Filosofía, ciencia y estética: instrumentos genealógicos del diagnóstico del presente
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FILOSOFÍA, CIENCIA Y ESTÉTICA: INSTRUMENTOS GENEALÓGICOS DEL DIAGNÓSTICO DEL PRESENTE RosARIO GARCÍA DEL Pozo. UNIVERSIDAD DE SEVILLA. «Platon contra Homero: éste es el antagonismo total, genuino1 El diagnóstico de los valores del presente que supuso la genealogía de Nietzsche, reto crítico que Michel Foucault recoge en el presente nuestro con su «arqueología», plantea la suspensión de una serie de categorías filosóficas, tradicionalmente usadas en la cultura occidental. Esta suspensión intenta un desplazamiento más allá de los valores establecidos, una situación de ensayo, de prueba, de cambio: exáctamente un nuevo espacio filosófico de transvaloración o trastocamiento. Para ambos autores, Nietzsche y Foucault, transvalorar implica una filosofía crítica que acepta dos niveles; por una parte utiliza para su.objetivo procedimientos rigurosos desde el punto de vista científico; por otra parte apunta a favorecer un pensamiento creativo y pluralista que podemos considerar dentro del ámbito de la dimensión estética. Las transvaloraciones nietzscheanas o las contraciencias foucaultianas se fundamentan en una crítica que busca en principio la severa y prudente rigurosidad científica. La postura investigadora sobre el origen de la moral, Zur Genealogie der Moral, se apoya en el análisis filológico comparativo de ciertas designaciones en diversas lenguas y lo que el mismo Nietzsche denomina «espíritu histórico». Con respecto al lenguaje, Nietzsche como filólogo interroga a las palabras en tanto objetos surgidos históricamente. Para demostrar la naturaleza retórica del lenguaje en general y del nuestro en particular, insistentemente relaciona el lenguaje y la verdad. Esto 1. Nietzsche Friedrich. Zur Genealogie der Moral. Samtliche Werke Kritische Studienausgabe, BAO 5. Herausgegeben von G. Colli un M. Montinari, Deutscger Taschenbuch Verlag de Gruyter, Berlin/ N. York 1980. Cit pag. 402. Trad cast. La Genealogía de la Moral, Alianza editorial, Barcelona 1981. Cit pag. 75.
108 Rosario García del Pozo comporta una crítica científica del origen de nuestras verdades que hace de la interrogación nietzscheana una tarea filosófica. El proceso metafórico del lenguaje que Nietzsche nos demuestra funda la crítica de la verdad. Bajo la consideración retórica del lenguaje no hay más recurso que las relaciones o designaciones de las relaciones. Visto al filo del lenguaje lo absoluto se torna relativo: la demagógia se oculta bajo la cara de lo universal. Decir la verdad llega a ser imposible. Con respecto a la historia, Nietzsche entiende por «espíritu histórico» lo fundado en documentos, lo efectivamente comprobable, lo realmente existido, en una palabra: «toda la larga y dificilmente descifrable escritura jeroglífica del pasado de la moral humana».2 Las investigaciones nietzscheanas son históricas. Ciencia, religión, conocimiento, poesía, ideales ascéticos, surgen en un momento histórico en que algo concreto los hace aparecer. Son fabricados, construidos, inventados en una sociedad, una cultura, unos cuerpos. El análisis histórico permite concretar la irrupción de un valor en su momento justo y rastrear los eslabones de su fabricación, de su invención. La historia desmitifica la vaguedad de los orígenes perdidos ubicándolos en tanto construcción, artificio, invención, en un nacimiento concreto con unos carácteres y un tiempo determinados. El fenómeno Nietzsche posibilita el fenómeno Foucault. En relación a la dedicación y utilización del lenguaje ambos parecen encontrarse en un mismo horizonte, paradigma o actualización. Foucault en Las palabras y las cosas, anuncia el retorno del lenguaje, el acercamiento del lenguaje a la filosofía, y considera al filósofo-filólogo Nietzsche como síntoma que confirma su anuncio: con Nietzsche se inicia una reflexión radical sobre el lenguaje propuesta a la filosofía como tarea fundamental. En esta tarea, Nietzsche cumple la función de un inicio a partir de la pregunta: ¿quien habla? Mallarmé cumple la función de una respuesta al querer encerrar todo el discurso en la palabra misma. No en el sentido de la palabra, sino en