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Notas sobre el traslado de los indígenas en la jurisdicción de Salta

González Rodríguez, Adolfo L.

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NOTAS SOBRE EL TRASLADO DE LOS INDÍGENAS EN LA JURISDICCIÓN Profesor Ayudante de Un hecho suficientemente comprobado hoy día es el descenso demográfico que padeció la población in dígena americana desde los comienzos de la coloniza española, disminución que fue agravándose con alcanzar sus cotas más elevadas a mediados del s. XVII en las zonas cuya conquista fue más temprana, y a fines de esta centuria en aquellas en las que el español irrumpió más tardíamente. Numerosas y variadas fueron de la población india, como la propia conquista en los primeros años de contacto entre ambas cult uras, los excesivos trabajos a parte de los españoles, las epi índice de la mortalidad, las alteraciones climatológicas que afectaron la producción agrícola y, por consiguiente, originaron años de ham Nosotros no pretendemos real dieron lugar al brusco des concretamente en su distrito de Salta, objeto de este estudio, ya que se saldría de los objetivos y límites impuestos al mismo, apar esta temática en otro trabajo sobre la evolución de la encomienda en esta gobernación du rante los tres siglos que estuvo una de las cir cunstancias que a nuest aborígenes que se encontraban encomen hacia otros lugares fuera de los límites de la gobernación, llevando principalmente ganado, o su traslado, dentro de ella, a las h 1 González Rodrí guez, Adolfo L.: XVI, XVII y XVIII. Tesis D octoral inédita. Sevilla, 1982 NOTAS SOBRE EL TRASLADO DE LOS INDÍGENAS EN LA JURISDICCIÓN DE SALTA Adolfo L. González Rodríguez Profesor Ayudante de “Historia de América” de la Universidad de Sevilla Un hecho suficientemente comprobado hoy día es el descenso demográfico que dígena americana desde los comienzos de la coloniza española, disminución que fue agravándose con forme fueron pasando los años, hasta alcanzar sus cotas más elevadas a mediados del s. XVII en las zonas cuya conquista fue más temprana, y a fines de esta centuria en aquellas en las que el español irrumpió más Numerosas y variadas fueron de sde luego las cau sas que motivaron esta caída de la población india, como la propia conquista en los primeros años de contacto entre uras, los excesivos trabajos a los que se vieron someti dos los naturales por los españoles, las epi demias y enfermedades que ele varon enormemente el índice de la mortalidad, las alteraciones climatológicas que afectaron la producción agrícola y, por consiguiente, originaron años de ham bres por la escasez de alimento, etc. Nosotros no pretendemos real izar un análisis de los diferentes motivos que dieron lugar al brusco des censo indígena en la gobernación de Tucumán y más concretamente en su distrito de Salta, objeto de este estudio, ya que se saldría de los objetivos y límites impuestos al mismo, apar te de que ya hemos apun esta temática en otro trabajo sobre la evolución de la encomienda en esta gobernación rante los tres siglos que estuvo bajo la dominación española 1 . Sólo queremos destacar cunstancias que a nuest ro juicio afectó de forma más directa a los aborígenes que se encontraban encomen dados en esta provincia, como fue su salida hacia otros lugares fuera de los límites de la gobernación, llevando principalmente ganado, o su traslado, dentro de ella, a las h aciendas o chácaras de sus encomenderos. guez, Adolfo L.: Las encomiendas de la gobernación del Tucum án durante los sigl octoral inédita. Sevilla, 1982 . 49 NOTAS SOBRE EL TRASLADO DE LOS INDÍGENAS EN LA JURISDICCIÓN Adolfo L. González Rodríguez de la Universidad de Sevilla Un hecho suficientemente comprobado hoy día es el descenso demográfico que dígena americana desde los comienzos de la coloniza ción forme fueron pasando los años, hasta alcanzar sus cotas más elevadas a mediados del s. XVII en las zonas cuya conquista fue más temprana, y a fines de esta centuria en aquellas en las que el español irrumpió más sas que motivaron esta caída de la población india, como la propia conquista en los primeros años de contacto entre dos los naturales por varon enormemente el índice de la mortalidad, las alteraciones climatológicas que afectaron la producción bres por la escasez de alimento, etc. izar un análisis de los diferentes motivos que censo indígena en la gobernación de Tucumán y más concretamente en su distrito de Salta, objeto de este estudio, ya que se saldría de los te de que ya hemos apun tado algo sobre esta temática en otro trabajo sobre la evolución de la encomienda en esta gobernación . Sólo queremos destacar ro juicio afectó de forma más directa a los dados en esta provincia, como fue su salida hacia otros lugares fuera de los límites de la gobernación, llevando principalmente aciendas o chácaras de sus encomenderos. án durante los sigl os Este comportamiento, que desde luego no Góngora ha señalado una situación pareci en Salta más generalizado durando incluso más tiempo colonialpor lo que reiterativa sea a favor o en contra de su práctica. No obstante, la abundante do hace de manera general y no pormenorizadamente, por lo que conocemos su existencia desde un punto de vista cualitativo pero no cuantitativo. Por ello, creemos importante dar a conocer el in gobernador Peredo llevó a cabo el justicia mayor Antonio de Cabrera en 1672, dado que se refiere a los indios que de la jurisdicción de Salta habían sido sacados por sus encomenderos a diferentes partes de esta provincia, así como al Río de la Plata por ser un documento (al menos no consta, aunque no con la exactit salir de sus pueblos para realizar otras actividades ajenas a las que estaban estipuladas, pudiendo establecerse con cierta seguri población indígena salteña 3 Aspectos legales Como hemos dicho, fue norma generalizada ya en los primeros años de vida de la gobernación tucumana el sacar los encomenderos a los indios d hiciera n las veces de arrieros en los des para que trabajaran directamente en sus tierras. Estos abusos continuaron durante todo el s. XVI y XVII, no sólo por parte de los civiles sino también de los eclesiásticos manera general lo prohibía para todas las Indias virrey del Perú y a la Audiencia de Charcas, que de manera particular lo sancionaba a 2 Góngora, Mario; Encomenderos y Estancieros de Chile después de l a Conquista. 