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Los sentidos y el proceso creador

García Díaz, Sebastián

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LOS SENTIDOS Y EL PROCESO CREADOR(' ~ ) Por SEDASTI.4.N GA RCÍA DíAZ Nos hemos r eunido esta ta rde -sose gada la preo c up ac ión y huidizo el inviernopara suge rir ideas y sentimiento s s obre un t ema sole mne en exceso por su enunc iad o, pero que por eso se pre s ta a cubrir mi inte nción. Sí, nos reunimos para hablar de los sentidos , del proceso de cre ación, y, sobre todo , para hablar del hombre, de su entorno y de su dintorno. Y voy a habl ar a Espec ialistas y públi co profano , qu e tienen un carácter c omún de princip al importancia y es que son hombres tambi én, y al hilo del hombr e es como las con s id eraciones que he mos de hacer esta tard e van a ir dichas; el sen - tido teleológico de ellas está encuadrado en es ta preocupación humanísti ca , en su dob le y fecunda vertiente. De una parte porque al ser ho mbre «na da de lo humano me es ajeno», y de otra porque los hombres que hoy configuramos esta so ciedad deb em os de tener el esp íritu gene ro sa me nte dis pue s to para acog er a las nuevas promoci o nes , que vírgenes de sensaciones y de mali cia, se van incorpor a ndo con un talant e rece ptivo a la vida. Con aqu ella pur eza que qu ed a reco g ida en el tes timonio de una mujer que si ent e en poeta: Ayer , uno de enero de mil novecientos setenta y dos, a las di ez de La mañana, de cid í empezar a vivi r. Me puse un largo vestido rosa l. Conf erencia de ina ugur ación del Curso en Ja Socie dad Oftalmológica An daluza. F ebre ro 1 978. 34 SEBASTIÁN GARCÍA DÍAZ que nze llegaba hasta el al ma; con gran te rnura coloqué en mis ojos el asombro, y a punto estuve de saltarle la cuerda al corazón. Mis labios los dejé como estaban porque nada había que quitar o poner. Y así, soñándome despierta, con el temblor de saberme posible, nacida, exacta, me adherí, por vez primera, a treinta v cuatro millones de españoles. (Alicia Cid) Con estos, que se van añadiendo a los 34 millones ele espafi.oles, nosotros los que andamos por la meseta de la vida, tenemos que pone r a prueba nuestra calidad humana para hacer acogedor y estimulan te est t! mundo al que se incorporan . Hablaremos, naturalmente, de los sentidos, de la creaci ón. Hablaremos , asimismo, de un punto de referencia que yo creo necesario para encuadrar este mundo creativo, que va y viene a través de los sentidos y pasa por la emoción a la inteligencia del hombre. Y para eso recurriremos al ejemplo de algunas épocas his tór i cas anteriores, que quizás nos pueda ayudar extraordinariamente a comprender lo que va a ser la te rc era parte de nuestro co mentario : Este tiempo nu es tro , en donde el proceso de creación, de estímul o y de responsabiliz ación andan tantas veces deformados. Consciente o inconscientemente, espontánea o de forma provocada , es lo cierto que el des · equilibrio de nuestro tiempo tiene honda s raíces y quizás explicaciones biológicas. * * * ¿Estamos en un a época de crisis? No lo sé. A lo lar go de toda la hi st ori a, al hombre le ha gusta do de manera morbosamente sentida, el afirmar que la suya es una época de crisis; quizás pesaroso de la brevedad de su paso por la vida; quizá sintiendo que es c omo la flor del heno que hoy luce y mañana LOS SENTIDOS Y EL PROCESO CREADOR 35 desaparece. Por eso para clarsc autotestimonio de importancia querría ser actor, o por lo menos testi go de esas grandes crisis de giro en la historia de 1a humanidad. Recorriendo no importa qué libro de historia , nos encont ram os, a veces, con el testimonio vociferante y acre de los que han definido su época como una época de crisis. Hoy no tenemos nada más que ver la prensa diaria, la s revistas semanales, los medios de comunicación, para escuchar constantemente esta palabra: crisis. Crisis espiritual, crisis económica, crisis de los valores morales, crisis de los sen tidos. Nos llena de importancia s er tan testigos o, si hay oportunidad, tan actor es (siempre tan comparsas), de lo que pueda ser una etapa de crisis. Lo será o no; tenemos que esperar