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Sánchez Mejías, cronista taurino

Bernal Rodríguez, Manuel

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Re is a de Es udios Tau inos N.º 11, Se illa, 2000, págs. 69-96 SÁNCHEZ MEJÍAS, CRONISTA TAURINO Manuel Be nal Rod íguez1 Uni e sidad de Se illa naliza cualquie aspec o de la p oducción li e a ia de Ignacio Sánchez Mejías en aña una di icul ad mayo de la que suele se habi ual en es udios de es a na u aleza. Es o se debe a la a eba ado a pe - sonalidad de Ignacio, aguada po la con e gencia de cuali- dades que no suelen coexis i a mónicamen e en un mismo indi iduo. Con un empe amen o ac i o y i alis a, su cu iosi- dad inago able, le lle a a si ua su pensamien o en la enc uci- jada de los cua o ien os del sabe y a undi lo popula y cas- izo con lo angua dis a y cosmopoli a. Con es os mimb es se sin ió a aído po el eje cicio de las ac i idades más dispa es, en las que llegó a b illa con asgos incon undibles, comp o- me iéndose has a el inal en odas ellas, po que su poli acé i- ca ac i idad no es la escapada anecdó ica de un dile an e supe icial, sino un eje cicio sus an i o en el que canaliza su exube an e ene gía en ondas concén icas que ienen siemp e po eje el mundo del o o y su condición de o e o. No se a a sólo de que es emos an e la ob a de un hom- b e excepcional; la o una li e a ia, como ha explicado muy bien And és Amo ós, ha p ocu ado a Ignacio Sánchez Mejí- 1 P o eso i ula de Ciencias de la Comunicación de la Uni e sidad de Se illa y au o del lib o La c ónica pe iodís ica. T es ap oximaciones en su es u- dio (Se illa, Uni e sidad y Real Maes anza de Caballe ía, 1997). Las cua o en egas que componen la p ime a e apa (“Una c ónica ele ónica. Cace ía de galgos en Je ez de la F on- e a. La G an Copa de La Ina”; “Segunda y e ce a p uebas”; “El juego de las lieb es”; y “La desilusión de los campe os andaluces”) no se han uel o a publica , que yo sepa; se e ie e a ellas Al onso Ca los Saiz Valdi ielso e indica que sólo ha encon ado la cua a, po lo que enuncia a inclui las en su exce- len e edición de los Esc i os pe iodís icos de Sánchez Mejías; no obs an e, asegu a que la buena imp esión que causa on esos p ime os eje cicios pe iodís icos ue decisi a pa a que Sánchez Mejías inicia a una colabo ación egula en La Unión (Sánchez Mejías, 1991: 7). La p ime a e e encia bibliog á ica comple a Sánchez Mejías, c onis a au ino 71 Fig. n.º 6.– P esen ación de Sánchez Mejías como pe iodis a de La Unión de Se i- lla, 22 de ab il de 1925 (Amo ós: Ignacio Sánchez Mejías, 1998: 128-129) as «un p i ilegio que muy pocos alcanzan: esuci a con e - ido en mi o, i o pa a siemp e» (Amo ós, 1998: 200). Nos en en amos, pues, a la ob a de un mi o i ien e y eso exige de noso os que nos es o cemos po escapa de dos g a es incon enien es: la exal ación apasionada ( odo lo que hizo Ignacio es genial po que lo hizo él) o que el esplando de la ace a de o e o acabe oscu eciendo el en endimien o de las demás. Vamos, pues, a in en a despega nos, al menos po un momen o, de la ascinación que la pe sonalidad del o e o eje ce pa a in en a in oduci una cie a dosis de obje i idad en la a ea que nos p oponemos. Como pun o de pa ida, conside o que el caso de Igna- cio di ie e conside ablemen e del de la casi o alidad de los dies os que le p ecedie on en el eje cicio de la pluma –hecha la sal edad del caso excepcional de Mazzan ini–; con Sánchez Mejías no es amos an e el o e o que hace unos anecdó icos e in ascenden es pini os li e a ios sino que, como asegu a Gallego Mo ell, es amos an e un au én ico esc i o (Sánchez Mejías, 1976: 19). 1.– LA OBRA PERIODÍSTICA Y SU BIBLIOGRAFÍA La p oducción pe iodís ica de Ignacio Sánchez Mejías es bas an e b e e y se desa olla ín eg amen e en el dia io La Unión de Se illa. Se puede di idi en dos e apas: la p ime a end ía in eg ada po cua o c ónicas sob e un concu so de lie- b es y galgos celeb ado en Je ez con el pa ocinio de La Ina, publicadas los días 13, 14, 15 y 16 de ene o de 1925; y la segunda comp ende dieciocho a ículos, publicados con egu- la idad en e el 16 de ab il y el 25 de julio del mismo año. Manuel Be nal Rod íguez 70 Las cua o en egas que componen la p ime a e apa (“Una c ónica ele ónica. Cace ía de galgos en Je ez de la F on- e a. La G an Copa de La Ina”; “Segunda y e ce a p uebas”; “El juego de las lieb es”; y “La desilusión de los campe os andaluces”) no se han uel o a publica , que yo sepa; se e ie e a ellas Al onso Ca los Saiz Valdi ielso e indica que sólo ha encon ado la cua a, po lo que enuncia a inclui las en su exce- len e edición de los Esc i os pe iodís icos de Sánchez Mejías; no obs an e, asegu a que la buena imp esión que causa on esos p ime os eje cicios pe iodís icos ue decisi a pa a que Sánchez Mejías inicia a una colabo ación egula en La Unión (Sánchez Mejías, 1991: 7). La p ime a e e encia bibliog á ica comple a Sánchez Mejías, c onis a au ino 71 Fig. n.º 6.– P esen ación de Sánchez Mejías como pe iodis a de La Unión de Se i- lla, 22 de ab il de 1925 (Amo ós: Ignacio Sánchez Mejías, 1998: 128-129) as «un p i ilegio que muy pocos alcanzan: esuci a con e - ido en mi o, i o pa a siemp e» (Amo ós, 1998: 200). Nos en en amos, pues, a la ob a de un mi o i ien e y eso exige de noso os que nos es o cemos po escapa de dos g a es incon enien es: la exal ación apasionada ( odo lo que hizo Ignacio es genial po que lo hizo él) o que el esplando de la ace a de o e o acabe oscu eciendo el en endimien o de las demás. Vamos, pues, a in en a despega nos, al menos po un momen o, de la ascinación que la pe sonalidad del o e o eje ce pa a in en a in oduci una cie a dosis de obje i idad en la a ea que nos p oponemos. Como pun o de pa ida, conside o que el caso de Igna- cio di ie e conside ablemen e del de la casi o alidad de los dies os que le p ecedie on en el eje cicio de la pluma –hecha la sal edad del caso excepcional de Mazzan ini–; con Sánchez Mejías no es amos an e el o e o que hace unos anecdó icos e in ascenden es pini os li e a ios sino que, como asegu a Gallego Mo ell, es amos an e un au én ico esc i o (Sánchez Mejías, 1976: 19). 1.