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La escuela del «toreo de salón»: la arquitectura joven sevillana

Pérez Escolano, Víctor

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Han t ranscurrido una dece na de años desde que la Escuela de Arquitectura de Sevilla, la primera surgida con la explos i ón de la población universitaria de entonces, tras las tradicionales de Madrid y Barcelona, comenzase a dar tít ul os a hornadas sucesivas de nuevos arquitectos. Los años finales del franquismo, el período del desarrollismo, de la apertura de fronteras culturales y de la incipiente industrialización de Andalucía, son el ámbito en el que unos centenares de arquitectos andaluces inician su trabajo . Estas exóticas latitudes (así calificaba a nuestra región nuestro quer i do amigo Oriol Bohigas) no fueron mucho más extrañas, chocantes o extravagantes que otras más al nor te, y ello ni siqu i era en nuestro siglo (remontarnos más en el tiempo . podría llegar a ser cruel). Cierto que cuando José Luis Sert construye en Sevilla su primera obra, la casa de sus primos los Duclós, el panorama arquitectónico está electrizado por el montaje de la Exposi - ción Iberoamer i cana; pero aún así su obra no será el único exponente de los nuevos vientos que, au nque flojo , nunca dejan de sop l ar del todo allí donde se den un mínimo de condiciones. A manera de argumento panorámico de nuestra cultura -nada de argumentalidad - , el papel de la latitud andaluza en la generación del 27 bien valdría para recomponer la verdadera dimens i ón de la cultura andaluza, en sus contrastes y en sus ambigüedades, y seguidamente i niciar el juego del puzle de esa estampa a nivel de toda la península. 8 Ví ctor Pérez Escolano La escuela del «toreo de salón». La arq ui tectura joven sevillana Ci erto, sin duda, que , en Andalucía, en su postración social y económica, la producción cultural languidece tanto más cuan to más imbr i cada está cada parcela con los cond i ciona n tes estructurales. Justamente esa postración ad - quiere ribetes patéticos a lo largo de la Dictadura franquista, sólo tím idamente difuminados en los últimos años, tras la reconversión de nuestro capitalismo nacionalista -menos en el cam - pohacia posiciones en cierto modo homoL gables con las del ámbito europeo. La arquitectura sevillana de los sesenta y los setenta va acomodándose, en su reducida dimensión, a lo que son las líneas de tendencia que se aprecian en otros ámb i tos de España. La dicotomía Madrid-Barce l ona, o la ev i dente entre producto comercial y producto cultural -tan querida a los que se consideran arquitectos-, encuentran su eco en Sevilla. Al igual que ocurre con otros campos culturales como pueda ser, por ejemplo, la pi ntu ra. No sin curiosas duplic i dades , por otra parte explicables, se va conformando la dob le alternativa al trabajo profesional: la arquitectura de consu - mo o el ejercicio intelectual, y ello no necesariamente identificado con la respectiva división entre oficinas grandes y pequeños estudios. (El rank i ng de ingresos profesionales su ele contar en su cabeza con nombr es que dirigen estudios de reducida infraestr u ct u ra, así como algunos arquitectos mantienen una tensión cultural dentro de estudios grandes.) Luis Marín de Terán, arquitecto culto, maestro de muchos de los más jóvenes, representa - y nunca mejor dichola be l igerancia de l as pos i ciones arquitectónicas. Catalan i sta aunq ue titulado en Madrid, bien informado au nque muy select ivo, invoca n te de las su - peraciones de cada coyuntura con n ombres propios, de Ka hn a Venturi, de éste a los Five, con un re l ativ i smo pro - gresivo hilvanado con la lógica de los tiempos. (Proceso de superación con una fuerte fijación elitista, de modo que difusión equiva le a obsolescencia.) Luis Marín es como un elemento puen - te entre el provincianismo más o menos habitual, con excepciones, entre las docenas de arquitectos residentes en Sevilla hacia 1965, y las perso na li dades más destacadas dentro de las promociones surgidas de la Escuela, aunque mueva al reconocimiento más i nquebrantable o al rechazo, precisamente, apasionado. No es fácil establecer una definición de conjunto de esos arquitectos interesantes salidos de las au l as de Sevilla, al gunos de l os cua l es muestran su traba jo en este número de la revista. Hablar de una Escuela de Sevilla (ya se intentó algo parecido con nuestros novel i stas) podría significar una dudosa operación de promoción, por otro lado ya muy manida. (Que ese tipo de ope - raciones se han montado es al go indudab le, y al guna vez valdría la pena hacer una pequeña hi storia de esos montajes.) ¿ Qué hay de común entre la arquitectura de José Ramón Sierra y la de Gonza lo Díaz Recasens, por ejemp l o? En los Sierra existe una vo l untad de virtuosismo que denota la obsesión por la obra personal, sin guiños ni refe - rencias estilísticas - que se esgr i man como tales-, sin pre j uicios que no sean casi sólo los sicológicos. Es cu - rioso contemplar en sus proyectos una excitante simbiosis entre intuición y rigor, como la que se aprecia en una obra tan importante como la casa en la calle Pedro del Toro (ejemplar para la arquitectura a hacer en el centro histórico). Este es un riesgo -que en el ejemplo citado se decanta favorablementeque Sierra asume con una seguridad -aparente al