Las fuentes literarias en el siglo XVI. El Diálogo en laude de las mugeres de Juan de Espinosa
Abstract
Troughout the following essay the author intends to portrait one of the most astounding features of XVI Century literature: the mechanism by wich writers used to introduce a fairly great amount of quotations of texts belonging to precceding Iiteratures in their own cornpositions. The Diálogo en laude de las mugeres by Juan de Espinosa is examined as an exarnple.
Full text
LAS FUENTES LITERARIAS EN EL SIGLO XVI. EL DIALOGO EN LAUDE DE LAS MUGERES DE JUAN DE ESPI NOSA José López Romero Troughout thc fo llowing essay the author in tc nds to po rt rait one of thc most as toundin g features of XVI Ce ntury literature: the mcchanism by wich writers u sed to introd uce a fairly grcat amount of quotations of texts belong in g to pr ccceding Iitcratures in th eir own cornpositions. Thc Diálogo en laude de las muReres by Juan de Espin osa is cxamin cd asan cxarnpk. El lector no avisado cuando entra en co ntacto con la literatura del siglo XVI , especialmente con gran parte de la prosa humanística o la literatura dialógica, no puede por menos que sorprenderse de la amplísima nómina de autores y obras, clá sicos y modernos, laicos y religioso s, cultos y populares, que lo s escritores de este siglo mane ja ron co mo fu entes de sus composicione s. La mayoría de sus páginas están llenas de cit as (siempre al margen) que señalan los autores y obras de los que se han servido para la elaboración de algunos pasajes, historias, secuencias o sentencias de fuerte contenido mora l. Se puede sorprender también este lector de que ese manejo de fuente llegue a veces al abuso y de que vaya trascurriendo el texto c on transcripciones de o ri ginales, donde la aportación personal del autor es mínima y todo se abandona a la simple copia de sus fuentes. Se sorprendería aún más si, profundizando un poco en Ja materia, comprobase que estas transcripciones se han realizado con extraordinaria fidelidad. En un primer momento, nuestro lector podría considerar del todo imposible el conocimiento de tantos y tantos autores y obras, la mayor parte en griego y latín, en escritores del siglo XVI, muchos de los cuales no se caracterizaron precisamente por
56 José Lápe;- Romero llevar una vida monástica dedicada al estudio de Jos clásicos, sino que, muy al contrario , se destacaron por una biografía bastante ajetreada, llena de vicisitudes. En segundo Ju gar, aunque estas obras estén plagadas de cita s, tran scritas muchas de el las literalmente, su va ri edad y hasta su simple traducción y p oste rior co mposi ción y en garce en el con jun to de la o bra requiere un sa ber y un dom in io de las técnicas l it erar ia s que evide ntemente no puede tener una persona no experimentada. Sin embargo, a todas estas cuestiones que se plantea nuestro lector queremos ofrecer desde aquí algunas explicaciones. No cabe duda de que la mayoría de esc ri tores de esta corriente literaria a la que n os estamos refiriendo, no manejaron la amplia lista de autores que al principio de sus ob ras nos presentan o que podemos observar a través de sus páginas; no ma nejaron ta mp oco traducciones, ya que no todos los clásicos fueron trasladados a las l eng uas roman ces durante el siglo XV I. Las fuentes, pues, de nuestros escr itores son más simples, se reducen a unas cua ntas misceláneas o libros enciclopédicos, en los que se co mpendiaba to do el sabe r clásico. Las historias de personajes famosos. leyendas, fenómenos sobrenaturales e incluso se ntencias morales se contenían en estos libros, lectura obligada de todo hombr e del Renacimiento. Allí en con traban toda la materia de que querían servirse para com p one r sus obras, las utilizaban hasta el abuso, sin escrúpulos de ninguna clase, y de ellas cop iaban co n extraord in aria fidelidad. Estas misceláneas obedecían en su época a una necesid ad cu ltural: el hombre renacen ti sta co n cierto afán de conocimiento preci sa ba impe ri osamente de instrumentos que le ofrecieran un saber extenso aunque apresurado no sólo para confe rirle a su obra una dignidad basada en la autoridad, sino también para hacer ostentación o exhibir' una erudición, realmente <le «segunda mano»\ pero no menos digna y menos moderna de acuerdo con los tiempos que se vivían'. La 1 iteratura de misceláneas o li te ratura <le sa b er encicl opéd ico se nos aparece, a sí pues, como un género de enorme im portancia y difusión durante todo el Renacimient o, lectura fundamental para aquel que tuviera preocupacion es cultura les; un género, en definitiva, de rotun do éxito a lo largo del Siglo <le Oro. Otras fuentes utilizadas por estos escritores del XVI que no debemos olvidar son las obras de carácter religioso. Entre ellas destaca naturalmente la Biblia, de ntro ele ésta se presta mayor atención al Antiguo Testamento que al Nuevo, y con respecto a éste último se suele citar con más frecuencia a San Pablo4• Al margen del libro sagrado, se l oman L1-.