el paso de los años para ser calificados. Lo cierto es que estamos en una época convulsa, que estamos en una época de cambios radicales y perif é ricos, inadaptados a lo que A. Toffler llamaba «el shock del futuro» , y que no somos capaces de seguir con pasos de hombre esta loca carrera que fuerzas superiores al hombre han emprendido. Y desde este punto de vista creo que no nos alejamos de la realidad si afirmamos el que será discutible que nos encontremos en una época de crisis, pero creo que es evidente que nos encontramos en una perpleja época de cambio radical. En ella los sentidos siguen haciendo su tradicional función. Tres funciones principales, creo yo, sin grandes esquematismos que se le pueden atribuir a los sentidos. Una el cons · tituir la dotación perfectiva del hombre, aquellos órganos por los que el hombr e adquiere las bellezas de la creación. Es grato imaginar que al sexto día, Dios, cuando vio que todo era bueno y conveniente y bien conformado, creó al hombre y lo dotó de sentidos para que pudiera, precisamente, gozar de esta hermosura de la naturaleza y de esa perfección de la mano divina. Tenía que ser también un po e ta de nuestra tierra (mis citas de esta noche serán todas de poetas, para alejarnos un poco de la erudición científica en que nos sumergimos el resto de la semana), el que de una manera intocable recorriera los cinco sentidos, con un son andaluz y andariego: 36 SEDASTJ,{:-1 GARCÍA DÍAZ A mí tampoco me podrán quitar el son del almirez cuando la sombra corta anuncia el mediodía, el g usto del aceite en el hoyo del pan, el olor de la tierra mojada que nos caía desde los cerros, si la tonnenta rodaba sus toneles sobre los peñones de Natao, la suavidad de la barandilla del puente y la luz de la siesta sobre el verde humo de las olivas, sí, con la vida, primero no me quitan el sentido. (Juan José Cuadrado ) Una segunda función muy importante de los sentidos: el ser instrumento de comunicación. Por los sentidos se adquieren las noticias, los volúmenes, las formas, las perfecciones, se sugieren las ideas y a través de los sentidos nosotros establecemos esos puent es de comunicación con los demás, con esta gran hermandad que forma la Comunidad de los hombres. Cuántas veces el defecto de com unicación de nues tro tiempo, el de la rota soledad hirsuta del hombre, es la consecuencia de la voladura ignorante de este puente de co municac ión que sign ifica los se ntidos transitados. Aunque el hom - bre se quede vacío, hay que conse rv ar el pu ente aunque el hombre -sucede tanta s veces a lo s poetashecho puro ins trumento transmisor de las emociones y descubrimientos sal - ga de sí de tal ma nera que quede desasistido de su vida int erior: No podemos ni coger la flor de un vallado para que sea nuestra y nada más que nu estra, ni tendernos tranquilos en medio de las cosas, sin pensar, a gozarla en su presencia solo. Nunca sabremos como son de verdad las tardes, libre de nuestra angustia su desnuda belleza; LOS SENTIDOS Y EL PROCESO CREADOR jamás conoceremos lo que es una mujer en sus profundos bosques donde hay que entrar callado. Tú no nos das el mundo para que lo gocemos, Tú nos lo entregas para que lo hagamos palabra. Y después que la tierra tiene voz por nosotros nos quedamos sin ella, con solo el alma grande. (José M.ª Valverde) 37 Y por último, es evidente que los sent idos son herramientas de creación, con las que se acopia la buena madera, el cincel, el color, para que con estos materiales que van recogiendo sentido por sent ido , pueda después cuajar de forma armónica y d efinit i va una obra de cre ación . Aquí, ya valdría una diferenciación, hoy que tanto se habla de la liberación de la mujer, diferenciación esencialmente válida entre el instinto de creación del hombre , y el instinto de maternidad de la mujer. El hombre se frustra, se rompe, se traumatiza o no se logra , cuando no ha terminado de hacer pequeña obra de arte, importante o testifical, o íntima obra de _ creación; plantar un árbol, escribir un libro, ... tener un hijo en t ercer lugar. La mujer se frustra o se acongoja c uando no ha conseguido la suce si ón del hijo. En ella la especie