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Estado del bienestar y redistribución de la renta nacional en España desde la transición

Guerrero Jiménez, Diego; Díaz Calleja, Emilio

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Documento de Trabajo 9619 ESTADO DEL BIENESTAR Y REDISTRIBUCION DE LA RENTA NACIONAL EN ESPAÑA DESDE LA TRANSICION D. DIEGO GUERRERO JlMENEZ D. EMILIO DIAZ CALLEJA Septiembre 1.996 ~?2? (9i FACULTAD DE CIENCIAS ECONOMlCAS y EMPRESARIALES UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID VICEDECANATO Campus de Somosaguas. 28223 MADRID. ESPAÑA. 9 ESTADO DEL BIENESTAR Y REDISTRIBUCIÓN DE LA RENTA NACIONAL EN ESPAÑA DESDE LA TRANSICIÓN Diego Guerrero' Emilio Diaz Calleja (julio de 1996) l • 1 Introducción. Cualquier análisis empírico de la redistribución estatal de la renta exige una solución previa a numerosos problemas de orden teórico y metodológico que condicionan por completo el enfoque dado al lado cuantitativo de la investigación. Una primera cuestión importante es la de cómo ha de medirse esa renta nacional cuya distribución y redistribución nos interesa. Aunque pueda parecer que se trata de un problema resuelto, esto es así sólo en el marco de la contabilidad nacional convencional, que parte de categorías aparentemente claras, pero que sólo lo son por convención, no porque hayan servido para resolver los agudos problemas conceptuales pendientes. A modo de ejemplo, piénsese en el problema que plantea que la "producción" de los funcionarios se considere parte integrante del PIB y no 10 sea la "producción" doméstica: si se excluye ésta última, por útil que pueda ser, basándose en consideraciones de que no se trata de producción mercantil, habría que hacer lo mismo con la primera, pues tampoco en ese caso aparece por ninguna parte la producción de valor. De hecho, esto es lo que se hará en este trabajo, siguiendo los postulados que se explican más ampliamente en otro lugar (véanse Guerrero 1989 y Díaz Calleja 1993). Una segunda cuestión es el enfoque que se la da a la redistribución de la renta por parte del Estado. Corno veremos, este ¡ proilJ-ema no es independiente del tratamiento más general que se haga del problema previo de la distribución de la renta, ya que si se piensa que ésta se lleva a cabo retribuyendo el mercado a cada factor con el equivalente de su aportación a la producción no hay lugar para la cuestión que nos va a ocupar más tarde, a saber, la de cómo corrige el Estado esta distribución espontánea del mercado, pues no tiene sentido corregir una distribución que ya de por sí es óptima y justa. En consecuencia, antes de entrar en la cuestión de la redistribución y del papel que desempeña en ella el Estado (epígrafe 2), habrá que abordar el problema teórico de la distribución de la renta (epígrafe 1), y sólo tras ambas reflexiones estaremos bien equipados para pasar a la vertiente empírica de la investigación (que desarrollaremos en el epígrafe tercero). • 2 1. La distribución de la renta. Como vamos a apostar . claramente por una de las teorías de la distribución de la renta, descartando otras más generalmente aceptadas, hay que comenzar aclarando las razones que nos llevan a esta elección. Las teorías más extendidas de la distribución de la renta han demostrado sus limitaciones. Tanto la teoría neoclásica (clarkiana) como la neorricardiana (sraffiana) están imbuidas del principio de la estática comparativa!, que anula el análisis dinámico y disminuye la capacidad explicativa de estas teorías en un marco corno el capitalista, que es cualquier cosa menos estático. Guerrero 1996 ha insinuado que quizás sea preciso un nuevo enfoque global de la historia del pensamiento económico, que resitúe las aportaciones de los distintos paradigmas y escuelas en función de los nuevos desarrollos logrados por los autores que parten de la teoría laboral del valor como principio interpretativo básico. En particular, habría que comenzar a pensar en dos grandes ramas de la econonúa neoclásica (que quizás habría que llamar mejor "economia estática"): en lugar de identificar neoclasicismo y marginalismo, habría que aclarar que los supuestos implícitos de la teoría de Sraffa coinciden, de una manera mucho más profunda de lo que hasta ahora se venía intuyendo, con los de Walras, de forma que sería más correcto distinguir, dentro de la corriente estático-neoclásica -o quizás, mejor, estático-matemática modernados \"grandes ramas. En primer lugar, el marginalismo, caracterizado siempre por su subjetivismo aunque ya no por el utilitarismo al que se asociaba originalmente, y en segundo lugar el matricialismo, caracterizado por un objetivismo no utilitarista pero sí fisicalista. Ambos se oponen al análisis dinámico, característico de los clásicos y de Marx, y más acorde con la naturaleza del sistema que se pretende investigar. Por ello, nuestra primera tesis consiste en afirmar que esta oposición, más que suponer un avance analítico, retrotrae necesariamente el análisis económico a estadios premarxianos (e incluso preclásicos en algunos casos), por lo que se impone una reacción contra esta tendencia, basada en la necesidad de recuperar el análisis dinámico para poder, así, avanzar a partir de lo ya adquirido. Pero veamos más de cerca las dos versiones de la teoría estática de la 'distribución, antes de resumir la teoría alternativa. 