La Batalla de Lepanto : romance histórico
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BOMAKfCE HISTÓBICO. I í. Atí patria me dirijo, átí mi querida patria; oye mi pobre romance, óyeme, pueblo de España: óyeme ,sí ,que hoy mi lira de laurel engalanada, las glorias vá árecordarte qué en otro tiempo alcanzaras. Hoy mi lira, patria mia, áotros dias se traslada para cantar tus proezas, tus gloriosos hechos de armas, tus continuadas victorias, tus gigantescas batallas. Hoy cantaré la gloriosa que obtuviste allá en las aguas de Lepante; la mas grande que álas huestes mahometanas dejára materialmente deshechas ytrituradas. Yo bien sé, patria querida, que tus glorias fueron tantas. ^que el laurel de la victoria ^ornó todas tus batallas, éHablen sino Covadonga, ^en la que con gente escasa jvenció Pelayo las huestes 5numerosas musulmanas; íysiete siglos mas tarde ^la rendición de Granada. Hablen San Quintin, Pavía, sGravelines yLas Navas. •'* __ ^ ^Hablen.... pero áqué cansarme, $si todos saben que España fué siempre, siempre valiente, mé siempre, siempre esforzada; ^yque al escudarse humilde ^en su ardiente fé cristiana, ^debió al cielo que en sus lides í; benévolo la amparara. ^II. \Ya el siglo décimo cuarto ^mas de su mitad pasara, \cuando Selim el Gran Turco, ^que allá en Oriente reinaba, t' .i
I 4ji BIBLIOTECA DE LA ILUSTBAOlON POPULAB. por Mustafá aconsejado en 8U ayaricia insensata z pidióle un dia áVenecia \ la isla de Chipre apreciada. ^ Venecia la dueña siendo I de la isla ,negóse ádarla; l mas Selim ,no respetando \ la propiedad que es sagrada, \ decidió según consejo ¡ de Mustafá, conquistarla. i Uluc-Alí mientras tanto \ con una potente armada \ penetrando por el golfo .| de Venecia en las cercanas \ riberas ,cual el torrente í que se desborda ,yarrasa \ cuanto ásu paso se opone ¡ en su incontrastable marcha, í negro luto fuá sembrando < por todas aquellas playas; i tan pronto llega áuna aldea i yprende fuego álas casas, i yásus pobres habitantes los esclaviza ólos mata, como vá por los sembrados ylas ricas mieses tala. Es la tempestad terrible; es el rayo que desgarra el tronco de añosos árboles; que Ülucr-Alí por do pasa, pasa tras de sí dejando desolación, luto ylágrimas. f Venecia ante estragos tales ^ la protección demandaba ^ de las naciones vecinas; pronto socorrióla el Papa, ? que en aquella sazón era I Pío Quinto el que reinaba, ? mandándole diez galeras ¡ en ausilio de su escuadra. \ Mientras esto sucedía ^ las tropas mahometanas l de Selim ante Nicosia \ sus reales asentaban. \ No me detendré ácontaros ^ los apuros que pasaran ¡ los intrépidos guerreros ^ que defendían la plaza. \ Selim sitióla por hambre, | yNicosia estenuada tuvo por fin que rendirse álas enemigas armas. •••••••• • Viendo el Papa que los turcos gran incremento tomaban, álos príncipes cristianos les dirigió una llamada, * áque Felipe Segundo correspondió sin tardanza. Entonces formóse en Roma con Venecia ycon España para combatir infieles una poderosa alianza; una liga contra el turco que se llamó liga santa. Ya el año mil yquinientos setenta yuno marchaba hácia su fin ;yen el puerto .de Mesina ya se hallaban por aquel tiempo, reunidas casi todas las escuadras. Llegaban de todas partes galeras ygaleazas, unas conduciendo tropas, otras provisiones yarmas. Tantos bajeles se vian que todo el puerto llenaban, ybien pudiera decirse que desde épocas romanas jamás habían pesado de aquel mar sobre las aguas áun mismo tiempo reunidos tanto bajel, tropa tanta. Ciento setenta galeras perfectamente equipadas bajo el mando del invicto general D. Juan de Austria, eran las representantes del grande poder de España. Doce seguían áéstas, de Pió ,con seis fragatas; luego ciento treinta ycuatro de las tropas venecianas. Antes de hacerse ála vela llegó un legado del Papa I
LA BATALLA DB LBPANTO. 3 portftdor de la noticia de indulgencias yde gracias para todos los aliados como en tiempo de crnzada. Por fin ála mar se dieron al comenzar la mañana del diez yseis de Setiembre, en medio de la algazara de las músicas sonoras yel Tuelo de las campanas. ••••••••••# Famagusta mientras tanto por TJluc-Alí sitiada resistir no pudo el choque de las huestes musulmanas, ün día junto ásu tienda Üluc-Alí se encontraba sentado con el orgullo del que despótico manda, cuando se llegó un soldado yárespetuosa distancia se detuvo: —«Un mensagero^ le dijo ,que de la plaza llega en este mismo instante quiere hablaros sin tardanza. —Que pase./ Aver si se esplica esa cobarde canalla.» Casi al punto se presenta un hombre ya de avanzada edad ,su rostro arrugado ysu cabeza ya cana. —«Pasad aquí, mensagero. —Soy el gefe de la plaza. —Sentaos.