scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Técnica y nihilismo para una teoría urbana

Trachana, Angelique

Abstract

El nihilismo como estado de imposibilidad de síntesis y de formalización del concepto nos sume en la mediatización técnica y la cultura de masas. El mundo contemporáneo y sus instituciones políticas y planificadoras, confiado a la técnica, se encuentra ante la incapacidad de visionar el concepto del espacio so cial en su globalidad y substancialidad, lo que deriva en la construcción y destrucción frenética de la producción pragmática y especulativa que sistemáticamente falsifica los contenidos sociales y despotencia la vida

Full text

TECNICA Y NIHILISMO PARA UNA TEORIA URBANA Angelique Trachana El nihilismo como estado de imposibilidad de síntesis y de formalización del concepto nos sume en la mediatización técnica y la cultura de masas. El mundo contemporáneo y sus instituciones políticas y planificadoras, confiado a la técnica, se encuentra ante la incapacidad de visionar el concepto del espacio social en su globalidad y substancialidad, lo que deriva en la construcción y destrucción frenética de la producción pragmática y especulativa que sistemáticamente falsifica los contenidos sociales y despotencia la vida. E l mundo tecnificado en que vivimos nos sumerge en la imposibilidad de tener una experiencia de lo real; esta realidad que algunos todavía podemos entender como acontecimiento de experiencia consciente. La intemperie del mundo tecnificado, frío y neutral toma la existencia confusa, imposibilitada de comprender e interpretar lo que acontece. La comunicación que emiten las imágenes del mundo construido oculta, distorsiona y falsifica los contenidos convertidos en ausencia. La vocación creadora se encuentra con la ausencia de la clave en su trabajo de construir el territorio para vivir. El paradigma de la polis creada por todas las intenciones individuales vertidas en el espacio de lo común ya no nos sirve. Realidad y cultura La construcción del territorio habitable pertenece hoy a los estadistas, los sociólogos, los economistas, los técnicos especialistas. Vivimos y nos movemos en el marco de las ciencias objetivas en un espacio igualmente objetivo, isótropo, homogéneo e inacotado que caracteriza las áreas de influencia de las metrópolis contemporáneas. Dicho espacio está ordenado según diagramas de medidas métricas y económicas y regulado por normas legales. Lo que históricamente había constituido la cultura urbana -usos, costumbres y tradiciones traducidos en formas construidas, configuraciones urbanas, agrupaciones socialesha sido transgredido por el concepto de la ciudad moderna. La ciudad moderna concebida en un clima de euforia subversiva hacia los valores tradicionales ha roto sus vínculos con la cultura urbana. La ciudad ha sufrido una transformación radical en sus conceptos fundamentales como tejido, núcleo, límite, centro, viario, parcela, ocupación. Ya no se entiende co- -XXXI31 ASTRAGALO, 04 (1996) Attribution-NonCommercial-ShareAlike - CC BY-NC-SA Article, ISSN 1134-3672 https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.1996.i04.04 Arquitecta y crítico de la arquitectura. mo continuum espacio-temporal definido y limitado, quedando restringida esta caracterización para las áreas históricas de las ciudades. Estas áreas representan hoy unos enquistamientos y en cierto modo unas obstrucciones del pleno desarrollo de un sistema infraestructura! altamente tecnificado que atraviesa la totalidad del territorio, permitiendo el continuo flujo de personas, de mercancías y de informaciones. Las redes de infraestructuras metropolitanas son puntos neurálgicos de densificación de redes nacionales, internacionales, mundiales. Dentro de ese sistema global, la arquitectura y los fragmentos de ciudad adquieren una significación de carácter intersticial, de carácter de espacios servidos, espacios derivados. El concepto de espacio urbano se dilata, se dispersa, se desmaterializa, llega a convertirse en valor medible en tiempo. Las de los usos. Los cambios de densidad, la irregularidad, el desorden visual, son las características de esa urbanidad periférica de crecimiento aleatorio que tiende a convertirse en el paisaje genérico del mundo moderno. Es el mundo técnico de las necesidades del hombre genérico en juego. Ese hombre masa, hombre estadístico, hombre económico, es el hombre que se inserta en ese espacio administrado, sectorializado y eficiente, donde se le administra techo, ocupación y ocio por separado, sin capacidad de elección, sin posibilidad de intervención, sin reacción casi. Es el hombre que se separa definitivamente de sus construcciones propias, de los espacios de libertades individuales, de la posibilidad de experimentar, de pensar, de realizar lo imaginario, el intercambio simbólico. ¡Qué lejos estamos de ese mundo de libertades y de haber