manda más que la persona, y por eso si no llega a tener el hijo se desfigura en actividades creativas de hombre, y se desparrama generosamente en obras o personas con las que establece una tierna relación materno-filial. Naturalmente lo s sentidos con esta triple función integradora, pueden prove er una dinámica distinta y contrap u esta: Hacia la conc upiscencia, es decir al servicio de las pasiones , instintos y debilidad es del hombre. Es la solemne y bíblic a concupiscencia de la carne y de los sentidos, palabra cuaresmal y estremecedora que ha sido casi borrada de nu estro idioma coloquial cuando más presentes están s us hechos en nuestra vida rasa; porque tememos reconocer en la palabra solemne otra superioridad más, y porque a través de la con - supiscencia se desemboca en el pecado, otra gran palabra ilus - tre, tan unida al hombre co rno su propia piel, en la que el hombre resuena y se empequeñece como debajo de una bó- 38 SEBASTIÁN GARCÍA DÍAZ veda gótica. Cuando percibe que ha perdido el punto moral para identificar el pecado , y la gallardía de los gran des pecadores pa ra reconocerlo y rectificar. Prefiere huir de es as grandes palabras y tolerarse muellement e su personal significado. Y el otro camino: la dinámica de los sentidos hacia la as - cética. Hacia la regulación y disciplina de estos sentidos, hasta hacerse negar los goc es que los sentidos proporcionan. Renuncia y negaci ón consentida e impuestas en aras del ofrecimiento a un valor superior; a Dios o a una moral laica y estricta. Desde la hoya de la concupiscencia hasta la cuesta empinada de la ascética el mism o punto de partida, la capaci dad operativa dinámica de los sentidos. Se ntidos que podemos distinguir sin fiar de la anatomía en sentidos mayores; la vista y el oído, y sentidos menores, bastante más modestos que estos dos grandes jerarcas en la dotación se nsorial. Los sentidos no permanecen de una manera estática, recogiendo como pantalla cerrada las perfecciones o imperfecciones del mundo, transmitiéndolas, elaborándolas y co munic ándolas, porque los sentidos comprometen esa médula indica - tiva del hombre que es la emoción. Difícilm ente pod emos . comprender la dinámica de los sentidos sin teñirla en el acto de una emoción. Emoción que a veces es instantánea; piensen ustedes en la sensación visual y estética de un a larga y estirada verónica de Curro Romero, adelantado el pecho, abierto el compás, lento el lance y el escalofrío emocional que la acción asimilativa por el sentido de la vista produce. Pie nsen ustedes en la voz rota, con el aguardiente de la madrugada, de Manolo Caracol, en el «yayeo» del com ienzo de una sC'guirilla de «Santiago y Santa Ana», entrando por el esca lofrío del oído, transparente y fúlgido como un cuchillo de estrellas. Emociones instantánea s y ardientes. Pero la emoción comunicada por los sentidos también puede ser progr esiva; es la que se va alcanzando a base de ir s ubi endo la cota de la sensibi lidad del hombre. La vieja sabiduría de la Iglesia lo ha realizado a través de la liturgia, pues gran parte de esta liturgia , en el contexto human o, es tá encaminada a propiciar la elevación e motiva de esos se ntidos para alcanzar una fusión con Dios. P ero incluso en el propio mundo LOS SENTIDOS Y EL PROCESO CREAOOR 39 del arte, en la a rquitectura, en la pintura, nos ha sucedido al recorrer un claustro mudéjar que completa la íntima belleza del patio, y que a su vez explota en la gracia del campanario, y termina en la veleta de ese campanario, por producirnos el trance de la emoc ión estética progresiva. Y otras veces el diálogo int er ior que se establece con las páginas de un libro, llega a emocionarnos poco a poco, ante la perfección lit e raria de la página o ante la insinuación persuasiva de la idea. Estos sentidos que crean emoción de forma instantánea o progresiva van en consecuencia a lograr el sentimiento; por lo tanto el sen timiento es prácticamente inseparable del sentido, el sentimiento en el calor del arte, en la voz del pueblo, en la naturaleza. Porque como abstracción científica, el sentimiento separado del sentido quedaría casi reducido a un aparato