Modelos de aculturación en arqueología
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Como ya hemos hecho referencia al comienzo de nuestra exposición, al basarse en imas premisas tan poco definidas, estos resultados son sólo considerados como un tanteo previo que ha de ayudarnos (mostrándonos los distintos problemas, las posibilidades de aplicación y las limitaciones de nuestro estudio) al planteamiento de un método especifico que recoja las características de la zona. BIBLIOGRAFIA Alcina, José y Miguel Rivera 1971 Exploración Arqueológica en Costa de Esmeraldas, Ecuador. Revista Española de Antropología Americana, vol. 6, 125-142. Madrid. Alcina, José y Luis Ramos Gómez 1971 Excavaciones en Balao, Esmeraldas (Ecuador): Avance de in terpretación. Xll Congreso Nacional de Arqueología. Jaén. Alcina, José y colaboradores 1971 Libro de Campo de Esmeraldas. Misión Española en Hispano américa. Departamento de Antropología y Etnología de Amé rica. Madrid. Alcina, José y colaboradores 1972 Libro de Campo de Esmeraldas. Misión Española en Hispano américa. Departamento de Antropología y Etnología de Amé rica. Madrid. BuUard, W. 1960 Maya Settlement Pattern in Northeastern Peten, Guatemala. American Antiquity, vol. 25, núm. 3, 355-372. Salt Lake City. Cook, Sherbume F. 1972 Can pottery residuos be used as an index to population? Miscellaneous Papers on Archaeology, núm. 14, 17-40. University of California. MeggerS;, B. y Clifford Evans. 1956 The Reconstruction of Settlement Patterns in South American Tropical Forest. Prehistoric Settlement Patterns in the Neiv World, núm. 23, 156-164. Viking Fund Publications in Anthropology. New York. Sámanos, Juan de 1844 Relación de los primeros descubrimientos de Francisco Pizarro y Diego de Almagro, sacada del códice número CXX de la Bi blioteca Imperial de Viena. Colección de Documentos Inéditos para la Historia de España, tomo V, 193-201. Madrid. Trigger, Bruce G. 1967 Settlement Archaeology. Its Goals and Promise. American Anti quity, vol. 32, núm. 2, 149-160. Salt Lake City. Willey, Gordon R. 1953 Prehistoric Settlement Patterns in the Viru Valley, Poru. Smithsonian Institution. Bureau of American Ethnology. Washington. 70 — MODELOS DE ACULTURACION EN ARQUEOLOGIA Miguel Rivera Dorado Universidad Complutense de Madrid La palabra aculturación se compone de una partícula formativa, la preposición latina ad, y del vocablo cultura. Quiere significar cercanía, unión o contacto. Las dificultades de aceptación que en castellano ha tenido esta voz están perfectamente expuestas y resueltas en la obra de Gonzalo Aguirre Beltrán (1970, 7-9). Otro tipo de dificultades, las que surgieron de la confusión conceptual del término, en el que algunos pretendían ver asimilación o socialización, fueron en parte superadas a través del memorándum redactado por Redfield, Linton y Herskovits (1936), en el que se decía que aculturación hace referencia a fenómenos resultantes del contacto continuo y directo entre grupos humanos por tadores de culturas diferentes, con cambios subsecuentes en los patro nes originales de uno o ambos grupos. Aculturación es solamente un aspecto del cambio cultural y opera en otro nivel circimstancial que la simple difusión; es decir, es un contacto intergrupal directo que origina una serie de procesos que se resuelven a su vez en cambio cultural. Es hasta cierto punto secundario, en el marco del presente trabajo, que discutamos la prioridad de la terminología y nociones culturalistas sobre las puramente sociológicas. Hay que aclarar, sin embargo, que la aculturación, produciéndose en el tiempo, no puede prescindir del cri terio espacial que muchas veces condiciona, paralelamente a otros fac tores, la resultante del contacto. Con esto queremos decir que el fenó meno de aculturación estudiado en zonas de frontera, plantea ima pro blemática diferente de la que surge cuando un grupo se traslada, sobre distancias que pueden ser grandes, hasta entrar en relación con otro. Igualmente, las regiones marginales son otra faceta del problema. La dependencia directa y constante del foco de ciertas regiones culturales, orienta los procesos de contacto por caminos que difieren de los mani festados cuando el grupo se encuentra aislado, inmerso en un contexto sociocultural y ecológico distinto. Otro punto a precisar para cada caso concreto es la cantidad y la calidad de los grupos relacionados. El com ponente cultural de uno o de ambos puede reducirse a un segmento — 71