la realidad de su propio ser: habla la palabra misma.3 Cuando la filosofía toma el lenguaje como objeto y utensilio del filósofo, adquiere un gran valor crítico. Si la verdad del discurso está atrapada por las leyes de la Gramática, y las disposiciones gramaticales de una lengua son el apriori de lo que puede enunciarse de ella, se plantea la necesidad de remitir todos los discursos de la verdad, filosofía, ciencia, opiniones incluso, a un análisis de las palabras que los han hecho posibles. Se trata ahora de descifrar las palabras, inquietar su pasividad aceptada, para denunciar en ella el pliegue gramatical. Foucault, al igual que Nietzsche, fundamenta también sus análisis arqueológicos del saber y de poder en el lenguaje y la historia, entendidos ambos como posible 2. Id. pag. 249. Trad cast. pag. 20. 3. Foucault Michel. Les mots et les choses. Editions Gallimard, Paris 1966. Cit pag. 317. Trad cast. Siglo XX editores, Madrid 1967. Cit pag. 298.
Filosofía, ciencia y estética 109 exterioridad de la conciencia constituida. Ser arqueólogo es intentar investigar los fenómenos humanos desde lo impensado que nos puede posibilitar el lenguaje y lo olvidado que aún nos permite recordar la historia: desde los motivos impensados que mueven las actuaciones humanas, no considerados por los mismos que actúan. El estructuralismo linguístico nos demuestra que cuando hablamos ignoramos las reglas que utilizamos para hacerlo. Pero el arqueólogo no se plantea las reglas inconscientes del lenguaje a la manera de un linguista estructural como Saussure o Jackobson; parte de ciertos problemas de nuestro presente, buscando sus últimas raices a través de la exterioridad del lenguaje y la exterioridad de la historia. En los procedimientos foucaultianos la principal aliada de la filosofía es la historia y el principal aliado de la historia es el lenguaje. Las relaciones de saber y luego las relaciones de poder se iluminan por la luz de la historia y se explican por el lenguaje. Historia y lenguaje usados científicamente, genealógicamente, abren nuevas perspectivas a los análisis filosóficos, son herramientas auxiliares del trabajo filosófico. No obstante, tanto el genealogista de la moral como el arqueólogo del saber y del poder cuestionan con el lenguaje y la historia la aceptación de los valores en sus presentes respectivos. Seguir por las vías paradójicas de la genealogía conduce finalmente al conocimiento a la disociación del sujeto del conocimiento. La posibilidad de un saber absoluto, preconizada por Hegel, parece dar paso al tema «perecer por el conocimiento podría formar parte del fundamento del ser». Habría que preguntarse: ¿por qué el planteamiento de transvalorar y trastocar? ¿Desde que base última?. Esta cuestión nos lleva finalmente al otro nivel de la transvaloración filosófica que deja de ser científica, que deja de apoyarse en los planos científicos que pretende con la investigación filológica e histórica, aunque los ponga a su servicio. Se trata de un plano menos inmediato y concreto, más ámplio y también más ambicioso, que define a la filosofía crítica y que hace de la transvaloración una ética en tanto la define como apuesta creativa, como expresión, en último término, de una conducta estética. La cientificidad de los procedimientos utilizados por el genealogista se subordina a una ética filosófica que, al querer ser creativa y evitar la negatividad de los dogmatismos normativos y universales imperantes, ha de apoyarse en cánones estéticos. Nietzsche y Foucault, en efecto, actúan determinados, elegidos, podría decirse, por un presente cuyos conflictos y problemas son mostrados como el resultado nihilista de una trasgresión histórica.4 Nietzsche nos presenta al europeo de su momento como una finalidad fracasada que ha supuesto además una ruptura en la historia respecto a la selección afirmativa gestada en la prehistoria. La cultura selectiva prehistórica que generó al ser humano suponia una voluntad afirmativa; posteriormente, la cultura histórica sufrió un desequilibrio en su desarrollo del que surgirá una inversión de la voluntad que degenera en nihilista. 4. Lemert Ch. Gillan G.: Michel Foucault: Social Theory and Transgression. Columbia University Press 1982. Cit pag. 122.