– LA OBRA PERIODÍSTICA Y SU BIBLIOGRAFÍA La p oducción pe iodís ica de Ignacio Sánchez Mejías es bas an e b e e y se desa olla ín eg amen e en el dia io La Unión de Se illa. Se puede di idi en dos e apas: la p ime a end ía in eg ada po cua o c ónicas sob e un concu so de lie- b es y galgos celeb ado en Je ez con el pa ocinio de La Ina, publicadas los días 13, 14, 15 y 16 de ene o de 1925; y la segunda comp ende dieciocho a ículos, publicados con egu- la idad en e el 16 de ab il y el 25 de julio del mismo año. Manuel Be nal Rod íguez 70 Sánchez Mejías, c onis a au ino 73 Lám. n.º 8.– Re a ado, jun o con los encedo es, en un o neo de polo dispu ado en un club de México (a chi o amilia ). sob e es as cua o c ónicas se debe a And és Amo ós, quien ad ie e que se a a de unas no as imp o isadas, po elé ono, de mad ugada; no obs an e conside a que ienen in e és po que en ellas da su au o los p ime os pasos como esc i o y mani- ies a su p opósi o de hace li e a u a. De los dieciocho a ículos que componen la colabo a- ción egula han in o mado cumplida y sucesi amen e An o- nio Ga cía Ramos y F ancisco Na bona, en su biog a ía del dies o (Ga cía Ramos y Na bona, 1988, XIII), y An onio Gallego Mo ell, quien, en el documen ado es udio p elimi- na de su edición del Tea o de Ignacio Sánchez Mejías, ep oduce los í ulos de dieciséis de ellos, con indicación de la echa en que ue on publicados en el dia io (Sánchez Mejías, 1976: 13). En in, Al onso Ca los Saiz Valdi ielso, con ocasión del cen ena io del nacimien o de Ignacio y con el pa ocinio de la Real Maes anza de Caballe ía de Se illa, publicó en 1991 es os dieciocho a ículos, p ecedidos de un in e esan e “P ólogo” (Sánchez Mejías, 1991: 7). Más ecien emen e, And és Amo ós, en su excelen e ob a Ignacio Sánchez Mejías, dedica un documen ado epíg a e a con ex- ualiza su ac i idad pe iodís ica en el ago de las polémi- cas que el dies o susci a en ese momen o po que conside a ace adamen e que, sin ene en cuen a esa elación, las c ó- nicas son inin eligibles (Amo ós, 1998: 96 y ss.). Las cua o c ónicas de la p ime a e apa son sólo un p eludio, en las que, pese a las calidades señaladas po Amo ós, se ad ie en ama eu ismo y limi adas ambiciones, si se compa an con el alien o y la ambición li e a ia del con- jun o de la p oducción pe iodís ica pos e io , en la que el au o se ajus a a los cánones más exigen es del pe iodismo au ino y emula a los maes os del géne o. Manuel Be nal Rod íguez 72 Sánchez Mejías, c onis a au ino 73 Lám. n.º 8.– Re a ado, jun o con los encedo es, en un o neo de polo dispu ado en un club de México (a chi o amilia ). sob e es as cua o c ónicas se debe a And és Amo ós, quien ad ie e que se a a de unas no as imp o isadas, po elé ono, de mad ugada; no obs an e conside a que ienen in e és po que en ellas da su au o los p ime os pasos como esc i o y mani- ies a su p opósi o de hace li e a u a. De los dieciocho a ículos que componen la colabo a- ción egula han in o mado cumplida y sucesi amen e An o- nio Ga cía Ramos y F ancisco Na bona, en su biog a ía del dies o (Ga cía Ramos y Na bona, 1988, XIII), y An onio Gallego Mo ell, quien, en el documen ado es udio p elimi- na de su edición del Tea o de Ignacio Sánchez Mejías, ep oduce los í ulos de dieciséis de ellos, con indicación de la echa en que ue on publicados en el dia io (Sánchez Mejías, 1976: 13). En in, Al onso Ca los Saiz Valdi ielso, con ocasión del cen ena io del nacimien o de Ignacio y con el pa ocinio de la Real Maes anza de Caballe ía de Se illa, publicó en 1991 es os dieciocho a ículos, p ecedidos de un in e esan e “P ólogo” (Sánchez Mejías, 1991: 7). Más ecien emen e, And és Amo ós, en su excelen e ob a Ignacio Sánchez Mejías, dedica un documen ado epíg a e a con ex- ualiza su ac i idad pe iodís ica en el ago de las polémi- cas que el dies o susci a en ese momen o po que conside a ace adamen e que, sin ene en cuen a esa elación, las c ó- nicas son inin eligibles (Amo ós, 1998: 96 y ss.). Las cua o c ónicas de la p ime a e apa son sólo un p eludio, en las que, pese a las calidades señaladas po Amo ós, se ad ie en ama eu ismo y limi adas ambiciones, si se compa an con el alien o y la ambición li e a ia del con- jun o de la p oducción pe iodís ica pos e io , en la que el au o se ajus a a los cánones más exigen es del pe iodismo au ino y emula a los maes os del géne o. Manuel Be nal Rod íguez 72 polimo ismo) y es ablece un esbozo de clasi icación en “c ó- nicas p opiamen e au inas”, “c ónicas que no se esuel en en c í ica”, “au oc í ica” y a ículos polémicos, y señala ejemplos ep esen a i os pa a cada apa ado. A odos es os plan ea- mien os, pese a los acie os que con ienen, hay que o mula - les epa os e minológicos y concep uales. Yo c eo que sólo seis a ículos escapan po comple o a la condición de c ónica au ina: “El homenaje a don Juan Vale a”, es un au én ico cue po ex año en es e conjun o a mónico de esc i os au inos. Los cinco es an es gi an odos en o no al mundo del o o: De ellos, “Reco da o io” y “Los niños que juegan a se homb es” son dos columnas pe sona- les que e ocan espec i amen e a Joseli o y a las i encias de los niños que empiezan a se o e os, con ocasión de que los niños Pepe y Manolo Bien enida o een en un es i al. Tam- bién inclui ía a “Los dos compad es” en el conjun o de las columnas pe sonales, pues, pese a que su au o la ca aloga como cuen o y a que adop a la apa iencia de al, hemos de conside a que eso no es más que una es a egema pa a po encia el e ec o demoledo de la c í ica descali icado a de sus ad e sa ios que con iene. “El ga o que egalé a Belmon- e” es, sin duda, un o iginalísimo epo aje de ema au ino, sob e el ga o en el mundo del o eo. En in, “Con es ando a una campaña” es una éplica agmen a ia a cada una de las cues iones que se iban susci ando en el ago de la polémica que man iene con Gale ín y Don C i e io. En o no a la ac i idad de los pe iodis as au inos se ha gene ado una g an con usión e minológica. Esa con u- sión de i a de la equi ocidad del é mino c ónica, é mino polisémico ca gado de conno aciones. C ónica es un é - mino equí oco que, en el pe iodismo español, si e pa a Sánchez Mejías, c onis a au ino 75 2.