Historia del infante D. Pedro de Portugal, en la que se refiere lo que le sucedió en el viaje que hizo cuando anduvo las cinco partes del mundo
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a.lRS^NL/* (TBES PLIBClOS.) * D. PEDROQE PORTUGAE, en la que se refiere lo que le sucedió en el Tiaje que liizo cuando anduvo las cinco partes del mundo. ESCRITA POR Gómez de Santisteban, uno de los doce que llevo en su compañía. CORREGIDA YENIIIENDADA EN ESTA ULTIMA IMPRESION. íHttíírtíí . Imprenta de d. José María Mares, Corredera Baja dé San Pablo, uíim ^27 f§48.
DEL INFANTE D» PEDRO DE PORTUGAL. CAPITULO PRIMERO. t De como elinfante D. Pedro de Portugal se partió de la villa de Barcelás átomar, la bendición de su padre ,con designio de ver las cinco partes del mundo ,yde como dió principio ásu jor - nada. JBl infante D'. Pedro, fue hijo del rey DPedro de Portugal, primero de este nombre. Deseaba con ánsia recorrer el mundo y ver cuanto en él había. Determinado, pues, áemprender este viage, no quiso hacerlo sin recibir antes la bendición paternal; ypara efectuarlo, hizo prevenir lo necesario, eligiendo doce de sus mejores criados que le acompañasen en tan dilatada como arriesgada espedicjon. Salió déla villa de Barcelós donde residía, yhabiéndose presentadí^ su padre ymanifestado el designio que le conducía, le pid¡ó(. beneplácito ybendición para emprender aquella jornada /Mucho lo sintió el rey por ver se iba áesponcr kun viage tan largo ypeligroso; pero no pudo menos de condescender álos ruegos éinstancias que le hizo su hijo; y después de haberle prodigado los sábios ysaludables consejos que le dictó su prudencia, dispuso se le entregaran veinte mü doblas de oro ,yuna porción de joyas de inestimable valor, despidiéndole con la bendición. Partió en seguida el infante para Yalladolid ádespedirse de su primo el rey D. Juan II de Castilla, quien apenas supo de su llegada, salió arecibirle; yenterado de la intención que le llevab^a, mandó darle cien mil escudos de oro, yun faraute óintérprete de todas lenguas que le acompañase en su jornada, llamado García Ramírez.
_4— Aqui 'principia la relación de. Gómez de Santisteban, Salimos de Valladolid todos junios con dirección áLisboa, donde permanecimos cinco .dias aguardando viento favorable para dará la vela con una fragata maltesa, donde debíamos embarcarnos, cuyo viaje hacia álos Estados Venecianos Ln efecto, dimos la vela para aquel puerto, al que arribamos con toda felicidad, siéndonos admirable ver que tan famosa ciudad estuviese construida con la mayor hermosura yuniformidad sobre islotes en medio del mar, por cuyas calles pasa el agua, y en las cuales se advertían varias barquichuelas pequeñas que servían para transitar de unos edificios áotros. Esta ciudad está en los dominios de Italia áquien perteneció en otro tiempo, quedando después independiente con gobierno republicano. Alos nueve dias nos volvimos áembarcar en un navio holandés que salió para Chipre, ádonde llegamos sin contratiempo alguno, después de veinte ysiete días de navegación. PSos dirigimos ála ciudad de Kicaim, córte de este reino, con el objeto de tomar el pase de aquel soberano; ypuestos qu# estuvimos á su presencia, quiso enterarse de nuestra procedencia ydel obje^ del viaje que hacíamos; álo cual satisfizo nuestro intérprete, éramos vasallos del rey de León en España, yque el objeto que nos conducía por aquellos países, no era otro que el de ver mundo: mucho se alegró de esto el rey, ynos dió pasaporte para poder seguir adelante. Habiéndonos despedido, emprendimos el camino de Turquía, dirigiéndonos ála ciudad de Mántua^onde entonces residía el principal soberano; señor de la medw^una óde medio mundo, al cual nos presentamos con el aspecto ymodestia debida ,haciéndole presente quiénes éramos, yque' íbamos peregrinando; enterado de ello, mandó pagásemos el tributo impuesto átodos los que pasan por sus dominios, reducido ádos escudos de pro por cada uno de nosotros; cuya cantidad fue satisfecha al momento, yse nos dió el salvo-conducto para poder transitar sus provincias, acompañados de exeas ógenízaros, con los que pasamos ála gran ciudad de Troya, que fue la mas populosa del mundo, ysu fortaleza tan inespugnable, que seria temeridad de un ejército numeroso quererla reducir por armas en el espacio de diez años de sitio óasedio. Después de haber entrado en esta dilatada población, fuimos conducidos por nuestros guias áuna posada, ácuyo dueño nos entregaron por su cuenta: alli permanecimos
