Discurso de contestación
Full text
DISCURSO DE CONTEST ACION
Po el Excmo. S . D .
D.
An onio
González-Meneses y Meléndez
C
enso
de
la
Rea
l Academia Se illana
de
Bu
enas
Le a
s.
Vice-P esiden e
de
la
Real Academia de
Medicina
de Se illa.
Excmo. S . Di ec o .
Excmos. S es. Académicos.
Hoy
es
día
de
gala
y de aleg ía
en
es a
Real
Academia Se i-
llana
de
Buena
s
Le as
po que
se
ecibe
en
ella como nume-
a io
al
excelen ísimo
seño
don
José
M.ª
Ja ie e
y O as.
Llega
aquí
con
es
í ulos: Es
pe iodis a.
Es sace do e.
Es
his o iado
de
san os
se illanos. Se
acos umb a
a deci ,
al
p esen a
a
un
con e encian e,
que
no
necesi a
p esen ación.
Ja ie e
es
conocido en Se illa,
es
conocido
y
que ido
en e
noso os.
Pe o
los discu sos
de
ecepción
en
las Academias
son
pequeñas
biog a ías ql!e
se
conse an
pa a
siglos.
El
que
in-
g esa
,
ema a
en epi a io
la
ida
del
que
lo
p ecedió.
El
que
lle a
la
oz de la Academia
esume
lo
que
ep esen a
el
eci-
pienda io
-qué
di ícil
palab a
-
en
la
cul u a
y en
la
sociedad.
Po
eso,
pa a
luegos lejanos, yo
di é
aho a
y
aquí
quién es,
qué
ha
hecho,
qué
espe amos
de él y
qué
nos
ae
José
Ma ía
Ja ie e
.
Los
Ja ie e
ienen
un
sola
en
San
Baudilio:
una
casa
de
pied a
con
el
blasón
sob e
Ja
pue a.
Un J
a ie e
ue Ca denal
y Gene al
de
los Dominicos a mediados
del
siglo XVI.
Pe o
José
Ma ía
nació
en
Lanaja,
una
illa
de
Huesca,
al
no e
de
la
sie a
de
Alcubie e,
aunque
su
amilia
p ocedía
del Valle
de
Rodella . Un alle és e, de
no e
a
su ,
bellísimo. Los mon-
es
que
lo
ce can
pa ecen
eco ados
de
ilus aciones
de
cuen-
os
pa a
niños
. Uno,
la
Ciudadela,
iene
la
silue a
de
un
cas illo
o eado,
almenado. O o, los
Ven anajos,
eco a
un
puen e
de
dos
ojos
en
el cielo
sin
nubes
-es án
ce ca
Los
Moneg os-.
Un ío
pequeño
y
anspa en e,
el Alcanad e, lo
eco e.
¡Qué
dis in os
-¡oh,
mon e;
oh, alle;
oh,
ío!-,
de es e ío, de
es a
ega,
es e
Alja a e
de
Se illa! Y el
pad e
de
José
Ma ía
no
e a
in anzón
como
sus igésimos abuelos,
sino
Comandan e
del
Pues o
de
la
Gua dia
Ci il
de
Sié amos.
José
Ma ía
ado aba
a
78
ANTONIO GONZÁLEZ-MENESES Y .MELÉNDEZ
su
pad e.
Lo
admi aba.
Se
mi aba
en
él.
Se
bañaba
José
Ma ía
con
su
he mano
en
el
ío
Gua izalema,
aguas
aba
jo
del
molino
del
a oyo
de
Pie aconesa.
El
pad e,
sen ado
jun o
a la
p esa
del molino, es
pe aba
a
e
ola
un
pez
de
los
que
suben
a
c ia
ío a iba. Y en onces,
de
un
ce e o
pis ole azo, lo
ha-
cía
cae , agua
abajo,
pa a
que
lo
ecogie an
los
muchachos
-híb id
os de
i ón
y
pe digue o
- y lo
lle a an
con
o os
muchos
no
sé si
deci
pescados o cazados
de
es a
o ma,
en-
he
b ados,
ensa ados
en
juncos
al
p ado
donde
la
mad e
y
la
he mana
-como
el
Señ
o
pa
a
la
pe
sca
de
los após oles-
enían
p epa ada
la
candela.
