August Aichhorn, un pionero del psicoanálisis aplicado a los jóvenes delincuentes
Abstract
En este trabajo analizamos la labor pionera desarrollada por Aichhorn en el campo de la delincuencia juvenil, aplicando el psicoanálisis con una perspectiva integral y humanística, en base a la comprensión dinámica de los factores psíquicos que gobiernan la conducta antisocial, con la profunda convicción de la posibilidad de una genuina reinserción socioeducativa de los menores infractores, lo que era negado por quienes abogaban por medidas punitivas o de mera reclusión. La terapéutica psicoanalítica que Aichhorn propició tenía, en todo caso, variantes técnicas en relación con el análisis tipo, con fundamento en las ideas de su amiga y compañera Anna Freud.
Full text
eduPsykhé, 2003, Vol. 2, No. 1, 107-124 107 RESUMEN En este trabajo analizamos la labor pionera desarrollada por Aichhorn en el campo de la delincuencia juvenil, aplicando el psicoanálisis con una perspectiva integral y humanística, en base a la comprensión dinámica de los factores psíquicos que gobiernan la conducta antisocial, con la profunda convicción de la posibilidad de una genuina reinserción socioeducativa de los menores infractores, lo que era negado por quienes abogaban por medidas punitivas o de mera reclusión. La terapéutica psicoanalítica que Aichhorn propició tenía, en todo caso, variantes técnicas en relación con el análisis tipo, con fundamento en las ideas de su amiga y compañera Anna Freud. PALABRAS CLAVE Aichhorn, Anna Freud, psicoanálisis, delincuencia juvenil. ABSTRACT The In this work we analyse the pioneering work of A. Aichhorn in the field of delinquency. It is important to emphasise his intuition and empathy treating youthful offenders, which is based in the dinamic understanding of psychic forces that govern this behaviour. Therefore, deeply convinced of genuine social re-education for youthful offenders, Aichhorn goes against those that support punishment or imprisonment as a means for decreasing delinquency. Aichhorn’s therapeutic technique of delinquency is characterized by different technical ingredients in comparison to Freudian psychoanalytic technique, which is based on the ideas of his friend and colleague, Anna Freud. KEY WORDS Aichhorn, Anna Freud, psychoanalysis, juvenile delinquency. AUGUST AICHHORN, UN PIONERO DEL PSICOANÁLISIS APLICADO A LOS JÓVENES DELINCUENTES1 FRANCISCO BALBUENA RIVERA Universidad de Huelva IGNACIO SÁNCHEZ-BARRANCO VALLEJO Centro Educacional La Jara JUAN FRANCISCO DE DIOS PÉREZ Dirección Territorial de Sevilla ANTONIO SÁNCHEZ-BARRANCO RUIZ Universidad de Sevilla 1Los autores desean agradecer a Thomas Aichhorn, nieto de August Aichhorn, los datos biográficos aportados.