dos días comiendo carne de dromedario por falta de la de vaca ycarnero, hasta que avisamos álos conductores queríamos marchar: estos de nuevo se volvieron áencargar de nosotros, ysalimos de la ciudad con dirección ála Grecia por un desierto tan áspero, yermo ysolitario ,que en catorce jornadas que hicimos no descubrim<^ el menor indicio de población alguna. Al dia quince de muestra marcha, hallamos un monasterio, cuyo portero era un buen ermitaño que nos recibió con la mayor afabilidad, brindándonos áentrar en el templo áhacer oración, como con efecto lo ejecutamos con aquella reverencia debida al religioso santuario: mas, ¡cuál seria nuestra admiración ysorpresa al observar al rededor de las paredes, puestas en forma natural, una porción de esqueletos que manifestaban ser de grandes personages! Por lo que suplicamos al ermitaño nos hiciese el favor de esplicarnos la causa de permanecer alli semejantes cadáveres, álo que nos contestó, eran todos los reyes y príncipes que hablan fallecido en aquel leino, que solamente alli era donde se depositaban como panteón destinado al efecto. Nos instó para que entrásemos ádescansar en el monasterio, lo - que aceptamos con gusto, permaneciendo allí dos dias, en los que nos obsequió yasistió muy bien, sin permitir que ánuestra ^üspédTda se le hiciese la menor espresion de gratitud. CAPITULO II. Como el infante pasó ála Noruega, Babilonia ydespués ála Tierra Santa. Habiéndonos despedido del ermitaño ,quien nos deseó un feliz viaje, éinformados no distar seis millas de allí una población, nos dirigimos áella, donde tomamos cuatro dromedarios ylo demás necesario para el camino de Noruega ,ádonde pensaba pasar el infante. Cada dromedario llevaba una especie de aguaderas anchas, capaces para ir colocados en ellas áderecha éizquierda las catorce personas de nuestra comitiva: en medio de la carga, se coiocó también la provisión,de víveres de boca para el viaje, y una gran porción de dátiles para manutención de los dromedarios, cuyos animales caminan sobre cuarenta leguas diarias, siendo su rapidez tal cuando marchan, que es necesario llevar los oidos tapados con algodón para evitare! zumbido que hace
1 —6— el aire con su velocidad: también es necesario ir bien atados álas aguaderas para no dar una caída; pues al que por desgracia llega ásuceder esto, por milagro se libra de la muerte. Cuatro dias caminamos, al cabo de los cuales llegamos á Noruega, cuyo terreno fértil abunda do hermosos yfrondosos árboles, que producen variedad de frutas silvestres ;es clima bastante sombrío yoscuro, ácausa de no haber mas que seis horas de dia ydiez yocho de noche: lascosechas son duplicadas al año, ylos rocíos que caen de continuo, son como las lluvias copiosas de nuestro clima en España; mptivo porque el infante no quiso detenerse mucho tiempo en aquel pais para pasar á Babilonia. Anuestra llegada átan famosa ciudad ,pasamos áprestar obediencia al gran Babilon, hijo del Soldán de Egipto ,el cual con la mayor severidad nos interrogó de qué nación éramos, con qué licencia pisábamos sus tierras, ysi entre nosotros habia algún príncipe óinfante. Garcia Ramírez le contestó, eramos españoles, vasallos pobres del rey de León: que en nuestra compañía no iba persona alguna de las que preguntaba; yque el motivo de pasar por sus dominios, era por ir en romería ávisitar al preste Juan de las Indias. Con esta relación mandó nos detuviéramos algunos d¡as7 éiP los que se le informó de la grandeza de nuestro soberano, con los ritos, costumbres yceremonias de los paises cristianos; con cuya noticia quedó sumamente complacido ,mandándonos dar cuatro mil doblas de oro, ysalvo-conducto para transitar por todos sus estados. De alii salimos para la ciudad de Urian, pais donde habitan los Centauros, gente soez éindómita ysin religión ,pues cadíL. uno vive en la ley que le acomoda. En seguida atrabesamos la Arabia feliz, yllegamos al rio Jordán, donde pagamos un escudo de plata por cada uno: pasamos áNazaret ycasa donde vivió Nuestra Señora la Virgen María, yhabiendo pagado otro escudo de plata por cada uno, fuimos al castillo de Emaus; alli pagamos también medio escudo: después nos dirigimos áver la Palma que se bajó haciendo acatamiento ála Virgen; al pie de la cual haymna fuente de agua viva, que manó para que esta Señora bebiera cuando iba huyendo áEgipto con su Santísimo Hijo y su Esposo San José. Después pasamos al Portal de Belen, donde nació Cristo Nuestro Redentor, haciéndonos pagar dos escudos por cada uno. En seguida fuimos al valle de Josafat, cuya llanura es tan grande yespaciosa, que se pierde de vista ,por el