superado 32 relaciones espaciales-arquitectónicas se conel mundo de las necesidades que prematuravierten en relaciones mecánicas: movilidad y mente anunciaba Max Weber! comunicación resueltas por medio del automóvil, el ferrocarril, las telecomunicaciones. «Nos hemos vuelto pobres e incapaces de deLos parámetros de tiempo, distancia, econojar huellas en las casas que habitamos. Nuestra mía han venido a sustituir todas aquellas cuaidentidad se ha compactado en la masa o bien lidades espaciales que identificaban lo propiase ha proyectado en la figura del caudillo », mente urbano. Y el carácter de la arquitectura decía Benjamín. «El desarrollo técnico generó subordinado en el sistema espacial-urbano lo contrario de la anhelada liberación del cambia al subordinarse en el sistema de la mundo. La técnica generó la pobreza y la pérmovilidad, de las comunicaciones, de la inf o rdida de lo real. La vida parece que continúa en mación y del gran consumo; al subordinarse la contemporaneidad como un largo después en un sistema totalmente especulativo en que de la catástrofe». Resulta paradójico pensar los parámetros de la economía y el tiempo son que la imagen que nos devuelve la mirada pr imordiales. La accesibilidad y el suministro sobre el paisaje de las metrópolis contemporáde energías viene a ser toda la cualificación neas es tá creado según programas de desarr orequerida para un territorio homogeneizado, llo, políticas territoriales, exactos planes de apto para cualquier instalación, cualquier tipo ordenación y edificación. La acumulación caóde edificación, cualquier uso, la mezcolanza tica, los duros contrastes de las formas más - XXXII- representativas del progreso técnico con las formas de la marginalidad más descamada, evidencian el fracaso y la impotencia de todas esas técnicas. Entonces los teóricos nos presentan la teoría del caos como una teoría del sentido de todo eso. Ante la imposibilidad de subsumir en un concepto lo que la ciudad es o lo que la ciudad será en el futuro, estamos ante un nuevo nihilismo como teoría urbana que reconoce dicho presupuesto como la imposibilidad de síntesis de los conocimientos que la historia y las distintas disciplinas técnicas nos aportan; la imposibilidad de pensar en algo sino por sí mismo, como fragmento, y concebirlo como fenómeno. Técnica y cultura de masas La utopía positiva del progreso sin límites sigue avanzando hacia finales del siglo tomando forma de hipertrófico crecimiento urbano, hiperdensidad y congestión, dejando atrás una estela de destrucción y desorden. La expansión de las redes infraestructurales posibilita una edificación que sólo depende de las comunicaciones y de los suministros sin necesidad de orden, sin jerarquía alguna. Las profundas heridas provocadas al paisaje natural, los residuos industriales y el abandono de las zonas industriales ruinosas, la desidia de las tierras de nadie -tierras especulativamente inaprovechables tales como áreas intersticiales, contornos y límites de áreas edificadasla rápida y provisoria ocupación del territorio, la degradada calidad de la construcción especulativa y su rápido deterioro, la persistencia del chabolismo, son los signos que se manifiestan alarmantemente ante una situación en que parece se ha perdido el control y en que el compromiso de liberalismo extremado con la comunidad ha llegado a ser nulo. Y es más. Toda una proliferación de patologías sociales de esa situación periférica hacen metástasis en el propio corazón de las ciudades, sometidas también en el imperativo de la movilidad y el consumo. La eclipse del espacio público, la congestión del tráfico automovilístico, el abandono y la destrucción del patrimonio monumental y de los cascos históricos, la especulación con los mismos, el chabolismo urbano, como fenómeno en alza de los últimos años, practicado por ocupantes marginales en los degradados y abandonados edificios antiguos, parecen ser problemas de segundo orden ante una problemática que da lugar a las más pragmáticas operaciones a favor de la movilidad y el consumo de masas. No hay soluciones pensadas para el individuo, esa densidad perdida del individuo, no consistente sólo en necesidades materiales sino también espirituales, comunicacionales, demandas de un ser «político» en el sentido aristotélico. La tecnificación y la mediatización entorpece cualquier producción social y despotencia la vida llevándonos a un medio «apolítico», inerte, ajeno, donde nos sentimos extranjeros. Adorno hablaba del empobrecimiento de la experiencia comunicable y de la pérdida de la capacidad de formular el concepto como características del arte moderno, derivables, podríamos afirmar, de la propia vida. Imposibilitados los caminos de la comprensión del mundo -la experiencia y el concepto-, otros caminos se aventuran; caminos que tienen que -XXXIII33 ASTRAGALO,04(1996)ISSN 1134-3672 ver con la técnica y la cultura