Usos, costumbres, y derechos impresciptibles del pueblo, soberano por excelencia
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usos ,COSTUMBRES, YDERECHOS IMPRESCRIPTIBLES DEL PUEBLO, SOBERANO POR EXCELENCIA, i* por un humilde vasallo suyo» CON LICENCIA. MADRID IMPRENTA DE NUÑEZ. 1823. Se hallará a1reales en las librerías de Quirós calle de Atocha frente álos cinco Gremios, en la deVilla. plazuela de santo Domingo, en la de Collado calle de la Montera ,yen la de Novillo calle de la Concepción Gerónima, I
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I A•unque no faltará quien murmure de mi excesivo atrevimiento al verme tomar la pluma yelevar mi voz hasta el excelso trono del Populacho Soberano^ con todo eso yo no puedo menos de cumplir mi antigua vocación de escribir elogios yapologías, siempre con el piadoso objeto de arrimarme al sol que mas calienta. Bien conozco que no todos llevarán á bien que vuestra soberana popularidad interrumpa sus útiles tareas por oir ni elogios, ni quejas, ni lamentaciones de quien no tiene otro título para llamar vuestra descamisada atención ,que el de haber sido vuestro perpetuo admirador, adicto yapasionado. Pero tampoco saben todos la urgentísima necesidad en que me hallo de captar por todos los medios posibles la benevolencia yfavor de mi adorado populacho, afin de remediar los descalabros que ne padecido en su servicio.
4Yo, señor, soy aquel mismo que álos principios de la gloriosa guerra de la independencia contribuí con todo mi poder é influjo áextender por las filas de los soldados españoles la generosa voz de que iban al combate vendidos por su general. Yo inspiré áalgunos de ellos la noble idea de introducir el desorden yechar áhuir desde los primeros tiros, para llevar álos pueblos inmediatos yaun lejanos la plausible noticia de la traición de nuestro gefe, después de haberle dejado asesinado yhecho; trozos en los campos mismos que pudieran' haber sido teatro de su gloria. Yo inven-; té aquellos famosos cartuchos de salvado, con los cuales hicimos ver palpablemente,' aun álos mas cautos, la indispensable necesidad de no obedecer áningún gobierno, marcando átodos desde el primer dia con el sello de la desconfianza. No satisfecha todavía mi lealtad con es* , tos importantes servicios, yluego que llegó ámi noticia que vuestra soberanía po^ pular se había instalado con toda la extensión de su poder en las galerías de las cortes de Cádiz ,abandoné inmediatamente los ejércitos nacionales, yfui átomar asiento en ellas como uno de ios mas furibundos aplaudidores. {Cuántas veces se me saltan Las lágrimas de placer al acordarme del entusiasmo con que yo yotros de los que
ahora me acompañan áinsultar álos prisioneros ,aplaudíamos los memorables discursos de aquellos diputados que entonces ydespués se distinguieron por sus opiniones atrevidas! ¡Qué de regencias mudamos, qué de reputaciones echamos ápique, corr qué gracia insultábamos álos diputados que sostenian los derechos del trono ydel clero, ycon qué dignidad les amenazábamos ála entrada ysalida del congreso! Aquella sí que era soberanía de provecho ^X&x\\o menos disputada ,cuanto menos conocida ni aun de los mismos que la estaban creando y protegiendo. •APOf desgracia la guerra de la independencia con mas prontitud yfelicidad de lo que convenia ávuestra solera^ tita ;pero no por eso se arredró mi valor, ni desmayó mi fé ymi confianza de continuar ejerciéndola hasta cierto punto ,fuese en un sentido úen otro. Yo ymis antiguos Compañeros fuimos los que saliamos en algunos pueblos ácazar la Constitución ^haciendo como que creíamos que era alguna alimaña óalgún monstruo raro ydesconocido. Ellos yyo gritábamos el año catorce pidiendo que se acabase de qna vez con todos los liberales ,al paso que los que habían sido perseguidos por éstos imploraban la piedad del Monarca pata que no se ensangrentase su reynado ,como en efecto
6 no se ensangrentó ,bien ápesar de nuestra soberanía. Llegó por fin el año de veinte, ycon él toda la gloría, explendor ylozanía del/>«fblo soberano por excelencia ^en términos que desde entónces creí ya para siempre asegurada mi fortuna al abrigo de mis propios pulmones ycon el auxilio de nuestro soberano puñal. Permítame rjuertra popularidad que siendo ésta la época en que con mas brillo se ha ostentado su soberana omnipo- :tencia, me detenga yo algún tanto en referir los particulares méritos que durante" ella he contraido. Lugar nos quedará luego para ir corriendo por esas calles en persecución de los que queramos llamar negros, ~y para decir cuatro picardías al que cayere .debajo, deteniéndonos por ahora árefe- -rir -lo que nos pasó con los que estaban encima. Nadie ignora que yo ymis antiguos y actuales camaradas fuimos los que acudi-, mos al Real Palacio el'^dia 9de Marzo de aquél año, pidiendo ,ópor mejor decir, mandando al que hasta' entonces había sido Rey de España ,'qúe no gobernase en lo 'sucesivo del modo q'ué le habíamos pedido el año catorce, sinoMel -modo* que le ha^ biamos mandado el año doce/ Yo fui, si vuestra popularidad sq acuerda, aquél quo^ subido en el pescante de una carretela?
