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Aportaciones de Heredoto de Halicarnaso al conocimiento de la construcción en la Antigüedad

Graciani García, Amparo

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Apo aciones de He odo o de Halica naso al conocimien o de la cons ucción en la An igüedad E i a que con el iempo caye an en el ol ido las g an- des y ma a illosas hazañas ealizadas an o po los g iegos como po los bá ba os. La ob a de He odo o de Halica naso, que --ca en e de un í ulo o iginal- la his o iog a ía ha enido a denomina Los nue e Lih os de la His o ial, o sim- plemen e His o ias? es uno de los ex os más enom- b ados de la An igüedad, siendo conside ado una uen e de in o mación imp escindible pa a el conoci- mien o de la His o ia de es e pe íodo. Todo ello, po inclui en e las copiosas no icias de sus iajes e «in- es igaciones» (como el au o las llama en el p oe- mio del ex o) innume ables da os, impa cialmen e a ados, ela i os a pueblos an dis an es como Egip- o, Babilonia, Pe sia o la Magna G ecia, diseminados en un ex o cuyo ema p incipal es el con lic o en e G ecia y Asia desde iempos mí icos has a la de o a de Je jes. Mucho se ha esc i o sob e es a cues ión y sob e o os aspec os de la ob a: su au o ía, o ígenes, da ación, inalidad, es uc u a, undamen os y ca ac- e ís icas li e a ias, pe du ación y p oyección so- cial, Sin emba go, has a la echa se han eludido conside aciones de conjun o como las que se p e en- den aba ca en es as páginas: qué apo aciones se pueden ex ae de la ob a ela i as a los mé odos y los ma e iales cons uc i os de los di e en es pueblos que el au o e ie e en su ob a y qué ipo de cues io- nes ue on las que más le llama on la a ención; en qué medida ales e e encias ue on u o de la obse - ación y de la con emplación di ec a o, po el con a- Ampa o G aciani Ga cía io, se basa on en la adición o al, pa a así pode de- e mina , como úl ima cues ión, el g ado de iabili- dad que sus comen a ios o ecen. Es a comunicación se o ganiza á en es g andes bloques: en el p ime o, se ecoge án las azones que o o gan la impo ancia a es a ob a; en el segundo, se es udia á la es uc u a de los comen a ios sob e cons- ucción que He odo o ecoge, pa a dedica el e ce o y úl imo a un comen a io c í ico de las e e encias sob e cada cul u a, analizando las azones de sus p e- sencias y ca encias. ApORTACIONES DE LA OBRA. GENERALIDADES Du an e siglos, las únicas e e encias esc i as di ec- as de los mé odos de cons ucción de la An igüedad, han sido las incluidas po los iaje os clásicos en sus ex os; así ha sido al menos has a el siglo XIX con la apa ición de los p ime os iaje os decimonónicos y el inicio de los es udios sob e lenguas his ó icas, que posibili a on el análisis de ex os o iginales de cada una de las ci ilizaciones sob e di e sos sopo es. En- e ellos, los de Es abón, He odo o de Halica naso, Diodo o de Sicilia, Plinio el Viejo, E a ós enes de Alejand ía,.. . Pe o ¿qué es lo que hace an especial el ex o de He odo o'? El es udio de allado de Los Nue e Lib os de la His o ia de He odo o de Halicamaso, conside- ado en con aposición a los ex os de o os iaje os pe ipagé icos de la An igüedad, nos pe mi e sin e i- Ac as del Te ce Cong eso Nacional de His o ia de la Cons ucción, Se illa, 26-28 oc ub e 2000, eds. A. G aciani, S. Hue a, E. Rabasa, M. Tabales, Mad id: I. Juan de He e a, SEdHC, U. Se illa, Jun a Andalucía, COAAT G anada, CEHOPU, 2000. 452 za en cua o las ci cuns ancias que hacen pa icula - men e in e esan e es a ob a: la singula idad de los da os apo ados, la uni e salidad de las e e encias, la impa cialidad en el a amien o de la in o mación (que nos asegu a la iabilidad de ]a in o mación ansmi ida) así como las escasas al e aciones eali- zadas a lo la go de la His o ia sob e el ex o o iginal (que, en es e caso, ga an iza la iabilidad de la in o - mación ecibida). La singula idad de los da os apo ados Una de las p incipales apo aciones de He odo o es que algunas de las e e encias que inco po a en su ex o de p ocesos o p ocedimien os cons uc i os cons i uyen la única (o una de las escasas) uen e!s de in o mación sob e al cues ión, po lo que g a- cias a ]a alusión de He odo o su ecue do no ha quedado i emediablemen e pe dido. Muchos de los comen a ios de He odo o no ienen simila , esul- ando especialmen e singula es los que se e ie en a la cons ucción de las pi ámides. En cie o modo, es a singula idad se pie de pa a la in o mación que el au o o ece sob e ]a e apa neobabilónica, ya que da os pa ecidos a los que He odo o incluye, se eco- gen en ob as de au o es como Es abón, E a ós enes de Alejand ía y, muy especialmen e, Diodo o de Si- cilia en su His o ia Na u al (lib o III, 7.2-13), si bien odos ello pos e io es en el iempo y, a excep- ción de Diodo o de Sicilia, con una mayo ca ga de an asía. La uni e salidad de las e e encias En cohe encia con el ambicioso plan de He odo o de aba ca de o ma impa cial e e encias his ó icas de odos los pueblos conocidos en la época, de Eu opa, Asia y Á ica, po pequeños que és os ue an, las alu- siones a la ac i idad cons uc i a de la época se e- ie en a zonas muy a iopin as y dis an es del Medi- e áneo Occiden al, incluso de pun os de Asia, Á ica y España, donde He odo o ealizó sus incu - siones. Asia Meno , de donde hoy se acep a que el au o e a o igina io" Egip o, la Magna G ecia, Babi- lonia,... Pese a odo, la uni e salidad no llega a consegui se; así, de Mesopo amia, a pesa de que el au o p ome ía habla de o os loggoi (1, CV1)4, como A. G aciani ,dos loggoi asi ios» (1, CLXXXIV), en e ellos Níni- e, se limi a a analiza Babilonia, aunque llega a ol- ida edi icaciones hoy conside adas an emblemá i- cas como los Ja dines Colgan es que, si uados al NE del Palacio Real ue on una de las Sie e Ma a illas de la An igüedad y que po el con a io sí desc ibie a Diodo o de Sicilia. La impa cialidad en su a amien o: la iabilidad de la in o mación ansmi ida Aunque el deseo de He odo o de plan ea la in o ma- ción de una o ma impa cial en cie a medida asegu- aba la iabilidad de la in o mación, ac ualmen e sólo se acep an algunos de los da os apo ados po el au- o , siendo o os, po el con a io, o almen e dese- chados. De hecho, su c edibilidad no es cons an e a lo la go de la ob a sino que depende de o os ac o es como la uen e de in o mación, o el ca ác