110 Rosario García del Pozo Según Nietzsche, el origen del proceso generativo del ser humano es afirmativo y la misma cultura histórica nos lo muestra. Existe un momento histórico en el que se da la afirmación y parece a punto de lograrse la suprema aspiración de la actividad genética, es decir, el ser humano responsable, soberano de sí mismo, que dice sí a la vida. Este momento para Nietzsche está en la Grecia presocrática; un resplandor lejano históricamente para nosotros, pero concreto, de la afirmación. Afirmación dionisiaca, pluralista por tanto, de las múltiples transformaciones, de las múltiples máscaras, de los múltiples dioses. Visión trágica de la vida, lo llama el genealogista, frente al poder de lo negativo y lo teórico que detecta en la gran cultura europea, dogmática y monista. Afirmación que hace permanecer la esperanza nietzscheana puesta en la dimensión estética de la música y que Wagnerno supo o no quiso cumplir. «De griega la cultura se convierte en alemana», nos dice. Entre ambos puntos históricos, Grecia y Alemania, han germinado el resentimiento, la mala conciencia, los ideales ascéticos: valores que niegan la vida. Michel Foucault, también en su presente que es el nuestro, analiza las relaciones de saber y de poder, remitíendonos a un pensamiento que intenta igualmente partir de la afirmación. El arqueólogo no niega una verdad para sustituirla por otra; no quiere ser teórico en el sentido de implantar generalidades nuevas. Su teoría no expresa, no traduce ni aplica una práctica. Es ella misma una práctica que intenta actuar, local y regionalmente, allí donde ciertas formas de verdad, de saber o de conciencia son productos e instrumentos de relaciones de poder. Los sondeos arqueológicos se proyectan sobre realidades muy concretas, sobre cuerpos sometidos a una normalización determinada: por ejemplo el uso específico del tiempo y del espacio en cuarteles, talleres, fábricas, colegios, prisiones; sobre cuerpos clasificados como especies naturales en los hospitales y manicomios; sobre cuerpos desviados de unas normas supuestamente generales: enfermos, delincuentes, pervertidos, etc. Esta filosofía crítica, al estar en relación con los problemas de nuestro presente y pretender diagnosticarlos, se implica inevitablemente en una exigencia de interpretación y de valoración. La genealogía nietzscheana se plantea la emergencia de un valor, la procedencia de la emergencia de ese valor. Pero para poder hacerlo es en sí misma diferencia, fuerza, valoración, es decir, actividad y voluntad crítica.El genealogista foucaultiano interpreta las fuerzas activas y reactivas que dan sentido a un fenómeno y al hacerlo estima la cualidad de las fuerzas afirmativas y negativas que definen las relaciones de poder. Interpreta los valores que las identifican y refiere los valores a su origen para que, a partir de este origen, pueda decidirse su valor. Interpretación y valoración, «supremo arte de la filosofía», como dice Deleuze refiríendose a Nietzsche o «arte de la distinción de las diferencias», como dice Ewald refiríendose a Foucault, nos conducen al fondo del método genealógico tanto en Nietzsche como en Foucault. ¿Qué determina la cualidad de la interpretación y dda valoración? La acción genealógica intenta conseguir un cambio de valores que se tiene que posibilitar a sí mismo a través de una afirmación pluralista, más cerca, en efecto, de la