– SÁNCHEZ MEJÍAS, PERIODISTA Y CRONISTA TAURINO Dejando, pues, a un lado esos p ime os esca ceos que suponen las c ónicas cinegé icas aludidas, el conjun o de ob a pe iodís ica de Sánchez Mejías gi a en o no al o o, al o eo y a los o e os, lo que pe mi e conside a la como un odo uni- a io, si bien su a iedad es uc u al y es ilís ica es no able, ci cuns ancia que ha sido e lejada po los es udiosos que se han ocupado de ellos. Y así, Gallego Mo ell conside a que no odos los a ículos son c ónicas au inas y acep a la de inición de cuen o que da el au o a la que lle a po í ulo “Los dos compad es”, ipi ica a “El ga o que egalé a Belmon e” como ensayo y sub aya la singula idad de la c ónica dedicada al homenaje a D. Juan Vale a. Más exigen e se mues a Saiz Val- di ielso, que es ima que « an sólo algo más de la e ce a pa e (de los a ículos) p esen a ca ac e es es ic os de c ónica au i- na. El es o, aunque ienen que e con el o eo excede de los lími es concep uales de aquel géne o pe iodís ico, cons i uyen- do una ica y a iada gama de e lexiones sob e dis in os aspec os más o menos elacionados con el o o, con los o e- os, con el o eo» (Sánchez Mejías, 1991: 10). And és Amo ós, po su pa e, los denomina indis in amen e c ónicas, c í icas y a ículos y, sin p opone se ipi ica los sis emá icamen e, ma i- za que con “Los dos compad es” in en a el géne o del cuen o y que “Con es ando a una campaña” más que a ículo es, en ealidad, una se ie de denuncias conc e as. C eo que, de los au o es ci ados, sólo Saiz Valdi ielso se es ue za po p ecisa la ipología ex ual de los esc i os pe iodís icos de Sánchez Mejías (Amo ós y Gallego Mo ell se limi an a sub aya su Manuel Be nal Rod íguez 74 polimo ismo) y es ablece un esbozo de clasi icación en “c ó- nicas p opiamen e au inas”, “c ónicas que no se esuel en en c í ica”, “au oc í ica” y a ículos polémicos, y señala ejemplos ep esen a i os pa a cada apa ado. A odos es os plan ea- mien os, pese a los acie os que con ienen, hay que o mula - les epa os e minológicos y concep uales. Yo c eo que sólo seis a ículos escapan po comple o a la condición de c ónica au ina: “El homenaje a don Juan Vale a”, es un au én ico cue po ex año en es e conjun o a mónico de esc i os au inos. Los cinco es an es gi an odos en o no al mundo del o o: De ellos, “Reco da o io” y “Los niños que juegan a se homb es” son dos columnas pe sona- les que e ocan espec i amen e a Joseli o y a las i encias de los niños que empiezan a se o e os, con ocasión de que los niños Pepe y Manolo Bien enida o een en un es i al. Tam- bién inclui ía a “Los dos compad es” en el conjun o de las columnas pe sonales, pues, pese a que su au o la ca aloga como cuen o y a que adop a la apa iencia de al, hemos de conside a que eso no es más que una es a egema pa a po encia el e ec o demoledo de la c í ica descali icado a de sus ad e sa ios que con iene. “El ga o que egalé a Belmon- e” es, sin duda, un o iginalísimo epo aje de ema au ino, sob e el ga o en el mundo del o eo. En in, “Con es ando a una campaña” es una éplica agmen a ia a cada una de las cues iones que se iban susci ando en el ago de la polémica que man iene con Gale ín y Don C i e io. En o no a la ac i idad de los pe iodis as au inos se ha gene ado una g an con usión e minológica. Esa con u- sión de i a de la equi ocidad del é mino c ónica, é mino polisémico ca gado de conno aciones. C ónica es un é - mino equí oco que, en el pe iodismo español, si e pa a Sánchez Mejías, c onis a au ino 75 2.– SÁNCHEZ MEJÍAS, PERIODISTA Y CRONISTA TAURINO Dejando, pues, a un lado esos p ime os esca ceos que suponen las c ónicas cinegé icas aludidas, el conjun o de ob a pe iodís ica de Sánchez Mejías gi a en o no al o o, al o eo y a los o e os, lo que pe mi e conside a la como un odo uni- a io, si bien su a iedad es uc u al y es ilís ica es no able, ci cuns ancia que ha sido e lejada po los es udiosos que se han ocupado de ellos. Y así, Gallego Mo ell conside a que no odos los a ículos son c ónicas au inas y acep a la de inición de cuen o que da el au o a la que lle a po í ulo “Los dos compad es”, ipi ica a “El ga o que egalé a Belmon e” como ensayo y sub aya la singula idad de la c ónica dedicada al homenaje a D. Juan Vale a. Más exigen e se mues a Saiz Val- di ielso, que es ima que « an sólo algo más de la e ce a pa e (de los a ículos) p esen a ca ac e es es ic os de c ónica au i- na. El es o, aunque ienen que e con el o eo excede de los lími es concep uales de aquel géne o pe iodís ico, cons i uyen- do una ica y a iada gama de e lexiones sob e dis in os aspec os más o menos elacionados con el o o, con los o e- os, con el o eo» (Sánchez Mejías, 1991: 10). And és Amo ós, po su pa e, los denomina indis in amen e c ónicas, c í icas y a ículos y, sin p opone se ipi ica los sis emá icamen e, ma i- za que con “Los dos compad es” in en a el géne o del cuen o y que “Con es ando a una campaña” más que a ículo es, en ealidad, una se ie de denuncias conc e as. C eo que, de los au o es ci ados, sólo Saiz Valdi ielso se es ue za po p ecisa la ipología ex ual de los esc i os pe iodís icos de Sánchez Mejías (Amo ós y Gallego Mo ell se limi an a sub aya su Manuel Be nal Rod íguez 74 Sánchez Mejías, c onis a au ino 77 Lám. n.º 9.– Sánchez Mejías siemp e sin ió a acción po la elocidad y le gus aban los au omó iles descapo a- bles y depo i os (a chi o amilia ). casi odo. Además de se el nomb e de un géne o pe iodís- ico, c ónica se emplea, po ejemplo, pa a designa el con- jun o de las in o maciones de un día en eledia ios y p o- g amas adio ónicos; a eces designa la sección en e a de un pe iódico (c ónica de sucesos, depo es, e c.) y, análo- gamen e, es sumamen e ecuen e el empleo de c onis a como sinónimo de pe iodis a o epo e o; en in, no es a o que un dia io os en e en su cabece a el p opio nomb e de La C ónica. La p o esión pe iodís ica española ha emplea- do con p o usión el é mino c ónica pa a designa ealida- des he e ogéneas y po es a causa es p ác icamen e in ia- ble su uso como un ecnicismo, si p e iamen e no se p o- cede a un deslinde segu o del concep o. Además, los géne os no son ealidades inmu ables ni en li e a u a, ni en pe iodismo. Los géne os pe iodís icos son el esul ado de la p opia ac i idad pe iodís ica y, po consi- guien e, una ealidad en cons an e e olución. Es o explica que la exp esión “c ónica au ina” no signi ique exac amen e lo mismo en 1850 que en 1925 o que en el momen o p esen- e. Cualquie lec o de hoy pod ía sen encia que muchas de las c ónicas au inas de épocas p e é i as no se ajus an a las exigencias del géne o. Po úl imo, debo eco da que el a án po dis ingui en e c onis as y c í icos au inos, an a aigado, es com- ple amen e inú il y o igen de con usiones. Los in o mado- es sob e o os han ecibido indis in amen e las denomina- ciones de e is e os, c onis as y c í icos; hoy pa ece cla o que la p ime a de esas denominaciones ha en ado en an- ca eg esión, mien as siguen conse ando oda su i ali- dad las o as dos. E, incluso, pod ía a i ma se que, en e los a icionados, c í ico goza de más p edicamen o que c onis- Manuel Be nal Rod íguez 76 Sánchez Mejías, c onis a au ino 77 Lám. n.