e , desc ip- i o o cuan i a i o, del da o apo ado. La in o mación apo ada po He odo o combina dos uen es de in o mación: de un lado, la obse a- ción di ec a y la expe iencia pe sonal, y, de o o, la ansmisión o al, si bien el ca io no suele menciona -po lo gene al- cuáles han sido sus uen es de in- o mación cuando algo lo con aha de oídas; cuan o más, indica que p ocede de «au o es g iegos», sin in- dicación exp esa de quiénes, po ejemplo cuando e- ie e el paso de las opas del ey C eso po el ío Ha- lis, que He odo o incula a una impo an e ob a de ingenie ía consis en e en la desecación de su cauce lu ial. Po an o, He odo o ecopila da os de di e so g ado de iabilidad, esul an es de una ansmisión, di ec a unos, e indi ec a o os. Los da os ac ualmen e acep ados po la his o io- g a ía co esponden a aquellas cons ucciones en las que la uen e de in o mación empleada po el au o ue o pudo se la p opia obse ación di ec a y su ex- pe iencia pe sonal; el p opio ca io apun aba las en- ajas de la obse ación di ec a en e a la ansmisión o al, cuando, en ocasiones, dis inguía la p ocedencia de las e e encias, sin duda ma cado po el concep o de la His o ia que ya encon amos en los his o iado- es jónicos p eceden es. No se a a de un p ejuicio a p io i, pues o que no siemp e el au o indica que la in o mación esul a de su p opia obse ación, sino que en algunos casos la me iculosidad en el a amien o de cie as cons uc- Apo aciones de He odo o de Halicamaso 453 ciones exis en es en su época (como el ziggu a de Babilonia) hace pensa que pudo llega a con em- pladas; en cualquie caso, siemp e queda á la ince i- dumb e de si es u o o no en un luga de e minado y, po an o, el g ado de iabilidad de la in o mación ansmi ida. Su iabilidad se ac ecien a si conside amos que, en ocasiones, demos ando una ole an e ac i ud, p esen- a a ias e siones de un mismo hecho, con apo- niendo sus p opias e siones a o as que es ima me- nos acionales, y de las que sus objeciones -a eces- no pasan de se insegu as y simplis as. En lo que a ob as de cons ucción e ingenie ía se e ie e no al an ejemplos de plan eamien os di e gen es, que en es a comunicación de alla emos: po ejemplo, so- b e la ealización o no de una ob a de desecación del ío Halis pa a el paso de las opas del ey C eso);.... Sin emba go, no al an con adicciones (e incluso e- pe iciones) en el ex o, posiblemen e u o de una e- o denación pos e io de la ob a, a la que al ó una e- isión inal. El ca ác e del da o (desc ip i o o cuan i a i o) La mayo pa e de los da os o ecidos po He odo o son cuali a i os; sólo apo a in o mación numé ica en lo que se e ie e al núme o de ob e os que abaja- on en la cons ucción de la pi ámide de Keops, la du ación del p oceso,... Po el con a io, exis en o os au o es que son mucho más p ecisos y más da- dos a ello, como Diodo o de Sicilia que apo a in o - mación sob e las dimensiones del puen e de Babilo- nia. La mayo pa e de las ci as que He odo o e ie e son hoy cues ionadas. La iabilidad de la in o mación ecibida En gene al, puede a i ma se que el ex o que nos ha llegado man iene el g ado de iabilidad inicial pues o que a lo la go de la His o ia, el ex o o iginal no se ha is o al e ado sus ancialmen e a di e encia de Los Diez Lib os de A qui ec u a de Vi u io. La iabili- dad de la in o mación ansmi ida, como an es se ha e e ido, unida a la iabilidad de la in o mación eci- bida con ibuyen a la alo ación del ex o de He odo- o como uen e de in o mación pa a el conocimien o de la cons ucción en la An igüedad. ESTRUCTURA DE LA INFORMACiÓN APORTADA Las e e encias cons uc i as ecogidas en el ex o de He odo o apa ecen dispe sas en la g an can idad de ela os, acon ecimien os y desc ipciones geog á icas y e nog á icas que el au o expone en cada loggoi, y que -a su ez se es uc u an en 9 lib os, cada uno de ellos de ellos in i ulados con el nomb e de una musa: Clío (/); Eu e pe (II); Talía (Ill); Helpómene (IV); Te psíco e (V); E a o (VI); Polimnia (VI/); U ania (V/lI) y; Caliope (IX). P ecisamen e, el in e- és de es as páginas es iba en auna odas es as e- e encias, do ándolas al iempo de su co espondien e apa a o c í ico. Las alusiones a es os pueblos, y en consecuencia a sus mé odos cons uc i os no siguen pues un o den c onológico sino que obedecen al de los iajes del au o , condicionado po las ci cuns ancias bélicas del momen o. Así, a las p ime as e e encias que son g iegas, des acando las que se e ie en a A enas, de la que demues a un buen conocimien o, y desde la que debió eco e G ecia Con inen al y cons an es e e encias a nume osas islas del Egeo y a su cos a, zonas és as que debió conoce en su ju en ud. Es a- án seguidas po las pe sas (ob enidas as la Paz de Calias, 448 a.C.), y as las ic o ias de Ci o, Da ío y Cambises, las babilónicas, egipcias, esci ias y libias. Son bien conocidas sus e e encias a Egip o a donde iajó después del año 449 (en ealidad, algunos his- o iado es piensan que ealizó dos iajes), país en el que no debió de es a más de cua o meses según se ha podido demos a po alusiones a las c ecidas del Nilo. No al a on iajes po o ien e, aunque és os e- sul an más di íciles de alla , po la Magna G ecia y quizás po las colonias g iegas de F ancia y España, que p obablemen e isi a a desde Tu ios, ciudad en la que -según la adición- mu ió p obablemen e en e los años 429 y 424. No obs an e, y a pesa de la dispe sión de e e en- cias cons uc i as a lo la go de la ob a, se obse a una cie a acumulación de ellas, en los dos lib os p i- me os, que, en gene al, son mucho más desc ip i os, que los es an es, que, po el con a io, esul an más na a i os, ciñéndose el ela o a pa i del lib o V a las Gue as Médicas. Po ejemplo, ya en el Lib o III (Talía) sólo se ecogen dos no icias ela i as a el acueduc o de Co ys (capí ulo IX) y Samos (capí ulo XXIV). 