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Historia de Aladino ó La lámpara maravillosa

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HISTOrtlA cX.IA^ÑV./* DE ALADINO, Ó LA LÁMPARA 5IARAVÍLL0SA. / 1?., . - :.4r ? I MADRID.—1881. Despacho alpor mayor, Juaiiolo, 19. ¡Despacho al por menor, Du(]\!c de Alha, 9. / / í* it <f. ' ’t. '., f* •V' •a>. í [ SE Uimpara IBARAVIlLOSiL ei< CAPITULO PRIMERO. • Ocupación de Aladino al lado de su madre.—Su amor ála ociosidad.—Encuentro que tuvo con el mago africano, ylo que le sucedió con este. En lá capital del gran imperio de la China existia un sastre llamado l^ustafá, casado con una simple tejedora de algodón, áquien amaba Uernamente; de este matrimonio nació un bello niño, áquien pusieron el nombredeAladino; como notuvieran mashijos, criaronyeducaroná su único contodoel esmero ycuidadodequeeransusceptibles sus escasas facultades, pues ápesar deque el sastre ysu esposa eran laboriosos,jamás pudieronsalir de la pobreza áqueles habia conducidoel destino. Alaaino, educado por el escesivo mimodesus padres se hizo holgazán yvoluntarioso; ycuandoyase hallaba en edad depoder emprenderalguna carrera óáprenderalgun oficio, no quiso hacerlo, ápesardelosbuenosconsejosdesus padres, quediariamentele hacian patente el miserable estado áque se veria reducido el dia quese viese ~4— íiuérfano: el jóven Aladino, confiado enelescesívo cariño Jesuspa» dres, yen que no le habían de castigar, no hacia el menor caso de las reflexiones continuadasni de los reiterados consejos; ycada vez masembriagado en el juego yla holganza, apenas parecía en el hogar paterno, áno ser álas horas de comer yacostarse :todo lo demas del día lo pasaba en juegos ydiversiones, en unión de otros muchachos de su edad yde sus tendencias ála ociosidad yála holganza. En cambio de estos punibles defectos, tenia Aladino un carácter amable, aunque travieso: era sagaz, reservado, pertinaz y perseverante en todo cuanto intentaba; su fisonomía era noble yma* gestuosa, ytodo él formaba un conjunto gracioso, que le constituía en un ser apreciable, en cuyo rostro se miraba cierta espresion que indicaba que undia llegaría áser grande. Diez yseis años habla cumplido nuestro héroe, yaun nosabia ningún arte ni oficio, como si esperara algún gran mayorazgo con que poder soportarla regalada vida áque hasta entonces estaba acostumbrado: aun no habla cumplido diez ysiete años, cuando un triste contratiempo vino áturbar por algunos dias sus bulliciosas ocupaciones ycontí-' nuosjuegos; su padre cayó enfermo de gravedad, yálos tres dias de padecimientos, sucumbió, dando el adiós postrero ásu esposa é hijo, que rodeaban el lecho mortuorio. Aladino lloro amargamente la muerte del padre que tanto le habla amado; pero poco ápoco fue olvidándosele, yálos dos meses se hallaba bastante consolado para volver áemprender la vida juguetona yapetecible que tanto le habia agradado hasta aquella época; en vano su madre reprendía su indolencia yociosidad ácada instante; en vano le pintaba con los colores mas vivos el miserable estado áque habían quedado reducidos con la muerte de su padre; en vano, en fin, eran todas las reflexiones, todos los consejos. Aladino, perseverante en su marcha, no hacia otra cosa quepasearse ydivertirse ásus anchas. Su pobre madre ü’abajaba incesantemente para sostenerle yél lá correspondía con caricias, per© nunca con intentar ganar im solo maravedí con que ayudar ásostener la casa. ; >En uno de los dias en que Aladino se entretenia con sus amigos enlos juegos de costumbre, reparó que un estrangero le miraba con demasiada atención; pero el huérfano, como que no lo conocía continuó en su diversión, sin hacer gran caso délas fijas ycuriosas miradas del estrangero: este, parado ála puertadeun comercio coa quien tenia relaciones, pidió informes al comerciante acerca deaquel jóvenque tantole habia chocado desde que le viera, yel dueñodel establecimiento se los dió tan cumplidoscomo los deseaba, maniíbstándole de quién era hijo, suocupación yel estado de orlandadenque MTejaporhaíermaerlosuKadrelucialres meses. Cerciorado^» trangcro de tocio, siguió áAladino quese dirigia ásu rasa, ylan luego como observó que estaba solo, apresuró el paso llamándolo por su nombre. Aladino se detuvo al oirnombrarsc; ¡pero cuál luésu asombrocuandovio qucelestrangcroleabrazabacariñosamentellamánd^ lo su querido sobrino! El joven apenas sabia qué contestar, puesjamás liabia oido decir ásus padres que tuviese tio alguno; pero el estrangero ícsacó de aquella perplegidad diciéndole: Noestrañes ¡ob rni querido sobrino! el acceso de alegría que embarga todas mis potencias en este viejo estrangero llevó ásusojos un riquísimo p: enjugarel llanto que parecía acompañar con algunos sollozos. Aladino se estremeció con aquella escena que le hacia recordar á.su cariñoso p.adrc,y el anciano continuó: Sí, hijo ralo; tu padre, el honrado Mustaíá, era mi ciHcrído hermano, de cuyo lado me separé para seguir el comercio, en el que he podido hacer una regalar fortuna; ycuando esperaba volverle áabrazar yparlir con él el fruto de mis fatigas, me hallo con la desconsoladora nuev.a de que ha muerto; ¡pobre hermano mío! Yel viejo estrangero tornó áenjujgar las lágrimas que parecía brotaban sus desencajados ojos, como'- un torrente que quería inundar la ciudad. Tan