r —7— cual andu\itnos algunos dias :luego pasamos ála gran ciudad ’de Jerusalen, llevándonos los conductores ála callejuela ycor1ral donde se hospedan los cristianos que concurren kesta po- ;blacion: dejilli nos dirigimos al convento de religiosos hrancis- .eos, ysuplicamos ai padre guardián hiciese porque viésemos el Santo Sepulcro :en efecto ,habló álos moros que se hallaban de guardia, ydespués de haber pagado siete piezas de oro por cada uno, nos dejaron entrar: en seguida fuimos conducidos al ,Monte-Calvario ,donde permanecen los agujeros de las cru- \ces de Cristo ,yde los dos ladrones. Pasamos al monte Oliverte, donde el traidor Judas dió paz ásu Maestro: al huerto de Jetsemaní óde las olivas, en cuyo sitio no ha vuelto ánacer yer- *va alguna, vipndo también el Saúco donde se ahorcó aquel pérfe fido discípulo. Después nos volvimos ála antigua ciudad de Jerusalen, en la que vimos las casas de Anas ysilla donde se sentaba; la de Pilatos ysu Pretorio, con la columna on que fue azotado el Señor, donde dimos doce ducados por todos: el templo de Salomón; la casa de San Joaquín, la mas conocida en la ciudad por tener los umbrales, puertas ycerraduras todo de piedra: .la cueva donde san Pedro lloró su pecado, pagando aqui cuatro Édineros cada uno: luego pasamos áver el sepulcro de Adan, que en el valle de Ebron: de alli fuimos áver el tronco donde ^se cortó la Cruz en que murió Cristo: el huerto de Jericó ,que está media legua de la ciudad: el monte Tabor, donde fue transfigurado el Señor ydonde fue enterrado Moisés, ignorándose el sitio de su sepulcro. Pasamos también al desiertd donde ayunó el Señor ,en el cual vimos los sepulcros de Daniel, el de Jeremías yel de Zaca- /.rías; volviéndonos después al convento ádespedirnos del padre guardián, para emprender el camino de Armenia. CAPITULO III. Como el tufante D. Pedro llegó ála ciudad de Armenia; su presen^ tacion al rey, pasando después áotras provincias. .»* Eíntramos por las sierras de Armenia, que son las mas escabrosas yásperas, pero fértiles al mismo tiempo que hay en el mundo, yaunque vulgarmente se dice estar los campos llenos de leche ymiel, es la causa de ello el estar cubierto de muchedumbre de animales; como son elefantes, camellos yotra infiA
I-8— niJad de distintas especies; los que no pudiendo sus hijos consumir la leché de que abundan, la vierten por donda pasan regando la tierra. Son también tantos los enjambres de abejas de que abundan los montes, que pueblan yllenas los árboles ypeñascos con sus panales, derramando tan copiosamente la miel, que corre por varias partes; por lo que con alguna razón fundada se dice, que aquellos campos están llenos de leche ymiel. Ninguno de los animales que pueblan aquellas ásperas montañas bebe agua hasta que viene el Unicornio ,que por lo regular suele ser al medio dia, hora que por su instinto saben todos; al llegar, mete el cuerno óasta que lleva en la frente, ysepara el veneno que los muchos animales ponzoñosos que hay, como son dragones, serpientes, áspides, escorpiones yviveras de terrible magnitud, echan al agua; por cuya razón ningún caminante se atreve ábebería, teniendo que llevarla en vasijas, como tuvimos que hacer nosotros. Por medio de estas sierras áridas pasa un caudaloso rio ,el cual circumbala dos altísimas montañas que se descubren desde mas de treinta leguas por la parte del mar, sobre cuyas encumbradas simas descansa el arca de Noé, la que tiene todos sus costados poblados de yervas, verdín ymusgo; advirtiéndose-íambien sus bordes estar blancos por el estiércol de la muchedumbre de aves que sobre ella paran, yála que nadie puede llegar sin peligro de perderla vida por lo inespugnable del sitio. Después pasamos ála ciudad de Armenia, que es una de las mas fuertes ypopulosas del mundo :ánuestra llegada fuimos presentados al rey ,quien nos preguntó nuestra procedencia, yáqué parte nos dirigíamos; álo que satisfizo nuestro intérprete, diciendo, éramos vasallos del rey de León en España, yentre nosotros iba un pariente suyo; que nuestro viaje se dirigia áver al Preste Juan de las Indias. Mucho se alegró el rey de ello, mandando se nos diese muy buen hospedaje en su palacio en el que permanecimos veinte dias por orden suya; en cuyo tiempo se le informó de la grandeza de nuestro soberano yde la abundancia de sus tierras. Pasado este tiempo le pedimos su beneplácito para seguir el camino, yhabiéndolo concedido con muchos ofrecimientos al rey de Leen ,entregó al infante quinientas piezas de oro para ayuda del viaje ,que emprendimos para Babilonia en Egipto. Habiendo llegado áaquella ciudad, nos presentamos al rey, ydespués de haberle informado García Ramírez quiénes éramos yáqué provincia nos encaminábamos ,se complació en
_0_• <jonocernos, manifestando ser paisano nuestro, natural de Castí* lia, hijo del maestre Martin Yañez, natural de la Barbada, yque él había nacido en Yillánueva de la Serena ;<jue con motivo de haber muerto los moros ásu padre, le cautivaron áél siendo niño, yel rey de Granada lo presentó al. de Fez, quien le crió en su secta; ysabiendo era hijo de buenos padres, adcionacjos los moros ásus buenos procederes, ydisposiciones, le aclamaron por soldán. Este es el motivo, queridos paisanos, prosiguió diciendo, de hallarme en el estado en que me veis, en el cual os ofrezco servir lodo el tiempo que gustéis, en el que nada *es hará fulla. Condescendimos con su solicitud, permaneciendo ásu lado cerca de un mes, regalándonos yobsequiándonos muy bien. Una tarde que salimos ápasearnos por la ciudad ,vimos en una de las plazas mas públicas áun moro enterrado hasta el cuello con señales de querer espirar ;yhabiéndole pregunlado^al soldán, cuál era el delito que había cometido, nos dijo, que solo el haber dado una bofetada áun peregrino español que pasaba en romería por aquella ciudad. El infante, condolido del moro, le suplicó encarecidamente le perdonase; mas el soldán le conno lo podia hacer, en atención áque si le indultaba, era dar pábulo ómotivo para que otros ultrajaran álos peregrinos, en términos qne no habría quien pasase por su reino; yde consiguiente debía de permanecer en aquel estado hasta morir de hambre ,sin el menor socorro por parle de persona alguna, sopeña de sufrir el mismo castigo. Siendo ya tiempo de seguir nuestro viaje, pedimos licencia al soldán para ello, ydespués de habérnosla concedido, con mu- -chas joyas ypiedras preciosas que regaló al infante, encargó á sus emires nosacorupañaran hasta salir de sus dominios, áíín de evitar se nos impidiese el paso. Con ellos caminamos unas óchenla leguas, que era lo que nos restaba de aquella provinria ydespidiéndonos de su compañía, llegamos ála ciudad de Pero^ na. Visitamos al monarca, quien enterado do quiénes éramos y. la dirección que llevábamos, nos preguntó con toda severidad dijésemos, si entre nosotros iba alguna persona real óseñor po<- deroso; alo que contestó García Ramírez, qtft^ todos éramos pobres peregrinos, ypasábamos áver al preste Juan. Nada con^ forme con lo quese le dijo, mandó se nos pusiese en la cárcel cor» separación uno de otro: todos los dias se nos interrogaha sobre lo mismo; pero viendo que siempre estábamos contestes áuna misma cosa, después de cuarenta dias de'prision, mandó se nos 2
toda labrada de piedra.s preciosas: en medio de ella j<en el aire so vé el Zancarrón de aquel profeta el cual edtá engastado de fíno acero: en cada uno de los ángulos de Ja capilla que son ocho» hay una loseta de piedra imán, ycomo cada una llama igunlmen* te para atraerse el acero del. engaste del Zancarrón, es la causa de que se sostenga en el aire sin ir áningún lado, lo que atribuyen ámilagro aquellos miserables bárbaros. Después nos dirigimos áver los jardines reales, en los que se ven tantas ytan grandes invenciones, que escedian ácuantas hasta alli habíamos contemplado en los reinos yprovincias por donde transitábamos. Pasados tres dias pagamos el tributo de doce escudos de oro por cada uno, ynos fuimos para la tierra de los pigmeos, cuya estatura es de tres cuartas; la cabeza bastante gruesa yabultada; las piernas muy corlas; anchos de hombros y esi>ahl.«s; la voz.es mas gruesa de lo que permite su naturaleza; alcanzan mucha ,fuerza, siqndo los peores ymas crueles hombres .que hay en el mundo: es tanto lo que abundan en número por to- <ias partes, que áno estar contenidos por un caudaloso rio qtio los separa yque no pueden vadear, me parece Jnundarian la mayor parte de la tierra habitable. En esta parle no quisimos eutrar, temerosos de algún fracaso, pasándonos por un lado ála cindíid de Sonterra, donde habitan las amazonas, cuyas mujerés son ciástianas, yviven sin hombre alguno: están sugetas al preste Juan: eligen entre ellas reina que-las dirija yjusticia que las gobierne: labran sus.campos, ejercitan todas las attes^ ydirigen sus pueblos sin que hombre alguno se entrometa en nada. Entramos en esta ciudad, ypasamos ádar obediencia ála reina ;la cual luego que nos vió uos preguntó por el pais de nuestra procedencia yádónde caminábamos; álo que respondió Garda Hamirez, éramos vasallos del rey de León, ypasábamos ábesar la mano al preste Juín: álo que replicó la_ reina, que si no sabíamos que en sus lierras no podía entrar hombre alguno sino en ciertos tiempos, yque el que entraba tenia pena de muerte. García Eamilez le dijo, que nosotros ignorábamos aquellas leyes, pues áhaJicrlas sabido nunca hubiéramos entrado. Una dé las camaristas de la reina contestó diciendor sabed que entre nosolras no hay irombres sino eo los tres meses de marzo, abril ymayo: en este tiempo yno en otro, se juntan los hombres con nosotras para que no se acabe la regeneración: pasado este tiempo nos separainos, sin que por ningún motivo pueda quedarse ningún hombre éntre nosotras, ni ninguna mujer irse con ellos; ysi alguno óalguna falta áesta ley,’ luego al momento se le dá ignominiosa
—17— muerte. Al tiempo de retirarse los hombres, dejan sus nombres por escrito, como también el pueblo ósitio donde viven, recibiendo igual papel de las mugeres para que las conozcan. Luego que nacen las criaturas les ponemos en las espaldas cinco cruces con un hierro encendido: si es varón, lo criamos tres años, ycon los que vienen al año siguiente se remite ásu paHre para que lo crie yenseñe átrabajar; si es hembra, la corlamos el pecho izquierdo para que pueda manejar el arco yflecha, yesta se queda entre nosotras, guardando los ritos yceremonias ya espresadas. Sin el auxilio de nadie, defendemos nuestras tierras,* teniendo arregladas nuestras tropas; peleamos con arco yflecha; sin hacernos falta para esto la ayuda de los hombres: en vista de lo cual, ya os podéis retirar, yagradeced que atendiendo á vuestra ignorancia, no manda la reina mi señora que os quiten las vidas. García Ramirez con mucha cortesía yhumildad respondió, que luego al punto saldríamos de aquel país, estando reconocidos al favor que se dignaba dispensarnos; esperando de la mucha caridad ymuniflcencia de su magestad, nos diera una limosna por Dios, porque ya no teníamos para poder costear el viage ypasar adelante. La reina mandó se tíos diesen de limosiwvh^blones de oro, ycon ellos salimos de aquella tierra para la Judea. Anduvimos por esta provincia ocho dias, al cabo de los cuales llegamos ála ciudad de Cananea, la mayor que hay en toda la Judea, en la que están las tribus de Judá yBenjamin; luego que nos vieron los judios, salieron ánosotros preguntándonos quiénes éramos yáqué íbamos. Contestó García Ramirez ála j^egunta, yno creyéndolo, nos mandaron llevar ante el procurador general déla tribu de Benjamin, por no haber en aquella nación mas rey, gobernador, corregidor, ni otro gefe que un procurador en cada tribu: este nos mandó poner presos por ver si podia averiguar si entre nosotros iba alguna persona real de las tierras de España, Un raes nos tuvo presos ,en cuyo tiempo nos recibió varias declaraciones; yviéndolas todas contestes, mandó ponernos en libertad ,yque siguiéramos nuestra marcha. En uno de los pueblos del tránsito presenciamos una,cosa rara para nosotros, yfue un duelo en que iban varias gentes de ambos sexos vestidos de ciliciosy con los pies descalzos; al llegar áun sitio en que había una gran porción de ceniza, se arrojaron en ella revolcándose como las bestias en el cenagar, yenseguida se marcharon ála casa del difunto átomar solamente aquel dia una escudilla de lentejas cocidas: esta clasede gentes no ere, 3
-18 - en en la resurrección de Jesu-Cristo, ysolo sé disponen para la venida del Ante-Cristo. . Los únicos jueces que gobiernan aquellas tribus, son los procuradores electos por el pueblo: estos están sujetos al preste Juan, áquien le contribuyen anualmente con el tributo de cien drooaedariiífe cargados de trigo, ydiez mil doblas de oro. CAPITULO Vil. 0Como el infante don Pedro ydemas de su acompañamiento pasaron ála ciudad de Luca^ donde habitan los gigantes yde allí ála ciudad de Albes, donde reside el preste Juan. Mjüego que salimos de Cananea, nos encaminamos ála ciudad de Lúea, en cuyo.camino gastamos quince dias: este viaje fue para nosotros el mas peligroso que hicimos, por estar habitadas todas aquellas tierras de gigantes, que tienen dé alto trece codos: son muy feroces ysin ninguna piedad: por lo regular están acostumbrados ácomer carne humana, yno se libra de^la muerte el desgraciado que cae-en sus manos sanguinarias. Por estos países caminamos con todo cuidado yreserva, lo que no no34i¥ifeÍ2 ra servido de nada, si la suerte no lo remediara como lo hizo, pues en todo el camino no encontramos mas que ácuatro de ellos en distintos sitios, de modo que nunca vimos dos juntos; y como nosotros éramos catorce no se atrevió ninguno áembestirnos, pues de lo contrario, hubiéramos perecido miserablemente en esta tierra: en fin, salimos de ella con el susto que se deja conocer yllegamos con toda felicidad ála ciudad de Albes, donde, habita el preste Juan. En esta ciudad, la mas populosa yfuerte: la mas rica, yfortalecida que hay en el mundo,tiene de circunferencia mas de doce leguas: en su muralla ócerca tiene ciento cincuenta castillos bien fortificados; en cada uno hay dos mil hombres de guarnición, todos con la barba larga, mostrando en ello luto en señal de haber perdido la tierra de promisión: en la que se hallan unas piedras tan particulares, que tomándolas en la mano ydándolas ufi golpe, se dividen de muchas piezas todas triangulares; ypor pequeña que sea una de ellas, se vuelve ádividir en otras inas menudas que apenas se perciben con la vista; pero no per ser tan diminutivas pierden la figura triangular. Tienen virtud para curar muchas enfermedades, en particular para las mordeduras de animales venenosos.