Jos
é
Ma ía
se
glo iaba
hace
mu-
chos
años, ein icinco, de
la
pun e ía
de su
pad e.
Pe o
mu-
cho
más
de
su
homb ía
de bien, de
su
hono ,
de
su
alo ,
de
su
en e eza
. Casi lo io
mo i ,
después de c
ua o
días de
pelea
casa
po
casa. An onio, el
mayo
de los he
manos
-ca o ce
años-,
jun o
a
su
pad
e,
dispa aba
el usil.
Jo
sé Ma ía
casi
lo io
mo i
.
Se
agazapó en el
balc
ón
de
la
Casa Cua el h
as
a
que
el
pad e
lo descub ió y
lo
mandó
con
las
muje es
y
los
niños
a los
só anos
de
la
iglesia. T
enía
José
Ma ía
once
años.
Pe o
había
es
ado
iendo
la
ba alla
con
unas
hojas
de
papel
y
un
lápiz,
p e endiendo
hace
su
p ime a
c ónica
de
gue a.
Como eis,
su
ocación de
pe iodis a
es
an igua
y he oica.
Pocos
hab á
que
puedan
ace cá sele.
Su
ocación
de
sace do e
ambién
ue
p e
coz. Toda ía
en
la
segunda
enseñanza decidió
pa
s
a
al
Se
mina io.
Lo hizo a
escondidas
. Seguía
el
ejemplo
de
su
he mano
An onio,
que
es
hoy
una
de
las
igu as más ele an es
de
la
amilia de Don
Bosco. A los e
in idó
s
año
s
can ó
mi
sa
.
En
la igl
es
i a
de
San
Vi
ce
n
e
Má i
de
Sié amo
.
En
c
uyo
sue
lo
es u o
en e
a
do
po
un
iempo
el
cadá e
de
su
pad e,
de
donde
lo
sacó el
u o
de
la
gue a
ci il
pa a
quema lo
y
a en a
las
cenizas.
Y después
eje ce
como
p
á
oco
en
dos
pueblos
del Pi ineo.
Pa oquias
mon esinas
y
casi
mon a ac
es. De
espa cida
eli-
g esía
pob e.
T abajo
du o
y
ie no
a
la
ez.
Du o
de los gui-
ja os,
ie no
de
los co azones de los
mon añeses.
En
1950
mue e
su
mad e
y él, solo,
no
ha
de
lle a
una
ida
sin
hoga
que
e a
el
de
esa
mad
e
ado ada.
Cambia de
umbo.
Ing e
sa
en
los
Ope a ios
Diocesanos. Vi e
en
Mad id,
DISCURSO
DE
CONTESTACIÓN
79
pe o
con
un
con ac o
es echo
con
Salamanca.
In e iene
en
la
p ime a
línea
de
las
undaciones
de
P
.P
.
C.
y de Incunable.
Y en
la
ac i idad
de
aquel
inol idable «Ecclesia».
Po
obe-
diencia,
su
ida
pe iodís ica
es
amplia
y
honda.
Colabo ado
de «Ya»,
pasa
luego a
co esponsal
en
Roma
y
en
Munich.
Es
en iado
especial
en
Tie a
San a
y
en
los
países
de
A ica.
Reco
e
mundo
con
sus
papeles y
su
pluma,
como
cuando
de
niño
de
once
años
a is
baba
la
gue a
con
inmenso
pelig o. A
eces,
sin
emba go,
el
pelig o
mayo
no
es
de
los i os.
Al ededo del
año
52 es Vicedi ec
o
del
Colegio
Español
de Roma. Allí
se
o denan
los
que
aho a
so
n obispos o esc i-
o es insignes,
la
«éli e» de la Iglesia
en
acción.
Desde 1956 a 1962
es
Rec o
del Colegio Español
de
Munich.
Desde 1969
has a
1971
di ige «El
Co eo
de Andalucía».
Pe o
es o
lo
sabemos
odos.
En
la
ac ualidad
lle a
una
colabo ación
ija
en
«Ya», ade-
más
de
nume osos
abajos
sin
i ma
en
el
mismo pe iódico.