<>NAR ix1 Rm11, Ro TonAR: «A ntonio de Torqucmada el humanista vu lgar de los Colloquios satíricos ... en AA . VV., Euudios sobre el Siglo de Oro. homenaje al profesor Francisco lnduníin. Madrid. Editora Nacional. 1984. pág. 397. MARCH . BATAll 1.oN:Ern.11110 y el erasmismo. Barcelona. Cri ti ca. 1983. püg. 323. ANTONIO P R1no: /,¡¡ ¡mw1 e.1paiiola del siglo XVI. l. Madrid. Cá ted ra. 1986. pág. 276. ANmN10 C Asrno DiA Z: Los ·Coloquios" de P edm Mexfa. Sevilla, Diputación. 1977. pág. 142: «Un segundo pun to a destacaren la re lación de a ut oridades es el desequilibrio existente entre lus citas del An ti guo (treinta
Lm j11e11les literarws en el SiJilO xvr. El «Diú/OJiO e11 /1111de de las lllllJieres» de Juan de E~pi11osa 57 referencias de algunos Padres de la Iglesia, especialmente San Jerónimo, San Ambrosio, San Cipriano y San Agustín. La obra de estos sant os padres por su prolijidad tampoco estaría al alcance de escritores apresurados y circunstanciales, por lo que debemos pen sar que se ayudarían de diversos epítomes que circularían por el siglo con amplia difusión o de otros te xtos que resumieran el pensamiento cristiano distribuido por temas. La cultura popular también fue de gran influencia en la literatura didáctica del siglo XV I. Representada por los refranes o proverb io s, éstos en ocasiones llenan las páginas de estas obras, se abusa de ellos y, como las misceláneas, es un tipo de literatura, Ja paremiológica, muy del gusto renacentista y cuyas recopilaciones también proliferaron en la época. Finalmente y ya en un segundo pl ano, tras de lo s tres grandes núcleos de inform ac ión (misceláneas, literatura religiosa, Biblia y epítomes, y refranero), aparecen otros autores de desigual im portancia y cuya influencia dependen particularmente de cada autor, del tema tratado y de la fuerza moral que la obra pretenda contener. En cuanto al abuso de estas fuentes y a la transcripción tan fiel de los textos que algunos se atreverían a calificar simple y llanamente de «copia)>, hemos de aclarar que no estamos ante una literatura de creación, sino ante una literatura de imitación, entendida ésta en su concepto chísico. El autor en modo alguno abandona la creatividad, sino que la subordina a un principio para él mucho más importante y fundamental: el principio de auto ridad\ Al mismo tiempo, esta autoridad, representada por la variedad de fuentes, le proporcionaba a la obra una dignidad que en el siglo XVI se entendía como uno de sus valores consustanciales, m<ís si tenemos en cuenta el afán didáctico que alumbraba a toda s ellas. Et. DIÁWGO EN !Al/DE DE l.AS MUGERES DE JUAN DE EsrlNOSA El Diá logo en laude de las mugeres, obra pe rt eneciente al tipo de literatura al que no s estamos refiriendo, fue compuesto por Juan de Espinosa y editado por vez primera en Milán en 1580. En ella se condensan todas las peculiaridades que hemos venido señalando respecto al uso de fuentes literaria s. y siete referencias) y del Nuevo Testame nt o (seis refer enc ias). En u na época en que cada vez se mira con más recelo al autor que menciona con fr ecuenc ia al Antiguo Tes tamento o a San Pahlo. pues eran la~ fuentes predilectas de tos cristianos nuevos. Pedro Mcxía no se muestra muy influ enciado por esta c01Tiente de opinión». lbidem. pág. 140: «Durante la Edad Media y los Siglos de Oro. e incluso posteriormente, la referencia y dependencia de una obra con respecto a determinadas fuentes externas le confería un valor ulterior. Se consideraba un poco menos que menospreciable la o bra cuyo con1cnido y personajes hubieran sido creados por su autor de una rnam:ra exclusiva. Las fuentes de lo~ diferentes asun t os eran ex traordinariamente diversas y hasta el siglo XV I II predominaron l as fuentes literaria~ ».
