Historia de la antigüedad. T. 7
Abstract
T. I. Los egipcios, las naciones semitas -- T. II. Los asirios. Las tribus de Israel -- T. III. Los aryas. El brahmanismo... -- T. IV. Los aryas del Irán Oriental. Dominación de los medas y persas -- T. V. Historia de los griegos... hasta la época de las emigraciones -- T. VI-XII... hasta la [batalla] de Aurimedon
Full text
wik • :"111• , • :1... , HISTORIA DE LA ANTIGUED41) TOR MÁXIMO DUNOKER Vi ilTili A DEL A .1,1:M ÁN POR 11). • G1.2 1 1.1CCIA. AL.NL7T_T() SEGUNDA EDICIÓN TOMO V! I Comprende desde la Era de las Olimpiadas hasta el levantamiento del pueblo contra la nobleza MADRID • LIBRERIA DE FRANCISCO IRAVEDRA calle del Arenal, m'un. 6 1896
:
FEDON DE ARGOS. Al comenzar la era de las olimpiadas habianse desparramado las tribus helenas por un gran número de territorios situados fuera de la Península, y bien puede asegurarse que el imperio de los griegos abrazaba entonces todos los países, islas y territorios bañados por el Egeo, puesto que la Grecia entera, las islas todas del Archipiélago y las provincias marítimas de Anatolia, hasta el Helesponto, obedecian sus leyes. Los griegos expulsados de Tesalia y de Beocia, que fueron los primeros en abandonar el suelo de la pátria, se dirigieron casi en totalidad hácia el Norte para establecerse en la pequeña península del Athos, en la costa Noroeste del Asia menor, donde se hicieron dueños de Lemnos, Imbros y Samotracia. Los aqueos, expulsados del Peloponeso, se encaminaron primero hácia Lesbos para lanzarse enseguida sobre la costa de Troade y de Misia, que llegaron á dominar por completo, mientras que los jonios, despues de posesionarse de las Ciclades, sembraron de pueblos y ciudades la costa de Lidia. Los dorios, siguiendo un rumbo más meridional, fundaron colonias en Cos y Gnido que les sirvieron de punto (le partida para sus
6 conquistas de la costa Cariana, • posesi?náronse despues de Citerea y sucesivamente estendieron sus conquistas á Creta, Carpatos y Rodas, cerrando por el Sur el circuito de las posesiones griegas que comprendian ya toda la cuenca del .Egeo. Libres de los primeros cuidados que lleva consigo el establecimiento de una colonia , pensaron los griegos en aumentar sus riquezas, corno habian ensanchado ya sus dominios, y muy luego se desarrolló en todo el Egeo un activo tráfico. Ya en las descripciones homericas se descubre claramente la habilidad suma de los antiguos helenos en la navegacion y el exacto conocimiento que tenian de aquellas aguas y de sus innumerables islas: pero en esta época figuran como consumados navegantes. Los pelasgiotas y minyos, y todos los emigrados de Tesalia y de Beocia, pusieron á contribucion sus conocimientos en el arte arquitectónico, para levantar fuertes torreones, no sólo sobre los promontorios del continente, sino tambien en las diversas islas de que se posesionaron, y en todas partes los vemos apercibidos á la defensa contra las tribus tracias que moraban en Lemnos, huimos, Samotracia y en la península de Calcidice ó contra las colonias fenicias que desde antiguo existian én casi todas las islas. En Lemnos habitaban los sintios, tribu de costumbres bárbaras, cuyo origen tracio se halla bien claramente significado en el nombre Samotracia (1). De las fortalezas antes nombradas, vino á estos colonistas, especialmente á los que se habian establecido en la península de Athos, el nombre .. de habitantes de las torres, tyrsenos y tyrrenos (2) denominacion que no (1) lijada, I, 590. Tucid., II, 93. (2) De türsos torre.
'7 puede aplicarse á los de Creta ó de la costa de Asia por ser allí distinguidos estos torreones con el histórico nombre de Larissas.' Por otra parte Tucidídes observa expresamente que los tyrrenos de Calcidice y de Lemnos eran emigrados de origen pelasgo, y Sofocles , segun hace notar Dionisio de Halicarnaso, atribuye idéntico linage á los pelasgos y tyrrenos (1). El comercio del Egeo degeneró muy pronto en piratería y en tráfico de carne humana, que por mucho tiempo constituyen las dos ocupaciones favoritas de los colonizadores griegos. Diéronles ya de esto perniciosos ejemplos los más afamados héroes de la época homerica, puesto que, segun cuenta el autor de la Iliada, el invicto Aquiles hizo vender en Imbros, Lemnos y Samotracia á los hijos de la infortunada Hecuba (2). De los tyrrenos ó pelasgos de Lemnos se cuenta que en una ocasion arribaron á la costa de Atica montados en sus naves de cincuenta remos y se llevaron las mujeres atenienses del pueblo de Brauron, que en aquel momento estaban celebrando una fiesta á Diana, y embarcándolas consigo para Lemnos las tuvieron allí por concubinas (3). De lo mismo dá testimonio el himno de Dioniso, donde se lee lo siguiente: «un hermoso jóven, cubierto con precioso manto de púrpura, contemplaba desde una; empinada roca ' la vasta llanura del salado elemento, en ocasion en que pasaba por delante del peñasco una falucha equipada por tyrrenos, que la hacían deslizar velozmente sobre las aguas. Se hicieron señas unos á otros, saltan con rapidez en tierra, y cogiendo al desprevenido jóven, le arrastran á la nave (1) Herod., I, 57 Tucid. IV, 109. Dion. de Halle. I, 25. (2) lijada, XXIV, 951. (3) Herod. IV, 145. VI, 138.
8 con muestras de alegría, pues desde luego creyeron que era descendiente de los reyes hijos de Júpiter. El j efe de la nave dijo entonces: espero que vendrá con nosotros á Egipto ó á Chipre ó más allá, y que, por fin, nos dirá los nombres de sus amigos y de sus hermanos y nos dará á conocer su fortuna, pues un dios favorable le ha arrojado en nuestro camino» (1). Sábese que los pelasgiotas tenian varios establecimientos en las playas de Anatolia. Perteneciente á una de estas colonias, habia en la costa cariana un. castillo que se alzaba entre Myndo y Halicarnaso en la parte más elevada del promontorio de Termerion, y que servia á los tyrrenos para guardar allí á las víctimas de sus excursiones piráticas. El recuerdo de los duros tratamientos que sufrian en la mencionada torre los infelices presos se ha conservado en. el dicho griego «desgracia termeriense,» como se decia Cambien proverbialmente «cadenas tyrrenas» y á la manera que de la horrible matanza hecha por los inhumanos pelasgos de Lemnos en las mujeres atenienses y en sus hijos se originó el llamar por toda. Grecia « maldades lemnias » á cualquiera maldad enorme (2). Los jonios, eolios y dorios, cuyo poder marítimo fué creciendo de día en di a, desde su establecimiento en las costas de Anatolia, pusieron término á estas demasías de los piratas tyrrenos, cuyas ciudades de Troade, Misia y Lidia tuvieron . que someterse Cambien á las colonias eólico-jónicas que buscaban su engrandecimiento en más legitimo tráfico. Muy luego (1) Himno á Baco, v. '7 y siguientes. Apolod., III, 5, 3. (2) Suidas hace mencion de las terméria kakd. Hesiquio menciona las turrénoi desmói, que unos refieren á los tyrrenos del Egeo y otros á los etruscos. Cp. Herod I. 57. Tucid. IV, 109.
9 los tyrrenos desaparecen de la escena, no sin que, la asustadiza tradicion les hiciese protagonistas de la leyenda de Temer°, horrible mónstruo que pereció á manos de Hércules (1). Desde esta época solo se designa con el nombre de tyrrenos á los habitantes de un corto número de lugares de escasa importancia situados en la punta del Athos, de los cuales todavía se hace particular mencion hácia el año 400 antes de J. C. (2) , , mientras que por este mismo tiempo se daba el de pelasgos á á los habitantes de Lemnos y de Imbros y á los de varias poblaciones pequeñas de la Propontide, descendientes, en su mayor parte á lo menos, de aquellos pelasgos que en castigo de sus insolencias fueron expelidos de Atica por los atenienses que antes les prestaron asilo (3). Varios escritores griegos hacen durar el poder marítimo de los tyrrenos ó pelasgos un periodo de 85 años que, segun el cómputo cronológico de Eusebio, corresponde al siglo X antes de J. C. y coincide, por tanto, con los principales sucesos de la coloniza- • cion helena (4). Herodoto y Tucidides niegan implícitamente la existencia de semejante poder marítimo, puesto que solo usan el nombre de tyrrenos para designar á los pelasgiotas que , huyendo de Tesalia, se refugiaron en Atica y, al ser mas tarde expelidos de este pais, fueron á establecesse en Lemnos y en la punta del Athos. Pero el primero de dichos historiadores, supone que un grupo numeroso de lidios , al mando de su príncipe Tyrreno , emigraron á Etruria (1) Plut. Thes. e. 11. (2) Herod. I, 57. (3) Herod. V, 26. VI, 137 y siguientes. (4) Eus. Chron. I, 36. Syncelo, 181.
16 los: «Alégrate ó roca inquebrantable, de los dioses, carísimo santuario de los hijos de la refulgente Latona; hija del mar, inmóvil maravilla de la anchurosa tierra, que los mortales llaman Dolos y los olimpios dioses nombran estrella que envia sus fulgores á los más apartados rincones del orbe sombrío. Antes era Dolos azotada por las ondas y por el soplo de todos los vientos, pero cuando la hija de Koio (Latona) acosada por agudos dolores, puso en ella sus plantas, salieron del fondo de las aguas cuatro poderosas y rectas columnas que sostienen sobre sus capiteles la pesada roca. La diosa entonces pudo recrear su vista en el bendito hijo qué dió al mundo» (1). Hízose costumbre entre los griegos honrar al hijo de Latona como á númen que con sus brillantes rayos iluminaba el mar tenebroso y tranquilizaba sus ondas, cuya luz se reflejaba especialmente en los promontorios y riscos que se destacan por encima de las aguas, y que por esa razon se consideraban como particular asiento del rubio númen. Más tarde, y merced á las genealógicas relaciones imaginadas por los vates de la epopeya, la fiesta primaveral con que en Dolos se honraba á Apolo, es decir, la solemnidad en que se saludaba la nueva luz nacida del seno de las nubes y de la oscuridad del invierno, se trasformó en fiesta conmemorativa del natalicio del dios luminoso, por lo cual se trasladó su cuna al islote arrancado por el mismo Poseidon del seno de las aguas. Cuenta el /D ciecro vate de Chios que Latona en cinta y sin hallar sobre la tierra un mísero albergue donde dar á luz al refulgente Apolo, despues de recorrer todos los países conocidos, desde Creta á Ate- (1) Fragm. de Pindaro. 64 y 65. ed. de Bergk.
17 nas y el Athos en la costa de Tracia, y desde aquí á la Jonia asiática y á Licia, iba á perecer en el imperio de Neptuno, pues por temor al dios poderoso que en su seno llevaba, nadie osaba darla asilo, hasta que en el centro del Egeo halló un islote donde salió de su apurado trance. Más Pindaro supone que, movido á compasion el dios acuático, al ver la desgracia de Latona, fijó aquella isla que sirvió á la madre de asilo y despues fu6 consagrada al hijo. El comercio del Egeo no se hallaba tan solo en manos de tyrrenos y jonios. Es verdad que casi todas las ciudades doricas estaban situadas en el interior, como Mesenia y Esparta, la última de las cuales ocupaba el centro de un profundo valle por todas partes rodeado de montañas; y que la comarca bailada por el bajo Eurotas, que comprendia toda la costa del golfo lacónico se hallaba todavía en poder de los antiguos habitantes del Peloponeso; pero Argos, á la sazon en poder de los dorios, era una poblacion esencialmente marítima, carácter que conservó desde su origen, y por el mar entraron en ella, lo mismo que en Corinto, sus nuevos dueños. Los puertos de la costa oriental de Laconia ó sea Prasias, Zarex y Boeas, no lejos este último del cabo de Malea, fueron ocupados por los dorios é incorporados á la confederacion argiva; de uno de ellos salió la expedicion capitaneada por Temenos. Los puertos de Prasias y Zarex, si hemos de creer la tradicion corriente, debieron su origen al mencionado Temenos, pero los de Boeas atribuian la fundacion de su puerto al heraclida Boeos y de esta diverTOMO VII. 2
18 sidad de origen nacieron sin duda ciertos pujos de independencia incompatibles con la unidad de la federacion argiva (1); tambien los caudillos de Corinto y de Epidauro pretendían descender de Hércules, sin duda por parecerles poco elevado el linage de Temenos. De la Epidauro del Norte salieron los fundadores de Epidauro Limera, establecimiento dórico situado en una bien abrigada playa de la costa lacónica, y cuyos cimientos echaron, segun se dice, los tripulantes de un barco que hizo allí escala en un viaje á la isla de Cos (2). Entre las ciudades arrebatadas por los dorios á los egialeos del Nord-este, estaban los puertos de Sicion, Corinto, Epidauro y Trecena, de los cuales los tres últimos albergaban un gran número de entendidos marinos que desarrollaron un activo comercio, pues los conquistadores habian celebrado con los egialeos de estas ciudades convenios que aseguraban á todos iguales derechos y privilegios. De los puertos meridionales dula confederacion argiva salieron colonos que helenizaron la isla de Citerea y los de Epadauro llevaron á Egina la cultura y las costumbres griegas. Despues de la conquista de estas provincias marítimas por los dorios, continuó celebrándose el antiguo y solemne sacrificio que los marinos de toda la costa oriental de Hellada ofrecian á Neptuno en Kalauria, islote situado frente al puerto de Trecena, en el cual tomaban parte las ciudades de Orchomenes, Atenas, Epidauro, Herniona, Egina, Nauplia y Prasias (3). (I) Pausan., III, 22, 23. Véase Curtius, Pelopon. II, 296. (2) Pausan., III, 23, 6. (3) Estrab., 374. Despues de la conquista de Nauplia por los argivos, hecho que debió tener lugar reinando en Esparta Nicandro, sea hácia el año 15 O , ocuparon su lugar los argivos en el gran sacrificio, y Esparta sustituyó más tarde á Prasias.
19 En los numerosos é importantes establecimientos fundados por los dorios de la costa del Peloponeso y por los argivos, tenemos una prueba palpable de la actividad que unos y otros desplegaban en la navegacion; en la costa cariana florecia Halicarnaso, fundada por emigrados trecenios; varias colonias de epidaurenses prosperaban en las islas de Cos, Calidna y Nicyro (1) y los dorios de la costa oriental de Laconia, despues de fundar á Gnido, se posesionaron de Cnoso y de Gortyn, villas cretenses de donde salieron los colonizadores de Rodas; aunque otros opinan que éstos salieron directamente de Grecia, ya sea que se les llame lacones, del nombre de la comarca, ó argivos por, formar á la sazon parte de la confederacion argiva (2). De todas las colonias ninguna costó á los griegos tantos esfuerzos y sacrificios corno las de Creta y Rodas, no tanto por la considerable distancia que les separaba de su país, como por la resistencia que op usieron los fenicios allí establecidos. Aunque en todas estas empresas y expediciones marítimas recibieron los dorios auxilio de los egialeos de Epidauro y Trecena, no es por eso ménos cierto que su marina aventajaba á la de los jonios al comenzar la era de las olimpiadas. La coloniza,cion jónica abrazaba más extensos territorios, habia dacio origen á un número mayor de poblaciones y á ciudades más populosas, pero los dorios tuvieron la ventaja de someter á los fenicios, que á pesar de su incontestable poder marítimo, viéronse precisados á vivir como súbditos de los colonos griegos en Rodas, y á respetar los establecimientos dóricos de Creta erigidos á (1) IIerod. VII, 99. (2) lIerorloto I, 174. Estrab., 653.
20 la vista de importantes poblaciones fenicias. Este roce de los emigrados helenos con los hijos del pueblo más industrioso de aquel tiempo, fué en extremo favorable al desarrollo de la cultura entre los colonistas dorios y al progreso de las artes técnicas, de que antes apenas tenían nocion alguna los griegos, sirviendo además para enriquecer su religion con nue7 vos elementos. Tal vez en una de las mencionadas islas fué donde los fenicios enseñaron á los dorios el uso de la escritura, que allí se hallaba muy generalizado, como lo demuestran, entre otros testimonios, las inscripciones del templo de Lindos, consagrado á Athena, hecho que pudo tener lugar hacia la mitad del noveno siglo. Entonces fué sin duda cuando los dorios aprendieron de sus vecinos el uso de las monedas, pesas y medidas en la forma perfecta en que las empleaban los fenicios; no sin trasmitir, en parte al ménos, estos útiles conocimientos á su metrópoli, con la cual conservarían siempre activas y amistosas relaciones. * m * La tradicion de los griegos supone que al rey Temenos sucedió en el trono argivo, su hijo mayor Ceiso al que siguieron Alcemenes y Medon. Despues de este reinaron Thestio , Merops y Aristodamidas, quien dejó el mando á su hijo Fedon (1). Este príncipe, cuyo glorioso reinado abraza un período de 30 años (de 775 á 745 antes de J. C.), halló el patrimonio de Temenos dividido en muchas fracciones, segun expresion de Efor o. De esta noticia se desprende que los lazos que unían á los miembros de la (1) Pausan.. II, 19. Syncelo, 198.
21 confederac ion á cuyo frente estaba Argos, se hablan roto ó aflojado durante los dos siglos que mediaron entre su fundacion y el advenimiento de Fedon y que, por tanto, Fliunte, Syción, Epidauro y Trecena habian adquirido una autonomía casi igual á la de Argos. Fundaba esta ciudad sus pretensiones á la heguemonja de la confederacion en que de allí salieron los fundadores de las otras y en que allí concurrian los representantes de todas las ciudades federales, para celebrar el gran sacrificio que se ofrecia á Apolo en la Larissa de Argos y Fedon hizo valer estas razones, afirmando con la fuerza su vacilante supremacía. Reconociéronla, de grado ó por fuerza, todas las ciudades que antes formaban la confederacion y, reorganizada ésta sobre más sólida base, sometió á los corintios obligándoles á reconocer su soberanía, siquiera no pudiese lograr imponerles del todo el yugo de sus leyes (1). Para debilitar el poder de los corintios mandoles entregar para su ejército los jóvenes más robustos y aguerridos de la ciudad, en número de mil, con intencion de hacerlos perecer á la primera ocasion favorable. Pero uno de sus confidentes por nombre Abron, descubrió al jefe de los jóvenes guerreros los designios del monarca argivo y, gracias á este aviso, pudieron los corintios retornar sal vos á sus hogares. Habiendo florecido Fedon entre los años 775 á 745, le separa cinco generaciones, ó sea 150 años, de Temenos , caudillo de los dorios que hicieron la conquista de Argos, y esto viene á confirmar nuestra (1) Dedúcese esto de un pasase de los Escolios á la Olimp. do Pind.; XII, 27, en que Didymo observa que Fedon fué el primero que midió á los corintios con su vara. Plut. amat. num e. 2.
22 hipótesis de que la emigracion de dicho pueblo en el Peloponeso no se remonta más allá del año 1000 antes de Jesucristo. En los mármoles de Paros (31), ocupa Fedon el onceno lugar despues de Hércules, de suerte que á Temenos corresponde en este cómputo el lugar quinto, siendo Hércules, Hilo, Cleodeo y Aristomaco sus predecesores. Eforo sostiene que - Fedon fué el décimo soberano de Argos despues de Temenos (1) y Pausanias cuenta entre los argivos á Erató, que no figura en la lista de Teopompo, haciéndole contemporáneo de Nicandro rey de Esparta, que floreció pocos años antes de Fedon (2). Dice el mismo historiador que expulsó de Asina á los driopes, en castigo de haber favorecido una inVasion del mencionado Nicandro en Argos, hecho que á lo menos puede ponerse en tela de juicio ya que antes de las guerras de Mesenia no era tan desahogada la situacion de Esparta, que pudiera impunemente provocar el enojo de los argivos. Por lo que hace al rey Democratida, bajo cuyo reinado en Argos los lacedemonios hubieron de ceder á los nauplienses la villa de Methone, floreció sin duda despues de las guerras mesenicas, durante las cuales cayó dicha ciudad en poder de Esparta ,(3). De este Fedon observa Horedoto que fué el ordenador de los pesos y medidas de los peloponesios y «le llama el hombre más violento é inicuo de todos los griegos, que habiendo quitado á los eleos la presidencia en los juegos olímpicos, se alzó con el cargo de (1) Fragm. 15, ed. Müller. (2) Paus. II, 36, 5. (3) Pausan IV, 35, 2. Aun admitiendo que mediaron ocho generaciones 6 sea 200 años entre Fedon y Temenos no se obtiene para este una fecha más elevada que la del año 1000 antes de nuestra era.
23 Agonoteta» ó presidente de aquel certámen (1), pero es evidente que el historiador halicarnasiense confundió á Fedon el jóven con el viejo ó primero de los monarcas argivos que llevó este nombre, y por su parte Pausanias trastorna el órden cronológico de los hechos cuando dice que un levantamiento democrático efectuado bajo el rey Medon habia mermado no poco el poder de los príncipes argivos, reducido desde entonces á una sombra de lo que antes era. Es verdad que la aristocracia debilitaba algun tanto la autoridad de estos monarcas, pero su principal enemigo era la completa disolucion que reinaba en todos los elementos del Estado y cuyos desastrosos efectos trató de conjurar Fedon (2). Consagró este príncipe casi toda su vida á devolver á su ciudad de Argos el esplendor antiguo y la heguemonia sobre todo el Peloponeso que comprendia las comarcas conquistadas en otro tiempo por Hércules y aún sobre todos los estados que se formaron con las conquistas de los dorios, no sin presentar á sus enemigos como principal prueba de su derecho, el intimo parentesco de los reyes argivos con el vencedor del leon y de la hidra, como descendientes que eran del hijo primogénito de Aristomaco. En este mismo parentesco fundaba sus pretensiones á presidir la gran fiesta de Olimpia, suponiendo que tan preciado honor correspondia á los reyes argivos, por ser estos los más próximos descendientes de Hércules, fundador de la primitiva solemnidad religiosa que dió origen á la fiesta, y de ningun modo á los eleos que no habian hecho más que reanudar la interrumpida celebracion del sacrificio. (1) Herod. VI, 121 (2) Arist. repu1 . 51. V, 10. Paus., II, 19, 2, V, 22.
24 Por su parte los pisates, en cuyas fronteras estaba situado el altar donde se inmolaban las víctimas, sostenian que á ellos exclusivamente correspondia la direccion del certámen, de la cual se habian apoderado los eleos sin más derecho que el de la fuerza y el de las armas con que les habían sometido á su yugo. Para vengar esta usurpacion se dice que los pisates llamaron á Fedon, quien, trasladándose á Olimpia, expulsó de allí á los eleos, ofreció en persona el sacrificio del año 748 y entregó por su mano el premio de los juegos, ganado por el mesenio Anticles (1). Esta noticia es por extremo importante, pues confirma la exactitud de las fechas que antes asignamos al reinado de Fedon, 775-745, siendo de todo punto inaceptables la de 895 que dan los mármoles de Paros, y la de 670 á 640 que indica Herodoto. La primera concuerda tambien con la época de la fundacion de Siracusa por Argias, de quien se dice que profesaba entrañable cariño al nieto de Abron, el favorito de Fedon que descubrió á los corintioslos sangrientos planes de su monarca (2). El triunfo de Fedon sobre los eleos produjo tan efímeros resultados, que, mediante el auxilio de los espartanos, les vemos recuperar la presidencia y direccion de la fiesta en la si g uiente Olimpiada del 744, /7) cuyo puesto conservaron á pesar de las reclamaciones de los pisates. Sin embargo, debe atribuirse su fácil triunfo á la prematura muerte del caudillo argivo acaecida un año antes. Efectivamente, es cosa averiguada que el año 745 emprendió una expedicion á (1) Paus. VII, 22. Como era natural los eleos, considerando ilegal esta adjudicacion del premio, se negaron á incluir en su lista de los vencedores al agraciado en los juegos del '748. (2) Plut. narrat amat. c. 2.
25 Corinto, si con ánimo de someter del todo esta ciudad ó con objeto de restablecer la monarquía, amenazada ó tal vez derribada por la aristocracia, y poner en el trono un príncipe vasallo del monarca argivo, no se sabe, pero lo que parece seguro, es que hallándose en aquella poblacion, sucumbió víctima del puñal asesino, dirigido secretamente por una faccion enemiga, y aun hay quien asegura por la inicion de sus propios amigos (1). ** * Las noticias y datos conservados por la tradicion helena acerca de los hechos de Fedon, con ser tan escasos, bastan para demostrar que ninguno de los príncipes que componen la larga série de monarcas argivos puede equipararse en natural capacidad y genio á este caudillo, que alcanzó un poder nunca conocido en Argos, antes ni despues de Fedon, pues su dominacion, directa ó indirecta, extendíase bajo el reinado de este príncipe, desde Egina y Trecena, en el Oeste, hasta la desembocadura del Alfeo en la costa opuesta del Peloponeso; por el Sur abrazaba la costa oriental de Laconia y llegaba hasta Citerea, y por el Norte se estendia hasta Corinto, que en parte obedecia al monarca de Argos. El triunfo obtenido en Olimpia, sobre eleos y espartanos, aunque de escasos resultados, es prueba tambien del poder que alcanzó la nacion argiva en esta época, aunque más claramente se demuestra su extraordinaria influencia por el (1) Nicolas de Damasco, Fragm. 14, hace notar que Fedon, movido por la amistad que tenia á los corintios, pasó á poner órden en la ciudad, á, la sazon desgarrada por intestinas discordias, y allí íué asesinado, e . pizéseds ek ten helkirdn guenoménés.
32 ejercitándose una vez Apolo en el tiro del disco, dió un tremendo é involuntario golpe con el instrumento á Jacinto, jóven de singular hermosura y le mató. En memoria de este suceso instituyéronse las fiestas Jacintias, en que á la vez se honraba á Apolo y á su desgraciado amigo; cuyos restos se guardaron en un sepulcro erigido en el mismo santuario de Amiclae. Para los helenos era el Jacinto símbolo de la rapidez con que florecen y se marchitan las más hermosas flores; y el disco de Apolo representa el poder de los rayos del sol estival bajo cuya influencia se marchitan las bellas flores de primavera. Es una simbolice del decurso del año y de los efectos solares durante el mismo, cuyo conocimiento no llegó á los griegos sino mediante el comercio que desde la más remota antigüedad sostenían con los fenicios del golfo lacónico: debe considerarse, por tanto, como una importacion de Citerea en el valle del Eurotas. En el primer dia de la fiesta, que coincidia con el sétimo del mes Hecatombeon, se tributaban públicos y tristes homenages á la muerte de Jacinto, pero en los dos siguientes se honraba, con demostraciones de alegría, cantos de júbilo, danzas en que tomaban parte jóvenes y doncellas con coronas en la cabeza y con un gran banquete, la resurreccion del venturoso amigo de Apolo y su admision entre los olímpicos inmortales. Algun tiempo despues se introdujo la costumbre de celebrar durante esta solemnidad una carrera de carruages en que solo tomaban parte las mujeres solieras de Esparta. En el mismo santuario amiclense celebraban los espartanos las Karneas, que era la fiesta principal con que todos los dorios del Peloponeso honraban al hijo de Latona. Caía esta solemnidad en el Karneo,
33 correspondiente á nuestro Agosto, considerado por esta circunstancia como un mes sagrado durante el cual no se podia emprender guerra, ni romper hostilidades de ninguna clase. Segun parece, los dorios conmemoraban en esta fiesta las victorias de sus armas durante la invasion, y daban en ella gracias al profético númen por la proteccion y sábios consejos que les habia, dispensado, especialmente en el campamento de Naupactos en que construyeron las barcas para realizar el paso del estrecho. Por eso se dió á esta solemnidad el carácter de una fiesta de campaña; erigíanse tiendas en los alrededores de la villa y todas las ceremonias y actos de la misma se anunciaban al pueblo por heraldo , de igual manera que en los campamentos (1). Posteriormente se colocó sobre la tumba de Jacinto, en el templo de Amiclae, una estátua colosal de bronce que media treinta varas de altura y representaba á Apolo cubierta la cabeza con el yelmo, armado de lanza y arco, á la cual se añadieron más tarde piés y manos, aunque toda ella, como hace notar Pausanias, estaba ejecutada sin arte. Hácia el año 550, Bathikes de Magnesia, ciudad de las orillas del Meander, adornó con primorosos trabajos el trono sobre el que descansaba la estátua (2). La conquista de Amiclae, acaecida hácia el año 760 ántes de J. C., es sin duda alguna el hecho más importante qub - registra la tradicion espartana desde la invasion del valle del Eurotas por los dorios hasta la indicada fecha. Esa conquista les abrió las (1) Ateneo, IV, 19. Tucid., V, 51. Datos sobre el Apolo Karneo véanse, Teopompo, Fragm. (2) Müller, Dorios, II, 281. Pausan. III, 13. 19. 26. Ateneo, IV, 11. TOMO VII.
34 puertas de la parte baja del valle cuya entrada les habian cerrado hasta entonces los animosos aqueos q ue habitaban la villa y su ciudadela. No pasó mucho tiempo sin que los espartanos recogiesen el fruto de tan importante victoria, porque, despues de la caida de Amiclae, los aqueos que ocupaban los pueblos del Sur, á lo ménos los de Faris, ciudad situada sobre el Eurotas más abajo de Amiclae y los de Geronthrae, en la vertiente occidental del Parnon, cobraron tal miedo, que no osaron oponer resistencia á los espartanos. Temiendo el ataque de estos, se adelantaron á proponerles un convenio en virtud del cual cedían su territorio á los vencedores si estos les permitian abandonar pacíficamente el pais. En su consecuencia, las ciudades aqueas del Eurotas fueron ocupadas por espartanos que, de esta manera y sin gran esfuerzo se hicieron dueños de casi todo el valle del Eurotas (1). Muy luego completó su conquista Alcemenes, hijo de Teleclo, con la toma de Helos, ciudad situada en la desembocadura del mencionado rio, que no pudo resistir al violento empuge de los espartarnos, á pesar del auxilio que á sus habitantes prestaron los argivos, por el lado del mar. Esta nueva conquista les abría las puertas del comercio marítimo (2). En pocos años habian doblado los espartanos la estension de su territorio, no sin destruir un enemigo que, posesionado de Amiclae era un constante peligro para la existencia del jóveri Estado y un obstáculo á su desarrollo. Hallábanse, pues, en posesion de un territorio perfectamente resguardado por naturales defensas, toda vez que el valle del Eurotas estaba cerrado por el Taigetes al Este, el Parnon al (1) Curtius, Pelopon., II, 249. Pausan., III, 2, 6. 22, 5. (2) Pausan., III, 2, 7. 20, 6. Estrab., 363.
35 Oeste y el mar al Sur. La entrada en la fertil llanura da Esparta, en la profunda Lacedemonia, ofrecia, por consecuencia, dificultades poco ménos que insu.:- perables para cualquier ejército enemigo si los espartanos , guardaban el desfiladero de Pellane, abierto cerca del Eurotas, en direccion á la frontera occidental de Arcadia y el paso de Sellasia, cortado en el Parnon, hácia Tegea, no lejos de la frontera oriental de dicho. pais, toda . vez, que por el lado del mar no eran fáciles las invasiones en aquellos tiempos y ménos siendo dueños de la llave, que era Helos. Pero los espartanos, organizados como se hallaban por lasleyes de Licurgo, no se durmieron sobre sus laureles, antes bien los brillantes resultados de su guerra con los aqueos, el conocimiento de las magnificas defensas naturales que protegian su pais, á la sazon exclusiva propiedad suya por derecho de conquista, y la confianza quedes inspiraba su actual organizacion militar y politica á la que en gran parte debian su engrandecimiento , contribuyeron no poco á acrecentar su valor y á despertar en ellos más elevadas aspiraciones. Sin más objeto inmediato que el de satisfacer la impaciencia de sus guerreros, empezaron á hostilizar á sus vecinos que vivían del otro lado del Taigetes y de pequeñas escaramuzas, surgió una guerra encarnizada y larga. Formalizada ésta, concibieron los espartanps el plan de estender su territorio, pero seguramente no tuvieron por entonces intencion de aniquilar un estado que poseia excelentes condiciones de defensa. Los dorios, que invadieron el valle del Pamiso, no lograron apoderarse sino de una parte de la co-
33 marca, como sucedió en un principio á los que invadieron el Eurotas. Establecidos estos conquistadores en la mitad superior de la llanura, los reyes del estado que desde entonces se llamó Mesenia fijaron su residencia en Steniclaros, villa fundada, segun se dice, por su progenitor Cresfonte. Desde aquí estendieron luego sus conquistas, pero sin lograr arrebatar á los antiguos habitantes las tierras bañadas por las aguas del golfo lacónico, que comprendian toda la costa de Occidente. Sin duda para llegar á este resultado, Cresfonte ofreció á los habitantes de Pilos y de Rhion hacerles participes de los mismos derechos que gozaban los dorios si querian formar parte de su Estado (1); pero no debieron obtener éxito sus gestiones, toda vez que varios cronistas aseguran que Pilos y Methone, los dos puertos más notables de la costa de Occidente, no obedecian á los monarcas dorios de Steniclaros, y por tradiciones bien abonadas sabemos que Korone, puerto del golfo de Mesenia situado cerca de la desembocadura del Pamiso , se mantenia independiente hácia el año 732 antes de nuestra era, cerrando á los mesemos toda comunicacion con el mar, como lo hacia Helos, con relacion á Esparta. Pausanias observa expresamente que despues de la segunda guerra de Mesenia todos los habitantes de este país quedaron reducidos á la categoria de hilotas, á excepcion de los que ocupaban las ciudades marítimas (9). Mesenia hallábase encerrada, como Laconia, en- (1) Eforo, citado por Estrabon, 361. (2) Pausan. III, 3. En la 12. a olimpiada salió vencedor un individuo de Korome, llamado Oxythemis. Eus. chron. 1, p 143. Grote ha demostrado que Korone v Koroneia son dos vocablos perfectamente distintos. Historia de Grecia, II, 413.
3'7 tre dos cadenas de montañas; el Taigetes al Este, y el Egaleon, la última de las cuales, formando diversos cerros, se extiende desde el extremo SO. de la meseta de Arcadia, hasta el cabo de Akritas, en la direccion opuesta. Pero el valle del Pamiso presentaba por su forma, como por su naturaleza física, muy otro aspecto que el valle del Eurotas. En lugar de la . estrecha llanura que encontramos en las márgenes del Eurotas, vernos aquí, no lejos de las fuentes del Pamiso un precioso y extenso valle, casi circular, en el cual se halla situada la capital Stenyclaros. Los cerros que por este lado forman la frontera de Arcadia, dominan con su imponente altura las fuentes del Neda y del mencionado Pamiso para caer luego en suaves mesetas, casi escalonadas y perfectamente niveladas, en direccion á la llanura. Esta presenta seriales - evidentes de haber sido el lecho de un lago hoy naturalmente seco ó desaguado por artificiales procedimientos. Resguardada de los vientos del Norte por los elevados cerros de Arcadia, abundantemente regada por innumerables torrentes y riachuelos que bajan de las inmediatas montañas y dotada de un clima apacible, reune este privilegiado valle todas las . condiciones que concurren á dar al suelo, sobre todo si este es cenagoso, fertilidad y riqueza. Hácia el Sur únense las dos cadenas de montañas y cierran la llanura de Stenyclaros en términos que el rio se vé forzado á abrirse paso á través de una masa compacta de rocas y peñascos. Pero del otro lado de esta • garganta ábrese un nuevo valle, tan fertil como el primero, que se estiende hasta el mar. Más cálido que el primero por hallarse únicamente expuesto á los vientos nierizlio-
miles, paro refrescado por un sin número de arroyos, ofrece este valle inferior de Mesenia, el aspecto de un jardin risueño, que, por doquier ostenta la magnificencia y lozania de las vegetaciones meridionales; cuyos campos se hallan cercados por expléndidos sotos de Cactus y cuyos pueblos yacen escondidos entre plantios de olivos y moreras. Indudablemente ofrecen los dos valles de Mesenia los terrenos .mas fértiles y más ricos del Peloponeso, y sus montañas brindan en todo tiempo con excelentes pastos. No es, pues, extraño, que Euripides al hablar de Mesenia diga que «es un pais lleno de hermosos frutos, refrescado por mil arroyos, que ofrece nutritivo alimento á los rebaños de vacas y ovejas; en el que no se dejan sentir las tormentas del invierno ni los excesivos calores del verano» (1). Primer soberano de Mesenia fué Cresfonte, de quien la tradiccion cuenta que, por favorecer á los antiguos moradores del país, atrajo sobre, sí el odio de los dorios que, envalentonados por la victoria, reclamaban la sumision incondicionada de los vencidos, hasta que al fin le asesinaron, no sin expulsar del pais á sus hijos (2). Pero uno de estos, por nombre Epyto, fué acojido y criado por Cypselo, rey de los arcadios y aliado de Cresfonte. Cuando Epyto estuvo en edad de reinar j púsole su protector en. el trono de su padre, auxiliándole en esta empresa Ceiso, rey de Argos, hijo de Temenos, y Euristenes _y Proeles, soberanos de Esparta. Pausanias es,de parecer que los dorios asesinaron á todos los hijos de Cresfonte menos á Epyto que logró escapar; pero Isócrates haciéndose eco de tradiciones más antiguas, sostiene (1) Estrab. p Z66. ,(2) Eforo, citado por Sstrab., p. 3M.