Es e
es
en
esumen
el
cu ículum
del
pe iodis a.
Veamos
aho a
su
ace a
de
his o iado
de
san os se illanos.
Ya
an es
de
1961
ha
his o iado
a
San
Pío
X -
su
Papa
mo-
delo-
y a
Me y
del Val
-o o
san o
gen leman
como
San
F ancisco de
Sales-
.
Pe o
en
1959
ha
enido
desde
Munich
a
enca ga se
de
la
edacción de
la
biog a ía
de Don Ma celo
Spín
ola.
Se
publicó
és a
en
1963.
Ese
mismo
año
se
edi ó
el
lib o
de
nues o
aca
démico
sob e
Pablo
VI,
Pon í ice Romano.
Después del Ca denal,
So
Angela
de
la
C uz. D
es
de
la
publicación
de
«Mad e
de
los
Pob es
»,
en
1968,
que
alcanzó
la
glo ia del
P emio
Ciudad
de
Se illa,
has a
los
«Esc i os
In imos» de
So
Angela,
que
aún
ienen
la
in a
esca,
So
Angela
se
ha
adueñado
del co azón y de
la
men e
de
José
Ma-
ía
Ja ie e. Ya
habéi
s oído cómo
habla
de
ella. Como
un
hijo
o como
un
no io. Con
amo :
J
a ie
e
ha
mi ado
amo osa-
men e
a
es os
dos
san os
se illanos:
el
a is óc a a
a zobispo,
undado ,
dis inguido
y
a diendo
en
ca idad,
y
la
zapa e i a
-hay
más
de
una
«Zapa e i a
P odigiosa»-
humilde
y un-
dado a,
del
pueblo
llano
y
a diendo
en
ca idad.
Dos
mundos
se illanos,
la
clase
al a
y
la
modes a
clase
de
los
ob e os,
las
dos
ep esen adas
po
dos
a que ipos:
un
in elec ual y
una
ANTONIO GONZÁLEZ-MENESES Y MELÉNDEZ
muje
sin
le as,
pe o
ambos
con
una
al u a
y
una
p o undi-
dad
gigan escas. Con
esos
p ime os
planos
de
Se illa,
¿cómo
no
iba
a
queda
ascinado J
a ie e
po
Se illa?
Ha
esc i o
más
lib os
nues o
nue o
compañe o
de
a eas.
Más
de
doce.
Pe o
es
mejo
ci a los
luego
en
nómina
en
la
edición
de
es os discu sos
que
enume a los
en
a agosa
le a-
nía
. Y sigue esc ibiéndolos. Y
pensando
en
nue os
emas,
en
nue os í ulos. Y di ige
la
edición
española
de
la
His o ia
de
la
Iglesia de Fliehe-Ma ín, de
la
que
an a
la
luz
ya
es
olú-
menes. Y esc ibe, esc ibe, esc ibe.
Ya eis
qué
exac amen e
co esponde
la
ac i idd
de
José
Ma ía
Ja ie e
a
lo
que
nos
exige el
Es a u o
y
Reglamen o
de
nues a
Academia:
cul i a
las
buenas
le as
y
ocupa se
de
la
his o ia
de
Se illa. Las
buenas
le as
del
pe iodismo,
le as
uni e sales e
i adian es,
di uso es
de
la
cul u a,
de
la
doc ina
,
de
la belleza.
La
his o ia
de lo
mejo
de
Se illa,
los
oligoi, los pocos, selec os, al os, di inos se illanos
que
ya
mi·
ana
Dios
ca a
a
ca a.
Es, pues,
és e
un
académico
de
Buenas
Le as
po
de echo
p opio.
Espe amos
que
sea
un
asiduo
y
ecundo
colabo ado
de
la
a ea
de
es a
casa,
a ea
más
silen-
ciosa
de
lo
que
la
densidad
de
su
u o
exigie a y menos ap e-
ciada
de
lo
que
la
in ención
y el
en u
s
ia
smo
de
sus
miemb os
me ece.
Y
aquí
debía yo
calla me.