luego como te yí, me sentí inspirado de la ro.as halagüeña esperanza; pues tus facciones, tu modo de mirar, todo tu continente, al fin, te hace ser un vivo retrato de tu padre; yesta semejanza me obligó ápreguntar quién eras áun comerciante áquien vengo recomendado desde Africa, en cuyo pais he estado desde que me separé de lup.adre: el comerciante, continuó el estrangero, rne ha iniormado de todo lo ocurrido, yhe aqui la causa, ¡oh mi querido sobrino! de este acceso do contrarios afectos que esperimeiuq a! abrazarle; tristeza ydesesperación por la muerte de mi querido hermano; júbilo yregocijo por haber hallado en tí ásu hijo, que eres un parecido retrato de lo que era él átu edad. Efectivamente, Aladino so asemejaba mucho ásu difunto padre respecto áfisonomía, aunque no le parecía en nada respecto áser trabajador yjuicioso: e! huérfano devolvia las caricias al africano, sin el menor género de duda acerca del cercano parentesco que con él le unia ,pues que se echaba la cuenta de que, qué interés podía tener en llamarse su tio, qué podía esperar de una familia oscur.a ypobre basta lo infinito. Estas reflexioqes agolpadaspréviamenleála im-agi nación deAladino, le convencieron que aquel estrangero no podía nitenia el menor interés en engañarle; yesta confianza, al parecer justa yracional, obligó áÁladino áhacerse las ilusiones mas gratas respecto áun pariente que le proporcionaba la suerte, yque podía fa- —— !Vor6C6rlíí yftuxilitirlo, pues demostrübíi ser rico. El sifiícíino suplí'» có áAladino le condujese ádonde se hallaba su madre, áquien deseaba conocer yabrazar como áesposa de un hermano querido: el huérfano tomó del brazo al estrangero yle condujo hasta su misma casa ;así que entraron en ella, relacionó Aladino ásu madre cuanto le habia ocurrido con el pariente que la presentaba, yaunque Rabeca, que asi se llamaba la madre de Aladino, ignoraba que su difunto esposo tuviese mas hermanos que uno, que según le habia oido decir habia muerto hacia muchos años, no por eso dejó de abrazar al africano ,creyendo de buena fé que seria el hermano de su consorte, cuya muerte habría sido falsa ófingida por alguna carta ónoticias mal adquiridas: el estrangero por su parte renovó el llanto ylos sollozos, yesta estremada aflicción hizo persuadir mas ymas ála madre de Aladino que tenia en su casa nada menos que ai único hermano de su difunto esposo. Serenados un tanto de las emociones que son consiguientes en tales casos ,Rabeca quiso disculparse con su improvisado cuñado ,ydo no poderle obsequiar cual merecía ydeseaba, por carecer de facultades para poderlo verificar. Sé cómo os halláis, replicó el estrangero; yyo tengo la mas grande satisfacción en que desde hoy para siempre cesan vuestras necesidades yprivaciones; ysacando da su jaique un hermoso bolsillo de seda repleto de monedas de oro; dió unas cuantas áRabeca para que preparase la cena yfuese haciendo el gasto algunos dias. La madre de Aladino salió presurosamente de su casa, yse dirigió ála primera fonda de la ciudad, de donde se proveyó con abundancia de cuantos manjares juzgaba mas delicados para obsequiar ásu generoso cuñado. Vuelta á su casa, preparó la mesa con el mayor aseo que la fué posible, y sentados los tres en su torno cenaron opíparamente, conversando al mismo tiempo acerca de las virtudes de Mustafá; de los motivos que hubo para separarse los dos hermanos; de los largos viajes del africano, yde lo parecido que era Aladino ásu difunto padre. Rabeca contó asu cufiado lo poco aficionado que era Aladino al trabajo, ni ádirigir ni tomar ninguna clase de arte úoficio; defecto que reprendió suavemente el estrangero, manifestando ásupresunto sobrino Jo mucho que le agradaría el que abrazase cualquiera carrera, dándole aelegir la que mas le acomodára ,yasegurándole que no omitiría gasto ni diligencia alguna por complacerle. Aladiuo, viendo tan dispuesto ásu tio áhacerle feliz ycomplacerle en todo, le manifestó, después de darla las mas espresivas gracias, que su mayor inclinación era al comercio; elección que agradó sobremanera al africano, prometiendo áAladino que en breyes dias le establecería con un gran snr'.ídn de toda clase de gó* ros: en estas amistosas ylisongeras plálieas llegó la hora de desirse el improvisado pariente, yse dirigió ála posada, basta cuya erta le acompañó Aladino, quedando muy salisfecbo yesperando en las promesas de su lio, que le prometió ir ábuscar ála hort dalmuerzo. Al siguiente dia, ydespués de haber almorzado opí- ¡uramente, salieron lio ysobrino con dirección álos comercios y Tenderías mas notables de la ciudad ;en ellas escogió Aladino el rage mas lindo que le pareció, que él se puso inmediatamente troándole por el suyo, que ála verdad no era muy decente; yde ste modo se volvieron áver áRabeca, que al mirar ásu hijo trasarmado en caballero, no pudo menos do lanzar un agudo grito ausado por la alegría ysorpresa. El «africano no parecia estar sai^feciio con todos los obsequios que tributaba ásu cuñada ysobrio, ycomo si todo le pareciese poco, en cortos dias le hizo disrutar de cuantos gocesy diversiones ofrece la gran capital del ce3sle imperio. Con esta esplendidez logró el africano captarse la oluntad de Aladbo ysu madre, ydesde luego uno yotro hicieron 1mayor confianza de un hombre cuya generosidad les había sácalo de