Ollántay : drama en verso quechua del tiempo de los incas
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209 IBLIOTEGA UNIVERSAL
BIBLIOTECA UNIVERSAL COLECCION DE LOS MEJORES AUTORES ANTIGUOS YMODERNOS NACIONALeS YEXTRANJEROS. TOML OLLA NTAY )RÁMÁ EN VERSO'QOE&A DEL TIEMPO DE LOS INCi traducido do la Icnirua quechim al francés, TCOMENTADO PÜB "' pABIMO fACHECO ^SEGARRA VERSION ESPAÑOLA POR G. í DIRECCION YADMINISTRACION Madera, 8, bajo. 1886
Debida la publicación del OllXntat en la BihlioU ca Universal, ála complacencia amistosa do su autor D. Gabino Pacheco Zegarra, áquien damos las mi expresivas gracias, este so reserva todo derecho do r( impresión 6traducción do esta obra en España yoí los países extranjeros. ^ Todo tomo, aún perteneciendo áesta Biblioteca, qni no lleve esta advertencia en el dorso de la portada, | considera apócrifo por ol autor. Campuzano, impresor, Dr. rour(iuet,22i
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;ASUS hermanos los jóvenes de ilos países trasandinos^ yespecialrmedite álos hijos de la imperial i': Cuzco, dedica este libro i: ' i t p,. j^AOHECO ^EGARRA
r—labre los primeros pobladores de América y pobre razas anteriores ála raza de los Incas; todo demuestra claramente que las tribus que poblaban las vastas comarcas en cuyo centro se fundó la ciudad del Cuzco, que llegó áser el corazón del Imperio, contaban ya un largo pasado antes de la aparición de MancO'Oápac. Este período forma la Epom primitiva de los peruanos, que es objeto de #la Historia antigua del Perú. Pero de esas tres épocas en que dividimos la historia peruana, la de los Incas es la única que realmente interesa ánuestra publicación; pues siendo el Ollántay lo único que queda de la literatura de esa época, y reflejándose en él más que en ninguna otra cosa el espíritu, las creencias, las costumbres, la vida de esa Nación, yestando, además ,este poema dramático compuesto en la lengua quechua, que era la general del Imperio, nos parece indispensable dar una idea, siquiera breve ysucinta, del pueblo en cuyo seno brotó tan rara producción. Aunque los historiadores contemporáneos de la conquista de América no nos hubieran dejado el cuadro corapieto de los progres 's mora'es y materiales del Perú í>recoIombi''':(;, ios monumentos que de é¡ nos quedan, ,su lengua, que aún hoy dia se ii abla en la mayor parte de las regiones trasandinas; muchas poblaciones do indígenas de pura raza, que aún
~14 — existen yque ápesar de la influencia desgraciada de la esclavitud colonial han conservado hasta nuestros dias un espíritu de alta moralidad, de sociabilidad yde cultura, podrían ,aun en la actualidad, ofrecernos las pruebas inequívocas del grado de desarrollo^ que había alcanzado ese gran pueblo al llegar ásu apogeo. Entre los historiadores áque hemos alu-j dido, Grarcilaso de la Vega (1), euzqueño de' \ (1) Este hombre ilustre nació en la ciudad del Cuzco el 12 de Abril de 1689, partió para España el 21 de Febrero de 1660 ymurió en’. Córdoba el 22 de Abril de 161G. Sus cenizas rei posan en la catedral de Córdoba, en la capilla que, precisamente porque en ella está su sepultura, lleva el nombre de Capilla de Qamlaso. Sobre su tunaba se lee la siguiente inscripción: «En IiíCA Gakcilaso de la Vega: hombre EMIKEHTE, PIGNO DE PEBl'JÍTUA MEMORIA; DE SAKQRE ILUSTRE: EXPERTO EX LAS LETRAS: VALIENTE EN LAS ARMAS: HIJO DE GrAECILASO DE LA Vega, de las casas de los duques DE Eébia tde Infantado, xde Isabel, Palla, hermana de Huayna Capao, último EMPERADOR DE LOS INCAS: COMENTÓ «La Pl.ORIDA,» TKADU.TO A«LkON HEBREO» Y COMPUSO «Los Comentarios Iíealesv; EN Córdoba con gran piedad: tu\ ouna MUERTE EJEJIPLAR; 1>0TÓ ESTA CAPTIUwV: MANDÓ LE ENTERRARAN EN ELLA: LEGÓ SUS BIENES ÁLA IGLESIA EN SUFRAGIO DE LAS ALMAS DEL PURGATORIO: LvS PATRONOS ÁPERI’ETLHDAD DE ESTA CAPILLA SON LOS SEÑORES DEAN YCABILDO DE ESTA SANTA IGLESIA: MURIÓ EL XXII DE Abril de mdcxvi.»
—15 — nacimiento ydescendiente él mismo de loa Incas, habiendo bebido en las puras fuentes de la tradición aún viviente de sus abuelos, conociendo como conocía los lugares en que pasaron las escenas que describe, yhabiendo asistido personalmente ávarios de los episodios que relata, es sin duda alguna el autor que mayores garantías de veracidad ofrece ála historia. En mi opinión Los Comentarios Reales yla obra de más importancia que nos ha dejado el Inca Grarcüaso, contienen, por decirlo así, los más ricos archivos de la historia peruana ,yson el monumento más noble que dicho autor ha podido erigir ála memoria de sus antepasados. El territorio que ocupaba la vasta monarquía de los Incas se extendía háoia el Norte hasta el Cauca, uno de los Estados hoy do la República de Colombia; hácia el Sur hasta el rio xVIauli, que separa la frontera meridional de Chile del país do los Araucanos; al Oeste tenía al Océano Pacífico por límite, y al Este comprendía todas las regiones trasandinas, encerrando las Pampas del Sacramento, las fértiles regiones del Amazonas y las demás que so extienden basta el Imperio del Brasil :inmenso territorio que sube ála enorme cifra de ocrea do seis millones de kilómetros cuadrados. La adoración del Sol, el culto de los astros, la deificación de los fenómenos de la
naturaleza era lo que constituía la religión í dé los Incas. Creían ellos que la Luna era f la esposa yhermana del Sol, ylas estrellas :^ divinidades secundarias, especie d® cortesa- ; ñas que formaban su séquito. Sin embargo, aunque miraban al Sol como ála divinidad f suprema del mundo que habitamos ydel f Universo todo, no le consideraban más que I como ádivinidad visible ycomo ála mani- | festacion exterior ynecesaria de otra divi- ' nidad superior áél, invisible, eterna éinmu- ^ table: llegaron, pues, ála concepción del Sér ? Supremo tal como le conciben los deistas; y; en su lengua le dan el nombre de Paoha- ' CAMAO, que significa eZ que anima, el que Í vivifica al Universo. La inmortalidad del i alma, la vida futura, en la cual deberán ser > recompensados los buenos ylos malos cas- ' tigados, formaban también parte de sus t creencias, yeso se desprendía naturalmente ;• de la idea elevada que tenían del Creador, f En su lengua llamaban al ciclo Hánao-pa- ^ OHA, mundo de arriba; al infierno, Uceo'- pacha, mundo de adentro, yal demonio, 7 StJPAY, genio del mal: también daban al in- | fiemo el nombre de Süpaypa-huasin, casa f del demonio. Tales creencias, que muestran ^ por sí solas la alta cultura intelectual de los antiguos peruanos, se manifestaban en prácticas yceremonias religiosas que, exentas del sensualismo de los paganos, daban al
—17 — culto gran pompa ymagnificencia. Había sacerdotes yponf ífices encargados de presidir las solemnidades que se celebraban en honor del Sol; yen los grandes sacrificios que se hacían en esas fiestas suntuosas, era prohibido el inmolar víctimas humanas. Había Vírgenes del Sol consagr adas al servicio del templo yal culto de la divinidad; yésta era una institución ála cual, bajo el punto de vista de la clausura perpetua yde la pureza de costumbres, en nada aventajaba la de las vestales romanas yotras sacerdotisas de la antigüedad. El palacio de las Vírgenes del Sol de la ciudad del Cuzco era el principal entre los muchos de igual naturaleza que existían en el Imperio: él solo encerraba, en efecto, más de mil quinientas vírgenes. También había templos magníficos en todas las ciudades de alguna importancia; pero ninguno podía rivalizar con el de la ciudad del Cuzco, cuya riqueza era tal que le llamaban CcoRi-CANOHA, recinto de oro. Aun los jardines que rodeaban el templo estaban formados de frutas, plantas yflores artificiales de plata yde oro macizo. En el respeto álos nmertos es s<)bretodo en lo que más se revelaba la piedad religiosa de los Incas :sus sepulturas ,que llevan el nombre de hüacoas ,fueron miradas como lugares sagrados, ylos cadáveres eran objeto de culto: muchos de ellos, embalsamados
—18 - de la manera peculiar que para ello tenían, eran conservados como los dioses tutelares del hogar; sobre todo los de las personas distinguidas por sus virtudes, ylos de sus monarcas. Ni en materia de gobierno merecen ménos nuestra admiración los Incas. El Imperio estaba dividido en cuatro partes, sobre la base de los cuatro puntos cardinales; i Chinciiay-suyo, región del Ñorle; Coollai SUYO, región del Sud; Anti-suyo, región del ¡ JEste; CiJjsíTi-siJYo, región del Oeste: así se' llamaban las cuatro grandes provincias, cuyo í conjunto tomaba el nombre do TahüantinSUYO, verdadero nombre del Imperio, que; significa Las cuatro regiones. Cada una de| dichas provincias llegaba á adquirir enormes j proporciones ámedida que el sistema de coní quista, tan seguro como discreto, que emplea-! ban los monarcas peruanos, los hacía dueñosíi del territorio vastísimo de que hemos habla-! do; yla lengua quechua, que ha sido oompa-; rada por sabios escritores álas lenguas clásicas, ácausa do su riqueza yvigor, ysobre; todo de la maravillosa elasticidad con que se,' presta átodos los juegos yhasta ála exprs-j sion de los matices más delicados del pensa-t miento, iba extendiéndose por toda la Amó-| rica meridional, al paso que desaparecían lai| lenguas primitivas de los pueblos oonquk-i tados. I
—19 — En punto áadministración, el cacique general, representante inmediato del monarca, era el jefe supremo de cada una de dichas provincias óestados; ysu autoridad so hallaba secundada por todos los empleados subalternos, cuya jerarquía en escala descendente iba áparar hasta los decuriones mismos. En efecto, estando todos los súbditos divididos según el sistema decimal en grupos de diez, de cincuenta, de cien, de quinientos yde mil individuos, yteniendo cada uno de esos grupos su jefe especial, la benéfica influencia de las leyes administrativas ypenales se extendía átodos los habitantes sin excepción. Se ve en osl.e sistema de decurias ycenturias mucha analogía entre los romanos ylos Incas. La legislación de éstos ofrece un vasto campo de observación al legislador yal filosofo: leyes agrarias por medio de las cuales habían resuelto en la repartición de la propiedad rural gran número de problemas que, aún en nuestros dias, parecen insolubles, ápesar de los esfuerzos de los socialistas modernos; levv'S locales yde policía qu-í garantizaban el general bienestar yla severidad pública, yque cruzaron el territorio -'Utero de '. Us ycaminos; uAa buena organización postal que ponía en comunicación átodas las poblaciones por medio de los quipus yde los mensajeros; nn sistema moderado ysabio de
