La pampa: historia de una pasión argentina
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LA PAMPA: HISTORIA DE UNA PASION ARGENTINA por MARIA CABALLERO WANGUEMERT Hay pueblos que parecen marcados por un elemento intrínseco que configura su fisionomía y les confiere especificidad... Este es el caso de la Argentina que ha encontrado en su pampa un punto de partida inexcusable, un factor recurrente para la literatura de los últimos 150 años... En tan dilatado período temporal caben todos los enfoques y casi todas las escuelas literarias, realistas e idealistas. Pero, en cualquier caso, me interesa resaltar que tomando como punto de partida la descripción de la tierra se percibe una acusada tendencia a convertirse en bandera ideológica, sustentadora de las tesis que el escritor mantiene respecto a su patria. La pampa es así componente físico con un valor propio —bella y feraz o destructora y seca —; pero también un índice de la patria, de la «agentinidad», tema que obsesiona a los intelectuales de esta parte del planeta. No pretendo hacer aquí un exhaustivo análisis de esa «pasión argentina », pero sí señalar los hitos más significativos de su trayectoria que presenta tesis complementarias y opuestas. Dejando al margen esporádicas noticias anteriores sobre la pampa y el carácter de sus hombres debidas, por ejemplo, el Lazarillo de ciegos caminantes, me centraré en los autores de la primera generación romántica argentina gestada en torno a 1830 en el ámbito del Río de la Plata; y aún más en concreto, a Esteban Echevarría y Domingo Sarmiento. Echevarría, educado en Francia en el historicismo romántico que trasplantará al Plata, fija poéticamente el canon generacional en el poema La cautiva (1837). En la «Advertencia» que sirve de prólogo resalta la inversión de valores realizados por su texto UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA
358 MARIA CABALLERO WANGUEMERT poético: la naturaleza no es en él mero marco, sino sujeto fundamental; mientras que la anécdota amorosa pasa a ser algo secundario, destinado a entretener al lector. Hay un programa consciente, un ideal autónomo y americanista cuyo primer manifiesto habrían sido las Silvas americanas (1825-26), de Andrés Bello, publicadas diez años antes. Dice Echevarría: «El principal designio del autor de La cautiva ha sido pintar algunos rasgos de la fisonomía poética del desierto; (...) El Desierto es nuestro, es nuestro más pingüe patrimonio, y debemos poner nuestro conato en sacar en su seno, no sólo riqueza para nuestro engrandecimiento y bienestar, sino también poesía para nuestro deleite moral y fomento de nuestra literatura nacional» 1 . Coherente con su programa Echevarría dedica un capítulo entero, de los nueve del poema, al desierto que caracteriza con un par de temas fundamentales: inmensidad y soledad z. El deseo de reflejar la belleza y la fusión del espíritu del poeta con la naturaleza a la que trasfiere su melancolía se conjugan, en el caso de Echevarría, con la observación directa del paisaje en los constantes retiros a su estancia de La Talas 3 . Por ello, la visión idílica que corresponde al tópico ro1. ECHEVARRIA, Esteban. Advertencia a «La cautiva» (en El matadero. La cautiva. Ed. de Leonor FIeming. Madrid, Cátedra, 1986, pág. 117). 2. Ibidem, págs. 25. Semas evidentes en los conocidísimos versos iniciales del poema: Era la tarde, y la hora en que el sol la cresta dora de los Andes. El desierto inconmensurable, abierto y misterioso a sus pies se extiende; triste el semblante, solitario y taciturno como el mar (...) Gira en vano, reconcentra su inmensidad, y no encuentra la vista, en su vivo anhelo, do fijar su fugaz vuelo, cómo el pájaro en el mar...» 3. Cfr. Antonio LLORENTE MEDINA. Introducción a Rimas. Madrid, Editora Nacional, 1979. Sobre los fluctuantes sentimientos que provocaba en él el paisaje pampeano ha dejado numerosas referencias en las Cartas a un ami o. En la núm 10, por ejemplo, se lee: «Observar el orden y la armonía de la naturaleza y elevarse hasta la meditación de sus leyes inmortales, y descubrir allá, en el corazón del universo, la UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA
ACTAS VIII JORNADAS DE ANDALUCÍA Y AMÉRICA 359 mántico de la naturaleza («Cuántas, cuántas maravillas, / sublimes y a par sencillas, / sembró la fecunda mano / de Dios allí!» 4 dirá en el canto de El desierto), se contrapone el enfoque desgarrado, casi expresionista con la naturaleza'. Como ha visto Noé Jitrik, uno de sus mejores críticos, el paisaje pampeano hostil y bárbaro recogido en La cautiva viene a confirmar la inicial sospecha de Echevarría de que ese ámbito natural, sagrado para el espíritu romántico, sea en realidad el refugio de, un atentado permanente contra la cultura, constituya una grave amenaza contra la civilización y un riesgo contra el triunfo de la misión de rescatar el fondo de la naturaleza atribuible al romanticismo. Embrionariamente La cautiva contiene los postulados del Facultado, sobre todo en este aspecto: en una como en otra obra, entre hombre y naturaleza, entendiéndose por hombre el tipo que Echevarría y Sarmiento representan, y por naturaleza, el desierto o la pampa como son, no hay posibilidad de integración 6 . Es curioso que ni siquiera los europeos instalados en el país o los viajeros ingleses que lo recorren a lo largo del siglo XIX son tan críticos y maniqueos en sus planteamientos como estos hombres de la primera generación romántica. Por aparecer citado —por cierto, mal citado— por Sarmiento en su Facundo, me interesa resaltar al respecto el testimonio de Head quien cumpliendo su función de director de la compañía minera del Río de la Plata, atraviesa en varias ocasiones la pampa durante el primer tercio de siglo. A pesar de su sorprendente aserto inicial: «El estado general del país es el mismo desde el primer año de la creación» 7 , es capaz de extasiarse ante la feraz vegetación del «mar de hierba », o sufrir con la sequía santafesina... incluso mantiene cierta imparcialidad ante el indio —ese indio que mano omnipotente que lo rige.Quién, al respirar el aroma vivificante de las flores en medio de esta soledad y este silencio que no interrumpen sino el balido de la oveja, el relincho del caballo y eI chillido de los insectos, queda frío espectador y no siente en el corazón emociones peregrinas?». pág. 48. 4. ECHEVARRIA, Esteban. Ob. cit., pág. 126. 5. En este sentido hay que interpretar la Carta núm. 14: «Tomé uno en mi mano; comencé a halagarlo y vi con horror que vomitó de su cuerpo un sa p o, una víbora y un huevo de perdiz. Soltelo al punto con asco y me retiré precipitado de aquel lodazal inmundo de la muerte. Así amigo todo parece que conspira en la naturaleza a la destrucción (...). Los animales de una misma especie se devoran entre sí (...). El hombre destruye cuanto está a su alcance y aún a sí mismo sin necesidad ». Citado por Antonio LORENTE MEDINA, ob. cit., pág. 48. 6. Cfr. JITRIK, Noé. Prólogo a Facundo. Caracas, Ayacucho, 1977. 7. HEAD, F. B. Las Pampas y los Andes. Notas de viaje. Trad. y pról. de Carlos Aldao. Buenos Aires, Vaccaro, 1920, pág. 23. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA
360 MARÍA CABALLERO WANGUEMERT para Echevarría era una horda arrolladora, un malón en el que obviamente no caben caracterizaciones psicológicas, porque apenas es un ser humano... Head había justificado diez años antes el que su vida esté centrada en la guerra ya que —dice— esta «raza desgraciada» sufrió un expolio con la conquista española; «son de admirar mucho como nación militar — continúa— y su sistema de pelear es más noble y perfecto que el de cualquier nación del mundo» $. El fiel de la balanza se mantiene sin descompensar aún cuando reconoce sus bárbaras costumbres 9 . Head logra ser más imparcial que los argentinos quizás influenciado por el arquetipo del «bon sauvage», arquetipo que difícilmente sobrevivirá a escenas como las que narra. Su obra se publica en Londres (1826), ciudad que visitará Echevarría en el 29 por lo que podría haberla conocido perfectamente. Si bien La cautiva es el hito poético señalable, en realidad recoge un estado de ánimo, procedente de Pedro de Mendoza y la crónica de Schmidel, que opone la barbarie indígena a la civilización del conquistador; «su designio —dice Martínez Estrada— es estigmatizar la barbarie con un concepto europeo de los bienes absolutos de la civilización» 10 . « La verdad es que la generación que estructuró el país con visión europea no tuvo sensibilidad americana para detenerse en el examen de lo nuestro — apunta Dardo Cuneo— y escribir —protagonistas y cronistas a la vez— una historia americana (...). El primer error fue aquel de considerar a la guerra civil argentina un acto en la lucha entre la civilización y la barbarie» " 1 . Hasta aquí la cita muy sintomática de cierta crítica de izquierda actual que, me parece, extrapola los términos del problema. Ese ideal autonomista de la generación romántica del Plata queda efectivamente lastrado por la dependencia mental de modelos europeos; pero es indudable que, como programa, está ahí: la tierra propia será el punto de partida para la reconstrucción cultural del país. La paradoja es que al volver sus ojos a él, su mentalidad formada a la europea les hará ver «barbarie». De cualquier modo, ese paisaje topográfico y escueto del gaucho, la llanura pampeana extensa y solitaria, es el causante directo 8. Ibídem, pág. 87. 