la miseria en que yacían. Como que hasta ahora ignora el lector quién fuese el africano [ue tanto protegía ála familia dcl sastre Mustafá, satisfaremos su nriosiJad en esta parte. En los antiguos tiempos en que siicedieon los casos que se piularán en esta historieta, la clase mas insruida de la región africana, se aplicaba con asiduidez ála magia y ligromancia, ilégando por sus cábalas, pactos con los genios diafólicos, ytrato con los seres infernales, áser cada nigromántico un emi-dios, áquien adoraban ylemian todas las demás clases de la ociedad. Ei estrangero de quien vamos hablando, era uno de los ábios magos que tenia el Africa; ypor la virtud de un anillo que levaba en el dedo corazón de su mano derecha, llegó ásaber que nun monte contiguo ála capital de la China, había un subteráneo en el que exi^lia una lámpara tan maravillosa, que por su inlujo podría llegar cualquier mortal áser el mas rico ypoderoso le toda la tierra; pero el mismo genio esclavo del anillo, manifesóal mago africano, que para lograr aquella lámpara, era precisóse aliera de una segunda persona que la sacase del subterráneo, pues laeá él no leerá permitido sacarla sin el inevitable riesgo de moiral tocarla. Contcntosobremanora e! ambicioso magocon e) marailloso desciibrimienloqueacabahade hacer, sceriibarcó inmediatanenie para la China, ála que llegó después de algunos meses de lavcgacion; tan luego como entró en la capital de! grande imperio, ededicó ábuscar un joven que pudiera esiraer del subterráneola naravillosa lámpara que debía hacerle el hombre mas poderoso del universo: ydespués de Jiabor recorrido la ciudad por espado .‘/Iviilaha inrrnndO non At algunos clia niozalvetes informó de un comercianlo do quien era, áque familia nci tendía con todo lo domas quo creyó oportuno para lograr su objeto. Cep clorado ñor el mercader minuciosamente del origen ycírcunstanciaiM de Aladíno, se llegó áél fingiéndose su lio, como va manifcstadofpi yol halago, la generosidad ylas exactas noticias que Gaba dcl sa?^ Ire Miisíalá, impclioron ála viuda éhijo ácreer do la mejor bue-^ na fé, que el mago era verdaderamente hermano carnal del mali)a-f< dado sastre; esta confianza fue creciendo hasta el punto de llegareis mago africano áser aun mas respetado yobedecido que el mismo ] Mustafá cuando vivia. Uno de los días en que salió apaseo con Ala* j dino, le condujo cstramuros do la ciudad, llevándole por entre bellísimos jardines ypintorescas praderas hasta un espeso bosque. Aladino so sintió fatigado de tan larga caminata yse lo hizo conocer ásu señor tio; pero este le replicó que era preciso que caminasen un poco mas para llegar al término de su viage; el huérfa;io siguió sin replicar hasta llegará un espeso matorral de jaras y aliagas, rode.'ulo por una triple hilera de jigantescos cipreses, que, impedian el ser vistos de ningún mortal aunque estuviese ála mas corta distancia ;llegados áaquel punto solitario, se sentaron los dos personajes sóbrela verde alfombra quo les oí recia aquel agreste lugar, ydespués da liabcr descansado algunos i.nstanlcs, sacó el mago «algunas viandas que Ies repararon de las fatigas de su larga caminata. Durante la campestre merienda, hizo e! mago que roilasc la conversación sobre lo delicioso ygrande que era el llegar áseí poderoso; pintó con los colores mas vivos yseductores los venturosos dias que se pasaban entre los festines, tea teatros, cacerías, palacios, niugeres, etc. ;esprosó con ardor las delicias que disfi’utaba el hombre rodeado de esclavos que so esmeraban en complacerle; ypatentizó por fin á su sobrino, quo el hombre rico todo lo podía ,al paso que el pobre era el Indibrio yla burla de todos sus seraei jantes. Aladino, al escuchar las seductoras pinturas que de la riquezá hacia su señor tio, no pudo monos de exhalar un profundo suspiro yderramar una lágrima ardiente, que observó con cuidado el ma-l oafiicano, ydirigiéndose áAladino le dijo cariñosamente: ¿quif tienes ,quo parece te contristas yabates? Aladino contestó con el corazón comprimido: ¡Oh, mi querido lio! raelhabéis pintado lafeiciuaii de una manera tan grata, que yo desearia ser feliz, pero roo es imposible; pacs para serlo, según decís, son necesarias ini 4’ —9— 'ri(iuc7.r»s yvo'.soy (le^iaíilatlo^p^í'i'C'; yel iiui if.ino tf íflhn'^ llorir como &i le siicediEUft'la dcegracia mas gnindc eure^ íííi; .¿r nSle de4S?%ano, ycon adornan inagc.sU.os<^ tesoro inapociable; él 'por pdQ.ji lr.kvMo -v?orcñi. tc6s ane todos los monprcas de la tierra; ¿tendrás >aloi ). Sf™rai,ca, lo de jJr Je '» dir»aliv.imcMe. Pues bien, íijapilp: respecto qiie te ¡O de tan buenos deseos, no te asombre, ni ale o rtíé cuanto vas áver dentro ^.cortos momentos; .evanlaie, pne p ív. recoge una regular cantidad de leña, que colocaras en este misino sitio. Aladino obedeció tranquilamente al mago africano, ycon la mayor brevedad fue hacinando porción de troncos yroma ge, has- ^•'i_ cf'lkfnrfir al maííO :esí0 mus™ y. yerDa seca,. a .entonces aplicó aquel comofelilie ála k;^,ique apoco rat9..pnn» cip» áincendiarse, formando unainmeiisa;líqguera; saco mizque- •ño libro lleno de signos ygerogl;íiqos,frenunci.o a.gunas pjilabras misteriosas, yarrojó ála hoguer;i una pequeña canuaad de mirra óincienso, que produjo una rogigadíamAradajuna densa nuce de humo, que apenas podia disipariíiiiquilon