1 En Guerrero 1995 puede encontrarse un intento de desarrollar aspectos importantes del análisis microecon6mico a partir de un enfoque alternativo, basado en el principio dinámico que inspiraba a los clásicos y a Marx. 3 A. La teoría neoclásica de la distribución de la renta es un edificio teórico asentado sobre el ilusorio principio de que los factores productivos (trabajo, tierra, capital, etc.) son remunerados de acuerdo con su contribución específica a la producción. Más particularmente, esta teoría postula que la remuperación de cada factor, en condiciones de competencia perfecta -que es el marco obligado de referencia para los neoclásicos convencionales-, viene dada por el valor de su producto marginal a corto plazo (es decir, el resultado de multiplicar el producto fisico obtenido por la última unidad de factor, que se supone decreciente, por el precio, que se supone constante, de ese producto). La posibilidad de calcular productos marginales (y, en consecuencia, costes marginales) estriba en el debatido supuesto de ausencia de indivisibilidades y de discontinuidades en el uso de todos los factores, pero este problema no tiene que ver, como creen algunos, con la forma (lisa y convexa, o bien diferente) de las isocuantas de producción, sino con la unidad de medida de la cantidad de factores, por lo que no es un problema prácticamente relevante. Más importante es, sin embargo, la cuestión de los "plazos" en el contexto del "tiempo ficticio" que suel;.en usar los neoclásicos. La productividad marginal decreciente deriva de la conocida "ley de los rendimientos decrecientes", que sólo rige en el contexto de la estática comparativa, donde la técnica está dada de forma inalterable. Si, con una técnica dada, se supone dada la escala de la planta y del equipo de la emI'!resa (su capital fijo), la productividad del factor variable (trabajo \, dir~cto, materias primas, energía ..• ) terminará disminuyendo a medida que se añaden cantidades adicionales del mismo. Así expresado, se trata de un resultado absolutamente indiscutible, pero completamente trivial e irrelevante en la práctica si lo que nos interesa es comprender el funcionamiento de las empresas capitalistas. En la realidad de este sistema, la técnica varía continuamente en el tiempo rea1 2, y esto permite la existencia de rendimientos crecientes en el tiempo (en la evolución histórica). Por otra parte, el trabajo nunca opera en solitario (sin materias primas, sin energía, etc.), so pena de engendrar un producto marginal igual a cero, por lo que, en buena lógica neoclásica, habría que concluir que el producto marginal del factor(es) variable (s) es, en 'realidad, trabajo el precio de una mercancía más las materias primas más complej a y extraña, la energía, etc. formada por el Por último, si, aplicando la peculiar simetría analítica de la teoría neoclásica, se 2 Y para afirmar esto no es preciso pertenecer a la ubicua secta de la "revoluci6n cientlfico-técnica" permanente. • 4 supusiera variable el capital -la planta y el equipo-, y fijo el trabajo (más las materias primas y la energía), el precio que se obtendria en este caso a partir de la correspondiente productividad marginal del factor variable seria el precio de la planta y el equipo, pero todavía faltaría por demostrar qué tipo de relación existe entre éste y la tasa general de ganancia o el tipo de interés de la economía. Ahora bien: no hace falta suponer la productividad decreciente de los "factores" individuales en el corto plazo estático para determinar su precio. Basta aplicar la ley general de la demanda, que por cierto tampoco requiere referencia alguna al concepto de utilidad, como pretenden los neoclásicos castizos. El argumento es tan sencillo como esto: en nuestro sistema, cualquiera que necesite algo, sea un bien o un factor, deberá pagar su precio mercantil; por consiguiente, dada la renta disponible de los demandantes para tal fin, bastará con que baje el precio de ese algo en cuestión para que al menos un demandante, y por tanto el conjunto de ellos, supuesto cierto nivel de descenso en el precio, y ante la mayor capacidad adquisitiva real generada por el desc~nso de ese precio, aumente la cantidad demandada al nuevo precio. En Guerrero 1995 se muestra, siguiendo a Rubin 1929, cómo, si el coste de producción del bien o del factor está dado socialmente, el precio tenderá a establecerse alrededor de ese coste o precio de producción (incluyendo una tasa de ganancia que tiende a la tasa media de la economía), y cómo la demanda no hace, en el largo plazo real, sid9 determinar la cantidad adquirible a dicho precio. B. Los criticos neorricardianos y sraffianos del marginalismo rechazan, como nosotros, la teoria clarkiana de la distribución de la renta, pero en cambio defienden otra teoria que es asimismo