º 9.– Sánchez Mejías siemp e sin ió a acción po la elocidad y le gus aban los au omó iles descapo a- bles y depo i os (a chi o amilia ). casi odo. Además de se el nomb e de un géne o pe iodís- ico, c ónica se emplea, po ejemplo, pa a designa el con- jun o de las in o maciones de un día en eledia ios y p o- g amas adio ónicos; a eces designa la sección en e a de un pe iódico (c ónica de sucesos, depo es, e c.) y, análo- gamen e, es sumamen e ecuen e el empleo de c onis a como sinónimo de pe iodis a o epo e o; en in, no es a o que un dia io os en e en su cabece a el p opio nomb e de La C ónica. La p o esión pe iodís ica española ha emplea- do con p o usión el é mino c ónica pa a designa ealida- des he e ogéneas y po es a causa es p ác icamen e in ia- ble su uso como un ecnicismo, si p e iamen e no se p o- cede a un deslinde segu o del concep o. Además, los géne os no son ealidades inmu ables ni en li e a u a, ni en pe iodismo. Los géne os pe iodís icos son el esul ado de la p opia ac i idad pe iodís ica y, po consi- guien e, una ealidad en cons an e e olución. Es o explica que la exp esión “c ónica au ina” no signi ique exac amen e lo mismo en 1850 que en 1925 o que en el momen o p esen- e. Cualquie lec o de hoy pod ía sen encia que muchas de las c ónicas au inas de épocas p e é i as no se ajus an a las exigencias del géne o. Po úl imo, debo eco da que el a án po dis ingui en e c onis as y c í icos au inos, an a aigado, es com- ple amen e inú il y o igen de con usiones. Los in o mado- es sob e o os han ecibido indis in amen e las denomina- ciones de e is e os, c onis as y c í icos; hoy pa ece cla o que la p ime a de esas denominaciones ha en ado en an- ca eg esión, mien as siguen conse ando oda su i ali- dad las o as dos. E, incluso, pod ía a i ma se que, en e los a icionados, c í ico goza de más p edicamen o que c onis- Manuel Be nal Rod íguez 76 can hoy. Si, como se ha a i mado, ue es a c ónica la que mo ió al di ec o de La Unión a solici a su colabo ación es able, hemos de econoce que su decisión es aba plenamen e jus i i- cada; ambién hoy cualquie di ec o in eligen e se es o za ía po con a con la colabo ación de quien llega con semejan e ca a de p esen ación. Leámosla po que nos a a pone en el buen camino pa a enjuicia la labo del c onis a. «LA HORA DE BELMONTE Y GALLITO2 »Fue un a a dece de la e ia alenciana cuando G ego io Co ochano descub ió, con su isión poé ica, que Belmon- e enía una ho a pa a sus g andes aenas. E a la ho a del c epúsculo, cuando la luz se ma cha de las plazas de o os, y odo queda en el b a o espec áculo sa u ado de un colo a o e inde inido, que sólo ace a a a desc ibi la milag o- sa pale a de Ignacio Zuloaga. No se sabe si e a que el ambien e hablaba al espí i u del a is a o e a la casualidad, esa cap ichosa seño i a o igen de an as cosas mis e iosas, la que así lo o denaba; el caso es que p ecisamen e a esa ho a hizo siemp e Belmon e sus aenas cumb es. »Hoy uimos al en ade o de los Galla do. La in i ación nos la hicie on anoche po elé ono aquí al Ho el C is ina donde nos hospedamos. Mañana, después de come en “Las U e as”, en a emos las hemb as. »Salimos del ho el y en au omó il amos a la inca de los Galla do. “Las U e as” iene una casa blanca que mi a a Gib al a desde la alda de una loma. A un lado el Mon e de la To e, cuajado de ja dines, e ugio de un gen leman de la amilia La ios; más abajo, Guadaco e, la mansión seño ial de los Ma zales, una de las incas más boni as del mundo, sueño de un a is a que pa eció p esen ía, al aza la, que habían de habi a la esas muchachas an boni as, p incesas encan adas en el e de labe in o de Guadaco e, y que un Sánchez Mejías, c onis a au ino 85 2La Unión, 16 de ab il de 1925. un ideal es é ico. Conside a que el c onis a au ino debe en- de a log a un ideal li e a io, pe o cimen ado en bases é icas: pa a él la belleza no iene sen ido si ha de log a se median e el a opello de la e dad, po que, como ha eco dado a Don C i e io, «la e dad sin ado nos, ni opajes, ni apa iencias que la disimulen, hace el e ec o de un ayo de luz pa a los c i- icados…». En la de ensa de es e p incipio es á la base de la polémica que man iene con Gale ín y Don C i e io y al ez una de las azones más pode osas que lo empuja on a esc i- bi sob e o os, en un momen o en que Ignacio man iene una gue a abie a en a ios en es pa a impedi abusos que ame- nazan la ies a. Y es bien sabido que el eje cicio del pe iodis- mo au ino ha sido con ecuencia una de las ace as menos anspa en es de la p o esión pe iodís ica. No hay duda de que Sánchez Mejías ue un c onis a au ino. Vamos a in en a p ecisa aho a el g ado de excelen- cia que alcanzó en el eje cicio de ese menes e . 3.