que soplaba; aun no tiabia concluido aquella n)istericrs§f«eremGma,- cuando prineipio a temblar la tierra; los árboles se golpeaban unos con otros aimpulsos de un fuerte huracán que retumbaba.en el espacio; las aves aterrorizadas remontaban su vuelo huyendo de aquel lugar pavoroso* yel corzo* el león, el elefante yotras mil fieras silvestres* aumentaban el pavor con sus rugidos, cuyo eco atronador resona*. ba enlodas aquellas solitarias ydilatadaiS selvas. Ala^no, horrorizado con cuanto miraba yoiá, apenas podía afinar el tmua aquellos terribles misterios; apenq5,le dejaba el miedo discurrir sobre su misma suerte. De repente #bre la tierra, ymira asi» pies una horrible sima que paMjt^áfcererle tragar, un agiu ogrito fué la señal del terrible es|(i¡ij|^fíie inspiraba al hueriano la IS^tjna que estaba presenciawdímÉpjljmago se acerco ael ,ylománde la mano le dijo; no Iní^qae desmayar, lujo miojUíJo tá va tranquilo; nada se opone ánuestro proyecto. Alí.iuiítolvK> tti^sí como si hubiéra salido de un pesado sueño, yolisli»'© que efectivamente Labia cesado^pfernal estruendo .que pwo antes parecia querer concluir cQ||||||do el universo, ysolo vio que la {loguera aun despedia algiMjplamas, yque la sima estaba abierta; yiendo el mago que Ala^ÍBP había recobrado su serenidad ,le dijo, señalándole la boca difll'Sima :Aladino, voy áatarte coa, Ainfíino, ene todo lo observaba sin que nadie pudiera verle, quedó asombrado al contemplarla peregrina belleza de la piinccsa, que metida en el baño parecía una estatua dé nrovimiento Inizada yconclnida por un celeste artista* Fijos íGS'Ojosen aquella belleza encantadora, no pudo menos de sentir Su corazón los primeros destellos de! amor mas profundo; amor que fué creciendo áproporción que la miraba, basta hacerse irresistible. Goflcluido el baño, abandonó la princesa la estancia ,dejando aAladmo en el mayor desconsuelo con su ausencia; viéndose el huérfano solo en aquel suntuoso recinto, frotó su anillo ytorno aaparecer el genio, que le trasportó ála habitación que ocupaba en la casa desús padres. Aladiiio, consumido por la tristeza, abatido por el ardiente amor que le devoraba, ydesesperado por el imposible que pjíétendia, perdió su natural alegría, ysu salud fue -decayendo^ li^íP el punto 3ue tuvo que notarlo su cariñosa madro: uno de io^^^ que Alaino se hallaba sentado ásu lado ledijí): hijo causas te obligan ámantenerte en un estado tan triste qiífe v»- consumiendo tu salud por instantes? ¿no merece mi cariño maternal la confianza de que me reveles las penas que atormentan tu corazón? Aladino tomó la mano de sü madre, ydespués de besársela con ternura, la manifestó su ardiente amor por la princesa Badpbuldur, no omitiendo ninguna.de las circunstancias que se la hicieron conocer en el baño. Atónita Rabeca de escuchar el loco amor de su hijo, le reprendió eariñosamente, patentizándole lo imposible quO] i:- .IT aie pidtó de SS?/a'SÍJSdo ^ demperador yse la pidiese por esposa ;Rabeca p de pensar entonces el que su hijo habia perdido ? cío, pues que tales desvarios la proponía; pero como Aiadipo peí - sistiese en siñ intento, yla hiciese ver las esperanzas ^ue anga a fiado en el poderoso influjo de sus talismanes, se decidió su madre ácomplacerle ,quedando aplazada para el siguiente día la presen* lacion ypetición al emperador respecto ála princesa. én sas piedras que ,^ simo paño de tisú ,yse lo entregó ásu madre para que hiciera un obsequio al emperador antes de solicitar la mano de Su hija; Rabeca ,mas por complacer ásu hijo que por alcanzar la loca pretensión que lle^ba, se dirigió al imperial alcázar donde el monarca tenia sus consejos ydaba audiencia ásus vasallos; colocada entre la muchedumbre, no pudo hablar aquel dia áS. M., yse vplvió ásu casa dando ásu hijo la fatal noticia de su infructuosa pre* sentacion en la audiencia. Aladino cada vez mas enamorado ypertinaz^ obligó á su madre áir por muchos dias consecutivos ála audiencia del emperador; pero como esta no hacia mas diligencia ara hablarle que presentarse entre la muchedumbre, jamás la llégala el turno, ynunca hubiera llegado el término de su comisión, si el emperador no hubiera hecho reparo en ella. Efectivámente, como todos los dias la veia en el mismo lugar, no pudo naeoos de llamar su aU^cion, ydirigiéndose al gran visir le dijo: aquella muger viene4^^ íc^ dias ála audiencia, ytengo curiosidad en sa* ber - I oer que prmnoe?acércala, pues, ámi trono, que quiero escuchar* la: el gra^isir obedeció las soberanas órdenes ,ycondujo basta las primem^ gradas del sólio ála madre de Aladino :esta se aíro* dillo hu^f^mente sin atreverse áproferir la menor palabra; pero el empecaidór observando su cortedad, la mandó levantarse de la al* fombra donde estaba arrodillada, yla dijo manifestase sus pretensiones óquejas. Rabeca le presentó entonces la bandeja ycopas que llevaba, diciendo: poderoso señor, mi muy amado hijo Áladino me envia ávuestra magestad suplicándole se digne admitir este pequefio obsequio, como justo homenaje que se atreve átributar al soberano mas grande que tiene la tierra. El mismo emperador descubrió la gran bandeja, yquedó asombrado al contemplar tantos primores ytanesquisitas riquezas; yMamando ásu rededor los grandoi '8 fI'Mdttdoi, *i«sNnaíi^estd él refago «fne-acnhheei4ér :-vdití6i«)|oftiio> ftndtflroR'inetios de admirar el deKétido giisto yla rtqueii^iiwnensQ'efae'encerraban ^aquellos iprtecio- ^bbj^ds, 'y Mt éessÁ)Siti''idw>a4ábar'al podérbso dueño que ‘tal obséquiO''htloia ;' enidfides 6.