O
odo
lo
más
deci dos docenas
de
palab as
de
ag adecimien o
y bien enida.
Pe o
es á
dis-
pues o
po
la
cos umb e
y el deco o
que
el
que
lle a
la
oz
de
la
Academia se e ie a
exp esamen e
al
ema
del Discu so
de ecepción: lo
comen e,
lo glose, lo
ponde e.
C eo i me-
men e
que
es
e
debe
del
que
con es a
es
di ícil, id ioso.
Se
p es a
al
esbalón,
a
moles a
al
ecibido, a
cansa
al
audi o io.
No debe el
que
con es a
pisa
el
discu so, si
se
me
pe mi e
an
poco
académica
palab a.
No debe
demos a
que
se
sabe
el
ema
mejo
que
nadie
y
po
an o
mejo
que
el
que
lo
acaba
de expone . No de
be
se
la
go,
po que
odos
ienen
ya
ganas
de
acaba .
No
debe
se
exces
i amen e
co o,
pa a
que
no
se
ome
a
desin e és
o desco esía. No
debe
soslaya
el
ema
en
su
esencia,
pa a
que
no
pa ezca
que
no
lo
ap ecia
o
DISCURSO
DE
CONTESTACIÓN
81
que
no
lo conoce.
En e
an as
si es,
di ícil
es na ega
sin
encalla
o
po
lo menos
sin
oca
ondo.
Po
odo
es o
he
p e e ido
que
mi
espues a
sea
sencilla-
men e
una
se ie
de apos illas,
de
no as
a
pie
de página, míni-
mos
comen a ios
a
los
emas
del
discu so,
acla aciones a pun-
os
qu
e algún
no
se illano
pudie e
in e p e a
o cidamen e
.
No
p e endo
co egi
nada,
lo
que
se ía
una
p e ensión
cómica.
Sólo
acompaña
el
ex o, como
esa
cadencia
b e e epe ida
«Do -si,
la
, so
l»
que
en e
las
alse as o
el
can e
ecue
da
al
oyen e
qu
e lo
que
se
es á
ocando
o
can ando
es
una
seguidilla
g
i ana.
Po
cie o, yo digo seguidilla y
no
sigui iya u
o os
espe pen os
oné icos,
po que
no
c eo
que
haya
que
deci
haiga,
asina
o
cualquie
chabacano
ba ba ismo
po que
los
gi anos
lo
digan. Y
no
llego a
llama
soledades
a
las
solea es
(co
mo
An onio Machado)
po que
digo
es e o
y
no
es ua io,
pa a
e
e
i me
a los
que
es
a
án
aho a
mismo
« ezumando
azul de ma ».
Pe o
es o es
o o
ema.
O o
can a .
Pe o
no
es
un
can a
menos
andaluz.
Po que
el Andaluz
Uni e sal,
Juan
Ramón
Jiménez,
en
su
momen o
an ilo quia-
no y
an ialbe ino
p o es aba
de
oda
esa
poesía
del «Olé y
Ay
del a bolé».
Tenía
azón,
po que
el
es ibillo
popula
«A -
bol
é, a bolé, seco y e dé»,
p onunciado
así, a
la
g anadina
o
co do
b
esa
,
sin
ese
inal
(de
hace lo
como
en
Se illa -secoh
y
e deh-
no
hubie a
medido
el
e so)
asladado
a
la
p oso-
dia
no mal
andaluza,
o sea: A boles, á
boles
, secos y e des,
s
in
deja
de
se
un
lamen o
de
es a
i
e a
hubi
e a
enido
una
esonancia
dulcí
sima
de
égloga
de
Ga cilaso. Y,
cla o
es á,
hubie a
ganado
en
signi icados.
Es
una
lás ima
que
no
haya,
como
en
el
p ocedimien o
judicial,
la
posibilida
d
de
una
éplica
de
Ja ie e
a lo
que
yo
aho a
diga
y
una
dúplica
mía
a
lo
que
él
eplicase.
Se ía
como
un
diálogo casi
pla ónico
del
que
salie a
el
ema
no
sé
si
deci
a inado o
edon
do,
que
son
dos
o ma
s
al
pa ece
opues as
de
pe ección y
acabamien o.
