El monitor ultramarino
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EL MONITOR ULTRAMARINO. PROSPECTO. C/uando los sucesos de doce anos de desgracias pare¬ ce que han comenzado á familiarizar á los españoles de ambos mundos con la disputa en que está cifrada esen¬ cialmente la felicidad de tantos millones de individuos de la especie humana , es de esperar que los que mas pierden en la mala terminación de estas diferencias quie¬ ran instruirse á fondo en la cuestión y en sus antece¬ dentes y consecuencias, renunciando á las sugestiones del orgullo resentido, á los prestigios de la ambición y á las esperanzas de un monopolio, que ya no puede con¬ servarse sin que el interés de pocos cause la ruina de muchos en los dos hemisferios. El desengaño de que el tiempo y la naturaleza pueden mas que las preocupacio¬ nes y los cálculos apoyados en ellas, va reuniendo de tal modo los ánimos de los dos partidos, que apenas ha¬ brá en ellos quien no piense en transigir, como se pue¬ da, una contienda, en que las circunstancias han dado la mejor parte á los que justa ó injustamente llevaron la peor hasta el dia. España debe y quiere conservar con la América las relaciones que en ambos paises ha creado la consan¬ guinidad , y en las que está cifrada la mutua felicidad de nuestra gran familia; pero si se quiere contrariar en esto la marcha de la naturaleza creadora y modificadora esclusiva de estas mismas relaciones, ahora que el vie¬ jo mundo no puede conservar sobre el nuevo la prestí-
2 *• giosa superioridad que le dió el artificial sistema políti¬ co de tres siglos, no hará aquel otra cosa que pervertir hostilmente en daño suyo una querella fecunda en tran¬ sacciones fraternales y amistosas, siempre que no se la saque de su verdadero y natural criterio. La preocupación fue por desgracia la base de la disputa llevada al estremo de una guerra civil, que se llama de familia, y la preocupación es la que sostiene y fomenta el grito de las pasiones , agentes principales de ambos partidos respectivamente. La razón sola es quien tiene en su mano el caduceo con que ha de restable¬ cerse la calma necesaria para que se oigan y se apre¬ cien debidamente las proposiciones con que la paz quie¬ re rehender por medio del apiñado enjambre de opinio¬ nes , de proyectos , de planes, de arbitrios y de folle¬ tos , que lanzados en el calor de la lid, han alejado to¬ da esperanza de capitulación. Sentado sobre ruinas y ca¬ dáveres el genio español, está señalando con el dedo del desengaño lo pasado y lo futuro á ambos hemisferios, para que sus habitantes empleen el tiempo presente, que tal vez no volverá jamas , en curar á la naturaleza de las estocadas que le han dado á mansalva el error y la ambición armados con Ja triple coraza de la política. El siglo XIX no es el siglo XVI; y todos los esfuer¬ zos de los zurcidores de proyectos , y de los adalides de empresas heroicas , no harán otra cosa que demostrar la impotencia de los hombres contra el imperio del tiempo y de las circunstancias. El siglo es el conspirador uni¬ versal , y sus cómplices son la generación presente, que dejará á la posteridad un orden de cosas mas ó menos durable , pero nunca eterno é indestructible. Nada hay que lo sea mas que la naturaleza; y quererla modificar según nuestros caprichos, es establecer el reino del mal, y buscar la felicidad en el desorden, contrariando los designios de la Providencia. Esto supuesto, es menester renunciar á preocupa¬ ciones , que ya no pueden prevalecer contra el desenga-
3 no que han producido tantos dias de inútiles esfuerzos para oponerse al impetuoso torrente de unos sucesos en que la América no tuvo antes parte ni influjo, ni ahora recibe de ellos otro que el de verse en el caso de tomar sobre sí el cuidado de su suerte y conservación, sin prescindir en manera alguna de las relaciones que la na¬ turaleza ha establecido entre ella y la España; relacio¬ nes que siendo de todos los tiempos y de todas las cir¬ cunstancias , no pudiera obrar contra ellas sin esponerse á destruir con la mano de la imprevisión lo que edifica¬ ba con la de la necesidad y la conveniencia mutua. He aquí el programa de toda transacción entre am¬ bas Españas; pero para concebirlo en toda su estension, es menester que los españoles europeos conozcan la Amé¬ rica como los americanos conocen la España; y esto es lo que hace necesaria la publicación del periódico que pro¬ ponemos como el único medio de destruir la impenetra¬ ble barrera de la preocupación, que tiene alucinados á los de acá, mas en daño suyo que en perjuicio de los que saben ya lo bastante para deducir lo que tiene que esperar la España, y lo que tiene que temer la Améri¬ ca , de todo lo que no sea conforme á las leyes de la na¬ turaleza, contra las que nada pudieron jamas las de la política. El único que queda aun en juego de todos los pres¬ tigios que ha reducido á polvo la lucha de doce años, es la capacidad moral de los americanos para llevar á cabo sus proyectos de reforma política. Opinable podrá ser aun sí nuestros parientes de Ultramar son mas ó menos de lo que quieren parecer; pero nadie habrá que dude que la España no es la que era, y esta es la parte de la cuestión que interesa á los de acá mas que á los de allá; puesto que nosotros tratamos de la existencia absoluta, y ellos solo aventuran en la controversia la comodidad social por el tiempo que baste á nivelar los elementos de aquella asociación política. Para entrar en este juicio de comparación es ya necesario que no nos atengamos