de los que hoy funcionan -computadoras, cerebros electrónicosque son capaces incluso de acusar esas obras creativas de los sentidos pero que nunca lo serán de elaborar a través de la emoción la particular interpretación personal de aquello que los sentidos nos proporciona, porque una vez cogido en el alma el sentimiento, el sentido transmite la emo - ción, a veces de una manera, pudiéramos decir habitual, crónica, consuetudinaria, como formando parte del cortejo de las ideas, a veces de una manera densa y mantenida como ese mirarse a los ojos de los enamorados en el que difícilmente se encuentra la clave de la transmisión mutua de la emoción, en donde por fuera del tiempo y del espacio, llega a haber no solamente una concentración emotiva mutua, de un puente de vaivén, sino una enajenación mutua del mundo que Je rodea, se hace poco perceptible el correr del tiempo; ¿cuánto tiempo pasan mirándose a los ojos?, y llega a ser difícilmente perceptible también la noción del espacio, ¿en qué sitio están, transportados en la alfombra volante del amor? ¿qué máquina podrá nunca calen lar sus circuitos por una larga emoción? Pero a veces esta transmisión emotiva llega por una vibración no solamente del sentimiento, sino del alma completa en su sensibilidad, 40 SEBASTIÁN GARCÍA DÍAZ Pero yo que he sentido una vez en mis manos temblar la alegría, no podré morir nunca. Pero yo qu e he tocado las agudas agujas del pino no podré morir nunca. Morirán los que nunca jamás sorpr endieron aquel vago pasar de la loca alegría. Pero yo que he tenido su tibia hermosura en mis manos no podré morir nunca. Aunque muera mi cuerpo, y no quede menwria de mí . D ecía José Hierro en esta especie de vorágine emotiva que transm it e una alegría djfícilmente repetible. A través del sentimiento y con un material acopiado por los sentidos, se llega a producir la creación, que algunas veces irrumpe a destiempo , impensada , sorprendente. Como sorprendente es la floración (dentro de nada es primavera) de esas tímidas flores silvestres que han pasado un largo invierno sin dar testimonio de sí mismas, y que una buena mañana de principio de abril nos sorprenden con su amarillo cándido o con un azul implor ante. Es posfüle también el que estas creaciones artístic as, en personas que no tienen una dinámica elaborada de adqui sición de los sen ti dos, sea el l argo fruto de recogimiento, de interiorización , de sufrimien tos , que produz - ca la floración de la ob ra creadora, quizás ilustre ob je tiv amente, quizás solo apreciada en el parco y cordial cí rc ulo ín - timo de los inici ados. Pero otras veces, la creación es una pura elaboración de esos materiale s que los se ntidos proporcionan , es un hacer con armonía el acop l amiento de distintos volúme nes, de di stintos colores, de distintos son idos , de dis t into material, es decir, recogiendo de un a forma silente, pequeñas emociones y recuerdo s hast a después plasmarlos en una obra , a la que ya no se le puede tocar sin romper su per fección: una estatua, un a pintura , un cante, una iglesia, una pág in a. Vean ustedes en esta pá gi na de Cernud a, el desgraciado poeta sevill ano, los materiales recogidos en la niñ ez y adoles ce ncia con EVOCACIÓN DE l,,\S AZOTEAS DE C . .\o¡z 41 sensibilidad poética. Materiales que estuvieron al alcance de todos nosotros, cuando Sevilla era ciudad de patios y cielos: El segundo pr egón era al mediodía, en el verano. La vela estaba echada sobre el patio, manteniendo la casa en fres ca penumbra. La puerta entornada de la calle ap en as d ejaba penetrar en el zaguán un eco de lu z. Sonaba el agua de la fuente adorm ecida bajo su corona de hojas verdes. Qué grato en la dejadez del mediodía estiva l, en la so111no l encia del ambiente, balancearse sobre la mecedora de rejilla. Todo era ligero, flotante; el mundo, como una pompa de jabón, giraba frágil, irisado, irreal. Y de pronto, tras de la puerta, desd e la calle llena de sol, venía dejoso (tal la queja que arranca el goce), el grito de «¡Los p ejerreyes!». Lo mismo que un vago despertar en medio de la noche, traía consigo la conciencia justa pa ra que sintiéramos tan solo la ca lma