3 Informe del justicia mayor Antonio de Cabrera, 7 de junio 1672. AGI. 4 Por ejemplo el Obispo de Tucumán Fray Francisco de Vitoria sacó de indios entre casados y solteros hacia el Perú. Auto del gobernador Juan Ram Estero, 8 febrero 1589. AG I, Charcas 26. 5 Recopilación de las L eyes de Indias, Leyes 8 y 14, tí Este comportamiento, que desde luego no fue exclusi vo de esta región Góngora ha señalado una situación pareci da para los indios de Chiloé 2 en Salta más generalizado durando incluso más tiempo - prácticamente todo el período por lo que reiterativa mente se encuentra enunciado en la documentación, ya sea a favor o en contra de su práctica. No obstante, la abundante do cumentación que alude a este hecho siempre lo hace de manera general y no pormenorizadamente, por lo que conocemos su existencia desde un punto de vista cualitativo pero no cuantitativo. Por ello, creemos importante dar a conocer el in forme que por orden gobernador Peredo llevó a cabo el justicia mayor Antonio de Cabrera en 1672, dado que se refiere a los indios que de la jurisdicción de Salta habían sido sacados por sus encomenderos a diferentes partes de esta provincia, así como al Río de la Plata por ser un documento (al menos no sotros no conocemos otro semejante) en el que consta, aunque no con la exactit ud que quisiéramos, la cantidad de naturales obligados a salir de sus pueblos para realizar otras actividades ajenas a las que estaban estipuladas, pudiendo establecerse con cierta seguri dad la incidencia de este fenómeno e 3 . Como hemos dicho, fue norma generalizada ya en los primeros años de vida de la gobernación tucumana el sacar los encomenderos a los indios d e sus pueblos para que n las veces de arrieros en los des plazamientos de sus ganad os a otras regiones o para que trabajaran directamente en sus tierras. Estos abusos continuaron durante todo el s. XVI y XVII, no sólo por parte de los civiles sino también de los eclesiásticos 4 , a pesar de la legislación metro manera general lo prohibía para todas las Indias 5 , y de las reales cédulas dirigidas al virrey del Perú y a la Audiencia de Charcas, que de manera particular lo sancionaba a Encomenderos y Estancieros . Estudios acerca de la constitución social ari a Conquista. (1580-1660). Santiago de Chile, 1970, págs. 2223 y 49. Informe del justicia mayor Antonio de Cabrera, 7 de junio 1672. AGI. Escr ibanía de Cámara, 874 Obispo de Tucumán Fray Francisco de Vitoria sacó de San Miguel de Tucumán 24 indios entre casados y solteros hacia el Perú. Auto del gobernador Juan Ram í rez de Velasco, Santiago del I, Charcas 26. eyes de Indias, Leyes 8 y 14, tí t. XII, lib. VI. 50 vo de esta región -Mario 2 -, quizás estuvo prácticamente todo el período mente se encuentra enunciado en la documentación, ya cumentación que alude a este hecho siempre lo hace de manera general y no pormenorizadamente, por lo que conocemos su existencia forme que por orden del gobernador Peredo llevó a cabo el justicia mayor Antonio de Cabrera en 1672, dado que se refiere a los indios que de la jurisdicción de Salta habían sido sacados por sus encomenderos a diferentes partes de esta provincia, así como al Río de la Plata y Perú, sotros no conocemos otro semejante) en el que ud que quisiéramos, la cantidad de naturales obligados a salir de sus pueblos para realizar otras actividades ajenas a las que estaban estipuladas, dad la incidencia de este fenómeno e n la Como hemos dicho, fue norma generalizada ya en los primeros años de vida de e sus pueblos para que os a otras regiones o Estos abusos continuaron durante todo el s. XVI y XVII, no sólo por parte de los , a pesar de la legislación metro politana, que de , y de las reales cédulas dirigidas al virrey del Perú y a la Audiencia de Charcas, que de manera particular lo sancionaba a constitución social ari stocrática 23 y 49. ibanía de Cámara, 874 -A. San Miguel de Tucumán 24 rez de Velasco, Santiago del los habitantes del Tucumán esta gobernación en 1612 por el visitador Francisco de Alfaro que expresamente lo impedían 7 . Así y respecto a la ordenanza 37, Alfaro, que vio per gobernación –“ están los pueblos destruidos solamente pudieran ser sacados los indios hasta el primer pueblo de españoles donde serían renovados por otros. Obviamente, según esta disposición podían ser llevados a aquellas ciudades que estuvieran más próximas de su lugar de origen, por lo que los indios de Salta, que son los que ahora nos interesan, únicamente podían ser trasladados a San Miguel de Tucu el Perú. Esta zona, aunque pertenecía a la jurisdicción del Corregidor de Tarija estuvo durante todo el período colonial bajo el man incluso una encomienda, la de Sococha, Tucumán desde 1557, fecha de su primera provisión, siendo en consecuencia lógico que se contara como posible lugar de relevo De todas maneras, el visitador, pensando q los poco s que había en la provincia para poder permanecer en ella, al carecer de recursos económicos rentables que, como se sabe, eran la fuente de riqueza primordial en estos momentos concesión a sus habitantes en esta materia, al permitirles, como con ordenanza, que “ con consentimiento de los mismos indios servicio hasta dos indios, pero Y en cuanto al laboreo en las tierras de sus en primer lugar, que podían alquilarse para trabajar en las estancias y ha cayeran dentro de la jurisdicción de las ciudades a que estaban sujetos (ordenanza 39); y en segundo lugar, en concepto de mita, entendiéndose por tal la sexta parte de 6 Reale s Cédulas dirigidas al virrey del Perú y a la Audiencia de la Plata de octubre de 1588 respectivamente, en Auto de Ramí 7 Las ordenanzas de Alfaro para el T l a ciudad de Buenos Aires con los Reyes d págs. 291332. Existe una copia en AGI, Charcas, 19. 