Filosofía, ciencia y estética 111 creación artística que de la universalidad que pretende la ciencia. Nietzsche nos dice: «¡No! No se me venga con la ciencia cuando busco el antagonismo natural del ideal ascético.( ... ) Ella como tal no es nunca creadora de valores.( .. ) El arte se opone al ideal ascético mucho más radicalmente que la ciencia: así lo advirtió el instinto de Platon, el más grande enemigo del arte producido hasta ahora por Europa. Platon contra Homero: éste es el antagonismo total, genuino.»5 Y Foucault: «En lo que a mi respecta no veo, al menos por el momento, que criterios permitirán decidir contra que es necesario batirse, salvo quizás unos criterios estéticos.»6 Podemos detectar que el genealogista no ejerce la indiferencia objetiva, sino que evalúa y hasta donde es posible critica y crea. Lo noble, lo alto, lo bajo, no se ven como valores absolutos, sino como signos de los modos de existencia de los que juzgan y valoran. Decir esto o aquello, pensarlo o sentirlo, es expresión de una manera de ser alta o baja, plebeya o noble: expresa la diferencia en el origen, la jerarquía. Esto nos remite a una relación concreta, a un medio, una sociedad, una cultura, donde actúan pluralismos de fuerzas y voluntades. Los procedimientos nietzscheanos se refieren en último término a una voluntad de poder. 7 Dado un concepto, una creencia, un sentimiento, se le trataría como signo de una voluntad afirmativa o negativa que quiere algo. La acción y la reacción imbricadas son medios de la voluntad de poder que afirma o niega. La afirmación o la negación son los elementos claves para la actualización de la acción y de la reacción. Por esto, el sí a la vida partiendo de su propio presente es fundamental en Nietzsche. Es la afirmación creativa de una voluntad que interpreta y valora y que, al hacerlo, mueve las fuerzas y las voluntades, los cuerpos, en una temporalidad real y presente. No obstante, este sí a la vida, al afirmarse, rompe con los valores negativos del pasado; carece de verdad establecida y -por tanto de su antigua finalidad. No puede regirse por la conciencia constituida, ni legislar por esta razón. La afirmación de la genealogía no puede justificarse mas que por la transvaloración del presente que implica un fenómeno estético de creación y de invención: una estética dionisiaca y trágica que apuesta para el futuro por un pensamiento pluralista y en este sentido juega con el azar. Si recordamos a Shopenhauer, su estética se basa en la negación. La emoción estética se relaciona con la pérdida de individuación, el momentáneo olvido del presente. Shopenhauer, como cierto budismo, niega la vida tratando de evitar la rueda de su retorno con la carga de sufrimiento, de decadencia, de muerte. Por el contrario, la figura de Zaratustra, este personaje paradójico, hechura de Nietzsche, se enfrenta con las realidades 5. Nietzsche Friedrich. Id. cit pag. 402. Trad cast. pag. 75. 6. Veyne Paul. «Le demier Foucault et sa moral» in Critique M. Foucault: du monde entier, nº 4 71472. Septiembre 1986. pp. 925-941. Cit pag. 939. 7. Deleuze Gilles. Nietzsche et la Philosophie. Presses Universitaires de France 1962. Cit pag. 282. Trad cast. Editorial Anagrama, Barcelona 1971. Cit pag. 273.