de masas. La denuncia de la pérdida de sentido de la máquina civilizatoria que genera medios y más medios, medios que se convierten en fines en sí mismos, se acomoda al final a ese vacío, a esa carencia de sentido que se adapta en la verdad de que hoy sólo es posible realizar lo inesencial. En ese espacio vacío se instala el nihilismo contemporáneo. La información y las mitologías de masas se precipitan a rellenar ese vacío. El sentido que postula un saber, un pasado, una memoria, un hecho comparativo de sucesos, de ideas, de decisiones, se suplanta por un concepto abstracto y artificial: las mitologías de masas. Proliferan así las formas vacías de sentido dotadas de una significación instrumental, simple estatuto de lenguaje. Lenguaje y sentido cepto. La forma de la descomposición, en su condición expresionista, expresa la impotencia de expresar la individualidad, de arrojar una visión subjetiva sobre el mundo, de formular lo nuevo. La impotencia del yo en formular la síntesis que se toma subjetividad retórica, cargada de información técnica pero vacía, produce construcciones de carácter monumental y aislado como sobrevivientes de la catástrofe moderna, hace escombros de lo existente y con ellos reconstruye lo imprevisible realizando así hoy aquellas visiones de Piranesi. El futurismo, movimiento abortado en su tiempo, también hoy resucitado, realiza plenamente su imaginería sin contenido alguno. De la incongruencia del sentido generalizado, de la tarea deconstructiva de la estética y la sublevación a la cultura emerge un mundo de imágenes de la expresión de la nada. Lo kitsch surge como la 34 representación más generalizada de la imposiEllenguaje del pensamiento técnico es el lenbilidad de síntesis, como forma de la descomguaje de la alienación y del exilio colectivo. Nos convierte en extranjeros de nuestra realidad. Extranjería de la existencia respecto a la comprensión de la realidad, extranjería respecto al conocimiento. La cultura administrada que niega la posibilidad de la experiencia en sí crea no obstante una disposición estética hacia el mundo, narcisismo, entrega a la distracción y autocomplacencia que se convierte en el comportamiento social por antonomasia. El espacio del hombre resulta de patente ambigüedad y pretendido carácter lúdico. Las construcciones surgen de la perplejidad como imágenes espectrales que recogen los residuos del pasado, lo olvidado, lo muerto y que resucitan como existencia de pura imagen sin capacidad de síntesis, sin posibilidad de reducirse en conposición y de la acumulación, de la incapacidad de actuar culturalmente. Todo un cúmulo de tendencias surge en contraposición a la austeridad del lenguaje moderno -el lengua je de la objetividad técnicaque pretendía inculcar un aprendizaje moral y estético de la modernidad. Los lenguajes posmodernos buscan una comunicación sentimental, la conciliación y el consenso en la pluralidad y la cultura de masas. El sacrificio del lenguaje moderno en el ascetismo de la técnica, esa barbarie ascética que proponía Adorno contra la barbarie de la cultura de masas, era una especie de pobreza que tenía que volverse contra sí misma para convertirse en potencia positiva. Para Adorno el acto incluso de - XXXIV - apropiarse de lo feo implicaba una denuncia al mundo que lo creaba. La arquitectura moderna tenía que denunciar la pobreza haciéndose voluntariamente pobre. La negatividad según Adorno que caracterizó las obras de la modernidad fue una expresión del sufrimiento pero en ellas subyacía una promesa de felicidad frágil, una promesa de salud y de emancipación. La apología adorniana del nihilismo contiene tal vez la utopía de una existencia diferente, la convicción de la necesidad de promover una humanidad a través del arte y de la propia arquitectura que pretendían tener una existencia social. El nihilismo hoy ya no es la estética del sufrimiento, de la negatividad, que reconocía Adorno como estado necesario del pensamiento y de la creación moderna sino el lenguaje de la derrota y de la condena, las palabras de la justificación de la imposibilidad, el lloriqueo de la conciliación, la persuasión al consumo. Ya no se vive en la angustia y con la conciencia de la pérdida de todos los valores y del sentido sino como en el mejor de los mundos. El sentido se encuentra en el dinero y el poder y quienes atacan la falta de sentido y aspiran derruir la técnica como sucedáneo del sentido no hacen más que reunir esfuerzos y articular medios y procedimientos vinculados e identificados con la esencia de la técnica. Los remedios han demostrado ser a veces peores que la enfermedad. Ya no hay fines distintos de los medios, no hay más que medios, no hay nada que se haga para algo distinto de sí mismo. Espectáculo de la técnica La humanidad del hombre ya no es el epicentro. El hombre está fuera. «El hombre es un espectador», tal como en los desarrollos