—No ,no me siento, —¿Quó queréis? —Hablar con calma. —¿Capituláis?—Si es con honra para las armas cristianas, sí.—Pues pasad ámi tienda, ytened plena confianza.» Ylos dos sin mas testigos que una mesa de campaña yvarias sillas ,entraron Ien la tienda capitana, \No trascorrió mucho tiempo Isin que ambos ádos firmaran iun pliego que contenia lclaramente estipuladas \las bases de la honrosísima lcapitulación ,pues trata IBragadino ,el buen anciano, lel de la cabeza cana, 1que se respeten las vidas \yhaciendas; mas ¡negrainfamia! Idespués cuando ya las tropas \del turco posesionadas l.de Famagusta estuvieron, ífaltando ála fé pactada IUluc-Alí áBragadino lyáotros gefes que allí estaban íentre suplicios horribles sla existencia les arranca. ILa escuadra en tanto áLepanto ¡buscando al turco marchaba. IPor fin el siete de Octubre \al comenzar la alborada ¡dos horas antes que el sol \sus rayos de oro mostrara, sde las cristianas galeras llevantáronse las anclas. ¡Ya estaban frente ála costa \de la deliciosa Albania Iála altura^ de las islas ICurzolares óEquinadas \cuando las galeras turcas ‘distinguió una veneciana. IDon Juan mandó enarbolasen íla bandera sacrosanta lde la liga: un cañonazo, anunció que la batalla liba ácomenzarse pronto {reñida yencarnizada. III. 5Estaba el cielo sereno; con dulzura el sol brillaba, \yrefiejaban sus rayos • llos aceros ylas aguas, >los esplendentes escudos <.ylos yelmos deslumbraban \yen las popas de los barcos
4BIBLIOTECA DE LA inscripciones de oro yplata. Todo se hallaba en silencio; todo en aparente calma. Cuando se encontraron cerca frente áfrente las armadas Don Juan exhortó álos suyos pronunciando estas palabras. «Nobles yheróicos soldados «de las naciones aliadas. «Vosotros que siempre fuisteis «valientes :los de la España «nobles hijos :de Venecia «fuertes'guerreros :romanas «huestes :átodos os hablo. «Santa ynoble es nuestra causa, «no dejeis que nos pregunte «esa morisma insensata «¿por qué vuestro Dios os deja? «decid ¿por qué no os ampara? «Pelead con fé en su nombre «que la victoria os aguarda.» Nunca la fé verdadera nunca queda defraudada. Soplaba el viento contrario para la flota cristiana; cuando el cielo dió una muestra de sus favores muy clara, pues el viento de repente cambió en dirección contraria. ¿No habéis visto con frecuencia la tempestad ,que con calma vestida de negras nubes muda ysilenciosa avanza, yluego rompiendo ronca con fuerte bravura estalla entre el horrísono trueno yal huracán que rebrama? Pues así las enemigas silenciosas avanzab^an yendo ábuscarse una áotra con magestuosa pausa, hasta que rompiendo el fuego las galeras capitanas en confusa gritería chocaron las dos armadas, del cañón al ronco estruendo al silbido de las balas, uy pronto se hizo el combate una lucha encarnizada ILUSTRACION POPULAR. 5en que los hombres reñian ^cuerpo ácuerpo ,cara ácara. ^Chocaron primeramente ilas galeras mahometanas ide Siroko entre el estruendo lde los gritos de batalla ^con las heróicas galeras \que Barbarigo mandaba. \Astuto cual la serpiente ' lque por el suelo se arrastra \conocedor de la costa ^Mahomed-Síroko trata 1de envolver áBarbarigo yásus tropas denodadas; mas conseguirlo no pudo >sino en una parte escasa ^ante el valor ypericia de las galeras cristianas. 5Maniobra muy semejante contra el de Doria intentaba ?Uluc-Alí el argelino ^hacer en la izquierda ala, $mas Doria estendió su línea \para impedir que pasaran. JUluc observando en tanto \que estaban muy separadas en su frente las galeras, ?casi todas venecianas, saprovechó este descuido I para de cerca atacarlas. Valientes sus defensores hasta la audacia rayaban oponiendo con sus pechos inquebrantable muralla, \dique fuerte que no rompen >las saetas ni las balas. íSola se encontraba entonces ^la galera capitana ^que llevaron áLepante \los caballeros de Malta. iAudaces se defendían lcontra las turcas galeazas lque en número mas crecido \por aquel lado atacaban, Iyen su valor indomable, len el pecho la cruz santa íno consintieron rendirse \álas enemigas armas. Redoblaron el ataque
5 LA BATALLA DE LEPANTO. los turcos con fuerte rabia :» rodeando por ambós lados el fuerte bajel de Malta, mas éste incansable siempre por todas partes lanzaba cual un foco de granizo de sus mosquetes las balas. «Al abordaje,» los turcos con furia feroz gritaban asediando la galera numerosísimas lanchas. Los escasos defensores \ que dentro de ella quedaban, ^ antes que verse vencidos ^ por las tropas mahometanas \ se agruparon en el puente I con incomparable audacia \ aguardando el abordaje ? para pelear cara ácara. \ Cual el numeroso rastro ? de las hormigas que asaltan ^ de rico trigo un granero ^ tal hácia el bajel se lanzan ^ los turcos; por todas partes ^ cubriendo al bajel las bandas ^ en número tan crecido I que casi centuplicaban ^ el número ya pequeño \ de los guerreros de Malta, ^ que audaces en heroísmo \ con la fuerza que les daba ^ su valor nunca amenguado ^ en su indómita pujanza, \ emprendieron con los turcos ^ una lucha encarnizada l hasta que murieron todos \ menos tres, que se salvaran ^ confundidos con los muertos ^ ymal heridos estaban. ^ Mientras todas estas cosas ^ sucedían en las alas, l en el centro con empeño } unos áotros se buscaban ^ con grande estruendo chocando l las galeras capitanas. \ Alí-Bajá con sus fuertes í tropas esperimentadas I comenzó un nutrido fuego, \ lluvia de flechas ybalas I al que con ardor creciente . contestó D. Juan de Austria con las tropas españolas que en su galera llevaba, que heróicas cual siempre fueron yde gloria inmortal ávidas, contra los turcos genízaros, los guerreros de mas fama que entonces se conocían por todas aquellas aguas, emprendieron una lucha descomunal ytitánica. Por todas partes el fuego con furor se redoblaba, vomitaban los cañones la destructora metralla yrelumbraban en torno estremecidas las aguas. Las nubes que el humo hacia, lentamente se elevaban en espiras caprichosas, ora negras ^a blancas, ocultando álos bajeles ámedida que engrosaban todo lo que sucedía áno muy larga distancia. La sangre en vapores rojos por las galeras rodaba yde la mar se tiñeron despareciendo sus aguas. Todo confusión ymuerte era allí ;sus negras alas tendió sobre las galeras la fea yhorrible parca. Cuadro triste ,sí ,muy triste los bajeles presentaban; cuadro de terror yespanto que de luto llena el alma. No hay pintores, no hay poetas que esta sangrienta batalla con sus colores mas vivos puedan siquier sea pálida retratar, siempre sus copias débiles serán ylánguidas, que aquella lucha terrible, tan cruda ytan sanguinaria no la describe la pluma, ningún pincel la retrata. Las tropas que Barbarigo
6BIBLIOTECA DE LA contra Siroko mandaba se batían con dennedo haciendo heróicas hazañas» Barbarigo ,de una flecha que le destrozó la cara yle hizo saltar un ojo fuó herido, mas no fuá causa de que sus valientes tropas su ardor bélico amenguaran. Un valiente capuchino atando en una alabarda su cruz ,fué áocupar el puesto que Barbarigo dejara. Entusiasmadas las tropas al mirar la enseña santa redoblaron el ataque, mientras las tropas contrarias iban con mucha cautela tomando la retirada. Notáronlo los cristianos, yaumentando la pujanza de su valeroso ataque en contra la capitana de Egipto, de él no cejaron hasta conseguir tomarla. Mahomed-Siroko fué muerto álos golpes de la espada de Cortarini, yen tanto que áBarbarigo anunciaban la noticia ,satisfecho la oyó mientras espiraba. IV. En el centro con empeño indecisa la batalla seguía aun :por dos veces el abordaje intentaran los valientes españoles al grito de Dios yPatria. Un hombre ,no, un elemento^ con indómita pujanza corría por todas partes entre las tropas cristianas moviendo cual torbellino su nunca rendida espada; desparecía entre el humo del canon ,entre las llamas; aparecía de nuevo dominando su mirada los bajeles enemigos iLUSTBAOlON POPULAB. I cón la fiereza del águila. Corría de un lado áotro mas con lijereza tanta, que era el movimiento mismo pero con formas humanas; tan pronto estaba en la popa sobre la parte mas alta como en la proa óel puente óasomado por las bandas. Era el fulgor de la guerra el genio de la batalla, era el general invicto, era en fin D. Juan de Austria. Con infatigables bríos ápesar de su avanzada edad Sebastian Veniero ásu lado peleaba. YRequesens yColonna con el príncipe de Parma, lyFigueroa el valiente, \Carrillo ,ürbino yZapata. ¡ No menos digno de gloria también fué en esta batalla un soldado que rendido por una fiebre en la cama abandonando su lecho pidió que le colocaran' len un sitio peligroso ípor defender la cruz santa. IEste soldado valiente {que tanto ardor demostraba, lfué herido en la mano izquierda ¡yel pecho; yestas palabras ldijo entonces: «Las heridas I«recibidas en batalla «á nuestro Dios defendiendo, ¡«son estrellas que nos marcan ¡«el camino de la gloria, l«el templo do esta la fama.» ¡¿No conocéis al soldado ¡que de esta manera hablaba? iPues era el inmortal genio Ide la lengua castellana: íera Cervantes el Héroe ¡de la España literaria, \que si lauro alcanzó entonces lmayor lauro le aguardaba ícon su Quijote, modelo >de nuestra querida habla.
