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La corrida de toros como ceremonia angular : una interpretación materialista

Fernández Tresguerres, Alfonso

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Re is a de Es udios Tau inos N.º 12, Se illa, 2000, págs. 71-88 LA CORRIDA DE TOROS COMO CEREMONIA ANGULAR: UNA INTERPRETACION MATERIALISTA Al onso Fe nández T esgue es 1.– MATERIALISMO Y FORMALISMO EN LAS INTERPRETACIONES TAURINAS l obje i o de es e a ículo es esboza los elemen os esenciales mínimos median e los cuales se puede elabo a una eo ía au én icamen e ma e ialis a del o eo; eo ía que acaso si a de con apun o, y aún de co ec i o, a las di e sas in e p e aciones me amen e ide- alis as con las que de o dina io nos bomba dean los más a a- mados es udiosos de la ies a. Siguiendo a Gus a o Bueno, pa o del supues o de que el ma e ialismo es la me odología p opia de la « e dade a iloso ía», en e a la « alsa iloso ía» a la que conducen una se ie de me odologías al e na i as (men alismo, psicologismo, idealismo o espi i ualismo) englobadas po Bueno bajo la denominación gene al de o - malismo (Bueno, s. .)) Se ía ma e ialis a aquel análisis que an e un conjun o enoménico de e e encia (digamos la co i- da de o os) se mues a adecuado pa a conduci nos a una cons ucción acional en la que odos los elemen os, con eni- dos y ma e iales que cons i uyen los enómenos del conjun o analizado pasan a o ma pa e de la cons ucción (de la eo- el ma xis a o el ha isiano), sino idimensional, compues o po es ejes y no únicamen e po dos, como sucede en el ma e ialismo his ó ico y en el de e minismo cul u al, donde sólo ienen cabida aquella se ie de é minos, elaciones y ope aciones que pe manecen en la “inmanencia de lo huma- no” (eje ci cula ) y aquellos o os con enidos no humanos (ecológicos, po ejemplo) que p esen an, no obs an e, inne- gable signi icación an opológica, debido a la indudable in luencia que eje cen ( an o emic como e ic) sob e aquellas ealidades humanas (eje adial). En un espacio de esas ca ac e ís icas, no habiendo luga más que pa a dos ipos de con enidos (Na u aleza y Espí i u de Hegel), odo enóme- no an opológico ha de esol e se o bien en la «inmanencia de lo humano» o bien en la elación del homb e con la na u- aleza impe sonal pe o sucede que alguno de esos enóme- nos no admi en al educción, po que no pueden se coloca- dos, sin más, ni en el eje ci cula ni en el adial, has a el pun o de que empeña se en hace lo supone no sólo no expli- ca los sino incluso hace los desapa ece , desembocando, así, en cons ucciones o malis as. Po que el homb e, en e ec o, se « elaciona» ambién con de e minadas en idades que sin se humanas ampoco son impe sonales, y aunque desde un pun o de is a e ic ales en idades apa ecen como suje os ope a o ios ini os, en la pe spec i a emic lo hacen como dioses o númenes, demoníacos o angélicos. Cie a- men e, la conside ación e ic de esas ealidades cae ue a del campo de la an opología (siendo come ido de la iloso ía de la eligión), pe o, en cambio, sí es plenamen e an opo- lógico su análisis emic; dimensión és a que en modo alguno puede se igno ada, po cuan o que la e iden e epe cusión La co ida de o os como ce emonia angula : una in e p e ación ma e ialis a 73 ía), siendo asimilados po ella, mas no po ía de una me a acumulación enciclopédica de da os, sino, jus amen e, po - que la eo ía iene la ue za su icien e como pa a enlaza los, y mos a los enlazados, median e conca enaciones obje i as esenciales e in eligibles. En la medida en que es o no sea así, es deci , en la medida en que una eo ía c is aliza en una cons ucción en la que los elemen os eó icos que la cons i- uyen han sido es ablecidos independien emen e de los enó- menos que in en an explica , habla íamos de o malismo; o malismo que, aun admi iendo di e sos g ados, se ca ac e- iza, en odos ellos, po esol e se en una conexión en e ideas al que la cons ucción eó ica a la que se llega sólo se alcanza al p ecio de bo a y seg ega el ma e ial enoménico del conjun o de e e encia (en el asun o que nos ocupa, haciendo desapa ece el o eo mismo). Pues bien, c eo que las p incipales in e p e aciones que se han p opues o pa a da cuen a de ese impo an ísimo enó- meno an opológico que es la co ida de o os son, en el sen- ido expues o, o malis as. Mas an es de examina po qué, y an es ambién de señala las di ec ices de una in e p e ación ma e ialis a, he de deci aún algunas cosas. 