-20 — contribuciones, cuyo resultado fué la acu* mulacion de los tesoros fabulosos que éneo* rraba la metrópoli; la obligación impuesta i los decuriones de llevar el registro exacto do los nacidos ydo los muertos; ymuchas otras instituciones, en fin, demuestran has* ta la evidencia que el pueblo que estaba en posesión de ollas había alcanzado los mayores progresos en materia administrativa. No monos avanzado se hallaba en lo que concierne álas ciencias. Los Incas contaban el tiempo por años solares, ydividieron el i año, que se llamaba Huata, en doce lunas; i cada luna ómes sinódico tenía el nombre, de Quilla; calcularon también el tiempo da. los solsticios yde los ,equinoccios, ysabían, si bien imperfectamente, prever los eclipses. Aunque por razón do las condiciones favorables del clima yde la austeridad de costumbres, muchas enfermedades les fuesen desconoeiilas, poseían, no obstante, un conocimiento notable de las virtudes medicinales de las plantas: existen, aun hoy dia en las montañas del Cuzco, ciertos curanderos, especia de médicos indígenas, que habiendo conservado tradición alnientc el se-, creto de una multitud de reiaedio.s, liueen: curas extraordinarias que .son la admiración, de nuestros facultativos; esto muestra, puen^ ol alto grado de desarrollo áque tambÍ8| había llegado la ciencia médica. En cuanto
—21 - álas ciencias exactas, ellos como nosotros se servían para contar de la numeración decimal, yel mismo sistema no les era desconocido; ysi no llegaron á resolver loa grandes problemas del Algebra yde la Q-eometría, sabían en materia de cálculo todo lo que les bastaba para medir las tierras, hacer sus cuentas, conservar en sos quipus registros exactos del aumento do la pobla 'cion, del estado del ejército, do los matrimonios, do los nacidos ymuertos, de las contribuciones del reino yde otros ramos de la vida civil. Loa hombres de ciencia es- :taban encargados de la educación de la ju- 'ventud en las numerosas escuelas del impe- ;rio; so les llamaba AMAUTT \'q nombro que f: equivale isabio, filósofo, maestro, orác ulo. La música de los Incas que presenta el carácter de la melodía elegiaca, se casaba pori-feotamente con su poesía, generalmente amorosa, llena de tristeza, do soncUlez yde ^dulzura. Los poetas, cuyo nómbro era Ha- ^RAHtJicus, trovadores, componían también ^cantos beróicos para recordar los altos hoS‘ chos de sus reyes, ólas hazañas do sus guerreros; ylos cunbahau púb icamnute en las grandes solemnidaiic-.-:. Tales -iTogrosos ha- .ébían hecho las bciias letras, qu-, compusioíron comedias ytragedias, de cuya reprcsenItaeion se encargaban los nobles de Ja córte, "di drama Ollaniay, mejor que otro tesbi-
—22 — monio cualquiera, es una muestra inapreeiable que permite juzgar de aquella literatura; prescindiendo de su mérito histórico y de las muchísimas bellezas que encierra, este drama, por ser lo único que ha quedado del genio poético de los Incas, yde sus alcances literarios, vale en mi opinión toda una literatura. Más adelante volveremos á hablar de su antigüedad ,incuestionable para nosotros como para todos los que hagan un estudio concienzudo de la obra. El ramo en que los antiguos peruanos realizaron menos adelantos, son las bellas artes: sus monumentos construidos de enormes moles de piedra revelan mucho poder y presentan grandioso aspecto, pero están desprovistos de gusto arquitectónico. En cuan- ,to ála pintura yála escultura, se hallaban igualmente atrasados; sin embargo, no cabe duda que cultivaban dichas art^ís: la tradición, según Garcilaso, conservaba aún el recuerdo de ciertas pinturas, yse pueden observar en los vasos antiguos, en los tejidos, yaun en sus ídolos, multitud de dibujos, de colorido vario; con todo, podeoios afirmar que la pintura yla escultura todavía se encontraban en la infancia. Lo que constantemente ba llamado la atención ymerecido los elogios do los historiadores, peruanos yde todos los que se consagran al estudio ‘de esos remotos tiem-
—29 — historiadores antiguos, qne adulterándolapalabra dicen Hiianacauri, hayan caído en la cuentade esta etimologíacuriosaéinteresante ácausa do su conformidad con la leyenda. Una vez en la tierra de promisión, MancoCápac ysu esposa descendieron al llano, en que se encuentra hoy la ciudad del Cuzco, habitado hasta entonces por los Quechuas, numerosas tribus que se extendían hasta las márgenes del rio Apurímac, de su afluente el Huilleamayo ydel Abancay. El Inca se ocupó en la conquista dejas tribus del Norte, la Coya (reina), su esposa, en las del Mediodía, yla doctrina ynuevos principios que proclamaron, se aceptaban con gran docilidad ála luz del explendor divino que parecía irradiar en la frente de los enviados del cielo. Tal docilidad no tardó mucho en convertirse en superstición yfanatismo religiosos. Fué en aquellos momentos cuando se asentaron las bases del Cuzco antiguo, y se le dió ese nombre, que encerraba el destino áque estaba llamada la naciente ciudad, pues significa: el centro, el medio, lamparte principal de una cosa. Por las circusntancias sobrenaturales que habían precedido á su fundación, ypor haber sido constantemente la residencia de los hijos del DiosSol, la ciudad del Cuzco era mirada en todo el Imperio como cosa sagrada yobjeto de veneración.
—30 — ¡Cuántas veces en la moderna Cuzco, que ya no es hoy más que la tumba de un pasado de grandezas, al contemplar desde las ventanas de la casa de mis padres, háeia el Sud, las parduzcas cumbres del Huanacauri, mi pensamiento so ba trasportado áaquellos tiempos! Figurábame ver áManeo-Cápac, coronado solo do su poderoso gánio como de una aureola resplandeciente, presentándose ante las tribus nómades de esas comarcas. Superior ásu época, su alma grande abarca por sí sola los gérmenes de una nueva era, ypara imponerse busca en el cielo yentre los astros el origen de una raza que llama divina; hace del mas hermoso lago de América una cuna digna de tan alto nacimiento; su voz inspirada por la grandeza de su obra arrastra en pos do sí á todo ese mundo do salvajes que lo escuchan yle obedecen como áun oráculo. Entonces se trazan las líneas de la ciudad santa, surgen templos magníficos consagrados al culto nuevo; las humildes chozas do los salvajes ceden su lugar áotras moradas cómodas y suntuosas, quo reciben bajo sus tedios á una sociedad regenerada; so construyen palacios soberbios para las Vírgenes del Sol y para el Rey-Dios quo inaugura allí un imperio floreciente, esc imperio que al soplo vivificador do^ su espíritu, en breve extenderá sus dominios por doquiera, hasta ahar»
—alear casi la totalidad de la América Meridional. Los hombres superiores que en el origen fabuloso de los pueblos aparecen en la historia investidos de un poder sobrenatural, que establecen dogmas, que crean una civilización yfundan una nacionalidad, nunca me han parecido más grandes que cuando despojados de todo disfraz maravilloso, se presentan tales cuales son ante la sana razón, con solo el brillo de su génio que tan por encima de sus contemporáneos los había colocado. No bastándoles en esos remotos siglos, para luchar yvencer, las armas humanas, tuvieron que recurrir álas divinas hasta tomar ellos mismos el carácter de divinidades. Tal juzgaba áMancoCápac; gran pontífice, gran legislador, gran filósofo, uno de esos hombros, en fin, de múltiples facultades que en la infancia de las naciones son enviados por la Providencia para modelarlas yprestarles su espíritu yhasta su nombre. El realizó gloriosamente su obra de redención; se hizo como Mahoma el profeta de un nuevo culto, fundó un imperio como Rómulo, lo moralizó como Confucio, yal morir ya octogenario dejó por herencia un pueblo cuyo gobierno patriarcal, sábias leyes ycostumbres de virtud yde trabajo no tienen ejemplo en los anales de la antigüedad.
—32 —^ Doce monarcas se sucedieron hastaHuayI na-Cápac, último emperador de la dinastía ( de los Incas ybajo cuyo reinado el imperio había llegado al apogeo de su grandeza, hasta el punto que este soberano puede ser llamado el Augusto do los peruanos. líuayna-Cápac, ásu muerte, en 1525, dejó el imperio dividido entre sus dos hijos Huáscar y Atahuallpa; estos comenzaron bien pronto árivalizar entro sí, se hicieron enemigos mortales, yla guerra civil, con todos sus horrores no tardó en desolar el país. Hácia la época en que Huayna-Cápao murió, aparecieron en las costas del Perú Pizarro ysus demás compañeros que iban ásu conquista. Mayores desgracias pusieron luego fin á los disturbios ocasionados por la rivalidad de los dos hermanos. Huáscar murió asesinado en Antamarca por los secuaces de su hermano Atahuallpa; este, poco tiempo después, pagó tal crimen eou su vida, pues los nuevos conquistadarcs le extrangularon en Cajamarca, ápesar del fabuloso rescate que le hicieron dar por su vida (1). (1; Este rescato consistió nada ménos que en una cantidad de oro que bastó állenar has- ; ta la altura ádonde podía llegar el brazo del ' Inca, levantado hacia arriba, la prisioi en que se hallaba encerrado. Esta habitación tenía veintidós pies de largo ydiez ysiete de ancho, yla línea que se había señalado en la pa- ^
~33 — Manco-Inca, hermano menor de los anteriores yúnico vástago de la ilustre familia que pudiera hacer valer sus derechos al trono de los Incas, se fugó álas montañas para poder librarse del furor de los conquistadores; ypoco después fué asesinado por un español áquien había dado asilo contra las persecuciones de Pizarro. Desde entonces la dinastía de Manco-Cápao desapareció completamente ysu pueblo tuvo que soportar el robo, el esterminio yla desolación quie tan triste celebridad han dado álas conquistas de los españoles en el Nuevo Mundo. Lo que parece más digno de notarse en la dinastía de los Incas yque, según mi Opinión, carece de precedente en la historia, es que todos esos soberanos habian conservado en todo su vigor primitivo las máximas yel espíritu del jefe de su raza; que todos, profundamente imbuidos de las mismas ideas, se presentan en la historia con un mismo carácter, de modo que la vida de cada uno de esos monarcas, con respecto á la influencia moral que ejercía en el imperio. red con el brazo estirado estaba ánueve pies del suelo. Eso no era todo: el Inca había hecho también llenar dos veces de plata una pieza vecina un poco menor que la anterior. (Prescott. Conquista cid Perú. —Garcilaso. Los Comentarios Reales.) TOMO CVI 2
—34 —I no era otra cosa que la continuación de la | de su predecesor, yasí la dinastía formaba | una série de reinados, tan íntimamente ligaí dos unos áotros, que no constituían en roa- |. lidad más que una sola ygrande persona- , lidad. í Hé aquí la nación en cuya literatura, nuestro Ollántay debió de ocupar un puesto distinguido. Recurramos, pues, áalgunos de nuestros más graves bistoriadores ,para ; dar una idea de dicha literatura, tanto más cuanto entre la generalidad de Jos lectores, pocos probablemente haya para quienes no r sean desconocidas estas investigaciones que ; podemos llamar de filología arqueólo«ica. Gareilaso (ü. R., Part. al hablar de ¡ la literatura de los Incas, se expresa en ! estos términos :«Los Amaufias, que eran ! los sábios, no carecían de habilidad en la composición de comedias ytragedias, las ^ cuales se representaban, en los dias de fies- : ta yde grandes solemnidades, ante los Royes yseñores de la córte. Los actores no j eran villanos, sino Incas, nobles, hijos do r (Juracas yaún los mismos Curacas, oapita- [’ nes, yen fin, maestros de campo. Ésto era porque la representación so hacía sin dis- ' ! traces, pues el argumento do las tragedias •• versaba siempre sobre hazañas militare.^, sus batallas yvictorias, ysobre las proezas ^ yglorias de soberanos yhéroes pasados. | *