454 REFERENCIAS CONSTRUCTIVAS Sob e la cons ucción g iega Como ya hemos comen ado, las e e encias a la cons ucción g iega apa ecen undamen almen e en e] lib o 1, Clío. En és e, se aluden ]a in ención de la soldadu a (que He odo o a ibuye al o eb e Glauco, na u al de Chíd' ]a u ilización de áb icas e es idas po Jad illos de o o (gene a]men e «blanquecinos» y excepcionalmen e ac isolados, que po las dimensio- nes apo adas ( es y seis palmos) debían con o ma una áb ica a soga y izón (1, XXXV) Y del id io (1, XXXV). Sin emba go, la in o mación más de allada se in- cuJa di ec amen e a las ac uaciones del ey C eso, en conc e o a ]a desecación de] ío Halis (1, LXXV), a la cons ucción de] úmulo de A]ya e, su pad e (1, XCIII). La desecación del cauce del ío HaJis, una au én ica ob a de ingenie ía en opinión de He odo o, -según el au o , que se apoya en algunos au o es g iegos, sin llega a conc e a en quiénes- se debió a Thales de Mile o, «que se hallaba en eJ campo», pa a que las opas del ey C eso c uza an el ío Ha- lis. Según He odo o, p ocedió a la desecación del cauce «pa a que el ío que co ía a la izquie da del ejé ci o co iese ambién a ]a de echa. Dicen que más a iba de los eales hizo ab i un cauce p o undo, que en o ma de semicí culo cogiese a] ejé ci o po la es- pa]da, y que así ex ajo una pa e del agua, y ol ió a in oduci ] a en e] ío po más abajo de] campo, con lo cual, o mándose dos co ien es, queda on ambas igualmen e adeables. Pe o a He odo o no pa ece con o ma le es a explicación: «y aún quie en algunos que la mad e an igua quedase de] odo seca, con ]0 que yo no me con o mo, po que en onces ¿cómo hu- bie an podido epasa el ío cuando es u iesen de uel a?»(l, LXXV). Sob e ]a cons ucción del Túmulo de Alya e, pad e de C eso, del que en época de He odo o aún se con- se aba la base, g andes bloques ciclópeos, sabemos g acias al au o que ]a pa e desapa ecida e a de ie- a; pe o además de apo a sus dimensiones (seis es- adios y dos pie os o yugadas de longi ud y ece yu- gadas de anchu a), e] au o e ie e cómo ue cons uido undamen almen e (según é] mismo dedu- ce de sus dimensiones) po unas muje es y ambién con ando con ]a pa icipación de di e en es g emios «<de la plaza y de los a esanos»), quedando cons an- A. G aciani cia median e insc ipciones de qué pa e ue cons ui- da po cada uno de ellos (1, XCIII). Sin emba go, dispe sas en o os lib os apa ecen e- e encias a pueblos y ciudades g iegas del Pelopone- so y de Asia Meno . Así, en el Lib o III (Talía) dedi- ca pa e del capí ulo LX a la cons ucción de] Acueduc o de Samos, en una de las dos únicas e- e encias cons uc i as de dicho capí ulo". Hoy sabe- mos que es e acueduc o ue cons uido en el año 530 a.e. si bien la his o iog a ía adicional lo conside ó du an e mucho iempo el p ime acueduc o de ]a His- o ia de ]a Cons ucciónB. Según He odo o, e a una de Jas es ob as más impo an es de es a población: «És e es uno de los es monumen os de Samos. E] o o es su muelle, e aplén le an ado den o de] ma , que end á 20 o gias de al o y más de dos es adios de la go. El e ce o es un magní ico emplo, el mayo ealmen e de cuan os he aJcanzado a e has a aho a, cuyo p ime a qui ec o ue Reco, na u al de Samos e hijo de Files» (IlI, LX). ExpJica de alladamen e el p oceso cons uc i o de es e acueduc o sub e áneo y sus dimensiones, al iempo que indica que ue cons uido po Eupalino «el mage ense»: «Po las en añas de un mon e que iene 150 o gias de al u a ab ie on una mina o cami- no sub e áneo, al cual hicie on dos bocas o en adas. Empeza on ]a ob a po la pa e in e io del mon e y el camino cubie o que aHí ab ie on iene de la go sie e es adios ocho pies de al o y o os an os de an- cho. A ]0 la go de la mina exca a on después un acueduc o de 28 codos de p o undidad y de es pies de anchu a, po den o del cual co e acanalada en sus a caduces el agua que, omada desde una uen e, llega has a ]a misma ciudad. El a qui ec o de es e oso sub e áneo, que si ie a de acueduc o, ue Eu- palino el maga ense, hijo de Naus a o» (IlI, LX). En los lib os V (Te psíco e), VI (E a o) y VII (Po- Jimnia) se ecogen de o ma dispe sa y en meno nú- me o que en o os lib os, una no po ello menos in e- esan es, e e encias a cons ucción en es e caso, de pueblos en con ac o con la población g iega con i- nen al o de Asia Meno . Po ejemplo, los emplos cons uidos en A enas po los ge í eos (V, LXI), en- e ellos el de Ce es Acaica, o las casas de Sa des, cons uidas -según el au o - con cañas (y algunas con adobe) y cubie a ba dada (V, Cl). Especialmen- e in e esan e es e] pasaje ecogido en el Lib o V, He odo o ecoge la p ime a mención esc i a que se conse a sob e una cons ucción pa]a í ica, a] aludi Apo aciones de He odo o de Halicamaso 455 las casas le an adas en la laguna. ... El au o e e en- cia los pilo es de made a que, anclados en el lecho del ío, sos ienen la edi icación, la pla a o ma (<< a- blado») sob e la que se alza la i ienda y la pasa ela «<puen e») que une la pla a o ma con la zona de ie- a. Según He odo o en la cons ucción de es as pe- culia es i iendas in e inie on odos los miemb os del poblado si bien sus necesa ias epa aciones e an encomendadas a las muje es de es a sociedad: «En medio de dicha laguna se en le an ados unos anda- mios o ablados sos enidos sob e unos al os pila es de made a bien abados en e sí, a los cuales se da paso muy es echo desde ie a po un solo puen e. An iguamen e odos los ecinos ponían en común los pila es, y a esaños sob e que ca ga el ablado; pe o después, pa a i los epa ando, se han impues o la ley de que po cada una de las muje es que ome un ciu- dadano ( y cada ciudadano se casa con muchas muje- es) ponga allí es made os, que acos umb an aca- ea desde el mon e llamado O belo. Vi en, pues, en la laguna, eniendo cada cual le an ada su choza en- cima del ablado donde esiden, y habiendo en cada choza una pue a pegada al ablado que da a la lagu- na...»9. En el lib o VIII, Polimnia, analiza la cons ucción del puen e sob e el Helespon o, sob e el p oceso de exca ación (VII, XXIII-XXVI). Sob e la cons ucción mesopo ámica. Babilonia Si bien He odo » (o nos anuncia el a amien o de impo an es ocos mesopo ámicos, en e ellos de Ní- ni e, una de las es capi ales asi ias, sus e e encias a la cons ucción mesopo ámica (y, en gene al a sus di e en es cul u as), ecogidas en el lib o 1 (Clío), se limi an al pe íodo neobabilónico, conc e amen e al einado de Nabucodonoso , al que co esponden las in e enciones cons uc i as más impo an es de es a ase. En cualquie caso, las indicaciones del au- o sob e las ac uaciones cons uc i as del mona ca, que el au o llama Semi ámis, cons i uyen una uen- e de in o mación imp escindible sob e las cons uc- ciones de es e pe íodo, que se conocen undamen- almen elO g acias al p opio ela o del mona ca y a las e e encias de Es abón, E a ós enes de Alejan- d ía y, muy especialmen e, de Diodo o de