EduPsykhé. REVISTA DE PSICOLOGÍA Y PSICOPEDAGOGÍA INTRODUCCIÓN Aunque formado tardíamente en el psicoanálisis, August Aichhorn (18781949) es reconocido como un pionero en el abordaje terapéutico de los jóvenes delincuentes. Nacido en Viena el 27 de julio de 1878 en el seno de una familia cristiana de adscripción socialista, era hijo de Wilhelm Aichhorn (1848-1931), un director de banca que por el receso económico que asoló a Austria a partir de 1873, se vio forzado a hacerse cargo de una panadería propiedad de su suegra. A tal pérdida del status económico, la familia hubo de añadir otra de carácter afectivo, como fue la muerte de Rudolf (1878-1931), mellizo de August, cuando contaba 19 años, lo que dejó a todos sumidos en una profunda tristeza, especialmente a Antonia Lechner (1854-1927), la madre (Th. Aichhorn, comunicación personal, 9 de noviembre de 2002). Sin embargo, Aichhorn, en una carta que remitió a Anna Freud (1895-1982) el 5 de mayo de 1948, comentó que la relación con su hermano era muy ambivalente, dado los celos que le profesaba por creer que era más querido que él por parte de sus padres. Alrededor de esta fecha, Aichhorn inició sus estudios de construcción mecánica, que abandonó para ser maestro de escuela y después consagrarse a la pedagogía aplicada a la juventud antisocial, en lo que fue definitivo el conocimiento de Anna Freud (1895-1982), que era sabedora de su interés en la labor reeducativa de tales chicos. En 1922, el año de su análisis con Federn, Aichhorn contacta con la Asociación Psicoanalítica de Viena, que inicialmente le decepciona por el excesivo interés que percibe entre sus miembros por el debate teórico, actitud que no comparte (Mohr, 1965). En todo caso se adhiere a tal grupo, formando parte del círculo de estudio acerca de la delincuencia juvenil, junto a Siegfred Bernfeld (1892-1953) y Wilhelm Hoffer (1897-1967), participando también en el Seminario de Psicoanálisis Infantil (Kinderseminar) fundado por Anna Freud en 1925. Así mismo, junto a ésta y los anteriores, impartirá un curso de pedagogía psicoanalítica, cuyo acceso estaba abierto a los futuros analistas, a los educadores y a los trabajadores sociales de Viena. Esta labor fue compaginada con la publicación de trabajos en la Zeitschrift für Psychoanalytische Pädagogik, publicación fundada por Ernst Schneider y al que Hoffer relevó más tarde en la dirección, cuando la revista trasladó su sede desde Suiza a Viena, hasta 1938, fecha en que desapareció a causa de los conflictos políticos centroeuropeos, siendo asumida por la revista anglo-norteamericana Psychoanalytic Study of the Child (Young-Bruehl, 1988). Es conveniente referir aquí que la percepción social que existía entonces hacia la delincuencia en Europa era muy pesimista, dado que sus causas se atriUniversidad Camilo José Cela 108
eduPsykhé, 2003, Vol. 2, No. 1, 107-124 109 F. B ALBUENA, I. SÁNCHEZ-BARRANCO, J. F. DE DIOS, A. SÁNCHEZ-BARRANCO buían a influencias constitucionales, lo que suponia en la práctica el rechazo de cualquier medida reeducativa, como la libertad tutelada, preconizándose sólo duras sanciones y privación de libertad, bajo lo que latía una concepción sustentada en la ley del talión. De aquí la futilidad con que gran parte de la sociedad juzgaba desvelar y comprender los móviles subyacentes al comportamiento delictivo, concibiéndose como única posibilidad la encarcelación de los delincuentes. Frente a esto, sin embargo, otros profesionales, auxiliados por la evidencia teórica y empírica aglutinada por el saber psicoanalítico, corroboraban la existencia de diferencias más cuantitativas que cualitativas entre los chicos delincuentes, neuróticos y normales, lo que abría las puertas a la implementación de estrategias de reinserción social diferentes a las entonces en boga (Friedlander, 1950). En sintonía con ello, trataron de subsanarse los defectos inmanentes al sistema judicial, introduciendo nuevos principios rectores en la justicia penal (Alexander y Staub, 1929). Así, se determinaron variadas figuras de delito tipificadas, procurando en la medida de lo posible el enjuiciamiento individual psicológico de cada caso concreto, estableciendo para ello, en primer término, tribunales conformados por ciudadanos seleccionados al azar, dada la imposibilidad de realizar un enjuiciamiento objetivo; y, en segundo lugar, haciendo participar, a modo de ensayo, peritos expertos en los procesos judiciales, cuyas decisiones estarían basadas en los conocimientos hasta entonces existentes en la psicología científica. Con ello, la jurisprudencia encauzaba sus pasos por derroteros bien distintos a los existentes, especialmente al poner en marcha los tribunales populares y el informe pericial, pues, junto a la corresponsabilidad de los diferentes agentes sociales implicados, tornaba las sentencias dictadas por los jueces en algo bien distinto a la mera aplicación formal de un determinado código. En consonancia con tal marco sociolegal, y teniendo presente las características de la personalidad de los muchachos delincuentes y el corto lapso de tiempo que permanecían internados en las instituciones que los custodiaban, Aichhorn fue creando una serie de modificaciones en la técnica psicoanalítica convencional (Pfister, 1949), en la línea que posteriormente indicaremos, para adaptar la terapia a estos peculiares pacientes. Téngase presente que, a diferencia de la neurosis y la psicosis, la delincuencia juvenil era un terreno todavía apenas abordado por los analistas, por lo que tales modificaciones técnicas fueron decisivas para la tarea que emprendieron posteriores profesionales, de lo cual Aichhorn apenas fue consciente (A. Freud, 1951). Por ello, tras su fallecimiento el 13 de octubre de 1949, Anna escribió en su obituario que la aportación de Aichhorn a este terreno fue el acontecimiento más importante en la historia del psicoanálisis desde la muerte de su padre (Young-Bruehl, 1988).
