scieee Open visual document viewer

Los cabildos y la independencia de américa

García Bernal, Manuela

Full text

Finchels ein, Fede ico: Fascismo, li u gia e imagina io. El mi o del gene al U i- bu u y la A gen ina nacionalis a. Fondo de Cul u a Económica, Buenos Ai es, 2002, 157 págs. Es e lib o, o iginado en una esis de licencia u a, in en a ealiza una ap oxi- mación al ema del nacionalismo a gen ino de la década de 1930 desde una pe s- pec i a no edosa. Muy in luido po los es udios cul u ales an de moda en los Es a- dos Unidos y po los es udios ace ca de la cons ucción de la memo ia, an de moda úl imamen e en nues o país (A gen ina), el au o se p opone analiza lo que él llama “el imagina io de la ex ema de echa en A gen ina” a a és del cul o y los mi os gene ados al ededo de la igu a del gene al José Felix U ibu u, líde del golpe de es ado que en 1930 de ocó al gobie no cons i ucional del p esiden e Hipóli o Y igoyen. La p opues a es in e esan e pe o los esul ados, lamen able- men e, no pa ecen sa is ac o ios. Un p ime p oblema lo p esen a el obje o mismo del es udio. Los análisis de i uales, ce emonias e “imagina ios” cons i uyen un campo iquísimo pa a el es u- dio de o maciones ideológicas, pe o siemp e que los mismos no sean conside a- dos en abs ac o. Es muy impo an e sabe que se dice, como se dice, y desmenu- za el ca ác e “pe o má ico” de conmemo aciones y i uales, pe o sin ol ida que an impo an e como es o es sabe quién lo dice, cuán os e an los que lo decían y quiénes e an los in e locu o es, eales o imaginados. Conoce es as a iables eque i ía un ipo de análisis y un uso de uen es dis in o de los que lle a a cabo el au o . Finchels ein nos dice muy poco de odo és o y su análisis, po lo an o, queda lo ando en el ai e. Po ejemplo, menciona ce emonias “mul i udina ias”, pe o nunca nos in o ma sob e cuan as pe sonas o maban la supues a “mul i ud”. Las ca ac e izaciones en es e sen ido de los pe iódicos nacionalis as, la p incipal uen- e en la que se basa el au o , desde luego e an sesgadas. Tampoco nos dice nada el lib o sob e las ca ac e ís icas sociales de quienes pa icipaban en es os ac os en homenaje a U ibu u, ni siquie a de los líde es con ocan es a los mismos. Po o o lado, un es udio po meno izado de ce emonias y discu sos, pa a se ú il, debe ía p es a una a ención muy cuidadosa a los ma ices y su ilezas del len- guaje y a las ensiones pues as en e idencia den o de los discu sos y de las imá- genes. Así mismo, es ambién c ucial analiza las dis in as ap opiaciones a las que se some e la cons ucción de una memo ia de e minada (en es e caso la cons uida al ededo de la igu a de U ibu u). De nue o, en és o ambién el abajo de Fin- chels ein es decepcionan e. En ocasiones, nos indica, po ejemplo, que la igu a de U ibu u e a asociada po algunos de sus seguido es a la de Mussolini (lo cual so - Tomo LX, 1, 2003 309 p ende poco), a la de Hi le (lo cual so p ende un poco más), y a la de Roose el (bas an e más so p enden e). El ca ác e apa en emen e pa adógico de es a incu- lación simbólica no es señalado po el au o y mucho menos analizado. De la misma mane a nos en e amos que la memo ia de la e olución del 6 de se iemb e e a asociada, aun po los nacionalis as más acé imos, a la memo ia de Mayo y de la ba alla de Case os, y po lo an o que la igu a de U ibu u e a inculada a la de U quiza (y ambién a la de La alle). Si es o es así, nos encon a íamos con o a apa en e pa adoja po la cual una e olución hecha supues amen e en con a de los p incipios del libe alismo e a simbólicamen e cons uida como una con inuación de la línea his ó ica que le dio o igen. Es a comp obación eque i ía algún ipo de análisis que el au o ampoco lle a a cabo. Finalmen e, o o p oblema inculado con el pun o an e io es un acha a- mien o de las ca ego ías. Finchels ein habla de “nacionalis as”, “conse ado es”, “ ascis as” sin ma ices de ningún ipo, como si se a a a de bloques homogéneos po el simple hecho de que compa ían una iden idad o mada al ededo del mi o de U ibu u. El lec o puede sospecha que es a necesidad de gene a es e cul o a U ibu u como “mi o uni icado ” esconde, sin emba go, la imposibilidad de log a una unidad basada en undamen os más i mes, incapacidad que ambién es sosla- yada po Finchels ein. En suma, se a a de un lib o o iginal en su pun o de is a pe o que no log a cumpli con los obje i os que se p opone.—MARIANO PLOTKIN. González, Elda; Mo eno, Al edo, y Se illa, Rosa io (eds): Re lexiones en o no a 500 años de His o ia de B asil. Edi o ial Ca iel, Mad id, 2001, 287 págs. Es amos an e una ob a in e esan e pa a la his o iog a ía española sob e B a- sil. Desde su p opia génesis, mues a su ele ancia; su ge en el in e és de es his- o iado es españoles po o ganiza un cong eso que conmemo e los 500 años de la his o ia del B asil. Si bien es a his o ia y la española ienen pun os en común, como mues an los abajos compendiados, B asil es la g an desconocida en la his- o iog a ía española sob e es udios ame icanos. Po ello el í ulo es ace ado, es odo un homenaje a la desconocida his o ia de ese país, que, de paso, con apone un é mino polí icamen e an inco ec o pa a los in elec uales españoles como es el é mino “descub imien o” po el de “his o ia”. Uno de los mé i os de es as “ e lexiones” sob e la his o ia b asileña, eside en su in e disciplina iedad. B asil se analiza no sólo desde la His o ia, sino am- bién desde la An opología y la Li e a u a. Además, la mayo ía de los au o es pe - enecen a escuelas his o iog á icas an di e en es como la po uguesa, la española, la i aliana, la b asileña y la no eame icana, lo que pe mi e e los dis in os en o- ques y emas de in e és de las co ien es a las que pe enecen. Po si ue a poco, es amos an e las ob as de his o iado es de B asil an impo an es como los b asi- RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS Anua io de Es udios Ame icanos 310 leños José Mu ilo de Ca alho y Bo is Faus o y los no eame icanos como S ua Schwa z y He be Klein, acompañados del po ugués Eugenio Dos San os, la i a- liana Chia a E angelis a y los españoles Elda González (además de su pa icipa- ción como inspi ado a de la idea de es a edición), Ra ael Vallada es y Manuel Lucena, en e o os. El obje i o que impulsa es a di e sidad de en oques, así como de emas y épocas, es abo da hechos, pe sonajes y enómenos que ayuden a “ e lexiona ” sob e momen os muy signi ica i os en los quinien os años de la his o ia b asileña, desde la e apa colonial has a el momen o p esen e. En algunos es udios se obse - a además el in e és implíci o po e ela las conexiones e in e acciones en e la his o ia b asileña y española a lo la go de ese iempo. En los p ime os siglos del pe iodo colonial, se nos mues a la isión de B a- sil en España, en e las éli es polí icas del siglo XVI, a a és de los documen os que p odujo (Visiones españolas del B asil quinien is a, de Ma ía Jus ina Sa abia) y en la sociedad del siglo XVII, a a és de la li e a u a (B asil en la li e a u a española del siglo de o o, de Consuelo Va ela). Un in e és más bien cen ado en el po encial de sus e i o ios y las ansias impe iales de los gobie nos, aunque am- bién nacido de la admi ación po su abundancia y belleza. Sob e la his o ia b asileña del siglo XVIII descub imos nue os análisis de las ca ac e ís icas de la dominación po uguesa, en su compa ación con el caso español (La imagen de la on e a del B asil colonial, de Manuel Lucena) y en su in e acción con la conquis a española (Opulencia y “gue a len a”. Los b asiles en el iempo de los Aus ias, de Ra ael Vallada es), así como la ac i a espues a que p o ocó en e algunas comunidades indígenas (Con ines polí icos y elaciones in e é nicas..., de Chia a E angelis a). De épocas más ecien es se nos e elan nue os de alles sob e la elación en e cima ones y escla os en B asil (T abajo, e nicidad y esis encia. Es ibado- es del pue o y cima ones en la malog ada ebelión de los escla os bahíanos, de S ua Schwa z) y sob e el pensamien o de algunas pe sonalidades en su lucha po la Independencia de B asil (Moniz Ba e o e o mo imen o independen is a b asi- lei o, de Eugenio Dos San os). En la época con empo ánea, encon amos e lexiones in e esan es sob e los pila es y p oblemas en la cons ucción de la ac ual sociedad b asileña: como comu- nidad nacional imaginada (Nación imaginada: memo ia, mi os y hé oes, de José Mu ilo de Ca alho), a iculada en o no a la eligión (Iden idad y eligiosidad en B asil, de Fe nando Giobellina), compues a po dis in as comunidades de inmi- g an es (Iden idad y ep esen ación colec i a de un g upo inmig an e: los españo- les en Sao Paulo. 1950-1970, de Elda González) y e nias (Unas palab as sob e el 23 de ab il, de Osca Cala ia, que a a iesa ans o maciones sociales y económi- cas desiguales (Mudanças economicas e sociais no B asil (1980-2000), de He be Klein y F ancisco Vidal). Pa a es e pe iodo his ó ico Bo is Faus o (O pensamen o au o i á io no B asil (1920-1945) con ibuye con un es udio de eno me calidad en HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LX, 1, 2003 311 el que in en a des ela la na u aleza del pensamien o au o i a io en el B asil del siglo XX. Es á cla o que la olun ad de es a edición po mos a una isión pano ámi- ca de los quinien os años de his o ia b asileña dis a del obje i o de o as edicio- nes c eadas en o no a una emá ica o en oques conc e os. Po ello sólo señala e- mos la apo ación de algunos a ículos en algunas co ien es o p oblemá icas his o iog á icas. En es e lib o encon amos buenas con ibuciones a la His o ia Social, pa a las épocas colonial y con empo ánea. Den o de la academia no eame icana, cen a- do en los es udios coloniales sob e la escla i ud, y con ibuyendo, una ez más, a la esc i u a de una e dade a His o ia Social, S ua Schwa z p esen a el caso de la ebelión de los escla os bahianos de 1814 pa a mos a las has a aho a desco- nocidas conexiones en e dos emas cla es en es os abajos: las comunidades de escla os ugi i os y las ebeliones u banas, e isando la clásica di isión é nica es ablecida en es as o mas de esis encia a la escla i ud. Uno de los g andes emas en la his o iog a ía con empo ánea es la on e a (en su sen ido que supe a lo geog á ico). Den o de esa co ien e, Chia a E angelis- a a a de mos a el dinamismo de las elaciones in e é nicas en la época colonial gene ado po los g upos indígenas y sus dis in as es a egias ac i adas en la on e a po uguesa y española en con aposición a una isión de las comunidades é nicas como obje os pasi os. Po su pa e, Manuel Lucena e isa los análisis compa a i os ace ca de las ca ac e ís icas de la dominación po uguesa y la española, es a ez pa a cues iona la clásica ca ac e ización que ma ca eno mes di e encias espec o a la o ma, de ambos impe ios, de concebi y gobe na sus con ines polí icos. O o de los emas, cada ez más ele an e en la His o ia Social, es el enó- meno mig a o io. Elda González, con inuando su la ga ayec o ia p o esional en es e e eno, apo a una nue a isión en el análisis de la inmig ación en B asil, supe ando los lími es nacionales, pa a esboza un ema poco abajado has a aho a, la p esencia cul u al de las comunidades en la cons ucción de la nación b asileña. En el núcleo de la His o ia Polí ica encon amos los abajos de los b asileños Bo is Faus o y José Mu ilo. Faus o p esen a una e isión en la in e p e ación del au o i a ismo b asileño con empo áneo, omando como e e encia las ob as de algunos in elec uales b asileños de la época, pa a e lexiona en o no a las ca ac- e ís icas y di icul ades que en aña di e encia en e au o i a ismo y o ali a ismo. Po su pa e, Mu ilo p opone un in e esan e análisis de la cons ucción de la nación b asileña, desde su compa ación con la es adounidense, ubicándolo en la pe spec i- a c eada en los ecien es es udios no eame icanos sob e globalización, en conc e- o en una de sus emá icas cen ales, la e isión del ínculo en e es ado y nación. Los nue os en oques de la His o ia Polí ica son conside ados po Ra ael Vallada es pa a la época colonial, pa a abo da un pe iodo poco analizado en las escuelas his o iog á icas po uguesa, española o b asileña: cuando la sobe anía de los e i o ios b asileños pasaba empo almen e a manos del Impe io español, pa a RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS Anua io de Es udios Ame icanos 312 mos a la di e sidad de si uaciones, de “b asiles” que con i ían en esos e i o ios y con ello p o undiza en sus múl iples elaciones con España y Po ugal. La p oducción de es os his o iado es que ecoge es e lib o ealmen e con i- buye a la a ea de e lexiona desde la his o iog a ía española, sob e los ya más de quinien os años de his o ia de B asil; al ez, además pueda cumpli el obje i o de amplia la bibliog a ía española sob e es e país an desconocido en España.