'Es tanto el numeroso gentío que habita la tíiudad de Albes, que por ninguna de sus muchas yanchas calles se puede transitar. Entrañaos en aquella ciudad al rayar el sol, yhabiendo preguntado por el palacio del preste Juan, nos dijeron que para llegar a él se necesitaba ocupar medio diasiu dejar de andar, yque como no lleváramos quien nos guiara, no llegaríamos en lodo el dia. Con este motivo ajustamos un hombre que nos condujese, ysin pérdida de tiempo empezamosá caminar por la ciudad, en la que vimos cosas tan admirables yediíicios tan magníficos, que es imposible esplicarlo; baste decir, que cuanto hasta entonces habíamos visto, fue nada en comparación de lo que en esta ciudad admiramos. -., Las'once ymedia serian cuando descubrimos álarga distancia un suntuoso palacio con ocho torres tan hermosas ybrillantes, que no se podían mirar sin recibir impresión la vista por el mucho retlejo que despedían. Le preguntamos al guia qué palacio era aquel: ynos contestó que el del preste Juan. Llegamos á él yobservamos que delante de sus puertas habla una guardia de seiscientos hombres de caballería éinfantería lujosamente vestidos ybien armados; de los cuales se adelantó un capitán ynos preguntó quiénes éramos yqué se nos ofrecía. El intérprete res- '^ró, que éramos españoles, vasallos del rey de León, ypretendíamos besar la mano al preste Juan, álo que contestó el capitán, nos aguardásemos en aquel sitio hasta que él pasara la noticia álos porteros, yestos ásu magestad; con lo que se fue volviendo ácorto rato diciendo, que pasásemos adelante. Le seguimos hasta donde estaban los primeros porteros yse quedó alli: uno de aquellos mandarines nos condujo hasta la antesala, en la que estaban seis reyes de armas ymas de cien alabarderos; uno de los reyes dió aviso al portero de cámara de nuestra pretensión yeste la comunicó ásu magestad ,el cual mandó entrásemos, puestos enórden ycon la mayor ceremonia ycortesía qué pudimos entramos en el real salón, en el que debajo de un magnífico dosel estaba sentado el preste Joan con su mujer al lado, yun hijo que era emperador de las provincia* galdras. Hincárnosla rodilla en tierra, lo que repetimos hastallegar á la inmediación del trono, en cuya postura el infante don Pedro sacó las cartas que llevaba de su primo, yponiéndoselas sobre la cabeza, las besó con sdmision ypuso en ias manos 4el preste Juan, quien ias recibió con la mayor cortesía mandando áuno de sus camareros las leyese. Enterado el soberano de que el portador era primo del rey de Leon,le mandó sentarse ysiguieron hablando
—20— hasta que fue horti de comer. Puestas-que fueron las mesas, le hizo sentará su lado, preGriéndolo álos reyes que comían con él. Mandó laiubien poner otra mesa, en la que sentados los demas de la compañía del infante, nos sirvieron la comida con la mayor decencia. Todos los dias ponian en la mesa del preste Juan cuatro fuentes de plata; en una la cabeza ócráneo de un difunto; en otra, una porción de tierra para recordarle lo que somos yen lo que hemos devenir áparar; la tercera, llena de carbón encendido, para representarle las penas del inGerno; yla cuarta, .estaba llena de fruta ámodo de peras muy especiales, que por cualquiera parte que se cortaban, se velan dos cruces, una en cada pedazo: yaunque se cortaran en muchas piezas, todas sacaban la cruz de Cristo Señor nuestro. En esta forma, ycon muchas oraciones yseñales de buen cristiano, comia todos los dias. Tres meses estuvimos en aquella córte muy bien tratados y asistidos de todo lo necesario, en cuyo tiempo vimos cosas muy maravillosas. Los sacerdotes son casados en aquella tierra; pero cuando quedan viudos no pueden volver ácasarse, debiendo entonces permanecer en la iglesia sin salir de ella hasta que mueren. Si él fallece antes, tampoco se permite segundo matrimonio ála rauger, debiendo guardar castidad por toda su vida; y-ki-q*. quebranta este precepto tiene pena de muerte; por cuyo delito vimos quitar la vida ádos de ellas. En cada iglesia asisten de continuo cuatro sacerdotes,, los que alternan por semanas, ypara satirios cuatro, tienen que quedar otros en su lugar. Hay otros que tienen la obligación de exhortar álos feligreses al cumplimiento de iglesia todos los meses, yel que no lo hace cae en desgracia del preste. Ningún sacerdote puede tratar en nada, ni tener labor de campo, ganados, camellos, elefantes, ni otras grangerias, manteniéndose solamente con los diezmos yprimicias, lo que se observa con tanto rigor, que al que se le justiñca alguna falta en estas cosas, al momentosale desterrado de todos aquellos dominios; con cuya ley viven muy ajustados yarreglados isus obligaciones; yáimitación de ellos siguen los seglares en la parte que les toca, viviendo todos en tanta paz yarmoníd, que apenas se advierte un disgusto. Pocos dias antes de venirnos, mandó el preste ádos sacerdotes que nos mostraran el cuerpo de Sto. Tomás: fuimos ála iglesia donde está el santo yle vimos; está colocado en el altar mayor, en pie derecho, yel brazo ymano que puso sobre el costado de Cristo nuestro Señor, lo tiene tan natural yfresco como