EduPsykhé. REVISTA DE PSICOLOGÍA Y PSICOPEDAGOGÍA Este vienés corpulento, siempre vestido de negro y con una boquilla entre los lábios, eterno enamorado de Anna Freud (Roudinesco y Plon,1997), aunque sólo llegó a tutearla dentro de círculos muy íntimos a partir de abril de 1948 (YougBruehl, 1988), recibió una extensa formación, de la que destaca su análisis didáctico con Paul Federn (1871-1950), merced a todo lo cual dotó a su praxis clínica, hasta entonces apoyada en una enorme intuición y genuina capacidad de empatía cognitiva y emocional, de un adecuado soporte teórico-técnico, gran parte de cuyos presupuestos estaban inspirados en las ideas de Anna Freud, todo lo cual resultó crucial en el trabajo clínico con los jóvenes delincuentes. Como origen del interés de Aichhorn por tales chicos podemos retroceder al momento en que trabajaba como ayudante en la panadería familiar, donde llegó a intimar con los jóvenes aprendices, quienes posiblemente colmaron algo del profundo vacío dejado por su hermano fallecido. Puede que de tales vivencias, y de los deseos reparadores, proviniera su gran vocación por la educación, una de las tres actividades profesionales consideradas por Freud como imposibles (padre, educador y psicoanalista). En este terreno destacó como inspirador de las llamadas Knaben-Hort, guarderías diurnas creadas como instrumento de apoyo socioeducativo para los padres trabajadores, donde junto a la realización de las tareas escolares, los chicos llevaban a cabo variadas actividades lúdicas. Al respecto, como otro hito de su faceta profesional, cabe referir su firme oposición a que la disciplina autoritaria rigiera las directrices educativas en los reformatorios municipales de Viena, cuya actividad se inició en 1907. Para ello creó un comité dirigido por él mismo, responsabilizándose de tal labor desde 1908 a 1918, evitando así la intromisión del espíritu castrense en la dinámica de esas instituciones (Eissler, 1949a). Tal compromiso personal se materializa también en la respuesta positiva que da ante la propuesta de un grupo de entusiastas convencidos, entre los que figuraban Gerta Grabner, Martin Krämer, Valerie Kremer, Ida Leibfried, Grete Schmidt y Franz Winkel-Mayer, de asumir la dirección del centro tutelado de menores de Ober-Hollabrunn, situado al noroeste de Viena, tarea que lleva a cabo desde finales de 1918 hasta comienzos de 1921, en que fue clausurado, siendo transferidos los menores y el personal al centro de St. Andrä, donde permanecerán poco tiempo, al ser reubicados en Eggenburg, en la baja Austria, institución con una capacidad de mil plazas para acoger menores (Aichhorn, 1923). Del profundo conocimiento que Aichhorn adquirió del sistema de servicios sociales de Viena, tras desempeñar las referidas actividades, se benefició Anna, que en una misiva enviada a Andreas-Salomé (1861-1937) el 13 de enero de 1924, afirmaba: Universidad Camilo José Cela 110
eduPsykhé, 2003, Vol. 2, No. 1, 107-124 111 F. B ALBUENA, I. SÁNCHEZ-BARRANCO, J. F. DE DIOS, A. SÁNCHEZ-BARRANCO (...) Me arrastra (los viernes) hasta las zonas más lejanas de la ciudad, me muestra instituciones de beneficencia y me presenta a las personas que allí trabajan. Todo me resulta de sumo interés, un mundo especial e impresionante (...) (A. Freud. En Young-Bruehl, 1988, 92). Todo ello, a su vez, le servirá al propio Aichhorn de germen para su famoso ensayo Verwahrloste Jugend (Wayward Youth), cuya primera versión en alemán data de 1925, siendo la segunda de 1931, de la que se elaboró la versión inglesa de 1935, mientras la castellana, traducida bajo el título Juventud descarriada, es de 1965. Varios años más tarde, en 1932, Aichhorn abandonará la actividad clínica pública, dedicándose casi exclusivamente al ejercicio privado, lo que no le