— MARÍA ASUNCIÓN MERINO HERNANDO. G uzinski, Se ge: The Mes izo Mind: The In ellec ual Dynamics o Coloniza ion and Globaliza ion, Rou ledge, New Yo k and London, 2002, 266 págs. Es e lib o de Se ge G uzinski (Ecole des Hau es É udes en Sciences Socia- les, Pa ís), úl imo que sepamos aducido al inglés, sigue al pie de la le a los én a- sis del espí i u y las pau as ya ma cados en su abajo al ez más impo an e has a la echa, que sigue siendo a nues o pa ece The Conques o Mexico: The Inco - po a ion o Indian Socie ies in o he Wes e n Wo ld, 16 h-18 h Cen u ies (Cam- b idge, Poli y P ess, 1993), e sión ab e iada de su esis doc o al de endida en 1986. Señalo po lo an o aquí que me emi o a es as aducciones b i ánicas de es e quehace in elec ual en ancés y aquellos que se manejen con sol u a en las es lenguas pe inen es, con la inclusión de és a que es oy usando aquí, me pond án a buen segu o en el si io que me co esponde. Los emas a o i os de G uzinski siguen es ando p esen es: la p io idad de las o mas in ec uales a caballo en e Eu opa y Amé ica den o de los o dena- mien os occiden alizan es de mediados del siglo XVl en adelan e, una p edilección po la c ea i idad de g upos ame indios di ec o es, y un én asis en las coexis en- cias de apa en es opues os, unido a la ei indicación (la ino-)ame icanis a de mez- clas desiguales e hib idizaciones incomple as asen adas en la ci cuns ancia his ó- ica del con inen e ame icano. El e i o io p o esional de G uzinski es la Nue a España de la segunda mi ad del siglo XVl. No se oca mucho el pe íodo de la Ilus- ación o los siglos pos e io es. Po lo que se sugie e una especie de e o no del XXl a las condiciones de mo ilidad a ís ica del XVl. Lo mejo de The Mes izo Mind iene que e con la econs ucción de algunas de las suge en es imágenes de es e ho izon e colonial, la “hija bas a da” de odas las adiciones (nacionales o nacionalis as), según ce e a exp esión de Oc a io Paz (y es o nos sigue pa ecien- do álido pa a Eu opa, Amé ica La ina y no digamos los Es ados Unidos). Es e mes izaje no “cabe” cómodamen e en ningún lado. Y se a a p ecisamen e de eso, de que no quepa. Nos las habemos, po an o, con un in en o más, y un in en o impo an e, po ei indica el legado del Renacimien o indiano; si bien nos pa ece que The Mes izo Mind más que p o undiza en los hallazgos cie amen e impo - an es de The Conques o Mexico, cae al ez en cie a acilidad de esc i u a o pen- HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LX, 1, 2003 313 samien o. Y siemp e imaginamos que se pueden achaca algunas de es as culpas a los aduc o es y a los ab e iado es b i ánicos. Explicamos seguidamen e algunas de es as i udes y posibles de iciencias. Lo impo an e, digámoslo cla amen e, del abajo de G uzinski es la sosega- da econs ucción de algunos aspec os sob esalien es de los p ocesos his ó ico-cul- u ales de mundos coloniales en ans o mación u occiden alización. El mejo G u- zinski es el que se ace ca con genuina cu iosidad in elec ual, po ejemplo, a la c ónica del anciscano Mo olinía, a las pin u as mu ales de los monas e ios de Ixmiquilpan o Acolman, o las isualizaciones manie is as del Codex Flo en ino de Sahagún o Diego Du án, o la Re ó ica C is iana de Juan de Valadés y ex ae de és as una is a de de alles. F agmen o o de allismo es modalidad de lec u a y esc i u a pa a G uzinski, que se encuen a siemp e más suel o en es as dis ancias co as. Las mi as la gas son o a cosa. G uzinski quie e p ac ica la desc ipción, el de allismo. Su mi ada busca lo i alianizan e, lo g o esco, lo a cano. Hay algo en es a in es igación que busca imi a en su misma o ma el gus o a ís ico in e na- cional de es a segunda mi ad del XVl, el manie ismo. Hay un modus ope andi mic oscópico de cie o uso o namen alis a que cen a el de alle o agmen o en el pun o de mi a del lec o . Y al menos yo echo en al a el uso del elescopio que acompañe, con un igo oso impulso con ex ualizado y analí ico, algunas de es as econs ucciones pa ciales y las ace que a una o alidad u ho izon e social. Hay que no a que se ep ime, especialmen e en las no as al inal del capí ulo segundo, una cie a pulsión polémica con algunos sec o es de la academia no eame icana. Se nos an ojan és as li ianas y poco con incen es. La misma edición llena de colo e imagen de Rou ledge, a mane a de lib o de egalo, no un nomb e inmedia amen- e asociado con la Amé ica hispana an e io a la Ilus ación, pa ece no p opicia una se ie de in e cambios polémicos. En odo caso, G uzinski no “juega” a la con on ación “an i-occiden al.” Su oz se puede ca ac e iza al ez de “pa a-occiden al,” en endiendo el p e ijo como modulación con as i a de la oz de un al o con espec o a la oz del eno (la con- ención de la adición his o iog á ica, occiden alis a, a ancesado cen amien o en Eu opa, e c.). Incómodo con cie as con enciones, G uzinski no duda en mani es- a un epudio cla o po cualquie ipo de ase e ación ue e, o esencialismo, y ambién po odo bina ismo, maniqueís a o no. “Mes izo” es en onces imagina io haz, lujo y e lujo, ai enes, ans o maciones apa en emen e disol en es de con- lic os no-dialéc icos de cualquie ipo. Es a modalidad de lec u a sólo se puede llama “indigenis a” (i.e. ame icanis a) siemp e que se pongan muchos ma ices. Si bien no hay un ue e empeño con ex ualizado (el con ex o ancés no eme ge explíci amen e pa a nada, el peninsula muy de elón de ondo, el mundo anglo- sajón a ambas o illas del A lán ico es p ác icamen e nulo sal o el la en e a o géli- do an e io men e mencionado). No es, en ningún caso, una lec u a que quie a anscende un occiden alismo o “pos -colonialis a.” Se a a, en el caso de G u- zinski, de ei indica los p ocesos signi ica i os pa a un hoy y un aquí de mundos RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS Anua io de Es udios Ame icanos 314 subo dinados a la ma cha de la his o ia de un Occiden e, cuyo ho izon e es á ién- dose some ido a ue es con ulsiones geopolí icas desde el 11 de Se iemb e del 2001 en elación a las o es gemelas de Nue a Yo k. G uzinski no busca el acia- mien o de la adición occiden alis a, sino una co elación de mundos pa alelos a és a. ¿Cómo ei indica pa a la ida del pensamien o es as A lán idas sume gidas? ¿Cómo no cae en el coleccionismo banal de p ác ica de an icua io al espec o de los “pe dedo es” de los con lic os his ó icos? ¿Qué hace con los hallazgos in e- lec uales de odos los des a o ecidos de las his o ias o iciales? ¿Cómo son eí con- incen emen e al es a ubicados en los aledaños más o menos iluminados de las cambian es es uc u as impe iales de aye y de hoy? ¿Cómo da o ma a las ané- monas de es a apa en e in ahis o ia? Complicadísimas p egun as que G uzinski con es a con los posibles sinónimos de mes izaje: hib idez, sinc e ismo o incluso caos, “mélange” en ancés y al ez “bochinche” en español a gen ino. Es deci , “mes izo” end ía a se la bonanza de los p ocesos de colonización, y como al odo es odo lo con a io a la apa ía y el dis anciamien o, la seg egación o la pu i- icación, sea de cue pos, men es, lenguas, imágenes, e c. Pa a G uzinski, és a es la esencia de la lección his ó ica de Amé ica al mundo. The Mes izo Mind cons a de es pa es, “Mélange, Chaos and Wes e niza- ion;” “Mes izo Image y” y “Mes izo C ea i i y.” Cada una de és as incluye cua o capí ulos y cada uno de és os incluye a su ez un conjun o de iñe as mayo men- e desc ip i as. No hay una se ie de obje os his ó icos que G uzinski lea con o den. Ni un o den ni una se ie ijos. No pa ece impo a le es a ca encia a es e au o ancés de o igen polaco. Se puede habla de “obje os e anescen es” en la medida en que és os son aídos y lle ados cuidadosa y agmen a iamen e po una lec u- a imp esionis a. Decimos e anescen e en el sen ido de que la endencia es a des- ma e ializa y a desocializa , incluso a apa a la ins i ucionalización de dichas imágenes de las éli es no ohispanas y a és as de unos mecanismos de ubicación socio-his ó ica y sol a los así a p ocesos de globalización. Se puede llama así la lec u a de G uzinski o namen alis a, de pica lo . Nos ecue da a menudo los esc i- os de Wal e Pa e (1839-1894) sob e el Renacimien o i aliano y los elogios de és e de Osca Wilde (1854-1900). El lec o se encon a á con isiones agmen a- ias y de allismos, imp esionismos y conexiones un an o g a ui as, ilig anas, especulaciones sicologis as, endencia a deja se lle a po un gus o de ciné ilo con au o es de la alla de Pe e G eenaway, Takeshi Ki ano, La s on T ie o Da id C onenbe g. Y es e modo de p ocede iene sus i udes y sus de ec os. En e las p ime as, el mimo del de alle, el p eciosismo, cie o li ismo. En e los segundos, el desin e és po la ausencia de es uc u a social de dichas ap eciaciones den o de unos imagina ios de ai én o mezclas, y cie a desubicación de los hallazgos o la excesi a con inuidad en e la he e ogeneidad del XVl no ohispano y noso os aquí en el XXl en Eu opa o Amé ica. Lo mejo de The Mes izo Mind es, al menos pa a noso os, una ec eación, siquie a pa cial, de ma e iales isuales, especialmen e de pin u a mu al de segun- HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LX, 1, 2003 315 da mi ad del siglo XVl en las Indias Occiden ales. El lib o con iene cie a exube- ancia de e e encias de “p oduc os cul u ales” en c onologías dispa es, con ex os disímiles, modalidades apa en emen e inconexas. Cada capí ulo comienza con una is a de ci as de épocas y au o es a iopin os. Algo de es a p o usión mane is a gus a y no gus a. Lo cie o es que es e quehace académico quie e se undamen- almen e “es é ico” (y juguemos a e le a ios ángulos a es e adje i o). Se cae po ello en cie o p eciosismo de me a conexión ci cuns ancial que no ilumina en e - dad ninguno de los ámbi os de la conexión o los dos elemen os anudados po la compa ación. Uno se puede p egun a qué an o se en iquece la sensibilidad his ó- ica con la yux aposición momen ánea de The Pillow Book de G eenaway y las pin u as mu ales de Ixmiquilpan, en elac ual es ado de Hidalgo, del XVl. Salgo de la lec u a sin encon a una espues a con incen e. Pe o G uzinski, c eemos, se gus a pensando y esc ibiendo así. Y es que el signo “mes izo” pa a G uzinski es en esencia la u opía no e e na del o o lado de la no ma i idad impe ial. El signo “mes izo” es lo o o ag adable de lo desag ada- ble del impe io, pe o ce cano, ce cado y pene ado po és e. “Mes izo” es lo (la i- no-)ame icano au óc ono, lo “no-eu opeo” pe o signi icado globalmen e siemp e den o de ma ices hegemónicas de signi icación eu océn icas. “Mes izo” es nudo y mezcla de cue pos a iopin os, lenguas no homologadas, he menéu icas a adas po el yugo colonial, imágenes pa idas, pun os apa en emen e desconexos de e e- encia i egula , adiciones que apa ecen y desapa ecen (pág. 129). ¿Desde cuán- do y po cuán o iempo?, es una p egun a incómoda que G uzinski no se hace. The Mes izo Mind se desdice así mismo de causalidades y eleologías. Hacia una cie - a endencia a descuida echas y a oma se geog a ías un an o a la lige a. La edi- ción de Rou ledge p opicia cie amen e algo de es o. La palab a “capi alismo” como ma co de e e encia que da cabida a lo semió ico no es á cla a. No hay un in en o po conjuga dimensiones económicas o ju ídicas a es os p ocesos de mes- izaje. Y no hay un empeño po econs ui las hib idizaciones de unos g upos sociales en pugna con las hib idizaciones de o os. Es di ícil, po an o, imagina - se el “juego social” de es os p oduc os manie is as en el XVl, pe o ambién cómo se las ha ingeniado pa a alcanza los b o es oda ía incie os del XXl. The Mes izo Mind “sal a” con excesi a acilidad hacia adelan e y hacia a ás cien os de años y, como ga o con bo as, eco e, den o de modalidades isuales, a ios con inen es. En algunos momen os G uzinski casi ningunea el espacio- iem- po de colec i idades en e as de mue os. ¿En qué se asien a es a con inuidad si no hay en The Mes izo Mind nada equipa able a la ma iz uni e salizan e del C is ia- nismo pa a el ho izon e his ó ico o icialis a del XVl? O namen alismo es p ecisa- men e es e epudio (pos -es uc u alis a, pos - o malis a) de ma iz uni e salizan- e, sea és e el que sea. ¿Y cómo es que la hib idez po encia cie a sub e sión en e a la o odoxia eclesiás ica? ¿Cuál es el con enido o unción social de la men e mes- iza? Es o es algo que no sabemos. Es como si la especi icidad de es é ica manie- is a-indiana del XVl se clonase, sin a isos p e ios, en una mul iplicidad de ubi- RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS Anua io de