8 González, pág. 192. los habitantes del Tucumán 6 . Pero, sobre todo, sin obedecer las ordenanzas dadas para esta gobernación en 1612 por el visitador Francisco de Alfaro que expresamente lo . Así y respecto a la “saca de naturales» a otros terri torios, mediante la ordenanza 37, Alfaro, que vio per sonalmente los efectos qu e ello producía en la están los pueblos destruidos ”, son sus pro pias palabras solamente pudieran ser sacados los indios hasta el primer pueblo de españoles donde serían renovados por otros. Obviamente, según esta disposición , los indios de cada ciudad tucumana sólo podían ser llevados a aquellas ciudades que estuvieran más próximas de su lugar de origen, por lo que los indios de Salta, que son los que ahora nos interesan, únicamente podían ser trasladados a San Miguel de Tucu mán, Esteco y pro vincia de los Chichas en el Perú. Esta zona, aunque pertenecía a la jurisdicción del Corregidor de Tarija estuvo durante todo el período colonial bajo el man dato del gobernador tucumano, existiendo incluso una encomienda, la de Sococha, en poder de distintos vecinos feudatarios de Tucumán desde 1557, fecha de su primera provisión, siendo en consecuencia lógico que lugar de relevo 8 . De todas maneras, el visitador, pensando q uizá s que estos negocios eran uno de s que había en la provincia para poder permanecer en ella, al carecer de recursos económicos rentables - no había yacimientos de metales o piedras preciosas que, como se sabe, eran la fuente de riqueza primordial en estos momentos habitantes en esta materia, al permitirles, como con sta en la misma con consentimiento de los mismos indios ” pudieran llevar en su servicio hasta dos indios, pero “sin tener obligac ión a remunerarlos en este caso en cuanto al laboreo en las tierras de sus en comenderos el visitador legisló, en primer lugar, que podían alquilarse para trabajar en las estancias y ha cayeran dentro de la jurisdicción de las ciudades a que estaban sujetos (ordenanza 39); y en segundo lugar, en concepto de mita, entendiéndose por tal la sexta parte de s Cédulas dirigidas al virrey del Perú y a la Audiencia de la Plata el 28 de febrero de 1580 y el 11 respectivamente, en Auto de Ramí rez de Velasco, cit. ordenanzas de Alfaro para el T ucumán están publicadas por Levillier, Roberto: C a ciudad de Buenos Aires con los Reyes d e España. 3 vols. Buenos Aires y Madrid, 1915 332. Existe una copia en AGI, Charcas, 19. 51 las ordenanzas dadas para esta gobernación en 1612 por el visitador Francisco de Alfaro que expresamente lo torios, mediante la e ello producía en la pias palabras -, estipuló que solamente pudieran ser sacados los indios hasta el primer pueblo de españoles donde , los indios de cada ciudad tucumana sólo podían ser llevados a aquellas ciudades que estuvieran más próximas de su lugar de origen, por lo que los indios de Salta, que son los que ahora nos interesan, únicamente vincia de los Chichas en el Perú. Esta zona, aunque pertenecía a la jurisdicción del Corregidor de Tarija estuvo dato del gobernador tucumano, existiendo en poder de distintos vecinos feudatarios de Tucumán desde 1557, fecha de su primera provisión, siendo en consecuencia lógico que s que estos negocios eran uno de s que había en la provincia para poder permanecer en ella, al carecer de no había yacimientos de metales o piedras preciosas que, como se sabe, eran la fuente de riqueza primordial en estos momentos -, hizo una sta en la misma pudieran llevar en su ión a remunerarlos en este caso ”. comenderos el visitador legisló, en primer lugar, que podían alquilarse para trabajar en las estancias y ha ciendas que cayeran dentro de la jurisdicción de las ciudades a que estaban sujetos (ordenanza 39); y en segundo lugar, en concepto de mita, entendiéndose por tal la sexta parte de los indios el 28 de febrero de 1580 y el 11 C orrespondencia de 3 vols. Buenos Aires y Madrid, 1915 -1918, vol. II, de un pueblo, exclui dos los muchachos, mujeres y viejos, los indí chácaras estarían un mes y los de las estancias seis meses (ordenanzas 47, 48 Estas normas, sin embargo, no fueron cumplidas con exactitud por los vecinos encomenderos de la pro vincia, persistiendo, por tanto, los abusos sobre los indios y las consiguientes protestas de estos últimos y de algún que otro español, civil o ecl que veían con una mayor objetividad la situación imperante. Informe del justicia mayor Antonio de Cabrera Dentro, pues, de este contexto hay que incluir lo ordenado por el gobernador Peredo, el 10 de mayo de 1671, quien después del reconocimiento y visita que había hecho de los pueblos y reducciones indígenas de Salta y de ver con sus propios ojos los atropello s que se habían cometido con sus naturales, mandó a Francisco de Páez, corregidor de las reducciones salteñas, que inspeccionara con la ayuda del justicia mayor de este distrito, Antonio de Cabrera, y con la de los caciques de cada pueblo, todas las encomi endas del lugar, tras se encontraban ilegalmente fuera de los mismos, y advir no sacasen a sus en comendados para arreo de mulas o vacas, según estaba ordenado, exceptuándose l os casos en los que por razones especiales o suya 9 . Casi un año después, concretamente el 7 de junio de 1672, lo mandado por Peredo se había hecho reali justicia mayo r Antonio de Cabrera actuando como testigos el protector de Los datos consi gnados en dicho informe, reco responden efec tivamente a los s decir, los nombres de los encomenderos y de las encomiendas existentes en Salta y el número de indígenas que estaban fuera de sus tierras, ya fuera porque habían salido a otros lu gares o porque esta embargo, Cabrera no sólo nos detalla estas cantidades juntas, lo que imposibilita conocer cuántos 9 A uto del gobernador Peredo, Sianc v, Pieza 1. 