teóricos de Venturi aparece el ciudadano fascinado por los luminosos reclamos comerciales, por todo un simbolismo del consumo que la ciudad ejerce sobre él. Esta es la conclusión también de una etapa filosófica del Ser con Heidegger. Y de allí parten otros caminos. Todo un panorama de caminos sin salida, que no pueden atravesar el límite, el límite que es la esencia de la técnica y el nihilismo que determinan el mundo contemporáneo. Heidegger reconocía, desde la aberración totalitaria de un sistema regido por el disparadero de la «voluntad de poder», como los mecanismos y fundamentos del sistema occidental la voluntad del Estado o del capital o el monopolio totalitario del aparato científico y tecnológico. La tecnocracia, esa específica forma de dominio, constituye el fundamento de los regímenes políticos, de las propias democracias parlamentarias. La técnica no es en sí dominable y tiene al hombre «sitiado». El principal engaño del hombre contemporáneo es suponerla sometida a su arbitrio o al arbitrio de algunos. Y el ciudadano corriente del mundo es el protagonista de ese mundo tecnificado y mediatizado cuando la técnica significa la disolución del protagonismo. En la reinterpretación heideggeriana del Superhombre y el nihilismo -el superhombre que supera el hombre producto de la lógica, de la humanidad del hombre, de la determinación ideal de lo que el hombre es, que abandona la racionalidad ilustrada parecida a una jaula insoportable impulsado por el grito agónico de Nietzsche, para dar un salto en el vacíoél está señalado como el habitante acomodado al -XXXV35 ASTRAGALO,04(1996)ISSN 1134-3672 36 espectáculo de la destrucción y el nihilismo como la voluntad de poder; poder de producir y destruir. Al reducirse todo lo natural a objeto explotable, aquello que viene a llenar el abismo entre la objetividad y el humano como sujeto es la técnica sólo presente como puro útil. La técnica consolida la reducción de lo real a lo útil, velando progresivamente cualquier otro horizonte. El hombre mismo se toma como objeto a explotar. Para algunos el nihilismo tiene hoy un aura romántica en un sentido de representación dramática de la realidad, como una posición psicológica, mientras que sólo en la ontología, el fondo donde realmente empiezan las cosas, en el individualismo del ser profundo, constatando que esa precisión no es suficiente para dar cuenta de la memoria, del propio alma, del habitar poético. La téchne evidentemente ya no es poiesis sino un programa de producción técnico y político, ni es aletheia como la manifestación o desvelamiento de algo, sino el perfeccionamiento de un cálculo. La metástasis técnica planetaria está vivida hoy como espectáculo. Lo «artístico» está transferido en a la totalidad de las técnicas. la forma técnica llega a convertirse en alarde de la técnica, en forma redundante de la técnica, en relación narcisista con su objetivo, en objetivo en sí. del ser natural, cuando hablamos de inversión Estetización y humanización de las garantías de la razón se origina el nihilismo. Con la pérdida total del carácter antropológico de la estética que denunciaba Oteiza, se Para Heidegger ante ese fracaso de las estrata-cierra también el ciclo de los «descubrimiengemas racionales de la convivencia humana tos». «Una vez concluido el período de la disque la cultura occidental ha llevado a cabo, el persión de la inventiva técnica, la ciencia ha fracaso de lo público, de la polis, el ser polítiido a recluirse en el terreno de la productivico, queda sólo una salida salvífica: el punto de dad fabril y en último término artística». «La mira del espectador que transforma la visión, investigación fundamental ha concluido. La meta-pherein -lleva más allá- , construye menueva investigación es sobre y para ellenguatáforas, crea lenguaje. Se trata de la «escucha je. La tarea ahora es la transmisión de lo que se poética» que propone Heidegger ante cual-ha logrado transformar, la educación». Lo que quier intento salvífica programático. Lo que viene a decir Oteiza es que ante el eclipse de salva está en el arte. La técnica al ser lo prola estancia reflexiva, la conversión técnica del pío del hombre puede convertirse en arte. mundo en tráfico de información hace que Puede haber algo realmente salvífica en la lo nuevo sea antiguo. Y refiriéndose Oteiza técnica moderna. No obstante en lo inmediato al «inconcluso proyecto de la ciudad»: «La de su belleza artística existe algo de otra arquitectura de la ciudad sólo reproduce vadimensión. La constante inconsecuencia del riantes expresionistas de las producciones del alma que se manifiesta por una parte necesipasado reciente». «Una arquitectura encadetando la precisión del concepto, y por otra nada a la tecnología» y de << un fundamento - XXXVI - teórico débil». «Hay que salvar esta discisión entre lo teórico y lo práctico» y devolver a la arquitectura su «carácter