Es udios Ame icanos 316 cuas c ia u as híb idas, den o de o os o ma os audio isuales que apa ecen en imp e is as geog a ías plane a ias achicadas en el espacio y el iempo en el XXl. De epen e, y sin que e hace un chis e ácil, odos somos mes izos, odos somos híb idos, y odos somos manie is as o ba ocos y una cie a exube ancia de imá- genes disconexas y apa en emen e incong uen es pa ece es i a se, a mane a de chi- cle concep ual, ue a de oda his o ia, g upo social e in e és polí ico, ubicación geog á ico-espacial, e c. Es e “sal o,” e idenciado po las abundan es e e encias ílmicas, es epe ido nume osas eces y se nos an oja casi alocado y sin ed. La na u aleza globalizada del mundo con empo áneo se na u aliza manie is a. Y es o no lo quie e explica o no lo sabe explica G uzinski. Es como si el au o hubie a obedecido al edi o que le ha suge ido que esconda, den o de un me cado anglo- pa lan e, eso del siglo XVl, po que ende poco y mal, y hable en su luga de glo- balización, que es ema de moda. O al ez sea al e és y el edi o desobedeció los consejos del au o que le dijo que suje ase más po la cola his ó ica la segunda mi ad del siglo XVl. O al ez hubo un poco de ambas opciones. A di e encia, po ejemplo, del uso de “mes izo” en au o es impo an es como Valen ín Y. Mudimbe (1941- ) o au o es ca ibeños de los que G uzinski se dis an- cia (pág. 20, no as inales 10, 12, 13, 14, 43, págs. 211-3), “mes izo” aquí es lo que se escapa de la iloso ía, es “gus o g o esco” (págs. 110-20, 121-8) en e medias del maniqueísmo c is iano y mundos il ados po un Occiden e colonizado (págs. 116, 120, 125, 127). ¿Qué se ía lo “no-mes izo” en es e con ex o?, es una p egun- a muy in e esan e que G uzinski no se hace. Mes izo quie e deci undamen al- men e la mezcla desigual en e un Occiden e expansi o (o una o odoxia) y un no- Occiden e (o he e odoxia) más o menos ecep i o, esis en e, adap able, e c. Mes izaje es capacidad in e gene acional de sín esis, al menos has a cie o pun o, más bien acul u ación de o mas “indígenas” ame icanas hacia algo o o p esumi- blemen e más ico que Occiden e. Se a a en de ini i a de supe i encia de unas modalidades ame icanas den o de unas hegemonías eu opeas, siquie a pun ual o con ingen emen e. No hay sín esis hegeliana. El inal es, pa a G uzinski, cla amen e de debili amien o de posiciones de esis encia, o cie a anscul u ación de o mas dispa es se adelgaza, se debili a. El Occiden alismo es el encedo . Mes izo es en de ini i a el in e egnum ideal pa a unas p ime as gene aciones indianas de éli e den o de una con luencia de mundos dispa es. Se a a en onces en The Mes izo Mind de en e ene desde el pun o de is a de his o ia de las ideas es a coexis encia dispa de encon adas isualizaciones in elec uales. Se iende a debili a así odo lo con lic ual, lo que duele de la his o ia. La lec u a de nues o au o es cu iosamen e más canclinesca que co nejo-pola iana, quien no es á incluido en la bibliog a ía. No se egis an o as e e encias de c í ica de cie o ago amien o de es e discu so de p i ilegio de hib idaciones. Los pelig os de odos los llamados a la pu eza o no ma i idad de sang e, len- gua, colec i idad, e c. se sol en an aquí así con es a ein indicación, a modo de conju o, de odo lo con a io: las mezclas, las “impe ecciones,” las “con usiones” HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LX, 1, 2003 317 desigualdades y con as es, a aigados muchos de ellos en su his o ia y escasa- men e es udiados de esa o ma has a hoy. O o en oque, muy conec ado con el ac ual deba e sob e la his o ia de Méxi- co y sus di e en es líneas de análisis, es el e e ido a la pe iodización, que aquí ompe con las di isiones c onológicas adicionales (secuencia po siglos, dinas ías españolas, echas conquis a/colonización/ e o mas/ independencia/libe- alismo/ e olución ...). Incluso hi os an p o o ípicos de es a nación como las echas de 1810 (p ime a e apa de la Independencia) y 1910 (inicio de la Re olu- ción Mexicana), son analizados como pa e de pe íodos más amplios. La p ime a, den o del capí ulo 5, i ulado “Deses abilización y agmen ación, 1770-1867” y e e ido a casi un siglo, is o como la up u a del monoli ismo colonial, desde los cambios polí icos y económicos del einado de Ca los III a la República libe al es- au ada —época és a úl ima que Hamne conoce bien—, con e apas an di íciles como la Cons i ución gadi ana de 1812 y su acaso en elación con los e i o ios ame icanos, la gue a México-Es ados Unidos, la in e ención eu opea y el impe- io de Maximiliano. Las e o mas en si mismas son el eje de es e capí ulo, po encima del paso de colonia a nación. Respec o a 1910 como echa de comienzo del p oceso e oluciona io, an impo an e pa a la his o iog a ía mexicana, apa ece igualmen e en es a ob a den- o de un p oceso más amplio, bajo el epíg a e “La econs ucción, 1867-1940” (capí ulo 6), en el que el análisis de los cambios y p oblemas económicos ecibe un a amien o p o undo al e e i se a los años decimonónicos. Sin emba go, en el es udio de la Re olución Mexicana en e 1910 y 1940, la secuencia polí ica ecu- pe a p o agonismo an e ese é igo de cambios, a eces llenos de iolencia, que se cie a con el paso a la denominada “ e olución ins i ucionalizada”. El capí ulo 2 —“La e a p ecolombina”— eco e las di e sas cul u as si ua- das en e i o io mexicano: olmecas, mayas, ol ecas,mix ecos y zapo ecos y, inal- men e, los az ecas. El ace camien o a la his o ia de los indios mesoame icanos an es de la llegada de los españoles in e esa al au o , que e leja las dudas y p o- blemas exis en es en el es udio de esa época, po las di icul ades de las uen es y la c onología. Los capí ulos 3 y 4 se cen an en el análisis de la colonia bajo los Habsbu - go y los p ime os Bo bones. Necesa iamen e sin é icos, siguen la e olución del colonialismo español, con especial a ención a emas como la imposición del c is- ianismo y la de oción a la Vi gen de Guadalupe desde el siglo XVII (como expo- nen e de un mundo mes izo e indígena que desa ollaba sus p opias líneas en lo social, cul u al y, po supues o, eligioso), la o ganización económica y nue a- men e la p esencia indígena y sus p oblemas, desde la incidencia de las epidemias a los cambios impues os po los españoles, que deses abiliza on esas cul u as p ehispánicas. El úl imo capí ulo, cen ado en el odopode oso PRI y su pe manencia en el gobie no, in e elaciona la polí ica con los al ibajos económicos de es e país, lle- RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS Anua io de Es udios Ame icanos 324 gando has a las úl imas elecciones p esidenciales, que signi ica on el in de ese la go pe íodo p iis a y la llegada al pode de Vicen e Fox, del PAN. En esas pági- nas se analizan emas an ac uales como la c isis, la iolencia pa idis a, los cam- bios económicos, las elaciones in e nacionales y, po supues o, la suble ación zapa is a en Chiapas. El ac ual sexenio queda así abie o a los análisis pos e io es. La alo ación de las cues iones económicas, las di e encias en e campo y ciudad, la impo ancia de lo nacional y sob e odo del indígena como elemen o humano cla e de la República Mexicana, jun o a esos en oques o iginales en la dis ibución del lib o, son emas suge en es que hacen de es a His o ia de México un lib o in e esan e y a ac i o pa a odo ipo de lec o . Una buena aducción del ex o o iginal inglés (A Concise His o y o Mexico, Camb idge Uni e si y P ess, Camb idge, 1999), hecha po Ca men Ma ínez Gimeno, 51 ilus aciones en e láminas y mapas y un de allado índice analí ico son alo es añadidos. Como es ecuen e, se epi e el allo de una bibliog a ía incomple a en lo que a his o iado es españoles se e ie e, más aún eniendo en cuen a que es amos an e una edición hecha en Mad id y di igida al lec o español. Sólo se incluyen dos lib os —de au o es an amosos como Oc a io Paz y Ca los Fuen es, e incluso el de es e úl imo es el que apa ece al comienzo del lib o que eseñamos como esc i- o en México en 1995— publicados en España. C eemos que es a edición españo- la me ecía una ac ualización —quizás ampliación— bibliog á ica, asequible a ese público más amplio al cual a di igida es a ob a.—M.ª JUSTINA SARABIA VIEJO. Loba o, Mi a Zaida: La ida en las áb icas. T abajo, p o es a y polí ica en una comunidad ob e a, Be isso (1904-1970), P ome eo Lib os / En epasados, Buenos Ai es, 2001 333 págs. La inmig ación, la indus ia de la ca ne, Pe ón, el pe onismo, se des acan en e los ópicos que cimen an las in e p e aciones más di undidas sob e la A gen- ina del siglo XX. En es a ob a, Mi a Z. Loba o de ela has a qué pun o son, sin emba go, emas que oda ía o ecen un as o campo de explo ación, undamen al- men e en lo que a iene a la complejidad de sus en ec uzamien os. Es as y o as cues iones de p oyecciones sociales y polí icas no menos signi- ica i as, como el mundo del abajo emenino, la e olución de las p ác icas sindi- cales, la p esencia del comunismo o las pau as de uncionamien o de las indus ias igo í icas, son abo dadas en es a ob a a a és del ema de la ida en las áb icas de Be isso en e 1904 y 1970. La elección de es a pequeña localidad de la p o in- cia de Buenos Ai es que nació y c eció en o no a una ac i idad económica p edo- minan e, al aco a las dimensiones espaciales y empo ales de la in es igación, ha pe mi ido ab i a ias líneas de indagación simul áneas. Pe o es a elección ha supues o, además, una apues a in e p e a i a decididamen e más amplia, en an o Be isso no sólo ue una caja de esonancia de los p oblemas que a ec a on al con- HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LX, 1, 2003 325 jun o de la A gen ina, sino que u o un p o agonismo des acado en las mo iliza- ciones de oc ub e de 1945, que lle a on a Pe ón al pode . La ob a se inicia con un ela o en p ime a pe sona, que desc ibe las sensa- ciones expe imen adas po la au o a al eco e los es igios que quedaban, al p o- media los años ochen a, de la comunidad del abajo de Be isso. La p esen ación de la escena an icipa el ono melancólico que luye de los es imonios o ales que a man en pa e la u dimb e del ex o, una melancolía que no ocluye el ecue do de las di icul ades y las ensiones de la ida pasada. Loba o indica que el ecu so a es imonios o ales pa ió de la in ención de da oz a los sin oz y supli el silencio de las uen es esc i as, pe o que el abajo con “g upos de eco dación”, es o es, con homb es y muje es eunidos po a inidades é nicas o comuni a ias pa a “ eco da jun os”, le die on la posibilidad de ad e i cie os sín omas, como el silencio, que emi ían a ensiones polí icas y cul u ales. Es os sín omas le pe mi ie on una ap oximación más ma izada, y po lo mismo más ica, de ese pasado. La con on ación con una ex ensa y a iada gama de es- imonios esc i os e iconog á icos, en e los que se des acan especialmen e los a chi os de áb ica, comple a la u dimb e de ese ace camien o. La p ime a sección de la ob a iene po obje o al escena io y a los p o ago- nis as de es a his o ia. La p esen ación del ema de la cons ucción de la comuni- dad y el a amien o de la cons i ución y ede inición de iden idades, en o no a los cuales gi an algunas de las hipó esis cen ales del abajo, da paso al análisis de las emp esas igo í icas, des acando la singula idad de sus pau as o ganiza i as y labo ales espec o del uni e so indus ial a gen ino. La econs ucción de las plan as igo í icas a a és de uen es emp esa ia- les, planos, o og a ías, es imonios o ales y icción li e a ia de ine un campo de explo ación signado po el con as e en e los mode nos c i e ios de acionalidad aplicados a la p oducción y la ma e ialidad b u al del abajo con la ca ne. La luc- uación de los ciclos p oduc i os y el p edominio del abajo no cali icado de inen, a su ez, la con o mación de un peculia mundo del abajo signado po la lexibi- lidad labo al y la consecuen e ince idumb e impues a sob e una masa ob e a en la que p edomina án, has a los años ein a, los inmig an es ex anje os y una cuo a impo an e y c ecien e de mig an es in e nos. La segunda sección del lib o, i ulada “Iden idades, p o es a y polí ica”, se inicia con la explo ación del mundo de la áb ica, p ime escalón en la in eg ación nacional de miles de inmig an es p o enien es de luga es an di e sos como el Es e eu opeo, I alia, los países á abes o p o incias a gen inas como la de San iago del Es e o. En la ensión en e los p incipios de solida idad y compe encia se o jó una peculia y cosmopoli a sociedad del abajo que no a dó en exp esa se a a és del con lic o. En el análisis de la e olución de las o mas del con lic o y en ín ima elación con el examen de las sociedades comuni a ias, polí icas y