y el silencio en torno, adormeciéndonos de nuevo. Ha bía en aquel gr ito un ful g or s úbito de lu z escarla ta y dorada, como el relámpago qu e cruza la penumbra de un acuario, que recorría la piel con un repertino escalofrío. El mundo , tras de det enerse un rn01nento, seguía luego girando suave - mente, giran do . Quizás, esta le nta creación por acopio de material que va seleccionándose en los sentidos, nos explique aquellas obras perfecta s, cargadas, además, de mensajes y de emoción bien transmit ida, qu e prod uc en los hombres en la madurez y en la vejez. En donde aquellos materiales, aquellos recuerdos uni - dos en el queha cer dinámico de los sentidos, no en el camino de la concupiscencia, o también en el camino de la concupiscencia arrepentida, han sido ya filtrados por el paso de los años, limpios de pasion es y de interés. Armonía , frescura y perfección sorprendentes en la obra de este hombre maduro , 48 SEBASTIÁN GARCÍA DÍAZ Es nuestro tiempo el de la supremacía de la materia sobre el espíritu. Ustedes me van a permitir que no insista sobre ello porque ahí está, en todas las esquinas de la sociedad de consumo, en todos los llamamientos al hombre , en todas la5 solicitaciones de los sentidos; es la pura sub levación de la materia y el consciente olvido del espíritu, camino de una sociedad de masas que constituye un facil rebaño para las apetencias de tipo político o material, para una economía de consumo, por mucho que en esa masa haya hombres qu e se rebelen con una dolorida sensibilidad de protesta , corno un jovencísimo poeta de nuestro s días: Estoy firmando aquí cosas y cosas: papeles de oficinas mal timbrados, sellos de urgencia, reglas y apartados, escasas vacaciones de verano, claras palabras de promesa rotas sacadas de mi puño y de mi mano . Estoy aquí , entre las viejas losas del siniestro despacho de mi vida, haciéndome más viejo y más humano. Estoy aquí sintiendo que no siento la dulce sensación de wzi partida. Estoy firmando aquí mi testamento. (Gonzalo Vázquez Rod ero ) Las gue rra s ac tuales, us te des sab en, son guerras de prestigio (la más infam e de todas las guerras) o guerras de domi - nios, o guerras económicas. No hay aquella justificación es - piritual de l as gu erras del Egipto primiti vo o del México azteca, ni aquella iluminación religiosa de las guerras de las Cruzadas. Para tomar como punto de re ferencia (ya que la inmen sa mayoría de los que estamos aqu í nos movemos en el camin o de la Medicina) la evolución desde el Hospital de la Edad Media al modernísimo, lujoso y monobloque hospital de nu estros días , que no s va a marcar bien la difer encia. Este hospi · tal funciona por necesidad de atender al depósito de alma LOS SENTIDOS Y EL PROCE SO CREADOR 49 qu e es el cuer po, en un centro absolutamente distinto, en filosofía y funcionamiento, de los qu e co nocí amos o es tudia - mos. En el hospital moderno, hoy, se nace y se muere . Casi todos los que estamos aquí h emos nacido en nuestras casas, en e lla enfermamos y pasamos las noch es de ang ustia y los d ías esp eran za dore s de la convalcc~nci<i. v en ella esperamos morir si nuestros hijos lo permi ten. Sin emb arg o, nue s tros hijo s casi todos h an nac id o en clínicas. Y cada vez es más notoria la tendencia a ir al hos p ital para nacer, para enfer - mar, par a morir, porque el espectácu lo de los úl timo s momentos no va a ser gra to, ya, en el rincón acog e dor de la casa. Por eso el hospital mo derno se ha co nvertido en un si tio de «es tar » con tinu amen te allí , y por eso hay neces idad de ca - feter ía, de tienda de flores, de tie nda de revistas, de espectácu - los, y por eso un hospital de 1 .0 00 enfe rmo s tiene dos mil personas de plantill a y quizás cuatro mil circulantes d entro del hospi tal , con un a gran so ltura y familiaridad. En el hospital difí ci lmen te se ha bla a co ta de sa nidad, sino a cota de mantenimi e nto ; y con razón , porque el cos te de un h osp i ta l moderno alcanza un as cifras tan ex tra or dinari ame nte important es que el hombr e de la socie dad ti ene que preocupar se en qué se gas t an, cómo se ga stan, cómo se pued en re du