impidió crear servicios de asesoramiento infantil dependientes de la Asociación Psicoanalítica de Viena, como un seminario centrado en el estudio de los problemas surgidos en la educación de los más pequeños, los cuales se disolverán en 1938, coincidiendo con el ascenso imparable de los nazis al poder. Fruto de esas experiencias es la publicación de una serie de artículos, entre los que cabe resaltar Guía del niño (Aichhorn, 1932), Problemas surgidos en el seminario de guía del niño (Aichhorn, 1933), La técnica de guía del niño (Aichhorn, 1936) e Introducción a la guía del niño para profesores (Aichnorn, 1937). Por esa época también, a pesar de no ser judío, Aichhorn hubo de enfrentarse al difícil dilema de huir o permanecer en Viena, optando por la segunda alternativa, a causa del internamiento como preso político de su hijo August (19101996) en el campo de concentración de Dachau. Por esta razón, dirigió entre 1938 y 1944 la formación psicoanalítica en el Instituto Alemán de Investigaciones Psicológicas y Psicoterapéuticas, creado por Mathias Heinrich Göring (1879-1945). De sus proyectos, terminada la segunda Guerra Mundial, informaba a Anna Freud en una misiva fechada el 15 de noviembre de 1945, donde mostraba su deseo de reabrir la Asociación Psicoanalítica de Viena, como el servicio y seminario por él fundados, lo que finalmente realizaría ayudado por un grupo de jóvenes psiquiatras a quienes había formado durante la guerra. Con ello, además de restaurar oficialmente el psicoanálisis en Austria, trataba posiblemente de restañar algunas de las profundas heridas narcisistas acaecidas durante esos años, como fueron la enfermedad contraída en 1938 por su esposa y prima carnal por línea materna Hermine Alexandrine (1881-1969), con quien se había casado en 1906, y que nunca se recuperó, a lo que debe añadirse el encarcelamiento de uno de sus hijos y el bombardeo de su casa de Viena. Como contrapunto al optimismo de Aichhorn en relación con la reapertura de la Asociación Psicoanalítica de Viena estaban las serias dudas que Anna alber-
EduPsykhé. REVISTA DE PSICOLOGÍA Y PSICOPEDAGOGÍA gaba hacia tal empresa, dado el giro negativo experimentado por las autoridades vienesas en su visión del saber psicoanalítico, de lo que informaba a aquél en una carta del 3 de mayo de 1946, donde entre otras cosas decía: (...) Parece una ironía del destino que las autoridades vienesas, que lo único que hicieron fue causar problemas a mi padre durante sus largos años de trabajo, por fin ven con buenos ojos al Instituto Psicoanalítico y los frutos de su labor. Imagínese cuánto podríamos haber logrado entre 1908 y 1938 si hubiésemos recibido apoyo. Con el numeroso personal docente que teníamos, y las posibilidades que había en Viena, nuestro Instituto se habría convertido en el centro mundial de todos los institutos dedicados a la materia. Sin embargo, y pese a este avance, le resultará difícil conseguir crear un instituto (A. Freud, 1946. En Young-Bruehl, 1988, 248). A pesar de ello, por ruego personal de Aichhorn, Anna elaboró una carta que fue leída en el acto inagural de reapertura de la Asociación Psicoanalítica vienesa, donde expresaba su firme apoyo a quienes retornaban a la Asociación, como a los que se incorporaban por vez primera a la misma. Paralelamente, por invitación del profesor Pierre Bovet, en la Semana Santa de 1948, tomará parte junto a Kate Friedlander (1903-1949) y Anna Freud en un ciclo de conferencias celebrado en Lausana (Suiza), que luego continuará en Budapest, donde advertirá los primeros síntomas corporales de una grave enfermedad, evidenciando signos afásicos que le comunicó por carta, muy preocupado, a Anna (Hoffer, 1949; Lantos, 1965). El 17 de octubre del año siguiente falleció de un accidente cerebro-vascular (Mohr, 