2.– LA CEREMONIA DEL TOREO EN SU ESPACIO ANTROPO- LÓGICO An e odo és a: que en an opología es imposible una eo ía au én icamen e ma e ialis a a menos que el conjun o enoménico de e e encia sea analizado desde la conside a- ción de un espacio an opológico no bidimensional (como Al onso Fe nández T esgue es 72 el ma xis a o el ha isiano), sino idimensional, compues o po es ejes y no únicamen e po dos, como sucede en el ma e ialismo his ó ico y en el de e minismo cul u al, donde sólo ienen cabida aquella se ie de é minos, elaciones y ope aciones que pe manecen en la “inmanencia de lo huma- no” (eje ci cula ) y aquellos o os con enidos no humanos (ecológicos, po ejemplo) que p esen an, no obs an e, inne- gable signi icación an opológica, debido a la indudable in luencia que eje cen ( an o emic como e ic) sob e aquellas ealidades humanas (eje adial). En un espacio de esas ca ac e ís icas, no habiendo luga más que pa a dos ipos de con enidos (Na u aleza y Espí i u de Hegel), odo enóme- no an opológico ha de esol e se o bien en la «inmanencia de lo humano» o bien en la elación del homb e con la na u- aleza impe sonal pe o sucede que alguno de esos enóme- nos no admi en al educción, po que no pueden se coloca- dos, sin más, ni en el eje ci cula ni en el adial, has a el pun o de que empeña se en hace lo supone no sólo no expli- ca los sino incluso hace los desapa ece , desembocando, así, en cons ucciones o malis as. Po que el homb e, en e ec o, se « elaciona» ambién con de e minadas en idades que sin se humanas ampoco son impe sonales, y aunque desde un pun o de is a e ic ales en idades apa ecen como suje os ope a o ios ini os, en la pe spec i a emic lo hacen como dioses o númenes, demoníacos o angélicos. Cie a- men e, la conside ación e ic de esas ealidades cae ue a del campo de la an opología (siendo come ido de la iloso ía de la eligión), pe o, en cambio, sí es plenamen e an opo- lógico su análisis emic; dimensión és a que en modo alguno puede se igno ada, po cuan o que la e iden e epe cusión La co ida de o os como ce emonia angula : una in e p e ación ma e ialis a 73 ía), siendo asimilados po ella, mas no po ía de una me a acumulación enciclopédica de da os, sino, jus amen e, po - que la eo ía iene la ue za su icien e como pa a enlaza los, y mos a los enlazados, median e conca enaciones obje i as esenciales e in eligibles. En la medida en que es o no sea así, es deci , en la medida en que una eo ía c is aliza en una cons ucción en la que los elemen os eó icos que la cons i- uyen han sido es ablecidos independien emen e de los enó- menos que in en an explica , habla íamos de o malismo; o malismo que, aun admi iendo di e sos g ados, se ca ac e- iza, en odos ellos, po esol e se en una conexión en e ideas al que la cons ucción eó ica a la que se llega sólo se alcanza al p ecio de bo a y seg ega el ma e ial enoménico del conjun o de e e encia (en el asun o que nos ocupa, haciendo desapa ece el o eo mismo). Pues bien, c eo que las p incipales in e p e aciones que se han p opues o pa a da cuen a de ese impo an ísimo enó- meno an opológico que es la co ida de o os son, en el sen- ido expues o, o malis as. Mas an es de examina po qué, y an es ambién de señala las di ec ices de una in e p e ación ma e ialis a, he de deci aún algunas cosas. 2.