cir. Pero quizás lo más grave es qu e en el ho spita l mod erno, así como en el antiguo, la finalidad de la clave objetiva es curar al enfer mo , cons olar al que sufre . Ho y l os fines de l h ospi tal ya no son los mi smos, hay un fin socio lógico, hay un fin económico, hay un fin reivindicativo, hay un fin organi z a· dor, hay una finalidad sanitaria, por último , porque mu c has veces por este orden jerárqui co es r ea lm en te la últim a. Porqu e si nos preguntamos ¿ qui én manda en el h osp it al mod e rno?, e ra un a pregunta o bvia en el ho spita l de h ace un siglo, en el ho s pit al de hac e dos siglos, allí ma nd a ba el Supe - ri or de la Comunidad o el Mé dico Jefe del Servicio. Ho y ¿quié n manda en el hospital moderno?, ¿el sociólogo que provee la es tructura por la cua l se maneja?, ¿el si ndi cato que m ay or núm e ro de afiliados políticos ti e ne y qu e puede parar, inmisericorde, el ho sp ita l a nte un a reivindicación no atendida?, ¿la en tid ad que paga los gas to s cu antiosísi mo s de este so SEBASTIÁN GARCÍA DÍAZ hospital, y como paga, manda?, ¿los tecnócratas que cuidan un ritmo de productividad del capital en ese hospital?, ¿el médi co?. No sabemos quién manda en el ho sp ital, en el hospital moderno, en este lujo so hospital moderno, donde no hemos sustituido estructuras superadas, que nos llegaban envejeci da s de Ja Edad Media. Este tiempo nuestro , creo que tenemos que abordarlo con la misma disposición del padre, en la parábola del hijo pródigo, qu e todos en es te tiempo nuestro somos mitad hijos pródi gos pero, al mismo tiempo, desdoblándonos, somos la mitad padres del hijo pród igo. Todos hemos salido de la casa patern a a gozar del pod er creador de nuestros sentidos, y a dilapidar el poder asimilador del sentimiento, en concupiscencia y en esclav itud de nues tro s sentidos, y hemos gastado y roto esa capaci dad , esa armonía del equilibrio del espíritu y de la materia, y tenemo s necesidad <le volver a la casa pa - terna, y en la casa paterna donde estamo s nosotros, no es hora tampo co de egoístas inhibiciones recriminadoras, sino es hora de sa lir a mitad del camino a ote ar el horizonte para ver si este hijo pródigo regresa a sus raíces, para tener andada esa mitad del camino, po r si le faltaran la s fu er zas de llegar al umbral. Esta, creo yo, que es la situación anímica de este mundo desarmónico que nos toca vivir, en dond e tantas veces el des equilibrio del espíritu-materia nos hace perder el compás. Porqu e hemo s adquirido el temor de l as gran des palabras, el temor a las palabras Pat ria, a mor, hono r, libertad, verdad, honrad ez; parece ser que estas gra P..des palabras nos quedan d emas iado p esa das para nu es tro s hombro s pequeños, y definiti vamen te nos qued an demasiado p esa da s porque debemos de plantearnos la ineludible realidad de la falta de fecundidad op era tiv a de aquello que nos puede ofrecer la materia y, por lo tanto, Ja urgente neces idad de volver a las raíces, de volver a lo fecundo. Lo dice también de man e ra perfe c ta Luis Rosales: Vivir es 1•er volver. El tiempo pasa; las cosas que quisimos son caedizas, fugitivas: se van. Y esto es morir: borrarse de sí mismo, borrarnos de nosotros y sentir que se nos va secando, poco a poco, la tie- LOS SENTIDOS Y EL PROC ESO CREADOR 51 rra o la raíz donde fueron creciend o aquellas cosas que nos hacen el alma, aquellos seres que amábamos un día y a cuyo amor debe mos lo que somos. Pero vivir es ver volver. La vuelta a las raíces; la dispo sición de constituirnos en minorías, conscient es de que ha pasado el tiem po de las minorías absolutas, y ha pasado el tiempo de las minorías privilegiadas; que era irremediable que esta masificación se produjera, y que con e lla ten emos que enfrentarnos por lo menos con el mismo sentimiento de gracia desenfadada con que lo hace Jos é María Requena: De acuerdo, ya lo sé Que somos muchos y que era inevitable amontonar la vida, y perder para siempre el rasero cordial de la plazuela, y que la cal se quede como un lujo para el rela to que los viejos hagan rodeados de nietos en azoteas huidas de la tierra. En los últimos pisos de tales