– LAS CRÓNICAS TAURINAS Con la publicación de “La ho a de Belmon e y Galli o”, c ónica de una ien a, publicada el 16 de ab il de 1925, es días an es de que se celeb e en la Maes anza la p ime a co ida de la Fe ia de Ab il, de la que Ignacio ha sido exclui- do a causa de su en en amien o con los emp esa ios, empie- za su labo de pe iodis a au ino. C eo que se a a de un ex o muy log ado, en el que se ad ie en ya las cla es de lo que a a se su labo de c onis a au ino, y que supe a en calidad es é ica y pe iodís ica la media de las c ónicas que se esc ibían en 1925 y de las que se publi- Manuel Be nal Rod íguez 84 can hoy. Si, como se ha a i mado, ue es a c ónica la que mo ió al di ec o de La Unión a solici a su colabo ación es able, hemos de econoce que su decisión es aba plenamen e jus i i- cada; ambién hoy cualquie di ec o in eligen e se es o za ía po con a con la colabo ación de quien llega con semejan e ca a de p esen ación. Leámosla po que nos a a pone en el buen camino pa a enjuicia la labo del c onis a. «LA HORA DE BELMONTE Y GALLITO2 »Fue un a a dece de la e ia alenciana cuando G ego io Co ochano descub ió, con su isión poé ica, que Belmon- e enía una ho a pa a sus g andes aenas. E a la ho a del c epúsculo, cuando la luz se ma cha de las plazas de o os, y odo queda en el b a o espec áculo sa u ado de un colo a o e inde inido, que sólo ace a a a desc ibi la milag o- sa pale a de Ignacio Zuloaga. No se sabe si e a que el ambien e hablaba al espí i u del a is a o e a la casualidad, esa cap ichosa seño i a o igen de an as cosas mis e iosas, la que así lo o denaba; el caso es que p ecisamen e a esa ho a hizo siemp e Belmon e sus aenas cumb es. »Hoy uimos al en ade o de los Galla do. La in i ación nos la hicie on anoche po elé ono aquí al Ho el C is ina donde nos hospedamos. Mañana, después de come en “Las U e as”, en a emos las hemb as. »Salimos del ho el y en au omó il amos a la inca de los Galla do. “Las U e as” iene una casa blanca que mi a a Gib al a desde la alda de una loma. A un lado el Mon e de la To e, cuajado de ja dines, e ugio de un gen leman de la amilia La ios; más abajo, Guadaco e, la mansión seño ial de los Ma zales, una de las incas más boni as del mundo, sueño de un a is a que pa eció p esen ía, al aza la, que habían de habi a la esas muchachas an boni as, p incesas encan adas en el e de labe in o de Guadaco e, y que un Sánchez Mejías, c onis a au ino 85 2La Unión, 16 de ab il de 1925. un ideal es é ico. Conside a que el c onis a au ino debe en- de a log a un ideal li e a io, pe o cimen ado en bases é icas: pa a él la belleza no iene sen ido si ha de log a se median e el a opello de la e dad, po que, como ha eco dado a Don C i e io, «la e dad sin ado nos, ni opajes, ni apa iencias que la disimulen, hace el e ec o de un ayo de luz pa a los c i- icados…». En la de ensa de es e p incipio es á la base de la polémica que man iene con Gale ín y Don C i e io y al ez una de las azones más pode osas que lo empuja on a esc i- bi sob e o os, en un momen o en que Ignacio man iene una gue a abie a en a ios en es pa a impedi abusos que ame- nazan la ies a. Y es bien sabido que el eje cicio del pe iodis- mo au ino ha sido con ecuencia una de las ace as menos anspa en es de la p o esión pe iodís ica. No hay duda de que Sánchez Mejías ue un c onis a au ino. Vamos a in en a p ecisa aho a el g ado de excelen- cia que alcanzó en el eje cicio de ese menes e . 3.– LAS CRÓNICAS TAURINAS Con la publicación de “La ho a de Belmon e y Galli o”, c ónica de una ien a, publicada el 16 de ab il de 1925, es días an es de que se celeb e en la Maes anza la p ime a co ida de la Fe ia de Ab il, de la que Ignacio ha sido exclui- do a causa de su en en amien o con los emp esa ios, empie- za su labo de pe iodis a au ino. C eo que se a a de un ex o muy log ado, en el que se ad ie en ya las cla es de lo que a a se su labo de c onis a au ino, y que supe a en calidad es é ica y pe iodís ica la media de las c ónicas que se esc ibían en 1925 y de las que se publi- Manuel Be nal Rod íguez 84 Sánchez Mejías, c onis a au ino 87 Lám. n.º 11.– Descenso en ineo po una pis a de hielo en Lausanne (Suiza): Bel- mon e, Co ochano e Ignacio Sánchez Mejías (a chi o amilia ). día, no se sabe po qué ob a de magia, pa ie an de aquí ama- zonas en b iosos caballos. »Todo se p es a a la leyenda; la misma casa de “Las U e as” nadie sabe aquí cómo se hizo. Unos dicen que la mandó hace una muje española que enía amo es con un mili a de la o aleza b i ánica. O os, que ue el mili a quien eligió el si io y ab icó la casa pa a egalo y como- didad de su enamo ada. Yo c eo que ue on los dos, u o os dos cualquie a, los que a un mismo iempo y en un día como és e, idea on lab a es e case ío de “Las U e- as”. ¡Vaya us ed a sabe ! De lo que no cabe duda es de que ue on dos enamo ados los que eligie on el si io y lab a on la casa. »Más de mil pe sonas p esencia on la aena de la ien a. De diecinue e bece as que se en a on, ocho ue on bue- nas. Es a p opo ción sólo se da en las ganade ías muy b a- as. Yo que p esencié o os en ade os de es a ganade ía en pode de su an e io dueño, me a e o a asegu a que nunca has a aho a dio esa p opo ción de b a u a. »Ya inalizaba la aena. Una e alilla cá dena salió a la pla- ci a y, con mucho b ío y mucho co aje, se a ancó a ias eces al caballo de la ien a. Manó la sang e de los puyazos y como una sie pe se deslizó has a la pezuña. Se iba el día. Unas nubes g ises y o as osadas pa ecían camina po los lomos de Sie a Ca bone a. El mon e bajo es á cuajado de lo es ama illas; la casa blanca de la ega y los e des pina- es ienen un colo a o e inde inido. Belmon e sale de un bu lade o y con un capo illo engaña una y o a ez a la bece- i a cá dena. Jun as sus manos lle an al capo e en semicí - culo po debajo de la cade a con ese i mo suyo que an cla- amen e se mani ies a en la media e ónica. Los úl imos des ellos de sol se e lejan, como un símbolo, sob e la seda oja de su capa. Es la ho a de Belmon e. Poco a poco nos en uel e la noche y eg esamos a Algeci as. »Rendidos po el aje eo del día nos e i amos p on o a descansa . Hay luna c ecien e. Ab imos el balcón y con- emplamos, un momen o el pa que que odea el ho el. Es á solo. Todo el suelo es de pla a. Así lo hizo la luna. En el Manuel Be nal Rod íguez 86 Sánchez Mejías, c onis a au ino 87 Lám. n.º 11.– Descenso en ineo po una pis a de hielo en Lausanne (Suiza): Bel- mon e, Co ochano e Ignacio Sánchez Mejías (a chi o amilia ). día, no se sabe po qué ob a de magia, pa ie an de aquí ama- zonas en b iosos caballos. »Todo se p es a a la leyenda; la misma casa de “Las U e as” nadie sabe aquí cómo se hizo. Unos dicen que la mandó hace una muje española que enía amo es con un mili a de la o aleza b i ánica. O os, que ue el mili a quien eligió el si io y ab icó la casa pa a egalo y como- didad de su enamo ada. Yo c eo que ue on los dos, u o os dos cualquie a, los que a un mismo iempo y en un día como és e, idea on lab a es e case ío de “Las U e- as”. ¡Vaya us ed a sabe ! De lo que no cabe duda es de que ue on dos enamo ados los que eligie on el si io y lab a on la casa. »Más de mil pe sonas p esencia on la aena de la ien a. De diecinue e bece as que se en a on, ocho ue on bue- nas. Es a p opo ción sólo se da en las ganade ías muy b a- as. Yo que p esencié o os en ade os de es a ganade ía en pode de su an e io dueño, me a e o a asegu a que nunca has a aho a dio esa p opo ción de b a u a. »Ya inalizaba la aena. Una e alilla cá dena salió a la pla- ci a y, con mucho b ío y mucho co aje, se a ancó a ias eces al caballo de la ien a. Manó la sang e de los puyazos y como una sie pe se deslizó has a la pezuña. Se iba el día. Unas nubes g ises y o as osadas pa ecían camina po los lomos de Sie a Ca bone a. El mon e bajo es á cuajado de lo es ama illas; la casa blanca de la ega y los e des pina- es ienen un colo a o e inde inido. Belmon e sale de un bu lade o y con un capo illo engaña una y o a ez a la bece- i a cá dena. Jun as sus manos lle an al capo e en semicí - culo po debajo de la cade a con ese i mo suyo que an cla- amen e se mani ies a en la media e ónica. Los úl imos des ellos de sol se e lejan, como un símbolo, sob e la seda oja de su capa. Es la ho a de Belmon e. Poco a poco nos en uel e la noche y eg esamos a Algeci as. »Rendidos po el aje eo del día nos e i amos p on o a descansa . Hay luna c ecien e. Ab imos el balcón y con- emplamos, un momen o el pa que que odea el ho el. Es á solo. Todo el suelo es de pla a. Así lo hizo la luna. En el Manuel Be nal Rod íguez 86 chano, Zuloaga) y glosa una idea del maes o que a a con e - i se en el núcleo mismo del ela o. Sánchez Mejías no ocul a su manie ismo: se p opone esc ibi c ónicas au inas a la mane a del que conside a el más g ande de los maes os del géne o. La mejo p ueba de que su abajo esul a log ado nos la p opo - cionan sus p opios enemigos: en uno de los momen os más enca nizado de la polémica, Gale ín se queda sin a gumen os y acusa a Sánchez Mejías de que sus c ónicas se las esc ibe G e- go io Co ochano. No acusa Gale ín al “nue o compañe o”, como solía denomina a Ignacio, de no sabe esc ibi y me e se en camisa de once a as, sino de que sus c ónicas han sido esc i- as po el maes o más p es igioso del momen o al que el dies- o econoce como su modelo. Todo un éxi o, po an o. Algo semejan e le ocu i á más a de cuando, as su iun o en el ea- o algunos esen idos p opalan la especie de que sus ob as se deben a las plumas de sus amigos esc i o es. Fiel a los pos ula- dos de la c ónica imp esionis a la ma e ia in o ma i a ha sido educida a su mínima exp esión y el núcleo al i mo cadencioso que imp ime Belmon e a unas medias e ónicas en e is as que la dudosa luz del ocaso ealzan con ibe es de ensoñación. No hay más da os; sólo no icia escue a y momen o es ela . No obs an e, hemos de sub aya la log ada cons ucción ex ual y la e icacia comunica i a. El segundo pá a o, el más b e e de odos, se limi a a an icipa la no icia escue a, en cum- plimien o de una no ma de o o de la c ónica pe iodís ica que, como señala Ma ín Vi aldi, debe se mad ugado a, es deci , adelan a cuan o an es la in o mación. Los pá a os de ambien- e que le siguen son una decidida apues a poé ica en la que, con écnica imp esionis a, la desc ipción desde una pe spec i a lejana desdibuja la ealidad y sub aya la ensoñación («Guada- co e, sueños de un a is a; p incesas encan adas que po ob a Sánchez Mejías, c onis a au ino 89 ondo hay unas palme as y unos cip eses. El ien o y el ma enmudecie on es a noche. Todo es silencio en el ja - dín… ¿De quién se á es a ho a? Yo, sin sabe po qué, e oco en ella el ecue do de Joseli o...». C eo que es a c ónica es oda una decla ación de p inci- pios. En la p ime a línea apa ece ya el nomb e de G ego io Co ochano como una p oclamación de que el nue o c onis a se acoge a su magis e io y quie e ing esa , de su mano, en la nómina de sus discípulos. Ya se ha dicho que, en es os momen- os, Co ochano es á c eando la nue a c ónica au ina, la c óni- ca imp esionis a, inspi ada en el ideal a ís ico que desde los años inales del XIX has a las angua dias a a domina el pano ama de las a es plás icas y de la li e a u a. Esbozada en El Libe al po José de la Loma y Milego, Don Modes o, ue cul i ada po Co ochano, quien la esca ó de los ex a íos a los que aquél la había lle ado y la con i ió en pieza magis al. Es e modelo es uc u al de c ónica abandona el ela o exhaus i o, po o den c onológico, del desa ollo de la co ida y se limi a a na a los momen os es ela es po o den de impo ancia; con- cede p edominio a la in e p e ación y lo alo a i o sob e lo me amen e in o ma i o y aspi a a cuaja en ex os de g an cali- dad a ís ica y de conside able impac o sob e el lec o . En pala- b as de O ega y Gasse e e idas al imp esionismo pic ó ico, se a a de adop a «una isión lejana en la que nada posee un pe - il igu oso» en «nega la o ma ex e na de las ealidades y en ep oduci su o ma in e na» (Cossío, II, 1987: 558). Conside ada desde la pe spec i a pe iodís ica, es a c óni- ca es un acie o pleno. Se ab e con un i ula impecable, una cons ucción nominal muy b e e que pe sigue llama la a en- ción del lec o y, además, condensa el núcleo in o ma i o. El p ime pá a o es ablece la iliación es é ica del au o (Co o- Manuel Be nal Rod íguez 88 chano, Zuloaga) y glosa una idea del maes o que a a con e - i se en el núcleo mismo del ela o. Sánchez Mejías no ocul a su manie ismo: se p opone esc ibi c ónicas au inas a la mane a del que conside a el más g ande de los maes os del géne o. La mejo p ueba de que su abajo esul a log ado nos la p opo - cionan sus p opios enemigos: en uno de los momen os más enca nizado de la polémica, Gale ín se queda sin a gumen os y acusa a Sánchez Mejías de que sus c ónicas se las esc ibe G e- go io Co ochano. No acusa Gale ín al “nue o compañe o”, como solía denomina a Ignacio, de no sabe esc ibi y me e se en camisa de once a as, sino de que sus c ónicas han sido esc i- as po el maes o más p es igioso del momen o al que el dies- o econoce como su modelo. Todo un éxi o, po an o. Algo semejan e le ocu i á más a de cuando, as su iun o en el ea- o algunos esen idos p opalan la especie de que sus ob as se deben a las plumas de sus amigos esc i o es. Fiel a los pos ula- dos de la c ónica imp esionis a la ma e ia in o ma i a ha sido educida a su mínima exp esión y el núcleo al i mo cadencioso que imp ime Belmon e a unas medias e ónicas en e is as que la dudosa luz del ocaso ealzan con ibe es de ensoñación. No hay más da os; sólo no icia escue a y momen o es ela . No obs an e, hemos de sub aya la log ada cons ucción ex ual y la e icacia comunica i a. El segundo pá a o, el más b e e de odos, se limi a a an icipa la no icia escue a, en cum- plimien o de una no ma de o o de la c ónica pe iodís ica que, como señala Ma ín Vi aldi, debe se mad ugado a, es deci , adelan a cuan o an es la in o mación. Los pá a os de ambien- e que le siguen son una decidida apues a poé ica en la que, con écnica imp esionis a, la desc ipción desde una pe spec i a lejana desdibuja la ealidad y sub aya la ensoñación («Guada- co e, sueños de un a is a; p incesas encan adas que po ob a Sánchez Mejías, c onis a au ino 89 ondo hay unas palme as y unos cip eses. El ien o y el ma enmudecie on es a noche. Todo es silencio en el ja - dín… ¿De quién se á es a ho a? Yo, sin sabe po qué, e oco en ella el ecue do de Joseli o...». C eo que es a c ónica es oda una decla ación de p inci- pios. En la p ime a línea apa ece ya el nomb e de G ego io Co ochano como una p oclamación de que el nue o c onis a se acoge a su magis e io y quie e ing esa , de su mano, en la nómina de sus discípulos. Ya se ha dicho que, en es os momen- os, Co ochano es á c eando la nue a c ónica au ina, la c óni- ca imp esionis a, inspi ada en el ideal a ís ico que desde los años inales del XIX has a las angua dias a a domina el pano ama de las a es plás icas y de la li e a u a. Esbozada en El Libe al po José de la Loma y Milego, Don Modes o, ue cul i ada po Co ochano, quien la esca ó de los ex a íos a los que aquél la había lle ado y la con i ió en pieza magis al. Es e modelo es uc u al de c ónica abandona el ela o exhaus i o, po o den c onológico, del desa ollo de la co ida y se limi a a na a los momen os es ela es po o den de impo ancia; con- cede p edominio a la in e p e ación y lo alo a i o sob e lo me amen e in o ma i o y aspi a a cuaja en ex os de g an cali- dad a ís ica y de conside able impac o sob e el lec o . En pala- b as de O ega y Gasse e e idas al imp esionismo pic ó ico, se a a de adop a «una isión lejana en la que nada posee un pe - il igu oso» en «nega la o ma ex e na de las ealidades y en ep oduci su o ma in e na» (Cossío, II, 1987: 558). Conside ada desde la pe spec i a pe iodís ica, es a c óni- ca es un acie o pleno. Se ab e con un i ula impecable, una cons ucción nominal muy b e e que pe sigue llama la a en- ción del lec o y, además, condensa el núcleo in o ma i o. El p ime pá a o es ablece la iliación es é ica del au o (Co o- Manuel Be nal Rod íguez 88 Sánchez Mejías, c onis a au ino 91 Lám. n.º 12.- A pun o de despega de Pino Mon ano pa a o ea en G anada (a chi o amilia ). de magia pa ie on de aquí amazonas en b iosos caballos…») como un ecu so pa a mos a an es el alma que los pe iles de las cosas. En esa misma línea hemos de conside a el ai e legenda io con que odea la cons ucción de Las U e as del que al inal sólo se ins ala en nues a memo ia la idea de que debió de se ob a de dos enamo ados. Ensueño y leyenda, que uel en a apa ece al inal, cuando el c onis a e oca el ecue - do de Joseli o, a la cá dena luz indecisa del a a dece que domina la c ónica desde la p ime a línea has a el inal, c ean el con ex o pe ec o pa a engas a una ealidad p eciosa de som- b a y sueño: el inigualable i mo cadencioso de la media e ó- nica de Belmon e. Es a es el alma de la c ónica po que ésa ha sido pa a el c onis a el alma de la ealidad. También han asis- ido mil pe sonas, se han en ado dieciocho bece as, de ellas, ocho ue on buenas. Ignacio sabe ya que los da os no pueden escamo ea se, aunque en es a c ónica se han educido al míni- mo, en bene icio de la emo i idad y de la belleza. Apa i de aho a, es e esco amien o a a o de la subje i- idad cede en a o de un eequilib io en e in o mación y alo- ación; se p es a más a ención a lo que pasa en el uedo, a los hechos, y se in o ma del compo amien o del ganado y del desa ollo de la lidia. Así sucede po ejemplo en “La p ime a de Je ez”, “Las enemis ades de Alia a ”, “En Melilla no se puede chaque ea ”, “Ése es el hijo del amo”, “La casa de odos los o e os” o “La co ida de San oña”, si bien se ap ecia en odas ellas una idelidad al c edo es é ico explayado en la p ime a. “El o o embolado de Coimb a”, e ce a c ónica de la se ie, en o den c onológico, cons i uye un caso especial en el que ad ie o ánimo de expe imen a po que en ella, Sánchez Mejías, que adop a la pe spec i a de un iaje o ex anje o que habla a sus lec o es de una ealidad que desconocen, in en a Manuel Be nal Rod íguez 90 Sánchez Mejías, c onis a au ino 91 Lám. n.º 12.- A pun o de despega de Pino Mon ano pa a o ea en G anada (a chi o amilia ). de magia pa ie on de aquí amazonas en b iosos caballos…») como un ecu so pa a mos a an es el alma que los pe iles de las cosas. En esa misma línea hemos de conside a el ai e legenda io con que odea la cons ucción de Las U e as del que al inal sólo se ins ala en nues a memo ia la idea de que debió de se ob a de dos enamo ados. Ensueño y leyenda, que uel en a apa ece al inal, cuando el c onis a e oca el ecue - do de Joseli o, a la cá dena luz indecisa del a a dece que domina la c ónica desde la p ime a línea has a el inal, c ean el con ex o pe ec o pa a engas a una ealidad p eciosa de som- b a y sueño: el inigualable i mo cadencioso de la media e ó- nica de Belmon e. Es a es el alma de la c ónica po que ésa ha sido pa a el c onis a el alma de la ealidad. También han asis- ido mil pe sonas, se han en ado dieciocho bece as, de ellas, ocho ue on buenas. Ignacio sabe ya que los da os no pueden escamo ea se, aunque en es a c ónica se han educido al míni- mo, en bene icio de la emo i idad y de la belleza. Apa i de aho a, es e esco amien o a a o de la subje i- idad cede en a o de un eequilib io en e in o mación y alo- ación; se p es a más a ención a lo que pasa en el uedo, a los hechos, y se in o ma del compo amien