– LA CEREMONIA DEL TOREO EN SU ESPACIO ANTROPO- LÓGICO An e odo és a: que en an opología es imposible una eo ía au én icamen e ma e ialis a a menos que el conjun o enoménico de e e encia sea analizado desde la conside a- ción de un espacio an opológico no bidimensional (como Al onso Fe nández T esgue es 72 o os. Lo p ime o que cabe obse a es que se a a de una se ie de ope aciones que sa is acen de modo adecuado las exigen- cias que el ma e ialismo ilosó ico impone a un conjun o de ac os pa a que puedan se conside ados una ce emonia (Bueno, 1984: 8-37). Concep o és e que en nues as coo dena- das ilosó icas y an opológicas se usa no de un modo más o menos ago y di uso, como sucede en el lenguaje o dina io, sino en un sen ido an opológicamen e muy p eciso: aquél según el cual una ce emonia se nos p esen a como una « igu a p ác ica eleológica que, cons i uida po secuencias e íme as de ope aciones humanas, es á delimi ada sob e un ‘ ondo p o- cesual’po una ape u a y una clausu a iden i icables» (Bueno, 1984: 13). Tales igu as del hace humano, que se hallan suje- as a no mas y suponen secuencias ope a o ias que se cie an in e namen e desde su p opia con igu ación, se ían uno de los elemen os decisi os a la ho a de sepa a an opología/e olo- gía, cul u a/na u aleza, homb e/animal, po lo que el concep o de ce emonia, mucho más ico de lo que es as pocas indica- ciones pod ían suge i , se nos con ie e en un ins umen o ilo- só ico de no able inu a y p ecisión. Pe o ol iendo al p oble- ma que nos ocupa, la cues ión que debemos plan ea nos es la siguien e: ¿qué consecuencias se de i an pa a un análisis del o eo de la conside ación de la co ida de o os como ce emo- nia? Ob iamen e, que es necesa io de ec a en la co ida misma los cua o momen os o dimensiones que cabe dis ingui en oda ce emonia: con ex ual, a iacional, dis in i o y cons i- u i o. No puedo ocupa me aho a del examen de enido de es as cua o dimensiones del o eo; bas e deci que c eo que a su luz quedan ecogidos con una cie a p ecisión odos o los p inci- pales elemen os que componen el ce emonial au ino: el espa- La co ida de o os como ce emonia angula : una in e p e ación ma e ialis a 75 que ienen sob e el es o del campo an opológico iene dada po su condición de númenes o dioses. Dicho de o o modo (y acaso a algunos les esul e pa a- dójico): no es au én icamen e ma e ialis a una an opología que no econozca la e dade a dimensión on ológica, e inclu- so la e dad, de cie os enómenos a los que de un modo gené ico podemos denomina « eligiosos». La iloso ía de la eligión ma e ialis a, al como noso os la en endemos, iden- i ica esos suje os ope a o ios no humanos con los animales, en cuan o se p esen an como animales numinosos, y no, po ejemplo, como me a uen e de p o eínas; y pa a pode exa- mina las elaciones que el homb e man iene con los anima- les, en cuan o númenes o dioses, una e dade a an opología ma e ialis a conside a obligado in oduci un e ce eje en el espacio an opológico, al que denomina eje angula , ab ien- do así la posibilidad de da cabida en el análisis a una se ie de enómenos eligiosos, i educ ibles a cualesquie a o os que pudie an se colocados en el eje ci cula o en el adial, y a las in luencias que eje cen sob e las demás ealidades an opológicas (Bueno, 1978: 57-69); in luencia que no sólo eje cen, sino que eciben ambién, siendo posible pe segui las modulaciones y desa ollos de ese eje angula según es o mas o ases de eligiosidad: p ima ia ( eligión de los númenes animales), secunda ia ( eligión de los dioses an o- pomo os) y e cia ia ( eligiones mono eís as, con su dios pe sonal y me a ísico), siendo el cu so de la eligión de e - minado po p ocesos dialéc icos en los que no puedo de e- ne me en es e momen o (Bueno, 1985). Ocupémonos aho a del conjun o enoménico sob e el que ha de aplica se nues o análisis, es deci , la co ida de Al onso Fe nández T esgue es 74 o os. Lo p ime o que cabe obse a es que se a a de una se ie de ope aciones que sa is acen de modo adecuado las exigen- cias que el ma e ialismo ilosó ico impone a un conjun o de ac os pa a que puedan se conside ados una ce emonia (Bueno, 1984: 8-37). Concep o és e que en nues as coo dena- das ilosó icas y an opológicas se usa no de un modo más o menos ago y di uso, como sucede en el lenguaje o dina io, sino