LA BATALLA DE LEPANTO. Tambienjustoesque nombremos tributando elogio en aras de la pericia ,áD. Alvaro de Bazan^ que con su escuadra de socorro ,siempre átiempo átodas partes llegaba. ¿Mas para qué ir relatando las inauditas hazañas de capitanes ytropas, si estas fueron tantas ,tantas, que en cien romances como este no se vieran acabadas? Baste con decir que todos, desde el mismo D. Juan de Aushasta el último remero (tria cumplieron cual se esperaba, que todos fueron heróicos todos por la liga santa. Continuaba en el centro con ardor aun la batalla. Por tercera vez el toque de ataque en la capitana resuena ,ylos españoles al abordaje se lanzan. Opónenles los Genízaros otra vez fuerte muralla lanzando con mucho tino sus flechas envenenadas; pero los arcabuceros que llevaba D. Juan de Austria, ante tan nutrido fuego nunca cobardes desmayan contestando con espesa lluvia de certeras balas. Aproximábanse heróicos .cuando allá en la capitana de los turcos se vé un hombre caer inerte de espaldas, yal momento se 03^ en gritos yuna confusión estraña yal mismo tiempo las tropas españolas se abalanzan abordando la g’alera al grito de «¡viva España!» ¿Mas qué confusión impera en las tropas musulmanas? ¿Por qué todos gritan yhuyen óarrojan al mar sus armas? ¡Ah! mirad, mirad, el hombre que antes cadáver quedara es Alí-Bajá, los turcos han perdido la jornada. Mirad el asta bandera, ya la enseña sacrosanta de la liga en ella flota. La media luna de plata se ha amainado; la victoria es de las tropas cristianas. «¡Victoria!» todos repiten, «demos ála Virgen gracias «¡sí ,porque hoy la del Remedio «nos dió su protección santal» Aun Üluc-Alí ignorando la ya victoria alcanzada sostenía su combate de Doria; que socorridas por Bazan ,pronto rescatan del capitán argelino la capitana de Malta. Yluego al ver la bandera de los cristianos izada en sus bajeles ,con todos los que pudo ,en retirada se pronunció yen su fuga del cabo en la playa baja muchas galeras que huian se quedaron encalladas. Temerosos los cristianos ycon razón no infundada de una tempestad que entoncí se cernia en lontaoanza apresaron’ las galeras qae los turcos entregaran libertando álos esclavos cristianos que allí remaban' las galeras inservibles entregaron álas llamas apresurados marchándose hácia el puerto de Pétala ' que la tempestad de prisa’ con ronco mugir llegaba. Pueblo español ,ya escucha que cual mi lábio lo canta fi siempre por tu fé venciste! ^ que siempre victoria alcanza
8BIBLIOTECA DE LA quien al cielo humilde implora cuando desnuda la espada, que por la razón esgrime, que sin honor nunca envaina. Pueblo español ,satisfecho puedes estar de tu patria, áque alfombran los laureles de esta yotras mil batallas, que el mundo entero llenaron de tu gloria yde tu fama, de tu valor indomable, de tu hidalguía estremada. ILUSTBACION POPULAR. \Pero, tú, pueblo querido, lsi esta trova te entusiasma \no dejes por su influencia \de amar la paz dulce ysanta, lmadre de todo progreso, I lazo de flores que halaga, yque áDios nos aproxima yhasta el cielo nos levanta. Así, pues, mientras tus glorias >este humilde poeta ensalza, \tú pide siempre ála Virgen \paz conceda ánuestra España. Rafael Aparici yPuig. Valencia; Imp. de J. M. Ayoldi.