58 Jos é Ltípez R omero Espinosa en los preliminares a la obra ya nos ofrece una extensa li sta de autores de Jos que se ha servido para la elaboración del texto. Lista que se va eng ro sando co n otros nombres a medida que vamos leyendo el diálogo y cuya variedad queda com probada si citamos a algunos de e ll os. Aristóteles, Plutarco, Cicerón, Suctonio , Va lerio. Máximo , Trogo, Polibio, Stéphano Ballengardo, Cornelio Tácito, P edro Mex ía , loan R avisio Textor, Boccaccio, Antonio de Torquemada, Virg ili o, Ovidio, San J er ónimo, San Agustín, San Juan, San Pablo, etc .. .<'. Si tenemos en cuenta la biografía de Juan de Espinosa, hombre dedicado a las armas como su auténtica profesión, en la que destacó en sus estancias en Venecia, donde ca nalizaba toda la información sobre las distintas armadas que prepa raban los turcos para el asedio de Europa ; hombre que participó en diferentes batallas qu e lo llevaban de un lado a otro del Continente, podemos suponer, por tanto, que todo el bagaje de erudición desplegado en el Dicílogo en laude de las mugeres no debe responder a un conocimie nto directo de tantas fuentes, sino má s bien al manejo de e sos libros enciclopédi cos, misceláneas, que ya hemos comentado. Efectivamente, Juan de Espinosa utilizó como fuentes directas de su obra fundamentalmente cuatro mi sceláneas: la Offi ci na de loan Ravisio Textor , la Silva de varia lección de Pedro Mexía, el Jardín de flores curiosas de Antonio de Torquemada y el Sentellliarunz volumen absolutissimum de Stéphano Bellengardo. Cuatro obras de las que extrae la mayor parte de la información correspondiente a los autores cl<í.sicos n ombrados en el diálogo: la Offic i11 ase cita en 35 ocasiones y es fuente directa de 23 autores; la Silva, en 27 y es utilizada como fuen te de 13 escritores; el Jardín, 25 y 7 respectivamente, y por último, el Sententi(llWll, con 4 y 9. Por otra parte, Espinosa también hizo uso de la Biblia, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamentos, destacan do en el primero l as 41 citas del Ec/esi cís ri co y las 32 de los Proverbios, y del segundo las 18 citas de San Pablo. San Jerónimo, San Agustín y San Cipriano son, asi mi smo. los Padres de la Iglesia que también sirven de fuentes al Di álogo en laude de las mu ge res, aunque con escasa repercusión, ya qu e el número de sus cit as es realmente ínfimo respecto de los que hemos nombrado co n a nt erioridad: 6 San Jerónimo, 5 San Agustín y 2 San Cipriano. El gusto por lo s refranes como manifest ac ión más viva de la sabiduría popular durante todo el siglo XVI, ll evó a nuestro autor incluso a elaborar una recopilación de éstos, en número de seis mil, en parte compuestos y en parte recogidos por él mi smo. Este inter és por los proverbios se constata perfectamente en el diálogo, en qu e se insertan 72 de ellos. Y finalmente, otras fuentes de menor trascenden cia para la obr a pero que también son importantes por su variedad y porque nos señalan las preferencias 1 it erarias del autor, la temática desarrollada y su afán didáctico las representan en el Diálogo en laude de las " Ju,\N D I: E.<;rJNDS A: Diti/o¡:o en laude de lm muReres. Mi l án . 1580, h oja 4ª vº. Véase mi ed ición de es ta o bra (Granada, 1990), págs. 6 1-62.