en un sen ido an opológicamen e muy p eciso: aquél según el cual una ce emonia se nos p esen a como una « igu a p ác ica eleológica que, cons i uida po secuencias e íme as de ope aciones humanas, es á delimi ada sob e un ‘ ondo p o- cesual’po una ape u a y una clausu a iden i icables» (Bueno, 1984: 13). Tales igu as del hace humano, que se hallan suje- as a no mas y suponen secuencias ope a o ias que se cie an in e namen e desde su p opia con igu ación, se ían uno de los elemen os decisi os a la ho a de sepa a an opología/e olo- gía, cul u a/na u aleza, homb e/animal, po lo que el concep o de ce emonia, mucho más ico de lo que es as pocas indica- ciones pod ían suge i , se nos con ie e en un ins umen o ilo- só ico de no able inu a y p ecisión. Pe o ol iendo al p oble- ma que nos ocupa, la cues ión que debemos plan ea nos es la siguien e: ¿qué consecuencias se de i an pa a un análisis del o eo de la conside ación de la co ida de o os como ce emo- nia? Ob iamen e, que es necesa io de ec a en la co ida misma los cua o momen os o dimensiones que cabe dis ingui en oda ce emonia: con ex ual, a iacional, dis in i o y cons i- u i o. No puedo ocupa me aho a del examen de enido de es as cua o dimensiones del o eo; bas e deci que c eo que a su luz quedan ecogidos con una cie a p ecisión odos o los p inci- pales elemen os que componen el ce emonial au ino: el espa- La co ida de o os como ce emonia angula : una in e p e ación ma e ialis a 75 que ienen sob e el es o del campo an opológico iene dada po su condición de númenes o dioses. Dicho de o o modo (y acaso a algunos les esul e pa a- dójico): no es au én icamen e ma e ialis a una an opología que no econozca la e dade a dimensión on ológica, e inclu- so la e dad, de cie os enómenos a los que de un modo gené ico podemos denomina « eligiosos». La iloso ía de la eligión ma e ialis a, al como noso os la en endemos, iden- i ica esos suje os ope a o ios no humanos con los animales, en cuan o se p esen an como animales numinosos, y no, po ejemplo, como me a uen e de p o eínas; y pa a pode exa- mina las elaciones que el homb e man iene con los anima- les, en cuan o númenes o dioses, una e dade a an opología ma e ialis a conside a obligado in oduci un e ce eje en el espacio an opológico, al que denomina eje angula , ab ien- do así la posibilidad de da cabida en el análisis a una se ie de enómenos eligiosos, i educ ibles a cualesquie a o os que pudie an se colocados en el eje ci cula o en el adial, y a las in luencias que eje cen sob e las demás ealidades an opológicas (Bueno, 1978: 57-69); in luencia que no sólo eje cen, sino que eciben ambién, siendo posible pe segui las modulaciones y desa ollos de ese eje angula según es o mas o ases de eligiosidad: p ima ia ( eligión de los númenes animales), secunda ia ( eligión de los dioses an o- pomo os) y e cia ia ( eligiones mono eís as, con su dios pe sonal y me a ísico), siendo el cu so de la eligión de e - minado po p ocesos dialéc icos en los que no puedo de e- ne me en es e momen o (Bueno, 1985). Ocupémonos aho a del conjun o enoménico sob e el que ha de aplica se nues o análisis, es deci , la co ida de Al onso Fe nández T esgue es 74 bo a los y seg ega los; sólo así, en suma, nues a eo ía se á au én icamen e ma e ialis a y no me amen e o malis a. Pues bien, ¿qué clase de ce emonia es o ea ? 3.– TEORÍA DE TEORÍAS SOBRE EL TOREO Según lo dicho, caben lógicamen e es espues as posi- bles, po lo que end íamos es ipos de eo ías dis in as sob e el o eo: A. Teo ías ci cula es: son aquéllas que colocan la esen- cia del o eo en elemen os que pe manecen en la «inmanen- cia de lo humano», y lo hacen median e el eg eso, desde el conjun o enoménico (la co ida de o os) a ideas y es uc u- as, que se esuel e en a ecciones, an o psicológicas como sociológicas, de los indi iduos humanos en an o suje os ope- a o ios de la ce emonia. La elación esencial que dichas eo- ías descub en en el o eo no es la de unos homb es con un animal, sino la de unos homb es con o os homb