39 que expulsados del país se refugiaron todos en Esparta (1). Sea de esto lo que quiera, Epyto supo ganar las simpatías de la nobleza dórica por medio de concesiones y privilegios y dejó la corona á su hijo Glauco, que no se apartó de las tradiciones de su padre. De sus sucesores Istmio, Dotadas, Sybotao y Fintas, solo se sabe que fomentaron la piedad de los helenos y enriquecieron el culto de sus dioses con nuevas prácticas y sacrificios, haciendo adoptar á los dorios ceremonias y ritos peculiares del culto de los aqueos. Sybotao introdujo la costumbre, despues seguida por todos los monarcas 'mesenios, de ofrecer sacrificios al rio Pamiso, por los bienes que al país reportaba con sus aguas, y Fintas fue el primero que envió á la solemnidad jónica de Delos un coro de hombres que en ella cantó un prosodion compuesto y ensayado por el vate y músico Eumelo (2). Estas ocupaciones de los monarcas mesenios son indicio seguro de la profunda paz que en aquel pequeño Estado se gozaba, y seguramente las solemnidades religiosas no fueron los elementos que ménos contribuyeron á extinguir odios y apagar rencores entre las tribus invasoras y la poblacion antigua. De -varios auténticos hechos se deduce que las relaciones entre los conquistadores dorios y los antiguos habitantes de Mesenia, eran más amistosas y de carácter mas dulce que las que unian en Esparta á vencedores yr -vencidos. Tal vez contribuyó á producir ese resultado la fertilidad del suelo mesenio que brindaba (1) Paus. IV, 3, 5. Isócr. Archid. 120-122. Nicolas de Damasco, Fragm. 39, sostiene que los mesenioe vivieron en constantes luchas interiores, hasta la destrueeion de eu reino por los espartanos. (2) Pausan. IV, 3. 4.
40 á los conquistadores con goces y comodidades que en vano buscaban los de Laconia y por lo cual no tuvieron necesidad de acudir á la opresion y á la tiranía para obtener ventajas que el suelo expontáneamente ofrecía. Digno de atencion es, por lo ménos, que aún hoy, los labradores de los valles de Mesenia se distinguen por su laboriosidad y carácter apacible que contrasta con el genio brusco de los fornidos y levantiscos mainotas del Taigetes. Pero no se crea que los mesenios carecian de fuerza física y de dotes militares. Sábese que en las diez primeras fiestas celebradas en Olimpia (de 776 á 736) ganaron siete mesenios el premio de la carrera, habiéndose adjudicado uno de los tres restantes á un habitante de Dyma, villa aquea y dos á corredores eleos. El territorio de Mesenia estendiase, en el valle inferior del Pamiso, hasta más alla del Nedon; rio que, bajando de la falda occidental del Taigetes, des-. emboca, no lejos de Ferae, en el golfo mesenio, y comprendia los afluentes que dicho rio recibe por Oriente, en cuya direccion llegaba hasta la cima del mencionado Taigetes. En esta comarca, regada por el Nedon superior, habia un templo consagrado á Diana, en el cual se reunían de vez en cuando mesenios y espartanos á celebrar sacrificios á la diosa para renovar sus alianzas y recordar los lazos de parentesco que mútuamente les unían (1). Pero despues (1) Ross, (viages por el Peleponeso, 1, 5-11) ha determinado la situacion de este santuario y descubierto antiguas mojoneras que marcaban, sin duda, los límites entre Mesenia y Laconia.
41 que Teleclo y Nicandro sometieron al yugo de Esparta los territorios aqueos del valle del Eurotas, empezaron los espartanos á hacer incursiones en estas comarcas fronterizas de Mesenia, sin duda con la intencion de establecerse en ellas y de llevar los límites de su reino hasta el Nedon (1). El mencionado rey espartano Teleclo, destruyó en una de estas excursiones la aldea mesenia de Nedon, situada sobre el rio de su nombre; pero algun tiempo despues, en ocasion en que se celebraba el sacrificio en el santuario de Artemis, fió asesinado este caudillo por los mesenios que asistian á la ceremonia religiosa. Los espartanos rindieron el debido homenage á la memoria del conquistador de Amiclae, erigiéndole en Esparta un santuario en el que se le tributaba el culto de los grandes héroes (2). Alcemenes siguió la obra comenzada por su padre Teleclo y, despues de conquistar la importante villa de Helos, dirigió sus armas contra Mesenia. Sobre una de las mesetas por las que el Taigetes desciende, en direccion al Oeste, á la llanura de Stenyclaros, se alzaba la fortaleza de Amfea, asentada en escarpada roca, no lejos de la residencia de los monarcas mesenios. Alcemenes rompió las hostilidades por el ataque de esta fortaleza que tomó por sorpresa durante la oscuridad de la noche (3); los mesenios aseguran que á este hecho no precedió declaracion alguna de guerra; pero los espartanos ocuparon el fuerte despues de haber pasado á cuchillo á todos sus (1) Llámase esta comarca Denthelea y es notable por los combates allí librados entre espartanos y mesenios, aún en la época de la domi nacían romana. (2) Estrab., 299. 257. 360. Pausan. IV, 4. 5. III, 15, 7. (3) Curtius, Pelopon, II, p. 131.
48 bia el enemigo, esperó el ataque y alcanzó una brillante victoria. Los esfuerzos de Aristodemo y sus reales ó imaginarias hazañas no fueron suficientes á impedir la ruina de Mesenia. Consultado el oráculo délfico por los mesenios, respondió la Pitia que de los dos pueblos seria véncedor el que antes expusiera al rededor del altar de Júpiter Ithomatas diez veces diez trípodes. Habiendo llegado á noticia de los espartanos este oráculo, un individuo de su nacion llamado Oebalo se apresuró á construir cien pequeñas trípodes de barro y, metiéndolas en su morral de caza, subió en compañia de varios camaradas á la cumbre del Ithome, no sin ocultarsus designios bajo el pretexto de la caza, cuyos útiles llevaban todos consigo. Amparado por la oscuridad de la noche colocó ordenadamente las trípodes al rededor del altar y regresó al campamento espartano sin ser de nadie advertido. De esta manera adelantáronse los espartanos á los mesenios y ganaron el pleito; porque desde aquel momento todos los pronósticos y augurios de las víctimas fueron desfavorables á los mesenios; los carneros golpeaban el altar con sus cuernos y los perros lanzaban durante la noche lastimeros ahullidos, á manera de lobos, yendo despees á refugiarse en el campamento de los espartanos. El hogar de Aristodemo se cubrió de yerba y su hija se le apareció en sueños, le arrebató las armas y le cubrió con un sudario blanco.En esto reconoció el heróico padre que el sacrificio de aquel ser tan querido habia sido inútil, porque los dioses habian decretado la destruccion de Mesenia. El desgraciado no tuvo valor para ver tanto infortu-
49 nio y se quitó la vida sobre el sepulcro de su hija (1). Sin perder tiempo los espartanos cercaron la montaña resueltos á someter, por hambre, á los mesenios. Estos hicieron un supremo esfuerzo para romper el cerco, pero no lograron otra cosa que dejar tendidos en el campo sus mejores soldados. Poco despues el hambre obligó á los que sobrevivieron á abandonar el campo para retirarse á las montañas que forman por aquel lado la frontera de Arcadia. Así terminó hácia el año 710 la guerra de Mesenia, acerca de la cual escribia Tirteo, setenta años más tarde, estas palabras: «Por el valor de nuestro rey Teopompo, el amigo de los inmortales, hemos conquistado la espaciosa comarca de Mesenia, que tan excelentes condiciones reune para la agricultura y para el cultivo de arbolado. Por ella lucharon con valor nuestros abuelos armados de lanzas durante diez y nueve años consecutivos, en los cuales sufrieron penalidades sin cuento; pero en el añp vigésimo abandonaron los mesenios sus feraces campiñas y huyeron de los . elevados cerros del Ithome» (2). Desde luego se descubre la falta de relacion y de enlace que hay_ en las tradiciones relativas á esta guerra, conservadas únicamente en diversos fragmentos poéticos de origen muy posterior á los sucesos. La mayor parte de los poetas que ilustraron, con sus cantos la lucha se inclinan en favor de los mesenios, lo cual no debe maravillarnos ya que los demás griegos no perdonaron nunca á los espartanos el crimen de haber borrado del mapa heleno el nombre de un estado independiente y libre, cuyas desgracias y he- . róica resistencia eran motivos más que suficientes (1) Pausan, IV, 12-14. Plutareh, de superstitione e. 8. (2) Fragm. 5. ed de Bergk. Tomo vil . , 4
50 para despertar en su favor el interés de toda Grecia. Por otra parte las relaciones poéticas de la guerra datan de una época en que ya se habia restablecido el estado mesenio, hecho que tuvo lugar más de tres siglos despues de su destruccion por Esparta y esto bastaría por si solo para explicar la simpatia que por ellos sienten los autores de tales relaciones. Segun el parecer de estos cronistas, no sucumbió Mesenia ante la superioridad de las armas espartanas, sino por virtud de los decretos ineludibles del cónclave celeste. Partiendo de tan extraña suposicion, no hallaron inconveniente en asegurar que los mesenios á seguida de una indecisa batalla, abandonan sus campos á merced del enemigo para refugiarse en las cumbres de Ithome y que, á continuacion de una brillante victoria ganada por su nuevo rey Aristodemo, se dejan sitiar por hambre y abandonan sus baluartes. De todo esto se desprenden hechos históricos incontestables, como son: que los mesenios cedieron muy pronto á la superioridad del enemigo, al que abandonaron el valle para defenderse en la montaña del Ithome, que ofrecia no despreciables defensas naturales, y sobre la cual hoy mismo se descubren todovia restos de sus fortalezas en varios trozos de murallas ciclópicas (1); que desde este punto resistieron durante algunos años los ataques de los espartanos, no sin ser auxiliados en alguna ocasion por los arcadios del alto Alfeo sus antiguos amigos y aliados; y por último, que tras una lucha que duró veinte años consecutivos (2), una parte de los mesenios se some- (1) Curtius, Pelopon. II, 147. (2) Como claramente se dice en el citado pasaje de Tirteo y 611 Isócrates, Archidamo, p. 127.
tió al enemigo, otra se refugió en las montañas que por el Norte cierran el valle del mismo nombre y una tercera, al mando del caudillo Alcidamicla, traspuso los mares buscando asilo entre los chalcidienses que habitaban la villa de Rhegion, en el Estrecho de Sicilia (1). Todos los datos trasmitidos por los antiguos, relativamente á la época en que tuvo lugar la primera guerra de Mesenia, carecen de verdadero fundamento histórico, y han tenido origen en la imaginacion en el capricho de los poetas (2). Las fechas que se asignan al comienzo de la lucha difieren en un siglo entero, hallándose comprendidas entre los años 800 y 700 antes de nuestra Era. Pero la que, en nuestro sentir, reune más condiciones de verdadera es la de Plutarco que supone tuvo lugar la destruccion del Estado mesenio 230 años antes de la heróica muerte de Leonidas, de suerte que el comienzo de la guerra coincide con el 730, y con el 710 su conclusion (3). En realidad no faltan datos seguros para fijar la fecha de este importante suceso. Segun tradiciones muy abonadas, los espartanos 'pidieron antes de la guerra la entrega del mesenio Polyjares; y habiendo sido este vencedor en la olimpiada cuarta, resulta qne aquella no pudo estallar antes del año 764. Fueren caudillos de Esparta durante la lucha Alcemenes Teopompo y este último, despees de haberla tera nado con tanta fortuna para su país, esgrimió sus armas contra los argivos. Ahora bien; entre este caudillo y Ariston reinaron cuatro soberanos cuyos nom- (1) Pausan., IV, 23, 3. Estrab., p. 257. (2) Como lo ha demostrado Müller. Tntro¿Zwtio ad fragor. chranclog • p. 137 seqq. (3) Hut. Apopl ► tegrn. p. 12i t.
52 bres son: Zeuxidarnó, Anaxidamo , Archidamo y Agasicles, y siendo Ariston contemporáneo de Creso, no pudo subir al trono con anterioridad al año 560 antes de Jesucristo ya que , por otra parte , se sabe que su hijo Demarato empezó á reinar hácia, el 510 (1). Despréndese de estos datos que si, como sostienen la mayoría de los cronólogos helenos , empieza el reinado de Teopompo el año 786, los cinco príncipes que, con el vencedor de los mesenios, precedieron á Ariston, reinaron 226 años, ó sea más de 45 cada uno, lo cual no puede admitirse en tan larga série de reinados sucesivos. Por el contrario , si á cada uno le damos 30 años, como término medio, obtenemos el 710 para la subida de Teopompo al trono de Esparta, que es fecha más razonable y conforme á las tradiciones. Por razones no ménos dignas de atención suponen otros que Teopompo empuñó el cetro espartano el año 730, ya que entre este caudillo y Licurgo mediaron dos reinados, el de Jarilao y el de Nicandro; por tanto el vencedor de los mesenios y sus cuatro sucesores reinaron en Esparta hasta el 560, si á cada uno le atribuimos un reinado de 34 años. La fundacion de Tarento, acaecida el año 708, es otra prueba y no despreciable de que la primera guerra de Mesenia tuvo lugar entre los 730 y 710 y eso mismo nos dá á entender el hecho de que á partir del 736 no aparezca ningun mesenio entre los vencedores de Olimpia, toda vez que no cabe suponer, que durante la lucha concurriesen los infelices sitiados del Ithome á la más solemne de las fiestas helenas. ( , I) Pausan., III, 7, 5, Herod, I, 67.
53 En 728 se coronó el primer corintio que mereció la palma de la victoria. 4E' Los espartanos , sin pararse á considerar que el pueblo por ellos maltratado era hermano suyo y no enemigo ni extraño, corno el aqueo que antes ocupaba el valle del bajo Eurotas, se pusieron en seguida á medir las tierras y hermosas llanuras conquistadas para distribuirlas entre las familias dorico-espartanas más necesitadas y dignas á la vez de merced tan señalada. El diezmo del botin menudo se consagró á Apolo en su templo de .Amiclae, procediendo luego el reparto de las tierras y demás bienes inmuebles, no sin demoler al propio tiempo las fortificaciones del Ithome para quitar aquella piedra de escándalo á los indígenas que entre ellos habian permanecido (1). Cuenta Plutarco que habiendo hecho presente ciertas personas al rey Polidoro, sócio de Teopompo en la direccion de la guerra y del Estado, la inconveniencia de hacer la guerra á sus hermanos los dorios de Mesenia, contestó el caudillo que «marchaba á la conquista del pais aún no dividido (2). Asegúrase que, despues de la victoria, dividió Polidoro las tierras enemigas en tres mil lotes que sirvieron de patrimonio á otras tantas familias de caballeros espartanos. Y aunque nada se sabe de cierto respecto al número de lotes, es cosa averiguada que muchas familias espartanas se hicieron propietarias con los terrenos del país conquistado á los mesenios. Bien claramente lo dá á entender Aristóteles cuando observa que los espartanos que perdieron sus bienes en el ( 1 ) Pausan., III, 18. IV, 14. (2) Plut. apophtegm. lac. p. 231.
54 levantamiento de los mesenios , refiriéndose á la segunda guerra entre los dos pueblos hermanos, pidieron que se hiciese un nuevo repartimiento (1). La sangre dorica que por sus venas corria no fué parte á procurar á los mesenios mejor suerte que la que sufrieron los aqueos vencidos tambien por los de Esparta, y todos cuantos permanecieron en el país, quedaron reducidos á la triste condicion de flilotas, verdaderos siervos de la gleba condenados á trabajar los campos que antes eran suyos en beneficio de sus nuevos amos. Cuan triste era su estado lo dicen estas palabras de Tirteo: «Como pollinos tenian que llevar pesada carga y obligados por el ineludible cuanto triste destino, veíanse precisados á entregar á los conquistadores la mitad de todos los frutos de la tierra y á llevar duelo, juntamente con sus mujeres, por el amo difunto (2). » Segun hicimos notar antes , las ciudades de la costa permanecieron libres de la dominacion espartana. Despues de la guerra guardábase en Esparta con religiosa veneracion la memoria de los caudillos que les habian llevado á la victoria. Sábese que el rnuniipio de la capital, siguiendo antigua costumbre de sus mayores , compró á la viuda de Polidoro , por cierto número de cabezas de ganado ovino, la casa en que vivió este caudillo de la familia agida, situada en el mercado público, y á Teopompo se le consideró por mucho tiempo como un príncipe que en alto grado habia merecido el favor de los inmortales (3). Los hechos de su reinado son inequívoca prueba de la ,7nergia y acierto con que dirigieron los destinos de (1) Arist. polit. V, 6. Plut. c. 8. (2) Tyrt. Fragm. 17. 1 , 3) Pausan., III, 12, 3.
55 Su pátria. En la prolongada lucha tan felizmente por ellos acabada, no todos sus vasallos se mostraron dispuestos y resignados á llevar la pesada carga que á cada uno correspondia. Habia en Esparta un numeroso partido que pedia la paz y que hizo á los reyes una resistencia en ocasiones tan peligrosa como la guerra con los mesenios. Tal vez estos conatos de rebeldia obligaron á Teopompo y Polidoro á añadir á la antigua retra de Licurgo, en la cual se mandaba dar al pueblo participacion en el poder y en las asambleas públicas, un suplemento, autorizado Cambien .por el oráculo délfico, que sonaba de este modo: «empero , si el pueblo sigue una opinion torcida, los gerontes y los reyes le apartaran de la extraviada senda (1) .» La nueva retra introducia una esencial modificacion en la ley fundamental del Estado, y era un ataque directo á la soberanía de la nobleza: el derecho de resolver en última y decisiva instancia los negocios, que antes residia en la asamblea de los nobles, pasaba en su consecuencia á los reyes y á la guerusia. Esta retra nos demuestra por si sola el soberano poder que Teopompo y Polidoro, de acuerdo con la guerusia, ejercieron en Esparta, y la absoluta independencia con que resolvieron todos los asuntos que podernos llamar de Estado, á lo ménos durante la guerra. Seguramente esta autoridad casi dictatorial, de que se revistieron los reyes para compartirla con los gerontes, era necesaria para la feliz conclusion de la guerra. Pero una vez terminada ésta se abolió la retra con que los monarcas habian robustecido su autoridad, no obstante la sancion que recibió de la délfica Pitia. (1) Plut. Lyc. c. 6. n seni sit gerenda respubl. e. 10.
56 Mucho más importante por sus consecuencias, aunque de escasa apariencia externa, fué otra innovacion que los mismos caudillos introdujeron, obligados tambien por las exigencias de la guerra. Era esta la primera vez que los espartanos esgrimian las armas fuera de su país despues de la conquista. Precisados los monarcas á permanecer durante largo, tiempo fuera de la capital y de sus verdaderos dominios, por natural consecuencia de su cargo de jefes del ejército, tuvieron que nombrar representantes encargados del despacho de ciertos negocios cuya resolucion no permitia demora. Al efecto, siempre que salian á campaña delegaban su autoridad para dicho asunto, en cinco funcionarios llamados eforos, cada uno de los cuales representaba especialmente un distrito de la capital. En la época que venirnos estudiando nombrábanse estos funcionarios tan solo cuando los monarcas salian á campaña, pero más tarde se erigieron en cargos permanentes que proveian los reyes todos los años, y su principal mísion consistió siempre en inspeccionar el mercado , conservar allí el órden y dirimir las contiendas que se originasen acerca de lo mio y de lo tuyo. Tenian los eforos una casa especial situada en la plaza pública, donde comian y celebraban sus sesiones, donde recibian á los que iban á presentar alguna queja y emitian sus inapelables fallos. Más tarde se encomendó á los eforos el encargo de conservar el sello del Estado, que llevaba grabada la imágen del rey Polidoro (1). A medida que su autoridad y sus prerogativas crecieron, se ensancharon tambien sus atribuciones y su influencia en la administracion in- ) Pausan. III, 11, 2. 8. Plut. Cleomen. 8. 10. Herod., I, 65.
57 terior de la ciudad, que se fué subdividiendo en conformidad con el aumento extraordinario de su poblacion y con la nueva organizacion creada por los eforos. Como todas las instituciones de Esparta que tep ian alguna importancia atribulase tambien á Licurgo la creacion de los eforos, pero Plutarco dice expresamente que el primer eforo, llamado Elato, ejerció su cargo bajo el reinado de Teopompo y este hecho se halla confirmado por el sello del Estado, por el autorizado testimonio de Aristóteles por los libros de las leyes y por el mismo natural desarrollo. de los sucesos históricos en Esparta (1). Preguntado en una ocasion Teopompo si no se avergonzaba deentregar á sus hijos un reino debilitado, cuando él le habia recibido fuerte, contestó, al decir de Aristóteles «que le habia dado carácter más duradero.» Esta respuesta, sin embargo, tiene todas las apariencias de apócrifa y no puede en modo alguno tomarse como argumento demostrativo de que el vencedor de los mesenios crease la institucion de los eforos con el principal objeto de amenguar la autoridad de los reyes, hipótesis absurda que contradicen tanto los hechos gloriosos del mencionado caudillo como la retra con que él y su sócio Polidoro pusieron cortapisa á las demasías de la nobleza, á lo ménos durante la guerra con Mesenia. La conquista de este pais fué principio y origen de nuevos trastornos en Esparta. Por un lado la retra establecida por Teopompo y Polídoro, inútil despees (1) Arist poi. V, 9, 1.
64 himnos al son de la citara de siete cuerdas (1).» Tan notable reforma en el único instrumento verdaderamente musical que á la sazon se conocia en Grecia, permitió al poeta lírico desarrollar el canto sobre nueva y más ámplia base y dar á la poesía lírica más elevacion comunicándole un carácter más artístico. De esta manera entró tambien el canto coral en en un nuevo estádio. Si hasta entonces se había limitado á cortas invocaciones y breves himnos de alabanza, pre(ws, con las modificaciones hechas por Terpandro se podiancomponerlargas canciones y variados coros, con sus correspondientes estrofasy estribillos. No debe, por tanto, maravillarnos que los espartanos considerasen al vate eolico, como fundador de su m(isica nacional (2). Hallabase el vate lírico dotadu de tan vigoroso génio músico, que por cuatro veces consecutivas, ó sea entre los años 676 y 644 antes di.; J. C., obtuvo la palma del vencedor en los certámenes musicales que se celebraban, cada ocho años, durante el gran sacrificio que se ofrecia á Apolo en Delfos (fi). El :tfio G65, introdújose nueva reforma en la solemnidad de las Karneas, con la cual se refundió la fiesta de las gymnopedias ó de los niños desnudos. Tenia esta por principaly casi exclusivo objeto, hacer un reconocimiento general de la juventud masculina de Esparta, para lo cual todos los jóvenes varones deflian presentarse en este dia desnudos en un sitio (1) Fragin. 3, ed. de Bergk. Pausan., IX, 5. Ateneo 626, 635. Plui-arco atribuye á los eforos el desacato de haber cortado una cuerda de la cítara de Terpandro; hecho que parece deducido de algun suceso posterior al poeta. (2) Plut. de inusic. c. 9. (3) Pausan., X, 7.
65. determinado y ejecutar, delante de los hombres de edad madura, toda suerte de ejercicios y evoluciones al objeto de mostrar la belleza, la fuerza y la agilidad de su cuerpo, ejecutando además danzas acompasadas y cantos corales en loor del rubio númen (1). Las armas de los espartanos no estuvieron mucho tiempo ociosas: la paz era una carga insufrible para este pueblo formado en los campamentos. Sin darse más tiempo que el necesario para descansar de las fatigas de tan larga contienda, declararon la guerra á los arcadios y tras breve lucha conquistaron el distrito de Aegis y los de Sciros y Cariae situados al Este del primero, con lo cual estendieron sus dominios hasta Tegea, comarca habitada por el grupo más guerrero y más valeroso de todo el pueblo arcadio, que contuvo la triunfante marcha de los conquistadores. Los scirenses vivieron desde entonces como perioicos de los espartanos, aunque con el privilegio de dar á su ejército un contingente de cierto número de hombres que formaban en el ala izquierda. A. partir de esta época, cuando las tropas espartanas marchaban en direccion al Norte, celebraban el sacrificio que solian ofrecer al trasponer las fronteras cerca de Cariae, donde habla un santuario consagrado á Diana próximo al bosque de Scotita que, desde este punto se extendía hasta los limites de Tegea. Pruébanos esto además, que los espartanos habían adoptado ya á la (1) Euseb. chron. a. 1351. Olymp. XXVIII, 4. Ateneo, 678, Lexie. rhet. 243. Herod. VI, 67.
66 sazon las fiestas de Artemis (1). Que la conquista de los mencionados distritos de Aegis, Sciros y Cariae corresponde á esta época se halla confirmado por eI autorizado testimonio de Pausanias y de Aloman, así como tambien por la circunstancia de aparecer Cariae en la segunda guerra de Mesenia como poblacion espartana (2). De mayor importancia fueron las conquistas que realizó Esparta en el territorio argivo, poco despues de la primera guerra con los mesenios. A lo ménos, parece seguro que los espartanos conquistaron por esta época 't los argivos toda la region oriental del Parnon, así como los puertos de Boea, Epidáuro Limera, Zarex y Prasias situados en la costa del Mediodía, con la isla de Citerea que se levantaba no lejos del golfo lacónico (3). Inmediatamente enviaron colonos espartanos á esta isla cuya administracion fué encomendada á un funcionario delegado de Esparta que se llamaba «juez de Citerea.» Atendida la situacion de esta isla, no es extraño que Tucidides llame á sus moradores unas vecesperioicos y otras dorios (4). Asentada su autoridad en estas comarcas, dirigieron sus armas contra la provincia de Cynuria, que á (1) Tucidid. V, 67. Jenof., helen., VI, 5, 25, VII, 28, 1 Hesych. ,Ykiros. Phot. Karilateia. (2) Paus. VIII, 39, 2. Alem. Fragm. 115. (3) Pausanias (III, 7, 5) supone que el mismo Teopompo, en los últimos años de su reinado, combatió contra los argivos, cerca de Thyrea , lugar famoso por las diversas batallas que , allí se dieron en el trascurso de estas guerras y en cuya circunstancia sin duda, se fijó Pausanias para hacerle tambien teatro de las hazañas del noble caudillo espartano. Por esta época no pudo extenderse la guerra más allá de la costa oriental de Laconia, aunque los cronistas la hacen coincidir con el año 718 y algunos fijan todavía fecha más elevada. Véase Clinton, Fastos helénicos, a. 718. (4) Tucid. IV, 53. VII, 57.
67 la sazon formaba parte de los dominios argivos y comprendia una buena porcion de la costa oriental. Habian ya sometido casi toda la provincia, cuando el ario 670, despues de trasponer el cerro de Parthenios, que se alza al Norte de Cynuria, y hallándose va por consiauiente en el verdadero territorio de Ar<os se trabó una gran batalla no lqjos de Hysiae, en la cual fueron los espartanos completamente derrotados (1). Esta victoria aseguró á los argivos la posesion de Cynuria que daban ya por perdida. Rechazados por este lado, trataron los espartanos de penetrar en Arcadia por el Norte de Mesenia, á fin de extender en esta direccion sus dominios, pero sufrieron un nuevo descalabro que les obligó á retirarse. Es verdad que, en un principio lograron apoderarse por sorpresa de' Figalia; pero auxiliados sus habitantes por los oresthasios reconquistaron de nuevo su ciudad, hácia el año 660 (2). (1) Pausan., II, 2.4, 7. (2) Pausan,, VIII, 39. 2.
SEGUNDA GUERRA DE MESENIA. Para un estado nuevo, los sucesos en el capitulo anterior expuestos envolvían gravedad suma y podian ser preludio de gravísimos trastornos. La situacion de Esparta se presentaba efectivamente preñada de peligros, y un levantamiento general de los mesenios estuvo punto de hacer estériles los esfuerzos de veinte años de lucha y derribar el edificio levantado sobre las ruinas de Mesenia. En los cerros que, en forma semicircular, coronan la llanura de Stenyclaros por el Norte hablase refugiado numeroso núcleo de valerosos mesenios, que repartidos en diversos pueblos lograron mantenerse libres del yugo espartano. Capital ó lugar principal de esta comarca era Andania, ciudad situada al Norte de Amfiiia, cerca dela frontera de Arcadia, por consiguiente, sobre la meseta que domina el valle de Stenyclaros. Las ruinas que aún se conservan de los muros de Andania son demostracion evidente de la importancia de sus fortificaciones, ya que en algunos puntos miden veinte piés de grueso nada ménos (1). (1) Curtius pe l op. II 133.
69 Hacia el 645, ó sea 65 años despues de la rendicion del Ithome, se inició en esta ciudad un levantamiento general de los mesenios contra los espartanos. El sentimiento de libertad que no habian podido extinguir tantos años de vasallaje, la durísima opresion que sufrían todos los mesenios sometidos al yugo de Esparta eran más que suficientes .motivos para moverles á encomendar una vez más su destino á la suerte de las armas. Las tradiciones del país ponen á la cabeza del levantamiento á cierto Aristomenes , natural de Andana, hijo de Nicandro, y por consiguiente, oriundo de la familia de Epyto que antes habia reinado en Mesenia: este caudillo hizo un llamamiento general á la juventud mesenia con ánimo de romper las cadenas de la dominacion extranjera. La primera batalla quedó indecisa, pero Aristomenes se introdujo en Esparta durante la noche y, sin ser por nadie observado, colgó su escudo en el templo de Minerva en señal de haber alcanzado la victoria (1). Al año siguiente se encontraron de nuevo los dos ejércitos, no lejos de Stenyclaros, en el lugar llamado la «comida del berraco» donde Hércules, despues de haber vencido á los hijos de Neleo, celebró con ellos un convenio que sancionó con el sacrificio de un berraco y cuyo recuerdo perpetuó colocando una gran piedra sobre el lugar del sacrificio (2) . . Trabada la pelea avanzó Aristomenes con 80 camaradas escogidos y decidió la victoria en favor de los mesenios. Los espartanos emprendieron la fuga siendo largo trecho perseguidos y Aristomenes regresó victorioso á An- (I) Pausan. IV, 15. (2) Pausan., IV, 21.
70 íiania , donde las mujeres le recibieron entonando el himno de la victoria y sembrando de flores el camino por donde pasaba su ejército. «Hasta el centro de lo campiña de Stenyclaros,» decían en sus cantos, «hasta la cumbre de la montaña. del Taigetes ha perse- ' Y14 ido Aristomenes las espartanas huestes.» El mismo caudillo ofreció al,J(tpiter del Ithome una hecatonfonia, ú sea un sacrificio en accion de gracias por haber (lado 19, muerte á cien enemigos y depositó su escudo, sobre el cual se veia un águila con las alas estendidas, en el santuario que Trofonio tenia en Lebadia de neocia, donde asegura haberle visto el historiador Pausanias (1). Abierto por todas partes el territorio espartano y :sin defensas de ninguna clase, pudo Aristomenes estender sus correrías hasta las cercanías de la capital; en una sus excursiones saqueó á Farae, situada en la vertiente oriental del Taigetes, y á unas cuantas horas de Esparta y en otra se llevó á las doncellas espartanas que estaban celebrando, con bailes y danzas, la fiesta de Artemis en Caryae, haciendo que ht:.sen respetadas y devueltas á sus familias mediante un fuerte rescate. El tercer año de la guerra se encontraron los dos .k-,jdrcitos en el sitio llamado «Gran hondonada.» Habíanse unido á los mesenios algunos arcadios proce- (lentes del Alfeo superior, conducidos por el rey Aristocrates de Trapezus. Pero seducido por los espartanos, el cobarde príncipe huyó luego con su gente, al comenzar la pelea, no sin introducir el desórden entre los mesenios por medio de cuyas filas atravesó de intento. Aristomenes hizo prodigios de valor, pero (1) Pausan., IV, 16 y 19. Pluth. sept, sep. conviv. p. 159.
71 todo fue en vano: sus más valientes guerreros quedaron tendidos en el campo de batalla, porque aprovechándose de la confusion que produjo la fuga del traidor aliado, los espartanos hicieron una horrible matanza en los enemigos. Cuando Aristomenes vió que no podia mantener el campo huyó con sus mermadas huestes á los montes de la frontera de Arcadia y se refugió en Eira. Este es uno de sus cerros más escarpados, que se alza al Oeste de Andania, cerca de la meseta que ocupan los figalios de la tribu arcadia. Cercaron los espartanos el cerro, pero los mesenios fortificaron todos los sitios accesibles y los defendieron con invencible denuedo durante los once arios que duró el terrible asedio, sin dejarse abatir por los calores del verano ni por los frios y hielos del invierno. Aristomenes logró burlar no pocas veces la vigilancia de los sitiadores y, bajando por cañadas y senderos , devastaba los campos que el enemigo les habla arrebatado y cultivaba como suyos, ejecutando otras muchas hazañas verdaderamente heróicas con trescientos guerreros escogidos. De esta manera llegó dos veces al Ithome, donde ofreció hecatonfonias en honor de Jove. En una ocasion descendió de la montaña durante la noche, cayó sobre Amiclae al despuntar la aurora y saqueó la poblacion antes que los espartanos de la capital pudiesen acudir á su socorro. Si grande era el arrojo de Aristomenes no era menor su serenidad y sangre fria en los peligros. En una de sus arriesgadas excursiones cayó prisionero. Pero observando que sus guardias se habian dormido al lado de la hoguera que habian encendido, se acercó al fuego arrastrándose, quemó las correas con que le
T2 tenían aprisionado y escapó ( 1 ) . Dos veces cayó así prisionero y otras tantas debió á su serenidad los medios de salvarse. Pero en un encuentro con el b enemicro le alcanzó en la cabeza una piedra que le hizo caer al suelo sin sentido. Inmediatamente se arrojaron sobre él los espartanos y le condujeron preso con cincuenta de sus animosos compañeros. Caudillo y soldados fueron condenados sin distincion á ser precipitados al abismo de Creadas, que era el suplicio que se aplicaba en Lacedemonia á todos los condenados á muerte. Todos los mesenios la hallaron efectivamente en tan terrible sima; únicamente Aristomenes quedó ileso. Tres dial llevaba, ya en el oscuro abismo esperando la muerte, cuando observó una zorra que se cebaba en los cadáveres de sus compañeros. Siguió los pasos del animal, cuando se retiraba, y notó que se mctia en un agujero por el que penetraba un débil rayo de luz. Comprendió desde luego que no podria salir sin ensanchar elagujero, pero esto no desalentó al indomable caudillo: las manos le sirvieron de pico y muy luego vió la deseada luz del sol. Corrió inmediatamente al Eira donde los mesenios recibieron con indicible júbilo al héroe resucitado. Entretanto continuaba el sitio del cerro. Habiase pasado á los mesenios un hilota espartano que habiendo logrado enamorar y seducir á la mujer de un guerrero, pasaba en su compañia las horas que el engañado esposo permanecia haciendo guardia en la muralla. Era el año onceno del cerco del Eira. Durante una noche de furiosa tormenta los guardias abandonaron sus puestos, creyendo con sobrado fun- (1) Polyaen. II, 31, 3. Plin. XI, 70. Valerio Máximo, I, 8.
'73 demento, que la tempestad guardaria la muralla mejor que ellos, no pudiendo sospechar que el enemigo se moviese de sus puestos en noche tan desapacible. El marido de la infiel esposa presentóse de improviso en su casa y el hilota se vió precisado á esconderse, no sin escuchar cómo el mesenio contaba á su mujer que la lluvia habia obligado á retirarse de la muralla á todos los que la guardaban. Al oir esto el hilota salió de su escondite y, en la esperanza de alcanzar una buena recompensa, corrió á comunicar á los espartanos la noticia. Sin perder un momento se pusieron éstos en marcha y escalaron la muralla sin encontrar el menor obstáculo. Cuando el ladrido de los perros anunció á los sitiados que el enemigo se hallaba dentro de la ciudadela, todos, hombres y mujeres, se aprestaron á la defensa de aquel postrer refugio; pero ya era tarde. Durante tres dias con sus noches pelearon como desesperados al cabo de los cuales se agotaron sus fuerzas y Eira fué sometido en medio de los truenos y de la tormenta (1). En el último extremo reunió Aristomenes los exiguos restos de su ejército, y colocando en el centro á las mujeres y los niños, inclinó la cabeza y bajó la lanza en señal de que pedia libertad para retirarse. Entonces los espartanos, formados en dos filas, dejaron libre paso á los restos del pueblo mesenio. Primero se refugiaron estos en Arcadia, para dirigirse luego á las costas del mar Jónico donde se embarcaron con rumbo á Italia. Aqui buscaron asilo en Reghion al lado de algunos compatriotas que se habian establecido en este punto despues de la primera guerra me- (1) Segun expresion del poeta Bakis, citado por Pausanias. IV , 27.
so cantor famoso que habia dado lustre á sus fiestas con preciosos himnos, y que por tanto, debia gozar muy particularmen te de sus favores. Bajo este punto de vista habia alguna relacion entre la comarca del Eurotas y la de Afidnas: en una y otra se daba culto á los dioscuros, y la leyenda, para estrechar más y más esta relacion, suponia que (habiendo los Tindaridas invadid® el Ática con la pretension de recobrar á Helena, obligaban á los pueblos á desamparar de miedo sus moradas. Pero entonces los cleceleenses, irritados contra Teseo, autor de aquel inicuo rapto, dieron cuenta á los Tindari das de todo el suceso, conduciéndolos hasta Afidnas, cuyos habitantes les abrieron las puertas (1).» El rey Afidnos señor de la ciudad mencionada adoptó como 7 hijos á los dioscuros, sin duda para desagraviarlos. La sola presencia de Tirteo ejerció tan poderoso influjo en el ánimo de los espartanos, que en breve los consejos del poeta acallaron todos los rencores y apaciguaron las interiores discordias. Pero en lo que más sobresalía el cantor de los caballerescos dioscuros era en el recitado de himnos guerreros; pues, segun hizo notar el mismo Leonidas, el c r manánimo 0 caudillo de las Termópilas , poseia este bardo una uncion especialísima para encender el ánimo de la juventud guerrera. Por eso despees que logró restablecer la concordia entre los partidos, trató de entusiasmar á los espartanos con sus canciones bélicas y (I) Herod. IX, 73. Plut, Thes. 31. 33. Que estas tradiciones eran corrientes en Esparta se desprende de lo que dicen Alcman. Fragm. 8 y Pausan., 1, 41.