4 á los informes que dieron los agentes del antiguo sistema, traducidos todos ellos por el diccionario de las pasio¬ nes, y que perdiéndole el miedo á la cuestión, entremos en ella con la resignación propia de hombres que cono¬ cen sus fuerzas, y quieren conocer las de los que le dis¬ putan ciertos derechos que no han tenido otra existencia que la prohibición de discutirlos y analizarlos. Nosce te ipsum es el epílogo de la filosofía , y en el que están ci¬ frados todos los derechos y todos los deberes de las dos partes en el pleito de su recíproca y perpetua utilidad. La opinión pública dirá si la España se conoce á sí misma en sus pretensiones respecto de la América; y es¬ ta parte de la cuestión será obra de otros. La nuestra es procurar que conozcan la América los españoles tal cual fue, tal cual es, y tal cual puede ser respecto de la España, de quien no debe separarse hostilmente sin po¬ ner en peligroso choque todos sus actuales elementos so¬ ciales y todo el giro de sus presentes intereses; y esta será la materia única y esclusiva de una empresa consa¬ grada á restablecer á la naturaleza en sus derechos, para fundar sobre ellos transacciones políticas relativas al nue¬ vo orden que ha traido el lápso de tantos siglos. Por la antigua causa de la España europea militan todos los que pertenecen al gobierno, que obra según su necesaria categoría en la cuestión , milita una gran parte déla representación nacional, militan todos los que pierden en el nuevo orden de cosas, que nadie ha crea¬ do en particular ni nadie puede ya resistir sin destruirse; y la opinión pública de la nación fluctuando entre lo que toca y no conoce , solo entra en la disputa pronun¬ ciándose contra todo proyecto que tenga por base pasar el Océano para ir á hostilizar á los que ve resistir doce años de guerra, durante los cuales han vuelto los cam¬ peones de la legitimidad sin haber hecho otra cosa que renovar en el siglo del saber y de la filantropía las vio¬ lencias de los tiempos en que n<? se conocía otra gloria que la de las conquistas. Sin las prendas de los Corteses
5 y Pizarros, creyeron algunos que iban á haberlas con los vasallos de Motezuma y Atahualpa; y lo peor es que se procuró conservar en la nación esta idea respecto de la América, sin otro cálculo que el de continuar reinan¬ do por una ignorancia, incapaz de sostenerse desde que se permitió á los españoles saber todo lo que no habían po¬ dido aprender hasta ahora. Mucho le falta, empero, al pueblo español para dis¬ cernir su verdadero interés en la presente cuestión; y co¬ nociendo nosotros que la opinión es la que ha de suavi¬ zar al gobierno el áspero camino que le toca andar en este negocio, se ha creído que en procurar presentarlo en su verdadero punto de vista, le hacíamos un servicio tanto mas necesario, cuanto que careciendo en la actua¬ lidad la América, de toda representación legal en la Pe¬ nínsula, tienen ahora los interesados de buena fe en la suerte futura de ambas Españas mas derecho que nunca para romper el silencio, que pudiera comprometer de un modo irrevocable el éxito de una resolución tan impor¬ tante en el día de hoy por sus consecuencias, como lo fue en el suyo el descubrimiento y la conquista de los vastos y remotos países que tanto influyen en la prospe¬ ridad general de la Europa, mal que le pese á ella misma. Si algo hay que pueda autorizar la renuencia que se advierte en la España europea para obrar respecto de la americana con la liberalidad que le indican con urgencia las apuradas circunstancias en que se halla, es el temor de dejar la suerte de los europeos que se oponen á las reformas radicales sin garantía alguna que los ponga á cubierto de la venganza de los americanos, Cuando estos se vean de derecho en posesión de todo lo que disputan. Este inconveniente pertenece á los americanos precaverlo con estipulaciones tales, que afianzando la suerte-de tan¬ tos hombres útiles, que no pelean sino porque temen, Ies hagan concebir la idea de trabajar para adquirir luego que vean que pueden vivir con seguridad, renunciando
á toda esperanza de que haya en Europa quien les pro¬ meta honra ó provecho por turbar la paz de los países en que gozarán de todo el fruto de su .industria y su su¬ dor bajo una absoluta igualdad de derechos y deberes. Franqueza y buena fe: he aqui las dos áncoras que han de salvar á ambas Españas de la borrasca , que ha produ¬ cido en el nuevo el choque de todos los elementos polí¬ ticos con que procura regenerarse el viejo mundo. Fío serán pocos los que sepan, tal veZ áiejor que no¬ sotros, lo que vamos á poner al alcance de los que lo ignoran; y este inconveniente, que se reduce cuando mas á que recuerden los sabios, traerá siempre ,1a ventaja de que aprendan los ignorantes cosas de que pende en gran manera la resolución del gran problema de la felicidad de unos y otros. Por eso es que habremos de repetir lo que se ha dicho en vano antes sobre el hecho y el dere¬ cho de la presente cuestión, para que ahora que hay menos riesgo en decir la verdad, y mas disposición para oirla, se ventilen los antecedentes y las consecuencias de este negocio del modo que requiere el acierto de una resolución que va á fijar la suerte de casi toda la Europa, comprometida mas ó menos en la querella entre España y América. Fundado sobre estas bases el Monitor Ultramarino se compondrá de las siguientes materias. Historia general, geografía y estadística americana. Detalles históricos sobre los movimientos de Ultra¬ mar y sus progresos en la parte militar y política. Análisis de las opiniones, discusiones y resoluciones del gobierno de la Península respecto de la América, y conducta de sus agentes en aquellos países. Examen de los varios elementos de que se compone la población americana, y de la influencia de sus intere¬ ses en la crisis actual de ambas Españas. Estado recíproco de la opinión pública en ambos países. Noticias de Ultramar.
v los bienes que repartet nada hay que no se aumente v se rectifique en el mundo moral con el conocimiento del mundo físico: la astronomía, lafisica, la navegación, las artes, la botánica, la fisiología y todas las ciencias naturales, caminan aceleradas á su perfección; y mil ab¬ surdos envejecidos y reverenciados casi a la par de los sagrados dogmas, desaparecen a vista de los hechos con que las nuevas adquisiciones desmienten y destruyen as teorías de la ignorancia y la superstición. Al ver tantos prodigios, i quién podra dejar de confesar que la Provi¬ dencié, queriendo poner al hombre al nivel de sus ^nue¬ vas conquistas, hizo que el momento de emprenderlas fuese también el momento de todos los grandes descu¬ brimientos , y de la abjuración de todos los grandes err °De S scúbrese la brújula en Ñapóles, nace Colon en Génova, y reina Isabel en Castilla: he aquí una concur¬ rencia de causas demasiado sublime en sus efectos para atribuirlas al acaso. Juzgúelo asi el que quiera, mientras que nosotros recorremos atónitos el inmenso espacio del nuevo patrimonio que el héroe Liguriano adjudico a su especie con el feliz y maravilloso resultado de la atrevi¬ da empresa á que dió impulso una here era ^ de Pelayo. No nos es dado seguirle desde el puerto de Palos de Moguer en Andalucía, hasta las islas Lucayas en su primera espedicion, volver coa él en triunfo á Sevi¬ lla ni acompañarle aherrojado con grillos de resultas de su ? tercera tentativa. Colon, incansable en favor de la Es aña, parece que quiso hacer mas conspicua su mag¬ nanimidad poniéndola en contraste con nuestra pequenez, y añadir un testimonio incontestable de que siempre fue el género humano tan ingrato como menesteroso, y raQ dispuesto á recibir el beneficio como á olvidarse de! ^enhechor. Harto sabe de esto la generación presente, y 1 tiene con que indemnizar al descubridor del nuevo mun de la ingratitud desús progenitores confesando S l “* c * debe el usufructo de la mitad de la creacio , q
{O aumentó los dominios de la corona de Castilla un estrangero,que pudo privarnos del derecho de primera ocupa¬ ción en las opulentas regiones destinadas á decidir la suerte de la Europa á los trescientos años de su existen¬ cia en el orden geográfico del globo. Para completar la suma de los beneficios que la po¬ sesión del nuevo ha traído al antiguo mundo, seria ne¬ cesario entrar en el enorme y difícil cálculo de lo que este ha ganado en aumento de población y de ciudades, de comercio y de marina, de artes y de conocimientos productores: seguir luego poniendo en cuenta lo que ha tenido que aumentar sus facultades para adquirir y gozar de esta nueva conquista; y poder comparar por último el estado de la Europa al descubrirse la América, con el en que se halla hoy esta misma Europa, tan ignorante entonces de la existencia de la mitad del mundo, como esta lo estaba de la nuestra: reducida la esfera de sus goces á un ámbito tan estrecho como el de sus conoci¬ mientos : incapaces sus navegantes de otras derrotas que las de marcación por las costas y los astros: sin medios de contacto entre los miembros de la gran familia que puebla la tierra; y falta de pábulo para el genio del co¬ mercio, y para las colosales y costosas empresas de los gobiernos, que han vinculado su grandeza en el usufruc¬ to de la propiedad del nuevo mundo, repartida desde el Vaticano entre España y Portugal. Quizá llegaremos en el curso de esta obra á presentar un cuadro, bien ó mal concluido, de los resultados de tantos y tan. grandiosos antecedentes; pero entretanto nos contentaremos con bos¬ quejar ahora los resultados palpables que ha producido el genio de Colon, ayudado de la generosa previsión con que Isabel de Castilla pignoró sus joyas y su crédito, pa¬ ra dar á la España el derecho que ahora tiene de ser la reguladora de los destinos de la Europa en sus relaciones con la América. El primero y mas notable de todos los efectos que la recíproca comunicación de un hemisferio con otro ha
lí oroducido en favor del género humano, ha sido elevarai mundo moderno sobre el antiguo , objeto y termino habitual de comparaciones desventajosas, para, el prime-. ro Sin temeridad puede asegurarse que no conoceríanahora la tierra que pisaran los grandes genios de la an¬ tigüedad , precisados á aprender de nosotros la forma y el tamaño de la habitación en que vivieron. Nada seria lo que ellos supieron de la naturaleza comparado con lo que nosotros hemos adelantado en el, conocimiento de sus arcanos por el descubrimiento del nuevo mundo. Todo está ya patente en los dos hemisferios, sin que haya obscuridades en que no haya penetrado nuestra vista • V la configuración, la masa de las partes solidas, la inmensidad de los mares quedas rodean, y el ámbito de los vastos receptáculos en que parece estar nadando el elobo , todo , todo está conocido , calculado , medi¬ do Y demostrado de un modo evidente é incontestable. Ni una sola ensenada hay ya en toda la estens.on de costas, en que la naturaleza parece haberse empeñado en obstentar la variedad de sus caprichos, que s > y escapado de la observación, del pincel, o del compás del viajero guiado por la inclinación saludable de la ri¬ queza ó del placer; y en lo mas recóndito de ambos con¬ tinentes, enmedio de las inaccesibles regiones et * no habla penetrado humana huella, no hay en el día m caverna desconocida, ni habitante salvage cuya existen¬ cia ignore el hombre civilizado, que la ha desenvuelto y ensanchado con sensaciones mas dulces y sublimes que aquellas á que estaba reducida la vida vegetativa del hom¬ bre nuevo, que ocupa ya un lugar en la dilatada gerar- . quía de la especie humana. La altura, la conformación, las bases y la unión recíproca de las montañas, han ser¬ vido para demostrar el influjo que ellas ejercen sobie algunos fenómenos de la naturaleza; y las cabeceras, a. corriente, la hondura, y el desagüe de los ríos | iau ' d ” cubierto su utilidad agrícola y comercial. De es e ha venido á ser en todas partes la naturaleza tri u
u dad pueden entrar ya como auxiliares en vuestros con¬ sejos; porque la cuestión está sometida, como todas las de las Naciones, á la ominosa decisión de la fuerza, ó al saludable y consolador arbitramento de los pactos. Lo pasado os suministra antecedentes para conocer lo reducido del primer estremo, y lo futuro os descubre en el segundo un halagüeño y delicioso campo de esperan¬ zas inagotables , á que llegareis con solo dejaros llevar por la pendiente del siglo que trabaja en allanaros la senda de la inmortalidad. Al volver la vista sobre el horroroso espacio de desolación y de miseria, que con dolor dejaron atrás vuestros predecesores, no podréis menos que correr á guareceros despavoridos en el seno de la naturaleza; de esa madre común, que espera ver enjugadas por vuestras manos las amargas lágrimas que le está haciendo derramar, hace tantos años, la discor¬ dia de sus hijos. Paz y descanso piden al Cielo las Españas dignas y ansiosas de gozar la dicha que su heroica constancia y su tesón impertérrito, han hecho renacer en el continen¬ te oprimido y ensangrentado; y con la misma llave des¬ tinada á cerrar en América el fatídico templo de Jano, vais á abrir vosotros la puerta del nuevo mundo á los habitantes del antiguo, que apiñados unos con otros apenas pueden ya vivir en sosiego sobre un terreno es¬ trecho y agotado. En vuestras manos ha puesto la pro¬ videncia el momento de celebrar con la Europa la mas santa y memorable de todas las alianzas, renunciando á su favor cuanto pudiera daros derecho al goce priva¬ tivo , incapaz ya de concillarse con la respectiva si¬ tuación de ambos hemisferios. Acto sublime, por. el cual las Naciones regeneradas con los efectos de tan inaudita generosidad, se constituirán garantes de las li¬ berales instituciones que han de hacer de dos pueblos oprimidos y degradados^ una Nación grande y poderosa en ambos hemisferios, sustituidos á los precarios de la avaricia y la .violencia los dulces c. indisolubles lazos
Í9 áe la sangre, el idioma y la religión, á los que supie¬ ron sacrificar los españoles en todo tiempo cuantas ven¬ tajas pudiera ofrecerles la renuncia de su nacionalidad. No es este un sueño agradable: es un homenage debido á la sublimidad del carácter español, cuyo tem¬ ple no han podido alterar esos ominosos disturbios pro¬ ducidos por los necesarios esfuerzos de la regeneración del antiguo en el nuevo mundo, tanto mas ansioso de mejorar su suerte cuanto era mas perjudicado bajo un sistema político, que ya no es compatible con el gobier¬ no representativo de la España Europea. La unión es la fuerza; y la España Americana , instruida por tantos años de calamidades de que nada es dividida hostil¬ mente de su madre patria , no solo se hallará dispuesta, sino que debe estar ansiosa de formar con ella^una pro¬ genie interminable, por la cual sean los Españoles des¬ de el Pirineo al Chimborazo, y desde el Marañen al Ebro, la gran familia á quien cedan todas las demas de la Europa, la preferencia; que al derecho de primera ocupación, ha añadido la heroica y nunca vista liberali¬ dad, con que vosotros, Padres conscriptos, vais á ser, para la común holganza de la angustiada Europa, nue¬ vos descubridores de un mundo que solo conocían geo¬ gráficamente los demas habitantes del globo. La imaginación exaltada con la idea de tantos bie¬ nes recorre, quizá, en este momento con demasiada rapidez las regiones de lo posible; pero harto se ha hablado sobre los intereses de la humanidad en el idio¬ ma del cálculo y la especulación: la causa de la natu¬ raleza no tiene otros oradores que el sentimiento y la cordialidad; y los que se hallan como vosotros, en el preciso caso de fallar sobre el mas árduo y mas trascen¬ dental juicio de conciliación que hasta ahora vió el mun¬ do, deben mas bien sentir que calcular; porque no es un problema de geometría el que vais á resolver . es a suerte de dos mundos; es la gloria del nombre espano , es la sanción de los principios liberales; es la sentencia
20 de muerte contra el poder absoluto la que va á reso¬ nar en las augustas bóvedas del capitolio ibero para de¬ sengaño de los tiranos que reinaron hasta ahora por el terror y la ignorancia, y hechos ricos con nuestros des¬ pojos , quisieran volver á constituirnos factores en Es¬ paña de sus especulaciones sobre el oro y la plata de la América. A mayores y mas útiles empresas estáis llamados vo¬ sotros por el voto general de la Nación, que conoce ya lo que puede y lo que vale en Ultramar todo lo que no este de acuerdo con los principios de justicia procla¬ mados por vuestros predecesores. En ellos está el pro¬ grama de las grandes transaciones de que tiene que ocu¬ parse la presente legislatura, si quiere poner uua mano benéfica y saludable sobre la penetrante y mortal heri¬ da, por donde desangrándose la mitad de la España, tie¬ ne casi exánime y moribunda la otra mitad. Sálvese, pues, el individuo; y sea cual fuere la suerte que le aguarde. Existir es el supremo bien del ente político co¬ mo del ser humano ; y pararse á disertar sobre el mo¬ do de obrar los venenos, cuando el arsénico del desor¬ den nos devora las entrañas, sino parece inhumanidad, es, por lo menos, la torpeza, mas funesta en que pudie¬ ran incurrir los médicos encargados de sacar de las gar¬ ras de la muerte á un enfermo robusto, cuya única do¬ lencia. es ejherror de ciertos empíricos, que de buena ó mala fé han ido empeorándolo, y empobreciéndolo al mismo tiempo con los. enormes gastos de una errada cura. No está en las teorías políticas el remedio que nece¬ sita la España ultramarina : cuanto se discurra sobre el origen de sus males para venir á parar al hierro ú al cauterio,, no hará ya otra cosa qüe volver odiosa al enfermo la medicina, y ponerle en el caso de preferir¬ la muerte á la curación. Ni las leyes de Indias pudieron hacer que la América fuese de hecho parte integrante del dominio Borbónico, ni la Constitución Española
21 puede producir otro efecto que haberla declarado de de¬ recho fuera de la clase de colonias ; de manera, que ni antes fueron estas lo que debían, ni ahora serán lo que se quiere que sean. En el primer caso se encaminaban todas las providencias del gobierno absoluto á acelerar la virilidad civil de los que debió mantener en la infan¬ cia para no perder la tutoría; y en el segundo se pro¬ cura, en vano, demostrar que no han llegado aquellos países á la edad que tienen, para conservar el derecho He pretender que continúe á merced de la metrópoli un mundo entero, que conoce no tiene el nuevo pacto garantías mas seguras, que las que tuvo la dominación desde que en ambas Espadas se reconoció y proclamó la soberanía nacional. Traed, pues, á la vista. Padres conscriptos, el decreto de la Regencia de <810: comparad el estado de la América cuando lo recibió con el de la España al estenderlo; y recapitulando en seguida todo lo obrado y sucedido desde entonces, vendréis á conocer, que la imprevisión de los gobiernos creados por la necesidad en la Península antes del orden constitu¬ cional , y la ambiciosa torpeza de los que especularon después sobre la discordia en el reinado absoluto , han ido reforzando sucesivamente el poder de las pasiones hasta el punto en que desconociendo todos sus deberes (1) y abusañdo cada uno respectivamente de sus dere¬ chos , no tiene ya la querella otro árbitro que la fuerza ó la generosidad. Todo es ya de hecho eh la presente materia; y ni la buena voluntad que dictó la consoladora teoría polí¬ tica, que será siempre un monumento indestructible de la filantropía de sus autores , ni los vanos deseos de re¬ sucitar el genio de Fernando IV en el reinado de Fer¬ nando VII, pueden ser ya parte pura transijir una disfl) Bajo estos principios nos proponemos hablar en nuestro 2.° numero á los gobiernos diside^^ ^^ on . ’ P que hagan por su parte lo que les-toca fen la obia deO. Y á que aspiramos. q : . :u Y C I - , l '
22 puta promovida en el nuevo por el orden político del antiguo mundo, y sostenida por el espíritu del siglo en que no se reconoce otra legitimidad que la de los pac¬ tos, ni hay seguridad fuera de las garantías, que elíos mismos dan y reciben por medio de la unión física y moral de todos los elementos sociales. Ved aquí, Padres conscriptos, el aspecto en que creemos debe verse la gran cuestión , cuyo término no puede ya pasar mas allá de la presente legislatura, si es que en ella continúa presidiendo la buena fé que sugirió á vuestros augustos predecesores las medidas reducidas ya á nulidad por una serie de sucesos, que ni ellos pudieron preveer, ni á vo¬ sotros es dado enseñorear. Lo contrario de lo que se ha hecho, parece que es lo que debe hacerse para sal¬ var la reputación, si por desgracia llega á perderse to¬ do lo demas. Condenar un mundo entero á la desolación y al esterminio solo porque reconoce y proclama respecto de sí mismo los principios políticos que reconoce el ángulo meridional de otro mundo, de quien estuvo dependien¬ te, sin otro pacto que el de la arbitrariedad, ademas de absurda inconsecuencia en teoría, viene á ser en la práctica una violencia palpable, que raya en injuria cuando se quiere cohonestar con la incapacidad que tie¬ nen á diez y ocho millones de individuos para ser igua¬ les en condición á los diez que les niegan lo que ellos mismos recobran en uso de los imprescriptibles derechos de la naturaleza. Lejos, lejos de vosotros, Padres cons¬ criptos, el propósito funesto y contrario á toda moral de empezar haciendo el mal para procurar el bien. Ni es tampoco la presente cuestión de la clase de aquellas á que puede aplicarse en política el principio de fr apa¬ réjate á la guerra si quieres la paz ” : tenga este axioma la fuerza que se quiera en las querellas de estrados; en las diferencias entre propios siempre hay lugar á la re¬ conciliación , porque cada cual pierde algo en la discor¬ dia, y nadie hay que gane ni prospere con detrimento
23 de todos. Cerrad,_ cerrad con la cera de Ulises vuestros oídos á las pérfidas sugestiones de los aduladores y de¬ tractores de los pueblos; tan dañinos son estos como los de los tiranos. La gran cuestión consiste ya solo en he¬ chos, que ni pueden desconocerse , ni debe exasperar su contemplación cuando se recuerdan solo con el fin de conocer las pretensiones respectivas, sin designio de ele¬ var ni abatir el poder de cada uno de los dos contendores. Ni el derecho antiguo, ni el hecho actual de la disputa son medios adecuados para transigiría amagiblemente: lo pasado írrita: lo presente desalienta; y solo en lo fu¬ turo está el consuelo y el alivio de tantas calamidades. Per¬ dición y ruina es hoy para la España, lo que tanto sirvió antes para su prosperidad en América; porque todo ha mudado de aspecto, de nombre y de uso en el mundo político, y de todos los imperios solo se mantiene im¬ prescriptible el que reside en la triple alianza de la ra¬ zón, la humanidad y la naturaleza, únicas reguladoras y soberanas del mundo moral. Sus ministros no os presentarán cálculos apoyados en la opresión y la injusticia, cuyo término sea un efíme¬ ro y deleznable monopolio. Ea opinión del universo es la memoria que teneis que oir y que consultar en la gran discusión de los intereses de ambas Espadas. Ella os presidirá desde ese trono que le cede Fernando el Grande, para que bajo tales auspicios le propongáis me¬ dios de llevar á efecto los votos que su paternal co¬ razón hace continuamente al Cielo por la paz y la feli¬ cidad de la Monarquía, de que es gefe y ciudadano. Tiempo es ya P. C. de que el nombre augusto que sir¬ vió á la libertad y la independencia de la España euro¬ pea, deje de ser la contraseña de destrucción y de ven¬ ganza en la España americana. Huellas mas gloriosas que las de los aventureros del siglo XVI, deben seguir los legisladores del siglo XIX para borrar hasta los vesti¬ gios del ominoso reinado interconstitucional de las pañas. Acordaos de que al propósito incontrastable de
24 los españoles de no pasar el occéano para oprimir á sus hermanos de ultramar, debéis muchos de vosotros la libertad que gozáis, el puesto en que os veis, y el derecho que á todos dió la ‘Nación redimida por ta¬ les medios de la arbitrariedad y la ignominia. ¿Y po¬ dríais convertir ahora este derecho en daño y ruina de aquellos mismos que fueron los primeros beneficiados en los designios de los valientes que restituyeron á vues¬ tros comitentes la soberanía depositada en vosotros pa¬ ra bien de ambas Españas? Proceder sería este tan im¬ propio de vuestro alto carácter, como es contrario al voto de un pueblo liberal, que no pudo daros poder para otra cosa que para lo que esté de acuerdo en los dos mundos con los principios proclamados en el pacto solemne de la emancipación de la antigua España. Los derechos de esta sobre la nueva son ya de otra especie que los que existian por el código de la espada, comentado por la ambición, y santificado por el fana¬ tismo. Desplomóse esta obra en sus cimientos, ¿y que¬ dará en pie todavía la cima del edificio? Dejad, dejad esos cálculos para los estúpidos prosélitos de la preocu¬ pación. El acaso en quien confian ellos por último, es la divinidad de los ciegos, sobre cuyas aras nefandas no deben sacrificar los hijos de la luz, y los padres de la ilustra¬ ción española. Distintos son los dictámenes y los conse¬ jos de la razón, que como órgano de la providencia, no usa de otras pruebas que la observación y la esperiencia producida por la naturaleza de las cosas, y por el cur¬ so incontrastable de los sucesos humanos. Seguid, pues, su impulso, P. C. con imparcialidad y buena fé, y no dudéis hallar el hilo de Ariadna, que ha de sacaros á salvo del intrincado laberinto á que han reducido la gran cuestión las pequeñas pasiones y los cálculos mez¬ quinos que han circunvalado de espinas y maleza el camino que teneis que andar. Entrad en él sin miedo, y mostrad al mundo que os contempla ansioso, que su¬ pisteis divisar y caminar al bien con pie firme y deno-
25 dado; y sí la obstinación y el orgullo de los que tie¬ nen que andar la mitad del camino para la unión, os dejasen solos en él, allí mismo levantarán todas las Na¬ ciones un monumento perdurable á vuestra gloria, en el cual gravará la humanidad por mano de la justicia: Hasta aquí pudo y debió llegar la España con los brazos abiertos en busca de la América ; pero esta desnaturaliza¬ da y orgulloso , desdeñó para su mal el ósculo de la paZ y la fraternidad. ¡Execración y miseria eterna para un mundo que mereció al nacer la maldición de sus progenitores í Ved aquí, P. C., si no nos engaña el buen deseo, lo que teneis que esperar vosotros y lo que tienen que temer los Proceres de Ultramar, si no cumplieran por su parte los deberes de donde nacieron los derechos que ahora reclaman. Todo será honor y galardón eter¬ no para los que busquen la paz sin bajeza, y todo será infamia y castigo para los que la rehúsen con ingratitud orguilosa. Después de la tiranía nada hay mas odioso que la rebelión; y la de la América empezará donde acaben vuestros esfuerzos en favor de la libertad, fun¬ dada en la unión que ha creado la naturaleza. Desdé entonces serán rebeldes los que no oigan sus dictámenes, y los que funden su dicha y su grandeza en la ruina y miseria de su misma sangre; y la Europa toda media¬ dora natural en esta gran querella, tendrá derecho de obrar respecto de la América, separada hostilmente de la España , según sus intereses, sin guardar con la Irja ingrata y abandonada á sus caprichos, las consideracio¬ nes debidas á toda la gran familia de que ya no es parte. Pero no retardéis un momento P. C. este testimonio irrefragable que ha de decidir de todos modos la cues¬ tión á favor vuestro. No deis lugar á que se díga que entráis en los ominosos cálculos de los que lo esperan todo de la guerra civil que la inacción está atizando en los hermosos y afortunados paises destinados por la providencia para habitación de los españoles, en el me¬ ro hecho de haberles dado el imprescriptible derecho de primera ocupación. Apresuraos á demostrar que no as4
piráis á conservar un señorío injusto y odioso sobré de¬ siertos sembrados de ruinas y cadáveres. La América tiene derecho á existir próspera y feliz; y la Europa tiene ya un interés esencial de que se conserven vivifi¬ cadas unas regiones que solo pueden satisfacer las necesi¬ dades que ellas mismas han creado. El modo con que resolváis este gran problema, ha de decidir tarde o temprano de la suerte del mundo á que estamos uní os, si lo hacéis de modo que no nazcan semillas de discordia capaces de turbar la paz del continente. El equilibrio de las cosas está en vuestras manos; equilibrio que no se guarda como antes con transaciones diplomáticas y con pactos de familia. Una sola existe ya en el orden político: su sangre debe unirse sin derramarse; y voso¬ tros sois los que estáis llamados á cumplir los destinos de la humanidad substituyendo los dulces vínculos de la naturaleza á las cadenas de la ambición y la política. Solo hay un mundo natural; y en vano trabajara la discordia porque haya dos mundos políticos. Indisputables son, en nuestro concepto, los derechos que la España conserva sobre la América, como lo son los deberes que esta tiene respecto de la España; por¬ que no pueden existir los unos sin los otros: y tan dis¬ puestos estamos á reclamar de los americanos lo que de¬ ben , como deseosos de que los españoles no exijan mas de lo que pueden obtener en razón, justicia y conve¬ niencia. Sabido es, que los pueblos no conocen otros medios que la fuerza y la utilidad en sus pretensiones, y que la posesión y la necesidad de conservar en sosie¬ go lo adquirido, es lo que cubre y subsana todos los vicios del título primitivo. Tan lejos estamos, por tanto, p. C. de entrar en el derecho de la gran cuestión , como de desconocer su ineficacia contra los hechos que de¬ mandan una trans ición calculada por lo presente para lo futuro, sin acordarse de lo pasado para otra cosa que para consignarlo en la historia que empieza donde acaba la política.. Analizad por este criterio lo que pue¬ de la España en la América, y dejad a esta el calad
2 . 7 . de lo que podría respecto de si misma, que si obráre¬ mos nosotros en lo que nos toca conforme á razón y con vista de antecedentes y consecuencias, jamás perde¬ remos el derecho imprescriptible que tenemos de ser los protectores natos de la España ultramarina, ora sea contra los males de su errada conducta, ora contra las pretensiones y ios atentados de las demas Naciones para aprovecharse de sus flaquezas en daño suyo y nuestro. ¿A quién sino á la España volverá los ojos la América, cuando desengañada de inútiles pretensiones, procure re¬ generarse según la naturaleza para ponerse á cubierto de las asechanzas de la estraña política? Ved aquí., P. C. la conquista sublime y gloriosa á que os preparáis desde ahora con declarar, que no os queda de la pasada otro derecho, que el que os da la sangre española que no queréis se derrame inútilmente en el nuevo mun¬ do. Post factum nuílum comiliumyy puesto que en polí¬ tica no hay otra cosa que hechos y resultados, compa¬ rad lo que se quiere con lo que se puede, para hallar e mejor arbitrio de conservar lo que haya, de manera que no se pierda todo. Y como hayamos llenado , según nuestra capacidad, el primer deber que nos propusimos al emprender, este trabajo dirijiéndonos á nuestros representantes en la inau¬ guración del proyecto , solo nos resta ya P. C. suplica¬ ros que dispenséis en favor del motivo el abuso que ba¬ jo todos respectos hayamos podido hacer de vuestra res¬ petable atención. Lo que habéis leido creemos que basta á daros idea de lo que nos proponemos. Precaver la ruina de un mundo, y abreviar los tormentos del otro, es en última análisis el término de nuestros esfuerzos ; y si conseguimos disminuir una sola gota del torrente de mides y desastres que acosa en Ultramar á nuestra gran familia, daremos por bien empleado lo que nos cueste la empresa, y lo que tal vez , nos hagan sufrir por ella la rivalidad mezquina ó la codicia orgullosa. Callar en esto cuando hay medios de hablar en favor de la huma¬ nidad y la naturaleza, seria una traición á los intereses
34 lutametite perdidas. Las condiciones de aquellos artícu¬ los son suficientes para llenarme de satisfacción, y no pueden menos de merecerme la indulgencia de S. M. y de la Nación entera. Me era imposible resistir la concesión hecha en el ar¬ tículo 16: ¿y cómo oponerme á que cada uno mandase en su propio territorio? Tampoco pod<a contradecirse el artículo 17. La evacuación de la capital era necesa¬ ria é inevitable, y pues que ella se hizo dejando en bue¬ na opinión las virtudes de las tropas españolas y el ho¬ nor de la nación, y capitulando de un modo que no po¬ día manchar nuestra gloria, y habiéndonos convenido en los artículos precedentes, nada era mas indispensable que otorgar este, y nada mas urgente que emplear todos los medios de evitar la efusión de sangre, que de otra ma¬ nera habría sido inevitable. No podía permitirse que que¬ dasen tropas armadas en posesión de la capital de un im¬ perio que acababa de declararse independiente. Si yo no hubiese interpuesto mi autoridad para que la salida se hiciese sin conmoción , el resultado necesario habria si¬ do que las tropas habrian tenido que salir al fin, de¬ jando ruinas y escombros por corte del emperador, que se habria visto precisado á entrar pisando cadáveres, á sentarse en un trono preparado por el amor de los pue¬ blos, pero ensangrentado por el capricho y la temeridad; y yo me creí en la dulce necesidad de alejar de sus ojos tan horrible espectáculo, y de su corazón el dolor que le habria producido. Desde mi llegada á Veracruz, cuando mi imagina¬ ción vacilaba con inquietud sobre el partido que debia adoptar, y cuando estaba tan lejos de esperar las ocur¬ rencias qué después se han verificado, habia momentos en que yo pensaba defenderme en la plaza hasta re¬ cibir órdenes de S. M.; pero habria sido sin duda im¬ posible seguir este plan por el estado de la plaza mis¬ ma, que ya he presentado á V. E. Al mismo tiempo me dijo el gobernador que por medio del agente Amiento había solicitado del capitán general de Cuba recursos .de
35 fuerzas para la guarnición, y yo mismo di mas importan¬ cia á esta solicitud, escribiendo al mismo general; pero todo lo que hemos podido conseguir es que hayan llega¬ do 250 hombres, que en ningún caso podian sernos úti¬ les por su número. Sin embargo, parece que todo se reúne para que esta grande obra se cimente con sangre, y aterrado con esta idea y con la de los males infinitos que se causarían con semejante desembarco, he procura¬ do prevenirlo todo, advirtiendo al gobernador de la pla¬ za que aquellas tropas debían volver inmediatamente á su destino, y con mucha razón; pues el capitán general le dice en oficio de 29 de julio que tenia necesidad de ellas , y que esperaba que volviesen luego que hubiese ce¬ sado el peligro por el cual se habian pedido; y como las razones en que apoya esta solicitud se espresan en la car¬ ta que la contiene, remito adjunta á V. E. la copia mar¬ cada con el n.° 3.° Suplico á V. E. se sirva manifestar á S. M. cuanto dejo espuesto, inclinando su real ánimo á la aprobación de mi conducta, hija de mis deseos de ser Util á S. M. á la nación y á la humanidad. Dios guarde á V. E. mu¬ chos años. Córdoba 3 i de agosto de 1821. Excelentísimo Señor. = Juan O-Donojú. BATALLA DE CARABOBO. Como las sucesos y las relaciones de América son po¬ co conocidas en Francia, y aun en Europa, he creído que se desearía ver la relación de la batalla de Carabobo, que ha decidido la suerte de Colombia y fijado sus destinos. Aquella ha sido la batalla de Farsalia para todo el terri¬ torio limitado por el Darien y el Orinoco. Esta pieza es estractada del diario titulado Correo del Orinoco, impreso en Angostura en 25 de julio de en francés, español é inglés: la ejecución tipográfica es tan bella como podría serlo en Europa; ¿y en cuántas ciudades europeas podría imprimirse un documento en tres lenguas? Este dato sirve para juzgar del progreso
36 de las artes en los climas que nosotros creemos sumidos cu la barbarie. El estilo de esta producción no deja de parecerse al de los boletines del grande ejército, que por tanto tiem¬ po hicieron palpitar los corazones franceses con el mas justo orgullo, y con la mas pura alegría. Excelentísimo Señor. La mas brillante victoria ha confirmado ayer el nacimiento político de la república de Colombia. Reunidas el 28 en las llanuras del Tinaquillo las di¬ visiones del ejército libertador , marchamos ayer por la mañana sobre el cuartel general enemigo, establecido en Carabobo. La primera división era compuesta del va¬ liente batallón británico , del bravo de Apure y de 1500 caballos á las órdenes del general Paez: la segunda, de la segunda brigada de la guardia , con los batallones del regimiento Vencedores de Boyacá y el escuadrón sagrado mandado por el intrépido coronel Arizmendi, á las órde¬ nes del general Sedeño , y la tercera era formada por la primera brigada de la guardia , Granaderos , Boyacá , Anozategui del regimiento de caballería del valeroso coronel Rondon, á las órdenes del coronel Plaza. Nuestra marcha por las montañas y desfiladeros que nos separaban del campo enemigo, fué tan rápida como ordenada. A las once de la mañana desfilamos á la iz¬ quierda por delante del enemigo, bajo sus fuegos, y atra¬ vesamos un arroyo que no permitia el paso sino á un solo hombre de frente, en presencia de un ejército que perfectamente colocado sobre una altura inaccesible, nos dominaba cruzándonos por sus descargas. El valiente general Paez, al frente de dos batallones de su división y del regimiento de caballería del bravo coronel Muñoz, marchó sobre la derecha del enemigo con tal intrepidez que en media hora quedó este todo envuelto y cortado Jamás podrá hacerse el honor debi¬ do al valor de estas tropas. El escelente batallón britᬠnico, mandado por su digno coronel Farmer, se distin¬ guió también entre tan escogidas tropas, y tuvo una pér-
37 dida considerable de oficiales. La conducta del general Paez en la última y mas gloriosa victoria de Colombia, le ha hecho digno del mas elevado rango en la milicia, y yo en nombre del congreso le he ofrecido en el campo de batalla el em¬ pleo de general en gefe. De la segunda división no ha operado en esta glorio¬ sa jornada sino una parte del batallón de Tiradores de la Guardia, mandado por el digno oficial Heras; pero su general, desesperado de no poder hallárse en la acción con toda su división, por los obstáculos invencibles que oponia el terreno, encontró y batió un cuerpo de infan¬ tería, muriendo en medio de ella del modo heroico que merecía terminar su carrera un bravo de los bravos de Colombia. La república ha perdido en el general Cedeño un gran apoyo en la paz y en la guerra; nadie ha sido mas valiente que él, nadie mas obediente al gobierno. Yo recomiendo altamente al Congreso las cenizas de este general, para que se le hagan los honores de un triun¬ fo solemne. No es menor el pesar que afiige á la repú¬ blica por la muerte del intrépido coronel Plaza, que lleno de un entusiasmo sin ejemplo, se precipitó sobre un batallón enemigo para destruirle. El coronel Plaza es acreedor al mas profundo sentimiento de Colombia, y merece que el Congreso le decrete los honores de un eminente heroismo. Disperso el ejército enemigo, fué tal el ardor en perseguirle de nuestros gefes y oficiales, que tuvimos una gran pérdida en esta clase del ejército. E1 boletin adjunto contiene los nombres de estos ilustres. Las tropas enemigas pasaban de 6000 hombres, que eran lo mas escogido de la espedicion de Morillo. Este ejército ha dejado de existir, y apenas habrán entrado hoy 400 hombres en Puertocabello. El ejército libertador tenia una fuerza igual á la del enemigo; pero apenas una quinta parte es la que ha de¬ cidido la batalla. Nuestra pérdida, que por otra parte es demasiado dolorosa, no pasa cíe 200 muertos y heridos.