1965), lo que troncaba su deseo de encontrarse con Anna Freud en el Congreso de Zúrich de agosto de 1949 (Young-Bruehl, 1988). En su necrológica, Anna (1951) escribió entre otras cosas: En los inicios de su propio análisis, Aichhorn llegó a comprender que su interés por la delincuencia, como probablemente sus éxitos terapéuticos con los jóvenes delincuentes, eran fruto de una fase de inestabilidad emocional vivenciada en su propia adolescencia, de la que él mismo por un estrecho margen se salvó de convertirse en un delincuente. Desde entonces, la doble lealtad e identificación del educador, con la sociedad por un lado y con el mundo del delincuente por otro, pasaron a convertirse en un problema fascinante para él (...) (A. Freud, 1951, 55). Universidad Camilo José Cela 112
eduPsykhé, 2003, Vol. 2, No. 1, 107-124 113 F. B ALBUENA, I. SÁNCHEZ-BARRANCO, J. F. DE DIOS, A. SÁNCHEZ-BARRANCO Verwahrloste Jugend (Wayward youth), su obra capital Como el mismo Aichhorn (1925) manifiesta en la introducción de este texto, bajo el término Verwahrloste Jugend (Wayward Youth) aglutina no sólo a los jóvenes con tendencias antisociales, sino también a los conflictivos o aquejados de síntomas neuróticos que les dificultan la adaptación social, por lo que estimamos muy desacertada la traducción castellana de la versión inglesa de este trabajo como Juventud descarriada, que vio la luz en 1965 en Buenos Aires auspiciada por la editorial Martínez de Murguía. Es por tal razón por la que optaremos por mantener el término alemán Verwahrloste o el acuñado en inglés Wayward, cuyos significados en nuestra lengua se acercan más a la palabra rebelde o díscola, que en francés se tradujo como abandonada. En tal obra, apoyándose en premisas freudianas, Aichhorn concibió a estos jóvenes inadaptados como sujetos cuya conducta se guía básicamente por el principio de placer, asemejando su desarrollo psicoafectivo al de nuestros ancestros, frente a los que situó a los individuos respetuosos con las normas sociales, cuyo patrón conductual está regulado por el principio de realidad. Los diferenciaba en todo caso de los jóvenes neuróticos con problemas de adaptación, o lo que hoy denominamos trastornos de personalidad. A tal clasificación se oponía Klein (1882-1960), para quien la insociabilidad o la conducta delictiva debían incluirse bajo el epígrafe de neurosis (Young-Bruehl, 1988). De lo adecuado de los planteamientos de Aichhorn da cuenta Sigmund Freud, quien afirma en el prefacio del libro que referenciamos cómo Aichhorn explica a través de sus páginas el comportamiento antisocial desde la perspectiva psicoanalítica, ubicando tal conducta desajustada en precoces vínculos objetales anormales. En tal sentido, alineándose con presupuestos interaccionistas, Aichhorn expresa la insuficiencia de los genetistas para explicar la conducta delictiva apoyándose sólo en predisposiciones biológicas, abogando por un modelo donde cada caso se analice valorando el peso relativo que las variables ambientales y constitucionales poseen, enfatizando el lugar que dentro de las primeras desempeña el núcleo familiar como microcosmos representativo del macrocosmos social. La importancia que Aichhorn atribuye al entorno familiar, y por extensión a las interacciones que el niño vivencia con sus figuras de apego, especialmente con la madre o con quien desempeñe esa función, será luego retomada por A. Freud y D. Burlingham en dos trabajos titulados La guerra y los niños (A. Freud y Burlingham, 1942) y Niños sin familia (A. Freud y Burlingham, 1944), donde ambas recalcan el papel crucial que las primeras relaciones afectivas poseen en el establecimiento y naturaleza de las que posteriormente se conformen (Young-
EduPsykhé. REVISTA DE PSICOLOGÍA Y PSICOPEDAGOGÍA Bruehl, 1988). Una década después, este interesante tema será abordado de nuevo por Anna Freud en su artículo Madre rechazante (A. Freud, 1954), producto de una conferencia que impartió en 1954 en Estados Unidos (Sánchez-Barranco, 1998). Del interés por el primigenio vínculo afectivo, como por sus implicaciones para explicar el desarrollo de los sujetos, especialmente de los que transgreden las normas sociales, tampoco escapa Friedlander (1950), para quien la falta de adaptación social de los delincuentes se origina como fruto de la insatisfacción pulsional de que son objeto, a edades muy tempranas, por parte de su madre o figuras de apego, lo que ocasiona una regresión parcial a la fase anal-sádica, como un debilitamiento del nexo yo-superyó, de lo que emerge una nueva alianza entre el yo y el ello. Y es que, mientras el neurótico opta por una gratificación sustitutiva imaginaria (síntoma neurótico), el delincuente se inclina por una satisfacción sustitutiva en la acción o paso al acto (síntoma delictivo). Juzgando bajo esta óptica las conductas antisociales exhibidas por estos chicos, Friedlander (1950) defiende que tales impulsos destructivos no deben ser etiquetados de «malos», como a su entender hacen algunos que trabajan en la reinserción social de tales delincuentes, dada su ignorancia o ausencia de formación adecuada en el desarrollo psicoafectivo del niño, juzgando sus demandas pulsionales desde una óptica moralista alejada de la evidencia científica empírica disponible. En cuanto a las pautas de intervención a seguir en las primeras fases del trabajo con estos jóvenes, Aichhorn sugiere que en las primeras entrevistas clínicas se han de evitar aseveraciones reprobatorias acerca de las conductas transgresoras, al dificultar o abortar esto la irrupción de una buena alianza terapéutica, aconsejando formular preguntas o comentarios no incriminatorios, a partir de los cuales puedan ir esclareciéndose las posibles motivaciones conscientes e inconscientes de tales acciones, abordándose más adelante, si ello fuera preciso, los aspectos transferenciales y contratransferenciales de naturaleza negativa. Y es que, como acertadamente señala Aichhorn, la labor clínica no consiste en culpabilizar al menor o a quienes le traen cansados de tal o cual conducta, sino en resolver en el grado y profundidad que sea posible las problemáticas que ocasionan la demanda de ayuda terapéutica. Con tal presupuesto, como meta terapéutica fundamental, fija el hallazgo de los determinantes psíquicos conscientes e inconscientes que han podido originar y sostener la conducta desadaptativa, aludiendo al grave error que suele existir en padres, educadores, etc., cuando identifican la supresión de aquélla con la mera erradicación del problema social, obviando las conflictivas psíquicas personales, sin cuya adecuada resolución irrumpirá un nuevo cortejo sintomático (Aichhorn, 1925). La terapia, por tanto, bajo tales parámetros, debe Universidad Camilo José Cela 114
eduPsykhé, 2003, Vol. 2, No. 1, 107-124 115 F. B ALBUENA, I. SÁNCHEZ-BARRANCO, J. F. DE DIOS, A. SÁNCHEZ-BARRANCO constituir un genuino encuentro humano, donde el menor no sea visto como un mero «caso interesante», sino como un individuo en desarrollo portador de diversas conflictivas intra e interpsíquicas, a las cuales se intentará dar solución de forma lo más sencilla posible, acudiendo a alternativas más complejas sólo cuando sea imprescindible. Para ilustrar tal proceder, haremos referencia al caso de un joven tratado por Aichhorn (1925), que acude a consulta llevado por su madre, que incapaz de gobernar los estallidos agresivos de su hijo, al que también acusa de perezoso, dada su pérdida reiterada de sucesivos trabajos, desea que tal situación termine. Así, una vez entrevistados ambos por separado, se desveló