incapaz de superar el marco de la estática comparativa neoclásica. Ellos insisten en que es imposible calcular cualquier cantidad física de capital de la que pudiera derivarse, antes de conocer los precios (de producción), un "producto marginal fisico del capital" que sirva para determinar el precio de este factor (como en el modelo marginalista). Por tanto, recurren a un sistema de ecuaciones simultáneas y al álgebra matricial para determinar de forma no secuencial, sino simultánea, los precios de producción y la variable distributiva (de las dos a que se reduce este modelo: tasa de ganancia y salario real) cuyo valor no se fija exógenamente. Ante esto hay que señalar dos cosas. En primer lugar, que es verdad que la distribución y los precios se determinan simultáneamente, pero no a la manera corno acostumbran a hacerlo estos autores sino en la forma en que señalara Marx y • 5 que han desarrollado modernamente otros autores (véanse Giussani 1993/94, Freeman 1995 o Carchedi y de Haan 1995). Pero, en segundo lugar: la cuestión fundamental estriba en la teoria subyacente del valor. Para Marx, los precios están determinados por el trabajo abstracto necesario para reproducir las mercancias, es decir, por los valores, y éstos vienen determinados a su vez por la productividad, que es otra manera de referirse al estado de la técnica (el desarrollo social de la fuerza productiva) en un determinado momento histórico. Como ésta es cambiante y tiende a mejorar con el tiempo, la productividad aumenta y los precios o valores descienden (en términos de dinero constante). Por lo tanto, es de fundamental importancia teórica incluir esta tendencia descendente en los modelos explicativos de la realidad empresarial capitalista, y es esto precisamente lo que se pierde cuando se deja de usar este enfoque dinámico en favor de la estática comparativa (tanto en la versión marginalista neoclásica como en la versión matricialista sraffiana). C. Si se toma en cuenta esta tendencia, lo que más importa es observar cómo evolucionan los precios act,uales en relación con los precios pasados (del periodo inmediatamente anterior). Por tanto, el principio metodológico clave consiste en considerar dados los precios antiguos (que están ya materializados en los elementos adquiridos por los capitalistas y que integran el valor de sus activos o balances empresariales al comienzo del periodo productivo), y en comprender cómo, en el mismo proceso en que se determinan la producción y los precios presentes, se determina la distribución "simultánea" de la renta. Pero esta distribución es el resultado de un proceso doble, que, en cuanto proceso social, está condicionado por la lucha de clases entre el capital y el trabajo, pero que, desde un punto de vista económico, se reduce a la manifestación de una doble tendencia. Por una parte, el proceso de competencia intrasectorial tiende a fijar precios (presentes) únicos en el sector (para un mismo bien de determinada calidad) a partir de precios (pasados) dados de los inputs; y, por otra parte, el proceso de competencia intersectorial tiende a fijar precios (presentes) que permitan una remuneración del capital proporcional al stock global invertido (ya valorado a precios pasados). Desde este punto de vista, no existe el famoso "problema de la transformación" que muchos han esgrimido como razón fundamental para rechazar la teoria laboral del valor, Según ésta, el origen del beneficio - que no es sino la expresión monetaria del plusvalorradica en la diferencia entre el valor nuevo que el trabajo humano crea en la producción 6 mercantil y el valor de los medios de subsistencia y reproducción de ese trabajo humano. Luego el beneficio no es la retribución de los servicios de ningún factor, sino una parte del valor creado por el trabajo que los capitalistas están en condicio~es de apropiarse porque son los propietarios de los medios de producción y también los propietarios del trabajo desarrollado por la fuerza de trabajo que ellos han comprado de acuerdo con el principio general de intercambio de equivalentes. Gasto nacional: consUMO da bienes y servicios Producción nacional de bienes y servicios , V FaMilias ["preSAS " " " Servicios de los factores productivos Renta nacional: rentas por los factores Figura 1: El doble flujo, moentario y real, de la renta nacional, en el enfoque neoclásico. 