81 de animarlos al combate con su propio ejemplo (1), En estos cánticos, llenos de númen poético, recordó á los espartanos «que los dioses ha,bian puesto en s us manos el país en que habitaban y que hasta su constitucion tuvo por fundamento la inspiracion divina. Por lo tanto, ni debia, temerse que su ciudad sucumbiera ni era justo modificar en ningun sentido una constitucion ordenada por los mismos dioses. En vez de abrigar tales pensamientos, debia recordar cada uno los hechos heróicos que sus antepasados realizaron en la primera guerra de Mesenia.» «El mismo Cronion, observa Tirteo en otra de sus elegías, esposo de la incomparable Juno, entregó esta ciudad á los Heraclidas, con los males nos trasladarnos nosotros á la anchurosa isla de Pelops, que cambiamos por la mísera Erineos, siempre azotada por el viento. Y los que dieron á Esparta sus leyes escucharon antes la voz de Febo, y trajeron de Piton el oráculo del númen y sus perfectas enseñanzas. Porque el monarca de dorada cabellera, que á todas partes alcanza con sus flechas disparadas con arco de plata, habló desde su santuario, á los que le consultaban, de la siguiente manera: «los reyes, por los dioses alabados, á quienes la muy digna ciudad de Esparta ha encomendado su custodia, reinarán con su consejo; seguiránles despues los venerables gerontes y tras ellos vendrán los hombres del pueblo que con rectitud dan á conocer el buen consejo. No se ha de hablar nada malo, ni se ha de cometer injusticia contra la ciudad, ni se la dará torcido consejo, y entonces su pueblo será fuerte y obtendrá victoria; pues así lo ha anunciado Febo (2).» (1) Plut, Cleomen. c. 2. Estrab, p. 362. Philocori. Fragm, 55. Diodor. XV, 66. Lyc. e. Leocr. p. 162. — (2) Tirteo, Fragm. 2-4, ed. de Bergk. 6
82 El siguiente pasaje del mismo vate, demuestra hasta qué punto habla cundido entre los espartanos la desmoralizacion y el abatimiento, en los primeros años de la guerra. «Para el hombre valiente nada hay más bello que morir luchando por la pátria entre los guerreros que forman la vanguardia. Por el contrario, no hay hombre más despreciable que el que abandona su ciudad y sus feraces campos para mendigar en tierra extraña. Sin morada fija anda errante llevando consigo á la querida madre y al anciano padre, á los tiernos hijos y á la jóven esposa; pero á donde quiera que vaya es odiado aquel que se ve agobiado por la necesidad y la pobreza. El mismo deshonra su familia y reniega de su vigoroso aspecto, pues por doquier le sigue el desprecio y la vergüenza. Por tanto, si el hombre vagabundo no goza de favor ni de respeto, si hasta de la compasion se ve privado, luchemos por esta hermosa tierra y por nuestros hijos, y demos por ella nuestra vida, si fuese necesario (1).» En otro de los pocos fragmentos que de las elegias de este vate han llegado hasta nosotros, dice: «¡Arriba! Vosotros sois los descendientes del invencible Hércules, tened valor, pues Júpiter, aunque enojado, no ha vuelto aún la espalda. No os cause miedo el número de los enemigos ni huyais; que el guerrero oponga su escudo al contrario de vanguardia. Que mostrándose enemigo de su propia vida, salude á los negros destinos de la muerte cual si fuesen apacibles rayos del sol. Vosotros, ó jóvenes, sois bien entendidos en el arte aniquilador de Ares que se complace en hacer derramar lágrimas; conoceis, por experiencia, el tumulto del cruel combate; habeis sido del número de (1) Fragm. X, 1-14.
83 los fugitivos y de los perseguidores, y sabeis hasta la saciedad lo que en tales casos acontece.» «Los que permaneciendo unidos se arriesgan á. sostener la pelea y á penetrar en el tumulto de las primeras filas enemigas, rara vez han caido, y en cambio han defendido al pueblo que les sigue ; pero los tímidos pierden toda virtud, y no es siquiera posible enumerar los males que de ordinario sobrevienen á los que así dán muestras de cobardía. Pues la herida que recibe por la espalda el cobarde que huye de la pelea es una mancha vergonzosa, y vergonzoso es siempre morir de resultas de una lanzada que se recibe por la espalda. Así, pues, que nadie descomponga las apretadas filas; antes bien, todos se mantengan firmes aunque tengan que morderse los lábios. Con el ancho escudo cubrirá el guerrero los hombros, el pecho, los muslos y las piernas; con la mano derecha manejará la poderosa lanza y en son de amenaza hará ondear el penacho sobre la cabeza. Luchando aprenderá á ejecutar heróicos hechos. El guerrero armado de escudo nunca debe retirarse fuera del alcance de las armas enemigas; siempre avanzando se dirigirá á su contrario, sin rodeos, y le matará con su larga lanza ó con la espada si las filas se han mezclado. Chocando pié contra pié, escudo contra escudo, yelmo contra yelmo, penacho, contra penacho y pecho contra pecho, lucha el buen soldado con su contrario, llevando siempre en la mano la lanza ó el puño de la espada. Pero los que formais la infantería ligera, ocultaos acá y allá (Jetras de los escudos, arrojad al enemigo grandes piedras y lanzad sobre él las azagayas, sin aparta•os mucho de los que llevan pesadas armaduras (1). (1) Fragm. 11.
84 »Así debeis pelear, vosotros ¡oh jóvenes! permamlneciendo siempre unidos, sin esparcir el terror en las filas, ni huir vergonzosamente; antes bien debeis acrecentar el valor de vuestro pecho y despreciar la vida siempre que os ralleis delante del enemigo; aún en la retirada no debeis dejar atrás á los ancianos cuyas piernas carecen de ligereza y de flexibilidad para la huida. Pues es vergonzoso para los jóvenes que un anciano caiga en las primeras filas y que el hombre encanecido y de blanca barba, rinda en el lolvo s• alma valerosa; él jóven guerrero que esto Consienta hallará el castigo de su cobardía cuando se vea caido por tierra, nadando en su sangre y sin más vestido que sus manos para cubrir su verOenza. La gloria del gúerrero está en caer en las primeras filas y el que así lucha, mientras conserve la hermosa flor de la juventud, gozará toda su vida (.k la estimaeion de los hombres y del amor de las mujeres (1). »No merece las alabanzas del poeta, ni el respeto de los hombres aquel que en la guerra no se ha mostrado valiente y animoso, aunque posea ligereza en la carrera, ó habilidad en el pugilato, ó tenga la grandeza y fuerza de los Cíclopes ó sobrepuje al mismo floreas tracio (2) en la velocidad de la carrera, ó sea su aspecto más agradable que el del mismo Tithono, ú posea más tesoros que Midas y Cinyras, sea un príncipe más poderoso que Pelops, hijo de Tdritalo, ó maneje el habla con tanta dulzura como Adrasto ó posea todas las-glorias imaginables que no sean las de la guerra; nada merece el que no se halle (1) Fragor. X, 14.-30. (3) Viento Norte procedente de Tracia.
85 dotado de valor para mirar cara á cara á la horrible muerte y para hacer frente á un enemigo. »Esta es la más gloriosa virtud y el más preciado galardon que el jóven puede alcanzar entre los hombres. El soldado que siempre marcha al combate entre los primeros, que desprecia la vergonzosa fuga y se desprende generosamente de su vida animando con su ejemplo y sus palabras al que marcha á su lado, es el más precioso bien de la ciudad y del pueblo. Este es un hábil guerrero y no pocas veces un solo hombre de estas cualidades, lleno el corazon de un valor como de leon , ha hecho retroceder á las apretadas huestes enemigas y ha contenido el impetuoso oleage de la pelea. »Si el buen guerrero pierde la estimada vida peleando en primera linea, con honra para la ciudad, para el pueblo y para su padre, atravesando no pocas veces el arma que le dá muerte su escudo y su coraza, le lloran sin distincion jóvenes y viejos; la ciudad entera lleva por él luto; todos honran su sepulcro y respetan á sus hijos, á los hijos de sus hijos y á su descendencia durante muchas generaciones, porque su. nombre y su ilustre memoria nunca perecen. Aunque sepultado debajo de la tierra, el que en la ruda pelea. dá la vida por la pátria y por sus hijos en aras del implacable Marte, su memoria es inmortal. Pero si escapa á los golpes de la destructora muerte y con su lanza conquista la gloriosa fama de la victoria, entonces todos, jóvenes y viejos le honran y despues de gozar acá inefables alegrías, desciende al reposo del Hades. En su vejez descuella entre todos sus conciudadanos y nadie intenta privarle de sus derechos ni disminuir su honra. Por el contrario, cuando él se acerca, los jóvenes, los de su misma edad y aún
8(3 más ancianos se levantan de sus asientos. Trabaja de todo corazon para alcanzar tan elevada virtud y no cejes en la lucha (1).» Ti•teo no solo compuso elegías con objeto de aconsejar á los espartanos la concordia y de infundir1:s valor y bélicos impulsos, sino tambien breves cánticos marciales que se entonaban durante las marchas y en el momento de atacar al enemigo, los cuales debieron ejercer poderoso influjo en el ánimo ex- .raordinariamente impresionable de aquellas gentes. Más tarde se dió á estos himnos el nombre de cantos mesenios, en atencion á la época y circunstancias en que rueron compuestos (2). De estos pequeños cánticos bélicos solo uno ha Hedo hasta nosotros del tenor siguiente: «¡Arriba, vosotros, hijos de los animosos padres de esta varonil EsI,Irta! Con la mano izquierda echad delante el escudo y herid valerosamente con la lanza: no os dé cuidado la vida; tal es el uso de Esparta! (3).» Antiguos escritores aseguran que el poeta que tanto contribuyó á levantar el abatido espíritu de los espartanos, era maestro de escuela en Afidnas, cojo y contrahecho, y que los atenienses á fin de obedecer al oráculo sin prestar efectivo auxilio á Esparta, enviaron á sus rivales este hombre en son de burla. Pero semejante suposicion carece de fundamento y es, segun todas las apariencias, tina idea inventada posteriormente para explicar la rivalidad que surgió más tarde entre los dos pueblos. Para ir á Esparta no ne- •esitaba 'Fideo obtener permiso de su gobierno, y de seguro no se le ocurrió pedirle: tampoco la aristocra- (0 Fragua. 12 y 13. (21 Maller, Los dorios, II, 335. (3) erapn. 15
81 cia de Atenas tenia, á la sazon, motivo alguno para mostrarse hostil á la de Esparta. Hay quien opina que la supuesta cojera de Tirteo no es más que una expresion simbólica con que se quiso designar la medida del verso elegiaco, el paso cortado del pentámetro en oposicion á la marcha uniforme y progresiva del hexámetro. Ménos fundamento tiene el calificativo de maestro de escuela, que únicamente podia aplicársele en el sentido de que el canto y la música eran en su época los únicos asuntos que se enseñaban á la juventud griega (1). Muy luego echaron de ver los mesenios el cambio que habia sufrido el ejército espartano y el ardor bélico de que se hallaba animado. Antes que finalizase el tercer año de la guerra, se efectuó un cambio completo en la situacion de los beligerantes; la coalicion de los arcadios, pis ates y mesenios se desbarató ante el empuje de las huestes espartanas entusiasmadas por Tirteo. Aunque los pisates sacudieron definitivamente el yugo de los eleos, no lograron sobreponerse á éstos, y así vemos que la fiesta Olímpica del año 640 se celebró de nuevo bajo la direccion de los eleos. Segun digimos antes, viéronse precisados los mesenios á retirarse á Eira, último baluarte de su independencia. Ya en este momento su situacion era más desesperada que nunca lo fué en la primera guerra; puesto que entonces pudieron sostenerse hasta el último trance en el Ithome, ó sea en el cen- (1) Pausan., IV, 15. Justillo, II1, 5.
tro del país, miéntras que ahora tuvieron que retirarse á la frontera de Arcadia. En este rincon del país mesenio se alza el mencionado cerro á una al-- tura de más de cuatro mil piés, á considerable d1tancia del valle y separado de Arcadia tan solo por el Veda. Ceñido por dos arroyos que del Norte bajan á desembocar en este rio, con empinadas vertientes cubiertas de maleza y árboles hasta muy cerca de la cima, ofrecia esta montaña un asilo seguro cuyas naturales defensas tenian excelente apoyo en la proximidad de un pueblo aliado, particular enemigo de los espartanos, como era el de Figalia y su comarca. A este lugar se retiraron los mesenios con sus rebaños y haberes. Los pasos y desfiladeros de la montaña ofrecian fácil defensa y para mayor seguridad coronaron de muralla la cumbre; los restos de este muro que todavía se conservan, dán bien claramente á entender la premura con que fué levantado. Desde luego se comprende que la torna de tan inmensa ciudadela no era empresa fácil ni obra de un momento, y no hallamos inconveniente alguno en admitir la tradicion, segun la cual, los mesenios del Eira resistieron once años consecutivos el asedio de los espartanos. Más dificil seria creer que estos tuviesen la constancia y el valor necesarios para. tan larga contienda, si no viésemos en ello la obra del inspirado poeta de Afidnas. Merced á sus entusiastas predicaciones, sostuvieron con ardor la lucha hasta que el éxito más completo coronó sus esfuerzos. Los últimos restos del pueblo mesenio abandonaron el país, gracias á la generosa benevolencia de los vencedores y estos no solo volvieron á entrar en pose sion de las conquistas hechas en la primera
89 guerra, sino que acrecentaron sus dominios con la anexion del montañoso distrito que entonces conservó su independencia, cuyos moradores, reducidos á un insignificante guarismo durante una segunda guerra de catorce años, abandonaron para siempre su amada pátria, hácia el año 630. Los espartanos, como si temiesen perder ocasion tan favorable, extendieron entonces sus conquistas por toda la costa occidental de Mesenia,. Pero aunque se contentaban con reducir á la categoría de perioicos á sus habitantes, la mayoría de éstos no aceptaron esta nueva sítuacion sino cediendo á la fuerza, y algunos, como los aqueos de Pylos y Methone, quisieron mejor unir su suerte á la de los mesenios con los cuales emigraron á Rhegion. De esta manera quedaron los espartanos en pacífica posesion de toda la parte meridional del Peloponeso, desde Prasias hasta la desembocadura del Neda. * * Pausanias pone la segunda guerra de Mesenia entre los años 685 y 668. Por tanto, supone que duró diez y siete años, siquiera no cuente sino los sucesos de los tres primeros, admitiendo con Rhianos que el sitio ocupó once. Segun eso la guerra duró tan solo catorce y así lo dan á entender escritores y tradiciones de nota. Hay, es verdad, algunos que la atribuyen una duracion de veinte años, pero es, sin duda, por darla igual importancia que á la primera (1). Por lo demás, el mismo historiador nombrado parece ignorar la época á que corresponden estos catorce años y hasta con franqueza confiesa que le son desconocidos los reyes que á la sazon gobernaban en (1) Pausan. III, 3. IV, 18. 23.
96 La nobleza helena no tanto buscaba su libertad en su completo aislamiento de la plebe, como en la influencia que podia ejercer sobre la misma viviendo á su lado y haciéndola testigo de todos sus actos. La aristocracia se presentó, pues, como un cuerpo uniforme, de costumbres tan nobles como su sangre, como una masa compacta de hombres adiestrados en el manejo de las armas, cuyos ataques, por consiguiente, no podían en modo alguno resistir los reyes con los escasos medios de defensa que tenían. La perfecta solidaridad de intereses que habia entre los nobles helenos, les hacia comprender que, con la abolicion de la monarquía, no sufria perjuicio la unidad del pequeño estado ni se menoscababa su fuerza. Segun vimos anteriormente, Aristóteles explicaba el origen de la monarquía, suponiendo que en los primitivos tiempos los pueblos habian premiado servicios especialísimos prestados á la comunidad por individuos afortunados, elevándolos á la dignidad de reyes ó jefes supremos de dicha comunidad y; de esta suerte, habian ejercido aquellos su autoridad sobre súbditos que libremente 'labial' delegado en ellos sus poderes, dentro de límites definidos. Pero habiéndose multiplicado, con el trascurso del tiempo, el número de personas que por servicios análogos y sus especiales dotes se habian hecho acreedores á un premio semejante, éstas no quisieron -sufrir por más tiempo la autoridad del soberano y la sustituyeron con el dominio de todos ellos, ejercicio de comun acuerdo sobre el pueblo (1). Uno de los Estados en que primero empezó á vacilar la monarquía fué Esparta, donde la lucha de las (1) Aristot pol. III, 10,
97 dos familias reales dejó mal parada la autoridad soberana, ya que, segun vimos antes, Licurgo limitó los derechos de los reyes, y obligó á los príncipes que aceptaro n el pacto de familia, á someterse al consejo de representantes de la aristocracia y á escuchar el parecer de la Asamblea general de los nobles en todas las cuestiones de importancia. .No cabe desconocer que en Esparta, estas restricciones con que se limitó el poder de los reyes , fueron precisamente las que salvaron la monarquía, sirviendo de garantia para la conservacion de este sistema. Pues como observa Aristóteles, «la restriccion de la autoridad de los reyes sirve, por necesaria consecuencia, para darla mayor fuerza y más larga duracion ; ya que los monarcas, cuando se hallan sometidos á las leyes, muéstranse ménos despóticos y, observando una conducta más semejante á la de sus vasallos, estos no ven en ellos un motivo de envidia ; por tanto, resulta que la limitacion del poder soberano en vez de disminuir el prestigio del monarca le realza, y en cierta manera le robustece (1).» Por este medio supo mantener Esparta, sin cambios esenciales, su manera de vida y los principiosfundamentales de su derecho , conservando la antiquísima institucion á la que iba inseparablemente unido el recuerdo de la fundacion del Estado y de todos los grandes acontecimientos de su historia. Pero hay que reconocer que Esparta constituye una excepcion entre todos los cantones y ciudades de Grecia que solo tiene parecido en los molosos del Epiro, los cuales mantuvieron igualmente la monarquía con ciertas restricciones fijadas por la Constitucion (2). (1) Aristot. poi.. V, 9, 1. (2) Aristot. pol. V. Plut. Pyrrh. 5. TOMO VII. 7
98 En capítulos anteriores hemos dado á conocer el cambio efectuado en Tesalia, cuya monarquía fué sustituida por el gobierno de los nobles. Y aunque más tarde la familia aleuada, que pertenecia á esta clase, obtuvo por causas de que allí hicimos mencion, un poder casi soberano, y se estableció un gobierno en todo semejante al de la monarquía, la verdadera soberanía residia en el cuerpo de la nobleza. Igual cambio se verificó en las ciudades de Beocia hácia la mitad del octavo siglo, y abstraccion hecha de Esparta, el reinado de Fedon el argivo es el último de alguna importancia que nos ofrece la historia de la monarquía helena. Porque si bien es cierto que por algun tiempo conservaron todavía Argos y otros cantones griegos el nombre y la dignidad de reinos, en todos había perdido la monarquía su fuerza y su antiguo prestigio. La nobleza creyó oportuno conservar el - nombre de reino, despues de privar de su autoridad al monarca, á fin de no verse precisada á cambiar Cambien las relaciones del Estado para con los dioses. Por eso vemos al frente de algunos cantones un príncipe que llevaba el nombre de rey aunque sin la autoridad de tal, cuyo cargo era unas veces hereditario y otras electivo, y que tenia el deber de ofrecer á los dioses los sacrificios que desde la más remota antigüedad ofrecían los monarcas. Fácilmente se comprende que los griegos, inspirados por el sentimiento esencialmente religioso que les caracteriza, no se atreviesen á introducir radicales reformas en los ritos con que presentaban á los dioses sus ofrendas y sacrificios. Despues del establecimiento de los dorios en Co-
99 rinto y como consecuencia, sin duda, de la reforma que en su gobierno introdujeron, vemos que el pueblo de esta comarca se dividía en ocho filas, tres de las cuales, que eran las más importantes, llevaban los nombres de hyleos, clymanos y parnfylos. Comprendian estas tres agrupaciones todas las familias doricas de la comarca, ó sea la conquistadora nobleza, pero la circunstancia de hallarse el resto del pueblo dividido en análogas agrupaciones, nos dá claramente á entender que, si estas filas gozaban de especiales privilegios, no existia, sin embargo, entre vencedores y vencidos la brusca separacion que habia en Esparta entre dorios y aqueos. Al decir de Suidas esta division del pueblo corintio en filas, procedía de Aletes, y, puesto que en Corcyra figuran tambien los hyleos, debemos admitir como verdadera la existencia de las tres privilegiadas agrupaciones en Corinto. En Argos habia cuatro filas: de hyleos, pamfylos, Dymanos y la de los hyrnathios que se componía de aqueos y ocupaba una posicion inferior á las tres primeras, aunque no tan penosa como la de los orneates, nombre que, segun parece, se daba á los habitantes de Ornea y de otros pueblos de la provincia de Argos, reducidos por los conquistadores á la categoria de perioicos. En Sicion, al lado de las tres filas de nobles dorios, vivian los egialeos que formaban una tribu especial. Los soberanos de Corinto no se hacian descender de Hilo, sino de Antioco, que era tambien hijo de Hércules. A Aletes, fundador de la dinastía corintiana, sucedieron en el mando Ixion, Agelao y Prymnis que, como su progenitor, llevan el nombre de reyes de Corinto. Pero hácia la mitad del noveno siglo pasó el cetro á Baquidas, que se hacia tambien
100 descender de Hércules y del que fueron sucesores Eudemo, Aristomedes y Telestes (1). Los corintios no celebraban las Carneas ó sea la fiesta principal de los dorios del Peloponeso. A propósito de esta solemnidad, debemos recordar una tradicion, segun la cual, Hippotes, padre de Aletes, fundador de la monarquía dorica de Corinto, dió muerte al adivino Carnus, en el campamento de Naupactos. Este adivino es sin duda una personificacion del Apolo Carneo ó profético y con la mencionada leyenda se quiso significar la falta de las Carneas en Corinto ó su supresion por el supuesto matador de Camus. Próximamente cien años despues que Baquidas subió al trono (le Corinto, fué asesinado el rey Telestes, hijo de Aristomedes, y á su muerte, la nobleza abolió la monarquía, sustituyendo el cargo de monarca por un iwitanis que llevaba la direccion de los negocios públicos y era elegido todos los años. Pero segun advertimos antes, á fin de no introducir modificacion alguna en las relaciones del Estado para con los dioses, se dejó á los antiguos reyes en posesion de uno de sus más preciados derechos. Contentóse, pues, la nobleza con haber derribado la monarquía para ejercer por sí misma la verdadera soberanía, pero dejando á los Baquiadas la exclusiva prerogatiN/a de poder ser elevados á la dignidad de pritanidas 9 (1) Pausan. II, 4, 4. Diodor. Fragm. lib. VIL Agelao aparece dos veces en esta lista de reyes y Automenes, que reinó un año, es el primer pritaneo. De Agemon y Alejandro se dice que reinaron cuarenta y un años en lugar de Telestes, hijo de Aristomedes, al que además se atribuye un reinado de doce. Por este medio se logró poner en la lista cinco Aletidas y otros tantos Baquiadas, cuyos reinados abrazan un período de 327 años, que no se llena sino merced á los ordinarios subterfugios de los cronógrafos.
101 siquiera tuviese ménos valor ese privilegio por corresponder á más de 200 individuos que á la sazon componian la familia de Baquidas. De esta suerte quedaba reducida la dignidad. de monarca á la categoría de un empleado de. eleccion anual, sobre el cual pesaba la obligacion de dar cuenta de su administracion á la asamblea de la nobleza que de' hecho ejercía la autoridad soberana. El año 745 antes de Jesucristo, aparece el primer pritanis de la familia de Baquidas al frente del gobierno de Corinto. Así se desprende dorara ente de varios pasages de antiguos escritores, como Pausanias, y lo confirman los hechos análogos que nos ofrece la historia de la constitucion ateniense y la de otras tribus helenas. Diodoro supone que los mismos Baquiadas nombraban de su seno un presidente ó pritanis, lo cual es absurdo, pues equivaldria á suponer que solo se habia verificado un cambio de nombre en el gobierno (1). Al decir de Aristóteles, el gobierno de Periandro y de Cipselo abraza un periodo de 70 años y puesto que el primero murió hácia el 585, el mando de su antecesor, Cipselo, debió empezar hácia el 655, de suerte que la pritania de los Baquiadas, que, segun el mismo Aristóteles asegura, comprende unos 90 años, tuvo principio el 745. No hay tamp oco verdadera contradiccion entre estos datos y el aserto de Estrabon cuando dice que esta oligarquía de los Baquiadas duró casi 200 años, ya que el ilustre geógrafo incluye en ese gobierno los reinados de Baquidas, Eudemo, Aristomedes y Telestes, que por lo n'i.mos abrazarán un período de 110 años (2). (1) Plut. Pyrrh. 5. Diod. Fragm. lib. VII. (2) Diogen I,aert. I, 95. Aristot. de republ. V, 9. Estrab. p. 3-r5.
102 Sin duda alguna las tentativas de Fedon para someter á su dominacion la comarca de Corinto, allanaron á la nobleza el camino para llevar á cabo la abolicion de la monarquía. A la muerte del caudillo argivo, acaecida, segun vimos antes, en el momento en que más segura creia la realizacion de sus planes sobre esta ciudad, levantáronse los nobles, apoderáronse del mando y los Baquiadas se sometieron al nuevo ()rica establecido por los magnates, á lo que parece g in resistencia. Admitieron desde luego la pritanía, satisfechos ' de conservar sí una posicion elevada, de mantener, con respecto á la nobleza, cierto carácter dinástico y un prestigio `que trataron de robustecer por todos los medios posibles, pues se sabe que nunca en sus matrimonios contraian alianza sino entre ellos mismos (1). Tan amistosas eran las relaciones de los Baquiadas con la nobleza, que nunca trataron de restablecer la antigua monarquía, antes por el contrario, asimilaron en términos sus intereses con los de la aristocracia, que ésta no halló inconveniente en conservar al nue-, o sistema de gobierno el nombre de la antigua régia familia. Por eso vemos que el régimen oligárquico de Corinto echó muy hondas raíces y sirvió de modelo á los nobles que realizaron cambios análogos en otras comarcas. Apenas habian trascurrido veinte años desde la institucion de la pritanía de los Baquiadas, cuando el corintio Filolao, derribada ya la monarquía de Beocia, dió á los tebanos una Constitucion basada en principios esencialmente aristocráticos (2). (1) Herod., V, 92. (2) Aristot. :ep. II, 9, 6-8.
103 * Desde la invasion de los dorios en el Peloponeso, gozaba Corinto fama bien merecida de ciudad marítima y de ser importante centro de la industria. La situacion de la ciudad, que ocupaba una altura en el estrecho istmo de su nombre, y el escaso territorio que comprendia su comarca, impulsaron desde luego á sus habitantes á buscar en la navegacion lo que la tierra no podia darles, y de la pesca que primeramente les suministró alimento nacieron muy pronto verdaderas expediciones marítimas. Los egialeos, antiguos moradores de la comarca, de raza jónica, continuaron viviendo entre los conquistadores dorios, bajo condiciones relativamente favorables que les permitian ejercer, aunque tal vez en menor escala que antes, las industrias que sin duda aprendieron de colonos ó mercaderes fenicios, corno la navegacion, el arte de tejer, de teñir, de fundicion y de forja. En un principio y cuando ya los jonios de Eubea y los dorios de Epidauro y de Argos monopolizaban casi por completo el comercio del Egeo, los corintios limitaban sus correrías al estrecho y largo seno que bañaba su reducida comarca, en el cual nada tenian que temer sus naves. Pero despues de la caida de la monarquía empezaron á estender sus viajes marítimos en direccion á Occidente y á ensanchar sus relaciones comerciales. j T a en la época en que el padre de Hesiodo atravesó en su nave el mar, desde Cumas hasta el golfo de Eubea, ó sea hácia el año 800 antes de Jesucristo, habian cruzado los navegantes cumenses toda la parte S. O. del Egeo, puesto que dando vuelta al promontorio de Malea llegaron por esta época á las regiones occidentales que entonces se llamaban desconocidas.
04 Más allá de Trinaquia desembarcaron en la isla de Aenaria, hoy Ischia, situada frente á la costa de los opiceos, y al ver que el comercio con las tribus de los que ocupaban la costa, les brindaba con noausones q tables beneficios, establecieron una colonia en aquel Algun tiempo . unto o despues creyéronse ya suficienp temente fuertes y seguros para fijarse en el continente, en un lugar próximo á la mencionada isla y allí, sobre una empinada colina roquiza que forma la extremidad del monte Gauro, levantaron una villa á la que dieron el nombre de su pátria. Resulta, pues, que Cumas era en Occidente la más antigua colonia de los griegos, ya que su origen, segun todas las probabilidades, es con mucho anterior al de la colonia de Teocles. Sin embargo, á juzgar por el horizonte geográfico que abrazan las poesías homéricas, bien puede asegurarse que no se remonta más allá del año 850 (1). Los cumenses creian que habian llegado nada ménos que al fin del mundo y que se hallaban en el sitio que fué teatro de las más famosas aventuras y navegaciones de Ulises. En su sentir era la comarca escogida para su residencia el país de los cimerios, situado, segun los poemas de Hornero , en los confines occidentales del globo terráqueo y no lejos de la entrada de los infiernos. El carácter volcánico de toda la costa, el Vesubio que lanzaba, al Sur de Cumas, densas nubes de humo y de rojiza lava y las anchas grietas que atestiguaban la presencia de cráteres apagados, confirmábanles en tan extraña creencia. En un cráter casi lleno de agua, que habia al Sur (1) Estrabon opina que Cumas era una colonia fundada en comun por los cumenses y los chalcidios. Estr. p. 243. Veleyo, I, 4. Scymn. Ch. v. 235.
105 de la ciudad, reconocieron los cumenses el lago aquerusio. En el lago Aornos, situado al Norte y rodeado á la sazon de impenetrable bosque y empinadas rocas, se les figuró ver nada ménos que la laguna Estigia y la bajada á los infiernos; lugar tremendo por donde el animoso Ulises descendió al abismo y por cuyos airededores revoloteaban las sombras de los muertos. El promontorio de Miseno ó los islotes que se alzaban en las cercanías, fueron en otro tiempo residencia de las sirenas, y más al Norte, en el cabo de Tarracina, estaba enterrado Elpenor, , compañero infortunado del monarca itaciense. La isla de Circe no era otra que el cabo de Circeo (Circeiz); y en realidad las lagunas ó pantanos que , por la parte de tierra rodean este saliente cabo, daban lugar á creer que lo que entonces era promontorio fué en otro tiempo isla (1). Las dos Cumas, la antigua y la moderna, mantuvieron siempre estrechas y amistosas relaciones; así vemos que los oráculos emitidos por las profetisas del Ida se consideraban como propiedad de ambas poblaciones; y entre las rocas próximas al lago de Aornos se vela una gruta donde moraba la Sibila que pronunciaba estos oráculos. Muchos años trascurrieron antes que los griegos se atreviesen á imitar el ejemplo dado por los cumenses. Pero al cabo de algun tiempo un barco de Chalcis, conducido por Teocles, zozobró en la costa oriental de Sicilia. La exhuberante vegetacion de aquella co- (I) Estrab. p. 23, 26 y 243. Plinio, hist. nat. III. 5.
1.! 112 ria. Dentro de la poblacion ó en sus cercanías descubrióse, más tarde, la cueva en que Jason sostuvo amorosos coloquios con Medea, y que los fundadores de Corcyra no podian ménos de guardar como preciosa reliquia, siquiera en atencion á que el caudillo de los argonautas fuá el modelo de aventureros y navegantes y reinó por algun tiempo en Corinto. Tambien Juno, poderosa protectora y guia de la expedicion argonauta, tuvo su templo en la playa de Corcyra. Era el suelo de la isla fértil en extremo y daba principalmente vino y aceite, que los colonos griegos llevaban á la próxima costa del Epiro para cambiarlos por ganados, lana y pieles, que poseian en gran abundancia los epirotas, thesprotas, jaones y molosos. Llevabánles además los corcyrenses diversos productos de la industria córintiana, que ejercian en su nueva pátria, como vasijas de barro pintadas, hermosos tapices, telas estampadas ó teñidas y objetos de metal fundido ó forjado, particularmente armas (1). Tambien los colonos de Siracusa, aunque su principal ocupacion era la agricultura, hacian gran comercio en estos mismos productos con ,las tribus siciliotas, circunstancia que no poco debió contribuir al extraordinario desarrollo de la colonia. Así vemos que setenta años despues de la fundacion de Siracusa se hallaban en disposicion de levantar dos nuevas ciudades: Ahrae sobre los montes que se alzan en las inmediaciones de la metrópoli y Enna, situada casi en el centro de la isla, sobre la meseta que ocupa todo el interior, no lejos de la orilla izquierda del (1) Aristot. de mirab. ausc. e. 104. Hesiquio, Kerki‘raioi amforeis. Ateneo, I, 49. Pollux, Onomasticon, I, 149. Ael. var. hist. III, 24.
113 Himera superior . La fundacion de estas ciudades tuvo lugar hácia el ario 665 (1). * go * Que los corintios realizaron notables adelantos en la navegacion, lo demuestran las importantes mejoras que introdujeron en la construccion de sus naves. De la lectura de los poemas homéricos se desprende que en el siglo IX poseian ya los griegos anchos buques propios para el trasporte de mercancías, los cuales eran movidos por veinte remeros y otros muchos mayores impulsados por ciento y á veces por ciento veinte remadores. Construianse además otros largos y estrechos que cincuenta remeros hacian mover con facilidad suma, y se empleaban particularmente para viajes rápidos, expediciones piráticas y ataques de sorpresa ó para la guerra. Muy luego ocurrió á los marinos griegos la idea de que podria aumentarse, de un modo extraordinario, el andar de estas naves siempre que se doblase el número de remadores sin modificar su longitud ó su anchura. Era esto último imprescindible condicion de la bondad del buque, pues si se aumentaba su longitud hacíase más difícil su direccion y ménos sólida su estructura, tanto para resistir los embates de las olas, como los ataques de barcos enemigos; si se aumentaba su anchura se hacia crecer, al par que su peso, la resistencia al rompimiento de las olas. Sin duda alguna estas consideraciones hicieron nacer entre los corintios la idea de construir naves de tres pisos, en cada uno de los cuales pudieran colocarse cincuenta remadores. De esta suerte se triplicaba la velo- (1) Tucid. VI, 5. Estéban de Biz. Enna. Estrab. p. 213. TOLO VII. 8
114 cidad del buque sin modificar los dos factores que podian influir en su solidez y marcha, poniéndole, además , en excelentes 'condiciones para vencer en el combate naves de mayores dimensiones (1). Los primeros barcos de esta clase se construyeron en Corinto al terminar el siglo VIII. Sobre las antiguas naves, cuyos remadores se hallaban al descubierto, y expuestos, por consiguiente, á los golpes del enemigo, tenían éstas la incontestable ventaja de que dos filas de aquellos, á lo ménos, estaban cubiertas por los costados del buque, y quizás algunas veces las tres. El año 704, un corintio, por nombre Ameinocles, guiándose por los modelos que labia visto en su pátria, construyó para los samiotas varias naves de tres bancos de remos. Y aunque todavia se usaron en Grecia las antiguas de cincuenta remeros durante más de dos siglos, nunca aparecian en batalla frente á las nuevas de tres bancos (2). Desde la época de A.meinocles trascurren sobre cuatro siglos sin que hiciera progreso alguno la industria naviera de los griegos ni se mejorase la forma ó construccion de sus naves. Durante tan largo periodo no se introdujo en éstas más modificacion que la de cubrir todos los costados del buque, en vez de los dos que se cubrian antes y la de añadir seis remadores más á los 150 que tuvieron en un principio (3). triad es advertir que un barco de esta naturaleza, eon sus remeros, pilotos y marinos de diversos servicios, exigia una tripulacion de 200 hombres. Y sin (1) Tucid. 1, 13. (2) En la batalla de Salamina pelearon todavia naves de cincuenta remos. (3) Tucid. 1, 13.
115 embargo no era su volúmen tan considerable que no pudieran ser fácilmente arrastrados á la arena y botados de nuevo al agua por los mismos que los tripulaban. El casco estaba construido de tablas de pino toscamente unidas, y para travesaños, costillas de la nave y demás elementos de gran resistencia, se usaba el plátano (1). Las naves de tres bancos solian tener de 80 á 90 piés de longitud , 20 de anchura y una altura de 15 piés, tornada desde la quilla á la cubierta. Los remadores del banco superior manejaban remos mucho más largos que los de las otras dos filas, por lo cual era Cambien su trabajo más petado. Cada série llevaba un nombre especial: los de la superior se llamaban th,ranitas, los del medio zeu 1 quitas y thalamitas los del banco inferior. Desde luego se comprende que cada fila usaba remos de longitud diferente, midiendo unos 15 piés los de la superior y 10 los de la inferior ocupada por los thalamitas. Los remos encajaban en una abertura del costado y estaban, además, sujetos á la cabilla por medio de un lazo (2). Estas aberturas, semejantes á las troneras de los buques modernos, tenian el diámetro suficiente para dar salida á la cabeza de un hombre. Los espacios de la nave estaban medidos con severa exactitud; y á la verdad, no es excesiva lá longitud que hemos indicado para un barco que llevaba enfilados de veinticinco á veintisiete remeros en cada (1) Platon, Leyes, 705. (2) La longitud de los remos está calculada por los yAnat zeptyht, de los astilleros aticos, hácia el año 350 antes de Jesucristo; estos tenian de nueve á nueve y inedia varas de longitud. Bückh, documentos sobre marinería, p. 113. (Urkunden nber das Seovesen). Tucidides, II, 93.