rascacielos sufre Sevilla ins om nios de emigrante que sufre la patria abandonada en la emoción de un patio. El arte actual se hac e com o protesta o c omo evas10n. Si comparamos en no más del siglo p asado , a quién servía el arte, nos e ncontr amos que el arte creado por los senti dos servía en gran parte a las iglesias y a los pod eres del espí ritu , y en otra a la necesidad de alimento estético en el hombre, en parte a sentimientos como el de la patria, como el del amor, o 52 SEBASTIÁN GARCÍA DÍAZ como el del honor. Hoy el arte difícilmente sabemos a quién sirve, porque en ocasiones sirve a la máquina, a la que ad e más copia de manera descarada en muchas de sus producciones, y en ocasiones no sirve a nadie, sino que se ejerce como un gesto de protesta el arte protestatario de todas las comunas , de todas l as grandes ciudades. O se cu lti va en la intimidad como una evasión consoladora ante una situación acre y agresiva del medio e xt erior. Situación que bueno es que sepamos que va a ir agravándose con las siguientes generaciones. Tengan ustedes en cuenta que de las 700.000 horas que aproximadamente que va a vivir el hombre de nuestro tiempo y el hombre de mañana, solamente va a trabajar 60.000, es decir un 6 por 100 de su tiempo; todo el resto de su vida lo va a tener para el ocio, y de esta desocupación de l ocio es evidente que pueden deriYarse más peligros que de la droga o de la fusión atómica, y, por lo tanto, el preparar a la masa a través de esta minoría, para que ese ocio pueda ser llevado con fecundidad, creo que puede ser uno de los retos que la minoría consciente se imponga. Porque no nos engañemos, estética y belleza hay, lo que pasa es que tiene uno necesidad de buscarla. Antes la belleza y la estética se ofrecían por el solo hecho de su presencia, por el solo hecho de e xtender la vista sobre un paisaje, solo por el hecho de extender la vista sobre una ciudad no especulada sobre el terreno. Y ahí estaba. se ofrecía. Ho y tenemos que buscar la belleza, tenemos que buscar la estética, pero no para complacernos de ella, sino para tratar de comunicarla a esa masa amorfa a la que de al gun a manera habrá que buscarle caminos de perfección. Es posible a la altura de nue st ro tiempo, es posible si tenemos la gracia que, po r ejemplo, han tenido los arquitectos constructores del nuevo templo de Guadalup e, en Méjico, en el «Cerrito», en dond e a consecuencia del subsu elo lacuestre se han ido hundiendo las cuatro o cinco iglesias que están en aquel «Cerrito», como popularmente le lla - man los indios que dev otos llevan sus velas y sus flores cas i todos los días. Han hecho un poco a la izqui e rda una autén - tica basílica supermoderna, de piedra volcánica, redonda, con LOS SENTIDOS Y EL PROCESO CREADOR 53 una gran cúpula llena de alardes y de audacias arquitectónicas, pero conservando unas premisas de espirit u alida d en donde la materia vuelve a estar al servicio del espíritu, en donde aquella corte humilde de indios que iban a la vieja basílica de Guadalupe van ahora a la nueva catedral de Guadalupe, porque se sienten acogidos, ellos no sabrán quizás p or qué, en definitiva, por una gracia arquitectónica que una minoría de arquitectos inquietos han sabido sacrificar a la mayoría, silenciosa pero sensible. El hombre de nuestros días vive some tido . Siempre vivió así, ya que la libertad absoluta es una utopía invocable e ingenua. P ero además de seguir sometido a sus pasiones y sentidos, nuestro contemporáneo se somete, en todos los grados, a la Ciencia, olvidando qu e una ciencia sin dominio es inmoral y peligrosa. El hombre debe estar por encima de la Ciencia, y hoy es su d eslumbrado servidor. Peor aún, gusta de condicionarse a la «técnica» en vez de utilizarla con carácter de instrumento; y cada vez más se deslumbra por la tecnología, hermana menor y artesana de la técnica, con lo que la escala de su jerarquía va en descenso. La Ciencia hoy -y no digamos la técnica y la tecnologíaes manipulada y orientada por quien paga su elevadísimo costo, es decir, por go biernos fuertes y militarizados, grandes trusts, y multinacionales del consumo. Y el hombre sing ul ar