10 Informe de Cabrera, cit. dos los muchachos, mujeres y viejos, los indí genas dedicados a las chácaras estarían un mes y los de las estancias seis meses (ordenanzas 47, 48 Estas normas, sin embargo, no fueron cumplidas con exactitud por los vecinos vincia, persistiendo, por tanto, los abusos sobre los indios y las consiguientes protestas de estos últimos y de algún que otro español, civil o ecl que veían con una mayor objetividad la situación imperante. Informe del justicia mayor Antonio de Cabrera Dentro, pues, de este contexto hay que incluir lo ordenado por el gobernador de mayo de 1671, quien después del reconocimiento y visita que había hecho de los pueblos y reducciones indígenas de Salta y de ver con sus propios ojos los s que se habían cometido con sus naturales, mandó a Francisco de Páez, corregidor de las reducciones salteñas, que inspeccionara con la ayuda del justicia mayor de este distrito, Antonio de Cabrera, y con la de los caciques de cada pueblo, endas del lugar, tras ladando a sus pueblos a todos aquellos indios que se encontraban ilegalmente fuera de los mismos, y advir tiendo a los encomenderos que comendados para arreo de mulas o vacas, según estaba ordenado, os casos en los que por razones especiales o btuvieran expresa licencia Casi un año después, concretamente el 7 de junio de 1672, lo mandado por Peredo se había hecho reali dad, gracias al informe elaborado, no por Páez, sino por el r Antonio de Cabrera - no nos consta la participación del corregidor actuando como testigos el protector de naturales y los intérpretes 10 . gnados en dicho informe, reco gidos en el cuadro que insertamos, tivamente a los s olicitados por la máxima autoridad de la gobernación, es decir, los nombres de los encomenderos y de las encomiendas existentes en Salta y el número de indígenas que estaban fuera de sus tierras, ya fuera porque habían salido a gares o porque esta ban en las tierras de sus respec tivos encomenderos. Sin embargo, Cabrera no sólo nos detalla estas cantidades - aunque a veces apare juntas, lo que imposibilita conocer cuántos estaban en uno u otro lugar uto del gobernador Peredo, Sianc as, 10 mayo 1671. AGI, Escribaní a de Cámara, 874 52 genas dedicados a las chácaras estarían un mes y los de las estancias seis meses (ordenanzas 47, 48 y 49). Estas normas, sin embargo, no fueron cumplidas con exactitud por los vecinos vincia, persistiendo, por tanto, los abusos sobre los indios y las consiguientes protestas de estos últimos y de algún que otro español, civil o ecl esiástico, Dentro, pues, de este contexto hay que incluir lo ordenado por el gobernador de mayo de 1671, quien después del reconocimiento y visita que había hecho de los pueblos y reducciones indígenas de Salta y de ver con sus propios ojos los s que se habían cometido con sus naturales, mandó a Francisco de Páez, corregidor de las reducciones salteñas, que inspeccionara con la ayuda del justicia mayor de este distrito, Antonio de Cabrera, y con la de los caciques de cada pueblo, ladando a sus pueblos a todos aquellos indios que tiendo a los encomenderos que comendados para arreo de mulas o vacas, según estaba ordenado, btuvieran expresa licencia Casi un año después, concretamente el 7 de junio de 1672, lo mandado por dad, gracias al informe elaborado, no por Páez, sino por el no nos consta la participación del corregidor - gidos en el cuadro que insertamos, olicitados por la máxima autoridad de la gobernación, es decir, los nombres de los encomenderos y de las encomiendas existentes en Salta y el número de indígenas que estaban fuera de sus tierras, ya fuera porque habían salido a tivos encomenderos. Sin aunque a veces apare cen las dos estaban en uno u otro lugar -, sino que a de Cámara, 874 -A, fols. 483-483 también nos especifica aquellos indios que eran dados a los fami encomenderos o que eran uti matanza del ganado. Por último, informa de algunos indios que fueron sacados, pero sin aclarar con qué finalidad, posiblemente porque él mismo no lo pudo averiguar. Actividades agropecuarias Como es sabido, durante la dominación española en América el elemento indígena estuvo en gran me venía dada fundamentalmente a través de la encomienda y que respondía a la necesidad que los españole s tenían de los aborígenes, al ser la mano de obra india uno de los pocos recursos que existían para poder su Desde luego, esta necesidad fue más evidente en los primeros momentos de la colonización, pero siguió siendo imp marginales en las que se carecía de fuentes de riqueza y mano de obra de otro tipo. Precisa mente se puede incluir a Tucumán dentro de este grupo de territorios indianos y, por tanto, a su ju risdicción de escasa población indígena y con una carencia casi absol configu rándose consecuentemente la encomienda como la única institución que de una manera sólida podía man tener y desarr Además la encomienda tucumana revistió una ori cuanto a las relaciones l abo que durante los tres siglos de dominio español fue en aunque con el ya citado visitador Alfaro quedara teóricamente esti de este sistema y la implanta particulares del goce de los tributos de los pueblos d Es decir, que si la encomienda aportó, a pesar de los impedimentos impuestos por la legislación, la mano de obra para el cultivo de la tierra y el cuidado del ganado de los encomenderos de aquellos territorios en los que estas actividades eran las principa para su desarrollo económico, en esta provincia este aporte se vio también favorecido 11 Gibson, Ch.: Los aztecas bajo el dominio español. 1519 Los conquistadores y el indio americano. Trabajo del indio en Nueva Granada. 