116 banco. Y por lo que á la altura respecta, suponiendo que el banco interior estuviese tan sólo á 2 piés sobre el nivel del agua y que entre cada série de bancos mediasen otros 3 piés, resultan 8 á 10 piés sobre dicho nivel, que suponen por lo ménos 5 de fondo. El ancho de la nave debia ser igual por lo ménos á la loniii.1“1 de los remos, á fin de que éstos pudieran introducirse fácilmente dentro del casco; por tanto debia mediar entre ambos costados un espacio de 15 piés próximamente. De la descripcion que hace Herodoto del puente de barcas que mandó construir Jerjes sobre el Bósforo, se desprende que los barcos de guerra, de cincuenta remos, tenian á la sazon un ancho de 15 pies, por término medio, de suerte, que los de tres bancos no podian medir menos de 18 á 20 pies de anchura. A pesar de estas dimensiones no habia espacio suficiente á bordo para que pudiese vivir allí cómodamente una tripulacion numerosa. Por tanto no debe maravillarnos que los marinos griegos saltasen á tierra siempre que podian, para guisar, hacer sus comidas y alin para dormir: en general, solo permanecían á bordo el tiempo indispensable para desempeñar sus respectivos servicios, á no verse precisados á ello por viajes largos, hechos en alta mar. Pronto se ofreció á los corintios ocasion de hacer uso de sus nuevos barcos de guerra en una contienda que ellos mismos suscitaron contra sus propios hermanos, los colonizadores de Corcvra. Parece ser que el rápido crecimiento de esta colonia despertó la envidia de los corintios, que se trasformó en ódio cuando vieron que los corcyrenses monopolizaban todo el comercio de las costas del Epiro y de Acarnania que antes se hallaba casi por completo en manos de ne-
117 gociantes de Corinto. La favorable situacion de la isla hacia inevitable ese monopolio. Como consecuencia de este antagonismo estalló entre los dos pueblos hermanos la guerra. Hácia el 664, ó sea 40 años despues de la fundacion de Corcyra, se dió la primera batalla naval de que tenia noticia Tucidides, entre corintios y corcyrenses (1). No tenemos más detalles acerca de los sucesos de esta guerra, pero sabemos que los corintios, lograron someter á sus rivales hácia la mitad del noveno siglo y que en este estado de vasallage vivieron durante mas de 70 años. Con sus conquistas de Mesenia, de algunos pequeños territorios de Arcadia y de la costa oriental de Laconia, debilitaron los espartanos el poder de Argos sobre el continente y redujeron sus dominios en el Peloponeso: Corinto le arrebató ahora el cetro de primera potencia marítima de Grecia. La ciudad que Fedon anexionó á la corporacion argiva, en la cual hizo un papel secundario, adquirió en esta época tal importancia, que su marina dejó muy atrás á la de Argos. Corinto era sin duda la poblacion helena que más partido podia sacar de la fundacion de colonias griegas en Occidente. No es de' extrañar por tanto, que en poco tiempo llegara á ser el emporio del comercio que se hacia entre Occidente y Oriente y que no tuviese rival en una época en que los más osados marinos temian doblar el cabo de Malea. Así vemos, que los navegantes que trasportaban las mercancías de las regiones orientales, las desembarcaban por lo general en Cencrea, dejando á los corintios el cuidado (1) Tucid, I, 13.
118 de trasladarlas en sus naves á Sicilia y puertos de la baja Italia. Para facilitar este tráfico construyeron una vía que enlazaba el golfo Saronico con el de Corinto por el punto mas estrecho del istmo, partiendo de las cercanías del antiquísimo santuario consagrado á Neptuno, en el centro de los juncales de la playa que da al golfo Saronico, á orillas del bosquecillo dedicado á la memoria del mismo númen. Por esta vía se arrastraban las naves para trasladarlas desde el Egeo al golfo de Corinto. La industria de esta ciudad adquirió Cambien extraordinario desarrollo, siendo los corintios, como observa Herodoto, únicos entre todos los griegos que tenian en estima á los que profesaban algun arte mecánico y á sus hijos (1). Con la industria y con su floreciente comercio, se desarrolló la riqueza de la poblacion y de esta surgieron muy luego el lujo y la molicie. Claro testimonio de esto daban las mil hierodulas que servian á la Afrodita en el santuario que tenia la voluptuosa diosa sobre la cima de Acrocorinto, donde vivían entregadas á la prostitucion más vergonzosa. Todavía hacia el año 500 era muy considerable el número de estas extrañas sacerdotisas y de aquí creen algunos que venía el conocido adagio: no á todos es dado ir á Corinto con que se querían significar los peligros que rodeaban á la virtud en la opulenta villa. Los nobles corintios, particularmente bajo la pritanía de » los Baquiadas, no fueron los últimos en promover el tráfico y explotarlo en provecho suyo. Para dejar expedito el camino á su desarrollo, adoptaron la costumbre de fundar nuevas colonias y en- (1) Herodoto, II, 167.
119 viar á ellas á todos cuantos se mostraban descontentos con su gobierno ó trataban de mermar su prestigio. Durante las emigraciones, los dorios, argivos y corintios arrebataron á los jonios toda la parte del Istmo que se estendia al Norte de Corinto, con cuyo motivo incautáronse tambien del territorio megarense hasta entonces perteneciente á los aticos. Parece ser que los corintios tomaron posesion de la capital, dado que desde esta época aparece Meyara como una poblaciou corintia, lo cual se desprende igualmente del natural desarrollo de los sucesos en esta época. Sin embargo, asegúrase que al empezar la era olimpiada se habia ya declarado Megara independiente de Corinto y se regia por instituciones monárquicas (1). La forma de gobierno se modificó pronto y en igual sentido que en Corinto, pues se dice que habiendo sido asesinado el rey Hyperion, hijo de Agamemnon, la nobleza megarense se apoderó definitivamente del mando, aunque sin cambiar por eso el nombre del Estado ni privar á los reyes de todos sus privilegios (2). El cambio de gobierno verificado en Corinto y la proclamacion de la pritania bajo los Baquiadas, puso de nuevo, en peligro la independencia de Megara. Como consecuencia de la lucha que sin duda se en- (1) Pausan., I, 39, 4. Pindar. Nem. VII, 155. (2) Desde entonces la dignidad régia quedó reducida al desempeño de las funciones sacerdotales; se hizo electiva y más tarde solo duraba un año, por lo cual á partir del siglo IV, suelen contarse los años por la série de reyes de Megara, de la misma manera que se hacia en Calcedonia. Dickh, Corpus inscript. núms. 1052, 1057 y 3'794.
120 cendió con este motivo, perdieron los megarenses parte de su territorio, no sin que inmediatamente volviesen á conquistarlo, gracias á la acertada direccion de su caudillo Orsippo. Este mismo Orsippo obtuvo el premio de la carrera en la decimaquinta olimpiada, año 720, que fué la primera en que los corredores se presentaron en el estadio completamente desnudos. En un monumento que más tarde se erigió á Orsippo se leia la inscripcion siguiente: «Los megarenses erigieron este monumento, para que se vea á larga distancia, en honor de Orsippo, hombre valeroso en las batallas, segun las instrucciones recibidas del oráculo deifico. Cuando los enemigos se habian apoderado de gran parte del territorio, restauró él los limites de la pátria. Entre todos los griegos fué el primero que obtuvo el premio de la carrera, luchando desnudo, pues antes los corredores llevaban el cuerpo sujeto con ceñidores (1).» Aun despues de restablecidos los antiguos límites quedaban los megarenses reducidos á un pequeño territorio cubierto de rocas y montañas, cuya escasa estension de ocho millas cuadradas y poca fertilidad le hacian insuficiente. para sostener un pueblo numeroso. Pero bañábanle dos mares por opuestos lados, con los nombres de golfo Saronico y golfo de Corinto, y esta circunstancia hizo caer á los megarenses 'en la cuenta de que, imitando el ejemplo de sus rivales de Corinto, podian dar colocacion en tierra extraña á todos los que no pudiesen vivir en la propia. Los dos puertos que tenian en los golfos mencionados: Megara ele el Saronico y Pagae en el de Corinto, (1) La cuestion de límites dio lugar á frecuentes rompimientos entre corintios y megarenses. Véase Tucid, I, 103. Diodor. II, 79.
121 facilitaban sobre manera la ejecucion de estos planes (1). Diez años despues de la fundacion de Siracusa, ó sea hacia el 725, despacharon los megarenses la primera partida de colonistas con direccion á Sicilia. Pronto y sin tropiezo de ninguna clase encontraron aquí terreno para establecer la primera colonia. Cuéntase que Hyblon, caudillo de una tribu de siciliotas, en cuanto tuvo noticia de su arribo, les invitó á establecerse en su territorio que estaba comprendido entre Naxos y Siracusa. Aceptada la invitacion diéronse prisa á fundar una ciudad, para lo cual escogieron una punta que se destacaba de la costa al Norte de Siracusa, rodeada de magníficos bosques de encinas, plátanos y nogales en que abundaba la miel y los rebaños de ganados. En recuerdo de la madre pátria y del generoso príncipe siciliota que les acogió en sus dominios, diéronla el nombre de Megara Hybla (2). Más notables fueron las colonias que Megara fundó en las regiones orientales. Los emigrados que salieron en esta direccion traspusieron los limites del Egea y cruzando el Helesponto y la Propontide navegaron hacia el Bosforo, á cuya entrada tomaron tierra en la costa asiática y, por el 675, echaron los cimientos de la famosa Calcedonia, segun observa Herodoto, 17 años antes que los bizantinos fundasen la de Bizancio en la costa de enfrente (3). Pocos años despues se dirigia á estas comarcas una segunda coleilia de megarenses que, en 660, (1) Bóckh, Corps. inscript núm. 1050. Pausan. I, 44. 1. (2) Tucid, VI, 3.4. (3) llieronym. a. 1342. Cliyinp. XXVI, 2. Herod, IV, 144. Tucid, IV, 75. Estrab. p. 320.
128 nizadores griegos habian sido expulsados de su patria por medios violentos y las diversas colonias se componian de individuos oriundos de tribus diferentes con usos muy distintos y tradiciones opuestas, que era preciso armonizar con las particulares instituciones del establecimiento. Hasta el lazo de la religion y de la piedad que les unía en su antigua pátria se habia roto. La antigua monarquia que tan pujante se manifestó en los primeros tiempos del pueblo heleno, habia desaparecido y las colonias de Occidente, no teniendo delante sino enemigos débiles y casi inofensivos que hacian innecesaria la concentracion de la autoridad y de la fuerza no pensaron en restablecerla. Las mayores dificultades para regularizar la marcha del gobierno colonial se presentaron en los establecimientos fundados por individuos procedentes de diversas tribus , originarios de distintas comarcas y pertenecientes á estados rivales , que habiendo sido expulsados de la patria por opuestos motivos, llevaban á la colonia aspiraciones ó fines contrarios y cuando menos estaban resueltos á no aceptar imposiciones ni admitir principios contra los cuales se ha,bian revelado en la metrópoli. Tal era muy particularmente la situacion de la colonia locrense, de la cual se asegura que, habiéndose unido á los emigrados gente depravada y refractaria al órden, se vió no pocas veces envuelta en interiores discordias que pusieron en peligro su desarrollo. Movido sin duda á compasion el númen delfico, mandó á los locrenses que hiciesen leyes para su gobierno, en consecuencia de lo cual eligieron por legislador á cierto Zaleuco, hombre de noble alcurnia, aunque Aristóteles opina que era un esclavo dedica-
129 do á guardar rebaños (1), tal vez por haberles asegurado aquel, que se le habia aparecido en sueños Minerva, manifestándole las cosas que serian saludables y convenientes al bienestar de la colonia, y no atreverse este á desobedecer las insinuaciones de la diosa á que particularmente rendia culto.—Aceptó Zaleuco el encargo y dió á los locrenses muchas y sábias leyes. Segun parece, el primer código escrito que tuvieron los helenos fué el que Zaleuco redactó para sus compatriotas hacia el año 660 antes de la era cristiana (2). Pocas son las noticias que de estas leyes tenemos. Sábese, no obstante, que contenian principalmente disposiciones relativas á la conservacion de la paz y castigos eón que se penaban los actos que tendían á romperla, los cuales, segun la tradicion, eran por extremo duros y numerosos. De las mismas noticias tradicionales podemos deducir el carácter moral de este código. El legislador puso especial empeño en recomendar la sencillez de las antiguas costumbres helenas, á fin de contrarestar la . molicie y el lujo que se desarrollaban como natural consecuencia de la riqueza extraordinaria del país ocupado por la colonia locrense, cuya exuberante abundancia contrastaba con la pobreza de las montañas que antes habitaban. Con este propósito hubo de prohibir á los hombres el uso de vestidos milesios y de anillos de oro, y, segun se dice, tenia pena de muerte el que bebía vino puro. Prohibió igualmente á las mujeres el uso de toda clase de adornos, y dispuso que saliesen á la (1) Diod. XII, 20 Arist. Schol. Pind. Ólimp. XI, 17. (2) Las monedas locrenses llevan grabada la cabeza de Minerva. Véase Livio, XXIX, 18. Estrab. p. 397. Polib. XII, 5. TOMO VII. 9
130 calle acompañadas de una sola esclava y vestidas de blanco (1). Dictó severas medidas para evitar los. ódios v rencillas entre los ciudadanos , y recomendó muy particularmente á los magistrados que desempeñasen sus cargos sin orgullo ni arrogancia y dictasen sus fallos sin parcialidad, en favor ó en contra de los clientes. Se ha hecho notar además que Zaleuco dictó reglas especiales, á las que los jueces debian ajustar sus decisiones, determinó con exactitud las penas para cada categoría de delitos , estableció varios principios para decidir los pleitos relativos á la propiedad, y fijó los derechos que se originan de la celebracion de contratos y convenios (2). Por lo que respecta al régimen de la colonia, sábese únicamente que el gobierno de la ciudad estaba encomendado á un consejo supremo compuesto de mil individuos, con atribuciones jurídicas, presidido por el «ordenador de la ciudad;» que habia funcionarios especiales encargados de velar por el cumplimiento de las leyes, de vigilar las costumbres, de ejercer la censura y la policía y que las leyes de Zaleuco prohibian enajenar la herencia paterna, á no ser en casos extremos (3). Con objeto de imprimir á sus leyes un sello de duracion indeleble y de evitar cambios en el repartimiento de las tierras, ordenó que todo el que pidiese ante el consejo ó ante el ordenador de la ciudad la abolicion de una de sus leyes, lo hiciese llevando al cuello un lazo. Si la mayoría no se declaraba en fa vor de su proposicion, debia ser ahorcado el propo- (1) Suidas, v. Záleukos. (2) Estrab. p. 398. Polib. XII, 16. Diod. XII, 21. (3) Aelian var. hist. II, 37, Arist. poi. II, 4.4.
131 nente con. el lazo que llevaba. Y se cuenta que este precepto se cumplió realmente y que á él se debió, en gran parte, la duracion larga que alcanzaron las leyes de Zaleuco y la felicidad que con ellas gozaron los colonos locrenses (1). Parece seguro que Zaleuco creó una nueva aristocracia compuesta de las familias que poseian más bienes inmuebles, no sin otorgar á los descendientes de las cien familias privilegiadas de la metrópoli, ciertos derechos análogos, aunque inferiores, á los que gozaba la nobleza nueva (2). Esto nos da á entender que Zaleuco no concedió la plenitud de los derechos civiles sino á los que poseían un patrimonio heredado de sus mayores, pero los plebeyos ejercían tambien el importante derecho de nombrar una parte del magno consejo de los mil entre los mayores propietarios de su clase. Mucho más floreciente era el estado de las opulentas ciudades aqueas , Crotona y Sybaris, cuyos feracisimos campos daban con entera verdad ciento por uno, en todos los productos necesarios para la vida. Sin esfuerzos de ninguna clase multiplicaron los aqueos su riqueza en aquella tierra de promision y la poblacion creció en términos que muy luego viéronse precisados á ocupar extensas porciones de la costa (3). Al frente del gobierno de estas ciudades estaba la aristocracia de los colonos más antiguos que eran tambien los mayores propietarios, puesto (1) Estrab. p. 397. (2) Polib. XII, 5. (3) Varro, de re rústica, I, 44. Diodoro, XII, 9.
132 que habiendo ellos hecho los primeros repartos de tierras, reservaron para si las mejores fincas; y por otra parte el considerable número de esclavos que poseian les permitia vivir en la ciudad, dejando á sus siervos el cultivo de las tierras y la guarda de numerosos rebaños, mientras que los pequeños propietarios veianse precisados á cultivar por si mismos sus haciendas y, por tanto, á vivir en ellas. El poder de los aqueos sybaritas creció en términos que en el siglo VI gjercian dominio sobre cuatro tribus indígenas repartidas en 25 pueblos que directamente dependían de Sybaris (1). Por esta época los crotonenses y sybaritas, habian ya extendido su dominacion del otro lado de la cordillera que corta el país de Norte á Sur, en cuya falda opuesta fundaron varias colonias que les hicieron dueños de una y otra costa. En vista de esto no debe maravillarnos que, cuando los locrenses solo podian presentar en batalla 10.000 guerreros , los crotonenses podian armar 100.000 hombres y 300.000 los sybaritas (2). En las grandes solemnidades se presentaban en Sybaris sobre 5.000 ginetes para dar explendor y realce á la fiesta. Pero los dueños de tan colosales riquezas no supieron emplearlas para fomentar el desarrollo del comercio y de los conocimientos útiles; antes por el contrario, vemos que los grandes propietarios de Crotona y de Sybaris no tenian más ocupacion que los banquetes y todo género de sensuales placeres, en medio de los cuales se enervaban por completo las fuerzas de su espíritu. En Siracusa y Tarento los goces que á sus habitantes proporcionaba la exhuberante rique- (1) Herod. VI, 21. Scym. ch. v. 244. Estrab. p. 251. 263. (2) Justino, III, 20. Estrab. p. 261.
133 za de un suelo feracisimo y casi virgen, hallaban cierto contrapeso en los esfuerzos que exige el comercio y en el movimiento casi incesante de un activo tráfico marítimo; los tarentinos particularmente supieron imitar á maravilla las virtudes eminentemente prácticas de los dos consumados marinos que llenaron aquellos parages con la fama de sus aventuras; Ulises y Diomedes, á los cuales tributaban, por esa razon, el culto reservado á los grandes héroes. Crotona era celebrada entre los griegos únicamente por la fuerza de sus atletas -y la habilidad de sus médicos, que eran tenidos por los más excelentes de toda la Grecia, despues de los cuales se daba el segundo lugar á los de Cirene; pero de Sybaris tan solo se hace mencion para ponderar la considerable extension de su territorio y la vida voluptuosa, afeminada y de regalo que se daban sus habitantes (1). (1) Herod. III, 131.
V. . LOS JONIOS EN EUBEA. Los dorios de Argos primero, y los de Corinto y Alegara más tarde, fueron_los que impulsaron á la raza jonica á extender sus colonias y su comercio por toda. la cuenca del Egeo y por el mar de Sicilia. La marina de los jonios que permanecieron en su pátria, tenia su centro de operaciones en las ciudades de Eubea. Hallábase esta isla cortada por elevadas montañas, sumamente escabrosas en algunos puntos del interior, y su suelo, que producia pastos excelentes, de donde la vino el nombre, no se prestaba para ninguno de los cultivos que requieren el trabajo del arado. No se veia en todo el país más que una llanura de extension considerable regada por el Lelanto y particularmente notable por sus viñedos y olivares, que se extendia por la costa de Occidente, en el punto más próximo á la frontera marítima de Beocia. Este hermoso valle del Lelanto, con razon apellidado jardín de Eubea, pertenecia por mitad á Chalcis (Calcis) Eretria, que daban nombre á los dos más importantes cantones de los seis ó siete en que toda la isla se ha-
135 liaba dividida (1); la primera situada en el borde septentrional del valle, sobre una altura próxima á la costa y rodeada de sombríos bosques; la segunda, situada en su extremo meridional tenia ménos importancia que Chalcis (2). Jalkodon, ó el diente de bronce, es el más antiguo caudillo de Chalcis que conoce la leyenda, cuyo nombre tiene evidente analogía con el de la ciudad (3). Su hijo Elefenor fué uno de los caudillos que lucharon contra Ilion y entre los sucesores de este príncipe se cuenta el rey Anfidamao, en cuyos juegos fúnebres ganó Hesiodo el premio de la trípode por sus himnos (4). La tradicion ateniense sostiene que Eubea estuvo por algun tiempo incorporada al Atica formando, con Marathon, el patrimonio del Likos y que, por esa razon, sin duda, los jonios de dicha isla, particularmente los abantos, habian tomado parte en la fundacion de las ciudades jonicas del Asia, ya que, segun vimos antes los abantos, al mando de Anficles, colonizaron la isla de Chios (Quio). Tambien es digno de particular mencion el monumento levantado á Jalkodon en Atenas, cerca de la puerta Pirea. Lo. que podemos llamar historia política de Eubea presenta numerosos puntos de contacto con la de otros cantones griegos. Dueñas las familias acomodadas de extensos territorios en que sostenian numerosisimos rebaños, ningun cuidado turbaba su vida ni (1) Scylax, c. 58. Los nombres de los otros cantones son: Karystos, Histiwa, Styra, Orobim y Dystos. (2) Dicearch. Fragm. 56. (3) Riada, IV, 464. Soph. Philoct. 589. Apolod. III. 10.9. Pausan. VI, 21. '7. VIII, 15. 3. ,.1 1 Véase tomo VI, p. (236).
136 les distraia de los ejercicios militares á que por completo consagraban aquella. Sin emigraciones ni conquistas formóse tambien aqui un cuerpo de nobles, relativamente numeroso , que no solamente logró derribar la antigua monarquía y apoderarse del mando, sino mantener en completa sumision al pueblo, demasiado abstraido entonces en las faenas de la agricultura, de la pesca ó del tráfico, para pensar siquiera en sacudir ese yugo. Parece ser que, hácia la mitad del siglo VIII se encargó del gobierno de Chalcis un consejo supremo, compuesto de individuos de más de 150 años elegidos por la nobleza. Los nobles de Chalcis distinguíanse con el nombre de Hipoboffis, que equivale al de caballeros ó criadores de caballos, porque en sus extensas posesiones criaban gran número de esos animales para la guerra (1). Era esta industria tan importante en Eubea, que Eretria, con ser ménos poderosa que Chalcis, podia presentar de 6 á 700 ginetes bien armados y equipados. En un pais de las condiciones de Eubea no era fácil satisfacer todas las necesidades de la poblacion, si ésta llegaba á tomar algun incremento. Y como en el órden natural de las cosas, el aumento de la poblacion es inevitable, el aristocrático gobierno de Eubea trató de remediar los inconvenientes que de aquí podían originarse, especialmente de evitar todo conato de rebelion contra su autoridad, alejando del pais á los necesitados y descontentos de las clases populares, con promesas de que hallarian en otras comarcas riquezas, comodidades y honores que no podia ofrecerles la pátria. (1) Herod V. 77. Aristót. poi. IV, 3, 2. Heraclides Pont, c. 31.
137 Brindábales con facilidades para desarrollar este movimiento de emigracion el activo comercio que ya sostenian con pueblos extraños, en cuyas costas les interesaba sobre manera tener establecimientos y estaciones mercantiles. Por otra parte, habia en las montañas inmediatas á Chalcis minas de hierro y cobre que hacia mucho tiempo se explotaban y de las cuales precisamente vino á la ciudad su nombre. Estos depósitos mineros dieron origen á una considerable industria, cuyos pro duetos, particularmente espadas y vasijas, eran muy apreciados en toda la Grecia (1) y para los cuales convenia buscar mercados de salida. La navegacion era una de las más antiguas ocupaciones de los naturales, entre los cuales habia muchos que vivian exclusivamente del producto de la pesca, que abundaba sobremanera en el golfo, y Chalcis poseía un magnifico puerto, en cuyas cercanías estaba el mercado público (2). Los chalcidios no podian ignorar los resultados que el comercio con las tribus y colonias del Egeo habia dado á los dorios, puesto que á lo Mél1OS habrían visto el explendor con que celebraban la solemnidad primaveral de Delos y el lujo que desplegaban en tan concurrida fiesta. Tampoco les contenia el temor de los combates con tribus aguerridas, ni los peligros que rodean á todo el que pretende establecer colonias en extranjera tierra, porque los chalcidios formaban un pueblo aguerrido y animoso. Un chalcidio fué el que abrió á los helenos el camino á los mares de Occidente y condujo los primeros colonos griegos á la isla de Sicilia; y aunque esto (1) Estrab. p. 446. ,- k ..lcaei Fragm. 7. Bóckh, Administracion (Staatshausitalt), II, p. 169. (2) Dicaearch. Fragm. 59.
144 corta longitudinalmente una cordillera, de pequeña altura en su origen, pero que se vá elevando más y más hasta el promontorio de Athos, que forma una gigantesca muralla de 6.500 pies sobre el nivel de las aguas. Estrabon hace notar que desde la cima de este promontorio se divisa el sol tres horas antes que desde su base (1). El movimiento de las olas que chocan contra esta gigantesca roca es violentisimo y verdaderamente espantoso, en la mayoría de los casos, el ruido de los vientos que se estrellan contra la muralla. Esta revolucion y continua lucha de los formidables elementos, hizo nacer en los marinos griegos invencible aversion á cruzar el promontorio de Athos. para ellos aún más temible que el de Malea, temor bien fundado que en parte han heredado los más expertos marinos de nuestros días, ya que algun viajero asegura haberle sido imposible obtener á ningun precio un bote para costearle (2). En la lengua oriental, que termina con el Athos, se hallaban casi todos los torreones y pequeños lugares de los tyrrenos pelasgos, como Thysos, Cleone , Acrothos, Olofyxos y Dion , á pesar de lo cual los chalcidios alcanzaron muy luego absoluto predominio en ella. *** Los moradores de Eretria no quisieron ser menos que los chalcidios sus vecinos y se dispusieron á fundar colonias que les ayudasen á desarrollar el comercio de la metrópoli. Extendiase el territorio de Eretria desde el valle del Lelanto, por toda la parte oc- (1) Tucid. IV, 110. Estrab. p. 338. (2) Leake, viajes en elNorte de Grecia, (Travels in northern Gree ce), III, p. 145.
145 cidental de la isla, hasta más allá de Taminas. Pero no contentos con poseer la region occidental y aleccionados además por los de Chalcis, que habian estendido su dominio á la costa de Occidente, traspusieron tambien los de Eretria la montaña para fundar establecimientos en la ribera opuesta. Estrabon habla de una columna que habia en el santuario de Diana en Amaryntho,- pequeña poblacion situada al sur de Eretria y dependiente de esta, con una inscripcion en la cual se decía que antiguamente los eretrienses habian celebrado solemnes procesiones al mencionado templo de Diana, de que formaban parte tres mil hoplitas, seiscientos ginetes y sesenta carros de combate. (1). Los emigrados eretrienses buscaron nueva patria en la lengua occidental de Tracia, que llevaba el nombre de Pallene, donde levantaron las ciudades de Neapolis, Aege, Therambo y Sane. Entre tanto los chalcidios habian sometido y colonizado las pequeñas islas de Sciatos, Peparethos é Icos, situadas al N. E. de Eubea; como los de Eretria sometieron las de Andros, Tenos y Ceos, situadas á corta distancia de la costa meridional de la misma Eubea (2). Mas que las empresas coloniales de chalcidios y eretrienses, en los mares de Oriente y de Occidente, evidencia la extraordinaria importancia que tuvieron estos dos pueblos en la segunda mitad del siglo VIII y primera del VII, la circunstancia de estar grabado el nombre de sus respectivas ciudades en los pesos y monedas que usaban todas las ciudades jonicas por aquel tiempo. Lo que en esta cuestion hizo Fedon con los estados doricos, á quienes (1) Herod. VI, 101. Scylax, c. 58. Estrab. 448. (2) Tucid. IV, 120 á 123. Scyran. Ch. y . 585. Estrab, 447. TOMO VII. 10
146 dió monedas, pesos y medidas, hiciéronlo Chalcis y Eretria con las ciudades jonicas. Estableciose tambien como base del nuevo sistema el talento, pero el de Eubea era algo más pequeño que el argivo, toda vez que solo comprendia cinco sextos del talento de Fedon. Así es que mientras este representaba noventa y dos libras de nuestro peso, el de Eubea solo alcanzaba unas ochenta y siete; y teniendo la mina argiva algo más de libra y media, la de Eubea solo daba cinco cuarterones. En cuanto á la moneda, el talento de plata argivo equivalía á 37.500 rs. y el de Eubea á 31.200 solamente; la mina de plata tenia respectivamente un valor de 625 y 520 reales. La dracma de Fedon valla próximamente seis reales y la de Eubea una peseta y veinte céntimos. No se crea que los eubenses inventaron este nuevo sistema de pesos y medidas. Antes bien debe suponerse que aprendieron las bases fundamentales del mismo por el comercio con las ciudades jonicas de Anatolia, de la misma manera que los dorios de Argos aprendieron las bases del suyo por el comercio con las ciudades doricas de Creta y Rodas. Y asi como los dorios tomaron el talento como tipo fundamental de su sistema, porque así le usaban los fenicios de las mencionadas islas, de igual manera los jonios de las colonias asiáticas tomaron el suyo de los lidios. Los pueblos del Asia Menor sirviéronse del sistema babilonio para establecer sus pesos y medidas, de la misma manera que los fenicios. Pero los lidios, pueblo tan industrioso y comercial que, segun hace notar Herodoto fueron los primeros que acuñaron para el uso público la moneda de oro y plata, reduje-
147 ron, á lo que parece, el talento babilonio, modificacion que adoptaron primero los jonios de Asia y los de Eubea más tarde (1). No es extraño que siendo los habitantes de Chalcis y Eretria los que primero dieron á conocer estos pesos y monedas en la península griega y los que más contribuyeron á su propagacion por ella, diesen tambien el hombre al nuevo sistema. Nobles guerreros dirigían á la sazon los negocios públicos en las dos ciudades que hemos mencionado. El mismo camino habían seguido ambas en su crecimiento y desarrollo desde la conquista del valle central que por mitad poseian y de las inmediatas islas y costas que entre si repartieron, hasta la fundacion de sus colonias en las tres penínsulas de Tracia. A medida que sus dóminios crecian, despertábase en ellas rivalidad por los progresos que cada una hacia, pues ambas aspiraban nada ménos que á monopolizar el comercio del Egeo. A la primera rivalidad sucedió la envidia que muy luego halló combustible para encender la tea de la discordia entre las dos ciudades hermanas. Causa primera y principal de estas luchas fué, sin embargo, el valle del Lelanto que ambas deseaban poseer por completo. Un hecho que habla muy alto en favor de las costumbres humanitarias de estas tribus jonicas, es el de haber convenido mútuamente no usar en sus combates armas arrojadizas, debiendo emplear únicamente armas de mano, tanto para la defensa como (1) Herod. I, 94.
148 para el ataque (1). En virtud de este convenio introdújose una modificacion esencial en el antiguo sistema aqueo de combate, cuya arma principal era la lanza arrojadiza, ,conservada Cambien entre las tribus tesalias, acarnanias y etolias; por el mismo se comprometian á no presentar en batalla guerreros de ligera armadura, que durante las guerras mesenios hicieron un papel importantísimo en el ejército espartano. El resultado de este convenio fué que los nobles de uno y otro bando habian de resolver la contienda por si solos; puesto que únicamente hoplitas y caballeros de pesada y costosa armadura podian presentarse en el campo de batalla. A esto, sin duda, se refiere Arquiloco de Paros cuando dice, hablando de la fratricida lucha entre chalcidios y eretrienses: «allí no se tienden muchos arcos, ni se lanzan en gran número las piedras con la honda cuando Ares enciende la pelea en el campo de batalla. Las espadas son las que desempeñan el lastimoso trabajo. Los demonios de esta lucha de espadas son los señores de Eubea, célebres por su habilidad en el manejo de las armas» (2). El punto culminante de la fraticida lucha entre Chalcis y Eretria, coincide con la época en que Tirteo fué llamado á Esparta para enardecer el ánimo abatido de los espartanos y en que éstos sitiaron á los mesenios en Eira, ó sea entre 640 y 630.. La guerra no quedó mucho tiempo reducida á las dos ciudades hermanas. , Los • chalcidios recibieron refuerzos de sus colonias de Tracia y de la nobleza (1) Estrab., p. 448, refiriéndose á una inscripcion del templo de Amaryntho. (2) Fragm. 4, ed. de Bergk.
149 tesalia; hasta de Salnos les llegaron luego socorros : á su vez Eretria recibió tambien auxilios de los milesios , que á la sazon poseian la más poderosa marina que surcaba las aguas del Egeo (1). En un principio la caballería eretriense hubo de llevar notable ventaja á la de Chalcis; pero los tesalios que, como sabemos, eran excelentes ginetes, inclinaron la balanza en favor de los últimos. Jefe de la caballería tesalia era Cleomajo de Farsalia. Presentóse en el campo á la cabeza de sus mejores ginetes, y con tal furia acometió los escuadrones eretrienses que sembró entre ellos el miedo y el desórden, no sin trasmitir este á las filas de hoplitas enemigos. Fruto de su valor fué una brillante victoria que los chalcidios ganaron á costa de la vida de Cleomajo. Agradecidos éstos á favor tan señalado, erigiéronle un mausoleo en la plaza pública, sobre el cual se alzaba una esbelta columna (2). Tucidides hace notar que esta fué la primera guerra en que tomaron parte numerosas masas de helenos, toda vez que las anteriores se habian reducido á luchas aisladas de un Estado con otro vecino. El resultado de la contienda fué la total sumision de los eretrienses, que se vieron precisados á entregar á sus rivales la parte que poseian del valle de Lelanto (3). Aunque este podia sostener desahogadamente cuatro mil granjas agrícolas, los hipobatas tuvieron por más conveniente conservarle íntegro en su poder y hacerle cultivar por esclavos. (I) Herod. V, 99. (2) Plut, amat. narrat. p. '760. (3) Tueid. 1, 15, Cuando los atenienses sometieron á los clialcidios, tenian estos en su poder todo el valle arriba mencionado.
150 Tambien las colonias eretrienses de las tres pe.. nínsulas de Tracia, tuvieron que someterse á los establecímiento s de sus felices rivales. Contábanse á la sazon en aquellos parages treinta y dos ciudades griegas, en su mayor parte de origen chalcidio, de donde vino á toda la península el nombre de Chalcidice (1). De lo dicho se desprende la extraordinaria iniportancia que tenia el valle en que estaban situadas Chalcis y Eretria; pues no cabe dudar que antes y despues de su conquista por los atenienses, efectuada mucho tiempo despues, era capaz de sostener cuatro mil clérujias ó colonias agrícolas, para las cuales seguramente no echarian mano los conquistadores de los terrenos inmediatos, que eran de mediana calidad (2). Pero la victoria costó á los chalcidios tan cara, que no se sabe quiénes salieron perdiendo en la pelea. Lo cierto es, que en el siglo VI habia decaido notablemente el esplendor de las dos rivales, siquiera conservase Eretria restos de su bienestar y de su importancia, y Chalcis diese á conocer todavía sus aficionen guerreras y sus adelantos industriales que la ayudaban á sostener activo comercio. Como sucede siempre que se trata de fijar fechas en este periodo de la historia de Grecia, reina casi completa incertidumbre respecto á la época en que ocurrió la guerra entre Chalcis y Eretria. Que hubo diferentes luchas entre las dos ciudades rivales, es evidente; y natural parece suponer que alguna estalló ya cuando en la primera regía el sistema monár- (1) Tucid. IV, 103. Demosth. philipp. III, p. 115. (2) Los labradores aticos no utilizaron los pastos porque no los necesitaban; pero además se acotaron, dentro del país chalcidio, terrenos para el Estado y para los santuarios. Aelian. var. hist. VI, 1.
151 quico. Pero los hechos que acabamos de exponer se refieren á la última y más importante de sus contiendas que no llegaron á dirimir sino mediante el auxilio de poderosos aliados. La noticia que da Plutarco relativamen te al socorro ole los chalcidios recibieron de sus colonias de Tracia, es segura prueba de que la guerra no estalló antes del año 720. Tucidides (I, 15) pone esta lucha entre los sucesos del tiempo antiguo, con lo cual da claramente á entender que ocurrió antes que se levantasen los tiranos en el imperio heleno, ya que estos, en concepto del historiador ateniense, no pertenecen á la época antigua que debe considerarse terminada hácia el año 630 antes de Jesucristo. Por otra parte desde el 632 tuvieron los milesios asuntos demasiado difíciles dentro de casa para pensar en dar socorro á sus amigos; primero la invasion de los treres y á seguida una guerra de once años con los lidios, en la cual sufrieron sensibles derrotas. Tampoco cabe suponer que Mileto prestase auxilio á los aristócratas de Eretria en un tiempo en que , se hallaba al frente de su gobierno el tirano Trasibulo, que empezó á reinar hacia el 630. Para el caso presente no debe darse importancia alguna á la observacion que hace Herodoto, al decir que Eretria estaba floreciente en tiempo de Cleistenes (Clistenes) de Sicion, porque, además de ser una indicacion hecha de paso, refiérese al estado de la ciudad en aquella época, comparado con el que tenia en tiempo del historiador halicarnasiense; por tanto no hace más que confirmar lo que hemos dicho anteriormente (1). (I) Herod. VI, 1217.