(que yo deseaba fuese mía) pedí con voz estentórea yademanes imperativos que S. M. nombrase por ministros yconsejeros suyos áaquellos mismos que yo le habia pedido seis años antes que los ahorcase sin piedad. Yo nombré, auxiliado de mis actuales co~ militones yla junta provisional, el ayunta- ‘ miento, los alcaldes ydemás autoridades que bajo mis auspicios ypor delegación de mi gente habian de gobernar tan constitucionalmente ,como yo queria ynecesitaba. No fué por cierto mala píldora la que le hicimos tragar al pueblo con la palabra constitución yestando nosotros tan distantes de desearla como vuestra popularidad sabe yyo no ignoro. Llegaron de sus destierros los referidos ministros ,ybien sabe todo el mundo que si no hubiera sido por mí que represento al populacho yéllos hubieran sido los primeros que se hubiesen prestado ádar al traste con toda la máquina liberalesca ,con.tal que se les hubiese asegurado un bocado de pan aunque fuese en las cocinas de Palacio. Porque era tan nuevo para ellos el brillo yla decenqia de una corte, yestaba tan léjos de sus esperanzas el usar medias de seda ,y uniform-^, yespadín, como no fuese en alguna función de cofradía, que casi habia sido mas bien un tormento que una recompensa el sacarlos de su pacífica obscuridad.
8 Uno solo de entre ellos había recibido la educación correspondiente, ytenia el decoro necesario para figurar en aquellos salones; pero apenas dió el primer golpe para derribar la soberanía popular ^acudí yo con mi gente ápedir que se le depusiera, yle depuse de hecho áfuerza de gritos yde calumnias. Lo demás era morralla, ymorralla muy cobarde, para que yo dudase del partido que tomarian al oir mis insinuaciones. Había yo tomado la precaución de eri-r gir, con mis actuales compañeros ^ una especie de trono, si no tan brillante como el del Monarca, álo menos mas expeditivo; pues sin otro gasto que unas cuantas copas de licor, yalgún otro vaso de ponche ,hacia decretar yejecutar cualquiera providencia que conviniese ámi soberanía. \Sombra del afamado Lorenzini ,recibe este tesr timonio de mj tierna gratitud yleal aprecio! Allí nos juntábamos el populacho soberano yyo, con la misma buena armonía y sana intención con que nos reunimos ahora en otras tabernas, para ventilar los graves negocios políticos que nunca son otros para él ni para mi sino los de perseguir y aniquilar átodos los que de cualquier manera hubiesen cesado en el mando. Bien veíamos con harto dolor ydespecho nuestro, que el que llaman verdadero
pueblo, lejos de participar en aquella épo’ca Patrioüsmo! miraba con desden nuestros planes oía mn .^rrsa nuestras promesas, y"se bu’rllba de muestras esperanzas. Pero tampoco ese pueblo llego jamas aser soberano, ni quiso aspirar atan eminente dignidad, contentándose con dejarnos tomar su nombre ,ycon pagar su cuota para que nosotros la repart^iesemos entre los que desempeñábamos sus lunciones. Esto de las soberanías tiene como todas las cosas su mas ysu menos, sus tb/clq 'ypuesto que nosotros solos estábamos encargados del trabajo de «ntem.’ los deulís se Wtr" contribuir. nos K!“su silla al que nos había privado del apoyo de nuestro trono ,que era el ejército de la Isla;yL"^ brados con este golpe los demás ministros conocieron la necesidad de transigir “o.; haciéndose partícipes de nuestra •es estuvimos expuestos állevar un golpe funesto viéndolos decididos áempleft U querk Sfopulacho sob^rlm, que por éf/ "" capitulación propuesta LaqullT'"”" "" lSetiembre P^sTLs’mir T“ pies alos mismos que habían tenido la ina