< 'M. se dirigió áRabeca'yk, -dijo: ¿y qffé ^dtiiftre Vuestrt 'hijo? ’¿q»é pretende 'de roi-soberaní»? esplicaOP, bu^oa 'inti^'et'j 'f no dudéis que quedareis cortíplacida. Rabeca itianifedto al eniperádor que ía era ‘vergonzoso -hjíblar delante' -de iantaS*gentes, 'cuya mairtfestWcion ¡náipelió »1 soberano ámaridar que déapbjásén él salen, qu^ndo sólo ásudado el ?gran* visir y la madre de Aladino: aáf que se 'Vieron solos la dijo'el itionarca'con alegre^etiñllarite: 'vayajSeñora, ya os'podeisesplicarcon toda'íranqu'éza; deéidine tjué iJS lo ’qué ex'ige de mí vuestro 'hijo. Rabecavolvió áhihearla rodilla'y dijo: señor, antes de que principie mi narración, sftpíiéb'á V. M:'se digne darme su imperial palabra de'Uo inrítárSe doiínlii'gO nicon mi<®ijo, aun'cuando mis pretensiones puedan idy^’margdñ á'éllb. iLevalitaos, buena muger, respondióel empérbdbl*; yb Os empeño mi’palábra de escucharos con gusto, sea cual fuere Vüéátra pretensión. Fiada Rabeca en la bondad del emperadórj se esplicó én eátos términos: Poderoso soberano, mihijo Aladino Wa teñido el loco atrevimiento de enamorarse de vuestra escelsá hija lap'riñcésaRadrabüldur, yno contento con este crimen, ifte erivia áV. M. ápédír'sela por eSpOsa. Asombrado quedó el erhp^radór al esbucháV* tal preténsióU; p'éró como él régalo era de ta rito YáS^or, mandó acercar 'ál giah visir yle dijo al oido: ¿qué te parece réspórida ála solicitud de ésta rriiiger? elvisir le .habló largamerité áh'qUe'plidiéra oirlo Rabeca ,ydespués de haber conclüiflo ,se dfMgió‘'á'^éHa'-él sultán dicién'dola :'nó me desagrada la proposición qifé^éábais'ye ífácermé; pero necesito para conteál'á'rOS él términó di^rfe ¿Ííésfes ,’éh él consultái'é con mi hija lo 'que d‘ébo dé disponer de su' tóário. Rabé'dá, dheh'ó' e'spéraba dri'a tán própíéia; se' l'étiró albbró’f'áaa'á' su cása,'étf la qué d'^su hijo todo’lq dtié’le'ibábtá' tíáSaSo (CÓh'él éñipéralióF, yhi^ávBCátíle proióéák 'iífé lé 'tíál)ía*Wééfi& *30 <íáffe’Ün!a' r'éspué^ fá iféiíttitíva‘’á Iot ‘’ ' '” •*i' •ji ?:'>*' i', i;-'"- )'{ 'j'".!* l r, V.- 'fÍ.M ' * 14 ^ CAPFTULa W, Mí Ii(t pfinctstt Bndtñhutduv 99 etttu tom ti hijo dtl gtM visvi^ Recursos que emplea Aladino papo estorbar la consumaoum del matrmonio.^Espira el plazo de los tres meses eo que A sultán debía dar una respuesta ála madre de Aladtiio.—Se la dá, yse casa por fin con la princesa, sucediendo para ello curiosas aventuras» *% Contento sobreTnanera quedó Aladino con la respuesta que le ha^ bia traído su oiadro ,y©sperab# con. ansia el QO6 0iiinplÍ6raiclpl9“ zo de los tres meses que había dado elempei'ador para dan una res» puesta definitiva; yanimado con la esperanza de que seria satis.* factoría ,recobró su antigua alegría; ylomó ásus pasadas diver.» sioneS; que ála verdad no» dejaban de ser tnocentes. Yaihabíaiii trascurrido mas de dos meses, cuando una mañana se haltó sorprendido por un repique general de campanas ,muchas orquestas Vgrande algazara en toda la ciudad; salió de su casa con el objeto de indagar las causas que había para aquellos públicos regocijos, yápoco rato de salir de ella, supo con harto dolor de su corazón que la princesa Badrabuldur se casaba aquella misma noche con el hijo del gran visir, yque por este fausto acontecimiento se mandaban hacer grandes festejos en todo el imperio.* Aladino quedó mortal al escuchar tan tristes nuevas para él ;yjusta-v mente irritado contra el emperador porque no le había cumplido la palabra que le había dado, juró estorbar aquel matrimonio, aunque para ello tuviera que sacrificar su vida: se retiró ásu casa, yen ella esperó que llégasela hora en que los novios fueran ádisfrutar de la suprema dicha del himeneo: cuando conocióque era tiempo de que se rec(^|iera lapríncesa ysu esposo, tomó su lámpara; yfrotándola con arena apareció el genio que le había servido anteriormente, yle dijo: ¿qué me mandas? aquí estoy dispuesto áservirte en cnanto te plazca. Aladino le cont^tó: vuela al ptdacio de S. M. ,yantes que el hijo del gran visir pueda* hacer las primeras caricias ásu esposa, que es la princesa Badrabuldur, traé-^ melos con el mismo lecho imperial ámi habitación, poniendo antes en lo mas alto de la azotea al novio, mi odioso rival. El génio des^ apareció, yápocos instantes volvió con la brillante' cama de bodas en que venia acostada la princesa ,pues el hijo del gran visité ya había quedado en lo mas encumbrado dé ia azotes pleHíádoi^ I IHo. ^pnncesa se hallaba acongojada al verse trasportada por los hasta una habitación desconocida para ella; pero Aladino la quHo parle del susto, jurándola que no ofenderla su honor, yque •u estorbar la consumación del matrimonio con «hijo del gran visir: se acostó con ella, pero puso entre los dos |ina.bnUante espada que aseguraba lo sagrado del juramento. Por tt mañana volvió államar al génio, yle mandó volviese al palacio oe S. M. alos dos novios en el mismo lecho que les habia traído hasta allí; el génio obedeció prontamente, yla princesa y su esposo fueron trasladados ála misma habitación preparada para su nupcial dormitorio :asustados con lo que les habia acaecido la anterior noche ,no tuvieron aliento para hablarse ni una sola palabra: el bijo del gran visir principió ávestirse, temiendo volver áser trasportado ála azotea ádonde habia pasado el frió mas cruel é intenso. La princesa, aterrorizada con el estraordinario suceso, se hallaba sumergida enJa mayor congoja, en cuyo estado la hallaron su padre ymadre ,sin poder atinar el motivo de su palidez yel de su tristeza. Idéntica duda se les ofreció con el novio, que también parecía un desenterrado ;pero en aquel día nadie se atrevió .