' Wí' especializado de la cultura total, aunque su importancia relativa, en cuanto a las consecuencias de la situación de contacto, puede ser muy grande. De hecho, incluso en los procesos de aculturación en gran escala, como la colonización española del Nuevo Mundo, el fenómeno se produce entre subculturas y/o entre conjuntos con una información y un nivel de integración sociocultural particular. Medir la duración del contacto, en orden a calificar sus consecuencias, es una tarea difícil, y pueden producirse fuertes interacciones, motores a su vez de cambios estruc turales profundos, en situaciones cuya prolongación temporal es rela tivamente breve. Como señala Aguirre Beltrán, desde su iniciación los estudios de contacto cultural tuvieron una fi nalidad, explícita o implícita, eminen temente práctica. Con algunas raras excepciones, todos ellos fueron diri gidos a examihar el impacto que la cultura occidental, altamente evo lucionada y agresiva, había producido en el mundo indígena menos desarrollado. Las urgencias de la explotación colonial o el tratamiento de las inclusiones étnicas en las llamadas sociedades nacionales, con dujeron a la antropología al planteamiento de los problemas que ema naban de la convivencia, en un mismo territorio, de individuos y de grupos que usaban un distinto sistema instrumental para lograr su ajuste al medio físico y social (Aguirre Beltrán, 1970, 12). El recono cimiento de este hecho no inhibe a la aculturación el carácter de fenó meno de expansión mimdial en el tiempo y en el espacio. Tampoco es una condición precisa que las culturas que entran en contacto presenten agudas distancias en los niveles respectivos de desarrollo tecnológico o de complejidad social. La aculturación, como proceso, depende en gran parte de la superioridad funcional de unas pautas, o de los medios coer citivos empleados para imponerlas, pero también del prestigio que puede emanar de personas y acontecimientos, o de redes de relaciones que desencadenen un afán mimético en determinados sectores de la unidad social. No adelantaremos nada en el estudio y comprensión de los fenó menos aculturativos si limitamos estrechamente el marco en que se pue den producir. Hay que rescatar el análisis de las situaciones de acul turación del particularismo de la antropología aplicada, y aún más, del campo de las investigaciones etnográficas o etnohistóricas. La arqueolo gía puede proveer de elementos de juicio suficientes como para que, con su metodología se descubran e interpreten rigurosamente todo tino de procesos de contacto. Así lo entiende Gordon Willey (1953) cuando afir ma que los arqueólogos, por la naturaleza de su materia de trabajo, pueden siempre observar y manejar los logros, las realizaciones termi nadas de xm proceso, pero que para ellos el aspecto dinámico debe resi dir en el "antes-durante-después" que forma la secuencia del contacto cultural. Este autor estudia la difusión-aculturación en tres casos arqueo lógicos, en Georgia central, en el norte de Yucatán y en la costa norte del Perú. A través de ellos obtiene un patrón caracterizado porque una cultura invade el territorio de otra implantando en él una colonia, pro bablemente por la fuerza. En ella pueden vivir exclusivamente extran7? - jeros o una mezcla de población foránea con gentes autóctonas, en cuyo caso los invasores se reservan los roles de prestigio y el control reli gioso y político, hecho fácilmente inferido por medio del énfasis puesto en la arquitectura pública y el arte simbólico. Los efectos de la acul turación se evidencian con la aparición de ima nueva forma cultural, en un plazo más o menos largo, en la que conviven viejas tradiciones locales o regionales con elementos intrusos. En los ejemplos de Willey, todas las culturas participan de una tradición común que afecta al área o superárea respectiva, y quizá este hecho justifique el que los efectos del contacto entre grupos con diferentes niveles de complejidad cultu ral, sean positivos en cuanto al logro de más perfectos ajustes adaptativos en las formas mixtas. Observamos que se está aplicando el enfoque acultmativo a los registros arqueológicos. Faltan todavía sin duda mayores aportaciones teóricas pero, como veremos más adelante, estamos