112 Rosario García del Pozo más negras, con el pensamiento más pesimista, y, sin embargo, no encuentra ninguna objeción contra la existencia, ni siquiera contra su eterno retomo, sino una razón para ser un sí dicho a todas las cosas. El eterno retomo de todas las cosas, donde presente y llegar a ser se confunden, no es más que la expresión culminante de la afirmación nietzscheana que se actualiza como la posibilidad estética de un quehacer pluralista y sagrado, posible creador del superhombre. Por la afirmación del presente gira la rueda del eterno retomo y fuerzas y voluntades del presente constituyen un instante eterno. Curioso juego entre el ser humano Nietzsche, no sabio en el sentido hegeliano, sino amante de la sabiduría, martilleado por el azar, el devenir y el cuerpo, queriendo transmutar la voluntad de sufrimiento, la muerte y la negación, valores culturales de su presente, diciendo sí al grado superior de sus necesidades vitales, a su voluntad de constituir una filosofía crítica del valor de los valores de su temporalidad. Transvalorar el presente es transvalorar la calidad de lo que eternamente pueda retomar. Con respecto a los procedimientos foucaultianos, según el artículo de Paul Veyne «Le dernier Foucault et sa moral»8 el gran tema de las investigaciones de Foucaultel año de su muerte es el de un estilo de existencia basado en criterios estéticos. Esta cuestión fundamental, en la última etapa de las investigaciones genealógicas, no es del todo nueva. Por el contrario, culmina la intención liberadora del conjunto de los trabajos foucaultianos en tomo a la constitución del sujeto en nuestra cultura. Con los estudios arqueológicos del presente se nos muestran los diversos procedimientos que históricamente han convertido a los seres humanos en sujetos. No se trata de la historia del sujeto aparecido en la legalización cartesiana de la representación del mundo, avalado aún por la divinidad, que hubiese logrado luego la autonomía con Kant y alcanzado finalmente la sabiduría con Hegel. No es la historia de una razón que avala y rige a la conciencia del sujeto, base del conocimiento. Desde la arqueología del saber y del poder prevalece el dibujo de una historia diferente; se restaura el proceso de objetivación a partir del cual se consigue la producción de un tipo de subjetivación. En lugar de un sujeto centro y base del conocer, se nos muestra un sujeto «sujeto a» relaciones de saber y de poder que invisten su cuerpo y producen su alma. El primer proceso de objetivación, estudiado en Las palabras y las cosas, nos remite a la procedencia y emergencia histórica de las ciencias humanas. Con la aparición de la psicología, sociología y análisis de los mitos, el ser humano en tanto vive, habla y trabaja, empieza a mostrarse sujeto a las relaciones que estos saberes posibilitan. Un segundo modo de objetivación se ejerce a partir de la división normal/patológico. Se determinan los seres humanos según una nomenclatura conceptual cuyo nacimiento se analiza en Historia de la locura y El nacimiento de la clínica. Finalmente en Vigilar y Castigar y en La voluntad de saber, se nos muestra como, a partir de ciertos dispositivos de saber, producidos por estrategias de relaciones de poder, el sujeto se reconoce a sí mismo con 8. Veyne Paul. Id. Cit pag. 939.
Filosofía, ciencia y estética 113 los caracteres tipológicos de una especie natural determinada. En todas las investigaciones aludidas, los procedimientos genealógiCos nos descubren las determinaciones de una conciencia producida por prácticas históricas, allí donde esperábamos encontrar la conciencia fundadora y al sujeto. La idea de un estilo de existencia como realización de una obra artística ha jugado un gran rol en la última etapa de Foucault, cuando en su trayectoria final estudia el mundo griego y romano. (El uso de los placeres. El cuidado de sí) No obstante, aunque su análisis se proyecta en un cómputo del tiempo tan alejado del nuestro y tan distinto al que usualmente tomaba por objeto, nuestra actualidad sigue dictando su preocupación interpretativa y valorativa. ¿Cómo se relaciona esta preocupación final con el resto de su tarea en torno a la constitución histórica del sujeto y el diagnóstico del presente que estamos comentando? Foucault destaca un tipo de moral, de manera de conducirse, que detecta en determinadas etapas del mundo griego y también romano. Dentro de la obediencia a las normas colectivas, el ejercicio de libertad permitía proyectar la propia vida, según una actitud de buen gusto etico, como se proyecta una obra de arte. Se intentaba la construcción de un estilo propio que pudiese servir para ser reconocido por los demás, por uno mismo e incluso para dejar un recuerdo ejemplar a la posteridad de amigos y familiares, después de la muerte. Frente a esta actitud de ejercicio restringido