-35 — Las comedias se referían ála agricultura, álas laborea del campo, álas cosas del bogar yála vida de familia. Cuando acababa la representación, los actores volvian ásus puestos, donde estaban sentados según su jerarquía ysus empleos. Nada de sainetes deshonestos, vulgares óbajos; nada que careciera de fines sérios ymorales; todo eran sentencias ysalidas ingeniosas permitidas en tales casos. Los que se distinguían por la naturalidad con que hacían sus papeles recibían en recompensa alhajas ydistinciones que les lisonjeaban mucho.» En otro capítulo, hablando del grado de inteligencia de los naturales, nuestro historiador continúa así: «No se habrían mostrado menos capaces para la ciencias si se les hubiera enseñado, como lo prueban las comeSias que en muchos lugares han representado; así ha sucedido que algunos aficionados, religiosos de las diferentes órdenes y sobre todo, de la Compañía de Jesús, han compuesto, con el objeto do predisponer favorablemente álos indios ála concepción de los misterios de nuestra santa religión, comedias destinadas áser representadas por los mismos indígenas; pues estos religiosos saben, en efecto, que esos pueblos solían representarlas en tiempo do sus royos Incas, yhan notado que so hallan dotados do habilidad yde talento para todo lo que
se les quería enseñar. Así es como un pa- • dre de la Compañía de Jesús compuso una comedia en loor déla Santísima Virgen, y.í la escribió en Áymará, lengua que difiero í del q'iiechua. El argumento versaba sobre i las palabras del tercer libro deí Génesis: f' Fo pondré enemistad entre té ytu mu- | jer^ etc., yella te aplastará la cabeza. Esta [ obra fué representada por niños yadolesoen* , tes, todos indígenas, en un lugar llamado ! Suíli. En Potosí se hizo representar un diá- . logo sobre la fé en presenoia de más de doce mil indios. En el Cuzco también se repre.sentó otro sobre el Niño Jesús, al cual asistió toda la grandeza de esa ciudad; yotro, en fin, en la ciudad de los Beyes, en presenoia de la magistratura, de la nobleza ydo una multitud do indios; su argumento fué el Santo Sacramento, yen esta última pieza la lengua española alternaba con el idioma ge* neral de los Incas. En las cuatro localidades que acabamos do citar, los jóvenes indios, representaban sus papeles con tanta grada yencanto en el lenguaje, con tantos 1. ademanes yacciones tan dÍ8creta.s ydecen1 tes que el público quedaba encantado yliof no de regocijo; su voz en los cantos ora tan i suave yconmovedora que muebos españoles • derramaron lágrimas de júbilo al ver bi grada, la habilidad ylas excelentes disposieiones de esos pobres indiccillos; yllegaron I
-37 — ácambiar por completo la opinión (pie respecto áloa indios tenían, áquienes hasta entonces habían tenido por ociosos, groseros yestúpidos.» Preseott, cuya imparcialidad ycompetencia son notorias, dice lo que sigue respecto ála antigua literatura de los peruanos: «La misión de compilar los anales del país no estaba exclusivamente reservada álos amauttas-, este deber también estaba en parte impuesto álos liaravecus ópoetas, quienes escogían los acontecimientos más brillantes, como temas de los cantos que componían para ser cantados en las grandes fiestas yfestines del Inca. Así es como llegó áformarse una colección de poesía tradicional, análoga ála que forman las baladas inglesas ylos romances castellanos, y de ese modo los nombres de multitud de jefes bárbaros, en vez de perderse en el olvido por falta de un croni-ta, eran trasmitidos en alas do una melodía rústica álas generaciones posteriores»... «El poeta encontraba en el hermoso dialecto quechua un instrumento útilísimo ásus designios. Ya conocemos las medidas peculiares áque apelaron los Incas para propagar esa lengua en todo el imperio. Naturalizado deesa manera en las provincias más remotas, esto dialecto se enriquecía con una multitud do voceo yde locuciones exóticas, que, bajo la
—38 -- influencia de la córte yde su cultora literaria, si me es permitido expresarme así, se amalgamaban gradualmente, formando una especie de mosáico, pero de un trabajo acabado, en que los materiales groseros yli,0terogéneos se fundieron en un todo armonioso. El quechua llegó, pues, áser el más comprensible yvariado, al mismo paso que el más completo de los idiomas de la América del Sud.» «Fuera de las composiciones de que hemos hablado, se asegura que los peruanos mostraban mucha disposición para las re presentaciones teatrales, las que estaban lejos de ser esas estériles pantomimas, que divierten solo la vista, yque servían de pasatiempo ámás de una bárbara nación. Las obras peruanas aspiraban álos honores de composiciones dramáticas, sostenidas por los caractéres yel diálogo, yfundadas áveces en argumentos de interés dramático, y también sobre otros asuntos que por su carácter ligero yfamiliar, corresponden ála comedia. Hoy carecemos de medios para poder juzgar de la ejecución de esas piezas: era probable, como hay que esperar do una nación aun no enteramente formada, que dicha ejecución fuera un tanto grosera; pero, fuese cual fuere, la concepción solamente de un espectáculo de tal naturaleza es ya una prueba de esa cultura intelectual
tamente el Oll-iatay, no lo comprendiera muy bien de principio áfin, «7.Í’' También se encuentra una multitud de términos que aún existen en muclios lugares, sobre todo en el sud de Perú.» Barranca habla con relación áLima, ciudad moderna en que ya el quechua ha desaparecido completamente. «:8.a La sociedad que figura en el drama es enteramente pagana, de modo que no se encuentran ni vestigios de la civilización de los invasores. »El estudio detenido de historiadores ycronistas nos muestra, en efecto, que todos ios personajes del Ollántay son históricos, esto es ,que han existido realmente en tiempo de los Incas. «g.í*' La división del argumento no es de manera alguna conforme álas i*eglas del drama moderno, pues hay escenas que podrían considerarse como verdaderos actos; tampoco se ajusta ádichas reglas la introducción do los coros.» «10.^ La existencia de la rima regular en el drama quechua no prueba que sea posterior ila conquista; pues^es sumamente fácil demostrar que la rima era conocida mucho antes.» Según mi opinión ,era imposible que la poesía de los Incas careciera de rima, pues aún no conozco un idioma que tenga como el quechua tantas termmacione.s ysufijos idénticos \pero es muy notable el
—46 — empleo de la rima en el drama, porque se aparta en muchos casos de las reglas establecidas en nuestra métrica, que forzosamente era desconocida del autor antiguo. «ll.a Los caractéres que distinguen el antiguo drama quechua de nuestros dramas, resaltan claramente en el Oilántay.» No solamente la manera de rimar, en efecto, sino también la de dividir los diálogos, de acentuar los versos, de medirlos ycombinarlos, así como otras particularidades que resultan del estudio bibliográfico yfilológico (1) de la obra original que hemos traducido, yde los códices antiguos, hacen imposible la creencia de que su autor pudo pertenecer á una época posterior ála dinastía de los Incas. Una vez probada la antigüedad del Olíantay, que era lo esencial, es preciso decir algo sobre la época en que aproximadamente debió de componerse. (1) Se han suprimido en esta Introducción, refundida con anuencia del autor mismo, señor Pacheco Zegarra^ los capítulos relativos álap¿- lliograjía yFonética de la lengua quechua, así como el Vocabulario final, yotros estudios puramente filológicos, que no se avienen con el espíritu ni con la extensión de la iíííííoíeca Universal. La obra original que se ha traducido lleva el título siguiente: -tOLLAXTAí'. Brame en vers quechuas du temos des Incas, traduit et commenté par Gahino Pacheco Zegarra. París, Maisonneuve &C.Librs.-Edits. mdcccia'xviji.
—47 — La acción del drama, como so ve áprimera vista, ábraza los diez últimos años del reinado de Pacbacútic ,yademás un corto período de tiempo, al principio del reinado de Tupac-Yupanqui. Pachacutic gobernó el imperio durante la segunda mitad del siglo XIV, como resulta de lo que dice Mesa en Los Anales del Cuzco (p. 45), en que se lee ála letra: «En el año 1349 de Nuestro Señor y307 de la fundación del Cuzco se *coronó del llautu, diadema, en esta corte imperial, el Inca Ttitu-Manco-Oápace, llamado Pacba-Cútioc, noveno emperador del Perú.» El mismo autor afirma que el reinado de este monarca duró basta 1408, puesto que dice (p. 117) que en ese año su hijo y sucesor Yupanqui subió al trono. Como otros historiadores, aunque se apartan de Mesa, difieren muy poco de él, tomamos sin vacilar por punto de partida las fechas de Los Anales, que son las que indudablemente se acercan más ála verdad ,no solo porque dicho autor, nacido en el Cuzco yceloso investigador de la historia ytradiciones de esa ciudad, nos inspira mayor confianza, sino porque Huayna-Cápac, nieto de Pacbaoutio yúltimo Inca del Imperio, murió en 1525, yes forzoso suponer, según el órden natural de las cosas, que entre la muerte del abuelo yla del nieto cuando más hubiera un siglo de diferencia, es decir, que
—48 — la muerte de Pacliaoútio debió de suceder hácia principios del siglo XV, que es la fecha consignada por Mesa. Puede, pues, afirmarse que el período de tiempo que formaron los reinados sucesivos de Túpac-Yupanqui, hijo, yde Huayna-Cápac, nieto de Pacbacútic, en ningún caso pudo ser mayor de cien años ;yde ahí resulta, como consecuencia inmediata, que nuestro drama, cuya acción abraza la muerte de Pachacutic, fuó compuesto en esta‘ época, esto es, en el curso de los cien años que precedieron ála conquista española. Difícil parece adelantar cualquiera otra conjetura vaga áfin de precisar aún más cuál haya sido, entre los dos reinados antedichos de Túpac-Yupanqui yHuayna-Cápac, aquel bajo el cual la obra se compusiera. Si se considera que el imperio llegó ásu mayor adelanto yesplendor en tiempo de Huayna-Oápac, nada de extraño tendría que la obra perteneciera ásu reinado; sin embargo, ai observar la manera un tanto adulona con que el autor quechua trata áTupac-Yupanqui siempre que lo pone en escena, así como la delicadeza ytacto con que hace aparecer áPachacutic, sin que se le escape ninguna alusión ásus crueldades, como podría esperarse, es de suponer que la obra fuera compuesta durante el reinado de Túpac-Yupanqui, su hijo. Esta sup.osiúon es
—49 — tanto más digna de aceptarse, si se considera que eila es conforme con el objeto verdadero de esa especie de literatura tradicional, que se apoderaba ,por decirlo así ,in fraganti, do los becbos gloriosos dignos de ser trasmitidos ála posterioridad, para que quedaran consignados en obras como la presente, cuyo carácter principal es la naturalidad y la precisión en la narración de los sucesos. Por otra parte, si el drama fuera del tiempo de Huayna-Oápao, es probable que so encontrara en él alguna referencia ádicbo monarca óásu época, yno bay la menor alusión respecto áesto. Pero ya lo he dicbo, no se pueden emitir más que conjeturas vagas respecto ála época precisa en que so compuso el drama; yen cuanto ála personalidad del poeta quechua, autor primitivo del Ollántay, lo más prudente será renunciar á toda investigación ulterior. Lo que parece fuera de duda es que una composición como esta debió de gozar gran aceptación ynombradla en su tiempo, ydebió de ser representada con éxito, si no en loor del mismo Túpao-Yupanqui, por lo ménos en la presencia de su hijo Huayna-Cápac. Llega la vez de mencionar aquí dos restos de la antigüedad que, conservados hasta nosotros, pueden ser mirados como pruebas de otra naturaleza del carácter histórico de nuestro drama. El primero consiste en una