en la vía adecuada para perfilar una nueva síntesis entre los datos de la excavación y los planteamientos generales. A lo que llega Willey es precisamente a la elaboración de un modelo de aculturación. El uso de modelos se ha extendido en la arqueología de los últimos años. Clarke define el modelo como piezas de un meca nismo que relaciona observaciones a ideas teóricas. Pueden ser usados para diferentes propósitos y varían ampliamente según la forma del mecanismo empleado. Los modelos son con frecuencia representaciones parciales que simplifican el complejo de observaciones, por medio de la eliminación selectiva de detalles incidentales al propósito que persi guen. El modelo aisla de esta manera los factores y las interrelaciones esenciales (Clarke, 1972, 1-2). La necesidad de los modelos en arqueo logía, como recursos comparativos, organizativos o explicativos, se pone de manifiesto si aceptamos que la esencia de las orientaciones científicas y empíricas es precisamente la construcción, aplicación, verificación o refutación y modificación de modelos explícitos (Clarke, 1972, 3; Harvey, 1969, 141). El modelo está soportado y se apoya a su vez en la teoría. Sin unos planteamientos teóricos que articulen los intereses del investigador con los procedimientos analíticos y metodológicos, no pue den lograrse patrones socioculturales con fi nes analógicos y generalizadores. Los modelos enriquecen al mismo tiempo la teoría subyacente a su construcción, al facilitar explicaciones sobre las situaciones inves tigadas. Para abordar la problemática expuesta en nuestra hipótesis sobre un posible caso de aculturación prehispánica en la costa norte del Ecua dor (Rivera, 1972; 1973), hemos desarrollado una metodología basada en lo que llamamos esquemas de difusión-aculturación, es decir, el cuadro total de relaciones a distintos niveles entre los segmentos en que divi dimos la cultura con fi nes de análisis. El esquema se construye de acuerdo con las características específicas del probable foco expansivo y se trata luego de comprobar en la cultura receptora, anotando las contradicciones que nacen en la situación de contacto y las potenciali- — 73
dades adaptativas de los diferentes elementos, y asociaciones de elemen tos, que entran en juego en el proceso. Pretendemos con ello construir un modelo predictivo de los cambios que van a ser inducidos en las culturas en contacto, debido a los procesos desencadenados por el dina mismo del fenómeno de la aculturación. El esquema es una guía para la comparación, a la vez que una conceptualización particular del trata miento que deben darse a las supuestas influencias externas en arqueo logía, y tiende en todo caso a descubrir las posibles dislocaciones y su importancia potenciadora o limitativa de la interacción. A nuestro parecer, la investigación surqueológica de un fenómeno de aculturación debe cubrir seis etapas principales: 1. Descubrimiento de los Entornas o cristalizaciones de posibles pro cesos de difusión-aculturación, por lo general a través de semejanzas morfológicas en la cxiltura material. 2. Elaboración de una hipótesis sobre el sentido y alcance de esos procesos, con especificación de las unidades culturales implicadas y la cronología que sitúa temporalmente el contacto. 3. Aplicación sistemática de un esquema metodológico con el fi n de elaborar un patrón sobre 1% probabilidad de determinados resultados en el caso de ima situación de contacto. Debe aclarar: a) Capacidad adaptativa del grupo expansivo al medio ambiente del grupo receptor; b) Grado de equilibrio del ecosistema receptor y probabilidad de tras tornos de cierta envergadura, con estudio del alcance y naturaleza de los mismos; c) Grado de opcionalidad de cada uno de los grupos ante los estímulos al cambio: situaciones de fuerza, degenerativas, etcétera; d) Análisis comparativo de la organización económica, social, religiosa y política de ambas culturas, de la tecnología y realizaciones materiales, señalando las posibilidades de ajuste o dislocación en la situación de contacto. Estudio más detallado a través de los segmentos en que se pretenda situar con más fuerza la incidencia de los procesos. 4. Construcción de un modelo predictivo-teórico de los resultados probables del contacto, según las variables correlacionadas tenidas en cuenta. 