á pedirles esplicaciónes acerca del motivo de sus amarguras ypesares, atribuyéndolo al rubor que es consiguiente álos recien casados, ó. áotras causas anejas al mismo asunto. La siguiente noche volvió Aladino áfrotar la lámpara, ytornó áaparecérsele el génio, áquien mandó.practicar la misma operación que la anterior noche. £1 hijo del gran visir, que no queria pasar la plaza de cobarde ,se acostó con la princesa; pero apenas habia dejado caer el cuerpo sobre los mullidos colchones, cuando el lecho principió ámoverse con violencia ,yal poco rato se encontró en la misma azotea que habia estado la noche anterior, yla princesa al ladode Aladino ,que la repitió su promesa de no atentar contra su honor. Por la mañana volvieron los novios áser trasportados ásu habitación, pero decididos árevelar los estraordinarios sucesos que hablan pasado en las dos noches. Efectivamente, uno yotro contaron álos emperadores yal gran visir lo que les habia ocurrido ,suplicándoles deshiciesen el casamiento, respecto áque era repróbado por el Profeta. Convencidos los padres de los ¡lustres novios de que no era posible que continuasen así los dos jóvenes, dispusieron anular el enlace ,ydieron órdenes para que en todo el imperio cesasen las fiestas ylos regocijos que se^ habian mandado hacer por las régias bodas. Áladino recibió con contento esta fausta noticia ,ynoperdió la esperanza de que la hermosa princesa llegaría áser soya. Alos pocos dias de anulado el nialnmonip mí Isiprincesa ,cumplió el plazo de los tres meses que había i —2!— dado el emperador ála madre de Aladino para responder si le concedía ónegaba la mano de su hija. El huérfano suplicó ásu madre fuese asaber la respuesta ydecisión del emperador. Rabeca se dirigió ápalacio ,ypuesta ála presencia del sultán, le dijo: señor, hoy ha cumplido el plazo que me concedió V. M. para saber de su boca si el ardiente amor de mi hijo ha de ser premiado con la escelsa mano de la princesa. El emperador, que no se hallaba muy dispuesto áque su hija contragese un segundo enlace con una persona desconocida, contestó áRabeca :siempre que tu hijo me haga conocer por un gran presente que iguala eii facultades álos mas poderosos' reyes de la tierra ,no tendré inconveniente en concederle la mano de mi hija ;esto lo decía el emperadormuycreidodequeAladino no podría salisfuccr susdeseos. Rabeca salió desconsolada de palacio, juzgando imposible el que su hijo pudiera satisfacer las exigencias del emperador :luego que llegó ásu casa manifestó áAladino lo que le habia respondido el emperador; su hijo, en vez de entristecerse, brilló de alegría. Al amanecer del siguiente día tomó la lámpara yfrotándola con fuerza ,so presentó el genio precipitadamente diciéndole: aquí me tienes dispuesto ácomplacerte en cuanto me mandes: ¡oh génlo! lé dijo Aladino; boy necesito de tu auxilio mas que nunca: mandadme. señor, lo que gustéis, replicó el génio. Animado Alidino con la confianza del esclavo de la lámpara, le dijo: hoy álas once debo presentarme al emperador, ydeseo me proporciones un tren tan orillante como pueden presentarlo los mas poderosos monarcas del universo: grandes regalos para el emperador ysu b¡j:i; esclavos, escuderos, pages, caballos yarneses para mi acompañamiento, yun magníQco trage para mi uso, con otros para el emperador ,su esposa yla princesa. ¿Mandáis otra cosa'? respondió el génio: nada mas, yes muy bastante, replicó Aladino. £1 genio desapareció ,yAladino quedó íluciuando entre el temor yla esperanza, respecto ásí podría el génio llenar cumplidamente la comisión que le había dado. Alas once menos cuarto, las salas, patio, cuadras ycorrales de la casa de Aladiiio ,se hallaban llenas de pages, escuderos, esclavos, caballos yameses del género mas elegante ycostoso que se había conocido; sobre una mesa puso el genio un riquísimo vestido recamado de oro que debía servir áAladiuo, ácuyo trage acompañaba una brillantísima espada guarnecida de piedras preciosas; un brioso alazan enjaezado con costosísimos arneses relinchaba en el patio principal de la casa esperando á su señor. Vestido Aladino montó ácaballo yprincipió ásalir la comitiva en esta forma: cuatro ginetes montados enmagníficos corceles rompían la maiv cEaj segtilan 8eslos coarenta esclavosnej^rosj ineadados eon otPi»' cuarenta blancos ;cada uno do ellos llevalMi sobre la cabeza una grande bandeja de oro macizo que contenían objetos preciosos correspondientes auna gran vagilla; también llevaban hermosos vestidos, collares, pendientes ysortijas para la emperatriz ysu bija. Detrás de ios ochenta esclavos, seguía una magiiífica orquesta, compuesta de cien instrumentos; áesta seguía Aladino en su brioso corcel, ydetrás de é) cuarenta escuderos montados, siendo la retaguardia otros cuarenta esclavos que llevaban del diestro otros