es; elación de la que es excluido el o o en cuan o al, con i iéndose en me o símbolo o exp esión de acciones, ope aciones o sen i- mien os humanos. Es lo que ocu e en aquellas in e p e acio- nes que, como la de Ga y Ma in (1988: 167-188), sos iene que el o eo es una lección de ca ác e sociológico, e incluso mo al, en la que lo que se enseña es la o ma como debe com- po a se un e dade o homb e; o el de an as di agaciones ace ca del sen ido sexual de la co ida de o os y del mensa- je y enseñanza que, a ese espec o, se supone que ansmi e la compleja simbología au ina. La co ida d ama iza, así, las La co ida de o os como ce emonia angula : una in e p e ación ma e ialis a 77 cio p opio donde iene luga la co ida (momen o con ex ual), las eglas ( e cios y sue es) que ma can el cu so que necesa- iamen e ha de segui la ce emonia, así como las dis in as al e - na i as (lances) que se le p esen an al o e o pa a da ida a aquellos e cios y sue es (momen o a iacional), las dis in as eglamen aciones au inas, que es ablecen las condiciones de los o os y lo que puede y no puede hace se con ellos a lo la go de la ce emonia (momen o dis in i o),y, inalmen e, el análisis de lo que esencialmen e es una co ida de o os (momen o cons i u i o). Es cla o que de los cua o nos in e esa muy espe- cialmen e el úl imo, po cuan o se á en el momen o cons i u i- o del o eo donde hab á de hace se pa en e al análisis ilosó- ico y an opológico su ca ác e esencial, hallando así espues- a las p egun as qué es o ea , qué es, esencialmen e hablando, una co ida de o os, de qué ipo de ce emonia se a a. En el momen o cons i u i o de una ce emonia es abso- lu amen e de e minan e y decisi a aquella clasi icación que, a endiendo a los es ejes del espacio an opológico, habla de ce emonias ci cula es, ce emonias adiales y ce emonias angula es. ¿A cuál de esas es clases pe enece una co ida de o os? Se comp ende á ácilmen e que según op emos po una u o a al e na i a cambia á esencialmen e la signi ica- ción del o eo, y se comp ende á ambién que el decan a nos po una de ellas no es una elección que quepa deja a nues o lib e a bi io, sino que ha de se nos impues a po el conjun o enoménico de e e encia, es deci , la co ida misma al como se nos ha mos ado en los o os es momen os, desde los que obligadamen e debemos eg esa hacia su esencia. Sólo así nues a eo ía pod á in eg a y asimila odos los enómenos que cons i uyen nues o conjun o de e e encia, en luga de Al onso Fe nández T esgue es 76 bo a los y seg ega los; sólo así, en suma, nues a eo ía se á au én icamen e ma e ialis a y no me amen e o malis a. Pues bien, ¿qué clase de ce emonia es o ea ? 3.– TEORÍA DE TEORÍAS SOBRE EL TOREO Según lo dicho, caben lógicamen e es espues as posi- bles, po lo que end íamos es ipos de eo ías dis in as sob e el o eo: A. Teo ías ci cula es: son aquéllas que colocan la esen- cia del o eo en elemen os que pe manecen en la «inmanen- cia de lo humano», y lo hacen median e el eg eso, desde el conjun o enoménico (la co ida de o os) a ideas y es uc u- as, que se esuel e en a ecciones, an o psicológicas como sociológicas, de los indi iduos humanos en an o suje os ope- a o ios de la ce emonia. La elación esencial que dichas eo- ías descub en en el o eo no es la de unos homb es con un animal, sino la de unos homb es con o os homb es; elación de la que es excluido el o o en cuan o al, con i iéndose en me o símbolo o exp esión de acciones, ope aciones o sen i- mien os humanos. Es lo que ocu e en aquellas in e p e acio- nes que, como la de Ga y Ma in (1988: 167-188), sos iene que el o eo es una lección de ca ác e sociológico, e incluso mo al, en la que lo que se enseña es la o ma como debe com- po a se un e dade o homb e; o el de an as di agaciones ace ca del sen ido sexual de la co ida de o os y del mensa- je y enseñanza que, a ese espec o, se supone que ansmi e la compleja simbología au ina. La co ida d ama iza, así, las La co ida de o os como ce emonia angula : una in e p e ación ma e ialis a 77 cio p opio donde iene