Sicilia en el lib o lIT de su His o ia Na u alll quien al desc i- bi Babilonia alude a las écnicas empleadas pa a la cons ucción de la cuidad, basándose en uen es an- e io es, hoy pe didas, que él llegó a consul a . Sin emba go, Diodo o de Sicilia es mucho más an ás i- co que He odo o. Sob e ma e iales y écnicas cons uc i as He odo o no desc ibe con ca ác e gene alis a écni- cas cons uc i as mesopo ámicas si bien es e ipo de in o mación y las e e encias a la cons ucción neo- babilónica que apa ecen en el ex o ienen incula- das a la desc ipción de las edi icaciones de mayo in- e és de la ciudad, diseminadas en pá a os en los que se combina con in o mación de ca ác e desc ip- i o, a eces me amen e a qui ec ónico o incluso u - banís ico; en cualquie caso, es án especialmen e ma cadas en algunos pasajes de su ob a, en e ellos, el ziggu a de la ciudad, ad ocado al dios Ma duk, algunas cons ucciones hid áulicas, como la ed de canales, zanjas y diques, el puen e de Babilonia y la mu alla de la ciudad, siendo és e uno de los pasajes que mayo in e és p esen a en es e sen ido. Sus alusiones cons uc i as se e ie en a la u iliza- ción de lad illos, a la cos umb e de a ma las áb i- cas, inco po ándoles ca izo, y al be ún, un ma e ial habi ual en Mesopo amia, a su uso y a la p esencia de di e en es pozos en el país. En conc e o, en el pa- saje dedicado a la mu alla de Babilonia, p es a una especial a ención a «cómo se hizo la mu alla y en qué se empleó la ie a sacada del oso». Re ie e la ealización de lad illos, y, con cie a ex añeza, la u ilización de un mo e o de be ún, en es e caso en su e ien e líquida como el p opio au o apun a- y la inco po ación de ca izos pa a a ma la áb ica: «La ie a que sacaban del oso la empleaban en o - ma lad illos, y luego que es os enían la consis encia necesa ia los lle aban a coce a los ho nos. Después, aliéndose, en ez de a gamasa, de cie o be ún ca- lien e, iban ligando la pa ed de ein a en ein a ilas de lad illos con unos ces ones hechos de caña, edi i- cando p ime o de es e modo los labios o bo des del oso, y luego la mu alla misma» (1, CLXXIX). Tampoco al an o o ipo de conside aciones de ca ác e gene al que apo a al desc ibi alguna de es- as cons ucciones. Po ejemplo, al da las medidas de la mu alla de Babilonia, indica que el codo eal es « es dedos mayo del codo común y o dina io» (1, CLXXIX). 456 Como hemos indicado, no al an en la ob a de He- odo o e e encias al be ún, ecogiendo es e au o alusiones sólo compa ables, en núme o, can idad e in o mación, a las que o ece Es abón, y en meno medida E a ós enes, según indica el mismo au o . Las alusiones que He odo o hace al be ún apa ecen, po ejemplo, al e e i la mu alla de Babilonia en el capí ulo CLXXIX. Ello no esul a ex año en an o una de las pa icu- la idades de la cons ucción en la Mesopo amia his- ó ica ue el empleo del be ún, ma e iaJ abundan e en la egión, con una doble uncionalidad: como aislan- e y como a gamasa. Ambos usos, que ya se daban al be ún en Mesopo amia desde los comienzos de la época sume ia habían pe du ado a lo la go de las di- e en es cul u as que pobJa on la egión, si bien en- con a on en el pe íodo neobabilónico una ecuencia mayo . De hecho, la exis encia en oda Mesopo amia una g an can idad de pozos de be ún, hizo que ya cal- deos, casi as y asi ios lo emplea on como a gamasa e incluso pa a e es i pa amen os ex e io es, jugando con los con as es del colo neg o del be ún y del blanco de la cal. En cualquie caso, pa a las cul u as que p ecedie on a la neobabilónica su uso como a - gamasa ue sólo excepcional, p e i iéndose un mo e- o bas an e pob e, con ba o muy luido, que en oca- siones (como en el ziggu a casi a de Du Ku igalzu) e a de ba o bi uminoso. Sí lo emplea on pa a encas- a e es imien os de a cilla cocida sob e o as su- pe icies. Ni siquie a los asi ios, que emplea on una mayo di e sidad de mo e os lo gene aliza on, ha- biendo de espe a al einado del mona ca neobabiló- nico Nabucodonoso pa a que el be ún as ál ico se emplea a de modo habi ual, lo que desde su mue e, no ol e á a sucede has a los siglos XIX Y XX. Fue común el uso del be ún como impe meabilizan e Con es as úl imas palab as, Es abón se e e ía al uso del be ún como impe meabilizan e; con cie a egula i- dad (cada ocho o nue e hiladas de adobe) colocaban sob e una capa de bmTo bi uminoso un lecho de es e- as de ca izo (ph agmi es communis, una g amínea que c ece en las ibe as cenagosas, abundan e en la egión e impu escible), y a eces hojas de palme a en elazadas, imp egnadas en be ún. A He odo o, al igual que a Es abón/l, le llama po- de osamen e la a ención la abundancia de be ún que p oduce la zona, comen ando - ambién como Es a- bón- que la ciudad de Hi e a la p incipal uen e de ap o isionamien o de Babilonia (aunque Es abón A. G aciani especi icaba que lo e a de be ún seco. En palab as de He odo o: «Hay una ciudad llamada Is (Hi ) a ocho días de .iaje de Babilonia, donde luye un pequeño ío, llamado asimismo Is, el cual es ibu a io del Eú- a es; y del manan ial de es e ío b o an con el agua muchas go as de be ún, el cual se ajo de allí pa a la mu alla de BabiJonia>P.Sin emba go, He odo o no hace e e encia a las dos a ian es de be ún, la sólida y la líquida (que au o es como Es abón e e i án como seca ynapha, espec i amen e)/4, aunque al e e i la cons ucción de la mu alla de Bahilonia, explica con cie a ex añeza, la u ilización de un mo e o de be Ún, en es e caso en su e ien e líquida -como el p opio au o apun a (l, CLXXIX). Como ya hemos indicado, el pasaje dedicado a la cons uc- ción de la mu alla de Babilonia se á uno de los que mayo in e és p esen e como desc ipción de las éc- nicas cons uc i as del pueblo neobabilónico. Soh e edi icaciones de Bahilonia Como se ha indicado, el ca io dedica pasajes a edi i- caciones signi ica i as de la ciudad como eJ ziggu a de Ma duk, algunas cons ucciones hid áulicas, como la ed de canales, zanjas y diques, el puen e de Babilonia y la mu alla de la ciudad. Sin emba go, a di e encia de Diodo o de Sicilia, He odo o no e e ía algunas cons ucciones emblemá icas de la ciudad, en e ellas el pasaje sub e áneo, abo edado y eali- zado con lad illo cocido e impe meabilizado con be- ún, que comunicaba el Palacio Real de Nabucodo- noso con el ex e io en p e isión de cualquie pelig o]" que, sin emba go, Diodo o de