9. Ibidem, pág. 74. 10. MARTINEZ ESTRADA, EzequieI. Muerte y transfiguración de Martín Fierro. México, F.C.E., 1948, pág. 189. 11. CUNEO, Dardo: El profeta de la pampa (en Cuadernos Americanos. México, Marc.-Abr., 1946, año 25, vol. 26, pág. 229). UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA
ACTAS VIII JORNADAS DE ANDALUCIA Y AMÉRICA 361 del mal funcionamiento sociopolítico y del desastre en que viven sumidas las provincias del interior —tesis ya sugerida por Head y que consagrará Sarmiento en su Facundo fijando los términos del problema en la archiconocida fórmula «civilización / barbarie ». Dice Sarmiento: «El mal que aqueja a la República Argentina es la extensión: el desierto la rodea por todas partes y se le insinúa en las entrañas; la soledad, el despoblado sin una habitación humana, son, por lo general, los límites incuestionables entre unas y otras provincias. Allí la inmensidad por todas partes: inmensa la llanura, inmensos los bosques, inmensos los ríos, el horizonte siempre incierto, siempre confundiéndose con la tierra entre celajes y vapores tenues que no dejan en la lejana perspectiva señalar el punto en que el mundo acaba y principia el cielo. Al Sur y al Norte acéchanla los salvajes, que aguardan las noches de luna para caer, cual enjambres de hienas, sobre los ganados que pacen en los campos y sobre las indefensas poblaciones» 12. De toda esta inmensidad, en el centro y finalmente al sur «triunfa la pampa y ostenta su lisa y velluda frente, infinita, sin límite conocido, sin accidente notable» 13 . « Esta llanura sin límites que desde Salta a Buenos Aires y desde allí a Mendoza (...) permite rodar enormes y pesadas carretas sin encontrar obstáculo alguno (...) constituye uno de los rasgos más notables de la fisonomía interior de la República» 14 . « Lo que por ahora interesa conocer —dirá también— es que los progresos de la civilización se acumulan en Buenos Aires sólo, la pampa es un malísimo conductor para llevarla y distribuirla en las provincias y ya veremos lo que de aquí resulta» is El círculo se ha cerrado: lo físico, el paisaje descrito con grafismo y cierta fuerza está al servicio de una tesis, es el mismo parte de esa tesis. El título de este primer capítulo «Aspecto físico de la República Argentina, y caracteres, hábitos e ideas que engendra, ¿No impli12. SARMIENTO, Domingo. Facundo. Madrid, Alianza, 1970, pág. 31-32. 13. Ibidem, pág. 33. La descripción de la pampa como mujer es retomada por Malíea en Historia de una pasión argentina (1933). 14. Ibídem, pág. 36. 15. Ibidem, pág. 35. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA
362 MARÍA CABALLERO WANGUEMERT ca la idea de la existencia de una genética sociológica fundada en el estudio de las condiciones físicas en que vive una sociedad? En esto también en realidad Sarmiento compartía las ideas que en 1845 estaban en el ambiente...» 16 y cuyo punto de partida era la obra de Montesquieu: L'Esprit des Lois (1748). Su historicismo sociológico remite —como bien ha demostrado Noél Salomon— a los historiadores franceses contemporáneos: Thierry, Guizot, Michelet y Tocqueville..., así como también recuerda la teoría del medio ambiente de Darwin, que había conocido la pampa unos años antes durante su viaje en el Beagle de 1831 a 1836; y finalmente a lo que será la obra sociológica de Hypolite Taine... La pampa es el eje, el centro desencadenante de ese «riguroso determinismo histórico (que) hacía de su héroe la resultante de una sucesión de factores organizados en cadena lógica: el marco físico de las pampas, el alma colectiva del pueblo que vive en ese marco, sus costumbres, su moral...» 