12 Orden anzas de Alfaro, 88 a 93, cit. también nos especifica aquellos indios que eran dados a los fami liares y amigos de los encomenderos o que eran uti lizados para otras actividades, como, por ejemplo, para la matanza del ganado. Por último, informa de algunos indios que fueron sacados, pero sin aclarar con qué finalidad, posiblemente porque él mismo no lo pudo averiguar. Actividades agropecuarias es sabido, durante la dominación española en América el elemento indígena estuvo en gran me dida a merced de los intereses del blanco, subordi venía dada fundamentalmente a través de la encomienda y que respondía a la necesidad s tenían de los aborígenes, al ser la mano de obra india uno de los pocos recursos que existían para poder su bsistir en aquellas tierras 11 . Desde luego, esta necesidad fue más evidente en los primeros momentos de la colonización, pero siguió siendo imp rescindible en años posteriores en aquellas zonas marginales en las que se carecía de fuentes de riqueza y mano de obra de otro tipo. mente se puede incluir a Tucumán dentro de este grupo de territorios indianos y, risdicción de Salta, pues contó durante todo el período colonial con escasa población indígena y con una carencia casi absol uta de minas rentables, rándose consecuentemente la encomienda como la única institución que de una tener y desarr ollar el asentamiento hispano en esta región. Además la encomienda tucumana revistió una ori ginalidad fundamental en abo rales español encomenderoindígena encomendado, dado que durante los tres siglos de dominio español fue en comienda de servicio personal, aunque con el ya citado visitador Alfaro quedara teóricamente esti pulada la erradicación de este sistema y la implanta ción definitiva de la encomienda como cesión a los particulares del goce de los tributos de los pueblos d e indios 12 . Es decir, que si la encomienda aportó, a pesar de los impedimentos impuestos por la legislación, la mano de obra para el cultivo de la tierra y el cuidado del ganado de los encomenderos de aquellos territorios en los que estas actividades eran las principa para su desarrollo económico, en esta provincia este aporte se vio también favorecido Los aztecas bajo el dominio español. 1519 -1810. México, 1967, pág. 226. Los conquistadores y el indio americano. Barcelona, 1960, págs. 20.- Eugenio, Mª Á Trabajo del indio en Nueva Granada. Sevilla, 1977, págs. 358 y ss. anzas de Alfaro, 88 a 93, cit. 53 liares y amigos de los lizados para otras actividades, como, por ejemplo, para la matanza del ganado. Por último, informa de algunos indios que fueron sacados, pero sin aclarar con qué finalidad, posiblemente porque él mismo no lo pudo averiguar. es sabido, durante la dominación española en América el elemento dida a merced de los intereses del blanco, subordi nación que venía dada fundamentalmente a través de la encomienda y que respondía a la necesidad s tenían de los aborígenes, al ser la mano de obra india uno de los pocos Desde luego, esta necesidad fue más evidente en los primeros momentos de la rescindible en años posteriores en aquellas zonas marginales en las que se carecía de fuentes de riqueza y mano de obra de otro tipo. mente se puede incluir a Tucumán dentro de este grupo de territorios indianos y, Salta, pues contó durante todo el período colonial con uta de minas rentables, rándose consecuentemente la encomienda como la única institución que de una ollar el asentamiento hispano en esta región. ginalidad fundamental en indígena encomendado, dado comienda de servicio personal, pulada la erradicación ción definitiva de la encomienda como cesión a los Es decir, que si la encomienda aportó, a pesar de los impedimentos impuestos por la legislación, la mano de obra para el cultivo de la tierra y el cuidado del ganado de los encomenderos de aquellos territorios en los que estas actividades eran las principa les para su desarrollo económico, en esta provincia este aporte se vio también favorecido México, 1967, pág. 226. - Simpson, L.: Eugenio, Mª Á ngeles: Tributo y por el hecho de que la encomienda pervivió bajo la forma del servicio per pudiendo exigirse con una mayor facilidad el trabajo ilegal al indígena. Por ello, n o es de extrañar que uno de los abusos más comunes de los cometidos por los encomenderos de Salta y denunciado por el gobernador Peredo fuera el de trasladar a los indios desde sus lugares habituales de residencia a las haciendas, estancias y chácaras que aquellos deseaban explotar. Así, según consta en la rela que fueron llevados a las tierras de los encomenderos salteños de seis de las dieciocho encomiendas que contabilizó, ya que no po encomiendas que él afirma fueron sacados también con este fin, porque su número aparece sumado, como hemos dicho, con el de los indios utilizados para los viajes hacia el exterior de la provincia, llevando el ganado. Siguie ndo los datos consignados en estas seis en anejo que la cifra total de indios que se encontraban trabajando en las tierras de sus encomenderos era de 75, lo que representa con respecto al total de naturales sacados para las di stintas actividades el 51,3 indios sacados por cada encomendero, resulta que Diego Vélez de Alcacer había empleado en estas actividades el 46 Miguel de Elisondo el 29 %, el 61,5 % y Margarita de Chávez el 42,3 ordenan zas de Alfaro, pues tres tienen más de la mitad de estos indios empleados en las por el hecho de que la encomienda pervivió bajo la forma del servicio per pudiendo exigirse con una mayor facilidad el trabajo ilegal al indígena. o es de extrañar que uno de los abusos más comunes de los cometidos por los encomenderos de Salta y denunciado por el gobernador Peredo fuera el de trasladar a los indios desde sus lugares habituales de residencia a las haciendas, aquellos deseaban explotar. Así, según consta en la rela ción de Cabrera, sa bemos con certeza los naturales que fueron llevados a las tierras de los encomenderos salteños de seis de las dieciocho encomiendas que contabilizó, ya que no po demos conocer los de otras ocho encomiendas que él afirma fueron sacados también con este fin, porque su número aparece sumado, como hemos dicho, con el de los indios utilizados para los viajes hacia el exterior de la provincia, llevando el ganado. ndo los datos consignados en estas seis en comiendas, vemos en el Cuadro anejo que la cifra total de indios que se encontraban trabajando en las tierras de sus encomenderos era de 75, lo que representa con respecto al total de naturales sacados stintas actividades el 51,3 %. Analizando esta cantidad en función de los indios