VI. LAS CICLADAS. Cerca de la punta meridional de Eubea empieza la série de las islas Cicladas, cuyas montañas, en su mayor parte roquizas, se destacan perfectamente en medio del azul profundo que las rodea. Por encima de todas descuella el cerro de Naxos, desde cuya cima, que alcanza una altitud de tres mil piés sobre el nivel del agua, se descubren las costas europea y asiática. Naxos era no solamente la mayor, sino Cambien la más fertil de las Cicladas, entre todas las cuales fué famosa por su produccion de cereales, vino y aceites.' Ya en tiempo de Hesiodo habia llegado al continente la fama de los vinos de Naxos, puesto que celebra su excelencia en los Trabajos y Bias. Poco tenian que envidiar á Naxos las otras islas del pequeño archipiélago, ya que si sus costas eran, en general, escabrosas y roquizas, detrás de aquel árido cerro veíanse hermosos olivares, viñedos y plantíos de higueras, cipreses y laureles; y aún en los sitios ménos favorecidos por la naturaleza, la in-
153 dustria de los jonios sabiaa , sacar á la tierra frutos suficientes para cubrir sus necesidades. No pocas veces la cima de las montañas vejase coronada de viñedos, y, por medio . de terraplenes artificiales, convertidas sus laderas en campos de cultivo. Donde no habia fuentes naturales se recogia en cisternas el agua de lluvia y desde allí se repartia á los sitios necesitados, unas veces por encima otras á través de las rocas. Así se comprende como en muchos parages escabrosos en que apenas pueden vivir hoy pequeños hatos de carneros y cabras se sostenían entonces villas y ciudades importantes (I). Y no debe causar esto maravilla, pues, aparte de la industria y laboriosidad de los jonios, abundaban entonces los minerales en algunas de sus islas ; en Ceos, Citnos y Serifo, se daba el hierro; en Sifno habia en explotacion minas de oro y plata tan abundantes, que del diezmo del producto que de ellas se obtenia, llevaron sus moradores á Delfos un tesoro que no tedia á ninguno de los más ricos que en aquel templo se depositaron, y Paros era ya en el siglo VI famosa por la pureza y blancura de sus mármoles (2).. Los jonios que colonizaron estas islas conservaron en ellas no pocos de los ritos del culto feniciocarian° que hallaron allí establecido. Así vemos que los de Naxos adoraban á Ariadna, bajo su doble y opuesto carácter de númen protector de la virginidad, enemigo de los placeres que con el amor se relacionan, y de diosa protectora de la fecundidad, patrona de los nacimientos; en este último concepto, conme- (1) Curtius, Naxos. p. 14. (2) Herod. III, 57. Fiedler. Viajes (Reinen), II, 88, 118, 562.
256 lugar y la del país que habia manchado con su presencia (1). El principal sacrificio con que se honraba á Apolo era el de primavera, y se conmemoraba en él la aparicion de la nueva luz primaveral despues de la oscuridad producida por las nubes y tempestades del invierno. En Delos se celebraba el nacimiento del númen, «cuando aparecía la dulce primavera y la golondrina dejaba oir sus alegres gorgeos en los collados»; en Delfos se adoraba al dios como guerrero, matador del dragon y vencedor del mónstruo tenebroso, por lo cual se conmemoraba su victoria sobre la Piton; en Delos se celebraba dicha fiesta el dia seis del Targelion ó Mayo; en Delfos se sentaba la Pitia sobre el trípode el siete del mes primaveral, único dia en que despegaba sus labios para hablar en público (2). La generalidad de los griegos suponia que el númen de la luz pasaba el invierno en Licia, país de más trasparente y apacible cielo que Grecia; pero en Delfos era más corriente la tradicion que le hacia pasar dicha época entre los hiperbóreos, pueblo que habitaba del otro lado de las montañas más allá de la region del viento Norte, en cuyo pais reinaba una primavera eterna y brillaba un sol siempre risueño. (1) Apol. de Rod. IV, 693. Plut. qutest. Rom. 68. 0. Müller, Eumenides, p. 114. (2) Dionis. perieg. v . . 525-529. Diog. Laert. II, 44. En los Trabajos y dia', i r . '7'71, se supone que Apolo nació el dia '7, y así se creía en Delfos.
257 Pero al comenzar la primavera se llamaba al númen con solemnes canciones, para que volviese á su ordinaria morada con sis cisnes cantores, llevando b consigo la luz y el calor vivificante y las brillantes nubes estivales que preceden su carrera. Entonces se conmemoraba su victoria sobre el mónstruo de las tinieblas, solemnidad que cada ocho años se celebraba con pompa extraordinaria (1). La analogía que tenian con esta solemnidad y la de Delos, nos hace suponer que los griegos celebraban Cambien las pitias en primavera, ya que en otoño se conmemoraba la huida del númen, la apodémict, que nada tenia que ver con la hazaña del dragon. En un documento epigráfico se dá á entender que los juegos pyticos tenian lugar en el mes de Bucatios, que era sin duda el primero del año deifico, como entre los beocios, y correspondia al hecatombeo de los aticos, aunque de esto no pueda deducirse que el Bucatios de los delfios corresponda á nuestro Enero, ya que pudieron muy bien empezar el año el dia de primavera en ;que se igualan los dias y las noches. Si por el contrario coincidía el Bucatios delfico con el de los beocios, seria esta circunstancia indicio de que los delfios habían tomado la vuelta del sol por punto de partida para fijar el comienzo de la primavera y celebraban en este regreso de Apolo los bienes que esperaban obtener en el año nuevo. En el noveno siglo, subsistia ya la costumbre de celebrar cada ocho años esta solemnidad con pompa extraordinaria; con este ciclo se trató de hacer coin- (1) Preller, Mitología, I, 159. Plut. quwst. graec. 9. Pind. carm. ed. de Boeckh, p. 298. TOMO VII. 17
258 cidir el variable año lunar de los griegos con el curso del sol, por lo cual tiene cierta analogía con el ciclo que sirvió de fundamento para fijar la fecha de la solemnidad olimpica. Digno de notar es que desde el principio de las olimpiadas la oktaeteris pytica coincidia con el año tercero de la correspondiente olimpiada (1). La oktaeteris pytica ó el año grande era un tiempo santo y de importancia extraordinaria, porque á su terminacion volvía el año á su curso natural. El pueblo heleno atribuia á Apolo, númen de la luz y regulador del curso solar, como lo era Diana del de la luna, la parte más principal en el acto por el que se hacia coincidir el curso de ambos planetas, y por eso conmemoraba éste hecho con una fiesta especial. Como de ordinario, concurrian á la solemnidad gran número de citarodas y de coros; pero se atribula una importancia:particular á la danza que los jóvenes ejecutaban al rededor del altar, con la cual se simbolizaba el combate de Apolo con el dragon. Claro está que Delfos tuvo tambien sus poetas, dignos rivales de Orfeo y Tamyris; de Museo, Pamfos y Eumolpo, que desde la más remota antigiiedad, habian dado explendor á la brillante fiesta del dios luminoso. El primer bardo que compuso himnos en honor de Apolo fué un vate cretense, en lo cual se ha querido sin duda buscar un nuevo punto de contacto entre Creta y Delfos; á dicho bardo siguió Filammon que compuso y ensayó el primer coro de mujeres que se cantó en la solemnidad pitica. Dis- (1) Bückh, Los ciclos lunares (Monckyclen), c. 7.
259 tinguiase este himno por un aire particular, y entre sus compositores descuella Terpandro á quien, segun hicimos notar antes, se adjudicó por sus himnos cu a tro veces el premio de las fiestas piticas (P. * * Los sacerdotes delficos llevaban laseveridad de sus teorías sobre el efecto moral del derramamiento de sangre, hasta el extremo de suponer que el mismo Apolo quedó manchado con la sangre del dragon allí derramada. Por cuya razon el jóven que desempeñaba el papel del n(imen en la . danza ejecutada alrededor del altar, vetase precisado á refugiarse, inmediatamente despees de cumplir su mision, en el valle del Tempe, á la sombra de un santuario del mismo Apolo que allí habia, cual si fuese un asesino. En este lugar servia en calidad de siervo hasta la próxima fiesta pitica, en que regresaba -á su hogar, no sin someterseantes á la ceremonia de la purificacion, •despues de cuyo acto solemne sele conducia en procesion al templo por la vía sagrada que une á Delfos con el mencionado valle, que era tambien la que seguian las diputaciones que representaban á las tribus tesalias en las fiestas de Apolo. Fundábase este uso en una leyenda inventada en Delfos, segun la cual, Apolo, al verse manchado con la sangre del dragon, huyó á Tesalia, donde para expiar el extraño asesinato que habia cometido , se sometió á guardar los rebaños del Rey Admeto da Ferae y á servirle como siervo durante ocho años (I) Pausan., X, r 7. 2. historia de la literatura . griega, I, 40. Estrab., 421. Plutarch. de nri.sie. c. 4.
260 consecutivos. Cumplida esta penitencia se presentó en la alameda de laureles del Tempe donde Carmanor, padre del bardo Chrisothemis, le purificó de aquella mancha, quedando de nuevo trasformado en el refulgente y verdadero Febo (1). Vemos por esta leyenda que el númen de la luz y de la pureza, para dar un ejemplo práctico de cómo deben los hombres purificarse, aún de la sangre justamente derramada, tomó la forma de siervo y se sometió al precepto de la purificacion impuesto á los asesinos. Hé aquí porqué sus Adoradores no vacilaban en presentarle como verdadero númen de la pureza que en su propio ser habia vencido el pecado y destruido sus efectos; corno salvador (sótér) que podía limpiar los delitos de los hombres y borrar la horrible mancha contraida por el asesinato. Inspirada en esta doctrina, la tradicion posterior á los tiempos epicos supone que Orestes, para 'expiar el parricidio que sin reparo alguno habia alabado, Hornero, se refugió en Delfos al pié del altar de Apolo, y éste númen le mandó comparecer ante el Areopago de Atenas, tribunal supremo que entenclia en toda clase de crímenes sangrientos. Con esta orden se quiso dar á entender que los príncipes aticos fueron de todos los griegos los primeros que; , pusieron en práctica las prescripciones de los sacerdotes delficos, tocante á los delitos de asesinato ú homicidio. Despues que:Orestes fué declarado absuelto por el Areopago, vuelve á presentarse ante el altar de Apolo, (1) Hesiodo en los Escol. á la Aicest. de Euripides 1. La circunstancia de mencionarse esta leyenda en un canto atribuido á Hesiodo, demuestra que su origen es anterior al sétimo siglo, en el cual era ya corriente Plut. de delf. oracul. 14, 21.
261 donde este le purifica derramando en sus manos la sangre del lechoncillo de la expiacion, y rociando su cuerpo con la rama de laurel empapada en agua. La servidumbre de Hércules al lado de Euristeo y de Omfale, no fué otra cosa que una expiacion de los asesinatos cometidos por el héroe: por la muerte dada á sus hijos y á Ifito, vióse precisado á vivir como siervo durante dos años grandes. A este propósito conviene recordar que la práctica de la expiacion estaba ya en uso al comenzar las olimpiadas, segun se desprende de los cantos de Aretino, en cuya .época se observaban ya en Atica las disposiciones de los sacerdotes delficos sobre este particular. Si el homicida sostenia que al cometer el asesinato no habia faltado á la justicia, el rey convocaba á los jueces que entendian en estas causas para celebrar sesion á las puertas del Delfinio ó templo del Apolo deifico. Si el tribunal encontraba justificada la pretension del homicida se le sometia allí mismo á la ceremonia de la purificacion. Hácia la mitad del octavo siglo, la fama del oráculo deifico habia traspasado las fronteras helenas y se estendia más allá de las colonias greco-asiáticas. Pruébanlo bien las ofrendas que por el año 750 dedicó en el templo de Delfos el rey Midas de Frigia, quien ofreció al númen su trono real, pieza verdaderamente bella y digna de ser vista, donde juzgaba las causas de sus vasallos (1). Por lo expuesto en el párrafo que antecede, se (1) Herod. I, 14.
262 "t': (pus . los sacerdotes del santuario deifico difundieron por toda Grecia, en la primera mitad del siglo octavo, una ordenanza de carácter religioso que contribuyó eficazmente á aumentar el horror al crimen, particularmente al asesinato y abrió en el país una era de moralidad y de órden. Segun -todas las apariencias, de allí partieron tambien las nuevas enseñanzas relativas á los seres celestes que empiezaná surgir entre los griegos en dicha época y cuyo prineipal objeto era sustituir las antiguas livianas teorías por . otras más ideales y de más profundo significado; á lo ménos es seguro que las nuevas ideas encontraron en Delfos un apoyo decisivo. El espíritu asimilador y enérgico del pueblo heleno, que con tanta facilidad inventaba nuevas teorías como se asimilaba las extrañas, había dado por este tiempo una forma completamente nueva á los elementos sirio-cretenses que en un principio constituian la tradicion deifica. La piedra que antes representaba la imágen de Apolo se convirtió en altar sobre el que corria la sangre de las -definías propiciatorias. El r'imen de la claridad y de la pureza era, sin duda, de todos los dioses helenos el que más se prestaba. al desenvolvimiento de ideales éticos más ó ménos trascendentales, ya que ningun crimen, ninguna impureza podio, ocultarse á la mirada penetrante del dios tutelar de la luz, á quien por natural consecuencia de su carácter correspondia el castigo de los crímenes, segun aparece ya en los poemas homéricos. Por eso cuando de nuevo se pusieron en vigor las antiguas prescripciones para la conservacion de la pureza del cuerpo y del alma, dadas al olvido por los príncipes y nobles durante los tumultuosos tiempos
263 de las emigraciones, volvió á adquirir Apolo el puesto más preeminente en la conciencia del pueblo, toda vez que á él solo se atribuía el poder de conocer hasta los crímenes que se cometian en el secreto de la conciencia, y por tanto á a solo correspondia, ese puesto desde ,el momento en que la purificacion era, más que un acto externo limitado á la limpieza del cuerpo, una ceremonia simbólica que representaba la pureza del corazon y del alma. Desde entonces particularmente empieza á destacarse la figura de Apolo como la de un dios impecable, númen de la rectitud moral y de la pureza del corazon, que siendo la más perfecta representacion de la virtud y de la moralidad de las acciones, aborrecia toda impureza que manchase el cuerpo ó el alma y por la misma impecabilidad de su ser velase como impulsado á castigar los crímenes y á pedir espiacion de las faltas, corrió un día castigó á los atre vidos fiegyes que profanaron su santuario, y como en otra ocasion lo hizo con Tityo. Apolo erael guardian de la moralidad en la vida humana; el númen que con infatigable actividad perseguia el pecado y con sus castigos mantenia en vigor los preceptos morales. Era la norma que debia imitar el hombre, quien, como Apolo tuvo que luchar con el dragon, tiene que sostener incesante lucha con los poderes de las tinieblas , con las pasiones y con los ciegos apetitos de los sentidos. A semejanza del númen que hallándose exento de pasiones y de apetitos desordenados ; libre de toda culpa y sin la más leve mancha que empañara la trasparencia de su ser, se sometió á la ley de la purificacion y espió la mancha contraida en justa lucha , debia el
264 hombre limpiar la mancha contraida por sus culpas y pecados y espiar con penitencias su delito. Ayudábale en este acto el mismo Febo que primero le prestaba la rama de laurel • conque se terminaba la ceremonia expiatoria y despees expulsaba de su interior las Erinnyas, espíritus incansables que se levantan contra el criminal de los vapores de su mismo delito (1); le libraba de los agudos tormentos de su culpable conciencia, le otorgaba el rescate de su culpa, le reconciliaba con los poderes celestes, y, por último, devolvia á su corazon la tranquilidad y la paz del hombre justo. A la manera que el apacible rayo de Febo apacigua las furiosas olas del mar proceloso, derramaba el númen el bálsamo de la paz en el agitado corazon del hombre y los dulcísimos tonos de su. cítara apaciguaban los furiosos, embates de las pasiones. Sus certeras flechas sólo herian á los pecadores impenitentes. Apolo no solo mantenía, con su luz, el órden más perfecto en la marcha de los tiempos y en el curso de los años y de los meses; era tambien el guardian del órden moral, defensor de la justicia y de la ley; símbolo del hombre justo que vence el pecado; baluarte inexpugnable de la moralidad, destructor del mal producido por el pecado; númen de la venganza á la vez que de la expiacion salvadora, reconciliador, por consiguiente, del hombre con los poderes celestes. No obstante, Júpiter mantuvo siempre en la conciencia del pueblo heleno su rango de dios del cielo, repres'entante y señor del derecho eterno, juez su- (1) Brinys corresponde al sanskrit Saranym, derivado de Samna, veloz, ligero , y como sustantivo , viento. Véase Kuhn's Zeitschrift, I, 439.
265 premo que ejercé la justicia lo mismo sobre los dioses que sobre los hombres; y en Minerva se adoraba, ahora como antes, el ideal de la virginidad sin mancilla, el prototipo de la sabiduría y del buen consejo; el símbolo del vigor y de la fuerza inquebrantable en todos los combates de la vida. Estas son las tres figuras más importantes del Olimpo heleno. Pero entre todo el celeste cónclave ninguna se destaca tanto cómo la de Apolo, porque este númen es el que más se mezclaba entre los hombres y hace en todo tiempo el papel de mediador entre la tierra y el cielo. Por eso era Cambien el encargado de anunciar á los mortales la voluntad de los dioses, de comunicarles sus decretos y darles á conocer las órdenes inmutables (z e'mistes) de Jove. El oráculo delfico, aún en el tiempo de su mayor prestigio, no pretendió descubrir á los consultantes los sucesos venideros; sino más bien asumió la mision de comunicarles las órdenes del númen y exponerles lo que, atendidas las circuntancias, debia suceder. Como observa Heraclito de Efeso, «el rey que dá oráculos en Delfos, no dice ni oculta las cosas; únicamente las anuncia (1).» Estos oráculos eran por consiguiente, más bien que profecías de sucesos futuros, órdenes que el númen trasmitia á los hombres por medio de sus agentes. No cabe dudar que los sacerdotes de Delfos, libres como por regla general se hallaban de todo compromiso y ajenos á los intereses que agitaban á los di- (1) Plut. de Pythiw oraeul. c. 21.
272 cion anficcionica no tuvo otro objeto que el de celebrar á Ceres el sacrificio de Anthela, ya que en otro caso no se hubiera designado con el calificativo pillaia tanto la solemnidad de Anthela como la sesion anficcionica de Delfos; hecho que tambien se deduce de los escolios al Orestes de Euripides (1087) y del titulo pylagoras, que nada tiene que ver con el santuario de Apolo. Es tambien cosa averiguada que la reunion anficcionica en Delfos tenia lugar en primavera, época, en que se celebró siempre el gran sacrificio pitíco, por ser el dia sétimo del mes primaveral, el único en que, desde la más remota angüedad, vaticinaba la Pitia en persona (1). Al sacrificio de Delfos concurrian los hieromnemones y pylagoras con las mismas atribuciones y deberes que lo hacian al de Anthela. Allí celebraban tambien sus asambleas en público, pues á todos igualmente se daban á conocer sus decisiones, á los peregrinos que concurrian á la fiesta de todos los cantones griegos y al pueblo de Delfos, y no pocas veces los anficciones hicieron una invitacion general para que todos los presentes sin excepcion, asistiesen á sus sesiones. Al antiguo juramento que hacian los asociados en Anthela, en virtud del cual se obligaban á «no destruir jamás una ciudad de los anficciones, á no cortarla, el agua, ni en la paz ni en la guerra, y á combatir en coman contra cualquiera aliado que faltase á este juramento, hasta destruir sus pueblos y viviendas,» añadieron el siguiente párrafo: «y si alguien muestra deseos de apropiarse lo que hay en el (1) Aeschin. adv. Ctesiph. p. 69-71.
2-73 santuario del númen deifico ó saquea el templo, los anficCiones castigarán este desacato valiéndose de las manos, de los pies, de la voz y de todas sus fuerzas» (1). Este juramento se mandó grabar en una plancha de bronce y se colocó en el sitio destinado á las asambleas de los anfléciones de modo que todos pudiesen verla. Los asociados se impusieron la obligacion de acudir á la defensa del númen siempre que se le amenazase, no sin declarar criminales á cuantos se mostrasen remisos en defender á todas las divinidades que se adoraban en Delfos, es decir; Apolo, Diana, Latona y Minerva Pronaia, y pedir que fueran ineficaces sus ofrendas (2). Entrp tanto la guarda del santuario y la direccion del oráculo, siguieron encomendadas á la nobleza deifica. La liga anficcionica se contentó con tornar á su cargo la proteccion del templo y de la solemnidad pitica , aunque más tarde asumió tambien la direccion de la fiesta y se encargó de repartir los premios de los certámenes musicales y caballerescos que hacian parte de la misma. La importancia y la riqueza del santuario despertaron tambien la ambicion de los focenses, los cuales quisieron hacer valer sus pretendidos derechos á la custodia y direccion del templo, alegando que los delfios se hacian separado injustamente de su tribu (3). * Apolo es una de las más antiguas al par que más (1) Aeschin. de falsa legat. p. 43. (2) Diod. XIV, 28. Aeschin. adv. etesiph. p. 70. (3) Tucid., V, 18. Estrab. p. 423. TOMO VII. 111
274 importantes figuras del Olimpo heleno. Así vemos que en todos los cantones se tributaban á este númeri especiales homenages . Los jonios le honraban en Delos ; los milesios y colofonios veneraban sus oráculos en el santuario de los branquidas y en el soto de Claros; á las villas doricas de Anatolia servia de estrecho lazo la solemnidad que dedicaban al hijo de Latona en el cabo de Triopion; la liga argiva le honraba con sacrificios ofrecidos, de comun acuerdo, en Larissa; los dorios peloponesios le dedicaban la fiesta especial de las Carneas; y desde que el oráculo empezó á favorecer la colonizacion griega, no yacilaron en atribuir á tan eficaz agente el éxito de su expedicion al Peloponeso. Esparta y Atenas estaban, por causas de que hemos hecho memoria, en íntima relacion con el oráculo deifico; los beocios recibian oráculos del númen en sus santuarios de Tebas y Ptoon, á orillas del Ismeno, y los tesalios le adoraban en un templo levantado en el valle del Tempe, al pié de la montaña de los dioses y en otro que tenia en Pagasas. La singular nombradía que adquirió el oráculo deifico y el empeño con que los magnates de todos los cantones acudían á buscar allí consejo y á llevar al templo sus dones y regalos, despertaron en todas las tribus el deseo de rendir homenage al Dios en este lugar privilegiado; al punto de no haber una sola que no pretendiese el derecho de enviar comisiones á la solemnidad pitica , y que no aspirase á tener parte en el honroso deber de proteger el más famoso de los santuarios helenos. Los estados más poderosos no hallaron dificultad alguna para entrar en la liga anficcionica, de la cual ya formaban parte
2"/5 grupos pertenecien tes á los mismos; entre otros los dorios del Oeta y algunas poblaciones jonicas de Eubea,, y siendo la sangre y el parentesco los factores de más valía en las relaciones sociales de las tribus helenas, no debe causar maravilla que los dorios y jonios obtuviesen desde luego el derecho de enviar comisiones oficiales á la solemnidad delfica. Mayores dificultades ofreció la cuestion relativa á la participacion, que cada uno de los nuevos asociados debia tener en el consejo de las anficciones. Los antiguos asociados conservaron su representacion por dos votos: el del hieromnemon y el del pylagoras. Respecto á las ciudades de una misma tribu que ingresaron en la anficcionia, en el trascurso del octavo siglo, se dispuso que ellas mismas designasen las dos personas que debian representar á todas. De ordinario adoptaron la costumbre de nombrar cada año los representantes de distinta ciudad, siguiendo riguroso turno, á no haber entre ellas alguna que, por su especial importancia, mereciese la distincion de representar á todas las demás por tiempo ilimitado (1). A lo ménos en la tribu jonica se convino más tarde que Atenas nombraria siempre un delegado y las demás ciudades de la tribu, por turno, el otro. El año 346 antes de J. C. se privó á los espartanos del privilegio que hasta entonces habian gozado de nombrar los dos comisionados de la tribu dorica (2). (I) Parece cosa segura que las ciudades doricas y jonicas entraron en la liga antes de terminar el siglo VII, por lo ménos; no se explicaria de otro modo la participacion de Atenas y Sicyon en la guerra crises. Por lo que hace á Esparta y Atenas ya formaban parte de la liga en el siglo VIII. (2) Aeschin. de falsa legat. p. 43. Pausan. X. 8. 2.
2;(1 La liga anficcionica, que en un principio estuvo tomada por pequeñas tribus y cantones aislados, se componia de numerosas agrupaciones de estados hermanos, los unos más poderosos que los otros. Dichas agrupaciones constituian las curias que, mediante un convenio especial, repartian entre si los votos en el consejo de los anfieciones. En un principio se formaron once ó doce curias, segun las circunstancias; posteriormente se fijó en doce su número con veinticuatro votos. Cada Estado podia enviar á la fiesta un número ilimitado de representantes; en el siglo IV enviaba Atenas un hieromnemon, tres pylagoras y varios theores. Todos estos diputados asistian á las sesiones, pero únicamente el hieromnemon y el primer pylagoras tenian voz y voto. Por tan sencillo modo logró reunir el oráculo deifico, en una sola aspiracion, á la inmensa mayoría del pueblo heleno y le movió á formar una liga religiosa para honrar al númen y proteger su templo y el culto que en él se le rendia. Con entera verdad podia decirse entonces que era Delfos el centro de los cantones griegos, pues era centro efectivo de su actividad religiosa y en cierto modo capital politica de todo el imperio heleno. 116 aquí por qué los sencillos griegos, que apenas conocian del globo más que sus cantones y colonias, situadas alrededor de aquel lugar en que parecia tocarse la tierra con el cielo, consideraban el santuario deifico como el punto céntrico de toda la tierra. Cuenta la tradicion poética, que habiendo soltado Jove dos águilas, una de Oriente y de Poniente la otra, fueron á encontrarse en Delfos, despues de recorrer la misma distancia. En tiempo de Pindaro, halda, efectivamente, dos águilas de oro á
271 los lados de la piedra que representaba el centro, el ombligo, de la tierra (1). Ya no eran únicamente los lazos de la sangre y del lenguaje los que mantenian la union entre las tribus helenas. Lazo mucho más fuerte y duradero fije' la religion, el culto conque todas de igual manera honraban á sus dioses; y el acto por el cual resol vieron tomar parte en el mismo sacrificio y sostener el mismo culto, la obligacion que todas contrajeron de proteger aquel santuario, convertido en templo nacional por unánime acuerdo del pueblo, avivaron y robustecieron el sentimiento de la unidad nacional que les .habia inspirado. Pero no se crea por eso que la liga anaccionica llevó á cabo la union política de todas las tribus helenas y creó verdadera uniformidad en el régimen social de todos sus cantones, en las manifestaciones que constituyen la vida de un pueblo. Esta confede,- racion no hizo más que dar los primeros pasos para llegar á la unidad nacional, pasos que en este sentido quedaron sin resultado por haber limitado su accion los asuntos religiosos, dirigiendo casi exclusivamente su poderoso influjo á la defensa del santuario deifico y de los devotos que al mismo acudian y al mantenimiento del órden en la solemnidad paica. Como se vé, la liga ejerció su accion dentro de límites demasiado estrechos, y si alguna vez, á consecuencia de cuestiones religiosas trató asuntos políticos ó tomó resoluciones de esta índole, lo hizo con escaso tino y con éxito en extremo desgraciado. Bien considerado, la asamblea de los anficciones (1) Aeschyl. Choephor. 1034. Estrab. p. 423. Pind. Pyth. IV, 6.
278 no tenia otras atribuciones que las que ejercian los jefes y presidentes de las asociaciones religiosas ordinarias, con la única diferencia de que estas obraban por derecho propio, y los anficciones no podian obrar sino conforme á las decisiones de la sociedad, manifestadas por mayoría de votos. Por lo demás, los anficciones, imitando el ejemplo de los argivos en la presidencia de las fiestas piticas que se celebraban en Argos y el de los eleos en la direccion del sacrificio olímpico, daban excesiva latitud á su autoridad, ya arrogándose el derecho de imponer castigos, en interés do la confederacion, á los que quebrantaban las ordenanzas religiosas ó perjudicaban los derechos del oráculo,' los cuales, de ordinario, consistian en penas pecuniarias, ya adoptando otras, disposiciones de índole diversa. Por virtud de su institucion, la asamblea tenia el deber de adoptar cuantas medidas fuesen necesarias para aumentar el esplendor del templo; por lo cual honraba y recompensaba á los que, de algun modo, contribuian á ese objeto á la vez que castigaba á los que se hacian reos del delito contrario. Por eso tambien todas las tribus y estados que tenian representacion en la liga, estaban autorizados para presentar en la asamblea cualquier querella contra los que lastimasen los derechos del oráculo, y aquellalas admitia ó desestimaba, segun su criterio, imponia multas á los reos ó proclamaba la guerra santa contra los enemigos del santuario. Pero careciendo del prestigio que dá la unidad, no siempre eran acatadas desde luego sus decisiones, y cuando los reos se negaban á cumplimentar sus mandatos, entregando en el santuario las multas que les habian sido impuestas, no
2179 siempre se encontraban entre los ligados, devotos que voluntariamente se encargasen de hacer ejecutiva la sentencia. ' Eran estas rebeliones inevitable consecúencia de la organizacion de la liga anficcionica y de su falta de actividad política. No se tiene noticia de un solo caso en que los anficciones evitasen la guerra entre los mismos estados de la liga, como no evitaron las irrupciones de los tesalios contra los focenses y beocios; tampoco se sabe que en ningun caso hiciesen el papel de árbitros ó intermediarios para ajustar la paz entre pueblos contendientes. En general, se observa una falta completa de tendencias verdaderamente nacionales en todos los actos de la liga anficcionica, que no supo siquiera oponer sus fuerzas unidas al comun enemigo de la pátria. Cuando en el siglo IV los tebanos quisieron explotar la cuestion religiosa para obtener de los anficciones ciertas ventajas puramente políticas, produjo esta pretension de los tebanos las más funestas consecuencias. Y puede con verdad asegurarse que en la historia de Grecia no aparece individuo ni corporacion que más culpa tenga en la ruina de la libertad helena que la asamblea de los anficciones. El carácter esencialmente religioso de esta liga, aparece demostrado hasta la saciedad en todos sus actos, hasta en aquellos en que se ha creido vislumbrar alguna tendencia politica. Así, por ejemplo, si puso premio á la cabeza de Efialtes, fué porque este traidor facilitóá: los persas el ataque contra Delfos; y al levantar un monumento á la m emoria de los héroes que sucumbieron en las Termópilas, se propuso únicamente cumplir un deber religioso, ya que aquellos
280 valientes habian perecido por defender la subida que daba acceso al santuario deifico del Oeta (1). La entrada de la mayoría de las tribus helenas en la liga anficcionica, contribuyó algo á despertar entre ellas el sentimiento de la unidad nacional, aunque mucho menos de lo que debía esperarse de su importancia por haber limitado sus funciones á los asuntos puramente religiosos. Con más eficacia despertó y mantuvo este sentimiento entre los helenos de todas las tribus una leyenda que, difundida en el octavo siglo, por los sacerdotes del santuario deifico, halló muy pronto eco hasta en los más apartados rincones de Hellas. En los tiempos que precedieron á la emigracion, se comprendían bajo el nombre de aqueos, que segun parece significa nobles (2), á todos los habitantes de los cantones griegos y el autor de la lijada, se sirve de ese vocablo para designar á todos los guerreros del ejército sitiador de Troya. Despues de la emigracion dióse á este nombre una sigriificacion sumamente limitada, pues sirvió tan sólo para designar á los emigrados de la comarca de Argos y á los antiguos moradores de la Pthiotide, para lo cual, sin duda, se tuvo en cuenta el lugar preeminente que esas dos provincias ocupaban antes de la emigracion entre todos los cantones de la Península, aunque tal vez se quiso significar el carácter heterogéneo de la po- (1) El mismo carácter se descubre en eI caso de que hace mencion. Plutarco; Cimon c. 8. Véase l s ileier, Los árbitros (Schiedsrichter), p. 35• (2) Pott, Indogermanische Sprachstamm (Rama linguistica indog); in der Encyclopedie von Ersch, p. 65.
281 blacion de dichas provincias, ya que la de Pthiotide se componia principalmente de fugitivos que se habian refugiado allí de diferentes distritos situados al Norte del Oeta, para evitar la opresion de los invasores tesalios y los argivos, no eran sino emigrados de diversas comarcas de la parte oriental del Peloponeso, que se desparramaron por la costa del Noroeste. Era preciso inventar un nombre con que designar estas heterogéneas masas , y nada más natural que bautizarlas con el vocablo genérico del pueblo que habitaba antes de la emigracion aquellos lugares, que era más antiguo y más ilustre que los nombres de cualquiera de los pueblos emigrados. Los aqueos eran, efectivamente, los genuinos representantes del tiempo antiguo, y los que mejor guardaban las primitivas instituciones helenas, en medio de los trastornos producidos por las emigraciones. A partir del 800 se observa un movimiento de concentracion en las tribus griegas que, en su gran mayoría, se reunian en épocas. determinadas, ya en el santuario deifico, ya en las fiestas de Olimpia. Casi todos los cantones y ciudades de Hellas habian ido creciendo, unas veces por el natural desarrollo de la poblacion, otras por causas particulares que, con frecuencia, ocurren en el desenvolvimiento histórico de los pueblos, llegando algunos á contener masas numerosas y compactas. Los dorios que en un principio ocupaban tan solo un estrecho valle de la vertiente meridional del Olimpo, estendiéronse luego por la falda del Pindo y de aquí se desparramaron por una considerable parte de la Península, llegando á dominar, como señores, en Megara, Sicyon, Fliunte, Corinto, Trecena, Epidauro, Argos y Esparta, y
288 á la tribu eolica, como se hizo con los tesalios, los beocios y áun con los minyos establecidos en el Peloponeso, á no haberse declarado enemigos de los otros grie g os en cuyas costas ejercían la piratería. Era, p 9 pues, muy natural que se excluyese de la comunidad de los helenos á esta raza que, sobre ser enemiga, se abstenía de tornar parte en las fiestas nacionales de °limpia, y de Delfos, motivos suficientes para que ninguna de las tres tribus se prestase á admitirla en su seno. Segun todas las probalidades, este grupo, gracias á su completo aislamiento de las otras tribus, conservó el antiguo lenguaje del país en su primitiva pureza y tal vez mantuvo ta rabien los antiguos usos con tanta severidad, que llegaron á parecer gente extraña y desconocida á sus mismos compatriotas, aunque no es ménos admisible la suposicion de que adoptaran ese carácter de extranjerismo por efecto de los elementos fenicios que en su civilizacion y lenguaje tornaron los habitantes de Lemnos é Imbros y de la influencia que en los del Athos ejerció la cultura de los tracios. Como quiera que sea, conservóse á estos griegos el nombre especial de pelasgos, para distinguirlos del resto de las tribus helenas, y con ese vocablo, que quiere decir antiguos, se quiso significar que nada tenian de comun con las reformas introducidas en la constitucion del pueblo heleno; por analogía se llamó Pelasgiotis á la comarca inmediata á los lagos de Tesalia, de donde procedian casi todos los pelasgos, porque allí se practicaban los antiguos usos y se mantenía en su primitivo estado la cultura. •
289 A tenor de la ingeniosa leyenda que hemos sumariamente expuesto, las tribus helenas descendian de un padre comun, y siendo sus tres patriarcas hijos de Hellen, helenos ó panhelenos fué el nombre con que en lo sucesivo se designó á los individuos de su ya numerosísimo pueblo. Es cosa averiguada que esta leyenda genealógica se desarrolló en el trascurso del siglo VIII, como, entre otros hechos lo demuestra la órden trasmitida, hácia el ario 800, por los sacerdotes delficos á Licurgo de erigir santuarios á Júpiter Hellanio y á Athenea Hellania; y así lo dá tambien á entender Arquiloco, cuando, por los años 700 antes de J. C., dice: «en Thasos corren unidos los lamentos de los panhelenos.» En las grandes Eoes, cuya redaccion se terminó en la segunda mitad del sétimo siglo, aparece la leyenda perfectamente desarrollada. Tambien en las Obras y dias se usa el sagrado nombre Hellas para designar toda la Península (1). Para acrecentar la importancia de la liga anficcionica, se dió á Deucalion un segundo hijo por nombre Anficcion, y en Protogenia, hija del mismo patriarca, hubo Jóve á Ethlio, que significa el luchador, el atleta. Con esto se quiso dar á entender que no solamente procedían de Deucalion las tribus, sino todas las instituciones que representaban ó servian de base á la unidad del pueblo heleno, particularmente la liga de los anficciones y la solemnidad de °limpia. Como natural consecuencia se atribuyó el mismo (1) Archil. Fragm. 54. Obras y días, y . 528 y 651 y Hesiodí Fragm. 32, ed. de Wittling. TCA10 VII, .19
290 origen al antiguo vocablo gramos, particularmente relacionado con las tradiciones del Epiro y de Dodona, del que luego se sirvieron los pueblos latinos para designar al griego. A este propósito se cuenta en las Eoes que Júpiter conoció Cambien á Pandora, hija segunda de Deucalion, en la cual tuvo á Graecos (1). Vemos, pues, que los dos vocablos con que se designa el pueblo griego, heleno y graeco, procedian de Deucalion, uno, por línea recta, de su hijo, y de su hija menor el otro. Cada tribu desarrolló á su manera y con entera libertad la leyenda de los hijos de Deucalion, quienes, por esa razon, desempeñan papel diferente en las diversas tradiciones de los cantones. Pero en todas se echa de ver á la simple vista el origen relativamente moderno de tales personajes, á quienes, por eso, falta la aureola veneranda y llena de poesía que dá la antigüedad; ninguna leyenda les presenta con los caractéres que tan particular animacion prestan á los héroes de las épocas primitivas. La fábula de Eolo es la más pobre de todas, siquiera la veamos difundida por casi todos los cantones griegos, como si hubiese perdido en fuerza lo que ganó en extension. En unas partes sólo dice de él la tradicion que sucedió á su padre en el gobierno de la Pthiotide; en otras se le confunde con el númen de los vientos, con Eolo, progenitor de los monarcas de Yolcos y Corinto, padre de Athamas, de Creteo y Sisifo, hipótesis que se sostiene ya en las poesías atribuidas á Hesiodo. De Doro tampoco se sabe otra cosa sino que bajo su gobierno ocupaba la raza dorica la region Istieoti- (1) Apolod. 1, 7 y 3. Hesiod. Fragm. 29.