17 . Por todo ello, Facundo Quiroga caudillo de montonera, inexorablemente deberá ser un gaucho malo representativo de esa barbarie que se asimila a las provincias del interior, frente a la civilización europea cuyo portavoz en la Plata será la culta Buenos Aires. En la Pampa las distan -cias impiden la llegada del progreso y la educación, factor éste último fundamental para el maestro Sarmiento. Pero incluso el «profeta de la pampa» —como le llamará Ricardo Rojas— se deja ganar por la atracción de lo propio a la hora de caracterizar al gaucho, que es como la excrecencia de la tierra en que vive. Hay grandeza en la descripción del baqueano, el rastreador, el gaucho cantor... incluso en la del gaucho malo. El lema apriorístico «civilización / barbarie» se resquebraja ya en Sarmiento y así, salvando las distancias, podemos decir que sucede con él algo semejante a lo que ocurre con Borges: el Borges lector impenitente, culto, exquisito, que confiesa no haber vivido sino a través de los libros.., el hombre frío, lúcido, inteligente y secundario, que se ha educado entre un jardín y una biblioteca, se deja ganar por el tipo primario del gaucho, por el compadrito del arrabal, por esa barbarie endógena... Es sintomático que haya dedicado multitud de poemas —por no hablar de su obra ensayística— a estos asuntos. Me parece magistral el 16. SALOMON, Noel. Realidad, ideología y literatura en el «Facundo» de Sarmiento. Amsterden, Rodopi, 1984, págs. 4-5. 17. Ibidem, pág. 4. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA
ACTAS VIII JORNADAS DE ANDALUCÍA Y AMÉRICA 363 poema titulado El general Quiroga va en coche a la muerte, en el que el hombre Quiroga es uno con la tierra; en esa fusión estriba su grandeza y la seguridad en su destino. Veámoslo: «Esa cordobesa bochinchera y ladina (meditaba Quiroga) ¿qué ha de poder con mi alma? Aquí estoy afianzado y metido en la vida como la estaca pampa bien metida en la pampa. Yo, que he sobrevivido a millares de tardes y cuyo nombre pone retemblor en las lanzas, no he de soltar la vida por estos pedregales. ¿Muere acaso el pampero, se mueren las espadas?» 18 . Hay que reconocer que muchos años atrás se habían ido agravando progresivamente las fisuras de la tesis sarmientina, hasta el punto de que en los veintisiete años transcurridos desde la publicación del Facundo (1845) a la del Martín Fierro (1872) de José Hernández la tesis se invirtió por completo. El gaucho es ahora un ser ideal, que vive libre en contacto con la naturaleza, su verdadera casa... No sólo no le es hostil, sino que se convierte en su refugio cuando le alcanza la injusticia ciudadana. Como dijo Martínez Estrada «para Hernández, la ciudad —y en primer término la ciudad de las ciudades, Buenos Aires— encierra casi todos los males políticos: el germen de las discordias, el manejo arbitrario de las rentas, los gobiernos unitarios y despóticos, el olvido y desprecio del campesino» 19 . Martín Fierro no describe, habla del desierto tierra de fronteras. «Este repara insólitamente en la naturaleza, en la vaga extensión de la Pampa, obsesionante y brillante en la sequedad de los pajonales, ofreciendo sus caminos abiertos y desperezados como una invitación hacia el infinito, esta inclusión del tema de la naturaleza en la novelística, en la poesía popular, en la misma vida del gaucho impulsando sus acciones con un requiebro brutal y fuerte de misterio, es el recurso íntimo de las naciones americanas cuando se inicia una política malamente dirigida de inmigración de hombres, industrias, explotaciones, capitales extranjeros»... 2o 18. BORGES, Jorge Luis. Luna de enfrente (en Obra poética 1923-1977). Madrid, Alianza Tres, 1987, pág. 78). 19. MARTINEZ ESTRADA, Ezequiel. Ob. cit., pág. 303. 20. VILA SELMA, José. El gaucho en el tiempo y en la novela. (en Arbor. Madrid, May. Jun. 1946, núm. 15, pág. 403). UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA
364 MARÍA CABALLERO WANGUEMERT Esta opinión de Vila Selma me parece, al menos, discutible. Lo cierto es que a partir de 1860 había comenzado la inmigración organizada desde el poder para colonizar el país. Sucesivamente van llegando oleadas de italianos impulsados a abandonar su tierra por la crisis generada con la unificación del reino italiano. Con ellos el final de siglo contempla la transformación de la pampa en zona agrícola - mente productiva, con graves consecuencias para el gaucho. Según Carlos D'Arnico, testigo de la época de Irigoyen, «ha perdido completamente todos los rasgos de independencia, fuerza, altanería y lealtad, como ha perdido la campana todos los rasgos que la distinguían (...) encerrada por los alambrados (...). Y así, por la lógica de los hechos, aquel jinete, señor de la pampa, hoy es el único desgraciado de esa tierra de sol, felicidad y de abundancia »... 