~&0 ~ especie de vaso formado con el busto de Rumiñahui (Ojo-de-piedraJ, uno dé los personajes más importantes del drama, que el indio Fabian Titu guardaba como una preciosa reliquia, hasta que lo regaló al brigadier D. Antonio María Alvarez. El segundo es igualmente otro vaso, más importante aún que el anterior, según mi opinión, que D. Federico Hohaguen ha regalado últimamente al Museo Real de Berlin. Se ve en él representado en la superficie, un episodio de guerra que encierra el drama, yque consiste en un encuentro de las tropas del rey Pachacútic con las de Ollántay. Si se piensa en que la cerámica del tiempo de los Incas había alcanzado grandes progresos yque poseemos aún otros vasos cuya Ornamentación, por medio de figuras coloridas, representa evidentemente hechos históricos óescenas familiares de interés para la sociedad de entonces, nada hay de extraordinario en que la cerámica indígena se hubiera también consagrado áreproducir los episodios más notables del Ollántay, yque hubieran existido muchos otros objetos de esta naturaleza, que, desgraciadamente, se han perdido. He tenido la oportunidad de examinar el vaso en cuestión, yhe visto en su superficie que las dos clases de guerreros que están representados, ya por su fisonomía, como por sus trajes, se distinguen per-
-51 - fectamente. Además, la circunstancia de haberse encontrado dicho objeto en una escavacion hecha en los alrededores del castillo de Ollántay, viene áfortificar aún más la creencia de que tal pintura se refiere al argumento histórico de nuestro drama. Késtame ahora, áfin do que la idea general que he dado de la obra sea completa, decir algo sobre cómo ycuándo pudo trascribirse al papel, con la nueva escritura que los españoles introdujeron en el Perú. Después de la guerra de exterminio que los conquistadores hicieron álos naturales, nacieron desavenencias entre ellos mismos, de manera que, desde que la conquista empezó, trascurrieron como treinta años antes de que el país estuviera pacificado. Pueden considerarse como últimas escenas de esa tragedia sangrienta los suplicios de Gonzalo Pízarro yde Carvajal, decapitados en 1548. D. Pedro de la Gasea, enviado de la Península álas colonias con el título de Presidente de la Eeal Audiencia ycon poderes extraordinarios, consolidó la dominación española, ysolo desde entonces puede decirse que comenzaron áentablarse las verdaderas relaciones sociales entre loa conquistadores ylos indígenas, hasta el punto que se vio á señoras de la nobleza inca pretendidas para casarse con los españoles. Las misiones católicas que se multiplica-
ron por toda la extensioa del territorio, llegaron bien pronto áser para el país conquistado las únicas fuentes de instrucción, ylos conventos erigidos por las diferentes órdenes religiosas los únicos centros de enseñanza. El unánime testimonio de los historiadores coetáneos, así como una tradición constante, nos enseñan, como ya so ba visto, que el drama quechua continuó cultivándose, ya por los poetas quechuas del tiempo del Imperio que sobrevivieron ásu destrucción, como por aquellos de sus descendientes que, aunque nacidos en época posterior, conservaban aún las costumbres ytradiciones de su raza, yuna educación, enteramente indígena. Hay que atribuir áesta época La muerte de Átahualpa, TJsca-Paucar, Huáscar Inca yotros dramas, cuyo argumento está tomado de los hechos más memorables de la conquista. Por otra parte, ios jesuítas que se pusieron al estudio de la lengua quechua, con ese ardor que Ies es característico, hacían, componer por los indígenas inteligentes \oñAutos piezas religiosas que se representaban por ios mismos. Es, pues, este yno otro el período en que evidentemente debió tener lugar la transcripción del Ollántay. Según los historiadores, eran los Amaüttas yHarahiticus los que tenían ia obligación de saber do memoria yde recitar todas las composiciones poé-
ticas ycrónicas relativas álos heclios memo* rabies, ymuchos entre ellos, que tomaban el nombre de Quipucamayos, encargados de los quipus, estaban exclusivamente consagrados áconservarlas por medio de este género de escritura peculiar de los Incas. Ahora bien, no hay más que una alternativa posible respecto ála conservación del drama desde la época en que se compuso hasta la de su transcripción: ófue conservado el Ollántay en un quipu (1) que se pudo salvar de la destrucción de ios objetos do esta especie, yque guardado por alguno do aquellos q;uipucaniayos, fué trasmitido de viva voz aalguno religioso aficionado áesa clase de investigaciones, el cual lo escribía ámedida que el otro le dictaba; óuno de los Jiaralmicus que lo sabían de memoria, muchos de los cuales es probable que existieran aún durante los treinta ócuarenta aüos primeros de la conquista, lo trasmitió oralmente al aficionado quechuista, que, disponiendo de nuestra escritura, lo copiaría con avideziSsta última suposición parece lo más pro- (1) Enjambro de hilos do diversos colores, cada cnal con nudos de diferente naturaleza, en que consistía la escritura de ¡os Incas. Cada nudo, según su forma yel color del hilo, representaha una idea, yde la comhinacion de nudos éhilos diferentes se valían para la expresión del pensamiento.
d4 bable, si se considera que los quij/7is Habían sido destruidos óenterrados por los mismos indios, con el fin de sustraerlos del dominio de los españoles yde sus investigaciones; mientras la conservación del drama por medio de la trasmisión oral de alguno de los harahuicus , nos parece tanto más natural cuanto tales trovadores no tenían otra misión ni otro empleo que el de conservar de memoria esta clase de poesía yde recitarla en ciertas solemnidades. Es digna de notarse ' aquí la analogía entre éstos ylos rapso'das de la G-recia, Lo cierto es que nuestro Ollántay quedó escrito, aunque olvidado, en poder de algún aficionado, ótal vez en el convento de Santo Dom.ingo del Cuzco, erigido sobre las ruinas del famoso templo del Sol; pues el códice más antiguo del Ollántay de que se tiene noticia, existía basta mediados del siglo en diebo convento, yse hallaba tan viejo ycasi ilegible, según un artista de Munich que le copió, llamado Ruguendas, que nada tendría de, extraordinario el suponer que dicho códice hubiera contenido la primitiva transcripción. He aquí la obra que hoy damos áluz. Si nuestros lectores, y, sobre todo, nuestros compatriotas, se dignan acogerla con benevolencia, nuestro trabajo quedará ámpliamente recompensado. París, 1878,
-61 - lazarlos unos áotros yel movimiento eseénieo de los personajes. Estamos, si así podemos expresarnos, en presencia de nna novela versificada ydialogada, en que cada capítulo es independiente de los otros, bajo el punto de vista de las leyes del teatro, yque, sin embargo, forma con los demás un todo completo. En cuanto ánosotros, queriendo presentar esta obra con toda la sencilla originalidad con que fué escrita primitivamente, nos liemos limitado ádividirla en escenas, que cambian cada vez que los personajes se renuevan por completo. Algunas de estas escenas, en que el cambio de los personajes solo es parcial, como sucede cuando uno de los interlocutores sale óentra, las liemos subdividido en diálogos, para indicar tales cambios. Hé aquí claramente expuesto nuestro trabajo. Escena I DIÁLOGO I'RIMERO Comienza el drama por una eonver.saoion entre Ollantay yun pajecillo, Pie-Ligero. Aquel habla áeste de la llama que le devora, yse propone hacerle mensajero de
~62 — sus amores. Pie-Ligeeo, oon frase que desde el principio pinta su carácter alegre, astuto ytravieso, trata de disuadir ásu amo de estos propósitos ,recordándole que Estrella, hija del rey, no puede ser para él, ymostrándose medroso de ir ápalacio. DIÁLOGO SEGUNDO Llega el Astrólogo, que dirige al Sol su invocación, interrumpiendo la conversación anterior, yatemorizando áOllantay. Ni G-areilaso, ni ningún otro historiador han pintado el carácter de los sacerdotes del Sol tan en relieve como lo hace el autor del poema en este diálogo. Mirados como séres superiores por los demás mortales, que no podían, como ellos, gloriarse de ser los descendientes del Dios-Sol, sus palabras todas eran tenidas por oráculos, yso les creía al corriente de los más íntimos secretos del corazón humano. De aquí ese temor religioso que, bajo el gobierno teocrático de loa Incas, engendraba la moralidad severa de los súbditos yhacía que estos fuesen los primeros en acusarse de sus crímenes, convencidos do que nada quedaba oculto para los Incas ni loa sumos pontífices, por cuyas venas corría la misma sangre. Una de las cosas que turba el ánimo de
—63 - Ollantay, es ver que el Astrólogo se halla rodeado de huesos, flores, urnas yminerales. El autor del drama no explica si el Astrólogo llevaba semejantes objetos, valiéndose de ellos para sus encantamientos y mágias ,ósi los usaba en los sacrificioa, y ménos aún cómo los empleaba. Inclinóme á la primera de estas suposiciones. La duda que aquí surge no podía existir en tiempo de los Incas, en que sabía perfectamente todo el mundo la significación de esos objetos. Si el autor hubiera sido contemporáneo de la conquista, habría estado más explícito en este yen otros parajes igualmente oscuros para nosotros, no por razón de la lengua, sino de la época en que la obra fuó escrita. Nuestro héroe habla también en esto sitio de su pasión ,revelando ,en el colmo de su desesperación, todos los secretos de su alma, yoye de labios del Astrólogo consejos dados en forma de graves yprofundas sentencias, yentre ellos, el de confesar humildemente la verdad al rey. Este sentimiento de sumisión inquebrantable al monarca, de que señores yvasallos estaban penetrados, no deja de ser un hecho sumamente notable. DIÁLOGO TERCERO Así que hubo desaparecido el Astrólogo, Pie-Ligiro comienza ádecir ingeniosas
-64 - ymordaces agudezas, con objeto de apartar ásu amo de los peligros que puede hacerle correr su amor. Todo este diálogo abunda en figuras propias de la lengua de los Incas, de las cuales hay un gran número muy difícites de traducir exactamente. ’ Por ejemplo: cuando Ollantayexclama: «Condúceme ácasa de Estrella» yPieJLiGERo responde: «Aún es de dia;» pues esta frase en quechua, merced ácierta de- ! sinencia, indica que no es posible ver una estrella durante el dia, idea que encierra un 1 juego de palabras muy claro en el original, ; yque en la traducción no se comprende sino [ reflexionando sobre ella. | Escena 11 DIÁLOGO PRIMERO i Esta escena nos presenta ála reina Anai HUARQUi hablando con su hija Estrella de los amores de esta. Este diálogo >, así como | toda la presente escena, no tiene relación alguna c'U el que le precede, pues no solo los interlocutores no son los mismos, sino | que el lugar de la escena cambia también.