291 da, que está al pié de los montes Ossa y Olimpo, desde donde los condujo el mismo caudillo al Pindo, que escogieron entonces por morada (1). La tradicion atica dió más colorido á la leyenda de Xutho y de Ion. Supónese que el primero fuá expulsado de Tesalia por sus dos hermanos, en cuya ocasion, al decir de Herodoto, se refugió en el Peloponeso; pero segun la tradícion ateniense, buscó asilo en Atica, donde Erejtheo, sucesor de Cecrops, le recibió amistosamente; y el fugitivo príncipe le pagó su hospitalidad prestándole auxilio en la guerra que á la sazon sostenia con los sucesores de Jalkodon el chalcidio, con tan buena fortuna, que Erejtheo recompensó esté servicio dándole la mano de su hija menor Creusa y varias comarcas de la costa oriental de Ática. Por esta razon se atribuye á Xuthos la fun- , dacion de las cuatro villas de Marathon, que juntas componian uno de los distritos en que estaba dividida el Atica. Entre tanto el hijo menor de Xuthos, por nombre Aqueo, comete un homicidio que, si bien fuá involuntario, no por eso le exime del destierro ; huye entonces al Peloponeso, donde tuvo por descendientes á los aqueos de Argos y Laconia, dejando en Ática á su hermano mayor Ion, á quien IIerodoto llama general de los atenienses (2). Cuádrale bien este nom- (1) Estrab. p. 383. Hesiod. Fragm. 32. Pind. Pyth. IV, 108. Herod. I, 56. (2) Euripid. Jon v. 59 seqq. Estrab. p. 383. Pausanias supone que Aqueo regresa del Peloponeso á Tesalia donde vuelve á entrar en posesion de la herencia paterna; pero sin duda no tuvo otro objeto que el de hacer figurar en la leyenda á los aqueos de la Pthiotide. Herod. VIII, 44.
292 bre, pues se cuenta que llevó á cabo tales proezas en la guerra sostenida por su abuelo contra Eumolpo, rey de Eleusis, que, al morir Erejtheo, le eligieron por rey los atenienses. Las cuatro filas ó tribus atenienses, tornadas de los hijos de Ion al decir de Herodoto, eran en un principio la de los ge leontas, de los egicoreis, de los argadas y de los hopletes, uombres que, como antes apuntamos, significan: nobles' cabreros, labradores y soldados, y que, por tanto, pudieron muy bien tomarse de los oficios que las tribus ejercian. Algunos escritores suponen que el mismo Ion hi g o ya esta division de las tribus jonicas á las que habia dado su propio nombre. Otros aseguran que Anficcion fué algun tiempo soberano de Atica, y Pausanias opina que Ion vivió entre los egialeos del Peloponeso y fundó á Helice, sin más fundamento que el de llamarse Cambien jonios los egialeos (1). Las estrechas relaciones que desde la introduccion del derecho criminal deifico se establecieron entre Atica y el famoso santuario por un lado y el íntimo parentesco que se supone haber existido entre Ion y las cuatro tribus por otro, fueron sin dada las circunstancias en que se fundó Euripides para introducir una modificacion esencial en la leyenda relativa al origen de las tribus jonicas, diciendo: que el patriarca Ion fué en realidad hijo de Apolo y de Creusa que cayó en las redes del niírnen en un lugar apartado de la Acrópolis; que el niño nacido de estos amores fué trasportado por Mercurio á Delfos, donde creció:y se educó prestando servicio en el santuario; que algun tiempo despues se presentó Xuthos en Atica y lleván- (1) Herod. V, 60. Pausan. VII, 1.
293 lose consigo á Creusa la inspiró el pensamiento de reconocer corno hijo. á Ion. Puesto que los atenienses honraban á Apolo en la fiesta de las boedromiás, bajo el calificativo de dispensador de la victoria y protector de los combatientes, no anduvieron descaminados al atribuirle la paternidad de Ion, quien, juntamente con Xuthos, les habla prestado auxilio y ambos fueron eficaces aliados que los sacaron triunfantes de la lucha. Hé aqui porqué tambien las.fratrias atenienses y sus tribus daban culto al Apolo patroos ó paternal y acudian á él en sus apuros, como que de este númen descendía su patriarca Ion. Por la modificacion de Eurípides se creó un estrecho lazo entre la leyenda ateniense y el númen deifico y entre sus respectivas tradiciones religiosas; y de la misma surgió sin duda la idea de ennoblecer la raza ateniense haciéndola originaria del más popular de los dioses helenos. Por eso figura Ion en la lista de los soberanos aticos entre Erejtheo y Pandion, aunque no todos los historiadores y críticos han reconocido su derecho á figurar en ella. El hecho positivamente histórico de haberse dado asilo en Atica á los fugitivos que huyeron ante la invasion de los tesalios y el eficaz apoyo que los nestoridas de Pilos, refugiados tambien en Atica, prestaron á los indígenas en su contienda con los ameos; son sin duda los acontecimientos que se recuerdan en la mencionada leyenda de Xuthos y de Ion, á tenor de la cual estos caudillos figuran en la tradicion atica, en la favorable acogida que tuvieron en aquel país y en el auxilio que prestaron á los atenienses. Como quiera que sea, algunos escritores hacen notar que las
294 boedromias se instituyeron en memoria de la batalla en que Ion peleó al lado de los atenienses contra los de Eleusis (1), aunque otros opinan que en ellas se conmemoraba la victoria de Teseo sobre las amazonas (2). Pero los atenienses dedicaban expresamente la solemnidad al Apolo Boedromio, nombre con que designaban además el mes en que caía correspondiente á parte de nuestro Setiembre y de Octubre. * * Entre todas las tribus helenas la que se conoce con el nombre de eolica, es la que presenta más di versidad de caractéres y tipos en los diferentes elementos que la componen. Tenia que suceder esto por precision en una tribu cuyos diversos cantones y ciudades no tenian de coman otra cosa que los caractéres más esenciales del pueblo griego y el dialecto, que habia conservado precisamente entre ellos las más antiguas formas del lenguaje heleno. Así vemos que entre las vocales predomina la a y entre las consonantes la r. En principio y medio de vocablo ocurre la aspiracion con mucha frecuencia y el dual es completamente desconocido. Al conservar el dialecto eolico estos caractéres primitivos de la lengua griega, nos ofrece un notable punto de contacto con los idiomas de la antigua Italia, que carecen igualmente de formas duales. Más aún que la eolica, llama nuestra atencíon la tribu dorica por sus caractéres distintivos y peculia- (1) Suidas, v. Badronia. Etymolog. magn. p. 202. (2) Plut. Thes. c. 27. El vocablo Apólkin patróos le traducen algunos por padre de Ion, Véase Müller, dorios, I, 244.
295 res cualidades. Todos sus elementos reconocían el mismo origen; sus familias habitaron en un principio el mismo valle, del que salieron unidas formando un solo pueblo, y sus cualidades características habian adquirido un sello de uniformidad perfectamente marcada, bajo la influencia de hechos y acontecimientos que á todos afectaron de igual manera. En general poseian los dorios gran habilidad en el arte de 1a guerra, hallábanse dominados por la sed de mando y por el amor á la más absoluta independencia, y sin embargo, mostraban un gran sentimiento de órden, de disciplina y de sumision á las leyes; al lado de un consumado artificio poseian una gran dósis de esa astucia natural que caracteriza á los pueblos primitivos; el ingénio propio de su raza estaba mezclado con cierta rudeza, y bajo un exterior franco. y noble ocultaban no pocas veces una refinada hipocresta. En el trascurso del sétimo siglo empezaron á marcarse las diferencias de carácter que más tarde separan por completó á las diferentes secciones en que se dividió el pueblo dorico al comenzar la, era de las invasiones; y aunque no perdieron las cualidades esenciales de su raza, hiciéronse muy luego notar por sus peculiares usos distintivos: los caballeros propietarios de Esparta, fieles á la disciplina que levantó su poderío; los nobles de Corinto, dedicados al tráfico y al comercio; los gamores-de Siracusa y los dorios rodenses que daban adoracion sobre el Tabor á Júpiter bajo la forma de toro. Como era natural, marcáronse más estas diferencias con el trascurso del tiempo, hasta que no quedaron á las diversas tribus que componian el pueblo
296 dorico más elementos comunes de la herencia paterna que el recuerdo de su comun origen y el dialecto que lleva su nombre. El lenguage dorico presenta más analogías con el eolico que con ningun otro dialecto heleno. Como este dá Una marcada preferencia á la J , •, letra que en muchos casos sustituye á la s; y emplea la a - larga aún con más frecuencia que dicho dialecto eolico, por cuyo medio comunica á sus períodos una expresion de gravedad solemne y un tono de pesadez que le caracteriza. No cabe duda que la tribu jonica es la mejor dotada de todas las que forman el pueblo heleno. Descuella en primer lugar sobre todas por la viveza y la susceptibilidad de su inteligencia y por una extraordinaria preclisposicion á la poesía; por otra parte la movilidad suma de su espíritu contrasta con el carácter moderado y estable de la raza dorica. El goce de los bienes conquistados no les sujeta, antes por el contrario les arrastra con irresistible fuerza el deseo de nuevas adquisiciones. En la raza jonica el espíritu de disciplina y de subordinacion á las leyes que promueven el bien comun, se halla dominado por el impulso de la actividad individual y por la fuerza incontrastable del desarrollo de las facultades individuales; en todas sus manifestaciones predomina el sentimiento del derecho y de la libertad individuales. Si paramos mientes en esto, veremos que los jonios, desde el momento en que, saliendo de sus antiguas ciudades del Ática y de Eubea, aparecen cruzando el Egeo para énseñorearse de sus más floridas islas y de los mejores puntos de la costa asiática,
297 descuellan sobre todos los griegos por la plenitud y el vigor de sus facultades individuales, carácter que se destaca en la organizacion dada á sus diversos cantones, en su cultura y en todas las manifestaciones de su vida como pueblo independiente. Los jonios despreciaban los peligros de la guerra y temian los contratiempos de la navegacion aún ménos que los dorios; pero no buscaban la recompensa de sus trabajos y privaciones en la posesion de extensos territorios, sino más bien en el libre ejercicio de sus facultades, en el alegre y activo trato con otros pueblos, en el goce de los placeres que la sociedad ofrece, cuyos actos se manifestaban particularmente en el mercado público. Entre los jonios la moral conserva por mucho tiempo el carácter instintivo é inconsciente de los pueblos primitivos; y en realidad nunca se desarrolló entre ellos, el concepto del deber moral con tanta perfeccion y claridad corno entre los dorios; siquiera en aquellos tomase más parte el corazon en la práctica de las acciones morales. El dialecto jonico presenta igualmente más dulzura y flexibilidad que el eolico, y la combinacion de los sonidos vocales ofrece en dicho dialecto una variedad que contrasta con el vocalismo uniforme del lenguaje dorico. En el dialecto jonico han desaparecido los sonidos aspirados, y en lugar de la a característica del eolico y dorico se usa la é larga. No son las variedades de lenguaje, los usos y caractéres sociales los únicos elementos que distinguen á unas tribus de otras; distínguense tambien y muy particularmente por la manera de dividir y contar el tiempo, ya que el calendario no solo ofrece
XI. LA EPOPEYA Y LA TEOGONIA. En lo que toca al desenvolvimiento • de la vida propia, nacional, siguieron dorios y jonios casi idénticos caminos. Si aquellos rabian demostrado su valor y la perfecta unidad de sus fuerzas en sus expediciones guerreras coronadas por los más alhagüeños resultados; si en Creta y Rodas supieron apropiarse elementos civilizadores que modificaron de notable manera el carácter de la cultura helena, las colonias jonicas de Anatolia no tenían que envidiar nada á los establecimientos doricos del Peloponeso, y respecto á cultura, despues de entablar relaciones con los lidios, no era en nada inferior la jonica á la de sus rivales, como lo demuestran las colonias de Eubea, leto y Fosea, superiores por todos conceptos á las colonias más florecientes de los dorios. En la esfera de la cultura intelectual, cuya única genuina ma-nifestacion por entonces, era la poesía, marchaban los jonios á la cabeza, dado que á ellos en realidad corresponde la gloria de haber llevado el canto epico á la perfeccion inimitable que nos pre-
205 senta en los poemas homericos; y por tanto á ellos, en último término, se deben los ensayos que, ya en el octavo siglo, se hicieron en muchos puntos, con más entusiasmo que éxito para presentar en igual forma poética los ricos materiales que ofrecian las tradiciones de todas las tribus helenas. Pero desgraciadamente faltaba á los imitadores y sucesores del gran bardo de Chios, no solamente su vigoroso génio sino todas las ,condiciones, datos é hipótesis en que éste fundó su grandiosa leyenda, cuyo desarrollo precisamente es uno de los principales méritos de su maravilloso ingénio. Salta desde luego á la vista que en el siglo VIII habian perdido las tradiciones y leyendas heróicas aquel vivo colorido que tenian á raiz del troyana suceso, y de los portentosos hechos que le siguieron que tan á maravilla supo dibujar el cantor de la 'liada; hablase no poco amortiguado el interés de los príncipes y nobles caudillos, sucesores d aquellos guerreros que sometieron á la orgullosa Ilion y lucharon en los mismos campos que ellos á la sazon podian llamar suyos ó por cuya posesion todavia peleaban; la realidad habia sucedido á las fantásticas creaciones de la tradicion que Homero supo presentar bajo tan maravillosa forma y á que dió tan vivo colorido. Por tanto, en esta época faltaba á los poetas epicos la práctica que suministraban antes los cantos heroicos, el interés con que el pueblo , los. príncipes y nobles contemporáneos de Homero escuchaban las relaciones de los poetas ; faltábales la inspiracion que nace de la inmediata contemplacion de los lugares que fueron teatro de los sucesos y el encanto y la animacion que presta esa poesía sencilla TO110 VII. 20
306 pero expontánea de que sacó Hornero sus mas profundas inspiraciones, para crear un género de poesía mas elevada. Hornero compuso su poema valiéndose tan solo de una parte de la leyenda greco-troyana, que ilustró con numerosos y bellos episodios, en lo cual demostró el vigor de su vastísimo ingenio; en la Odisea expuso únicamente algunas de las principales aventuras del héroe, sin destruir la unidad de la accion. Los poetas homeristas por el contrario, incluyen en la accion general un sinnúmero de hechos. Por eso mientras que de la lijada y de la Odisea solo puede sacarse una ó á lo sumo dos tragedias, de las Ciprias pueden componerse varias y ocho ó mas de la pequeña lijada, la lucha por las armas, Filoctetes, Neoptolemo, Euripilo, la excursion mendicante, las Lacaenas, la, destruccion de Ilion, la partida, Sinon, las Troerinas (1). Como quiera que sea, la epopeya tuvo muchos y no vulgares representantes en los siglos posteriores á Hornero. No obstante, en sus composiciones se descubre á primera vista que son copias ó imitaciones de un original á cuya perfeccion no pudieron llegar, siquiera estuviesen redactadas en el lenguaje homerico, aun las de autores que pertenecian á distinta tribu. Por el año 800 el eolio Hesiodo, natural de Ascra, empleó la forma epica, no para cantar las magnificencias de los dioses y las glorias de los héroes, sino simplemente para mejor inculcar en el ánimo (le su hermano ciertos principios morales y reglas que debian servirle de norma en la vida, mientras que el jonio Arctino compuso en el principio de la era ohm- (1) Aristot. Poet. 23.
piada dos poemas en los que continuó la leyenda de la guerra troyana desde el punto en que termina la Iliada. En estos dos poemas, el de Los Etiopes que consta de cinco libros y el de La Destruccion de Troya, de dos, cantó las luchas de los aqueos con las Amazonas y con el etiope islemnon, la lucha de Aquiles y Pentesilea que acabó con la muerte de esta; los insultos que dirigió Tersiles al mismo Aquiles y que le valieron la muerte y la traslacion del invulnerable caudillo á la isla de Lenco despues de su muerte, ocasionada por una flecha de Páris, y por último, la toma de Ilion por los héroes escondidos en el caballo de madera. La destruccion de la ciudad, la muerte de Priamo y el sacrificio de Polixena sobre la tumba de Aquiles, son los asuntos que sirvieron de tema al segundo poema de Arctino (1). En la primera mitad del octavo siglo apareció La Tebaida, poema dividido en siete libros con 9.000 versos, en el cual se da á conocer la leyenda relativa á la expedicion de los caudillos argivos, Adrasto y Amfiarao contra Tebas (2). Aunque en este poema se hace memoria de Edipo, redactóse mas tarde otro, con el nombre de Edipodia, en el que se hace una re- (1) Este poeta, llamado por Dionisio halicarnasiense, el más antiguo de los poetas conocidos, fué, segun algunos, discípulo de Hornero. Artemon de Clazomenas le hace figurar en la novena Olimpiada, ó sea hácia el ario 744 antes de J. C., mientras que Eusebio y Jerónimo le hacen florecer en la primera, aunque parece seguro que no floreció antes de la mitad del octavo siglo Dion. Hal., Antig. I, 68, 69. Euseb. Chron. Olymp. p. 78, 79. (2) Hemos fijado la fecha de la Tebaida, ateniéndonos al dicho de Pausanias, quien asegura que Calino de Efeso, citó versos de dicho poema. Paus. IX, 9, 3.
308 lacion de la extraña leyenda de este príncipe. Consta de más de 5.000 versos y se cita como autor del mismo á Lacone Cinaethon , que, al decir de los más autorizados cronólogos, floreció en la primera mitad del octavo siglo (1). Como continuacion de este poema aparecen poco despues los Epi:qones y la Alemeonict que cierran el circulo de las leyendas tebanas y dan á conocer detalladamente los sucesos de la segunda expedicion argiva y la desgraciada suerte de Alcmeon, hijo de Amfiarao. En la segunda mitad del mencionado siglo reunió Eumelo, poeta dorico que ayudó á Arquias á fundar la colonia y ciudad de Siracusa, en un gran poema epico, todas las leyendas de los héroes de Corinto, sin excluir las aventuras de Jason y de Medea. En la primera mitad del sétimo siglo, la leyenda troyana, sirvió de nuevo al poeta Lesches de Lesbos como argumento de sus composiciones. Este vate eolico dio en su Peques - 7a Iliacla una relacion de la caida de Ilion más detallada y extensa que todas las conocidas, enlazando con el argumento principal un gran número de hechos y episodios acaecidos despues de la muerte de Aquiles, y enriqueciendo con nuevos detalles el que se refiere á la torna de la ciudad enemiga. Este poema se dividió más tarde en cuatro libros. En la segunda parte del mismo siglo apareció el poema Ciprias que, en once libros, expone la leyendá troyana con más extension y mayor copia de datos que todos los anteriores. En este poema se trata de (1) Inscrip. Borg. I, 11. Clinton fast. helen. c. 765. Pausan., IX, 5, 5, da á entender que no sabe á ciencia cierta quién sea el autor de la Edipodia.
309 investigarla causa verdadera, que motivó la tremenda lucha entre griegos y troyanos. Despues de presentar á la diosa Afrodita como centro del que parte la chispa",que enciende el fuego de la pelea, expone la fábula relativa á la contienda de las tres diosas rivales, la sentencia del voluptuoso Páris y habla por último del sacrificio y de la traslacion de Ifigenia (1). Con la aparicion de esta obra coincide, segun todas las probabilidades, la del poema los Mostos, de Agias de Trecena, que en cinco libros reunió las numerosas leyendas relativas al regreso de los héroes que tornaron parte en el sitio de Troya. Las leyendas de Hércules sirvieron Cambien de terna para diversas composiciones epicas de este período. El autor de la «Torna de Ejalia» cantó las últimas hazañas del héroe, su campaña contra Euryto y sus amores con la rubia Tole, hija del primero. Atribúyese la redaccion de este poema al bardo Creofilo de Samos, y á lo ménos, parece cosa averiguada que su autor fué uno de los poetas de la escuela de Samos fundada por el mencionado bardo, que floreció en la segunda mitad del octavo siglo. Esta hipótesis conviene mejor con los hechos expuestos en los escasos fragmentos que nos quedan de la Toma de Ejalia, que dan una relacion de la leyenda de (1) En la caja de Cypselo está representado el juicio de Páris, de cuya circunstancia se deduce que las Ciprias aparecieron antes del año 600. Más como por otra parte los fragmentos del poema, no presentan caracteres de mayor antigüedad, debe fijarse la fecha de su redaccion entre los años 650 y 600.
310 Euryto y Hércules completamente distinta del texto de la lijada. La ciudad de Ejalia se ha trasladado á Eubea mientras que en el poema homerico aparece en Arcadia y otros la colocaron en Mesenia. De esto se deduce que el origen del poema en cuestion no se remonta más allá de Eumelo. Euryto prometió la mano de su hija al que más destreza mostrase en el manejo del arco. Hércules vence á todos sus rivales, pero Euryto le niega el prometido premio. Entonces el héroe se apodera de Ejalia, da muerte á Euryto y á sus dos hijos y se lleva consigo á Iole. Hacia el año 630, ó sea á la conclusion del período, apareció la Heracleia de Pisandro el rodense, poema enciclopédico que contiene una relacion circunstanciada y completa de todas las aventuras, trabajos y hazañas del hijo del Alemena. Pisandro fundió en este poema, la fábula del antiguo númen de la luz, de los primitivos caudillos de Micena y Tiryns, con la fábula del dios solar del Asia menor y del Melkarth de los fenicios. Antes hemos dado á conocer otros muchos puntos de contacto entre el Hércules griego y el Melkarth fenicio; en el escamoteo del ceñidor á Mene, reina de las Amazonas, y en las aventuras amorosas de Omfale, la Cibeles libia. Los milesios le hicieron patriarca de los escitas que habitaban en las márgenes septentrionales del mar Negro y en el extremo opuesto del Mediterráneo los samiós y focenses hallaron las dos montañas de Melkarth, que desde entonces se confundieron con las columnas de Hércules. Esta fusion de las dos leyendas era por extremo fácil en una época en que los griegos frecuentaban
311 costas fenicias y sostenian activo comercio con los adoradores de Melkarth en varias islas, particularmente en Rodas, y no debe maravillarnos . que Pisandro refiriese á Hércules todos los mitos del númen solar de Tiro. Efectivamente, este bardo atribuye á Hércules doce trabajos, porque Melkarth tuvo que someter los doce signos celestes • que se oponen á la marcha del sol por su órbita; le hace vencer al leon fiero, símbolo del ardor estival, de que tambien salió triunfante el númen fenicio, y le viste con la piel del animal vencido; le da por arma principal la maza y le consagra las aguas termales de que tambien era tutelar Melkarth (1); siguiendo las huellas de este númen, le hace recorrer en toda su longitud las costas del Mediterráneo y del mar Ne-gro, dar muerte á Anteo y á otros mil monstruos y alimañas y cruzar en la copa del sol el anchuroso Oceano; y por último, supone que se quemó á si mismo en una gran pira, al modo que Melkarth so quemó para resucitar purificado y rejuvenecido (2). Hesiodo, apartándose del trillado camino, empleó el verso epico, no para cantar las glorias de los héroes y las alabanzas de los dioses, sino para dar á los hombres reglas morales y consejos prácticos para la vida: su estilo es mesurado y sereno cual conviene á este género de 'poesía. Muy luego imitaron otros poetas el ejemplo del célebre moralista. Derribada en unos puntos la monarquía y perdido casi todo su prestigio en otros, fué, decreciendo más y más el in- (1) Estrab., p. 688 Pisandri Fragm. 1, ed. de Dübner. (2) Pis. Fragm. 10, etc.
312 ters que antes mostraba el pueblo por conocer y recitar las aventuras y hazañas de las antiguas familias reales, cuya importancia se desvanecia ante los altísimos deberes que el nuevo régimen político imponia á la nobleza. La poesía tomó tambien parte activa eu este movimiento de la reconstitucion del Estado; desde entonces los vates griegos fijan más su atencion en el presente, en la vida real, que en las leyendas y fábulas del pasado, y sus cánticos tienen por principal objeto impulsar el desarrollo de la cultura y despertar la idea de la moralidad y de la conciencia en el pueblo. Dotados de un conocimiento claro y profundo dela esencia de los dioses; comprendiendo mejor que sus conciudadanos el ideal de una sociedad civil armónica y ordenadamente constituida, con más clara idea de lo que debe ser el hombre honrado, noble y virtuoso, colócanse á la cabeza del movimiento religioso y dirigen el desarrollo de las instituciones civiles. Ellos son los que mueven á sus compatriotas á realizar actos heróicos, á practicar la virtud y ajustar, en general, sus acciones á las enseñanzas de los inmortales. Desde luego se comprende que los vates helenos desechasen el verso epico , que no se presta para la viveza y anirnacion que requieren las composiciones didácticas y morales, y particularmente los himnos guerreros. Siguiendo el ejemplo del jonio Galillo de Efeso, empleóse una medida nueva más en armonía con los fines que en aquella época se asignaban á la poesía, el dístico, ó sea el pentámetro alternando con el hexámetro. En este verso que se llamó elegiaco, redactaban los vates helenos sus excitaciones y sus consejos al pueblo; en él componian sus alocucio-
313 nes y sus arengas semiguerreras, con que no pocas veces le infundieron el valor y entusiasmo de que ellos se hallaban animados. Arquiloco se valió de este verso hácia el año 700, para consolar á Pericles por las desgracias de la guerra y las pérdidas navales. En la misma medida compuso, 50 años más tarde, su Eunomia el jonio Tirteo, aquellos cantos guerreros, llenos de fuego con que excitaba á los dorios á pelear como convenia á los sucesores del gran Hércules. Tirteo y Terpandro, el uno con sus elegías, sus canciones guerreras en versos anapestos, el otro con sus arengas y sus coros, lograron efectivamente restablecer en Esparta el órden y la concordia y levantar el ánimo abatido de los caballeros conquistadores del valle del Eurotas. Dices@ que el efecto producido por los coros de Terpandro, fué tal, que al oírlos se echaron á llorar los contendientes , y sus querellas terminaron con un general abrazo (1). No pudo ser más completo el éxito obtenido por los dos mencionados vates. Pero Arquiloco no halló suficiente el verso elegiaco, demasiado severo y monotono, para expresar la viveza y la violencia de sus apasionados sentimientos, los fogosos ataques, las . breves y mordaces inventivas con que desahogaba su cólera y su sátira, cuando quiso emplear la poesía para tratar asuntos familiares y corregir abusos y vicios de la vida privada. Este defecto le sugirió la idea de emplear el yambo alternando con el distico. Más tarde, hácia el año 600, imitó su ejemplo Simonides de Samos, con el propósito de corregir las flaquezas y los vicios de (1) Diodor. Fragm. O.
320 héroes que florecieron antes que otros, circunstancia que fué preciso tener muy presente al ordenar el sistema teogonico heleno. Los primeros escritores que trataron de llevar á cabo tan dificil empresa, viéronse como necesariamente impulsados á escudriñar el origen de todas las cosas. En el poema homerico todos los séres, sin excluir los dioses, nacen del agua fructificadora. Origínanse primeramente los espíritus de las tinieblas, contra los• cuales, segun las más antiguas tradiciones, los dioses de la luz sostienen rudo combate; pero esos séres tenebrosos no nacen directamente del agua, sino del cielo y de la tierra, que son los primeros engendros del liquido elemento. De los malignos espíritus nacen los númenes de la luz, los dioses buenos, que muy luego se alzan en armas contra sus progenitores para lanzarlos al lugar que les corresponde tener por morada, á la tenebrosa region del infierno, donde reina perpétua y oscurísima noche. Estas mismas ideas informan el sistema desarrollado en la Teogonia que, de esta manera, fué causa de que el pueblo heleno se apartase cada vez más de las creencias religiosas de la numerosa familia aria. La Teogonia sostiene tambien que los espíritus de la luz nacen de las tinieblas, pero no admite que el agua sea el origen de los dioses y de los hombres, antes bien los hace proceder directamente de las mismas tinieblas, de la oscuridad, del caos. Antes que todo existia el caos, del cual se originaron la tierra de seno anchuroso y el Tártaro, representacion del profundo abismo de las tinieblas. Despues del Tártaro aparece Eros, aunque este personaje no debió entrar aquí en el plan primitivo
321 de la Teogonia, toda vez que la tierra produce enseguida sin su concurso. Por tanto, y teniendo en cuenta que en todo el poema no figura este personaje sino mucho más tarde, como acompañante de Afrodita, debemos considerar como apócrifos los pasajes en que se le cita despues del Tártaro (1). Entonces la tierra, Gea, por virtud propia, produce el cielo de bronce, Urano, que la rodea por completo, y da Cambien á luz las espaciosas montañas y el infecundo salado elemento. A seguida Urano fecunda á su madre la tierra y de este ayuntamiento nacen los Titanes. En la epopeya homerica se nombran solo tres Titanes: Yapeto, Crono y Rea; mientras que en el sistema teogonico de Hesiodo figuran seis Titanes varones con otros tantos hembras. Aparece en primer término Oceano, espíritu de las aguas, origen de los dioses al decir de Hornero, con su compañera Tetis. Síguenles cuatro espíritus luminosos: Hyperion y Thea, Coio y Febe ó la brillante. A estos titanes de la luz siguen en la Teogonia, Creo y Eurybia, personificaciones de la fuerza, Yapeto y Clymene, Crono y Rea. Vemos, pues, que en el sistema hesiodico, no se observa la antigua separacion de númenes de la luz y de las tinieblas, ya que indistintamente se nombran los de una clase mezclados con los de la otra. Despues de estas seis parejas de Titanes, tuvo Gea, siempre con el concurso de Urano, otros seis hijos: los tres ciclopes, Brontes ó el trueno, Steropes ó el rayo y Argos ó el relámpago, en los cuales están. personificadas las tormentas, y los tres gigantes (1) Teog. 120-23. Véase v. 201. TOMO vil. 21
322 de cincuenta cabezas y cien brazos llamados Cotto, Briareo y 0-yes. En el poema de Homero figuran los ciclopes como pastores salvajes, de talla gigantesca y con un solo ojo, aunque de estos séres de cien-brazos solo se nombra en dicho poema á Briareo, haciéndole hijo de Neptuno. Gea se asustó al ver los hijos que habia dado á luz y temió exponerse de nuevo á la virtud fecundadora de Urano. Para destruir la causa de su miedo hizo crecer el hierro, fabricó con él una gran guadaña y la presentó á los seis Titanes, hijos suyos, para que con ella castrasen á su padre. Embargados por el miedo, solo uno se atrevió á ejecutar operacion tan arriesgada, y este fué Crono, el más jóven de todos. El desnaturalizado hijo aguardó á que llegara la noche, y cuando vió que Urano se disponia á abrazar á su madre, cumplió los deseos de Gea. Sin embargo, las gotas de sangre que brotaron de la herida cayeron sobre aquella, y en virtud de esta fecundacion, dió á luz nuevos mónstruos; el espíritu de la implacable venganza que se llama Erinnys y los poderosos gig antes , armados de largas y relucientes lanzas. Entre tanto Crono habia arrojado al mar el trofeo arrancado á su padre, el cual se cubrió enseguida de espuma; de esta nació á su vez una diosa que fué primero arrastrada por las olas en direccion á Citerea y llevada despues á las playas de Chipre. Aquí saltó á tierra y á medida que marchaba brotaban bajo sus blandos piés yerbas y plantas. Vemos, pues, que los Titanes aparecen en la Teogonia como los primeros engendros groseros que no alcanzaron su natural desarrollo; como figuras pri- ;.!
323 naitivas enteramente subordinadas á otros séres. Por lo demás los mitos relativos á, la sobrenatural virtud fecundado ra de Urano, el cielo, y de los monstruosos alumbramientos de la tierra, son de todo punto extraños á la manera de pensar de los griegos; es verdad que tampoco entre los iranios ni entre los indios encontramos tradiciones de esta clase. La creacion explicada bajo la forma de engendros, el eunuquismo, el nacimiento de Afrodita de entre la espuma producida al rededor del miembro de Urano, son fábulas groseras que tuvieron su origen entre los semitas de Oriente. Segun todas las probabilidades los asirios y babilonios fueron los primeros autores del eunuquismo y á sus cortes acudieron los indios é iranios en busca de eunucos para los palacios de sus príncipes. Por el contrario, los griegos mostraron siempre gran aversion hacia esta cruel barbárie que trataron de evitar en cuantas ocasiones se les presentaron (1). Por lo que hace á la diosa Afrodita, es notorio que los griegos tomaron su culto de los orientales. Así figura en los poemas homericos únicamente cómo diosa de Citerea y de Chipre, y al decir de Herodoto en Ascalon estaba el templo más antiguo de cuantos tenia el voluptuoso númen, pues los mismos chipriotas confesaban haber sido hecho á, su imitacion el que ellos tenian y el de Citerea f i lié obra de los fenicios; de donde se deduce que de Asiria pasó el culto déla diosa á Citerea y á Pafos (2). A este propósito conviene recordar, que segun hemos expuesto en otro (1) Herod. III, 48. VIII, IC5. (2) Pausan, 1, 14. Herod. 1, 105.
324 lugar, en Ascalon se daba culto á Derceto bajo la figu.- ra de una mujer, que desde los muslos, tenia forma de pescado; que á este númen, lo mismo que á Mylitta, á Ashera y á la diosa de la generacion venerada por lidios y canos, le estaban consagrados los peces y el agua y que esta diosa se veneraba tam.bien en las costas de Chipre (1). De esta divinidad venerada en las costas y en las islas, que gjercia su virtud prolífica por medio de la humedad, del agua, creó la pura y elevada poesía helena el mito de Afrodita, la diosa rociada por la espuma del mar. En uno de los himnos homericos se describe con incomparable delicadeza, de qué manera fué llevada Afrodita por las olas y por el viento Oeste desde Citerea hasta la costa de Chipre; cómo despues de subir á tierra la adornan las Horas primaverales, y, llevando en la cabeza una corona de violetas, la presentan en la morada de los inmortales (2). Debe considerarse como un retroceso á las groseras ideas de los pueblos orientales, el hecho de que la Teogonica haga nacer del miembro de Urano á esta diosa quien en los poemas homericos aparece como hija de Júpiter y de Diana (3). En esto se echa de ver claramente el influjo que las creencias de las tribus cario-semiticas de Creta y de Anatolia ejercian (1) Que la Mylitta de los babilonios y la Blatta de los lidios es una misma divinidad, está demostrado por la analogía de los vocablos, que significan una misma cosa da que pare.» Juan de Lidia, de mensib., 24. (2) Hymn. V. in Venerem. (3) LaTe ogonia hace figurar á Dione , la primera esposa de Jove, entre las hijas del Oceano; v. 353
325 entre los griegos al finar el sétimo siglo, particular mente en los círculos eclesiásticos de Delfos y en los vates beocios de Thespia, que mantenian con aquéllas estrechas relaciones. Del Oceano y de Tetis, que son los más antiguos entre todos los Titanes, y á la vez espíritus de las aguas dulces fertilizadoras, se originaron los ríos que bañan la tierra; de Hyperion y Thea, Titanes de la luz, proceden el sol, la luna y la aurora; de Coio y Febe nació Asteria, númen de las estrellas y Latona, madre de Apolo y de Diana. De Creos y Eurybia descienden Perses y Astreo; este, á su vez, engendra los vientos; de Yapeto y Clymene se originan Atlas yPrometen. Crono ó Saturno hubo de Rea á Hestia, Ceres, Juno, al poderoso Hades y á Neptuno. Pero el esposo de Rea, Cibeles por otro nombre, _se comió á todos sus hijos porque Gea y Urano le habian anunciado que seria vencido por uno de ellos. Cuando Cibeles dió á luz á Júpiter propúsose salvar al nuevo númen, y al efecto, dió á devorar á su bárbaro esposo una piedra envuelta en pañales, en vez del niño. En seguida colocó á éste en la isla de Creta bajo la custodia de ciertos sacerdotes que le guardaron y criaron en una gruta situada en las cercanías de Lyktos, segun unos y en el interior del monte Ida segun otros (1). Cuando Júpiter hubo adquirido la (1) Cerca de Cnosos, residencia de Minos, habia otra gruta de Júpiter. Odis. XIX, 178. Platon. legg. init. Otros suponen que este númen nació en la gruta del monte Dikte ó en la misma montaba de este nombre. Apoll. I, 6. Diod. V, 70. Agathocl. Cyzic. Fragm. 2. 8. ed. Müller. El templo de Júpiter dicten estaba en la parte oriental de la isla, cerca de Prásos, en el territorio de los eteocretenses. Estrab. • p. 4'76. Pero en la reglan N. O. de la isla había una montaña y promontorio con el nombre de Diktynáon y Dikte se llamaba tambien un monte que se alzaba en las cercanías de Lyktos. Estrab. p. 4'78.
326 edad y fuerza de un robusto mancebo obligó con astucias á su padre, mediante el auxilio de Cibeles, á que arrojara todos los hijos que se habia tragado, empezando por la piedra que á él le sustituyera en el estómago paterno. A seguida colocó Jove este peñasco en la sima del Parnaso, en el lugar sagrado de Piton, para que sirviera de señal á los mortales. Homero no admite, ó á lo ménos pasa en absoluto silencio, la fábula que atribuye á Saturno el dic tado de antropófago y supone además que Júpiter fué el hijo mayor de Saturno. El lugar á que la Teogonia supone que fué trasladado Júpiter, para sustraerle á la voracidad de su padre, nos dá bien claramente á entender de dónde proceden los extraños mitos que allí se mencionan y las ideas con ellos relacionadas. Confirman este origen cretense todos los detalles de la leyendarelativos á la crianza de Jove, de quien se dice que fué puesto en la gruta del Ida, bajo la custodia de ciertos sacerdotes guerreros llamados Cureteos y de otros conocidos con el nombre de Coribantes, quienes, para evitar que Saturno oye-- ra los llantos del niño, danzaban continuamente en torno de él, dando alaridos y chocando unos con otros los escudos de bronce de que iban armados. En Creta se mostraba efectivamente la supuesta gruta de Jove y se celebraban en honor suyo misterios (1). Sábese tambien que los carios y sirios que habitaban en la isla honraban al dios del sol y del cielo. con danzas guerreras, .que los colonos dorios adoptaron y dieron á conocer en Esparta: en esta costum- (1) Diodoro, V, 77.