una compleja trama familiar, donde el papel del varón era menospreciado, dada la falta de la figura paterna, que había fallecido, y el lugar destacado que las hermanas ocupaban en el hogar, lo que podía dar cuenta del carácter díscolo y agresivo exhibido por el adolescente, carente de un modelo adecuado para identificarse. Así mismo, la desidia personal que éste exhibía ante los trabajos emprendidos, después de algunas sesiones, fue explicada por el deseo legítimo de trabajar en alguna actividad profesional que lo motivara, lo que no compartía su madre, que angustiada ante la precaria situación económica en que vivían, era partidaria de que su hijo relegara sus intereses por la rápida obtención de un salario, cualquiera que fuera la actividad laboral. Aichhorn, pues, buscaba dar cuenta de los trastornos conductuales en función de factores dinámicos presuntamente modificables y no a partir de determinantes genéticos-constitucionales inmodificables. Por otra parte, Aichhorn (1936) mantenía que los pobres resultados académicos obtenidos por muchos menores podían ser fruto también de trastornos emocionales y no de déficits cognitivos. La falta de identificación que éste y otros jóvenes aquejaban, era paliada por Aichhorn (1925) asumiendo por algún tiempo el rol de padre sustituto, función que trataba de extender al resto del grupo familiar, guiado por la firme convicción de que eso atenuaría o eliminaría los episodios agresivos de los varones jóvenes, al poder identificarse con una adecuada figura masculina, generalmente ausente y cuyo papel solía ejercer la madre, reequilibrándose así el complejo juego de fuerzas psíquicas presentes en las interacciones de ambos sexos. En su tarea, a modo de un terapeuta familiar, trataba también de profundizar en las ansiedades y deseos más íntimos de los padres, corroborando como algunos de ellos pretendían restañar sus fallas narcisistas usando a sus hijos, a quienes forzaban a seguir unos derroteros profesionales alejados de sus intereses personales, abocando así en un distanciamiento afectivo paterno-filial difícilmente salvable, que sólo podía modificarse una vez consolidada una buena alianza de trabajo con el niño y sus figuras de apego (Aichhorn, 1936). Advierte, en todo caso,
EduPsykhé. REVISTA DE PSICOLOGÍA Y PSICOPEDAGOGÍA Más interesante resulta a nuestro entender el compromiso humanista de Aichhorn con el menor infractor, cuya conducta disocial trata de explicar por una interiorización anómala de normas y patrones sociales, sin por ello negar la posible participación de predisposiciones biológicas, rezumando bajo todo esto una concepción de la naturaleza humana cercana a la de Rousseau. Bajo tales ideas posiblemente subyacieran sus antecedentes religiosos familiares, asentados en el catolicismo, de los que emanó la concepción del amor como el auténtico motor del desarrollo humano, cuya materialización depositó en la génesis y mantenimiento de una adecuada transferencia positiva, sin por ello olvidar la necesidad de expresar conductas agresivas y afectos negativos sin servirse de reprimendas o castigos, lo que le acarreó fuerte reprobación social por quienes concebían un modelo reeducativo distinto para el delincuente (Pfister, 1949). En todo caso, juzgamos que las propuestas de Aichhorn fueron a veces malinterpretadas por legos y profesionales, que no supieron ver que debajo de la libre expresión de las conductas transgresoras de los menores, que aquél consentía, latía la firme convicción de que éstos vivenciaran lo destructivo y fallido que resulta usar la coerción y la agresión; de ahí que no los reprendiera, facilitando el ensayo y aprendizaje de otros tipos de acciones diferentes. Y es que, como A. Freud (1951) acertadamente expresó, aquel que trabaje en el terreno de la delincuencia juvenil debe poseer la empatía necesaria para identificarse con el delincuente, pero también con los cánones sociales imperantes, tratando así de armonizar necesidades individuales con demandas sociales. En cuanto a la personalidad de Aichhorn, cabe señalar la gran ternura y calidad humana que expresaba en el encuentro terapéutico, tratando siempre de ser un modelo adecuado para facilitar la identificación del joven delincuente, uno de los caminos que defendió para salvarlo de la inadaptación social, valorando en todo caso el potencial humano positivo que suponía en todos ellos. Al respecto, Kohut afirmó que en cierta ocasión se le quejó abiertamente de sentirse incapaz de inyectarle la dosis precisa de vivacidad y emoción que poseían sus jóvenes delincuentes. Como un curioso ingrediente de su labor terapéutica figura las continuas interrupciones en las asociaciones libres de que sus pacientes eran objeto por parte de su perro Schnidi, quien para Kohut adquirió un rol filial durante su análisis didáctico. Como contrapunto, sin embargo, debe asimismo aludirse al carácter marcadamente conservador y antirruso que Aichhorn manifestaba, bajo el cual parece que latían algunas ideas antisemitas. Como propagador de tales comentarios está Beigler, psiquiatra estadounidense analizado por Kohut, que, en 1945, alentado por Blitzsten, mientras prestaba servicio como médico militar cerca de Viena, visitó a Aichhorn para regalarle un cartón de cigarrillos, informando a Universidad Camilo José Cela 122
eduPsykhé, 2003, Vol. 2, No. 1, 107-124 123 F. B ALBUENA, I. SÁNCHEZ-BARRANCO, J. F. DE DIOS, A. SÁNCHEZ-BARRANCO Strozier, biógrafo de Kohut, en una misiva fechada en julio de 1998 de las presuntas ideas antisemitas de Aichhorn. Esto, en nuestra opinión, no ensombrece la semblanza de éste, que fue un referente indiscutible para Kohut, como así se corrobora en la intensa e íntima correspondencia que ambos mantuvieron desde 1946 a 1949, donde, junto a la seria labor como asesor clínico, Aichhorn actuó como amigo y confidente, rellenando así el profundo sentimiento de añoranza que embargaba a Kohut por su adorada Viena. Posiblemente, a modo de tributo, pusieron como nombre a su hijo Thomas August Kohut, mezclando así su admiración por Thomas Mann con su agradecimiento a August Aichhorn (Strozier, 2001). REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Aichhorn, A. (1923). On Education in Training Schools. En O. Fleischmann, P. Kramer y H. Ross (eds.), Delinquency and Child Guidance. Selected Papers by August Aichhorn. New York: International Universities Press, Inc., 1964, 15-48. (1925). Verwahrloste Jugend. Wien, Leipzig, Zürich: Internationaler Psychoanalytischer Verlag. Internationale Psychoanalytische Bibliothek Nr.XIX. (1925). Wayward Youth. New York: Viking Press, 1935. (1932). Erziehungsberatung. Zeitshrift für psychoanalytische Paedagogik. Vienna. (1933). Erziehungsberatungs-Seminar. Zeitshrift für psychoanalytische Paedagogik. Vienna. (1936). On the Technique of Child Guidance: The Process of Transference. En O. Fleischmann, P. Kramer y H. Ross (eds.), Delinquency and Child Guidance. Selected Papers by August Aichhorn. New York: International Universities Press, Inc., 1964, 101-192. (1937). Zur Technik der Erziehungsberatung. Rundbrief: Die Fürsorgerin. Vienna. (1939). The Education of the Unsocial. En O. Fleischmann, P. Kramer y H. Ross (eds.), Delinquency and Child Guidance. Selected Papers by August Aichhorn. New York: International Universities Press, Inc., 1964, 193-217. Aichhorn, Th.Comunicación personal, 9 de noviembre de 2002. Alexander, F. y Staub, H. (1929). El delincuente y sus jueces desde el punto de vista psicoanalítico. Madrid: Biblioteca Nueva, 1935.
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