tantos caballos, cuyos brillantes jaeces deslumbraban con su esplendor; tan numerosa ybrillante comitiva ,jamás la habían visto en el imperio de la China, yasí es ,que las gentes se atropellaban unas áotras por correr áver una cosa tan rara ymaravillosa. Cuatro de los escuderos iban tirando monedas de orO' ála gente, que apenas se paraba ácogerlas por no perder de vista ála brillante comitiva. El monarca, ácuya noticia llegó aquel estraordinario suceso, no dudó seria algún soberano el que venia áhonrar su ciudad con aparato tan brillante, yasí mandé vestir de gala á todos los sirvientes yguardias de su palaciO'. Aladino se dirigió áél, para hablar al emperador: concedido el permiso, entró en el salón imperial con los ochenta esclavos que llevában los regalos, ypostrado ante el trono del emperador le dirigió este discurso: poderosísimo señor: ayer se dignó V. M. decir ámi madre que el que os hiciera el mejor ymas costoso presente le daríais la mano de vuestra hermosa hija la princesa Badrabuldur. Yo soy Aladino, yvengo ápretenderla, si es que quedáis satisl'echo con el presente que vais áver ;en este acto principiaron ádesfdar los esclavos yescuderos, dejando ála vista del mon'arca cuantos objetos llevaban. Atónito el emperador de mirar tanta riqueza, yno disgustándole el lenguaje yfinos modales de Aladino, no pudo menos de concederle la mano de su hija, manifestándole que deseaba que aquella misma noche se verificase el matrimonio, pero Aladino le contestó que se dignara suspenderlo hasta tanto que él mandase fabricar un palacio digno de ser habitado por la princesa; largo le pareció el plazo al emperador, pero accedió áello por complacer áAladino, de quien estaba prendado. Retirado ásu casa después de haber besado la mano ásu futura esposa, tomó la lámpara, yfrotándola como otras veces, apareció el génio yle dijo: ^-qué me mandáis ?en todo quedareis complacido. Necesito un palacio que ha de edificarse esta misma noche ,yquiero que sea mucho mejor que el del mismoemperador: en él edificarás una gransalacon veinte ytres celosías iguales en primor, yla que haga veinte ycttairo ,harás r K p —9:^ — que bitan redó súbitamente. Al amanecer del siguiente lacio edificado con mucho mas gusto yesplendor que el que ocupaba el monarca. Como este prodigio se levantó delanley enfrente del mismo alcázar del emperador, se sorprendió este al ver edificado en horas un edificio tan suntuoso ybello; fiero Aladino vino ásacarle de su sorpresa, manifestándole que yapodia verificarse su enlace, respecto áque el palacio que debia ocupar la princesa se hallaba concluido. Verificado el matrimonio con gusto de lodos. Aladino ysu esposa pasaron áhabitar su palacio, el que reconoció el emperador muy minuciosamente; pero habiendo notado que el mejor de sus salones tenia una de las celosías por concluir, preguntó áAladino que en qué consistia aquella falta. Aladino le respondió: esa falta, señor, no ha sido descuido ,es un capricho que tengo en que V. M, disponga que la pongan igual álas otras veinte ytres que tiene la sala: el emperador quiso complacer á su yerno; pero álos seis meses de trabajo por los mejores operarios de la córte, no pudieron adelantar mas que una mitad, después de haber concluido para hacerla con toda la brillante pedrería que tenia el imperio; en este estado se presentó el -director al emperador yle dijo: señor, para acabar la celosía, se necesitan otras tantas piedras preciosas como las que van gastadas, yotros seis meses de trabajo. Viendo el emperador que leerá imposible soportar tanto gasto, se lo ij^pipcsló áAladino, quien le contestó sonriénjj|oncluida sin falla alguna: efectivamente, dió ¿siguieirie dia se hallaban iguales las veinte dose: mañana es la órden ásu géí^ ycuatro celosía* Aladino, queri nada parecia turbar spetado del pueblo yamado de su esposa, blicidad, yse dedicaba áhacer limosnas á los necesitados yácazar cu los bosques muchos dias. 2—14 - CAPITULO V. 1 *- •> 'V/• V): V El «iflOfo aftitano avtrigwiporsu euadrants gsonántico lafeliz suerte de Aladino.—Deseoso de venganza marcha ála China, yapoderándose de la lámpara maravillosa trasporta áAfrica el palacio-de Aladino—Este lo vuelve árecobrar dando muerte al mago yaun her mano. imago africano tuvo un dia la curiosidad de saberdónde se bailaba su lámpara, ysí Aladino había quedado sepultado en el subterráneo; para alcanzar su deseo, sacó su ciiadranle gconiánlico ysu reloj mágico; hecho el horóscopo yconsultado los asiros, supo que Áladíno había casado con la hija del emperador de la China, y que habitaba un.