—65 - Por lo que Lace al tiempo, tampoco puede saberse cuál de la»í dos escenas es anterior óposterior, ni qué lapso do tiempo ha trascurrido entre ambas. Do tal suerte, que si el drama hubiese comenzado por esta segunda escena, la alteración no habría perjudicado al conjunto ni al interés. En el presente diálogo laméntase Estrella de la ingratitud yolvido de Ollantay, aun cuando en el drama no hay nada que denoto esta inconstancia. Diríaso que hay allí un vacío. DIÁLOGO SEGUNDO El rey se adelanta seguido de su cortejo. Apresúrase la reina madre árecomendar á su hija que oculte su pena; mas, ápesar do esta recomeiidac’on, cuando el monarca dirige áEstrella frases llenas de paternal ternura, llevadas hasta la exaltación de la poesía, no puedo resistir más, ycae á sus pies como implorando perdón do una falta que su padre aún ignora. Sorprendido este, yno pudiondo explicarse la causa do esta actitud, la colma do caricias, sentándola sobre sus rodillas. Es de notarse que la reina midrc no vuelve áaparecer en escena en todo el rosto del drama, ignorándose qué es de olla, lo cual parece ser otro vacío. TOMO OYI 3
—66 — DIÁLOGO TERCERO Un grupo de bailarines llega árendir homenaje álos sobcrani'S, yejecuta en su presencia, con acompañamiento de canto, el baile que los indios llaman Casua. La canción, que, al parecer, no tiene relación alguna con el asunto, trata de un pajarito que, en la época de la cosecha, hace bastante daño, yal cual se previene que no toque al maíz de la princesa, si no quiere morir tristemente. Compréndese desde luego que estos consejos dados ála Tuya (tal es el nombre del pajarillo), encierran una alusión áOllanTAT, yque los peligros que le amenazan se refieren ásu amor áEstrella, fruto prohibido para él. No tenía esto nada de sorprendente, pues que, según el pensamiento del autor, esta canción debería ejecutarse en presencia de Ollantat, porque áél es áquien se dirigía, bajo el velo de la ficción alegórica del pajarito. Sin embargo, de ello no ha quedado el niás pequeño indicio en ninguno de los manuscritos. DIÁLOGO CUARTO Terminado el canto, Estrella pide ásus Sidlas, especie de ninfas que forman su sé-
—67 — quito, otra canción de mejor augurio, aun* que algo más sentida. En efecto, la anterior Casua, aún cuannlo de presag ofunesto, debía ser acompañada de una música tan alegre como la de todas las demás canciones de est> género. Una de las damas de honor satisface el deseo de la princesa cantando nn Yaraví, que, como todos los cantos de la misma índole, debía ser ejecutado con un ritmo excesivamente triste ymelancólico. También este canto hace referencia álos amores de Ollantay yde la hija del rey. Píntase en él el amor desgraciado de dos palomas, de bis cuales una muere de amor, buscando en vano ála ausente compañera. Da esta manera hállase simbolizado el desgraciado amor de Estrella ydel jefe do los Andes. La hija del rey no puede sufrir más: despide ásus damas yda rienda suelta ásus lágrimas. Escena III DIÁLOGO PRIMERO Sin preparación ni justificación escénica de ningún género, aparecen Pachacutic,
—68 — Ollantay yOjo-de-Piedba, que conferenciun sobre la conquista de Cbayanta. Tan poco enlace tiene esta escena con las anteriores ,que es imposible calcular cuánto tiempo es posterior áella. Con arreglo ála lógica del arte dramático, debe suponerse que se verifica poco después de la que la precede. Ni Barranca, ni Márkliam, ni el mismo Tscliudi, bao comprendido el valor bistórieo de este diálogo, como veremos cuando lleguemos ála rebelión de Ollantay. El rey expone aquí que es necesario aprovechar el tiempo seco para emprender la conquista de Cbayanta, y.rovincia que, aún en nuestros dias, conserva el mismo nombre, yso encuentra en la Ilepúbliea de Bolivia, en los confines de Cocbabamba ySucre, países que, juntami iite con ella, formaban parte de la antigua provincia de Colla-suyo , es decir, de la región meridional del imperio. Ollantay yOjo-de-Piedra, predicen con frases entusiastas el éxito feliz de la campaña. Aquí comienza ya ádibujarse el marcado carácter do una adhesión absoluta ála persona del rey, yal propio tiempo una buena fó que llega basta la simpleza, que di tingue áOJO-DEPiedra. Indudablemente el rey conoce su bravura, romo también los cortos alcances de su inteligencia ysu carácter superticioso, cuan-
—69 — do le dice: «¿Quieres salir ya en busca de serpientes terribles?» Esta pregunta se relaciona con una tradición cjue se ha conservado hasta el dia entre los indios. Héla aquí: Cuéntase que una vez el ejército de un laca, mientras se hallaba en marcha para emprender una de las lan numerosas conquistas que hicieron estos monarcas ,llegó áacampar eu un sitio desierto. Durante la noche ,viéronso los guerreros acometidos por multitud de serpientes, que sa'ieron como por encanto ile las entrañas do la tierra, siendo devorados por ollas. Ahora bien; estas serpientes no eran sino los diosos do los países que iban áconquistar, los cuales habían tomado la forma do culebras gigantescas para defender los lugares cuyos genios protectores eran. No es, pue.s, de extrañar, que el rey dirigiera semejante pía gunta áOjo de-PieDRA, teniendo en cuenta !a tradición sobre cuyo a'^iinto cr( emos haber encontrado alguna noticia en nuestros historiadores de los primeros tiempos. Este diálogo termina con el vehemente deseo que manifiesta Ollantay do conferenciar con el rey privadamente, gracia que le es otorgada.
diAlogo segundó Nada más elocuente que este pasaje, en que Ollantay agota todos los artificios de la palabra para prdir al rey la mano do su bija, rogándole que recuerde los si'rvicios pagados, yjuran<lo sacrificarle su existencia en el porvenir. El rey contesta con una negativa brevoy rotunda, recordando áOLLANTAY que no es más que un simple vasallo, é intimándole la órden de retirarse de su presencia. Escena IV MONÓLOGO dp: Ollantay Esta escena no debía pasar en el palacio del rey, puesto que este ha despedido á Ollantay, yeste monólogo del héroe, que es indudablemente uno de los más bollos pasajes del drama, hace suponer que OLLANTAY se bada solo, óálo más acompañado de Pib-Ligí:ro, que figura ya en el diálogo siguiente. Entre este monólogo yla anterior escena, parece que debe trascurrir muy poco tiempo.
—'77 — áe Garcilaso, por virtud de las cuales los Incas iban poco ápoco haciéndose dueños del inmenso territorio que llegaron áposeer, vemos al Inca Rocca, sexto soberano de la dinastía, apoderarse de los Chancas ydo Hanco-Huaillo, territorios que distaban apenas cuarenta ócincuenta leguas del Cuzco. Tambii'n vemos que bajo el reinado del Inca Yahuar-Huacoac, sétimo rey, se verificó la conquista del territorio comprendido entre Arequipa yTacama (hoy Tacna), que se halla áunas cien leguas del actual departamento del Cuzco. Yvemos, por ú' timo, áViracocha, octavo soberano de la dinastía de los Incas, realizar la conquista del territorio que hoy forma el departamento de Huamanga, que se halla también áunas cien leguas próximamente del Cuzco por la parte del Norte; yque este monarca, después de realizar dicha conquista, se dedica árecorrer durante tres años las cuatro grandes partes do su imperio. La manera como Grarcilaso hace viajar á los monarcas conquistadores, prueba claramente las inexactitudes en que incurre, y que en ninguna parte resaltan tanto como al suponer que Capac-YüpANQUI, quinto rey, yanterior por consiguiente, álos que acabarnos de char, terminó la conquista de Chayanta. No solo la situac'on de este país, más distante del Cuzco que los que acaba-
- íiios de citar, sino también las dificultades que ofrecían sus caminos, casi impracticables, viene áconfirmar que esta conquista debió seguir álas otras. Tal es lo que consigna el autor del drama, al afirmar que PaCHACüTic proyectó esta expedición, pero que la rebelión de Ollantay ocupó toda su atención durante diez años, por lo cual no fue él, sino su sucesor Tupao-Yupanqui, quien se puso en marcha para realizar los propósitos de su padre. Tres consideraciones aún nos confirman en nuestra opinión respecto áque el drama es anterior áG-arcilaso: primero, el tono de seguridad con que se expresa el autor de Ollantay, cuando hace hablar áun personaje del general descontento yde la aversión que justamente inspiraban estas campañas en países remotos ydesprovistos de recursos álos súbditos del rey, sentimiento que, en tiempo de los españoles, ignórala | probablemente Garoilaso; segundo, el carácter de autenticidad yde veracidad que en este pasaje se descubre, éigualmente en el resto del drama; yfinalmente, otra cosa que i parece resolver por completo la cuestión, á saber: que si el autor del drama se hubiese inspirado en Garciiaso, desde el momento en que se aparta de este historiador alterando el orden do su narración, habría podido, puesto que este episodio del drama no tiene
—79 — otro objeto que desprestigiar al rey PáchaCUTIC, recurrir ácualquiera de las conquistas de este último, óáotro pretexto más en armonía con lo que hubiese podido imaginar cualquier escritor de nuestra época. Abona, por último, nuestra tesis, el hecho de que, de la misma manera que los traductores y comentadores del drama, el mismo doctor Valdés, (escritor áquien injustamente se atribuye el drama Ollantay, óálo menos la primera trascripción), no comprendió de modo a'guno que en este diálogo se tratase de la conquista de Ohayanta, puea en el texto que se le atribuye ,este trozo se halla mutilado ydesfigurado de un modo harto engorroso. DIÁLOGO SEGUNDO Aquí entra de lleno la insurrección de Ollantay. Hanco-Huaillo, que está revestido con el carácter de supremo pontífice, le entrega dsigno distintivo de la dignidad real, el Llantii, y, cosa notable, lo hace, no en nombre del Dios-Sol, como era lo propio, sino en nombre del pueblo, cual si hubiera temido, en los momentos de una insurrección, profanar el nombro de la divinidad. Ollantay nombra al Jefe Montañés jefe supremo de sus ejércitos, el cual habla largamente de los preparativos necesarios
para atrinelierarse en la fortaleza yponerla en estado de defensa contra las fuerzas de Paohagutic. Todas las ceremonias relativas ála coronación de Ollantay yála investidura del Jefe Montañés como jefe supremo, ylas fórmulas que se usaban en estos actos solemnes, son muy dignas de ser notadas por su originalidad. Lo más importante de este diálogo es la manera como se expresa el Jefe Montañés acerca de todas las localidades vecinas áTambo, lo que demuestra basta la evidencia que el autor quechua debió pasar muchos años de su vida en estas comarcas, sin que le fuese desconocida ni una pulgada del terreno. Parece natural suponer que era oriundo de esto país, circunstancia que le sugirió la idea de componer esta obra importantísima, cuyo asunto, de suyo interesante, debía serlo para él en alto grado, pues que el mismo lugar que tuvo por cuna, le había servido para teatro. En todos los textos este diálogo está unido al anterior, como si los dos formasen uno solo, yse refiere ála rebelión de Ollantay. Este grave error en la manera de comprender el drama, error que no puede atribuirse sino al primero que escribió esta obra, robustece las pruebas en que nos fundamos para demostrar que su autor no fué el quechuista que, conociendo ya nuestra
™81 — escritura, trasladó el drama por primera vez al papel, usando los caracteres latinos. Escena VII MONÓLOGO DE OjO-DE-PlEDRA Ni aún aproximadamente puede calcularse cuánto tiempo después de la '|mcccdente escena se verifica este monólogo.'' Si se tiene en cuenta la circunstancia de liafier enviado el rey Pachacutio á0.toi)E-PiEDRA contra Ollantay al dia siguiente de haber desaparecido esto yque los preparativos de los rebeldes de Tambo podían ser terminados en algunos dias, no se aventurará mucho al suponer que la derrota que sufrió Ojo-DE-Pjedra pudo verificarse poco tiempo después de la coronación de Ollantay. Sin embargo, cuanto más detenidamente se examina la marcha del drama, adviértese que esta derrota de O.TO-DE-Píedra debió suceder mucho más tarde, puesto que este mismo jefe, unos diez años después, aludo ásu descalabro en términos que disipan toda duda en este punto. Dedúcese de tal alusión ,que esc acouteei-
82 — mionto debió verificarse poco tiempo antes de la muerte de Paohacutic, que acaeció cuando Bella babia cumplido ya los diez años. Es realmente extraña la manera como ba sido intercalado en el drama este monólogo, sin enlace alguno; yquizá en la obra falten algunos trozos que explicasen mejor estas circunstancias, óquizá también, en sentir del autor quechua, este monólogo debia preceder inmediatamente ála Escena X, en que se habla de la coronación de TupaoYupanqui, ydonde era más natural haberlo colocado. Lo cierto es, que estas inversiones, no solo demuestran la insuficiencia del que trascribió el drama, sino también explican por qué los demás traductores, en muchos casos análogos al que nos ocupa, han caido en error sobre el verdadero sentido. Una circunstancia muy de notar en esta escena, es la conformidad de la relación de Ojo dePiedra con la topografía del teiTcno. En efecto, para llegar al castillo de Ollanta, que se eleva sobro una escarpada altura, era preciso seguir una senda de tres metros de ancha próximamente, cortada en el flanco de la montaña yque hace dos ótres rei codos, como aún hoy puede verse. | Para el que conozca aquellos sitios como I: el autor de este libro, fácil es comprender cómo el ejército de Ojo-de-Piedra pudo ser
—83 — aplastado en esos desfiladeros bajo la nube de piedras lanzadas de lo alto por los defensores de la fortaleza. Escena VIH DIÁLOGO PRIMERO Salla, empleando un tono cariñoso y tierno, da algunos consejos áBella para persuadirla ávestir el hábito de las Vírgenes del Sol, ycon tal fin píntale seductoramente las ventajas que reporta pertenecer á aquella santa cohorte. Bella manifiesta claramente la aversión que le inspira el palacio de las Vírgenes Escogidas, y, al expresar la tristeza que allí siente, evoca el recuerdo, como un doloroso presentimiento, de lo que la aconteció la noche anterior. Nada más conmovedor que esto relato, en que el autor quechua revela las grandes cualidades de su genio poético, valiéndose de la sencillez ydo la verdad, como única fuente de lo patético, sentimiento que, por desgracia, es casi imposible conservar en la traducción. Como el anterior, este diálogo no tiene enlace alguno, ni con la escena que le precede ni con la que le sigue.