Sicilia sí lo desc ibía o como los ja dines Colgan es de Babilo- nia, si uados al NE del PaJacio Real, que ue on con- side ados una de las Sie e Ma a illas de la An igüe- dad y que Diodo o e e ía como una cons ucción abo edada en lad illo cocido y apo ando sus dimen- siones y la du ación de la cons ucción/n. Soh e el ziggu a de Ma duk La desc ipción que He odo o hace de la ciudad de Babilonia se cen a en la desc ipción de su ziggu a , que sabemos es aba ad ocado al dios i ula Ma duk, ecogida en el capí ulo CLXXXI del Lib o 1. Es po an o p obable que, exis iendo aún en época del g ie- Apo aciones de Hc odo o de Halicamaso 457 go, és e 10 llega a a con empla , siendo esa la azón de la me iculosidad en su a amien o. De hecho, el au o e ie e su emplazamien o p i ilegiado en el conjun o u bano, la plan a del edi icio, su maciza cons ucción, el sis ema de acceso, los e ocas de sus pa amen os,.. . Re ie e su plan a cuad ada y dos es adios de lado, y la p esencia en su in e io de un edi icio escalona- do, el ziggu a , sin bien no llega a u iliza es e é mi- no. Indi ec amen e, al cali ica es a o e como maci- za, He odo o e ie e el modo de cons ucción de es a áb ica, al como hoy sabemos que e an los ziggu a s mesopo ámicos, macizos, a di e encia de los elami- as, cons i uidos po pasillos abo edados en su in e- io . Según He odo o, se ele aban ocho pisos di e- en es «<has a llega al núme o de ocho o es»), exis iendo an os pisos como plane as; así mismo, in- dicaba que el p ime piso del ziggu a enía un es a- dio de al u a y o o de espeso , y que el acceso se e- alizaba a a és de una escale a ex e io dispues a «al ededo de odas ellas (las o es)... (exis iendo) en la mi ad de las escale as un ellano con asien os, donde pueden descansa los que suben». El au o i- nalizaba aludiendo la p esencia del san a sanc o um sob e el úl imo piso: «en la úl ima o e se encuen a una capilla, y den o de ella una g an cama magní i- camen e dispues a, y a su lado una mesa de o o» y que los di e en es pisos de la edi icación se pin aban con los colo es simbólicos de los as os en el siguien- e o den: blanco, neg o, pú pu a, azul, ojo, ese án- dose el pla a y el o o pa a los úl imos pisos. El da o que o ece el iaje o sob e las ocho plan as del edi icio se con adice con la in o mación apo a- da po alguna ablilla cunei o me gene ada po la ges ión del emplo, en la que se e ie e la exis encia de es pisos: el p ime o de 100 m2. X 35 m. el se- gundo de 80 m2. x 20 m. y el e ce o de 65 m". x 7 m. Es a dispa idad ha con ibuido a la di e sidad de in- e p e aciones; así po ejemplo, Koldewey conside a que sólo debió ene dos plan as. Soh e la disposición u hanÍS ica de Bahi/onia Las e e encias a la dis ibución u banís ica de Babi- lonia es án dispe sas, en el Lib o 1, en los capí ulos CLXXX y CLXXXI. Po ejemplo, en el pasaje dedi- cado a la desc ipción del ziggu a de Ma duk (Lib o 1, CLXXXI) exp1ica cómo la ciudad es aba ceñida po un doble mu o, el in e io más es echo, es aba di idida en dos pa es «<cua eles»), cada uno con un alcáza p opio. «En el uno es á el palacio eal, odea- do de un mu o g ande y esis en e, y en el o o un emplo de Júpi e Belo, con sus pue as de b once». En el mismo lib o, pe o en el o o capí ulo, ecoge algunos da os sob e la o ganización de la ciudad (1, CLXXX), po ejemplo, que sus casas e an de es y cua o plan as de al u a, y que la es uc u a u banís i- ca pa ía de un azado e icula eniendo como pun o de e e encia el ío, de modo que desde odas y cada una de las calles ans e sales a és e la población de los co espondien es ba ios enían acceso a las má - genes del ío a a és de pue as de b once: «La ciu- dad, llena de casas de es y cua o pisos, es á co ada po unas calles ec as, así las que co en a lo la go, como las ans e sales que c uzan po ellas yendo a pa a al ío. Cada una de es as úl imas iene una pue a de b once en la ce ca que se ex iende po las má genes del Éu a es; de mane a que son an as las pue as que an a da al ío, cuan os son los ba ios en e calle y calle». Toda la ciudad es aba odeada de una mu alla, ealizada con lad illos: «La mu alla, po en ambas pa es, haciendo un ecodo llega a da con el ío, y desde allí empieza una pa ed hecha de lad i- llos cocidos, la cual a siguiendo po la ciudad aden- o las o illas del ío». Soh e la in aes uc u a hid áulica de la ciudad G an pa e de los comen a ios del Lib o 1 (Clío) de He odo o sob e cons ucción babilónica, en conc e o de los capí ulos CLXXXIV y CLXXXV, es án dedi- cados a las ob as de in aes uc u a hid áulica de la que Nabucodonoso (Semí amis) do ó a la ciudad. En e ellas, la ed de diques, canales (1, CLXXXIV) y acequias al No e del país, ap o echando que allí el cauce del ío e a ec o (1, CLXXXV), es as úl imas en un núme o de 180, según apun a á en o a pa e del ex o: «...señaló con unos co deles cien o ochen- a acequias, odas ellas di igidas de a ias mane- as...». También desc ibe cómo el mona ca o denó la cons ucción de diques y e aplenes pa a con ención de las iadas del Eú a es pa a e i a que el ío «inun- dase, como an e io men e, los campos» y en los p o- pios má genes de la ciudad de Babilonia. En ambos capí ulos, el au o elogia la g andeza de es os aba- jos, «dignos de admi ación»; así e ie e «que asom- 458 b a ]a g andeza y la ele ación de es os diques» (1, CLXXXIV). Indica que en di e sos pun os de su cauce, se co ó la co ien e del Eú a es pa a que «la co ien e del ío, co ada con a ias uel as, uese menos ápida y la na egación pa a Babilonia más la ga...». En los capí ulos CLXXXV y CLXXXVI, He odo- o e ie e cómo el ey ealizó simul áneamen e es impo an es ope aciones de in aes uc u a hid áuli- ca. De una pa e, an e las necesidades de abas eci- mien o u bano, cons uyó en las p oximidades del ío un pan ano que se ealizó con «eno mes pied as», «asegu ándose las o illas con ie a p oceden e de la misma exca ación»; si bien su in úl imo e a a]mace- na el agua de] ío en caso de inundación, pa a asegu- a el abas ecimien o de la población y disminui la posibilidad de que la iada ocasiona a des ozos, en p incipio el pan ano pe mi i ía almacena (p o isio- nalmen e) el caudal del Eú a es du an e las ob as que el mismo ey inicia a de cons ucción de un puen e una ez desecada la an igua mad e del ío. Así e e ía He odo o: «Hizo co a y lab a unas pie- d as de ex ao dina io amaño, y cuando es u