luga la co ida (momen o con ex ual), las eglas ( e cios y sue es) que ma can el cu so que necesa- iamen e ha de segui la ce emonia, así como las dis in as al e - na i as (lances) que se le p esen an al o e o pa a da ida a aquellos e cios y sue es (momen o a iacional), las dis in as eglamen aciones au inas, que es ablecen las condiciones de los o os y lo que puede y no puede hace se con ellos a lo la go de la ce emonia (momen o dis in i o),y, inalmen e, el análisis de lo que esencialmen e es una co ida de o os (momen o cons i u i o). Es cla o que de los cua o nos in e esa muy espe- cialmen e el úl imo, po cuan o se á en el momen o cons i u i- o del o eo donde hab á de hace se pa en e al análisis ilosó- ico y an opológico su ca ác e esencial, hallando así espues- a las p egun as qué es o ea , qué es, esencialmen e hablando, una co ida de o os, de qué ipo de ce emonia se a a. En el momen o cons i u i o de una ce emonia es abso- lu amen e de e minan e y decisi a aquella clasi icación que, a endiendo a los es ejes del espacio an opológico, habla de ce emonias ci cula es, ce emonias adiales y ce emonias angula es. ¿A cuál de esas es clases pe enece una co ida de o os? Se comp ende á ácilmen e que según op emos po una u o a al e na i a cambia á esencialmen e la signi ica- ción del o eo, y se comp ende á ambién que el decan a nos po una de ellas no es una elección que quepa deja a nues o lib e a bi io, sino que ha de se nos impues a po el conjun o enoménico de e e encia, es deci , la co ida misma al como se nos ha mos ado en los o os es momen os, desde los que obligadamen e debemos eg esa hacia su esencia. Sólo así nues a eo ía pod á in eg a y asimila odos los enómenos que cons i uyen nues o conjun o de e e encia, en luga de Al onso Fe nández T esgue es 76 caso de Tie no Gal án o de Dominique Fou nie (1990, 3: 31-36)3, po ci a sólo algunos ejemplos. Ci cula es se ían ambién las medi aciones de O ega y Gasse , quien, incapaz de elabo a una au én ica eo ía del o eo (pese a se cosa po él muy anhelada) se dedica a e lexiona sob e su impo an- cia en la his o ia de España. En iéndase bien: yo no digo que las obse aciones de O ega sean alsas; pe o sí a i mo que La co ida de o os como ce emonia angula : una in e p e ación ma e ialis a 79 Fig. n.º 11.- Du enhoe e , T., B once, 15 x 28 x 12 cm., 1990. 3En ealidad, casi odos los es udiosos del o eo que he mencionado, y muchos más de los que no se habla en es as páginas, andan a la «caza» de las cos- mo isiones que se supone in en a asmi i el ce emonial au ino. elaciones de ca ác e e ó ico y sexual dadas en e los se es humanos, asignándole unas eces al o o el papel de hemb a y al o e o el de a ón, como hace Tie no Gal án (1988), y en o as ocasiones al e és, siendo aho a el o o el macho y el o e o la hemb a, como sucede en la in e p e ación de Delga- do Ruiz, pa a quien la co ida es la desc ipción del p oceso median e el que la sexualidad masculina no domes icada (el o o) es dominada y con olada po la muje (el o e o), que ac úa en nomb e del conjun o de la sociedad, lle ando al indómi o mozo al ma imonio (mue e del o o). De es a mane a, el o eo es una especie de p og ama de socialización de la ju en ud masculina (Delgado Ruiz, 1986)1. Pe o no son és as las únicas simbologías sexuales que se han encon ado en el o eo. Así, Pi -Ri e s c ee que se da una especie de in e cambio de oles sexuales a lo la go de la co ida: el o e- o se compo a como una muje en el p ime e cio y como un a ón en el e ce o, y el o o, lógicamen e, a la in e sa (1985: 27-46; 1990: 62-69). Y ampoco al a quien ha is o en la co ida la lucha en e dos homosexuales, en la que lo que se deba e es quién pene a á p ime o al o o2. Se ían asi- mismo ci cula es odas aquellas eo ías que in e p e an el o eo como una especie de discu so median e el cual la socie- dad ansmi e su concepción del mundo; ése es ambién el Al onso Fe nández T esgue es 78 1Delgado ha que ido e en el o eo el e lejo de la ideología sexual pos - mode na (1990-1991, 5: 25-32). E. Gil Cal o (1989) susc ibe, po su pa e, las dos in e p e aciones, según el ipo de o eo. En el ipo II el o o es masculino y el o e o emenino, pe o en el ipo I y en el III es a la in e sa: el o e o es el a ón, que «jode» al o o (en el ipo I) o que «se lo i a» (en el ipo III). El o o, ob ia- men e, es la hemb a. 2Así opina M. J. Buxó ci ada po M. Delgado Ruiz (1986: 108)). caso de Tie no Gal án o de Dominique Fou nie (1990, 3: 31-36)3, po ci a sólo algunos ejemplos. Ci cula es se ían ambién las medi aciones de O ega y Gasse , quien, incapaz de elabo a una au én ica eo ía del o eo (pese a se cosa po él muy anhelada) se dedica a e lexiona sob e su impo an- cia en la his o ia de España. En iéndase bien: yo no digo que las obse aciones de O ega sean alsas; pe o sí a i mo que La co ida de o os como ce emonia angula : una in e p e ación ma e ialis a 79 Fig. n.º 11.- Du enhoe e , T., B once, 15 x 28 x 12 cm., 1990. 3En ealidad, casi odos los es udiosos del o eo que he mencionado, y muchos más de los que no se habla en es as páginas, andan a la «caza» de las cos- mo isiones que se supone in en a asmi i el ce emonial au ino. elaciones de ca ác e e ó ico y sexual dadas en e los se es humanos, asignándole unas eces al o o el papel de hemb a y al o e o el de a ón, como hace Tie no Gal án (1988), y en o as ocasiones al e és, siendo aho a el o o el macho y el o e o la hemb a, como sucede en la in e p e ación de Delga- do Ruiz, pa a quien la co ida es la desc ipción del p oceso median e el que la sexualidad masculina no domes icada (el o o) es dominada y con olada po la muje (el o e o), que ac úa en nomb e del conjun o de la sociedad, lle ando al indómi o mozo al ma imonio (mue e del o o). De es a mane a, el o eo es una especie de p og ama de socialización de la ju en ud masculina (Delgado Ruiz, 1986)1. Pe o no son és as las únicas simbologías sexuales que se han encon ado en el o eo. Así, Pi -Ri e s c ee que se da una especie de in e cambio de oles sexuales a lo la go de la co ida: el o e- o se compo a como una muje en el p ime e cio y como un a ón en el e ce o, y el o o, lógicamen e, a la in e sa (1985: 27-46; 1990: 62-69). Y ampoco al a quien ha is o en la co ida la lucha en e dos homosexuales, en la que lo que se deba e es quién pene a á p ime o al o o2. Se ían asi- mismo ci cula es odas aquellas eo ías que in e p e an el o eo como una especie de discu so median e el cual la socie- dad ansmi e su concepción del mundo; ése es ambién el Al onso Fe nández T esgue es 78 1Delgado ha que ido e en el o eo el e lejo de la ideología sexual pos - mode na (1990-1991, 5: 25-32). E. Gil Cal o (1989) susc ibe, po su pa e, las dos in e p e aciones, según el ipo de o eo. En el ipo II el o o es masculino y el o e o emenino, pe o en el ipo I y en el III es a la in e sa: el o e o es el a ón, que «jode» al o o (en el ipo I) o que «se lo i a» (en el ipo III). El o o, ob ia- men e, es la hemb a. 2Así opina M. J. Buxó ci ada po M. Delgado Ruiz (1986: 108)). BIBLIOGRAFÍA Ál a ez Mi anda, A. (1962): Ri os y juegos del o o, Mad id, Tau us. Bueno, G. (1978): “Sob e el concep o de espacio an o- pológico”, en El Basilisco, 1.ª Época, n.º 5, O iedo. _______ (1985): El animal di ino. Ensayo de una ilo- so ía ma e ialis a de la eligión, O iedo, Pen al a. _______ (1993): “P ólogo” a T esgue es, A. F.: Los dioses ol idados. Ma e iales pa a una an opología de la caza y del o eo, O iedo, Pen al a. _______ (1984): “Ensayo de una eo ía an opológica de las ce emonias”, en El Basilisco, 1.ª Epoca, n.º 16, O ie- do. Delgado Ruiz, M. (1986): De la mue e de un dios, Ba celona, Península. _______ (1990-1991): “El Ca na al, la Pasión y la Co ida”, en Tau ología, n.º 5, Mad id. Fou nie , D. (1990): “To os: ideo y abe nas”, en Tau- ología, n.º 3, Mad id. Gil Cal o, E. (1989): Función de o os, Mad id, Espa- sa-Calpe. _______ (1990): Tau omaquia y eligiosidad”, en Tau- ología, n.º 4, Mad id, , pp. 67-72. _______ (1990-1991): “El Ca na al, la Pasión y la Co ida”, en Tau ología, n.º- 5, Mad id. Ha lap, D. (1989): “Sob e el subconscien e y la sexua- lidad del público au ino”, en Tau ología, n.º 1, Mad id. La co ida de o os como ce emonia angula : una in e p e ación ma e ialis a 87 gen y la base de la co ida española, la cual ha de se is a, po an o, como una enuencia de an iguas o mas de eli- giosidad p ima ia y secunda ia, que pe i en (como juego) en el seno de las eligiones e cia ias, pe o cuya comp en- sión esencial es imposible a menos que se econozca de modo exp eso su o igen y ca ác e eligioso. Al onso Fe nández T esgue es 86 BIBLIOGRAFÍA Ál a ez Mi anda, A. (1962): Ri os y juegos del o o, Mad id, Tau us. Bueno, G. (1978): “Sob e el concep o de espacio an o- pológico”, en El Basilisco, 1.ª Época, n.º 5, O iedo. _______ (1985): El animal di ino. Ensayo de una ilo- so ía ma e ialis a de la eligión, O iedo, Pen al a. _______ (1993): “P ólogo” a T esgue es, A. F.: Los dioses ol idados. Ma e iales pa a una an opología de la caza y del o eo, O iedo, Pen al a. _______ (1984): “Ensayo de una eo ía an opológica de las ce emonias”, en El Basilisco, 1.ª Epoca, n.º 16, O ie- do. Delgado Ruiz, M. (1986): De la mue e de un dios, Ba celona, Península. _______ (1990-1991): “El Ca na al, la Pasión y la Co ida”, en Tau ología, n.º 5, Mad id. Fou nie , D. (1990): “To os: ideo y abe nas”, en Tau- ología, n.º 3, Mad id. Gil Cal o, E. (1989): Función de o os, Mad id, Espa- sa-Calpe. _______ (1990): Tau omaquia y eligiosidad”, en Tau- ología, n.º 4, Mad id, , pp. 67-72. _______ (1990-1991): “El Ca na al, la Pasión y la Co ida”, en Tau ología, n.º- 5, Mad id. Ha lap, D. (1989): “Sob e el subconscien e y la sexua- lidad del público au ino”, en Tau ología, n.º 1, Mad id. La co ida de o os como ce emonia angula : una in e p e ación ma e ialis a 87 gen y la base de la co ida española, la cual ha de se is a, po an o, como una enuencia de an iguas o mas de eli- giosidad p ima ia y secunda ia, que pe i en (como juego) en el seno de las eligiones e cia ias, pe o cuya comp en- sión esencial es imposible a menos que se econozca de modo exp eso su o igen y ca ác e eligioso. Al onso Fe nández T esgue es 86 Re is a de Es udios Tau inos N.º 12, Se illa, 2000, págs. 89-120 TOROS Y SOCIEDAD EN LIMA COLONIAL Fe nando Iwasaki Cau i Uni e sidad Ca ólica del Pe ú «La p opensión de los Españoles á las co idas de o os es igual en oda la ex ensión de los dominios de S.M., y en es a capi al egula men e gus an de semejan e en e enimien o» Manuel de Ama y Junie , Memo ia de Gobie no. pesa de es a si uado en la pe i e ia del mundo hispano, el Pe ú es un país donde la ies a b a a ha conse ado odo su hechizo y igo desde los p ime os años de la dominación española. Sin emba go, a despecho de la abundan e documen ación exis- en e, nunca se ha ealizado una in es igación que se apa e de los dague o ipos cos umb is as y anecdó icos que han educido el ema a un deleznable «a chi o de c iollismo». Nues o abajo p e ende segui el i ine a io del o eo en Lima desde la undación de la ciudad en 1532 has a la cons ucción de la Plaza de Acho en 1766, pa a explica cómo se a icula on pode y sociedad al ededo de la ies- a du an e los 300 años del i eina o pe uano. E iden e- men e se á una pano ámica p elimina , pe o a la ez aza emos los de o e os que o os in es igado es pod án eco e en pos e io es es udios. Ma in, G.: “Hono , in eg idad y el p oblema de la io- lencia en la co ida de o os en España”, en D. Riches (coo d.) (1986): El enómeno de la iolencia, Mad id, Pi ámide. O ega y Gasse , J. (1986): “Sob e los o os, la caza y el o eo”, en Re is a de Occiden e, Mad id, Alianza Edi o ial. Pi -Ri e s, J. (1984): “El sac i icio del o o”, en Re is- a de Occiden e, Mad id. _______ (1990): “T aje de luces, aje de luna es”, en Tau ología, n.º 2, Mad id. Tie no Gal án, E., (1988) [1951]: Los o os, acon eci- mien o nacional, Ba celona, Tu ne , 1988. T esgue es, A. F. (1993): Los dioses ol idados. Ma e- iales pa a una an opología de la caza y del o eo, O iedo, Pen al a. Al onso Fe nández T esgue es 88