DIÁLOGO SEGUNDO Retírase Bella yla Madre Roca, su- {leriora de las Vírgenes del Sol, entra progantando áSalla si ha logrado convencer ála niña, lo cual demuestra que todo lo que Salla ha dicho en el diálogo anterior le ha sido inspirado por esta matrona. Salla no oculta en su respuesta los verdaderos sentimientos do Bella, ylas palabras con que termina: «^Qué serpiente! ¡Qué leonal» dan áentender que toma el partido de la joven, decisión que se confirma en las siguientes escenas. Escena IX Podida imaginarse que las palabras de Salla, que acaban de citarse, no se refieren ála^superiora do las Vírgenes del Sol, sino al Astrólogo, áquien so vé aparecer en esta escena, platicando con Pie-Ligero. No sería contraria esa suposición al espíritu de la lengua, pues que en ella no hay género gramatical, pudiendo igualmente traducir por león la palabra que hemos traducido por leona. Pero el contexto de esta es-
—86 — cena, que no hace referencia algana ála anterior, yque exige que el lug.ir de la acción no sea el palacio de las Vírgenes Escocidas, hace esta supos'ciou inadmisible. Por otra jiarte, las hijas del Dios-Sol, estaban reducidas átan rigorosa clausura, ([ue sería de toilu punto inverosímil que, no ya Pie-Ligero, sino el mismo Astrólogo, hubiesen podido penetrar allí En el diálogo de que aquí se trata, sorpréndese el xÍstrólogo de su encuentro, al parecer casual, con el paje de Ollantay, y le pregunta por su señor. El paje elude con hábiles subterfugios la respuesta yacaba por evitar las preguntas indiscretas del Astrólogo, hablándole del duelo universal que causa la muerte del rey PachaoutiC ydel advenimiento de Tupao-Yupanqui, quien, al decir del Astrólogo, sube al trono por la unánime voluntad del pueblo. Escena X En esta escena, que naturalmente dore verificarse poco después de la anterior, inaugúrase el reinado do TüPAO-YupANQUI. JuO.s presagios dol Astrólogo no dejan de ser cariosos, pensando que debía estar al co-
—86 - rrienfce de la secreta traición que premeditaba Ojo-de-Piei)RA contra Ollantay, lo cual explica el sentido enigmático de loa últimos vcrs )S de esta escena. No menos interesantes son las razones que alega Ojo db-Piedra para justificarse, cuando el nuevo soberano lo ceba en cara la derrota sufrida, Mste pasaje viene áconfirmar nuestra observación de que el monólogo de Ojo-de-Piedra hubiera debido preceder inmediatamente áesta escena para ser mejor comprendido. Escena XI EIÁLOGO PRIMERO En esta escena comienza Ojo-de-Piedra áponer por obra sus proyectos, de lo cual lógicamente se infiere que se verifica poco después de la que precede. Preséntase dicho jefe, lleno el cuerpo de contusiones, áuno de los que guardan la entrada de la fortaleza, quien le promete anunciar áOllantay su llegada; áesto se reduce el diálogo. DIÁLOGO SEGUNDO Sea que Ollantay accediese al deseo di
_9^- de CoUa-siiyóf conquista que, según hemos visto, había ya proyectado su padre PaohacuTic, yque Ollantay yel Jefe Montañés habían aprovechado para desprestigiar al monarca ysublevar contra él álos andíedas. El Astrólogo confiere áOllantay en el acto las insignias reales ylas armas de honor, anunciando al pueblo, por órden de Yupanqüi, que Ollantay queda ocupando el puesto de este Inca. Una cosa digna do notarse es el olvido, indudablemente intencional, de Ojo de-PieI)RA, en el reparto que hace el rey de los empleos yarmas de honor; olvido áque es acreedor, sin duda por el carácter poco simpático de este jefe, áquien solo el Inca considera, yque, en el momento en que Ollantay vuelve ála gracia del soberano yes elegido pura reemplazarle en el gobierno del imperio, es el primero en cortejarle yfelicitarle. Este contraste entre la satisfacción que parece experimentar Ojo-DE-Piedra al ver áOllantay en el trono yel deseo que poco antes maniíestaba de que fuese enviado al suplicio ;la simpleza ynecedad con que se expresa; su ingenio, que solo consiste en hacer un juego de palabras con su nombre, que, en fuerza de repetirlo acaba por fatigar; el papel principal que desempeña siendo instrumento de una traición óextratagema que
-94 — sorprende más por la barbárie del medio empleado, que por ningún rasgo de inteligencia óastucia; todo ello prueba bien que YuPANQUi, teniendo áOjo de-Piedra en su justo valor, practica prudentemente la máxima política que consiste en aprovecharse de la traición ydespreciar al traidor, sin que el beneficio logrado le haga respetable ásus ojos. La fisonomía moral de Ojo de-Piedra, tal cual resulta del análisis del drama, está también de perfecto acuerdo con la significación de su nombre, que es un epíteto ó calificativo muy propio de este personaje, respecto de su corta inteligencia. El diálogo de que nos ocupamos ofrece además las exhortaciones del rey áOllanTAY para decidirle áque elija mujer para casarse, lo cual no sirve sino para preparar la escena siguiente, que es la del desenlace yel final de la obra. DIÁLOGO QUINTO La llegada de Bella, que exhalando ayes de dolor, so esfuerza por penetrar en la estancia del rey; la manera como, una vez allí, se arroja ásus pies implorando gracia para su madre, ylogrando por fin que fupANQUI, seguido de Ollantat yde toda la córte se encamine al palacio de las Vírgenes del So!,
-95 - son otras tantas circunstancias que contribuyen ápreparar también la escena siguiente. Escena XV DIÁLOGO PRIMERO Bella llega al sitio donde su madre yace presa de horrible desesperación. Ollantay, que, gracias áuna coincidencia hábilmente explotada por el autor, ignora aún que Bella es su hija, la lleva de la mano, sin sospechar que en el palacio de las Vírgenes Escogidas, la madre de Bella pueda estar sujeta ásemejantes tormentos. Nada más natural que el interés con que todos, yel mismo monarca, ven abrir la caverna ógruta adonde los ha conducido la jóven. DIÁLOGO SEGUNDO La Madre Boca, superiora de las Vírgenes Escogidas, llega seguida de Salla, y abre, por orden del rey, la puerta de kprisión de Estrella. Bella se apresura ásocorrer ásu madre, áquien cree próxima á espirar, alarmada por la inmovilidad en que se baila,
-9t) - El rey se extremece de horror pensando en los sufrimientos de la pobre mujer que parece espirar. Pregunta ála Madre Hooa quién es aquella desdichada yquién la ha aherrojado en aquel calabozo; ycuando le dice que es su padre Paohaoutio yno ha hecho más que cumplir sus órdenes, sin hacer observación alguna sobre esto, arrojado su presencia á la Madre Roca, mandándola que se llevo los animales que aumentan el horror de esta caverna. Estrella, que, gracias álos socorros prodigados, vuelve ála vida yrecobra los sentidos, encuéntrase en presencia de su hermano YüPANQUI, de su amante OllantaY, de su hija Bella yde toda la córte, que la colman de atenciones respetuosas y de cuidados. La sorpresa general entre todos los presentes ,ysobre todo la de Ollantay ydel rey al encontrar áEstrella después do tantos años, la rehabilitación de esta en los honores áque tiene derecho ylas felicidades que esperan gozar en lo porvenir todos los personajes principales, tal es el desenlace de la pieza. Debemos observar aquí, que en esta yen la anterior escena, todos los diálogos se suceden tan movidos ycon enlace tal, que prueban que el arte dramático, no obstante la simplicidad, rústica al parecer, en que se
—OT - hallaba entre los Incas, había adquirido un alto grado de desarrollo. Verdad es, que esta trabazón de los diálogo?!, parece ser efecto de la casualidad más bien que resaltado de la habilidad del autor. Sin embargo, fácil es comprender que las lagunas que hemos señalado, lo mismo que las inversiones indudables que ya indicamos, nos hacen creer que el drama primitivo, tal como su autor lo compuso, ha debido perder muchos pasajes que llenaban los vacíos en cuestión yexplicaban muchas cosas hoy iticoherentes; lo cual nos prueba, sin ir más lejos ,que el primero que copió el drama en caractéres escritos, no hizo sino una reproducción sumamente defectuosa. I i•• TOMO OVI 4
OLLANTAY
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PERSONAJES Ollantay, grun jefe de los Andes. Pachacutic, rey del Cuzco. Tupac-Yupanqui, hijo de Pachacuik. Ojo-de-Piedra, jefe militar del Cuzco. Jefe Montañés, uno de los jefes sometidos á Ollantay Hanco Huaillo, principe de la nobleza. El Astrólogo, alpropio tiempo gt‘an sacerdote. Pie-Liigero, paje de Ollantay. Un indio, que sirve de metisajtro. Estrella, hija del rey Pachacutic yde la reina Anahuarqiü. Bella, hija de Estrella. La Madre Roca, superiorade las Vírgenes Escogidas. Salla, compañera de Bella. Séquito del rey, de Ollantay yde Estrella.
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EL AS l'RÓLOGO ¿Por qué mo preguntas en ese tono de reconvención? ¿Soy tu vasallo acaso? Lo sé todo ypronto te lo probaré. OLLANTAY Siento que mi corazón desfallece de temor al verte llegar inesperadamente este dia. ¡Quizá me sea funesta tu venida! EL ASTRÓLOGO Ollantay, no tengas miedo, aunque lioyme veas aquí; quizá sea amor lo que me trae á tu lado, como arrastra el viento ála hoja seca. T)ime, ¿obedece tu cabeza átu corazón diabólico? Te concedo este dia para que, á tu gusto, elijas tu felicidad ótu perdición, la vida óla muerte. OLLANTAY Aclara tus palabras para que las comprenda. Parecen una madeja enrodada, yliarías bien en desenredármela. EL ASTRÓLOGO Pues bien, escúchame Ollantay. La ciencia
-no - rúc enseña cosas ocultas álos espíritus vulgares. Me considero con poder suficiente para descubrirlo todo yhacer de tí un gran jefe. Desde tu edad más tierna, te he educado yte he querido lo bastante para servirte en esta oeasion. El pueblo te venera como jefe del país de los Andes; el rey te estima mucho, ydesearía compartir contigo su corona. Ha dirigido á todos su mirada; solo en tí la ha puesto. Tu brazo lo ha encontrado fuerte contra los golpes de sus enemigos, ylos has vencido átodos, por numerosos que han sido. Pero^ ¿esto es una razón para que hieras el corazón del rey? Amas ásu hija, ypretendes que por tí se vuelva loca, abusando de esta pasión. No lo hagas; crimen semejante no brota jamás de un corazón noble. Por inmensa que sea tu pasión, ¿es un motivo para pagar su amor con la deshonra? Vacilas, pero te detengo al borde del abismo. Sabes muy bien que el rey no consentirá nunca que su hija haga un casamiento desigual. Desplegar los labios sería levantar en su corazón una espantosa tormenta. Por tus locas ilusiones, caerías del primer rango que ocupas, descenderías de príncipe ápebleyo. OLLANTAY ¿Cómo sabes todo lo que oculto en el fondo de mi corazón? Solo su madre lo sabia, pero veo que todo me lo revelas.
