le conducen no sab í a, en absolu o, u iliza su an p egonada libe ad. El acío espi i ua l no pod ía se llenado po los sen idos, que ellos p e iamen e ue on acon dicionados pa a unciona en e lejo y no en espues a. El es uendoso mundo ex e io a de o mando la ealidad y educiendo la capacidad de sen imien o, desde la cha la has- a la so led ad sono a. Cuen a Julio Clo io, amigo, maes o, p o- ec o y compa io a de El G eco, que un día ue a busca al pin o a su es udi o pa a sali , jun os, a pasea po la ciudad. E a un día de p ima e a, en que el sol hacía es all a en el ai e los colo es de los galla de es y el uelo sensua l de las 54 SEBASTIÁN GARCÍA DÍAZ palomas de San Ma cos. Al en a en el alle , le pa eció a- cío. Es aba a oscu as y en silencio. Pe o en un incón medi- aba el a is a, jun o a las en anas ce adas, con la palma de su la ga mano sob e los ojos: ¿Qué haces ahí -le p egun ó el maes o- en inieblas, cuando oda Venecia esplandece de luz? Y el pin o espondió: Mi luz es á den o de mí. Hoy sigue habiendo homb es que ienen el alma luminos a, pe o o se incomunican olun a iamen e, o no encuen an cau- ces álidos pa a se compa idos, o no se es ue zan en da se a lo s demás, y la ecnología ence a es a mino ía queb adiza y selec a . Los sen idos nos es án aicionando. Se han p es ado al juego del anuncio s anda d , la imagen p e ab icada, y la emo- ción a plazo ijo. Ob an como po e os sobo nados o a u - didos que ya no saben de qué calidad es lo que en a en la casa pa a enjoyada o pa a es i la del uni o me g is de la masa. La pe i icación del homb e medio an e la pan alla de ele isión a acabando con el diálogo y la s opiniones. La eno - me po encia de la música en salas y disco ecas impide o a comunicación que no sea la ac il, po que has a el elocuen e mensaje de la mi ada es á impedido po la penumb a o dis - o sionado po los juegos de luces in e mi en es. ¿Cuándo la e nu a, la ase, el e so o el silencio? ¿Dónde los sen idos en a monía c eado a? Siemp e la espe anza de los jó enes -cumpliendo su debe de ebeldía- que se alcen a ecupe a el lib e manejo de ellos mismos. Po que el homb e madu o y el añoso los necesi a. Cuen a el ex o bíblico, que c uando el ey Da id en ejecía pe - diendo in e és po lo ac ual y nue o, decidie on hace le acom- paña po una jo en Sunami a, que consiguió que el ey poe a ol ie a a su c eación e in e és. Des de en onces la sunami iza- ción -con ac o y con as e habi ual con jó enes- sigue sien- do el p ocede na u al de man ene en o ma la men e, la sensibilidad y la capacidad de c eac ión del iejo. Po eso los p o eso es, que po o icio ienen que lucha , dialoga , com - p ende , acep a o disen i de sucesi as p omociones de jó e- LOS SENTIDOS Y EL PROCESO CREADOR 55 nes, siguen más iempo lúcidos y ágiles, a dan más en pe de la ale a inco po ación de sus sen idos. Y si no lo hacemos, si no somos capaces de lucha , si nos al a sensibilidad o gene osidad pa a hace lo, po lo menos, que engamos la concie ncia del ye o, la conciencia de nues a qui ocación, aquella conciencia que, pa a e mina ambién con un poe a de eg egia ca ego ía, R. Tago e, dejaba exp esa en es a especie de l e anía mon ónica como un can o g ego iano: Si no es mío encon a e en es a ida, sien a yo, al menos, que me ha al ado el e e. No me dejes duda lo un solo ins an e; no me qui es de mis suei1.os la punzada de es a pena, ni de mis ho- as despie as. Mien as pasan mis días en el me cado codicio- so de es e mundo, mien as se an llenando mis manos con la ganancia co idiana, sien a yo siemp e que aún engo que hace el la go iaje. No me dejes duda lo un solo ins an e, no me qui es de mis sue- i os las punzadas de es a pena, ni de mis ho as despie as. Cuando es á mi casa ado nada y suenan las lau- as y los iso ones, siendo ya siemp e, que no e he in i ado a i. No me dejes duda lo un solo ins an e,· no me qui es de mis sueños las punzadas de es a pena, ni de mis ho as despie as.