sacados por cada encomendero, resulta que Diego Vélez de Alcacer había empleado en estas actividades el 46 % de sus indios, Pedro de Lara Manjarre el 100 %, Andrés de Frías Sandoval el 87,5 %, Luis Arias Ve Margarita de Chávez el 42,3 %. Es decir, ninguno de ellos respetaron las zas de Alfaro, pues tres tienen más de la mitad de estos indios empleados en las 54 por el hecho de que la encomienda pervivió bajo la forma del servicio per sonal, o es de extrañar que uno de los abusos más comunes de los cometidos por los encomenderos de Salta y denunciado por el gobernador Peredo fuera el de trasladar a los indios desde sus lugares habituales de residencia a las haciendas, bemos con certeza los naturales que fueron llevados a las tierras de los encomenderos salteños de seis de las dieciocho demos conocer los de otras ocho encomiendas que él afirma fueron sacados también con este fin, porque su número aparece sumado, como hemos dicho, con el de los indios utilizados para los viajes hacia comiendas, vemos en el Cuadro anejo que la cifra total de indios que se encontraban trabajando en las tierras de sus encomenderos era de 75, lo que representa con respecto al total de naturales sacados Analizando esta cantidad en función de los indios sacados por cada encomendero, resulta que Diego Vélez de Alcacer había de sus indios, Pedro de Lara Manjarre el 100 %, Luis Arias Ve lázquez Es decir, ninguno de ellos respetaron las zas de Alfaro, pues tres tienen más de la mitad de estos indios empleados en las faenas agrícol as, y de los otros tres, dos de ellos también poseen un número elevado aunque no tan exagerado, mientras que uno sólo, Miguel de Elisondo, es el que ostenta la cantidad menor, aun así muy superior a la sexta parte de indí visitador para trabajar la tierra de sus encomenderos. Evidentemente estas cifras denotan cómo el indí todo el peso del tra bajo agropecuario en el distrito salteño, situación que podemos generalizar sin miedo a equivocarnos para tod sino para muchos años después e incl alegado en 1714 por el gobernador Esteban de Urizar, quien ante las medidas borbónicas encaminadas a ir suprimiendo las enco de la provincia al respecto, pues según dice textualmente “ la utilidad de las encomiendas (en la gobernación) no es lo que produce el tributo sino el que mediante el agazajo teniendo en sus haciendas estos indios por encomienda consiguen de ellos asistan al cultivo de pagándoles sus jornales” 13 . Observamos, en consecuencia, que ya fuera de manera legal, pagándoles los trabajos, o ilegal, sin tener en cuenta las leyes que los regulaban, el caso fue que el indígena encomendado en la gobernación del Tucumán constituyó por excelencia la mano de obra b arata, fácilmente asequible y dirigida personalmente por sus encomenderos, administradores o pobleros, transgrediendo la mayoría de las veces las normas vi gentes al respecto. De todas maneras este tipo de abuso no se cir tenían mayores posi bilidades para beneficiarse de él, es decir, los enco que llegó a ser todavía más flagrante en este distrito, pues algunos naturales fueron cedidos con el mismo fin a los parientes y emplea los diez indios dona dos por Margarita de Chávez a la chácara los cinco dados por Diego de Carvajal a su administrador. E incluso en algunos casos fueron sacados directamente por sus propios fam encomienda, como los siete indios llevados por la madre de Diego de Carvajal a su chácara. 13 El gobernador Esteban de Urizar a S. M., Salta, 24 julio 1714. AGI, Charcas. 158. as, y de los otros tres, dos de ellos también poseen un número elevado aunque no tan exagerado, mientras que uno sólo, Miguel de Elisondo, es el que ostenta la cantidad menor, aun así muy superior a la sexta parte de indí genas permitidos por el para trabajar la tierra de sus encomenderos. Evidentemente estas cifras denotan cómo el indí gena llevaba sobre sus espaldas bajo agropecuario en el distrito salteño, situación que podemos generalizar sin miedo a equivocarnos para tod a la gobernación, no sólo para esta fecha sino para muchos años después e incl uso para la centuria siguiente. Así lo demuestra lo alegado en 1714 por el gobernador Esteban de Urizar, quien ante las medidas borbónicas encaminadas a ir suprimiendo las enco miendas indianas, solicita la exención de la provincia al respecto, pues según dice textualmente la utilidad de las encomiendas (en la gobernación) no es lo que produce el tributo sino el que mediante el agazajo teniendo en sus haciendas estos indios por encomienda consiguen de ellos asistan al cultivo de ella y guarda de sus ga . Observamos, en consecuencia, que ya fuera de manera legal, pagándoles los trabajos, o ilegal, sin tener en cuenta las leyes que los regulaban, el caso fue que el indígena encomendado en la gobernación del Tucumán constituyó por excelencia la arata, fácilmente asequible y dirigida personalmente por sus encomenderos, administradores o pobleros, transgrediendo la mayoría de las veces las gentes al respecto. De todas maneras este tipo de abuso no se cir cunscribió al ámbito de los que bilidades para beneficiarse de él, es decir, los enco que llegó a ser todavía más flagrante en este distrito, pues algunos naturales fueron cedidos con el mismo fin a los parientes y emplea dos de aquellos como, por ejemplo, dos por Margarita de Chávez a la chácara y estancia de su sobrino o los cinco dados por Diego de Carvajal a su administrador. E incluso en algunos casos fueron sacados directamente por sus propios fam iliares sin la mediación del titular de la encomienda, como los siete indios llevados por la madre de Diego de Carvajal a su El gobernador Esteban de Urizar a S. M., Salta, 24 julio 1714. AGI, Charcas. 158. 