EL ASTRÓLOGO Como en un libro abierto leo en la Luna, yel destino más oscuro aparees claro ámi i ojos. OLLANTAY Comprendí que tu deseo era beber en mi corazón yapagar la sed que te devora: ¿tirarás la copa después de dejarla vacía? EL ASTRÓLOGO ¡Cuántas veces bebemos en copas de oro mortales venenosl Sabe que, con mueba frecuencia, nos Mere la desgracia por nuestra obstinación. OLLANTA Y Sepulta en mi garganta el cucbillo que tienes en tu mano yarráncame el corazón; átus pies me arrojo. EL ASTRÓLOGO (A Fie-Ligiro) Cójeme esa flor. (A OUanta}') Ya ves que parece estar soca,,... La estru-
1 —112 -- jo Mira como llora ¡Lloral ¡Llora! (Esti-ujando la flor.) (LLANTAY Sería más fácil hacer que el agua brote de la roca yque llore la arena, que obligarme áabandonar la estrella de mi felicidad. EL ASTRÓLOGO Arroja en la tierra la mala semilla, yen pocas días la verás multiplicarse ycrecer más allá de los límites del campo. ¡Cuanto más desenfrenado ygrande sea tu crimen, más pequeño serás1 OLLANTAY Venerable padre, voy áabrirte mi corazón, yáconfesarte mis faltas; yya que has sorprendido mi secreto, quiero que sepas para siempre que los lazos que me sujetan son tan fuertes, que acabarán por ahogarme. Yaún cuando están tejidos con hilos de oro, un crimen de oro como el mío es digno de castigarse con ellos. Estrella ya me pertenece. Estoy áella unido yahora soy tan noble como ella, puesto que mi sangre corre por sus venas. Bien lo sabe su madre, que piTcde atestiguarlo. Voy ádecírselo todo al
i’tíy, ydespués que lo sepa cuento coa vuestra influencia para que me dé áEstrella. Voy áhablarle con energía ysiu temor, arror trando su cólera ysu desprecio porque no tengo sangre real, pero quizá al recordar mi juventud se enternezca viendo grabados mis combates en esta arma victoriosa, que venció ámillares de guerreros, arrastrándolos humillados ásus plantas. EL ASTRÓLOGO ¡Joven príncipe, hablas demasiado1Rompiste yenredaste la madeja de tu destino: átala tú ydesenrédala. Ve tu solo áhablar al rey, pero poco ycon mucho respeto, ysufre el castigo que te has buscado; mas piensa que, ni en la vida ni en la muerte te olvidaré jamás. (Vase.) DIÁLOGO TERCERO Los mismos menos el Astrólogo ÚLLANTAY Ollantay, eres hombre, yno debes temer nada. No exageres el peligro. ¡Estrella, estrella de felicidad, ilumíname 1Pie-Ligero, ¿dónde estás?
_ii4 — PIE-LIGERO Me había dormido, yhe soñado cosas siniestras. OLLANTAY ¿Qué has soñado? PIE-LIGERO Que ahorcaban áun zorro, OLLANTAY ¡Seguramente, ose zorro eras tú! FIE-LIGERO Verdad es que mis narices se afilan ymis orejas crecen. OLLANTAY Condúceme ácasa de Estrella. inii-LIGERO Aún es de dia.
ESCENA II Gran salón en el palacio de la reina madre, á quien acompaña Estrella. DIÁLOGO PRIMERO La reina madre Anahuarqui yEstrella LA REINA MADRE Estrella, pupila del Sol, ¿desde cuándo estás tan triste? ¿Desde cuándo lian huido de tí áun tiempo la felicidad yía alegría? También las lágrimas, que son la lluvia del alma, inundan mi rostro; no puedo mirarte sin dolcrme de tu estado, que causará mi muerte, ¿No estás unida á Ollantay, áquien atnaa? ¿No eres ya su esposa? ¿No es ese guerrero el hombro áquien elegiste? Calma, pues, tu dolor. ESTRELLA |Ob, reina mial ¡Oh,madre mía! ¿Cómo he de contener mi llanto ymis gemidos, si el hombre áquien adoro, ese esposo tan deseado, no piensa en mí, yme abandona dias y
1 1 b— noclies enteras, sin ocuparse de mi juventud? Aparta de mí sus ojos yya no me busca. ]01i, reina mial ¡Oh, madre mial [Ah, esposo tan querido como deseado! Hasta que llegue el dia de unirme átí, para mí no brillará la luna, el so! no tendrá aurora; las nubes, teñidas de púrpura poco antes, han tomado el color de seca yfria ceniza; las estrellas palidecen ylloran como yo, y, si cayese agua del cielo, mis ojos, enrojecidos por el llanto, creerían ver una lluvia de sangre. [Oh, reina mial ¡Oh, madre mia! ¡Oh, esposo mió tan deseado! DIÁLOGO SEGUNDO Dichos yel rey Pachacutic, con su séquito LA REINA MADRE Compon tu semblante yseca tus lágrimas: el rey, tu padre, llega yse acerca á nosotras. EL REY (A Esírdla.) Estrella de felicidad, esencia de mi alma, la flor más bella entre todos mis hijos, red que aprisiona mi corazón; tus lábios son tan
™117 — rojos como el coral. Ven, paloma mia, descansa en mis brazos; descorre ámi^ ojos^ese velo de oro con que me envuelves; de ti dimana toda mi dicha; tú eres las niñas de mis ojos yel brillo de los tu.vos, cuando los elevas, fascinan como un rayo de sol al que te mira. Cuando se entreabren tus labios, tu aliento embalsama el aire. Sin ti no podría tu padre vivir ni gozar, pues su vida entera la consagra átu felicidad. ESTRELLA (Cayendo ásus pies.) ¡Olí, padre, tan bondadoso para mil Mil veces beso tus plantas. Bajo tu sombra desaparecen todas las penas de tu bija. EL REY ¡Hija mial ¡Tú, prosternada ante mí! ¡Tú, ilos pies de tu padre, que te considera tantol Temo alguna desgracia; pero ¿lloras? ESTRELLA La estrella llora de pena cuando aparece el sol; pero sus lágrimas, claras ypm'as, mitigan su dolor.
118 ILREY Levántate, amada mia, tu sitio es sobre mis rodillas. DIÁLOGO TERCERO Dichos, coro de hombres ymujeres UN CRIADO Señor, tus humildes vasallos vienen ádistraerte. EL REY Haz que entre todo el mundo. (Hombres ymujeres entran bailando ycantando lo siguiente.) Es preciso no comer, Tortolilla en el campo de la princesa; Tortolilla Es menester no consumir, Tortolilla todo el maiz de la cosecha; Tortolilla Los granos están muy blancos Tortolilla
—125 — DIÁLOGO SEGUNDO ¥ El rey Pachacutic, Ollantay OLLANTAY ¡Rey ilustre! tú sabes que desde mi juventud estoy ligado á tí ysiempre te he considerado como ámi querido amo yseñor. Imitándote, mis fuerzas han llegado áser mil veces más grandes, ymi frente se ha bañado en sudor con frecuencia en tu servicio. Enemigo encarnizado de tus propios enemigos, los he buscado por todas partes, los he combatido, loa ho aniquilado. Cuando me encuentro entre mis bravos andícolas, todos me temen. ¿Hay un sitio en que su sangre no haya corrido átorrentes? Mi nombro solo los oprime como una cuerda al cuello. He arrastrado átus jiies átodo el País-Alto, multitud de yuncas han llegado áser los humildes siervos de tu casa. He llevado el incendio álos chancas yles he cortado las alas; mi brazo ha aplastado al poderoso Huanca-Huillca. En todos los combates marchaba ála vanguardia. Yde ese modo, ya por la astucia, ya por la ira ,vertiendo sangre éinmolándolo todo, te he hecho dueño absoluto de todos. En cuanto átí, padre mió, has armado mi brazo del champí de oro ycolocado sobre mi cabeza el casco, de
—126 - oro también. ¿Por qué me bas sacado de mi condición oscura? Estas armas preciosas y todo mi ser te pertenecen. Mi persona está consagrada átu servicio. Es cierto que me has colocado ála cabeza de la provincia de los Andes, liaciéndome jefe de cincuenta mil guerreros. Pues bien; los Andes, sus guerreros, sus jefes ymi persona, los pongo atus pies bumildemente pq,ra implorar de tí un favor supremo. Elévame un grado más aún. Mi puesto está en tu bogar; mi vida entera es tuya. fSe arrodilla.) iConcédemo áEstrella! [Iluminado por esta luz suave, y fuerte con tu protección, más fiel que nunca, mi dicba será morir por tí! KL REV ¡Ollantay; recuerda que eres un simple vasallo: cada cual debo permanecer en su puesto; bas querido subir demasiado alto! OLLANTAY ¡Hiéreme en el corazón! EL REY No es átí áquien toca elegir: yo soy quien debe escoger lo más conveniente. No bas reflexionado pretensión semejante. Vete,
—127 ESCENA 1V —EXI— Bosque en los alrededores de Cuzco. MONÓLOGO DE OLLANTAY OLLANTAY ¡Ollantayl ¡Desdichado Olíantayl ¿Cómo te dejas abatir por aquel áquien tanto tiempo has servido, tú, el señor de tantos países? ¡Oh, Estrella de mi dicha; acabo de perderte para siempre! ¡Qué vacío siento en mi alma! ¡Oh, princesa mial ¡Oh, paloma mia! ¡Oh, Cuzco, la bella oiudadi Desde hoy seré tu enemigo implacable. Abriré tu seno para arrancarte el corazón yarrojarlo álos buitres. ¡Ya verá tu cruel rey! Reuniré ámiles de mis andícolas, yseducidos yarmados por mí, los guiaré hácia el Sacsaihuaman, amenazándole desde allí como una nube de maldición. Cuando el fuego enrojezca el cielo ytú duermas sobre tu lecho ensangrentado, tu rey perecerá contigo, yuna vez abatido, verá si mis yuncas son poco numerosos. Y cuando le ahogue entre mis brazos, veremos si su boca inanimada me dice todavía: —«¡No ‘eres digno de mi hija! ¡No la posee-
rás nuiical» Yno me humillaré más ante su altiva presencia para pedírsela de rodillas. ¡Entonces seré yo el rey yley será mi voluntad! Entre tanto, prudencia. DIÁLOGO PRIMERO ycanción de un desconocido. Ollantay —Pie-Ligero OLLANTAY Corre, Pie-Ligero; vé ádecir ámi querida Estrella que me espere esta noche, PIE-LIGERO Hace un momento, ála caida de la tarde, estuve en su casa. La casa estaba desierta, ynadie ha sabido decirme por qué. ¡No hay un gato en la casal Todas las puertas están cerradas, excepto la principal que nadie guarda, OLLANTAY ¿Y los criados? PIE-LIGERO Los ratones mismos, no encontr&ndo nada
129 — que roer, han abandonado la casa; yel buho canta siniestramente en el tejado. OLLANTAY Quizá se la haya llevado su padre para ocultarla en el fondo de su palacio. PIli-LIGlSRO Tal vez la haya hecho ahorcar. Su madre ha desaparecido también. OLLANTAY ¿No habrá preguntado por mí alguien, antes que viniese aquí? PIE-LIGERO Han venido ábuscarte cerca de mil hombres, armados de sus débiles mazas. . OLLANTAY Si todos se sublevan contra mí, mi brazo los abatirá átodos. No hay nada que pueda resistir áesta mano que todo lo arrasa con este terrible cJianipi. PIE-LIGERO Yo mismo le hubiera dado un puntapié, si no hubiese estado armado. TOMO OTI
—130 — OLLANTAY ¿A quién? PIE-LIGERO Al Jefe Montañés, el único que vino átu oasa. OLLANTAY ¡Tal vez le haya enviado el reyl Hé ahí lo que nuevamente enciende mi cólera. PIE-LIGERO No es el rey quien lo envía. El Jefe Montañés viene por sí mismo; es un hombre innoble. OLLANTAY El corazón me dice que ha desaparecido del Cuzco, yel canto de ese buho me lo anuncia. Partamos inmediatamente. PIE-LIGERO Pero ¿abandonaremos áEstrella? OLLANTAY ¿y qué puedo hacer, si ha desaparecido? ¡Gh, Estrellal ¡üh, amor miol
-131 — PIE-LIGERO Escucha este yaraví que cantan cerca de aquí. Yaraví En un instante he perdido ámi amada paloma. Si quieres verla, búscala en las cercanías. Es infiel, pero su rostro es encantador; se llama Estrella. Resplandece de tal modo, que es imposible confundirla con ninguna otra. La luna yel sol, llenos de júbilo, rivalizan para brillar sobro su frente, que centellea de nuevo resplandor. Su sedosa cabellera, de un negro sombrío, cae en largas trenzas sobre su cuello, haciendo resaltar su blan ;ura. Sus cejas embellecen su faz como dos arco-iris. Sus ojos centellean como dos soles al despertar el alba. Sus pestañas son flechas ardientes ymortíferas. Más de un corazón se abre tiernamente ásus dardos. Sus mejillas son rosas entre nieve, ysu rostro, blanco ytrasparente, alabastro. Sus lábios entreabiertos dejan ver dos hi-
~132 - leras de perlas, ycuando se rie, su aliento embalsama todo ásu alrededor. Su garganta es tersa como el cristal y como la nieve blanca. Sus pechos encantadores se asemejan á las flores del algodonero, recien abiertas. Al solo contacto do su mano tan suave, me extremezco de placer. Sus dedos son blancos como estalactitas de hielo. OLLANTAY ¡Ahí ¡Estrella de mi dicha! Ese que canta ahí abajo ¿sabe todo lo hermosa que eres? Necesito huir de aquí yocultar mi dolor. Me vuelve loco la idea de haber causado tu pérdida, ytu muerte, cuyo autor soy, me matará. DIÁLOGO SEGUNDO Ollantay —Pie-Ligero PIELIGERO Es posible que haya muerto Estrella, tu Estrella, porque tu cielo está sombrío. OLLAN-l'AY t Cuando, ja pronto, sepa el monarca que
~133 - Ollantay le ha abandonado, verá que todos los míos le abandonan también para volverse contra él. PIE-LIGERO Todos te profesan afecto, gracias átu liberalidad: tu mano está abierta para todos.., Solo para mí está cerrada. OLLANTAY ¿Qué necesitas? píe-ligero ¿Qué? Comprar esto óaquello Ofrecer un aderezo ála chica yluego..... quisiera hacer sonar mi dinero: eso da cierta consideración. ollantay Sé bravo yte temerá todo el mundo. PIE-LIGERO Mi cara no se ha hecho para la bravura. Alegre ydispuesto áreir siempre, harto acostumbrado al ócio, no sabría fruncir el entrecejo. ¡Chitonl Me parece que oigo álo lejos el plañidero sonido de un flautip.
—134 OLLANTAY Sin duda andan buscándome. Partamos. Marcha delante. PIE-LIGERO Cuando se trata de huir, ¿quién como yo? ESCENA V —=x=— La misma decoración que en la escena III. El rey Pachacutic, Ojo-de-Piedra. Después un mensajero EL REY PACHACUTIC He mandado buscar áOllantay por todas partes ynadie ha podido encontrarle. La cólera que rebosa en mi corazón debe desbordarse sobre él. ¿Has visto tú áese hombre? OJO-DE-PIEDRA El miedo lo habrá alejado de tí.
141 - EL JEFE MONTAÑÉS Bendigo mil veoes, ilustre rey, el honor que me haces. HANCO-HUAILLO Hé aquí al -valiente Valiente (?) armado de los pies ála cabeza yerizado como un puerco-cspin. Así es como debe sor el valiente Valiente. (Volviéndose hacia Valiente.) Jamás tus enemigos te han visto por la espalda. ¡Hombre de la Pana, no vayas ahora áhuir ytemblar como un arbolillol EL JEFE MONTAÑÉS Oid, guerreros de Ins Andes. Ya tenemos un rey. Sabed que de hoy en adelante es preciso sostenerlo valerosamente. Dícese que el viejo rey del Ouzco convoca ásus guerreros, atrayéndose hábilmente álos jefes, para hacer partir su ejército contra nosotros, lili Cuzco en masa va áinvadir el seno do nuestra montaña con el intento de matarnos é incendiar nuestras moradas. No hay que perder ni un dia. Convocad átodos los montafieses ytened dispuestos los equipos del
-142 - ejército sin pérditia de tiempo. Levantad en Tambo murallas, no dejando más que una salida sobre la montaña. Moled en el mortero yerbas venenosas en abundancia para emponzoñar nuestras flechas, yasí la muerte los alcanzará con más celeridad que el dardo que los hiera. OLLANTAY * Jefe Montañés, elige los jefes para ir delante, éindica los lugares donde las diferentes tribus deben permanecer ocultas. Nuestros enemigos no so dormirán mientras no verifiquen la invasión; pero ¡soldadosi serán dispersos ypuestos en fuga álos golpes de nuestros Compis (mazas). EL JEFE MONTAÑÉS Treinta mil de nuestros andícolas se hallan ya en la fortaleza de Tambo. Entre nosotros no se encontraría ni un cobarde ni un negligente. Lispóneso ásalir el poderoso Marud con los de Viloabamba. En los escarpados huecos do Tinquiquero, ocultará á sus gentes, prontas ásalir ála primera señal. El ejército del príncipe (Jhara lo apostará en las alturas opuestas yaguardará mis órdenes. En las gargantas del Oharamuray pasarán la noche diez mil de nuestros andícolas, yen el valle de Pachar se apostarán
—143 — todavía otros diez mil. Ahora pueden venir los euzqueños ;los esperamos con calma. Triunfantes avanzarán hasta ver que les cerramos la retirada. Cercados que sean per todas partes, resonará la trompeta guerrera, yentonces, las montañas se estreínecerán y lanzarán sus piedras. Enormes peñascos rodarán con rapidez, yaplastarán álos huaneas, que quedarán sepultados entre ellos. Si algunos escapan ,blandiremos el cuchillo contra ellos, yperecerán ánuestras manos, ónuestras flechas los atravesarán en su huida. TODOS ¡Bien! [Muy bien! ESCENA VI I -oe— Desfiladero en las montañas, desde donde puedo verse la fortaleza de Ollantay. Monólogo de Ojo-de-Piedra OJO-DEPIEDRA [Desdichado Ojo-do-Piedral [Eres una piedra maldita! jMilagrosamente te has escapa-
—14Í - cío de las rocas! [Y liaber creído en semejan’ tes canciones! ¿No tenías manos para matar on este estrecho valle al fugitivo Ollantay, que se había ocultado en estas gargantas? ¿No sabías que su corazón, inconstante como la mariposa, vendía átodo el mundo? ¡Y no has sido capaz de aniquilarlo! Prestándole recursos la astucia ha inmolado ámis guerreros. ¡Era el único medio de hacer nalidecer áun héroe como yo 1¿Cuántos miles de hombres he hecho matar hoy? Aduras penas he podido yo mismo escaparme de sus manos. Creyendo 4ese miserable, hombre de corazón, he querido encontrarle frente á frente. Pensando perseguirle en su huida, he penetrado en sus desfiladeros. Mi ejército se hallaba ya casi ála entrada, cuando de repente las rocas se han desprendido sobre nosotros, apenas sonaron las estruendosas trompetas. Una lluvia de piedras grandes ype- , quenas que caían por todas partes, ha aplastado por uno yotro lado ála inmensa mulíátud de guerreros que perecen bajo los pefiascos, Todavía la sangre, corriendo como un arroyo, inunda los desfiladeros. Se me ha visto buscar entre ese lago de sangre áun liombre para combatir con él Nadie se me ha presentado; nadie me ha mirado de ^frente. Los cobardes no emplean contra mi sino sus hondas. ¿Con qué cara me^ presentaré ginte mi amado rey? Mi situación no tiene
—145 — remedio. Debo buir no importa dónde. Yo mismo debo extrangularme con esta honda. Pero puede serme útil el dia que Olíantay llegue ácaer. ESCENA VIII —se— Patio interior del palacio de las Vírgenes Escogidas, con una puerta que dá ála calle. DIALOGO PRIMERO Salla —Bella SALLA Bella, es preciso que no te aproximes tan frecuentemente áesa puerta^ ni que permanezcas cerca de ella. Las madres se enojarían. Tu nombre encantador de Bella, que me es tan caro, hermana mia, será por todas partes repetido ypregonado de boca enboca. Una vez traspasado el umbral de esta puerta, hay que honrará las Vírgenes Escogidas. Diviértete aquí dentro, que nadie tendrá nada que decirte. Piensa que vas á encontrar aquí quien te dé cuanto puedas imaginar; hormo-
—146 — sos adornos, oro ymanjares exquisitos. Todas las vírgenes de sangre real te miman; te llevan en sus brazos las matronas, y, cubriéndote de besos ycaricias, te estrechan contra su corazón. Te prefieren álas demás yse miran en tus bellos ojos. ¿Qué otra cosa mejor puedes desear, ni cuál debe ser el objeto de tu ambición sino ser su hermana yvivir siempre oon ellas? Colmada de favores por los príncipes, igual álas vírgenes más nobles, destinada áser la hermana del Sol, gozarás por siempre contemplándola. BELLA Compañera Salla, siempre me dices lo mismo yme repites iguales consejos. Voy áabrirte mi corazón yáhablarte sin fingimientos :este encierro, este palacio, son para mí insoportables. Aquí encerrada, la ociosidad me oprime, ycada dia maldigo mi destino. La presencia de esas viejas de rostro severo me es odiosa. Ysin embargo, desde el rincón donde me hacen sentar ,no veo más que áellas. Ningún placer en este sitio; no se ven mas que ojos lacrimosos. Si de mí dependiese, nadie estaría ya aquí. A todos los que pasan los veo reir de tan buena gana, que no parece sino que llevan la felicidad en sus manos. ¿Y ámí se me encierra acaso porque no tengo madre, yli-
sonjeándome con ia idea de ser una rica no* vicia, se me quiere obligar iestablecer aquí mi nido? Paseábame pensativa por el jardin la noclie última. Do pronto, enmedio del profundo silencio de la noche, oigo á una desgraciada llorar ylamentarse amargamente. «¡Que no pueda morir! s> exclamaba, hablando consigo misma. Miro átodos lados y siento erizarse de espau; omis cabellos. Llamo, temblando; «¡Quien quiera que seas, respóndeme,» digo. La voz desolada murmura estos palabras: «¡Sol, arráncame de aquí!» enmedio de suspiros ysollozos espantosos. Busco en uno yotro lado sin descubrir ánadie. Solo el viento, que gime en las hierbas, sigue mis pasos, ycomo él, lloro. Mi corazón, rebosando de dolor, quiere romper mi pecho. Solo el recuerdo de esta noche me hace extremeoer de espanto. He ahí por qué, hermana Salla, si el dolor ha establecido su nido en este LÚtio, es porque está regado con lágrimas. Sábelo, queiida compañera, yen adelanto no me hables más yno me invites áhabitar aquí. Esta elección me sería odiosa. SALLA Entra, porque puede salir la vieja madre. BELLA [La luz me hacía tanto bien! (SaU.)
DIÁLOGO SEGUNDO La Madre Roca —Salla LA MADRE ROCA Hermana Salla, ¿has diolio áesa niña lo que te encargué? SALLA Le he dicho todo. LA MADRE ROCA ¿Y te ha respondido con sinceridad? SALLA Llora que dá lástima yrehúsa formalmente vestir el hábito de las Vírgenes Escogidas. LA MADRE ROCA ¿A pesar de tus consejos? SALLA La he hecho ver las ricas vestiduras, y haciéndola sonrojarse por su pobreza al recordarlo que desde su juventud quedó desamparada, le he dicho: «Si rehúsas ser Virgen Escogida, te perseguirá la adversidad;
149 - serás siempre una desgraciada ypara nos* otras una hija maldita.» LA MADRE ROCA ¿Qué piensa hacer esa miserable niña, de padre desconocido, huérfana de madre? [Extraña mariposa encarnada1Háblala claramente, muy claramente: dile que estos muros sombríos ofrecen un asilo ála desnudez yque la luz no la descubrirá nunca. (Fase.) SALLA [Ah, Bella mia, Bella mial ¿Serán estos muros bastante crueles para ocultar tu exquisita belleza? ¡Qué serpiente! ¡Qué leona! ESCENA iX Una calle de Cuzco El Astrólogo —Pie-Ligero EL ASTRÓLOGO ¿Cómo? ¿Tú aquí, Pie-Ligero? ¿Buscas la muerte, que debe encontrar Ollantay?
—150 — PIE-LIGERO El Cuzco me vió nacer, yes natural que me apresure ávolver. No lie podido acostumbrarme ávivir en el fondo de las cavernas. EL ASTRÓLOGO Ydimo, ¿qud hace Ollantay? PIE-LIGERO Desenreda una madeja muy enredada. EL ASTRÓLOGO ¿Qué madeja? PIE-LIGERO Si quieres que hable, dame algo. EL ASTRÓLOGO Te daría un palo para sacudirte ytres para colgarte. PIE LIGERO No me intimides.