7 Por tanto, no es válido observar el proceso de creación y circulación de la renta nacional como se hace habitualmente en los manuales de economia', a la manera en que se recoge en la figura 1. Más bien habria que interpretar dicho proceso como se representa en la figura 2. En ésta se observa cómo hay una división esencial tanto en el interior de las empresas como en el conjunto de las familias. En las empresas, la renta que el trabajo crea sólo se destina parcialmente a los trabajadores: puesto que el capital que los capitalistas dedican a pagar la masa salarial es el capital "variable", es decir, el único que crece en magnitud por medio del proceso de producción, llamaremos a la renta de los asalariados V, (posteriormente aparecerán los conceptos "corregidos" de V2 y V3f que no son sino cuantias modificadas del capital variable), mientras que el trabajo no pagado da origen a la renta de los capitalistas', que nace como PV, (el plusvalor del que surgen posteriormente PV2 y PV,). Las familias asalariadas reciben V, y lo gastan integramente en bienes de consumo, mientras que las familias capitalistas reciben PV, y lo destinan a consumir una parte de los bienes de consumo y a comprar la totalidad de los bienes de inversión. Evidentemente, en el esquema se prescinde del ahorro y del sistema financiero con el mismo titulo con el que se prescinde también de la presencia del Estado (con ánimo puramente simplificador de la exposición), pero de lo que se trata a partir de ahora es de analizar cómo incide el Estado en la distribución primaria de la renta (entre V, y PV,) obtenida en el interior de las empresas: veremos en el epigrafe 3 cómo la distribución inicial se transforma primero en una distribución entre V2 y PV 2, y, finalmente, en un reparto entre V, y PV, -pues de 10 que se trata es de comparar estos nuevos repartos con el original, para descubrir asi, empiricamente, el efecto de la presencia intervencionista del Estado-; pero previamente analizaremos el papel del Estado desde un punto de vista teórico (epigrafe 2). Véase una aguda critica de esta interpretación en el libro de Weeks 1989. Téngase en cuenta la definición más precisa que se hace en el epigrafe 3, donde se distingue entre tasa de plusvalía y tasa de explotación. 14 articulación del Estado democrático liberal y la producción capitalista" en la que resulta esencial la dinámica de la lucha de clases, ya que el poder de los trabajadores en la lucha politica por una distribución más favorable se presenta como el impedi~ento central de la desaceleración de la acumulación de capital, y está por tanto en la base de la crisis económica actual (Bowles y Gintis 1982, pp. 51-52). La tesis central de estos autores se basa en la idea de que el Estado democrático liberal, y los vinculos que ligan la propia democracia liberal con la acumulación de capital, sólo pueden reproducirse gracias a 10 que describen como un acuerdo histórico, y en consecuencia coyuntural, de clase entre capital y trabajo. En este sentido, el acuerdo que reconstituye las relaciones entre capital y trabajo en el periodo de dinámica de la materializan en la postguerra, que incide de manera decisiva en la propia acumulación, tiene consecuencias distributivas que se "una substancial redistribución desde el capital al trabajo" por medio del impacto redistributivo de la intervención estatal, y más concretamente del denominado citizen wage o salario social (ibid., pp. 69-70) • Pero como afirman Shaikh y Tonak (1987), "la metodologia convencional hace dificil abordar muchas cuestiones importantes relativas al impacto social de los impuestos y los gastos públicos. En primer lugar, porque los estudios convencionales clasifican generalmente a la población en función de la magnitud de la renta que recibe, uniendo en un mismo grupo a quienes reciben rentas del trabajo y quienes las reciben de la propiedad. Esto significa que se diluye la distinción entre trabajadores y no trabajadores. En segundo lugar, al analizar el impacto del gasto público sobre estos grupos, se tratan todos los gastos públicos como puros gastos sociales. En este contexto, la noción misma del gasto social pierde todo sentido, ya que una gran expansión del gasto militar (como en los años de la guerra del Vietnam) se considera esencialmente equivalente a una expansión del gasto en bienestar social. En esta medida, la metodologia subyacente vela realmente los costes y ventajas sociales de la intervención estatal" (p. 183). Por esta razón, en los últimos tiempos se ha abierto camino una nueva interpretación del fenómeno redistributivo del Estado que pone en entredicho el modo anterior de ver las cosas, y ello no siempre desde ·posiciones marxistas o inspiradas en la teoría laboral del valora, sino a En Guerrero 1989, 1990a, 1990c, 1992, Diaz Calleja 1993, 1994 Y 1995a, y Guerrero y Horal 1990 se hace un repaso de esta literatura, a la que hay que unir otra no comentada all1, como freeman 1992, Bartelheimer y NoIf 1992, o Shaikh y Tonak 1994; y se hacen también diversas contrastaciones emp1ricas de la consistenc~a de estas ideas, aplicadas a los casos de Espai'\a y de los paises más impprtantes de la OCDE, que nos van a servir de base para este trabajO. En realidad, esta llnea de trabajos ~mplrlcos sobre la incidencia funcional o social del Estado en la distribución de la r':!nta, que parte toda ella de las categorías y del 15 también desde perspectivas menos heterodoxas. La conclusión básica de estos estudios es que el impacto neto de la intervención estatal sobre la distribución de la renta, en términos "funcionales" o flinterclasistas", no es significativo, por lo que puede afirmarse que el Estado redistribuye más bien en sentido "horizontal" (en el interior de las clases sociales) que en sentido ltvertical" (entre las diversas clases sociales). Para un analista clásico de la politica social como Richard Titmuss, esta idea es perfectamente factible desde los origenes del Estado del bienestar, lo que le llevó a poner en entredicho el papel redistributivo de la politica social británica en sus tres primeros lustros de existencia (Titmuss 1964). En el mismo general que la redistribución mayoria de sentido, Mishra ha señalado que "la conclusión los estudios pone de manifiesto es que la de la renta ínter-clases, 1. e. desde los grupos socioeconómicos más altos hacia los más bajos, es más bien modesta, y que la naturaleza de las transferencias de renta implicadas es principalmente de tipo intra-clases o de tipo generacional" (Mishra 1989, pp. 120-121). También en España, Rodriguez Cabrero y J.. Roca se han expresado de forma similar, al afirmar el primero que "la financiación de los servicios sociales se hace a a partir de un sistema impositivo en el que contribuyen todos los niveles de renta, siendo los escalones medio-bajos el eje central de financiación, de forma que la redistribución de renta y bienestar es más una redistribución entre ciclos sociales (de ocupados a parados, de activos a inactivos, etc.) que entre clases sociales (de las clases altas a las bajas)" trabajo (Rodriguez Cabrero 1986, p. sobre España (1970-1988) que 48); en cuanto a Roca, escribe en un "el sector público ha actuado más como redistribuidor en el seno mismo de la clase trabajadora que como redistribuidor desde otros grupos sociales a los y no ha alterado las grandes tendencias de asalariados en la renta total (Roca 1991). trabajadores asalariados, la participación de los instrumental analitico puesto en práctica a partir de la teerla laboral del valor, se enmarca en una corriente más amplia, actualmente de enorme desarrollo, que concede una importancia decisiva a la necesidad de contrastaci6n empirica de cualquier tesis sobre la teorla y la . realidad económicas que se enuncie desde los postulados del paradigma laboral del valor. Tanto 51 se parte de la necesidad de cuantificar variables en términos de valores-trabajo como en términos de la expresión monetaria de dichos valores, los que adoptan este enfoque cuentan ya con una tradición importante que se extiende a campos cada vez más diversos tvéanse los repasos a esta literatura que se incluyen en Delaunay 1984, Shaikh y Tonal< 1994, Guerrero 1996, Duménil y Lévy 1993, Moseley 1993, Carchedi 1991, Kalmans 1982, Khanjian 1989, Papadimitriou 1988, etc.) desde que se hicieran los importantes trabajos pioneros de Gillman 1957, Mage 1963, etc. (véase, en general, el contenido de revistas como Capital and Clasa, Review of Radical Poli tical Economica, New Left Review, Science and Society, Plusvalore, International Journal of Polítical Economy, etc.l. Desde posiciones marxistas diversas, conclusiones. Asi, Mandel asegura que "redistribución 'horizontal' mediante una 16 también se ha llegado a estas lo que se produce es una centralización de partes del plus valor y de los salario~ ('salarios indirectos'), cuyo efecto es ciertos gastos, que aun siendo importantes para la asegurar que preservación de la sociedad burguesa no son cubiertos por desembolsos privados de los dos principales grupos de ingresos, se realicen efectivamente" (Mandel 1972, pp. 313 Y ss.). y Claus Offe escribe: "A despecho de las innegables ventajas en condiciones de vida de los asalariados, la estructura institucional del Estado del Bienestar ha hecho poco o nada por alterar la distribución de ingresos entre las dos clases principales que son el trabajo y el capital. La enorme maquinaria de redistribución no funciona en la dirección vertical sino en la horizontal, esto es, dentro de la clase de los asalariados" (Offe 1980, p. 143). El trabajo de Shaikh y Tonak' representa un paso adelante esencial en los trabajos empiricos sobre esta materia lO • No se trata s6lo de la critica de trabajos anteriores situados en el camp'o critico, donde muestran que "al examinar de cerca tales estudios se revela que, o bien se han ignorado los impuestos pagados por los perceptores de los gastos de bienestar social", corno en el caso de Therborn 1984, "o bien se han subestimado muy seriamente", corno en el caso de Bowles y Gintis" (Tonak y Shaikh 1987, p. 183). Se trata esencialmente de la mejora metodológica decisiva que contienen sus trabajos. Asi, Tonak ha desarrollado un método empiricamente operativo para responder a la siguiente cuestión: "¿cuál es el impacto neto de las actividades distributivas del Estado sobre los salarios de la clase trabajadora en su conjunto y sobre varios segmentos en su interior?" (Tonak 1986, p. 47). La derivación obtener una medida apropiada conceptual del impuesto neto del salario It real ll , esto es, -que el permite salario nominal ajustado por las cargas tributarias soportadas y por los beneficios 9 Véanse Shaikh 1975, 1978, 1980, Tonak 1984, 1986 Y Shaikh y Tonak 1987 y 1994. 10 Y no s6lo en esta materIa: véase la exhaustiva y minuciosa aportación sobre todo el campo de la contabilidad nacional, las tablas input-output y las medidas de las variables esenciales del anAlisla basado en la teoria laboral del valor que puede encontrarse en su ·reciente libro (Shalkh y Tonak 1994). 11 A este respecto, senalan las deficiencias emplrlcas del trabajo de Bowles y Glntis: mientras que la familia media representativa de la clase trabajadora se construye sobre la hipótesis de cuatro miembros y un solo perceptor, "la familia media norteamericana correspondiente al ai'\o 1977 se componia de aproximadamente 3 miembros y 1.2 perceptores de ingresos", de manera que se sobreestiman los gastos sociales asignados a los trabajadores y se subestiman las cargas fiscales soportadas por ellos. Una vez corregidos estos errores, "sus conclusiones se convierten exactamente en las contrarias" (ibid., p. 185). 17 recibidos (en dinero y en especie) por los trabajadoresse efectúa de acuerdo con un procedimiento que consta de seis fases (ibid., pp. 49-51): (1) El agregado contable de que se parte es el producto nacional neto, dado naturalmente a precios de mercado. En este primer paso, dicho agregado se divide en dos partes: la renta laboral bruta (RLB) y la renta no laboral bruta (RNLB). La RLB está compuesta por los sueldos y salarios brutos (incluyendo las contribuciones de los trabajadores y de los empresarios a los seguros sociales) y por una partida residual, denominada otras rentas laborales. La RNLB se halla compuesta por las rentas de los propietarios, los beneficios de las empresas, la renta de terrenos, los intereses netos, los impuestos indirectos recaudados por las empresas y, finalmente, las transferencias realizadas a las empresas. (2) El segundo paso entraña la asignación de las cargas tributarias entre los segmentos laboral y no laboral. Entre las segundas se incluye el déficit estatal (carga tributaria negativa). (3) A partir de los cálculos de la 2" fase las rentas brutas obtenidas en la primera fase se ajustan para estimar: i) la renta laboral después de impuestos (RLDI) que resulta. de restar a la RLB las cargas tributarias asignadas a los trabajadores; ii) la renta no laboral después de impuestos (RNLDI), que resulta igualmente de restar a las RNLB los impuestos pagados por el segmento no laboral. (4) En este fase se asignan los gastos estatales, en dinero y en especie, a los segmentos laboral y no laboral. (5) En esta fase se calcula el impuesto neto soportado por ambos segmentos, basándose lógicamente en los cálculos correspondientes a las fases 3 y 4. (6) En función de la magnitud y el signo de los impuestos netos laboral y no laboral, las rentas después de impuestos obtenidas en la fase 3 se ajustan para estimar las rentas después de beneficios e ingresos recibidos; en el caso de los trabajadores, se trata del cálculo del salario real observado. Los cálculos de los "impuestos netos 11 obtenidos 12 para los Estados Unidos (1952-1980) muestran una clara transferencia neta desde el segmento 12 La asignación de las cargas tributarlas pagadas al Estado y de los beneficios e ingresos recibidos del mismo a los dos segmentos se realiza utilizando como indicador básico la participación de cada tipo de renta en la renta personal "ajustada", o ratio de pacticipaci6n laboral y no laboral respectivamente. Asi se procede en primer lugar con la asignación de los ingresos tributarlos estatales, con la excepción de algunas rdbricas que se asignan directamente a los segmentos laboral y no laboral; de esta forma, el impuesto sobre la renta personal, el impuesto sobre el patrimonio d las familias, las licencias de vehlculos de motor, las cargas personales no.impositivas y otros impuestos se asignan a los trabajadores en funci6n de la ratio de participaci6n laboral. Igualmente, esta ratio se utiliza -con la excepci6n de los asignados directamente- .en la· asignaci6n de los gastos estatales, en dinero y 18 laboral hacia el segmento no laboral (y hacia la mera "absorción" estatal de las detracciones laborales netas) en el subperiodo 1952-1970, y una transferencia inferior y de signo contrario desde 1970, por lo que la conclusión es que parece "difj,cil argumentar que el Estado del Bienestar ha provisto de beneficios netos a los trabajadores de los Estados Unidos" (Tonak 1986, p. 64). Asimismo, la evolución en el periodo más reciente (hasta 1989) les lleva a comentar que los perceptores de rentas salariales "pagaron más en impuestos de lo que recibieron en concepto de gasto social del Estado" (Shaikh y Tonak 1994, p. 141). Por último, en nuestros propios trabajos hemos sustituido el análisis de la incidencia "funcional" por el de la incidencia "económica" de la intervención global del Estado, cuya novedad más importante estriba en el hecho de que se prima la incidencia de los flujos de renta monetaria por encima de la incidencia de los flujos de valores de uso ligados a las prestaciones de los servicios públicos. Así, por ejemplo, la retribución de los funcionarios se asigna íntegramente al sector de los asalariados -en lugar de asignarse en términos de las div~rsas funciones que desempeña. cada tipo específico de funcionariossencillamente porque su retribución adopta la forma de salarios y porque este colectivo de trabajadores, a pesar de sus especificidades, debe considerarse parte integrante del conjunto de los asalariados 13. En el próximo apartado, detallamos el método de asignación seguido para cada ingreso y para cada gasto público. 3. La redistribuoión de la renta en España desde la transioión. El modelo operativo y loa resultadioa empírioos. El modelo que desarrollamos a continuación parte sencillamente de introducir en el esquema del flujo circular de la renta (figura 1) dos propiedades que están siempre ausentes en el enfoque neoclásico. Se trata, en primer lugar, de dar entrada a la distinción entre trabajadores y capitalistas, distinción que, por simplificada que sea, no lo es más que el supuesto convencional de suponer que todas las familias de la sociedad son iguales e indistintas (por estar identificadas todas como simple poseedoras en especie, a los trabajadores (y propietarios); educación, sanidad y hospitales, actividades recreativas y culturales, energla, recursos naturales, servicio postal y transportes. 13 Es evidente que hay excepciones a esta calificación, pero no debe olvidarse que también las hay en el sector privado, donde algunos supuestos asalariados no Bon sino capitalistas que consiguen asi rentas adicionales, ya sean monetarias, ya en especie, a través del Estado. 19 de ciertas combinaciones de factores productivos). Esta primera propiedad, ya comentada, nos permitió elaborar el esquema "clasista" que recogíamos en la figura 2. Como se observa en ella, se está suponiendo que los trabajadores son todos asalariados -es decir, operamos en términos teóricos con una sociedad capitalista pura, en la que no hay lugar para trabajadores autónomos ni cooperativistas ni figura alguna distinta de la de los asalariados y sus patronosy que no tienen, en su conjunto, capacidad de ahorro, por lo que consumen toda su renta. Por consiguiente, el capital variable pagado por las empresas financia la totalidad de los salarios de los trabajadores, y éstos y sus familias consumen íntegramente esta renta en forma de una parte de los bienes y servicios de consumo producidos por el sector productivo. En segundo lugar, se puede introducir la presencia del Estado y atender a la totalidad de los diferentes flujos, tanto de entrada como de salida, que se producen entre el sector público y los sectores privados. Esto nos permite utilizar el esquema de la figura 3, donde se da entrada al Estado y a los consiguientes flujos redistributivos que comentamos seguidamente. Al generarse las rentas de trabajo y de capital en el sector de empresas" surge la obligación de pagar "impuestos" por parte de ambos tipos de rentas: las de trabajo están gravadas por una cuantía total lA, (cotizaciones sociales, el lRPF que grava las rentas de trabajo y la mitad de los otros impuestos directos) y las de capital, por la magnitud IK, (impuesto de sociedades, intereses, dividendos y otras rentas percibidas por el Estado 15, resto del IRPF y la otra mitad de los demás impuestos directos) . 14 Esto quiere decir que se dejan fueran las rentas del sector de administraciones públicas, que surgen de una redistribuci6n de la auténtica renta (véase Guerrero 1989). 15 En realidad se trata del conjunto de las Administraciones Públicas, pero nos referiremos a él con el término; más cómodo, de "Estado". --", ~ ./ ...... "- 7 ---1 \!KZ / ,/ "'- lA Z \ \ G¡ ~AZ..- _ """ ~ -\, / ~emanda 'v X\ pública I K: A: V::!: PVZ Vz Estado BB. de BB cons. in' / "- / 1"- PVI) VI GA I / / ~'f\. IA I / / \IK"- ~/G~l ,l~_ "- J ______ 7' ""- ~ Figura 3: Los flujos resultantes de la distribución y la redistribución de la renta en unmodelo con dos clases sociales y presencia del Estado. 20 Por su parte, el Estado realiza los primeros flujos monetarios a ambos grupos de familias, que se van a integrar en sus respectivas rentas disponibles: paga GA, a los trabajadores (los salarios de los funcionarios, las prestaciones de desempleo y un porcentaje del resto de las pensiones) y GK, a los capitalistas (el resto de las pensiones y la totalidad de los intereses de la deuda pública). Después de ambas operaciones, los salarios iniciales (V,) se han transformado en V, (= V, - lA, + GA,) Y los beneficios (PV" la expresión monetaria de la plusvalia) se han transformado en PV, (= PV, - lK, + GK,). Al gastar estas rentas disponibles (V, y PV,), las familias deben pagar nuevos impuestos, los llamados impuestos indirectos. Las familias de trabajadores pagarán un porcentaje (igual a lo que representa su renta disponible en el consumo privado total) de los "impuestos ligados a la producción y la importación" y de las transferencias corrientes y de capital percibidas por el Estado (lo cual suma lA,). Y las familias de los capitalistas pagarán el resto de esos impuestos y transferencias, más la totalidad de los impuestos de capital, de patrimonio y sobre terrenos y solares (por un total de lK,). A su vez, ambos grupos de familias recibirán nuevas rentas del Estadó: los trabajadores