si estuviese con vida. La víspera. del día del santo, le ponen en la mano un sarmiento seco, el cual se reverdece al instante, echa hojas ytres racimos de ubas, que al toque de oración están en agraz, ycuandv amanece ya están maduras: de ellas se hace , náosto, ycon él celebra misa el preste aquel dia, el del Corpus yel de nuestra señora á15 de agosto, que son las tres únicas que dice en todo el año. Visto^l cuerpo del Santo, nos volvimos ápalacio ádar las gracias al preste por el favor que nos había dispensado. CAPITULO Del modo de elegir al preste Juan, yde como el infante don Pedro y los suyos llegaron átierra donde ladran los hombres como perros. L —_üEGO que muere el preste, se reúnen en la ciudad todos los obispos yabades del reino, yen solemne procesión se dirigen á la iglesia del aposto! santo Tomás en la que después de muchas oraciones ruegan al Santo elija yseñale al que debe ser el preste; ácuya reverente súplica tiende el brazo yseñala al que ha de serlo: en seguida todos le dan la obediencia, pasando después el que ha sido electo ábesar la mano al Santo ylos demas prelaela besan áél: hecha esta ceremonia se vuelve áformar la procesión yle conducen a.su palacio, donde sigue gobernando sus dominios. ‘Viendo el infante el mucho tiempo que hacia estábamos detenidos en aquella ciudad, pidió licencia para pasar áotra parte yel preste le aconsejó no siguiera mas adelante, porque llegaría atierras donde los hijos se comían álos padres yladran como perros. El infante le dijo que aunque no entrara en aquellas tierras, quería por curiosidad verlas desde lejos, álo cual se conformó el preste por darle gusto; mandando prevenirle para el viaje seis dromedarios: los dos para comer de ellos ,ylos otros para carga ymontar ácaballo en ellos: dándole también mil escudos de oro, ydos hombres para que nos guiasen ysirviesen en aquella jornada. Partimos de aquella ciudad tomando el camino del desierto del Paraíso, por el que anduvimos trescientas veinte leguas sin encontrar población alguna. Luego que llegamos ála vista de unas aHísim^s montañas, vimos al pie de ellas algunas poblaciones circunvaladas por cuatro rits; el Tigris, Eufrates Guión yFison, los cuales salen del Paraíso Terrenal según nos manifestáronlos dos guias; las riberas están pobladas de frondosos árboles: en las del Tigris solo se advertían olivos: las del Eu-
—22— frates' cubiertas de cipreces; las.del Guión de palmas yarrayanes; ylas del Fison de cedros: sobre cuyos árboles Se divisan in|}Uoaerables papagayos yotras aves hermosísimas. Pasamosjii)as adelante hasta llegar ála orilla del rio Tigris, cjue era el mas cerca, ylos guias nos manifestaron dos árboles de los que echan las peras ófruta de la cruz que vimos en la mesa del preste Juan; los cuales no echan raa-í de cuarenta, nq, descubriéndose otros que aquellos dos en todos aquellos contornos, causa porque los lie nen en mucha estima, dedicando su fruto solo para el preste Juan. Quisimos pasar adelante, mas los guias no lo consintieron, y determinó el infante no.s volviésemos ála córte del preste Juan, como en efecto lo hicimos, permaneciendotreinta dias' mas: al cabo de los cuales nos concedió la licencia ybeneplácito para que pudiésemos regresar áEspaña, dándonos muchas bendiciones, ymandando entregar al infante veinte rail piezas de óro, cuatro dromedarios yseis camellos; con cuyo auxilio tuvimos lo suficiente para volvernos áEspaña; asimismo le dió una carta para el rey de León, que debia entregarle ásu llegada. CAPITULO IX. Carta del preste Juan de tas Indias para el rey don Juan el seaündL de Castilla^ en la que le dá cuenta de los ritos yceremonias de su reinoyyde los hombres yanimales que lo habitan^ la cual dice asi: ALlto, poderoso ycristianísimo rey donjuán; salud en nuestro señor Jesucristo: Os Kago saber, que nuestra ley es la de gracia, creyendo fiel yverdaderamente en Dios Padre, Hijo yEspíritu Santo, tres personas distintas yun solo Dios verdadero, Ypor cuanto si apetecéis saber las particularidades de mis dominios, os digo que tengo por vasallos sesenta ycuatro reyes: me sirven doce arzobispos, treinta obispos ycuatro patriarcas. El dominio de mis tierras se estiende’á diez mil leguas en lasque tengo dos provincias llamadas india mayor, é india menor; en las que se crian elefantes, dromedarios, camellos, áspides, serpientes, unicornios, grifos, yotros muchos animales yaves de grandes fuerzas, que sin perder el vuelo arrebatan del suelo las reses, y se las llevan al nido para que coman sus hijuelos. Alos dromedarios, elefantes, camellos yunicornios, se les coge cuando son pequeños, ydomestican, de modo que con ellos se labran los campos yhacen todas las demás labores que necesitamos. Tengo en mis estados gente que no tiene mas de un ojo en