!..as fuentes literarias en el si}iio XVI. El «Diálo go en laude de las mu ge res» de J11 a11 de Espinosa 59 muger es el opúsculo De fo ntibus, lacuhus,jluminibus, stag 11is et pal11dib11 sde Boc cacc io, que se recoge dentro de su obra Ge11ealogiae cum de m ostratio11 ibus informis arborum, ejusdem de montibus et alii tractaiis 7, la obra de Francisco Thámara De fas cost umbr es de las gentes, la Historia general y natural de las I ndias de Gonzalo Fernández de Oviedo , los Claros varones de Castilfade Hernando del Pulgar y ha sta el Dioscórides de A ndr és Lag un a. Quizá no sea éste el lugar más adecuado para exp li ca r con deta ll e la adaptación qu e hace Espinosa de sus fu e nt es para in sertarlas en su obra . La extensión de la m ateria y la va ri edad de los mecanismos así nos obliga a considera rlo . Sin embargo, haremos mención de la fidelidad que Espinosa mantiene con la mayoría de los textos que le sirven de referenci a, valga co mo ejemplo estos dos pasajes, el primero extraído del Jardín de flor es curiosas de Torquemada y el segundo del Di álogo: « ... lo cuenta el Papa Pío, cuyo nombre se dijo Aeneas Si lv io, el cu al dice que en Escocia, a la ribera de un r ío , nacen unos árboles, cuyas ho ja s, cayendo en el agua y podresciéndose, engendran en sí un gusano que poco a poco va cr eciendo y emplumece, y le vantando sus alas, vuela y anda por el aire »K . «Críanse ala ri v era de un río en Esc0<;ia i;iertos árbores, seg ún cuenta el papa Pío (que se ll amó A enea Sil vio), cuyas hojas, cayendo en el agua y podre s~ién do se, engendran en sí un gusano que poco a poco va cres~ i e nd o y emplumesce y levantando sus alas huela y anda por el aire». (A l margen: «Aen ea Sil vio Torqu em. li b. 2»)'1. Por otra parte, debemos destacar aquí el grado de perfección alcanzado p or la ma y oría de est os autores de pro sa didác ti ca, y Espin osa es un buen ejemplo de ellos, en la inserción de sus fuentes en la línea argumental de la obra. Si no advirtiesen con las citas al margen de la pro ce dencia de la s secuencias o hi sto ri as, se ntencias y hasta cuentecillos, no apreciaríamos en absluto si el texto transcrito es simple co pi a o creación personal. En esto consiste re almente uno de los valores literarios más característicos de este género. CONC LUSIONES A lo largo de este recorrido quizá hayamos trocado las sorpresas de nuestro s upuesto lector en co nt inuos d ese ncantos: lo que parecía conocimien to exhaustivo de los clás ico s se ha convertido en manejo de enciclopedias, los text os inse rt ados en la ob ra en ba s tante s ocasiones son cop ias literales de las fu entes y lo que era el gus to renacentista por la sabiduría popular se redu ce al u so de refraneros. 7 Editado en Ve ne ci a, 1 51 1. ANmN10 DE To RQUEMAnA: Jardín de flores rnriosm. e di ción <l e Gi o vanni Allcgra, Madrid, Castal ia , 1982, pág. 205. '' JUAN DI-: E.w 1NosA: Op. cit .. fo l. 64 vº.
60 José López Romero Sin embargo, todo ello responde, como hemos venido señalando, a un tipo de cultura muy legítimo en su época, no menos digno que culquier otro y que tiene por objeto fun damentalmente conferir a estas obras, productos de escritores apresurados y circunstanciales pero con afanes eruditos, una au to rid ad sustentada en una amplia nómina de autores clásicos y literatura religiosa, cuyas obras supuestamente habían manejado; todo e ll o con una clara in tención didáctico-moral y un interés por exh ibir una erudición y una cultura que por su procedencia debemos considerar bastante superficial y de «seg unda mano».