ie on ya dispues as y hecha la exca ación, o ció y encami- nó oda la co ien e del ío al luga des inado pa a la laguna. Mien as és a se iba llenando, secábase la mad e an igua del ío... Después que con la enida del ío se llenó la laguna y es u o concluido el puen- e, es i uyó el Éu a es a su an iguo cauce; con lo cual, además de p opo ciona la con eniencia del e- cinda io, log ó que se c eyese muy ace ada la exca- ación del pan ano». Diodo o de Scilia no e e i á es e pan ano, pe o sí el depósi o que Nabucodonoso mandó cons ui en ]ad illo cocido e impe meabi]izado con be ún: «Des- pués de es o, Se amis escogió el pun o más bajo de Babilonia y cons uyó un depósi o cuad ado de es- cien os es adios de la go en cada lado: cons uido de lad illo cocido y de be ún, con una p o undidad de ein a y cinco pies»17. En segundo luga , pa a e i a que an e una iada la ciudad se pudie a inunda , Nabucodonoso mandó e o za las o illas del ío con mu os de lad illo coci- do en aquellos amos en los que el Eú a es a a e- saba Babi]onia, los cuales e an accesibles a ]a pobla- ción, ya que desde cada calle, ce adas po pue as, podía baja se a las má genes. Nabucodonoso o denó que, pa alelamen e, en las p oximidades del cen o de ]a ciudad, se cons uye a A. G aciani un puen e pa a uni los dos cua eles en los que és a se di idía, la mi ad o ien al, mayo y más an igua (donde se encon aba e] San ua io de Ma duk y el Palacio Rea]), con la Occiden al, es ando sepa adas ambas en algunos amos po has a cien me os. Se- gún He odo o: «En el iempo que du ó es a ope a- ción, mandó hace dos cosas: edi ica en las o illas que co en po den o de ]a ciudad y a las cuales se baja po las pue as que cada calle iene, una ma gen de lad illos cocidos, semejan es a las ob as de ]a mu- alla, y cons ui un puen e, en medio poco más o menos de ]a ciudad...», Los silla es de sus pilas pé- eas, «con las pied as lab adas de an emano» unién- dolas en e sí con hie o y plomo»~ a i mación po la que sabemos que ya en e] siglo VI a.e. los babilonios empleaban g apas de sille ía con plomos e idos en las jun as pa a e i a la oxidación, p ocedimien o que se con e i ía en habi ual en el mundo g iego clásico y que se man end ía du an e siglos a lo la go de ]a His o ia. El piso e a de made a y desmon able du an- e la noche pa a e i a los obos: «Sob e las pilas as de es a á ica se endía un puen e hecho de unos ma- de os cuad ados, po donde se daba paso a los babi- lonios du an e el día; pe o se e i aban los made os po la noche pa a impedi muchos obos, que se pu- diesen come e po ]a acilidad de pasa de una pa e a o a». No e a és a una singula idad de] puen e de Babilonia; de hecho, el de Kho sabad o Du Sagina que unía las dos mi ades o i icadas en que ]a ciudad asi ia es aba di idida, ambién se desa maba du an e la noche pa a e i a que ambas mi ades queda an in- comunicadas en caso de un a aque enemigo. Siglos más a de, Diodo o de Sicilia comple a ía es a in o mación o eciendo algunos da os cuan i a i- os y desc ip i os que no o ecía e] ex o de He odo- o, que nos pe mi en a i ma que el es imonio de Diodo o de Sicilia, en ]0 que espec a al puen e de Babilonia, es mucho más p eciso que e] de He odo o de Halica naso. ASÍ, aunque uel e a ei e a cues io- nes ya ecogidas po He odo o, como e] sis ema de unión de los silla es de las pilas, Diodo o indicaba que se cons uyó en el si io más es echo del ío; ade- más, apo aba el da o de su longi ud (cinco es adios), aludía el p oceso de cimen ación, «colocando los pi- la es cuidadosamen e, de o ma que se hundiesen doce pies en su lecho», ]a exis encia de ajama es ci - cula es en las pilas, en el lado de la co ien e del ío y conc e aba los ipos de made as empleados en e] piso del puen e, ealizado con igas de ced o y cip és Apo aciones de He odo o de Halica naso 459 y, excepcionalmen e, con oncos de palme a. Diodo- o sí se e e ía al amplio muelle, de cien o sesen a es- adios de la go, que comple aba el conjun olX . Soh e la mu alla de Babilonia En los capí ulos CLXXVIII y CLXXIX, He odo o in- cluye e e encias a la mu alla de la ciudad de Babilo- nia, no sin an es a i ma que las o i icaciones neoba- bilónicas e an <<lasmás pe ec as de cuan as ciudades conocemos» (1, CLXXXVIII). Así, apo a da os sob e la cons ucción de la mu alla, así como del «p o undo y ancho oso, lleno de agua y cincuen a codos eales de ancho y de al o has a doscien os» que la odeaba, indicando que se le an ó con adobes ealizados con « ie a sacada del oso», pos e io men e cocidos en ho nos, dispues os en áb icas a madas con es e as de ca izo pa a su ni elación (en es e caso, cada ein a hiladas) y abadas con mo e o de be ún líquido, e i- denciando en es a úl ima cues ión su ex añeza: «La ie a que sacaban del oso la empleaban en o ma la- d illos, y luego que es os enían la consis encia nece- sa ia los lle aban a coce a los ho nos. Después, a- liéndose, en ez de a gamasa, de cie o be ún calien e, iban ligando la pa ed de ein a en ein a ilas de la- d illos con unos ces ones hechos de caña, edi icando p ime o de es e modo los labios o bo des del oso, y luego la mu alla misma». Aunque como indica el p opio au o le in e esa es- pecialmen e «cómo se hizo la mu alla y en qué se empleó la ie a sacada del oso», no al an sin em- ba go, e e encias a la plan a de es a mu alla, alu- diendo a los habi áculos exis en es en e los dos lien- zos de mu alla, cuyas dimensiones enían de e minadas po los ehículos de anspo e, y a las cien pue as de b once que és a enía: «En lo al o de és a ab ica on po una y o a pa e unas casillas de un solo piso, las unas en en e de las o as, dejando en medio el espacio su icien e pa a que pudiese da uel as una ca oza. En el ecin o de los mu os hay cien pue as de b once, con sus quicios y umb ales del mismo me al». Sob e la cons ucción pe sa Siendo la gue a con los pe sas el pun o de pa ida del ex o de He odo o, no podían al a alusiones a la cons ucción pe sa, si bien se limi a a una e e encia a la ciudad de Ec abana en el capí ulo XCVIII del Li- b o 1 (Clío), una «plaza o i icada cons uida po los medos y de un palacio «g ande y o i icado» (1, XC- VIII) «digno de la majes ad del Impe io», ciudad és a que pos e io men e, en época de He odo o, se cono- ce ía como Ec abana. El au o , desc ibe su ecin o amu allado, emplazado en una colina edonda y do- ado de sie e lienzos