—23— Íínedio, de la frente, ycuando muere alguno, se le comen cniro sus parientes, á!os cuales llamanGómeos: habitan entre dos sierras tan ásperas que ni pueden llegar ánosotros, ni nosotros a ellos, por la profundidad del valle en que se crian: siendo tantos los que hay, que si i)ios no los hubiera encerrado alli ,podrían cubrir mucha parte de la tierra; habiendo tradición, que no saljdrán de aquel sitio hasta que venga el Ante-Cristo. Hay otra clase de gentes que solo tieften un pie yeste redondo: son pacíficos ,yse ocupan nada mas que en labrar sus tierras. En otra isla tengo una generación, cuyas gentes son de la alzada de una vara con corta diferencia: pero son muy belicosos. En otra provincia hay gente que de cintura arriba son hombres, yde cintura abajo parecen caballos, lo mismo las mujeres: estos pelean fuertemente con los sagitarios^de los que hago traer ámi córte por curiosidad especial. Tengo una provincia habitada por gigantes dela^ltura de dos hombres, los que no me pagan tributo, aunque están ámi mando; ysí como son de grandes fuerzas fueran belicosos yguerreros, pudieran conquistar el mundo; pero son tan pacíficos; que solo se ocupan en la labranza de sus tierras; estos fueron los que formaron la torre de Babilonia. Cuando salimos ácampaña, no usamos otro estandarte ni bandera que la santa Cruz. Todos los años vamos ávisitar el cuerpo del profeta David; ypara pasar los desiertos arenales de Babilonia, vamos en castillos de madera puestos sobre elefantes; para librarnos dé las muchas serpientes, dragones yotros animales que hay con siete cabezas, los cuales son muy voraces; en cuya forma caminamos por aquellas tierras para librarnos de tantos como abundan. Cuatro meses en el año vivimos con nuestras mujeres, ypasados, uos separamos hasta otro año: esto se entiende con los que somos sacerdotes, pues los seglares viven siempre juntos: en los dias de Resurrección, Ascensión yNatividad de Ntra. Señora, predicamos íil pueblo en público, exhortándoles al cumplimiento de la divina ley, animándolos áque resistan las tentaciones del común enemigo. Administramos yguardamos muy recta justicia, castigando álos malos, ypremiando álos buenos. En esta forma, caro yamado hermano, gobierno estas provincias, yen la misma creo dirigis las vuestras: asi lo espera del celo cristiano vuestro hermano El Preste Juan de las Indias^
CAPITULO X. De como el infante don Pedro se desfddió del preste Juan yse 'mno á 'España con svkMCompañamienlo. , JLíuggo que el infante se entregó de la carta ydemás que le había dado el preste Juan áquien besó la mano ,nos despedimos ^ de los arzobispos yobispos del palacio con muchas lágrimas y tiernos afectos, que áno haber sido por dejar al infante, algunos de nosotros nos hubiératnós quedado por aquel pais. Al fin salimos de la córte guiados por los criados que nos proporcionaron, dando principio áituestra jornada el dia primero de abril. Seguimosjuntos,hasta los confines de aquellas provincias, donde Bos separamos (íe los criados; ellos para volverse ála córte, y nosotros parar seguir nuestro camino. Llegamos ála ciudad de Cotopia, qüft es término de Gudilfe, en donde fuimos bien recibidos, descansando tres dias. De allí salimos para el mar Rojo, por donde pasaron los hijos de Israel cuando venian de Egipto, qn^fueron seiscientos mil hombres ^sin la.s mugeres ni niños. Desde aquel sitio tomamos el camino que habíamos llevado^-;,— _ cuaifo fuimos hacia allá, por saber ya los pasos, ritos yceremomas de aquellos habitantes; pues aunque algunos de los nues-^ tros fueron de sentir nos volviésemos por otras provincias, García Ramírez yotros con él dijeron que no convenia, porque ya nos conocían en las tierras por donde habíamos pasado, ynos deja- .t rian volver libremente. Pareció muy bien este dictamen al infante, ydeterminó que regresásemos por el camino que habíámos llevado, el que seguimos con tanta felicidad, que en ningún na de las provinciasy reinos por donde pasábamos, mos pusieron el menor impedimento en la marcha; la que continuamos sin suceso que de contar sea hasta llegar áEspaña, Anuestra arribada pasó el infante áver ásu primo el rey don Juan, de quien después de haberle entregado la carta del preste Juan, se despidió ypasamos áPortugal ábesar la mano ásu*padre; al que contó cuanto queda manifestado en tan dilatada ypefigrosa jornada, gastando en ella tres años ycuatro meses. Muy complacido quedó el rey de que su hijo hubiese vuelto con felicidad: átodos los que le acompañamos, mandó se nos diesen rentas con que poder mantenernos pOr los dias de nuestra vida, con lo que nos retiramos cada-uno ádisfrutarlas en el seno de nuestras familias. •