55 as, y de los otros tres, dos de ellos también poseen un número elevado aunque no tan exagerado, mientras que uno sólo, Miguel de Elisondo, es el que ostenta genas permitidos por el gena llevaba sobre sus espaldas bajo agropecuario en el distrito salteño, situación que podemos a la gobernación, no sólo para esta fecha Así lo demuestra lo alegado en 1714 por el gobernador Esteban de Urizar, quien ante las medidas miendas indianas, solicita la exención la utilidad de las encomiendas (en la gobernación) no es lo que produce el tributo sino el que mediante el agazajo teniendo en sus haciendas estos indios por vía de ella y guarda de sus ga nados, Observamos, en consecuencia, que ya fuera de manera legal, pagándoles los trabajos, o ilegal, sin tener en cuenta las leyes que los regulaban, el caso fue que el indígena encomendado en la gobernación del Tucumán constituyó por excelencia la arata, fácilmente asequible y dirigida personalmente por sus encomenderos, administradores o pobleros, transgrediendo la mayoría de las veces las cunscribió al ámbito de los que bilidades para beneficiarse de él, es decir, los enco menderos, sino que llegó a ser todavía más flagrante en este distrito, pues algunos naturales fueron dos de aquellos como, por ejemplo, estancia de su sobrino o los cinco dados por Diego de Carvajal a su administrador. E incluso en algunos casos iliares sin la mediación del titular de la encomienda, como los siete indios llevados por la madre de Diego de Carvajal a su Comercio mular “El comercio principal de esta ciudad (Salta) de las jurisdicciones de C órdoba, Santa Fe y Buenos Aires y después de in año para que engorden y fortalezcan para los interesados que las compran en aquellos territorios ... acontece que por los meses de marzo y abril las hacen traer a las inmediaciones de esta ciudad que celebran... y los que las compran o conducen, las ve Perú”. Con estas palabras Filiberto de Mena, testigo del momento, resumía en 1773 la enorme importancia y el mecanismo comercial que en el territorio salteñ tráfico de mulas 14 . Sin embargo, esta misma situación se puede ob concretamente un siglo antes de lo expuesto por Mena, gracias a los valiosos trabajos que han puesto de relieve la gran trascen Charcas y Perú 15 , de los que no tenemos más remedio que de Toledo por ser el más cercano cronológicamente a nuestro estudio, al abarcar el pe de años comprendidos entre 1657 y 1698 Efectivamente, en la gobernación tucumana existía desde principio del s. XVII un comercio ganadero, cen Córdoba, desde donde “ se llevan para Potosí 14 Mena, Filiberto de: Fundación de Salta. Descri Tucumán, en Rodrí guez, Gregario: Estela B.: El comercio de mulas en Salta: Históricas”, nº 6 (Rosario, 1962 - 15 Sánchez Albornoz, Nicolás: Graciela: Un aspecto del comercio salteño Investigaciones Históricas”. Nº comercio de Salta a media dos del siglo pasado. Acevedo, Edberto Oscar: La Intendencia de Salta de Mendoza, 1965.- También m erece desta muy a lejada del territorio salte comparativo q ue realiza de las actividades ganaderas de ambas regiones. Serrera Contreras, Ra Guadalajara ganadera, estudio regional novo 16 Toledo, págs. 165-191. principal de esta ciudad (Salta) es de mulas; las que se conducen órdoba, Santa Fe y Buenos Aires y después de in fortalezcan para los interesados que las compran en aquellos ... acontece que por los meses de marzo y abril las hacen traer a las inmediaciones de esta ciudad a unos parajes que llaman tablados ... para la venta o feria los que las compran o conducen, las ve nden en las Provincias del Con estas palabras Filiberto de Mena, testigo del momento, resumía en 1773 la enorme importancia y el mecanismo comercial que en el territorio salteñ Sin embargo, esta misma situación se puede ob serv ar en épocas anteriores, concretamente un siglo antes de lo expuesto por Mena, gracias a los valiosos trabajos que han puesto de relieve la gran trascen dencia de la exportación mular de Salta a , de los que no tenemos más remedio que de stacar el de Estela B. Toledo por ser el más cercano cronológicamente a nuestro estudio, al abarcar el pe de años comprendidos entre 1657 y 1698 16 . Efectivamente, en la gobernación tucumana existía desde principio del s. XVII un comercio ganadero, cen trado en los primeros años de esta centuria en la se llevan para Potosí ”, nos dice el cronista Vázquez de Fundación de Salta. Descri pción y Narración histo rial de la Antigua Provincia del guez, Gregario: La Patria Vieja, Buenos A ires, 1916, pág. 339, citado por T El comercio de mulas en Salta: 1657-1698, en “Anuario del Institut o de Investigaciones - 1963), págs. 165-191. Sánchez Albornoz, Nicolás: La saca de mulas de Salta al Perú, 1778-1808; Ibarra d Un aspecto del comercio salteño (1778-1811), ambos en “ Anuario del Instituto de 8 (Rosario, 1965), págs. 261-312 y 313-323.- Barba Enrique, M.: dos del siglo pasado. “Trabajos y comunicaciones”, nº 7 (La Plata, 1958 Intendencia de Salta de Tucumán en el Virreinato del Rí erece desta carse, aunque la zona estudiada, Guadalajara novohispana, está lejada del territorio salte ño, el tra bajo de Serrera Contreras, por el muy ue realiza de las actividades ganaderas de ambas regiones. Serrera Contreras, Ra Guadalajara ganadera, estudio regional novo hispano. 1760-1805. Sevilla, 1977, págs. 197 56 es de mulas; las que se conducen órdoba, Santa Fe y Buenos Aires y después de in vernadas un fortalezcan para los interesados que las compran en aquellos ... acontece que por los meses de marzo y abril las hacen traer a las ... para la venta o feria nden en las Provincias del Con estas palabras Filiberto de Mena, testigo del momento, resumía en 1773 la enorme importancia y el mecanismo comercial que en el territorio salteñ o tenía el ar en épocas anteriores, concretamente un siglo antes de lo expuesto por Mena, gracias a los valiosos trabajos dencia de la exportación mular de Salta a stacar el de Estela B. Toledo por ser el más cercano cronológicamente a nuestro estudio, al abarcar el pe ríodo Efectivamente, en la gobernación tucumana existía desde principio del s. XVII trado en los primeros años de esta centuria en la ciudad de el cronista Vázquez de rial de la Antigua Provincia del ires, 1916, pág. 339, citado por T oledo, o de Investigaciones Ibarra d e Roncoroni, Anuario del Instituto de Barba Enrique, M.: El 7 (La Plata, 1958 ).- Tucumán en el Virreinato del Rí o de la Plata. carse, aunque la zona estudiada, Guadalajara novohispana, está bajo de Serrera Contreras, por el muy acertado análisis ue realiza de las actividades ganaderas de ambas regiones. Serrera Contreras, Ra món Mª: Sevilla, 1977, págs. 197 -206. Espinosa 17 y más tarde localizado en Salta, donde comenzaría de fo hacia 1657 18 . Ahora bien, en este último caso, como ocurría en el s. XVIII, según hemos visto, no había un criadero de mulas, sino que esta ciudad servía como lugar de descanso de las recuas p rovenientes de otras ciudades; después de un tiempo razonable, por lo general un año, salían las mulas para su venta y distribución al Alto y Bajo Perú, siendo los lugares en los que tenían mayor de Potosí, Oruro, Cuzco, La Paz y Jauja El hech o de que fuera Salta parada obligada del ganado y posteriormente núcleo redistribuidor del mis mo responde a dos circunstancias concretas: la pri contaba con una tierra de abundantes pastos tenía una situación geográfica óptima para canalizar este comercio, así como el resto de las actividades mer cantiles, al encontrarse convirtiéndose Salta, pues, en complicado y largo tráfico ganadero En cuanto a los tratantes de este tráfico mulero, ya la citada autora indicaba en su trabajo que entre los invernadores y fletadores del ganado algunos tenían una brillante carrera de armas y hasta poseían enco corroboramos esta op inión e incluso la ampliamos, al informe del justicia mayor Cabrera que de los 18 encomenderos reseñados sólo cuatro no participaron en el negocio ganadero, pues son los únicos que no utilizaron a sus indígenas encomen dados para el arreo de mulas hacia los lugares de su venta. Aquí tenemos, por tanto, otro de los factores objeto de este análisis, como es el traslado de los naturales, haciendo las funciones de arrieros de mulas, desde sus pueblos de origen hacia zonas bastante ale jadas, no sólo de los límites de su jurisdicción, sino también de 17 Vázq uez de Espinosa, Antonio: Tomo CCXXXI, págs, 444445. virreinato, en Levene, R.: Historia de la Nación Argentina. 18 Toledo, pág. 167. 19 Ibidem, pág. 170. 20 Vázquez, pág. 446. 21 Céspedes del Castillo, Guillermo: creación del virre inato del Plata, Serrera, pág. 205. 22 Serrera, pág. 205. 23 Toledo, pág. 176 y ss. más tarde localizado en Salta, donde comenzaría de fo rma más reg Ahora bien, en este último caso, como ocurría en el s. XVIII, según hemos visto, no había un criadero de mulas, sino que esta ciudad servía como lugar de descanso de rovenientes de otras ciudades; “la invernada” se le denomina a esta etapa, y después de un tiempo razonable, por lo general un año, salían las mulas para su venta y distribución al Alto y Bajo Perú, siendo los lugares en los que tenían mayor de Potosí, Oruro, Cuzco, La Paz y Jauja 19 . o de que fuera Salta parada obligada del ganado y posteriormente núcleo mo responde a dos circunstancias concretas: la pri contaba con una tierra de abundantes pastos y espaciosos valles 20 y, la segunda, que tenía una situación geográfica óptima para canalizar este comercio, así como el resto de cantiles, al encontrarse ubicada en la ruta Lima - convirtiéndose Salta, pues, en “la puerta natural para el Perú y Charcas en este complicado y largo tráfico ganadero ” 22 . En cuanto a los tratantes de este tráfico mulero, ya la citada autora indicaba en su trabajo que entre los invernadores y fletadores del ganado algunos tenían una brillante carrera de armas y hasta poseían enco miendas 23 . Nosotros, desde luego, inión e incluso la ampliamos, al haber compro bado a través del informe del justicia mayor Cabrera que de los 18 encomenderos reseñados sólo cuatro no participaron en el negocio ganadero, pues son los únicos que no utilizaron a sus dados para el arreo de mulas hacia los lugares de su venta. Aquí tenemos, por tanto, otro de los factores objeto de este análisis, como es el traslado de los naturales, haciendo las funciones de arrieros de mulas, desde sus pueblos de origen jadas, no sólo de los límites de su jurisdicción, sino también de uez de Espinosa, Antonio: Compendio y desc ripción de las Indias Occidental 445. - Coni, Emilio A.: La agricultura, ganaderí a e industrias hasta el Historia de la Nación Argentina. Tomo IV, Buenos Aires, 1940. Céspedes del Castillo, Guillermo: Lima y Buenos Aires. Repercusiones económicas y po inato del Plata, en “Anuarios de Estudios Americanos”, III ( Sevilla, 1947 57 rma más reg ular Ahora bien, en este último caso, como ocurría en el s. XVIII, según hemos visto, no había un criadero de mulas, sino que esta ciudad servía como lugar de descanso de se le denomina a esta etapa, y después de un tiempo razonable, por lo general un año, salían las mulas para su venta y distribución al Alto y Bajo Perú, siendo los lugares en los que tenían mayor de manda o de que fuera Salta parada obligada del ganado y posteriormente núcleo mo responde a dos circunstancias concretas: la pri mera, que y, la segunda, que tenía una situación geográfica óptima para canalizar este comercio, así como el resto de - Buenos Aires 21 , puerta natural para el Perú y Charcas en este En cuanto a los tratantes de este tráfico mulero, ya la citada autora indicaba en su trabajo que entre los invernadores y fletadores del ganado algunos tenían una . Nosotros, desde luego, bado a través del informe del justicia mayor Cabrera que de los 18 encomenderos reseñados sólo cuatro no participaron en el negocio ganadero, pues son los únicos que no utilizaron a sus dados para el arreo de mulas hacia los lugares de su venta. Aquí tenemos, por tanto, otro de los factores objeto de este análisis, como es el traslado de los naturales, haciendo las funciones de arrieros de mulas, desde sus pueblos de origen jadas, no sólo de los límites de su jurisdicción, sino también de ripción de las Indias Occidental es. Madrid, 1969. a e industrias hasta el Tomo IV, Buenos Aires, 1940. Repercusiones económicas y po líticas de la Sevilla, 1947 ), pág. 69.-