sindicales, esul a pa i- cula men e in e esan e la suge en e ap oximación al doble impac o del “lenguaje RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS Anua io de Es udios Ame icanos 326 del nacionalismo” y de las ans o maciones que u ie on luga en el espacio ab il en los años ein a. Las p oyecciones polí icas de es as ans o maciones son ana- lizadas a a és de la p axis comunis a, el ol de los g andes pa idos polí icos, la mo ilización de oc ub e de 1945 . La llegada de Pe ón al pode ma ca, en los es imonios o ales, un hi o en la his o ia de la comunidad del abajo de Be isso. En el análisis de es a e apa, los g u- pos de eco dación pe mi en e cómo se cons uyen y ope an los mi os. Si la idea de que Be isso e a en onces “una he mosu a” iñe la ememo ación de nos algia, el examen de los hechos sugie e que se a a, en pa e, de una nos algia de lo que no ue. Si es cie o que los abajado es goza on de un econocimien o inédi o po pa e del Es ado, no es menos cie o que la agonía de la indus ia de la ca ne e a un da o de la ealidad y que las luchas po el Es a u o pa a la indus ia de la ca ne y po la nacionalización de las indus ias igo í icas e mina on en us ación. O o an o puede deci se espec o a la si uación de las muje es, cuya his o ia a a iesa oda la ob a. Es e eco ido ad ie e, en e ec o, ace ca del iempo que insumió el p ocesamien o y la acep ación de los cambios impues os en el campo labo al y en el ámbi o domés ico po la i upción de las muje es en las áb icas y ace ca del ca ác e más bien e ó ico de la p édica iguali a ia que acompañó la san- ción de leyes p o ec o as del abajo emenino. La legislación u o, en los hechos, e ec os bas an e limi ados sob e la seg egación ocupacional, la disc iminación sala ial y el acceso a la conducción de las es uc u as sindicales. La coincidencia de la caída de Pe ón con el de ini i o decli e de los g andes igo í icos iden i icó el eclamo sindical con la lucha polí ica. La his o ia de los abajado es de la ca ne Be isso se cie a con el es udio de las ans o maciones de las es uc u as emp esa iales y sindicales y del ol desempeñado po el Es ado en los años que culmina on con el cie e de los igo í icos y con el in de una o ma de ida a iculada po el abajo. El sólido y eno ado plan eamien o me odológico que sos iene es e abajo de Mi a Loba o, especialmen e e icaz en el abo daje de los aspec os mí icos del pasado, la con ie e en una ob a undamen al de la his o iog a ía sob e la A gen- ina con empo ánea. Una ob a que puede se leída, además, como una no ela sob e la u opía indus ial del siglo XX.—AGUSTINA PRIETO. Molina Ma ínez, Miguel: Los Cabildos y la independencia de Ibe oamé ica. CEMCI (Col. Pe spec i a His ó ica), G anada, 2002, 453 págs., apéndices y bibliog a ía. La c isis de la mona quía española y el acío de pode que p o oca on la in asión de Napoleón y las abdicaciones de Bayona en 1808 cons i uye on, como es sabido, el inicio de impo an es cambios, an o en la península como en los dominios ame icanos. La gue a de independencia gene ada po ales hechos en HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LX, 1, 2003 327 España, así como la cons i ución de Jun as de gobie no que se conside a on legí i- mas ep esen an es de los de echos de Fe nando VII, u ie on en Amé ica su lógi- ca espues a. Y es que la expe iencia peninsula enseñó a las éli es ame icanas la o ma en que podían en en a la nue a si uación, desencadenándose un igo oso mo imien o jun is a que se inspi aba en un mismo esquema doc inal y que es u- o di igido po los Cabildos, una ins i ución que había sido cla e pa a el desa o- llo de la ida u bana en los e i o ios del Nue o Mundo. En es e con ex o his ó ico, po demás in e esan e, cen a Miguel Molina su es udio. No se a a, como él mismo expone, de hace una his o ia de la indepen- dencia de la Amé ica española, sino un de enido análisis de unos pocos años (de 1808 a 1814) que ue on sin duda alguna decisi os pa a el p oceso emancipado . Es deci , la e apa que se inició con la p esencia ancesa en España y concluyó con el eg eso de Fe nando VII. Una época cuyo es udio se e ela emendamen- e di ícil no sólo po el i mo e iginoso de los acon ecimien os, sino ambién po la amplia polémica sob e el sus a o ideológico que de e minó la espues a dada en las p incipales ciudades ame icanas al con lic o plan eado en la me ópoli. No hay que ol ida que, si bien ue un pe íodo muy complejo en una y o a o illa del A lán ico, en la dila ada geog a ía ame icana e is ió ca ac e ís icas mucho más p oblemá icas, dada la di e sa con o mación económica y social de las p o incias ul ama inas. Pe o ese ha sido un e o que el au o ha sabido supe a b illan e- men e, pues analiza ese iempo con una minuciosidad y igo dignos de encomio, impulsado po el p opósi o de des ela las aíces y los p o agonis as de odo el p oceso. Pa iendo del hecho de que la emancipación inal ue el esul ado de una sucesión de ci cuns ancias o iginadas en la c isis española de 1808, el au o pone el én asis en dos aspec os, o más bien dos esis, que ma can el desa ollo de es a secuencia his ó ica. Po una pa e, la unidad ideológica, de e iden e aigamb e his- pana, que impulsó el mo imien o jun is a que con di e en e in ensidad se inició en Amé ica a pa i de dicha c isis. Y po o a, el indiscu ible p o agonismo que los Cabildos indianos asumie on en el p oceso au onomis a, aun cuando la indepen- dencia no ue a, en su opinión, “una solución polí ica conscien emen e buscada ni p e is a en los Cabildos ni ampoco en las Jun as esul an es”. Dos esis que ya en la In oducción plan ea Miguel Molina, adelan ando lo que en los capí ulos co es- pondien es desa olla de o ma más amplia y comple a. La cues ión ideológica se exp esa en el p incipio básico de que el ínculo de unión en e la mona quía y los einos ame icanos esidía en el ey, en el pac o o iginal es ablecido en e és e y los habi an es de su impe io ul ama ino, po lo que, desapa ecido el ey, la sobe anía e e ía al pueblo, oda ez que con el nue o mona ca, José Bonapa e, Amé ica no había susc i o ningún ipo de pac o. En con- secuencia, los pueblos ame icanos podían legí imamen e easumi en o a o ma de gobie no la sobe anía an es delegada en el ey español. Un p incipio doc inal que no enía un o igen o áneo, es deci , no e a u o de la in luencia de la Ilus ación RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS Anua io de Es udios Ame icanos 328 eu opea, de la Re olución ancesa o de la no eame icana, sino que se en aizaba en la adición hispana de o igen medie al y en el pensamien o polí ico- ilosó ico de los a adis as españoles del siglo XVI (Vi o ia, Ma iana, Suá ez, e c.). Las doc- inas escolás icas, populis as y pac is as si ie on, pues, de base a los p óce es de la independencia pa a de ende la idea de sobe anía y p omo e el mo imien o jun is a an e los acon ecimien os que se de i a on de la esi u a de 1808. El impac- o de Locke, Mon esquieu o Rousseau se ha ía no a pos e io men e, cuando se pasa a de la idelidad a la Co ona a la independencia de España, cuando se empe- za a a discu i la o ganización de los nue os Es ados y se u ie an que elabo a los ex os cons i ucionales. Se en iende así que Miguel Molina coincida con la a i - mación de Le ene, pa a quien la e olución que el Cabildo de Buenos Ai es impulsó en mayo de 1810 se nu ió de su p opio pasado, de uen es hispanas e indianas, po lo que no puede se conside ada como una “imi ación siamesca, como un epi enómeno de la Re olución ancesa o de la no eame icana”. Pe o ue on los Cabildos los que, haciendo ale su condición de ep esen- an es legí imos del pueblo, eclama on los de echos de sobe anía, en i ud del pac um ansla ionis y la eo ía de la e e sión polí ica con emplada en la adi- cional ju isp udencia española. Como he ede os de los iejos concejos cas ellanos, a a on de ecupe a su pe dida ep esen a i idad popula y se pusie on al en e de la nue a polí ica, aglu inando y pe sonalizando los anhelos au onomis as de las éli es. De ellos su gie on las p ime as Jun as de gobie no y de és as las pos e io es decla aciones de independencia. Es más, el in enso deba e eó ico y p ác ico que los Cabildos de 1808-1810 b inda on sob e su ep esen ación, la na u aleza del pode y el papel del pueblo mani ies a ambién su impo ancia pa a la his o ia del pensamien o polí ico. Las ac as de cabildo, las p oclamas y o os documen os de la época que su gie on a socai e de las ei indicaciones de los Cabildos, como el Ca ecismo polí ico c is iano o iginado y di undido en Chile, con ibuye on a con- igu a una e apa e dade amen e en iquecedo a y con múl iples ma ices. Pe o no menos ele an e ue su papel en la ansición polí ica pues, al iempo que en España se cues ionaba el An iguo Régimen, los Cabildos es aban ma cando el umbo hacia la desin eg ación de su impe io, p o agonizando de esa o ma “el paso de una si uación colonial a o a au onomis a y idelis a que inalmen e concluyó en up u a”. Quizá po eso se ha llegado a deci que “Amé ica es con inen e de ida municipal y ob a de sus cabildos”. En ealidad, sólo el plan eamien o de es os dos impo an es aspec os ya cons i uye una no able apo ación. Sin emba go, el indiscu ible alo de es a ob a no se queda en eso, pues o que a lo la go de los cua o capí ulos en que el es u- dio se ha dis ibuido se an desg anando odos y cada uno de los di e en es aspec os que con o ma on an c ucial p oceso. Consigue de esa o ma Miguel Molina da una isión cla a y es uc u ada de los hechos en unción de los nume- osos y complejos ac o es que los de e mina on. Pa e así en el p ime capí ulo del análisis de la e olución de los Cabildos du an e el pe íodo colonial, po se HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LX, 1, 2003 329 imp escindible pa a comp ende sus ac uaciones. Son, sin emba go, los capí u- los 2 y 3 la pa e medula del abajo, como el mismo au o econoce, ya que en ellos examina en p o undidad el compo amien o de los Cabildos y la jus i ica- ción de su ac i ud, así como el con lic o ideológico, las inicia i as de los di e- en es Cabildos y sus consecuencias. Pa a ello dis ingue una p ime a ase, en e 1808 y 1809, en la que los concejos, expec an es a eno de los acon ecimien os en España, se ca ac e iza on po su idelidad al ey y po su leal ad a la Jun a Sup ema Cen al. La segunda ase la ija en 1810, cuando se cues ionó la legi i- midad del ecién o mado Consejo de Regencia y cuando las oces au onomis- as cob a on ue za a impulsos de la espe anzado a con oca o ia a las Co es de Cádiz que ese año se hizo a los ame icanos. Fue en onces cuando se p odujo el gi o desde la idelidad a la decla ación de independencia. P ecisamen e po ello el cua o capí ulo lo dedica al análisis del p oceso cons i ucional que se desa- olló en Cádiz, poniendo de mani ies o cómo las exigencias de los c iollos en o no a la igualdad de ep esen ación con ibuye on a con igu a el mapa elec- o al de Amé ica, al iempo que sus ei indicaciones e elaban la incomp ensión y los ecelos que sepa aban a los españoles de ambos lados del A lán ico. La Sección de Apéndices, que cub e el 45% de la ob a, inco po a impo an es ex- os pa a conoce con de alle cómo se dilucidó el p oceso. Des acan no sólo los emanados de las ins i uciones que de una o ma u o a ma ca on los acon eci- mien os, sino ambién los es imonios de los ac o es di ec os, ya que sus esc i- os e elan sus aspi aciones, emo es y, sob e odo, el bagaje cul u al que sus- en aba sus mani es aciones. Con el capí ulo p ime o, dedicado al égimen municipal an es de la inde- pendencia, se a a de in oduci al lec o en el conocimien o del gobie no munici- pal que se implan ó en Indias, haciéndose una ap e ada sín esis de su singula desa- ollo his ó ico en di e en es aspec os has a el momen o de la independencia. Se pone así de mani ies o, en un p ime epíg a e, la ín ima elación que se dio en un p incipio en e el Cabildo indiano y el modelo cas ellano de adición medie al. De es a o ma, el iejo concejo cas ellano no sólo e i ió en Amé ica, sino que, e o - zado con sa ia nue a, llegó a adqui i más de echos que en Cas illa e, incluso, más au onomía, ap o echando el eno me dis anciamien o del pode cen al. No ex aña po ello que la i alidad y elie e polí ico de la ins i ución municipal en los p i- me os iempos de la colonización cons i uye a un e e en e en las ei indicaciones de los Cabildos ame icanos an e la coyun u a de 1808. Pe o, si bien ue la Co ona la que sancionó el desa ollo del égimen muni- cipal en Amé ica, ambién ue ella la que, median e su polí ica de en a de ca gos, con ibuyó a soca a el ca ác e ep esen a i o del Cabildo, con i iéndolo en una ins i ución oligá quica. Con odo, la úl ima e apa del gobie no bo bónico supond ía una eno ación municipal y, po an o, una ecupe ación del an iguo p es igio de los concejos indianos. Es más, se ía en el seno de los Cabildos donde se p oduci ía “un esu gimien o de la conciencia c iolla”, u o quizá de la o gani- RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS Anua io de Es udios Ame icanos 330 zación de los capi ula es pa a eludi o des i ua el impac o del cen alismo bo bó- nico. Es a e i alización de la conciencia c iolla explica ía el p o agonismo de los Cabildos en la disolución inal del Impe io. De ahí que en el capí ulo segundo se abo de la ac uación de los Cabildos en el pe íodo comp endido en e la p ima e a de 1808 y la sus i ución de la Jun a Cen al po el Consejo de Regencia en ene o de 1810. Es aquí donde Miguel Moli- na examina ampliamen e la polémica his o iog á ica sob e el sus a o ideológico, desa ollando a ondo la cues ión de la legi imidad del mo imien o jun is a que se inició en España y que más a de se p opagó po Amé ica. Su obje i o es demos- a que el es ablecimien o de Jun as ame icanas, an o las leales al gobie no penin- sula como las e oluciona ias, es u o inspi ado en las eo ías pac is as, es deci , en la idea de la e e sión del pode al pueblo, una ez o o el ínculo es ablecido con el ey. Unas eo ías cla amen e en aizadas en la iloso ía escolás ica y en la a- dición del pensamien o polí ico español, cuya in luencia en la independencia ame- icana se han enca gado de esal a di e sos au o es, empezando po Manuel Giménez Fe nández, que ue quien p ime o puso de mani ies o el decisi o papel que las doc inas populis as eje cie on en dicho p oceso. Po o a pa e, el examen de lo acaecido en di e sas ciudades ame icanas du an e los úl imos meses de 1808 y a lo la go de 1809 si e pa a e idencia el comienzo de una c isis polí ica cuyas consecuencias no se podían oda ía p e e . Y es que el econocimien o po pa e de la Jun a Sup ema Cen al de que las Indias no e an colonias, sino una pa e “esencial e in eg an e de la mona quía española” y que, po an o, debían ene ep esen ación nacional po medio de sus co es- pondien es dipu ados inci ó a sus habi an es a demanda una mayo au onomía. En odas las zonas ue on los Cabildos los que, como ep esen an es de los pueblos, oma on la inicia i a con i iéndose en los p incipales ac o es polí icos. Con odo, las p ime as espues as ame icanas se ca ac e iza on po su leal ad al ey y se basa- on en c i e ios polí icos adicionales, ya que en ningún momen o se cues ionó la po es ad del ey ni el Impe io. En las pocas ciudades donde las inicia i as ue on más adicales los i eyes ac ua on ápida y con unden emen e. Pe o lo más impo - an e ue que odos oma on conciencia de su si uación den o de la mona quía, haciendo suyo además el p incipio de la sobe anía popula . No ex aña po ello que sólo bas a an dos años pa a que en Amé ica se pasa a de un exal ado pa io ismo hispánico a una gene alizada y adical exposi- ción de ag a ios que acaba ía desembocando en la up u a de ini i a. Es a c isis, que comenzó en 1810, es analizada de o ma po meno izada en el capí ulo e ce- o, desa ollando p ime o de o ma gene al la ansición hacia la independencia que asumie on los Cabildos, pa a luego cen a se en los luga es donde la emanci- pación se hizo ealidad. Se a delineando así una e olución po demás in e esan e en la que se empieza a eplan ea la ei e ada idelidad a Fe nando VII y se gene- aliza la c í ica a los es siglos de i anía y despo ismo. El mismo Consejo de Regencia b indó a los descon en os a gumen os pa a pone en ela de juicio la legi- HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LX, 1, 2003 331 imidad de la mona quía, cuando en su mani ies o a los ame icanos pa a que en ia- an dipu ados a las p óximas Co es, en eb e o de 1810, denunciaba “la a bi a- iedad y nulidad de los manda a ios del gobie no an iguo”, al iempo que les hacía e que “ ues os des inos ya no dependen ni de los minis os, ni de los i eyes, ni de los gobe nado es: es án en ues as manos”. El ex o pa ecía una in i ación a libe a se de la se idumb e padecida du an e es siglos y, lógicamen e, es imuló la inicia i a de cons i ui gobie nos p opios, pues los ame icanos comenza on a oma conciencia de su p opio des ino, al como se puso de mani ies o en Ca acas, Buenos Ai es, Chile y Nue a G anada. Finalmen e, el obje i o del úl imo capí ulo es o ece una isión del p oce- so que se siguió pa a la ep esen ación ame icana en el gobie no español y del deba e que se desa olló en las Co es sob e las cues iones municipales. Su in e és adica en su plan eamien o, ya que, si en los dos capí ulos an e io es se analizan los hechos desde la pe spec i a ame icana, en és e úl imo se ela a el p oceso desde la óp ica peninsula , poniéndose de elie e cómo el desa ollo de los acon eci- mien os en España y la polí ica libe al seguida po la Regencia b inda on a los habi an es de las Indias un ines imable apoyo en sus ei indicaciones. La p e en- sión de los libe ales españoles de liquida el iejo Es ado pa imonial y su p ocla- mación de la igualdad de de echos no hicie on sino a i ica las aspi aciones de au ogobie no de los ideólogos ame icanos. En es e con ex o, el p o agonismo de los dipu ados ame icanos en las Co es de Cádiz, a pesa de su co a ep esen a- ción, si ió pa a que se plan ea a un p og ama de e o mas o ien adas odas a con- segui los máximos de echos polí icos y económicos, de acue do con las deman- das con enidas en las Ins ucciones que los Cabildos habían elabo ado. Sin emba go, las espe anzas se de umba on cuando el eg eso de Fe nando VII acabó con el sis ema cons i ucional que con an o es ue zo se había ges ado. En Amé i- ca se a ó en onces de es au a el iejo o den, comba iendo sus au o idades odos los mo imien os de insu gencia, con lo que la gue a ci il se expandió po odo el e i o io, ce ándose así el ciclo 1808-1814. En in, una excelen e ob a que encie a odo un mundo de ideas y suge en es in e p e aciones sob e una p oblemá ica que u o, qué duda cabe, una impo an ísi- ma epe cusión pa a el mundo hispanoame icano. Miguel Molina iene a culmina con ella el o o magní ico es udio que sob e El municipio en Amé ica nos b indó en 1996. Lógicamen e ambién aquí se pone de mani ies o el buen hace de su au o , al que en es e caso sólo cab ía hace le una c í ica: que se haya encubie o la inmensa labo de ecopilación bibliog á ica que encie a. Y es que son nume osos los au o- es y í ulos ci ados a lo la go del ex o que incomp ensiblemen e no apa ecen e le- jados en la Bibliog a ía que se expone al inal, dando la imp esión de una p eca ie- dad bibliog á ica que en modo alguno es eal. De odas o mas, no po ello deja de se una aliosa monog a ía que sin duda alguna se á de obligada consul a pa a odo el que se in e ese po los Cabildos indianos y su esponsabilidad en la independen- cia de la Amé ica Española.—MANUELA CRISTINA GARCÍA BERNAL. RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS Anua io de Es udios Ame icanos 332 Musse , Alain: Villes nomades du Nou eau Monde. P ólogo de Jean Pie e Be he. Édi ions de l’École des Hau es É udes en Sciences Sociales. Pa is, 2002, 397 págs. Índices opog á ico, de pe sonas y emá ico; 23 mapas y 41 o og a ías. Lo p ime o que llama la a ención en el lib o es su í ulo, que encie a una apa en e con adicción. Y es que el au o se ha dejado seduci po el innegable a ac i o de lo con adic o io. Lo explica con oda cla idad: quie e es udia una pa adoja; la de unas ciudades, c eadas pa a du a , pe o que, en la ealidad, es án en un mo imien o casi cons an e. Se a a de las ciudades españolas le an adas en el Nue o Mundo du an e la época colonial. Esas que ue on más de 200 y que cons i uían la columna e eb al del impe io español en Amé ica, un signo de su iun o y de su pe manencia...pe o que, pa adójicamen e, 160 de ellas su ie on un aslado. Y como a ias de ellas se aslada on más de una ez, nues o au o ha enido que es udia la imp esionan e ci a de 273 cambios. El p opio Alain Musse nos dice que ha dedicado sie e años a es a in es iga- ción y que a lo la go de esos años ha eco ido el e i o io ame icano desde el Río G ande en México al Río Bio-Bio en Chile y ha isi ado algunos de los p incipa- les a chi os españoles y ame icanos. Se a a, con odo, de una ieja línea de aná- lisis pa a es e au o que él denomina “géog aphie du emps long” o “Géog aphie his o ique”, a la que lle a dedicándole po lo menos en e quine y ein e años de es udio. Bas e como p ueba su ob a publicada hace ya doce años De l’eau i e à l’eau mo e, dedicada a los p oblemas hid áulicos del alle de México en e los siglos XVI y XIX. En Villes nomades du Nou eau Monde, como en sus lib os an e io es, Alain Musse mues a su poli acé ica o mación: es geóg a o e his o iado y si se lo pe - mi en las ci cuns ancias hace de a queólogo y de an opólogo. Lo dice con oda cla idad: quie e asmi i al lec o “le plaisi de la quê e, la a ié é des app oches, le mélange des disciplines”. Al p egun a me ¿cuáles son los obje i os básicos de su lib o? me a e o a esumi los en dos: En p ime luga quie e es ablece una “Théo ie du ans e de ille” es able- ciendo con cla idad las causas y la ipología de esos aslados en unción de la “ampli ude”, es deci de la dis ancia a la que se p oducen; la “densi é”, es deci de la can idad de aslados ealizados en una misma zona geog á ica; el “ y hme” o iempo anscu ido en e cada aslado y de “ équence” o can idad de aslados que su e una misma ciudad. Pe o, en segundo luga , Alain Musse quie e mi a debajo de lo que es una simple elación y clasi icación de acon ecimien os. Sabe bien que odo lo in e e- san e ocu e en las somb as y po eso es an ú il es udia los momen os de c isis. En ellos se p oduce una e dade a in lación documen al, que a oja un po en e haz de luz sob e los más sec e os y e dade os aspec os de la his o ia de los se es HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LX, 1, 2003 333 La a ea de econs ui la ep esen ación democ á ica es quizá la más cla a, y en es e sen ido es bas an e esencial la c í ica, an o del qualunquismo como de los ac uales pa idos, en la que coinciden Mocca, No a o y Pale mo. Quizá deba ambién sub aya se la idea de Pale mo de que la opción po un nue o p oyec o económico y social puede pasa po eno a la apues a a lo que signi icó —y puede ol e a signi ica , as la de aluación del peso— Me cosu , como eco- nomía p oduc i a, in eg ación de me cados y a ance p og esi o hacia la c eación de un ma co ins i ucional coo dinado y egulado . Con ence al público a gen- ino de que el u u o pasa po una mayo in eg ación con B asil puede no se una a ea ácil, pe o ampoco es an sencillo pensa una p opues a mejo .—LUDOLFO PARAMIO. Plo kin, Ma iano Ben: F eud in he Pampas. The Eme gence and De elopmen o a Psychoanaly ic Cul u e in A gen ina, S an o d Uni e si y P ess, S an o d, 2001, 314 págs. En 1999 y como pa e de mi abajo de campo ace ca de las memo ias sob e el céleb e Se icio de Psiquia ía (o Psicopa ología, o Salud Men al) del hospi al llamado El Lanús, man enía uno de mis ecuen es encuen os con un g upo de dos psicólogos y dos psicólogas en “Sigi”, un ca é ubicado en una zona de Bue- nos Ai es que, po la g an concen ación de consul o ios psicoanalí icos, ha eci- bido el nomb e de “Villa F eud”. Mis in e locu o es, algunos de mi misma edad, se hacían llama “psicoanalis as”, aunque ninguno de ellos había ealizado su o - mación como ales en alguna asociación. La con e sación e a animada, y p on o de i ó a o os emas que ascendían su expe iencia ins i ucional en el menciona- do se icio hospi ala io; ellos que ían sabe ambién sob e mí: si me había anali- zado alguna ez, qué opinión enía del psicoanálisis, po qué no es aba analizán- dome en ese momen o, si había es udiado la ob a de Sigmund F eud (y Jacques Lacan) an es de emp ende mi in es igación... En cie o momen o, se me ocu ió comen a les que, de acue do a la in o mación de que disponía, el psicoanálisis no enía en Eu opa una g an impo ancia como eo ía y p ác ica en el abo daje de p oblemá icas de en e medad men al; lo cual con as aba no ablemen e con la si uación a gen ina. Les mani es é que, si e a cie o que el psicoanálisis es aba en anco e oceso en Eu opa, esul aba enigmá ica la pe sis encia de su igencia en nues o país. Se mi a on en silencio unos segundos, son ie on cómplices, has a que uno de ellos me dijo con absolu a con icción: “En ealidad, lo que hab ía que p egun a se es po qué el psicoanálisis no ha sido acep ado en esos países”. De allí has a el inal del encuen o pe manecí casi en silencio; sen ía que poco impo - aba que les dijese que, a mi modo de e , lo co ec o e a in e oga se p ime o po lo que pa ecía se una endencia que no se ajus aba a las eglas gene ales. Tam- poco end ía sen ido p egun a les si el luga p eponde an e del psicoanálisis en RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS Anua io de Es udios Ame icanos 340 nues o país —lo cual, p esumiblemen e, debía hace nos más elices que a los eu opeos— podía aduci se en algunos indicado es “obje i os” espec o al es a- do de la salud men al. En ealidad, di ícilmen e alguien acep a in e oga aquello que le si e pa a o mula sus explicaciones, aquello que cons i uye la sus ancia p incipal de su comp ensión del mundo. Es a es la si uación habi ual del psicoanálisis en la A gen ina —¡y no sólo del psicoanálisis!—, y sob e la cual el his o iado Ma iano Ben Plo kin decide hace su pun o de pa ida. F eud in he Pampas es una in es i- gación que nos in i a a in e oga , jus amen e, es a peculia idad del psicoanálisis en la A gen ina: el de se un mundo acep ado como dado (a wo ld aken o g an- ed), según la céleb e exp esión del sociólogo Pe e Be ge . En modo magní ico, Plo kin hace de es a cualidad el mo o de su indagación, la cual diseña á con una p egun a an simple como p o unda: ¿cómo ha sido posible es o? Lo más no able eside en que la espues a a es e in e ogan e lo lle a á, inexo ablemen e, an o a una in es igación sob e el psicoanálisis en la A gen ina como sob e la A gen ina misma. El p edominio del psicoanálisis en la A gen ina cons i uye un enómeno sin- gula , si se compa a su desa ollo y su luga excepcional espec o al de o os paí- ses de Amé ica La ina y Eu opa1. Es el dominado de un as o campo ocupado po un he e ogéneo conjun o de p ác icas inculadas al a amien o de las dolen- cias men ales. Es e conjun o de p ác icas, designado en é minos na i os como “psi”, cobija en la ac ualidad a psiquia as, psicólogos, psicopedagogos, asis en- es sociales, e apis as ocupacionales, psicomo icis as y musico e apeu as, así como a odo un amplio espec o de eo ías, e apias e ins i uciones. Pese al a an- ce desde los años 1990 de una se ie de e apias denominadas “al e na i as” (jün- gianas, co po ales, el con ol men al, la medi ación ascenden al o las écnicas de au oayuda, en e o as), el psicoanálisis2con inúa conse ando su p edominio po el g an núme o de adep os (psicoanalis as y pacien es), po la g an can idad y el peso de sus ins i uciones, y po su ex ensa di usión en la sociedad; especialmen- e en Buenos Ai es, la ciudad a gen ina donde ha adqui ido un mayo desa ollo3, el cual no sólo se exp esa en el ya apun ado p edominio en los a amien os de las 1 O os da os pa ecen p oba un lide azgo de B asil. Po ejemplo, se habla de 40000 psicólo- gos pa a el es ado de San Pablo, de los cuales el 50% esidi ía en la ciudad de San Pablo. Es o ubica ía a B asil como el e ce me cado mundial de psicoanálisis, y lle a a p edeci su ascenso al segundo luga en un u u o p óximo, de ás de los Es ados Unidos (Be linck 1989; Russo 1993:20-21). Po su pa e, Bi man (1990) sos iene que exis en hoy en B asil más ins i uciones psicoanalí icas que en cualquie país eu opeo, y no duda en decla a a Río de Janei o como la capi al psicoanalí ica de Amé ica La ina. 2 Su declinación es explicada, básicamen e, po la caída en la capacidad económica de los sec o es medios pa a pode sol en a a amien os in ensos y p olongados (lo que los lle a a busca al e na i as menos one osas), como po la búsqueda de soluciones e apéu icas más ápidas. 3 También posee una impo an e p esencia en o as ciudades, como La Pla a, Rosa io y Có doba. HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LX, 1, 2003 341 dolencias men ales. Cons i uye una oz pública au o izada p esen e habi ualmen- e en los medios masi os de comunicación, a ando los más a iados asun- os4. Po o a pa e, muchos concep os psicoanalí icos es án inco po ados —sin conse a necesa iamen e su signi icado especializado— a las o mas co idianas del lenguaje5. Es es e complejo y desa ian e pano ama el que se p opone en en a Plo kin. El lib o cons i uye, como lo exp esa el au o , un es udio sob e la “eme gencia y desa ollo de una cul u a psicoanalí ica en la A gen ina”. Según acue do a Plo kin, esul a pa adójico escucha desde comienzos de los años 1980 la ei e ada p e- gun a “¿po qué el psicoanálisis ha a aigado an o en la sociedad a gen ina?”, al mismo iempo que las in es igaciones sis emá icas que pod ían esponde la han sido escasísimas. Pa a Plo kin, no hay dudas de que el mismo ca ác e “dado” que asume el psicoanálisis en el con ex o a gen ino conspi a con a la posibilidad de cons i ución de un campo de es udios his o iog á icos y sociológicos que haga de aquel su obje o; es o demanda ía la necesidad de su p oblema ización, es o es, la ela i ización me odológica de sus alo es de e dad espec o a o as eo ías del psiquismo, y su isión como una o ma sociocul u al especí ica p oduc o de con- diciones sociales e his ó icas peculia es. Es o es lo que pe mi i á en ende la sin- gula idad del desa ollo del psicoanálisis en la A gen ina espec o a o as o mas sociales y polí icas, como la ancesa o la es adounidense. El ca ác e “dado” del psicoanálisis no sólo le pe mi e a Plo kin explica la ausencia de un campo consolidado de es udios his o iog á icos y sociológicos sob e el psicoanálisis en la A gen ina, así como la escasez de in es igaciones empí- icas especí icas; en ealidad, su p opues a a más lejos, ya que Plo kin hace de ese ca ác e “dado” el obje o de su indagación. Su come ido medula adica en espon- de cómo ha llegado a adqui i semejan e peculia idad en la A gen ina, al pun o de cons i ui se en una sue e de sis ema clasi ica o io o ganizado de múl iples expe- iencias, condición que lo empa en a —o di ec amen e lo asimila— a o as c een- cias colec i as, como las eligiosas. Cla o es á que es a analogía conlle a un posible juicio espec o a la na u aleza del psicoanálisis como eo ía cien í ica, o como pe s- 4 P og amas de adio y ele isión, dia ios y e is as no dejan de ene un espacio ese ado pa a la di usión del psicoanálisis o pa a la di ulgación de “consejos”. Los emas que suelen eque i de la palab a del psicoanálisis en los medios pueden comp ende desde cues iones más amilia es a sus p eocupaciones p o esionales (con lic os de pa eja, o en e pad es e hijos, que son a adas, gene al- men e, en secciones dedicadas a la muje ), has a p oblemá icas sociales, cul u ales, económicas y polí- icas de ac ualidad (Vezze i 1994), que han demandado la palab a au o izada de los psicoanalis as. Además, el cine, el ea o y la ele isión a gen inos han omado en nume osas ocasiones la e apéu ica psicoanalí ica como nudo a gumen al a a és del cual ela a con lic os. 5 Valen a modo de ejemplo las ap opiaciones de “inconscien e” y “subconscien e”, “culpa”, “ allido”, “asocia ”, “yoico”, “edípico”, “ ep imido”, “mo iliza ”, “his é ico/a”, “neu ó ico/a”, y neo- logismos como “his e iquea ” (seduci sin conc e a ), “psicopa ea ” (induci sen imien os de culpa), o “b o a se” (enloquece ). Debe ene se en cuen a que es os usos e minológicos es án di undidos di e- encialmen e en e las clases y sec o es sociales, siendo p incipalmen e p opiedad de los sec o es medios. RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS Anua io de Es udios Ame icanos 342 pec i a acional de la conduc a humana; pe o la p e ensión de Plo kin a mucho más allá de un me o eje cicio de ela i ización: nos sugie e que en la A gen ina, y pa a as os sec o es sociales, el psicoanálisis ep esen a una Wel anschauung, como la ha denominado Sé ulo Figuei a pa a B asil (Figuei a 1991:435), un modo acos umb ado, segu o, con iable de in e p e a los más di e sos p oblemas, desde los con lic os pe sonales has a la es e a polí ica. Po es a azón, y al igual que Figuei a, Plo kin concep ualiza al psicoanálisis como una cul u a. Pese a cie os iesgos que en aña es a ope ación, Plo kin no cae en la en a- ción de a apa la p esun a esencia de la A gen ina ocul a en el lenguaje psicoa- nalí ico; muy po el con a io, lo que Plo kin p e ende es mos a cómo las ideas y p ác icas psicoanalí icas se han en elazado p o undamen e con p ác icas y pe s- pec i as locales, al pun o que no sólo el psicoanálisis ha b indado in e p e aciones, sino que el mismo psicoanálisis ha adqui ido sen idos, a ian es o e siones p o- pias de los con ex os locales especí icos. Desde es e pun o de is a, el en oque de Plo kin di ie e de aquellos que sos ienen a aja abla la uni e salidad de elabo a- ciones in elec uales como el psicoanálisis. Cuando se adop a es a úl ima pe spec- i a, esul a imposible no conclui en la exis encia de o mas pu as, e dade as, o iginales s o mas impu as, des iadas, espu ias; pe spec i a que ha seguido, po ejemplo, Ge mán Ga cía (1978) en sus abajos sob e la in oducción del lacanis- mo en la A gen ina, y que esul a uncional a las p e ensiones de legi imidad que una posición posee en un campo espec o a o as con las cuales se encuen a en dis- pu a6. Pa a el analis a del psicoanálisis en an o p ác ica socio-cul u al, odas las e siones cons i uyen el campo. Plo kin eadap a el análisis de la di usión de los “bienes cul u ales”, sin p e ende es udia las di e gencias en e las o mas o iginales su gidas a ines del siglo XIX en Aus ia, con sus adap aciones “locales”, en su caso, A gen ina de la p ime a mi ad del siglo XX. Su p e ensión eside en abo da las o mas especi icas que el psicoanálisis ha adop ado de acue do a los con ex os en que se insc ibe. A mi juicio, es a es a egia nos aleja de la p egun a habi ual, casi obligada: ¿po qué el éxi o o p edominancia del psicoanálisis en la A gen ina? Aunque pa ezca sensa a, es a p egun a nos conduce al callejón sin salida de las explicaciones causales, a la búsqueda de ac o es de e minan es o al hallazgo de esencias inmu ables7. Po el con a io, Plo kin demues a que la p egun a es inú- il, po que no es posible iden i ica un enómeno homogéneo e inal e able al 6 En cie o modo, es e en oque ambién asun a algunos análisis que a an de in e p e a la adopción peculia del psicoanálisis en los Es ados Unidos en el ma co del p agma ismo y el pu i anis- mo dominan es, y que lejos de p e ende elaciona lo con con ex os cul u ales locales, in en an diag- nos ica la e iología de su al e ación. 7 Al espec o, han sido in ocados como ac o es explica i os el al o componen e inmig a o- io del país, el supues o de la consecuen e ca encia de iden idad nacional, y la búsqueda de iden idades al e na i as basadas en los alo es secula es e indi idualis as de las p o esiones libe ales, sumadas a su capacidad pa a cons i ui se como al e na i a p o esional exi osa den o de la medicina pa a la clase media ascenden e (Balán 1991:230-231). HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LX, 1, 2003 343 cual denomina psicoanálisis, sino que, po el con a io, esul a más ap opiado econoce una plu alidad de exp esiones, muchas de ellas en abie a oposición, que se econocen como “psicoanalí icas”. De al modo, es a es a di e sidad de o mas en aizadas en los con ex os locales y a sus p ocesos de con o mación a lo que debemos a ende . Plo kin p ocede, en es e sen ido, como un an opólogo social: elude el p oblema na i o de busca el au én ico psicoanálisis pa a di e- encia lo de o mas espu ias o des iaciones, y p e ie e abaja en un e eno más amplio de discu sos y p ác icas que in ocan a F eud en busca de su legi i- midad. Po lo an o, la g an i ud de es e en oque es no da po sabido qué es el psicoanálisis, sino a a lo como una ca ego ía indexical que asume y ha asu- mido di e en es sen idos en di e en es con ex os, y que es e es el au én ico p o- blema a esol e . Así, Plo kin p olonga el es ue zo pione o de Hugo Vezze i (1989, 1996) po ompe con las isiones eleológicas que gene almen e adop- an las his o ias del psicoanálisis cuando son na adas po los psicoanalis as; en es e sen ido, Plo kin le de uel e al psicoanálisis en la A gen ina su dimensión his ó ica, social y cul u al. Plo kin combina di e en es uen es pa a gene a sus da os: desde e is as especializadas (médicas, psiquiá icas, o especí icamen e psicoanali icas) has a de di ulgación masi a (dia ios, e is as popula es, e c.), dado su in e és po en ende las o mas y alcances de la di usión psicoanalí ica más allá de los medios cien í i- cos e in elec uales. Pe o la di e sidad de uen es es aún mayo , incluyendo en e- is as pe sonales ealizadas po el au o con ep esen an es signi ica i os del mundo psicoanalí ico. El lib o es á o ganizado en nue e capí ulos que exp esan una pe iodización de “la eme gencia y desa ollo del psicoanálisis en la A gen i- na”. Los dos p ime os capí ulos analizan la cues ión de “los comienzos”; en el p i- me o, Plo kin es udia la ecepción del psicoanálisis en cí culos médicos e in elec- uales a comienzos del siglo XX, mos ando cómo el mismo ue ap opiado y discu ido con ines ex ic amen e cien í icos. Lo que p e ende mos a Plo kin es que al iempo de la undación de la Asociación Psicoanalí ica en 1942, ya exis ía una impo an e y amplia di usión, lo cual p esuponía la p esencia de una deman- da. De al modo, Plo kin se aleja así de los ela os mí icos que la p opia Asocia- ción ha gene ado desde sus comienzos, en los cuales se ha p esen ado a sí misma como “c eado a única” del psicoanálisis en la A gen ina. La c eación y o ganiza- ción de es a ins i ución como o ganización p o esional es el oco del capí ulo 2. En él, como ambién en buena medida en el capí ulo 1, Plo kin des aca la ín ima ela- ción en e cie os ac o es polí icos e ideológicos que coadyu a on al desa ollo peculia del psicoanálisis en los emp anos años 1940. Especí icamen e, mues a cómo la pola ización ideológica que es uc u ó la sociedad a gen ina en los años 1930 y 1940 (conse ado es y adicales, nacionalis as y libe ales, pe onis as y an i- pe onis as) impac ó ue emen e sob e el nacien e campo, al pun o de do a lo de ca ac e ís icas p opias, una cues ión que ambién había sido a ada po Jo ge Balán (1991). RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS Anua io de Es udios Ame icanos 344 Los capí ulos 3 y 4 se cen an en el llamado boom de los años 1960, cuando el psicoanálisis llegó a se no sólo la pe spec i a dominan e en el campo de los p o- blemas de la salud y la en e medad men al en la A gen ina, sino una concepción del mundo, un sis ema in e p e a i o y un lenguaje ú il pa a da sen ido a los más a iados aspec os de la ida social. Es en es os capí ulos donde se puede obse a el su gimien o de la llamada cul u a “psi”, que codi ica odos los o denes de la ea- lidad in ocando a gumen os psicoanalí icos o, de algún modo, pos ula una p e en- dida iliación eudiana. Época de explosión de o mas, de expe imen ación, de hib idación, en el que no sólo se consolida la ins i ución mad e, la Asociación Psi- coanalí ica A gen ina, sino que nume osas o mas e apéu icas y encuen os in e- lec uales desa ían las o odoxias. De especial in e és pa a una ob a que se p opo- ne es udia p ocesos de di usión cul u al lo cons i uye el análisis sob e los “di uso es” de las ideas psicoanalí icas, agen es que cumplie on un ol ac i o an o especialis as o como esc i o es popula es. Pe o al ez sea la esis albe gada en es os capí ulos uno de los aspec os más inquie an es del lib o: el psicoanálisis hab ía cons i uido un canal a a és del cual se alida on alo es p o undamen e en aizados en la sociedad a gen ina. De es e modo, Plo kin p opone cen a se en cómo las di e en es exp esiones del “psicoanálisis” encuen an ya disponibles con- cepciones locales espec o a la amilia, a la pe sona, al cue po, a la men e, a la sexualidad, a la pa ología o a la locu a, o jadas po modos p opios, locales, cómo es as concepciones son o bien a ianzadas, modi icadas, desa iadas o ans o madas po el psicoanálisis, y cómo el psicoanálisis es, a su ez, a ianzado, modi icado, desa iado o ans o mado po ellos. És e es un g an mé i o del lib o de Plo kin, po que ayuda a de iba la imagen que el p opio psicoanálisis di unde sob e sí mismo: la de un indómi o pensamien o e oluciona io. La di usión p esen ada en es os capí ulos es analizada po Plo kin en los capí ulos siguien es (5, 6 y 7) en di e en es con ex os, como el campo psiquiá ico (donde se enca ga en buena medida de desmen i la isión esquemá ica que sos- enía una ecalci an e oposición en e psiquia ía y psicoanálisis), el campo de la psicología (y su p o esionalización) y el campo polí ico e in elec ual, especial- men e el encuen o p oducido en los años 1960 con el eme gen e campo polí ico e in elec ual de la izquie da. Es e ema en conc e o se p olonga á en el capí ulo 8, donde Plo kin abo da la poli ización y adicalización de la sociedad en la p ime a mi ad de los años 1970 y, po ende, del psicoanálisis; allí insc ibe Plo kin la apa- ición y desa ollo de uno de los enómenos más no ables del psicoanálisis a gen- ino en los años pos e io es: el p edominio de las pe spec i as de Jacques Lacan. Finalmen e, Plo kin p opone una mi ada sob e la si uación p esen e a a és de un capí ulo —más especula i o que ác ico— cen ado en los e ec os del e o ismo de es ado lle ado a cabo po la úl ima dic adu a mili a sob e el campo psicoa- nalí ico. Aquí, Plo kin señala que las au o idades mili a es del P oceso pod ían habe adop ado pa es del discu so psicoanalí ico más conse ado , como en lo ocan e a los alo es adicionales sob e la amilia. Las simili udes encon adas po HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LX, 1, 2003 345 Plo kin son suges i as, aunque al ez abonen más la esis de un ondo ideológico común del que ambos p oceden. Exis en dos aspec os sob e los cuales me gus a ía ealiza alguna pun ua- lización. El p ime o de ellos apun a di ec amen e al uso de la noción de cul u- a. La misma se emplea como sus an i o en un modo que incluye, an e odo, al psicoanálisis y a la misma A gen ina; en segundo luga , como adje i o, pa a e e i se a un de e minado aspec o de la ida social. Si uno se de iene en cie - as menciones exp esas, po cul u a se es á en endiendo un sis ema in e p e a i- o, en el sen ido semió ico del an opólogo no eame icano Cli o d Gee z. De al o ma, deci “cul u a psicoanalí ica” equi ale a concebi al psicoanálisis — o sus e siones— como un sis ema in e p e a i o. En cambio, cuando Plo kin alude a la “cul u a A gen ina”, pa ece apela a una noción di e en e, más empa- en ada con las adiciones cul u alis as, ¡po que no es posible pensa en un sis- ema in e p e a i o gene al y homogéneo! El segundo es á elacionado con la cues ión del luga e impo ancia del psicoanálisis en la sociedad a gen ina. Es á cla o su peso en el mundo “psi’, y su impo ancia en la cons i ución de las capas medias en la A gen ina. Aho a bien, en iendo que el lib o ab e no ables pe s- pec i as pa a p olonga las in es igaciones espec o a la di usión social del psi- coanálisis —que lo lle a on a c is aliza se como sis ema in e p e a i o común a nume osos sec o es de la sociedad a gen ina—; en es e sen ido, son indispensa- bles u u as in es igaciones que puedan complejiza aún más el ya ico pano a- ma b indado po Plo kin, es udiando la di usión en o os sec o es y con ex os, incluso ahondando en las pe spec i as de los sec o es popula es, en una di ec- ción semejan e a la in es igación ealizada po el an opólogo b asileño Luiz Fe nando Dias Dua e (1986). Finalmen e, como he adelan ado al comienzo de es a eseña, el lib o no sólo cons i uye un es udio pa a comp ende el desa ollo especí ico del psicoanálisis en la A gen ina, sino ambién la A gen ina, o más bien di e sos aspec os de su o ga- nización social y cul u al como el campo in elec ual, las o ganizaciones p o esio- nales, la o ganización del es ado, las uni e sidades o la es e a polí ica. En pa icu- la , mues a una cla e de lec u a pa a en ende la con o mación de campos in elec uales y p o esionales en la A gen ina, es echamen e dependien es no me amen e de los p ocesos polí icos especí icos, sino de los p ocesos median e los cuales los campos in elec uales y p o esionales son a a esados po las lógicas del mundo polí ico. A a és del es udio his ó ico del desa ollo y di usión de p ác i- cas e ideas psicoanalí icas, Plo kin ha in en ado en ende la pa icula idad de la A gen ina, o de algunos de sus sec o es —especí icamen e, capas medias, p o e- sionales, académicos, in elec uales— y aspec os; su lúcida indagación y p o usa in o mación cons i uyen una aliosa con ibución a los ines de en ende a una nación la inoame icana que, desde Buenos Ai es ha, obcecada y a eces desespe- adamen e, insis ido en a i ma una na u aleza eu opea en las Pampas.—SERGIO EDUARDO VISACOVSKY. RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS Anua io de Es udios Ame icanos 346 Bibliog a ía BALAN, Jo ge — 1991 Cuén ame u ida. Una biog a ía colec i a del psicoanálisis a gen ino. Plane a, Buenos Ai es. BERLINCK, Manuel T. — 1989 “Di usao e cons uçao”. En: Bi man, Joel (o g.), F eud-50 anos depois. Relume Duma á, Rio de Janei o. BIRMAN, Joel — 1990 “An ído o con a as sei as”. En: Jo nal do B asil, cade no Idéias/Li os 208. DIAS DUARTE, Luiz Fe nando — 1986 Da ida ne osa nas classes abalhado as u banas. Jo ge Zaha Edi- o a, Río de Janei o. GARCÍA, Ge mán — 1978 La en ada del psicoanálisis en la A gen ina. Obs áculos y pe spec i- as. Al azo , Buenos Ai es. RUSSO, Jane — 1993 O Co po con a a Pala a. As Te apias Co po ais no Campo Psicolo- gico dos anos 80, Uni e sidade Fede al do Rio de Janei o, Rio de Janei o. VEZZETTI, Hugo — 1989 F eud en Buenos Ai es. 1910-1939. Pun osu , Buenos Ai es. — 1994 “El psicoanálisis y la es e a pública”. Pun o de Vis a 50: 19-22. — 1996 A en u as de F eud en el país de los a gen inos, de José Ingenie os a En ique Pichon Ri iè e. Paidós, Buenos Ai es. VISACOVSKY, Se gio Edua do — 2002 El Lanús. Memo ia y polí ica en la cons ucción de una adición psi- quiá ica y psicoanalí ica a gen ina. Alianza, Buenos Ai es. Rabasa, José. The His o iog aphy o Six een h-Cen u y New Mexico and Flo ida and he Legacy o Conques , W i ing iolence on he No he n F on ie . Duke Uni e si y P ess, Du ham and London, 2000, 359 págs. Nos pa ece que el úl imo lib o de José Rabasa (ca ed á ico de li e a u a la i- noame icana en la Uni e sidad de Cali o nia, Be keley) con inúa en su esencia algunas de las singladu as ya pe cep ibles en su p ime lib o In en ing Ame ica : Spanish his o iog aphy and he o ma ion o Eu ocen ism (1993). Las podemos sin e iza así: in en a saca a la luz del día algunos de los iolen amien os, o p o- cesos de subo dinación, que cons i uyen las diac onías Eu o-Ame icanas; in en a ela i iza oda con acción, e aimien o he menéu ico o incluso igno ancia deli- be ada (Eu ocen ismo le ado o no), cuando no acia lo de con enido; y inal- HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LX, 1, 2003 347 men e in en a ei indica pa a un p esen e y un u u o es as dimensiones subo di- nadas (llámense és as los indios de las Indias Occiden ales, la Amé ica an e io y pos e io a la adición de la Ilus ación, los mundos subal e nos den o y ue a de la ac ual geog a ía de los Es ados Unidos, e c.). Al lado de un au o mayúsculo como es An onello Ge bi, podemos de ini la sensibilidad in elec ual de Rabasa (1948- ) como indigenis a y pos colonialis a (págs. 16-20, 275-84), en el sen ido de que in en a pensa la ue za u u a del legado colonial de la Eu opa del Renaci- mien o en Amé ica, siendo conscien e de las emendas di icul ades de hace es o den o y ue a de los depa amen os de español y po ugués, den o o ue a de los Es ados Unidos. Las cues iones con las que se enca a W i ing Violence on he No he n F on ie son mayo es. Lo más impo an e es segui haciéndose es as p e- gun as aun cuando nos p esen en, de momen o, mu os casi imposibles de sal a se. W i ing Violence on he No he n F on ie cons a de seis capí ulos y de un b e e epílogo. Nos a e emos a o dena nues a eseña in i iendo el o den del lib o dando p io idad a lo que es imamos sob esalien e. El epílogo cues ionado de algunas nociones de his o ia, en diálogo con el his o iado de o igen indio Dipesh Chak aba y, se nos an oja ico en suge encias, si bien insu icien e. Las cues iones son i ales, desde un pun o de is a in elec ual, pa a odos aquellos in e esados po los a a a es de los ho izon es his ó icos en el con ex o con empo áneo. ¿Dónde, cuándo, cómo, po qué, pa a qué, con quién empeza a econs ui eso de “mode - nidad,” o ac ualidad, den o, de mane a conscien e o no, de la ma iz capi alis a?, es, cla o, undamen al e ineludible. O a cosa es que la en e gadu a de la cues ión deje nues o empeño co o. Si el mundo anglopa lan e de la Eu opa ica ansplan- ada a los educ os educa i os en los Es ados Unidos comienza la his o ia del mundo signi ica i o en el siglo de las Luces, ¿nos quedamos noso os aquí ambién dóciles y son ien es? Rabasa, en diálogo con oces disiden es como la de Chak a- ba y, nos empieza a ayuda diciéndonos que de ninguna mane a. Aho a bien, ¿dónde pueden es a las uen es de inspi ación, los pun os de e e encia, los léxi- cos libe ado es? La p egun a es sob ecogedo a, al ez no los haya, y uno al ez no deba ap esu a se a con es a con idelidad ciega a los lazos de sang e, las a i- liaciones nacionales, los quehace es p o esionales, e c. Es e epílogo es en e dad pun o de a anque del quehace de Rabasa con espec o a un ableau i an de pe - sonajes ci cunsc i os an e io men e a la Ilus ación.W i ing Violence on he No - he n F on ie con iene el ges o impo an e de inclui los ol idos pa ológicos al es- pec o del Su oes e de los EEUU, la zona más hispanizada de ese país aún hoy día. Y es o ya le an a ampollas en es a nación de inmig an es que se desconoce a sí misma an o como desconoce al es o del mundo. El mundo como plu alidad de mundos, la equipa ación de la subal e nidad y la his o icidad de mundos coloniales, que cie amen e nos incluye, y el e o po in en a imagina o os ipos de his o ia que no sean ep esen acionales, son es cues iones que, sin se exclusi as del quehace de Rabasa, ambién lo cons i uyen. El capí ulo sex o e sa sob e algunas isualizaciones de an agonismos y iolen- RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS Anua io de Es udios Ame icanos 348 cias, ya se a e de “an i-hispanismo” (así que emos aduci lo de an i-Spanish). Es lo que se suele sol en a con la exi osa apelación de la “leyenda neg a”. No se a a pa a Rabasa, cla o, ni de “limpia , ija y da esplendo ”, ni de co egi a i- buciones, ni de elegi en e buenos angeli os olado es o malos demonios en ado- es, sino de luchas de pode en e po encias eu opeas y de cómo és as lanzan al imagina io colec i o de las gene aciones siguien es sus in e esadas p opues as he - menéu icas. Las acusaciones de Ba olomé de las Casas son ap opiadas po g an- des ilus ado es como Théodo e de B y (1594) y o os manusc i os ilus ados menos conocidos en la Uni e sidad de Michigan, pa a ensucia la ca a impe ial de los ecinos del su . Se explici a y se es e iza así una iolencia impe ial que inclu- ye a ias modalidades y juegos de ap opiación y a ibución, inculpaciones y de en- sas. En e és as es a ían La España de endida y los iempos de aho a, de F ancis- co de Que edo, y la His o ia gene al de los hechos de los cas ellanos en las islas y ie a i me (1601-15), de An onio de He e a y To desillas. No me queda cla a la di e enciación en e alego ía y simbolismo (págs. 236-7), ampoco la sensación ác il (hap ic dimension) de dichas ilus aciones. No en iendo bien qué quie e deci eso de cie o llamado sen imen al, lo de eeling igh (pág. 241); o cómo la apela- ción a una posible “plu alidad de modalidades in e p e a i as de ecepción au icu- la ” se pueden elaciona con los g abados de De B y (págs. 201, 225, 236, 249), pues o que el ace camien o de Rabasa es eminen emen e (pan-) ex ualis a, imp e- sionis a (pág. 73) siemp e den o de ex os. Rabasa no lee es os ex os coloniales a la mane a de Roge Cha ie , siemp e ence ados, o incluso na u alizados, en el o ma o lib o. Hay poquísimos olios que cons i uyen la excepción que con i ma es a egla. El capí ulo quin o a a del magní ico esc i o Ga cilaso de la Vega (1539- 1617), au onomb ado “inca”, “mes izo” e “indio”. Rabasa se cen a en la ase ción de “indianidad” de Ga cilaso como ma ca explíci a y di e encial de su condición subo dinada con espec o a la ma iz de in eligibilidad eu opea. Es una pena que no juegue es e au o a con as a a Ga cilaso de la Vega con Felipe Guamán Poma de Ayala, un locus classicus en la c í ica colonial que ame i a ya unos cuan os lib os y muchas páginas. “Indio” es á cla o que hay que en ende lo como “o igi- na io de las Indias Occiden ales”. Es deci , como “ame icano”, en es e caso de o i- gen c iollo-hidalgo ilegí imo y ansplan ado a la epública de las le as en un con- ex o de la Península Ibé ica del XVll (se nos ocu e una conje u a: ¿no puede se es e Ga cilaso una cie a posibilidad de imagen de espejo his ó ico in e ido del mismo au o deW i ing Violence on he No he n F on ie , de la misma mane a que la igu a de Calibán lo ha sido pa a Robe o Fe nández Re ama y o os?). No que- emos en a aho a en desacue dos con Rabasa. Lo impo an e es hace no a que Ga cilaso de la Vega ep esen a pa a él en esencia la u opía de una coexis encia ole an e de mundos desiguales p opia de una sensibilidad ma ginal y li e a ia. Llena de suge encias es la yux aposición del “indio Inca” Ga cilaso con Ba uch Spinoza (1632-1677) en la ya nue a me opolis de Ams e dam. O la de és os con HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LX, 1, 2003 349 dad del colec i o de exiliados españoles a incados en A gen ina, an o con espec- o a los inmig an es, sob e odo de su mismo o igen, como con espec o a o os exi- lios como el de judíos cen oeu opeos, alemanes e i alianos, que son u ilizados como espejo y con apun o pe manen e. Ello le pe mi e a ina el análisis y llega a conclusiones o iginales ace ca de las es a egias polí icas y pe sonales de los exi- liados epublicanos y, sob e odo, ace ca de su ambi alencia iden i a ia, que com- pa en en buena medida con odo exilio, como bien lo señala Said al analiza el caso pales ino. La adopción de esa pe spec i a pe mi e a su ez a Swa zs ein si ua se en el lui mismo de la co ien e de eno ación de los es udios mig a o ios que con an o éxi o ha esca ado en los úl imos años el papel ac i o de sus ac o es, en de imen o de aquella isión que los conside a me o subp oduc o pasi o de polí icas y p ocesos socioeconómicos amplios, sólo abo dables con e icacia a a és del análisis de sus g andes a iables Al oma como eje el es udio de un ipo de iden idad colec i a, el ensayo alude como ema p incipal a la compleja y an deba ida cues ión de la ecupe ación de la memo ia, con sus múl iples combinaciones de elemen os subje i os y plu a- les. P opone como he amien a, y a la ez como esul ado de esa ecupe ación, un ipo de His o ia Social que su ge del diálogo en e la memo ia y la his o ia y de la econ e sión de la p ime a en la segunda. Es aquí donde juega un papel cen al la His o ia O al. A la ei indicación de la His o ia O al como he amien a y como co ien e de es udio his ó ico se dedica el p ime capí ulo. Algo lógico si se oma en cuen a que su au o a e a en el momen o de esc ibi es e lib o una de sus p incipales impul- so as en la A gen ina y pa icipan e ac i a de dis in as asociaciones in e naciona- les que se han consolidado en los úl imos años. De los a gumen os allí esbozados me ece des aca se el én asis con que se a i ma que los es imonios o ales no son me os ecuen os de hechos, dis o sionados muchas eces po el paso del iempo y po allos en la memo ia, sino que ep esen an cues iones cul u ales complejas, impo an es incluso en sus e o es y silencios. Como con i mación de que no se a a de un juicio des inado sólo a los cul o es de la his o ia o al sino de un p e- cep o me odológico aco de con las p eocupaciones de los his o iado es con em- po áneos en gene al, esul a opo una la mención, basada en a i maciones de Alan Knigh y Roge Cha ie , que la au o a hace de la his o ia o al como se ia ad e - encia con a las in e p e aciones inmedia as e ingenuas de los documen os. El én asis en la His o ia O al no con ie e al ensayo en una me a in e p e a- ción de his o ias de ida, más bien lo ayuda a plan ea una econs ucción social amplia a pa i de una combinación, un diálogo, en e dis in as uen es. El esul a- do es no sólo una in e p e ación de las múl iples es a egias ensayadas po los exi- liados epublicanos españoles en A gen ina pa a sob e i i , inco po a se a la sociedad ecep o a y cons i ui se como en idad colec i a, sino ambién una pe spi- caz pun ualización de zonas p oblemá icas de la polí ica in e na e in e nacional y una in i ación a p es a les mayo a ención en el u u o, sin que es o implique un RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS Anua io de Es udios Ame icanos 356 desme ecimien o de los a ances que au o es como Ranan Rein han ealizado en los úl imos años. Pueden ci a se algunos ejemplos: la polí ica aplicada po los gobie - nos a gen inos de la época con sus p opios ciudadanos ex comba ien es en la gue- a ci il española como b igadis as in e nacionales; los meand os de su polí ica ex e io en las décadas de 1930 y 40, con espec o a la neu alidad, la elación con España y el anquismo y la ensión en e concepciones dis in as del de echo de asilo, el s a us de e ugiado y su aplicación e ec i a. También las con inuidades y discon inuidades in oducidas po la polí ica pe onis a en esos mismos planos es- pec o a los gobie nos au o i a ios de la década del 1930 y la e olución de 1943. El con ex o in e nacional del exilio epublicano español al cual es desc i o en el lib o des aca cómo apa e de la excepcional ac i ud de México, el es o de los gobie nos ame icanos se mos ó p eocupado, de una mane a bas an e simila , po el “pelig o”que los inmig an es judíos alemanes, aus iacos e i alianos y los exi- liados epublicanos españoles podían ep esen a pa a el equilib io acial de sus poblaciones, la es abilidad de sus me cados de abajo y la “pu eza” o ca ác e nacional de sus ideas polí icas. En es e úl imo plano comenzaba ya a habla se de “ideologías disol en es”. En el caso a gen ino las es icciones implemen adas como consecuencia de la con e sión de dicha ideología en he amien a de polí ica ex e io dio como esul ado una escasa inco po ación al país de e ugiados españoles, básicamen e in elec uales y sec o es más bien acomodados, en gene al de o igen asco, que gozaban de una imagen posi i a en el imagina io de las clases al as locales. Como he señalado, las pa adojas son múl iples. F en e a un gobie no que ápidamen e se ap esu ó a econoce al égimen de F anco, incluso an es de acabada la con ienda, y que ambién desplazó la ges ión de la polí ica inmig a o ia del á ea de ag icul u- a y ganade ía a la del minis e io del In e io , lo que acili ó el a amien o unda- men almen e policial del ema, los epublicanos españoles goza on de amplia sim- pa ía en e la población local, a ianzada po la no able mo ilización p e ia en a o de la epública. Es digno de des aca en al sen ido que A gen ina ue uno de los países que, en con a de las ac i udes p o anquis as de sus gobie nos, más ayuda ma e ial b indó a la epública, hecho en el que jugó un papel impo an e el g an núme o de inmig an es españoles a incados desde décadas a ás en el país y mayo- i a iamen e pa ida ios del gobie no legal. Las nume osas en e is as ealizadas po Swa z ein a lo la go de a ios años le pe mi en mo e se con sol u a po los a eces con adic o ios e icue os y es- quicios ín imos del exilio epublicano español y analiza de alles de la a iada gama de a inidades y di e encias que lo incula on de dis in a mane a con o os colec i os con los que compa ió pa e de su ayec o ia. En la eme gencia de esa gama, nos explica la au o a, ue undamen al el papel jugado en p ime é mino po la ac i idad polí ica como núcleo de solida idad y como elemen o dema ca o io y, en segundo luga , po un manda o é ico, expe imen ado como hecho colec i o, que inducía a la comunidad a ac ua como ese o io de una adición cul u al eclipsa- HISTORIOGRAFÍA Y BIBLIOGRAFÍA AMERICANISTAS Tomo LX, 1, 2003 357 da po el le an amien o mili a . Además, sob e odo a pa i del momen o en que quedó cla o que la caída de la dic adu a no iba a se inminen e, la ambi alencia del exilio, cues ión cen al en ese p oceso de o mación de a inidades y di e encias, limi ada en un p incipio a su elación con su p opio pasado y con o os colec i os es ablecidos en A gen ina, se amplió has a aba ca ambién las ac i idades polí i- cas ealizadas en España po los g upos del “in e io ”, lo que o iginó ensiones y malen endidos den o del conjun o de la oposición al anquismo. Como no podía se de o a o ma, la en e gadu a de es a in es igación no impide que muchos emas hayan quedado en el in e o o a medio camino. Cues- iones como el papel especí ico de las muje es del exilio y su ac i idad como dina- mizado as de la cul u a y la sociedad ecep o a, es án sólo esbozados y me ecen sin duda una mayo a ención u u a. Lo mismo puede deci se ace ca de las di e- en es pau as de man enimien o del p opio lenguaje obse adas po emig an es y exiliados, pun o en el que se pueden es ablece co elaciones de in e és con el exi- lio a gen ino a España de ines de la década de 1970 y la emig ación pos e io . Desa o unadamen e la mue e de Do a Swa sz ein, Do i a, especialmen e solida ia y a ec uosa, como hemos podido obse a muchos de noso os aquí en España, ha dejado unco el diálogo ace ca de es as cues iones, y muchas o as, del que es a eseña p e endía o ma pa e. Es de espe a que o os con inúen el camino abie o po Do i a, y que sus emas, inculados a la ecupe ación de la memo ia his ó ica, an necesa ios pa a la salud democ á ica de los países la inoame icanos, y ambién de España, alcancen la en e gadu a que ella p e endía da les.—RICARDO GONZÁLEZ LEANDRI. RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS Anua io de Es udios Ame icanos 358