menos, es decir, voluntad de seguridadpropia de los maestros de la época dorada del movimiento moderno. Por su parte, en los proyectos de Díaz Recasens la componente sicológica de su personalidad genera una fijación del método proyectual , la composición por partes. Desde los ejercicios reducidos en su serie de locales bancarios, hasta el interesante edificio de la Facultad de Económicas, realizado en estrecha colaboración con Fernando Villanueva, el valor abstracto de las piezas, a veces de definición más literaria que espacial, busca una recurrencia a la categoría formal-monumental a través de la yuxtaposición. En éste, como en casi todos los demás arquitectos jóvenes cuyos trabajos se reproducen aquí, hay una insistente voluntad autonómica para la disciplina, con la esperanza de que la hipótesis de su control pueda convertirse en realidad. La invocación, esa fórmula adherida a nuestros arquitectos contemporáneos, puede llegar a ser mágica en ocasiones (¡funciona!), pero ridícula en las más. Entre arquitectos sevillanos sobre la treintena , todos vocacionales y artesanos de su autoría, la remisión a las pautas estilísticas no debe ser rechazada a priori, cuando en los grandes invocados reina ya, a su vez, el mismo juego, si bien sea en cotas exquisitas, king size. Aquí tenemos buenas invocaciones, de labor caldo de gallina, en las que encontrarse alguna estaca no debe mover a indignación: basta con retirarla y seguir aspirando. Los trabajos de Cruz y Ortiz, o los proyectos de González Cordón, son demostrativos de cómo vale recurrir a la racionalidad del lenguaje con la técnica del collage y la sana exposición de las partes propias y ajenas, confrontadas en un ejercicio saludable para quienes lo practican o para quienes lo siguen con espíritu deportivo. Lo que en unos pueda haber de ejercicio de la memoria y de referencias a un amplio espectro (que no es lo 9 mismo que eclecticismo vulgar, en ra - zón al control del que ese espectro es resultado), en el otro, el manierismo de la tendenza alcanza una dignidad proyectual, poco habitual en un recién graduado, tanto en la idea de representación como en la afortunada ausencia de los tics ortodoxos. Esa dignidad resulta muy adecuada, para aclarar cómo el acné del rossianismo no es una acusación que sirva para abarcar todos los recovecos de una manera de tal importancia histórica que no se liquida a golpe de palmeta. (Porque también sería adecuada para enriquecer una hipotética polémica local, tan sólo apuntada en dicterios fiscalizadores escolares adobados en porteño.) Tipologia edilizia e morfologia urbana son conceptos que para una ciudad histórica como Sevilla adquieren valor de conjuro. ¡Por fin la seriedad científica, en pura arquitectura, barrerá a los epígonos enquistados del furgón de cola de la Academia! (Pero, ¡coño!, no resulta tan fácil. Parece como si la Academia estuviese más viva que la tipologia edilizia. Y la verdad es que aquí no hay más vivos que los vivos, y aquello de que más sabe el diablo ... ) Pero todo se andará. Estamos en el tránsito , aunque al final del tránsito quizá no quede ya tipologia edilizia, y haya que estudiarla en la otra ciudad. (Hará falta un Morgado que relate un cambio tan importante como el del xv1.) Los proyectos y obras de Torres y Antonio Barrionuevo, como algunos trabajos de Ruesga y Villanueva, había que situarlos dentro de sus preocupaciones por lo urbano, por esa fórmula tan manida (¡qué remedio!) de la construcción de la ciudad . La referencia a la identidad de Sevilla, desde los modelos genéticos a la formulación ejemplar de un lugar exacto, es una metodología disciplinar que en la etapa analítica alcanza niveles verdaderamente notables . Las técnicas de representación y los levantamientos orientados por Torres y A. Barrionuevo en la Escuela de Arquitectura, alcanzan un valor inmenso que al cabo de los años puede llegar a traducirse en un corpus de inestimable valor. El temple de honestidad profesionalproyectual de Francisco Barrionuevo enseñando cómo se mata recibiendo (y sin pestañear); o el volapié, tras un aliñado toreo de capa, de Manolo Trillo (esto sí es argumentalidad -argumentalidad exótica-), ha permitido producir el casi milagroso panorama de un conjunto numeroso de corridas en las que ha habido de todo , pero lo bueno ahí está. (Ahí está el ejemplo de Marín.) Es muy hermoso ver diestros de tan variada fortuna, pero todos artistas. Los maletillas esperan su oportunidad. En arquitectura, afortunadamente, también existe el toreo de salón. Víctor Pérez Escolano. (Viene de la pág. 7.) la que es preciso pasar, aunque sea a deshora. La presencia de los constructivistas, Terragnis, Bauhaus, etc., parece confirmarlo. En definitiva, todo un esfuerzo en busca del ti empo desperdiciado, cuya recompensa será esa Escuela Sevillana que hoy aún no existe. ¿Puede esto ser un objetivo? Precede a todas estas obras un artículo de Víctor Pérez Escolano que las introduce y explica. Otros dos artículos , uno de Fernando Villanueva, Juan Ruesga y Lino Alvarez sobre lo que, a la espera de su escrito y para entendernos, podríamos llamar Arquitectura sin arquitectos, y otro de J. R. Sierra sobre las Intervenciones en el Casco Histórico de Sevilla, publicados en su situación profesional, cerraran el segundo de los dos números con que la revista Arquitectura quiere acercarse a Sevilla.