de servicio». Hay que «aplicar la arquitectura desde el urbanismo». La arquitectura que realiza su contacto con la realidad social a través de compromisos con los requerimientos de los parámetros económicos, industriales, energéticos, tiene que ser devuelta a la ciudad y al ciudadano. El habitante fortuito de la arquitectura que es el cliente anónimo del arquitecto, el hombre diseminado en conceptos de hombre empresa, hombre funcionario, hombre masa y la arquitectura que omite el contacto con sus finalidades son las dos caras de la misma moneda: el contenido social y la razón arquitectónica suplantados por información técnica. Los testimonios formales objeto de nuestros análisis nos proporcionan información acerca de los más inmediatos aspectos de la realidad industrial, del régimen político y planificador, del estado del desempleo y de la inflación, etc. ¿Y el hombre? El hombre no es más que otro dato técnico, es un dato métrico y económico, un valor estadístico. La supuesta humanización de la arquitectura y la revalorización de los «valores humanísticos» reivindicados por el movimiento posmoderno terminan siendo valores superpuestos y añadidos a la forma técnica, reduciéndose su función en puramente ornamental. Valor humanístico viene a ser sinónimo de tradicional o estético. Connotados dichos «valores humanísticos» como inútiles frente a los valores de utilidad y eficacia, contribuyen por lo general en la creación de «ambientes lúdicos», recibiendo por ello los más altos atributos de admiración y de prestigio. La supuesta humanización que reviste así las diferentes producciones sociales, sean éstas edificios, objetos y máquinas o actos culturales, deviene falsificación de las mismas. En la ciudad, el movimiento posmoderno introduce un cambio en la ideología urbanística moderna tendente a revestir las operaciones más modernas y tecnocráticas con un aspecto tradicionalista o ecologista. Sus argumentos teóricos débilmente sostenidos e indiscernibles de los «argumentos de peso», que son los técnicos y financieros, se convierten en pura anécdota, en puro reclamo comercial, traducidos en frívolas arquitecturas figurativas donde también caben los tradicionalismos, clasicismos ... Así que mientras las vanguardias han querido comenzar desde cero, a través de una práctica moral y artística destructiva, el pasado que hoy se quiere celebrar es sentimental: conmemoración, museística. El debilitamiento teórico e ideológico implica una actitud decadente que tiene como utopía la reconciliación y se expresa con ambigüedad lingüística. Visualizamos así los signos palpables de nuestra situación contemporánea como un espectro de imágenes construidas que abarcan desde la forma restringida por la técnica a su contrapuesta imagen de una forma redundante de la técnica, donde todo tipo de ornamento o elemento histórico se puede añadir para «humanizar », es decir, conmemorar la «humanización de la arquitectura». Parece necesario otro modo de producir las cosas consecuente de otra educación y otra - XXXVII37 ASTRAGALO,04(1996)ISSN 1134-3672 formación. La imposibilidad de pensar que reduce todo procedimiento en resolución técnica y metodología, el proceder del pensamiento de intentar la taxonomía de cualquier cosa y elevar en concepto lo que consiste en problematización estilística, moda, etc., ha de convertirse en estancia de otra reflexión. Para que el conocimiento y lo pensado emprendan una tarea unificadora, haría falta una cultura que nos resitúe en el espectáculo del mundo como revelación, más allá de los convencionalismos intelectualistas y la cultura de masas propia de nuestra civilización occidental. El paradigma de la «polis», del «ser político», nos llevaría a la comprensión de lo real, obra conjunta de razón y sentimiento. Porque volver al mundo real no es volver a ningún «naturalismo» que sea lo opuesto al «tecnicismo». Sería hacer de la «negatividad», de la destrucción, una ocado y de renovación y, en cierta forma, de reconsagración del ser. ¿Cómo ha de darse ese salto que transformaría los límites del conocimiento que hoy adquirimos y lo orientaría a la verdadera sabiduría? Nos hace falta una revisión de los conceptos institucionalizados con una exigencia de concienciación ética en la esfera de lo público que transcendería a lo privado como una exigencia de nivel de educación más elevado que eliminaría las limitaciones entre teoría y praxis, los reduccionismos pragmático-instrumentales de las producciones sociales, el humanismo psicologista, la opresión socioculturalista, el relativismo nihilista ... Sólo la cultura fortalecería el cuerpo de una sociedad de hoy que bajo su máscara de tolerante, democrática, progresista ... disimula su debilidad ante una tremenda violencia que se está incubando en la más profunda e incons38 sión ética de una nueva comprensión del munciente insatisfacción del ser. O -XXXVIII-