„magnífico palacio frente la virtud de la el mago de de apoderarse de camino para la en Ocasión de que en una cacería que al del monarca, lámpara maravi vengarse de A la lámpara, se China ^ála Aladino se debía durar ochó dias. Compró una porción de lámparas nuevas, ytomándolas en una gian cesta, principió ápregonar: ¡quién mecainbia lámparas viejas por estas flamanicsí Al escuchar las gentes tal desatino, le juzgaron loco; ylos chiquillos, teniendolepor tal, le siguieron hasta las mismas puertas del palacio de Aladino ,donde el mago redobló con mas fuerza sus pregones :las voces del africano, unidas ála gritería délos muchachos, llamáronla atención de las doncellas de la princesa Badrabuldur ,ysaliendo álos balcones del palacio, se iniormaron de que un cstrangero loco daba hermosas lámparas nuevas ácambio de viejas. Informaron de ello ála princesa, yla propusieron cambiarlas que hubiera inservibles en palacio por IM que^ traía aquel loco. La princesa consintió ^ello, mas por divel>sion que poi' el interés que pudiera resultarla; yásií díd tades álas doncellas para que hicieran el cambio; estas principaron ábuscar por todos los rincones las lamparas viejas, yhallando sobre una cornisa del salón de las 24 ventanas ,la lampara maravillosa, que Aladino habia tenido la indiscrecion^de tenerla en aquel sitio, la mezclaron con las demas, ybajaron averificar di cambio. El mago africano les dio igual número delámparasnuevas por las viejas éinservibles que le entregaban, yse retiro ásu posada muy satisfecho del gran negocio que acababa de hacer. Las doncellas subieron ála habitación de la princesa, yla manifestaron las lámparas que habian cambiado, teniendo por un mentecato al que tan mal uso hacia de sus mercancías. Luego que el mago llegó ála posada se encerró en su habitación, ycogiéndo la lámpara maravillosa, cuyas señas conocía perfectamente, la restregó con arena, yel génio apareció inmediatamente, diciendo: ^Qué me mandas? Aquí me tienes pronto áobedecerte, como esclavo que soy de todo el que posea esa lámpara maravillosa. El mago le contestó: te mando que esta misma noche me introduzcas en el palacio de Aladino, yhecho esto ,que nos trasportes en él áAfrica: el génio desapareció, afirmando con un ademan que quedarla complacido. En la misma noche, el palacio de Aladino, con la princesa ytodos sus sirvientes, fué trasladado áAfrica. No '*s'fácil de describir el sentimiento de la princesa cuando,se la'i^esentó el mago africano manifestándola la mutación que aljaba de esperimentar; para cerciorarse mas de la verdad, salió áuñ balcón, yobservó con dolor yasombro que efectivamenteel palacio se hallaba en una tierra estraña, ylejos de la córte del emperador de la China. El mago la informó de la virtud de la lámpat^a yde todo cuanto le habia ocurrido con Aladino, áquien juzgaba muerto por su padre, tan luego como hubiera observado la desaparición del palacio. Desesperada la princesa con verse separada de su querido esposo, yseducida por el mago, que la ofrecía su amor, no hacía otra cosa que llorar ycubrir de insultos ydenuestos al africano, que se la presentaba todos los dias.> El emperador de la China tenia por costumbre, tan luego como ^ levantaba, el asomarse áun balcón, desde el que contemplaba con placer el hermoso palacio que habitaba su hija: el dia de ía des*^ aparición de aquel practicó la misma operación ,yquedó atónito cuando en vez del palacio solo vióel ancho campo que ocupaba-. No queriendo dar crédito ásus ojos, llamó al gran visir yotro*' sirvientes,^ por ver si ellos podían distinguir el palacio de Alad^ no; pero á todos ellos les sucedió lo que ásu sefior, yeonviuíercai fiiftAladmo era un nigromántico encantador, digno del mayor eann 4'• ' I -í. - tenísFatíma ,corrfó en su busca ,ylogrando sbrpréndet^, la dió muerte, como llevamos indicado: se vistió con ius hábitos ysaÚó ála calle ,según va manifestado ,ylogrando llamar la atención de la princesa, alcanzó que esta le llan>||li||^^pirándola un 'gran deseo de poseer el huevo del roe para colgarle en él centro de la habitadon de las veinte ycuatro ventanías ;nó dudando que verificado esto, quedaría vengada la muerte de su her- "maiioel mago, envenenado por Aladino. Afortunadamente, quedaron frustradas sus esperanzas, pues el génio esclavo dé la lanapara no quiso colgar á^su señor, Irasformado en huevo de roe hacia muchos siglos, cuyo encantamiento se lo reveló áAladino al tiempo de manifestarle el que no podia complacerle en traerle el huevo que pedia; Con la muerte de los dos hermanos qu Aladino tranquilo ysatisfecho ,pues estaba seguro que Pin otro poseiael secreto que atan grande altura le habia colo ypor consecuencia-, se entregó ásus antiguos placeres ,sin darse jamás de hacer todo el bien posible álos pobres yan con delirio, ásu esposa. En esta vida feliz pasó algunos meses, basta que la suerte veleidosa le proporcionó un pesar, cubierto con «I brillante esplendor de una corona. El emperador de la China cayó enfermo de gravedad, ycomo no tuviese más hijos que ála princesa esf)osa de Aladino, íadejó por héredeií^l imperio, para que gobernara en unión de su esposo. Alos pocosl|||^de «ifer- ®edad-sucumbió el emperador, yfué proclamad.^Hjj^atriz la t^ñeesa badrabuldur. El pueblo, que amaba áÁlaclinJ como á sil. bienhechor, abrazó su dominación imperial coiyel mayor entu- ^smo ,yen toda la China se hicieron los mas éolemnes festejos por el advenimiento al trono de este felicísimo matrimonio, ftfnchos años reinó Aladino ysu esposa en el imnerio de la China, ytodps sus vasallos quedaron demasiadosalisfecEos de su bondad, de kSu justicia ,de su humanidad yde su modestia. De este mqdo su^o Aladino agradecer los dones del cielo ;de este náódo ensenar alos príncipes los deberes que tienen con sus súbditos, las obligaciones que tienen que cumplir, como imágcnesdcl Eterno en la tierra. Si por medio de la nigromancia llegó Aladino al eo.mo del poder yde la dicha ,por efecto solo de sn gran c¡t>- modeló digno de imitación yun prlocipe adorado de un pueblo de cien millones de alrnaa r-r- ( •<4 1 CS'í"'