almenados, ci cula es y concén- icos, iguales en al u a, de una áb ica «de g an pe - ección». Lo iguala en cuan o a sus dimensiones con las del ecin o a eniense. Re ie e que las almenas de los di e en es ce cos a iaban de colo , siendo de ue a a den o blancas; neg as; ojas; azules, ama i- llas, pla eadas y do adas. No obs an e, en el lib o IV, Melpómene, incluye algunas e e encias al ey Da ía y al pueblo pe sa. La al a de e e encias a cons ucciones eligiosas no ha de ex añamos en un pueblo que no edi icó emplos, pues o que sus o endas las ealizaba a cielo abie o, en g andes pi as que como He odo o indica se deno- minaban al a es de uego (IV, LXII). Asimismo, co- men a la cons ucción del puen e de ba cas sob e el Pon o, en el Bós o o, ealizado po Mand ocles, na- u al de Samos (IX, LXXXIX), a quien He odo o ca- li ica como «ingenie o o a qui ec o», e idenciando así la dualidad de unciones -y po an o de cali ica- i os- de los p o esionales de la cons ucción en la An igüedad. La cons ucción del puen e ue gene o- samen e pagada po pa e del mona ca «a azón de diez po uno», po «...10 bien cons uido que le pa e- ció el puen e de ba cas», pa a que sus opas pudie- an a a esa el Bós o o. He odo o e ie e así el p i- me puen e de ba cas de la His o ia del que se iene cons ancia. También e ie e cómo Da ía le an ó en el Bós o o sendas columnas de má mol blanco, g abando en una con le as asi ias y en o a en le as g iegas el «nom- b e de odas las naciones que su ejé ci o conducía», columnas que según He odo o después «ca ga on los bizan inos... y Ile ándolas a su ciudad, se alie on de ellas pa a le an a el a a de Diana O osia, excep uan- do solamen e una pied a llena de ca ac e es asi ios, que ue dejada en Bizancio en el emplo de Baca». He odo o iden i icaba dicho puen e, según «mis con- je u as» con el que es aba en medio de Bizancio y «del emplo de Júpi e si uado en aquella boca». He odo o le llama on la an ención las casas de los nómadas, «unas cabañas hechas de a illas de gamon 466 canía al lago Mo éis que He odo o mencionaba28, si- uado en el oasis de El Fayum, en especial desde que en e 1842 y 1844 Richa d Lepsius (el p ime o en hace la) iden i ica a la pi ámide de Amenemha III, de la XII dinas ía (ca. 1800 a.e.) cons uida en adobe y que se encuen a jun o a las e e idas uinas. Sin emba go, ac ualmen e, muchos in es igado es cues- ionan es a conside ación, pues algunos opinan que odo ue una in ención de He odo o, mien as o os, como A es, se inclinan po pensa que las uinas de Hawa a no pe enecen al e dade o labe in o. De he- cho, conside an que el plano del monumen o ob eni- do po Flinde s Pe ie, en el que se ep esen aban una se ie de habi aciones de amaño a iado adosadas de es en es o de seis en seis p ecedidas de pó icos columnados ca ecía de la labe ín ica es uc u a e e- ida po He odo o, quien hacía especial hincapié en que ce especial hincapié en que e a imposible que un homb e no acos umb ado a eco e lo pudie a sali del edi icio sin la ayuda de un guía. Además de que no coinciden las dimensiones del edi icio une a io apo adas po los iaje os clásicos con las de la pi á- mide de Amenenha (según He odo o, de 70 m. cuando en ealidad no supe a los 58 m. de al u a, y según Es abón 118 m. de lado cuando no supe a los 100 m.), ni siquie a las del monumen o desc i o (se- gún He odo o compa able a las pi ámides) con la de las uinas de Hawa a (200 x 170 m.), pa ece imposi- ble que un edi icio de adobe pudie a sopo a las co- losales igu as esculpidas que e ie e He odo o, de las que ampoco se han hallado es os, más que pe- queños cocod ilos ealizados en elie e sob e algu- nas pied as de dudosa unción. Además, el edi icio exca ado po Pa ie es de un solo piso, no apa ecien- do el sub e áneo e e ido po He odo o ni los en e- amien os. NOTAS 1. La p ime a denominación obedece a una a bi a ia di i- sión en lib os, ealizada po un esc i o alejand ino (s.IIl-II a.C). 2. Se u iliza un é mino empleado po He odo o en el p oe- mio, iOlO ih, aducible como «in es igación", «encues- a», indagación» o «inquisición». 3. Sin emba go, según A is ó eles en su Re ó ica, y pos e- io men e Plu a co, nació en Tu ios, al Su de I alia. 4. He odo o llama <doggoi» a las pa es de la na ación, dedicando cada una de ellas a un pueblo. Algunos au o- A. G aeiani es opinan que los loggoi asi ios ue on sup imidos; o os que nunca exis ie on po que no encaja on en la es- uc u a del conjun o. 5. He odo o plan ea ambién la posibilidad de que es a de- secación no se hubie a llegado a ealiza y que las opas hubie an c uzado el ío po los nume osos puen es que lo a a esaban. 6. He odo o: Los Nue e Lib os de la His o ia. (T ad. De P. Ba olomé Pou). Ed. Eda . Mad id, 1996. 7. En páginas p eceden es, He odo o incluye una e e en- cia a un supues o acueduc o mandado cons ui po un ey de A abia, que con aba con es canales (cada uno de ellos pa a abas ece a una población di e en e), que lle aba el agua del ío Co ys, que desembocaba al ma de E i eo, ealizado con pieles c udas de bueyes y o os animales (Ill, IX). 8. Hoy sabemos que el ey asi io Senaque ib (705-681 a.c.) hijo de Sa gón cons uyó uno años an es, en el 691 a.c. pa a anquea el ancho alle del Ye wan y que lle- aba el agua desde la p esa del ío Kho s, ce ca de Ba- ián, has a Níni e, la capi al que es aba si uada a 80 km. al SE, pa a así ega sus campos y ja dines. Cons aba de un amo de a cua iones de 300 m. de la go y 12 m. de anchu a, sos enido po cinco a cos, en el cual se calcula que se emplea on más de dos millones de bloques con un módulo medio de 50 x 50 x 65 m. (GRACIANI GARCÍA, Ampa o: Mesopo amia. Conside aciones ge- ne ales pa a un es udio de la cons ucción, Se illa, 1992). 9. He odo o, V, XVI, p. 417. 10. Los au o es pos e io es abusa án de la pa á asis y el ado no de las e e encias p e ias. Así, Ha poc ición de Alejand ía hacia el 335 d.C. con a á en su iaje a Babi- lonia el comen a io que le hizo un iejo si io an e las uinas de una ciudad mesopo ámica: «.. .ha sido cons- uida po gigan es que que ían escala el cielo. Po esa i e e encia loca, unos ue on he idos po un ayo; o os po o den de dios, en lo sucesi o no se econoce án mu- uamen e; el es o ue a cac a la isla de C e a, a donde, en su cale a los p ecipi ó dios» (PARROT, And é: La To e de Babel. Ed. Ga iga. Ba celona, 1962, pp. 17- 18). 11. Plinio: His o ia Na u al, lib o Ill, 7.2-13. 