327 bre de los cretenses tuvo origen la danza guerrera de los griegos, llamada Pyrrije. El curso diurno del 'sol dió á los fenicios motivo para celebrar la muerte y resurreccion de su númen solar, y la Teogonia forjó de este mito la fábula de la huida de Júpiter á Creta A su vez los misios y carianos suponian que este númen solar mataba todos los años, en medio del verano ó en el otoño, á sus hijos, es decir, las flores del campo y de los árboles, valiéndose de sus flechas, ó sea de sus ardientes rayos; por eso conmemoraban este suceso con cantos lúgubres y fiestas fúnebres; en tanto que al apuntar la primavera, cuando reverdecian las plantas, celebraban con alegres solemnidades la resurreccion de los hijos del dios luminoso. Tales son las tradiciones en que el autor de la Teogonia fundó la fábula de Saturno devorandoá sus hijos. En la piedra que le propina Cibeles para salvar á Júpiter, vemos una parodia de las piedras que fenicios y carianos adoraban como símbolo de sus divinidades: Saturno tragó en lugar del númen su imágen. En el noveno siglo se llevó una de estas piedras de Creta á Delfos, en la cual veneraban los griegos al Apolo deifico; dos siglos más tarde se suponia que aquella piedra era la misma tragada y devuelta por el antropófago númen. Asegurado del apoyo de sus resucitados hermanos, resolvió Júpiter despojar del imperio á su padre y á los Titanes, con cuyo motivo la Teogonia nos lleva á las antiguas tradiciones helenas relativas á la lucha entre los espíritus de la luz y de las tinieblas. Nada más fácil que desarrollar este asunto en una época en que varios poetas le habian tratado, con más ó ménos acierto, en sus composiciones. Cien años an-
328 1,08 1 Eumelo de Corinto habia escrito la Titanomajia, imitando las relaciones que ya se tenian de los combates heróicos. Supone la Teogonia que la guerra entre dioses y Titanes comprende diez años, durante los cuales la naturaleza estuvo agitada por los más horribles cataclismos. Los descendientes de Saturno luchaban desde el Olimpo y desde el Othyrs los Titanidas. En lo más recio de la pelea fortalece Júpiter á sus hermanos é hijos con el néctar y la ámbrosia, la amr'ta inmortal de los indios; saca de su prision á los ciclopes y centimanos, hijos de Urano y Gea, arrojados por su padre al Tártaro, quienes en agradecimiento le ayudan en la guerra contra los Titanidas sobre los que lanzaban rayos y montañas con prodigioso ímpetu y velocidad increible. Por fin los rayos que sin interrupcion arrojan los ciclopes deciden la tremenda lucha en favor de los buenos espíritus, y el rayo es Cambien el arma con que Indra derrota á los espíritus de las tinieblas en las tradiciones brahmanica,s. Otros muchos detalles de la Titanomajia nos traen á la memoria los combates de Indra con los danavas ó hijos de Danu, espiritas de las tinieblas y de la sequía. Los Titanes fueron para siempre sepultados en el Tártaro, la custodia de cuyas puertas se encomendó á los centimanos. Despues produce Tifoe una serpiente de cien cabezas, símbolo del viento solano que todo lo abrasa; mónstruo' horrible nacido de la union del Tártaro y de Gea, que representa el último esfuerzo hecho para derrotar á los Saturnidas; pero Júpiter le dispara sus rayos y le arroja al Tártaro con los Titanidas. Aun antes de sufrir esta nueva
329 derrota ya ha engendrado Tifoe en Ejidna nuevos mónstruos, Orthro, el perro de Gerion, el Cerbero, el can de los infiernos y la Hidra de Lerna. De esta úitima alimaña descienden la Quimera, sometida por Belerofonte, el mónstruo que moraba en el monte Ficio de Tebas y el leon de Nemea. Las Greas, las Gorgonas ó espíritus tenebrosos del Oeste y el dragon que guarda las manzanas de las Hespérides son engendros de Forcys y de Ceto ó del gran pescado marino que, á su vez, fueron productos de las caricias del mar y de Gea. De estos datos se desprende que la Teogonia divide en dos grandes ramas todos los mónstruos de que hace mencion la mitología y las tradiciones helenas, en las cuales comprende sin distincion á los que descienden de los dioses y de los grandes héroes. El catálogo de las naves describe á Tifoe como un mónstruo que mora en las entrañas de la tierra, contra el cual Júpiter lanza á menudo sus rayos. Los poetas posteriores, cuentan que sobre su cuerpo pesan enormes masas de montañas, y suponen que las llamas del Etna y de otros volcanes, no son otra cosa que el abrasado aliento que despide el mónstruo (1). En cambio la Teogonia no hace mencion de la guerra que sostuvieron los espíritus luminosos contra los gigantes, ó sea contra los malignos tenebrosos espíritus del Oeste que precedieron en su desgracia á los Titanidas. De esta lucha solo tenemos algunas noticias que nos ha trasmitido Pindaro, y una relacion más detallada, pero completamente desfigurada (1) Macla II , v . 780. Aesehyl Prometfi . 253 seqq. Pindar. Olymp. IV, 6. Pyth. I, 15. Estrab. p. 626.
XII. LA FIESTA DE OLIMPIA. Desde los tiempos de las emigraciones caminaron los griegos de progreso en progreso, y durante luen gos años no se detuvieron un momento en sus conquistas intelectuales y materiales. El extraordinario. aumento de la poblacion en todos los cantones de la Península, y en las islas del Egeo; la aficion á las aventuras y el espirita comercial, que en todas partes se habia desarrollado juntamente con los cambios introducidos en el régimen interior de los estados helenos, fueron los principales elementos que contribuyeron á ensanchar el circulo de la actividad helena llevándola más allá de la cuenca del Egeo. Sin presion alguna de fuera, con una fuerza expansiva de que apénas hay otro ejemplo en la Historia, desparramáronse los griegos, desde el comienzo de la era olimpiada, por las costas de Tracia, del mar Negro y de Sicilia; por todo el golfo tarentino, en la península itálica y por la septentrional africana: las colonias griegas se" hallaban desparramadas por el inmenso círculo de costas que bañan el mar Negro y
337 el Mediterráneo. El cetro de los mares escapábase de las manos fenicias para pasar á las griegas, ya que la marina helena se mostraba en todas partes superior á la fenicia y cartaginesa, sin que bastasen á evitar su derrota las vastas relaciones comerciales y los magníficos puertos que de antiguo poseian ambos pueblos en estos mares. Poco despues de la era olimpiada vemos sustituida en todos los cantones la antigua monarquía por el gobierno aristocrático ó de los mejores: no solo en los estados sometidos á su yugo durante las emigraciones, sino en los que entonces se habian librado reinaba por esta época la nobleza; hasta en las colonias se habia ésta sobrepuesto al poder de los reyes. En todas partes habia tenido buen cuidado de no confundirse con la plebe, siquiera en algunos cantones fuese esta separacion más marcada que en otros, lo cual constituia, el único verdadero signo distintivo de sus respectivos gobiernos. Que los conquistadores, á la vez emigrantes, formaron en las colonias lo mismo que en la metrópoli el núcleo de la nueva nobleza, lo hemos dicho anteriormente, y sabemos tambien que ella se apropió la principal y más lucrativa parte del botin y del gobierno. Hasta la caida de la monarquía, el soberano era la personificacion del Estado; despues pasó esta representacion á la aristocracia. Por primera vez se nos presenta en la historia un pueblo gobernado por una colectividad, por vez primera vemos encomendados al cuidado de muchos el órden y la direccion de los negocios públicos, y el progreso de un pueblo entero determinado por su comun esfuerzo. Es verdad que en las primeras etapas del desenvolvimiento TOMO vu. 22
1388 histórico de algunos pueblos, dotados de sentimientos individualistas, forman parte del consejo y del gobierno, de la nacion los padres de familia, los ancianos de más probada sabiduría, y los jefes de las familias más poderosas y que algunos cantones helenos se rigieron en un principio por instituciones patriarcales semejantes á estas; pero en Oriente se levantaron muy luego las grandes monarquías en sustitucion de estas primitivas formas gubernamentales; y aún en Grecia la monarquía, nacida de las necesidades y peligros de la guerra, se impuso muy pronto al pueblo y con tal energía, que los monarcas griegos solo otorgaron á la nobleza el derecho de consejo. No obstante, la, vida de la monarquía helena fué en extremo breve: el pueblo griego no pudo resignarse á vivir mucho tiempo sin participacion directa en la gestion de los negocios públicos y en esta lucha sucumbió definitivamente la monarquía al poder del pueblo. Es verdad que solo una pequeña parte privilegiada se aprovechó de la victoria tomando en sus manos el gobierno; pero este era ya dirigido por una colectividad que representaba á las masas, envolvía en si el concepto de la comunidad de intereses con determinados derechos para los unos y deberes bien definidos para los otros. Con sus nuevos privilegios asumió tambien la aristocracia la obligacion de prestar importantes servicios al pueblo. En lugar de la antigua natural inclinacion que les hacia vivir apegados al suelo patrio y á los dioses lares, sentíanse impulsados por el patriotismo, por el sentimiento del más puro amor patrio, por el cariño hácia sus conciudadanos. En igual grado de civilizacion y cultura ningun
339 pueblo de la antigüedad mostró tener tan clara conciencia de los deberes que á todo ciudadano impone el privilegio de pertenecer á una`' nacion bien constituida, corno el griego al inaugurarse el gobierno aristocrático. Verdad es que esta ventaja debe atribuirse más que á sus propias facultades al espacio reducido de sus cantones y estados, que les obligaba á vivir en inmediato contacto, á mantener tan activas relaciones que más les hacian parecer una sola nacion que muchos estados independientes. Animada tambien de estos sentimientos la nobleza helena, consideraba como un derecho propio de toda la clase la posesion del gobierno de que recientemente se habia incautado, por lo que todos sus individuos debian tener participacion igual en la direccion de la cosa pública. Hé aquí por qué en, un principio les vemos encaminar especialmente sus esfuerzos á consolidar:su personal influencia en el gobierno de sus respectivos cantones sin tratar para_ nada de extender su dominacion sobre los distritos vecinos. La victoria de la aristocracia sobre la monarquía, dió origen á las primeras constituciones políticas entre los griegos. La nobleza, compuesta de personas en su mayor parte ambiciosas, no porfia gobernar sin organizarse para dar á todas sus tribus y familias una participacion igual ó análoga en el gobierno y' en el poder legislativo. Sobre esta base redactó Licurgo su constitucion espartana y en un pensamiento análogo se inspiraron las disposiciones porque se regian Mica y Tebas al finar el siglo VIII y todas las colonias griegas fundadas á partir de esta' época en Oriente y Occidente. En aquellos puntos en que la
340 poblacion se componia ,de individuos procedentes de diversas comarcas, como sucedia en algunas colonias, fué preciso dictar reglas de gobierno especiales, encaminadas á uniformar aquellos elementos heterogéneos, tanto en lo relativo al derecho como á las costumbres; á. las penas y castigos; á dar leyes generales que sirviesen á los jueces de norma en sus decisiones y á fijar en general lás formas del procedimiento jurídico. Tal fué el origen de las leyes de Licurgo, de Zaleuco y de Jarondas, que fueron los primeros códigos porque se rigieron los griegos. Noble alcurnia, riqueza y educacion; hé aquí, al decir de Aristóteles, los tres principios fundamentales de la aristocracia y las razones que abonaban sus pretendidos derechos á la soberanía; su. sangre era más pura que la del pueblo; sus riquezas suficientes á procurarla una vida desahogada, y su educacion abrazaba no tan sólo la práctica en el manejo de las armas, sino tambien completo conocimiento de las ceremonias religiosas y de las prácticas jurídicas. En sentir de la aristocracia griega el origen de padres nobles lleva consigo la posesion de un cuerpo más hermoso y de un alma mejor dotada que lo está la de los hijos del vulgo, cualidades y ventajas que se desarrollaban aún mucho más por la educacion y por la práctica, de que se veían privadas las clases ménos acomodadas. El jóven aristócrata heleno debia aventajar al plebeyo, cualquiera que fuese su profesion, no solamente por la destreza y vigor de su cuerpo, por su valor y arrojo, por su habilidad en el manejo de las armas y su sangre fria en los peligros sino tambien por la nobleza de sus sentimientos. Bajo este concepto era más noble aquél que se veia más
341 exento de impulsos bajos y mezquinos; más libre de ciertos apetitos, como la-avaricia y el apego á las riquezas, y que al propio tiempo, manifestaba respeto á los dioses y á las costumbres de los mayores y una firme voluntad de mirar más por los intereses de la nacion que por los suyos propios. Como lo indica su nombre, el gobierno aristocrático debia ser, en sentir del pueblo y de la misma nobleza, el gobierno de los mejores y de los más nobles. Por su valor y animosidad, la aristocracia debia estar siempre dispuesta á defender el Estado mejor que ninguna otra clase; su ilustracion, sus virtudes y su conocimiento de las antiguas prácticas jurídicas y religiosas, la daban especial autoridad en el consejo y la ponian en buenas condiciones para dirimir pleitos, apaciguar las contiendas que turbasen la paz del país y ofrecer los sacrificios por el pueblo. Por lo demás, la nobleza griega estaba convencida de que sus derechos y privilegios la imponian deberes correspondientes para con el pueblo, y que la posesion del poder debia, estar equilibrada ó contrarestada por las obligaciones y cargas que consigo lleva un buen gobierno. La nobleza debia consagrar su tiempo y sus fuerzas todas al pueblo. En virtud de este principio desempeñaba todos los cargos del gobierno y administraba justicia sin retribucion alguna y con igual desinterés defendia á la pátria con sus armas, buscando siempre el lugar de mayor peligro en la batalla. De todos estos servicios el más importante era sin duda el de la guerra, que hacia gratui-
342 taro ,mtef á pié ó á caballo, pero siempre con pesada armadura, yendo acompañado cada noble por sus respectivos siervos. Si el Estado habla menester de dinero la aristocracia lo suministraba, porque sobre ella pesaba la carga de los impuestos. En esta época predominaba todavía entre los griegos la creencia de que la agricultura, y todos los trabajos manuales, eran incompatibles con todo sentimiento noble y elevado, opinion sustentada sin restriccion de ninguna clase por los grandes filósofos del siglo IV, Platon y Aristóteles. No tan solo se oreja que á los labradores y artesanos les faltaba capacidad para gobernar, por hallarse privados de los dotes naturales y de los conocimientos adquiridos por la práctica ó recibidos de los mayores, y por faltarles tambien el tiempo y los medios indispensables para dar á sus hijos la educacion intelectual y la práctica en los ejercicios que constituyen un buen gobernante y un hábil guerrero; no solo se les creia incapacitados para desempeñar todo cargo público, por el hecho mismo de tener que dedicar al trabajo el tiempo que absorbe el desempeño de un empleo oficial; en aquel tiempo era general la creencia de que el trabajo por el sustento deshonraba al individuo, porque se le consideraba como un trabajo servil. Por el contrario, el ejercicio de las armas y los trabajos ejecutados en beneficio de la comunidad enaltecen al hombre. El obrero, el mercader y el comerciante no pueden vivir exentos de ambicion, y ésta envilece inevitablemente el alma. Únicamente el que puede vivir sin el enojoso cuidado de ganarse el cuotidiano sustento es ó puede llegar á ser noble, porque únicamente en la noble hol-
343 ganza, con los ejercicios atléticos ó de las armas, por medio de las prácticas del culto y las sabias sentencias de los poetas; en el cumplimiento no interrrumpido de los deberes políticos y religiosos puede formarse la verdadera nobleza. Con semejantes ideas no debe maravillarnos que los aristócratas helenos, los mejores, los eupatridas ó bien nacidos, los caballeros, los propietarios, los hermosos y los buenos, que con todos estos nombres se les llamaba, mirasen con soberano desprecio, desde el pináculo en que se habian colocado, al pueblo bajo que ganaba el sustento con el sudor de su frente, y le tratasen como á un rebaño de hombres cobardes, mezquinos y manchados por la avaricia, por cuyas venas no corria una sola gota de sangre noble. Cuando la aristocracia no se juzgaba con poder suficiente para contener las ambiciones de esta masa de hambrientos y descamisados ó no tenia medio de satisfacer las exigencias de los descontentos, favorecia la emigracion, y se deshacia de los más temibles enemigos enviándoles á conquistar en otros paises un pedazo de tierra, fortuna y esclavos que, borrando el recuerdo de su pasada pobreza, les sirviesen de escudo y de título de nobleza. Por lo general el éxito más completo coronaba estas empresas. La aristocracia griega nos presenta una organizaCion y una fuerza de que solo hallamos ejemplo en la noblezá romana. No solamente sus riquezas, su habilidad en el manejo de las armas y en toda clase de ejercicios guerreros le daban una gran ventaja sobre las masas populares; tenia otra ventaja no ménos importante en la investidura:sacerdotal de que se hallaba revestida, cuyos privilegios eran tan precia-
34 dos como los privilegios que gozaba por sus títulos caballerescos. La aristocracia helena era depositaria del derecho en sus dos fases de civil y canónico ó religioso; ofrecia los sacrificios á la vez que administraba jus-Vcia, era á un mismo tiempo salvaguardia de las prácticas religiosas y de los usos mundanos, cargos que en los estados orientales estaban al cuidado de las clases sacerdotales. Entre los griegos nunca hubo verdadera separacion de las clases sacerdotal y aristocrática; la dignidad de noble y la de sacerdote estaban unidas en una misma persona. Ningun inconveniente ofrecia esta amalgama en una religion que no exigia práctica alguna que tendiese á despertar en el hombre ideas de otra vida distinta de la vida presente, que no enseñaba á sus afiliados á vivir para el cielo, para un mundo más perfecto que el que le rodeaba. Por tanto en este sistema el sacerdote tenia iguales deberes religiosos que el aristócrata; el cuerpo eclesiástico se confundia en una sola aspiracion con el cuerpo del Estado; el fin moral era idéntico para uno y otro; apenas podia decirse que fuesen dos entidades diferentes. El hombre no tenia que prepararse para entrar en otra vida despues de la muerte; solo tenia. que trabajar para satisfacer lasdiecesidades presentes para sí mismo, para su familia y para el Estado. Así es, que la fuerza moral del individuo, y por consecuencia de la nacion., estaba concentrada en este mundo, se dirigia exclusivamente á cumplir los fines de la vida presente, toda vez que el individuo solo aspiraba á ser un hombre noble y diestro en su profesion respectiva, á llenar las obligaciones que la sociedad y el Estado imponen á sus individuos.
345 La nobleza helena fué la que, bajo la direccion de los poetas epicos, dió al sistema religioso la forma relativamente sublime y significativa que presenta en los tiempos que siguieron al apogeo de la epopeya, y este fué, sin duda, uno de los más sagrados deberes que se impuso en. cuanto aseguró su dominacion y fijó los principios generales de su aristocrático gobierno, siquiera en esta obra recibiese importantísimo apoyo del gran consejo sacerdotal que tenia su morada en Delfos. Claro está que el cambio operado en las ideas relativas á la divinidad, tuvo resonancia en otras esferas del conocimiento, en el concepto del Estado y de la relacion que con él guardan las diversas clases sociales , particularmente la nobleza, que tuvo muy buen cuidado de aplicar á todos sus miembros el ideal ético del «hombre hermoso y bueno» como si solo en ellos fuese realizable. Por eso la educacion del aristócrata heleno tenia por principal objeto sujetar á la más perfecta medida sus acciones y sus sentimientos, fijar en su mente ideas que le hiciesen superior á la avaricia y al bajo egoismo, enseñarle el más exacto cumplimiento de los deberes que la sociedad impone y moverle á vivir todo para su pátria; solo de esta suerte llegaria á ser un hombre agradable á los dioses y podria asegurarse su favor y su gracia. Por tan sencilla manera la aristocracia helena acrecentó su prestigio, añadiendo la influencia de las cualidades morales, á la ya poderosa influencia que le daban la riqueza, las armas, la religion y el derecho. Dos armas principales empleó la aristocracia he-
352 tes ofrecían sacrificios á Júpiter y á Juno. Segun costumbre seguida por todos los conquistadores griegos, los príncipes eleos no quisieron disminuir en nada los honores tributados á los númenes de la comarca y continuaron celebrando el sacrificio que habian ofrecido en °limpia los pisates. Pocos años habian trascurrido desde que los eleos se hicieron dueños de esta comarca; sin duda antes que los minyos arrojados de las costas del golfo laconico á consecuencia de la toma de Helos, fundasen nuevos lugares al lado de los caucones y paroreates, y al Sur del curso inferior del mencionado Alfeo, fué cuando Ifito, rey de Elis, hijo de Ifito, al decir de antiguas tradiciones eleas, y de Hemon ó de Praxonides, segun otros testimonios, invitó á los pisates á tomar parte en su antiguo sacrificio, siendo á la sazon su rey Cleostenes, hijo de Cleonico (1). Con los pisates entraron en la cofradía del sacrificio olimpico los aqueos, vecinos de los eleos por el Norte, los caucones que lo eran por el Sur y los dorios de Mesenia, todos los cuales convinieron en que la solemnidad se celebrase cada cuatro años, al mediar el verano (2). (1) Pausanias, 5, 4, 5. (2) Que los aqueos formaron parte de la cofradía, desde los pri-. meros años de la era olimpiada, se desprende de que el año '756 figura ya un aqueo entre los vencedores del Estadio. De la participacion de los caucones, da testimonio Pausanias cuando dice que los de Scillus levantaron el primer templo de Juno en Olimpia, que era de madera (Paus, 5, 16, 1); siendo digno de notar que los caucones conservaron el territorio de Scillus, 6 sea el valle de Selinunte, despees de la invasion de los minyos. Es evidente que Sellas no podia levantar un templo en ()limpia, sin haber entrado á formar parte de la cofradía. En este punto los datos de Pausanias, parecen completamente seguros.
353' Como era natural, el rey de Elis, señor del país` en que tenia lugar la fiesta, presidia el sacrificio y todos los actos públicos. Los asociados se obligaban á respetar la independencia de Elis durante la solemni-• dad y á no -violar en modo alguno su territorio; á su vez el príncipe de Elis se comprometia á proteger á las comisiones y á los peregrinos que concurrian de otros cantones y á cuidar de que no se alterase el órden. Lo primero que se desprende del hecho que dió lugar á la formacion de ésta cofradía, de la que formaban parte tribus conquistadoras y tribus vencidas; es que por esta época la situacion del Peloponeso habiase nuevamente normalizado. La parte septentrional se" habia pacificado por completo cuando los tesalios ingresaron en la anficcionía de las tribus á su domincion sometidas, beneficio de que sin duda gozaba toda la comarca Meridional ántes de dicho suceso, ó sea poco deques del año 800 ántes de Jesucristo. Corebo, eleo de nacimiento, fué el afortunado que obtuvo el premio de la carrera en la primera solemnidad de Olimpia celebrada con el concurso de todas las tribus helenas; á lo ménos ese es el más antiguo de todos los vencedores de Olimpia cuyo recuerdo se ha conservado en listas auténticas. La fiesta en qué obtuvo el premio Corebo coincide con el año 776 ántes de nuestra era. Al decir de Pausanias, en el sepulcro de Corebo, erigido en los limites de la comarca de Elis, hácia el territorio de los pisates independientes, habia una inscripcion en la cual se manifestaba que Corebo alcanzó el primer premio de la carrera (1). (1) Paus. 8, 26, 4. TOMO VII. 23
354 En la segunda fiesta salió vencedor un pisate natural de los municipios reducidos á la clase de perioicos, en la tercera y cuarta vencieron mesenios, y en la sexta un aqueo natural de Dyma (1). Segun se hace notar en las poesías homericas, los premios de estos certámenes consistian . en vasos preciosos y en armas, que ofrecian los reyes; en los certámenes que celebraban los colonos asiáticos con motivo del gran sacrificio que ofrecian á Apolo en el promontorio de Triopion, se daba por premio un trípode de bronce que de ordinario se ofrecia al mismo Apolo. En el tiempo que medió entre la sexta olimpiada y la sétima, ó sea despues del año 756, el rey Ifito hubo de hacer un viaje á Delfos con objeto de preguntar al oráculo si era de su agrado que se coronase al vencedor en los juegos, á cuya consulta hubo de responder el númen lo siguiente: «No tomes, para recompensar al vencedor, del fruto del manzano; pero puedes coronarle con el fruto del olivo silvestre, que en este momento se halla cubierto con la delicada tela de la araña.» A su regreso encontró el príncipe, entre los numerosos olivos que habia en los alrededores del santuario, uno que estaba envuelto con la mencionada tela, y este olivo dio el material para la guirnalda que coronó las sienes del mesenio Daiclies, ven- (1) En la lista se dá á este pisate el calificativo de Helenos ek Duspontiu. Tambien Hypenos, vencedor en la fiesta del 724 (Olymp. 14), fué pisate de nacimiento, segun Pausanias, (5, 8, 6), aunque Filostrato (Gymn. p. 20 Daremb.) le hace eleo, variacion que sin duda no tuvo otro objeto que el de halagar la vanidad de este pueblo, lo cual no es difícil de comprender en una época en que los pisates habían erdido por completo su independencia.
355 cedor en las carreras de la sétima fiesta olímpica, rrespondiente al año 752 antes de Jesucristo. Al S. O. del templo erigido más tarde á Júpiter, se veia un antiquísimo olivo, del cual se cortaban las ramas para la guirnalda del vencedor. Hasta poco despues de la mitad del octavo siglo no concurrieron á la fiesta olimpica más que las tribus que habitaban la zona occidental del Peloponeso. Este reducido concurso creció considerablemente á consecuencia de las pretensiones del rey argivo Fedon que, alegando por razon su parentesco con Hércules, por ser descendiente de Temenos, aspiraba á la presidencia y direccion de la fiesta, segun él aseguraba, fundada por el invencible caudillo. Pero las pretensiones del monarca argivo no tuvieron tal vez más fundamento que su capricho y las excitaciones de los pisates que pidieron su auxilio. Bajo el gobierno de Fedon habia llegado el reino argivo al apogeo de su poder y los pisates creyeron que con su auxilio podrían recuperar el territorio cedido á los eleos en el bajo Alfeo. Sucedió en efecto como lo habian pensado; Fedon arrojó del pais á los invasores eleos, no sin que éstos opusieran tenaz resistencia, se unió con los pisates para ofrecer el sacrificio á Júpiter y Juno, y dirigió los juegos de la octava solemnidad olimpica en 748. Fedon midió la pista del dromion °limpio° que se llamó Estadio y fué en adelante la unidad para las medidas longitudinales en toda Grecia. Algunos atribuyen á Hércules este hecho, aunque ningun motivo razonable abona semejante aserto. Los pisates no gozaron mucho tiempo de su triunfo porque los eleos acudieron á Esparta, con cuyo auxilio volvieron á entrar en posesion del terreno
356 anteriormente conquistado, no sin arrojar de nuevo á los pisates á sus guaridas de la montaña; y aúnq ue, segun hicimos notar anteriormente, hasta el 580 no cayó toda la Pisatide y Trifilia en poder de eleos y espartanos, los primeros presiden ya la fiesta olimpica del 744. Esta fué tambien la primera vez que Esparta concurrió á la solemnidad. de Olimpia y desde esta fecha aparecen estrechamente unidos los dos cantones vencedores de los pisates. Pero en esta época no figura aún Esparta entre los asiduos concurrentes al sacrificio de Olimpia, del que se vieron poco despues completamente alejados á causa de la primera guerra contra los mesenios. Antes de esta desgraciada fratricida lucha, figuran los mesenios entre los más afortunados concurrentes á los juegos olímpicos en los que tomaron activa parte; habiendo salido vencedores en las once primeras olimpiadas nada ménos que siete individuos de dicha tribu. Para oscurecer en lo posible la gloria de los infortunados mesenios, enalteciendo la propia, imaginaron los espartanos la leyenda que hace á Licurgo y á Ifito fundadores del gran sacrificio de Olimpia. * * • El historiador Pausanias asegura que el rey Ifito por sí solo ofreció el sacrificio comun de Olimpia, y desempeñó los cargos de presidente y de juez en los certámenes y juegos; privilegio que se trasmitió á sus descendientes hasta el año 580 ántes de J. C. (1). Ningun hecho positivo contradice los asertos de Pausanias, dado que la monarquía elea subsistia mucho (1) Paus. 5, 9, 4. 5, 4, 4. 5.
357 despues del año 744, aunque siempre en lucha con los pisates que nunca cedieron sus derechos á presidir la fiesta y ofrecer el sacrificio, derechos fundados en la propiedad del terreno en que estaba situado el santuario (1). Estrabon hace notar efectivamente que los pisates hablan recuperado el territorio de Olimpia hácia el año 672, época en que volvieron á ocupar la presidencia de la fiesta. Julio el africano asegura esto mismo de la solemnidad correspondiente al 668, aunque atribuye el hecho á la guerra que por entonces sostenian los eleos con los aqueos dymenses, por lo cual, en la inmediata olimpiada ocupan de nuevo los eleos la:ipresidencia (2). En otro lugar sostiene este escritor que los pisates presidieron la fiesta desde el año 660 hasta el 572. Por el contrario, Pausanias hace notar que en las listas de los eleos solo faltaban las fiestas correspondientes á los años 748, 644 y 364 antes de J. C. que fueron presididas por los pisates (3). De estos datos se desprende que los pisates, al recuperar su territorio ó á lo ménos el lugar donde se celebraba el sacrificio en 672, hicieron valer sus pretensiones á la direccion de la fiesta. A su vez los eleos determinaron, á partir del año 580, enviar á la (1) Jenof, Helen. 7, 4, 28. (2) Estrab. p. 355. Por diferentes hechos, sabemos que los eleos conservaron en sa poder los distritos de la Pisatide inferior, en que estaban situadas las villas de Dyspontio, Heraclea y Salmones en la lista de los vencedores de Olimpia figura con..-, 7encedor en la carrera de las carrozas del año 672 un eleo natural de Dyspontio; y en 580 tuvo lugar un levantamiento de perioicos de la propia villa. Véase en Est. de Biz. Düspóntion. (3) Euseb. Chron. I, 198. Pausan. 6, 22, 3. 6, 4, 2. 6, 8, 3.
358 solemnidad dos helanodicos en vez de uno que antes les representaba. Entre las comisiones que figuraban en el sacrificio merecen particular mencion las de señoras nobles encargadas de presentar á la diosa algun clon, como un peplo tejido por ellas, y de repartir los premios de las carreras de señoras que formaban parte de la fiesta especialmente consagrada á Juno. Hasta la fecha antes mencionada enviaba cada uno de los ocho municipios pisatidas una de sus más nobles damas para que asistiese al gran sacrificio de Juno, é igual número de representantes del . bello sexo enviaban los eleos (1) . Los hechos que acabamos de exponer y la circunstancia de que la tradicion elea, absoluta dueña del campo despues de la destruccion del Estado pisatida, pone especialísimo empeño en rebajar el papel que desempeñaron los pisates en la fiesta nacional de Olimpia, nos dán derecho á suponer que la querella promovida entre eleos y pisates, por la presidencia de la fiesta, terminó con un contrato en virtud del cual ambos pueblos tendrían participacion igual en dicha presidencia. A tenor de este contrato, y á partir del año 668 ó del 660 antes de J. C. enviaba cada uno un juez para constituir la presidencia y el jurado y esta union duró unos ochenta años, sin más interrupcion que la que acaeció el año 644 en que los pisates dirigieron solos el sacrificio y los juegos (2). Dejando para despues el dar á conocer las causas que pusieron nuevamente en manos de los eleos el apetecido puesto, importa consignar aquí que la par- (1) Pausan. 5, 9, 4. 5, 16. (2) En este particular aceptamos por completo las explicaciones que da Busolt, Lacedemonios, pág. 164 y siguientes.
359 ticipacion . de los pisates en la presidencia hasta el año 580 y las demás concesiones que les otorgaron sus rivales, solo se explican suponiendo que habian recuperado parte del territorio cedido á los eleos, á lo ménos el de Olimpia. Durante el período en que los dos pueblos unidos ejercieron la direccion de esta solemnidad nacional, los pisates eran gobernados por príncipes. El mismo género de gobierno tenían los eleos en la primera mitad del sétimo siglo, como lo acredita, entre otros testimonios, una leyenda de este pueblo, cuyo origen no se remonta más allá del año 580 antes de J. C., en la cual se dice que Oxylo se asoció con un descendiente de Pelops, antiguo soberano de Pisa, para fundar el Estado de Elis. Por otra parte, al decir expresamente Pausanias que los sucesores de Ifito ocuparon la presidencia del gran sacrificio nacional hasta el 580, da á entender que la familia de Oxylo conservó su. explendor y su prestigio hasta esa fecha por lo ménos. A la caida de la monarquía de Elis se apoderó del mando la aristocracia. Hallábase ésta dividida en nueve tribus, cada una de las cuales enviaba diez representantes á la Guerusia ó consejo ejecutivo. Los gerontes ejercían su cargo por toda la vida, y al frente del gobierno estaban los pritanidas. Aristóteles llama la atención acerca del carácter oligarquico de la constitucion de Elis, cuya nobleza era dueña de grandes riquezas y ejercia dominio sobre un gran número de perioicos (1) . No solo poseian muchos esclavos y extensos terrenos de cultivo, sino (1) Arist. Polit. 5, 5, 8.
Go tainbien dilatadas praderas en que se criaban los me_ jores caballos del Peloponeso. Despues de la calda de los oxylidas, entre los años 660 y 580, conservo la G-uerusia tal respeto hácia esta familia, que de su seno elegia siempre el presidente del sacrificio de °limpia. Despues de esa fecha, cuando los eleos se apropiaron el privilegio de nombrar los dos jueces del certámen , y se despojó á los oxylidas de su antiguo derecho , aquel puesto se sorteaba, segun hace notar Pausanias. Por otra parte, las pretensiones de los jueces iban en aumento, como lo dá á entender el pomposo titulo de jueces de los helenos, que se les daba ya á mediados del sétimo siglo. Ni las disputas entre eleos y pisates, ni las divergencias y peripecias sin cuento á que naturalmente debia dar lugar la comun direccion de la fiesta, fueron parte á impedir el aumento de los asociados para su celebracion, particularmente desde el ingreso de Esparta en la cofradía, hácia el 744, y la extraordinaria afluencia de gentes que de todos los cantones acudian á presenciar el sacrificio y los juegos. Verdad _es que no tenemos otros elementos para seguir este desarrollo de la famosa fiesta que las listas de los vencedores en el Estadio, ó sea de los que oficialmente fueron declarados como tales. Por ellos sabemos que 20 años despues de la olimpiada presidida en comun por Fedon y los pisates, alcanzó la palma del Estardio el primer corinto; en 720 la obtuvo un megarense y antes de terminar el mismo siglo figuran en la lista de los vencedores sicionenses y epidaurios. Al comenzar el sétimo siglo se ensancha el circulo de los asociados más allá del Peloponeso. En la
361 primera olimpiada de dicha. centuria es coronado un ateniense; en 688 el vencedor es un natural de Smyrna y en 672 obtiene el premio del pujilato un individuo natural de Crotona (1). A partir del año 700 ingresaron en. la asociacion olimpica los jonios del Asia menor y los aqueos de la baja Italia. Por esta época figuran ya tebanos en el número de los vencedores y en 648 venció en el Pancracion el siracusano Lygdamis y en la carrera de caballos el tesalo Crauxidas. Resulta, pues, que al mediar el siglo sétimo concurrian á, la fiesta nacional de °limpia, no sólo de todos los cantones de la Península, sino tambien de las colonias del Este y del Oeste (2). Con el número de los asociados creció tambien el número y la diversidad de los juegos. En un principio no habia otra diversion que la carrera, por lo cual se dió siempre á este ejercicio más importancia que á ningun otro de los que tenían lugar en el Estadio. En la fiesta del año 724 se introdujo la doble carrera (diáulos), que consistia en recorrer el Estadio dos veces en sentido opuesto, y en la cual alcanzó el primer premio el pisatida Hypeno. En la inmediata solemnidad de 720 se introdujo el Dolidos ó carrera torcida, en la cual debia recorrerse la pista siete ú ocho veces, prohibiéndose el uso del cinturon que hasta entonces llevaban los corredores (3). A estas tres clases de carreras se añadió en 708 la lucha y el Pentathlon ó combate de los cinco, así llamado porque se componia del salto, de la carrera, del (1) El cantor de Chios habla del pujilato de los jonios. (2) Los que más tarde figuran en la lista de los vencedores son los arcadios: el primero alcanzó la palma en 5'72, y era natural de Herea. (3) Pausan. 5, 8, 6.
388 bre un altar que se le erigió en el sagrado recinto de Olimpia, hecho que recueVda Pindaro con estas palabras: «en las márgenes del Alfed, no lejos del altat visitado por la muchedumbre, recibe Pelops la fúnebre ofrenda de la cruenta víctima .» Al decir de rodoto, fué Pelops oriundo de Frigia, y de tal suerte hizo sentir su dominacion. en Grecia, que de él tomaron nombre el pais y el pueblo. Isócrates supone que Pelops realizó la conquista de todo el Peloponeso, como Danao llevó á cabo la de Argos y Cadmo la de Tebas (1). El gran sacrificio de Olimpia se celebraba en la luna llena inmediata al solsticio de verano y tenia lugar una vez cada cuatro años, de suerte, que entre cada fiesta mediaban una vez 49 y otra 50 meses del año griego. En otro lugar hemos hablado del ciclo de 8 años, á la conclusion del cual los griegos intercalaban tres meses de 30 dias cada uno, con objeto de restablecer el curso del año solar con el suyo, que sólo constaba de 354 dias, ó seis meses de 29 y seis de 30 dias. Esta circunstancia se había tenido tambien en cuenta al fijar la fecha de la fiesta Olimpica, de tal manera, que una vez se intercalaba un mes en el trascurso de los 4 años intermedios y otra dos meses (2). En el convenio primitivo aceptado por todos los asociados para la fiesta se estipuló que durante la solemnidad nadie podria atacar el territorio de Elis ni (1) Herod. VII, 8,11. Isóer. Panath. 80. (2) Báckh, ciclos lunares, pág. 15.
369 áun cruzarle en son de guerra. Despues que todos los cantones del Peloponeso ingresaron en la cofradía de Olimpia., se dió más amplitud á la Ekeyeiria ó tregua de paz, estipulándose que durante el mes. sagrado (hieroménia) hubiera completa suspension de hostilidades en todo el Peloponeso. Pindaro llama á los mensageros de la presidencia de las fiestas que anunciaban esta tregua de paz «los heraldos de los tiempos; los mensageros de paz del cronida Júpiter (1).» A partir del año 660 se encomendó el cuidado de mantener el órden durante la solemnidad y de proteger á las comisiones y peregrinos á los dos estados de Elis y Pisa. La comision de presidencia estaba autorizada para excluir de la fiesta y aún imponer multas á todo el que no observase el programa tradicional de la misma ó quebrantase la tregua de paz, de tal manera, que si la falta procedia de alguna comision oficial, la pena de exclusion alcanzaba á todos los individuos del estado respectivo, ninguno de los cuales podia permanecer en Olimpia. El que cometia una falta contra el númen, quedaba ipso facto trasformado en su prisionero, y debia rescatarse pagando el mismo rescate que los prisioneros de guerra; • es decir, dos minas que en el sistema monetario de Fedon corresponden á unos 1.087 rs. En los convenios celebrados más tarde entre eleos y arcadios, se hace subir la pena por las faltas antáriormente indicadas á un talento de plata, ó sea unos 32.635 reales que ingresaban en el tesoro del santuario. El servicio del altar consagrado á Júpiter olímpico estaba á cargo de los sacerdotes yamidas quienes (1) Pind. Isthm. 2,23. TOMO VII. 24
370 profetizaban el porvenir observando la ceniza del hogar sagrado ó la manera con que ardían los muslos de la víctima. Estos sacerdotes descendian del mismo Apolo, padre de todos los profetas segun el espíritu, y que lo fué natural de Yamos, patriarca de la fami lia en cuestion. Cuando Hércules fundó el sacrificio de Olimpia, fué Yamos el primero que allí dió á conocer su profético númen, por lo cual, sin duda, se erigió un altar á su memoria en las inmediaciones del sagrado recinto. Las excavaciones últimamente realizadas en estos parajes han sacado á la superficie este altar, en el ángulo occidental del circuito. Hoy parece cosa averiguada que los sacerdotes de esta familia empezaron á ejercer su ministerio en Olimpia, antes del año 750, ó lo que es lo mismo, desde que el sacrificio empezó á tomar carácter nacional (I). Los sacerdotes y todos los funcionarios empleados en el inmediato servicio del santuario, con sus respectivos servidores, tenian residencia fija en Olimpia, en las inmediaciones del recinto sagrado. A la cabeza de todos estaba el sumo sacerdote ó zeohólos y seguian luego los demás sacerdotes, el guardabosque (xiile'iés), los leñadores, mozos encargados de trasportar al santuario la leña de álamo blanco que se gastaba en el sacrificio, los matachines y los cocineros encargados de preparar la comida con que la presidencia obsequiaba á las comisiones de los estados asociados para el sacrificio (2). No se crea que la mision de los sacerdotes yamidas se reducia á ofrecer el gran sacrificio de Olim- (1) Bóckh á la Olimp. de Pindaro, 6. Explic. p. 152. (2) Pausan. 5, 15, 6. 6, 20, 7.
371 pia. Era deber suyo dirigir todos los sacrificios que se ofrecian en cualquier época del año á los númenes y héroes que tenían altares y santuarios en el recinto sagrado (1). Formaba este recinto, el Altis, un cuadrado casi regular, de un estadio próximamente de lado, al que daban belleza y sombra, plátanos y olivos. La muralla que completamente le rodeaba, tocaba por un lado con la confluencia de los ríos Cladeo y Alfeo, miéntras que por el Norte lamia la falda de la colina de' Crono (2). En la costa marítima arrancaba un camino, cerca de la desembocadura del Alfeo, cuya orilla derecha costeaba hasta confundirse, no léjos de Heraclea, con la vía procedente de Elis. Juntos los dos caminos atravesaban el Cladeo para desembocar por el Sur en el Altis. A la izquierda de la puerta que daba entrada al Estadio, velase el olivo del que se cortaban las ramas para tejer las coronas de los vencedores; y en la misma direccion, pero más al N. O., se alzaba el santuario de Pelops, cerrado por un muro especial. Enfrente de este santuario, al N. O., se levantaba el magnifico altar de Júpiter °limpie°. El basamento del altar era de forma elíptica, media sesenta pasos de circunferencia y más de veinte piés de altura. Sobre la meseta, á la que se subía por gradas, alzábase ' el verdadero altar; cerca del cual, en la misma meseta, se degollaban las víctimas, y estaban los adivinos yamidas observando la combustion de los muslos para escudriñar la voluntad de Júpiter. (1) Pausan. 5, 14, 5. (2) Pind. Olymp. 8, 11.
372 En frente del gran altar, junto al costado oriental del muro que circundaba el Altis, se alzaba una extensa plataforma, desde la cual presenciaban el sacrificio las comisiones de los cantones y todos los que gozaban del derecho de proedria. Tanto las cenizas del fuego que ardia en el sacrificio, como las de las piezas de la víctima que en él se consumían, se desparramaban sobre el altar, cuya altura aumentaba de esta suerte de una fiesta á otra. Al pié de la colina de Crono, que se alzaba en el extremo N. O. del Altis, y al Norte del santuario de Pelops, estaba el templo de madera que erigieron á Juno los de Scillunte. Era un edificio sencillo cuyo techo descansaba sobre columnas de madera. Fuera de la muralla de circunvalacion se extendian las explanadas en que tenian lugar los juegos y carreras. Del extremo Nordeste de dicha muralla arrancaba la pista ó Estadio de los corredores, luchadores, bo xeadores y de los que tomaban parte en el pentathlon, la cual se extendia á lo largo de la colina de Crono. El espacio que se extendia al Sur y Este del Estadio se destinó más tarde á hipódromo. En él tenian lugar las carreras de carrozas, por lo cual, era cuatro veces más ancho y cuatro más largo que el Estadio. Las carrozas arrancaban en el extremo occidental y debian dar doce vueltas al hipódromo antes de pararse en la meta que se hallaba situada al Este, en la cual se erigió una estátua á Hipodamia, hija de Oinomao. Antes de dar principio á la solemnidad anunciábase la tregua de paz por los mensajeros que despachaba el comité presidencial compuesto de eleos pisates. A seguida los cantones nombraban las comi-
373 siones que debían representarles. Estas acudian á, la cita por las vías principales que confluían en Olimpia: las del Norte seguian por lo general, el camino del Istmo; las de Anatolia y de las islas desembarcaban en la bahía de Cencrea, y las de Italia y Sicilia se dirigian á la embocadura del Alfeo. Todos los cantones y ciudades rivalizaban en presentar con lujo y esplendor sus comisiones, suministrándolas vistosas tiendas, preciosos utensilios y animales sin. tacha para el gran sacrificio, ya que no solo debian tomar parte en la ceremonia religiosa en nombre de su respectivo estado, sino que llevaban el encargo de ofrecer en Olimpia sacrificios especiales por su pátria. Nombrábanse para estas comisiones á . los hombres más ricos del pais, á fin de que supliesen de su propio peculio lo que el Estado no pudiera darles para presentarse con esplendor, toda vez que el brillo que ostentaban las comisiones era la medida con que se apreciaba el poder de un Estado (1). Todos los que, bajo cualquier concepto, acudian á las fiestas, acampaban en tiendas ó al aire libre en la vertiente de la colina de Crono, en las alturas derivadas de la misma ó al Sur del Estadio en las márgenes del Alfeo. Claro está que las fiestas y sacrificios, atendida la variedad de ceremonias, juegos y ejercicios que, desde las primeras Olimpiadas , se fueron creando, no podian terminarse en un solo día; parece ser que antes de finar el siglo VII se habia fijado ya su duracion en cinco dias (2). Los atletas, los corredores y los dueños de las carrozas que (1) Tucid. 6, 16. r. Xenoph. Hellen. 6, 4. 27. ;2) Pind. Olymp. 5, 6.
374 entraban en certámen tenian que anunciarse ante el jurado antes de comenzar los juegos. No podian tomar parte en estos sino individuos de origen griego y de condicion libre, que estuviesen en el pleno goce de sus derechos de ciudadanía y sobre los cuales no pesara algun delito contra los dioses ó contra los hombres, ya personal ya heredado de sus antepasados, siempre que estos no le hubiesen expiado (1). Sometiaseles al efecto á un reconocimiento y los que obtenian la venia de los jueces eran conducidos al Estadio, donde un heraldo, hecha la proclamacion del nombre y pais de cada uno, invitaba á la numerosa concurrencia que coronaba las inmediatas alturas á declarar los impedimentos que pudiesen afectar á alguno de los pretendientes. Los jueces resolvian en el acto las dudas que con este motivo se suscitaban. Cumplido este requisito se hacia el recuento definitivo de los atletas y corredores que, á seguida, eran conducidos por los mismos jueces al altar de Júpiter Horcios, númen tutelar de los juramentos, donde, en presencia de sus parientes respectivos, si se hallaban presentes, juraban no emplear en el certámen nino 11 1 artificio innoble ni seducir á su adversario (2). 7 Enseguida se pasaba á verificar el sorteo de las parejas que hablan de luchar juntas, ó de los grupos si se trataba de las carreras y del Pentathlon. Los mismos interesados sacaban las suertes de la «urna del dios,» y formaban pareja ó grupo los que sacaban letras iguales. (1) Herod. V, 22. Aeschin. c. Timarch. 138. (2) Platon. legg. p. 833. Pausan. 5, 21, 2-6. El altar de Júpiter Horcios se hallaba en la parte Sur del Altis, junto al lugar donde de,3pues se levantó la casa de los jueces.
375 En todos los ejercicios era condicion para obtener la palma, que el vencedor de una pareja luchase con los vencedores de las otras parejas ó grupos, rep" tiéndose esto sucesivamente en la lucha, el pujilato, el boxeado y el Pancracion, es decir, en todos los ejercicios que ofrecian semejanza; de la misma manera el vencedor de cada grupo de corredores y de los que tomaban parte en el Pentathlon tenía que luchar con los vencedores de los otros grupos, hasta que uno solo quedase victorioso, puesto que únicamente aquel que fuese capaz de vencer á todos los que habian alcanzado victoria en las luchas parciales, ceñía sus sienes con la corona de olivo. Terminado el sorteo, el heraldo anunciaba el principio de los juegos con estas palabras: «la lucha empieza; colocaos en disposicion para decidir el combate; Júpiter resolverá el término de la victoria (l).» Inútil es advertir que en el sorteo entraban tambien las carrozas que se presentaban en el Hipódromo. Tanto en éste como en el Estadio, ocupaban los jueces un lugar elevado en el semicírculo superior, cerca de la meta; estaban armados de látigos, para dar á entender que podian castigar á los que infringiesen el reglamento tradicional de las fiestas y eran los encargados del anunciar al público el nombre del vencedor. A pesar del calor propio del mes de Julio en paises meridionales, la apiñada muchedumbre seguia con avidez los movimientos de los atletas y corredores y no perdia uno solo de los ejercicios que, como (1) E. M. E. Meier, Olymp. Spiele; en la Enciclopedia de Ersch y Gruber, p. 313.
376 es natural, empezaban en las primeras horas de la mañana para terminar con la puesta del sol. El interés de los espectadores crecia en el combate de unos vencedores con otros y llegaba á su apogeo en el último decisivo ejercicio, ya de las carreras ó de la lucha. Si el vencedor mataba á su. adversario en la lucha, en el boxeado ó en el Pancracion, perdia el premio. En las carreras de carrozas no se declaraba vencedor al conductor del vehículo, sino al dueño del tiro. En cuanto los jueces daban su fallo, proclamaba el heraldo el nombre de los vencedores y su pátria. La coronacion se efectuaba enseguida, cuyo acto consistia únicamente en sujetar la cabeza del vecendor con una cinta, sobre la cual colocaban los jueces la corona, á presencia de todo el pueblo. Segun dijimos antes, trenzábase la corona con ramas del olivo sagrado que un niño, designado al efecto, y cuyos padres debian vivir todavia, cortaba con un cuchillo de oro. A propósito de este olivo, son dignas de mencion estas palabras de Pindaro: «de Pisa resuenan cantos designados por los dioses para honrar al mortal á quien, en cumplimiento de las antiguas tradiciones, el hombre etolio , el intachable Hellanodices, pone por encima de las cejas el azulado adorno hecho de las ramas del olivo, que en otro tiempo trajo de las fuentes umbrosas del Istro, el hijo de Amfitrion, para que fuese el más bello monumento de los juegos de Olimpia (1).» En todo tiempo el premio más codiciado fué el de la carrera, porque ésta fué siempre considerada como (1 ) Pausan. 6, 13, 5. 6, 20, 5-7. Pind. Olymp. 3, 10 seqq.
377 el más antiguo y más noble de todos los juegos y ejercicios olímpicos, al punto de que las fiestas se designaban con el nombre del vencedor en las carreras del Estadio; esto no obstante para los nobles de todos los cantones de Grecia no habla honor más alto que el de obtener la palma en el certámen de las carrozas de Olimpia. Los vencedores, acompañados de sus parientes y amigos, de los theores de su pueblo y de todos sus paisanos, celebraban un sacrificio en accion de gracias por la victoria obtenida, sobre la cima del Crono. Al subir á la colina se cantaba un himno compuesto en honor del vencedor, ó á lo ménos los versos que compuso Arquiloco para celebrar la victoria de Hércules sobre Augeas, al final de los cuales se añadia el nombre del vencedor con el estribillo: «la salud sea contigo, en el premio de la victoria.» Por la noche todo el pueblo se entregaba al regocijo en las tiendas. «Cuando empieza á brillar la apacible luz de la hermosa Selene, resuenan en todo el sagrado recinto los cantos de alabanza, en los alegres festines (1).» Los jueces obsequiaban á los theores y los vencedores eran agasajados por sus conciudadanos con animados banquetes que se celebraban en las tiendas de sus respectivos theores. A. los juegos y carreras seguia el gran sacrificio en honor de Jove, que consistía en una hecatombe ofrecida en el gran altar arriba descrito. Esta solemnidad religiosa terminaba con un suntuoso banquete que se daba en honor de los theores y de los vencedores (2). (1) Pind. Olymp. 9, 1 seqq. 11, 90-93. (2) Plut. Aleib. 11. Krause, Olimpia, pág. 83-97.
384 la antigüedad más remota, tanto en la metrópoli como en las colonias, las villas y ciudades helenas se desarrollan y crecen al amparo de una torre ó de una fortaleza. En medio de la agitacion producida por el constante movimiento de las tribus, educóse una raza guerrera y animosa que llevó á los más remotos paises la lengua y la cultura helena; las incesantes luchas de unos cantones con otros, ó de las colonias con los indígenas desposeidos, en las cuales cada pequeño canton velase reducido á sus propias fuerzas, á sus recursos y á su inteligencia, formaron hombres aguerridos, que tenian conciencia de su valor y de sus méritos y sabian defender sus derechos: ellos fueron tambien el alma de aquellos estados libres. Circunscrita la actividad de las tribus helenas, en sus manifestaciones pacificas ó guerreras, á un campo muy reducido, por precision tenian que destacarse los elementos más sobresalientes de cada estado, y este individualismo tenia además la ventaja de librar de la inaccion primero y de la oscuridad despues á los hombres que, con su valor ó su inteligencia, habian contribuido de un modo especial á mejorar la situacion del Estado: el pueblo podia apreciar mejor los méritos de los grandes guerreros ó de sus esclarecidos poetas. Por otra parte, esa pequeña extension de los cantones facilitaba el trato de unos habitantes con otros y estrechaba sus relaciones. A mantener estas cada día más activas contribuian las asambleas nacionales que con frecuencia se reunian, áun bajo la tiranía de los reyes, siquiera en las asambleas reales no se otorgase al pueblo más libertad que la de acatar los
385 mandatos régios ó manifestar e mbozadamente su desagrado. Desde luego salta á la vista que en un Estado formado únicamente por un valle, una comarca á veces una ciudad sola; que para mantener su indeL pendencia no cuenta con más fuerzas que las suyas ni espera más auxilio que el de sus ciudadanos se manifiesta más espontáneo el interés de cada individuo, y es más vigorosa la accion de todos que en los estados que abrazan una extension considerable y comprenden un gran número de individuos. En los pequeños estados helenos cada ciudadano se consideraba como un miembro vivo del cuerpo social; á todos afectaban inmediatamente las desgracias ó las venturas de la patria y en el momento del peligro todos los , hombres hábiles se armaban para defenderla. De los más poderosos y aguerridos se formó una especie de ejército permanente compuesto, en los cantones de la Península, de los guerreros que por su valor ó su fortuna habian logrado dar la ley á sus hermanos y conquistar ricos patrimonios y en las colonias de los primeros emigrados: unos y otros constituyeron la aristocracia helena. Muy luego empezó á comprenderse en todos los cantones que, dada la reducida extension de los estados y la sencilla organizacion del gobierno, la monarquía era inútil, puesto que carecia de medios de defensa, le faltaba explendor y hasta la importancia nacional que tiene en los grandes estados; por eso cayó sin oponer resistencia á los ataques de la aristocracia. Como consecuencia de las luchas interiores de los cantones griegos, se formaron los estados libres bajo la direccion de gobiernos oligárquicos ó aristocráticos, que TOMO TII. 25
386 sucedieron á la monarquía centralizadora y despótica. La febril conmocion que produjeron las emi grarciones en todas las comarcas de Hellas, ejerció una influencia decisiva en el desarrollo de la vida intelectual y política de los helenos, determinando especialmente la influencia de la primera sobre la segunda. En el período que precedió á las emigraciones y guerras cantonales, la tendencia del espíritu griego á las divagaciones fantásticas y trascendentales hallaba un débil contrapeso en las formas definidas de sus comarcas y en las condiciones limitadas de su vida; pero en el periodo agitado y turbulento de las emigraciones esa tendencia halló un vigoroso y excelente regulador en las nuevas y múltiples manifestaciones de una vida fundada en principios más positivos, en la cual la fuerza de la realidad, como dirian los partidarios de cierta escuela, el realismo puro, ponia freno al idealismo de la fantasía. Los prolongados combates que ocasionaba la conquista y la defensa de las colonias ó de las comarcas invadidas por los emigrados, los innumerables trabajos que originaba la colonizacion, ya en la construccion de viviendas, organizacion de los nuevos estados, etc., trabajosque cada canton realizaba con entera independencia y con sus propios recursos, imponian á los griegos deberes tan ineludibles, obligaciones tan múltiples y perentorias, que absorbian todas sus atenciones y ponian á contribucion todas sus fuerzas, en tales términos, que apenas les quedaba tiempo para elevar la mente al mundo de los espíritus; tan preocupada estaba con el mundo de la materia. Los sucesos se sucedieron en esta época de guerras y trastornos con rapidez tan asombrosa, que en realidad no po d ían
357 ménos de producir en los ánimos una impre • S1013. poderosísima, y aquella constante lucha de encontrados sentimientos, de opuestas pasiones, aquella interminable sucesion de prosperidades y peligros, encadenaba los ánimos de todos, y hacia que los hombres apartasen la mirada del cielo, para fijarla únicamente en las cosas de la tierra. Podria llamarse este periodo de la historia helena, el periodo de los ejercicios gimnásticos y caballerescos, como que todo el pueblo cifraba su mayor dicha en contemplar las pruebas de valor, de habilidad y de fuerza, de astucia y de agilidad con que la juventud se preparaba á soportar las penalidades de . la guerra y á arrostrar los peligros de la navegacion. En semejantes condiciones no debe maravillarnos que la poesía profana, bajo la forma epica, suplantase á la poesía eclesiástica, es decir, á los antiguos himnos religiosos, atentos como estaban los vates de la época á idealizar las proezas de sus guerreros y conquistadores comparándolas con las hazañas de los antiguos héroes. Lo humano adquirió tan absoluto predominio en la manera de pensar de los griegos, que no supieron representar á sus divinidades sino tomando por modelos á sus héroes y á sus reyes. Los dioses helenos no eran otra cosa que hombres dotados de especiales y superiores atributos, como si dijéramos entidades elevadas á una potencia superior, cuya esencia se fué revistiendo de nuevo explendor y más puro idealismo, á medida que se perfeccionaba el concepto de la vida, y se despejaba la idea de los deberes del hombre. Considerado el mundo celeste como el complemento moral, la glorificacion del mundo de los hombres, quedaba trasformado el mismo ser humano en
388 ideal de su propia vida, en norma y medida á que debia acomodar sus actos, término de sus aspiraciones y objeto á la vez de su propia existencia, puesto que, segun indicamos anteriormente, para el antiguo heleno todas las aspiraciones morales se encerraban en el precepto de vivir segun las inspiraciones de la conciencia, siguiendo únicamente los impulsos del ,corazon, para llegar á ser un hombre vigoroso, diestro y noble. En virtud de este concepto de la vida y de sus fines, quedaba destruida la mision del sacerdocio , cuyas funciones se apropió la aristocracia; quitábase toda importancia al profetismo, de cuya mision se apoderaron los poetas profanos, y si se consiente la existencia del oráculo deifico es pórque se le juzga elemento indispensable para dar á la sociedad algun apoyo religioso, para no despojar á la vida de todo su tinte místico, de toda creencia sobrenatural. La religion de los antiguos helenos no imponia al hombre otros deberes para con los dioses, que los deberes que tenia-para , con sus semejantes, con alguna ligera variacion en la manera de aplicarlos; los preceptos del cielo y los de la tierra eran una misma cosa, como lo eran la moral de la religion y la moral del Estado. Su metafísica no traspasaba los límites del mundo presente; sus leyes morales no tenian otro objeto que el de regularizar la marcha del Estado, y el patriotismo era un deber religioso. Con análogas disposiciones naturales llegaron indios y helenos á resultados de todo punto contrarios. Los primeros eran poco ménos que insensibles á los
389 placeres de la tierra; vivian en un mundo de nes y fantasías filosófico-religiosas, únicamente para el cielo, para otro más allá; reputaban la vida presente como un destino sobre toda ponderacion triste y miserable para eludir el cual se entregaban á las más rudas pruebas de penitencia, sometíanse á toda clase de privaciones y en el seno de esta sociedad admirable vivieron un sinnúmero de rishis ó ascetas que, con una fuerza de voluntad apenas concebible, lograron concentrar su entendimiento, sus potencias y sentidos en un solo objeto, fuera de si y fuera del ). do exterior, en la divinidad, en la otra vida, llegando á la más completa negacion de su propio yo. El ejemplo contrario, y único exr la historia de los pueblos civilizados de la antigüedad, nos presentan los griegos, que vivian exclusivamente para este mundo, consagrando todas sus fuerzas al perfeccionamiento material y moral del individuo, del propio yo, con el objeto de cumplir mejor los deberes que les imponia el Estado. El positivismo de la vida, con sus manifestaciones prácticas y políticas impresionó de tal manera á los antiguos helenos y ocupó su atencion con tal intensidad durante muchos siglos, que, gracias Cambien á los especiales caracteres de su país y de su organizacion política, llegó á ejercer predominio completo en su ánimó, al punto de no admitir otros deberes ni otros fines que los que la vida presente impone, siquiera el idealismo conservara siempre en este pueblo fuerza suficiente para no entregarse del todo á los goces del momento, ni dejarse arrastrar por el torbellino de su agitada vida. Sin duda alguna es un fenómeno digno de parti-
390 miar atencion que, no obstante este concepto materialista de la vida, supiesen mantener los griegos un perfecto equilibrio entre sentido y sentimiento, entre fantasía y realidad, entre poesía y prosa, entre lo sobrenatural y lo humano, .entre la actividad y la pasion, entre lo espiritual y lo sensible. En todas las manifestaciones de la vida nacional de los griegos se observa este equilibrio. Sus poetas no ven nada sobrenatural, ni divino fuera de la contemplacion de la naturaleza, y del sér humano; sus teólogos no saben distinguir las manifestaciones de la divinidad de los fenómenos de la naturaleza y cortan los actos de los dioses por el patron de las acciones humanas, de suerte que la naturaleza entera no es para los griegos otra cosa que la encarnacion, el cuerpo del mundo de los espíritus; éstos la dan vida, la animan, la llenan por completo. En los arroyos y en las fuentes, en las encinas y en las grutas ó hendiduras de las rocas, en las faldas de las montañas y en los abismos; en todas partes ven espíritus y númenes benéficos ó rfialignos, los dioses preséntanse á su imáginacion lo mismo en las tempestades del mar que en los fenómenos del firmamento. Júpiter está representado en la altura y majestad del cielo; el irresistible choque de las olas es una manifestacion del poder de Neptuno; en la agitacion producida por las tormentas se figuran ver, á la invencible Athene, que mora tambien en el azul trasparente de la atmósfera y los inmaculados rayos de la luz son la imágen de Apolo, númen de las puras costumbres. De la misma manera se figuran percibir la presencia de los dioses en los destinos y guerras de las
391 naciones, y en las aventuras y hechos de los hombres. En esta consideracion fundaron los poetas helenos los atributos de muchas divinidades cuyas cualidades están tomadas de la moral humana y de la simple naturaleza. Un concepto análogo tenian los griegos del Estado, que, áun para los grandes filósofos del cuarto siglo, no era otra cosa que la comunidad de individuos que tomaban parte en las asambleas, en las transacciones del mercado y en las solemnidades religiosas. Sólo dentro de estos limites definidos comprenden los griegos el Estado, cuyo concepto es para ellos inseparable del mercado y de la asamblea. Al decir de Platon «el Estado debe tener la extension suficiente para poder suplir á todas sus necesidades, de tal suerte que el pais produzca todo cuanto los ciudadanos han menester para cubrir las atenciones de la vida. El Estado más fuerte es el mayor, siquiera su ejército no cuente más de mil guerreros» (1). Aristóteles abunda en las mismas ideas cuando hace notar «que un número demasiado considerable de gentes trastorya la marcha del Estado y es incompatible con el órden. En una magnitud moderada cabe únicamente la belleza y un Estado bien ordenado , hermoso. Una embarcacion de dos estadios de longitud deja de ser tal embarcacion; de la misma manera un Estado, si tiene muy pocos habitantes no se basta á si mismo, pero si su número es excesivo puede llamarse pueblo, no Estado. Este no debe tener más extension territorial que la necesaria para producir los artículos que han menester sus mo- (1) Plat. de rep. II, p. 369, IV, p. 423
392 radores1 ni más habitantes que los precisos para obtener con su trabajo y Su industria los objetos indispensables para la vida, de suerte que puedan fácilmente verse unos á otros. Es preciso que los ciudadanos se conozcan mútuamente, á fin de poder apreciar las cualidades de los que han de ser elegidos para los cargos públicos y de evitar que algun extranjero se apropie los derechos de ciudadanía. En un pueblo demasiado numeroso ¿quién aceptaria los cargos de Heraldo y de general del ejército?» (1). El concepto primordial que informa la teoría de la religion y . del Estado, resplandece tambien en la moral de los antiguos helenos, para quienes espíritu y naturaleza, cuerpo y alma eran casi una misma cosa, ya que no descubren en estos objetos antagonismo ni verdadera diferencia. Los griegos dábanse cuenta de los impulsos de la sensibilidad y aun, en la apariencia,' predominaba esta en todos sus actos; pero en realidad no era así; obsérvase en. ellos, por el contrario, un perfecto equilibrio entre los impulsos puramente sensuales y los instintos ideales y morales de moderacion, sobriedad y buen sentido. Lo mismo el sencillo 'humanismo de la Epopeya que la más severa moral del periodo aristocrático, no exigen del hombre, sino que siga las sugestiones de la razon, ni le imponen otros deberes que el de moderar y ennoblecer los impulsos naturales; contener las pasiones desordenadas y los arrebatos del ánimo y destruir hasta (1) Aristot. poi. VII, 4. 5.
393 los gérmenes del egoismo. El individuo consideraba como una obligacion natural la de someter su propio yo al bien de la familia y de la sociedad, cuyos deberes hacia suyos. Hallábase este concepto de la vida tan encarnado con la manera de ser del pueblo griego, que todos sus individuos consideraban esa abnegacion como un deber ineludible. Con esta noble - predisposicion de la naturaleza humana, no les era difícil representar en la belleza y perfecto desarrollo de su cuerpo las excelentes cualidades de su espíritu; ya que todo griego consideraba como principal entre todos los deberes del hombre bueno someter los naturales impulsos del ser humano á las sugestiones de la virtud y de la nobleza de ánimo, que debe resplandecer en todos sus actos exteriores. Los griegos, por eso, no aprecian el valor del hombre sino cuando goza de la plenitud de sus facultades y del uso perfecto de sus sentidos; cuando es capaz de ejercer absoluto dominio sobre sus miembros y músculos, único modo de poder gozar de todos los beneficios de la vida y de su propia fuerza. Así se comprende que los ejercicios gimnásticos hiciesen tan importante papel en la educacion helena y llegasen á formar una disciplina perfectamente organizada y sistemática durante el régimen aristocrático. No era tan sólo la nobleza la que acariciaba este concepto del hombre hermoso y bueno; la que unía inseparablemente la alteza de sentimientos con la hermosura y vigor del cuerpo; el pueblo todo aspiraba del mismo modo á realizar ese ideal en sus individuos. Sin. embargo, no puede decirse que fuese nacional esa aspiracion del pueblo heleno, ya que cada Es-
MK
ÍNDICE DE LAS MATERIAS QUE CONTIENE ÉSTE TOMO. FEDON DE ARGOS. Paginas. Movimiento-de emigracion; lá návegacion; los tyrrenos; fiesta primaveral de Delos; Apolo y su nacimiento en Délos .CoMe'reio marítimo de los Doriós História de Fedon: explendor de Argos Sistema monetario de Fedon y sus bases; sistema de pesas y medidas 5-17 17-20 20-25 25-28 . PRIMERA. GUERRA DE MESENIA. Conquista de Amiclae y de Aegis . 29-31 Las Jacintias y Karneas; conquista de Faris, Helos y Geronthrae 31-35 Los mesenios; descripcion de Mesenia; sus príncipes 35-40 Primeras invasiones de los espartanos; muerte de Teleclo; Androcles y Eufaes . 40-48 El Ithome; Aristodemo; conquista del Ithome y fin, de la guerra. Fechas..:..... 48-53 Reparto de la conquista. Polidoro y Teopompo 53-57 Los eforos; conjuracion de Falanto 57-60 Culto de los espartanos; Terpandro y sus coros 60-65 Los espartanos contra Arcadia y Argos; Cynuria 65-67 III. SEGUNDA GUERRA DE MESENIA. Levantamiento de los mesenios: Aristomenes y sus haza- . lias, toma de Eira La Aristomeneida; hechos históricos Coalicion contra Esparta; Terpandro y Tirteo en Esparta Afidnas. Los cantos de Tirteo; sus elegias; efecto de sus himnos belicos Fin de la guerra. Fechas 68-71 '76-80 80-87 87-91
mina% IV. OOMERNO ARISTOCRÁTICO DE CORINTO Y MIGARA. La monarquía helena; la aristocracia; caida de la monarquía 91-98 Tribus doricas; los Baquiadas; la pritania y la aristocracia 98-102 Importancia de Corinto; Cúmas y sus tradicioñes 103-105 Teocles; Arquias y su colonia; fundacion de Siracusa 105-111 Los corintios en Corcyra; comercio 111-113 La marina corintia; naves de tres bancos; guerra entre Corcyra y Corinto 113-119 Megara y sus colonias; Bizancio, Selinunte 119-124 Colonias aqueas; Locroe y Tarento 124 12'7 Constitucion de Zaleuco; sus leyes 12'7-131 Sybaris y Crotona; sus riqúezas 131-133 V. LOS JONIOS EN EUBEA. La monarquía de Eubea; gobierno aristocrático, colonias de los chalcidios en Sicilia. 134-140 Leyes de Jarondas; los chalcidios en Athos. 140-145 Colonias de Eretria; pesas y medidas de Eubea 145-147 Guerra entre Chalcis y Eretria; fechas 147-151 LAS CICLADAS. Situacion de las islas; producciones . 152-155 Colonizacion de las cicladas 155-156 Arquiloco el pario y sus sátiras 156--159 Emigracion de Arquiloco; desgracias de la colonia; fin del poeta; riqueza de Thasos . e . 159-165 Los mingos en Thera; fundacion de Cirene 165-169 Situacion de Cirene; los libios; riqueza del país 169-173 Derrota de los cireneos; leyes de Demonactes 173-114 VII. LOS JONIOS EN ASIA. Invasion de los cimmerios; Calino el efesio; derrota de los magnesios; los trereos; destruccion de Magnesia 174-180 Colonias milesias; expediciones de los milesios al mar Negro; tradiciones curiosas 180--183 Sinope, Cicico y Abidos; Lampsaco. 183-186 Reedificacion de Sinope; nuevas colonias; comercio con los escitas; industria de los milesios 187-190 Colonias en Egipto; los samios en Tarteso 190-194
Páginas. 194-198 198 —202 202-20'7 Cumas; expediciones de los focenses; fundacion de Masalia y Alalia Pérdidas de los fenicios y cartagineses; Cartago contra los griegos; batalla de Alalia Tradiciones de las colonias; Hércules, Agrio y Latino ... VIII. LA. ARISTOCRACIA ATENIENSE. La monarquía atica; la aristocracia ateniense La nobleza contra las prerogativas del monarca; organizacion de la, aristocracia; las tribus .. Caída de la monarquía; las fratrias y los linages ;los clientes; nuevas leyes Areopago; causas criminales; jueces y juzgados La monarquía decenal;.arcontado; el polemarjos y el Thes2nothetes Naucrarias; constitucion militar: contribucion de guerra; vicios de la nobleza. IX. EL ORÁCULO DELFICO. El sacerdocio heleno; doctrinas teogonicas . Secularizacion del culto; condiciones del sacerdocio heleno; libertad de conciencia Delfos y su oráculo; leyes sobre la purificacion; la expíacion del homicidio El sacrificio delfico, bardos y cantores Leyendas sobre la expiacion; fama del oráculo Concepto del númen y sus atributos; importancia del oráculo Influencia del oráculo en la colonizacion y en la cultura de los helenos 20'7-213 213 —211 211-226 226-231 231-235 235-240 210 -246 246-249 249-256 256-259 259-261 261-265 265-269 X. LAS TRIBUS HELENAS. La anficcionía en Delfos; asociacion de Anthela; ..... Aumento de la asociacion; atribuciones de la anficcionía; asambleas de la liga anficcionica; carácter religioso de la liga Los aqueos; tribus helenas La leyenda de Deucalion; Helen y sus hijos: exclusion de los pelasgos Anficcion, Ethlio y Graecos; la leyenda de Ion Los eolios y dorios; caractéres de las tribus y sus dialec269 —2'73 213-280 280-284 234-289 289-294
PAgiriarq, tos; calendario heleno ; variaciones del calendario cada tribu , 294.308 XI. LA EPOPEYA Y LA TEOGONIA. Hornero y la epopeya; Aretino el milesio; poema sobre las guerras de Tebas y dé Troya Poemas sobre las hazañas de Hércules ; la elegia, los versos yambicos; himnos y coros religiosos Dioses y espíritus; la cosmogonia homeríca; la •Teogonia hesiodica; númenes de la luz y de las tinieblas, . Urano, nacimiento de .Afro dita y su leyenda -Saturno; nacimiento de Júpiter; su destierró; guerra entre d oses y Titanes; Tifoe.. ...... Atlas y Prometen; castigo de Prometeo; victoria de Júpiter; reparto del Gobierno del Universo Nacimiento de Minerva; dioses secundarios XII. LA FIESTA DE GLIMPIA. Instituciones de los estados helenos; situacion de la aristocracia; leyes y códigos 336-341 Caractéres de la aristocracia helena; sus ocupaciones, su organizacion y su fuerza; sacerdocio 341-345 El culto; los sacrificios; educacion de la juventud aristocrática; ejercicios gimnásticós 345-350 La fiesta de Olimpia; asociacion religiosa; presidencia de la fiesta; aumento de la asociacion 350-356 Presidencia de la fiesta y disputas que ocasionó; noticia sobre los vencedores; aumento de los juegos . • • Origen de la fiesta; Hércules y Pelops. Duracion de la fiesta; santuarios; altar de Júpiter El Altis; las comisiones; reconocimiento de los atletas; condiciones para obtener la corona; coronacion Importancia de la fiesta; el comercio XIII. DESARROLLO DE LA CULTURA HELENA. Carácter especial de la cultura helena; partícularisnlo de las tribus helenas Concepto de los dioses y del hombre; idealismo y realismo de los griegos El. Estado heleno; la moral; carácter distintivo de su vida Relaciones con otros pueblos; progreso de las instituciones helenas; problemas. Indice de materias 304-309 309-317 317-321 321-.425 330-333 333-335 356-360 360-366 367-371 371-377 377-379 380-38B 388-392 392-395 395-399 401-404
[Document text truncated for crawler view.]