21 . Ante la irrupción de una masa de advenedizos sin calidad, la élite criolla cierra filas progresivamente desplazada por los nuevos ricos. Los conflictos entre unos y otros tejen toda una extensa literatura llena de matices 22 . Con ese telón de fondo, a fines del XIX las circunstancias han cambiado y se apuntan tímidamente las primeras notas de la restauración nacionalista. Así como la revolución de Mayo de 1810 fue la bandera de la primera generación romántica, asimismo la generación del centenario pondrá en marcha todo un vasto programa de búsqueda de la argentinidad, de vuelta a las raíces. Invirtiendo el enfoque sarmientino el mestizaje será ahora valorado positivamente porque el gaucho, el habitante autotóctono de la pampa, lo es. Hay un consciente deseo de religación con la colonia, con lo hispánico tan denostado por los afrancesados decimonónicos; y tanto Facundo como Martín Fierro son personajes que se mitifican en el entorno siempre idealizado de la pampa. La esencia de la argentinidad conecta, de alguna manera, con ese estilizado paisaje pampeano, con el gaucho, «no ya tema de evocación nostálgica, sino elemento activo de identificación» 23 frente al inmigrante portador de 21. D'AMICO, Carlos. Buenos Aires, sus hombres, su política 1860-1890. Observaciones de un viajero desocupado. Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1977, (e.o. 1890), págs. 23-24. 22. En efecto, la parodia crítica del inmigrante es un leitmotiv en la literatura del momento. Cfr. al respecto RUSICH, Luciano. El inmigrante italiano en la novela argentina del 80. Madrid, Playor, 1974. 23. ALTAMIRANO, Carlos. La fundación de la literatura argentina (en ALTA -MIRANO, Carlos y Beatriz SARLO. Ensayos argentinos. De Sarmiento y la vanguardia. Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1983, pág. 112). UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA
ACTAS VIII JORNADAS DE ANDALUCÍA Y AMÉRICA 365 una nueva barbarie. Altamirano resume bien la inflexión ideológica del período: «El gaucho, el desierto, la carreta ya no son los represen -tantes de una realidad "bárbara" que hay que dejar atrás en la marcha hacia la "civilización ", sino los símbolos con los que se tama una tradición nacional que el "progreso" amenaza disolver» ` 4 . De ahí el sentido reivindicador del Martín Fierro que destilan las conferencias de Lugones recogidas posteriormente en El payador (1916), así como La restauración nacionalista (1922), de Ricardo Rojas 2 s «Tal vez sea esa misma condición dual e híbrida —son las lúcidas palabras de Ernesto Sábato— la causa fundamental de esa inquietud, de esa oscura angustia por nuestra esencia y nuestro destino; pero también es probable que sea hibridez esa la que nos ofrezca tanta riqueza espiritual, tanta sutileza y posibilidades históricas» 26 • Lo cierto es que en la década del XX y con la llegada de la vanguardia se intensifica el deseo de definir espiritualmente el país. En Argentina, la vanguardia cosmopolita cierra filas en torno a Martín Fierro (19241927) cuyos promotores —Borges, Guiraldes, Erro...— asimilan criollismo y argentinidad al retornar a la pampa. Quizá sea Güiraldes el que con su Don Segundo Sombra (1926) consiga la novela más perfecta y cumplida, costumbrista y simbólica a la vez, donde el impresionismo es un importante factor estilístico. Y es que —según recuerda Guillermo Ara— como retazo de ese resquemor ante la masiva inmigración, parece existir «un tácito o expreso acuerdo en que es en el interior donde el país aún puede reconocerse en sus tradiciones y en una posible cultura de auténtica raíz nacional» 27 . En el caso de Güiraldes, esta actitud queda reforzada por el desastre de la primera 24. ALTAMIRANO, Carlos y Beatriz SARLO. La Argentina del Centenario. campo intelectual, vida literaria y temas ideológicos (en Ensayos argentinos..., ob. cit., pág. 95). 25. Este último establece en su Eurindia la primacía de los caracteres espirituales autóctonos y tradicionales sobre el cosmopolitismo importado de la capital. Su mestizaje pasa por la propuesta de fusión de los nativos con los inmigrantes y sus hijos. 26. SABATO, Ernesto. El destino de la Argentina (en Páginas vivas. Buenos Aires, Kapelusz, 1974, pág. 95). 27. ARA, Guillermo. Introducción a la literatura argentina. Buenos Aires, Columba, 1966, pág. 73. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCIA