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Sacralizar para mejor desacralizar

Saumade, Frédéric

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Revista de Estudios Taurinos · N.º 16, Sevilla, 2003, págs. 259-264 SACRALIZAR PARA MEJOR DESACRALIZAR Frédéric Saumade Université de Montpellier I, IDEMEC Aix-en-Provence 11 1 nombre y el rostro de Julian Pitt-Rivers se quedarán en mi mente asociados con el descubrimiento de una tierra y de un terna a los que debo la mayor parte de mi existencia intelectual. Andalucía. Los toros. Antropología social. Seminario de Augé-BazinHéritier, Paris, Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales. Invierno de 1986. Voy en el metro aéreo, bajo en la orilla del Sena, subo por las escaleras de hierro, corro por las calles del barrio más adinerado de la capital, lucho contra del frío. Paso por una gran puerta, cruzo el patio y entro en el aula del seminario. Llego con retraso. Ya habla PittRivers, el invitado del día. Habla con finura, con su rostro rojizo salido de una serie de la BBC, con miles de chispas de erudición· y de malicia entremezcladas en ·un ba1et barroco. Rápidamente, nos sentimos mecidos en el ritmo templado del maestro, 260 Frédéric Saumade puntuado por alguna suerte chistosa, de aquel humor nacido de la fusión, muy profunda en aquel señor, de los tópicos · ingleses y españoles. Habla de Andalucía, del honor, de su odio a Leach y de su afición a Belmonte. Habla y despierta en mi el espejismo de la patria soñada. Estoy fascinado. Caigo en la trampa. Me voy. Me enamoro de Sevilla, de su arena y de sus bares, de Grazalema; de. su cal y de su cante, de Aracena, de su gruta y de sus fuentes. Suelto por la naturaleza, sin un céntimo en el bolsillo, duermo en el parque de María Luisa, en una casa en obras, en una gasolinera abandonada en la sierra de Huelva, en el suelo suave del pinar de Bonanza, entre mosquitos, bajo un toldo rayado de azul y blanco y en una hamaca improvisada en la playa de Bajo de Guía : allí, de madrugada, me despierta un policía y me ordena circular. Dos hermanas gitanas, la rubia y la morena, bailan por bulerías en una taberna de la trianera calle Salado. No lo creerán ustedes: son guapas, muy guapas. Y tienen sus ojos grandes y verdes. Pero ni caso. Regreso con mi franchuta, y cuando me fuí, por fin, a vivir a Sevilla, para hacer trabajo de campo, ella me dejó caer como Ícaro. Carmen es un mito inventado por Francia, no hay que olvidarselo. Entre dos copitas de de manzanilla de medio tapón, me levantarán mis anfitriones Perico, Alberto, Antonio. Embrujo de Pitt-Rivers. Embrujo de Sevilla: ese perfume putassier, presentado en un frasco en forma de giralda, que solía comprar mi suegro camionero en · tiempos de Franco, cuando hacía el transporte internacional entre Andalucía y Francia. Por aque1 entonces estaban las carreteras sin asfalto. Fig. n.º 42.- .El Prof. Pitt-Rivers rodeado de alumnas de Antropología y cubierto con un poncho de fabricación grazalemeña (Fot. de autor desconocido, Archivo Pitt-Rivers, Maison René Ginouves, Universidad de Nanterre, París) ~ i ¡:¡· ~ l ~ ~ a· .., ~ "' i ¡:¡· ~ N O\ ........ 262 Frédéric ·Saumade Por los caminos escondidos, el viandante tratará de ahondar el tópico. Peto de lunares y grito perdido de la soleá, perdido entre las rocas lunares del circo de Grazalema, entre los aullido~ proferidos por el fantasma de un lobo. Y allá que me voy: hay tanta dulzura en el camino. Las muchachas de Higuera me regalan una copa de su sangría blanca -de melocotóny me invitan a bailar. Se creen que soy un novillero de la sierra. No se quieren perder una sola figura del toreo. Bailan alrededor de mi, riéndose. ¿Debería de quedarme así, atolondrado, preso por el sistema genial de aquel profesor inglés que hablaba de Belmonte y de las piernas ágiles de las de la Cava, asocian- . do la búsqueda del gozo con la del sacrificio? Más allá ¿debería de seguir el rumbo de un fatalismo demasiado cató- . lico? Me cambio. Voy por otros senderos. En los toros, prefiero centrarme en lo técnico, en las formas espectaculares, en los modos de crianza, en lo que hace y dice la gente. Busco distanciación. Trato de olvidarme del embrujo. Me caso con una camarguesa, peliroja y morena de ojos, de puro estilo irlandés. , Recoj'o elementos etnográficos que, a mi juicio, no confirman la pretendida necesidad sacrificial de la corrida. Presento mi tesis doctoral en la Escuela parisina. Voy progresando pero no en el mismo sentido del maestro, y cuando se lo digo, en ocasión de un coloquio organizado por José Antonio en Granada, se cabrea y me castiga muy fuerte. Muy duro. Pero no importa. El viejo maestro no es mal jugador. Despues de la riña verbal, brindamos juntos con los demás. ¡Y le gusta tanto el Montilla como la Manzanilla! Sacralizarpara mejor desacralizar 263 Seguiremos disconformes, ya está. Se confia el maestro. Según dice él, no hay nada de árabe en la cultura andaluza. Nada de nada, dice sin broma, mientras los convidados se quedan sin voz. Esta afirmación es algo que se me ha quedado grabado: Pitt-Rivers no quería dar crédito a las opiniones más establecidas. Si tuviera alguna postura sistemática, tal vez fuera la siguiente: jugar con los tópicos para mejor romperlos, sacralizar para mejor desacralizar. De ahí su interpretación, a la vez sacrificial y erótica, escandalosa en su tiempo, del rito taurómaco. Sin embargo, a la hora de defender a su afición, sabía brindar su elocuencia a la causa. En Estrasburgo, Parlamento Europeo, su autoridad pesó mucho en las conferencias que dimos Perico; Dominique y yo. «Esta vez si que has estado bien», me dijo. Por supuesto aquel no era el lugar para desencadenar la polémica, y además, ya sabía desde el coloquio de Granada que yo no podía medirme con el gigante, era demasiado joven y pequeño. Al final, perdí las notas de mi comunicación de la que sólo tengo un recuerdo borroso. Si había estado bien, dijo él, de eso si que me acuerdo. La última vez que vi a Pitt-Rivers fue en la Sorbona. Presenciaba el coloquio Des taureaux et des hommes pero él ya no hablaba de toros, ni compartía el aperitivo con nosotros. Como le saludaba, me sonrío levemente. Tras sus ojos de cristal, parecía casi transparente. Camino de la última trascendencia, estaba desapareciendo el honrado maestro. Ya no volaba.ni cantaba, como solía hacer antes, la antropología del mediterráneo, la pasión hispánica que fue la suya. Desaparecía en silencio, con la sutil' discreción del británico que nunca dejó de ser, a pesar del duende andaluz que lo 264 Frédéric Saumade visitó tan a menudo. Desaparecía, pero dejaba escuela en el campo de los toros y, en general, de los estudios europeos. Ultimamente, como trabajaba en México, me conmovió descubrir su obra mesoamericana. Antes fui su inmodesto contradictor, pero la verdad era es que yo no dejaba de seguir a sus pasos, bajo su alta sombra.