t5 fran en cantidad proporcionada ,dán la salud álos enfermos ;pero si por desgracia carecen de alguna de estas calidades ,léjos de aliviarles los empeoran ólos matan. Milicianos ha habido en Madrid ,ycreo que los habrá habido en otras partes ,áquienes hubiéramos querido ver muertos antes que con el fusil al hombro ;porque lo mismo era ver que empezábamos áarremolinarnos con el piadoso objeto de insultar óde robar á algún vecino ,aunque fuese un servil como una loma ,al momento se nos embocaban encima, ypor buenas ópor malas nos hacían desistir del intento. Pues no digojiada de las proporciones que nos han hecho perder en los incendios ,donde como todo el mundo sabe, solemos hacer el caldo gordo los probes caritativos que vamos áayudar ásacar muebles. Los primeritos que allí se encajaban con sus fusiles eran los milicianos áimpedir que nos acercásemos los patriotas de provecho ,manifestando en esto que nos tenían por mas peligrosos que al mismo fuego. Estos yotros desayres que con tanta frecuencia nos hacían los referidos milicianos, nos pusieron en la precisión de minar su establecimiento yconvertirle ,de enemigo que era ydebía ser de los jaranistas yalborotadores, en padrino yejecutor de los alborotos ydi las jaranas. Para ello no fueron ne-
«Barios grandes cálculos ni teorías filosóL cas, ocomo dicen ortos, maquiavélicas ,sino que basto el sencillísimo medio de alis- ,tamos en sus matrículas una buena porción de patriotas descamisados ,esto es de gente que materialmente no hemos tenido ni tenemos otra camisa que la que buenaniente podemos atrapar de las descuidadas lavanderas. Bien conocieron algunos el término ádonde habían de ir áparar nuestras gratuitas ofertas, yno ignoraba el ayuntamiento de esta heroica capital el gran partido que podia sacar de nosotros para los altos fines que bullían yrevoloteaban en su sapientísimo cerebro. se ‘!>>e por mas que sangre hrrmana por una triste peseta diaria, ycontra la dureza de permitir que vayan i matarse los hombres por intereses mezquinos que no admiten comparación con su alta dignidad, no bien se vé cualquiera puesto en zancos ,cuando al momento procura ener tropas ásu sueldo que no solo le deobliguen áejecutar todos caprichos. Entre otros varios que tuvo et ayuntamiento constitucional de Madrid ue uno el de erigirse muy desde los princiPos en cuerpo representador, formando una especie de cuarto poder en el Estado, tanto mas influyente ypoderoso cuanto mas ála
i8 mano tuviese una fuerza armada suya propia, óque dependiese exclusivamente de ?us órdenes. Yen efecto, ¿quién diablos habia de haber hecho caso de aquellos sabrosos y atentísimos comparendos con que se le solía mandar al Rey que se presentase en tal dia yátal hora ,sino hubiese habido una tropa Ayuntamientil con que sostener aquellos justos mandatos ?Pues esta tropa éramos nosotros los voluntarios en cueros \ypor eso su excelencia, cuyos individuos eran en par* te de nuestra misma profesión ,se dió gran prisa ávestirnos yáincorporarnos con cierta preferencia entre los infinitos picaros que cuidaban ásu costa lie la tranquilidad del pueblo. Asu ejemplo hizo lo mismo un particular de los muchos que se han enriquecido áfuerza de prestar dinero ála nación, yfaltó poco para que no tuviese su ejerciíito cada uno de los que llevaban la banca en el monte óen la ruleta. Desde entonces ya fué la milicia nacional otra cosa muy distinta de lo que habia sido ai 'principio ,yno ignora vuestra popularidad el eminente grado de fuerza que supimos proporcionarle en cuantas ocasiones presentó el acaso ónuestra propia diligencia. No es esto decir que todos los voluntarios tuviésemos igual decisión ni las mismas inclinaciones ^pero como en todos tiempos se oye mas ácuarenta que gritan
que acuatrocientos que callan ,nunca ^se nos oía mas que álos recien vestidos ,ylos demas quedaban reducidos al silencio. Ésta es la máxima constante de populacho yésta es la que nos asegura resultados infalibles mientras haya tontos en el mundo, ócomo si dijésemos, por toda una eternidad! Otra milicia no menos temible tuvimos precisión de formar, la cual en mi concepto ha hecho servicios mas sólidos ála legítima soberanía popular ,pues sin costo de uniformes ,ni de cartucheras ,ni de pellejos de vino en las noches de servicio ,estuvo siempre perenne para hacer fuego con bala atodo el que se declarase enemigo del omnipotente populacho. Fácil es de discurrir que hablo de la milicia de los jurados en materias de imprenta ,cuya invención es tan esencialmente populachera^ que mientras ella exista no hay que temer que nos ti^rpen el dominio ni la razón ni las leyes, iQué ocurrencia tan feliz fué la de encomeridar álos ayuntamientos la elección de J>s jurados ,ycon qué sabiduría desempeno el {^ Madrid esta importantísima comisión .Díganlo los que han tenido la honra de ser juzgados por zapateros yalbañiles, yconhesen con ingenuidad que no hay razón que iguale ála razón del populacho en estas delicadas materias. Yo aseguro que SI este método de juicios se estendiese áto-