ha caído en la trampa de servir a los servidores, quedándose de tal modo a la intemperie de su pobreza, que si le suprimieran de golpe las órdenes que le conducen no sab rí a, en absoluto, utilizar su tan pregonada libertad. El vacío espiritua l no podría ser llenado por los sen tidos, que ellos previamente fueron acon dicionados para funcionar en reflejo y no en respuesta. El estruendoso mundo exterior va deformando la realidad y reduciendo la capacidad de sentimiento, desde la charla hasta la so led ad sonora. Cuenta Julio Clovio, amigo, maestro, protector y compatriota de El Greco, que un día fue a buscar al pintor a su estudi o para salir, juntos, a pasear por la ciudad. Era un día de primavera, en que el sol hacía es tall ar en el aire los colores de los gallardetes y el vuelo sensua l de las 54 SEBASTIÁN GARCÍA DÍAZ palomas de San Marcos. Al entrar en el taller, le pareció vacío. Estaba a oscuras y en silencio. Pero en un rincón meditaba el artista, junto a las ventanas cerradas, con la palma de su lar ga mano sobre los ojos: ¿Qué haces ahí -le preguntó el maestroen tinieblas, cuando toda Venecia resplandece de luz? Y el pintor respondió: Mi luz está dentro de mí. Hoy sigue habiendo hombres que tienen el alma luminos a, pero o se incomunican voluntariamente, o no encuentr an cauces válidos para ser compartidos, o no se esfuerzan en darse a lo s demás, y la tecnología vence a esta minoría quebradiza y selecta . Los sentidos nos están traicionando. Se han prestado al juego del anuncio standard , la imagen prefabricada, y la emoción a plazo fijo. Obran como porteros sobornados o aturdidos que ya no saben de qué calidad es lo que entra en la casa para enjoyada o para vestirla del uniforme gris de la masa. La petrificación del hombre medio ante la pantalla de televisión va acabando con el diálogo y la s opiniones. La enorme potencia de la música en salas y discotecas impide otra comunicación que no sea la tactil, porque hasta el elocuente mensaje de la mirada está impedido por la penumbra o dis - torsionado por los juegos de luces intermitentes. ¿Cuándo la ternura, la frase, el verso o el silencio? ¿Dónde los sentidos en armonía creadora? Siempre la esperanza de los jóvenes -cumpliendo su deber de rebeldíaque se alcen a recuperar el libre manejo de ellos mismos. Porque el hombre maduro y el añoso los necesita. Cuenta el texto bíblico, que c uando el rey David envejecía perdiendo interés por lo actual y nuevo, decidieron hacerle acompañar por una joven Sunamita, que consiguió que el rey poeta volviera a su creación e interés. Des de entonces la sunamitización -contacto y contraste habitual con jóvenessigue siendo el proceder natural de mantener en forma la mente, la sensibilidad y la capacidad de creac ión del viejo. Por eso los profesores, que por oficio tienen que luchar, dialogar, com - prender , aceptar o disentir de sucesivas promociones de jóve- LOS SENTIDOS Y EL PROCESO CREADOR 55 nes, siguen más tiempo lúcidos y ágiles, tardan más en perder la alerta incorporación de sus sentidos. Y si no lo hacemos, si no somos capaces de luchar, si nos falta sensibilidad o generosidad para hacerlo, por lo menos, que tengamos la concie ncia del yerro, la conciencia de nuestra quivocación, aquella conciencia que, para terminar también con un poeta de egregia categoría, R. Tagore, dejaba expresa en esta especie de l etanía mon ónica como un can to gregoriano: Si no es mío encontrarte en esta vida, sienta yo, al menos, que me ha faltado el verte. No me dejes dudarlo un solo instante; no me quites de mis suei1.os la punzada de esta pena, ni de mis horas despiertas. Mientras pasan mis días en el mercado codicioso de este mundo, mientras se van llenando mis manos con la ganancia cotidiana, sienta yo siempre que aún tengo que hacer el largo viaje. No me dejes dudarlo un solo instante, no me quites de mis sueifos las punzadas de esta pena, ni de mis horas despiertas. Cuando está mi casa adornada y suenan las flautas y los risotones, siendo ya siempre, que no te he invitado a ti. No me dejes dudarlo un solo instante,· no me quites de mis sueños las punzadas de esta pena, ni de mis horas despiertas.