La
solemnidad
de es
a
ocasión
no
lo consien e y
la
b e edad
sale
ganando.
Voy
po
lo
an o
a
apos illa
algunas
de
las p eciosidades
que
hemos
oído
y
p ocu a é
se
b e e,
po
lo de G acián.
82
ANTONIO GONZÁLEZ-MENESES Y MELÉNDEZ
Nues o
nue o académico se
ap oxima
a Se illa. Se
queda
subyugado. La
so p esa
del hallazgo, el
elámpago
de la
belle-
a
nue a
y dis in a, el
encan o
-encan amien o,
magia o
b u-
je ía-
de
una
ciudad
ma cada
con
un
especial
sello, el
de
la
g acia.
Así
se
so p endie on
los cien
mil
hijos
de
San
Luis,
como
an os,
an os
iaje os
que
nos
han
dejado
sus
imp esiones
esc i as.
Como
an os
que
nos
las
han
comunicado
al oído
en
la
emoción
del lechazo inespe ado. Y a
mí
me
enca gan
que
es-
ponda
a
esa
so p esa
del
que
llega con
el
sabe
anquilo,
madu ado,
del
que
es á. Yo
no
soy
se illano
de
nacimien o,
pe o
soy
del al oz
de
Se illa. Nací
en
Leb ija
-o a
ciudad
an iquísima-
a
medio
camino
en e
Se illa y
el
ma
. Y
lle o
i iendo
en
Se illa
sesen a
y
es
años
mal
con ados,
la
ida
de
un
c is iano.
Mi
pad e
ambién
nació
en
es e
al oz de Se i·
lla, Almonas e la Real.
Es os
cas illos,
Leb ija,
Almonas e ,
pe enecen
al
Ayun amien o de Se illa.
Sus
homb es,
po
o-
lun ad
de
Al onso el Sabio o
po
ueques
con
la
Iglesia,
e an
se illanos
pa a
la
gue a
y
pa a
la
paz.
Es
e dad
que
de
mis
cua o
abuelos,
es
e an
gadi anos
y
mi
mad e
ambién.
Pe o
yo
no
puedo
ol ida
que
la
p ime a
ez
que
oí
a
José
Ma ía
Ja ie e
habla
en
público
lo hizo
pa a
ha
ce
un
elogio
de
esa
ie a
ma a illosa
que
es
la
Bahía
de
Cád
iz y
dijo
que
si
le
diesen a escoge
un
lu
ga
pa a
habe
nacido,
hab ía
escog
ido
ese
ozo
de cielo desce
ndido
que
es
la
ie a
que
en uel e
la
Bahía.
Po
lo demás,
la
mayo
pa e
de
los
excelen ísimos
seño es
académicos
nume a ios
de
es a
Real Se illana de Bue-
nas
Le as
no
han
na
cido
en
Se illa, p
e o
ienen
el
co azón
an
lleno
de Se illa
como
esos
hijos
adop i os
que
son
la
ejez
de
sus
pad es
nu icios
con
en aja
sob e
los
hijos
de
la
ca ne.
Po
eso
me
delei a
-nos
delei a-
oí
es os
elogios de
es a
ie a
y
no
nos
cansamos
de oí los.
Don
Ma celo lo
dijo
en
la iglesia del
Hospi al
de
la
Maca-
ena,
un
día
de
San
Vicen e
de
Paúl.
Se
lo
he
oído
con a
a
mi
pad e
muchas
eces,
imi ando
incluso
la
oz aguda, casi
chillona,
pe o
melodiosa,
can ada
del
A zobispo: <<Minis os
del Al ísimo,
Hijas
de
Vicen e
de
Paúl,
mis
que idos
he ma
-
nos
muy
amados
en
Jesuc is o:
¿Qué
pod é
yo deci les a las
DISCURSO
DE
CONTESTACIÓN
83
hijas,
de
Vicen e
,
que
ellas
no
sepan
y
sepan
muy bien? Pe o
mis
que idos
he manos,
siemp e
es
g a o
al
pad e
oí
lo
que
dicen del
hijo;
siemp e
es
g a o
al
he mano
oí
lo
que
cuen an
del
he mano;
siemp e
es
g a o
al
amigo
oí
las
hazañas
del
amigo». Y
así
es.
Nos
encan a
a los
se illanos
oí
los elogios
de Se illa. Y
si
es án
an
bien
dichos
como
hoy, doblemen e.
En a
Ja ie e
en
es a
casa
a
ocupa
el
sillón del
pad e
La Hoz. Y
mi ad
po
donde
se
cie a
así
un
cí culo san o:
El
pad e
La Hoz
habló
de
Don Ma celo y
Ja ie e
es el bióg a o
o icial de Don Ma celo. Don Ma celo
ajo
los salesianos a
Se illa y a J
a ie e
pa a
biog a ia le. La
Hoz
es salesiano y
el
he mano
de
Ja ie e,
don
An onio,
es
S.D.B. y pe enece
a
la
más
al a
ins ancia
de
los
sace do es
de
Don Bosco. Va y
iene
una
sa ia,
una
lin a
en e
es os
cua o
pun os:
La Hoz,
el Ca denal Spínola, los salesianos y
Ja ie e.
Es
un
mo i o
más
pa a
elici amos
po
habe lo
elegido y
p ecisamen e
pa a
aquella acan e.
La indagación
sob e
Se illa
la
comienza
nues o
nue o
académico
apoyándola
en
los olle ones
de
O ega
en
«El Sol»
sob e
Andalucía
-lo
ci o
así,
po que
así
los
leía-.
Me e-
cue da
que
O ega
hacía
un
pa alelo
de
las
cul u as
ag ícolas
y
comen aba
que
dos
dis in i os de
China
y de Andalucía, el
abanico y
la
cole
a
( an o
da
que
se
a
e
de
manda ines
como
de
o e os)
,
e an
ac o es
impo ados,
o as e ías.
Ya
no
se
usan
apenas
los
abanicos
-
¡qué
pena!-
ni
casi
la
cole a,
ni
aun
pa a
co á sela
solemnemen e
en
la
plaza. Y
en
cuan o
a los
ojos
oblicuos
de
los chinos,
como
son
un
ca ác e
ece-
si o y los
ojos
a
la
eu opea
ho izon ales
son
dominan es,
con
los siglos y el
asiego
de
unas
egiones a
o as,
acaba án
po
desapa ece .
Hemos
oído
embelesados
la
e ocación
de
la
Se illa decimo-
nónica,
la
Se illa de los Mon pensie .
En
es e
mismo
si io,
en
oca
sión
simila
pa a
habla
de
los
nomb es
se illanos
de
las
lo es, u e yo
ambién
que
eco da
a los
duques
de
San
Telmo. De
la
in luencia
que
eje cie on
en
los
nue os
ja dines,
las nue as
plan as
y lo es
de
los
ja dines
de
Se illa. Y
¿no
son
los
ja dines
pa e
esencial, i al
de
Se illa y
su
es é ica?
90
ANTONIO GONZÁLEZ-MENESES Y
MELÉNDEZ
de
empe a u as
máximas,
medias,
mínimas;
la
humedad,
la
llu ia,
los
días de sol, los ien os. ¡Qué bien!
Noso os
pod íamos
añadi
un
nue o elogio
nume al
de
nues o
ba io
de
San
Lo enzo. De
no iemb e
de
1973
a
no-
iemb e
de
1974
han
mue o
en
mi
pa oquia
cua en a
y
sie e
pe sonas.
Los dos
más
jó
enes,
de
cincuen a
y seis años.
El
mayo ,
de
no en a y cinco
-don
Eugenio
Lámpa e ,
un
ale-
mán
que
i ía
jun o
a los Gallos desde
an es
de
la
Gue a
Eu opea-.
La
edad
media
de
mo i
en
mi
ba io
esul a
se
los
se en a
y cinco años, dos meses y doce
días.
En
San
Lo en-
zo
no
se
mue e
nadie jo en. Y
la
ejez
se
p olonga
en
saludab
le
ac i idad. No es sólo
la
belleza lo
que
lo
hace
ape ecible.
Pe o
es
e dad
que
si
se
quie e
esumi
el
clima
de
Se
illa,
sin
núme os,
enemos
que
ecu i
a
una
ase
amosa.
La
que
esc ibió Colón, es upe ac o,
subyugado
po
la
pa adisíaca
elicidad an illana. Dijo sólo: «Como
de
ab il
en Se illa».
Y
es e
campo,
es a
ega,
es e
Alja a e,
es e
Alco
on e o,
¿qué
son
sino el
Ja dín
de
las Hespé ides,
el
Hue o
de
Hé -
cules, el p i ilegiado eposo
p epa ado
po
Scipión
pa a
sus
soldados
iun ado es,
el
bosque
supe io
al
a icano
po que
no
iene
leones, el
ío
supe io
al Nilo
po que
no
iene coco-
d ilos?
Comen a
J a ie e
con
azón
que
en
Se illa los monumen-
os
se
diluyen
en e
un
case ío,
como
los
homb es,
de
segunda.
Quizá
nadie
ha
sabido
que
es o
es
una
medida
de
segu idad.
Po qu
e, c eedme,
si
se
ace ca an
demasiado
an as
bellezas
di e en es,
se
p oduci ía
algo
p ecido
a
lo
que
ocu e
con
la
ene gía
a ómica. Me explica é.
El
plu onio
debe
es a
sepa ado
en
pequeñas
po ciones, diluido
en
una
masa
in
e e
de
g a i o.
Así
se
p oduce
una
ene gía
anquila,
domeñable, ú il.
La
de
la
pila
a ómica.
Pe o
si
ap oximamos
los
agmen os
has a
un
olumen
lími e
de ese
mismo
plu onio,
se
p oduce
la
es-
pan osa
explo
sión
que
asoló
Hi oshima.
Yo
c eo
que
si
se
condensa an
en
pocos
hec óme os
cua-
d ados
odas
las bellezas
de
es a
ciudad,
ola íamos
en
pe-
dazos
.
Sólo dos
palab as
sob e
un
ema
polémico.
Don
Aníbal
González. Os
di é
que
hace
algún
iempo,
una
pe sona
muy
JHSC
li
RSO
DE COXTESTAC ó:-.:
91
p ox1ma a
mí
desde
hace
ein e años, s
in
cu
l
u a
académica,
pe o
con
sensibilidad,
me
p egun ó
de
p on o:
«-Don
An o-
nio, ¿la
plaza
de
España
la
hici
e on
los
mo os?»
. Yo u e
que
explica le
que
me
umé
mi
p ime
pu o
-¡qué
ho o oso
ma eo!-
en e
las
eno mes
da u as
es amonios
que
-malas
ye bas
en
odos
los
sen idos-
ocupaban
el
aco ado ozo del
p ado
de
San
Sebas ián,
ce cenado al
ea
l de la Fe ia, mien-
as
se
oía
el
acompasado
esoplido de
la
máquina
que
iba
cla ando los pilo es
de
la
cimen ación
de
las
o es
de
la
plaza
de
E
spaña.
¿Qué
pensaban
los se illanos hechos al
mudéja
de
las
pa oquias
o
al
gó ico de
la
Ca ed al,
del
pla e esco
del
Ayun amien o? ¿Y los
que
es aban
educados
en el
manie ismo
equilib ado
de
He nán
Ruiz
al
e las con ulsiones
ba ocas
de
San
Telmo,
de
los
dispa a ados
es
ípi es
de los
e ablos
que
aho a
nos
encan an?
El
g a
n
alen o
de
Se illa
dijo
D'O s
que
es
hace
la
a queología
habi abl
e y
cómo
damen e
habi a-
ble. Cuando
pasen
los años, es e
a
e de «es ilo se illano»
que
aho a
nos
puede
pa ece
ingido
se á
o o
más
en e
la
busca
insaciable
de
la
belleza
que
de o a el
alma
de Se illa. O ¿no
es
e dad
que
aho a
nos
esul a
dulcemen e
a ayen e
ese es i-
lo
mode nis a
de
las
casas
de
la calle del Almi an e Ulloa que
en
nues a
adolescencia nos
c ispa
ban
los
ne ios y
que
el
p opio
don
Aníbal
hubi
e a
dado
cualquie
cosa
po
des ui ?
Os con i
es
o
que
en
mi
adolescencia de
es a
ba
la
Sag ada
Fa-
milia de Gaudí.
De
jad
pa
s
a
el
iempo
. Lo
que
aho a
es
iejo,
en o
nces
se á
an iguo. Lo
que
ho
y
no
es á
de
moda,
se á
his o ia,
cul u a
,
pa ia
an igua, belleza
pe manen e.
Echa
de
menos
nue
s o
nue o
académico
el
can ado
s
il
en-
cio de Se illa. Yo
no
lo echo
de
menos,
po que
lo
engo
en
casa, en
la
s calles del
ba io
de
S
an
Lo
enz
o, de
San
Vicen e.
Sólo
en
la
s
noches
de
e ano, algún ele iso
uidoso
nos
obli-
ga á
a
oí
oces o
músicas
ajenas
. P
e o
es
po
pocas
ho as,
pocos meses.
Es
e dad
que
el
uido
de las
g andes
a e ias
de
Se illa es
capaz
de
a u di
al
más
emplado.
P
e
o
hay
que
eco da
que
ambién
cuando
es
amos
calla
dos,
inme sos
en
un
silencio
o al
-sies as
del Alja a e, noches
de
la
ca
lle de
Ma ínez
Mon añés-,
nues as
p opias
a e ias
esuenan
en
92
ANTONIO GONZÁLEZ-MENESES Y MELÉNDEZ
nues os
p opios
oídos,
e umban
los
la idos
denunciando
que
es amos
i os. ¿Y
han
de
se
las
a e ias
de
nues a
ciudad
menos
que
las
de
nues o
cue po?
Vi imos y
la imos
y
zumba
la
sang e
en
nues os
asos. Vi e Se illa y
la
sen imos
la i ,
co e ,
lui
umul uosa.
Demos g acias a Dios.
En
in,
nos
ala gamos
demasiado. C eo
pode
sin e iza
lo
que
cualquie a,
se illano o
o as e o,
sien e
cuando
e a
es a
ciudad
que
hoy nos posee. C eo
i memen e
que
es
un
sen-
imien o
muy
pa ecido
al
que
expe imen a
el
enamo ado
po
su
amada,
una
a acción
cuasi
ca nal,
ansia
de
posesión y
de
ca icia,
de
e nu a
y de u gencia. De no
pode
i i sin ella y
no
sacia se
lo
bas an e
con
la
pu a
con emplación.
Y
an es
del
anquilo,
del sa is echo epi alamio,
en
ese
pe íodo
in ini-
amen e
exci an e del no iazgo,
de
las
p e ensiones
an iguas,
del lechazo, sólo iene
una
o ma
de
exp esa se,
olcánica
e upción
del deseo y de
la
necesidad
de
elogia
que
se
ealiza
en
la
o ma
g a ui a
y
sin
ecompensa
que
es el pi opo.
Po
eso c eo
que
la
mejo
exp esión
de
es e
es ado
del
alma
son
aquellas
palab as
que
Juan
Ramón
Jiménez
-no io
pa a
casa se-
le
esc ibía
a
Zenobia
el
mismo
27
de
ene o
de
hace
casi
sesen a
años:
«A
Se illa le echo los
equieb os
que
e
echo a i.
Se
íen
mi ándola
es os
ojos
que
se
íen
cuando
e
mi an.
Me
pa ece
que
como
ú,
llena ella el
mundo,
an
pequeño
y
an
mágico
con
ella, digo,
con igo. ¡Tan inmenso,
an
acío
sin
i, digo,
sin
ella!
¡Se illa,
ciudad
uya,
ciudad
mía!»
No
me
a e o
a
deci
más.
Bien enido a
la
Real
Acade
mia
Se illana
de
Buenas
Le-
as,
que ido
don
José
Ma ía
Ja ie e.
Es amos
aleg es
de
e-
ne os
aho a
en e
noso os;
que
sea
pa a
bi
en
de
la
Academia,
de
su
nue o
académico
y
que
sea,
sob e
odo,
pa a
bien
de
Se illa.