12. PITARCH, José e al : A e An iguo. P óximo O ien e. G ecia y Roma. Col. Fuen es yDocumen os pa a la His- o ia del A e, ol. I. Gus a o Gili. Ba celona, 1982, pp. 59-60). Así, se exp esaba es e úl imo: «Aunque las is as de Babi- lonia son muchas y singula es, no es la menos ma a i- llosa la eno me can idad de be ún que p oduce el país; an g ande es la ese a de és e, que no solamen e bas a pa a sus edi icios, que son nume osos y g andes, sino que pa a la gen e común ambién, euniéndose en el lu- ga , la u ilízan sin ningún ipo de es icción y secándola Apo aciones de He odo o de Halica naso 467 la queman en luga de combus ible. Pese a la g an can i- dad de homb es que la u ilizan, la can idad pe manece sin disminui , como si p ocediese de a ias inmensas uen es. Además, ce ca de es as uen es hay un aguje o espi ade o de no g an amaño, pe o ema cable po que emi e un apo muy dcnso y sul u oso que ae la mue - e a oda c ia u a i ien e que se le ace ca, y se encuen- a con un inal ápido y ex año...». 13. DA VEY, No man: Enciclopedia de la Cons ucción, p. 177. 14. Según el au o : «Babilonia p oduce g andes can idades de as al o, de acue do con lo quc E a ós enes mani ies a, que la especie líquida, llamada napha, se halla en Susa (I án), pe o la scca, que puede se solidi icada, en Babi- lonia. Hay una uen e de es e mismo as al o ce ca del Eú a es (en Hi ), y cuando es e ío se encuen a en su c ecida, en la época de la usión de las nie es, la uen e de as al o es colmada ydesbo da en el ío, y los g andes coágulos que sc o man son adecuados pa a las cons- ucciones de lad illos cocidos. O os esc i o es dicen que la especie líquida se encuen a ambién en Babilo- nia. Con i man en pa icula la g an can idad de la clase seca en la cons ucción de los edi icios, pe o ambién di- cen que las emba caciones ejidas con cañas y e ocadas con as al o son impe meables al agua» (C . DA VEY, No man: u sup a). 15. Pi a ch e al .: op. ci ., p. 58. 16. «En onces, des iando el cu so del ío hacia el Es e, cons uyó debajo de ie a un pasaje que iba de un pala- cio a o o; haciéndolo de lad illo cocido, cub ió las cá- ma as abo edadas de ambos lados con be ún calien e has a que u ie on un g oso de cua o codos. Los mu os la e ales de es e pasaje e an de ein e lad illos de ancho yde doce pies de al o, excluyendo la bó eda de cañón, y la anchu a del pasaje e a de quince pies. Cuando es a cons ucción se hubo e minado, en sólo sie e días, pe - mi ió al ío ol e a ás, a su an iguo cauce y así, pasan- do la co ien e sob e es e pasaje, Se amis podía i de un palacio a o o sin pasa po el ío. A cada ex emo del pasaje había pues o pue as de b once que pe manecie- on en el iempo has a la dominación pe sa» (Pi a ch e al .: u sup a, p. 67). 17. Pi a ch c al .: op. ci ., p. 67. 18. Pi a ch e al .: u sup a, pp. 53-60. 19. También po e e encias conocemos las isi as de algu- nos sabios, como es cl caso dc Tales de Mile o, el pad e de la geome ía g iega, quien la isi ó du an e el siglo VI a.c. 20. Delgado, José Manuel: Las cla es de la g an pi ámide. Col. Año Ce o, Mad id, 2000, p. 15. Según Es abón, a cie o ni el, sob e uno de los lados de la pi ámide, exis ía una pied a que podía e i a se y que, una ez emo ida, dejaba e la en ada de una gale ía o si inga, que conducía a la umba. Dicho pasaje e a an- gas o y bajo, de menos de 1,20 m. po 1,20 m. ydescen- día a lo la go de 114 me os has a una cha ca in es ada de sabandijas, exca ada en la oca i a, de 46 m. bajo la pi ámide. 21. Delgado, M.: Op. ci ., p. 65. 22. Aunque ac ualmen e se conse an pocos bloques de e- es imien o, (los que se conse an se encuen an en la ca a no e) hoy se es ima que en o igen el monumen o u o 27.000 bloques, pe ec amen e encajados y puli- dos. 23. El dI'. Joseph Da ido i s, nomb ado po el p esiden e de F ancia Caballe o de la O den Nacional de Mé i o, un- dado del Ins i u o Geopolimé ico de Pa ís, es p o eso de la Uni e sidad de To on o ydi ec o del Ins i u o de Ciencias A queológicas Aplicadas de la Uni e sidad de Ba y, en Flo ida. La doc o a Ma gie Mo is abaja en la Uni e sidad de Minnoso a. 24. La Es ela de Famine, descubie a en 1889 po el egip ó- lago Cha les Wilbou y e minada de desci a po el a - queólogo ancés Ba que en 1935, cons a de 2.600 je o- glí icos dispues os en 32 columnas, da a de época p olomaica (300 a.c.) aunque se conside a debe se co- pia de documen os más an iguos ya que se e ie en a pe sonajes de la 111Dinas ía. En e las columnas 6 y22 se habla sob e mé odos cons uc i os. 25. Delgado, Manuel José: op. ci , p.12. 26. V sup a, pp. 19-20. 27. He odo o, Lib o 11, CXXXVI, p. 210 Asiquis, que mandó hace los p opíleos del emplo de Vulcano que dan a Le an e, y que son en ealidad de cuan os hay en el edi icio los más bellos y los más g andes con no able exceso, pues aunque los demás p opíleos son odos ob as llenas de igu as esculpidas... Cuen an del mismo ey que, codicioso de supe a las glo ias de cuan os ha- bían an es einado en Egip o, dejó su monumen o públi- co en una pi ámide hecha de lad illo. Hay en ella una insc ipción g abada en má mol que hace habla a la mis- ma pi ámide en es os é minos: « No me humilles com- pa ándome a las pi ámides de má mol a las que excedo an o como Júpi e a los demás dioses; pues dando en el suelo de la laguna con un chuzo, y ecogido el ba o a él pegado, con es e ba o o maban mís lad illos, y así ue como me cons uye on. « Es o es en suma cuan o hizo aquel ey» . 28. «...la laguna que llaman Me is, ce ca de la cual aquél se edi icó. Cuen a la laguna de ci cun e encia 3.000 es a- dios, medida que co esponde a 60 schenos, los mismos cabalmen e que ienen de longi ud las cos as ma í imas de Egip o; co e a lo la go de No e a Mediodía, y iene 50 o gias de ondo en su mayo p o undidad. Po sí mis- ma decla a que es ob a de manos ya i icial. En el cen- o de ella, a co a di e encia, ense dos pi ámides que se ele an sob e la lo del agua 50 o gias, y abajo ienen o as an as de cimien o, y encima de cada una se e un 468 A. G aciani coloso de má mol sen ado en su ono: aunque ambas pi ámides ienen a ene 100 o gias, que o man cabal- men e un es adio hexáple o o de 600 pies... la ie a que iban ex ayendo la lle aban al Nilo, el cual, ecibiéndola en su co ien e, no podía menos de a as a la en ella e i la disipando» (He odo o, Lib o n, CXLlX, p. 218).