o del ganado y del desa ollo de la lidia. Así sucede po ejemplo en “La p ime a de Je ez”, “Las enemis ades de Alia a ”, “En Melilla no se puede chaque ea ”, “Ése es el hijo del amo”, “La casa de odos los o e os” o “La co ida de San oña”, si bien se ap ecia en odas ellas una idelidad al c edo es é ico explayado en la p ime a. “El o o embolado de Coimb a”, e ce a c ónica de la se ie, en o den c onológico, cons i uye un caso especial en el que ad ie o ánimo de expe imen a po que en ella, Sánchez Mejías, que adop a la pe spec i a de un iaje o ex anje o que habla a sus lec o es de una ealidad que desconocen, in en a Manuel Be nal Rod íguez 90 La polémica se a ag iando p og esi amen e. “P és- ame u pluma, Gale ín”, con el p e ex o de hace la c óni- ca de una co ida de Osuna de muy pob es esul ados, que queda inédi a, es una denuncia a Gale ín a quien le acusa on almen e de hace una c í ica “sob ecogedo a”, es deci , de ene una pluma me ce- na ia. Gale ín si- mul aneaba sus co- labo aciones pe- iodís icas con el eje cicio de la pu- blicidad y, en opi- nión de Ignacio, con unde las dos ac i idades y se ige en ambas po los mismos c i e- ios. Con “Venga u pluma, Gale ín” el a aque, plan ea- do en los mismos é minos, se hace más di ec o y desa- o ado y se adueña po comple o de la c ónica: «¿Qué abajo me cos a ía que ú dije as que mi a e es supe io al de Laga ijo y que yo soy más alien e que F ascuelo? Es cues ión de a i a, Gale ín» (Sánchez Mejías, 1991: 56). Sánchez Mejías, c onis a au ino 93 Fig. n.º 7.– Ignacio Sánchez Mejías con Gale ín, en la pue a de la inca de Pino Mon ano (a chi o amilia ). ensambla en su decla ado es ilo imp esionis a la conocida ó - mula de polí ica y o os que hizo o una con los esc i os au- inos de San os López Peleg ín y Se a ín Es ébanez Calde ón. Un a amien o di e enciado exige el g upo de c ónicas que si en de cauce a la ag ia polémica que Sánchez Mejías man iene con Don C i e io y Gale ín. Son las siguien es, enume adas po el o den c onológico de su apa ición: “El c i- e io de Don C i e io”, “Los dos compad es”, “P és ame u pluma, Gale ín”, “Venga u pluma, Gale ín”. Cada uno de es os abajos pe iodís icos o ece ma ices peculia es. “El c i e io de Don C i e io” es una excelen e y ex aña con ac ónica de la co ida de Miu a de Je ez, en la que Sán- chez Mejías ob u o un clamo oso iun o, ecompensado con la concesión de los máximos o eos. El dies o a eba iendo pun o po pun o las ap eciaciones del e is e o (Ignacio llama in encionadamen e e is a al abajo de Don C i e io) y eso le da ocasión pa a expone su doc ina sob e la au omaquia y sob e el pe iodismo au ino. Así, po ejemplo, a la ap eciación de Don C i e io de que el dies o «sigue la aena muy alien- e y con iado, supliendo el alo al a e» eplica que «el a e no es más que el conjun o de eglas. Cuando escasea el alo es cuando se suele supli con el a e», palab as que ilus an cómo en endía Sánchez Mejías la au omaquia. Rec i ica las ap eciaciones de Don C i e io sob e el juego del ganado y lo exho a a desempeña con sabidu ía y hones idad su labo pe iodís ica. Renuncia a na a el es o de la co ida con el p e ex o de que su desa ollo e a ya conocido del público po las c ónicas de los dia ios de la mañana y sólo dedica un b e e pá a o a exculpa elegan emen e a Ma cial Lalanda y Alga- beño de que no alcanza an ambién éxi o po que no u ie on sue e con los o os que les co espondie on. Manuel Be nal Rod íguez 92 La polémica se a ag iando p og esi amen e. “P és- ame u pluma, Gale ín”, con el p e ex o de hace la c óni- ca de una co ida de Osuna de muy pob es esul ados, que queda inédi a, es una denuncia a Gale ín a quien le acusa on almen e de hace una c í ica “sob ecogedo a”, es deci , de ene una pluma me ce- na ia. Gale ín si- mul aneaba sus co- labo aciones pe- iodís icas con el eje cicio de la pu- blicidad y, en opi- nión de Ignacio, con unde las dos ac i idades y se ige en ambas po los mismos c i e- ios. Con “Venga u pluma, Gale ín” el a aque, plan ea- do en los mismos é minos, se hace más di ec o y desa- o ado y se adueña po comple o de la c ónica: «¿Qué abajo me cos a ía que ú dije as que mi a e es supe io al de Laga ijo y que yo soy más alien e que F ascuelo? Es cues ión de a i a, Gale ín» (Sánchez Mejías, 1991: 56). Sánchez Mejías, c onis a au ino 93 Fig. n.º 7.– Ignacio Sánchez Mejías con Gale ín, en la pue a de la inca de Pino Mon ano (a chi o amilia ). ensambla en su decla ado es ilo imp esionis a la conocida ó - mula de polí ica y o os que hizo o una con los esc i os au- inos de San os López Peleg ín y Se a ín Es ébanez Calde ón. Un a amien o di e enciado exige el g upo de c ónicas que si en de cauce a la ag ia polémica que Sánchez Mejías man iene con Don C i e io y Gale ín. Son las siguien es, enume adas po el o den c onológico de su apa ición: “El c i- e io de Don C i e io”, “Los dos compad es”, “P és ame u pluma, Gale ín”, “Venga u pluma, Gale ín”. Cada uno de es os abajos pe iodís icos o ece ma ices peculia es. “El c i e io de Don C i e io” es una excelen e y ex aña con ac ónica de la co ida de Miu a de Je ez, en la que Sán- chez Mejías ob u o un clamo oso iun o, ecompensado con la concesión de los máximos o eos. El dies o a eba iendo pun o po pun o las ap eciaciones del e is e o (Ignacio llama in encionadamen e e is a al abajo de Don C i e io) y eso le da ocasión pa a expone su doc ina sob e la au omaquia y sob e el pe iodismo au ino. Así, po ejemplo, a la ap eciación de Don C i e io de que el dies o «sigue la aena muy alien- e y con iado, supliendo el alo al a e» eplica que «el a e no es más que el conjun o de eglas. Cuando escasea el alo es cuando se suele supli con el a e», palab as que ilus an cómo en endía Sánchez Mejías la au omaquia. Rec i ica las ap eciaciones de Don C i e io sob e el juego del ganado y lo exho a a desempeña con sabidu ía y hones idad su labo pe iodís ica. Renuncia a na a el es o de la co ida con el p e ex o de que su desa ollo e a ya conocido del público po las c ónicas de los dia ios de la mañana y sólo dedica un b e e pá a o a exculpa elegan emen e a Ma cial Lalanda y Alga- beño de que no alcanza an ambién éxi o po que no u ie on sue e con los o os que les co espondie on. Manuel Be nal Rod íguez 92