33 El coronel Rangél que, como siempre, hizo prodi¬ gios en aquel diá memorable, ha marchado hoy para es¬ tablecer la línea contra Puertocabello. Sírvase V. É. presentar al augusto Congreso el homenage de un ejército el mas bello de los que hasta aho¬ ra han llevado á la victoria las armas de Colombia. Tengo el honor de saludar á V. E. con la mas alta consideración. Cuartel general del ejército libertador. = Valencia 25 de junio de 182 L —Bolívar.=A S. E. el Presidente del Congreso general de Colombia. EL DOS DE MAYO. La inauguración del Monitor Ultramarino la víspera del aniversario glorioso y cruento del día tremendo por escelencia en los fastos de la regeneración de las Espa¬ das , añade una obligación mas á las que ya tenían los editores de mostrar á todos los españoles el espíritu que preside á una obra destinada á la unión y con¬ cordia de ambos hemisferios. Las glorias de la España europea no pueden dejar de ser glorias de la España americana 5 porque si es cierto que lo que fue no pue¬ de dejar de existir en el orden de los tiempos, jamas dejará de ser español el gran continente en donde tre¬ moló por la primera vez el pabellón castellano aquel inmortal genovés, que no logró darle nombre por una de las muchas condescendencias vergonzosas con que la indolente posteridad deja de ordinario obscurecer la fama de los hombres que mas la han ilustrado y en¬ grandecido. Para que esto no suceda jamas respecto de la Es¬ paña con oprobio de la América, es un deber sagra¬ do de esta recordar en todo tiempo los hechos heroi¬ cos de sus progenitores, perpetuándolos en monumen¬ tos durables á par de los que se decreten á la memoria de los que hayan hecho cosas grandes en la obra de la felicidad del nuevo mundo. Injusto seria, y aun indecoro¬ so en nuestro concepto, que se alzase, por ejemplo, en
Careche (*) una columna triunfal en loor de los dos caudillos que abrazándose mutuamente procuraron poner un término saludable á la discordia de ambas Espadas, sin que se hubiese erigido en la capital de Colombia un túmulo peimanente á la fúnebre memoria de los que rubricaron con su sangre en la capital del Imperio espa¬ ñol la minuta de decreto para la emancipación de uno y otro mundo, á despecho del poder colosal del árbitro de la Europa. Donde quiera que haya virtud y sangre española deben derramarse lágrimas de gratitud en este dia grande y memorable ; y el español que al recordar el dos de .MAYO no lance un suspiro que se repita de uno en otro pecho desde el cabo de Horn al promontorio de Hér¬ cules, no merece ser libre, ni pertenecer á la gran familia de los inmortales, que dieron los primeros sus preciosas vi¬ das en prenda de la libertad civil del mundo entero. Hijos de España son los ínclitos varones que murieron en el Prado de Madrid, como lo fueron los que espiraron en Quito , Pore y la Paz por la causa de la humanidad y la justicia, para vivir eternamente. Reunidos están todos en el seno del Eterno ; porque en la región de la inmor¬ talidad no hay mas que héroes , y no hombres. Alli no pueden recibir de nosotros otro acatamiento que el de vernos dignos de merecer su protección; y el modo de obtenerla es procurar ser justos , para no dejar de ser españoles. ¡ Ojalá que lo hayamos sido nosotros ahora, y que no dejemos de serlo en todo el curso de una em¬ presa concebida en el fervor mas sincéro , y acometida en momentos de tanto influjo en el ánimo de todo hom¬ bre que quiere ser líbre respetando las leyes de la natu¬ raleza, dictadas por el Supremo Legislador para bien del género humano reunido en sociedad 1 (*) Lugar al occidente de Venezuela, en donde los. generales Morillo y Bolívar celebraron en noviembre de 1820 un armisticio memorable, porque después de la reconciliación tenia por término la regularizacion de la guerra , hecha desde entonces conforme al derecho público de las naciones.
40 « POESÍA. Al llegar á Caracas la noticia del alzamiento glo¬ rioso de la Península contra la pérfida agresión de la Francia acaudillada por Buonaparte, improvisó la si¬ guiente composición don Andrés Bello, joven amencano, apenas entonces de veinte anos, que se halla ahora en Londres dando honor á ambas Españas por sus profundos conocimientos literarios, especialmente en filología. T ^ _ ° c n N V. T O. Rompe el León furioso la cadena Con que atarle pensó la felonía, Y sacude con noble bizarría Sobre el robusto cuello la melena: La espuma del furor sus labios llena; Y á los rugidos que indignado envía, El tigre tiembla en su caverna umbría, Y todo el bosque atónito resuena. El León despertó ; temblad , traidores ; Lo que vejez creisteis, fue descanso; Las juveniles fuerzas guarda enteras. Perseguid , alevosos cazadores , A la tímida liebre, al ciervo manso; No insultéis al monarca de las fieras.