20 da dase de delitos, yse continuase en todas las variaciones de gobiernos ,no se necesítaria otra arma para acabar legalmente con todos los partidos vencidos. Si no temiera ser demasiado prolijo, y molestar la atención de vuestra popularidad ,iría refiriendo muy de espacio, ycoit el debido orgullo, todas ycada una de las ramificaciones que dirigimos álas provincias ,áefecto de que á lo menos en las capitales se conservase con actos posesorios ei ejercicio de la soberanía. ¡Barcelona ,Corufia, Oviedo, Valencia ,ytantos otros pueblos donde el ilustre populacho ha ejercido el derecho de desterrar ,encarcelar ydeportar áun número considerable de ciudadanos ricos yvirtuosos ,cada uno de vosotros merecería una historia particular, yyo la emprenderla con mucho gustos! no estuviese ocupado en preparar iguales escenas, sin otra variación que la de ios personages pacientes !No todos saben calcular el grado de gloria que ha adquirido mi idolatrado populacho con estos fáciles triunfos, ni el sagrado tributo de respeto que ha sabido imponer atodo lo que en otros tiempos gozaba del privilegio de gobernar álos hombres. Era cosa muy triste el ver que durante siglos ymas siglos hayan estado las gentes obedeciendo cobardemente álas leyes buenas ómalas de su respectivo país ,sin
que hubiera quien se atreviese áarrancarias de su asiento ,6álo menos áechar sobre ellas un espeso velo para que se quedasen dormidas yno viesen lo que pasaba en ofensa suya. Yo, en nombre del populacho supe no solo adormecerlas sino también encadenarlas ,para que no se moviesen si no cuando por alguna rara combinación necesitaba de su voz para apoyar mis determinaciones. Esu voz me ha sido necesaria repetidas veces ,yespero que lo sea íodavía para consolidar nuestro mando en los futuros tiempos. Por ejemplo, yo necesitaba venijar eun modo sangriento los atroces inITb ^soberanía un de la provincia de Valencia. No ignora apopularidad que este severo soldado había lomado por empeño la perniciosa idea de que nadie había de mandar en su provincia sino el Rey ylas leyes :que los caminos habían, de estar tan seguros de ladrones cooío las calles de aquella capital :que las sentencias pronunciadas por los tribunales ehabían de llevar áefecto irremisiblemennV habla de concurrir áninguna sociedad secreta sin que la autoridad tuviese conocimiento del objeto de semejante reunión; ypor último, que el pueblo había Püsib'ír'n ^protección yfelicidad posible ,pero sin que se mezclase por sí
Z' 22 mismo en gobernar ni en pedir tumultuariamente lo primero que se le antojase. Esta insufrible tiranía estaba gravada en mi corazón, ygritaba venganza contra el rebelde que intentara dptruir por sus cimientos el legítimo trono del populacho. Tres años enteros de tentativas no habian sido •suficientes para hacerme dueño de la presa, no por otra razón sino por los continuos obstáculos que oponia ámis esfuerzos la afición que le conservaba el pueblo de Valencia ,enemigo capital ,como todos ,del honradísimo populacho-, pero al fin logré la mia ayudado de una especie de tribunal de mi seno ,que sin arredrarse con las fantasmas de pruebas, de leyes ,ni de convencimientos ,me dio la satisfacción de presentármele en un patíbulo para justo escarmiento de los hombres de bien. Este lance me recuerda una idea que por mas que se repita no se llega ádesenvolver con bastante claridad ,ni saben todos darla toda la importancia que se merece. Hablo del dereaho de petición, que es una de las columnas mas sólidas del edificio popular. Es por cierto muy estravagante que habiéndonos dado Dios ácadauno una boca yuna lengua, para pedir lo primero que se nos antoje ,haya todavía quien lleve ámal que nos juntemos dos ótres mil bocas para pedir con mayor energía aqueVI
lio que átodos juntos nos aqueja. Deseaba yo, por ejemplo, que muriese el general que dejasen desocupadas sus casas ciento ódoscientos bribones que se estaban arrellanados en ellas; óque saliesen de la ciudad éstos ylos otros sugetos cuya presencia me disgustaba. Comunicaba yo este deseo ámis amigos, éstos álos suyos y aquéllos áotros varios que aprobaban uniformemente mi soberana propuesta. Acudíamos árectificar nuestras ideas en la ta- ^erna mas concurrida ;ratificábamos con el jarro en la mano nuestra solemne propo.sicion; pasábamos ála plaza pública árelunaur^T' y aunque no fuese mas que de curiosos voúntanos tydesde allí nos trasladibTmos á la sala consistorial ,al salón de cortes 6á la posada del gobernador ómagistrado’ según el pueblo donde se verificaba la escena. Exponíamos ágritos nuestra pretensión porque no siendo ágritos no era fácil que nos oyesen ;ysi no se accedía áella, recuramos alas amenazas óálos golpes, siguiendo en esto el órden mismo que se inode^rní'^M^"^^^^^ antigua como ra V] uoa cosa cualquiets éxlrel'l-T*'™ mandato LlfnrT "Curten los conlecal se ir ’‘eigusge gal se llama la sanaon; pues esto mismo
24 mismísimo es lo que hacíamos nosotros después de expresar nuestro deseo, que era intimar óejecutar la pena en que incurría el magistrado desobediente. ¿Y habrá todavía quien sostenga que éste no es un derecho exclusivo del populacho , óquien recele del abuso que puede hacerse con frecuen^ cia de esta soberanísima facultad? Recórrase la historia de nuestras peticiones desde las que se hacen en los teatros óen la plaza de toros hasta las que hemos hecho ála diputación permanente de cortes, yse verá í si han hecho fuerza óno, ólo que es lo 1 ,mismo, si han sido justas yadecuadas. Hay muchos que consideran, yaun re- ! piten con cierto ayre de seguridad yde convicción, que es muj reducido el número de las personas que componen el populacho^ manifestando en esta idea la facilidad con que ellos créen que se le podría sujetar á la obediencia de los magistrados yal ominoso imperio de la razón. Pero yo que le conozco mas áfondo, que me he criado con él, yque he pesado ymeditado todos sus recursos, oigo con lástima ydesprecio á esos Platones yLicurgos que solo saben vivir en repúblicas imaginarias. Bien pudiera ,si quisiese ,darles una multitud de pruebas razonadas éhistóricas del inmenso poder que en todos tiempos ha ejercido y ejercerá el populacho ^yhasta les podría i
formar una estadístico u ía población yrecursos exácta de ^pmo ésta sería obra muy Urár^f sa, me contentaré con cifa Lf acompafien ácualquiera de esoreTnr," ios que con tanta frecuenciaT„, publico en tiemnos ^^ntretienen al 'O. digo ár^Tu f^ipoion. VénganPi^blica sus ennrl No hay que fiarse ? *-os ylamentar!^ ’ tampoco de las abundan los^ que ''^^^^ones en que <iue es menester es que áél: Jo de los que concurren «scena, yyo ipc ací^ ^^senciar aquella ésta sería mía lista ^icleraírontr^ Perturbabilidad ^ ^oberanescaJ P^^tiottuyen las callec^^^i^" ^bsacostumbra ápasaVk Oeli.o 6“¡f -fotmatse del •romo lance, nTde la mavo?' gitimidad de la caí,.! i®' iq causa pot que padece :les
32 turbe tu marcha magestuosa ytriunfante; si te encuentras con las leyes ,haz como que no las has visto; si con los gefes de las provincias ,atropéllalos yplántalos en un calabozo ;si con los edictos ydisposiciones de los magistrados supremos ,di que las haces demasiado favor en no inspeccionar su conducta ;ypor último ,si quiere oponerse átus escesos la misma fuerza auxiliar yprotectora ,sal con la peregrina idea de que hasta los gendarmas son negros ,yyo te juro que antes de poco tiempo podrás decir sin que nadie te lo estorbe que eres el único ysolo que campea en la desierta yventurosa España. i