5. Verificación de este modelo en el registro arqueológico, según un procedimiento descriptivo-inferencial completo y riguroso. 6. Elaboración de un modelo definitivo que refleje la situación de aculturación estudiada. El manifiesto que pretende sentar las bases de la aplicación del esquema de difusión-aculturación a que hacen referencia los puntos 3, 4 y 5, comprende a su vez diez apartados: 1. Las semejanzas formales entre rasgos o complejos arqueológicos no son más que síntomas o indicios de la posible existencia en el pasado de una situación de contacto cultural. 2. La evidencia de un fenómeno de contacto cultural no es eviden cia de un fenómeno de aculturación. 3. La aculturación solamente se demuestra estucando los procesos dinámicos antecedentes y derivados de una situación de contacto cultural directo. 4. Mientras no se compruebe el alcance y naturaleza de esos pro cesos, no podrá constatarse por tanto fehacientemente carac a y la existencia misma— de una situáción de contacto cultural (difusio y/o aculturación). 5. El fenómeno de contacto cultural es eminentemente adaptativo. Necesitamos conocer las opciones, alternativas o expectativas al cambio por parte de ambas unidades culturales. 6. Todo fenómeno de difusión o aculturación comporta interaccio nes sometidas a presiones selectivas, que deben ser medidas y y ora as. 7. La investigación debe ser hipotético-deductiva, a través de una conceptualización teórica en los tres enfoques: histórico,ecológico-cultural y funcionalista. 8. La cultura es un todo integrado. La evaluación de las situaciones de contacto cultural debe tener en cuenta las repercusiones en la estruc tura global de los sistemas culturales. 9. Admitimos la categorización de los procesos, y el empleo de niveles taxonómicos o tipológicos con fi nes de análisis. 10. El fi n último de la investigación debe ser la elaboración de modelos de difusión-aculturación que, recurriendo a procedimientos com parativos, lleguen a convertirse en leyes de comportamiento sociocultural. Los modelos pueden ser descriptivos o lógicos, y pondrán de mamQesto regularidades causales. Naturalmente que en un primer momento deben obtenerse cuadros coherentes de los sistemas culturales extinguidos. Entonces, como dice Binford (1962), la estructura formal del conjunto instrumental y las relaciones contextúales entre los elementos deben ser tenidas en cuenta. Agrupando los artefactos obtenidos en una excavación en conjuntos de acuerdo con su contexto funcional primario, obtenemos importantes refe rencias sobre la tecnología y procesos de adaptación, los cambios estruc turales en el sistema social, niveles de integración, estructura del sim bolismo material, etc. Posiblemente, la consideración sistémica de la cultura arqueológica sea uno de los mejores cauces para elaborar hipó tesis interpretativas válidas sin salir del marco de la teoría antropo lógica general y, por lo tanto, será el que empleemos al enfrentarnos con la construcción y aplicación del esquema de difusión-aculturación. Clarke emplea una serie de tipos-modelo cuando se refiere a las situaciones de contacto cultural: intrusión/sustitución subcultural; in trusión/inserción subcultural; aculturación cultural; estímulo-difusión; y difusión secundaria. Estos procesos reflejan varios grados de movimiento humano y de reorganización de la población (Clarke, 1971, 412-413), y nosotros hemo^ seleccionado los de mayor utüidad para indicar la clase de contactos que pudieron tener lugar entre Mesoamérica y los Andes septentrionales. Nuestras dudas se centran en la forma de hacer el re74 — 75 I
gistro arqueológico lo suficientenieiite explícito; por eso pensarnos que este tipo de fenómenos —^uno de los cuales fue bien descrito por Ktroeber (1940)— deben ser ^detectados por medio de un nuevo instrumento metodológico, que en nuestro caso es el modelo predictivo construido a base del esquema de difusión-aculturación. Los procesos socio-arqueo lógicos de Clarke son un refinamiento sobre las antiguas, especulaciones clasificatorias en torno al contacto cultural, pero no facilitan —aunque sí sugieren (págs. 431-432)— el modo práctico de llegar a averiguar cómo y por qué se produjeron precisamente tales situaciones y tales resulta dos. Las llamadas formas organizadas (de lograr cada uno de los proce sos) no tienen en cuenta los factores selectivos que parten de im plau sible juego de