pero independiente de la libertad, se introdujo una forma de obediencia que se fué subordinando cada vez más a las leyes generales y finalmente se impuso. Los grandes mandamientos anularon el ejercicio ético-estético de la búsqueda personal y el tipo ético propio basado en una estética de la existencia fué borrándose. La vieja moral griega no puede resucitar. No obstante, la idea de trabajar sobre sí mismo es suceptible de tomar un sentido actual, hacia una dirección precisa: en la situación de hoy, después de la experiencia que las luchas por los universalismos ha supuesto para el siglo XX, existe una auténtica exigencia por tratar de evitarlos. Hacer comprender que no es matando al vecino o encerrándolo como uno se convence de su propia moral. Más pluralista que el científico, el artista de sí mismo carece de pretenciones de universalidad y, por tanto, de la pretención de imponer su conducta a los demás. Tomarse uno mismo como obra de arte a realizar podría ser el sosten de una autonomía ética, no ajustada al rigor normativo del sujeto tradicional. Sin embargo, es evidente el sentido de transvaloración que puede subyacer en esta conducta ético-estética. No olvidemos que para alcanzar la autonomía es preciso pasar antes por la liberación de uno mismo: conocer las sujeciones que nos constituyen como sujetos, según la arqueología de Foucault nos muestra. La liberación de sí como sujeto encaja perfectamente con el resto de los trabajos de Foucault y culmina sus tres etapas anteriores ocupadas en el análisis de construcción del sujeto. La acción liberadora de uno mismo está presente en todas las etapas aludidas. Desde el principio, la tarea arqueológica intenta cimbrear la pasividad crítica con que aceptamos el pensamiento que nos es familiar, aquello en lo que nos reconocemos. Uno de los objetivos de Foucault en clases,
114 Rosario García del Pozo seminarios, cursos, conferencias, ha sido ayudar a los demás a salir de sí, como una forma quizás de comprender al «otro», de aceptar otras posibles formas de pensar. F. Ewald comenta que para Foucault ser filósofo era sobre todo tratar de constituir un tipo de vida, una cierta relación consigo mismo que es también relación con los demás. Su filosofía crítica no pretende detentar una verdad que oponer a los otros sino ayudarlos a desatarse de sí mismos, de los propios condicionamientos y presupuestos que en tantas ocasiones nos encadenan a una aceptación no crítica de nosotros mismos. «Trabajar es intentar pensar otra cosa que lo que se pensaba antes». El trabajo de modificación del pensamiento propio y el de los otros me parece la razón de ser de los intelectuales»9• Esto implica a Foucault en un cierto desafío ético de cánones estéticos: la construcción de la propia conducta como obra artística en tanto se acepta una tarea, una actitud liberadora de lo negativo y, con ella, el reto del riesgo, de la apuesta y del azar. La acción liberadora de lo negativo incluye la actitud de la propia liberación. Si el nihilismo que nos constituye es resultado de una transgresión producida históricamente, liberarse de si supone realizar la transgresión de una transgresión. «Lo negativo cambia de cualidad, pasa al servicio de la afirmación»10 Como hemos visto, la transvaloración o trastocamiento foucaultiano consiste en interpretar y valorar, a partir del lenguaje y la historia, los procedimientos que han constituido al hombre moderno, a nosotros mismos. La genealogía, a un nivel ámplio, tanto en Nietzsche como en Foucault, es una actitud estético-filosófica que intenta, en último término, transvalorar desde esta base. Es la única factible dado que su intento lo ejercita sobre los valores culturales establecidos: ciencia, religión, moral, conocimiento. Podemos concluir que desde la perspectiva genealógica que Nietzsche ha posibilitado en primer lugar, y Foucault nos enseña en la actualidad, puede observarse una red diferencial de valoraciones e interpretaciones que se implican a sí mismas. Hay que tener en cuenta que en esta relación, como en el famoso espejo del cuadro de las Meninas, se reflejan los ojos de los observadores, nuestros propios ojos, mirándonos. La mirada del genealogista que contempla el sistema no es pasiva; se conjuga en la relación de fuerzas, poderes y voluntades, formando parte, le hacen formar parte, de ella. El objeto problema que recorre las series de la relación, es decir, la búsqueda de las raíces históricas de las palabras bueno, malo, alto, bajo, sujeto, locura, penalidad, sexo, etc, es la apertura estético filosófica que actúa como apuesta y que se afirma por las polaridades de interpretar y valorar o, lo que es lo mismo, de Nietzsche a Foucault, la propia genealogía. 9. Badinter Robert y otros. M. Foucault. Une histoire de la verité. Syros. Paris 1985. 10. Deleuze Gilles. Id. Cit pag. 283. Trad cast. 274.