recibirán GA, (un porcentaje 21 idéntico al anterior de las subvenciones, las transferencias corrientes y de capital pagadas por el Estado y de las prestaciones farmacéuticas), y los capitalistas, GK, (el resto de esas mismas cuatro partidas). En cuanto a las compras de bienes de consumo y de inversión por parte del Estado, y a diferencia de lo supuesto en trabajos anteriores (véanse Guerrero 1992 y Guerrero y Moral 1990), creernos que habria que imputarlas en la misma proporción que las últimas partidas citadas, y no integramente a los capitalistas, corno se hacia alli. Corno resultado de este segundo tipo de intervención estatal, V, se habrá transformado, pues, en V3 (= V, - lA, + GA,) , Y PV" en PV3 (= PV, - lK, + GK,) • Si ahora llamarnos lA a los impuestos'6 pagados por los asalariados en los dos momentos sefialados (lA = lA, + lA,), lK a los pagados por los capitalistas (lK = lK, + lK,), Y GA Y GK al gasto recibido, rspectivamente, por los primeros (GA = GA, + GA,) Y por los segundos (GK = GK, + GK,) , podremos definir NA y NK corno la diferencia entre los gastos recibidos y los impuestos pagados por cada una de las dos clases (NA = GA - lA, Y NK = GK - lK). En la figura 4 se puede obten~r una visión global de cómo han evolucionado en Espafia cada una de estas variables a lo largo del periodo 1970-1992, corno porcentaje de la renta nacional". En ella, se observa cómo los ingresos y gastos públicos referidos a los asalariados son mucho más importantes cuantitativamente que los que afectan a los capitalistas (lA y GA están muy por encima de lK y GK), Y cómo el resultado neto es poco importante en ambos casos (NA y NK casi se confunden entre si, a un nivel cercano a cero). 16 Se trata no s610 de impuestos strictu senso, sino de todos los ingresos percibidos por el Estado por cualquier concepto. 17 La renta nacional se obtiene a partir del PINf'I' una vez descontados de éste los valores anadidos imputados a los funcionarios, al servicio doméstico y a la rama de alquiler de viviendas. Para una justificación te6rica de este proceder, véase Guerrero 1989. ,- __________________________________________________ -,22 •.. ,-----------------------, ••• '.3 .2 :.: .. •. , ... ,'----------------------_ ..... • lA ... IK ... ... GK .. HA NK Figura 4: , de la renta nacional representado por los impuestos y gastos que recaen sobre los asalariados IIA, GA), Y sobre los capitalistas (IK, GK), asl como el saldo entre ambos (NA= GA - lA, NK= GK - IK). Sin embargo, antes de profundizar en el análisis de la redistribución, conviene tomar en consideración el contexto distributivo primario en el que tiene lugar aquélla. Para ello, utilizaremos dos indicadores distintos pero interrelacionados. En primer lugar, calcularemos el "coeficiente salarial" (y su complementario "coeficiente de beneficios ") definido simplemente como la ratio que existe entre la proporción que representan los salarios en la renta nacional y la proporción que representan los trabajadores (ocupados y parados) en la población activa (o el excedente y los no trabajadores, en el caso del segundo coeficiente). Ambos aparecen en la figura 5 como CAl y CKl acompañados de CA2 y CK2, coeficientes corregidos que comentaremos más tarde. ~ ______________________________________________________ ,23 , 2.' 2 l.' • o .• o~~ ______________ ~ ______________ ~~ • CAl • CK1 • CK2 Figura 5: "Coeficiente salarial" antes (CAl) y después (CA2) de la intervención estatal, y "coeficiente de beneficios" (antes, CK1, y después, CK21. Puede observarse cómo los valores que toman los dos coeficientes (CAl y CK1) no hacen sino dispersarse entre 1970 y 1982, Y especialmente entre 1982 y 1992, lo que significa un aumento de la desigualdad generada por la distribución espontánea de la renta que responde directamente a las fuerzas de mercado. La misma conclusión puede obtenerse a partir del segundo indicador que vamos a calcular, que no es sino la clásica tasa de plusvalia o de plusvalor, definida como el cociente entre el plus valor y el capital variable. Este indicador, que cobra todo su ~entido en el contexto de la teoría laboral del valor, no debe interpretarse como una magnitud exclusivamente medible en términos de cantidades de trabajo: a las razones teóricas para justificar su cálculo en términos monetarios (véase Guerrero 1989) pueden unirse las razones prácticas recogidas en Shaikh y Tonak (1994) a partir de la evidencia empírica sobre la correlación existente entre los datos obtenidos a partir de los dos tipos de cálculos posibles (véase también Delaunay 1984). Por consiguiente, en este trabajo se define la tasa de plusvalía como el cociente entre la magnitud monetaria de la plusvalía (igual a toda la renta nacional que se crea en las empresas y que • 30 --(1996): Un Marx imposible: el marxismo sin teoria laboral del valor, ponencia presentada a las V Jornadas de Economia Critica, Santiago de Compostela, 17-18 mayo. -- y Moral, J. A. (1990): "El Estado y la distribución de la renta nacional en Espai'ia (19701987). 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