incompatibilidades sociales y ecológicas, como variables dependientes e independientes, que nosotros deseamos poner de mani fi esto, puesto que no hay otro camino para hallar regularidades signi fi cativas. ¿Qué sucede, por ejemplo, si un segmento subcultural, como los esclavos, se introduce en im grupo donde la esclavitud sea inhibida como institución a causa de factores religiosos o de tipo socio-laboral? ¿Puede dar lugar el intercambio de presentes a una difusión secundaria en todas las sociedades? ¿Y, por qué en algunas sí y en otras no? ¿Qué niveles de integración están mejor preparados para aceptar innovaciones en el campo de las creencias o en relación con la movilidad social? Creemos que estas preguntas evidencian suficientemente la necesidad de reconsiderar la metodología desde un ángulo cercano al de los modelos predictivos, en los que ambos sistemas en relación pueden ser monotélácos. Clarke (1971, 418-431) recurre posteriormente a un conjunto de modelos que proveen información acerca de la clase de proceso de difu sión que opera en una situación particular, partiendo de las regularida des del patrón de distribución resultante y del conocimiento de las enti dades y contextos implicados. El modelo "polarizado", que se centra en formas comerciales organizadas, puede ser sugerente en el caso de las relaciones prehispánicas entre los subcontinentes americanos; mientras que el modelo de "deslizamiento cultural", que invoca intrusión signifi cativa a larga distancia o zonas de penetración intermedias, apenas apor ta nada a nuestro problema, que no puede tratarse en absoluto como el de las pretendidas influencias asiáticas en Suramérica o la difusión de rasgos anatólicos hacia occidente durante la Edad del Bronce, ya que no admitimos la difusión independiente de los diferentes elementos que parecen asimilados en La Tolita-Tumaco. No obstante, este modelo refleja con bastante exactitud la situación de los contactos tal y como son expuestos por Evans y Meggers (1966) o por Borhegyi (1959). El modelo llamado "estímulo en ondas de arco" se refiere al estímulodifusión, y presenta una estratigrafía en la que las ideas anteceden a la posible llegada de los propios elementos en que se materializan. Algunos aspectos de las manifestaciones de la costa norte del Ecuador y sur de Colombia, podrían quizá interpretarse en este sentido. Los modelos de "flujo contrario" que afectan al estatus de las zonas margi76 — nales, o el efecto de Doppler, que hipótesis que planteamos; ción, tampoco son de utilidad „ tendría posiblemente una por el contrario, el modelo de tende determinadas lagunas aplicación restringida para aclaiar, po ] material —que afeeen la distribución de las influencias sobre eT^os reci tan especialmente a las «guras de ¿ aunPientes las semejanzas se ® medios de correlacionar las que somos de la opimon de que hay o estas inflexiones Variables para obtener una explicación m ""elación con los procesos y modelos hemos^eX'^d^^^ tiremos nuevamente en que el esquema de aporta las proponemos no es un modelo teórico y exphc i , concluir LL para la construcción de otro predictivo, que, dadas unas circunstancias ambientales ^ g^tre de dos unidades arqueológicas, los resultados ^el contacto duecto^^^^ determinados segmentos tenderán hacia procesos de una clase especific . Con el desarrollo conceptual de esquemas . |?_ del que tratamos de aplicar a un caso concreto de posible ac^tm^n en la América prehispánica, hemos pretendido ^3®^ dp^^troducir de en los que tenemos plena certeza: 1. La . . x teóricos manera creciente en los estudios arqueológicos p a oQcial como derivados de los hallazgos de la antropología cultur^ o so®ial' com se viene haciendo hace varias décadas en Estados Unidos V países europeos. En este sentido, el estudio de los casos^ de acul maci , con una metodología apropiada, parece de primordial importancia para abordar científicamente los problemas del cambio cultural; 2. La im portancia y validez del empleo de modelos, del ti po que sean, en las diferentes etapas de la investigación, como instrumento orientador de eaos planteamientos a que hace referencia el punto anterio^ Su u zación facilitará en grado sumo la interpretación del registio arque lógico y la explicación de las situaciones culturales que en él se mam ñestan. 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